Trabajo, solidaridad y perseverancia

Transitando por los polvorientos caminos chaqueños es posible llegar, hacia el centro mismo de la región Oriental, a una especie de oasis pleno de vida, sembrado de fincas muy bien cuidadas en las que alternan el jardín ornamental, la casa amplia, confortable pero sencilla y sin lujos y la infaltable huerta hogareña. Mirando el GPS y haciendo algunos cálculos, se podrá comprobar que a unas pocas decenas de kilómetros de ese centro bullente de actividad se erigen los fantasmales campos de batalla del conflicto con Bolivia. Hoy, parte de aquel escenario de una cruel guerra entre naciones hermanas está cubierto por cultivos, pasturas implantadas, tajamares, tanques australianos desbordantes de agua, rebaños de ganado, establecimientos fabriles, centros comerciales y mucho tránsito de vehículos familiares y maquinaria agrícola.

Es la Colonia Menno, que hace un par de días cumplió 90 frescos años de existencia, cuando un 25 de junio de 1927 los pioneros del desembarco menonita en el Paraguay llegaban tras una larga y penosa travesía que incluyó interminables viajes por tierra escapando de la turbulenta Rusia revolucionaria, luego la travesía marítima para recalar en Canadá y finalmente un último salto sorteando el Atlántico Sur para internarse en los meandros del Paraguay-Paraná. Destino final: Puerto Casado. Allí, aquel contingente sufrió las penurias del tifus y así diezmados, los agotados viajeros llegaron al sitio en que habría de fundarse Colonia Menno que en aquellos días era un páramo azotado por insistentes vientos del norte. El sentido común les gritaba que huyeran de ese semi desierto yermo y caliginoso. Pero los 1.207 menonitas que habían llegado se propusieron fundar allí el primer enclave que con el tiempo se conocería como Loma Plata.

Así lo hicieron, y casi un siglo más tarde, el resultado es un conglomerado agrícola, ganadero e industrial que aporta el 60% del ganado bovino de exportación y el que ha fundado las bases de lo que luego sería una de las industrias más sólidas del país: la leche y derivados. ¿Cómo lo lograron? Con una escasez crónica de agua, temperaturas de horno la mayor parte del año y con vientos dominantes del norte que todo lo secan, sin embargo el polo menonita creció, se afianzó y se convirtió en uno de los mayores enclaves productivos del país. Lo lograron con trabajo, solidaridad y perseverancia, y con un eje transversal: la fe. “No hay meta inalcanzable para el hombre que trabaja duro, que es solidario con sus semejantes y que persevera aún por encima de todas las dificultades. Y si es hombre de fe, el circulo está completo y nada es imposible”.

Esto se lee con frecuencia en la abundante literatura con la que los menonitas celebran sus 90 años de presencia en el Paraguay. Y también esto: La riqueza no está en la tierra sino en el espíritu del hombre emprendedor y dedicado 100 por ciento a su trabajo, a su familia y a su comunidad, valores que los menonitas cultivan por sobre cualquier otro. El viajero que un día cualquiera se hospede en sus hoteles verá que en ellos no hay lujos ni dispendios innecesarios, pero encontrará todo lo que podría exigir en un hotel de primera categoría internacional. Es como los menonitas entienden la vida: sencilla, dedicada y armonizada por la fe. Es su pequeño secreto del éxito.

http://www.5dias.com.py/94385-trabajo-solidaridad-y-perseverancia

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3 comentarios en “Trabajo, solidaridad y perseverancia”

