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Rescatar a los pueblos aislados por las inundaciones en el Sur

El drama de varias comunidades de Misiones y Ñeembucú, actualmente aisladas por las inundaciones, se agrava debido a la larga ausencia del Estado en esos territorios con múltiples carencias. La falta de rutas de todo tiempo, que ayuden a comunicarlas con el resto del país con mayor seguridad, es una antigua deuda pendiente de parte de sucesivos gobiernos. Es urgente brindar asistencia a Yabebyry, Laureles, Tacuaras, Guazú Cuá y San Juan, que permanecen inaccesibles y cuyos pobladores reclaman que ya les falta alimento para subsistir, pero luego hay que hacer planes de desarrollo sostenible que les permitan romper el aislamiento de tantos años e incorporarlos a un dinámico esquema productivo.

Son impactantes las imágenes que llegan desde varias localidades de los departamentos de Misiones y Ñeembucú, que desde hace semanas permanecen totalmente aisladas por tierra, debido a que el agua acumulada tras las últimas intensas lluvias han hecho desbordar los cauces de ríos, arroyos, lagunas y humedales, inundando los precarios caminos de tierra que unen a las diversas localidades.

Se estima que unas 35.000 personas se encuentran afectadas por las crecidas en varios distritos de ambos departamentos, en donde se reportan pérdidas de grandes extensiones de cultivos agrícolas y la mortandad del ganado vacuno, además de la dificultad de hacer llegar víveres a los centros de abastecimiento comercial, lo cual repercute en que muchos de los afectados ya no cuenten con alimentos, según el reporte de las propias autoridades regionales. El envío de víveres desde las instituciones estatales está resultando insuficiente.

Si bien es una situación de emergencia, causada por un fenómeno climático, hay que destacar que el drama de los pobladores se agrava ante la larga ausencia del Estado en estos territorios con múltiples carencias.

Una de las poblaciones más afectadas, la localidad de Yabebyry, a 288 kilómetros al sur de Asunción, ya era mencionada por el ilustre periodista y escritor Rafael Barrett como uno de los sitios más aislados del Paraguay, cuando el mismo vivió cerca de un año confinado en el lugar, en 1909. Desde entonces, Yabebyry no ha podido ser sacada de su aislamiento por ningún gobierno, ya que permanece a merced de precarios caminos de tierra que la unen con ciudades importantes de la región, como San Ignacio, Ayolas o Pilar, y que se cubren de agua muy fácilmente, debido a que se hallan trazadas a muy bajo nivel, en zonas de esteros y humedales.

En la misma condición se encuentran las otras localidades aisladas, como Laureles, Guazú Cuá, Tacuaras y San Juan. Si hubieran contado con una ruta asfaltada de todo tiempo, construida a suficiente altura, como la ruta 4 que une a San Ignacio y Pilar, las distintas localidades podrían permanecer conectadas a pesar de las inundaciones, además de ser debidamente protegidas con muros de contención, pero la mayoría de estos pueblos y ciudades, incluyendo los que se encuentran en las históricas zonas donde se desarrollaron las batallas de la Guerra de la Triple Alianza, como Humaitá o Paso de Patria, con gran potencial turístico, permanecen en una situación de soledad y olvido por parte de los organismos del Gobierno.

Es urgente brindar mayor asistencia a estas localidades actualmente tan golpeadas por la inundación, pero luego hay que elaborar planes de desarrollo sostenible, que les permitan salir del aislamiento de tantos años e incorporarse a un dinámico proceso productivo.

http://www.ultimahora.com/rescatar-los-pueblos-aislados-las-inundaciones-el-sur-n1088444.html

 

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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15 comentarios en “Rescatar a los pueblos aislados por las inundaciones en el Sur

  1. Solidaridad ciudadana

    Por Rafael Montiel

    Compatriotas oriundos de la compañía Panchito López del distrito de Yabebyry, residentes actualmente en Buenos Aires, Argentina, trajeron su ayuda solidaria para sus compueblanos que están en aprietos a causa de las inundaciones. De igual manera, diversas organizaciones civiles, religiosas, empresarios, artistas y comunicadores sociales recolectaron abrigos y alimentos para las familias de Misiones y Ñeembucú afectadas por fenómenos naturales.

    En forma llamativa, las autoridades del Gobierno central se quedaron atrás, quizás por problemas burocráticos o, simplemente, por insensibilidad social o no lograron dimensionar en un primer momento la gravedad de los desastres naturales.

    Los damnificados se quejan de la escasa atención del Gobierno. La creciente de ríos, arroyos y esteros no solo dejó sin hogar a miles de familias, sino también sin escuelas a centenares de alumnos y sin producción a los labriegos. Los cultivos se perdieron, los caminos están destrozados; las poblaciones están rodeadas de agua y la recuperación será muy lenta.

    Las autoridades centrales, encabezadas por el presidente Horacio Cartes, están muy inmersas en políticas partidarias con fines electoralistas internas. Mientras, las familias damnificadas necesitan atención y cuidados.

    Las cuestiones del Estado quedaron relegadas a segundo plano, porque existe interés de grupos atomizados y fanatizados por el poder personalista y electoralista, en casi todos los partidos políticos, no solo en el oficialismo del Partido Colorado.

    Es decir, todos están detrás del poder por el poder, pero sin autoridad. Se gana autoridad con base en respuestas y servicios a la población. De lo contrario se convierten en simples mercaderes de la politiquería, prebendaria y clientelista.

    Las necesidades de miles de familias que están a la intemperie y algunas en condiciones infrahumanas demuestran la falta de conciencia cívica y política de quienes detentan el poder. Ante esa falla, brilla la solidaridad de la gente, inclusive desde el exterior.

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    Publicado por jotaefeb | 18 junio, 2017, 7:43 am
  2. Una solución definitiva y permanente para las inundaciones

    Las periódicas subas del nivel de los ríos y el exceso de lluvias provocan inundaciones de los lugares bajos del país que ocasionan habitualmente graves inconvenientes a miles de personas que viven en zonas desprotegidas con los consiguientes perjuicios económicos y de todo orden. El drama social que producen dichas riadas y sus desagradables consecuencias constituyen ya un compromiso de cada vez mayores dimensiones que representan un verdadero problema nacional.

