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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Legado

Mañana, 12 de junio, se conmemoran los 82 años de la firma del Protocolo de la Paz del Chaco, y a lo largo del país se cumplirá con el ritual de rendir honores a quienes lucharon y ofrecieron sus vidas en defensa de nuestro suelo. Los discursos desempolvados una vez al año se repetirán en escenarios cada vez más vacíos de presencia de estos héroes, pues el inexorable paso del tiempo los está llevando sin pausa.
En Encarnación quedan apenas tres excombatientes con vida, y en todo el departamento de Itapúa no llegan a 10. Todos centenarios ya. Pareciera que la parca se olvidó de ellos, pero lamentablemente no es así. Hace dos semanas fueron enterrados dos excombatientes, en medio del más absoluto silencio de las autoridades, evidenciando dónde está el olvido.

Estos últimos retazos vivientes de historia, que tozudamente resisten su última batalla, son un testimonio de compromiso con el país. Compromiso que nos interpela a todos y cada uno de los ciudadanos, y en particular a quienes ocupan lugares de privilegio en la administración de la cosa pública.

Lamentablemente, nuestra “clase” política, que debería ser el ejemplo a seguir por el resto de la ciudadanía, no se destaca precisamente por honrar el legado de estos héroes. Conceptos como compromiso, patriotismo, honestidad, lealtad al pueblo al que dicen representar –salvo contadísimas excepciones- les son totalmente ajenos. En contrapartida, términos como componendas, complicidades, arreglos de cúpula, oportunismos, repartijas y prebendas son términos que les cuadran mejor.

Necesitamos imperiosamente retomar ejemplos y valores que a lo largo de la historia de nuestro país posibilitaron superar situaciones límite y mantenernos vivos como nación. En esta tarea juegan un papel fundamental la educación, el reconocimiento y valoración de lo que somos y tenemos. Y a partir de ahí proyectar el destino que queremos alcanzar.

Creo que ahí radica la diferencia entre un país en serio y una republiqueta manejada por piratas y oportunistas sin otro interés que el de su propio bienestar.

Por Juan Augusto Roa

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/legado-1602435.html

 

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

3 comentarios en “Legado

  1. El chircaty de Emiliano

    Por Caio Scavone

    En un día feriado y en esta especial fecha por el aniversario de una firma amistosa entre dos países me pongo a escribir lo que será esta columna. Espero que sepan interpretarme porque mucha gente criolla suele entender de manera atravesada, así como un senador, componente de los 25 violadores de la Constitución Nacional, quería deducir la transgresión a la enmienda con una “interpretación filosófica” de las leyes electorales traída de los pelos y, que de paso, pelos e inteligencia son lo que muy poco prosperan en la cabeza de ese senador.

    La fecha especial se trata de cada 12 de junio, aniversario de la firma de paz entre paraguayos y bolivianos para que finalice la guerra protagonizada entre nuestro país y Bolivia desde 1932 hasta el 35. En esa guerra lucharon 250.000 bolivianos y 150.000 paraguayos. Bolivia perdió 60.000 efectivos y nosotros unos 30.000.

    Este simple arqueo ilustra la valerosa y patriótica acción de los paraguayos en esa lucha librada por la tenencia y supremacía de las tierras chaqueñas y las aguas de la margen derecha del río Paraguay. La riña entre paraguayos y bolivianos no solo consistía en gatillar las armas sino también en desenfundar estrategias para sobrepasar las verdaderas trincheras que ofertaban la falta de agua, la maraña vegetativa, el clima chaqueño inentendible con el calor del verano y su baja temperatura invernal y la aridez de su suelo, entre alimañas y otras condiciones desérticas e inhospitalarias.

    Admiro los versos del poeta y combatiente Emiliano Rivarola Fernández y hasta su “13 Tuyutí”, pero a 82 años de la firma y del uso de la pipa de la paz, considero que los bolivianos se merecen un trato con muchos decibeles en declive. Sabemos que el guaraní es una lengua muy expresiva, pero después de tantos años de pactos y armonía estimo que debemos tenerles un poco más de consideración y estima a los bolivianos.

    Sigue cantándose esta canción y continúa legendaria a lo ancho, largo y alto del todo el Paraguay. Algunos dicen que la música, hecha por Ramón Vargas Colmán, se llamaba “Nanawa de gloria”. No existen festivales y cualquier jornada musical de menor cuantía que no deje sonar el nombre del regimiento del que formaba parte el poeta Emiliano.

    Admiro mucho el patriotismo, el fervor, la lucha, el coraje, el esfuerzo y el sacrificio de los combatientes chaqueños. Mi padre, Tte 1º César Scavone, fue condecorado con la Cruz del Chaco y la del Defensor por el mismo Mcal. José F. Estigarribia en la ciudad de Villarrica, pero nunca le escuché decir: “okuarúva último bolí kuña”.

