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Agricultura: La muerte de un modelo

En este espacio editorial nos gusta poner de vez en cuando una luz cenital sobre los temas que aún no son motivo de debate en las esferas políticas que, por el momento, prefieren el reñidero pre y postelectoral. Uno de esos temas es la muerte lenta de un modelo agrícola medieval que aún subsiste en el Paraguay. Es sabido que en el mundo, cada vez menos gente vive de la agricultura. En 1980, la mitad de la pobla­ción económicamente activa (PEA) se dedicaba a la agricultura. En 2010, había caído al 40%, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

Pero esas cifras se van achicando y comprimiendo a medida que se mide en países en los que la transformación recién está empezando, como en el Paraguay (25% de la PEA), en los que se ha acentuado como en Chile, Brasil y Uru­guay (11%) o el más cerrado de todos, Argentina, que tiene un 7% de su PEA en agri­cultura. ¿Qué ha pasado en nuestro vecino sureño para que se produzca semejante transformación, ya que en los años ‘80 tenía el doble de gente trabajan­do en el agro? El Institu­to Nacional de Tecnolo­gía Agropecuaria (INTA) tiene un interesante es­tudio que comienza ex­poniendo que “el sujeto agrario del siglo XX era el productor rural que concentraba en sí mis­mo la propiedad de la tierra y las maquinarias, poseía el capital nece­sario para enfrentar las campañas de siembra (o bien asumía la deuda) y era el responsable de la gestión agrícola y empresarial de su producción”. En cambio en el siglo XXI, agrega el INTA, impera un modelo en el que la producción está “centrada en una compleja red de agentes vinculados por una multiplicidad de contratos, donde los riesgos se reparten y se incrementa la interdependencia en la toma de decisiones”.

Los facto­res que alientan este modelo son: a) Una actitud claramente positiva hacia la incor­poración de tecnología, desde la siembra directa hasta la agricultura por ambientes. b) Una neta vocación por la productividad, sin subsidios de ningún tipo en busca de los mejores rindes en su producción. c) Capacidad para asumir el riesgo contem­plando las contingencias de la incertidumbre climática, la volatilidad de los precios o la dinámica de los mercados. d) No busca el refugio de la protección estatal y acepta el juego de integrar una cadena global agroalimentaria. e) Incorpora conocimientos para la gestión, que no se limita a lo agropecuario sino que se expande al manage­ment empresario. Y f) Incorpora innovación y motivación emprendedora.

Este es el presente y el futuro de la agricultura como generadora de comida para una humanidad creciente. Para medir los extremos digamos que Alemania tenía en 2010 unas 661.000 personas dedicadas a la agricultura (1,8% de su PEA) para alimentar 81 millones de alemanes.

Ese año, 831.000 paraguayos seguían dedicándose a la agricultura para abastecer a 7 millones de personas. Y seguimos importando comida. Sólo en mayo pasado compramos afuera 9.800 toneladas de tomates, locotes, cebolla, papa y hasta hierbas medicinales, según el boletín del Senave. Si este inconmensurable y trá­gico atraso no preocupa a la política es difícil saber qué realmente puede llegar a interesarle.

http://www.5dias.com.py/96944-agricultura-la-muerte-de-un-modelo

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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12 comentarios en “Agricultura: La muerte de un modelo

  1. Apostemos a un mayor crecimiento de la producción agropecuaria

    Por el Dr. Juan Carlos Zárate Lázaro

    En los últimos años nuestro país ha venido dando claras muestras de que cuando se quiere se puede. Ejemplo de ello lo constituyen los cada vez más crecientes volúmenes de cosecha de soja en grano, maíz, trigo y el sustancial incremento cualitativo y cuantitativo observado dentro de la explotación pecuaria.

    Ahora bien, el principal problema del cual seguimos adoleciendo es que seguimos siendo grandes productores de grano en estado natural dentro de la región, habiendo incluso sido Paraguay galardonado recientemente con la mejor calidad de trigo en grano de Latinoamérica, y no yéndole en zaga nuestra producción de soja que nada tiene que envidiar en calidad a otros países que antes nos superaban lejos.

    El MIC y el MAG juntamente con los gremios empresariales han venido realizando un buen trabajo coordinado de promoción de nuestros productos en el exterior, lo cual se patentiza con la carne bovina, haciendo que hoy por hoy nuestro país se constituye en uno de los principales exportadores a nivel mundial, habiendo a la fecha captado la demanda de no menos 60 o más mercados foráneos tanto dentro de la región como de extrarregión.

    Este año, nuestros principales productos commodities han tenido una mejor cotización en el mercado internacional versus lo que fue el 2016. Tal el caso de la soja en grano, por ejemplo, en que la cosecha global superó las 10 millones de toneladas con rendimientos promedios por Há superiores a los 3.100 kilos, y reportando a nivel país ingresos globales no menores a 4.000 millones de dólares, todo un récord hasta ahora, independientemente de lo que nos han generado los demás rubros.

    A nivel país tenemos plantas industriales procesadoras de aceites y derivados con tecnología de punta, y una muy buena capacidad instalada de producción y almacenamiento, al igual que molinos harineros modernos y estratégicamente distribuidos en los principales polos de desarrollo de nuestro país.

    Entre enero y julio de este año, Paraguay tuvo un porcentaje de aprovechamiento de su capacidad de molienda de soja del 74%, 4 puntos porcentuales por debajo de lo registrado en el mismo período del año anterior.

    Desde la Cappro abogan por el diálogo para construir mecanismos que permitan impulsar la agroindustria nacional, a fin de aprovechar de mejor manera las ventajas comparativas como productor de alimentos para el mundo.

    Y todo esto también es traslativo a nuestros molinos harineros, que al igual que las plantas procesadoras de soja, también cuentan con capacidad instalada disponible para incrementar la producción de harina, y lograr así precios de ventas mucho más remunerativos.

    Y es allí que uno se pregunta: Si es que contamos con toda la infraestructura necesaria como para poder procesarlos y darle un mayor valor agregado que nos pueda generar por su venta a los mercados externos mejores precios, y a la vez la posibilidad potencial de incrementar la cantidad de generación de mano de obra empleada, ¿por qué no apuntamos a ello cada vez con mayor fuerza?

