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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Pobre y digno

Dueña de la más profunda sabiduría del campo, mi abuela Alejandra solía decir en guaraní, que aunque uno sea pobre no es necesario andar apelechado. Para ella, ser económicamente humilde no debía ser sinónimo de falta de higiene ni apariencia rotosa y lastimera, al contrario, el más “mboriahu” tenía que mostrarse digno, con la ropa zurcida pero limpia, como una actitud de respeto hacia uno mismo y hacia los demás.

Y ella sabía de ser pobre, de haber dado de mamar a sus hijos hecha ya piel y huesos por la escasez de alimentos, de haber compartido un pelado garrón con sus vecinas, para darle un poco de gusto a la comida, durante la Guerra Civil del 47. “Venía doña Valé y llevaba un rato el hueso, para meterlo en el agua hirviendo, después se lo prestaba a doña Eustaquia…”. Por supuesto, ellas le retribuían con un poco de lo poco que alcanzaban, a fin de saciar el hambre de sus hijos. Pero entre todas, uniéndose, las necesidades golpeaban menos. Ella sabía de pobreza, y sabía de ternura y dignidad.

Recordando sus enseñanzas, me cuesta entender muchas veces a algunos compatriotas. Un enorme grupo de paraguayos menos favorecidos que otros, llevan adelante su batalla diaria por sobrevivir, pero aún en este grupo encontramos diferentes maneras de hacerlo. Algunos, respetan y se respetan: trabajan, cuidan de la higiene de sus hijos, de su alimentación, de su educación, lo hacen a duras penas, con lo justo e incluso, faltándoles, pero lo hacen, y tarde o temprano, terminan venciendo a la adversidad. Otros, sin embargo, creen que presentando una imagen sucia y desaliñada, su mensaje de pobreza será más efectivo y recibirán más ayuda.

Son quienes tienen a sus hijos con los mocos duros pegados a la nariz durante días y días, sin asearse, con las ropitas rotas, con los cabellos duros de roña, con los piecitos sufriendo de piques, con… Y ellos mismos vagan por las calles como deslucidos fantasmas, para dar lástima y hacer sentir que la vida fue ingrata con ellos. Pero no hacen mucho esfuerzo por zafar del infortunio.

Sin embargo, esa persona humilde, que se lava la cara y procura , aunque sea, vender algo en la calle (ajos, mamones, limones, clavel del aire, etc.), surte mucho más efecto en los demás, y al ver su esfuerzo, los otros lo respetan y lo ayudan con convencimiento.

Por Milia Gayoso-Manzur

http://www.lanacion.com.py/columnistas/2017/06/16/pobre-y-digno/

 

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

6 comentarios en “Pobre y digno

  1. Profetas de la mala onda
    19 junio, 2017

    ¡Y dale que te dale con la prensa comercial que tiene que vender sus diarios en base a mentiras, medias verdades, campañas difamatorias, cínicas por donde se las mire, que busca cuidar el “negocio” antes que nada!

    En el caso de ABC hay muestras a montones. Tanta mala onda tira este diario que hasta se puso de moda el hastag #mecansedeabc. Le recomendamos compartir sus opiniones lo más que se pueda para liberar a otros incautos paraguayos de esta suerte de leyenda negra de la historia de nuestro país.

    En el caso de la persecución a los periodistas de Última Hora, por parte de “Don Antonio”, no sería otra cosa que una venganza del empresario porque este diario hace tiempo está en saldo rojo, el hombre incluso lo puso a la venta, sin ningún interesado en adquirirlo. Aun así no se dan cuenta que seguirle los pasos a ABC no es buen negocio y siguen tratando de repicar la misma campana que los paniaguados de “Don Acero”.

    Lamentamos por supuesto la precariedad de la situación de estos colegas, pero alguien debería plantarse algún día ante esa línea periodística perdedora y mentirosa que desmotiva a sus lectores. Ya no es tanto negocio “putear” contra el Gobierno, justo cuando el Gobierno hace bastante bien sus deberes, en realidad, como nunca lo hicieron otros gobernantes, hace por lo menos 50 años. Ese es el fondo de la cuestión y por lo que parece no se han dado cuenta.

    Ahora ABC y UH se están dando un festín con el tema de la pobreza. Los organismos técnicos del gobierno demoraron cierto tempo en divulgar esos datos, “para ver la manera de camuflarlos”, según esos dos diarios, pero en realidad era para adecuar el sistema a los nuevos métodos de revisión de este problema de modo a que sean más realistas.

