Enfrentamiento en país de maravillas

El último año de la actual legislatura, que empieza a rodar oficialmente el próximo sábado con el mensaje que dará el presidente Horacio Cartes al Congreso, viene cargado de conflictos, polémicas y divisiones en el ámbito político que dañan, más de lo que ya está dañada, la endeble institucionalidad del país.
El escenario es propicio para quienes priorizan sus planes e intereses particulares por encima del cumplimiento de las leyes y la Constitución y quienes asumen con convicción aquello de que el fin justifica los medios.

Un pequeño repaso de los acontecimientos políticos de los últimos meses nos muestran el tenaz intento de aprobar la reelección presidencial, inexistente en nuestro sistema político, impulsada por una campaña de firmas, muchas de ellas falsificadas; las sesiones realizadas en el Senado en forma subrepticia para aprobar la enmienda constitucional y el clima de amenazas de violencia en el Parlamento que terminó con el atropello e incendio de la sede y el asesinato del joven dirigente Rodrigo Quintana, a manos de la Policía, en el local del principal partido de oposición.

Estos y otros hechos contribuyeron a instalar un ambiente enrarecido de enfrentamientos. Antes que intentar apaciguar, algunos dirigentes políticos, empezando por el presidente de la República, decidieron avivan las diferencias, como si calculasen que esa situación es la más propicia para sus objetivos.

En los últimos meses, continuó además la seguidilla de asesinatos mafiosos en la zona fronteriza con Brasil que muchos parecen tomar como acontecimientos ocurridos en algún lejano país y no en Paraguay.

Los hechos nos empujan a un ambiente viciado, al que algunos pretenden aparentemente acostumbrarnos para las cosas más graves que pueden venir después.

En estas condiciones, la campaña proselitista que se viene estará marcada por el antagonismo. Suele ser así, solo que ahora seguramente se acentuará.

En el partido oficialista, dirigentes de los dos sectores enfrentados manifestaron su predisposición a un “abrazo republicano” luego de las elecciones internas, conscientes de la necesidad de llegar unidos para las elecciones generales de 2018. Sin embargo, esa intención puede chocar con una realidad difícil de superar: la evidente falta de voluntad del cartismo y en particular de su líder, Cartes, de aceptar una eventual derrota electoral interna.

El temperamento y ciertos antecedentes del mandatario llevan a pensar que no dudará en pisar las reglas, lo cual incluye hasta la posibilidad de un fraude en las urnas para asegurar la victoria de su delfín. De darse ese escenario, es muy posible que el partido no logre la mentada unidad.

Los partidos de oposición no logran, más allá de discursos poco convincentes, avanzar en la búsqueda de un consenso que les dé posibilidad de enfrentar con un candidato único al oficialismo. Los plazos se acortan y, por más que a último momento los una la necesidad, no será muy creíble para un electorado cada vez más crítico y decepcionado por la actuación de sus dirigentes.

No sabemos si Cartes, en su mensaje del sábado, elegirá pintar un país de maravillas, de obras que se realizaron (sin mencionar que algunas hacen agua) y las que se realizarán.

O, si preferirá ser sincero –como lo fue su frustrado candidato a gobernador, el animador Rubén Rodríguez, al confesar que acordó una prima y un sueldo con el mandatario– y expondrá sin rodeos el enfrentamiento con sus rivales internos de la ANR y con la oposición.

Cualquiera sea su discurso, la realidad política que vive ahora nuestro país es difícil de ocultar.

Por Marcos Cáceres Amarilla

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/enfrentamiento-en-pais-de-maravillas-1608074.html

 

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10 comentarios en “Enfrentamiento en país de maravillas”

