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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

La pobreza como condena

La pobreza es ver las oportunidades pasar y no estar en condiciones de alcanzarlas. La miseria es no saber que existen esas oportunidades.

Según el último informe gubernamental, el 28,86% de la población es pobre en el Paraguay, lo que implica 1.950.000 personas. Mientras que la pobreza extrema –el nombre técnico para la miseria– alcanza al 5,37% de los connacionales.

Las variables que se toman en cuenta para establecer estas estadísticas son consideraciones prácticas que hablan de acceso a servicios o ingesta de valores calóricos de acuerdo con la canasta básica alimentaria.

Pero como los números pueden ser tan manipulables y mentirosos como las palabras, estas cifras reflejan más bien consideraciones político-administrativas antes que la plena realidad. Como mínimo son imágenes distorsionadas, interesadas, parciales.

En verdad, la más terrible imagen de la pobreza es el eterno inmovilismo. Estar sumergido generación tras generación en el espeso caldo de la más absoluta incapacidad de salir adelante. Asfixiados, internamente inválidos.

Pero no es un asunto solamente de dinero, pues cualquiera puede prescindir del dinero sin ser pobre. Además, también hay algunos ricos que son pobres porque lo único que tienen es dinero.

A ciencia cierta, lo terriblemente injusto es que la pobreza funcione como una condena, como un mal hereditario, como un suplicio marcado a fuego en el ADN.

Este tipo de pobreza mutila al hombre, lo reduce a su mínima expresión y lo hace funcional a una serie de manipulaciones terrenales y divinas.

Romper el círculo eterno de la pobreza es el desafío de cualquier sociedad que se precie de tal. Y el mejor camino es la educación. Pero no la educación que sirve para volver más llevadera la condena o para hacerles útiles al propio sistema nocivo que los mata en vida.

La educación que verdaderamente sirve es la que los empodera, les explica cuáles son sus derechos y les brinda las posibilidades prácticas y reales para salir del estancamiento físico, existencial, moral y económico. Y debe ser una educación académica y espiritual.

Y ahí entran a tallar la Iglesia, las fundaciones, los individuos y, fundamentalmente, el Estado, como máxima expresión de la comunidad.

Pero también los pobres deben ayudarse. Que digan no al clientelismo en las próximas elecciones. Que rechacen el G. 100.000 que les ofrecerán por su voto y que dejen de guiarse por los colores. De lo contrario, solo añadirán más años a su miserable condena.

Por Arnaldo Alegre

 

 

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

9 comentarios en “La pobreza como condena

  1. Combate frontal a la extrema pobreza
    14 agosto, 2017

    Dr. Juan Carlos Zárate Lázaro
    La Dirección General de Estadísticas, Encuestas y Censos (DGEEC), dio a conocer recientemente la serie de incidencias de pobreza total y extrema por departamentos. A través de la misma se deduce que los departamentos más “golpeados” por la extrema pobreza son Caazapá, con un índice del 55,78%; le sigue Concepción con 49,97%; San Pedro con 48,07% y Caaguazú con 47,43%.

    La última encuesta que lo había realizado el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), mostraba que a nivel país tenemos unos 200.000 pequeños productores en estado de vulnerabilidad económica. Son los que de hecho precisan un FOCUS primario por parte de dicha cartera estatal, para que a través de sus técnicos puedan trabajar estrechamente con los mismos “in situ” en sus campos de labranza. Empezando por un diagnóstico del nivel de fertilidad de sus tierras y en base a ello determinar los rubros de producción a los que deberían de orientar sus esfuerzos a fin de tenerlo lo más diversificado y atomizado posible, que les permitan poder obtener ingresos lineales y mucho más remunerativos durante todo el año y no exclusivamente casi concentrado en unos cuantos meses.

    Es un trabajo que ya los vienen haciendo, pero habrá que darle todo el énfasis necesario dada la importancia que reviste a nivel país.

    También se precisa que se los pueda dar todo el apoyo logístico que necesario fuere que les permitan poder nuclearse en pequeñas cooperativas de producción, a fin de que puedan llegar con sus productos hasta los compradores finales, eliminando “la tan odiosa intermediación”de quienes históricamente se han llevado el mayor porcentaje de las ganancias con un mínimo esfuerzo y que puedan compensar realmente el sacrificio realizado por estos productores.

    Si todo esto se llegara a concretar exitosamente, pues iríamos por buen camino en la reducción gradual, pero consistente de las franjas de extrema pobreza que afectan a estos productores, quienes precisan un apoyo cercano durante todo el año a fin de lograr los objetivos productivos y de comercialización que se precisan para que su gestión económica pueda verse fortalecida. Pues con todo esto, se estará dando un gran paso hacia el fortalecimiento de la cadena de valor y productiva que es lo prioritario en estos momentos.