    Se divulgaron entonces datos fresquitos, pese que el principal de ellos-el que mide la pobreza digamos, normal- no es positivo para el Gobierno. Habría que ver lo que harían los stronistas, el carilindo “Marito” a la cabeza, si es que logran volver al poder, ¡Dios no lo quiera!….copiarían exactamente lo que hacía el Tiranosaurio…directamente lo habrían suprimido. Y el que osaba opinar…adentro.

    Pero abandonemos estos temas de gente que no vale la pena.

    La verdad del dato tan criticado por estos medios es ésta, como para que usted querido lector la anote y deje de guiarse por una sola campana. Es cierto. El dato respecto a la pobreza es negativo, en un mínimo porcentaje para el Gobierno. Pero lo que no se dice es que Paraguay es el único país de la región donde la pobreza no creció tanto. En todos los vecinos se refleja este problemón, muchísimo más grave por lejos, de lo que ocurrió en Paraguay. Y eso debido a la crisis tremenda en la región, económica, política, todo complicado, lo que lógicamente repercute en el desempeño de factores como empleo, radicación de empresas que den trabajo a la gente, etc.

    Por supuesto se está dando batalla a este drama de nuestro tiempo. Desde el primer minuto, HC sostuvo ante quien quiera oírlo, por ejemplo, que había que volver a la agricultura familiar, en el caso del campo, donde radica el mayor problema, porque esta práctica ancestral saca a las familias inmediatamente de la franja de pobreza extrema, la que no tiene que comer y apenas sobrevive, que es el costado más lacerante de esta situación. Lo decía un experto en nuestra edición de ayer. El Dr. Manuel Otero, postulado por la Argentina a la Dirección General del Instituto de Cooperación para la Agricultura (IICA), afirmó que la agricultura familiar es garante de la seguridad alimentaria y que necesitamos que los campesinos sean actores claves de las zonas rurales. “No hay nada peor que la migración del campo hacía los centros urbanos, donde generan otros tipos de problemas más serios, que es la pobreza extrema”, apuntó.

    Mencionamos solamente uno de los sectores donde se está combatiendo este flagelo. El del trabajo, es otro, con ferias de empleo de todo tipo, como la que mañana se realizará en la Chacarita, por ejemplo, para gente marginada, sin currículum ni experiencia ninguna. Son nuevos modelos de atacar al problema de raíz.

    Por supuesto, por encima de todo está la enorme inversión social que se está haciendo que cada día saca a más paraguayos de esa situación tan delicada.

    Por algo Paraguay es el país donde la pobreza creció menos que en todos los demás países de la región.

    Conviene repetirlo. Para que los profetas de la mala onda se vayan quedando cada vez solos con su prédica negativa, rastrera y perdedora.

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    Publicado por jotaefeb | 19 junio, 2017, 7:48 am
  2. La deuda externa Vs. la deuda interna

    Por lo menos dos ex presidentes y otros referentes políticos, sociales y comunicacionales hablaron en estos días de la deuda con el Sur; en nuestro país, cada vez que hay inundaciones nos acordamos de que el Sur también existe. Ambos presidentes, otros referentes políticos y sociales, se acordaron también y reclamaron al gobierno actual lo que ellos no hicieron hace años; como nos acordamos de los chacariteños, cuando suben las barrrancas día a día, metro a metro, a medida que el agua avanza inexorable, y se instalan, al fin, en lugares céntricos de Asunción y alrededores…desde tiempos inmemoriales.

    Es parte, más que de la historia, de la falta de historia, de la falta de memoria. Los ex presidentes, de nuevo en carrera, los ex legisladores, los legisladores que parchean el presupuesto, se olvidan que ya hace mucho tiempo que estos problemas subsisten porque no se plantea una reparación seria con visión de futuro, sino una visión coyunturalista y oportunista del asistencialismo en períodos de emergencia.

    Aunque en gran parte lo vemos como un problema coyuntural, con la resignación del caso; hay que esperar que bajen las aguas y volver a empezar… mientras tanto, el drama de la “creciente”, de los que sufren la invasión de las aguas y la destrucción de su hábitat, acostumbrados ya a este peregrinar, se repite.