  1. La República vapuleada

    La deducción de la calificadora de riesgos Fitch Ratings es clara y no deja ningún lugar a dudas. Su reporte dice: “Los resultados del prolongado ciclo electoral de América Latina durante el próximo año y medio podrían variar la calificación (en cada país) con la consolidación fiscal como un desafío clave ya que los nuevos gobiernos enfrentan un bajo crecimiento económico y una reducción de los ingresos, especialmente relacionados con los commodities”. Y FR está hablando apenas de los distintos actos eleccionarios con sus diferentes matices según la tradición más o menos democrática de los países observados. El reporte no entra en detalles sobre particularidades o episodios que eventualmente puedan apartarse de las buenas prácticas institucionales. Se circunscribe al calendario de convocatorias y nada más. Por eso es importante que, en el caso del Paraguay, pongamos en su lugar algunas fichas mientras esperamos el devenir de este nuevo “año electoral”.
    La reciente jugada del Gobierno de copar las mesas directivas de ambas cámaras del Congreso evidencia el propósito absolutamente evidente de dominar el escenario parlamentario. Las “nuevas mayorías” emergentes se están mostrando completamente funcionales al proyecto cartista de arrinconar a la oposición y a la disidencia a fin de hacer marchar algunos proyectos que de otra manera podrían quedar varados en el Congreso. El Gobierno se muestra sorprendentemente diligente en la ejecución de obras de buen ver, desde el punto de vista del marketing electoral: autopistas, rutas, viaductos y túneles están rodeando la ciudad, mientras una movediza política habitacional hace surgir nuevos barrios prácticamente de la nada. Dos emprendimientos que podrían agregar buen material de propaganda están detenidos por diversas razones: el tren de cercanías y la nueva terminal aérea, de diseño futurista pero que tropiezan con la tozuda resistencia de los legisladores hacia la figura de la alianza público-privada y de la concesión sin aprobación del Congreso. Ante semejante panorama político de gran dureza, el Gobierno se avino a negociar, entablando una alianza pegada con alfileres que deberá remediar la conflictividad en las cámaras y agregar viabilidad a los proyectos más emblemáticos de una administración que está de salida. Con ese propósito se modificaron reglamentos, se hicieron a un lado viejos compromisos de equidad en las mesas directivas y hubo, como corolario, nuevos nombramientos. Se acomodó el envase, en suma, a la plasticidad del contenido, al revés de cómo suceden las cosas en las democracias fuertes en donde el contenido copia la forma del contenedor, es decir, de la estructura institucional que contiene y da forma a la República.
    Estas agachadas no pasan desapercibidas a las organizaciones internacionales de crédito, cooperación y calificación. De manera que los próximos reportes podrían reflejar esta consuetudinaria debilidad institucional del Paraguay en donde la República es rehén frecuente de un puñado de inquilinos pasajeros del poder que no trepidan en resquebrajar su integridad con tal de sacar adelante proyectos personales. Un clásico.

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  2. Valores en riesgo

    Ningún negocio es cien por ciento seguro. Ninguna inversión, por acotada e hipermedida que parezca su rentabilidad garantiza el éxito. Ninguna estructura edilicia está a salvo de fallas o potenciales colapsos. La vida misma, por disciplinada y metódica que sea una persona, está libre de acechanzas. El riesgo, en suma, es un factor omnipresente en toda actividad humana y no sólo es imposible eliminarlo sino que el hombre ha aprendido a convivir con él, a cuantificarlo, a verlo venir y a calcular su posible impacto.

    En economía se llama “valor en riesgo”, que es un método desarrollado para medir una potencial pérdida en condiciones controladas de mercado durante un periodo determinado. Del ajuste y sistematización conque esta herramienta se aplique a un modelo de negocios emerge un índice que permitirá determinar el grado de previsibilidad de cada una de las operaciones.
    El cálculo de riesgo es hoy un instrumento inseparable en todas las áreas de la economía. Ayuda a un directorio a tomar decisiones y a internarse en caminos nuevos. La ilusión de una seguridad plena reduce al mínimo los riesgos pero también lo hace con la rentabilidad de un negocio. Es por eso que aquellos empresarios, inversionistas y gerentes que van en busca de romper una barrera, innovar y ampliar su cuota de mercado en un negocio determinado deben decidirse a abandonar su zona de confort, elevar su nivel de riesgo y poner sus fichas en el objetivo elegido. Todo, naturalmente, controlado, evaluado y calculado, teniendo en cuenta que lo que mide el índice de “valores en riesgo” son probabilidades.

