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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Sitiada por los baches

Circular por Asunción, hoy, se convirtió en una pesadilla de cualquier automovilista, motociclista, chofer de ómnibus y hasta para los que disfrutan de pedalear.

Si de por sí transitar por sus colapsadas avenidas, soportando la nula sincronización de los semáforos y la total falta de educación vial pueden convertirse en un padecimiento difícil de sobrellevar, eludir los incontables baches se transformó en el peor de los castigos para los que día a día deben obligadamente circular por la ciudad capital.

Sortear los profundos hundimientos, que se multiplican tras cada lluvia, se volvió un absurdo desafío para cualquier mortal a bordo de dos o cuatro ruedas. De noche, la falta de iluminación en la vía pública, hace que el reto sea más difícil de superar aún.

Cuando Mario Ferreiro le ganó las elecciones municipales a fines del 2015 al ex intendente y candidato del presidente Cartes, Arnaldo Samaniego, los ciudadanos se imaginaron un cambio radical.

El nuevo jefe comunal prometía acabar con los déficits de la administración anterior y aseguraba que los problemas eran una cuestión de voluntad política.

A un año y medio de haberse sentado en el sillón, la gente sigue esperando que las promesas de Ferreiro pasen de ser promesas, y se conviertan en realidades.

¿De qué sirve que la Municipalidad obligue a todos sus contribuyentes a realizar la inspección técnica vehicular para la renovación de sus habilitaciones? Si media cuadra después de salir de Ivesur, el tren delantero ya corre peligro por los baches en Madame Lynch o los que sobresalen en sus trasversales.

De acuerdo con la información del Presupuesto Municipal para el ejercicio fiscal del 2017, Asunción tiene unos G. 762.161 millones para la ejecución de los programas de acción e inversión.

Si la administración comunal decide utilizar solo el 1% de estos recursos, tendría disponibles G. 7.621 millones para retribuirle al contribuyente que paga al día sus impuestos.

Teniendo en cuenta que reparar un bache cuesta aproximadamente G. 600.000, con este dinero se podrían tapar unos 12.701 hundimientos de la capa asfáltica.

La excusa de que la ciudad está rebasada por los habitantes del área metropolitana, está totalmente desfasada y es inadmisible en una ciudad que concentra gran parte de la actividad comercial y gubernamental del país.

Asunción se encuentra sitiada por los baches, y la gente que eligió a Ferreiro ya esperó suficiente para tener una ciudad acorde a una capital del país. Es hora de que empiece el cambio prometido.

Por Iván Lisboa

http://www.ultimahora.com/sitiada-los-baches-n1091193.html

 

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

3 comentarios en “Sitiada por los baches

  1. La puerqueza de las calles tiene culpables conocidos

    Observando lo que ocurre en las zonas más recientemente desarrolladas de la ciudad, como es el nuevo centro de actividades comerciales y de entretenimiento instalado sobre las avenidas España, San Martín, Aviadores del Chaco, Santa Teresa y sus calles aledañas, es posible tener una medida de lo que terriblemente ha de estar sucediendo cada día en barrios más alejados de la vista pública.

    Sobre la avenida Aviadores del Chaco la Essap presumió de haber gastado más de dos millones de dólares solo en la construcción del alcantarillado sanitario, en un tramo de 2,7 kilómetros. Pero el flamante pavimento asfáltico del lugar fue fácilmente destruido por los asqueantes flujos líquidos que salen de cualquier parte, tanto como el que corre en los raudales durante días lluviosos. El espectáculo que brinda este desastroso estado de la arteria vial es repugnante y deprimente. No querríamos siquiera imaginar la impresión que se llevarán los miles de visitantes extranjeros que se alojan en los hoteles o que recorren los centros comerciales de la zona.

    Después de publicada en nuestro diario una fotografía de la laguna séptica formada sobre la arteria vial señalada, los técnicos de Essap y de la Municipalidad de Asunción pusieron apresuradamente manos a la obra, aprovechando la oportunidad para acusar a los edificios cercanos de no tener sus conexiones en estado regular.

    Un gerente de la empresa estatal, Néstor Roa, invitó a los responsables de los inmuebles afectados a concurrir para que se les informe acerca de cómo deben conectarse con la red que, sin embargo, ya concluyó hace más de cinco meses. “Nosotros no podemos entrar a la propiedad privada, entonces pedimos a los propietarios de la estación de servicio y restaurantes de la zona que se acerquen a nosotros para explicarles qué tipo de cámara séptica deben construir y cómo deben conectarse al nuevo sistema”, expresó. Pero ¿no son acaso las empresas constructoras las que deben conocer cómo hacer su trabajo? Y, después de todo, ¿no es la Municipalidad la que aprueba los planos y expide los permisos de construcción? En consecuencia, ¿por qué no aplica las medidas punitivas correspondientes si los edificios están en infracción?

    Y no. Los funcionarios prefieren esperar que se destruya parte de lo construido; total, eso implica nuevas obras, nuevas ganancias y más gasto para los contribuyentes.