    No es sólo de poblaciones expulsadas por las aguas, de ciudades y regiones aisladas por las aguas. Es un drama nacional cuyo principal culpable no es el desborde de la naturaleza sino la imprevisión histórica de los administradores. Poblaciones aisladas por la falta de rutas o las rutas precarias que no soportan ni una lluvia, por la caída de puentes precarios, de caminos fácilmente inundables, de regiones sin una base infraestructural para afrontar un fenómeno que está anunciado, como inevitable, desde los tiempos en que el sabio Bertoni elaboraba con sistemático rigor su calendario, anunciando las lluvias.

    El problema no son solo los inundados, son las vías de comunicación cerradas a productores, a quienes ven pudrirse sus productos por falta de ruta, a ciudadanos que hacen su vida y economía a lo largo y lo ancho del país, a los que tienen que desplazarse para hacer sus negocios, a los que tienen que transportar sus productos, o a los que tienen que desplazarse para acceder a atención médica y sufrir y hasta morir en el camino.

    Hasta aquí hay que consensuar que hay un déficit histórico, al que mucho han contribuido quienes han ejercido funciones en el gobierno, desde la presidencia hasta las obras públicas, y que hoy tirotean ante la creciente, en cuya reparación no invirtieron un mango, en que hay una gran deuda de la administración pública, una deuda de penurias y atraso económico y social.

    Y hay que plantearse algo mucho más grave que parece intrascendente en esta coyuntura, que esos mismos personajes, desde políticos hasta mediáticos, estén criticando la deuda que está asumiendo este gobierno, que está invirtiendo este gobierno, en reparar esa deuda histórica.

    Esa inversión incluye no solo rutas y defensas costeras, sino también barrios adecuados para trasladar a los periódicamente inundados y desahuciados a zonas más seguras y cercanas a sus espacios vitales. Incluye construcción de viviendas e inserción de compatriotas marginados de la economía.

    Muchos de estos rubros están entre los que más han sido malversados por gobiernos y administradores, muchos de los cuales siguen procesados indefinidamente sin rendir cuentas.

    A pesar de que los organismos internacionales más serios, públicos y privados, a pesar de las declaraciones de los inversores de que la deuda paraguaya está en un nivel aceptable y manejable, seguimos asistiendo todos los días a las advertencias alarmistas de que si se sigue invirtiendo en infraestructura como se está haciendo, vamos rumbo a la quiebra.

    Socialmente hablando, estamos en la quiebra desde hace por lo menos un siglo, quedando cortos.

    Sin embargo, los poderes fácticos, los que no están en la quiebra, sino todo lo contrario, y sus grupos mediáticos siguen tratando de crear alarmismo sobre un endeudamiento, que además de ser necesario, es saludable y rentable, y según los principales evaluadores imparciales, es decir, que no están en la trenza económica-política interna, está bajo control.

    Parece que así como son muchos los damnificados, son también, aunque pocos, muy influyentes, los que son beneficiados con ignorar a los damnificados y que prefieren que la inversión pública vaya a sus bolsillos en vez de saldar la deuda histórica que tiene el Paraguay.

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    Publicado por jotaefeb | 18 junio, 2017, 8:31 am
  3. Planes incumplidos

    Crecimiento del PIB en niveles promedios de 6%-7%; aceleración de la inversión productiva (en torno al 24% del PIB); generación de hasta 120.000 nuevos empleos por año; disminución significativa de la pobreza rural y erradicación del hambre; incremento de la productividad y del ingreso de los pequeños productores agropecuarios.

    Estas premisas forman parte de la promesa trazada por Horacio Cartes en su propuesta “Líneas Estratégicas – Periodo de gobierno 2013-2018”.

    Hoy, faltando poco para cumplirse cuatro años de gobierno, Cartes está enfrascado en una carrera por lograr que su candidato se posicione entre las bases de su partido, sin que varias de estas propuestas hayan logrado concretarse.

    A ver, Cartes comenzó mal al incumplir su propio “Plan 100 días”, a través del cual prometía acelerar proyectos para dinamizar la economía, principalmente todas las inversiones en ejecución, y la revisión de los proyectos en carpeta para asegurar calidad y alinear costos a parámetros internacionales.

    Apenas asumió, paralizó todos los pagos a las empresas constructoras y creó una cadena de falta de recursos que –sumada a la coyuntura económica regional que contribuyó a ahondar esta situación– hasta hoy siente la microeconomía.