  1. Perversa utilización de niños en la politiquería

    Generó indignación, una vez más, la utilización de niños para adulonería política, en un acto con la presencia del presidente Horacio Cartes en la zona de Canindeyú. En efecto, durante un almuerzo político realizado en el salón cultural de la Municipalidad de Corpus Christi, luego del acto oficial de inauguración de un tramo de ruta y entrega de aportes del Estado, dos niños entregaron a Cartes una plaqueta de agradecimiento, con la frase “Cuando la gratitud es tan absoluta, las palabras sobran”. El hecho generó una reacción de indignación en las redes sociales porque uno de los menores llevaba un pañuelo colorado en el cuello.
    No es la primera vez que se recurre a una perversa práctica de utilizar a infantes, que todavía no tienen noción de un acto de esta naturaleza. En nuestra región, la intendente de Ciudad del Este, Sandra McLeod, también había sido objeto de críticas en varias ocasiones por utilizar a niños para supuestos agradecimientos, preparados por sus adherentes adulones.
    La misma Secretaría de la Niñez y la Adolescencia, en esta ocasión, reaccionó ante esta perversa práctica y emitió un comunicado señalando que “se considera inadmisible la utilización de niñas, niños y adolescentes como ‘instrumentos’ de propaganda política partidaria reafirmando la vigencia del interés superior del niño con carácter prevaleciente por sobre cualquier otro derecho en conflicto”.
    En el mismo documento instó a los padres “activistas de partidos políticos, movimientos sociales o de cualquier otro ámbito, gremios de trabajadores y organizaciones de la sociedad civil en general, a evitar y reprobar la utilización de niñas, niños o adolescentes en actos que podrían exponerlos a riesgos en su integridad física y emocional, además de vulnerar gravemente sus derechos al respeto y a la dignidad, consagrados en la Constitución Nacional, la Convención sobre los Derechos del Niño y el Código de la Niñez y la Adolescencia”.
    Ademas de la perversa utilización de niños que todavía no tienen criterio sobre este tipo de acciones, resulta lamentable que se siga fomentando la práctica del agradecimiento a las autoridades, cuando cumplen con su deber, como si fuera que cumplir con su obligación de construir obras o habilitar hospitales sea una dádiva y no un derecho del ciudadano. Son herencias de la dictadura nefasta que creíamos habían sido desterradas.

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  2. Un gran fraude, como su herencia
    30 junio, 2017

    La caradurez es un signo distintivo en la mayoría de los políticos, aunque a veces no deja de sorprendernos, como cuando, por ejemplo, los que fueron beneficiarios directos del latrocinio stronista, de los más escandalosos que se hayan perpetrado en toda América Latina, pretenden dictar cátedras de “honestidad” y “transparencia”. Es el caso del senador Mario Abdo Benítez, “Marito”, líder del movimiento Colorado Añetete, quien durante un acto proselitista realizado por su sector, el pasado miércoles, pontificó sobre sus presuntas cualidades morales y atacó a algunos colegas suyos por carecer de ellas, omitiendo un hecho monumental: La vida de lujos y privilegios que siempre disfrutó, se cimenta sobre el robo descarado al pueblo paraguayo por parte del dictador y su camarilla, de la cual su padre era una pieza de primerísimo orden.

    El tema que motivó la ofuscada arenga del senador fue el pedido realizado por sus pares del oficialismo para que la Contraloría realice una auditoría a la gestión administrativa de la Cámara Alta, durante el período del 2015 al 2017, cuando él y Robert Acevedo se desempeñaron como presidentes del cuerpo legislativo. “Quién no la debe no la teme” (sic), fue la respuesta que divulgó en una de las redes sociales al tomar conocimiento del hecho, agregando que “con esto no nos amedrentan”.

    No sabemos si “Marito” tiene algo que temer o no sobre su gestión como titular del Senado. Esa es una frase hecha, utilizada por todos los que son o serán investigados, cuya veracidad se demuestra recién al término de las pesquisas. Pero sí tiene que temer, y mucho, sobre el origen de su patrimonio, de su herencia proveniente de un ladrón consumado, como fue su padre.

    Durante el régimen dictatorial, el saqueo a los bienes públicos se produjo de manera escandalosa, brutal, hasta nauseabunda. Los “popes” de la época no solo lucraban mediante fabulosos negociados, sino que además metían la mano directamente en las arcas de las instituciones del Estado, como si fueran su caja particular. Se apropiaban de grandes extensiones de tierras -las más ricas- que tenían por finalidad la “reforma agraria”, de lotes urbanos, cuando no de estancias y casas de perseguidos políticos. En suma, “libaban las mieles del poder”, de uno caracterizado por su insaciable voracidad, además de por el terrorismo que practicó durante más de tres décadas. Pues bien, uno de esos “popes” era “Don Mario”, eterno secretario privado del tirano y padre del senador.

    Así, el dinero de “Marito”, o una parte significativa del mismo, no solo está manchado de la sangre derramada por ese régimen criminal para ejercer el poder absoluto, sino que tiene un origen definidamente “mal habido”, por ser fruto del hurto.

