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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Universitarios de cartón

Continúa el calvario de los jóvenes cuyas carreras fueron clausuradas por el Consejo Nacional de Educación (Cones). En efecto, esta institución había cerrado el Instituto Superior Latinoamericano, 15 filiales del Interregional, así como 32 filiales de la Universidad Autónoma del Sur (Unasur). También clausuró 56 carreras de ciencias de la salud (Medicina, Enfermería, Obstetricia, Radiología. Nutrición, Fisiología y Farmacia) de diversas entidades “educativas”, entre las que figura la Universidad Privada del Guairá, que cuenta con nada menos que 82 filiales.
Desde hace tiempo se viene cuestionando la indiscriminada apertura de seudo universidades, en cualquier punto del país, las que llegaron a denominarse precisamente por su falta de rigurosidad como “universidades de garaje”, porque son habilitadas en cualquier parte. No es casual que tantas carreras clausuradas tengan que ver con la salud, pues las cuotas percibidas por cursarlas son las más altas, es decir, las más lucrativas para los inescrupulosos mercaderes académicos que ponen en peligro la vida de la gente al lanzar al mercado profesionales de muy dudosa preparación académica.
Al disponer la clausura se solicitó también al Ministerio de Educación y Ciencias (MEC) que suspenda los registros de los títulos expedidos por las carreras de grado y de posgrado, es decir, aquellos que acudieron durante cinco o más años pagando mensualmente una cuota, ahora se quedarán con un cartón inservible.
Se llegó a esta situación por la perniciosa Ley N° 2529/04, que permitió al Congreso crear universidades e institutos superiores sin atender el dictamen del Consejo de Universidades. Así aparecieron muchos parlamentarios comerciantes, quienes comenzaron a abrir a discreción institutos para comerciar títulos universitarios.
Aquí existe una enorme irresponsabilidad del Estado que dejó que estas instituciones continúen durante tantos años estafando a los jóvenes que aspiran a un futuro mejor y poniendo en peligro a toda la sociedad, al lanzar al mercado “egresados” que no están preparados para ejercer una profesión. Pero también existe una responsabilidad compartida de aquellos que para evitar casas de estudios más exigentes optan por ingresar a estos institutos de dudosa reputación en la creencia de que más fácilmente obtendrán el “cartón” que los convierta en “profesionales”, para acceder a algún puesto público, o para aumentar su puntaje en el escalafón. La formación universitaria en el país está absolutamente degradada, porque de las casas de estudios, supuestamente de prestigio, todavía siguen saliendo “profesionales” que no pueden expresar por escrito una idea coherente. Hay abogados, jueces y licenciados que no pueden redactar una oración sin un error ortográfico.
Es muy plausible que por fin el Cones decida llamar la atención sobre esta aberración, y que esto también sirva de llamado de atención a aquellos jóvenes que acuden a las “aulas” solamente en busca del título, el cartón, porque si no exigen calidad en esas instituciones, finalmente se quedarán con eso, solamente con un cartón inservible.

http://www.vanguardia.com.py/2017/06/02/universitarios-de-carton/

 

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

13 comentarios en “Universitarios de cartón

  1. No todo egresado es universitario

    Aquellos que nos dedicamos a la humanidades, y especialmente a la filosofía, estamos acostumbrados a la burlas que aquella esclava Tracia –como nos cuenta Platón en su Teetetos– le dirigió al sabio Tales que, mientras miraba las estrellas, se cayó en un pozo. Es que a Tales, tratando de auscultar toda la realidad, se le escapaba lo que tenía delante de los pies. Como se ve, la incomprensión de las humanidades no es nueva. Pero aun así, esa realidad en nuestro país no deja de sorprenderme. Y si a eso se agrega el uso equívoco que se asigna a la palabra educación como sinónimo de utilidad, y de métodos, y de conocimiento “científico”, como condición necesaria para la democracia, el cóctel intelectual se torna trágico. Las humanidades, si aparecen, serían solo de relleno.

    Es que, observada así de manera aséptica, la pretensión de que esta educación es necesaria para la democracia, parecería no ofrecer reparos. Y así se afirma, y con razón, que muchos jóvenes se educan, pues obtienen doctorados o masterados, implicando con esto que se cumpliría con una necesidad para consolidar la democracia. Esto parecería indicar un olvido –pero no solo en la educación superior y escolarizada, sino también al interior de hogares y empresas– de contenidos reales, de fines, de verdad, de dichos títulos universitarios. Es que si lo que se presume es la exclusividad de lo técnico, sería una educación que yo la llamaría “metodologista”. Solo medios, formas, funciones de cómo funcionan las cosas. Una educación, insisto, sin verdad sobre la realidad. De ahí, se colige, que la “educación” debe ser útil; ayudar a que la sociedad funcione, y nada más. El resto sería pura contemplación inútil, que nos haría caer a todos en el pozo, como a Tales.

    Digo todo esto, pues creo que hay una actitud que se ha hecho cultura cuasi planetaria y no solo en nuestro país –actitud que está ahondando la crisis humana que estamos atravesando–. Me refiero a la crisis humana al interior de los partidos políticos, el surgimiento de populismos, aun en democracias avanzadas. Y es la actitud de desconfianza en la educación, en los saberes últimos acerca de lo humano, acerca de lo que las cosas son. Ya casi nadie, muy pocos, guardan la memoria, por ejemplo, de que la política nace de un deseo de felicidad, de responder a la pregunta de cuál es el mejor camino de la vida –como corregía Sócrates a Gorgias–. Hoy prevalece la pragmática idea de, la mera funcionalidad de Maquiavelo de que todo es el poder. Y de ahí que los medios –encuestas o publicidad, dinero o lo que fuere– sean puro “management” para mantenerlo. El resto, pretender educar a las personas en el bien, es inocente, absurdo, un sueño.

    Pero aquí surge un hecho llamativo. Cuando las protestas de muchos ciudadanos se dirigen, precisamente, a esa falta de valores, de principios, se traslada inmediatamente la responsabilidad a la universidad o al sistema educativo sin más, que no ha educado en esos fines o valores. Pero cuando se pregunta a esos mismos ciudadanos sobre qué libros de honda cultura han leído últimamente o si apoyarán a sus hijos a estudiar humanidades, la respuesta es el silencio o el rechazo más enérgico. ¿Para que? Y se agrega de una manera apodíctica: –además– los libros son “carísimos”.

