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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

La plutocracia contra la democracia popular

Efectiva y, sobre todo, literalmente, como dice la Constitución, los ex presidentes de la República serán senadores vitalicios, evidentemente una distinción, un tanto extemporánea, porque no se puede prever si a los mandatarios hay que reconocerlos por los servicios prestados, o sancionarlos, por los servicios dejados de prestar; pero la Constitución no establece que ese cargo sea excluyente de otros posibles cargos a desempeñar; ni en ninguna parte se dice que ese cargo honorífico sea a tiempo completo ni excluyente de otras posibles actividades políticas, económicas y sociales que puedan desempeñar, ya sea en el sector público o en el privado.

De derecho, ni siquiera se establece qué debe hacer o no hacer una vez nombrado senador vitalicio. De hecho, no se recuerda que ningún ex presidente haya ejercido tal cargo; ni se conoce algún mandato ni función que los vitalicios deban cumplir o hayan cumplido.

Hablando bien y pronto, se trata de un cargo honorífico y al santo cohete, ya que por el hecho de no haberlo ejercido, hasta el momento, ningún ex ha sido cuestionado o procesado, simplemente porque la Constitución no establece obligaciones, ni se ha legislado el artículo constitucional como para reglamentarlo.

Hasta el florero vicepresidencial tiene algunas obligaciones que cumplir en su largo período de cogobierno, ni generalmente han cumplido la indefinida e imprecisa obligación de ser nexo con el Congreso.

La única reglamentación planeada es que los presidentes destituidos por juicio político por mal desempeño de sus funciones no puedan aspirar a tal cargo.

Notable paradoja para la antología del absurdo, que muestra que la ley funciona al revés en nuestro ordenamiento; el único ex que ha sido hallado culpable en juicio político, el hoy senador con sus plenos poderes, atribuciones y derechos, es el ex presidente Fernando Lugo, quien fue condenado y destituido por un juicio político.

¿Premio o castigo? ¿Gajes de nuestra Constitución o de nuestros legisladores?

Definitivamente, no de la Constitución ni de los constituyentes, ya que no ponen limitaciones a los ex presidentes, sino simplemente un cargo protocolar sin ninguna limitación explícita.

Por si fuera poco, el tema de la posibilidad de que un ex presidente sea senador ya es un hecho y ha sentado jurisprudencia: el ex presidente Nicanor Duarte Frutos se candidató a senador sin objeción jurídica alguna, ganó el cargo encabezando la lista de su partido y fue electo por los votantes y proclamado como tal por el Tribunal Superior de Justicia Electoral.

Abusando de sus atribuciones, violando la Constitución, un grupo de legisladores, opositores a su persona, boicotearon su juramento.

El tema, como corresponde, llegó a donde deben dirimirse los asuntos de constitucionalidad o inconstitucionalidad, a la Corte, que dictaminó que el ex presidente podía asumir como senador.

Incluso quienes, amparándose en su supuesta autoridad de constitucionalistas, dijeron que acatarían el dictamen constitucional, tras la aprobación de la Corte, incumplieron su compromiso verbalizado por todos los medios, y Duarte, aunque tenía razón, como diría el brasilero, “ficó preso”, es decir, sin la banca que le habían otorgado los votos y la razón que le había otorgado el Poder Judicial.

No es extraño que ya se esté preparando la próxima violación de la Constitución Nacional, teórica y verborrágicamente en su defensa. La cuestión no es, como se canta sacrosantamente la “defensa de la Constitución”; por el contrario, se viola la Constitución, las atribuciones del Tribunal de Justicia Electoral y, lo que es más grave, se viola a uno de los tres poderes que conforman el fundamento institucional de la República, el Poder Judicial.

La cuestión no es jurídica, es de “votos”, es decir, que los que no tienen votos tratan a toda costa de sacar del camino a los que tienen votos, una nueva forma un tanto grotesca de llegar al poder, por la vía de eliminar a los contrincantes políticos; un camino para establecer una plutocracia mediática y política en contra del voto popular. En contra de la democracia. Violando la Constitución, en nombre de la Constitución. Es decir, un sacrilegio constitucional.

http://www.lanacion.com.py/editorial/2017/05/14/la-plutocracia-contra-la-democracia-popular/

 

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

22 comentarios en “La plutocracia contra la democracia popular

  1. Viejos cínicos
    24 mayo, 2017

    Desde que en ámbitos del oficialismo comenzó a barajarse el nombre de Santiago Peña, como posible precandidato del sector para la presidencia de la República, empezaron también los ataques en su contra de quienes aspiraban a obtener la representación del sector, al igual que de la disidencia. Unos y otros se “rasgan” las vestiduras por su escasa antigüedad, así como por su anterior filiación al radicalismo auténtico. “Es hora de que los genuinos representantes del coloradismo, políticos de tradición, sean los representantes del partido en el Palacio de López”, son algunas de las expresiones que más utilizan, que suena fuerte, pero dice muy poco. En efecto, la pregunta es, ¿y para qué sirven la “antigüedad”, la “tradición” y demás yerbas, si éstas se ponen al servicio de una alianza con los enemigos jurados del gobierno colorado y del coloradismo, tal como lo hizo “Marito” con Efraín Alegre, el rostro más espantoso que pueda mostrar el liberalismo?

    En el caso de los “Añetete” y su líder, el senador Mario Abdo Benítez, el romance político con el titular del PLRA se inició desde hace ya varios años. Juntos arremetieron una y otra vez contra los proyectos emblemáticos del Poder Ejecutivo, sin importarles un comino perjudicar los intereses nacionales. Juntos impusieron en la presidencia del Congreso al liberal Robert Acevedo; un impresentable sobre el cual pesa una tonelada de denuncias por sus vínculos con el narcotráfico. Y también juntos, primero destruyeron el funcionamiento institucional de la Cámara Alta, al presentar un proyecto de ley, el de la enmienda, con el objeto de rechazarlo en forma meteórica, para después convertirse en los ejecutores de la estrategia de violencia promovida por los medios hegemónicos, que derivó en los trágicos episodios de la crisis del pasado 31 de marzo.

    Solo en el periodo de los últimos doce meses, la alianza conformada por “Marito” y Efraín anuló el proyecto de ley de emergencia educativa, propuesto por el gobierno para reparar los colegios y escuelas que ya entonces amenazaban con caerse sobre las cabezas de nuestros jóvenes. Las bancadas que dirigen en el Senado, de común acuerdo, postergaron por meses la aprobación de la normativa para que el salario mínimo se ajuste de manera automática todos los años, así como un crédito de 200 millones de dólares otorgado por el BID para financiar obras públicas. No satisfechos con ello, destrozaron el proyecto de Presupuesto General de la Nación, no dejando otra opción al Ejecutivo más que vetarlo, luego lanzaron una campaña de boicot internacional a la colocación de los bonos soberanos del Paraguay y ahora pretenden sabotear el histórico acuerdo de Yacyretá, cuya concreción producirá grandes beneficios para nuestro pueblo.

    De nada de eso puede acusársele a Peña, por más que antes haya estado afiliado al PLRA, como cuestionan los de mentalidad cavernícola. Al contrario, fue una de las piezas claves para impulsar todos y cada uno de esos emprendimientos del gobierno colorado y, al afiliarse a la ANR, obtuvo los mismos derechos que le asigna los estatutos a cualquiera de sus miembros.

    Es muy diferente al caso deMario Abdo “el antiguo”, Mario Abdo “el de tradición” colorada, al “Marito” que actuó todo este tiempo como simple furgón de cola de… ¡un liberal!, el peor de todos, quien haría sentir vergüenza a los Cecilio Báez y Manuel Gondra, tal como abochorna en la actualidad a los auténticos liberales.

    ¿Será ésta la “antigüedad” que reivindican Juan Afara, Hugo Velázquez y Luis Alberto Castiglioni? ¿Es ésta la “tradición” que defiende Nicanor Duarte Frutos? ¿Se olvidan todos ellos que hace cinco años nos presentaban a un “outsider”, como Cartes, sin ninguna experiencia política ni en la administación pública, cual si fuera el remedio para todos los males? ¿O en realidad eso les importa un pito y lo que en verdad buscan son sus propios espacios de poder para satisfacer sus ambiciones personales?

    Sería más productivo que disidentes y “neo” disidentes dejen de lado su discurso mediócre, retrógrado y mentiroso, y utilicen su tiempo para esbozar un proyecto político alternativo al del oficialismo, del que evidentemente carecen. De lo contrario, quedarán ante la ciudadanía como hipócritas de larga data, es decir, viejos cínicos.

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    Publicado por jotaefeb | 24 mayo, 2017, 8:52 am
  2. Irreprochables

    Por Benjamín Fernández Bogado

    Esa ha sido la palabra que usó el recién electo presidente de Francia cuando le preguntaron por qué no daba a conocer aún a los miembros de su gabinete. Macron quería personas dignas, capaces, honestas y diligentes. El electorado había enviado un potente mensaje de cambio a unos políticos que venían turnándose en el poder de signos contrarios, pero comportamientos idénticos. No querían saber más ni de gaullistas ni de socialistas, querían personas que representaran comportamientos y opciones diferentes, y así eligieron al más joven de los mandatarios que recuerde la tierra de la revolución por la “libertad, la igualdad y la fraternidad”. Los irreprochables no son seres inmaculados o extraterrestres, pero sí comprometidos con una manera distinta de entender y hacer la política.

    Ahora que estamos en plan de escoger a candidatos, no sería mala idea la de buscar a los irreprochables para sustituir a quienes han venido convirtiendo a la política en una tarea inmunda y corrupta. Para eso debe el soberano estar convencido de que quiere políticos que se le parezcan en valores y no cargar penas en forma de mandatarios infieles y felones. Tiene que venir la revolución de abajo. Los mandantes deben rebelarse a los candidatos impuestos, a los del dinero que pretende comprarlo todo, a la inmunda mercadería del voto que traiciona y aniquila el porvenir de muchos. Para que surjan los irreprochables tiene que haber cansancio y agotamiento de haber elegido mal. Debe ser el resultado de una autocrítica que se levante contra la ignominia de haber sido gobernados por los peores y animarse a cambiar por los mejores. Debe ser una revolución constante contra un statu quo que acabó con la mística, el entusiasmo y el compromiso con las ideas y con los partidos. No nos tiene que gustar más lo que tenemos para rebelarnos contra la realidad que nos atosiga y atormenta. Si no somos capaces de producir ese cambio de paradigmas, los irreprochables no se acercarán a la política, y si lo hacen solo serán objeto de burlas y rechazo.

    En Paraguay, la zona de confort entre sectores, entre los excluyentes y los excluidos, aún es muy grande y ni uno ni otro percibe la necesidad de cambiar. Lo están provocando, es cierto, pero todavía no es suficiente. Entre las decepciones y los cínicos se han acumulado en número quienes solo pretenden que el irreprochable siga siendo el vyro (el tonto) que habita el país equivocado. Mientras esto no cambiemos, nada cambiará.

    A veces, la historia se escribe de manera extraña como en Brasil, acaso el país más desigual y violento del planeta, donde una extraña Justicia busca reparar las profundas causas de la pobreza y de la exclusión llevando a la cárcel a sus responsables públicos y privados. No se detiene ante nada. Acabaron con las mentiras del Partido de los Trabajadores y ahora van contra sus socios en la administración del poder. Entre el juez Moro y otros irreprochables están lavando con creolina la cloaca a cielo abierto del Brasil.

    Necesitamos llegar a semejante hartazgo para producir la más profunda de las revoluciones paraguayas: la ética, la que acabe con el país del conformismo, la tragedia y la irreversible tendencia hacia el fracaso.

