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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Independencia inconclusa

Hace 206 años que nuestros Próceres depusieron al gobernador español Bernardo de Velazco, tomando en sus manos el destino de nuestra nación. El exitoso golpe cuartelero llevado a cabo en la noche del 14 al 15 de mayo de 1811 por el Alférez Vicente Ignacio Iturbe en el Cuartel de Artillería cumpliendo órdenes del Capitán Pedro Juan Caballero, fue una victoria sin lágrimas, pues en su consumación no se derramó una sola gota de sangre.

Pero fácil como fue desembarazarse del poder colonial, muy difícil resultó posteriormente sostener nuestra independencia que, a diferencia de las de otras naciones de América, fue obtenida por nuestros próceres sin la ayuda de nadie. Liberada la Nación paraguaya del yugo español, los Padres de la Patria, el Doctor José Gaspar Rodríguez de Francia y Don Carlos Antonio López tuvieron que luchar a brazo partido contra la pretensión del dictador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, de someter al Paraguay como provincia, hasta que, tras su caída, el Gobierno argentino por fin reconoció nuestra independencia en 1852, casi medio siglo después de concretada.

La épica historia del Paraguay es conocida y admirada universalmente por el heroísmo con que sus hijos e hijas supieron defender su heredad en dos cruentas guerras internacionales; contra la Triple Alianza de Argentina, Brasil y Uruguay en el siglo antepasado, y contra Bolivia en el pasado. Tras ellas, quedó definitivamente reconocida la integridad territorial y soberanía del Paraguay como nación independiente en el contexto universal.

Pero la lucha por la preservación de nuestra independencia, política, económica y social, es una tarea inconclusa. A casi siglo y medio de distancia de la inicua guerra de la Triple Alianza, ella continúa en la actualidad, aunque por otros medios, al decir del historiador y estratega militar prusiano Carl von Clausewitz. Argentina y Brasil, pese a los Tratados bilaterales y multilaterales suscritos con ambos por nuestro país, incluidos los de las usinas hidroeléctricas binacionales, así como el del Mercosur, retienen el anacrónico prejuicio de considerar a nuestro país como “prisionero geopolítico”, cuando en realidad somos un “socio indispensable” para sus intereses estratégicos.

Siendo el Paraguay un país pequeño comparado con ambos gigantes de la América del Sur, cuesta entender que en el mundo globalizado actual y con el auge del libre comercio entre las naciones, sus Gobiernos tengan que seguir manteniendo políticas comerciales mezquinas con relación a nuestro país, frenando su desarrollo. Con trabas permanentes, más propias de los turbulentos tiempos que siguieron a la independencia americana, ambas naciones lastran la dinámica de nuestro comercio exterior con arbitrarias medidas proteccionistas.

Las recurrentes trabas impuestas por ellos a nuestro comercio exterior no se limitan a las transacciones bilaterales. Afectan también al tránsito de mercaderías paraguayas destinadas a países de ultramar que, dada nuestra mediterraneidad, deben pasar necesariamente por sus territorios, sea por tierra o por los ríos.

Así las cosas, con las barreras comerciales impuestas al comercio paraguayo por Brasil y Argentina, lamentablemente el Mercosur no pasa de ser una ficción.

No contentos con prácticas proteccionistas en perjuicio de nuestra economía, nuestros socios comerciales se confabulan para escamotearnos el excedente de nuestra electricidad generada en las usinas binacionales de Itaipú y Yacyretá, atentando así contra nuestra soberanía e independencia como nación. Más grave aún, nos impiden venderla a precio justo a terceros países, mientras ellos comercializan campantemente nuestra energía entre sí, pese a que los tratados se lo prohíben.

De cara a la persistencia de la inamistosa geopolítica brasileño-argentina contra la independencia y soberanía del Paraguay, lo que corresponde es que los paraguayos y paraguayas nos mantengamos unidos y firmes en defensa de los intereses nacionales, entre los que se encuentran los ideales de libertad e independencia que impulsaron a nuestros próceres a romper las cadenas de la opresión colonial en el Mayo aquel, legándonos una Patria libre y soberana.

Esta unión de todos los paraguayos debe traducirse en manifestaciones firmes y perseverantes para obligar a nuestras pusilánimes autoridades a defender como corresponde los intereses nacionales en todos los foros, y no claudicar ante el olor del dinero de las suculentas coimas que corren en esas instancias internacionales debido a los vitales intereses que allí se manejan especialmente para nuestros vecinos.