    Este “metodologismo” educativo –que así se llama este reducir la educación a cómo funcionan las cosas sin valorarlas– ha penetrado ciertamente en grandes sectores de la educación universitaria, pero también –y es lo más grave– ha permeado a la familia. La sociedad misma, en grandes sectores, rechaza casi instintivamente la educación humanística, pues la misma es percibida como inútil. Las convicciones educativas son meramente pasajeras, relativas, útiles. Ya no se cree, basta mirar en los hechos, aunque en las declaraciones se las niegue, en el contenido humanístico de la democracia, de la familia. Y así, la “culpa” de la crisis política es siempre del “otro”.

    ¿Cómo esperar entonces que la democracia de nuestro país esté repleta de humanistas? Los Eligio Ayala, Blas Garay, Rafael Eladio Velázquez, Efraín Cardozo o Jerónimo Irala Burgos no se improvisan. ¿Cómo esperar, asimismo, que el reciente debate presidencial del Partido Colorado generara algo sustantivo que no puede dar? Confieso que la sola mención de que la “historia lo juzgará” a Stroessner me hizo pensar no solo en la víctimas de la dictadura, sino en qué hubiera dicho un humanista como Osvaldo Chávez ante tamaña afirmación de un posible presidente de la República de su partido. O ver repetidas veces la insistencia de que la cuestión pública es casi exclusivamente una cuestión de “management” donde lo que cuentan son los números. Es el modelo de una democracia vacía, pues, en el método y en la técnica no hay convicciones, sino solo un camino hacia posibles destinos. Un pragmatismo que fatalmente nos lleva solo a un poder vacío de fines, y de valores.

    Y termino con esta, nuevamente, mención a Platón, que, en esto, sabía lo que decía: “Porque las constituciones de las ciudades no proceden de las encinas ni de las rocas, sino de las costumbres mismas de los miembros que las componen y de la orientación que éstas imprimen a todo lo demás”. Es cierto: nadie da lo que no tiene, así como no todo egresado es universitario. Esa carencia se notó, sobremanera, en los precandidatos colorados. Universitario supone universalidad de saberes, humanismo y humanidades, significa reflexión, implica silencio, conlleva paciencia, requiere estudio de los clásicos. Política no es solo saber manejar un presupuesto o, exaltar a una seccional. Es dar propuestas de humanismo integral. Pero antes de acusar al otro de una falta de educación, sería bueno mirarnos a nosotros mismos: ¿cuándo fue la última vez que leímos a un clásico? Me imagino el coro de risas, pero esta vez no de las amigas de la esclava Tracia, sino de los descendientes de Tales.

    Por Mario Ramos-Reyes

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    Publicado por jotaefeb | 10 agosto, 2017, 7:43 am
  2. Universidad y sociedad del conocimiento

    Por J. Montero Tirado

    La idea de calificar a la sociedad universal prevalente como “sociedad del conocimiento” tuvo su origen hacia 1960, cuando los sociólogos analizaron los cambios de la industria y empezaron a hablar de la era postindustrial. Peter Drucker, por ejemplo, en 1959 pronosticó que se iniciaba una nueva clase de trabajadores, los trabajadores del conocimiento.

    La idea y denominación de sociedad del conocimiento se asentó en Europa, sobre todo en Alemania, con los análisis de Nico Stehr en los años 90. Paralelamente en España Manuel Castell creó el neologismo de la “sociedad red” y tanto en lengua castellana como en la inglesa, según Karsnten Küger (2006), se extiende el concepto de “sociedad de la información”.

    Actualmente entre los especialistas de ciencias sociales y los de políticas socioeconómicas el debate sobre el sentido y trascendencia de la llamada “sociedad del conocimiento” es un debate apasionado y apasionante. En cualquier caso, como observó Alvin Toffler en su libro best seller “Cambio de poder”, lo cierto es que los conocimientos se han convertido en la mayor fuente de poder y de riqueza. Lo que antes manaba principalmente de la producción agrícola y ganadera y después de la producción industrial, ahora fluye de la producción de conocimientos. Los hechos corroboran esta afirmación. Las empresas más ricas y poderosas en el mundo son empresas dedicadas a la producción de conocimientos. Y los trabajos y empleos más solicitados y mejor pagados son los de quienes se dedican a producir conocimientos (Jerry Kaplan, 2017).

    Nuestro sistema educativo en todos sus niveles, incluido el universitario, no está organizado para enseñar a producir conocimientos, sino para aprenderse “algunos” (demasiado pocos) conocimientos ya elaborados; y en este momento no pocos de ellos ya anticuados e inútiles. Seguimos anclados en el paradigma del cognitivismo, con dosis importante de conductismo, y no hemos entrado en el “constructivismo”, precisamente creado para asumir la potencialidad que tiene nuestra mente de construirlos y producir conocimientos. El Consejo Asesor de la Reforma Educativa (CARE) explicó y propuso este paradigma, pero los sistemas político y operativo de los Ministerios de turno no tuvieron capacidad para hacerlo asimilar por los maestros y profesores y aplicarlo.

    Nuestra inteligencia, la de la mayoría y de casi la totalidad de los ciudadanos, no es productora de conocimientos, sino normalmente simple y parcial recordadora de conocimientos aprendidos. Lo que nos sucede a los ciudadanos comunes es frecuente en todas partes del mundo, pero en nuestro caso la diferencia está en que nuestras universidades, con sus profesores y su “academia” no superan a la ciudadanía común. La producción de conocimientos de nuestras universidades es tan escasa y pobre que es intrascendente no solo en cantidad sino en calidad, salvo rarísimas excepciones de algunos escasos investigadores que no encuentran contexto ni apoyo para poder trabajar con eficiencia y eficacia.

    Peor aún, los fondos que el Estado entrega (dinero de la ciudadanía) a las universidades nacionales para investigación, son malversados por rectores y consejos superiores de ciertas universidades que desvían esos fondos de investigación, destinados para producir conocimientos, a operadores políticos o pagos de funcionarias o funcionarios favoritos en puestos administrativos.

    La producción de “papers” (artículos con presentación de resultados de investigaciones que han producido algún conocimiento y son reconocidos por revistas e instituciones internacionalmente competentes al efecto) en nuestro país es de 150 al año entre todas nuestras 54 universidades, mientras que la producción de una sola universidad medianamente reconocida en el extranjero es de 1.500 papers al año. ¿Están nuestras universidades en la sociedad del conocimiento? ¿Para qué sociedad están preparando a nuestros jóvenes? Cuando el CONES habilita carreras y la ANEAES acredita calidad de carreras, ¿de qué calidad estamos hablando? Nuestros jóvenes y nuestra ciudadanía tienen derecho a contar con universidades de calidad, que formen profesionales capaces de ejercer sus respectivas profesiones con calidad y competencias para producir conocimientos al servicio de sus futuros pacientes o clientes, para el desarrollo y el bien común de la nación.

