Tengamos un conversatorio

¿Por qué decir “tengo sed” cuando queda mucho más elegante decir “sufro de polidipsia”? También es muy elegante decir “Pedro es un dipsómano” para no decir “Pedro es un borrachín perdido”. Son algunas de las trampas del idioma en las que solemos caer con frecuencia de manera estrepitosa por ese desagradable prurito de querer lucirse como persona culta. En los años en que enseñaba redacción periodística insistía hasta el hartazgo con mis alumnos: “Si tienen que elegir entre una palabra de uso cotidiano y otra de uso poco frecuente, no duden un solo instante: elijan la de uso cotidiano y así no correrán el peligro de decir alguna tontería”. Si no soy muy claro, es suficiente con leer media docena de discursos políticos para encontrar quintales de ejemplos de estas barbaridades.
Desde meses atrás, veo con harta frecuencia, especialmente en artículos periodísticos, que “un grupo de estudiantes mantuvieron un conversatorio”; o bien que los “cuidacoches le piden al intendente mantener un conversatorio”; que las amas de casa “organizan un conversatorio para discutir problemas relacionados con el gremio”. Para no alargar más el tema que me preocupa: ¿puede explicarle alguien con conocimiento de la materia, algún lingüista, algún lexicógrafo, un gramático, un profesor de castellano verdadero, en qué momento y quién sostuvo que “conversatorio” es sinónimo de “conversación”?

“Conversatorio” no significa “conversación“, sino es el sitio donde se conversa. Todos los días, a cada momento, estamos utilizando esa misma construcción terminológica sin que caigamos en la cuenta de su uso. Pongamos ejemplos para quienes tienen dificultades en manejarse con conceptos: consultorio es el sitio donde se consulta; oratorio es el sitio donde se ora; locutorio es donde se habla; auditorio el sitio donde se oye (o se escucha), sanatorio donde se sana; tanatorio lugar donde se velan a los muertos (del griego “tánatos”), escritorio donde se escribe (aunque con frecuencia lo confundimos con el término “oficina” o “despacho”); evacuatorio donde se evacua; urinario donde se orina, vomitorio donde se vomita, observatorio, donde se observa. Después de esa breve serie de ejemplos ¿alguien puede explicar por qué regla de tres simples “conversatorio” se convierte en “conversación” en lugar del sitio donde se conversa?

Desde luego que en situaciones como la que comento, nunca falta el que defiende su criterio alegando que “el idioma es dinámico”. Pues sí, señor. Lo es. Felizmente es dinámico. Pero esto no quiere decir que ese dinamismo nos autorice a decir cualquier barbaridad y mucho menos nos ampare en la primera estupidez que se nos ocurra. Si llevamos las cosas por ese camino, el día de mañana podremos decir que “el gremio de mecánicos de automotores ofrecieron un carburante de honor” en lugar de ofrecer “un vino de honor”.

Para ser justos, hagamos un mea culpa ya que gran parte de estas atrocidades léxicas se crean, se difunden, se consolidan y terminan aceptándose como correctas gracias a mis colegas, los periodistas que sueñan pasar a la historia del periodismo estampando su nombre al lado de quienes honraron con su pluma el periodismo como lo hicieron en su momento Rafael Barrett, Josefina Plá, Augusto Roa Bastos, Alcibiades González Delvalle, Jorge Aguadé, Alfredo Seiferheld, Mario Halley Mora, y muchos otros cuyos nombres no me vienen a la memoria o bien sí me vienen a la memoria y evito con pesar agregarlos a esta lista por temor a herir ese sentimiento de modestia, de recato, de moderación, de sencillez que, aunque no se pongan en evidencia, abundan en la profesión que la ejercen con un ejemplar sentido de honestidad.

Así como se presentan las cosas, qué bien nos vendría a los profesionales del periodismo, apoyados por escritores de incuestionable trayectoria, más esa nueva legión de jovencitos que quieren abrirse camino, que nos reuniéramos en un conversatorio cómodo y acogedor para poder conversar sobre todos estos temas.

Por Jesús Ruiz Nestosa

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/tengamos-un-conversatorio-1617153.html

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