    En este martes 13, de no casarme ni con la joda, quiero referirme que existen también muchos otros patriotas como los menonitas, ya paraguayos, que siguen convirtiendo al mismo Chaco en un vergel productivo, a los que chapotean en el agua del Ñeembucú y a los que le acercan la ayuda privada, a los buenos maestros que se matan por enseñar y a los policías que se mueren por defender, a los agricultores que trabajan sin asistencia técnica ni crediticia y a mucha otra gente que se esmera por un Paraguay mejor.

    Ya no sirve tanto escrache a los bolivianos. Si tanta falta nos hace incentivar la exaltación y el fervor paraguayo, comencemos a pensar mejor frente a las urnas de votación, a exigir mejores caminos e infraestructuras sin corrupción, a obligar agua potable, seguridad y menos contrabando, mejor agricultura, salud y educación, marihuana para curarnos y no para los narcos, parlamentarios que lean pero que tengan lectura comprensiva, aduaneros millonarios, gobernantes limpios y decorosos, entre un montón de cosas más.

    Ya no los bolivianos sino estos ladrones son los que hoy deben ser el “kokue y el chircaty” y cercenados con el machete del “13 Tuyutí” de Emiliano y de todo el Paraguay…

    caio.scavone@abc.com.py

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    Publicado por jotaefeb | 14 junio, 2017, 10:24 am
  2. Honrar a quienes dieron la vida por el país

    En un día como hoy, hace nada menos que 82 años, se firmaba el Protocolo de Paz luego de casi tres años de cruentas batallas, de sufrimiento y dolor de las familias paraguayas, que vieron partir a sus hijos a una guerra con Bolivia.

    Al llamado del clarín, miles de jóvenes paraguayos partieron hacia una geografía extraña y desconocida para los que habían vivido en verdes campiñas o en las ciudades de aquel tiempo. Guiados por el genuino amor a la patria, fueron a enfrentarse con el enemigo de entonces, cuya ambición era arrebatarle al Paraguay los derechos de ese territorio cuyo nombre, Chaco, era una imagen lejana que aquellos jóvenes conocieron y padecieron, cara a cara con toda su dureza y reciedumbre.

    Los pocos sobrevivientes que aún quedan para relatar aquella verdadera epopeya envuelta en caminos inexistentes, calor agobiante y polvo, sed infinita y miles de anécdotas envueltas en el fuego de la batalla, reviven en su memoria, muchas historias en las que reinan el coraje nacido del corazón y el espíritu inquebrantable que los llevó a luchar sin pausa y en condiciones casi imposibles, por la dignidad de la Patria.

    Aunque tratemos de imaginar hoy esa lucha y esa entrega, nos es imposible reconocer en este tiempo de tecnología y recursos, esa dimensión de coraje y resiliencia. Tal vez, ese heroísmo al que tantas décadas se tardó en reconocer cabalmente y honrar con una vida digna y una vejez en paz, sea un valor que debemos rescatar como parte del ser paraguayo, aunque no pensando en una guerra, sino en luchar contra las adversidades por las que atraviesan sectores vulnerables de nuestro país, para rescatar ese sentimiento de unión por encima de las diferencias y trabajar en la construcción de un presente y un futuro mejor para todos.

    Aquellos hombres lucharon con cuerpo y alma para hacer realidad el sueño de libertad, desarrollo y bienestar para todos los paraguayos. Un ideal que no tuvo otro color que el del pabellón nacional. Bajo el mando de estrategas y militares que fueron ejemplo de capacidad, fueron capaces de librar batallas épicas y entregar sus vidas como ofrenda, sin dejar de pensar en que la paz era la mejor de las batallas a ganar. Que esa paz debería llegar no sólo para el descanso de sus cuerpos curtidos y mutilados, sino cubrir con su manto, a todo el Paraguay.

    Con ese espíritu, dos pueblos jamás volvieron a enfrentarse en un campo de batalla, sino que fueron capaces de abrazarse fraternalmente, dándole un final definitivo al odio y la intolerancia y asumiéndose hermanos. El 14 de junio de 1935, dejaron de sonar los cañones y callaron definitivamente los fusiles y morteros que ensordecieron por tres largos y dolorosos años, la frontera y los territorios del Chaco. La crueldad de la guerra dio lugar a la ceremonia de los regresos, las ausencias definitivas y los reencuentros.

    Por ello, el Chaco paraguayo tiene un valor que va más allá de lo que cuestan en dinero las tierras. Es un lugar en donde el concepto de Patria está más vivo que en ninguna otra parte, aunque hayan pasado más de 80 años de aquella epopeya.

    A los paraguayos de hoy, ese espíritu de aquellos combatientes, nos debe inspirar en la búsqueda constante de soluciones que cambien el rostro de los sectores más vulnerables. Hoy, tenemos que tener las manos solidarias hacia quienes atraviesan el dolor de las inundaciones y pérdidas producidas por factores climáticos. Sin distinción de colores o pensamiento sectario, unirnos todos bajo la tricolor, para que el Paraguay que soñaron aquellos valientes jóvenes, sea una hermosa realidad.