    Si la sociedad es sociedad del conocimiento y el trabajo rentable está en producir conocimientos, ¿cuál será el futuro de nuestros jóvenes si no aprendieron a producirlos? ¿Estarán nuestras universidades en una burbuja fuera de la historia?

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    Publicado por jotaefeb | 17 julio, 2017, 8:22 am
  3. Futuro sin universidades

    ¿Cuál es la misión esencial de la universidad, por ejemplo, si la misión esencial es enseñar para formar profesionales o es ante todo investigar para producir conocimientos? Peter Drucker dice que “si no hay un cambio profundo en un plazo de treinta años, los mayores campus universitarios serán sólo reliquias”.

    Al culminar una carrera de nivel terciario en Educación Superior lo ideal sería que el profesional pueda acceder a enseñar o trabajar en el área que estudió y al par de esto seguir investigando sobre temas relacionados, como presentar proyectos, escribir libros, etc., contribuir con la sociedad buscando soluciones a los problemas existentes en la educación y ante todo investigar para producir conocimientos.

    Lamentablemente hoy día nuestros colegios nacionales están quedando sin alumnos gracias a la flexibilidad de las instituciones privadas, ya que estas son muy permisivas. Solo se busca que el alumno termine sus estudios secundarios para así acceder a uno terciario y obtener el “bendito cartón” para obtener un trabajo.

    Ninfa Lezcano

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    Publicado por jotaefeb | 15 julio, 2017, 8:34 am
  4. Universidad y comprensión de la realidad

    Por Jesús Montero Tirado

    La visión mecanicista del universo que Isaac Newton dio desde su Física, unida a la visión dualista de René Descartes, dividiendo lo existente en materia y espíritu nos legaron desde el siglo XVII una cosmovisión y unas claves de interpretación de la realidad, que se han venido aplicando universalmente con fidelidad y hasta con éxito.

    Cuando científicos como Albert Einstein, Niels Bohr, Erwin Schödinger, Werner Heisenberg, Robert Oppenheimer y David Bohm revolucionaron la Física al observar la microfísica (atómica y subatómica) y pusieron el énfasis en la energía más que en la materia, desmontaron y dejaron obsoletos los principios básicos en que se sostenía la interpretación mecanicista de la realidad. Frente a ella ya está en vigencia con resultados sorprendentes la física cuántica-relativista.

    Junto a la visión cuántica-relativista contribuyen, a una más profunda comprensión y a revolucionarias aplicaciones, las teorías de la información y de los sistemas, la cibernética, la neurofisiología, la neobiología, etc., que han superado la visión newtoniana-cartesiana y están produciendo novedades inimaginables hasta hace poco tiempo, como son la informática computacional, la telefonía móvil, los rayos láser y sus diferentes usos, los satélites espaciales chinos, etc.

    Los simples hombres y mujeres de calle, los que ignoramos los avances de la física de vanguardia nacida en el siglo XX, acelerada en el siglo XXI y en general los que vivimos de los productos de las ciencias sin saber cómo son hechos y por qué y cómo funcionan, estamos todavía anclados en la cosmovisión del siglo XVII, aunque seamos ciudadanos del mundo del siglo XXI. La educación que hemos recibido, sobre todo en las áreas estrictamente científicas, ha sido muy elemental y normalmente no tenemos tiempo ni medios ni motivaciones suficientes para sumergirnos en las actualidades de las vanguardias científicas. Es comprensible y no es exigible. Pero lo importante es preguntarnos si nuestras universidades e institutos superiores están como nosotros anclados en el siglo XVII o levaron anclas y están navegando en el mar de las nuevas formas de conocer, comprender y saber usar la realidad.

    El gran científico de la psicología Stanislav Grof dice: “El pensamiento científico contemporáneo en la medicina, la psiquiatría, la psicología y la antropología representa una extensión directa del modelo newtoniano-cartesiano del universo del siglo XVII. Dado que todos los supuestos básicos de ver la realidad han sido superados por la física de nuestro siglo parece natural que tarde o temprano haya cambios fundamentales en todas las disciplinas derivadas directamente de los mismos” (4ª edición, 2001, 71).

    Desde que Grof escribió esto en 1986 han corrido treinta y un años y sin duda no pocas universidades del primer mundo ya pasaron a la cosmovisión cuántica-relativista, como se evidencia, por ejemplo, en la biología y medicina del cáncer que propone Bruce Lipton después de 40 años de investigación sobre la genética, la estructura y la energía molecular.

    Lo que Grof afirmó de estas cuatro carreras, refiriéndose al estado de las mismas, podía afirmarse igualmente de casi todas las demás que se cursaban en las instituciones de educación superior. Si él lo afirmó desde Nueva York mirando al estado de las mismas en la mayoría de las universidades del primer mundo, qué no diría si viene a Paraguay y observa los diseños curriculares y programas de nuestras carreras profesionales.

    ¿Qué tienen previsto nuestras universidades e institutos superiores para salir del siglo XVII y entrar en el siglo XXI? Que sepamos no hay ningún movimiento interno en las asociaciones de las universidades nacionales y privadas en busca de verdaderos cambios sustanciales. No conocemos ningún equipo de pensamiento que realmente esté elaborando un posible proyecto de verdadera reforma de la educación superior. Es meritorio el grupo privado de intelectuales que se reúnen con el Dr. Antonio Cubilla y dialogan sobre la situación de nuestra educación superior y que trataron de crear una “universidad científica de segundo piso”, pero parece que los rectores de universidades están en otros intereses. Y lamentablemente el Consejo Nacional de Educación Superior (Cones) y la Agencia Nacional de Evaluación y Acreditación de la Educación Superior (Aneaes) truncaron su vocación de liderazgo y proyección hacia el futuro para quedar en instancias administrativas que consolidan más de lo mismo.

