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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Vivir por la Patria

Patriotismo no es obligar a un joven a treparse a una silleta improvisada en lo alto de una grúa para reparar un mástil; morir cayendo del armatoste no lo convierte en héroe ni en mártir, sino en víctima de una negligencia criminal cuyos responsables deben ser identificados; que la víctima sea un soldado y que la tragedia haya ocurrido en un cuartel no puede ser jamás una excusa para que la Fiscalía deje el caso en manos de la Justicia militar.

Se trata de una serie de acciones, omisiones y declaraciones que rayan el insulto, y que se pretende cubrir dándole a toda la historia un mensaje patriotero, el de un joven inmolado en defensa del pabellón nacional en un acto temerario (que seguro le fue ordenado por algún superior) producto de un pretendido exceso de amor a la Patria.

¿Qué entenderá esta gente por patriotismo? ¿Qué entendemos nosotros? ¿Qué supone hoy el amor a la Patria?

Permítanme repetir lo que ya referí en otras ocasiones. Más allá de los símbolos creados a lo largo del tiempo para consolidar una idea abstracta, la del Estado-Nación, y de los rasgos culturales y determinadas costumbres que hacen que los miembros de un colectivo humano se sientan parte de él, la Patria sigue siendo en definitiva el colectivo mismo, la gente. Son esos seres humanos con quienes compartimos un espacio físico y un tiempo determinados los que constituyen nuestra Patria.

El símbolo no puede ser más importante que la gente, nunca. Siendo así, hacer Patria es mejorar la calidad de vida de su gente. Un patriota es aquel que consigue de alguna manera introducir un cambio positivo en el presente o en las perspectivas de futuro de sus compatriotas. Y en contrapartida, el antipatriota es aquel que precariza la vida del colectivo.

Así pues, traición a la Patria es la humillación a la que seguimos siendo sometidos la mayoría de los paraguayos para recibir cuestiones tan básicas como una cobertura digna de salud o una educación pública de calidad. Quienes sienten en carne propia el vejamen de la Patria son los compatriotas obligados a colarse en la seguridad social de provincias argentinas o estados brasileños para salvar sus vidas o la de sus seres queridos, a menudo renunciando a su propia nacionalidad.

Cruzar la frontera y registrar a tus hijos en otra tierra sabiendo que solo así tendrán alguna oportunidad de educarse y tener atención médica, eso es sentir que se rasga la bandera.

No nos sentiremos orgullosos de ser paraguayos porque flamee espléndida la enseña, ni porque entonemos a los gritos el Himno Nacional. Nos sentiremos orgullosos cuando no tengamos que mendigar en la Patria o fuera de ella el acceso a la salud, la educación y la seguridad.

Y no, general. No se hace Patria realizando el mantenimiento de un mástil en condiciones precarias. Se hace Patria garantizando que ningún joven vuelva a poner en riesgo su vida por la ocurrencia estúpida de algún superior antipatriota.

No necesitamos jóvenes que mueran por la Patria, sino jóvenes que vivan por ella.

Por Luis Bareiro

http://www.ultimahora.com/vivir-la-patria-n1088083.html

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

3 comentarios en “Vivir por la Patria

  1. La risa del Diablo
    Po Alex Noguera

    De chico me impusieron hacer la primera comunión. Hasta ese entonces yo era un hereje feliz que vivía entre arroyos y montes, que en un momento quedaron relegados por las “obligaciones” impuestas por la sociedad, en otras palabras… una muy convincente zapatilla “me obligó” a ir a la escuela.

    Por entonces los niños jugábamos a ser Tarzán o a arrastrar una latita de sardinas sobre la arena imaginando de igual modo que era un Porsche último modelo o una peligrosa nave pirata.

    Fue en una de esas plácidas brisas de tiempo de inocencia que un día me enseñaron que existía Dios. Fui absorbiendo los nuevos conocimientos de fe hasta que a otro niño -más hereje que yo- se le ocurrió en pleno catecismo hablar del diablo. Mi nueva condición de ex hereje cayó en la trampa y desde ese momento el maléfico adquirió la capacidad de reír, debido a que el niño en su impertinencia le preguntó al desprevenido sacerdote “¿cómo ríe Satanás?”.

    La cara del cura fue todo un acontecimiento. Sospecho que nunca se le había ocurrido que el mal pudiera reír, pero ese niño le movió el piso con su desatinada pregunta.

    Creo que en estos últimos días al Diablo debe dolerle las costillas de tanto reír. Y no es para menos. Hoy es el gran día porque se inaugura la “Nueva Olla”, un hecho histórico desde donde se lo mire.

    Pero no vamos a hablar de la obra, sino de la reacción de la gente ya que desde hace meses los olimpistas gastan bromas a sus archirrivales con eso de que su coliseo nunca acababa. Pero el día llegó y es hoy.