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    Publicado por jotaefeb | 21 mayo, 2017, 9:02 am
  3. Y luego ponen la escarapela

    Y hasta tiene la caradurez de plantar una escarapela tricolor al borde de su logotipo. Como si fuera un gran patriota y el diario que dirige ídem. La escarapela en realidad, le tiene sin cuidado, lo decimos en el sentido de que es un símbolo de patriotismo, de amor a la patria, al pueblo, a las familias, al futuro, por la prosperidad de los compatriotas, etc.

    No. Todo eso, “Don Acero” y su diario se la pasan por…nos reservamos la grosería.

    Habrase visto tamaño cinismo, rendir homenaje a la Patria en su día. Hacer una cosa para quedar bien con la gente, pero por otro lado, sabotear algo que es del más alto interés nacional, porque supone el fin de varias décadas de sometimiento a la Argentina, donde este país hizo cualquier cosa con nuestros intereses. Derechos genuinos que le correspondían al pueblo paraguayo.

    Estamos hablando del preacuerdo de Yacyretá, donde en mala hora, “Acero” perdió su “bandera” de la enmienda y tenía desesperadamente la necesidad de tomar otra, para seguir vendiendo su sucio diario, entre otras cosas, y justo allí apareció en el horizonte otro gran tema, el de la reconversión de la EBY.

    Antes de conocer lo que se firmaría como “preacuerdo”, ya empezó el tiroteo. Por supuesto, una vez develado el “misterio”, ya no podían dar marcha atrás, y siguieron de largo con una aviesa campaña que pretende tapar la luz del sol con las manos: todo el mundo no digamos aplaudió, pero estuvo de acuerdo con el acontecimiento. A tal punto que en la Argentina, los conservadores miraron el asunto medio de costado, por lo que se había “cedido” al Paraguay. Los técnicos más calificados, los empresarios más representativos, todos en general, miraron con buenos ojos lo que se había hecho, aunque por supuesto se tienen cosas que mejorar seguramente.

    Pero nadie, absolutamente nadie, salvo ABC, se atrevió a plantearlo como un caso de “traición a la Patria”.

    Atrevimiento único y exclusivo de las huestes del nonagenario director del diario atolondrado.

    Y los liberales que tuvieron el desatino de sacar del sarcófago a Efraín, no podían fallar. No tienen alma, no tienen pueblo, no tienen nada, pero tienen al diario ABC, como su refugio y guía. La ola de violencia que desataron con el tema del no a la enmienda, les salió bien y entonces están prendidísimos a ese carro.

    Ahora el directorio de la entidad decidió orondamente que “se opone al acta de Yacyretá” y que “denunciará penalmente a los senadores que voten a favor”.

    Como si fuera la venta de un kilo de coquitos, algo sin ninguna importancia. Para tirotearlo porque sí. Tratando de sobrevivir en estos duros tiempos políticos. Otra partida de sinvergüenzas. Son capaces de vender a su madre con tal de seguir vivos y prenderse a algún carro. Que les importa el país. ¿Acaso hicieron estudios, se hicieron asesorar razonablemente, para entender a fondo una cuestión tan ríspida como la de Yacyretá? Nada de las nadas. El asunto es meterle palos a la rueda, aunque ello deje sin riquezas ni posibilidades de desarrollo al país.

    Y luego se llenan la boca de patriotismo. Bandidos, eso es lo que son. Juegan con el futuro de sus propios hijos.

    Y luego ponen la escarapela…

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    Publicado por jotaefeb | 18 mayo, 2017, 8:17 am
  4. ¿Unidad en torno a un perdedor?

    A lo largo de los años transcurridos después del golpe de Estado, y con la apertura política consolidada en las últimas décadas, nos hemos acostumbrado a ver que en las elecciones nacionales y municipales se presentan candidatos de partidos o movimientos pequeños que no tienen ninguna posibilidad de ganar, pero compiten de manera casi testimonial a fin de ir ganando espacio dentro de la política, tradicionalmente reservada solo a los grandes.

    Así que las candidaturas testimoniales se convirtieron en algo común en las contiendas electorales paraguayas, y todos hemos terminado por aceptarlas y entender su objetivo.

    Pero un partido político que tiene más de 100 años de fundación, que es considerado el segundo más grande del país y que en las últimas elecciones generales obtuvo 900 mil votos, solamente puede competir para ganar. No puede pegarse el lujo de apoyar a alguien que no tiene ninguna chance; no puede, definitivamente no puede tener una candidatura testimonial.

    El PLRA tiene que competir para ganar, no para decir “aquí estoy”, porque ya sabemos que allí está; ahora es tiempo de que haga algo con el lugar que ocupa. Por eso es que resulta inadmisible que un hombre como Miguel Abdón Saguier, político de larga trayectoria y senador desde hace varios años, exija reciprocidad en los demás sectores de la oposición y plantea la candidatura de Efraín Alegre a la Presidencia de la República.

    Alegre perdió en el 2013 y volverá a perder en el 2018, y no por tener mala suerte, sino por su absoluta incapacidad de actuar como un líder político aglutinante. Nadie cree en lo que Efraín pueda decir o prometer, porque ha demostrado con creces que es alguien incapaz de administrar conflictos; al contrario, en lo que realmente es bueno es en crearlos.

    Así que cuando Saguier plantea reciprocidad en torno a la figura del presidente del PLRA, nadie puede tomarle en serio, porque no hay forma de que pudiera haber alguna alianza electoral en torno a una figura carente de todo liderazgo y con el fracaso grabado en la frente.

    Saguier y los otros importantes referentes que tiene el Partido Liberal, centenario y multitudinario, deben empezar a abrir los ojos y a pisar tierra. Su candidato no tiene ninguna posibilidad de ganar a la ANR en el 2018. Ni siquiera si se produjera algún milagro y logra el apoyo de otros sectores de la oposición.

    Alegre nació para perder. Es su destino, y la oposición debe liberarse de él cuanto antes para no seguir por el mismo derrotero.

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    Publicado por jotaefeb | 18 mayo, 2017, 8:17 am
  5. ¿Qué propone el frente “anti HC”?

    Hay un sector de la clase política nacional que no ha tomado nota de los acontecimientos de los últimos años. No se ha percatado de que la ciudadanía paraguaya se ha puesto los pantalones largos, que en este momento es consciente de su valor y tiene muy claras sus prioridades. Por eso, los integrantes de dicho sector siguen pensando en que los paraguayos son fáciles de engañar con espejitos falsos.

    Craso error. Los paraguayos, como ciudadanía, hemos evolucionado tanto que ya no tenemos paciencia para líderes mesiánicos, falsos profetas, personajes turbios que se unen entre sí para buscar la mejor forma de seguir jodiéndonos.

    La mejor prueba de esto es el conocido como frente anticartista, integrado por colorados que se sintieron traicionados por el jefe de Estado al no contar con su bendición para algún cargo público. Lo único que ellos pretenden es utilizar este frente como una especie de muro de los lamentos, donde se juntan para planear ataques en contra de Cartes y su gobierno.

    Su incoherencia y falta de sustancia son tales que, mientras critican el “modelo Cartes”, se nota que no tienen la más mínima idea de en qué se basa éste y qué es lo que encuentran cuestionable en él. Dicen que salvarán al partido de la colonización a la que le ha sometido el presidente, y son tan caraduras que parecen haber olvidado que la mayoría de ellos hasta no hace mucho no solo apoyaban al colonizador, sino que se mostraban más que dispuestos a jugarse públicamente por él.

    Tanto Mario Abdo Benítez como los demás “anticartistas” fueron furiosos cartistas, hasta que vieron que el jefe de Estado no tenía intenciones de seguir apuntalando sus candidaturas a algún cargo electivo. Marito se enojó cuando no fue el delfín de Cartes en las internas coloradas del 2015; Nicanor Duarte Frutos fue su embajador hasta hace 2 años y renunció cuando se dio cuenta de que jamás sería tomado en serio como alternativa para algún cargo.

    Otros, como Hugo Velázquez, fueron furiosos oficialistas hasta hace apenas unos días, cuando descubrió que no figuraba en los planes del presidente para el próximo Parlamento. De Luis Castiglioni no hay nada nuevo que contar; lleva más de 9 años soñando con ser el candidato colorado a la Presidencia de la República y, hasta hoy, no ha conseguido que nadie lo tome en serio.

    Con semejantes antecedentes, parece absurdo pretender que este frente tenga alguna propuesta seria sobre algún modelo de país que responda a las necesidades de la gente. Aunque se muestren como reivindicadores de la doctrina social de la ANR, cada vez resulta más obvio que ni siquiera saben de qué hablan, puesto que no conocen a los precursores de la misma y son incapaces de plasmarla en propuestas y proyectos.

    Lo único que hacen es hablar y como gozan de la complicidad de los medios llamados “independientes”, utilizan el espacio para lo único en lo que realmente son expertos, incitar, despotricar y desacreditar a quienes sí demuestran con hechos que no tienen intención de volver a los grandes discursos que no sirven para nada.

    Solamente pueden ofrecer lo que tienen, un frente “anti” con el que buscan aglutinar a los disconformes que ahora se sienten excluidos de las listas de candidatos que competirán en el 2018. Porque ellos encaran el viejo esquema, el de los hombres escombros, los que se afiliaron a la ANR para conseguir cargos o zoquetes, los que eternamente se han manejado en base a la prebenda y el clientelismo.

    Este frente no es anticartista; es, claramente, antiparaguayo. Y eso se nota.

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    Publicado por jotaefeb | 18 mayo, 2017, 8:16 am
  6. La hojarasca colorada

    Por Miguel H. Lopez
    Iñakã jagua la Cárter candidato (sic), me dijo en estos días un amigo campesino que andaba de trámites por Asunción. Él es colorado “desde siempre”, como se define, y estaba como enfadado y confundido con lo que pasaba en su partido en torno a la danza y sondeos de precandidaturas presidenciales para las internas del 17 de noviembre próximo.

    Nos conocemos hace muchos años, de cuando las movilizaciones eran más masivas. Y siempre que viene a la capital, se hace notar para aprovechar y preguntar de todo, apelando a aquella mala fama que tenemos los periodistas de que supuestamente “sabemos todo lo que pasa”.

    Escuché pacientemente su requisitoria, luego respondí puntualmente, lo más claro y menos opinado posible. Después de un breve silencio, el necesario para procesar la información sobre el delfín del presidente de la República, el ministro de Hacienda, Santiago Peña, vinieron los agudos comentarios de Baldomero. “Ijetu’u. Wasmosy hasýma va’ekue voi ojekoloka haguã. Upéva ipláta ha monda rupínte osê va’ekue. Mbatara kuri ha kóva mbatara jevy hína”. El punto que coloca es el mismo que presiona la cabeza de los operadores y la dirigencia colorados. La extracción liberal del mimado de Cartes (afiliado a la ANR hace 6 meses) lo vuelve de digestión difícil. Al parecer, por ahora, ni el bicarbonato económico está pudiendo neutralizar la acidez de las voluntades electoraleras.

    “Cárter oporohovapeténte plátape ha ojapo ojaposéva. Chimíko rupi oguãhê va’ekue avei presidénciape. Ko’ãnga nda’upeichaiteveima hína. Oîma ombohovakétava ha ombohováitava ichupe. Afara ha Diputado presidente, Veláke, (Velázquez), ojehekýima ijykerehegui. Nikanor jepe oñemoî hese. Abdo ra’y avei, aunke upéva ikangy, ipituva”.

    La diáspora interna de la ANR, que a la postre se arregla como sea, cuando los pingos entran en la recta final, está dejando a Cartes sin sus viejos aliados. Las pretensiones presidenciables de su vicepresidente –que ahora le confronta y quiere manotearle el liderazgo opositor interno a Marito– coloca un elemento imprevisto en los caprichos cartistas. El perfil de bajos quilates del que también adolece la dirigencia colorada, insufla el coraje a cualquiera a querer ser el ñakyrã pire de la fiesta. Nicanor observa y anuncia que espera, mientras camina hacia el Senado.