    Demás está decir que ni él ni los hijos de otros bandidos son responsables de los delitos cometidos por sus progenitores. Eso de por sí no los hace culpables. Pero cuando se trata de hechos tan sonados, de casos archidivulgados, mal podrían alegar desconocimiento de lo sucedido y si, en lugar de someter sus bienes a una investigación para determinar su legalidad, se limitan a disfrutar de la “dolce vita”, entonces se convierten en herederos espurios de una fortuna que no les pertenece y en personas carentes de catadura moral para tan siquiera mencionar palabras tales como honestidad, rectitud o integridad.

    El líder de “Añetete”, sin embargo, hace uso y abuso de esos conceptos, se erige en juez inquisidor de sus adversarios, un ejemplo del “deber ser”, capaz de hacerle sombra a cualquiera; pero hasta que devuelva lo robado y pida disculpas por haber usufructuado lo ajeno por tanto tiempo, la imagen de “chico sano” que pretende vendernos no es más que un gran fraude, al igual que la fortuna que recibió del padre.

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  3. Un mandato constitucional que merece el debido respeto

    El debate de los senadores disidentes sobre su posible concurrencia o no a la sesión especial y solemne del próximo sábado, en la que el presidente de la República debe leer su informe de gestión ante el Congreso, es impertinente, ya que se trata de una ceremonia especial establecida por la Constitución para ambas partes, y por lo tanto obligatoria y no opcional, tanto para el presidente de la República, como para los legisladores.
    Las razones aludidas por las que anunciaron que no irán a la reunión pueden ser relevantes o no, pero es un ceremonial de Estado y como tal merece la respetabilidad del caso.
    ¿Podría el Presidente ausentarse y dejar de hacer su ceremonial de rendir cuentas, aduciendo, por ejemplo, que los legisladores no prestan atención, que bostezan en el acto y hasta que algunos se duermen? Le guste o no le guste, el Presidente tendrá que ir a leer su informe de gestión. Y, les guste o no les guste, los legisladores tendrían que cumplir con su presencia como contraparte, por respeto al mandato constitucional, y a las investiduras, como Poder Ejecutivo y Poder Legislativo.
    Es cierto que hay actos ceremoniales que tienen mayor o menor valor, o mayor o menor trascendencia, pero cuando la Constitución dixit, no queda lugar para la duda o para las interpretaciones.
    Es real, de hecho, que la presencia o no de algunos legisladores, suponiendo que tengan razones de fuerza mayor, no cambiará el hecho en sí, pero sí desvirtuará el ceremonial de Estado constitucional.
    Y no hay que olvidar que por tratarse de un hecho público, generalmente retransmitido por los medios, es también un ceremonial de cara a la Nación, al pueblo paraguayo.
    La tradición democrática de rendir cuentas es un acto de cara a la ciudadanía en general y representa un momento propicio para que se avalúe públicamente la gestión, que es esencialmente el sentido del mandato constitucional.
    Dentro de nuestra dinámica política cotidiana, un tanto sectarista y generalmente confusa para gran parte de la ciudadanía, por lo extremo y lo radical de las posiciones, es bueno que se entienda que el mandato constitucional tiene un sentido y que exige el mayor respeto de todos, y muy principalmente del presidente del Ejecutivo, y de los legisladores que están explícitamente convocados a este encuentro, más que ceremonial, de rendición final de cuentas al pueblo paraguayo. Una obligación de parte de las autoridades convocadas por la Constitución.

    Es bueno empezar a pensar que la Constitución es un corpus y que los convencionales, representantes de todos los sectores, hicieron no una serie de artículos deshilvanados o aleatorios, sino que representa un cuerpo jurídico, con sus aciertos y sus defectos, inapelables salvo por las vías que establece la misma Constitución.
    Y el hecho de que sea un acto público, no es sólo para que los legisladores con una visión burocrática o coyunturalista, o electoralista, opten por cumplirlo o incumplirlo.
    Es más, el hecho de que se trate de un acto público ha generado tradición de debate mediático que convoca a todos los medios y a especialistas para la evaluación del informe. Y es muy importante, sin duda alguna, en este debate, la opinión de los legisladores de todos los sectores y de diferentes perspectivas de opinión. Analizar y debatir la realidad del país coyunturalmente es obligación de los legisladores, opinen a favor o en contra, e incluso un compromiso para los ciudadanos.
    Dentro de nuestra dinámica política cotidiana, un tanto sectarista y generalmente confusa para gran parte de la ciudadanía, por lo extremo y lo radical de las posiciones, es bueno que se entienda que el mandato constitucional tiene un sentido y que exige el mayor respeto de todos, y muy principalmente del presidente del Ejecutivo, y de los legisladores que están explícitamente convocados a este encuentro, más que ceremonial, de rendición periódica de cuentas al pueblo paraguayo. Una obligación de parte de las autoridades convocadas por la Constitución.
    El mandato constitucional tiene sentido y merece el respeto debido a la Carta Magna.