    Los 4 departamentos expuestos precedentemente deben ser los receptores primarios de estos apoyos, pues las inversiones en gastos sociales realizados por el gobierno a través de los subsidios a personas de tercera edad y en otros conceptos, si bien son importantes para un mejor control y amortiguamiento de los niveles de pobreza, no obstante el trabajo que se viene haciendo con estos pequeños y medianos productores les permitirán contar con una mayor fortaleza en niveles de ingresos. Esto permitirá coadyuvar positivamente a que las franjas de extrema pobreza se vean reducidas gradualmente siendo este el objetivo primario al cual debemos orientar nuestros esfuerzos para lograr mejoras cualitativas y cuantitativas en el estándar de vida de estos productores que permitan en una próxima encuesta la reducción en los niveles apuntados ahora y que paralelamente puedan hacer que los hijos de estos labriegos no se vean obligados a migrar hacia la capital o Dpto. Central en busca de fuentes de trabajo.

    En nuestro país, los tenemos a varias cadenas de supermercados, también están los mercados de abasto, quienes día a día y durante todo el año están adquiriendo en grandes volúmenes frutas, hortalizas y otros productos hortícolas, y muy bien a través del apoyo que les puedan brindar las autoridades del MAG podrían establecer con los mismos alianzas estratégicas, de tal forma a delinear todos los cursos alternativos de acción que necesario fueren para que se los comercialicen sus productos directamente a los mismos.

    De concretarse satisfactoriamente, estaríamos dando un paso importante en la lucha contra la extrema pobreza, pues no hay que ser “mago” para darse cuenta que los mismos trabajan durante todo el año pero los ingresos percibidos por sus ventas apenas les alcanzan para una subsistencia semi digna y en pleno siglo XXI no seria para nada aceptable que el que realmente trabaja continúe con limitaciones económicas y los “más avispados” que son los intermediarios sonríen todo el año pues son los que se quedan con los mayores márgenes de rentabilidad del negocio.

    A simple vista todo esto parecería una “misión semi imposible”, pero no lo es en absoluto, pues hoy día contamos con técnicos preparados para apoyar a estos productores, y también con toda la logística y estrategia necesaria además de apoyo crediticio vía Banco Nacional de Fomento(BNF) y Crédito Agrícola de Habilitación(CAH) para que realmente a través de un cambio dentro de la cadena de producción y ventas puedan sentirse realmente pues hoy día muchos de ellos lamentablemente lo que hacen es restar más que sumar por los diversos aspectos mencionados, pero que por suerte son absolutamente reversibles.

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    Publicado por jotaefeb | 18 agosto, 2017, 7:36 am
  2. El Gobierno ha priorizado la infraestructura y aumentó la inversión social