    Muchos franjeados prendieron velitas para que caiga una tormenta y la fiesta azulgrana se agüe. Las redes sociales son trincheras desde donde se tirotean ambos bandos: unos hacen alarde del nuevo estadio y los otros les recuerdan las copas que les faltan. Millones de mensajes llegan a los celulares con imágenes y frases creativas, mientras don Satán no puede parar de reír por tanto fanatismo sin sentido. Sí, creo que el Diablo se ríe. Se ríe de los hombres y de sus limitaciones, de su ignorancia y de su falta de comprensión.

    Son los hombres los que hacen la historia, en este caso, en lo más alto del deporte figuran para siempre nombres como Osvaldo Domínguez y Luis Cubilla por una parte y aunque no les guste, ahora a su lado también aparecen el de Juan José Zapag y el arquitecto Alfredo Angulo, artífices de la monumental edificación.

    Pero esta risa del maléfico no es nueva. Creo que la gente debería escuchar más y hablar menos para percibir las carcajadas que resuenan en todos lados. Ya que comenzamos con el deporte, ponemos como ejemplo que la gran mayoría de los niños están obligados por la sociedad a ser o de Cerro o de Olimpia. Como si los demás clubes no existieran, o como si eso fuera importante.

    Algo similar sucede en política. O se es colorado o se es liberal. Los demás no cuentan. Y mientras el Diablo se ríe con ganas cada vez que la gente se manifiesta frente al Congreso, como si esa fuera la solución, como si los líderes que se exponen de forma mediática no tuvieran más que buenas intenciones para con quienes los siguen. Jajajaja, ríe el malo. Atrás quedan las familias, los niños desamparados y los falsos profetas, como un ilustre nigeriano.

    Los ejemplos son miles, así como las carcajadas de diablillos a coro. Vemos a los impolutos dirigentes sindicales que solo dirigen y no trabajan, claro, si para eso están sus ciegos seguidores. Ja-Ja. Pero nadie se salva de la risa, ni abogados ni funcionarios, ni policías ni magistrados, ni médicos ni drogadictos, ni maestros ni militares. Todos son bufones del que se viste de rojo y tiene cola con punta.

    Sin embargo, son los valores y la educación los que hacen callar al maldito del tridente. Los hombres que se plantan y resisten a los sobornos, a los detalles efímeros de la vida, a la egoísta vanidad, son los que realizan grandes hazañas.

    Esta semana misma, por ejemplo, el presidente colombiano Juan Manuel Santos declaró que después de medio siglo de luchas, su país dio por terminado el conflicto con las FARC. En el desarme, los observadores internacionales recibieron más de 8.000 armas, se destruyeron más del millón de cartuchos, recolectaron más de 20 toneladas de explosivos y casi 6.000 granadas y minas antipersonales. Ahora inicia una nueva fase como partido político: Fuerza Alternativa Revolucionaria de Colombia y será lanzado el 1 de setiembre.

    Hace tanto tiempo de mi primera comunión, que no recuerdo el nombre de ese niño hereje que con una inocente pregunta me enseñó a escuchar la risa del Diablo. Deberíamos darnos cuenta de que nuestros actos provoca el delirio del malvado, así que podríamos pensar antes de entrar en alguna trinchera para tirotear. Mejor sería parecernos a Juan Manuel Santos para alcanzar grandes objetivos.

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    Publicado por jotaefeb | 19 agosto, 2017, 10:02 am
  2. Prevención laboral, una deuda vital

    Por Lourdes Peralta

    La muerte del joven militar fue una de las más comentadas que tuvimos en estos últimos días. Ojalá indignara tanto la inseguridad laboral como otros temas instalados en el debate social. Este tema sigue siendo uno de los más callados y, aunque se reclamen en alguna ocasión, solo atañe a pocos casos y tarde.

    Seguridad engloba un concepto básico y sencillo de entender que los riesgos y peligros que podamos sufrir sean mínimos o ninguno.

    Reducir la muerte del militar de 23 años, quien murió de una manera espantosa, al “destino”, “un accidente impredecible”, es una cobarde evasión de la responsabilidad que, por cierto, debe regir en las empresas e instituciones tanto públicas como privadas, y también en el propio trabajador frente a un encargo de extremo cuidado.