Solo de esa forma tendrán sentido los valores de independencia y libertad por las que lucharon los próceres de Mayo a riesgo de su propia vida.

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/independencia-inconclusa-1593511.html

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

5 comentarios en “Independencia inconclusa

  1. Retomemos el hilo de la historia

    Somos un pueblo con una historia como la de pocos, verdaderamente extraordinaria, rica, que va mucho más allá del carácter épico al que algunos, interesadamente, buscan restringirla, ocultando deliberadamente las glorias de un pasado del que solo podemos sentir profundo orgullo. Una historia de la que tanto tenemos que aprender, a condición, claro está, de rescatarla del olvido al que fue condenada por los que sometieron a nuestra patria a su casi desaparición como Nación, en la guerra genocida de la Triple Alianza, y a los legionarios que desde entonces tuvieron a su cargo el relato “oficial” de lo acaecido en nuestro país desde 1811 en adelante.

    Los próceres de la independencia nacional, especialmente José Gaspar de Francia, llevaron a cabo una formidable revolución que no solo independizó al Paraguay de la corona española sino que, además, lo mantuvo autónomo y soberano de Buenos Aires, que buscaba mantener a toda costa bajo su dominio a las “Provincias Unidas del Río de la Plata” o “del Sur”, entre ellas a Uruguay, Perú y también Paraguay, fracasando de manera estrepitosa en nuestro país, primero, y después en el resto.

    Los prolegómenos que rodearon a la destitución del gobernador español, Bernardo de Velazco, las pocas balas que se dispararon, etcétera, etcétera, resultan hasta si se quiere entretenidos, pero anecdóticos. Mucho más importante que eso fue la tarea que llevaron a cabo los revolucionarios, irguiendo una Nación que desde sus mismos cimientos fue única en su género, garantizando trabajo en las “Estancias de la Patria”, dedicadas principalmente al cultivo de la yerba mate y el tabaco, e impartiendo educación primaria al grueso de los habitantes, de entre los cuales prácticamente se erradicó el analfabetismo.

    En base a su integridad territorial, defendida por una de las primeras milicias de la región (creadas por “Don José Gaspar”) y de fuerzas productivas en pleno desarrollo, con una instrucción superior a la media de los países vecinos, se construyó en los años siguientes el país más pujante de América Latina, el de los astilleros, acería, ferrocarril, telégrafo y edificios públicos emblemáticos de Asunción, por citar algunos datos ilustrativos.

    Este fue el país que desde un comienzo despertó la tremenda envidia de grandes libertadores, como Simón Bolívar, que en una de sus tantas bravuconadas amenazó al Dr. Francia con invadirnos “para liberar a su amigo Bonpland”, que por supuesto jamás se atrevió a materializar. El país que enviaba a muchos de sus hijos a formarse en el exterior, más concretamente a Europa, ya durante el gobierno de Don Carlos Antonio López. El que se convirtió en un faro que iluminaba con fuerza y se había constituido para muchos en un peligrosísimo ejemplo a seguir, tanto de otros pueblos del continente, como de las provincias rebeldes de Argentina, que luchaban contra la oligarquía porteña. Y el país que, precisamente por estas razones, aplastaron con la guerra infame y genocida de la Triple Alianza…

    Durante 30 años posteriores al holocausto, los legionarios impusieron un manto de silencio sobre los hechos acontecidos, que recién comenzaron a divulgarse con veracidad merced al coraje de historiadores y escritores de la talla de Juan E O’Leary y Blas Gray, entre otros, quienes, junto a una generación de grandes pensadores, conocida como “la generación del 900”, comenzaron a reatar el hilo de la historia.

    Pasaron 206 años de la independencia y 147 del fin de aquella descomunal tragedia que puso fin a una etapa fantástica e irrepetible de nuestra historia, dado que las condiciones internacionales del presente son otras, así como los peligros y los desafíos. Sin embargo, aprender de sus lecciones es una tarea de primerísimo orden, por más que las fórmulas para aplicarlas sean muy distintas, retomando la labor iniciada por aquellos pensadores de comienzos del siglo pasado, los cuales, al margen de sus diferencias, perseguían un mismo objetivo: reconstruir el Paraguay soberano e independiente, para el bienestar de su pueblo.