    Con motivo del cuarto aniversario de la actual administración del Gobierno, se han realizado numerosos análisis para evaluar lo realizado durante los cuatro años. Se ha tenido gran variedad de opiniones de acuerdo a las diversas fuentes, con el acento en un logro u otro o en ciertas falencias, de acuerdo con el color del cristal de cada mirada. Como es natural, así como se escucharon aplausos también se produjeron críticas con mayor o menor intensidad.
    Lo llamativo es que en lo único en que la mayoría estuvo de acuerdo es en que el Ejecutivo fue responsable de una fuerte inversión en infraestructura y obras que el país necesita, como claramente lo señalaron los más connotados especialistas.
    Resaltaron que gran parte de la estrategia del Ejecutivo fue volcar fondos en la inversión en infraestructura, lo que se nota viendo la gran cantidad y diversidad de obras físicas que se construyen en el país, muchas de las cuales están concluyendo mientras otras continuarán todavía porque se proyectan hacia el futuro. Luego del impulso del primer año, las licitaciones, contrataciones, inicio y continuidad de obras han sido la nota dominante en el programa de inversión pública del país. El Paraguay ha sido por décadas uno de los países más atrasados del continente en materia de rutas asfaltadas, caminos de todo tiempo, puentes y vías de comunicación, por lo que la iniciativa del Gobierno ha sido un hecho digno de señalar.
    Reconocer este acierto gubernamental es uno de los mayores elogios que se puede recibir, porque ninguna administración anterior fue capaz de invertir tal cantidad de dinero para tantas obras en el país. Y para ello no solo ha sido necesario conseguir fondos que la nación no tiene por carecer de ahorros propios, sino idear la estrategia, planificar las obras, estructurar los proyectos, realizar las licitaciones, concertar los acuerdos y administrar con equilibrio la gran tarea de construir las obras que necesita el Paraguay.
    Los ciudadanos de cualquier sitio del territorio nacional son testigos del afán constructor de este Gobierno, que hasta en los rincones más olvidados ha inaugurado caminos o está emprendiendo nuevas obras para la gente a un ritmo más veloz que el que habitualmente suele permitir la inercia burocrática, tan propensa siempre a poner escollos.
    Lo interesante es que la priorización de las obras de infraestructura no ha sido en desmedro de la atención de otros sectores, como la inversión social en la que el Gobierno Nacional ha sido decididamente ambicioso. Con citar solamente los programas como Tekoporã, Tenonderã y de atención a los adultos mayores puede apreciarse la importancia que también ha dado a la preocupación por los más necesitados.
    En el primero de los casos, Tekoporã, este Gobierno ha más que duplicado la cantidad de familias necesitadas que son atendidas por el Estado en sus requerimientos básicos de sustento. Al 15 de agosto último, a cuatro años de hacerse cargo del timón del Estado, son más de 142 mil familias, lo que implica más de 700 mil personas en situación de pobreza las que reciben la transferencia condicionada de dinero para asegurar que sus hijos vayan a la escuela y recurran a los centros de salud básica.
    Ha creado el programa Tenonderã, que ayuda a encarar emprendimientos a los que salen de Tekoporã a fin de abandonar la pobreza y posicionarse en proyectos económicos que garanticen su mejor status y bienestar. El programa de adultos mayores se ha constituido en el eficaz socorro para que las personas ancianas desposeídas puedan asegurar su alimentación y un mejor pasar en los postreros años de su existencia.
    Como parte de la preocupación por los más necesitados puede señalarse la tarea del Indert, que en 4 años ha entregado más títulos de propiedad y certificados de adjudicación a campesinos sin tierra que durante varios gobiernos anteriores. O la extraordinaria tarea de la Senavitat, que en un corto tiempo ya concluyó y entregó más de 20 mil viviendas para tantas otras familias desposeídas del país.
    La administración de este Gobierno no es perfecta, y nadie puede pretender que lo sea. Pero aún con sus imperfecciones demuestra una gestión mediante la cual ha realizado una obra que permite asegurar que cada día más paraguayos tienen más y mejores oportunidades de vivir mejor.

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    Publicado por jotaefeb | 17 agosto, 2017, 7:39 am
  3. Urge derrotar cuanto antes al monstruo de la desigualdad

    Uno de los graves problemas del Paraguay es la desigualdad. Su indicador más concreto es la pobreza, que excluye a un relevante sector de la sociedad el acceso a bienes y servicios para vivir con dignidad. La clase política paraguaya, a lo largo de las tres últimas décadas, no ha buscado los medios pragmáticos para alcanzar un país con mayor justicia en la distribución de la riqueza. Es necesario que cambien de actitud y se pongan de acuerdo en un programa planificado para reducir la brecha entre los desposeídos y aquellos que tienen demasiados bienes materiales. De la respuesta que den a este problema depende el futuro.
    La información oficial que indicaba días pasados que 83.000 niños y jóvenes en edad escolar no asisten a clases porque la pobreza se los impide ha vuelto a poner a consideración de la opinión pública un crucial problema de nuestro país: la pobreza. Esa situación es producto de la histórica desigualdad que ha afectado al Paraguay desde tiempos de la Colonia española. Si bien hoy existe conciencia de esa realidad, es poco o nada, en términos de eficacia, lo que los sucesivos gobiernos han hecho a lo largo de las tres últimas décadas.

    En una reciente conferencia el economista y docente Jeffrey Sachs, de la Universidad de Columbia, ha puesto el dedo en la llaga precisamente en lo que atañe a la gran cantidad de excluidos de la sociedad del bienestar por la gran desigualdad que se observa en la sociedad paraguaya.

    Lo contrario de la desigualdad es la equidad. Si bien el término no se corresponde exactamente con igualdad, es lo que más se le parece. Si ella se da, todos los ciudadanos tienen no solo el derecho sino la oportunidad de acceder a aquellos bienes y servicios de calidad que les han de permitir llevar una vida digna.

    Un indicador de la grave inequidad en el Paraguay es que aquellos niños y jóvenes en edad de escolarización no puedan acudir a los centros de estudios públicos porque sus padres no cuentan con los mínimos recursos que les permitan enviar a sus hijos a estudiar.

    Muchos de esos menores, a destiempo, salen a la calle a ganarse el sustento perdiendo así la ocasión de encontrar alguna vez mejores condiciones de vida a través de la educación formal. De adultos, van a formar parte de esa gran masa de gente que por no haber tenido una buena formación continua atrapada en la pobreza.