    En ciertas épocas del año es casi ya un clásico ver en ciertos barrios de la capital y de algunas regiones del interior del país el peregrinar de los ribereños buscando zonas altas para huir de la irrupción de las aguas en sus viviendas y propiedades productivas. En la desesperación recurren a ocupar plazas, calles, lugares públicos de las ciudades y lomadas para guarecerse con sus animales en las zonas rurales.

    La reacción espontánea de la población ante estos cíclicos acontecimientos se suele gatillar rápidamente con gestos de solidaridad de toda índole que muestra el lado generoso de nuestra gente. Es que es imposible sentirse ajenos a estos hechos que requieren atención urgente para defender a familias generalmente de condición humilde, darles seguridad física temporal y poner a resguardo sus bienes durante el lapso de la urgencia.

    El Estado y sus organizaciones especializadas acostumbran actuar con prontitud para socorrer a los necesitados posibilitándoles sitios elevados donde guarecerse y proporcionándoles toda suerte de elementos para su seguridad, además de alimentos y medicinas. Lo que va acompañado también por generosos gestos de organizaciones filantrópicas, confesiones religiosas y corporaciones civiles que se sienten obligadas a ir en socorro de los necesitados.

    La asistencia estatal, la caridad y solidaridad públicas y hasta la conmiseración de los desprotegidos son plausibles y dignos de destacar. Pero lastimosamente no sirven de mucho, cuando son solo paliativos temporales de situaciones lamentables que se repiten con frecuencia y actúan solo como un parche provisorio. El problema de fondo, la desprotección y vulnerabilidad de los ribereños se olvidan apenas las cosas vuelven a la supuesta normalidad, hasta que las próximas inundaciones golpean de nuevo la tranquilidad.

    No es razonable ignorar esa realidad y seguir como si el obstáculo no existiera. Por eso es la hora de encontrar soluciones definitivas y permanentes al problema de los lugares anegadizos en distintas localidades del país.

    Es el momento de asumir, entonces, que la defensa costera de esos sitios bajos es una tarea imprescindible y hasta urgente.

    Eso lo ha afirmado el presidente de la República cuando visitó el martes último Pilar y zonas inundadas del Ñeembucú al ver el drama del sur y advertir que no se puede seguir soportando tamaña situación sin buscar un remedio adecuado. En la ocasión, el mandatario se comprometió a impulsar la construcción de la defensa costera y de una costanera en esta capital departamental, como una de las obras que darán soluciones definitivas a los efectos de la crecida cíclica de los recursos hídricos. Incluso comprometió a la Entidad Binacional Yacyretá a invertir recursos para caminos de todo tiempo en las zonas bajas de ese departamento. La crónica periodística agrega que el jefe de Estado dijo que al retornar a Asunción daría las órdenes para hacer los estudios y planes para ejecutar con prontitud tales obras.

    Ante este anuncio de la decisión gubernamental no hay que esperar las siguientes inundaciones y ponerse mano a la obra con celeridad, pues los requerimientos de esas zonas y de los miles de paraguayos así lo exigen.

    Nuestro país tiene la enorme ventaja de que existen tecnología y experiencia suficientes para encarar ese ambicioso proyecto presidencial para proteger a las zonas más vulnerables. Eso se ha demostrado con las obras realizadas en Encarnación y zonas vecinas a causa de la inundación artificial permanente del embalse de Yacyretá, además de emprendimientos parecidos que se están realizando en el área metropolitana de Asunción.

    Ahora que la máxima autoridad del país ha adoptado la decisión política de construir la defensa costera en el sur ya no hay nada que discutir y solo resta ponerse a trabajar en el proyecto, conseguir financiación y comenzar las obras en el plazo más breve posible. Hay que acelerar la maquinaria estatal parar articular los mecanismos y apurar los trabajos para encontrarle la solución definitiva y permanente al drama de las inundaciones del sur y otros sitios del país.

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    Publicado por jotaefeb | 15 junio, 2017, 8:42 am
  3. Deplorable campaña política con ayuda a los inundados

    Una vez más, el sector oficialista del Partido Colorado utiliza el aparato del Estado con fines electorales para impulsar la campaña proselitista de su precandidato a la presidencia. La participación del ex ministro de Hacienda, Santiago Peña, en una gira oficial del presidente Horacio Cartes por las zonas inundadas del Ñeembucú implica una burda utilización de la asistencia gubernamental a los damnificados para difundir su imagen y ganar réditos políticos. Lo mismo sucedió con la entrega de tarjetas del programa Tekoporã en Ciudad del Este, o con avisos institucionales publicados en los medios, resaltando la labor de Peña en Hacienda. Un antiguo vicio político que se repite.
    La participación del ex ministro de Hacienda, Santiago Peña, en el reciente viaje que el presidente de la República, Horacio Cartes, realizó el martes último a la ciudad de Pilar, Departamento de Ñeembucú, para verificar la asistencia a los damnificados por la inundación no tenía otra intención que aprovecharse del caso con fines electorales.

    La visita del jefe de Estado ha sido oportuna y necesaria, pues se requiere que el principal líder político de un país conozca de primera mano una grave situación, como la que están atravesando los pobladores del Sur del país, afectados por las crecidas de las aguas. Sin embargo, la presencia de Santiago Peña como parte de la delegación oficial ha tenido un propósito puramente político electoral, ya que el mismo ha dejado de ser ministro de Hacienda, no tiene actualmente ningún cargo en el Poder Ejecutivo y es el precandidato a presidente por el movimiento Honor Colorado, el sector oficialista liderado por Cartes.

    Peña se aprovecha de este modo de una actividad gubernamental para aparecer ante la gente necesitada y ante los medios de comunicación, buscando capitalizar el rédito político de la ayuda proveída por el Estado a los damnificados, cubierta con el dinero de toda la población, incluyendo la que no pertenece al oficialismo colorado.