    Hendy ha overáta kóva. Heta opytáta ipelécho, oîta opêva ha hesakua hûtava. Amo hapópe ñapo’êmba jevytante opavave.

    Baldomero lo sabe. Es la repetición de lo mismo. De triunfar cualquiera, el mal terminará siendo para y contra todos. Un peor gobierno siempre es posible.

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    Publicado por jotaefeb | 18 mayo, 2017, 8:07 am
  7. Una disputa con actores secundarios

    Por Marcos Cáceres Amarilla

    En las elecciones generales de 2018 es posible que los candidatos a Presidente, especialmente en el oficialismo, sean una excusa o casi actores secundarios, de quienes realmente entrarán a disputar el poder para los próximos años en nuestro país.

    Por lo que parece, se ofertarán para entonces candidaturas cuyas apariciones poco tienen que ver con alguna clase de liderazgo natural, sino que más bien son producto de decisiones ajenas al elegido o de circunstancias casuales que los colocaron en el escenario.

    En el partido oficialista es más que evidente que Santiago Peña solo será candidato por decisión del actual presidente Horacio Cartes, cuya intención es utilizar la figura del ministro de Hacienda para proyectar al electorado una imagen de juventud, renovación, novedad y continuidad de una política que se presenta como eficiente y exitosa. Peña es presentado casi como una antítesis del vetusto Partido Colorado.

    Con este candidato, se asegurarían su lugar en la lista para el Senado algunos de los más leales al Presidente, como los legisladores Lilian Samaniego, Juan Darío Monges, Óscar González Daher, Gustavo Alfonso, entre otros, acompañados de personas más cercanas al Presidente y no tan ligadas al ámbito político partidario.

    Peña, pese a ser supuestamente la principal figura de este proyecto, no tendrá incidencia para sugerir algún candidato de estas listas, dado que carece de independencia y poder político real.

    En la disidencia colorada, la candidatura de Mario Abdo Benítez es producto de las ínfulas absolutistas de Cartes que obligaron al senador a elegir entre humillarse o instalarse como la figura que podía capitalizar en la interna el descontento de quienes fueron en algún momento expulsados o que nunca tuvieron condiciones para ser parte del entorno presidencial.

    Abdo Benítez se benefició con el respaldo de quienes veían (y ven) al Presidente como un intruso en el Partido Colorado, que quiere fundar un nuevo esquema en el que la mayoría de ellos no tendrá cabida, a menos que acepten sus reglas.

    Detrás del candidato disidente tienen previsto quedarse en el Senado la mayoría de las figuras que lo acompañan ahora en su equipo: Juan Carlos Galaverna, Silvio Ovelar, Óscar Salomón, Enrique Bacchetta, Blanca Ovelar, Arnoldo Wiens, encabezados todos ellos por el actual vicepresidente de la República y neoanticartista Juan Afara.

    En el arco opositor, el único candidato presidencial que asoma hasta ahora es el presidente del PLRA, Efraín Alegre, sobre cuya proyección política más allá de los límites partidarios muchos descreen. Alegre cifra sus esperanzas en ser, por alguna circunstancia, la única alternativa posible para enfrentar al candidato colorado que surja.

    Si él termina siendo el candidato liberal, pretenden entrar en las listas varias figuras partidarias, algunas tradicionales y otras que significarían una cierta renovación.

    Las otras posibilidades que se barajan en sectores independientes de la oposición rayan la fantasía y tienen que ver con la aparición de una figura no identificada con el PLRA, que aglutine a todos los sectores que ven como algo negativo la continuidad del sistema colorado.

    El panorama lleva a pensar que algunos de los que planean mover los hilos en el futuro escenario político estarán convenientemente colocados en el Congreso.

    Sin embargo, la experiencia no tan lejana dice que los acuerdos y lealtades en ese ámbito son siempre volátiles.

    Además, aquellos a quienes se coloca como presuntas marionetas pueden terminar dando sorpresas dado que, hasta el más insignificante personaje, al tomar conciencia de que tiene poder, puede querer tomar sus propias decisiones.

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    Publicado por jotaefeb | 18 mayo, 2017, 8:01 am
  8. El más capaz

    Por Edwin Brítez

    Soy de los que se emocionan con la posibilidad de contar con gente capaz en el Gobierno, en sus tres poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial, pero desde hace un buen tiempo se me viene desinflando ese sentimiento, especialmente desde que leí la explicación que da el filósofo Karl Popper sobre el gobierno de los mejores.

    En 1996 la ciudadanía capitalina eligió intendente de Asunción a Martín Burt, quien tenía fama de ser la persona más capaz entre todos los aspirantes, pero luego esa misma ciudadanía lo votó en la prensa digital como el peor. También hay casos de presidentes de países sin la capacidad suficiente para ejercer el cargo que terminan siendo el mejor, comparativamente. Se dice que el general Rodríguez cumplió ese papel en la transición, a pesar de la paradoja de que una democracia sea liderada por un militar.

    No está de más advertir que las votaciones para elegir quién fue mejor o peor carecen de la rigurosidad científica y para votar no se realizan evaluaciones racionales, pero es el pálpito del momento. Es lo que queda instalado.

    Entonces ¿qué debemos hacer para tener un buen gobierno? ¿No es necesario elegir al más capacitado de todos los contendientes? ¿Es suficiente con que gobierne bien, sin tener la capacidad o formación personal para ello?

    Una respuesta la da el filósofo Karl Popper al advertir que Platón creó la confusión al preguntarse ¿quién debe gobernar? y la respuesta lógica de que deben ser los mejores, conlleva el reconocimiento de que no siempre es así por lo que se plantea la eventualidad de un mal gobierno. Entonces la pregunta correcta es: ¿cómo debe ser la organización de las instituciones gubernamentales para que los malos gobernantes causen el menor daño posible al país?

    O sea, la cuestión básica, en vez de ¿quién debe gobernar? pasa a ser ¿cómo debe gobernar? dada la constatación de que raras veces los elegidos han sido personas por encima del promedio. Popper señala que ser el más capaz en el gobierno no es garantía porque hasta los más poderosos tiranos dependen de sus aliados, verdugos, anillos y de su seguridad pública y secreta.

    Hace unos días en una charla con socios de Cerneco traté de torcer el debate muy pesimista sobre qué hacer para tener una mejor representación, trayendo a colación experiencias exitosas en el tema electoral como fuentes de animación para los demás. Cité los casos de Carlos Filizzola, Martín Burt, Mario Ferreiro, Fernando Lugo, Luis Yd y otros, sin entrar a juzgar sus gestiones ni actuales roles.

    Una de las activas participantes retrucó diciendo que todos los mencionados fracasaron por falta de exigibilidad, a lo que luego señalé que quienes fracasamos fuimos nosotros, los electores. En primer lugar, porque nadie controla a los elegidos y nuestra permisividad de sociedad hace que no exijamos el cumplimiento de las promesas, para terminar nuevamente votando por ellos, a sabiendas de que no cumplieron o lo hicieron mal.

    El tema cobra de nuevo vigor en nuestro país con la postulación como precandidato del ministro de Hacienda, Santiago Peña, quien posee títulos suficientes para aspirar a la presidencia de la República. Karl Popper nos advierte, si queremos equivocarnos otra vez pensemos en la respuesta ¿quién debe gobernar? en vez de ¿cómo debe hacerlo?

    La primera reacción que tengo a esta cuestión es que responderemos una vez más a la pregunta más fácil… y equivocada de ¿quién debe hacerlo? Porque esperamos –al igual que en las comisiones vecinales de la campaña– que el presidente electo lo haga todo por nosotros, sin exigirle nada, sin controlar nunca y sin ninguna reprochabilidad por su evidente culpabilidad. Es decir, lo más cómodo que nos habilite luego a ejercer el derecho más popular: plaguearnos.

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    Publicado por jotaefeb | 18 mayo, 2017, 8:01 am
  9. La ambición de pocos puede enterrar los avances logrados

    Ya en el cuarto mes del año que transcurre, se observa que el panorama político se va volviendo más crítico por la irracionalidad de algunos actores políticos. El tema de la reelección planteado desde el partido gobernante como expresión del Poder Ejecutivo es lo que genera el clima de tensión e incertidumbre que se percibe claramente en algunos sectores ciudadanos.

    Lo que se cuestiona, en la mayoría de los sectores del país, no es que el presidente de la República tenga la posibilidad de ser reelecto, si es que el Soberano así lo determina, sino el momento en que se lo plantea y la forma en que se pretende llevar a cabo la propuesta.

    Una idea tan relevante para la Nación no puede concretarse en medio de un clima electoral en que lo más resaltante son las ambiciones políticas, el deseo de permanecer en el poder o acceder a él. Tiene que existir tranquilidad espiritual. Es la razón la que debe primar, no la ambición.

    Por otro lado, es necesario respetar las formas establecidas por la Constitución Nacional. Nadie, con el propósito de ser reelecto, puede violentar las reglas de juego que se han instituido en base a un pacto social implícito y explícito.

    Si estuviera permitido transgredir las normas, solo bastarían los votos; las leyes serían meras figuras decorativas, inservibles. Y en una República eso es inadmisible porque esa actitud es dictatorial. Guste o no, responda o no a los intereses personales o grupales, hay que obedecerlas. Si no, se quiebra el Estado de Derecho. Y esto, técnicamente, es un Golpe de Estado aunque sus propiciadores no quieran admitirlo.

    En el debate hay dos aspectos legales muy contundentes. Por un lado, la Constitución determina que lo atinente a la imposibilidad de reelección solo puede ser modificado por una Reforma Constitucional.

    El artículo 229 de nuestra Carta Magna dice: “El presidente de la República y el vicepresidente durarán cinco años improrrogables en el ejercicio de sus funciones (…). No podrán ser reelectos en ningún caso”. Más claro, agua. “Improrrogables” y “en ningún caso” cierran herméticamente la puerta de la repetición de mandato.

    Por otro lado, su artículo 290 establece que “la duración de mandatos” no podrá ser resuelta vía enmienda sino a través de una Reforma.

    A esas murallas infranqueables hay que agregar que el artículo 289, que habla de la enmienda, sostiene sin posibilidades de doble interpretación que si una de las cámaras del Congreso rechaza el proyecto de enmienda, el mismo no podrá volver a ser presentado “dentro del término de un año”. La Cámara de Senadores ya rechazó el proyecto el 25 de agosto de 2016. Por lo tanto, cualquiera sea el maquillaje dado al “nuevo” proyecto, el mismo solo puede ser estudiado de nuevo después del 25 de agosto de este año. La presentación de un proyecto de enmienda “alternativo” que incluye el agregado o la “novedad” de que abarca a los gobernadores en el planteamiento de reelección, por lo que se ha señalado, transgrede normas constitucionales. Aquí ni siquiera vale la trampa resbaladiza de que “la mitad de la biblioteca jurídica está a favor de un postura y la otra mitad, en contra”. Los textos no se prestan a confusiones al ser interpretados.

    La ciudadanía tiene que estar muy atenta al desarrollo de los acontecimientos. Luz verde al “nuevo” proyecto –basado solo en votos, no en argumentos jurídicos-, implica ir a las urnas en pocos meses, referéndum mediante, para aprobar o rechazar el proyecto de ley. Si en ese plebiscito obtiene la mayoría de votos la postura de la reelección, esa ley quedará vigente.

    De darse ese resultado, el próximo presidente de la República tendrá un problema de legitimidad de origen. Si un mandato se funda en el irrespeto a la Constitución, el gobierno carece de fundamento jurídico constitucional. Y el país entrará en una etapa que traerá graves consecuencias para todos, echando por tierra los pocos avances que se han obtenido en casi 30 años de peripecias democráticas.