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  4. En clave fundamentalista

    Por Carolina Cuenca
    Intercambiábamos opiniones en días pasados sobre en dónde buscar inspiración para realizar el cambio cultural que necesitamos en Paraguay.

    Mi visión personalista de la solución a los problemas sociales resultó algo “conservadora” (lo cual me honra) y no faltó quien lanzara al aire el calificativo que, cual daga léxica, es la que hiere con más profundidad hoy cualquier intento de diálogo serio: “fundamentalista”.

    Nadie soporta de buena gana la carga de esta tilde sobre su persona o discurso. Hoy es mejor ser insulso, hipócrita, cínico o manipulador, antes que intentar defender verdades fundamentales como universalmente válidas.

    Es un calificativo casi equivalente a aquel “comunista”, que en la dictadura podía hacerse incluso contra recalcitrantes liberales principistas (los más alejados ideológicamente del marxismo) para hacerlos caer en desgracia.

    Con consciente ironía, antes que intentar una defensa justa ante tal acusación, considero que se podría hacer uso de esa expresión pesada y para muchos desagradable para referirme a lo que podría llamar la receta en clave “fundamentalista” de un líder culto, sacrificado, leal, inteligente, pero sobre todo efectivo en materia de cambios culturales positivos que tuvo nada menos que nuestro país, sí un gran desconocido al que Nora Gauto, Javier del Haro en colaboración con Ana Burró y Jorge Larrosa están devolviendo a la memoria colectiva, gracias a su biografía recientemente publicada.

    Me refiero a Juan Sinforiano Bogarín. Un hombre que vivió su infancia campesina en plena posguerra del 70 y acompañó y protagonizó como obispo 54 años de la historia reciente de nuestro país, incluidas las revoluciones que durante tantas décadas del siglo XX infestaron de odio y pobreza extrema a nuestra sufrida nación.

    Ahora que estamos parados nuevamente en las movedizas arenas de la época electoral, habría que revisar cómo aplicó Bogarín con tanta eficiencia su máxima educativa: Suaviter et forticer (suave en las formas, fuerte en los principios), así como su contundente lema episcopal: Pro aris et pro forcis (por el altar y por el hogar) para lograr dar tantos pasos adelante hacia la consecución del deseo más anhelado de su vida: “la reconstrucción moral y la unidad nacional”.

    Con esa “inteligencia de la realidad” de marcado acento guaraní trazó como prioridades de la reconstrucción cultural el cuidado de la institución familiar, la difusión de los valores cristianos, la justicia como respuesta no ideologizada al problema social, el discurso y la práctica de la reconciliación y de la unidad en busca del bien común. Y esto hizo eco en el corazón del pueblo, que acogió y puso en práctica su receta.

    Candidatos, en vez de pescar en río revuelto tantos discursos clichés, empalagosos y foráneos que a nadie convencen, sería bueno revisar los hechos, de lo que sí ha resultado aquí entre nosotros, al menos en parte, para levantar del polvo a esta noble doncella que desean ustedes desposar. De lo contrario, que la patria os lo demande

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  5. Pacto entre sinvergüenzas y candidatos

    El presidente de la ANR, Pedro Alliana, presentó al precandidato cartista a la presidencia de la República, Santiago Peña, a un grupo en el que se encontraban los conocidos como “magos de las finanzas” de la Dirección de Aduanas. Allí estuvo gente como Gustavo Kirmser, Javier Agüero y los demás aduaneros multimillonarios que, con olfato fino, ya conformaron previamente un “Comando aduanero del movimiento Honor Colorado”, a fin de plegarse a la campaña electoral del candidato cartista.

    Términos tan utilizados por los agentes gubernamentales como “nuevo rumbo” y “honor”, no son compatibles con la actividad y personalidad de los ladrones de las aduanas de la República, con gente que figura en planilla recibiendo como salario tres millones de guaraníes pero mostrando capacidad para adquirir residencias de 350.000 dólares y pagar mil dólares semanales de cuota por un automotor de lujo.