    Bien sabemos que todos los países que compran nuestros granos los hacen para procesarlos y convertirlos en aceites y otros subproductos que obviamente siempre tendrán precios mucho más remunerativos que vendiéndolos en estado natural.

    Argentina, por ejemplo, nos había comprado el año pasado 1MM de toneladas de soja en grano, a fin de mezclar con su producción local, elevar el nivel cualitativo y procesarlos en sus industrias aceiteras y lo mismo ocurrió con Brasil cuyo trigo en casi idéntica magnitud los convertirán en harina para su consumo local.

    Y si es como dicen los industriales que todavía se dan asimetrías no favorables para poder exportarlos en mayor volumen, pues que se sienten en una mesa de negociación con gente del Gobierno y puedan llegar a un punto de inflexión favorable a ambas partes.

    Miremos para adelante, y crezcamos más a través de productos industrializados con mayor valor añadido y precios más remunerativos.

    Es por ello que nuestra industria cárnica merece una mención especial, pues los industriales ganaderos “se han puesto las pilas” y junto con las autoridades económicas de nuestro Gobierno, han venido haciendo un trabajo coordinado y efectivo en el exterior, lo cual se ha trasuntado en la cantidad de mercados de colocación que hoy día ya los tenemos habilitado.

    Nuestro país cuenta con embajadas en casi todos los países del planeta. Deberíamos hacer un trabajo fuerte, coordinado y consistente con nuestros embajadores y encargados de negocios proveyéndoles de todas las herramientas necesarias como para que puedan ellos acercarse a los compradores potenciales y hacer de cerca un trabajo base de marketing, que nos permitan estar presente no solo con materia prima, sino directamente con productos terminados, con lo cual estaríamos escapando del “cháke” de los sube y baja de precios que se dan en el mercado internacional de los commodities.

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    Publicado por jotaefeb | 15 septiembre, 2017, 8:35 am
  2. El campo, oportunidad para jóvenes

    La migración de jóvenes del campo hacia la ciudad es una realidad que va en aumento, y esto es algo que debería preocupar a todos, no solo a aquellos que están relacionados con el quehacer agropecuario, por la necesidad de personas que sigan llevando adelante al sector, sino también, a los que viven en la ciudad, porque están directamente relacionados con todo lo que tiene que ver con el campo y principalmente, la seguridad alimentaria.

    Un conocido periodista de radio y televisión, tuvo una conversación con un productor rural, y le dijo que él no necesitaba de la gente del campo, porque todo lo que comía solo tenía que comprarlo del supermercado. Lastimosamente, este concepto lo tienen muchas personas y se debe cambiar.

    Prácticamente casi todo lo que comemos viene del campo, sea en forma directa o transformada, a excepción de los peces y otras cositas.
    El rol del productor rural es fundamental dentro de lo que románticamente se denomina la seguridad alimentaria, y decimos románticamente, porqué, cada vez estamos más cerca de la “inseguridad” alimentaria, por falta de personas que trabajen en el campo.

    Las razones por la que muchos jóvenes dejan el campo son conocidas: falta de oportunidad, poca capacitación, falta de vocación hacia el trabajo rural, nulo uso de la tecnología, factores familiares en el orden de la sucesión o cantidad de integrantes dentro de dicho núcleo, oportunidades laborales rápidas pero no bien remuneradas en las zonas urbanas y muchas otras causas.

    O sea, hay muchas justificaciones para que los jóvenes puedan decir que no tienen nada que hacer en el campo, sin embargo, más que mirar los problemas deberíamos ir pensando en como solucionar esta situación.

    En un Foro de Agricultura del cual participamos recientemente en Curitiba, Brasil, los disertantes pusieron mucho énfasis en la necesidad de que el campo se vuelva atractivo, para que los jóvenes decidan quedarse, pero ¿cómo lograr eso?

    La adopción de tecnologías para desarrollar mejor las unidades productivas fue una de las principales respuestas a esa pregunta, pero a esto se deben sumar otros factores, como que los propietarios deben ir preparando a sus hijos para que los sucedan, no solo a uno, sino a todos (sus hijos), y aquellos que no tengan interés en el sector rural, que también puedan tener la oportunidad de desarrollarse en otras actividades, pero que su fuente de sustento sea la unidad productiva bien manejada y que genere ganancias.

    Las grandes unidades productivas familiares estadísticamente tienen mayores posibilidades de sobrevivir a esta sucesión, mientras que las medianas y pequeñas, si no son bien manejadas, y preparadas para que esta sucesión sea sustentable y sostenible en el tiempo, tienden a desaparecer.

    No existe una formula mágica para que los jóvenes puedan quedar a trabajar en el campo o se sientan atraídos por seguir allí, pues si la hubiese, ya todos los países la estarían aplicando.

    La realidad es que el mundo necesita y seguirá necesitando alimentos, se puede vivir hasta sin ropa, pero sin comer no se puede vivir, y de donde vendrá esa comida, del campo, y en Paraguay hay muchas oportunidades, este planeta sigue creciendo en densidad poblacional y necesita de alimentos, y aquellos que sepan aprovechar esta situación, lograran muchos beneficios a corto, mediano y largo plazo.

    por Víctor Hugo Florentín

    http://www.abc.com.py/blogs/hablemos-de-campo-155/el-campo-oportunidad-para-jovenes-3083.html

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    Publicado por jotaefeb | 6 septiembre, 2017, 7:49 am
  3. Crisis del tomate es señal del fracaso de la gestión pública

    La crisis de la agricultura familiar en Paraguay se vuelve a sentir esta semana en el precio de un componente básico de la canasta familiar. La falta de producción de tomate se traduce en una oferta limitada y el consiguiente aumento de los precios para el consumidor de la ciudad. A la par, el contrabando no cesa. El resultado es pobreza en el campo y encarecimiento para la ciudad. Mientras, las políticas dirigidas al sector tienen escaso impacto, haciendo que el clima ejerza una influencia exagerada que podría haberse prevenido con una mejor gestión pública.
    Los discursos exitistas y la falta de autocrítica sobre la gestión de las políticas agropecuarias dirigidas a la agricultura familiar contrastan con la importante cantidad de recursos que maneja el Ministerio de Agricultura, las demandas insatisfechas del sector campesino, el estancamiento en la reducción de la pobreza rural, el aumento de los precios de los alimentos en las ciudades y el alto impacto de las inclemencias climáticas que podrían haberse prevenido o mitigado con buenas políticas públicas.

