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Interna que podría arrastrar al país

Honor Colorado, el movimiento fundado y liderado por el presidente Horacio Cartes, se enfrenta a su mayor desafío. En las próximas semanas deberá elegir quién será el candidato presidencial. Con ello también definirá su futuro político. Una decisión errada no solo le hará perder la presidencia de la República, además pondrá en serio riesgo su futuro político.
El debate interno para designar al candidato presidencial reabrió una profunda grieta que estaba dormida, pero que empezó a explotar en estos días. Por un lado, los técnicos y por el otro los políticos.

Los técnicos quieren imponer a su candidato. Impulsan con fuerza a Santiago Peña. Como desde el inicio de esta administración, desprecian al grupo político. Aseguran que son la causa de todos los males; que solo un técnico es capaz de profundizar el modelo.

Peña, de larga historia liberal, con chapa colorada hace menos de un año, genera una fuerte resistencia en la ANR. Los dirigentes de base no están conformes. Les resulta incómodo apoyar a un candidato con ese perfil y además temen que la exclusión que se inició con la presidencia de Cartes se profundice.

Para mitigar ese enojo, los técnicos apuestan por poner a su lado a un político. Por ahora el nombre que más suena es el gobernador de Itapúa, Luis Gneiting. Su elección no es casual, apunta a romper al frente político del sur, donde el vicepresidente Juan Afara tiene sus bases.

El sector partidario quiere a un político. Hasta hace algunas semanas esperaban poder acordar, llegar a un consenso dentro de Honor Colorado, pero la insistencia sobre Peña, negando cualquier espacio para negociar, los obligó a buscar un candidato. En los últimos días lanzaron al vicepresidente Juan Afara. Lo consideran el candidato ideal.

Afara, el que articuló acuerdos y en gran parte fue responsable de que Cartes sea electo presidente de la República, es un dirigente de larga historia política y de militancia en el Partido Colorado. Es un hombre respetado, con buena llegada a todos los sectores partidarios, pero es altamente resistido en el entorno empresarial cercano al primer mandatario. Su principal detractor en Juan Carlos López Moreira, uno de los más cercanos al Jefe de Estado y el que más influye en sus decisiones.

En las últimas horas el vicepresidente sumó el apoyo de diputados, senadores, gobernadores y dirigentes de base de diferentes puntos del país. A partir de ahí empezó a abrir el juego. Se sintió con fuerzas y rechazó abiertamente a Peña como candidato. Fue un desafió al mismo Cartes; que en sus crípticos discursos pareció mostrarse a favor de su ministros de Hacienda; pero para el vicepresidente ya no hay espacio para seguir agachando la cabeza para recibir golpes.

Una larga conversación en Mburuvicha Róga en enero de 2016 le hizo desistir de iniciar su propia historia con el año que empezaba. Hacer su propio camino por fuera del oficialismo al lado de la dirigencia. Se hicieron promesas, se llegaron a acuerdos, se puso en pausa el proyecto para acompañar al Gobierno. El compromiso era que llegado el momento lo respaldarían. A estas alturas esos acuerdos parecen no cumplirse. Eso le obligó a salir a marcar los límites.

Los técnicos, con encuestas en mano, apuran a para imponer a Peña; pero no tienen la sensibilidad para comprender la vida política. Esos mismos consejos estrellaron a Cartes con la reelección presidencial. Ahora lo llevan por el mismo camino.

En el 92 imponer candidatos generó una de las crisis más profundas en el Partido Colorado. Wasmosy perdió las elecciones, se alteraron los resultados para hacerlo ganar y se desató un descalabro institucional que hasta ahora retumba en la vida política del país. Elegir un camino similar no tiene futuro.

Por Osmar Gómez R.

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/interna-que-podria-arrastrar-al-pais-1590810.html

 

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

25 comentarios en “Interna que podría arrastrar al país

  1. Del “todo bien” al “todo mal”

    Cualquier persona puede cambiar de opinión, religión, partido político o de fútbol, si ese al que pertenecía ya no responde a sus necesidades. Pero lo que no puede hacer, de ninguna manera, es atacar todo eso que defendió hasta poco antes, porque lo que demuestra con eso es una bajeza vergonzosa y ruin.

    Después de casi 4 años, Hugo Velázquez decidió abandonar el movimiento Honor Colorado, molesto porque no había sido tenido en cuenta por la cúpula para la lista de candidatos al Congreso que competirán en las internas de diciembre. Aunque la versión oficial de su decisión es que no está conforme con que Santiago Peña fuera el precandidato para la Presidencia de la República, lo cierto es que sus motivaciones fueron mucho más egoístas y personales.

    Pero está bien. Por el motivo que fuere, la libertad de abandonar o permanecer en un movimiento es inalienable. Así que las excusas sobran. El problema de Velázquez es que él no era un diputado más de la bancada oficialista, sino que había alcanzado, 3 años atrás, la Presidencia de la cámara hasta el 2018, por pertenecer a dicha bancada.

    Por lo tanto, una vez tomada la decisión de abandonar el movimiento, debía haber sabido que también perdería las prerrogativas que había obtenido por ser parte de él. Y aquí está el problema, o bien, la situación que nos muestra a Velázquez de cuerpo entero. Es tal su desesperación por no perder el último tramo de su Presidencia que ha decidido jugar con todas las armas que se le pongan a disposición para desacreditar al oficialismo, el mismo al que hace menos de un mes cantaba loas.

    Y no tuvo empacho en decir que el proyecto de enmienda constitucional presentado por el oficialismo colorado con la anuencia del llanismo liberal y el luguismo, y que fuera aprobado en primera instancia en el Senado, era “un mamotreto”.

    A ver, recapitulemos. Durante todo el proceso de discusión del proyecto de enmienda, Velázquez fue uno de sus más férreos defensores. Cuando fue aprobado por el Senado, el 31 de marzo pasado, él lo recibió para que empiece a ser analizado en Diputados, y si dijo que no se trataría hasta tanto la mesa de diálogo convocada por el presidente Horacio Cartes no tomara una decisión, fue simplemente porque recibió instrucciones de actuar de esa manera, porque el oficialismo no tenía la intención de crispar aún más el ambiente, ya suficientemente enardecido por las huestes de Efraín Alegre y Rafael Filizzola.

    Jamás, desde ese momento hasta acá, el susodicho criticó algo del texto del proyecto al que ahora trata como mamotreto. Si, al recibirlo, se dio cuenta de que era un texto inadecuado, ¿por qué no lo dijo? ¿Porque todavía tenía esperanzas de figurar en los planes del cartismo para el 2018? Si durante este tiempo estuvo apoyando algo en lo que no creía solo con el objetivo de obtener un beneficio personal, Velázquez es un sinvergüenza y oportunista que no debería ser tomado en serio por ningún sector de la ciudadanía.

    Al dejar el movimiento al que pertenecía, Velázquez debió agarrar sus petates y hacer mutis por el foro. Sus esfuerzos ahora deben estar en conseguir que sus nuevos socios le tomen en cuenta para algún puesto importante. Pero con este chiquitaje, esta forma de hacer política tan mediocre y sometida, lo que da este pobre señor es vergüenza ajena, porque no sólo crítica la enmienda. Ahora también ve “conspiraciones” de HC hasta en la sopa. Algo frecuente en nuestros políticos, en aquellos que al cambiar de bando se transforman en los más feroces críticos de las formaciones que antes integraban, lo que convierte a Velázquez, como político, en “más de lo mismo”

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    Publicado por jotaefeb | 1 junio, 2017, 9:40 am
  2. Tiempo de inflexión en el Partido Colorado

    Por Osmar Gómez R.

    Romper las reglas es una estrategia muy utilizada en el mundo de los negocios para triunfar. El presidente Horacio Cartes lo usó con éxito en su vida empresarial y ahora lo trajo al mundo de la política con la designación de Santiago Peña. Rompió con la tradición partidaria y puso a una figura no solo que no tiene historia partidaria, sino que fue militante del principal partido de oposición.

    La apuesta no solo es ganar la interna colorada, sino rediseñar todo el espacio del Partido Colorado. Ponerse en el centro de las decisiones dejando de lado a casi toda la dirigencia. El proyecto no solo es poner al nuevo Presidente de la República, sino también dejar abierta la posibilidad para volver en el 2023. Lo dejó muy claro en su renuncia a la reelección hace algunas semanas al sostener que no se presentaría en el 2018. En ningún momento habló del siguiente periodo presidencial.

    En estos cuatro años de mandato logró estructurar una cierta base partidaria apoyado en algunos dirigentes que ante la ausencia de liderazgos fuertes vieron la oportunidad de tener un futuro político bajo su sombra. Hoy confía en que esa estructura será suficiente para ganar las elecciones internas. Con la presidencia del Partido Colorado funcionó. En 2015, Pedro Alliana, un insulso candidato de último minuto sin vuelo propio ganó las elecciones de su mano. Sacó una diferencia de 120.000 votos.

    Cartes quiere controlar a los políticos, no que los políticos lo controlen. En estos cuatro años de gestión, le molestó profundamente que los políticos en el Congreso hayan frenado algunas de sus propuestas y no permitirá que eso se traslade a la Presidencia de la República. Con Peña como candidato y Luis Gneiting como segundo de la lista está asegurada la continuidad de su modelo con la participación de las grandes corporaciones en los principales negocios del país. Los políticos que le fueron leales no estarán ausentes, pero tendrán un papel secundario.

    El vicepresidente Juan Afara ni ningún otro dirigente partidario con vuelo propio tiene ni tendrá espacio para ser candidato de Honor Colorado. Ninguno servirá al objetivo de rediseñar lealtades en el Partido Colorado. Serían demasiado autónomos además tendrían una visión diferente.

    Este choque frontal de visiones es el que en los últimos días cambió radicalmente la fisonomía de la interna colorada y creó la tormenta perfecta para que el senador Mario Abdo capture las fugas del Honor Colorado y agregue apoyos a su proyecto.

    Abdo sumó no solo a los exoficialistas sino a toda la dirigencia que considera que la política está por encima de los fríos números de las matemáticas y del concepto empresarial de la gestión de Estado.

    De acuerdo con la aritmética y los resultados de las elecciones internas de 2015 el movimiento oficialista debería ganar las internas y Peña tendría que ser candidato presidencial. Romper las reglas debería funcionar en la política como en los negocios, de acuerdo con la visión que tienen en Honor Colorado.

    Pero en política no siempre es así. El más cercano antecedente es el archivamiento de la enmienda presidencial. El oficialismo con mayoría en las dos cámaras del Congreso tuvo que dar un paso atrás. En 2008, con dinero y estructura, el Partido Colorado ante el fastidio del electorado perdió las elecciones. En el entorno presidencial se culpa a los políticos del fracaso de la enmienda y se entiende que fue justamente el malestar ciudadano con la clase política la que hizo perder las elecciones al Partido Colorado en 2008.