    Esta acción implica la repetición de un antiguo vicio de la politiquería criolla, al utilizar privilegiadamente el aparato del Estado con fines electorales, en beneficio de un sector partidario, el que actualmente se encuentra en el poder, desmintiendo categóricamente el discurso del propio Peña, quien busca presentarse como un candidato renovador y diferente, que supuestamente desea cambiar los métodos de la vieja política, asociada a la corrupción y a la falta de ética, pero en la práctica incurre en los mismos defectos que tanto cuestiona.

    Ya había ocurrido una situación similar con la entrega de tarjetas a beneficiarios del programa Tekoporã en Ciudad del Este, o con la publicación de avisos en los medios de comunicación, en los que se resaltaba la labor de Peña como ministro de Hacienda, violando de este modo incluso las restricciones previstas en el Código Electoral.

    Resulta deplorable que un sector político, en este caso el oficialismo colorado que se encuentra al frente del Gobierno, se aproveche de la necesidad de la gente afectada por la inundación, para promocionar o perfilar electoralmente a su precandidato, con recursos del Estado que son pagados por la mayoría de la población.

    Es un viejo vicio que una vez más se repite, el cual la ciudadanía debe percibir y cuestionar, reclamando un comportamiento distinto.

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    Publicado por jotaefeb | 15 junio, 2017, 8:34 am
  4. Menos placebos y más acciones

    @carmiranda94
    La triste imagen que nos dejó las inundaciones en Ñeembucú, en donde miles de familias se encuentran en situación de emergencia, apelando a la solidaridad ciudadana para sobrellevarla, es otra muestra de la desidia histórica que sufre la zona.
    Más allá de que este hecho sea catalogado como una “catástrofe natural”, no olvidemos que los problemas en esa parte del país no son nuevos y parece que están lejos de acabar. Pésimo estado de las rutas, carencia de insumos básicos para una digna subsistencia; tener que cruzar al territorio argentino para acceder a servicios de educación y salud… son solo algunos de los tantos inconvenientes con los que día a día deben lidiar nuestros compatriotas.

    “Los pobladores de Ñeembucú, históricamente, siempre fueron marginados por las autoridades”
    En mi mente se quedó grabado el tuit de José Luis Chilavert, exportero albirrojo, que cuestionó la postura un tanto oportunista de Fernando Lugo, exmandatario que tuiteó: “Ñeembucú con su hermosa capital se merece una solución definitiva a las inundaciones, merecen una defensa costera”. Sí, claro que es urgente la construcción de una defensa costera, pero ¿él lo hizo o al menos lo propuso habiendo estado al frente en su momento? No. Tampoco alguna de las autoridades actuales se pronunciaron al respecto y ni siquiera especularon con la posibilidad de algún proyecto a largo plazo que pueda dar una solución definitiva.
    Los paraguayos volvimos a mostrar una cara solidaria al extender una mano, acercando alimentos, ropas y algunos materiales. Sí, todo suma a la noble causa, pero mientras seamos incapaces de poder ofrecer cambios verdaderos en los poblados sureños, tendremos la misma historia año tras año en épocas de lluvias. Las donaciones son pequeños placebos que calmarán por un rato; solo el interés, planificación y la acción de los mandatarios de turno podrán enterrar esta problemática triste que de alguna u otra manera, nos afecta a todos.

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    Publicado por jotaefeb | 13 junio, 2017, 7:56 am
  5. EL SOL NO SALIÓ PARA TODOS

    @feryirobles
    Hace un par de días, cuando el sol volvió a aparecer después de unas largas semanas cubiertas de nubes y lluvias, festejé cada rayito de luz como si solo necesitara de eso para ser feliz. Terminaban las placenteras noches hundida en mi cómoda cama, cubierta de al menos 2 o 3 frazadas que calentaban mi cuerpo mientras dormía, y llegó el momento de los entrañables paseos.
    Todo eso pasaba por mi mente, hasta que salí de nuevo a la dura realidad fuera de casa. Como cada año, el invierno nos muestra la otra cara de la humanidad. Mientras muchos como yo estaban disfrutando de las bajas temperaturas, otros la están sufriendo como tal vez nunca lo podamos dimensionar.

    “La Secretaría de Emergencia Nacional habilitó un albergue para asistir a las personas en situación de calle”
    No tuve que salir mucho para ver al primer hombre, con su ropa sucia, una larga barba y algunos trapos que usaba de almohada. Instalado frente a un local de comidas rápidas, en el mejor de los casos, invisible ante los ojos del resto de la sociedad; en el peor de los casos, sintiéndose la “escoria” de la sociedad, que le hacía percibir una compasión que lo destruía más.
    El sol no salió para todos, para algunos se convirtió en una tortura más. Horas después, cuando se hizo de noche, se durmió en el mismo lugar sin que la solidaridad le llegara.
    Con cola de zapatero como su “pan de cada día” resistió. Sin diferencia de edad ni género, así resisten muchos, desde los más pequeños hasta los adultos, y con mayor intensidad en los días de frío.
    La Secretaría de Emergencia Nacional habilitó un albergue para asistir a las personas en situación de calle, una iniciativa del Gobierno Nacional que lamentablemente no es aprovechada por la mayoría de ellos que ven a la calle como su lugar en el mundo. Las patrullas que los recogen, no cuentan con un tratamiento por caso como para convencerlos de recibir una asistencia provisoria; pero no por eso debemos volvernos ciegos al sufrimiento del otro, o esperar que el frío dé tregua. En cualquiera de los casos, estas personas simplemente necesitan. Que la solidaridad no haga pasar más frío, abrigá.

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    Publicado por jotaefeb | 12 junio, 2017, 9:33 am
  6. Solidaridad sostenida

    Por Clide Noemí Martínez

    La aparición del rey sol después de casi tres meses de lluvias, lloviznas y permanente cielo cubierto nos motiva a ver los hechos positivos que se pueden rescatar de la emergencia que viven los habitantes de los 16 distritos del departamento de Ñeembucú. Por un lado, se ratifica que los pobladores de la zona no perdieron el estoicismo que les caracteriza, ya demostrado en los oscuros días de la Guerra Grande (1864-1870) y durante las inundaciones del siglo pasado y las recientes.

    También es positivo ver como los humildes pobladores de las zonas más aisladas, en medio de sus grandes limitaciones, son capaces de ayudarse mutuamente, aún en las más difíciles circunstancias. Esta característica solidaria de los ñeembucuenses hace que a pesar de la gravedad de los acontecimientos, hasta ahora no se haya reportado ninguna víctima fatal en esta emergencia.