    Atendiendo a las circunstancias, lo racional es que los que fueron ya presidentes y el actual no tengan el amparo de una ley ilegítima para volver a candidatearse y, eventualmente, ser reelectos. Y que, entonces, corran con sus candidaturas para la presidencia de la República aquellos que no tienen impedimento alguno para acceder al cargo.

    Los que han catapultado la idea y sostienen que “porque el pueblo quiere” -que significa romper la institucionalidad-, de dudosa identificación, tiene que haber reelección, tendrían que saber que la ciudadanía está observando su comportamiento. Y que si bien puede haber una masa favorable a su posición ilegal, muchos son los que no llevan la cabeza solo para completar su anatomía. Y que, a la hora de la verdad, en las urnas se les va a pasar la factura.

    Aquellos que han hecho de la mentira y la manipulación una industria deben saber que hay una conciencia crítica cada vez más extendida en relación a los que priorizan sus intereses en relación a los del país.

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    Publicado por jotaefeb | 17 mayo, 2017, 7:52 am
  10. La renovación aterra a la vieja política

    El discurso político, así como el papel, aguanta todo. Con estoicismo y paciencia tenemos que escuchar por estos días a históricos referentes de la política quejarse porque determinado candidato estaba afiliado a un partido y pasó a otro y ahora es probable candidato a presidente. Resulta que el mencionado hipotético candidato, Santiago Peña, es un reconocido hombre de Estado, con funciones anteriores en el Banco Central del Paraguay y luego como ministro de Hacienda, generando en ambas funciones el reconocimiento por su capacidad y probidad. Muchos de los que lo critican, sin embargo, son figuras desgastadas de la política, muchos sospechados o procesados por hechos de corrupción, eternos burladores de la Justicia en materia de impunidad y enormes beneficiarios de las políticas del clientelismo y el pokarê de un Paraguay que ya no resiste más saqueos.

    Aquí es donde debe primar la conciencia crítica de los ciudadanos para separar la paja del trigo. ¿Qué preferimos? Un político cuyo único mérito ha sido militar por décadas en determinado partido, arrasando a su paso con la caja de las instituciones, empleando a amigos, parientes y amantes y burlándose de la Constitución; algún nieto de la dictadura, gozando de la fresca viruta de los recursos acumulados mediante el latrocinio sangriento y torturador; o un hombre público nuevo, sin el barro de la corrupción en la planta de los pies y con capacidades técnicas y gerenciales para avanzar sobre el futuro.

    Es increíble la hipocresía con que se manifiestan muchos miembros de la clase política como si ellos fueran dueños de un futuro mejor, en tanto de lo único que han sido dueños hasta ahora es de un pasado de vergüenza. Y sinvergüenzas.

    Ojalá en todos los frentes surjan propuestas nuevas porque cuanto más alejados se encuentren de la vieja política más aptos estarán para seguir apostando a un proceso de renovación que la República pide a gritos. Pero no será fácil, porque incluso algunos de los partidos con ínfulas de prodemocráticos no han hecho sino transformarse en organizaciones familiares en los que los cargos de senadores pasan de esposa a esposo o nunca dedican algún esfuerzo a la renovación de sus estructuras, se establecen como “partido jára” y desde allí lucran permanentemente con los cargos electivos y las “oportunidades laborales” que ofrece el TSJE o las oficinas del Congreso “para los amigos”.

    Es natural que la postulación (aún cuando ella se encuentre en proceso de confirmación) de Santiago Peña genere estupor en propios y externos al Partido Colorado. Lo hipócrita y lo que nadie dice públicamente es que el problema no radica precisamente en que el mencionado político y ministro fuera previamente del PLRA o ahora milita en la ANR. Ese es un problema menor y todos lo saben. Lo que realmente provoca preocupación es que “gente como él” gane las elecciones y continúe asfixiando a la vieja política con las ideas de concurso de méritos y aptitudes para acceder a los cargos, o de transparencia o de buena gestión administrativa que impide a los punteros políticos llegar hasta la caja fuerte de las instituciones. Eso es en verdad lo que provoca esta crisis en la oposición interna y externa.

    Ojalá las internas de los partidos políticos (al menos los pocos que producen internas reales en nuestro medio) se encuentren polarizadas por esta confrontación que actualmente se plantea: el continuismo versus la renovación. El continuismo es una apuesta al pasado. Es aquella fórmula que ha representado un inventario de todos los males del Paraguay desde la posguerra guasu y logró –con estupendo estado físico– saltar la valla de la transición y seguir vivito y coleando.

    Ojalá todos los partidos y frentes políticos se animen en el 2018 a “refrescar” sus listas con nuevas figuras, ojalá deje de mancharse la expresión “tradición política” para esconder entre sus pliegues lo que verdaderamente se quiere representar: la praxis mugrosa y decadente del caudillismo, dueño de los bienes del Estado y en condición de administrarlos para beneficio de unos pocos y el hambre de muchos.

    Ojalá el mismo clima y la misma “crisis” se viva en el PLRA y en los partidos progresistas. La “crisis” de ocasionar una gran tensión porque se enciende la mecha de una intención detonadora de la renovación de la gestión política y burocrática en el Paraguay. Ya no importa que finalmente los Santiago Peña o quien fuera que también represente renovación lograra o no el triunfo en las urnas, lo importante ya se habrá logrado, darle a los partidos tradicionales la oportunidad de respirar un aire nuevo.

    Mientras tanto, gocemos con espíritu humorístico del testimonio de los consagrados lugartenientes de la vieja política cuando se escandalizan de una postulación renovadora y dicen –sin ruborizarse– que lo hacen en nombre de la patria. De la patria que ellos desangraron eternamente tendrían que añadir.

    http://www.lanacion.com.py/editorial/2017/05/17/la-renovacion-aterra-a-la-vieja-politica/

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    Publicado por jotaefeb | 17 mayo, 2017, 7:47 am
  11. El Pato Donald presidente

    Por Guido Rodríguez Alcalá
    Se ha criticado mucho la decisión de Cartes de nombrar al sucesor. Yo también la critico, pero pienso que, por desgracia, Cartes puede salirse con la suya por tres razones. En primer lugar, por la fragmentación de los partidos y movimientos políticos. En segundo lugar, por el dinero que tiene. En tercer lugar, por esa tecnología de la información y la comunicación llamada big data o datos masivos, sobre la cual existe buena información en Wikipedia.

    ¿Cómo se utiliza esa tecnología en una campaña electoral? Me permito dar el ejemplo mencionado en un excelente artículo de Carole Cadwalladr en el Guardian (The Great British Robbery). Una compañía canadiense, Cambridge Analytica, compró una enorme cantidad de información aparentemente irrelevante: a qué revistas estaban suscritas, qué compraban por internet, adónde iban de vacaciones varios millones de personas. Sobre la base de esas informaciones (data), pudo trazar los perfiles sicológicos de esas personas y saber cómo irían a votar, con un margen de probabilidades razonable. Ese conocimiento le permitió a Cambridge hacer llegar a las personas perfiladas el mensaje que podrían aceptar.

    El mensaje podía ser positivo o negativo. Era negativo hacerles creer que Estados Unidos se veía invadido por hordas de inmigrantes, que iban a destruir el país. Mensajes de este tipo se utilizaron –según el artículo del Guardian– para hacerle ganar las elecciones a Donald Trump y para que, en Reino Unido, ganara el brexit (la salida de la Unión Europea). Sin ser omnipotentes, Cambridge y otras empresas del ramo han montado un sistema que puede utilizarse en el resto del mundo. Las empresas pertenecen a multimillonarios descontentos con la democracia, y que saben cómo transmitir su descontento a un sector considerable de los votantes; no a todos, pero sí al porcentaje suficiente para decidir las elecciones. No se trata solamente de multimillonarios, sino de lo que el presidente Eisenhower llamó el complejo militar-industrial: el contubernio de militares, agencias de seguridad, grandes empresas y funcionarios estatales.

    Me permito agregar lo siguiente al trabajo investigativo de Carole Cadwalladr. La prensa escrita y de opinión ha perdido terreno frente a otras formas de comunicación, como las llamadas redes sociales; es algo que pasa en todo el mundo.

    El New York Times tumbó al presidente Nixon; el presidente Trump puede desafiar al Times porque cuenta con sus interneteros y agentes de propaganda. El presidente Cartes puede desafiar a la prensa local porque tiene el apoyo de sus consultores internacionales a sueldo, que saben cómo hacer llegar mensajes políticos. No me sorprendería que también tuviera el apoyo del pato, digo del Donald más peligroso: Donald Trump.

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    Publicado por jotaefeb | 17 mayo, 2017, 7:40 am
  12. Listas sábana de hechura stronista

    Por Jorge Rubiani

    Las listas sábana son parte de la “democracia stronista” que se resiste a desaparecer. Con el mismo sistema que permitía al dictador aprobar las nóminas de candidatos –cuando no las hacía él mismo– para cualquiera de las “elecciones” de entonces. Igualitas. Elaborada con el papel calco de los tiempos autoritarios; con idéntica arbitrariedad y renuente a toda iniciativa que permitiera mejorar el mecanismo. Aunque fuera para la confección de las listas ya que en esos tiempos, las prácticas democráticas eran tan perfectas que los resultados electorales se conocían con meses de anticipación. Y si era el “único líder” o algunos de sus infatuados chupamedias quienes establecían el nivel jerárquico entre “réprobos y leales“, las listas de ahora son confeccionadas por las cúpulas de los Partidos o las de sus movimientos internos. Las que, en la mayoría de las veces, están constituidas con el apellido del pichoncito de déspota… y el ismo correspondiente. Lejos de la tan cacareada participación popular. A distancias siderales del sistema democrático que tantos sacrificios demandó. De tantas esperanzas frustradas; tanto luto.

    Pero así son las “corrientes del pensamiento” en nuestros partidos políticos de hoy, y como el “führer” antaño, deciden “quien es quien” en el Paraguay. Porque con idéntico pensamiento y similar procedimiento, se determina el orden en la columna –cada nombre en el sitio respectivo– de acuerdo a sus aporte$, al cargo pretendido, además de un pormenorizado detalle de sus promesas. Para que, en caso de ganarse el cargo, no cometiera el desatino de olvidar cómo lo obtuvo.

    Estamos hablando de las listas sábana y de cuál es el “piso” para integrarla. Porque el techo es bajito. Tan bajo como para que las pretensiones de virtud se sometan al enrase de la catadura que imponen los “líderes”. Es la misma que imperó hasta el “golpe de la Candelaria” con el predominio de la mediocridad que igualaba a todos; que invadía la función pública, los claustros universitarios y los gremios de profesionales. Esa es la herencia del pasado que perpetuamos con estas listas nefastas y que no nos permite reaccionar ni ante las más claras demostraciones de que “(…) todo está como era entonces”, como cantaba el poeta.

    Es lo que nos dejó Alfredo Stroessner y nos regalan nuestros representantes de ahora. Y no habrá ineficiencia o corrupción denunciada, verificada y puesta bajo alguna tímida investigación, que promueva los cambios. El sistema es tan perversamente perfecto, tan eficaz “la legalidad” engendrada por los partidos tradicionales y el silencio de los otros, que está democráticamente dispuesto para que mucha más gente de la que permitía el Dictador meta la mano en el Presupuesto Nacional. Hay que decirlo. No hay miseria de compatriotas que los conmueva o contenga mientras haya voluntad, tiempo y recursos para repartirse las ventajas del poder: licitaciones y concesiones, embajadas y consulados, ongs y universidades de garage, contralorías y aduanas, cargos con gratificaciones y dobleaguinaldos. Y todo perfectamente medido y cuantificado para que el sistema funcione “per secula suculorum”. Porque en eso si hay diferencias: criticar al Dictador era desafiar el martirio. Criticar el sistema actual es “ser golpista”.