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    Publicado por jotaefeb | 10 julio, 2017, 7:03 am
  5. Escándalo universitario, de tormenta a tempestad

    Lo que se anunciaba como una tormenta se ha convertido ya en una tempestad; era inevitable que las denuncias de universidades-basura se convirtieran en un debate público que tiene un trasfondo, más que grave, gravísimo: tenemos cientos, miles de profesionales “titulados” en instituciones públicas y privadas que no han cumplido las mínimas exigencias para desempeñar con capacidad y responsabilidad las delicadas funciones que deben exigirse a un profesional; y lo que es más, evidentemente, explotó por donde es más fina y más peligrosa la rotura de la piola, por la salud.

    Hay instituciones públicas y privadas que cuentan con “curadores”, más curanderos que profesionales de la salud, ejerciendo funciones. Y eso ha instalado la preocupación y el debate público. Y eso ha generado una preocupación nacional inevitable: cuando recurro a un centro médico a buscar salud no tengo la más mínima certeza de quienes están atendiéndome tengan la capacitación necesaria. Hay un solo paso para que vayamos a exigir el certificado del profesional y evaluar y consultar sobre la universidad en la que realizó sus estudios. Y, más aún, vamos a tener la desconfianza de que, dados los antecedentes de universidades truchas, desconfiemos hasta de los papeles.

    El conflicto ya se ha instalado con el tema de los anestesistas y va a seguir explotando por muchos otros profesionales.

    Son varios ya los profesionales de la educación que vienen denunciando que las universidades no están capacitando a los estudiantes con la debida exigencia y seriedad.

    El tema universitario en esta etapa se instaló ya con UNA no te calles, aunque los estudiantes centraron la puntería en la corrupción administrativa, y se olvidaron de la “capacitación”, que no es menos grave, aunque sea menos escandaloso.

    Es obvio que en una institución donde reina la corrupción nadie se preocupa por la eficiencia ni la responsabilidad educativa. Ni por el presente ni por el futuro de los que asisten a un centro de formación profesional con la intención de convertirse en buenos profesionales. No se trata sólo de que los administradores y docentes se llenen los bolsillos, sino que también cumplan con sus funciones que, obviamente no pueden cumplir cuando tienen más horarios de cátedras imposibles de cumplir durante las 24 horas del día y de la noche también, como decía Mario Abdo.

    Es decir, que debemos plantearnos una reforma total; no sólo exigir honestidad a los administradores, docentes y, en muchos casos, a dirigentes estudiantiles que son cómplices, o que en muchos casos, inocentemente, no evalúan la calidad de la educación que reciben.

    El fenómeno envuelve a toda la sociedad, como podemos ver cada año con los multitudinariamente concurridos exámenes a la carrera de Medicina. Vemos a los padres preocupados por el ingreso sin mirar a quién y a los administradores de la universidad sin ninguna consideración hacia el esfuerzo de los estudiantes que año tras año intentan la hazaña de ingresar.

    Es decir, que valoramos más la llegada a la universidad que el proceso de capacitación universitaria.

    Hace unas décadas atrás, tuvimos una migración importante de enfermeras y enfermeros a Europa, con la constancia de la capacidad que ofrecían los profesionales locales de la salud. Tal como están las cosas hoy en día, es más probable que tengamos una migración de pacientes al exterior, en busca de una cierta seguridad médica. El Congreso tiene la responsabilidad de revertir urgentemente esta realidad que ha beneficiado a muchos legisladores y está perjudicando seriamente al estudiantado nacional y al país.

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    Publicado por jotaefeb | 11 junio, 2017, 9:01 am
  6. Los títulos universitarios que no abren puertas son un perjuicio

    Perjudicando gravemente al país, muchas universidades se han ocupado más en ganar dinero antes que en ofrecer un servicio de calidad a los estudiantes. El resultado de esa actitud mercantilista –que creció al amparo de la criminal complicidad de algunos legisladores y autoridades educativas que abrieron las compuertas sin garantizar la eficiencia de la enseñanza– es nefasto. El rechazo de egresados de casas de estudios sin las acreditaciones requeridas, con el presupuesto de que son incapaces cuando se postulan para trabajar, reclama medidas correctivas urgentes. Es inconcebible que un título universitario no abra la puerta de un empleo digno.
    El presidente de la Unión Industrial Paraguaya (UIP), Eduardo Felippo, ha vuelto a poner el dedo en una dolorosa llaga de la educación paraguaya al decir que hay empresas que al hacer la selección de su personal rechazan de entrada a los candidatos que provienen de universidades que carecen de la certificación de la Agencia Nacional de Evaluación y Acreditación de la Educación Superior (Aneaes) y el Consejo Nacional de Educación Superior (Cones).

    Esa actitud refleja dos cosas: una, que quienes contratan empleados consideran que los egresados de carreras de universidades que no cuentan con los papeles oficiales en regla son inservibles para las funciones que ofertan y, dos, que esa presunción se habrá masificado a partir de experiencias insatisfactorias repetidas con frecuencia al contratar personas que carecen de idoneidad.

    Esa situación tiene como protagonistas a estudiantes que han ido a universidades de garaje que funcionan en lugares precarios, con profesores no preparados, en instituciones que no ofrecen la cantidad mínima de carga horaria requerida y otros rasgos que hablan de una formación inadecuada.

    Una nueva evidencia de la estafa a quienes confiaron vanamente en instituciones de enseñanza de nivel terciario se ha dado en las 31 carreras de salud de 13 universidades que no han sido acreditadas y, sin embargo, siguen otorgando títulos como si hubiesen estado en regla.

    Los perjudicados directos son los que cursaron una carrera y hasta elaboraron un trabajo que llaman de tesis, pero sin las exigencias de un trabajo de grado serio.

    A menudo son monografías que no han seguido los pasos metodológicos de una investigación.

    Los que acceden a títulos que no avalan solvencia profesional son víctimas de un sistema orquestado para otorgar títulos con tal de estar al día en las cuotas y no para proporcionar saberes para acceder a un puesto laboral con desempeño eficiente.

    De todo esto solo puede deducirse que el proceso de saneamiento llevado a cabo por el Cones y la Aneaes es imprescindible y requiere de mayor celeridad, así como de más medios económicos para contratar personal que agilicen las evaluaciones y los trámites burocráticos.

    El Estado no puede seguir permitiendo que los estudiantes sean engañados por inescrupulosos que se enriquecen a costa de un simulacro de enseñanza universitaria.