    Si hay un lugar en el país donde jamás se cambió de rumbo, ese es, precisamente, la Dirección Nacional de Aduanas. Si hay un organismo público donde el honor –entendido como la virtud que nos sujeta a los deberes éticos fundamentales– no vale un centavo, ese es la Dirección Nacional de Aduanas. Y es precisamente con ilustres representantes de sus peores funcionarios, con esta calaña de personas, con quienes el precandidato cartista fue a abrazarse. Y eso que Santiago Peña no puede afirmar que desconoce la “magia” del enriquecimiento de estos sinvergüenzas, puesto que fue hasta hace muy poco tiempo ministro de Hacienda, la cartera de Estado de la cual dependen, al menos formalmente, las famosas Aduanas.

    En este momento no puede saberse si al precandidato Peña ya comenzaron a gustarle esta clase de compañías o solamente las tolera en pro de un resultado perseguido por él. Hasta hace poco, Peña no hubiese arriesgado la pulcritud que toda persona decente quiere proyectar a la sociedad accediendo a aparecer con gente de dudosa reputación frente a una cámara periodística. Pero parece que el inevitable precio de la ambición política es tener que tragarse muchos sapos. Se diría que el señor Santiago Peña ya sabe a qué atenerse y cómo conducirse en lo sucesivo con relación a cuanto tenga que ver con el logro de sus ambiciones.

    Por cierto, los aduaneros corruptos deben constituir una formidable fuente de apoyo financiero para una campaña electoral en la que se tendrá que invertir mucho dinero. La pregunta que surge espontáneamente, aunque formulada de un modo un tanto ingenuo, es: ¿qué mueve a los aduaneros más ricos del país a apoyar al candidato de Cartes? Una de dos: o los otros posibles candidatos –Juan Afara y Mario Abdo Benítez– no les inspiran confianza para mantener sus beneficios y su impunidad, o el precandidato Peña les acaba de prometer precisamente eso.

    Lo que es digno de resaltar es que el “nuevo rumbo” de Cartes, de este presidente que juró combatir y derrotar a la corrupción que permea todas las capas de la Administración Pública, no resultó más que otro fiasco; el “nuevo rumbo” nunca constituyó un programa de Gobierno, sino apenas un eslogan publicitario. O bien, en el hipotético caso de que alguna vez Cartes haya pensado verdaderamente encaminarse por un “nuevo rumbo”, no le dio “el cuero”, no pasó del vano intento de un gobernante completamente incapaz de obtener un solo triunfo en dicha supuesta confrontación entre honestidad y “honor colorado”, por una parte, y contrabando, coima, enriquecimiento ilícito y tráfico de influencias, por la otra. O nunca se propuso buscarlo realmente. Porque, mientras su delfín realizaba sus cuestionables reuniones en Asunción, el propio Cartes hacía lo propio en Canindeyú, teniendo entre sus anfitriones a la diputada Cristina Villalba, conocida como la “Reina del Norte” y vinculada con políticos de dudosa reputación en la zona, a quien el Primer Mandatario se refirió en esta ocasión como “la patrona”. Arrojó así otro puntito de claridad para entender su “nuevo rumbo”.

    Mientras tanto, la reunión de Alliana y Peña con los magos de las finanzas de la Dirección de Aduanas se realizó en la sala de sesiones de la ANR, de tal suerte que el mismo Partido Colorado quedó salpicado con la inmundicia. Los demás colorados, los que no hacen parte de esta oscura asociación de conveniencia recíproca entre candidatos y coimeros, debieron protestar ante la Junta de Gobierno, al menos para dejar a salvo sus reputaciones y hacer la diferencia con aquellos colorados que la perdieron o a quienes ya no les importa nada. Pero no protestaron. Así que, si se diese que Peña ganara alguna vez una elección, ningún colorado podrá dejar de pensar que lo logró mediante el dinero robado al Estado por los aduaneros y otros sinvergüenzas que, de seguro, ya estarán formando filas para contribuir.

    Si Peña tiene realmente intenciones de ser presidente de la República y por acaso lo logra, tendrá que trabajar con esta clase de gente, como lo hace su mentor. Que no nos venga después este señor a recitar homilías morales y a explicar cómo de honesto se propone ser en el Gobierno, porque hará el ridículo.

    Si Santiago Peña quiere ganar credibilidad, debe distanciarse desde ahora de quienes pueden manchar su nombre y su futura gestión. Porque, así como viene andando, en tan mala compañía, los ciudadanos y las ciudadanas ya tienen clara la película y sabrán a qué atenerse en las próximas elecciones.