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    Publicado por jotaefeb | 18 mayo, 2017, 8:18 am
  2. Enrique Cosp
    15 de mayo a las 15:15 ·
    ¿Cuál fue el verdadero día de la independencia?

    La discusión revive de tanto en tanto, especialmente en esta época del año. Algunos dicen que no fue el 15 de mayo de 1811, sino el 12 de octubre de 1813, ya que fue en esa fecha en la que Paraguay se declara república.

    Un historiador estadounidense, hizo polémica hace algunos años, al afirmar que la celebración de la independencia el 14 y 15 de mayo era producto de “la más grande falsificación histórica del mundo”, y que la fecha verdadera fue la del 25 de noviembre de 1842, día en que el Congreso anunció formalmente la independencia al mundo, con un acta oficial (sería más o menos el equivalente local a la Declaración de Independencia hecha por EE.UU., el 4 de julio de 1776).

    El diario La Nación, agregó hoy otra propuesta de fecha, señalando que tal vez la fecha verdadera sea el 16 de mayo de 1811, ya que recién el 16 asumió formalmente el nuevo gobierno que se formó tras el golpe de los próceres. Algunos podrían proponer la fecha en que España nos reconoce la independencia, o el día en que Argentina reconoce la independencia paraguaya (porque al fin y al cabo, en la práctica nos independizamos más bien de Argentina que de España).

    Hay fechas para todos los gustos y criterios, pero la verdad de la milanesa es que no hubo un día de la independencia, porque la independencia de una nación no es cosa de un día. Es un proceso que lleva años, décadas (Argentina le reconoció la independencia a Paraguay recién 41 años después de la noche del 14 de mayo), es decir, fueron miles los días en los que se forjó la independencia, y como no podemos estar de farra nacional desde el 1 de enero hasta el 31 de diciembre -aunque tienta la idea-, se elige simbólicamente un día (o dos en nuestro caso) que haya tenido algún peso especial.

    El 15 de mayo tuvo ese peso especial, porque si bien todavía se le puso en el gobierno al gobernador español (decorativamente) y se le juró lealtad al rey Fernando VII (con los dedos cruzados mentalmente), desde entonces la administración del país, en la práctica quedó en manos de los nacidos en Paraguay, cosa que durante 300 años fue una idea loca. Además, los propios próceres le dieron importancia a la fecha, pues ya empezaron a conmemorar el aniversario del 15 de mayo a partir de 1812.

    En síntesis lo que quiero decir es: no joroben más con la discusión de cuál fue el “verdadero” día de la independencia, con el 14 y 15 estamos bien.

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    Publicado por jotaefeb | 17 mayo, 2017, 9:26 am
  3. Urge independizarse de políticos que solo persiguen sus intereses

    Los países que aspiran a la madurez y a la plenitud consideran dos independencias de relevancia esencial en su historia: la no dependencia de ningún yugo extranjero y aquélla que tiene como propósito desprenderse de aquellos lastres políticos que le impiden avanzar en la búsqueda de un mayor bienestar para todos.

    El Paraguay se independizó de España. Sus habitantes, luego de las batallas libradas en contra de los argentinos al mando del general Manuel Belgrano en las que los hijos de esta tierra cumplieron un rol protagónico, tomaron conciencia de que era necesario desprenderse del yugo que los oprimía.

    Lograda la liberación territorial, sin embargo, quedaba otra tarea acaso más ardua y difícil que aquélla porque no se resuelve en una batalla decisiva sino que está constituida por una serie de acciones en las que todos los días hay que sumar con generosidad, desprendimiento, coraje y, sobre todo patriotismo.

    Desde el 14 y 15 de mayo de 1811, cuando el destino de la Nación ya no era determinado desde el Viejo Continente, el Paraguay trató de superar sus días de tinieblas para encontrarse con un sol espléndido que le deparara un futuro de esperanzas.

    Sus gobernantes, sin embargo, en varios pasajes de su itinerario vital -salvo excepciones que pueden ser contadas con los dedos de las manos-, dieron preeminencia a sus ambiciones personales y grupales, olvidando entregarse de lleno a la causa de construir con ahínco, denuedo e inteligencia un espacio en el que todos, sin discriminaciones, pudieran vivir en concordia y con dignidad.