    Más allá de visiones, lo claro es que la ANR atraviesa un momento histórico. Las internas presidenciales definirán el diseño futuro. Los dirigentes con cierto peso y trayectoria política contra un nuevo liderazgo que pretende ser hegemónico y marcar las pautas en el futuro.

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    Publicado por jotaefeb | 13 mayo, 2017, 7:46 am
  3. Resulta que…

    Resulta que Santiago Peña es además de; buen mozo, un técnico apoyado por organismos internacionales, respetado en el área económica, y un potable candidato a la presidencia de la República; un mbatará, un mandadero, un títere, un inútil, un liquidador de la patria, encima monóglata, y pro-putos hi’ari voi.
    No obstante, ante este escenario ideal para quien sea que lo tenga como contrincante, casi que diríamos en términos futbolísticos “un rival accesible”, los jinetes del Apocalipsis (?) tienen que aunar esfuerzos para contener al señorito asunceno cool degustador de lomitos, en su avance hacia las bases coloradas en el interior del país. Por supuesto, desde un cómodo living en plena capital del Paraguay.
    Dicen los oficialistas, ‘El Movimiento Tatu Pochy’.
    De paso, resulta que también se desarrolla un escenario complicado para los medios de comunicación en nuestro país -cada uno con su propio interés- de tener que elegir entre apoyar al candidato medio dibujado a mano lento; churro, elocuente, inspirador a lo Maxwell (no el diskette), pero encaminado por la sombría imagen de patrón de Horacio Cartes. O, jugársela por los sospechosos de siempre, los grandes karaises de apellido recurrente y pañuelo pyta alrededor del pescuezo.
    ¿Aparecerá una tercera opción? ¿Podrán los liberales bajarse de su arasa mata y se promoverá una alianza sin trampa con el actual intendente de Asunción? O quizás busque Ferreiro capturar la atención de quienes quieran mantener un modelo de Gobierno, sin importar demasiado la cara.
    Por el luguishmo parecen ya estar pensando en repartir de nuevo las cartas para el 2023, antes que meterse a esta pelea política que está a la vuelta de la esquina, sí, esa esquina, ahí mismo donde los policías persiguen a toda velocidad a los bandidos…ah mirá un poco, el cana se cayó de su moto.
    Pero qué loco.

    Mike Silvero

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    Publicado por jotaefeb | 12 mayo, 2017, 6:59 pm
  4. “Así nomás luego es”

    Por Pablo Noé

    Es un buen tiempo para todo aquel que intenta disfrutar de grandes espectáculos, principalmente si uno es amigo del ahorro, ya que esta película, que se reestrena por enésima vez, es un clásico de gran éxito en nuestra sociedad, que supera la barrera del tiempo y que tiene como principal ingrediente, la renovación de los protagonistas para captar la atención de la gente.

    Acompañado de una buena porción de pororó, y para evitar algún mal rato, de un té digestivo, es atrayente mirar todo lo que se está viviendo en estos instantes en la clase política. El típico reacomodo de las huestes partidarias en una u otra carpa, de acuerdo al interés principal de los actores; la mayor facilidad de alcanzar algún zoquete, para obtener los beneficios como premio por tanto “sacrificio” y finalmente hacerse dueño de una porción del poder, con todo lo que aquello implica.

    Quienes adoramos este escenario nos conformamos con revivir los clásicos, idas y vueltas, amores y desamores, peleas y reconciliaciones, cargadas de palabras sin sentido, que en lugar de invitar a la reflexión, son dignas de guiones humorísticos. Es casi como ver alguno de los miles de capítulos de cualquiera de los programas de Roberto Gómez Bolaños, que a pesar de ser predecibles, nos ponía frente a la pantalla chica para disfrutar de cada capítulo.

    Estas puestas en escena no son aptas para exigentes. Aquellos que pretenden debatir ideas, sopesar análisis, intentar dibujar escenarios predecibles producto de lo que ocurre, pueden dedicarse a otras actividades más filantrópicas. La explicación es simple, lo que funciona se repite como estuviera en un sinfín que rueda eternamente y que parece que a nadie importa ni conmueve. Este es, en términos más contundentes, el resumen de la actualidad partidaria en Paraguay: una carrera desenfrenada hacia el poder, en donde los proyectos no tienen cabida.

    Tan solo hay que observar quiénes conforman el oficialismo y la disidencia dentro de la ANR, así como los grupos que intentan construir acuerdos en la oposición. En un breve resumen, se podrá notar una interesante mezcla, en la que todos están juntos pero no revueltos, abrazando una causa que es efímera, llegar bien posicionados a las elecciones, para luego seguir con esta manera de entender la lógica política, un todos con y contra todos constante, con un factor común, la ausencia de contenido.

    Esta praxis endémica es parte de la cultura imperante en el mundo y en nuestra sociedad, que deriva de la intención rápida de llegar al éxito sin que importe la manera de alcanzarlo. Pasa en los medios de prensa, pasa con las modelos, pasa con futbolistas, pasa con mediáticos, ocurre con una frecuencia constante que ya perdimos la noción de su presencia. Es tan normal, es tan común, que podemos resumirlo en el típico e insalubre dicho “así nomás luego es…”.

    Que se aplique la maquiavélica forma de buscar un objetivo despreciando los medios para conseguirlo es pernicioso para quienes soñamos construir una sociedad que proyecte alternativas de vida digna para todos. No podemos seguir despreciando el debate que ponga foco en salud, educación, seguridad, empleo, infraestructura, inversión, eliminando la corrupción e impunidad, buscando sostener estas intenciones con políticas públicas sólidas.

    Si pretendemos cambiar el destino de nuestro país, el único camino válido es pensar en un proyecto país en el que la participación ciudadana es crucial e indelegable. Sacar provecho de este espectáculo reiterativo para romper estas estructuras perniciosas y construir otro país. No comprender este escenario puede reducir todo a una mirada aséptica que encuentre en esta puesta en escena, más de lo mismo. Eso es imperdonable.

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    Publicado por jotaefeb | 12 mayo, 2017, 8:35 am
  5. Partidos en vías de defunción, la crisis es por los “insiders”

    El “certificado de defunción que expidió el pasado martes 9 de mayo el ex primer ministro francés Manuel Valls fue, más que un anuncio, un diagnóstico: “Este partido socialista está muerto”, sentenció.

    Aunque resonó en toda Europa y en el mundo, el certificado no hacía falta; en las recientes elecciones francesas que terminaron con la cantada elección del nuevo presidente de Francia, Emmanuel Macron, el derrumbe socialista había sido más estrepitoso que la “muerte anunciada” por las encuestas, con un insignificante porcentaje de votos, que dejaba en ruinas, desnudo de votantes y de escaños, a un partido acostumbrado por décadas a dirigir o, por lo menos, compartir el poder político de Francia, y la segunda “potencia” más influyente de la Unión Europea.

    Rompiendo con la historia que significó el triunfo de Mitterrand, a principios de los años 80, la reivindicación de la izquierda democrática, tras el derrumbe de los partidos comunistas como representantes de la izquierda totalitaria, de partido único y dictadura del partido, en vez del proletariado, haciendo irrumpir el socialismo democrático como referente de la nueva Europa.

    La caída, en el sentido contrario, hoy deja una gran interrogante sobre quién ocupará ese lugar, es decir, un vació político realmente importante.

    Es, sin duda una catástrofe, no solo del gobierno de Holland, sino que implica también una derrota para la izquierda y para el centro conservador, teniendo encima el avance de votos de la extrema-derechista Le Pen.

    Y un serio aviso para la Unión Europea, que ya tuvo una señal de alerta con el Brexit. Si tomamos el ejemplo de la deserción de Gran Bretaña, que fue principalmente basada en que los votantes que estaban a favor de seguir en la Unión, no votaron, vale la pena mirar a lo que pasó en España recientemente, un país que necesitó sucesivas elecciones, durante un largo período descabezado de los políticos, ya que ninguno de los contendientes lograba la suficiente cantidad de votos para gobernar. Hubo que llegar a un cuasi suicidio del Partido Socialista, porque no tenía otra salida, dado su cada vez más raleado electorado en cada elección sucesiva.

    Es decir, la conclusión no está entre izquierda y derecha, aunque ésta haya ganado en votos –más por el neorracismo generado por el terrorismo, que desgastó a este último gobierno francés– sino en el desgaste de los políticos y en la falta de interés y de credibilidad en las propuestas que representan.

    Una lección que vale tener en cuenta. Más que el desgaste de la política, podemos hablar del desgaste de los partidos.

    ¿Y por casa cómo andamos? Si bien tenemos partidos que crecen en afiliados, en lo que va de la transición no han crecido en votos, ni en fidelidad de los votantes, sino en dependencia de los “outsiders”.

    De hecho, tenemos a los dos partidos tradicionales divididos y, más grave aún, internamente confrontados, y a la tercera vía de la izquierda, tan nueva, tan igualmente conflictuada.

    Las internas están siendo más demoledoras de los partidos que el pensamiento en las elecciones nacionales; las luchas descalificadoras más fuertes que las propuestas de gobierno.

    Hasta ahora hay más candidaturas probables que ciertas, y más candidatos volando que candidato en mano, olvidándonos del sabio refrán que dice que más vale pájaro en mano que cien volando.

    El problema no es de los outsiders, sino de las internas, de los “insiders” de los partidos. Peleando el poder partidario y en el Congreso, cada quien en su carpa, cada quien en pos de su cargo, sin una visión nacional y de cara al futuro. Y así les ha ido durante esta transición, sin un solo presidente “de partido”.

    Y así les va a seguir yendo, mientras sigan pensando en la banquita y los carguitos, y no en el interés nacional.

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    Publicado por jotaefeb | 12 mayo, 2017, 8:33 am
  6. La ciudadanía debe exigir el control de fondos electorales

    Las autoridades del Poder Legislativo y las de la Justicia Electoral han demostrado hasta ahora un total desinterés para apoyar el tratamiento y la aprobación de proyectos de ley que buscan desbloquear las listas sábana y controlar el origen de los fondos que financian a las candidaturas y a los partidos políticos, antes de los próximos comicios. Estos proyectos siguen varados en la Cámara de Diputados y la situación abre nuevamente la posibilidad de que dinero sucio, proveniente del crimen organizado y del narcotráfico, sea el que financie las candidaturas y refuerce los nexos de la narcopolítica. La ciudadanía debe involucrarse más para exigir mayor transparencia de la actividad política.
    Los reclamos de grupos de ciudadanos, como la llamada Asociación Fuera Listas Sábanas, y de varias organizaciones no gubernamentales que vienen exigiendo un mayor control del financiamiento político, han caído hasta ahora en saco roto ante el abierto desinterés de las autoridades del Poder Legislativo y de la Justicia Electoral.