    También se comprometió al “inicio del programa de agua y alcantarillado más importante de la historia de nuestro país (extensión de agua potable a la población y de cloacas y tratamiento en los próximos cinco años)”. El proyecto de alcantarillado sanitario financiado por el Banco Mundial sigue sin iniciarse, a pesar de que urge una solución.

    En su plan, Cartes también incluyó el “decidido impulso a los programas de caminos rurales: caminos de todo tiempo y puentes de hormigón”.

    Esta es la hora en que, por ejemplo, el Departamento de Alto Paraguay no tiene un solo kilómetro de vías asfaltadas.

    El presidente de la República necesita mirar hacia atrás y recordar todo lo que prometió, cumplir sus propuestas y pasar a la historia como alguien que marcó un nuevo rumbo para el país.

    Son demasiadas las carencias en educación, salud y seguridad, que necesitan revisión y cuya mejora debería ser prioridad en este último año de mandato.

    No se pueden negar los avances realizados por el gobierno de Cartes en algunos campos. Sin embargo, faltando solo un año para que culmine su mandato no debería olvidar su visión de largo plazo: “Un Paraguay ubicado entre los más eficientes productores de alimentos, con elevados índices de desarrollo; ambientalmente sostenible; garante de la seguridad ciudadana y de la propiedad privada; con fuerte protagonismo de la mujer; y con un Estado solidario, equitativo, transparente y sin tolerancia hacia la corrupción”.

    Por Wendy Marton

    http://www.ultimahora.com/planes-incumplidos-n1091385.html

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    Publicado por jotaefeb | 18 junio, 2017, 8:31 am
  4. Realidades que duelen

    No existe gobierno, por muy seguro que esté de sí mismo, que no se ponga nervioso cuando de hablar de pobreza se trata. Se toman su tiempo antes de dar a publicidad sus mediciones y no son pocos los que ceden a la tentación de mover algunas variables para cumplir con el rito de “estamos venciendo a la pobreza”, sobre todo, en tiempo electoral. De esta manera, se confunde el instrumento en sí con la finalidad que se persigue y que es, precisamente, disminuir la incidencia de los distintos niveles de pobreza que afectan a los países en tren de desarrollo.
    El Paraguay no es la excepción. Uno tras otro, los gobiernos de todo el periodo post 1989, se han encargado de modelar ese esquivo indicador que más de una vez ha sido escondido bajo la alfombra como si ocultando una realidad, esa realidad dejara de existir.
    Los ocho gobiernos que ya llevamos en esta interminable transición han utilizado los índices socioeconómicos con beneficio de inventario, casi siempre, ensalzando cada uno sus logros y achacando al anterior todos los males de los que no se ha podido deshacer. La pobreza es, tal vez, uno de los pasivos sociales más incómodos y menos deseados por los gobernantes, sobre todo, porque casi ninguno sabe qué hacer frente a ellos. Todo político que llega al poder lo hace sabiendo que la pobreza, cuando es estructural, es extremadamente difícil combatirla y transformarla en calidad de vida, al menos, en un solo periodo de gobierno. Frente a una realidad tan dura tiene tres alternativas: dar las cifras crudas y sin anestesia; realinear las variables para que muestren una tendencia favorable; o simplemente esconder la realidad evitando divulgar los resultados de la medición. Pero cualquiera sea el camino tomado, la importancia de este asunto está en otro lado: cuál es el plan estructural para abordar orgánicamente el problema e iniciar el largo camino de la transformación.
    El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo define, en este campo, el índice de pobreza multidimensional (IPM) que identifica las carencias en los ámbitos de la salud, la educación y el nivel de vida. “Cada miembro de una familia –expresa el reporte- es clasificado como pobre o no pobre en función del número de carencias que experimente su hogar”. El IPM establece, también, las diferencias entre pobreza, pobreza severa y pobreza extrema de acuerdo a los grados de carencias que afecten a los hogares en su conjunto y a las personas individualmente.
    Los resultados de estas mediciones no sirven para otra cosa que para articular políticas públicas que apunten a reducir la incidencia de las principales carencias que impactan a una sociedad. Con disfrazar o esconder estos números no se está haciendo otra cosa que negar una realidad por circunstancias políticas coyunturales. Y esa negación, huelga decirlo, no es un buen comienzo de nada, sobre todo, en lo que respecta a la construcción de una buena imagen política en año electoral. El ciudadano, cada vez más informado y conectado, ya no acepta gato por liebre y a la postre, siempre sabrá la verdad.