    Los gobiernos, como forma de lucha contra la indigencia, han implementado programas sociales de asistencia a los desamparados. Por otro lado, han insistido –sobre todo el actual–, en ampliar la dotación de infraestructura del país como un medio para agilizar los intercambios económicos.

    En la educación misma, mucho se insiste en la infraestructura edilicia, lo cual no está mal porque es absurdo que a esta altura de la historia todavía haya clases bajo los árboles. Sin embargo, es muy poco lo que se hace para mejorar la cualificación de los maestros para que ofrezcan una educación de calidad y en lograr que ningún niño o joven en edad de cursar sus estudios esté fuera del sistema educativo.

    Lo lamentable es que la clase política, conociendo los detalles de la enfermedad, no se hayan propuesto aún luchar en serio contra la desigualdad. Es hora de que cambien de actitud. De lo contrario, el problema se agravará cada vez más y los avances logrados serán devorados por la pobreza, con sus nefastas e imprevisibles consecuencias.

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    Publicado por jotaefeb | 8 agosto, 2017, 10:37 am
  4. La pobreza como negocio

    Por Ilde Silvero

    Hay verdades que duelen, que molestan, que uno no quiere repetir, que para no enturbiar el ambiente es mejor callarlas. Pero el silencio no calma el síntoma doloroso, así como la alfombra tapa la basura pero no la elimina. Una realidad cruel de nuestra sociedad es que la pobreza constituye una especie de despreciable negocio para cierta gente.

    Hemos constatado en varias ocasiones que cuando se realizan concentraciones políticas multitudinarias, viene mucha gente que no tiene la menor idea del motivo del encuentro popular. En más de un noticiero, aparecen personas marchando con alguna bandera o pancarta en las manos y que, cuando son indagadas por la prensa sobre la causa de la movilización, se muestran sorprendidas y no saben qué contestar. Están ahí, formando parte de una manada, pero no conocen el porqué de su presencia en el lugar.

    Estas ovejas perdidas en un gran rebaño suelen abundar, sobre todo, en las concentraciones de los partidos políticos, en épocas de campaña electoral, pero el fenómeno también está presente en manifestaciones imponentes de organizaciones sociales, sindicales y campesinas.

    ¿Cuál es el problema de que haya gente manifestándose sin saber por qué? ¿Acaso alguien sale perjudicado porque muchas personas vienen del interior a la capital a reclamar o proclamar algo? Nadie las obligó, subieron a los colectivos por su propia voluntad.

    El problema está en que existen líderes políticos, dirigentes sindicales, cabezas de organizaciones sociales, pastores religiosos o ideológicos que sacan provecho de las manifestaciones masivas. No meten la mano en el bolsillo de los pobres, pero las multitudes tienen voz y voto como para inclinar la balanza en decisiones importantes en donde sí están en juego grandes cantidades de dinero del presupuesto general de la nación.

    Entonces, traer muchos pobres de los barrios marginales y de los asentamientos campesinos para crear caos frente a los ministerios del Poder Ejecutivo o frente al Congreso, eso sí puede ser un negocio cuando la presión de los manifestantes logra sacar una tajada a los fondos de Hacienda por el motivo que fuere.

    Las necesidades materiales, la ignorancia, la autocompasión y la esperanza de acceder alguna vez a un mejor nivel de vida constituyen los pilares sobre los cuales se asienta la explotación de los pobres como elementos para obtener recursos económicos del Estado. En este sentido, la pobreza es un negocio porque si esos pobres no existieran, no habría aportes públicos para la élite de dirigentes que supuestamente canalizan la ayuda a los más necesitados.

    Claro que la generalización es injusta; hay personas muy meritorias y dignas de destacar por la gran labor que realizan en favor de los niños de la calle, de los menores hambrientos, de los indigentes desamparados, de las niñas embarazadas, de las mujeres maltratadas, de los abuelos abandonados, etc. Quienes realizan estas tareas solidarias merecen apoyo y respeto.

    El repudio va hacia quienes se aprovechan de las necesidades de la gente pobre para obtener réditos políticos y económicos, ¡sinvergüenzas y delincuentes enmascarados como salvadores de la patria!

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    Publicado por jotaefeb | 8 agosto, 2017, 10:37 am
  5. Educación y pobreza

    Por Jesús Montero Tirado

    Según datos oficiales de nuestros gobernantes, el año pasado 2016, la pobreza ha crecido y alcanzado a la tercera parte (28,8%) de la población, afectando directamente a unos seiscientos mil niños.