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    Publicado por jotaefeb | 12 junio, 2017, 9:36 am
  3. El recuerdo de nuestros héroes nos obliga a preservar la paz

    Luego de tres años de cruenta guerra, el 12 de junio de 1935, con gran solemnidad y en medio del júbilo de América, se firmó en Buenos Aires el protocolo por el que se acordaba el cese definitivo de las hostilidades entre nuestro país y Bolivia, y se convocaba a la Conferencia de Paz a los efectos del correspondiente Tratado de límites que pusiera fin al conflicto bélico. Dos días después, se efectivizó el cese de fuego entre los dos ejércitos en el teatro de operaciones del Chaco. Acontecimiento espontáneamente rubricado con el destape de emociones entre combatientes paraguayos y bolivianos, quienes, abandonando sus respectivas trincheras, se dieron fraterno abrazo en la hasta ese momento tierra de nadie, olvidando los feroces enfrentamientos en que estaban enfrascados hasta entonces.

    A diferencia de otras impuestas por el vencedor al vencido, la Paz del Chaco fue digna y consecuente para ambos contendores, porque fue acordada por la razón y no por la fuerza. Bolivia tuvo que renunciar a un sueño de conquista de un territorio que jamás había ocupado, y el Paraguay retuvo lo que siempre fue suyo. La aventura bélica del país del Altiplano de “pisar fuerte el Chaco” –al decir de su belicoso presidente Daniel Salamanca– costó a las dos naciones, a la sazón las más pobres de la América del Sur, más de 70.000 muertos y duradero colapso político, económico y social.

    Al evocar emocionados y con épico orgullo el sacrificio de nuestros héroes que en condiciones de inferioridad numérica y de medios lograron recuperar nuestro Chaco del poder del invasor, debemos redireccionar nuestro sentimiento de patriotismo valorando efectivamente la hazaña por ellos protagonizada en condiciones límite de esfuerzo humano. A propósito, nos encontramos actualmente en el umbral de la historia de ver partir a la eternidad a los últimos de ellos. Las generaciones del porvenir ya no tendrán el privilegio de que nosotros gozamos, en el sentido de poder contar entre nosotros con algunos pocos de estos héroes que, como reliquias vivientes, son dignos de nuestra reverente consideración.

    Pero, aun cuando todos nuestros excombatientes de la Guerra del Chaco hayan pasado a mejor vida, su recuerdo debe permanecer en la memoria colectiva de la nación como norte y guía de patriotismo intemporal. Inevitablemente, con el paso del tiempo, el concepto de identidad personal de las generaciones cambia. Pero ese fenómeno sociológico no debe llevarnos a los paraguayos a una amnesia de nuestra épica historia como nación. Aunque por suerte no tengamos que confrontar más agresiones armadas de países vecinos, no por eso nos veremos libres de desafíos internos coyunturales que en cualquier momento puede requerir nuestro concurso para defender los valores e ideales de nuestra sociedad libre y democrática.

    Napoleón Bonaparte predijo que un día las guerras se ganarían sin cañones. Esa premonición del gran corso comienza a cumplirse en la medida en que el mundo se achata y globaliza. El poder económico de los Estados tiene actualmente mayor gravitación geopolítica que su poderío militar. Eso quiere decir que las generaciones de paraguayos y paraguayas del presente y del porvenir debemos de tener el ánimo suficientemente templado y dispuesto a velar por los intereses de nuestra nación contra enemigos externos o internos, cercanos o lejanos; de igual manera por la vigencia de nuestra norma de convivencia democrática como sociedad.

    Así como nuestros combatientes de la Guerra del Chaco –al igual que sus contendores bolivianos– ansiaban la paz en medio del fragor de las batallas, así también nosotros debemos mantener la vocación de paz en nuestra sociedad, más allá de las efervescencias políticas, los quebrantos económicos y las desigualdades sociales, buscando siempre resolver los problemas con un sano espíritu nacionalista. Para no perder esa identidad nacional de paraguayos y paraguayas que justificadamente nos enorgullece ante el mundo, es necesario que tengamos siempre un punto de referencia en nuestro pasado.

    Por esa razón, al conmemorar un retazo estelar de nuestra historia, como lo es la conmemoración de la firma del protocolo de paz que puso fin a la Guerra del Chaco, no debemos permitir que las diferencias de visión que cada uno de los paraguayos y paraguayas tenemos de los problemas que afectan a nuestra convivencia como sociedad y la mejor forma de resolverlos, nos arrastren a la confrontación política o social violenta. Con el vivo recuerdo de la memoria de nuestros héroes de dicha contienda, a toda costa debemos empeñarnos en preservar la paz en el seno de nuestra sociedad.

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    Publicado por jotaefeb | 12 junio, 2017, 8:29 am

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