    Y que a la hora de presentar currículum buscando empleo, se les rechace porque los posibles empleadores, al ver de qué universidades provienen, ya les cierran las puertas porque presumen que son incapaces.

    http://www.ultimahora.com/los-titulos-universitarios-que-no-abren-puertas-son-un-perjuicio-n1090392.html

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    Publicado por jotaefeb | 10 junio, 2017, 8:50 am
  7. Robando el futuro

    Por Jesús Ruiz Nestosa

    Cuando parecía que ya no quedaba en el país ninguna institución, ningún sitio donde se pudiera robar de manera desvergonzada aquello que es propiedad de todos, se descubrió que sí había algo que aún estaba más o menos íntegro y que nadie, aparentemente, había metido todavía la mano allí. Quedaba por robar el futuro. Y allí fueron muchos políticos que sin ningún pudor, sin ningún respeto hacia los ciudadanos, sin importarles absolutamente nada del país anteponiendo sus ambiciones personales, se pusieron a robar el futuro.

    ¿Cómo se puede robar el futuro? De muchas maneras, sólo es necesario ingeniárselas. Una de ellas es la invención de las llamadas “universidades-garaje” que en las últimas semanas han vuelto a ocupar la atención a través de la acción del Consejo Nacional de Educación Superior (Cones) que decidió cerrar algunas carreras de la Universidad Autónoma del Sur (Unasur) por no llenar los requisitos exigidos.

    La historia, con esta decisión, estaba lejos de terminar. Prueba de ello es que días atrás, el Equipo Nacional de Estrategia País (ENEP) emitió un comunicado dándole su apoyo al Cones debido a que sus miembros “se encuentran bajo una fuerte presión política” para ignorar las deficiencias de tantas instituciones que han hecho de la educación un gran negocio, un negocio sucio, además, porque prometen darle a sus estudiantes aquellos que desde el vamos saben bien que no pueden dar.

    El doctor Antonio Cubilla, miembro del ENEP, dijo que con este comunicado pretenden darle un apoyo político y moral al Cones y agregó que “El comunicado sugiere que se siga cumpliendo con la ley y apoya la gestión del Cones, que está acorralado con distintos tipos de presión”.

    Este comunicado no hace otra cosa que confirmar lo que había dicho la senadora Blanca Ovelar, quien ocupó el Ministerio de Educación durante la administración de Nicanor Duarte Frutos. En una entrevista periodística había dicho que “existiría una rosca de funcionarios del Congreso contratados como ‘asesores’ para presentar y ‘negociar’ proyectos de ley que habilitan institutos superiores y universidades”. Si hay políticos que están ejerciendo una fuerte presión política sobre el Cones significa que se debe cambiar la forma del verbo “existiría” por el de “existe” lo que nos pone en presencia de un foco de corrupción inadmisible.

    La senadora Ovelar recordó que toda esta situación se originó con la llamada ley “Marcos”, aprobada por el Congreso en 2006 que le daba potestad a los legisladores a crear instituciones como las que estamos viendo, las llamadas “universidades-garaje” que se han multiplicado como hongos. Refiriéndose a ella dijo: “Esa ley fue terrible porque se desvinculó totalmente del mundo académico. La creación de carreras quedó sólo en el ámbito político”.

    A propósito de la creación de esta ley, cuando se la discutió en el Congreso, Juan Manuel Marcos, senador y propietario de la Universidad del Norte, dijo: “Nosotros, congresistas maduros, nosotros, señor presidente, ¿necesitamos o no de niñeros? ¿Cómo vamos a crear universidades, como nos manda la Constitución, esperando que los niñeros de un Consejo, creado para una ley inferior, un órgano inferior, nos diga lo que tenemos que hacer? Eso sería un caso insólito en la legislación mundial”. Por su parte, el legislador Simón Benítez, proyectista de la fatídica ley dijo: “No quiero que un organismo extraño al Parlamento, un órgano ajeno tenga súper poderes sobre el Congreso. La Constitución Nacional es clara en el sentido de que las universidades tanto públicas como privadas serán creadas por ley y no serán creadas en base al dictamen de algún Consejo”.

    La experiencia nos está dando el veredicto. Posiblemente los legisladores no necesiten de “niñeros” como se quejaba el senador Marcos. Lo que quizá necesiten sean verdaderos cancerberos que no permitan que se disponga de manera tan arbitraria del futuro del país con la creación de generaciones enteras que apenas saben leer y escribir. Es lo que yo llamo robarle al futuro.

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    Publicado por jotaefeb | 9 junio, 2017, 8:05 am
  8. En pos de la excelencia

    En buena hora, los entes competentes han salido de su cono de sombras y, poseídos de una suerte de santa ira vengadora, están cumpliendo con la misión para la cual han sido creados. Es decir, velar por la calidad de la educación terciaria inficionada por una explosiva proliferación de galpones con “marcante” de universidades. Si este arranque de furia tiene fuerza y permanencia en el tiempo y en el espacio, tal vez de aquí a algunos años por venir podamos hablar de una enseñanza universitaria con perspectivas de ser llamada tal y de ser una seria alternativa de formación para las futuras generaciones.
    En el Paraguay de nuestros días, la “niebla semántica” –como acostumbra decir un ex ministro de la Corte Suprema de Justicia- ha reemplazado el verdadero significado de las palabras. Parafraseando a Enrique Santos Discépolo, “cualquiera es un doctor” en el sentido estricto de su significado y es tal
    su abundancia que en una de sus primeras reacciones, la Academia tuvo que poner en claro quiénes pueden ostentar el título de doctor y quiénes no.
    Automáticamente, verdaderas legiones de noveles “doctores” cayeron a la categoría de licenciados o de simples egresados con título de infantería universitaria. En las últimas dos décadas se abrieron más universidades que pizzerías o playas de venta de automóviles. Todas, a su turno, aseguraban “excelencia” expeliendo al mismo tiempo multitudinarias camadas de egresados, con lo cual el significado de la palabra excelencia se diluyó a la aguada subcategoría del inmortal “ya da” que caracteriza la mayor parte de nuestra impronta como sociedad.

    A tal punto llegó este paroxismo del absurdo que “tener una universidad” se ha convertido en una cuestión de animarse y abrirla, con menos requerimientos que “habilitar” un lavadero de autos. Eso se creyó durante demasiado tiempo y hoy, cuando el Cones da una patada en el suelo anunciado el “basta ya” tan esperado, el resultado son legiones de jóvenes frustrados que se creyeron la historia de que pagando una matrícula y asistiendo un par de horas a la semana a una diluida rutina académica ya bastaba para convertirse en licenciado de algo, de cualquier cosa.