    La afirmación del ministro electoral Jaime Bestard, durante una reunión con los miembros de la Comisión de Asuntos Constitucionales de la Cámara de Diputados, el martes último, de que ya no será posible aplicar nuevos mecanismos de control a los fondos que financian la actividad de los partidos políticos y las candidaturas, ni abrir las llamadas listas sábana, demuestra que los encargados de la Justicia Electoral no tienen mucha voluntad en cambiar el oscuro sistema con que se viene manejando hasta ahora la clase política en el Paraguay.

    Igualmente, la actitud del presidente de la Cámara de Diputados, el legislador colorado Hugo Velázquez, quien el miércoles evitó responder a los requerimientos de grupos de ciudadanos y de miembros de la prensa acerca de estos temas, alegando estar muy atareado tras su regreso de un viaje a los Estados Unidos, refuerza la total falta de voluntad de la clase política dirigente en alterar lo establecido.

    Hasta ahora, tanto el proyecto de modificación de la Ley de Financiamiento Político como el de desbloqueo de las listas sábana para las elecciones permanecen varados en la Cámara Baja. Hay dos textos propuestos para cada uno, es decir, cuatro proyectos que esperan dictámenes, a los que no se concede importancia y se mantienen en la congeladora desde hace años.

    De este modo, parece claro el interés de los dirigentes políticos, así como de las propias autoridades de la Justicia Electoral, de que no se produzcan cambios que puedan llevar a una verdadera transparencia y mayor control de la actividad política, como a la posibilidad de que los ciudadanos elijan libremente en los comicios a personas capaces y honestas, sin estar obligadas a votar por listas cerradas o sábana, en las cuales se ubican figuras de oscuro historial, sin la preparación adecuada y en muchos casos conectados a grupos mafiosos.

    Para poder cambiar esto hace falta que la mayoría de los ciudadanos se involucren más activamente en estos reclamos, que por ahora son llevados por grupos reducidos aunque constantes de miembros de la sociedad civil y de las organizaciones no gubernamentales. Solo cuando las exigencias de transparencia y de control estricto sobre la actividad política sean asumidas como una demanda colectiva, con presión y movilización, se lograrán verdaderos resultados.

    http://www.ultimahora.com/la-ciudadania-debe-exigir-el-control-fondos-electorales-n1085155.html

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    Publicado por jotaefeb | 12 mayo, 2017, 8:19 am
  7. El silencio de Calé

    Posteado por Edwin Britez el 11-05-2017

    Carlos Arroyo escribe en El País, que aprendió de su mejor profesor que pocas cosas son comparables con la emoción intelectual de ver cómo aprende un alumno. “Vivir el momento en que sus pupilas se agrandan cuando su mente se enriquece gracias a tí es indescriptible”. Además, cuando un exalumno “llega a establecer contigo una discusión de igual a igual, o incluso llegara a superarte”.

    “No hay nada igual -agrega- ver cómo un estudiante te deja atrás gracias justamente a lo que aprendió contigo es tu Premio Nobel como profesor. Un solo caso justifica muchos años de esfuerzo y sinsabores”.

    ¿Ustedes están pensando igual que yo?. De que Calé está disfrutando de su Premio Nobel, ¿o está sufriendo -y eso explica su silencio- porque el alumno está resultando mejor que el profesor?

    Años atrás pasó la mano a Horacio y éste aprendió con él a invertir en política adquiriendo para ello acciones en la ANR, para lo cual fue necesario que el maestro lograra obediencia debida de una convención.

    La historia no registra si Calé disfrutó el momento en que a Cartes se le agrandan las pupilas al escuchar que puede ser presidente y la forma sencilla en que lo explica el profesor de cómo hacerlo. Pero sí registra que se enriqueció la mente del alumno con todo lo aprendido.

    En la siguiente convención, el alumno ya discutió con el profesor y consiguió hacerlo callar, además de obligarlo a abandonar el movimiento que se fundó entre él y el profe con la sigla de su nombre.

    Ahora el alumno, que ya no requiere de tutor alguno, nombra él solo al candidato a quien enseña desde cómo usar pañuelo hasta cómo convencer a la masa societaria de una asociación enemiga a la cual pertenecía su retoño.

    HC está demostrando a su profesor que ya no es necesario alquilar un partido, sino renovar el contrato, y que tal como sucedió con él, la tradición y la militancia pueden continuar bien guardados en los estantes de la vetusta asociación de hombres libres, a la cual le cuesta cada vez más conseguir rostros frescos y nuevos bríos.

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    Publicado por jotaefeb | 12 mayo, 2017, 8:17 am
  8. ¿Pueden convertirse los zorros en vegetarianos?

    Por Jorge Rubiani

    Pretender que el Parlamento Nacional depure los vicios electorales en procura de mejores líderes, es como esperar que un cónclave de zorros decida que la especie se vuelva vegetariana. Imposible. Y es que el Poder Legislativo perdió de vista –hace mucho tiempo– el origen de su representación y el fundamento de su existencia. Hoy, cuando todo el mundo –desde Juan Afara hasta Chiqui Arce– excusan alguna barbaridad con el argumento de que “es lo que le gusta a la gente”, nuestros congresistas no se justificarían jamás con lo mismo. Porque en primer lugar y fuera de los de su clientela partidaria, les importa un rábano lo que la gente piensa o desea. Y en segundo, porque si ocurriera tal cosa –la eliminación de las listas sábana– implicará en realidad la depuración de la dirigencia y la inyección de nueva sangre al liderazgo partidario, hechos que harán de manera correspondiente, que la política funcione para felicidad del pueblo y utilidad de la Nación. Como debe ser. Y no para la mera existencia vegetativa, viciosa, inoperante y costosa del sistema actual.

    Pasaron seis años (en realidad son muchos más) y ahora salen con que el Parlamento “no tuvo tiempo de estudiar a fondo el desmantelamiento de las llamadas listas sábanas”. Esa que confeccionan las cúpulas partidarias –en función “a ya se sabe que”– para que la gente ritualice la farsa de la elección popular. Y para que los miembros del Tribunal Superior de la Justicia Electoral, los “machos alfa” de la manada, se luzcan tras nuestras frecuentes elecciones, por “el orden, la alta concurrencia y la limpidez” de cualquiera de ellas. Estos personajes, seleccionados y designados por las cúpulas partidarias, especialistas en sofismas y sobre entendidos, expertos en desafiar la física y las matemáticas para justificar salarios de primer mundo y viáticos sobre facturados, son además los encargados de dirimir la vidriosa cuestión del financiamiento de las campañas electorales. ¿Puede admitirse semejante contrasentido? ¿Alguien podría concebir que con esta estructura se haría algo en favor de mejores candidatos y elecciones más útiles?

    Convengámoslo: nuestro problema parlamentario es parecido a los que ocasionan las crecidas del río Paraguay. Todos saben que vienen, las secuelas que traen y los costos que suponen, pero nadie quiere ponerle coto al asunto; aún a pesar de que, como en la mayoría de nuestros “problemas sociales“, las soluciones se conocen y son posibles. Así como todos saben que para la cura de cualquier dolencia, deben tomarse los remedios necesarios por amargos que fueren o incurrir en largos tratamientos. Tal vez molestos y sacrificados pero finalmente indispensables para que la enfermedad sea erradicada. De manera que los problemas del fraude a la representación popular y las listas sábanas NO SE SOLUCIONARÁN, porque empezamos negando su naturaleza y es la “razón de ser” del funcionamiento partidario. La que tergiversó el sentido de la democracia para que la voluntad de los Partidos supliera a la del “líder único”. Esa casta partidaria, simplemente, NO LO VA A PERMITIR, porque carece de grandeza y sentido patriótico. Y porque si se desintegran las listas para que votemos nombres de personas con talentos, trayectorias y capacidades adecuadas para las complejidades del Estado y de la representación popular, la mayoría de los que están –desde hace décadas– incrustados en el poder o merodeando en sus cercanías, ya no tendrá cabida.

    Pero despertemos. Ya hemos padecido este furor antiparlamentario y anti-Partidos en otras ocasiones. Como vinieron y se fueron los que están desde hace décadas, haciendo lo mismo y mal. Porque llegan las elecciones y las excitantes especulaciones sobre los candidatos nos envuelven con su aroma a dinero. La publicidad (aunque fuera de los plazos legales) inunda los medios de prensa. Se suceden los debates …sobre cualquier cosa porque propuestas no existen y si existen, se olvidan después. Ya en la “recta final” y en la medida que crece la incertidumbre, la propaganda electoral nos envuelve con mayor intensidad, ya convertida en polución sensorial, visual y sonora. Viral…

    Y… ¿las listas sábanas? ¡Ah! …¿eso? De eso se habla después …cuando NO HAY elecciones. Como de las algas verdes del lago Ypacaraí. Que aparecen en invierno y todo el mundo se escandaliza. Pero desaparecen en la “temporada”… no sea que arruinen el negocio veraniego de muchos. Como sucede con las listas sábana… y en los cónclaves de zorros.

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    Publicado por jotaefeb | 12 mayo, 2017, 8:12 am
  9. Las “listas sábana” contra la libertad del elector

    La Justicia Electoral, creada por la Constitución de 1992, es la institución responsable de proclamar a las autoridades electivas del país. Cuenta con el monopolio del poder en cuanto a los asuntos electorales como para que la ciudadanía se pueda respaldar legalmente en ella para la necesaria garantía y respeto a la voluntad popular en el proceso de construcción del poder legítimo.

    Sin embargo, a pesar de contar con la plenitud de las atribuciones en esa cuestión específica y pese también a que sus máximas autoridades están investidas de fueros para actuar con independencia y seguridad, es una institución que se convirtió con el tiempo en un simple apéndice de la clase política dominante del país, de la cual se contaminó con todos los vicios de latrocinio, servilismo y arbitrariedad, hasta convertir a los miembros del Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE) en lo que son actualmente: simples mandaderos de los caciques políticos que desde las élites partidarias y los resortes parlamentarios tuercen las leyes electorales y estrujan a su antojo las reglas del juego democrático.

    Los miembros de la comisión de Asuntos Constitucionales de la Cámara de Diputados hicieron llamar a las autoridades y funcionarios del Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE) para hacerlos aparecer en las fotografías y filmaciones como los autores intelectuales del rechazo de la cúpula política mafiosa al clamor popular, que se tradujo en dos proyectos de leyes, uno de los cuales ya lleva seis años cajoneado. Uno trata del desbloqueo de las listas sábana y el otro del control del financiamiento electoral, dos cuestiones que ayudan a los dueños de partidos y movimientos partidarios a ser elegidos y reelectos las veces que desean, además de convertirlos en los grandes electores, por encima de la soberanía ciudadana y de las leyes, y de manejar el dinero de origen sucio, lejos del control estatal.