    A esto se suma la incapacidad de otro sector gubernamental de controlar la entrada ilegal de productos, que en este caso particular, afecta al tomate. El decomiso de las mercaderías, si bien refleja que hay acciones con resultados también muestra que hay problemas de control en las zonas fronterizas.

    Las autoridades deberían preguntarse cómo es posible que Paraguay pueda producir alimentos de exportación para millones de personas o en realidad de animales, pero no puede producir alimentos básicos para su propia población.

    Ya sea con políticas de apoyo directo, exoneraciones tributarias, bajos impuestos, o simplemente dejando hacer sin controlar el cumplimiento de las normas laborales, ambientales, tributarias o vinculadas a la tierra, el Estado paraguayo ha sido exitoso en la producción de bienes para el consumo externo.

    Sin embargo, desde hace años las familias enfrentan el problema de los altos costos de bienes provenientes de la agricultura y que son básicos en la cultura gastronómica nacional. Productos frutihortícolas como cebolla, tomate, papa, locote, naranja, entre otros figuran en la lista de bienes importados legalmente o de contrabando.

    Es incomprensible que existiendo instituciones con recursos como el MAG, el Indert, el CAH, el BNF, IPTA y otras más que complementan las competencias centrales de las primeras citadas todavía sea un problema en Paraguay la producción de tomate para el consumo interno. No solo denota la falta de voluntad política sino también la ineficacia de la burocracia que permanece en esas instituciones desde tiempos históricos cobrando sus salarios sin mostrar resultados.

    La situación de la agricultura familiar viene en retroceso desde mucho tiempo atrás, por lo cual no sería justo otorgarle a la actual gestión la responsabilidad absoluta. Pero es cierto que este Gobierno cuenta con más recursos económicos que nunca y sus autoridades mayor poder que otros gobiernos para impulsar medidas internas en cada institución así como alianzas con los gobiernos departamentales y municipales que también reciben del Gobierno Central cada vez más fondos.

    Si la actual gestión le diera la misma relevancia a la producción de alimentos que les da a las grandes obras de infraestructura, posiblemente la situación no hubiera sido tan negativa como la que se viene observando.

    Esperemos que las autoridades del ámbito, al menos como parte de una estrategia electoralista para ganar votos, asuman su responsabilidad y en el mediano plazo se empiecen a ver resultados en la producción de alimentos.

    http://www.ultimahora.com/crisis-del-tomate-es-senal-del-fracaso-la-gestion-publica-n1105745.html

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    Publicado por jotaefeb | 6 septiembre, 2017, 7:48 am
  4. Cuidado con los experimentos

    El Gobierno ha anunciado un plan de mecanización dirigido a lo que generalmente se define como “agricultura familiar campesina”. El mismo está dirigido a la instalación de invernaderos y de sistemas de riego artificial, dos elementos indispensables para independizar al productor de factores de riesgo tales como las sequías, las tormentas y las plagas y con un agregado: la mecanización a fin de sustituir la tracción a sangre por siembra basada en tecnología. En realidad, estas iniciativas ya tienen su tiempo de vigencia y se están realizando con fuentes diversas de financiación, algunas de ellas originadas en Itaipú.
    Es dable esperar que este plan no ponga, como ha sucedido en oportunidades anteriores, el carro delante del caballo. La incorporación de tecnología para la producción es algo deseable y sin duda positiva. Pero primero habría que comprobar la aceptación y comprensión de lo que esto significa para el pequeño productor así como su grado de organización. En primer lugar, el pequeño productor o pequeño campesino ha estado desde siempre sometido a un fuerte bombardeo ideológico que proviene, principalmente, de muchas de las organizaciones campesinistas profesionalizadas y que son las que estamos viendo en estos días medrando durante meses en carpas en el centro de la ciudad. Los voceros de dichos grupos, algunos de ellos con diez y veinte años en sus puestos, han logrado someter a sus seguidores con consignas que demonizan el agronegocio, la biotecnología y que hacen de la posesión de la tierra laborable un fin en sí misma y no un medio de progreso.

    Este discurso agresivo y disolvente impide a muchos pequeños productores informarse acabadamente de las bondades de la organización cooperativa, la toma consciente de créditos, la incorporación a cadenas de valor y la entrada organizada y sostenible al mundo de los negocios vinculados a la alimentación. Esa ideologización ha retrasado, y sigue retrasando, la entrada de pequeños productores a la modernidad y la auto realización. A eso hay que agregar que el último plan del MAG apunta, en algunos rubros, en la dirección equivocada. Por ejemplo, se insiste en el cultivo del algodón, negocio completamente destruido en los años ‘90 en toda la cadena y que se salvaría sólo si quienes los producen entran a algún clúster como los que se dan en Pilar, por ejemplo.

    El otro renglón propuesto es la soja, que sólo puede ser negocio con producción a escala pues así se reparten costos y se pelean precios de mercado. En cuanto al sésamo, esta semilla tiene un crítico equilibrio entre su producción orgánica, el uso de agroquímicos y los mercados que, como Japón, son extremadamente exigentes y demandan estrictos controles de calidad muy difíciles de superar.
    Está bien que el Gobierno se ocupe de los pequeños productores aunque del plan descrito más bien se deduce que se trata de proyectos sueltos, malamente hilvanados y con poca sujeción a la realidad de los mercados. Y estaría bien que en este caso, el MAG acertara porque el vasto sector de la pequeña agricultura ya no soporta más experimentos y, mucho menos, charlatanería política.

    http://www.5dias.com.py/98385-cuidado-con-los-experimentos

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    Publicado por jotaefeb | 17 agosto, 2017, 7:45 am
  5. “En el diario no hablaban de ti”