    De esos políticos que se sirven de la patria y no le sirven, que lo llevan al abismo antes que a cumbres envidiables, es que el Paraguay requiere imperiosamente librarse todavía. Ellos nunca han desaparecido. Están allí, omnipresentes, al acecho para dar el zarpazo sin que les importe el impacto negativo de sus acciones irracionales. De ellos es ahora que el Paraguay necesita liberarse, independizarse, abandonarles para siempre de tal modo que un tiempo nuevo ondee su bandera.

    En estos últimos meses hemos visto con pesar y, a ratos, rabia, cómo un grupo de políticos ávidos de permanecer en el poder o de volver a acceder a él ha ido pisoteando las normas vigentes en la República. Han violado la Constitución como si fueran los dictadores que emulaban al Tiranosaurio Stroessner.

    Lejos de toda racionalidad, orquestaron un plan para echar en gorra cuanta norma se les interpusiera en el camino. Donde la Carta Magna, de modo explícito, les señalaba que solo a través de una Reforma se puede ampliar el mandato de un presidente de la República, encontraron vendedores de humo que indicaban lo contrario. Donde el reglamento de la Cámara de Senadores, sin prestarse a doble interpretación alguna, indicaba que una vez rechazado un proyecto de ley, el mismo no puede volver a ser presentado dentro del año legislativo, encontraron quienes maquillaron ese mismo instrumento legal para intentar forzar el dique que se había levantado a la pretensión de conseguir la reelección con un referéndum de por medio.

    Cerrando el círculo, el grupo de senadores que retomó el nefasto principio de que la mayoría es la norma, no la norma misma aprobada con anterioridad, desconocieron la autoridad legítimamente constituida en la Cámara Alta para erigirse en juez y parte en la controversia reinante.

    De esa clase política nefasta, que no respeta las leyes y está dispuesta a resucitar los abominables días de la dictadura en los que solo impera la voluntad de un hombre al que están subordinados todos los poderes del Estado, es que hay un hartazgo generalizado.

    La República requiere políticos entregados a la causa de hacer prosperar el país, poner en marcha emprendimientos que sirvan para salir de la pobreza y el atraso, mejorar la calidad de vida de la población, mayor seguridad en todos los ámbitos, igualdad de oportunidades, justicia y sentido de equidad para todos los ciudadanos y otros indicadores que evidencien que los gobernantes están al servicio de los gobernados.

    El país se independizará de los políticos que ponen en primer lugar sus ambiciones irracionales, fomentan el clientelismo y están dispuestos a violar las normas para conseguir su propio provecho sin que les interese la opinión del resto o la cordura de sus propósitos cuando actúe con madurez y sepa distinguir entre los que pretenden que el país siga en la cola de todas las estadísticas y aquellos que están dispuestos a deponer sus intereses personales para que el Paraguay avance de veras y no solo en los discursos demagógicos.

    Para erradicar la lacra social constituida por políticos que solo utilizan su poder en beneficio personal o de un grupo que se erige en casta privilegiada, se vuelve imprescindible recurrir a la voluntad del ciudadano que se expresa en las urnas. En democracia, esa es la única vía válida jurídicamente para mantenerse dentro de la institucionalidad. Hay que votar en contra de los políticos que siguen oprimiendo a nuestro pueblo. Es necesario independizarse de una buena vez de ellos.

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    Publicado por jotaefeb | 17 mayo, 2017, 7:51 am
  4. Homenaje a la Patria y a las Madres

    Por Emma Paoli

    El 15 de mayo se celebran dos fechas significativas impregnadas de honda emotividad, la Independencia Nacional y el Día de la Madre. Aunque todos los días sean para homenajear a la Patria, esta grata conmemoración de los 206 años es muy especial de reencuentro fraternal entre todos los paraguayos, en que nos redescubrimos en nuestros valores originales, de identidad cultural y, sobre todo, valoramos con admiración y gratitud a nuestros héroes que tuvieron el coraje y determinación de liberarnos del yugo español y las pretensiones anexionistas de Buenos Aires y Portugal.

    Este valiente triunfo fue felizmente incruento, pero nuestros héroes tuvieron que superar con inteligencia y rapidez múltiples y difíciles obstáculos internos (los grupos españolistas, porteñistas y filoportugueses) y externos de nuestros países vecinos.