    Aprovechándose de la distracción ciudadana en varias cuestiones relevantes de la agenda política, los caciques partidarios decidieron dar su golpe para asegurarse de hacerse elegir ellos mismos y varios otros personajes averiados de su entorno en las próximas elecciones generales. Al mismo tiempo, se van a asegurar de que en las decisivas elecciones internas sigan recibiendo y distribuyendo dinero de origen cada vez más cierto como proveniente del narcotráfico, de la corrupción estatal, del contrabando, del lavado de dinero y de la evasión impositiva.

    Los caciques políticos y los magistrados electorales acordaron sepultar el reclamo popular de competir libremente en elecciones directas y no previamente digitadas –como ahora– por los propietarios de movimientos y partidos. Al mismo tiempo, resolvieron mantener oculta la forma en que estos personajes y sus camarillas juntan dinero de aportantes que, con toda razón, temen represalias futuras, de delincuentes de cuellos blancos que compran bancas con dinero sucio. Naturalmente, quedará oculta también la buena parte de todo ese dinero con que se quedan los “dueños” de las listas sábana.

    Para la ciudadanía, es simple y claro: de no existir las listas sábana, todos estos personajes indeseables de la política criolla y rastrera serían desplazados por gente con verdadera vocación política y capacitada para las delicadas funciones de Estado. De existir un férreo control financiero de las campañas electorales, todos ellos deberán ocupar lugares en las celdas comunes del sistema penitenciario nacional.

    Estas son las razones que impulsan a las elites políticas, y a los aspirantes a formar parte de ellas, a conservar las “listas sábana” y a rechazar el control estatal independiente de los fondos destinados a sufragar gastos electorales. Los que están, para acumular más poder ilegítimo y fortuna malhabida, y los que esperan su turno, porque aspiran a convertirse en multimillonarios, al igual que los otros, sin arriesgar capital ni esfuerzo, ni temer a la justicia.

    Este grosero rechazo de una comisión parlamentaria en connivencia con la Justicia Electoral de dos cuestiones de alto interés cívico, que sin duda será confirmado en pocos días por el Congreso, justifica la reacción popular que, de llevarse a cabo, seguramente será repelida por los órganos de seguridad “con la ley en la mano” como falta grave, atropello y violencia contra las instituciones republicanas. Los ciudadanos y las ciudadanas deben comprender que el silencio permisivo y la pasividad frente a estos verdaderos actos de violencia en contra de los principios constitucionales de elección directa en igualdad de condiciones, con transparencia y garantía legal e institucional, solo contribuyen a fortalecer el sistema de exclusión política y al poder de las gavillas partidarias.

    Estas verdaderas burlas a las aspiraciones de la gente por parte de legisladores y magistrados electorales insensibles a la voluntad popular son las que llevan, finalmente, a que la gente pierda la paciencia y busque justicia por propia mano cuando la institución que debe impartirla, el Poder Judicial, es un brazo más de los políticos bandidos.

    Para remediar esta tétrica situación, hay un solo camino: sepultar el régimen de “listas sábana”, para lo cual la ciudadanía debe salir a las calles a exigir su derecho a elegir libremente a sus representantes.

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/las-listas-sabana-contra-la-libertad-del-elector-1592857.html

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    Publicado por jotaefeb | 12 mayo, 2017, 8:08 am
  10. Democracia de la billetera
    11 mayo, 2017
    Dos proyectos que podrían haber ayudado a mejorar un poco el sistema democrático en nuestro país fueron postergados una vez más en la Cámara de Diputados. La ley de desbloqueo de la lista sábana y de financiamiento político, pasaron al archivo, luego de seis años de espera. Esto significa que no serán aplicables para las elecciones del 2018, lo que significa que en el próximo periodo seguiremos contando con mafiosos y representantes de mafiosos en el Congreso, en las juntas departamentales y en las gobernaciones.
    Así en cada periodo de gobierno, los partidos políticos buscan un carilindo, algún fantoche con buena imagen, que encabece las listas, para detrás incorporar a los impresentables, analfabetos funcionales o representantes de narcotraficantes, cuando no, directamente traficantes. Las elecciones seguirán siendo financiadas con el dinero sucio del narcotráfico, del lavado y otras actividades ilícitas. Con eso, las bandas de delincuentes que operan en diferentes niveles seguirán asegurando su impunidad, gracias a la protección política, porque serán estos representantes quienes nombrarán fiscales, el Jurado de Enjuiciamiento y hasta a miembros de la Corte Suprema de Justicia.
    Los delincuentes y sinvergüenzas podrán seguir comprando bancas en el Parlamento, como lo han venido haciendo históricamente. Por ello, la clase política está, cada vez más, absolutamente desprestigiada. Los dos partidos tradicionales en las dos últimas elecciones debieron recurrir a forasteros de la política para presentarse a las elecciones, porque en sus filas no tienen un solo político creíble o que no tenga algún cuestionamiento.
    Trabajar en política, lejos de ponerse al servicio de los necesitados y buscar el bienestar de la población, se ha convertido en una transacción comercial, donde los inescrupulosos aseguran un cargo para comerciar luego con sus votos. Fuimos testigos de esta grosera compra-venta de diputados y senadores, durante la campaña para imponer la enmienda constitucional para la reelección. Así tenemos en nuestro país a los nuevos magnates, que amasan dudosas fortunas gracias al tráfico de influencias, al tráfico de votos y otros tantos negocios ilícitos que se perpetran con total tranquilidad e impunidad, porque la política se ha convertido en un “club de amigos”, donde todos participan, en alguna medida, de este grosero festival de la corrupción.
    El pueblo acudirá a las elecciones para votar pero no para elegir y con sus votos, otra vez, legalizará la instalación de la delincuencia en el poder. Es la más terrible y vergonzosa prostitución de la democracia. Está instalada la convicción de que ganará las elecciones quien tenga más dinero sucio en su billetera.

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    Publicado por jotaefeb | 11 mayo, 2017, 9:33 am
  11. Mala sensación de que cualquiera puede ganar

    Por Marcos Cáceres Amarilla

    Los candidatos que hasta ahora asoman con posibilidades para el 2018 despiertan reacciones más de asombro y escepticismo que de algo parecido al entusiasmo popular. Se evidencia, como nunca, la ausencia de liderazgos genuinos y, más preocupante aún, se nota la falta de opciones reales y de un debate serio sobre cuál es el modelo de país que quieren los paraguayos. En este escenario, da la sensación de que cualquiera podría ganar.

    A juzgar por la oferta electoral que algunos partidos presentan, o que al menos buscan, parece que la cualidad mejor apreciada de un candidato es el de la novedad.

    En el oficialismo, el presidente Horacio Cartes sorprendió a propios y extraños presentando un candidato inesperado: su joven ministro de Hacienda Santiago Peña lo que, como mínimo se leyó como un portazo a la dirigencia política del añejo partido de Bernardino Caballero.

    El senador colorado Juan Carlos Galaverna dijo que el eventual triunfo de Peña significaría el fin del sistema de partidos políticos. En todo caso, habría que hacer notar que este final comenzó antes, cuando los partidos eligieron poner su organización y estructuras a disposición de candidaturas extrañas a sus filas.

    A Peña se lo ha querido comparar con el mismo Cartes, dejando de lado que no cuenta ni por asomo con el poderío económico y la experiencia empresarial que el mandatario. También se lo ha querido asociar, por su juventud, con Emmanuel Macrón, flamante presidente de Francia y, tal vez, se lo podría querer comparar con el presidente de EE.UU. Donald Trump, por surgir como un candidato en contra de la dirigencia de su partido. El “pequeño” detalle es que estas figuras se inventaron a sí mismas y no fueron digitadas por el capricho de un jefe que les dio su bendición.

    La candidatura de Peña motiva en estos días el surgimiento en el oficialismo de un frente de dirigentes políticos que intentarán una “última y heroica resistencia” a la “comercialización” de su partido. La disputa promete ser interesante y, posiblemente, hará historia.

    Peña mismo se ha referido a su figura como la de una “oferta electoral”, consciente de su condición de producto a ser vendido a un público que se espera esté anestesiado y bloqueado por sus necesidades y sus temores, en un escenario regional y mundial que los medios, en general, pintan como caótico y peligroso.

    El candidato oficialista se oferta con una doble cualidad: la de la novedad pero, al mismo tiempo, la predecibilidad, al ser el continuador de una política presuntamente eficiente y “desidologizada”.

    Curiosamente o no, casi todos los candidatos que se presentan como opciones al cartismo, tanto colorados como opositores, no se plantean como modelos antagónicos en término de proyecto político, económico o social. En realidad, ni siquiera plantean nada distinto, sino solamente hacer lo mismo, pero “mejor”.

    Los partidos de oposición, a esta altura, se debaten en la necesidad de encontrar una figura atractiva y aglutinadora, más allá de propuestas innovadoras y, mucho menos, revolucionarias.

    Temas como la desigual distribución de la tierra ocupada cada vez más por extranjeros, la expulsión de los campesinos a las zonas urbanas, la creciente presencia del narcotráfico en el escenario político y cotidiano, la inseguridad en el campo y las ciudades, la mala calidad de la educación pública en todos sus niveles, la pauperización de la atención de salud, entre otras necesidades, no forman parte, hasta ahora, del debate político y, aparentemente, se discutirán (si se discuten) solo como una cuestión periférica y no central.

    Las posibilidades de optar por los cambios que se necesitan en el país solamente serían posibles con el surgimiento de una mayor conciencia ciudadana cosa que, evidentemente, desde ciertas élites económicas y políticas, se querrá evitar.

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    Publicado por jotaefeb | 11 mayo, 2017, 9:16 am
  12. Partidos no tradicionales deben fortalecer sus internas

    Se está viviendo con mucha espectacularidad en estos días lo que sucede en el movimiento Honor Colorado, el oficialismo de la ANR, en el marco de la definición de su candidatura para la Presidencia de la República.

    Obviamente lo que sucede con el sector político que corresponde al presidente de la República siempre tendrá visibilidad por cuanto viene investido de interés inherente a su rango en el escenario político.

    Todos opinan sobre lo que sucederá con Santiago Peña, si se quedará o no con la chapa, incluso opinan los políticos del sector disidente de la ANR y las figuras de la oposición.

    Lo paradójico es que algunos referentes que son virulentos en juzgar lo que sucede en el entorno político presidencial, en el debate por escoger a la candidatura de Honor Colorado, asumiendo un tono moralista y ético, corresponden a partidos que jamás realizaron procesos internos ni tuvieron ningún tipo de contraste o puja interna que inquietara la voluntad de sus líderes partidarios.