    La preocupación por nuestro desequilibrio social ha traspasado las fronteras políticas y diplomáticas. Hay conciencia internacional de que la pobreza de un país repercute también negativamente y de muy diversas maneras en los demás países. Por algo es noticia de primera plana que “un asesor de Naciones Unidas insta al Gobierno a reducir la desigualdad excesiva”,

    Los educadores sabemos que los niños, adolescentes, jóvenes y adultos que viven en pobreza, aunque se les ofreciera una educación de óptima calidad, no pueden aprovecharla, porque carecen de las condiciones básicas para tener educabilidad rentable. Por estar en pobreza desde pequeños no han recibido la alimentación requerida para el desarrollo normal del cerebro; porque suelen tener parasitosis su sobria nutrición es más deficitaria; porque viven en vivienda extremadamente precaria carecen de ambiente para poder hacer bien tareas y estudios en su hogar; porque no hay recursos económicos, no pueden comprar los materiales didácticos personales mínimos indispensables; porque frecuentemente sus padres tampoco recibieron educación suficiente no encuentran motivación para leer y pensar sobre lo que en la escuela trabajaron. Es prácticamente imposible lograr educación de calidad para quienes viven en contexto de pobreza.

    Por otra parte es imposible salir de la pobreza sin educación. La educación no es suficiente para el desarrollo económico, pero sin educación ningún sistema puede reducir y eliminar la pobreza, porque la madre de las pobrezas es la ignorancia, la incompetencia y el subdesarrollo personal.

    Hay también crueles madrastras de la pobreza, que son las ideologías extremas de izquierdas y derechas (marxismo y capitalismo salvaje) que incluso a quienes tienen educación los arrastran a múltiples formas de empobrecimiento esclavizante. Basta mirar a Venezuela o a Corea del Norte con marxismo o a los pueblos africanos, que durante décadas fueron expoliados por el capitalismo explotador.

    La educación es sistema y conjunto de procesos responsables del desarrollo humano personal. Desarrollo de todas las potencialidades que germinalmente contiene toda criatura humana. Sin desarrollo humano jamás existirá ningún otro desarrollo vital de la humanidad, ni desarrollo social, ni cultural, ni económico, ni político, ni científico ni artístico, ni moral… Reducir la desigualdad, lograr la equidad, acabar con la pobreza será puro sueño o mentiroso discurso político mientras no nos tomemos definitivamente en serio la educación.

    El sistema de educación que regenta el Ministerio de Educación y Ciencias es parte de un macrosistema nacional. Como parte, está vinculado en red a otros muchos sistemas, como el social, el económico, el político, el legislativo, el judicial, el cultural, el sanitario, el de seguridad, etc. El funcionamiento de todos y cada uno de los sistemas influye vitalmente en el sistema educativo y el sistema educativo, a su vez, sobre todo y más directamente desde el nivel de Educación Superior (Universidades e Institutos Superiores) también influye en todos los demás sistemas. Pretender que con políticas aisladas del Ministerio de Educación y Ciencias se encontrará la clave para poner las bases fundamentales del desarrollo humano y consecuentemente de todos los demás desarrollos es una actitud simplista e irreal. Muchos de los que andamos comprometidos con el desarrollo educativo lo hemos dicho reiteradas veces: no saldremos del pozo empobrecedor mientras las políticas se sigan planteando sectorialmente ministerio por ministerio, gobernación por gobernación y municipio por municipio. En educación necesitamos urgentemente políticas de gobierno y, sobre todo, políticas de estado.

    La educación solamente podrá contribuir a la erradicación de, la pobreza y a reducir la desigualdad con políticas macrosociales macroeconómicas y macroeducativas que lleven a la cobertura de los derechos humanos de todos los ciudadanos, a la justicia distributiva y a extirpar la impunidad de los prebendarismos que excluyen la meritocracia, traicionan a la profesionalidad de los cargos y acumulan el número de funcionarios parásitos; macropolíticas sistémicas que no dejen espacio y entierren a la impunidad de los corruptos instalados en los tres poderes del estado.

    En contexto preelectoral es pertinente recordarles a los partidos y movimientos políticos que es hora de dejar caciquismos y politiquerías, para dedicarse a la verdadera política buscando todos el bien común.

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    Publicado por jotaefeb | 8 agosto, 2017, 10:36 am
  6. La pobreza es un problema, no una excusa

    Al hablar del dinero y la felicidad, habitualmente se busca quitarle omnipotencia a la plata, disminuyendo las frustraciones que uno puede tener al no contar con los recursos necesarios para pegarse algún lujo cada tanto. De la misma manera, se busca sublimar, en términos psicoanalíticos, la envidia, dándole un apellido de “sana” cuando es muy dudoso poder cambiarle la cualidad a un defecto, dependiendo de las circunstancias en la que uno se encuentra.