    Con inmenso sacrificio, maestros y alumnos, médicos, enfermeras, funcionarios de ANDE y otras instituciones, desafían a la naturaleza, tratando que los servicios básicos no se interrumpan, a pesar del riesgo que representa desafiar los esteros desbordados para llegar a destino. Los avances de la tecnología, que hoy dan la posibilidad a los pobladores de los parajes más alejados, de captar imágenes y transmitirlas inmediatamente a las redes sociales y medios de comunicación, permite constatar los alcances de este evento climático y sus detalles, como nunca en otros tiempos.

    La viralización de fotos y videos despertó una gran solidaridad en todo el pueblo paraguayo. Colegas de todos los medios se han instalado en los marginados pueblos del Ñeembucú y pudieron constatar lo que veníamos denunciando desde hace más de una década: la tremenda precariedad de la infraestructura del duodécimo departamento.

    Caminos de tierra que son intransitables gran parte del año y pavimentos con filosas piedras de desecho que arriesgan la vida de los automovilistas. Torres de alta tensión de la ANDE que caen en cada tormenta, precarios locales escolares con letrinas como sanitarios, faltos de energía eléctrica y agua potable, son solo algunos de las consecuencias de la larga ausencia del Estado y de la subestimación que sufren los habitantes de la zona.

    Esperemos que la solidaridad de la sociedad paraguaya no se apague cuando las aguas bajen y nos ayude a exigir soluciones definitivas con obras de calidad para el valiente pueblo ñeembucuense.

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    Publicado por jotaefeb | 11 junio, 2017, 9:00 am
  7. Inundaciones: Alto costo por falta de soluciones estructurales

    Las cuantiosas pérdidas económicas que se derivarán de estas inundaciones son incalculables. Si bien hay expectativa de un crecimiento económico alto para el año 2017, no cabe duda de que el problema tendrá consecuencias muy negativas en muchos sentidos en la población afectada y, probablemente, en la economía en general. Si la volatilidad económica es una característica casi permanente, las inundaciones agravan esta condición poco favorable para encaminar al país hacia la senda de un desarrollo estable e inclusivo a largo plazo. La política pública debe avanzar además hacia una buena planificación territorial y urbanística.
    A pesar de la incertidumbre acerca de las consecuencias económicas de las inundaciones, no cabe duda que el impacto será importante, tanto a nivel macroeconómico como microeconómico, sobre todo en las regiones afectadas.

    Las familias pierden sus activos y bienes duraderos, lo cual afectará a su capacidad de resiliencia futura. Ninguno de estos bienes es posible recuperar en el corto plazo, sobre todo de los hogares de niveles medios para abajo. Les llevará años recuperar el nivel de producción y de bienestar que lograron seguramente con mucho esfuerzo y sacrificio.

    El gasto en el que deberán incurrir a la vuelta de sus hogares y lugares de trabajo es difícilmente cuantificable. Hacer de las viviendas un lugar habitable y del emprendimiento productivo una actividad rentable nuevamente será duro y requerirá de esfuerzo económico y tiempo. Las consecuencias de una emergencia, que esperemos dure pocos meses, impactarán por largos años en la vida cotidiana de los afectados.

    No hay forma de estimar la pérdida de trabajo de mucha gente. En muchos casos no solo pierden un hogar, sino también los medios de vida y las fuentes de empleo e ingresos.

    El sector público también sentirá el impacto. Los gobiernos locales, las gobernaciones y la Secretaría de Emergencia Nacional destinan recursos, que pueden ser muchos o pocos, pero que si se hubieran implementado políticas estructurales y de largo plazo podrían haber sido más útiles y efectivos en otros ámbitos. Los fondos dirigidos a enfrentar emergencias tienen alto costo de oportunidad. Ojalá las autoridades nacionales y locales tomen conciencia de la necesidad de invertir en la prevención y no solo cuando ocurre el evento.

    La prensa ya se ha hecho eco de problemas con altos costos para las instituciones públicas. Todos los servicios públicos están siendo afectados. Las obras viales se encarecerán por los retrasos. Las escuelas que ya de por sí están mal sufrirán mayor deterioro aún. Esto sin considerar el efecto negativo que tendrá el ausentismo escolar y el posible rezago educativo que sufrirán niños y jóvenes. La infraestructura eléctrica y de salud también requerirán inversión una vez que bajen las aguas.

    Dado que el cambio climático está profundizando el impacto de los eventos de la naturaleza, acortando los periodos y agudizando sus efectos, el Gobierno debe analizar la situación a largo plazo y tomar las medidas necesarias para que esta situación no se convierta en un problema permanente. Los costos a mediano y largo plazo serán muy superiores que el costo de soluciones estructurales.

    La política pública debe avanzar en una buena planificación territorial y urbanística que considere la infraestructura necesaria para mitigar los efectos y la reorganización urbana. De otra manera seguiremos derrochando dinero público y privado y arrastrando el problema de generación en generación.

    http://www.ultimahora.com/inundaciones-alto-costo-falta-soluciones-estructurales-n1090516.html

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    Publicado por jotaefeb | 11 junio, 2017, 8:46 am
  8. Bañadenses