    Ojalá éste sea el comienzo de una resurrección de la Universidad con mayúsculas, un mundo en el cual las palabras recuperen su significado. Una Universidad en donde el rigor y el método forjen al joven en la disciplina del estudio, de la profundización de las lecturas formativas, de la consolidación del hábito de la investigación. De la reconstrucción, en suma, de la vida universitaria como una etapa plena para mujeres y hombres que se forman para enfrentar los grandes desafíos de la vida y que a veces desembocan en liderazgos transformadores e inspiradores. Es esa, y no otra, la Universidad que el Paraguay se merece, no simples fábricas de licenciados vacíos de contenido y de propósitos. Ojalá éste sea el punto de partida y no un amague que se esfume en el camino como tantos otros intentos de reforma que se agotaron a poco de arrancar. El país no se merece una nueva frustración.

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    Publicado por jotaefeb | 7 junio, 2017, 8:30 am
  9. El Parlamento debe ayudar al país fortaleciendo el Cones

    Algunos miembros de la Cámara de Diputados siguen empecinados en defender lo indefendible, embarcándose en la nefasta tarea de torpedear lo que se hace bien. Esa actitud repudiable es la que muestran aquellos legisladores que están estudiando cómo restar fuerza al Consejo Nacional de Educación Superior (Cones) que, a pesar de las presiones políticas y la carencia de recursos económicos, realiza la encomiable y ciclópea labor de ir corrigiendo los desbordes de la educación terciaria. En gran medida, el Parlamento ha sido el responsable de la mercantilización, la mediocridad y la estafa reinantes en algunas instituciones universitarias. Los parlamentarios que desean un país mejor pueden revertir el planteamiento de los retrógrados.
    Algunos políticos, lejos de toda ética y responsabilidad para contribuir desde su tarea legislativa con el avance de nuestro país, continúan empecinados en perseguir lo que se hace bien en las instituciones públicas. Por lo general, no exhiben esa misma actitud cuando de corregir errores, atacar la corrupción y rectificar rumbos se trata.

    En esa perspectiva hay que encuadrar la conducta de aquellos diputados que están analizando cómo modificar artículos de la Ley de Educación Superior para restarle poder al Consejo Nacional de Educación Superior (Cones). La maquinaria modificatoria ha empezado a girar según confirmó el diputado Víctor Ríos, ex ministro de Educación y Cultura, rector de la Universidad de Pilar, por lo tanto juez y parte en el asunto. El argumento que enmascara el atropello es dar mayor potestad a la Agencia Nacional de Evaluación y Acreditación de la Educación Superior (Aneaes).

    A nadie escapa que lo poco que hizo el Cones –y lo hizo bien–, a pesar de las presiones y su precariedad de recursos económicos para trabajar, molesta a cierta clase política históricamente confabulada con el retroceso, la mediocridad y la falta de escrúpulos. Esa y otra son las causas de la maquinación en marcha.

    El cierre de 14 carreras de la Universidad Autónoma del Sur (Unasur) por no cumplir en dos años las exigencias que le fueron impuestas para adecuarse a las normas técnicas requeridas les viene como anillo al dedo a los retardatarios que salen a favor de la titulación de la ignorancia y no de la excelencia educativa.

    Es evidente que esos parlamentarios son la continuidad histórica de los legisladores que abrieron en la década de 1990 el grifo de la estafa a los estudiantes, al permitir que se abrieran a mansalva universidades “de garaje” y altillos sin ninguna calidad que les permitiera ser profesionales eficientes.

    A los que hoy articulan una nueva conspiración contra la educación superior no se los podrá frenar. Sabiendo la lógica con que operan, lo previsible es que en poco tiempo más van a presentar su proyecto de modificación en la Cámara Baja.

    Los que apuestan a los intereses de la República y no quieren ser cómplices de un nuevo abuso de poder y un atentado contra el avance hacia la modernidad tienen dos vías a recorrer cuando la iniciativa llegue al seno del plenario. Una de ellas, la más simple, es rechazarla. La otra es darle entrada y trámite revirtiendo su contenido y otorgándoles mayores recursos económicos y potestades al Cones y a la Aneaes para que aceleren el proceso de limpieza de la podredumbre instalada.

    De ese modo, el país les estará agradecido porque respaldarán y consolidarán el corto y sinuoso camino recorrido para acceder a un bien inapreciable para su desarrollo: la calidad de la educación universitaria.

    http://www.ultimahora.com/el-parlamento-debe-ayudar-al-pais-fortaleciendo-el-cones-n1089176.html

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    Publicado por jotaefeb | 4 junio, 2017, 8:30 am
  10. Punta del iceberg de una catástrofe

    Por Rolando Niella

    Terminaba mi artículo de la semana pasada diciendo: “Los casos de las universidades UNASUR y Santa Librada son apenas la punta del iceberg de una catástrofe educativa de proporciones apocalípticas”. Es probable que más de uno la haya considerado una afirmación exagerada, pero no la es.

    Esta semana, un alumno de UNASUR, en conferencia de prensa convocada por esa universidad, se quejaba de que lo habían perjudicado con la publicación periodística que denunciaba que se conceden en esa institución títulos de Enfermería en ¡seis meses!, porque “estaba concursando a un puesto en la Salud Pública”.

    Si lo de obtener el título en seis meses fuera cierto, se trata de un atentado criminal contra la salud de las personas; pero en el caso de ser falsa la denuncia y haber cursado un número de años razonable para una carrera universitaria, sigue siendo disparatado e ilegal: para concursar a un cargo público la ley exige que las carreras estén habilitadas por el CONES, lo que evidentemente no es el caso, y también deberían estar certificadas por la ANAES.

    A esto es a lo que llamo una catástrofe educativa: cada vez hay más presuntos profesionales sin la formación adecuada, que se sienten con el derecho a ejercer porque han obtenido un título de garaje… y no hay unos pocos, sino miles de jóvenes obteniendo títulos en docenas de universidades de garaje con docenas de carreras que ni siquiera tienen conciencia del daño que pueden hacer ejerciendo una profesión para la que no tienen formación suficiente.

    Esto es solo la punta del iceberg, porque el CONES y la ANAES ni siquiera tienen presupuesto y personal suficiente para supervisar todas las carreras de todas las universidades. Nuestro Honorable Congreso Nacional, que habilitó alegremente las universidades de garaje, también se ha encargado “casualmente” de no dotar de recursos suficientes para cumplir con su función a los organismos de control de calidad de la enseñanza superior.