    Finalmente: hablamos de estructuras mafiosas que fueron creadas y se sostuvieron para los leales de antaño y hoy sirven a la clientela partidaria. De esa hechura fue el extraño medio ambiente delineado a la medida de Stroessner; y a la medida de los que ya sin él repiten el modelo.

    Lo más triste es –si pudiera haber más tristeza– que algunos de los opositores de antaño militan en la misma comparsa: colorados, liberales, febreristas, democristianos y comunistas. Meritorios luchadores de otros tiempos que hasta vieron morir a sus compañeros durante el largo y oscuro tiempo de la dictadura. Los que mutilados de afecto del solar nativo tuvieron que comulgar con el duro pan del exilio. Los que amnésicos o mareados hoy, por las prerrogativas que otorgan las cercanías al poder, siguen demorando el golpe definitivo al sistema dictatorial representado por las listas sábana. ¿Es esto lo que la memoria de sus compañeros merecen? ¿Es lo que merecemos todos los paraguayos?

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    Publicado por jotaefeb | 16 mayo, 2017, 8:08 am
  13. Hay que involucrarse en política

    Es común escuchar en nuestro medio la falacia de que la política es solamente para los políticos. Hay un aserto de sentido contrario que es realmente atendible: la política es demasiado importante como para dejarla exclusivamente a cargo de los políticos.

    La resistencia de mucha gente a involucrarse en actividades políticas proviene no solamente de que durante casi toda nuestra historia estas fueron actividades arriesgadas, sino también porque los políticos, uno tras otro, fueron corrompiendo la actividad política, en una rutina casi invariable, de la cual recordamos muy pocos ejemplos que nos sirvan de excepción.

    Pero “meterse en política” actualmente es mucho menos peligroso que antes. Y, aunque si se es opositor, se corren todavía algunos riesgos, como la marginación económica, las represalias, las represiones y algo más, habitualmente rara vez se arriesga la vida misma, la integridad física o la permanencia en el país, como ocurría en otras épocas.

    No obstante la derrota de la dictadura y el advenimiento del régimen democrático, no obstante la apertura de las libertades fundamentales y la libre expresión por medio de la prensa, la actividad política no se depuró de delincuentes, no le afectó el aire vivificante y saludable de los nuevos tiempos; por el contrario, se ha venido degradando éticamente en forma sistemática, hasta el punto de que muchos observadores y analistas sostienen que actualmente hay en ella más cinismo y corrupción, en cantidad y calidad, que en la época de Stroessner.

    Es comprensible, entonces, que tanta gente no quiera tener nada que ver con la actividad política, considerando que en los últimos 70 años esta fue desarrollada por gavillas de malhechores y de bandidos que, una tras otra, se enrolaban –y se enrolan– en ella solo para hallar la oportunidad de robar los dineros públicos y aprovechar los numerosos privilegios que los gobernantes se autoadjudican regularmente, como lo estamos viendo todos los días.

    Para entender mejor lo que hoy tenemos ante la vista en esta materia, es cuestión de fijarse en lo que diarios, TV y radios nos informan. Por ejemplo, según la Constitución, los diputados representan a un departamento geográfico de la República, pero en la realidad es una burda mentira tan evidente que ni merece demostraciones especiales. A los tales “representantes” les importa un bledo lo que formalmente representan; muchos, de hecho, residen en la capital, al igual que algunos gobernadores, y van a sus valles “representados” solo para fiesta patronal o para un asado.

    Un caso paradigmático es el departamento de Alto Paraguay, en el que se estima que, en los últimos diez años, el gobierno nacional aportó nada menos que 300.000 millones de guaraníes supuestamente para su desarrollo, pero hasta ahora no tiene un centímetro de ruta pavimentada; ni qué decir puentes y otros requerimientos necesarios para el bienestar de los habitantes y el correcto funcionamiento de la producción económica en aquel alejado lugar, en el que ni siquiera sus gobernadores quieren residir, saliendo todos multimillonarios de sus cargos. Si no, hay que preguntarle al exdiputado José Chamorro cómo obtuvo la fortuna de que goza.

    En mayor o menor medida, esta estafa abierta y desvergonzada con que una banda de políticos somete a todo un sector de la población se repite de una u otra forma. En ocasiones, esos miserables se tragan directamente los fondos que deben ir a infraestructura, otras veces los destinados a servicios esenciales; o se quedan con el importe del desayuno de los escolares o de los medicamentos de los enfermos.

    Y no habrá manera de corregir esta situación si es que la gente decente no decide intervenir personalmente en política. Es hora de que las personas decentes, con sentido de solidaridad social, se interesen en ingresar a la política, que busquen su lugar, se conviertan en candidatos electorales y compitan. Cada cual en y desde su sector social y de residencia, cuyos problemas conoce y en el lugar donde es más conocido, y sus electores podrían echarle en cara su haraganería, inutilidad o deshonestidad.

    Numerosas entidades sociales, empresariales y deportivas tienen dirigentes que se destacan por sus cualidades intelectuales, morales y de vocación de servicio. Estos deberían ser promocionados y catapultados por ellas como candidatos a cargos electivos, desde concejal municipal del pueblito más pequeño del país para arriba, para que la capacidad y honestidad que ofrecen en sus ámbitos habituales se trasladen a nivel nacional. Abogamos por que los diversos sectores de la sociedad procuren poner en vidriera a la gente confiable que pueda reemplazar a esa escoria de la sociedad paraguaya que hoy ha hincado sus garras de rapiñeros en nuestras instituciones republicanas.

    Si se mira nuestro actual escenario político, resulta que pocos senadores y diputados representan los intereses y reclamos de algún sector social o económico relevante; la mayoría se representan a sí mismos, a su movimiento intrapartidario o a un gran caudillo protector.

    Prometería un gran cambio cualitativo para nuestra política si profesionales, empresarios, productores, dirigentes sociales con cualidades distinguidas se metieran en política, con el mismo entusiasmo con que suelen involucrarse en sus organizaciones gremiales. La ciudadanía los querría ver ocupándose de los intereses nacionales, porque es allí donde hacen más falta. Y si el actual régimen de “listas sábana” supone para ellos una barrera, que se dispongan a derribarla con todas las herramientas disponibles.

    Las próximas elecciones van a constituir una magnífica oportunidad para comenzar a elevar el nivel y la calidad de nuestros “representantes del pueblo”. Preparemos a los medios de comunicación y a las redes sociales para denunciar a los malhechores que buscarán el “rekutu”, y a los nuevos que pretendan ingresar al banquete.

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/hay-que-involucrarse-en-politica-1593973.html

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    Publicado por jotaefeb | 16 mayo, 2017, 8:07 am
  14. Peña y el matrimonio gay

    Por Luis Mersán
    Si algo aprendí a lo largo de los años en este oficio de entrevistar gente es que una respuesta honesta ante una pregunta inesperada puede decir más de un candidato –y de lo que eventualmente podemos esperar de él– que un rosario de propuestas, la mayoría de ellas aprendidas de memoria.

    Recuerdo que en la primera y última vez que pude entrevistar a Horacio Cartes, entonces candidato presidencial, le consulté qué opinaba de legalizar las drogas. Le brillaron los ojos de felicidad. Era una respuesta para la que se había preparado con sus asesores, teniendo en cuenta que sus detractores le atribuían un pasado vinculado con el negocio.

    Me dijo que estaba en total desacuerdo, que las drogas destruían las vidas de miles de personas. Le pregunté entonces si el cigarrillo era una droga. Me echó una mirada de furia. Había caído en la trampa. No podía obviar que había amasado su enorme fortuna vendiendo ese tipo de drogas que –como las otras y como él mismo acababa de afirmar– destruía vidas.

    Hubo unos segundos de incómodo silencio. Luego, respondió a regañadientes que el cigarrillo era más bien una compañía, un amigo. El resto fue una ríspida entrevista. Cuando terminamos, ni siquiera se despidió. Y de más está decir que, ya siendo presidente, jamás volvió a concederme una entrevista.

    Aquella reacción me dijo más de lo que vendría después que todo el discurso de campaña. Estábamos ante un hombre autoritario, soberbio, poco dispuesto a escuchar cualquier opinión contraria a la suya y con serios problemas de comunicación.

    La semana pasada entrevisté al ministro Santiago Peña, potencial candidato oficialista a la presidencia. Locuaz, jovial, académico y absolutamente cándido en términos políticos. Cuando pasé abruptamente del debate sobre su posible dependencia política del presidente Cartes a una cuestión más personal, su opinión sobre el matrimonio gay, respondió que estaba de acuerdo, que cree en la libertad de las personas.

    Estoy seguro de que fue una respuesta espontánea y honesta de un joven técnico integrado al mundo de la globalización, pero completamente ajeno a las miserias propias de una interna republicana. Y los viejos lobos de la jauría colorada no se lo iban a perdonar.

    Apenas unos minutos después convirtieron esa opinión en una presunta propuesta de campaña electoral, despertando todos los fantasmas de una sociedad horrorosamente prejuiciosa. Estalló el escándalo y Peña no lo soportó. No pasaron 24 horas y ya estaba retractándose con el viejo argumento de que sus palabras se sacaron de contexto.

    El matrimonio gay nunca estuvo en debate. No depende de la opinión de un candidato ni de un presidente sino de una reforma constitucional. Fue solo la excusa para testar la personalidad del candidato.

    Peña demostró primero una inusual sinceridad al dar su opinión y una notable apertura para debatir sobre temas controversiales, pero un exceso de candidez política y debilidad de carácter al retractarse. El juego apenas está comenzando, pero es importante leer estas señales. En ocasiones dicen más que la retórica encendida o los programas de gobierno que cualquiera baja de internet.

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    Publicado por jotaefeb | 15 mayo, 2017, 7:26 pm
  15. Rebelión

    Benjamín Bogado

    Cartes fue a Portugal por los signos de la Virgen de Fátima dejando la presidencia a quien prohijó su campaña y hoy se ha convertido en su adversario político. Le dio un ultimátum a Peña, de conquistar los corazones de los colorados, y le saltaron todos los críticos posibles haciendo que hasta el propio intendente de Choré se despachara en insultos porque “no hubiera podido dormir” si no lo hacía. Descolocó a tantos que su supuesto vicepresidente tuvo que decir que “era seccionalero y con orgullo”. Y como si todo fuera poco, produjo en menos de 48 horas la unión de todas las fuerzas opositoras, incluido ¡el abrazo de los hijos de Lino y Argaña!

    El pobre Peña no sabe dónde está parado y además de desconocer el guaraní, que lo priva de más de la mitad de los códigos culturales del teko Paraguay, bendijo el matrimonio gay en una sociedad salvajemente conservadora, capaz de terminar con los testículos de su mentor si su hijo fuera homosexual.

    Todo mal. La candidatura no prende y no queda otra que cumplir la advertencia de partida a Portugal: “Si no lográs ganarte al Partido Colorado… te echo del cargo de ministro”.

    Peña puede estar caminando sobre la cornisa esperando que lo empujen al abismo. Su falta de carácter le ha vuelto a jugar una mala pasada. El poder es el no, y él carece de esa capacidad y fortaleza que hacen crecer a los líderes reales. Su imagen es frágil, su discurso temeroso y contradictorio, sus incoherencias… el mayor lastre que tiene para elevarse a alturas políticas trascendentes. Cartes tendrá que deshacerse de él o hundirse en su candidatura promoviendo la de sus rivales que se frotan las manos para que no lo haga.