    La situación de la bañadenses es grave, la crecida del río no para en Asunción y de nuevo esta golpeando las frágiles puertas de las humildes moradas de los barrios ribereños, principalmente en las zonas conocidas como bañado Norte y Bañado Sur donde fácilmente viven 200.000 mil personas que esperan que el río deje de subir o en muchos casos solamente que se les evacuen de estos lugares donde ES tan difícil vivir, ya que cada vez son más frecuentes las crecidas y la gente en una audacia sin límites fue invadiendo el lecho del río, entonces basta que el cauce recupere su nivel normal y ya existen compatriotas que chapotean en el agua, con cada crecida gran parte de sus enseres y muebles se pierden como consecuencia de la urgencia de las mudanzas.
    Esta situación debe acabar no podemos permitirnos los paraguayos que años tras año nuestros compatriotas vivan esta agonía cruel de estar pendientes de la crecida del río, antes que nada se deben ejecutar las políticas sociales que ponga remedio a esta situación con la erección de la defensa costera, el refulado del río y posteriormente la construcción de las viviendas populares que garanticen la seguridad de estas familias. La otra medida sería contener a los campesinos en sus tierras terminando con la diáspora sin fin del exilio interno y externo con esta política miserable y expoliadora de arrojar a compatriotas lejos de sus tierras hacia una geografía que creen más amiga pero que luego comprenden es mucho más áspera y difícil.
    Lo ideal sería que cada compatriota pudiera crecer y progresar con su familia en su ambiente, sin embargo la realidad es otra, la hostilidad que debe soportar por esta política que privilegia los cultivos extensivos de soja y de la ganadería hacen que los pequeños productores tengan que vender sus tierras y buscar mejores horizontes. Es buena la idea del gobierno de construir las 6 mil viviendas más en el bañado sur, los que unidos a las mil quinientas que ya se están construyendo en el barrio San Francisco para vecinos de la Chacarita habla que en gran parte se estará solucionando el problema habitacional de nuestros hermanos ribereños, esperemos que estos planes avancen sin problemas y que en poco tiempo más se concreten estos proyectos.

    De concretarse estos proyectos estas familias escaparan de la marginalidad en donde viven, podrán convertirse en ciudadanos de la capital de la república con todas las prerrogativas, derechos y obligaciones de cualquier otro ciudadano, recuperaran dignidad y autoestima y esperemos que se sumen de manera efectiva a la fuerza productiva plena de este país, acabando o disminuyendo grandemente con la informalidad un sello nefasto y una estigma que nos marca como sociedad.

    Andrés Granje

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    Publicado por jotaefeb | 8 junio, 2017, 8:10 am
  9. Asistir a los inundados, pero también buscar soluciones

    Una vez más, desde diversas instancias se convoca a la solidaridad, recolectando aportes para asistir a los miles de compatriotas que viven horas dramáticas afectados por las inundaciones. Es importante responder con un espíritu de ayuda, pero también es fundamental exigir a las autoridades mayor celeridad en buscar soluciones definitivas a esta problemática que se repite periódicamente. Se necesitan más rutas que permitan romper el aislamiento de muchos pueblos y ciudades, como también muros de contención, planes de reubicación y proyectos de mejoramiento integral. Con todo lo que se ha gastado en asistencia coyuntural, se podría haber invertido en más tareas de defensa y desarrollo.
    La dramática situación que están sufriendo miles de pobladores en la zona Sur del país, especialmente en localidades de los departamentos de Misiones y Ñeembucú, afectados por las crecidas de ríos, arroyos, lagunas y humedales, está movilizando nuevamente la solidaridad de toda la ciudadanía.

    Desde diversas instancias, como sectores de la sociedad civil, organizaciones religiosas, entidades de beneficencia y medios de comunicación, se están promoviendo campañas de solidaridad para recolectar aportes en dinero, alimentos, abrigos, ropas, calzados y otros elementos, con el fin de prestar asistencia a los inundados, que en muchos casos han quedado totalmente aislados por las aguas y ya han agotado sus reservas de víveres, además de sufrir la mortandad de sus animales y la destrucción de sus cultivos.

    La asistencia brindada desde los organismos del Estado resulta totalmente insuficiente y es importante responder con un espíritu de ayuda, colaborando activamente en tareas de asistencia que pueden ayudar a salvar vidas, por más que sea una acción puramente coyuntural e inmediatista, pero también es fundamental exigir a las autoridades mayor celeridad en buscar soluciones definitivas a esta problemática que se repite periódicamente.

    Es cierto que algunas acciones importantes se están emprendiendo. Por un lado, hay que aplaudir que se haya decidido extender la avenida Costanera de Asunción, en su actual tramo norte y en su próximo tramo sur, con un trabajo social que permita a los pobladores de los bañados no ser expulsados, sino que puedan ser debidamente protegidos con sistemas de defensa costera, con derecho a condiciones de vida digna en el mismo lugar.

    También la construcción de la ruta Villeta-Alberdi es un primer paso para poder conectar a una localidad históricamente aislada con cada crecida, y su posterior extensión hasta la ciudad de Pilar también resultará fundamental en este proceso, pero se requiere mucho más.

    Las localidades como Humaitá, Paso de Patria, Cerrito, Laureles, Yabebyry, Takuaras, Guazú Cuá, San Juan de Ñeembucú, entre muchas otras, siguen padeciendo la falta de caminos y de asistencia técnica que les permita romper un aislamiento que ya lleva siglos.

    Se necesitan más rutas que conecten a más pueblos y ciudades, como también muros de contención que sean realmente efectivos para contener las aguas desbordadas, planes de reubicación y proyectos de mejoramiento integral.

    Con todo lo que se ha gastado en asistencia coyuntural, se podría haber invertido en más tareas de defensa y desarrollo.

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    Publicado por jotaefeb | 8 junio, 2017, 8:10 am
  10. La defensa costera como tarea imprescindible

    En las últimas semanas, por el exceso de lluvias y la crecida de los ríos, se han vuelto a inundar vastas zonas del sur del país, con su secuela de perjuicio económico y social para miles de familias. El fenómeno climático ha sido decididamente riguroso con el departamento del Ñeembucú y parte de Misiones, porque últimamente ha llovido en la región en proporciones muy superiores a las de la época y han roto todas las previsiones posibles.

    También en las zonas bajas capitalinas comienza la huida de los ribereños que buscan lugares altos para protegerse de la intempestiva subida del río Paraguay, una historia archiconocida con su carga de zozobra para muchos ciudadanos.

    Dado que ciertos fenómenos, como las lluvias y las inundaciones, no se pueden evitar, la salida más racional es tomar las medidas para minimizar los perjuicios que pudieran ocasionar y evitar la exposición a sus posibles consecuencias. Para ello la tecnología y las ciencias cuentan con instrumentos eficientes, siempre que se tengan los medios económicos y la sabiduría para adoptar las decisiones acertadas.