    Decimos que “envidiamos sanamente” a quienes poseen mayores recursos económicos, miramos en las revistas y los programas de intromisión familiar, los lugares a donde van a vacacionar, los vehículos que compran, las ropas que visten, las comidas que comen, llenándonos como si tuviésemos un tanque, de una sensación de pobreza que vacía nuestros corazones. En ese momento, ante esta sobreexposición de estímulos, con el despliegue majestuoso de riquezas, se dobla nuestra fina resistencia y nos rendimos frente a esta realidad, sumiéndonos en la más ridícula tristeza. La tristeza de desear bienes de otros.

    Así somos. Miramos lo que tienen los demás, y cual motor que nos impulsa a seguir con nuestras tareas, trabajamos, no para conseguir la propia felicidad, sino para intentar igualar lo que el otro tiene. A esa recolección de bienes, en muchos casos, se reduce nuestro anhelo de felicidad.

    A pesar de que tengo una infinidad de adjetivos para descalificar este esquema de razonamiento paradigmático de nuestra sociedad consumista, no me quiero centrar en este circuito cerrado que funciona infinitamente. Pretendo mirar el otro lado de la moneda. El que parecería siempre cae de cara al suelo, porque no es observado.

    La pobreza es un problema para todos en el Paraguay. Sin embargo, hay que aclarar un aspecto fundamental, en nuestro país es un inconveniente y no una excusa. Escuchamos en una infinidad de oportunidades a los malevos más sanguinarios decir que no tienen la responsabilidad de un suceso lamentable, cometido por estos, excusándose en que son pobres. Lo mismo pasa cuando se violentan las leyes establecidas y acordadas socialmente.

    Somos pobres sigue repicando como la justificación de todo tipo de actos. Somos pobres, por eso merecemos extorsionar a las personas; somos pobres, por eso violentamos a los incautos para extraerle algunas monedas; somos pobres, por eso somos maleducados y groseros; somos pobres, por eso no limpiamos nuestros patios; somos pobres, por eso no trabajamos, robamos. Somos pobres, por eso se entiende que vivamos constantemente al margen de la ley.

    Así como el dinero no hace a la felicidad, y el motor de nuestras vidas no debe funcionar exclusivamente para conseguir la simple acumulación de bienes, la pobreza no es la justificación válida para sobrevivir en la dejadez, ni delinquir como forma de vida.

    La pobreza deja de ser una condición económica y se convierte en un valor, en la medida en que nosotros mismos le damos un sentido cualitativo a nuestra existencia. Pobre es aquel que no le encuentra sentido a su andar cotidiano. Pobre es quien sobrepone sus instintos animales a su condición humana. Pobre es quien deambula por este valle de lágrimas sin encontrarle un sentido a sus pasos.

    La desigualdad de la sociedad paraguaya es una cuestión anacrónica. Persistirá siempre y cuando no se tomen las medidas paliativas correspondientes. Continuará campante mientras sigamos tomando opciones que son pobres. Que busquen como único objetivo instalar a las mafias económicas en el poder para aumentar su caudal adquisitivo y garantizar sus negocios en detrimento de los compatriotas que sobreviven en un país sin empleo, sin educación, sin salud, sin justicia y con una brecha económica que se acentúa cada vez más.

    La pobreza en el Paraguay verdaderamente es un problema que debe ser analizado entre todos los sectores. Debe encontrarse una solución de forma urgente. Para conseguir este objetivo es tiempo de sincerarnos, poniendo la mente fría y decir la verdad. Que la pobreza no es excusa, sino consecuencia de una serie de negligencias que nos llevaron a esta situación caótica en la que estamos sumidos.

    Es un tema que deberíamos analizarlo entre todos, puesto que no es posible pensar en el desarrollo de unos cuantos, sin subir al tren del éxito de los demás, a todos. Sería como una flor en medio de un pantano. Estaría allí radiante, con su belleza minimizada por un paisaje inadecuado a su esplendor.

    Por Pablo Noé

    http://www.lanacion.com.py/columnistas/2017/07/28/la-pobreza-es-un-problema-no-una-excusa/

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    Publicado por jotaefeb | 8 agosto, 2017, 10:36 am
  7. La pobreza tiene cara de político corrupto

    Por Brigitte Colmán
    Un titular periodístico informaba en estos días que La pobreza tiene cara de niño. Lo siento, pero no estoy de acuerdo. Aunque entiendo lo que quería decir, ya que hablamos de un informe sobre pobreza. La verdad es que en el Paraguay la pobreza tiene cara de político corrupto.