    Por ejemplo, la preocupación del PDP en este momento no sería la convocatoria de sus bases para escoger a un candidato a presidente o a su lista de senadores y diputados, sino se reduce aparentemente a una suerte de herencia familiar de la postulación de senador de Desirée Masi a Rafael Filizzola. Sin embargo, este detalle dañino para la democracia no preocupa a nadie ni es noticia. (De hecho, una de sus deserciones más resonantes, la del conocido ex fiscal y actual senador Arnaldo Giuzzio, responde a tal componenda).

    No le va en zaga Avanza País, cuyo líder detenta nada menos que la Intendencia municipal de Asunción, su hermano senador es su principal vocero y otro hermano –a su vez– el Vicepresidente del Partido Febrerista que postula a Ferreiro para la Intendencia. Esto tampoco es noticia ni llama la atención.

    En el Frente Guasu no se conoce, salvo en el partido Tekojoja, que hubieran existido compulsas internas importantes, y, en fin, en todo el espectro opositor de nuevos partidos, emergentes del proceso de transición democrática hay mucho enunciado discursivo sobre participación y democracia, pero muy poca puesta en práctica de tales valores.

    Hay, en resumen, mucha generosidad por parte de tales líderes –que no realizan internas o la realizan simbólicamente y que no renuevan sus liderazgos– para juzgar lo que ocurre en los así llamados partidos tradicionales (ANR-PLRA) pero no les inquieta los síntomas del partidismo de propiedad personal que se vive en sus propias experiencias políticas.

    Es justo mencionar aquí que la fuerza de los cuestionados partidos tradicionales radica, justamente, en la capacidad que tienen de llevar sus compulsas internas, a veces sangrientas, pero que finalmente impiden que su masa de afiliados se desmovilicen y más bien se encuentran en militancia permanente gracias a ello.

    Y no se trata de una situación de valor democrático que se vive en los partidos tradicionales desde la transición democrática, sino viene desde los dolorosos tiempos de la dictadura inclusive.

    En la peor época liberticida, la ANR renovaba sus seccionales, en todos los pueblos, con el fragor de las luchas internas entre caudillos locales, y en esos mismos tiempos, principalmente en la última etapa del estronismo, el PLRA supo sostener sus comités y realizar sus eventos partidarios contra viento y marea.

    Es fundamental que los partidos políticos “refresquen” su democracia interna y es poco ético e impresentable que sus formas de renovación sean cosméticas, hereditarias o construidas en base al “chonguismo” antes que mediante la sana compulsa electoral interna. Allí es donde los partidos tradicionales tienen una cátedra que transmitir a muchas agrupaciones políticas que normalmente alardean en los medios sus recetas de democracia, pero ofician con aquel viejo adagio que señala “haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”.

    Evitar las internas verdaderas, con corrientes internas consolidadas, tiene consecuencias que terminan siendo nocivas para el crecimiento de estos partidos y como muestra vale un botón: hasta hoy los liderazgos que surgen de los sectores que evitan la participación interna en la elección de sus autoridades o la maquillan, siguen precisando de los partidos tradicionales para un proyecto que apunte a ganar elecciones nacionales.

    La transición democrática debe dar paso a un sistema de partidos fortalecidos que apunten a lograr el poder mediante la fortaleza de sus propios núcleos, siendo que en todos ellos pueden surgir liderazgos aglutinadores; ejemplos son Fernando Lugo y Mario Ferreiro; pero mientras estos partidos y alianzas no se abran a procesos electorales internos amplios, transparentes y por sobre todo competitivos seguirán dependiendo del humor del partido tradicional de oposición disponible para pensar en un resultado auspicioso.

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    Publicado por jotaefeb | 10 mayo, 2017, 8:25 am
  13. Inmorales

    Los expresidentes de la República, según establece el Art. 189 de la Constitución vigente, “serán senadores vitalicios de la Nación”. La conjugación del verbo empleada en esta frase está puesta en modo imperativo, por lo que “serán” significa una obligación, una carga pública. Los expresidentes, según los términos de esta disposición, están obligados a ser senadores vitalicios les agrade o no, de la misma manera que quien salga sorteado para ejercer de autoridad en una mesa electoral debe asumir la responsabilidad y desempeñar el cargo forzosamente y sin excusas.

    Sea que la forma de establecer esta obligación haya sido escrita así de forma adrede, o haya sido el resultado de una redacción apresurada, lo cierto es que está allí escrita de una manera clara e indiscutible: los expresidentes serán senadores vitalicios. Y conste que esta disposición fue asumida para favorecerlos, no para limitarlos. Porque se suponía que al otorgárseles este carácter –senadores con voz, sin voto y sin obligación de asistencia a las sesiones– mantenían sus fueros parlamentarios y quedaban protegidos contra investigaciones judiciales posteriores, o contra revanchas políticas que pudiesen ser canalizadas a través de acciones procesales.

    De esta manera, un exmandatario que desee sinceramente servir al país, tendrá suficiente oportunidad de hacerlo desde su banca de senador vitalicio, donde sus opiniones, de seguro, serán frecuentemente solicitadas, dada su experiencia en los asuntos propios del Gobierno. ¿Qué mejor asesor para los legisladores que quien ya conoció y manejó los asuntos del Estado personalmente?

    Sin embargo, a los expresidentes actualmente existentes en nuestro país que continúan dedicados a la política no les importa tanto colaborar con la patria en su calidad de senadores solo como consejeros, expertos o asesores experimentados, porque lo que realmente les interesa de ese cargo es el voto, lo que significa el poder real y efectivo en las manos. Desean ser parte activa en la repartija de la torta del Estado. Sin tener el derecho al voto no pueden negociar; las gavillas políticas en los diferentes estratos gubernamentales no los tendrán en cuenta a la hora crucial de asumir las principales decisiones sobre asuntos públicos que les afectarán a todos.

    La obsesiva acción política y judicial emprendida por Nicanor Duarte Frutos hace una década de renunciar a la senaduría vitalicia y pugnar por una de senador titular con voz y voto, por ejemplo, acabó de la peor manera imaginable, porque, si bien obtuvo todos los “permisos” de parte de “su” entonces Corte Suprema de Justicia, sus propios colegas le negaron el derecho al juramento y él quedó papando moscas. Fue un ridículo gigantesco; pero, según parece hoy, no causó precedente ni desalentó a los eventuales imitadores.

    En efecto, ahora es el presidente Horacio Cartes quien se apresta a recorrer el mismo camino. Como no le dieron el caramelo de la reelección, reclama el de la senaduría activa titular. Esta pretensión va camino de generar una nueva etapa de discusión estéril que les va a insumir a los políticos el escaso tiempo que les resta del periodo parlamentario anual, pérdida que se sumará a los más de doce meses malgastados en el fallido intento de atropellar la Constitución con el famoso proyecto de enmienda.

    En el Congreso penden de estudio y resolución numerosos proyectos legislativos que suponen cosas importantes para el manejo de la República; los plazos transcurren y decaen, algunos términos se cumplen y ciertas leyes pasan a ser tales sin haberse siquiera estudiado. Esto implica una gran vergüenza para el buen nombre de sus integrantes y la calidad de funciones que debe exhibir un cuerpo legislativo de carácter nacional, pero, más que eso, implica un grave perjuicio para los intereses generales del país.

    Los términos que utiliza nuestra Constitución para resolver cuál es el papel que les corresponde a los legisladores, presidentes de la República y expresidentes son bastante claros. No dan lugar a la necesidad de hacerles “interpretaciones” judiciales, salvo que se empleen a estas como cuñas para abrir las compuertas que la propia Constitución cerró.

    Si un político poderoso consigue involucrar a los miembros de la Corte en una operación fraudulenta con visos de legalidad exclusivamente para favorecerse a sí mismo, los fallos generados con este origen deben tenérselos como productos judiciales aislados y desprovistos del carácter de precedente jurídico. Nuestra jurisprudencia –como lo es en todo el mundo civilizado– tiene que consistir en la colección de sentencias basadas en los criterios mejor fundados, más ilustrados y sensatos de los magistrados; no puede estar contaminada con concesiones complacientes hechas al gusto del mandamás de turno.

    De modo que el intento ya anunciado del presidente Cartes de postularse como senador activo es un acto de ilicitud, porque atenta contra el Art. 189 de la Constitución, y de inmoralidad, porque va a involucrar a muchas otras personas en este intento, va a demorar –una vez más– la posibilidad de volver a retomar la marcha institucional del país (interrumpida por él mismo y sus paniaguados), y porque va a subvertir el orden jurídico en beneficio propio.

    Si el bochorno de Nicanor Duarte Frutos intentando jurar como senador activo no sirvió como suficiente lección, entonces los legisladores deben prepararse para darle a Cartes otra cátedra similar. A ver si de una vez por todas los paraguayos podemos acabar con los aventureros ambiciosos que no conocen de límites ni escrúpulos. Los ciudadanos y las ciudadanas deben estar preparados para resistir este nuevo intento en ciernes de atropellar la Constitución Nacional.

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/inmorales-1592134.html

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    Publicado por jotaefeb | 10 mayo, 2017, 6:39 am
  14. La vieja práctica de utilizar a los pobres
    9 mayo, 2017

    El ministro de Hacienda (con permiso para hacer proselitismo) se presenta como una figura moderna, un joven formado en el exterior y su nominación para precandidato a la presidencia de la República apunta, precisamente, a captar a los votantes más jóvenes. Se sabe que para el 2018 una gran masa del sector juvenil ingresa como votante y que su participación, cada vez más activa en la política, puede ser decisiva en las urnas. Ayer, el ministro con permiso, Peña, inició su gira política, comenzando por el Alto Paraná, rara coincidencia para iniciar con el pie izquierdo. El presidente Horacio Cartes había venido también a Ciudad del Este, donde aprovechó la inauguración de obras inconclusas, para anunciar su deseo de reelección. Sabemos como terminó esta lamentable hazaña del presidente.
    La visita del joven delfín de Cartes coincidió justamente con la entrega de las tarjetas magnéticas a los beneficiarios de Tekoporã, un programa de asistencia que distribuye dinero de los contribuyentes a las familias de menores recursos.
    Se aprovechó entonces la visita, como acostumbra hacer la familia Zacarías para lucirse y exhibirse como grandes benefactores, con la plata de los contribuyentes, para que el flamante aspirante a la presidencia se encargue también de la entrega de las tarjetas magnéticas.
    De esta manera, el joven ministro, la figura diferente que debería plantear un nuevo modo de hacer política, cayó en la vieja práctica prebendaria y clientelista de los desgastados, políticos colorados. Este tipo de prácticas que corrompen la democracia son las que cabalmente están haciendo que los políticos sean reemplazados por cualquier principiante, o improvisados de la política, para ocupar los cargos electivos de mayor relevancia, porque la gente está cansada de los abusos y las prácticas perversas de los políticos.
    Santiago Peña comenzó con el pie izquierdo recurriendo a una de las prácticas más pérfidas de los viejos caudillos colorados, aquellos dinosaurios cuya extinción, la sociedad paraguaya ansía desde hace mucho tiempo, porque son los que pudrieron al país. Lamentablemente, la joven promesa del nuevo rumbo cayó en el viejo juego sucio de utilizar la necesidad de los pobres para catapultarse políticamente. Una pena por Peña.