    El Gobierno entra en los peores meses de su gestión. Criticado por sus propios adherentes, ahora tendrá que escuchar aquello que jamás creyó que emitirían en palabras. Afara contará las veces que fue humillado y el presidente de los diputados podría soltar muchas prendas sobre cómo se ganó la fidelidad en la Cámara Baja. La gente dirá por qué no lo dijeron antes… y la respuesta es simple: Creían en el poder y quien lo administraba en ese momento.

    Ahora se vive el fin del poder. Se vienen tiempos revueltos. Las tormentas políticas serán locales e internacionales; los cuestionamientos severos, los casos de corrupción colocados sobre la superficie y nadie defendiendo al gobernante. El negocio será hablar de este Gobierno incluidos los de adentro… por el momento. Cartes comienza el cruce del desierto. El más doloroso, porque aún tiene el título de presidente y deberá tragarse sapos sin que se le mueva un músculo ni se le revuelva el estómago. Habrá llamadas que no tendrán respuestas, convocatorias a las que nadie asistirá, chantajes a los que deberá ceder y lo peor: culpable de todo, incluida la promoción de Peña.

    La tropa está en rebeldía. Vivimos la primera embestida colorada. La segunda será cuando se confeccionen las listas. La cantidad de damnificados hará que la flota de ambulancias compradas por Itaipú sin rubros de choferes sea pequeña ante la cantidad de heridos, contusos y semimuertos que recoger.

    La rebelión en la granja orweliana se llevará a todos, incluido a quien cree todavía que puede ser senador para comprar impunidad.

    Los mismos que lo apuñalarán son aquellos que lo quieren hacer encabezar la lista de senadores. Pagará la campaña, no entrará, y la historia se habrá repetido como con Nicanor.

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    Publicado por jotaefeb | 15 mayo, 2017, 7:26 pm
  16. Ingobernabilidad: ¿El auto o el chofer?

    Alberto Garbarino
    En los 28 años de democracia que vive nuestro país la constante han sido el conflicto, el enfrentamiento y la ingobernabilidad política. La palabra “gobernabilidad” es una palabra polisémica, es decir, que tiene muchos significados e interpretaciones. La que más me gusta es la interpretación que mi apreciado amigo Daniel Mendonca expone en su libro Democracia vulnerable.

    En este libro se asimila el sistema político a una maquinaria que recibe inputs o entradas, que son procesadas en su interior, para finalmente producir outputs o salidas.

    Los inputs que entran al sistema son las demandas sociales, económicas y políticas que realizan los diversos sectores de la sociedad, que deben ser procesadas por los diferentes estamentos del Estado, para finalmente producir los outputs, que son las leyes, los decretos y las ordenanzas promulgadas para satisfacer o resolver los diferentes reclamos.

    “Si un gobierno recibe demandas y no las satisface o recibe apoyos y no los recompensa, tendrá dificultades para mantenerse en el poder”, dice Mendonca.

    Bajo este modelo de análisis, la ingobernabilidad política se produce cuando hay un desequilibrio entre las demandas recibidas y las respuestas concedidas.

    En una dictadura el equilibrio se obtiene reprimiendo las demandas. Pero en una democracia, donde las demandas son casi ilimitadas mientras los recursos son limitados, la única manera de restablecer el equilibrio es aumentando las respuestas.

    Si aún con eso no puede restablecerse el equilibrio, debe aparecer un liderazgo de gran calidad que haga pedagogía a la población para que ella voluntariamente autolimite sus reclamos.

    Esa pedagogía la hizo Winston Churchill cuando en vísperas de la entrada de Inglaterra a la Segunda Guerra Mundial, pronunció un famoso discurso donde ante la decepción, la incertidumbre y el miedo del pueblo británico les dijo “no tengo nada más que ofrecer que sangre, sudor y lágrimas”.

    Ese mensaje hizo que el pueblo británico se uniera en torno a su líder y estuviera dispuesto a soportar las cargas más pesadas y a ofrendar hasta la vida si fuera necesario para defender a su nación ante el peligro.

    En estos 28 años de democracia vivimos de crisis en crisis, a mi criterio, no porque tuviéramos un mal diseño constitucional, sino porque nuestros dirigentes no estuvieron a la altura de las circunstancias.

    La ingobernabilidad política se debió en gran parte a los diversos enfrentamientos entre nuestros líderes políticos. El primer enfrentamiento fue entre Wasmosy y Argaña y entre este y Lino Oviedo. Estos enfrentamientos generaron ingobernabilidad desde 1993 hasta 1998, y culminaron con el trágico Marzo Paraguayo, con el asesinato de Argaña, con la renuncia de Cubas y con el exilio de Oviedo.

    Después vinieron los enfrentamientos entre los presidentes y los vicepresidentes. Entre González Macchi y Yoyito Franco, entre Nicanor y Castiglioni, y entre Lugo y Franco, que en este último caso culminó con el juicio político y la destitución del presidente.

    De los seis presidentes que tuvimos antes de Cartes en estos años de democracia, uno tuvo una ilegitimidad de origen… Wasmosy; dos no pudieron terminar sus mandatos… Cubas y Lugo; dos no llegaron a la presidencia como resultado de una votación… González Macchi y Franco, y solamente uno tuvo legitimidad de origen y pudo terminar su mandato… Nicanor.

    Recuerdo que hace unos años un embajador norteamericano en el Paraguay se preguntaba si nuestro problema era que el auto no funcionaba bien o eran los choferes que no sabían conducirlo.

    Una respuesta adecuada a esta pregunta es fundamental en un momento en que estamos entrando en un nuevo turbulento proceso electoral y muchos tienen en la mira la reforma de la Constitución después del 2018, pues creen que ella es la culpable de nuestros males.

    ¿Quién será el culpable?, ¿el auto o el chofer?

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    Publicado por jotaefeb | 15 mayo, 2017, 7:25 pm
  17. Una apuesta arriesgada para evitar el despeñadero político

    Por Estela Villalba

    El elegido del presidente Horacio Cartes realizó en la semana una maratónica gira por el interior para empaparse de las bases republicanas, seducir al electorado y posteriormente ser ungido candidato con la bendición popular.

    El ministro de Hacienda hizo su tarea como un alumno aplicado y a diferencia de cualquier técnico al que incomoda el ritual político, Santiago Peña se desenvuelve con naturalidad en el territorio demarcado por la dirigencia colorada al que se ingresa con permiso especial.

    Pañuelo colorado, abrazos aquí y allá, toques folclóricos, pequeñas historias de la dirigencia local y las razones del abrazo reciente a la bandera colorada para “seguir el modelo”, son parte de su discurso y el ritual que cumple en cuanto encuentro le marcó su urgente calendario, de la mano del gobernador Luis Gneiting.

    La escena replica la dupla Cartes/Afara cuando el gobernador de Itapúa era el sostén político del empresario que venía generosamente a “sacar a la ANR de la llanura”.

    Peña enfatiza que representa un nuevo paradigma político y destaca diferencias con el frente anticartista. Los califica como figuras de la vieja política que hacen acuerdos entre cuatro paredes para repartirse los cargos. Su juventud, su inexperiencia política y sus ganas de mostrarse demasiado colorado y demasiado diferente, le juegan una mala pasada. No puede hablar de la vieja política cuando a su lado aparecen el senador Óscar González Daher, reacio a pagar hasta los impuestos locales más bajos, o la autodeclarada “chupamedias”, la diputada Perla de Vázquez, que hace política para llevar “fideos” y cargos a sus votantes.

    Son contradicciones insalvables de esa nueva forma de hacer política.

    DEBILIDADES. Un desliz del que no supo salir elegantemente fue cuando muy suelto de cuerpo opinó en Radio Monumental sobre el matrimonio igualitario o gay: “Yo estaría a favor, no tengo ningún inconveniente, creo en la libertad de los seres humanos, soy una persona tremendamente amplia”, pero ante la avalancha de críticas en el Partido Colorado y la incomodidad de Cartes, quien tiene una posición radical en contra, moderó su discurso y salió por el atajo clásico culpando a la prensa. Perdió la brillante oportunidad de aparecer independiente y reforzó la principal debilidad de su candidatura: que es un rehén.

    LA DISIDENCIA. La elección de Peña generó fractura en el cartismo, algo que ya se veía venir. Se oficializó la salida del vicepresidente Juan Afara y del presidente de Diputados, Hugo Velázquez. El nuevo escenario generó movidas. Y hoy están en un frente amplio Mario Abdo Benítez, más Luis Castiglioni y Nicanor Duarte Frutos. Se dio hasta un imposible abrazo entre Nelson Argaña y Ariel Oviedo. Atrás quedaron las fuertes acusaciones del hijo del vicepresidente asesinado contra el “asesino” general Lino Oviedo (+).

    Lo único claro es que Mario Abdo será el candidato, un lugar que se negó a resignar cuando Afara le planteó ser su vice. Todo indica que Velázquez será su dupla, pero por de pronto, al decir de Nicanor, el leit motiv es “evitar la colonización del partido por parte del grupo Cartes”.

    Marito Abdo aparece como contracara y destaca su militancia y tradición. Pero puede ser un bumerán. Tampoco cae bien en un electorado independiente su excesivo apego a un discurso cuya traducción se asemeja mucho a prebendarismo y clientelismo.

    SIN RETORNO. En la alta dirigencia cartista ya hay resignación con respecto a la candidatura de Peña. Cartes, en un intento por darle un cariz democrático, justificó ante el entorno político su decisión de optar por el ministro. Y les dio tres razones: va a mantener el modelo, tiene altas posibilidades de ganar las generales y dará tranquilidad al país. “Si ustedes tienen alguien así, tráiganlo”, les desafió. Enrique Riera apareció en el firmamento, pero sus propios correligionarios le bajaron el pulgar porque “cuando llega al poder se olvida de los amigos”. De todos modos, el ministro de Educación espera paciente porque en política nada es imposible.

    Hoy llega Cartes de Portugal y días después se definirá la candidatura de Honor Colorado. Es casi un hecho que Peña sea ungido porque es el mejor “para seguir el modelo”, y porque tiene la “visión” y la “convicción”. Señalan que Cartes no logró hacer mucho, pero “limpió el campo y abrió una picada” para que su elegido, cuando sea presidente, entre con una topadora para ejecutar más obras. Por ello, el presidente liderará la lista del Senado y armará su equipo en el Congreso para apuntalar a su delfín. En él vio su continuidad y su tabla de salvación para no caer en el despeñadero político. En esta apuesta arriesgada, que genera una ruptura en la cultura tradicional colorada, no hizo una mala elección. Solo en la ANR hay cuestionamientos a su afiliación. Es un candidato que no genera alta resistencia en un país con fuerte cuestionamiento a la clase política.

    La interna colorada sigue dando sorpresas, se mueve a mil por hora, mientras la oposición sigue entrampada en sus egoísmos, cada vez más alejada de una alianza para confrontar con posibilidad de éxito a su tradicional adversario.

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    Publicado por jotaefeb | 15 mayo, 2017, 7:22 pm
  18. ¿Hay o no hay candidato?

    Por Jesús Ruiz Nestosa

    Dos ideas saqué durante esta breve visita al país después de haber conversado con viejos amigos y gente que conocí de manera circunstancial. La primera es que la gente está convencida de que, de cara a las elecciones presidenciales del año próximo, no hay candidato; que ningún partido tiene una figura lo suficientemente fuerte y representativa para llegar a Mburuvicha Róga. Entiéndase bien: no hay candidatos potables. De los otros, parece que hay un buen montón.

    La segunda idea es que me he encontrado con gente deslumbrante por su inteligencia, por la agudeza de sus observaciones, por la profundidad de sus análisis, por la claridad de sus ideas respecto al futuro que le espera al país. Es cierto que ellas no resultan muy optimistas y hay visiones profundamente deprimentes. Pero si algo no se puede cuestionar, es la validez de tales razonamientos, estemos de acuerdo o no.