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  6. Ni una sola idea

    La campaña electoral rumbo a las internas partidarias de fin de año y de las generales de abril próximo ya ha arrancado y, como sucede indefectiblemente desde 1989, a los políticos no se les cae una idea ni por descuido.

    Enfrascados en su minúscula lucha por el charquito en el que aspiran retozar, olvidan que hay siete millones de paraguayos que esperan oír algo que pueda interesarles y, eventualmente, moverlos a votar. Pero, la palabra propuesta no existe en el diccionario de estas personas quienes, enfrascadas en sus grescas de taberna no tienen tiempo de levantar la vista y observar el mundo que los contempla.

    Entre ellos, por ejemplo, unos 250.000 jóvenes que, terminado el ciclo secundario e inscriptos en el registro electoral, deben elegir entre seguir una carrera o buscar un trabajo… o ambas cosas al mismo tiempo. Eso, si no han pasado a engrosar la creciente lista de los NiNi, jóvenes que ni trabajan ni estudian. Prácticamente ninguno de los “políticos” en carrera se ha dignado a echar un vistazo al problema y borronear aunque sea un atisbo de plan para encarar la crisis de la enseñanza universitaria y el cambiante mercado de trabajo, en especial para aquellos que lo buscan por primera vez. Tampoco se les escucha proponer iniciativa alguna para apuntalar las micro, pequeñas y medianas empresas, huérfanas de créditos de fomento y desprovistas de fondos de garantía que les permitan afrontar sus primeros años con posibilidades de éxito.

    Ni hablar de algún proyecto que dignifique, promueva y consolide la pequeña agricultura, esa que debiera proporcionar los alimentos de consumo diario y que hoy es sustituida por masivas importaciones mientras los pocos granjeros y pequeños productores que se arriesgan con el tomate o el locote perecen aplastados por el contrabando.

    Eso sí, cada vez que pueden, estos “políticos” de parrillada aprovechan la oportunidad para fustigar “a la agricultura mecanizada que contamina la tierra” y a los “ganaderos depredadores y codiciosos”. Muestran una patológica incapacidad para abordar los temas de los que la ciudadanía quiere oírlos hablar y prefieren bajar a los patéticos reñideros que ofrece en forma creciente la televisión.
    En resumen. Debemos estar preparados para que, de aquí al acto eleccionario central en abril de 2018, sólo recibamos de los “políticos” una catarata de sandeces salpicada por un rico surtido de insultos cruzados, definiciones absurdas y ocurrencias diversas que poco o nada ayudarán al elector –sobre todo al votante bisoño recién anotado- a escoger alguna opción alternativa a la única que parece presentarse hasta ahora: el candidato “menos peor” perdido entre la variopinta galería de facinerosos, improvisados, oportunistas y reincidentes que adorna el horizonte eleccionario del año próximo.
    Será todo lo que se pueda esperar. Porque de ideas, lo que se dice ideas, solo el silencio… O pidiendo prestada una frase al gran Bob Dylan, “la respuesta, amigo mío, está en el viento…”.

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  7. Hay que limpiar la inmundicia

    Si asisten o no a la sesión del Congreso del próximo 1 de julio, no tiene la menor relevancia, si bien esto refleja a las claras el grado de madurez, o más precisamente, la profunda inmadurez política de sectores opositores, cuya nula creatividad se limita a una sola cosa: desconocer todo lo actuado por la mayoría.

    El del sábado es un acto protocolar en el cual el presidente brinda su informe anual al Poder Legislativo, tal como manda la Constitución. En consecuencia, es obligación del mandatario exponer ante los congresistas el resultado de su gestión y de ellos tomar conocimiento de su contenido, lo que no implica darle aval alguno. Pero a decir verdad, la inconducta de quienes ya adelantaron que no concurrirán “en señal de protesta”, no es la única, ni menos aún la más grave. Desgraciadamente forma parte de muchas otras, que los han convertido en una máquina destinada a obstruir de manera arbitraria el funcionamiento institucional del Parlamento, devenido, por imperio de sectores minoritarios, en algo que no alcanza los estándares de un prostíbulo, pues, al decir de las prostitutas, ellas sí trabajan.

    Los senadores pertenecientes al oficialismo liberal anunciaron que no asistirán al evento, según lo manifestado por Miguel Abdón Saguier. Del mismo modo procederán sus pequeños satélites en la Cámara Alta, como los integrantes de la mini bancada de Avanza País (AP) y del Partido Democrático Progresista (PDP). Mientras, los miembros de “Colorado Añetete” dicen estar “estudiando” lo que ni siquiera debería ser objeto de informales charlas de pasillo.