    En definición académica: “La seguridad laboral es la que pretende aplicar medidas y el desarrollo de las actividades necesarias para la prevención de riesgos relacionados con el trabajo. Está relacionada directamente con los derechos del trabajador y con condiciones laborales dignas. Detención, evaluación y control de los peligros posibles y reales dentro del ámbito laboral, así como de las consecuencias a largo plazo”. También “la Organización Internacional del Trabajo, organismo dependiente de la ONU, vela por el desarrollo de medidas y propuestas para la mejoría de condiciones laborales. Un ejemplo de seguridad en el trabajo es el uso de cascos y equipos de protección en la construcción civil”, esto es lo que está redactado prolijamente, pero no lo sentimos en la práctica. Por supuesto también tiene que ver con la clase de sociedad que conformamos, tan poco demandante de los derechos colectivos y con la mano dura de parte de las instituciones encargadas.

    En el caso del militar, su padre, de extracción pobre y campesina, todavía está reclamando justicia, conocer al/los responsables de la pérdida de su hijo y, en consecuencia, ojalá su pedido traiga mejores condiciones para otros jóvenes. La falta de respuestas, la evasión o larga espera de justicia militar es lo que prima hoy. Porque la justicia militar como la civil no es confiable en Paraguay, al contrario, es hermética y aterroriza a los de menos jerarquía; por eso otros compañeros no salieron a expresar libremente quién sabe cuántas otras obediencias inexplicables que deben a sus superiores y por las cuales arriesgan sus vidas. La muerte de Óscar Colmán pudo evitarse con jefes idóneos. En todo campo, no más trabajadores enterrados como este compatriota que no pudo objetar el peligro real.

    Por otro lado, seamos autocríticos, la prevención laboral no existe en nuestra cultura ni para cuestiones caseras, estamos acostumbrados a hacer mal las cosas porque sale más barato, porque “si va a pasar, va a pasar nomás”.

    Cinco frases para memorizar y aplicar:

    1. Siga las instrucciones y cumpla las normas. Si no las conoce, pregunte. No improvise.

    2. No se arriesgue. Evite los riesgos o redúzcalos al mínimo.

    3. Ningún accidente es por casualidad. Todos pueden evitarse.

    4. Infórmese y fórmese en materia de prevención de riesgos laborales.

    5. Actuar de forma segura en todas las actividades de la vida debe constituirse en hábito.

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    Publicado por jotaefeb | 30 mayo, 2017, 8:01 am
  3. Comandante mástil

    Por Arnaldo Alegre
    La frontera del ridículo constantemente se expande en Paraguay. Y el general Juan José Casaccia, comandante del Ejército, ha marcado un nuevo hito en ese sentido.

    Al comentar la muerte del vicesargento Óscar Giménez, quien falleció tras caer al suelo de una altura de 20 metros mientras arreglaba artesanalmente una prominente enseña nacional, el jefe militar comentó que el infortunado entregó su vida “por amor al pabellón patrio”.

    No contento con el despropósito verbal, añadió que el suboficial estaba “altamente entrenado” para solucionar “problemas de mástiles”.

    A juzgar por su propias palabras, no son los mástiles el principal problema de la institución a su cargo.

    Recurrir a un nacionalismo, entre obtuso e infantil, para justificar la estupidez que se cometió y provocó el accidente, es una muestra del desprecio que se tiene a la vida humana en las FFAA. Y ese menosprecio es aún mayor cuando se trata de un individuo que tiene la mala suerte de no estar en la oficialidad.

    El general Casaccia debió darse el lujo de cerrar la boca. Si quería dar consuelo, no lo hizo. Por el contrario, lo suyo fue un golpe bajo a la inteligencia de los familiares de la víctima, que han de ser pobres, pero no tontos.

    Este caso está rodeado de un sinnúmero de indicios nefastos. Primero, no se sabe quién dio la preclara orden, vital para la grandeza patria. Tampoco si el que operaba la grúa estaba capacitado o la máquina reunía las mejores condiciones para el cometido. Además no se tiene en claro cuál fue la patriótica tarea. La víctima tenía una protección apícola, por lo que se deduce que los feroces enemigos, de clara inspiración legionaria, eran unas avispas objetoras de conciencia.

    Además, el desdichado vicesargento estaba sentado en un tablón y sujeto, como los hechos constatan, de forma absolutamente inapropiada.

    Este accidente, potenciado por la increíble desaprensión de la que suelen hacer gala algunos uniformados, debe ser esclarecido. Por supuesto, no por la Justicia Militar, que suele ser más militar que justa. La Fiscalía ordinaria, algo más confiable (aunque no es para hacer hurras) debe atender esta situación si queremos acercarnos a la verdad.

    Los políticos y las instituciones políticas se contentaron con evitar que las FFAA tengan la posibilidad de hacer nuevos golpes de Estado. Luego poco o nada hicieron para su verdadero mejoramiento.

    Tener una institución armada realmente profesional hará que la torpeza deje de marcar el paso en las FFAA.

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    Publicado por jotaefeb | 28 mayo, 2017, 5:00 pm

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