    Consecuencia de estas dos ideas: todas las personas a las que acabo de aludir están en el sector privado; nadie se encuentra en el sector público. Para ser más preciso: rehúyen el sector público porque lo encuentran demasiado corrupto; y, lo que es peor, demasiado corruptor. Desarrollan, entonces, su actividad en la esfera privada en donde se encuentran más cómodos y las cosas les van bien, demasiado bien. Guardan, pues, una actitud nada reprochable porque tienen razón.

    La disyuntiva es esta: mientras los partidos tradicionales, y los nuevos partidos también, sufren una larga agonía por falta de candidatos –que también es verdad– el país no puede beneficiarse de sus ciudadanos más capacitados a causa de un proceso de descomposición moral que ha terminado permeando todos los niveles de la administración pública y la actividad política.

    Un ejemplo ha saltado a la vista en estos días. Es la propuesta de candidatura del ministro de Hacienda, Santiago Peña, quien, posiblemente, no llegó a meditar lo suficiente las decisiones que ha tomado y los alcances que ellas puedan tener. Si Peña no logra alcanzar la presidencia de la República, se convertirá en un cadáver político. Miembro de un partido (PLRA) durante toda su vida, en menos de cuarenta y ocho horas lo tiró a la cuneta para subirse al carro del poder actual, el Partido Colorado. Se dejó tentar por un plato de lentejas. Su imagen recibiendo el pañuelo colorado en torno al cuello y atado por el propio presidente Horacio Cartes, ante una muchedumbre vociferante, produce una profunda tristeza. Su postulación a ser candidato del oficialismo para los próximos comicios generales está generando una visible resistencia en las bases del Partido Colorado. Los jóvenes se sienten dejados de lado por quién sólo tiene unos seis meses de militancia dentro del partido.

    De no cuajar el proyecto de Horacio Cartes, es decir, de llevar a Peña a la presidencia de la República, éste puede dar por terminada su carrera política. Es muy difícil –evito aquí la palabra imposible– que su antiguo partido lo acoja de nuevo debido a la facilidad con que cambió de banderas. El partido al cual ingresó difícilmente lo seguirá aceptando por el mismo motivo, por ser tan vulnerable y porque le exigirán que si aspira a altos cargos que lleve una militancia activa recorriendo los caminos que se acostumbran, comenzando desde el punto cero.

    Lo que le preocupa a la gente, entonces, no debería ser si hay o no hay candidatos. De haberlos, los hay. Lo que hace falta es que el ambiente se depure lo suficiente para permitir que toda esa gente de talento extraordinario se anime a dar el paso y cruzar la línea que separa el mundo privado del mundo público. En otras palabras, convencerlos que podrán desarrollar allí todas sus capacidades sin correr el peligro que venga el autócrata de turno y le obligue a hacer cosas que están reñidas con sus principios y sus ideas, tanto las ideas nuevas como las ideas viejas. Pero también permitirá que el país se beneficie con la participación de sus ciudadanos más ilustres y más capacitados que hoy están en el refrigerador porque no están dispuestos a cambiar sus principios y sus ideales por un plato de lentejas.

    Para eso habrá que luchar contra la actual marea de incompetentes, mediocres, corruptos, aventureros que, desvergonzadamente, se han prendido de las tetas del Estado y no piensan soltarlas hasta que queden definitivamente secas. Candidatos hay. Lo que no hay son las condiciones mínimas necesarias para que aparezcan.

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    Publicado por jotaefeb | 15 mayo, 2017, 5:47 am
  19. Por culpa de los miserables ya no confiamos en nadie

    Por Jorge Torres Romero

    Recuerdo cuando Santiago Peña había decidido afiliarse al Partido Colorado y aquel momento quedaba plasmado en la famosa fotografía de Horacio Cartes colocándole el pañuelo rojo. El comentario de un respetado periodista en Twitter fue: “Qué triste que un joven venda sus principios por un cargo” y el tenor de ese comentario se hizo viral. Paradójicamente, este colega es quien cuestiona a quienes lo tratan como tal (vendido) cuando su opinión es contraria a la del otro.

    Muchos consintieron la expresión como verdadera. Entonces, me preguntaba: ¿Necesariamente tuvo que vender su conciencia? ¿No pudo haber tomado esa decisión motivado precisamente por un ideal? Me trataron de iluso.

    Es que la degradación de la política llegó a un nivel tal que el valor de la palabra ya no sirve por más reiteraciones y explicaciones que se dieran y solo es tenido en cuenta el concepto que cada uno ya decidió construir como verdadero a partir de un pre-juicio.

    Es absolutamente razonable y válida la actitud de desconfianza plena que tenemos los paraguayos sobre nuestros líderes y actores políticos. Es que venimos padeciendo la miserabilidad de esa clase en su máxima expresión, con engaños, robos, saqueos y no digo que eso haya cambiado del todo. Claro que continúa y como prueba basta el ejemplo de los miserables que quieren jubilar a los ex gobernadores y ex concejales departamentales con cinco años de aporte que les tocó estar en el cargo. Es el reflejo de que existe una mentalidad o una paria política que merece todo el escarnio de la gente por esa actitud de devoradores de la cosa pública para sus beneficios a costa de la gente.

    Pero también es cierto que esa duda, esa desconfianza hacia ese sector no nos debe desanimar ni mucho menos obligarnos a mirarlos a todos por igual al punto de llevarnos a decir qué “así nomas luego es” o que “nada podrá cambiar”. Esa duda no nos debe paralizar, al contrario, debe ser una provocación para tener la capacidad de hurgar y diferenciar quién es quién.

    Cuando un candidato se nos presenta en tiempos de elecciones nos habla de lo capo que es, de que es capaz de generar las grandes transformaciones que el Paraguay necesita, etc. ¿Qué hacemos los ciudadanos? No nos debemos quedar solo en el discurso, sino mirar de dónde viene. Qué hizo y, principalmente, cuando estuvo como administrador del dinero público.

    Esta semana cuando Peña salió a recorrer las bases del partido Colorado, también hizo una maratón por los medios de comunicación. No recuerdo haber escuchado a otro perfilado a candidato presidencial ser tan estrujado por los entrevistadores al punto de consultarle su opinión sobre el matrimonio igualitario, como si ese asunto es una cuestión de seguridad nacional y de cuya definición dependa el futuro de nuestra nación. Pero dentro de todo, es una consulta válida, mirándolo a Peña como potencial jefe del Ejecutivo y en cuyas manos podría caer la definición o promoción del tema. Pero no he escuchado a otros precandidatos ser abordados sobre estos temas como con el referido.

    La sola historia de vida familiar de Peña responde ya a esa consulta, cuya respuesta lógica es la asumida por él. ¿Quién podría oponerse a una decisión íntima de cada persona en asumir su sexualidad como más desee en pleno uso de su libertad? Nadie. Solo que esa decisión es incompatible con el concepto de familia que promulgamos en nuestra sociedad, lo que para nada significa discriminación, sino todo lo contrario, es tolerancia de ambos sectores sobre las decisiones asumidas.

    Cuando reclamamos a gritos nuevos liderazgos debemos también asumir que no irán apareciendo como por arte de magia. Esas figuras están y conviven entre nosotros en nuestras virtudes y en nuestras miserias. Ya nos dimos cuenta de que el líder, por más que salga del seno de la santa inmaculada Iglesia Católica, tampoco es garantía. Miremos a la persona, su historia, en su vida privada y sus conductas; solo así sabremos si son o no capaces de conducir este país, más allá del color de su partido, su afiliación política o quienes sean sus mentores.

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    Publicado por jotaefeb | 15 mayo, 2017, 5:36 am
  20. Elecciones del 2018: El mejor pacto político determinará la victoria

    Por AUGUSTO DOS SANTOS

    Ningún futurible (futuro posible) es infalible. Rima bien, principalmente cuando se trata de determinar el destino del proceso electoral que acaba con los comicios de abril del 2018. Los últimos acontecimientos han forzado al máximo los pronósticos de chamanes y augures de la política criolla

    Resulta que no le damos entidad a la física cuántica. Seguimos creyendo que ella forma parte de una especie de ciencia ficción, en tanto en realidad ya tiene más de un siglo, formalmente, con nosotros y a ella le debemos ya incontables dispositivos que alivian nuestra vida cotidiana.

    Pero este tramo del comentario no se quiere referir a las células fotoeléctricas ni nada parecido sino a un postulado casi mítico de esta ciencia que a partir del cuestionamiento de todo lo eternamente considerado como básico (por ejemplo el átomo) plantea, en un arrebato cuasi filosófico: la relativización del sentido común.

    Sigue siendo -se preguntan- el sentido común el inevitable camino para llegar a lo razonable?

    Por eso es importante que los politólogos se consigan un tour por esta ciencia tan novedosa. Porque el sentido común también puede fallar.

    Hay una situación de fragmentación en el Partido Colorado y de fractura en el PLRA, ambos partidos manejan la absoluta mayoría accionaria del potencial electoral. El sentido común dice que los partidos tradicionalistas tienden a reunirse después de su internas. Pero – reiteramos – es infalible el sentido común? Partamos de una anécdota y pasemos a un diagnóstico:

    UNA FOTO DE ESTE MUNDO

    Repetimos siempre que en la política paraguaya quien se escandaliza pierde. Muchos reaccionaron asombrados por el solo saludo de Nicanor Duarte y Luis Castiglioni y en una escala menor por la categoría menos relevante de sus protagonistas el abrazo entre Ariel Oviedo y Nelson Argaña (hijo de Luis María Argaña). Sin embargo, todos esos gestos son simples números del circo de la política donde nada es real como también se descubre en la trastienda de un estudio de televisión

    Definitivamente pedir coherencia a la política es la suma de todas las candideces.

    En realidad todo lo que pasó desde el portazo de Afara en adelante fue una operación para tratar de visibilizar un deterioro de la dirigencia oficialista con la salida de un par de conocidas figuras. No hay nada más que eso. No hay acuerdos programáticos, no hay un pacto sobre acuerdos políticos, siquiera hay un plan electoral definido aún. De hecho, por el momento hay más figuritas que sitios donde pegarlas. Dicho en otros términos hay menos sillas que postulantes, al menos si solo pensamos en el Senado, por citar.

    Por lo tanto, lo que pasó en la semana última puede leerse como un mensaje de sublevación contra Cartes -cuya substancia es mucho más la sublevación en si como plan de debilitamiento- que algún proyecto electoral o programático de los sublevados.

    QUE PRODUCE ESTA FRAGMENTACIÓN

    En este proceso oficialistas y ex oficialistas tienen fortalezas y debilidades interesantes de poner sobre la mesa.

    Primero y principal hay dos maneras de ver la política. A la mirada tradicional de la política colorada le aterra la sola idea que se reinstale un gobierno, en este caso liderado por Santiago Peña, con tendencia a la tecnocracia por varios motivos.

    El primero citable hasta parecería un problema ideológico, aún cuando exista muy poco debate ideológico este mundo local.

    El Partido Colorado, mucho más por su praxis de construcción de poder que por sus ideas puede ser fácilmente etiquetado en el rango de los grandes partidos latinoamericanos como el Justicialismo, o el Partido Revolucionario Institucional (PRI) de México, que no nacieron del molde del modelo tradicional izquierda – derecha europea sino fueron forjados como reacción historia en su respectivos contextos.

    Un motor del éxito de estos partidos ha sido un cóctel fantástico de proximidad con el electorado, populismo, eficiencia electoralista y clientelismo.

    Este modelo aplicado a la gestión colorada ya vive cuatro años con una notable desconexión (no total por cierto) de pasivos como el clientelismo; “los correligionarios” tienen que concursar para acceder a cargos y los índices de corrupción en las oficinas públicas (el Extra de los muchachos) ha sufrido una importante reducción.