    Por Augusto dos Santos
    Luis salió de la universidad con su flamante título de sicólogo. Googleando oportunidades se encontró con este proyecto. La oferta parecía interesante: un año de voluntariado aplicando sus flamantes conocimientos profesionales en una comunidad enclavada en zonas de máxima pobreza.
    Le pagaban una asignación mínima para cubrir sus gastos y en contrapartida certificaba un año de experiencia a full, incluirse en un plan serio y encontrar la adrenalina de lo desconocido después de toda su joven vida citadina –a lo sumo- entre Sajonia y San Lorenzo.
    Cuando llegó a aquel pueblo de 500 habitantes el intendente lo presentó frente a la comunidad en una linda mañana de mayo y expresó una frase inolvidable: “yo tengo que reconocer que nunca en mi vida vi un sicólogo y de repente tenemos uno en nuestra comunidad”, a lo que todos aplaudieron compartiendo la misma sorpresa.
    A partir del día siguiente, Luis empezó su tarea con niños y jóvenes. Y así estuvo durante un año, mañana, tarde y noche, metido en una comunidad que apenas tenía para el plato de comida, junto a otros jóvenes como él, ingenieros, médicos, agrónomos.
    Lo conocí hace un tiempo en un taller de comunicación que me tocó hacerles y me comentó que solo el 50 por ciento de su tiempo tenía que ver realmente con su formación, que el resto del tiempo ayudaba en la municipalidad en la formulación de proyectos, en la parroquia a dar talleres sobre vocaciones y diseñando un mapa de instituciones públicas para que las autoridades del pueblo tuvieran un mejor direccionamiento sobre donde presentar proyectos. Era mucho más que sicólogo, era un voluntario.
    Les estoy hablando del programa Arovia, un proyecto gubernamental vinculado al plan “Sembrando Oportunidades” de las Secretarias Técnica de Planificación y Juventud que promueve la capacitación constante de los pobladores en comunidades vulnerables. Miles de personas ya se han beneficiado hasta hoy de sus efectos en los pocos años que tiene funcionando.
    La fuerza enorme de este proyecto no solo radica en las comunidades que son beneficiadas por los voluntarios y sus conocimientos, sino por el efecto que genera en centenares de jóvenes profesionales el haber vivido la realidad paraguaya desde adentro en un momento sensible de su naciente vida profesional.
    Pero el proyecto Arovia no está en la boca de nadie, no figura en la agenda de medio alguno, no forma parte del discurso enardecido de algún mediático congresista. No es noticia. Como diría la letra de “Eclipse de Mar” de Joaquín Sabina, “en el diario no hablaban de ti”.
    Sin embargo, el que un campesino que siembra sandías supiera oportunamente las técnicas para evitar los efectos de la helada mediante las recomendaciones de un ingeniero mitã’i que anda por ese pueblo como voluntario, es mucho más valioso él solo –ese pendejo ingeniero– que 100 congresistas que se enteraron que hubo heladas y que afectaron a los cultivos solo porque hubo una marcha campesina y era una oportunidad para politiquear.
    Hay otras y otras agendas políticas aparte de Arovia en el mundo oficial y en el mundo privado, altamente políticas porque sirven para transformar el futuro de los paraguayos, que jamás formarán parte de la agenda de los medios o el debate en la televisión. Nunca serán noticia porque no polemizan con nadie.
    Sospecho que saben, pero quiero recordarles que los países que alcanzaron mejores niveles de vida lo lograron porque supieron priorizar sus agendas. Supieron poner 10 puntos innegociables sobre cuestiones estructurales de vida o muerte. Sobre esos puntos había una actitud disciplinada de construir, de evitar los palos en la rueda: por ejemplo la educación, la seguridad, las inversiones, la vivienda, el desarrollo rural. En los países serios la agenda estructural ES NOTICIA.
    En nuestro país esa agenda es residual, aquí solo funciona la agenda escandalosa, la de la puteada en la tele, el fulano versus fulano y encima la alienante información parapolicial con la que arrancan todos nuestros noticieros nos produce el escenario perfecto para no pensar. Para no tener un proyecto de futuro.
    A quedarnos indefinidamente siendo testigos de una pelea de cuadra, de compadritos, de veinte tipos jugando a quién la tiene más larga. Mientras tanto, el país, bien gracias.

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    Publicado por jotaefeb | 14 agosto, 2017, 9:25 am
  6. Crisis de la agricultura familiar y sus desafíos

    Por Dionisio Borda

    La agricultura es una actividad económica de alto riesgo por su fuerte exposición a los cambios del clima y a la volatilidad de los precios. El acelerado deterioro del medio ambiente y la creciente globalización de los mercados no hacen sino acentuar cada vez más su vulnerabilidad, principalmente para los pequeños productores del campo, quienes generalmente no tienen como defenderse de los choques externos.

    La recurrente y compleja crisis de la agricultura familiar campesina en nuestro país entraña desafíos de políticas agrarias que vayan más allá de una simple respuesta a problemas de productividad y financiamiento. Su solución requerirá un abordaje integral y acciones coordinadas que garanticen la producción de alimentos y la generación de empleos para un sector importante de la población, cuyo debilitamiento y rápida destrucción tendría un alto costo económico, social y político.

    En general, el desarrollo económico conlleva una migración rural-urbana, una tendencia de disminución de las pequeñas fincas y un mayor nivel de monetización de las actividades agrícolas, tanto por la presión del consumo como por la necesidad de incorporación de más tecnología. Frente a la debilidad de las políticas agrarias, a menudo se apela a la intermediación comercial y financiera rural para resolver parte de los problemas de las pequeñas fincas, pero estas soluciones crean mayor dependencia y vulnerabilidad, sobre todo cuando las fincas enfrentan situaciones adversas.

    En nuestro país, la problemática de la agricultura familiar campesina presenta diferentes matices. En las dos últimas décadas hemos asistido a una expansión continua de la agricultura empresarial, principalmente sojera, con fuerte presencia de inversiones extranjeras.

    La reciente movilización de los sojeros ha dejado traslucir hasta qué punto, en los departamentos donde se realizó el tractorazo, los empresarios agrícolas han arrinconado a la antigua producción diversificada de la agricultura familiar campesina.

    Desafortunadamente, no existen políticas agrarias de contrapeso que hagan posible la coexistencia de ambas formas de producción. El incumplimiento de las regulaciones medioambientales pone en dificultades a nuevos rubros de producción que no deberían estar expuestos a los agroquímicos. La presencia prácticamente nula del Estado en el apoyo a la agricultura familiar campesina hace que la competencia entre estas dos formas de producción termine con un saldo negativo, donde la destrucción de puestos de trabajo es más rápida que la creación de empleos, generando más desocupación y pobreza rural.