    En el centro histórico de la ciudad, otra zona urbana que debería reflejar orden y eficiencia, algunos arroyitos de aguas servidas corren por veredas y calles, provenientes de edificios que tienen en mal estado sus sistemas de desagües. Por ejemplo, en las esquinas y a los costados del emblemático Hotel Guaraní, en pleno microcentro, con frecuencia pueden observarse –y olerse– esos nauseabundos espectáculos. La Municipalidad mira esto con total despreocupación, cuando debería movilizar a su ejército de inspectores enviándolos a verificar las transgresiones y actuar de acuerdo a las normativas vigentes. La institución comunal carga con más de ocho mil funcionarios y contratados y, con semejante contingente, no consigue controlar media docena de áreas críticas de la ciudad ni meter en regla a los infractores que atentan contra la sanidad pública y propician la contaminación ambiental.

    La excusa típica de estas instituciones de que no podrían ingresar en predios privados sin autorización judicial es infantil. ¿Por qué no solicitan las autorizaciones judiciales? Cuando el interés público está en riesgo, el interés privado queda supeditado. Jueces sensatos podrán extender a la Municipalidad y a la Essap docenas de órdenes para realizar verificaciones en inmuebles privados que se sospechan en estado de infracción. Es la salud de la población la que está en juego, en primer lugar, y la imagen de la ciudad capital, después.

    Essap se define como la entidad encargada de proveer y sostener los servicios públicos relacionados con el agua corriente y las redes de alcantarillado sanitario. Mas, al igual que la Municipalidad, es un ente inútil, sobrepoblado de funcionarios, politizado, que les cuesta un montón de dinero a los contribuyentes pero que, valga la metáfora, “hace agua” por todos lados. Es supuestamente una “sociedad anónima”, pero manejada por el Estado, sobre todo para utilizarla como agencia de empleos y, desde la época de la antigua Corposana, un feudo político movilizado con prebendas para las elecciones por los capitostes de turno.

    En definitiva, en la Essap nadie parece saber hacer bien las cosas. La chapucería es su norma de acción, lo que puede comprobarse con solo observar cómo sus operarios abren y cierran las canaletas en el pavimento para realizar conexiones o reparaciones. Si fuesen empleados de una empresa privada, no durarían dos días en sus puestos, dada su evidente impericia y negligencia. Pero en una empresa a cargo del Estado con esas características, continúan y continuarán inamovibles.

    La Essap y la Municipalidad de Asunción, con sus intervenciones tardías, hechas a medias, sin fuerza para imponer sus reglamentaciones ni capaces de educar cívicamente a los usuarios y contribuyentes, son, en definitiva, las principales responsables de la roña que inunda nuestra ciudad capital, dando una pésima imagen a la vista de los cada vez más numerosos visitantes extranjeros que concurren a los lugares mencionados. No intervienen, no vigilan, no sancionan, no prevén los hechos dañinos sino que, por el contrario, muchas veces los ocasionan.

    Mientras estas dos instituciones sigan siendo nidos de recomendados e inficionadas por la politiquería y la negligencia, seguiremos observando estos pestilentes espectáculos en nuestras calles.

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/la-puerqueza-de-las-calles-tiene-culpables-conocidos-1658184.html

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    Publicado por jotaefeb | 18/12/2017, 9:57 am
  2. Marabunta

    Vivir en la ciudad o comportarse “como la gente” exige ciertas normas de convivencia. Para quienes traen una buena educación desde la casa no es nada de otro mundo, pero hay personas para quienes convivir con los demás es casi un imposible. O no saben, o no quieren, o se hacen.
    Pareciera que en algunos barrios los vecinos de Asunción siguen sufriendo las maldiciones que profiriera Fray Bernardino de Cárdenas, obispo y gobernante del Paraguay en 1641 y 1649, tras su expulsión.

    Los pobladores de los barrios Santo Domingo y Manorá, por ejemplo, hasta deben contratar abogados para obligar a la Municipalidad de la Capital a que cumpla con su función y ponga en práctica las ordenanzas vigentes.

    Resulta que son Áreas Residenciales de Baja Densidad, según el Plan Regulador, y ahora se ven amenazadas porque a los vecinos se les instala en la cuadra un salón velatorio, spa, contenedor restaurante o una bodega.

    Los vecinos de Trinidad se encuentran en una titánica lucha en defensa del Parque Pavetti, e incluso quieren independizarse de Asunción porque las autoridades municipales no escuchan sus reclamos.

    La tranquilidad es algo ausente en los barrios de Asunción como consecuencia del progreso desordenado y sin pautas. “El crecimiento de Asunción es rápido, desordenado, se diría anárquico. Se hace sentir poderosamente la necesidad de una política edilicia orgánica, constante (…)”, describió J. Natalicio González en su libro “El Paraguay Contemporáneo” en 1929.