    Hay un sector del coloradismo (se sabrá en las internas el volumen) que ya no quiere esta forma de hacer partido y teme que la consagración de Peña pueda determinar que la clientela siga con síndrome de abstinencia.

    Pero tal sector también tiene su fortaleza en tanto ha logrado aglutinar a un volumen considerable la propiedad del discurso Colorado no solo ante las bases sino ante las cámaras del congreso y al ser opositores a Cartes han logrado también – últimamente- la simpatía de los grupos de medios alineados contra el cartismo.

    Entonces porque preocupa Santi Peña?. Internamente porque representa un modelo anti-clientelar que inquieta a la vieja concepción partidaria. Externamente porque no tiene problemas de probidad, integridad ni escándalos; superadas las internas podría ser un infalible producto electoral. El tema es superarlas.

    CARTISMO: FRANQUEZA VERSUS PRAGMATISMO

    Entre tanto, el sector político del presidente Cartes tiene una fortaleza que con frecuencia genera una debilidad.

    Sus acciones son muy francas y ello las hace previsibles. Es el arte asirio del ariete. Su plan está basado en la sucesiva confrontación o impacto en relación a un objetivo y el logro por demolición.

    Esta forma de gestión que en general tiene buen resultado como política de shock y en condiciones de acumulación de poder; puede definirse como de alto riesgo en tiempos de desgaste de poder en tanto abre frentes de confrontación innecesarios y obtura los conductos de negociación que siempre son importantes

    QUE DIVIDE AL PLRA

    Mientras tanto, observando el fenómeno que divide al PLRA, vemos que este partido mora hoy en día en dos hemisferios aparentemente irreconciliables, pero su situación motivacional y estructural es distinta. Muy distinta.

    En el PLRA no hay un choque de modelos sino un litigio por la propiedad partidaria, condimentado por la propia historia personal de sus líderes que si necesitaban dos elementos más que exacerba la competencia son del mismo pueblo y generación.

    Llano y Efraín saben perfectamente que el PLRA significa los peldaños que faltan a cualquier escalera de la oposición que quiera llegar al cielo.

    Lo que los diferencia es que Llano es un maestro del pragmatismo capaz de lograr la fraternidad de Tom y Jerry con tal de lograr un objetivo electoral. Mientras que Efraín se instala en todas las mesas con aires de mariachis entonando el Rey y de su postulación deja claro que no se mueve.

    Dicho esto. Estamos en presencia de un momento sui géneris de los partidos tradicionales en los que se pueda dudar del “sentido común” (se van a unir al final). Y quizás en pocas semanas esto pueda tenerse mucho más claro.

    En el Partido Colorado: una vez que a) en el oficialismo consagren un candidato definitivo, y, b) se vea en la oposición colorada como termina “el juego de las sillas”

    En el PLRA una vez que se entienda mejor cuál es la propuesta oficialista de padrones abiertos (se acuerdan que hubo dificultades con Mario Ferreiro por lo mismo) y por sobre todo después de mirar como termina ese amor de verano que unió al llanismo y el luguismo en una esquina de la política nacional.

    LOS DESAFÍOS

    Los desafíos preponderantes para ambos partidos es formular ideas de unidad de sus filas. Es imposible que el Partido Colorado gane las elecciones del 2018 en las actuales condiciones de polarización.

    El problema que el coloradismo hasta hoy no administra o no quiere ver es que el riesgo de apostar a dicha recomposición después de las internas (no acordar antes reglas de juego) podría someterlo a un escenario de incertidumbre, fundamentalmente para la chapa presidencial.

    En el PLRA, aun para su función como partido facilitador de una victoria coaligada, la división es un dato peligroso porque nada supone que toda la oposición llegará unida. Si efectivamente los caminos se bifurcan todavía existe la probabilidad que ambos líderes (Llano y Efraín) encuentren razones para seguir dividido en opciones, lo cual sellaría a su vez, una mala chance para la oposición.

    Lo cierto es que para nadie el camino hacia el 2018 está libre de baches. Ni para Mario, que hoy puntea las preferencias tras la caída de las cotizaciones de Lugo tras el 31.M

    Hay tiempos en que el sentido común no habla, como un gps desorientado se encuentra reprocesando sucesivamente.-

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    Publicado por jotaefeb | 15 mayo, 2017, 5:35 am
  21. ¿Y si no es Santi?

    Por Edwin Brítez

    Estoy tentado a pensar que el presidente Cartes lanzó la candidatura del ministro Santiago Peña, no precisamente para saber si prende o no en las bases del Partido Colorado sino para saber a través de este hecho quiénes se oponen al proyecto continuista de Honor Colorado, o más puntualmente del grupo Cartes.

    Un líder –como lo es Cartes en el cartismo– sabe que frente a situaciones de tener que seleccionar un precandidato para lidiar frente a otros aspirantes es posible imponer autoritariamente y luego explicar democráticamente las razones que impulsaron la sabia decisión, que de todos modos merecerán eufóricas demostraciones de apoyo de las masas.

    Así son –aquí y en otras partes– los comportamientos colectivos en las organizaciones verticalistas, tradicionales y masivas, aunque no absolutamente obedientes. Esto último explica las activas reacciones de unidad que provocan en la disidencia la provocación de HC de ningunear a su propio movimiento interno y de “agredir” su naturaleza colorada.

    El grupo Cartes necesita imperiosamente del continuismo para consolidar su proyecto hegemónico que evidentemente no está concluido en este período gubernamentel para lo cual, además de bachear el agujero que provocó el rechazo ciudadano e internacional a la reelección, necesita acertar en la selección del sucesor, pero también de quienes continuarán a su lado en la aventura.

    Un buen precandidato capaz de ofrecer la ilusión de éxito en las internas y al mismo tiempo en las generales alivia bastante la preocupación del Gran Elector, pero no elimina totalmente su ansiedad y recelo con respecto a la lealtad de quienes caminarán a su lado en los próximos cinco años, por lo que adquiere especial importancia el dato de saber el grado de fidelidad de sus compañeros de ruta.

    Desde este probable punto de vista se vuelve relativa la certeza sobre la aceptación o no en las bases del precandidato elegido para adquirir relevancia, en cambio, el grado de adhesión a la persona del líder y la capacidad de obediencia de los cercanos y aspirantes a lo que disponga el “dueño”. Después de todo HC es una marca personal, producto de un obsequio recibido desde el interior del partido.

    HC sabe que su ministro de Hacienda es capaz de desempeñar un buen papel como candidato presidencial de cualquier partido político, y él sabe que como líder de HC (Honor Colorado) es capaz de convencer a su movimiento – que no tiene otro propietario más que él- de la viabilidad de esa candidatura.

    Lo que no sabe Cartes, y estoy seguro que tampoco sus asesores, es la reacción política, social y cultural del “homo colorado” frente a cambios bruscos, como el hecho de postular nada menos que a presidente de la República a una persona con menos de un año de afiliación y con más de 20 en “carpas enemigas”, y que además habla a favor del matrimonio gay, aunque después quedó bien parado como político al ensayar una mentira (“yo no dije”).

    Ahora Cartes ya sabe quiénes son los “desleales” que al no ver sus nombres en la lista huyeron del movimiento personal para hacer lo propio o buscar refugio en otros. Es natural que así sea, pero faltaba el elemento disparador que lo cumplió Santiago Peña a la perfección haciendo el papel de “elegido” y de cedazo al mismo tiempo, aunque olvidó ejercer la importante función de atomizar, provocando en cambio el efecto contrario de unir a sus contrincantes dispersos.

    No sería extraño entonces que, cumplido el plazo, HC “descubra” que Santi Peña no cumple con los requisitos para salir a pelear, pero ya tiene en sus manos el valioso dato de conocer la identidad de los “traidores”. Como lo dije al comienzo, estoy tentado a pensar. Ahora voy a pensar.

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    Publicado por jotaefeb | 14 mayo, 2017, 7:31 pm
  22. Una oposición muy dividida

    Por Pablo Guerrero

    Al Partido Colorado le surgieron por lo menos tres candidatos a la Presidencia de la República, tras la renuncia de Horacio Cartes de seguir con su ambición de ser reelecto. Eso habla muy bien de un partido que tiene vocación de poder y su feroz interna propia.

    Resulta muy curioso este fenómeno porque supuestamente con la dimisión de Cartes, la ANR tenía que quedar herida de muerte. Pero no fue así. Las primeras víctimas llamativamente aparecieron en la oposición, especialmente en el Frente Guasu (FG), Unace y el importante sector liberal denominado Equipo Joven, liderado por el senador Blas Llano.

    Pasaron algunas semanas y hasta el momento el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) y los demás sectores de la oposición aún no lograron unirse en un solo bloque para enfrentar al candidato colorado, que surja de las internas simultáneas previstas para el 17 de diciembre próximo.

    Ayer el senador Miguel A. Saguier (PLRA) hizo un llamado público a los sectores de oposición y especialmente al FG de Fernando Lugo para que en reciprocidad a aquella chapa de 2008, los luguistas brinden su respaldo al candidato liberal. Ergo: Efraín Alegre, titular del PLRA. Interpretando la exhortación de Saguier, podemos decir que el PLRA necesita de un sector importante de la izquierda para enfrentar a los colorados.

    Sin entrar en definiciones académicas sobre las antagónicas ideologías de uno u otro sector, la pregunta es: Lugo y sus aliados, ¿están en condiciones de volver a repetir la traumática experiencia? Al parecer, el sector liberal de Efraín no tiene problemas en confundirse en un “abrazo republicano” con los luguistas así como lo hizo Llano en su momento pero en favor de la enmienda pro Cartes.

    Todo parece indicar que al efrainismo no le dan los números y necesitan de un sector de la izquierda, previendo que el Equipo Joven de Llano se dispersará o tomará un descanso electoral.

    En lo que respecta a las internas liberales, Alegre se corta solo porque Blas parece que no tiene aspiraciones presidenciales. E incluso deslizó que analiza la posibilidad de volver a presentarse como senador.

    El imputado Salyn Buzarquis manifestó alguna vez su intención de ser Presidente de la República pero quiere asegurar algún cargo como aliado de Efraín. previstas para el 22 de abril de 2018.

    El Partido Democrático Progresista (PDP), que tenía tres bancas en el Senado pero sufrió la fuga de Arnaldo Giuzzio, ya selló el pacto con el efrainismo mientras que Avanza País sigue releyendo la propuesta del titular del PLRA sobre el famoso padrón abierto, con el objetivo de incorporarle al intendente de Asunción Mario Ferreiro como vicepresidente de la chapa liderada por Alegre.

    Es muy difícil que se invierta la situación. Es decir, Ferreiro-Alegre porque la Convención del PLRA tomó la decisión de que un liberal encabece la lista. Necesitarán hacer otro encuentro de la máxima autoridad del partido para hacer el enroque.

    Lo llamativo del caso es que el PLRA aún no anunció figuras jóvenes dentro de sus cuadros. Bien podría ser la oportunidad en homenaje a Rodrigo Quintana, el dirigente juvenil de La Colmena, asesinado el 1 de abril pasado en la propia sede partidaria.

    El viernes hubo repartija de pergaminos, pero suponemos que la franja joven espera cosas más importantes como los espacios políticos. Tal vez esa sea la clave para evitar fugas, sangrías y/o desencantos en sus filas como ocurrió con el exsenador Carlos Mateo Balmelli, quien piensa candidatarse por fuera de su partido debido al bajo nivel de discusión interna.

    Faltan algunos meses, pero hasta ahora no parece el candidato que pueda derrotar al Partido Colorado.

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    Publicado por jotaefeb | 14 mayo, 2017, 7:31 pm

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