    En otros departamentos con menos presencia de los agronegocios, la producción agrícola está atomizada en fincas que tienen problemas de acceso vial de todo tiempo, situación que plantea dos complicaciones: falta de economía de escala y de facilitación de mercado. En estos casos, no existe suficiente volumen para comercializar en los centros de consumo más cercanos y los pequeños productores quedan en manos de unos pocos intermediarios o, simplemente, por problemas de caminos y transporte, no pueden sacar sus productos a los mercados.

    En otras regiones, la agricultura familiar campesina ha encontrado respuestas en la producción de frutas y hortalizas. Pero, en estos casos, los productores están expuestos a los riesgos climáticos, encuentran dificultad para incorporar tecnologías apropiadas, tienen escasa disponibilidad de instalaciones post cosecha para regular la entrada de los productos al mercado, o reciben ayudas simbólicas de programas diseñados para la corrupción. Y, en muchas ocasiones, los nuevos rubros de producción promovidos por el propio Gobierno son sometidos a la dura competencia de productos importados o a fuertes caídas de precios.

    En general, la agricultura familiar campesina necesita de más educación y formación técnica, principalmente mejor manejo de los aspectos comerciales y financieros de la producción para convertir las fincas agrícolas en unidades de negocio rentables y sustentables. En nuestro país no se observan esfuerzos serios del estamento político y del Estado para abordar la producción de la agricultura familiar campesina de forma integral y coordinada entre las diferentes instituciones agrarias del sector público, teniendo presente las diversidades regionales y los diferentes tipos de explotaciones agrícolas.

    El nuevo modelo de desarrollo de la agricultura familiar campesina debería contemplar, por un lado, un arreglo institucional más integral y coordinado para el fortalecimiento y sostenibilidad de las unidades de producción a mediano y largo plazo; y, por otro, una articulación de políticas que contemplen el acceso a la tierra, la mejora de la productividad de los rubros de explotación de las pequeñas fincas, la capacitación y adopción de nuevas tecnologías, asistencia crediticia ágil para los planes de negocios y acceso a los mercados.

    Debería, también, dotar a las pequeñas unidades campesinas de economía de escala para las compras y las ventas de las fincas a través de sistemas de cooperativas de producción y consumo, privilegiando la seguridad alimentaria, la productividad y el ingreso familiar. Asimismo, la estrategia de negocio debería, por una parte, combinar los ingresos de la producción y de la transformación de productos de la finca, de las labores fuera de la finca, de las ventas como proveedores del Estado y de los trabajos de construcción y mantenimiento de las obras públicas rurales. Y, por otra, contemplar la gestión de riesgo a través del seguro agrícola y de subsidios frente a factores exógenos adversos.

    El financiamiento de la agricultura familiar campesina es necesario, posible y justo, pero debería responder a un nuevo modelo que supere sus actuales restricciones y crisis recurrentes, que garantice la seguridad alimentaria del campo y de la ciudad, permita generar empleos dignos y contribuya a acortar la brecha de la desigualdad rural.

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    Publicado por jotaefeb | 6 agosto, 2017, 7:46 am
  7. Asistencia real

    Por Higinio Ramón Ruiz Díaz

    El Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), a cargo de Juan Carlos Baruja, debe asistir en forma directa y real a los agricultores y no contratar empresas tercerizadas, como la del seccionalero fernandino Víctor Molas, quien saca ventajas y ganancias a costa de los que realmente trabajan. La cartera de Estado le otorgó la provisión de mallas de media sombra y sistema de riego a productores de Ypané, a través del programa 70-30. Los materiales no duraron ni un año y los labriegos se quedaron con una deuda de 5 años.

    Molas distribuyó materiales practicamente inservibles, los agricultores perdieron sus cultivos y se quedaron con deudas millonarias. Lo peor de todo es que ni siquiera tocaron la plata que otorgó el Crédito Agrícola de Habilitación (CAH), ya que fue manejada directamente por el seccionalero.

    Estos verdaderos trabajadores se merecen un mejor trato de parte de las autoridades centrales. Además, el Gobierno está obligado a asistir a los labriegos, que hasta hoy día solo son burlados por políticos inescrupulosos y sinvergüenzas.

    El MAG cuenta con los recursos financieros, técnicos y humanos necesarios para asistir en forma directa a los labriegos para que la producción sea óptima y no dejarlos a merced de seccionaleros que nada saben del rubro y que solo se enriquecen a costillas de los sacrificados trabajadores.

    Los productores de Ypané perdieron toda la producción con las lluvias de mayo y junio y lo poco que se salvó fue aniquilado por las heladas pasadas, pero aún así no participaron de las marchas realizadas en Asunción para exigir una condonación por las pérdidas. Ahora, el MAG debe encargarse de hacer en forma responsable un registro de la cantidad de trabajadores de este sector, pero para que eso ocurra debe llegar a ellos en forma directa.

    Está claro que el sistema de apoyo que utiliza el Gobierno a través del MAG es equivocado y que debe corregir para poder ayudar a los que realmente perdieron toda su producción y no privilegiar a avivados dirigentes que se aprovechan de la difícil situación que atraviesan los trabajadores del campo.

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    Publicado por jotaefeb | 6 agosto, 2017, 7:39 am
  8. Agricultura campesina (III final)

    Por Edwin Brítez

    Los sin futuro Según la definición que hacen Oxfam, Decidamos, CDE y Sepa en un estudio financiado por la Unión Europea, la Agricultura Familiar es “aquella en la cual el recurso básico de la mano de obra lo aporta el grupo familiar, siendo su producción básicamente de autosustento y parcialmente mercantil, complementando los ingresos a partir de otras producciones artesanales o extraprediales”.

    Aunque los datos están consignados en el mismo trabajo, en la definición se eluden detalles como que en los que tienen hasta 5 ha. de tierra, solo el 6,7% de los componentes de la AFC concluyeron la educación básica, y los que más tienen (hasta 50 ha.) el 8,9%. El analfabetismo absoluto afecta al 6,9% con menor cantidad de tierras y al 4,6% de los que más tienen.

    ¿Cuál es el futuro de estas personas, sin educación primaria concluida y con analfabetismo absoluto?, sin dejar de mencionar el escándalo que de por sí ya constituye la existencia del analfabetismo a en estos tiempos. Si son menores de edad en el futuro solo podrán continuar como marginales, sin poder planear ni administrar sus fincas más que para persistir en la pobreza, y menos aún administrar eficientemente un crédito.