    Hoy en día, ninguna empresa seria, ningún inversionista previsor, realiza sus operaciones sin mostrar las cartas a las empresas y consultoras que evalúan y califican las carteras de negocios, la consistencia y grado de sanidad de los papeles emitidos y la previsibilidad de las inversiones realizadas. De una relación productiva entre empresas y consultoras surgen los grados de calificación que ayudan a los inversionistas a tomar buenas decisiones.
    La economía de hoy no puede moverse sin un adecuado cálculo de riesgos. Es más, ningún capital se animaría a radicarse en un país o invertir en empresa alguna si previamente no pudiera tener a la vista la calificación que le permita ubicarlo con claridad en la categoría que le corresponde. Un ejemplo reciente. Argentina estaba anunciando, con bombos y platillos, que escalaría a la categoría de “economía emergente”, es decir, aquella que ha pasado de ser una economía de subsistencia para ingresar a la categoría de una de fuerte desarrollo industrial.

    Según MSCI Inc -un ponderador estadounidense de fondos de capital de inversión, deuda, índices de mercados de valores y de fondos de cobertura- Argentina no ha profundizado sus reformas, incluyendo la eliminación de los controles de capital y de las restricciones en el mercado de cambios. Para ser una economía emergente, los niveles de riesgo deben estar más acotados. Mientras tanto, es un “país de frontera”. Y ya se sabe que las fronteras –al menos en América Latina- no son un ambiente saludable a donde llevar capitales.

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  3. Las agrocadenas inteligentes

    El diario montevideano El Observador reportaba lo siguiente: “La semana pasada el crecimiento de lo orgánico tuvo un hito que posiblemente cambie al sector alimentos para siempre: Amazon, la empresa que empezó como librería y es actualmente un gigante de las ventas minoristas por Internet, compró a Whole Foods en US$ 13.700 millones cash, pagando US$ 42 por acción”. La pregunta obligada: ¿Y qué es Whole Foods? Se trata de una cadena de supermercados con sede en Austin, Texas, dedicada a la venta de alimentos orgánicos en todo el mundo.

    Su red está integrada por más de 460 establecimientos en Estados Unidos, Canadá y Reino Unido. La operación de compra conmocionó a Wall Street cuando se anunció la operación. De inmediato, la marca se valorizó en un 26% y los títulos de Amazon experimentaron una suba del 3%. Y bien, se dirá. Una cadena más en el mundo de la intermediación de alimentos, al estilo WalMart y otros gigantes del género. Pero parece que no es tan simple.

    “Lo que se viene –deduce el diario uruguayo- es una intolerancia cada vez mayor a residuos químicos, a maltrato animal, a productos de los que no se conoce quién los generó y cómo fue el proceso productivo”. Términos como “natural”, “orgánico”, “sustentable” y otros parecidos comienzan a abandonar el reducido recinto de las oenegés ambientalistas y las fundaciones conservacionistas para instalarse en las góndolas y anaqueles de los supermercados. Pero eso no es todo sino apenas el comienzo de lo que Amazon se trae entre manos: un estilo de venta diferente en el mundo de los alimentos, más rápido, eficiente y seguro. Una aplicación en el celular permitirá que el cliente tome el producto, lo escanee, compruebe su calidad, su sello de inocuidad, registre su precio y lo debite de su cuenta en Amazon. Todo lo que tendrá que hacer el comprador es entrar, elegir su compra y pasarla por el escáner de su smartphone y salir. No habrá intervención humana alguna. Y nada de trucos ni avivadas. Un sensor disparará una alarma si alguien pretende irse sin pagar.
    Se dirá que es demasiada tecnología para que llegue a nosotros muy pronto. Todo dependerá de que algún emprendedor se anime a replicar el modelo. Ya hay granjas que producen orgánico y con un fuerte compromiso con la tecnología de invernaderos, riego controlado, nutrientes no contaminantes y sanidad inocua. Hay centros de distribución y venta al detalle que ofrecen productos orgánicos con certificación. Tal vez lo que falte, para ensayar el sistema Amazon en el Paraguay, sea un software que compatibilice las cadenas de valor de alimentos naturales con la de intermediación y venta y, finalmente, con los sistemas de compra online mediante celulares.
    Las cadenas agrointeligentes son el futuro.

    Llevará tiempo cerrar el ciclo y es posible que eso encarezca en alguna medida los precios de etiqueta. Pero también es cierto que existe una franja de compradores cada vez mayor que estaría dispuesta a pagar un poco más por productos de calidad e inocuidad certificados y que estén presentes todo el año en los anaqueles de su súper favorito. Cuestión de que alguien empiece y pruebe el modelo. El tiempo dirá

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