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    Publicado por jotaefeb | 9 mayo, 2017, 9:23 am
  15. Le candidat

    Por Brigitte Colmán
    Quienes están en la cocina de la candidatura a presidente de la República por el Partido Colorado –por el oficialismo–, tienen el atrevimiento de inflarse de orgullo (¿!) señalando similitudes entre el elegido de Cartes, Santiago Peña, y el nuevo presidente francés, Emmanuel Macron.

    Sin profundizar demasiado en el proceso que llevó al Elíseo al joven economista francés, se puede decir que las comparaciones son forzadas. Es más, si tuviéramos que formularlo en buen paraguayo diríamos: tuicha la diferencia.

    Cuando Macron estudió filosofía, se convirtió en un muy joven asistente del filósofo y antropólogo francés Paul Ricoeur; y luego, ya devenido en ministro de Economía en el Gobierno de Hollande un buen día lanzó su propio movimiento, y después, su candidatura nunca estuvo colgada del saco del oficialismo ni de sus recursos.

    Macron es el más joven en llegar a la presidencia en Francia, desde que Napoleón fuera coronado a los 35 años. Peña –llegado el caso– podría ser el más joven, desde Albino Jara.

    Pero bueno, las comparaciones no solo son odiosas, sino que además sería muy injusto; no podemos compararnos con ningún proceso que se desarrolle al otro lado del Atlántico, y menos con un país en el que se generó uno de los eventos históricos más importantes para la humanidad: la Revolución Francesa, y además si esto fuera poco, porque, como dijo alguna vez el gran Gabriel García Márquez, a nosotros (América) no nos dejaron hacer nuestra edad media.

    Cartes, después de haber generado una gran crisis política cuando intentó forzar un inconstitucional cambio en la Constitución para lograr su reelección, designó a Peña como sucesor. El gran elector, el dueño del Partido Colorado, ya ha hablado.

    Y así es como esta semana se largó la campaña presidencial de Santiago Peña. El muchacho pidió permiso, sin goce de salario, en el Ministerio de Hacienda y salió a recorrer el país. Ñambéña…

    Pero nada cambia. Mucho se dice que es joven, que estudió en los Estados Unidos, etc. Y sin embargo, Mburuvicha Róga sigue siendo una lujosa y privilegiada seccional colorada donde se reúnen en horario laboral los colo’o.

    Apenas iniciada la campaña, el joven Peña ya mostró que piensa seguir el libreto escrito por los colorados desde hace décadas. Una de las primeras actividades del ministro con permiso, ayer lunes, en Ciudad del Este, fue entregar carnés a los nuevos beneficiarios del programa social del Estado paraguayo Tekoporã. ¿Será que a los candidatos opositores también les van a invitar a participar de este tipo de actos oficiales?

    Peña podrá ser todo lo joven que digan que es, pero así como va, colgado del oficialismo, de los recursos del Estado y de la receta colorada, no muestra ser una opción de renovación.

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    Publicado por jotaefeb | 9 mayo, 2017, 9:07 am
  16. Promocionando a Santi

    Por Enrique Vargas Peña
    Con permiso de su jefe Horacio Cartes, el ministro de Hacienda, Santiago Peña (Santi), está oficialmente en campaña por la candidatura presidencial de la Asociación Nacional Republicana (ANR, Partido Colorado) desde ayer.

    Es una campaña curiosa: Santi debe exponerse ante una especie de “focus groups” de dirigentes de la ANR de diversos departamentos del país para que el grupo Cartes compruebe si le servirá para seguir en el Gobierno (http://bit.ly/2qdmrHB).

    Esto no excluye usar actos y recursos públicos de Tekoporã para promocionarlo. El sentido de decoro y decencia del grupo Cartes es, desde luego, muy particular.

    Si Santi pasa la prueba, Cartes lo elegirá como aspirante de su movimiento Honor Colorado (HC) a la candidatura de la ANR y encubrirá esta designación con propaganda que diga que “las bases del partido” eligieron al ministro.

    El grupo Cartes ya le hizo el discurso a Santi, quien se esfuerza por recitarlo sin errores: Él será la continuidad, dice, de la honestidad del Gobierno de Cartes.

    La honestidad del Gobierno de Cartes: Santiago Peña jamás molestó, como ministro de Hacienda, a quienes compran en Paraguay los cigarrillos de Tabacalera del Este Sociedad Anónima (Tabesa), para exportarlos de contrabando. Santi nunca vio las irregularidades de Sacyr (APP aeropuerto y rutas 2 y 7) vinculada a Juan Carlos López Moreira o las autocontrataciones de Ramón Jiménez Gaona (Tape Porã, rutas 2 y 7). A ese tipo de honestidad y transparencia es que quiere dar continuidad el grupo Cartes con Santi. Pero no solo a eso.

    El grupo Cartes sigue con la idea de violar nuestra Constitución, como lo confirmó Santi en el programa Algo Anda Mal realizado en Telefuturo el pasado domingo 7 de mayo, al insistir con la reelección vía enmienda.

    Fue ilustrativo ver a Santi repitiendo, para defender la reelección vía enmienda, el discurso que usaba Alfredo Stroessner para defender su Carta Política de 1967 hasta con las mismísimas palabras: “Cuatro partidos políticos apoyaron” dijo, como si esos “cuatro partidos” no expresaran al grupo Cartes.

    Fue esclarecedor ver a Santi repitiendo el discurso del grupo Cartes sobre que la reelección vía enmienda no viola nuestra Constitución “porque lo dicen connotados juristas”, los cómplices en un dictamen, realizado a pedido, que deja de lado la hermenéutica, con el que pretenden que la Carta Magna no dice lo que dice.

    Santi no deja dudas de que es un buen cartista: Hasta justificó el golpe de Estado que dieron los 25 senadores de Cartes el 31 de marzo pasado para tratar de imponer la reelección vía enmienda.

    El grupo Cartes indica a Santi que diga que tiene experiencia porque toda su vida fue empleado público. Siéndolo aprendió a obedecer sin protestar. Pero esos largos años no le sirvieron para aprender ni respetar nuestra Constitución.

    También pretende, el grupo Cartes, que Santi representa a los jóvenes, a una nueva generación de paraguayos, como si nadie supiera que el único al que el ministro puede representar es a su jefe, Horacio Cartes, y a nadie más.

    Y le pide acusar a quienes critican a Cartes de hacerlo por intereses políticos, como si la democracia no fuera competencia de intereses políticos.

    A Santi le incomoda tanta democracia y el grupo Cartes solo tiene intereses pecuniarios en el Estado.

    Si no pasa la prueba mencionada al principio, Cartes desechará a Santi y promocionará de modo parecido a otro títere, “a pedido de las bases”.

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    Publicado por jotaefeb | 9 mayo, 2017, 9:04 am
  17. Hacer campaña con recursos públicos es repetir viejos vicios

    Aunque haya solicitado permiso en su cargo como ministro de Hacienda, el hecho de que Santiago Peña inicie su gira con propósito electoral presidiendo la entrega de tarjetas del programa Tekoporã en Ciudad del Este, o reuniéndose con operadores políticos y empresarios en la sede de la Junta Departamental del Alto Paraná, contradice a su declarada intención de presentarse como un precandidato joven, con actitudes distintas a las irregulares prácticas partidarias. Realizar proselitismo con la abierta utilización de los recursos y el aparato del Estado implica repetir los viejos vicios de la politiquería criolla, que justamente se dice querer superar. Es importante que el electorado advierta este engaño.
    La singular gira proselitista iniciada por el actual ministro de Hacienda, Santiago Peña, para sondear a las bases del Partido Colorado acerca de su probable postulación a la presidencia de la República por el movimiento oficialista Honor Colorado, no empezó de buena manera, al involucrar el uso del aparato del Estado en su intento de ganar adhesión.

    Aunque Peña pidió permiso sin goce de sueldo por cinco días en su cargo de secretario de Estado, para efectuar un recorrido por diversos puntos del país, en compañía de su probable acompañante en la chapa presidencial, el actual gobernador de Itapúa, Luis Gneiting, en la mañana de ayer el uso de los recursos públicos con fines proselitistas se hizo más que evidente, cuando el secretario de Estado apareció en un acto público con la intendenta municipal de Ciudad del Este, Sandra McLeod de Zacarías, para acompañar la entrega de tarjetas magnéticas a 1.100 familias beneficiarias del programa de asistencia gubernamental Tekoporã.

    Por más de que haya insistido en que su presencia era solamente en carácter de “invitado”, resulta infantil intentar convencer de que no se ha buscado sacar réditos políticos hacia su figura, aprovechándose de uno de los programas asistencialistas del actual Gobierno, ejecutado por la Secretaría de Acción Social (SAS).

    Resulta igualmente cuestionable que una de las primeras reuniones con operadores políticos y con empresarios se haya realizado en la sede de la Junta Departamental, en el edificio de la Gobernación del Alto Paraná, ya que implica involucrar a una institución gubernamental regional en un plan político electoral que responde a un movimiento interno del Partido Colorado.

    Estas acciones resultan aún mucho más criticables cuando quien las promueve insiste en presentarse justamente como un “nuevo político”, que por su juventud y por su alta formación técnica académica promete distanciarse de las prácticas ilegales de la política criolla. Sin embargo, la actitud que demuestra, al tratar de capitalizar los recursos del Estado para afianzar su figura en el electorado, no hace más que repetir los mismos viejos vicios que presuntamente busca superar.

    Aunque Santiago Peña y Luis Gneiting son los virtuales elegidos del actual presidente de la República y principal líder del movimiento Honor Colorado, Horacio Cartes, para que sean sus sucesores como candidatos a presidente y vicepresidente, aún están en una etapa experimental, buscando comprobar cuánta adhesión despiertan en las bases del oficialismo. Por ello es importante que la ciudadanía no caiga en engaños. La manera en que arrancaron su gira preelectoral solo demuestra que ofrecen más de lo mismo.

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    Publicado por jotaefeb | 9 mayo, 2017, 9:03 am
  18. Guerra entre gavillas políticas

    El panorama que se presenta en nuestro país de cara a las próximas elecciones nacionales es tétrico. Un evento que debería ser de competencia para ubicar en los principales cargos del país a la mejor gente posible, en realidad se ha convertido en una encarnizada pelea entre gavillas que buscan quedarse con la torta estatal.