    De hecho, según las estadísticas de las instituciones mencionadas, solo el 10% de los que tienen pocas tierras accede al crédito y 30% de los que más tienen. Además, están aislados, sin pertenecer mayormente a organización o asociación alguna: entre los que menos tienen, solo el 17% está asociado y el 6,5% recibe asistencia técnica pública.

    No pueden aprovechar

    Según el experto en educación Jesús Montero Tirado, los niños, adolescentes, jóvenes y adultos que viven en pobreza, aunque se les ofreciera una educación de óptima calidad, no pueden aprovecharla, porque carecen de las condiciones básicas para tener “educabilidad rentable”.

    No reciben alimentación requerida para el desarrollo normal del cerebro; tienen nutrición deficitaria; no pueden hacer bien sus tareas y estudios en su hogar por falta de comodidad; no pueden comprar los materiales didácticos mínimos; no encuentran motivación para leer y pensar sobre lo que en la escuela trabajaron.

    En síntesis, es “prácticamente imposible lograr educación de calidad para quienes viven en contexto de pobreza”, pero al mismo tiempo es imposible salir de la pobreza sin educación.

    “La educación no es suficiente para el desarrollo económico, pero sin educación ningún sistema puede reducir y eliminar la pobreza, porque la madre de las pobrezas es la ignorancia, la incompetencia y el subdesarrollo personal”.

    El otro problema con que históricamente chocan los pequeños productores agrícolas es la dependencia de intermediarios por la resistencia cultural a realizar gestiones de mercadeo y comercialización. El 69% tiene su inserción comercial a través de intermediarios y sólo el 31% vende sin intermediarios, quienes se quedan con la mejor parte de los precios agrícolas.

    Cuando hablamos de la realidad campesina estamos hablando de la producción agropecuaria a nivel familiar, con todos los problemas de pobreza que afectan a sus miembros.

    La pobreza y pobreza extrema aumentaron levemente según la medición realizada por el gobierno el año pasado. Había una tendencia decreciente, pero el hecho de que aumente, es la muestra clara de falta de interés en el problema y la falsedad de los discursos de apoyo político a los pequeños productores.

    Si observamos los componentes del gasto social, veremos una cantidad de programas sociales aprobados por los poderes Ejecutivo y Legislativo, pero ¿responden ellos a políticas públicas que si no se llegan a cumplir tienen alguna consecuencia para los responsables? Todos sabemos que no.

    Luego, habilitar subsidios, donaciones o condonaciones sin tener como meta el combate firme a la pobreza, es tirar dinero a un barril sin fondo.

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    Publicado por jotaefeb | 2 agosto, 2017, 7:30 am
  9. Agricultura Campesina (II)

    Por Edwin Brítez

    Los datos estadísticos de la especie de pesos y contrapesos entre fincas que desaparecen en unos lugares, sustituidas por fincas nuevas en otros lugares es poco mencionado en los discursos de la argumentación y la réplica respecto al problema de la tierra y la confrontación entre Agricultura Familiar Campesina (AFC) y la agricultura mecanizada.

    El falso dilema culpable vs. inocente

    En vez de abordarse el tema como una cuestión natural de choque entre modernidad y atraso, como una falta de oportunidades y oportunidades de negocios, se los presenta como víctimas y victimarios o como una lucha entre pobres y ricos, entre los que exprimen al país con sus holgados negocios y los que dan de comer a la población con su esfuerzo y trabajo.

    Este discurso de confrontación surge debido a que por un lado hay interés en congraciarse con los más numerosos de un lado de la disputa, atacando a los que son menos aunque manejan más recursos y tienen mayor influencia, ocultándose con ello el fracaso estatal en la aplicación de la reforma agraria. El único enemigo en realidad es la pobreza que sufren cada vez más los campesinos. Cada vez más, porque la pobreza, en vez de disminuir, aumentó sobre todo en el campo.

    Tercera conclusión lógica: En vez de encarar la solución, es más fácil para todos (oposición y oficialismo) culpar de los problemas de la AFC al avance de la agricultura mecanizada y la ganadería extensiva, que sin lugar a dudas las producen, pero los problemas de la AFC no desaparecerán haciendo desaparecer la agricultura mecanizada y la ganadería extensiva.

    Ser pequeño productor no es sinónimo de pobreza

    El consultor e investigador brasileño Wagner Enis Weber afirmó que el problema de la agricultura campesina nunca fue el dinero sino la falta de conocimiento, capacitación, organización y de acceso a los servicios de la población ubicada en la franja de la AFC.

    El experto recordó que la producción del Estado de Paraná, Brasil, es casi el doble de la nuestra en granos, y contrariamente a lo que se puede creer, allá la mayor cantidad de la producción está a cargo de pequeños y medianos productores, quienes cuentan con un promedio de 25 hectáreas. ¿Y la intoxicación como consecuencia?: “los agrotóxicos perjudican al ser humano solo cuando son aplicados directamente sobre las personas”.

    Son 340.000 productores que ganan buen dinero con maíz, soja, trigo, cebada y caña de azúcar, sin embargo, aquí se asocian a estos productos con perjuicios y amenazas para la vida. Pero ¿cómo hacen para tener éxito con poca tierra? El 90% son socios de cooperativas de producción (aquí el 30%) y así pueden acceder a maquinaria y tecnología a menor precio y, con sus compras e inversiones, generan empleo en el campo a través de sus propias organizaciones y de la agroindustria.

    Con este enfoque, en el Estado de Paraná, la mayor parte de la soja (32 millones de toneladas en 2014) procesada no surge de las transnacionales, sino de las cooperativas. Esto se llama conocimiento, capacitación y organización.

    ¿Cumplen con estos requisitos nuestras políticas públicas de producción, productividad y mercado en la AFC? ¿Cómo podrían saberlo los políticos que toman las decisiones, si solo se guían por discursos y rendición de cuentas que ni siquiera escuchan ni leen? Y lo que es peor, ¿cómo enfocarían la solución si carecen de propuestas?

    Cuarta conclusión lógica. El discurso y la praxis políticas de tratar a las familias campesinas como víctimas del avance de la agricultura mecanizada y de la ganadería extensiva, en vez de atacar a fondo las causas del problema, que son las mismas de la pobreza y pobreza extrema, desnudan la falta de interés y preocupación de la clase política hacia el problema de los campesinos, que tratan de paliarlo con medidas populistas.