    ¿A quién “joroban” con esta actitud? A nadie. Solo ponen de manifiesto lo que, de limitarse a esta cuestión, no pasaría de ser una “bobada”, que no trasciende los umbrales de la niñería política. El problema estriba en que no se trata de un hecho aislado, sino del mecanismo que estos sectores de la oposición aplican en forma sistemática para manifestar su descuerdo con lo que fuere, desde la elección de la mesa directiva y el cambio de representantes antes el Consejo de la Magistratura y el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados, resueltos por una clara mayoría en ambas cámaras del Congreso, hasta… los datos del tiempo. Pero no solo eso. Además judicializan todo, con el único objeto de paralizar las labores del Poder Legislativo, lo que parcialmente consiguen, patoteadas de por medio.

    Como es lógico de suponer, a semejante “estrategia” le corresponde un discurso político de la misma categoría, pobre de solemnidad, notoriamente hueco y hasta chabacano. A los legisladores de estas corrientes solo se les escucha hablar de una mesa directiva “trucha” en el Senado y de su presidente “mau”. Algunos, como Enrique Bacchetta disparan contra miembros de la Corte -a los que antes salvaron del juicio político- por no expedirse con urgencia a favor de sus reclamos y los llama por eso “corruptitos”, siguiendo la “moda” de su colega Juan Carlos Galaverna, quien, ya en el ocaso de su carrera, viene usando el apellido de sus adversarios en diminutivo con el fin de descalificarlos, a diferencia de antes, cuando disparaba municiones políticas de grueso calibre. En suma, el nivel es francamente deplorable.

    Los paraguayos nos merecemos mucho más que esto. Ni los miembros de la disidencia colorada, ni del oficialismo liberal y sus satélites, tienen derecho a ofender nuestra inteligencia de la forma en que lo hacen a cada abrir de boca y a cada paso que dan, apelando siempre al escándalo mediático plagado de insultos y al demencial obstruccionismo.

    En la agenda nacional, en esa que verdaderamente afecta a los intereses de la ciudadanía, hay temas verdaderamente importantes, como el acuerdo de Yacyretá y el gravamen a la soja, por citar algunos ejemplos, pero no los abordan o lo hacen de manera tan superficial e irresponsable, basados en míseros cálculos electoralistas, que de nuevo revelan ser ellos l parte fundamental del problema y no los artífices de las soluciones.

    Esperemos que el cambio de las mesas directivas contribuya a superar estas graves anomalías y no tengamos por delante otro año de esquizofrenia parlamentaria, que perjudica al país en demasía. Y si no fuera así, porque dicha patología no es fácil de controlar, menos en tiempos electorales, hacemos votos para que las próximas elecciones, además de elegir a un nuevo presidente, sirvan para limpiar al Congreso de tanta inmundicia.

    http://www.adndigital.com.py/hay-que-limpiar-la-inmundicia/

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  8. Es inadmisible utilizar a los niños en campañas políticas

    Constituye un gran retroceso que desde el actual Gobierno se permita que niños y niñas aparezcan en los actos oficiales con claro tinte proselitista, ataviados con pañuelos rojos al cuello, para entregar pergaminos de agradecimiento al actual presidente de la República, en compañía del precandidato oficialista. Además de ser una clara violación a los derechos del niño, consagrados en la Constitución, en el Código de la Niñez y la Adolescencia y en varios convenios internacionales, implica apelar a un recurso populista, muy utilizado por la dictadura stronista. La Justicia Electoral y los organismos que velan por estos derechos deben intervenir, investigar y sancionar a quienes incurran en estos delitos.
    La fotografía de un niño y una niña, ella con un vestido típico y él con un pañuelo rojo al cuello, entregando un pergamino de agradecimiento al presidente de la República, Horacio Cartes, por sus obras, durante un acto oficial, con componentes políticos partidarios, realizado el martes en la localidad de Katuete, Departamento de Canindeyú, fue distribuida por la cuenta oficial de Twitter de la Presidencia de la República.

    La imagen no solo marca el retorno de un recurso populista que ya creíamos superado, y que fuera muy utilizado en la época de la dictadura stronista, como es la utilización de niños, niñas y adolescentes en campañas con fines políticos electorales, sino que además constituye una violación fragrante de los derechos de la niñez y la adolescencia, consagrados en la Constitución Nacional, en el Código de la Niñez y la Adolescencia y en varios convenios internacionales suscritos por el Gobierno paraguayo.