    En este sentido es saludable que las autoridades hayan tomado determinaciones como la construcción de las costaneras en Asunción y zona metropolitana, además de haber iniciado nuevos barrios para proteger a la población de los lugares inundables cercanos con viviendas en áreas altas con todas las comodidades. Un ejemplo de ello son la avenida Costanera, que lleva el nombre de un antiguo poblador de la Chacarita, José Asunción Flores, la Costanera Norte, en plena ejecución, y la así llamada Costanera Sur, que se está proyectando para poner a salvo a centenares de familias que viven en franjas inundables y recuperar parte de las tierras que hasta ahora están a merced del río y sus periódicos avances.

    En la parte norte se construye el barrio San Francisco, con 1.000 viviendas iniciales para los bañadenses y chacariteños, permanentes víctimas de las inundaciones. Para la Chacarita Alta hay un proyecto con fondos del BID, en tanto que para los que viven cerca del parque Caballero, la Itaipú financiará la relocalización adecuada de los que precariamente viven en ese territorio dentro de la propuesta del remozamiento de ese descuidado rincón asunceno. Y para el Bañado Sur se ha hablado de construir alrededor de 5.000 viviendas más adelante, aunque hasta ahora no existe aún un proyecto en firme.

    Si prosiguen estos emprendimientos y se realiza una adecuada defensa costera, llegará el momento en que la imagen de los ribereños buscando improvisados refugios para protegerse cuando se viene la riada será una postal del pasado.

    Estos proyectos que por primera vez se llevan a cabo en la zona capitalina podrían replicarse en otros sitios críticos del país, como Ñeembucú, que tiene varias localidades ribereñas y vastas regiones de producción rural en permanente peligro ante este tipo de amenazas. Tendrán que ser más completos que los realizados en el territorio capitalino, pues deberán acentuar la defensa de los declives costeros.

    Se podrá decir que es imposible proteger esos lugares bajos. Pero hay experiencias que permiten afirmar que no solo es posible, sino perfectamente realizable.

    Una muestra de ello es lo ejecutado por la Entidad Binacional Yacyretá en Encarnación y zonas aledañas. Ciertamente se dejaron centenares de hectáreas bajo agua, pero se han ejecutado obras de protección de muchas áreas en peligro mediante muros de contención que permitieron subir la cota del río hasta 7 metros y más. Un ejemplo de eso es la conocida playa San José de la capital de Itapúa y otros sitios afectados por esa gran inundación artificial.

    La mencionada playa y franjas cercanas están ahora entre 7 metros y más por encima del nivel de la antigua Villa Baja de Encarnación, hoy desaparecida. Por el embalse del Paraná el nivel del río se elevó de la cota 76 a la cota 83 y hasta 84 sobre el nivel del mar. A pesar de ello gran parte de Encarnación y sitios cercanos viven hoy tranquilos con una inundación de 7 metros de altura y más, gracias a los trabajos de defensa costera que se hicieron.

    Esta experiencia es aplicable a cualquier otro sitio del país si hay decisión política y dinero para financiar los proyectos. Por lo que con un buen trabajo se puede garantizar la protección de áreas urbanas y rurales de cualquier punto del Paraguay que periódicamente están jaqueadas por el nivel de las aguas.

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    Publicado por jotaefeb | 4 junio, 2017, 9:24 am
  11. Con el agua al cuello

    Esta vez no voy a hablar de cómo el mal gobierno nos hunde en el fango, por lo menos tan directamente. Me referiré al cíclico problema de las crecidas y las exponenciales pérdidas que provocan a los afectados –generalmente los de menor recurso– en lo material, en lo físico y en lo sicológico.

    Hace por lo menos un mes que el problema rebasó los umbrales ponderables y el agua (de los ríos, riachos y lagunas) empezó a expulsar gradualmente gente de las riberas.

    Algunas zonas altas y plazas comenzaron a exhibir el penoso paisaje de armajes precarios que poco a poco van convirtiéndose en villas enteras de emergencia con madera terciada, hule negro o lo que haya. En las zonas del interior, algunas municipalidades ingresaron con paliativos a las áreas más críticas. En el resto siguen esperando que la riada baje, cosa improbable por la temporada y la continuidad de las lluvias en todas las regiones.

    En la capital, hasta el momento, solo hay tanteos de los organismos públicos de asistencia. Y es allí donde quedan siempre. En la asistencia.

    Alguna vez alguien dijo: “¿Quién obliga a esa gente a colocarse en territorio que pertenece al río?”. Y uno pudiera decir esas cosas si realmente hubiera políticas públicas serias e infraestructura del Estado que brinden respuestas efectivas a las necesidades de vivienda, educación y trabajo a la población. Pero cuando eso es escaso o ausente, las más de las veces, ¿qué salida pueden tener? También suele decirse: “Se les reubica en zonas no inundables, en casas de material (ladrillos), pero vuelven todos. No quieren vivir bien”. Y es aplicable lo mismo. Si hubiera condiciones, nadie lo haría, pero ser llevados y colocados entre paredes seguras, en medio del yermo, sin opciones laborales y con escasa educación, ¿qué queda?

    El problema no es simple. Ni se resuelve con madera terciada, hule negro, aceite, arroz, yerba, poroto seco, harina, huevo, paracetamol y propaganda, cada temporada.

    Sin embargo lo peor está por venir. Todas las predicciones meteorológicas así lo indican. Es entonces cuando la desgracia humana se convertirá en bendición para los políticos que siempre aprovecharon estas situaciones. Y cuando están en el poder –caso emblemático el del Partido Colorado, que estuvo casi siempre en función de gobierno en los últimos 70 años– no hacen nada por resolver de fondo el drama. Total, así son clientela prebendaria segura y voto a través de los punteros.