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    Publicado por jotaefeb | 1 agosto, 2017, 9:01 am
  10. Heladas y deudas, el Gobierno propone una solución

    Las heladas registradas recientemente en el país ocasionaron un gran impacto ambiental que tiene su repercusión en la frutihorticultura, la agricultura y la ganadería. Hasta ahora no se posee una cuantificación definitiva de los perjuicios económicos que han causado, pero los primeros cálculos hablan de que estarían en alrededor de 265 millones de dólares, si se tiene en cuenta el impacto en el área frutihortícola, en el trigo y en la soja de entre zafra.

    A lo que habría que añadir también el quebranto de la ganadería, con lo que el daño económico y monetario ascendería a cifras astronómicas, no solo para los productores, que son los perjudicados directos, sino para toda la ciudadanía que tendrá que sufrir también sus consecuencias indirectas.

    Estamos, en consecuencia, ante un grave estrago que requerirá un ímpetu adicional de parte de productores y del Estado para paliar sus efectos y lograr la rehabilitación de los sectores más destruidos. Como toda devastación ambiental, los perjuicios son prácticamente irreparables y todo lo que se perdió ya forma parte de una lamentable frustración. Pero las dificultades siempre son un desafío a la creatividad y a la capacidad de trabajo, por lo que en lugar de llorar por la leche derramada es bueno mirar para adelante para esbozar las soluciones y poner en marcha los planes necesarios.

    Por sus consecuencias, hay que considerar que estamos ante una de las peores escarchas de las últimas cuatro décadas, de acuerdo con la opinión de los entendidos en la materia. Lo que significa que se necesitarán también un esfuerzo y financiamiento de gran nivel para hacerle frente y recuperar a los sectores más golpeados.

    El Gobierno Nacional ha salido con una primera iniciativa para encarar este nuevo desafío, que el responsable de Agricultura y Ganadería y los encargados de los principales entes financieros estatales del ramo esbozaron a la ciudadanía. Por el tamaño del perjuicio y lo extendido de su impacto se requerirá no solo suficiente dinero, sino buena voluntad, un gran esfuerzo de imaginación y habilidad de parte de todos para acertar con las medidas necesarias.

    Un primer acercamiento al tamaño geográfico del efecto de la helada habla de 116.700 hectáreas (1.167 kilómetros cuadrados), que viene a representar un poco menos de la mitad de la superficie del departamento de Central (47,3%). La cuantificación hecha por el Gobierno del daño económico al sector más vulnerable, el frutihortícola, habla del equivalente a 25 millones de dólares. Y para asistirlo inicialmente tiene planes cuyo valor puede estimarse en 20 millones de la misma moneda, en semillas, insumos agropecuarios básicos, ayuda técnica, además de créditos y planes de refinanciamiento.

    El plan de contingencia del Gobierno prevé destinar G. 27.100 millones para la adquisición de semillas, insecticidas, fungicidas, fertilizantes, malla de mediasombra y productos pecuarios, y otros G. 82.500 millones para el proyecto de reactivación productiva, lo que hace que el total del auxilio sea de G. 109,6 billones (casi US$ 20 millones).

    Para facilitar la rehabilitación financiera, el Crédito Agrícola de Habilitación (CAH) renovará los vencimientos productivos previstos, no obligará al pago de créditos por 1 año y hará una quita de intereses del 50% del monto acumulado al momento de la cancelación. Por su parte, el Banco Nacional de Fomento renovará los créditos hasta un año y hará una reestructuración y refinanciación de la deuda de los afectados hasta 5 años de plazo.

    Estas son las primeras medidas impulsadas por el Gobierno que con el correr de los acontecimientos se verá si son suficientes o no. Lo más significativo es que ha tomado la iniciativa para mitigar el duro golpe y garantizar con rapidez el salvataje de los sectores más castigados de la producción.

    Los planes de contingencia anunciados por el Estado ya están en marcha, lo que indica que ya se podrá comenzar a activar de inmediato para conseguir lo antes posible el resarcimiento de los daños y la recuperación rápida de la producción más accesible.

    Hay que aprovechar el impulso que representa la asistencia estatal y encarar prontamente la rehabilitación de los sectores más afectados. Ante tamaño golpe climático y sus graves consecuencias no resta otra alternativa que ponerse manos a la obra y restablecer la producción para restituirle en lo posible a la situación anterior.

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    Publicado por jotaefeb | 31 julio, 2017, 8:02 am
  11. Las heladas deben ser motivo de alerta roja

    En los casos en que se avecinan tormentas severas ya es habitual hablar de alertas meteorológicas de diversos colores (amarillas, naranjas o rojas), según la intensidad de los vientos previstos, generalmente; y la información se difunde, valga la redundancia, a los cuatro vientos, a lo que la gente reacciona por lo menos con curiosidad y se toman previsiones en los casos necesarios, tanto a nivel personal o comunal como nacional. Esto está plenamente justificado, pues las tormentas fuertes ponen en peligro la integridad física de la población e, incluso, de obras, viviendas e infraestructuras de todo tipo.
    Viendo lo ocurrido los días 17, 18 y 19 de este mes, cuando las heladas dejaron perjuicios sin precedentes en el sector agrícola, afectando de gravedad tanto los cultivos de pequeños productores, principalmente horticultores, como las grandes extensiones de trigo y otros rubros mayores, los responsables del sector meteorológico deberían tomar la iniciativa de incluir a las heladas en la lista de fenómenos climáticos pasibles de alerta roja.

    El titular de la Dirección Nacional de Meteorología, Lic. Julián Báez, admitió ayer ante nuestra consulta que, efectivamente, se hizo una advertencia, pero esta vez no se les pasó por la cabeza la idea de convertir tal aviso en una alerta, de forma que se tomen mayores precauciones, principalmente en el campo, para salvar las plantaciones.

    El profesional explicó que pueden dar por seguro el ingreso de un frente frío severo una semana antes, y la posibilidad de que eso genere heladas es pronosticable al menos tres días antes, lo que indica que la alerta debe sonar lo suficientemente fuerte para que recorra el territorio que será afectado en el menor tiempo posible.

    Siempre de acuerdo a la citada fuente especializada, la previsión sobre el intenso frío, que atacó primero el sur y después el resto del país, hasta las zonas chaqueñas, se confirmó el miércoles 12 y fue transmitida, inicialmente, a la Secretaría de Emergencia Nacional (SEN) y al Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), a fin de que tomen las precauciones que considerasen necesarias. También se puso la información en la página web de Meteorología.