    Por si se les perdió la información, les cuento que más de 600.000 niños, menores de 10 años, se encuentran en situación de pobreza; y en esos hogares sobreviven con menos de 21.000 guaraníes por día, según el informe La infantilización de la pobreza, realizado por el Centro de Investigación Aplicada (CIA) del Observatorio Económico de la Facultad de Ciencias Contables, Administrativas y Económicas de la Universidad Católica.

    Si necesitan más datos, aquí van: el 40% del total de los niños son pobres; y atiendan bien: 136.000, el 9% del total de niños del país, viven en pobreza extrema.

    Vivir en pobreza extrema no significa solamente vivir en un vecindario feo, sin agua potable, energía eléctrica, ropas de abrigo, internet o alimentos; significa básicamente estar excluido de todo. En el caso concreto de un niño, representa estar excluido de cada mínima posibilidad de bienestar, presente y futuro.

    Conocen el discurso de esos predicadores que te dicen: “Si querés, podés…”. Bueno, eso nunca en esta vida se va a aplicar a un niño paraguayo que vive en pobreza extrema, porque esa pobreza y la desigualdad van a perseguirlos a lo largo de su vida y le van a privar de ir a la escuela, y hasta es posible que llegue a la escuela, pero como no tuvo los alimentos necesarios, las secuelas de la desnutrición le van a pasar la factura y le va a costar aprender algo. Y, después de eso, si llega a sobrevivir a una mediocre escuelita pública (si no se le cae el techo sobre la cabeza) va a saber que no es fácil, que en este mundo supermegaglobalizado necesitás más herramientas para conseguir un trabajo decente.

    Ese niño que vive en pobreza extrema necesitará que la fuerza le acompañe, para desarrollar sus capacidades y sus talentos, y convertirse en un ciudadano feliz.

    Cada niñito pobre vive en esa condición por culpa de la niñera de oro y del diputado que la protege; como también por culpa del diputado que les paga a sus caseros con el dinero de la gente.

    Todos los políticos mentirosos y corruptos, sus parientes que se aprovechan y consiguen cargos, y cada una de las amantes que también vive de los impuestos que aporta el pueblo paraguayo, son responsables de la pobreza. Y también vos, vos que les votaste a ellos.

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    Publicado por jotaefeb | 19 julio, 2017, 8:31 am
  8. El gran desafío de rescatar de la pobreza a 600.000 niños

    Un informe técnico de la Universidad Católica revela que más de 600.000 niños menores de 10 años de edad o igual se encuentran en situación de pobreza, teniendo que sobrevivir en hogares con un ingreso inferior a 21.000 guaraníes por día. La cifra corresponde al 40% del total de niños en ese rango de edad. Y lo más alarmante; unos 136.000 niños, que conforman el 9% del total de la población infantil en el Paraguay, se hallan en una situación de pobreza extrema. Son datos que deben conmovernos, más allá de las frías estadísticas. Hay que priorizar el rescate de estos chicos, de lo contrario estamos construyendo un modelo de sociedad basado en la exclusión y un país que no ofrece muchas esperanzas de una vida más digna.

    Un niño que crece en situación de pobreza o de pobreza extrema es un niño que pierde irremediablemente gran parte de las potencialidades que necesita desarrollar para convertirse en un ciudadano integrado a la sociedad. La deficiente alimentación, las limitaciones para acceder a una buena educación y a un buen sistema de salud, entre otras necesidades básicas que no alcanzan a ser satisfechas, acaban ocasionando un grave daño a la personalidad, y por consiguiente a la misma sociedad y al país.

    “La pobreza está asociada a carencias que producen daños biológicos permanentes en los niños, además de afectar sus desarrollos sicológicos y sociales en un amplio espectro”, sostiene el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

    En este contexto, un informe denominado La infantilización de la pobreza, realizado por expertos del Centro de Investigación Aplicada (CIA) del Observatorio Económico de la Facultad de Ciencias Contables, Administrativas y Económicas de la Universidad Católica (UCA), acaba de sistematizar algunos datos verdaderamente preocupantes sobre la verdadera dimensión con que la pobreza golpea a la infancia en nuestro país.

    El documento revela que más de 600.000 niños menores de 10 años de edad o igual se encuentran en situación de pobreza, teniendo que sobrevivir en sus hogares con un ingreso inferior a 21.000 guaraníes por día.