    Literal y metafóricamente a parte de la población el agua le está llegando al cuello. A los gobernantes, no les calienta…

    Por Miguel H. Lopez

    http://www.ultimahora.com/con-el-agua-al-cuello-n1088805.html

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    Publicado por jotaefeb | 4 junio, 2017, 9:24 am
  12. Rutas

    En ciclos como los actuales de prolongadas lluvias vemos lo frágil de nuestra situación comunicacional como país. Especialmente en lo referido en las vías de comunicación terrestres, la cantidad de caminos empantanados por falta de empedrados o asfaltados, más de la mitad de las rutas y caminos troncales del país siguen sin carpetas asfálticas o pétreas, los paraguayos sentimos en verdad lo difícil que es la vida de un país mediterráneo, sin las infraestructuras carreteras o ferroviarias para aliviar esta situación. Es posible que el país tenga varias ventajas comparativas con relación a otras naciones, pero la falta de caminos de todo tiempo es un gran impedimento para desarrollarnos, crecer y competir como país.
    Entonces en estos días en que los productores agrícolas no pueden sacar sus hortalizas y frutas de las chacras, que estos productos no llegan a los mercados y tenemos carestías y escasez, nos quejamos de los subdesarrollados que somos, pero no quedamos solamente en el lamento. Las protestas no llegan de forma recia hasta los gobernantes, los verdaderos responsables de esta situación totalmente anormal que vivimos y padecemos, ni siquiera les castigamos con nuestro voto en las elecciones generales como sucede en cualquier sociedad pensante, critica y organizada, entonces estos representantes tienen muy poco compromiso con el pueblo, incumplen fácilmente sus promesas, ya que la gente es indolente y poco organizada como sociedad.
    La situación en la zona sur de la región oriental es dramática, los pueblos del departamento de Ñeembucú están en el agua, aislado, con muy poca ayuda recibida por la intransitabilidad de los caminos la mayoría de los cuales son de tierra y aun sin lluvias están en malas condiciones, con el mal tiempo el problema se agudiza. En la zona de Misiones también las dificultades son muchas, los animales se mueren en las zonas ganaderas, tal vez con caminos en buen estado se podrían trasladar ese ganado a otros campos. En el chaco la situación no es mejor, la incomunicación por el mal estado de las rutas no solamente se tiene en los días de prolongada lluvia sino también en los días de buen tiempo, es un problema que cada vez se agudiza más.

    Entre las prioridades de cualquier gobierno que tome el poder en el 2018 debe estar la construcción de vías de comunicación de todo tiempo por todo el territorio nacional, tanto en la región oriental como en la occidental. El gobierno de Cartes tuvo la intención y comenzó la tarea, lamentablemente el problema de gestión y ejecución de estas obras a cargo del MOPC, no fue la óptima y deseada, se perdió tiempo en la planificación y la concreción de los proyectos y también lo infaltable lamentablemente la sombra de la corrupción, la coima y la cometa en muchos de los emprendimientos viales, lo que ennegrece toda ejecución de estas obras.

    Andrés Granje

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    Publicado por jotaefeb | 4 junio, 2017, 9:21 am
  13. Catástrofes

    Por Rafael Montiel

    Los cambios climáticos, las intensas lluvias, tormentas y tornados que causan destrozos nos exigen en este siglo 21 tomar una serie de medidas preventivas y a las autoridades buscar soluciones para evitar mayores daños al ambiente y a la población.

    En Misiones, los distritos más castigados por los fenómenos naturales son Yabebyry, Villa Florida, Ayolas y San Ignacio. Un tornado ocurrido hace un par de meses en la compañía San Javier (San Ignacio) dejó a unas 36 familias sin techo y unas 40 viviendas fueron dañadas.

    Los cambios climáticos afectan al medio ambiente y a la población, ya que destruyen viviendas, escuelas y caminos, causan enfermedades, arrasan con producciones agrícolas y ganaderas.

    La naturaleza es impredecible, castiga a las comunidades y frena el desarrollo.

    Ante este fenómeno se plantea no solo prevenir desastres naturales, sino planificar obras viales, estructuras a largo plazo y sólidas. Aquí no se trata de dar soluciones provisorias.

    El caso del empedrado San Ignacio-Yabebyry es un ejemplo bien práctico. El tramo se inundó a causa de las lluvias de grandes volúmenes y desbordes de los humedales de Misiones y Ñeembucú.

    Es inútil gastar millones de guaraníes por un camino impracticable y puentes endebles, que se caen a pedazos con la primera inundación.

    Las rutas, de ahora en más, deberán ser planificadas con miras a eventuales desastres naturales. Deben tener la solidez y la altura adecuadas para soportar temporales y inundaciones causadas por el desbordes de los ríos y los esteros.

    Por otro lado, los entendidos en la materia, como biólogos y ambientalistas, deberían realizar un estudio del comportamiento de los humedales que cumplen una función importante en el equilibrio del ecosistema de Misiones y Ñeembucú.

    Se debe investigar por qué los desbordes de esteros y la falta de absorción del agua causan inundaciones de comunidades urbanas y rurales. Alguna razón tiene que haber para ocasionar catástrofes.

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    Publicado por jotaefeb | 4 junio, 2017, 7:50 am
  14. Disputa por protagonismo

    Por Clide Noemí Martínez

    La falta de coordinación entre las autoridades del departamento de Ñeembucú, producto del enfrentamiento y la disputa por el protagonismo político que se acentúa en esta temporada preelectoralista, impide lograr una buena asistencia a los afectados por las inundaciones causadas por las lluvias. En cambio, proliferan las críticas mutuas entre los representantes de las principales instituciones de la zona y del Gobierno Nacional.

    Días atrás, los pobladores de la zona recordaron 34 años de la gran inundación de 1983 y resaltaron que en aquella circunstancia toda la población y autoridades, sin distinción de sectores políticos, se habían unido para defender a Pilar y auxiliar a los damnificados de la gran riada de los ríos Paraguay y Paraná. En cambio, en la actualidad, y en plena democracia, las autoridades locales y departamentales, alentados negativamente por sus líderes desde Asunción, no han sido capaces siquiera de reunirse para debatir soluciones urgentes y planes duraderos.

    El diálogo debería ser el paso inicial para coordinar acciones que mitiguen la angustiante realidad que viven los habitantes del duodécimo departamento. La tirantez entre los representantes del pueblo no tiene visos de mejorar, y menos cuando ya se han iniciado las reuniones para definir las candidaturas en los principales partidos políticos.

    Los espacios de la radioemisoras de la zona son verdaderos “campos de batalla” en la lucha por el protagonismo. En las redes sociales el drama humano de humildes familias es aprovechado para los “selfies de campaña”, que buscan ganar adeptos de electores que son víctimas de la pésima inversión de los que manejan los fondos públicos.