    Tal como lo ha señalado con mucha precisión la propia Secretaría Nacional de la Niñez y la Adolescencia (SNNA) “se considera inadmisible la utilización de niñas, niños y adolescentes como instrumentos de propaganda política partidaria, reafirmando la vigencia del interés superior del niño con carácter prevaleciente por sobre cualquier otro derecho en conflicto”.

    Sin embargo, a pesar de la advertencia realizada por uno de sus propios organismos especializados, la Presidencia de la República ha mantenido en su cuenta oficial de Twitter la foto de los niños con vestimentas y símbolos partidarios agradeciendo al presidente Cartes, en un acto que contó claramente con la participación del precandidato a la presidencia por el sector oficialista interno del Partido Colorado, el ex ministro de Hacienda, Santiago Peña, y que tenía todo el enfoque de promover su candidatura, utilizando para ello la inauguración oficial de una obra del Gobierno, en este caso la pavimentación de la ruta entre Cruce Guarani, Corpus Christi y Pindoty Porá.

    Además, otro acto político realizado el mismo día en la localidad de Corpus Christi, que se inició con los sones de una vieja polca dedicada al dictador general Alfredo Stroessner, promoviendo a los nostálgicos de la tiranía, fue utilizado para el lanzamiento de la campaña departamental de la ex gobernadora y actual diputada, Cristina Villalba.

    Es lamentable que el Gobierno avale o promueva el retroceso de importantes conquistas logradas en el campo de los derechos básicos de las personas, en este caso de la niñez y la adolescencia.

    La Justicia Electoral y los organismos que velan por estos derechos deben intervenir, investigar y sancionar a quienes incurran en estas violaciones de importantes instrumentos jurídicos.

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  9. Vi-llano

    Según el diccionario Larousse, el término “VILLANO”, o VI-LLANO, separado arbitrariamente en dos, significa “ruin, indigno”, que por su extensión filológica la primera palabra significa “despreciable, de bajas y viles acciones. “Se aplica a los animales que tienen malas mañas”. La segunda, vale decir “indigno” implica maldad, perversidad”.

    Yo agregaría que villano es aquella persona que deshonra al grupo a que pertenece debido a su falta de decoro, ética y moral.

    Aquel individuo que por sus exagerados apetitos personales no titubea en pisotear principios y reglas constitucionales.

    Aquel que carece de sensibilidad humana ante el crimen cobarde de una vida joven cometido por la horda gubernista.

    Aquel que no tiene escrúpulos para unirse a gente manchada por el vicio que destruye las instituciones democráticas y de la misma dignidad humana.

    Aquel que no se inmuta cuando se lo tilda de “sinvergüenza”.

    Aquel que valido por su poder político y económico no le importa degradar las buenas costumbres, con tal de llegar a sus oscuros objetivos.

    Aquel que no se ruboriza por los adjetivos degradantes, como “traidor” que la sociedad lo espeta.

    Aquel que irrumpe a todo sitio para defender sus objetivos personales sin importarle lo que implica defensa de los fundamentos familiares, religión, credo.

    Aquel que no duda para involucrarse en negocios sórdidos con personas de baja catadura moral.

    Aquel que no tiene vergüenza en trocar su origen político de color rojo al azul.

    Aquel que no piensa sobre su origen mortal y no entiende que los bienes materiales no los llevarán en el frío sarcófago.

    Finalmente me dirijo a los villanos paraguayos para decirles que tarde o temprano la sociedad le aplicará la merecedora sanción que reciben los indignos que se involucran en el vicio de la avaricia y la sed incontenible de lucro ganado por medio de métodos torcidos.

    Por Alberto Granada

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  10. Absurdo criollo

    Me produce repudio sin que mucho me cueste los Partidos Políticos y la gente que se dice decente, coherente y consecuente con los valores democráticos, que permanentemente censuran al gobierno venezolano del duro Nicolás Maduro por violar las normas legales establecidas, violentando la Constitución Nacional de esa Nación, principalmente mientras permanecen taciturnos o afónicos cuando en Paraguay sucede lo mismo.

    Definitivamente a esa rara hueste, de norte a sur y de este a oeste, lo nacional no le mortifica. Que mala suerte con esa triste realidad presente y vigente tiene nuestro resignado y receloso país; juzgaría que padece de una extravagante peste de notoria incoherencia, astringente, agreste y pestilente. ¿No les parece?

    Aníbal Reinaldo Pangrazio

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