    Casi noventa años después, la realidad sigue siendo la misma o peor. Cualquiera hace lo que quiere y se siente con carta blanca para violentar el derecho de los demás. Cierto sector de la población asuncena se parece una marabunta. Un cúmulo de gente alborotada y tumultuosa –como lo define la Real Academia Española–, que no sería mayor problema si estuviera en un contenedor. La cuestión es que están en medio del cualquier barrio y, para colmo, catalogado como residencial.

    En 1968, cuando recién se estaba pensando en un Plan Regulador para la Capital, expertos habían reiterado que “Asunción es una ciudad que crece espontáneamente. Su expansión desordenada habla elocuentemente de ellos. La localización indiscriminada de sus servicios tienen consecuencias económicas desfavorables. No se puede hablar de zonificación, porque ella no existe” (ABC Color del 20 de mayo de 1968).

    El Plan Regulador fue definido entonces como “un conjunto de normas, disposiciones y previsiones que regulen y ordenen el crecimiento de la Capital”.

    También explicaban que no se trataba de un código estático e inerte sino, por el contrario, se debe ir actualizando en la medida de las necesidades y conforme a las zonas de crecimiento de la ciudad.

    Tenemos un Plan Regulador de primer mundo. El problema es que nadie lo cumple y los concejales lo cambian de la noche a la mañana, al mejor postor.

    En 1842 don Carlos A. López decretó la “primera ordenanza de organización edilicia y policial de la ciudad de Asunción”. Entre sus artículos, por ejemplo, “se prohibe ambarazar (estorbar) las veredas con cualquier cosa” y “se prohibe que se arrojen basuras, animales muertos o se boten aguas pestíferas a las calles y plazas”. También prohibía los ruidos molestos “a deshora”.

    Pasaron 175 años. ¿Alguien dijo que no hay mal que dure cien años?

    Por Pedro Gómez Silgueira

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/marabunta-1604542.html

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    Publicado por jotaefeb | 18/06/2017, 8:30 am
  3. Infierno en la torre
    15 junio, 2017

    Doce muertos y al menos unos 70 heridos. Increíble. No se trata de llamar a la tragedia por supuesto. Pero en la madrugada de ayer había que ver la tremenda conflagración del edificio londinense. Era una escena realmente dantesca. Nos hizo acordar de aquella tremenda película “Infierno en la Torre” y salvando las distancias, lo más reciente, esa suerte de “implosión” de las Torres Gemelas, luego del ataque de los terroristas. La enorme estructura en llamas, como una gigantesca antorcha, con lenguas de fuego que iban consumiéndolo todo…el espeso humo negro que trepaba a las alturas y dejaba ver de cuando en cuando las estructuras carcomidas y ennegrecidas.

    Sin duda, uno podía sentir un viento de muerte al contemplar el terrible espectáculo. Y se podía pensar: ¡Quien sabe cuántos seres humanos están perdiendo la vida en ese sitio, quemados o asfixiados por la humareda tóxica!

    Afortunadamente para la dimensión del siniestro, el número de víctimas fatales no fue tan considerable.

    Como en todas partes se cuecen habas, la información de Infobae al respecto contenía datos que llamaban la atención. El edificio era inseguro, pese a estar situado en la aristocrática Londres. Añadía que desde hace cuatro años, un conjunto de vecinos denominado “Grupo de Acción de Grenfell” (la periferia donde ocurrió la catástrofe) advirtió a las autoridades sobre la vulnerabilidad del edificio, pero sus reclamos fueron ignorados.

    “Hemos publicado numerosas advertencias en los últimos años sobre los muy pobres estándares de seguridad contra incendios en la Torre Grenfell. Todas nuestras advertencias fueron recibidas por oídos sordos. Esto era inevitable y sólo una cuestión de tiempo”, publicó en un comunicado el Grupo de Acción.

    Automáticamente entonces uno se pone a pensar. Si esto pasa en Inglaterra, ¿Cómo andaremos por casa?

    El panorama de edificios en el centro de Asunción es cada vez más impresionante. Paseando por la Costanera o una adyacencia, se aprecian imponentes estructuras. Lo mismo hacia la zona corporativa, la avenida Santa Teresa y demás.

    Quizás. No lo sabemos en realidad, los nuevos edificios de la zona más cara de Asunción ya estén contemplando todos los estándares de seguridad. Con el costo que tienen esos sitios se presume que los futuros compradores no escatimarán preguntas al respecto. De cualquier manera sería interesante que la Municipalidad eche un vistazo general al tema.

    Pero donde la cosa realmente es preocupante en serio es el tendal de edificios viejos que hay en el centro de la ciudad. Por su aspecto exterior uno ya puede imaginarse que los sistemas de prevención de incendios y las normas de seguridad, son letra muerta. Una cosa terrible. Una Espada de Damocles. En cualquier momento se pueden convertir en una pira peor que el edificio londinense.

    La Municipalidad tiene que poner mano dura. Si no arreglan los baches, por lo menos deberían ocuparse de este terrible problema.

    Da escalofríos solamente pensar que una cosa como la que vimos en la madrugada de ayer pueda pasar en Asunción.

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    Publicado por jotaefeb | 15/06/2017, 8:51 am

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