    En efecto, después de la caída de la dictadura stronista, la política paraguaya ha sido copada por mafiosos que se postulan para algún cargo electivo con la ventaja inicial que representa el dinero mal habido conseguido por ellos mismos en cargos inferiores o aportado por sus compinches del crimen organizado. Si robaron antes, quieren seguir robando aún más, con el reaseguro que representa, por ejemplo, el fuero de un legislador. Desde el Congreso, pueden no solo vender sus votos y traficar con influencias, sino incidir en el nombramiento de los agentes fiscales, de los jueces y hasta de los ministros de la Corte Suprema de Justicia. La banca tomada por asalto puede otorgarles impunidad para seguir llenándose los bolsillos y, de paso, alimentar a su clientela a costa del contribuyente.

    La galería de quienes solo en los últimos tiempos están sospechados de uso y abuso de un cargo público en beneficio personal es bastante extensa e incluye, entre otros, a los senadores Víctor Bogado y Enzo Cardozo, a los diputados José María Ibáñez, Milciades Duré, Carlos Núñez y Fernando Nicora, al exgobernador Óscar Núñez y al exministro Salyn Buzarquis. Sus respectivos procesos siguen paralizados desde hace años, sin que ni siquiera se haya podido realizar la audiencia preliminar, debido a las chicanas sistemáticas que interponen, ante la inacción cómplice de la máxima instancia judicial.

    Estos no son, por supuesto, los únicos “políticos” que desde 1989 hasta hoy se han venido burlando de la ciudadanía expoliada, sin que caiga sobre ellos el Código Penal. No hay un solo “político” entre rejas, como si ninguno de ellos hubiera sido autor, partícipe o encubridor en escandalosos latrocinios desde la función pública en las últimas décadas. Peor aún, no satisfechos con sus pasadas fechorías ni con la indignante libertad de la que gozan, permanecen en el escenario público y hasta tienen el descaro de presentarse como grandes estadistas, que aún tienen mucho que aportar al país, aunque carezcan de la menor autoridad moral e intelectual. No rinden cuentas de sus actuaciones pasadas ni presentes, y lo único que les importa es saber manejarse dentro de los infectos aparatos partidarios, repartiendo el dinero sucio entre los caudillejos más eficientes o, lisa y llanamente, comprando un buen lugar en la lista de candidatos para las próximas elecciones internas o, por qué no, hasta la propia candidatura presidencial.

    Un caso muy elocuente es el del exministro, expresidente y exembajador Nicanor Duarte Frutos, quien entró pobre en el Ministerio de Educación y salió multimillonario del Palacio de López. Su mansión abarca una manzana en el barrio Herrera y se rumorea que es propietario de más de una estancia en el Chaco. Sería divertido, por cierto, echar un vistazo a sus declaraciones juradas de bienes y rentas de cuando entró y cuando salió de una función pública, si es que llegó a presentarlas, para tener una idea de hasta dónde llega su desfachatez.

    Al entonces presidente Fernando Lugo –quien hoy sería también próspero hacendado– no le interesó en absoluto impulsar una investigación sobre el asombroso incremento patrimonial de su antecesor, que aparece de nuevo dictando cátedra de buen gobierno. Por lo que se ve, quien llega al Palacio de López se compromete, tácitamente, a no hurgar en el historial del reemplazado ni del de su pandilla, con seguridad pensando ya en eso de hoy por ti y mañana por mí.

    Se trata de un perverso acuerdo que impide la necesaria renovación de nuestro sistema político, tan podrido por la corrupción desaforada.

    Sin duda, en el periodo democrático que siguió a la dictadura los paraguayos hemos estado teniendo una alternancia en la Presidencia de la República. Pero, para desdicha de nuestro país, el núcleo de los dirigentes agavillados sigue intacto, ya que no existe renovación, ni nada que se le parezca. Si bien hemos tenido algunos “outsiders” en el Palacio de López, los mismos llegaron apañados por las mismas mafias políticas o estas se han conservado, con todos sus vicios y mañas –y su poder– en cada nuevo aparato estatal que surge.

    Esta lamentable situación tiene su origen en algo que puede encontrarse con facilidad: las “listas sábana”, en las que los caciques partidarios ubican a sus claques, agregando a estas algunos forasteros que se hicieron de fortuna por medio del robo, la malversación, la evasión o el narcotráfico, pero cuyo dinero puede contribuir al triunfo de la causa. Estos nuevos, a su vez, adquieren así poder e impunidad.

    Si bien es cierto que el elector podría votar por la lista de otro partido, de otra alianza o de otra concertación, el grave problema es que también allí se cuecen habas. Así, al final, puede que los electores conscientes decidan resignarse y apoyar el mal menor, respaldando las candidaturas menos viciadas. Es un triste consuelo eso de votar por una determinada lista solo porque allí hay menos delincuentes que en las otras, pero es la opción a la que nos han venido obligando los caciques partidarios.

    Esto seguirá ocurriendo mientras la gangrena que todo lo inficiona, las “listas sábana”, esté allí causando su metástasis. Entonces, la tarea que les corresponde a los ciudadanos y las ciudadanas es luchar por todos los medios a su alcance para desechar este oprobioso chantaje que entrampa y pudre al Paraguay.

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/guerra-entre-gavillas-politicas-1591763.html

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    Publicado por jotaefeb | 9 mayo, 2017, 8:58 am
  19. Buscando la bendición

    Por Sergio Cáceres
    Como nunca, esta búsqueda de candidatos presidenciales es sintomática por la falta de líderes que muestran los partidos tradicionales.

    El caso de la ANR tiene en Cartes al gran elector. Todo indica que Santiago Peña será el elegido por el presidente, pero su nula trayectoria colorada hace que buena parte de la dirigencia no lo vea con los mismos ojos con que lo ve aquel. Aunque su repentina afiliación está conectada con su inexperiencia como dirigente político, no es en realidad un problema, pues ya vimos que con Cartes no lo fue para nada. Es decir, que en el fondo a Cartes o a Peña les haya interesado un bledo la existencia de la ANR antes, no fue ni será óbice para que sean candidatos por dicha organización. Acá el problema es otra cosa, no la mística colorada.

    Ahora bien, si la resistencia hacia Peña sigue creciendo entre los colorados, pero Cartes de todos modos le da su bendición final, se puede vaticinar una ruptura similar a la ocurrida cuando Blanca Ovelar fue la elegida por Nicanor Duarte y los colorados votaron masivamente por Lugo, ocasionando la histórica salida del partido del Poder Ejecutivo.

    Claro que ocho años después el escenario ya no es exactamente el mismo. En primer lugar, Cartes tiene el mal ejemplo de Nicanor, o sea, no debe forzar a las bases a votar por alguien que no les agrada.

    En segundo lugar, la oposición no tiene un candidato del perfil que tenía Fernando Lugo en aquel 2007. Ni siquiera el Lugo de hoy es el mismo, y difícilmente obtenga similar caudal de votos, incluso si los colorados se presentan divididos otra vez.

    Por lo tanto, la astucia de Cartes se hará patente al no forzar un candidato rechazado por la mayoría de los colorados. Si Peña no logra ser aceptado en un tiempo prudente, Cartes debe bendecir a otro, probablemente uno con la característica requerida de ser un político nacido de las filas militantes de la ANR.

    Un candidato con tales características será posiblemente uno de los más poderosos contendientes a la presidencia que jamás se hayan visto en estas elecciones posdictadura stronista. Un colorado aceptado por los dirigentes y las bases, más el barril sin fondo que implica el dinero de Cartes no son poca cosa. Ya Mario Abdo perdió con un anodino Alliana, y todo indica que la historia se repetirá en la interna. La desesperada alianza de Colorado Añetete con el mariscal de la derrota será un error a pagar caro en esa instancia.

    Finalmente, si los colorados terminan unidos y con Cartes dispuesto a gastar por el candidato del partido de su propiedad, la gran incógnita será qué hace la oposición ante tal formidable oponente. El dinero es esencial, pero el otro elemento es la inteligencia política, algo que escasea mucho más que la plata en filas opositoras.

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    Publicado por jotaefeb | 8 mayo, 2017, 9:49 am
  20. Las contradicciones del sistema

    Por Jesús Ruiz Nestosa

    Esta mañana me encontré con una interminable muralla cubierta con carteles que invitaban a una reunión de carácter político en el local de la Junta de Gobierno del Partido Colorado y en la parte inferior iba la frase: “Que la gente decida”. Era con relación a la campaña de la reelección presidencial y de la que terminó descabalgando el presidente Horacio Cartes a causa del malestar que creó en la población que se volcó a las calles para protestar contra ella. Al ver esa frase me vino a la memoria aquel personaje mítico de Roberto Fontanarrosa “Woogie el Aceitoso” quien, para justificar sus crímenes, recurría a la cáustica frase: “Son las contradicciones del sistema”.

    ¿Qué tiene que ver todo esto con esas contradicciones? Pues que esta misma mañana vi varias páginas del periódico con noticias referentes a la elección del posible sucesor del presidente Cartes. En casi todas ellas se hablaba de que “las bases”, vale decir, las seccionales coloradas, están esperando que el presidente de la República diga quién tiene que ser el candidato que vaya a sucederle en el cargo. Incluso hay declaraciones de Pedro Alliana, presidente del Partido Colorado, mostrando su acuerdo con las decisiones que ha tomado o que vaya tomando Cartes en tal sentido para darle su apoyo. O, para ser más precisos, para confirmar su completo acuerdo.

    Sobre este tema de las candidaturas, no sólo para la presidencia, sino también para todos los cargos electivos, tengo una idea que choca de manera frontal con esta manera de proceder. Pienso que, en rigor, lo que estamos viendo es una modalidad reñida con las prácticas democráticas, por el lado que se le mire. Se trata de un acto autocrático para utilizar un término elegante cuando en realidad es lisa y llanamente una “dedocracia”; es decir, aquella en que se elige apuntando con el dedo índice: “esto quiero”, “esto no quiero”, “este es mi sucesor”, “aquel otro será mi enemigo”, etcétera.

    Por lo que veo con frecuencia, en los países de sólida tradición democrática, las candidaturas no se imponen a fuerza de señalar con el dedo índice a nadie, sino a través de procedimientos en los que los ciudadanos deciden por medios acordes con esa tradición. Se proponen nombres, se escuchan proyectos, se exponen ideas, se confrontan pensamientos, se debaten posturas; luego la gente vota y de este modo surgen los candidatos que encarnan, en cierta medida, lo que la mayoría quiere, piensa y propone. Así, después de pasar por varios filtros, se llega al candidato que habrá de pujar por el puesto que está en cuestión.