    Las críticas abundan y los políticos se acusan mutuamente de discriminar en la distribución de los víveres o de desentenderse de la desgracia de los inundados. La miseria que impera en el departamento, con miles de ciudadanos que han perdido sus fuentes de vida y sus pocos bienes, es el escenario ideal para los candidatos sin escrúpulos, aquellos que faltos de propuestas van a la caza de votos con el dinero fácil de los porcentajes de las obras públicas o el fruto de ilícitos de frontera, como el tráfico de drogas y el ordeño de combustible. Este escenario poco alentador parece calcado al de las elecciones anteriores, con una ciudadanía frustrada y sin opciones, que terminará eternizando en el poder a los responsables de su miseria.

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    Publicado por jotaefeb | 4 junio, 2017, 7:49 am
  15. Difícil momento para los habitantes del sur del país

    Los pobladores del departamento de Ñeembucú, especialmente de cuatro distritos (Guazú Cua, Laureles, Tacuaras y San Juan), y de uno de Misiones (Yabebyry) están sufriendo desde hace más de un mes las dramáticas consecuencias del cíclico fenómeno de las inundaciones, agravado hoy por las copiosas lluvias caídas en el sur. Los pequeños agricultores han perdido sus cultivos de renta y de autoconsumo, los ganaderos tratan de salvar sus reses llevándolas a sitios elevados y los alumnos de Guazú Cua deben asistir descalzos al colegio y a la escuela, porque están rodeados de agua, corriendo el riesgo de contraer afecciones respiratorias y epidérmicas.

    Quienes residen en esas zonas anegadas tienen motivos para sentirse abandonados por los organismos del Estado. De hecho, lamentan que los técnicos del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) aún no los hayan visitado para hacer un relevamiento de los perjuicios sufridos y brindarles la asistencia que requieran. La situación es crítica y urge que no solo actúe la Secretaría de Emergencia Nacional, que en Yabebyry se ve forzada a distribuir víveres en canoas porque no hay caminos transitables, lo mismo que en varios municipios de Ñeembucú en los que, además, se perdieron los arcaicos puentes de madera. También hace falta que intervenga cuanto antes el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC), sumándose a las respectivas gobernaciones y municipalidades, para tratar de atenuar el aislamiento resultante y limpiar con maquinaria los cauces de los humedales para que el agua fluya en vez de extenderse por los campos.

    Ambos departamentos ya fueron declarados en estado de emergencia, para agilizar la llegada de la ayuda gubernamental y seguramente destinar fondos adicionales para asistir a las víctimas. Esta asistencia, sin embargo, no servirá más que para auxiliarlas momentáneamente, ya que las medidas que se tomen solo habrán de paliar las más acuciantes consecuencias de una adversidad que se repite cíclicamente.

    En efecto, estas inundaciones se repiten anualmente, pero los sucesivos gobiernos no se han preocupado de ejecutar políticas públicas tendientes a reducir el impacto de las crecidas de ríos y arroyos, sino que improvisan reacciones coyunturales que no solucionan el reiterado problema. Es cierto que las últimas lluvias han sido inusuales, pero las inundaciones no lo son y, no obstante, cada año se actúa como si se tuviera que enfrentar una desgracia que fue imprevisible.

    El MOPC y las gobernaciones deben saber que es necesario que las vías de comunicación cuenten con obras de arte suficientes que permitan que las aguas se escurran; sin ellas, los terraplenes se convierten en diques que inundan viviendas, chacras y campos de pastoreo. Las municipalidades deben prohibir que se construya en zonas anegadizas, como lo hizo la Senavitat al levantar hace unos años 50 viviendas sociales, aún inconclusas, en Pilar. Se malgasta mucho dinero en obras públicas mal diseñadas que deben ser corregidas una y otra vez, con el consiguiente aumento de los costos y sin que nunca se halle una solución definitiva. El erario pierde mucho dinero y los damnificados deben temer que se repita la experiencia, solo para bien de los politicastros que practican el asistencialismo, directamente o a través de las autoridades. Es paradójico, pero resulta que ellos se benefician en la medida en que los gobiernos nacional, departamental y municipal no satisfacen el interés público, lo que, en forma repugnante, aprovechan para obtener votos mediante la distribución de chapas, alimentos u otros auxilios, forjando así lazos clientelistas. ¿Qué interés pueden tener, entonces, los políticos en que estos problemas tengan una solución permanente? Todo lo contrario.

    En este sentido, vale la pena preguntar: ¿qué han hecho hasta ahora, por ejemplo, los diputados de Ñeembucú, Pedro Alliana (ANR) y Víctor Ríos (PLRA), para evitar que los habitantes de ese departamento enfrenten el mismo problema cada año con las mismas precariedades de siempre? Por lo que se ve, ni les preocupa. Por el contrario, les ofrece excelente ocasión de aplicar el asistencialismo y conseguir adherentes.

    Ya es tiempo de que nuestras autoridades piensen en avanzar más allá de las soluciones de emergencia y realizar las obras que tantos compatriotas necesitan para no perder a cada momento sus bienes y sus sueños.

    En medio de tantas angustias y precariedades que comentamos es digno de elogio que los dirigentes políticos de Yabebyry, empezando por el intendente Ignacio Brizuela (ANR), se hayan echado al hombro bolsas de víveres para distribuirlas entre los damnificados. Digna de mención también es la titánica tarea que están realizando docentes de esas zonas para llegar, con grandes sacrificios, hasta sus lugares de trabajo a fin de enseñar a niños y jóvenes.

    En circunstancias tan penosas como estas se impone la solidaridad de todos los paraguayos y paraguayas para con nuestros compatriotas que están pasando días muy difíciles. Pero, sobre todo, es de desear que, terminada la presente emergencia, las autoridades se enfoquen en proyectos permanentes que permitan en el futuro mitigar los efectos de situaciones similares. Los compatriotas del sur pagan los mismos impuestos que los de otras zonas del país y, por tanto, merecen igual atención y soluciones a sus problemas.

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    Publicado por jotaefeb | 31 mayo, 2017, 7:29 am

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