    Por más que comienza a haber políticos preocupados por la calidad de la educación y con conciencia de la necesidad de mejorarla, la mayoría parece considerar la educación una estupidez sin importancia que solo sirve para hacer negocios y para conseguir salarios extras de docentes investigadores y hasta decanos para sí mismos.

    Así pues, los problemas cada vez más graves de la educación superior en nuestro país comienzan en el Congreso Nacional y todos los intentos de sanearla y mejorarla mueren en nuestro sistema de justicia: la Fiscalía y los tribunales que obstruyen los procesos por corrupción, y la Corte Suprema que defiende con medidas cautelares a los mercaderes de títulos.

    Pero si la situación actual es catastrófica, no es todavía nada con lo que nos depara el futuro de la educación superior en el caso de que no se tomen medidas drásticas inmediatamente, ya mismo, y se establezcan controles muy estrictos y eficaces para la calidad de las universidades y de las carreras de grado y post grado.

    De lo contario, como ya dije en varias ocasiones, ¿cómo diferenciaremos los ciudadanos a los médicos, enfermeros, odontólogos, abogados, ingenieros y demás profesionales que se quemaron las pestañas para adquirir conocimientos, de los que se pasearon unos meses por alguna universidad de garaje?

    Para bien o para mal, los verdaderos efectos de la dualidad enseñanza-aprendizaje no son los que se manifiestan de inmediato, sino los que se generan a largo plazo. Una enseñanza de mala calidad no solo generará malos profesionales, sino también pésimos docentes.

    ¿Qué ocurrirá cuando los estudiantes de garaje se conviertan en docentes de garaje? La respuesta es obvia: en lugar de ser las universidades instituciones de transmisión del conocimiento se convertirán en centros de reproducción de la ignorancia. A eso es a lo que llamo una catástrofe educativa de proporciones apocalípticas.

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    Publicado por jotaefeb | 4 junio, 2017, 7:52 am
  11. La paradoja entre educar y vender títulos

    Se puede considerar como una paradoja histórica coyuntural la reincorporación de los primeros docentes que fueron a capacitarse a destacadas universidades internacionales, un ambicioso proyecto del gobierno para iniciar un proceso radical de mejora de la educación, en simultáneo con las protestas de responsables de la universidad de garaje Unasur, acompañadas ahora con las protestas de los propios estudiantes que fueron estafados por quienes les vendieron una ilusión educativa, reclamando que las cosas sigan “así nomás”.

    En este tiempo presente esquizofrénico se están jugando el pasado de la mediocridad contra el futuro de la superación. Es decir, no son dos hechos casuales, sino causales; uno el proyecto de un país más educado y de una juventud mejor formada, con capacidad para competir en este mundo global; el otro es la defensa de un proyecto que lo que ha hecho es degradar la profesionalidad vendiendo títulos como los lomiteros de la calle, sin la más mínima higiene ni calidad.

    Con un agravante; el consumidor de supuestos lomitos callejeros se perjudica a sí mismo; los vendedores de títulos basura, incluso “criminales” como han denunciado algunos a que se den títulos de profesionales de la salud sin cumplir con los requerimientos mínimos, pueden perjudicar a toda la sociedad.

    Y, por último, pero no menos grave, perjudican más gravemente a sus clientes, puesto que, por mucho que protesten los estudiantes damnificados, será muy difícil que los títulos, aun suponiendo que logren que algún proyecto de ley demencial pueda darles crédito, tengan valor y el descrédito ya está instalado en la sociedad: no tendrán respetabilidad, serán para la mayoría de la gente, en esta era de la difusión fácil, impresentables, como imposible será que puedan ser contratados por instituciones públicas y privadas y, mucho menos, por particulares.

    Así que la manipulación y la presión que se están ejerciendo sobre las autoridades del Consejo Nacional de Educación Superior no servirán para mucho, aunque lograran cierto resultado leguleyo, inválido para la credibilidad pública.

    Los estudiantes están errando el sentido de la protesta: deben protestar, como en un principio hicieron, contra los estafadores y ver la forma en que recuperen su inversión y recuperen el tiempo y la calidad de la educación que les han robado.

    Y reclamar a las autoridades que ejerzan mejor los controles, en tiempo y forma, para evitar que este tipo de descalabros educativos siga siendo la regla y no la excepción.

    Y hay que reclamarle su responsabilidad a los legisladores que han promovido la legislación que permite que se creen universidades como garajes; es decir, que vayan también a protestar contra los que han legislado a favor del bolsillo de los “garajeros” y no ante el Cones que está exigiendo, aunque lo haya hecho con cierto retraso, la calidad de la educación de la juventud.

    Volvamos a la paradoja: De un lado está el impulso al proceso de una educación de calidad, del otro la tendencia conformista, continuista y peligrosa del “así nomás”.

    Por un lado la virtud de dar formación a quienes deben formar a la “esperanza”, y, no menor, de darles roce internacional, lo que resulta tan ilustrativo como la educación: han visto lo que es la educación de calidad y cómo funcionan las instituciones y las exigencias educativas del mundo actual, rompiendo con la tradición del “así nomás” que durante más de medio siglo ha caracterizado a la educación paraguaya.

    La gran paradoja es entre probolsillo y proeducación.

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    Publicado por jotaefeb | 2 junio, 2017, 9:12 am
  12. Dígame licenciado

    Por Carolina Cuenca
    Muchas ideas y sentimientos se agolpan en la cabeza al ver en la foto de tapa del diario de ayer a los estudiantes acongojados de la suspendida Unasur. El Consejo de Educación Superior (Cones) le pidió a la Universidad respetar la carga horaria de las carreras inhabilitadas, la pérdida de tiempo y dinero generan frustración en el estafado estudiantado, y a los ciudadanos que estamos fuera nos escandaliza que se haya podido abrir siquiera una universidad sin bibliotecas especializadas, laboratorios, suficiente personal capacitado y otros “insumos básicos”. ¿Cuántas universidades en estas condiciones o en otras similares pero más veladas lanzan licenciados y personas con otros títulos de grado al mercado laboral sin la debida preparación?… En fin, una tragedia con matices de realismo mágico, digna de ser relatada con la altura de los finados don Roa o don Gabo.

    Es una pena lo que les pasó a los estudiantes de Unasur, pero creo que el Cones no debe ceder para abajo, sino más bien aprovechar esta ingrata situación y marcar bien las pautas para intentar tirar para arriba en la formación superior. Porque esta situación solo es la punta del iceberg de una cadena de mediocridad que afecta gravemente a nuestro país.