    La lúcida consciencia de un Paraguay independiente ya fue gestada mucho antes, en los siglos XVII y XVIII, con la Revolución de los Comuneros, el primer grito libertario de América. La declaración más explícita de nuestra Independencia fue proclamada como la Primera República de América del Sur en el Segundo Congreso Nacional de 1813.

    Esta conmemoración nos obliga a asumir nuestro patriótico compromiso de seguir defendiendo con firmeza nuestra democracia republicana y soberanía territorial, política, económica, social y cultural, en este arrollador proceso de globalización.

    También hoy rendimos un especial homenaje a todas las madres, reiterando nuestra eterna gratitud, porque es la madre la que nos regala la vida e inserta en la historia humana.

    El escritor francés Malraux afirma que “Dios tiene una secreta complicidad con la mujer, con quien comparte la continuidad de la vida humana, en este maravilloso mundo”.

    En realidad, la madre es única e insustituible, con su permanente cuidado, cariño y su ternura en la niñez, con su sacrificio heroico para desarrollarnos en la juventud y en la madurez; y es el refugio incomparable al que recurrimos en momentos de adversidad, dificultad y sufrimiento. Su amor es absolutamente fiel, y está siempre con los brazos abiertos para ayudarnos en todos los momentos difíciles, aún en contra de todos los obstáculos que surjan en el camino de la vida.

    Además, ella nos transmite los valores fundamentales para definir nuestro proyecto de vida, sueños e ideales. Muchas veces por ingratitud no la valoramos, pero cuando la perdemos, la orfandad que nos abruma es incomparablemente dolorosa y trágica.

    Recuerdo un conocido relato literario: En ocasión de que una familia acogiera como huésped a un obispo, y en la despedida le piden unas palabras en el álbum familiar sobre su madre, a lo que respondió emocionado: “no me pidáis el nombre de mi madre, porque llenaré de lágrimas vuestro álbum, pues ya la he perdido”.

    Por todo, felicitamos efusivamente a todas las madres en esta feliz fecha, que nos llena de alegría y admiración por la generosidad sin límites ni fronteras de la maternidad.

    Colaboración: Dr. Gerardo Fogel.

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    Publicado por jotaefeb | 15 mayo, 2017, 5:32 am
  5. Historias de un historiador
    14/05/2017

    @feryirobles
    Cuando escuchamos la palabra “historia”, muchas veces no dimensionamos todo lo que este vocablo significa. Detrás de ese incansable estudio, los libros y documentales que guardan los más mínimos detalles, están quienes la hicieron, la escribieron y la contaron. En estos días me tocó aprovechar una corta pero inigualable charla con uno de los historiadores más importantes del país.

    Jorge Rubiani, el arquitecto que abrazó la historia con una pasión como nunca antes había visto, me dio una cátedra sobre algunos hechos históricos. Mientras hacía un tour por su oficina y algunos rincones de su casa, pude notar inmediatamente lo mucho que le importaban los papeles, cada fotografía y los viejos ladrillos que adornaban los muebles rellenados con añejos libros.

    Detrás de los libros y documentales que guardan los más mínimos detalles, están quienes lo hicieron”
    Llegamos a un hermoso jardín que decora uno de los tesoros más preciados de Rubiani. La placa del panteón donde estaban los restos de doña Casimira Vasconcellos de Mongelós, madre del coronel José Vicente Mongelós Vasconcellos. El coronel había estado en los escritos de Rubiani durante mucho tiempo y los pedazos de esa placa fueron encontrados por él en uno de los pasillos de la Recoleta. Con voz temblorosa y con inevitables lágrimas, me contó que cuando relataba la historia de la familia por radio, un hombre se contactó con él vía telefónica. Se trataba de Manuel José Mongelós, el nieto que buscó doña Casimira para conservar el apellido tras el fusilamiento del coronel. Llamó para confirmar la historia tal cual como la relató.

    Esta no fue una historia cualquiera, ni uno de esos cuentos que tanto quería escuchar de niña. Esta fue la historia más hermosa que un historiador hubo escuchado, sus personajes salieron de sus libros y llegaron hasta él, como en un cuento de hadas.

    Antes de todo, hablamos de la independencia del Paraguay, que como este cuento maravilloso, la relató lejos del habitual guión, concentrándose en entender el pasado para comprender el presente y dilucidar mejor el porvenir. Nunca tuve una mejor clase, y quedará para la historia.

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    Publicado por jotaefeb | 14 mayo, 2017, 7:29 pm

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