    Entre el viernes 14 y el sábado 15 de julio saltó el informe sobre las heladas que se venían. Los datos al respecto siguieron los mismos caminos que el pronóstico sobre el frente frío, pero evidentemente nadie pudo medir, incluidos posiblemente los medios de comunicación, la gravedad del fenómeno climático que se nos venía encima.

    Las heladas, pese a que se tenía el pronóstico, se convirtieron de esa forma en una desagradable sorpresa para la agricultura, en una devastadora acción de la naturaleza contra la pequeña economía productiva, principalmente; dejando no solamente ramas, hojas y frutos “chamuscados”, sino también deudas por doquier y mucho esfuerzo humano perdido.

    Ante versiones de que el fenómeno podría repetirse en la primera quincena de agosto próximo, el Lic. Báez aclaró que se prevé la entrada de un frente frío para dentro de dos semanas, o quizá un poco antes, desde la Argentina, pero no tendrá la intensidad de la semana pasada. Es decir, no habrá heladas. Se vendrá el viento del sector sur, pero con temperaturas probables de 10 grados centígrados, a lo sumo bajaría a 8 grados. Hasta finales del próximo mes se pueden esperar temperaturas de cero grados o menos, pero así como están las cosas “ya es muy difícil que se repita” lo ocurrido, de acuerdo al especialista.

    Si eso es verdad, este año ya no necesitaremos de alerta por heladas, pero debemos aprender la lección para futuros inviernos, pues esta vez la imprevisión nos está saliendo muy cara.

    Por otro lado, en esto se vislumbra un doble pecado del MAG, porque si recibió el pronóstico por lo menos tres días antes, hizo muy poco para transmitirlo a los productores. Debería analizar las causas de esa inoperancia. Esto se suma a los invernaderos “sistema israelí” que mandó construir para un gran número de horticultores y que resultaron ineficaces ante las heladas.

    Por Jorge Benítez Cabral

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/las-heladas-deben-ser-motivo-de-alerta-roja-1617161.html

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    Publicado por jotaefeb | 31 julio, 2017, 8:01 am
  12. Agricultura Campesina

    Por Edwin Brítez

    En el relato de la situación campesina y su relación con la actividad agropecuaria y el acceso a la tierra hay verdades y medias verdades, mitos, leyendas y falacias a los cuales se recurre de acuerdo con las necesidades y circunstancias que se presentan. Con el fin de ayudar a comprender el tema, exponemos el siguiente enfoque basado en fuentes oficiales y alternativas.

    Recomposición de fuerzas productivas

    Son 270.000 fincas en producción agropecuaria en todo el país, de las cuales 251.000 son de lo que se conoce genéricamente como Agricultura Familiar Campesina (AFC) desde una perspectiva netamente relacionada con el tamaño de la finca. Se considera como pertenecientes a esta categoría (AFC) a las familias con un máximo de 50 hectáreas.

    Aunque estos datos corresponden al 2008, sirven para tener una idea global del problema que hoy vemos en las calles con miles de campesinos marchando con palos en la mano y autoridades desorientadas y confundidas con respecto a las medidas a tomar sobre sus demandas.

    Las 270.000 fincas cultivan 7.815.738 hectáreas, de las cuales 978.093 ha corresponden a la AFC, lo que da una idea del gran avance de la agricultura y ganadería extensivas, ya que del total (270.000) de fincas el 8% es de agroganadería y el 92%, AFC; o si lo presentamos del otro lado: del total (7 millones y algo) de superficie cultivada, el 88% corresponde a la agroganadería y el 12% a la AFC.

    Es una diferencia importante que no se puede negar.

    Sin embargo, por intereses creados, por simple necesidad de discursos políticos u otras cuestiones, se repite constantemente que la agroganadería crece a expensas de la AFC, cuyos dueños son “expulsados” de sus fincas cuando que en realidad las fincas campesinas disminuyen como resultado de: a) una recomposición de fuerzas productivas, b) el avance de la urbanización y c) el empuje de una mayor explotación productiva de la tierra, dejándose poco a poco de lado el carácter especulativo de antes para dar lugar a inversiones, maquinarias, tecnología y mercado en terrenos anteriormente no explotados.

    La primera conclusión lógica es: gran avance de la frontera agrícola sobre territorios desocupados de la agricultura mecanizada y de la ganadería extensiva, y estancamiento de la AFC como resultado de una recomposición de las fuerzas productivas. Mucha agricultura con pocos agricultores frente a poca agricultura con muchos agricultores.

    El avance de las mecanizadas

    Entre los años 1991 y 2008 el Departamento Central perdió el 61% de sus fincas, Cordillera el 25%, Itapúa 17%, Paraguarí 14%, Alto Paraná 8% y otros. Es fácil imaginarse por qué ocurre esto. Por el avance de la urbanización y por la atracción laboral que ejercen especialmente entre los jóvenes (hombres y mujeres) Asunción, ciudades aledañas y nuevos polos de desarrollo o de nuevas concentraciones poblacionales.

    Las antiguas fincas rurales de Central, Cordillera y otros quedan abandonadas o son transferidas a no campesinos mientras los espacios desocupados de Alto Paraná, Canindeyú, Concepción y otros son ocupados por agronegocios y ganadería extensiva con alta genética, pagándose precios elevados por la compra o alquiler de tierras en estas zonas.

    Pero, en contrapartida, aumentaron las fincas rurales en San Pedro 44%, Caazapá 32%, Concepción 23%, Canindeyú 52% y Amambay 14%. Este proceso se dio como resultado de la migración por “expulsión” o por opción laboral y presión campesina sobre el sector público, que se vio obligado a ir ubicando a los campesinos sin tierras en nuevas colonias.

    La segunda conclusión lógica es: mientras se desliza la frontera agrícola-ganadera, disminuyen las fincas de la AFC en determinadas zonas (cerca de los grandes centros urbanos), pero aumentan en zonas netamente campesinas como San Pedro, Concepción, Canindeyú, etc. La verdad entonces es que mientras unos son “expulsados”, otros son reubicados o ubicados en nuevas colonias.

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    Publicado por jotaefeb | 30 julio, 2017, 8:33 am

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