    Amigos, hay que dignificar la oferta educativa y también hay que hacer causa común con la justicia, más allá de la sensibilidad que nos produce la situación personal de los ahora afectados. También la sociedad debe hacer su mea culpa porque a veces estamos muy inclinados a aceptar en silencio lo que la conciencia nos reclama a gritos: la impertinencia de otorgar o recibir títulos universitarios a mansalva sin la adecuada preparación. ¿Recuerdan el caso de nuestro parlamentario multitítulos? Ese es solo un ejemplo gracioso.

    Ese asunto del estatus que genera el título universitario no nos puede llevar al irrealismo de generarlos sin contrapartida de excelencia corroborada. ¿Por qué más bien no diversificar la oferta de la educación terciaria no universitaria para aquellos que solo pueden estudiar unas pocas horas a la semana y necesitan una salida laboral a mediano o corto plazo?

    No es necesario que todos seamos licenciados o doctores para ser paraguayos de primera. Esta mentalidad debe cambiar. Así también debe cambiar esa práctica de intentar obtener los mismos beneficios de los que se esfuerzan el doble siguiendo el camino angosto del péichante.

    Este tema me recuerda el argumento de la película argentina El ciudadano ilustre, protagonizada por el premiado Oscar Martínez, la cual cuenta la historia de un supuesto escritor argentino residente en Europa y ganador del premio Nobel de Literatura, cuyos escritos retratan la vida de su pueblito natal y al que no ha regresado desde que era joven. Luego de su triunfo internacional lo invitan a viajar a su pueblo y recibir el máximo galardón de Ciudadano Ilustre. Él acepta la invitación y todo va bien mientras se somete a las formas. Pero algunos incidentes mostrarán la fragilidad de este reconocimiento que al final se basa más que nada en apariencias e hipocresías. Como el filme, es hora de hacer un llamado a la honestidad.

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    Publicado por jotaefeb | 2 junio, 2017, 9:12 am
  13. Universidades lucrativas: Apoyemos el trabajo del Cones

    Por Dr. Antonio L. Cubilla

    Desde la súbita y masiva aparición de las universidades lucrativas en el Paraguay hemos descrito sus características y advertido sobre sus consecuencias. El modelo comercial de docencia se inició en los Estados Unidos de América en la década del 80, estaba dirigido a sectores marginales de la sociedad, y a mucho menor costo que las instituciones universitarias tradicionales. Se produjo una ruptura con el clásico ethos escolástico-investigativo de la universidad. No más profesores ni alumnos a tiempo completo, no más clases solamente presenciales, no más investigación en las cátedras, no más salarios decentes a los maestros.

    Una propagación casi infecciosa ocurrió en Latinoamérica, donde la matrícula, tradicionalmente dominio casi exclusivo de las universidades públicas y en menor grado las católicas, exponencialmente subió a 50 o 70% del alumnado. En nuestro país, y en otros, siempre nosotros, el modelo, que pudiera mostrar algunos aspectos positivos para sectores olvidados o marginados en algunas disciplinas de menor costo, sufrió una transformación, que ha degradado el concepto mismo de universidad.

    Se han instalado miríadas de carreras, desde las más simples a las más complejas, las de bajo y alto costo incluyendo medicina, en cualquier parte, con precaria infraestructura, ausencia de bibliotecas serias, con un plantel de profesores itinerantes mal pagados, programas desfasados de la actualidad disciplinar, selección precaria de docentes y alumnos que no deberían estar en la universidad, nombramientos arbitrarios y no meritocráticos, programas hechos a medida para estudiantes fronterizos, inversión económica mínima y escasa reinversión, sosteniendo la universidad con las cuotas de los alumnos, un contrasentido, una imposibilidad si se pretende buenos programas como lo señalara el profesor Derek Bok, de la Universidad de Harvard (Universities in the Marketplace, 2003).

    El origen y proliferación de estas instituciones fue responsabilidad de políticos del Parlamento Nacional, y su falta de control fue responsabilidad del Ministerio de Educación.

    Que conste que no estoy en contra de las universidades privadas, las mejores del mundo son privadas; es más, creo que ante la inanición y esclerosis sin esperanzas de las universidades públicas, el destino de la universidad paraguaya estará en manos privadas. Algunas ya lo están demostrando, dando tímidos primeros pasos hacia el incremento de la investigación científica en sus instituciones,

    Luego de más de 10 años de estériles debates, por fin pudo adecuarse y promulgarse la nueva Ley de Educación que establece los mecanismos de apertura, regulación y cierre de las universidades, con la creación del Consejo Nacional de Educación Superior o CONES. Si bien la ley en su versión final no ha contemplado todas las críticas que un grupo de docentes habíamos hecho, como ser la no participación en el organismo de docentes en actividad en las instituciones evaluadas, es la que tenemos y, en general, está bien. Luego de un inicio algo tórpido, con las actuales autoridades y escaso presupuesto, por fin esta institución se puso a trabajar en serio evaluando críticamente las universidades, sugiriendo cambios y accionando con penas al no cumplimiento de los tiempos establecidos para adecuarse las instituciones a mínimos requisitos de calidad.

    Es del dominio público el planteamiento del cierre de múltiples filiales y carreras de una universidad privada lucrativa, la UNASUR, luego de advertencias y de habérsele otorgado dos años de plazo para adecuarse académicamente a la ley, lo que permitiría su funcionamiento, lo que no se ha cumplido. Esta valiente actitud del CONES le ha valido críticas de un segmento de la población y alguna prensa, que notablemente ¡también son críticos de las universidades lucrativas de bajo nivel! Pero no se debe perder la perspectiva, el contexto y magnitud del problema. Es mucho más importante sacar de circulación instituciones que no están preparadas para la docencia universitaria, que los defectos que pueda tener la composición actual del CONES, cuyos miembros son honorables. Estos pueden salvar alguna de las críticas no admitiendo exalumnos de UNASUR en sus propias instituciones; hay muchas donde pueden hacerlo, para evitar conflictos de interés.

    En representación de un grupo de docentes e investigadores interesados en el devenir nacional universitario, apoyamos fehacientemente el arduo y difícil trabajo del CONES. Creemos que deben estar firmes ante las variadas presiones y maltrato que su accionar seguramente generará. Que sepan que existimos muchos ciudadanos que estamos hartos con este tipo de instituciones, y que llegó el momento de enfrentar raigalmente la problemática universitaria, hoy con el amparo de la nueva ley.

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    Publicado por jotaefeb | 2 junio, 2017, 9:02 am

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