    Los datos, obtenidos a partir de la Encuesta Permanente de Hogares del 2016, indican que estos 600.000 niños representan el 40% del total en ese rango de edad. Y una precisión aun más alarmante establece que alrededor de 136.000, el 9% del total de niños del país, se encuentran en condiciones de pobreza extrema.

    Mas allá de la frialdad con que a veces se leen las cifras estadísticas, estos datos deben conmovernos y cuestionarnos profundamente acerca del modelo de sociedad y de país que estamos construyendo. Para tener una imagen más gráfica sobre la proporción que esto implica, podemos calcular que con estos 600.000 niños en situación de pobreza se podría llenar quince veces el Estadio Defensores del Chaco.

    Urge que las autoridades que están al frente del Ejecutivo y de todos los demás poderes del Estado, junto con los demás sectores dirigenciales, prioricen las acciones y los programas para rescatar a estos niños de la situación de pobreza y de pobreza extrema.

    De lo contrario, seguiremos construyendo un modelo de sociedad que se basa en la exclusión de los más humildes, condenando a nuestros niños a crecer en un país que no les ofrece muchas esperanzas para una vida más digna.

    http://www.ultimahora.com/el-gran-desafio-rescatar-la-pobreza-600000-ninos-n1097105.html

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    Publicado por jotaefeb | 19 julio, 2017, 8:31 am
  9. El susto de los tontos

    Una discusión típica de campaña electoral es cuánto está endeudando al país el gobierno que se va, aunque los detractores, tras condenar “una deuda que pagarán nuestros nietos”, no dan fórmula alguna para reemplazar esta modalidad de inversión por otra menos onerosa. Todos los candidatos y precandidatos tienen la crítica fácil pero ninguna solución a la vista. Entonces, hay que ayudarlos a pensar un poco en el sentido de que el problema no es endeudarse sino para qué. Si una familia se endeuda para comprar un auto de lujo o para mantener una vida rumbosa, sin duda eligió el peor camino. Si lo hace para echar a andar una empresa, tal vez el destino le sonría. Guardando las distancias, es lo que hacen también los países, según el talento de sus gobernantes.

    El Paraguay, es sabido, mantiene una de las tasas de endeudamiento más bajas del continente: 19,6% del PIB según datos de la Comisión Económica Para América Latina (Cepal) 2016, menos de la mitad de la media latinoamericana que fue ese año del 40%. Pero también tiene una de las tasas de inversión pública más bajas: apenas un 3,5% del PIB mientras en América Latina es de algo más del 6%. Y si nos comparamos con tres de los países en los que el Estado más invierte en gastos de capital, estamos aún más lejos. ¿Y qué países son esos, EEUU, Brasil…? Ni cerca. Son Bolivia, Panamá y Ecuador. Veamos. En 2016, Ecuador volcó un equivalente al 11,5% de su PIB en sectores productivos (23%), en desarrollo de capital humano (14%) y en el sector social (16%). Ecuador debe hoy un 24% de su PIB. Bolivia fue aún más lejos, dedicando un 16,5% de su PIB a impulsar, según reporta Cepal, “una recuperación vigorosa en los sectores productivos y de infraestructura, los que han incrementado sus niveles de inversión de menos del 0,5% del PIB en el año 2000 al 5% del PIB en 2015.

    La inversión en los sectores sociales también se elevó, especialmente en salud, educación, urbanismo y vivienda, llegando al 4% del PIB”. Bolivia compromete hoy el 30% de su PIB en deuda externa. Y luego, Panamá, que debiendo el equivalente al 39% de su PIB ha puesto en marcha un plan estratégico de Gobierno, que prevé proyectos de inversión por un total de 19.500 millones de dólares hasta 2019, destinados principalmente al metro de la Ciudad de Panamá, al reordenamiento vial y a la construcción de la ciudad hospitalaria, esta última, una megaobra de 300.000 metros cuadrados que incluye 17 edificios, 38 quirófanos, más de 320 consultorios y 1.243 camas que se estima atenderá la demanda del 84% de la población panameña cubierta hoy por la Caja de Seguro Social. Esto significa que los tres países destinan gran parte de su endeudamiento a cubrir áreas como salud, viviendas, educación, infraestructura vial, impulso a sectores productivos y desarrollo de capital humano. Bolivia, Ecuador y Panamá saben cuánto deben, cuánto invierten y qué resultados esperan.

    Lo dicho: lo que debe preocupar a los políticos no es cuánto se debe sino la calidad del gasto a cargo del Estado. Por ahí debieran empezar antes de, simplemente, condenar algo que ni siquiera han empezado a comprender.

    http://www.5dias.com.py/95987-el-susto-de-los-tontos

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    Publicado por jotaefeb | 16 julio, 2017, 8:36 pm

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