    http://www.5dias.com.py/93187-realidades-que-duelen

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    Publicado por jotaefeb | 18 junio, 2017, 8:29 am
  5. Destruir el modelo es destruir el Paraguay

    Por Jorge Torres Romero
    A partir de los números dados a conocer el viernes por la DGEEC se instalan dos ejes en el discurso del oficialismo y la oposición. El primero cabalga sobre la reducción importante de la pobreza extrema en un año. En el 2015 el número de pobres extremos era de 687.000 , en el 2016 se redujo a 387.000. Es decir, 51% menos. Mientras que el segundo utiliza el aumento de la pobreza total que pasó de 26,58% de la población en el 2015 a 28,86% en el 2016, lo que afecta a 1.949.272 paraguayos.

    Pero independientemente a qué discurso utiliza tal o cual sector, el punto que nos debe ocupar para analizar y entender estos números es por qué se dio este aumento de la pobreza total. Y acá no estamos hablando solamente de números fríos y duros, de discursos de oficialistas y opositores, sino de personas, de rostros humanos, de compatriotas que duermen con hambre.

    Sostener que todo se hizo mal es un despropósito así como también lo es señalar que todo se hizo de la mejor forma para contrarrestar estos números. Convengamos que este es el peor número que hemos recibido en los últimos 10 años en materia de pobreza, pero también es cierto que Paraguay está en medio de dos gigantes (Brasil y Argentina) cuyas economías se fueron a pique y eso directa o indirectamente nos golpea.

    A esto hay que sumarle que hubo un incremento en la población de muestra, que subió de 10.500 a 13.000 hogares encuestados. Esto incluyó por primera vez a la población indígena de todo el país, a fin de mejorar la precisión de las cifras de pobreza. El sinceramiento de los números de pobreza contribuye a un mejor diseño de las políticas públicas que ayudarán a combatirla.

    ¿Qué hubiera pasado si no se hubiesen aplicado las políticas sociales que se impulsaron cuando económicamente nos golpeó este viento en contra? Solo como ejemplo, se puede mencionar el aumento del 66% en la cantidad de familias participantes en el programa Tekoporã que alcanza ahora a 132.760 familias en situación de pobreza y vulnerabilidad en 226 distritos. Aproximadamente 680.527 personas, miembros de familias participantes, son protegidas por el programa. Más de 317.000 niños, niñas y adolescentes forman parte de estas familias. O también, la inclusión de las comunidades indígenas, 14.202 familias de este segmento de la población forman parte del programa; pasando de un 3% de cobertura al inicio del Gobierno en el 2013, a aproximadamente el 50% de viviendas indígenas cubiertas a nivel nacional.

    En este momento político que vive el país es difícil hacer una valoración objetiva y los medios de comunicación, como siempre, poco o nada contribuyen para entender la realidad, sino todo lo contrario, ayudan a la confusión, partiendo de un elemento objetivo (los números de pobreza) para enlodar todo lo que se hizo mostrándonos un futuro incierto, con una lectura pesimista y destructiva que nuevamente hace que los paraguayos tengamos esa percepción de que estamos condenados al fuego eterno y que indefectiblemente no solo el “infortunio se enamoró del Paraguay” como decía Roa Bastos, sino a más de ese enamoramiento, ya hay una como obsesión casi fatal.

    Los paraguayos debemos despojarnos de esa obsesión destructiva y concentrarnos en tener una mirada fija hacia un Paraguay del futuro. En donde se construya sobre lo positivo y no sobre lo que nos ata a ese infortunio.

    Nuestra clase política construye sus discursos mostrando el fracaso de sus detractores, antes que hacer alarde de sus eventuales virtudes cuando detenten el poder o cómo harán para contrarrestar estas cifras expuestas.

    Hay un chip que los paraguayos debemos cambiar, el éxito de uno no se sustenta en el fracaso del otro. Pasa en los gobiernos, nadie fue demasiado malo para no rescatar absolutamente nada, y nadie tan brillante como para repetir exactamente lo mismo. Cuando apuntamos a destruir todo sin rescatar nada, solo destruimos al Paraguay. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.

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    Publicado por jotaefeb | 18 junio, 2017, 8:18 am
  6. Feroz paradoja: aumenta la riqueza … y aumenta la pobreza

    Los titulares de gran parte de nuestros medios han dado un extraordinario destaque a la información anunciada oficialmente por el Gobierno: aumentó la pobreza, sobre todo la pobreza extrema, es decir, la de los hambrientos, o los karu pokã, los malcomidos, como los definió Julio Correa en su feroz denuncia, homónima que el mismo tradujo al castellano: los mal comidos, aunque tomando el vocablo pokã, bien podría traducirse, los que comen de vez en cuando y a duras penas.

    No es un fenómeno local, sino regional, sólo que los medios de nuestros vecinos más afectados, más tremendamente afectados que nosotros, Argentina y Brasil, le han dado otro enfoque más realista, aunque viene a ser lo mismo en términos de realidad, pero no en términos de responsabilidades: han subido escandalosamente los precios de los productos básicos, de la canasta familiar; es decir que se ha aumentando el hambre de los ya malcomidos y han pasado a ser peor comidos.

    Los datos de la economía general dicen que se ha duplicado en estos últimos años el parque automotor y cada día vemos más vehículos de lujo inundando las calles y enlenteciendo el tráfico, y enrareciendo el ambiente con el combustible quemado marchando a paso de tortuga. La noticia principal por contundencia debería ser que la riqueza crece, lo que, en términos de una sociedad distributiva, debería significar que la pobreza decrece. En nuestra región es lo contrario. La riqueza es privativa, no se trata de la propiedad privada, sino de la privación de la participación de los beneficios en una sociedad.

    El índice de pobreza se mide por la capacidad de una familia de consumir una canasta básica que le permita una subsistencia elemental, por lo menos. Aquí tenemos un fenómeno, menos drástico que el Brasil y mucho menos que Argentina: que los precios se han disparado mucho más. Es decir, con el efectivo con que una familia podía subsistir hasta hace un año fuera de la pobreza extrema, hoy no puede ni pagar el desayuno familiar.

    El auge de la construcción, que generalmente se proyecta como un beneficio para la sociedad porque implica trabajo directo e indirecto, aquí no es absorbido por los pobres, sino que es engullido por los ricos, por la vía elemental del aumento desmesurado de los precios al consumidor.

    Si miramos las otras cifras más resaltantes de la economía, aparte del aumento de los precios, aparte del consumo de artículos suntuarios, de acuerdo a tal vez la única información en que coinciden todos o casi todos los medios, es en que la riqueza avanza; tenemos más gigantes centros comerciales, que es de suponer que no pierden plata; y tenemos bajos niveles de pagos impositivos, y tenemos más edificios de lujo en estas últimas décadas que en toda la historia del Paraguay.

    Pero, si miramos del otro lado, tenemos también un alto nivel de evasión en el pago de IPS, según datos oficiales, escandalosos casos de evasión impositiva… sólo en los últimos días se han denunciado más de 35 firmas en caso de evasión, y hay infinidad de casos de corrupción empresarial ventilados diariamente en los medios, pero que no prosperan en la justicia.

    Lo que ha crecido, y debería llamarnos la atención positivamente, en el Paraguay, es la riqueza: lo único que, al parecer, prospera en el Paraguay.

    Lo que cabe preguntarse es por qué esa riqueza no fluye, ni para engrandecer al país ni para paliar la pobreza extrema. Ya lo vivimos con Itaipú y Yacyretá, cuando se generó un caudal enorme de riqueza para los ricos y, como paradoja, un aumento de la pobreza para los pobres.

    Cuando Correa denunció el karu pokã, se tenía en mente y en la propaganda oficialista, el mboriahu ryguatã, es decir, el pobre bien alimentado, como se traduce generalmente, uno de los mitos de los tiempos de Francia, aunque ryguatã significa más bien harto, es decir, más que bien alimentado.

    El índice de pobreza es claro: pese al crecimiento de la riqueza, los precios siguen subiendo, en vez de bajar, pero no los ingresos de los pobres ni, mucho menos, de los más pobres, que bajan a medida que la riqueza aumenta. Los beneficiados con el crecimiento económico quieren ganar más y contratan fuerza laboral sin registro y sin pagar impuestos, ni IPS. La tremenda evasión fiscal y social es la principal causa del crecimiento del índice de la pobreza, que debería ser medido en contraste entre el crecimiento de los gigantes centros comerciales y el índice de mendicación mísera en los semáforos: el índice semafórico de la pobreza, donde se congrega la sociedad mendicante.

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    Publicado por jotaefeb | 18 junio, 2017, 8:09 am

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