    En la campaña que llevaron adelante algunos grupos para modificar la Constitución por caminos absolutamente torcidos y violando normas claras y expresas de ese documento para lograr que el presidente, Horacio Cartes, pudiera seguir, por lo menos, otros cinco años más en el cargo, se echó mano a los más inesperados argumentos. Ante la clara disposición constitucional de que “por ningún motivo” se podía enmendar la Carta Magna, lanzaron la frase “que la gente decida”. Era, según ellos, lo más democrático que se podía esperar.

    He aquí “las contradicciones del sistema”. Cuando les convenía “que la gente decida” parecían estar dispuestos a dejar la vida en el intento de que fuera la ciudadanía la que votara, libremente, en favor de la idea que ellos sustentaban. Ahora que han cambiado las cosas, pues es mejor que la gente no decida nada y esperar a que una sola persona, en libre debate entre ella y su imagen reflejada en un espejo, decida lo que crea más conveniente no para el país, no para su partido, no para los electores, sino para satisfacer sus apetencias personales, quién tendrá que ser, necesariamente, su sucesor. Y al mismo tiempo, los personajes que con más entusiasmo, con más empeño, con más convicción, defendieron el democrático principio de que “la gente decida”, ahora se muestran totalmente de acuerdo con que la gente no decida nada y que el nombre del salvador descienda, no del cielo sino de Mburuvicha Róga.

    La dictadura fue derrocada en 1989 en nuestro país, pero el amor por el pensamiento autocrático y la “orden superior” siguen teniendo la misma vigencia de entonces. Que el pueblo no decida nada, que no opine, que no piense, que no debata, que no vote. Ya vendrá alguien a decirle qué debe hacer y el ciudadano termine bajando la cabeza en señal de obsecuente obediencia.

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    Publicado por jotaefeb | 8 mayo, 2017, 9:37 am
  21. Partido Colorado alquilado

    Nuestro diario ha venido insistiendo en la necesidad de que el Paraguay tenga partidos políticos fuertes, tanto el que coyunturalmente esté en el Gobierno como los que estén en la oposición. El primero, para que sus representantes conduzcan el país con eficiencia y honestidad, y los segundos para actuar de celosos contralores del manejo de la cosa pública. Pero eso no ha venido ocurriendo en ninguno de los casos.

    En lo que respecta al gobernante Partido Colorado, ¿qué pasó con esta más que centenaria agrupación política, esta “asociación de hombres libres”, según proclaman sus documentos fundacionales? Muchos de sus exponentes en los más altos niveles y los candidatos que triunfan en las elecciones internas o en las meras disputas por espacio de poder, no son originarios de la organización política ni mostraron más afinidad con su línea ideológica que con cualquier otra; generalmente, ni siquiera asumieron una posición política en su vida.

    El actual Presidente de la República fue impuesto a los colorados forzando una modificación de los estatutos para que se requiriera solamente un año de antigüedad como requisito para ser candidato, en vez de los diez años que se requería hasta entonces, a fin de allanarle el camino al Palacio de López, ya que apenas reunía un poco más de doce meses como afiliado colorado. Esta innovación estatutaria ad hoc será recordada por la historia política como mera maniobra oportunista de deplorable calidad ética y claramente violatoria del espíritu de los fundadores del partido.

    Para peor, como candidato, en su oportunidad, él mismo admitió que financiaba de su bolsillo las campañas previas a su elección, jactándose inclusive de hacerlo con candidatos de otros partidos, lo que fue destacado como un gran mérito por dirigentes colorados, entre ellos el actual ministro de Defensa, Diógenes Martínez. Resalta así que el principal aporte de Cartes al partido fue la billetera, ya que no se le conocía militancia partidaria alguna. Como ciudadano era de muy pobres antecedentes cívicos, ya que anteriormente ni siquiera se había tomado la molestia de acudir a una oficina a inscribirse en el Registro Electoral, y nunca había cumplido con su deber constitucional de sufragar en elecciones nacionales.

    Este neocolorado que súbitamente “vio la luz” de la democracia al final del oscuro túnel de indiferencia política en el que había vivido hasta entonces, llegó al extremo de que, el día de los comicios en los que él era el principal candidato, tuvo problemas y vacilaciones para cumplir con los sencillos trámites de la votación, debiendo ser asistido por las autoridades de la mesa electoral para no equivocarse, haciendo el ridículo frente a las cámaras de la prensa. Se le disculpó piadosamente su torpeza, debido a que nadie esperaba mucho de él, pues se lo sabía un novato en el ámbito en que comenzaba a moverse y al que entró como paracaidista, sin haber cumplido previamente con el aprendizaje básico que dan la militancia política y las simples prácticas cívicas inherentes a cualquier ciudadano.

    Con el actual presidente de la ANR, Hércules Pedro Alliana, sucedió algo parecido. Siendo afín al Partido Encuentro Nacional, luego afiliado al Partido Colorado, le tocó en suerte un suceso insólito: ser escogido sorpresivamente como candidato nada menos que a la presidencia de su flamante partido. El mismo Cartes promocionó a Alliana para la máxima dignidad partidaria, financiando su campaña electoral.

    Para peor, ante el rechazo popular y legal de su intento de atornillarse al sillón presidencial, esa misma persona que había entrado por la ventana en el partido como trampolín para acceder al Palacio de López, está intentando nuevamente erigirse en el gran elector del candidato partidario para el próximo periodo de Gobierno.

    Y pareciera que, ante el olor de su dinero que piensan volverá a circular otra vez a raudales, un gran número de dirigentes partidarios –que en cualquier país decente más bien tendrían prontuarios judiciales y no currículum– sumisamente se está arrodillando a sus pies, lo que le abre a Horacio Cartes la puerta para designar a un delfín –o a un Pato Donald, al decir del fallecido Luis María Argaña– de las características que él desee para continuar manejando el país a su antojo.

    ¿Por qué el Partido Colorado llegó al extremo de tener que alquilarse a este punto, perdiendo toda identidad ideológica y la respetabilidad que se merece? La respuesta es simple: al igual que las demás nucleaciones políticas, padece una crisis de liderazgo sin precedentes. En el caso de los colorados, además, al ir a la llanura en 2008, sus agentes de recaudación económica en el aparato del Estado también perdieron el control de los organismos y empresas estatales. En otros términos, no pudieron continuar con su vicio de meter la mano en las arcas públicas para juntar el dinero indispensable destinado a encarar la siguiente campaña electoral con la seguridad y la tranquilidad con que lo vinieron haciendo desde los tiempos de la dictadura.

    Y el mecenas cayó del cielo. El partido se vio en la necesidad de recurrir a forasteros, a los “outsider”, como hoy se llaman. Esto no sería malo si se buscara un candidato entre personas honestas y capacitadas, con cierta trayectoria, con antecedentes impecables, que proporcionen al pueblo la esperanza de honestidad en el manejo de la cosa pública.

    De buenas a primeras, el futuro de la ANR no parece así muy promisorio. En estas condiciones le amenazan dos posibilidades ciertas: una de ellas es ir debilitándose como entidad política, y la otra, que se vaya polarizando contra una ciudadanía hoy mucho más madura que hace tan solo una década, y que ya no está dispuesta a aceptar que el Estado se maneje como una mercancía. Buen ejemplo de este riesgo es el reciente intento de enmendar la Constitución para satisfacer el apetito de poder que se despertó en el actual poderoso dueño de la ANR, y que chocó contra un muro ciudadano fortalecido.

    De esta manera, el futuro del Partido Colorado no es alentador. Puede continuar en el poder mediante el poderoso combustible del dinero, pero se irá alejando cada vez más de la gente de bien. Para revertir esta negativa situación, necesita imperiosamente desratizarse de los roedores que se alimentan de los fondos públicos, desprovistos de moral y de patriotismo, que lo han secuestrado después de la caída de la dictadura y se han hecho fuertes en sus filas hasta hoy.

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/partido-colorado-alquilado-1591346.html

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    Publicado por jotaefeb | 8 mayo, 2017, 9:31 am
  22. Antes que fuga, parece purga

    Por Jorge Torres Romero

    Todas las hipótesis elucubradas por los “monstruos” del análisis político paraguayo apuntan a señalar como un error estratégico la posibilidad de que Santiago Peña sea el candidato del Movimiento Honor Colorado a la Presidencia de la República. ¿Error o acierto?

    Error dicen porque no tiene militancia política. ¿Qué implica la militancia política? Supongo que sería algo así como esa experiencia en años con pañuelo colorado al cuello o como la militancia de algunos colorados que gobernaron tantos años el Paraguay y que hasta hoy seguimos padeciendo las consecuencias del desgobierno fruto del clientelismo, prebendarismo y la corrupción.

    O mejor dicho, esa militancia de recibir al correligionario que llega con la carpeta roja bajo el brazo con pretensiones de ubicar a algún amigo sin mérito ni concurso en alguna institución del Estado o la militancia de recibir al empresario “amigo” para ajustar algunas licitaciones y cuyas ganancias repartirá entre los muchachos.

    Esa militancia los paraguayos ya la padecimos. Pero hay muchos quienes no se resignan a perderla y es más, la añoran y darán pelea para que vuelva, porque no tienen otra forma de supervivencia política. Esa es la militancia que nos llevó al atraso, a la degradación de la política como herramienta de entrega y servicio a la gente.

    Este tipo de militancia está viva y no solo es exclusividad del Partido Colorado, sino de casi todos los sectores políticos. Despojarnos de ella no será fácil. “La plata de la corrupción también chorrea al pueblo”, me confesaba una vez un empresario proveedor del Estado, quien se frota las manos para que vuelvan gobiernos como los de Nicanor, Lugo o Franco. Allí todos estos empresarios hicieron “lindos” negocios.

    Quizás sea cierto, claro que chorrea esa plata al pueblo. Pero mientras esa plata de la corrupción fruto de la coima grande de hacer negocios con el Estado chorree a la gente, en contrapartida se sentirá el impacto en la falta de insumos en hospitales públicos o en la carencia de recursos para reparar aulas o en la ausencia de rutas de todo tiempo y viviendas accesibles para el pueblo.

    La dirigencia dura y pura de la ANR quiere que vuelva el carnaval y en la oposición lo mismo a juzgar por quienes hoy son los actores que intentan pugnar en las elecciones. A todos ya los conocemos en función de administradores de la cosa pública y sus gestiones están a la vista o en alguna que otra carpeta o expediente de un escritorio del Ministerio Público.

    Paraguay necesita una militancia política renovada, fresca, revolucionaria. Una militancia donde prima no el arraigo a la polca o al pañuelo sea cual sea el color, sino al conocimiento y a las ideas. Una militancia que mire a la gente no para conseguirle trabajo a costa del Estado, sino capaz de generar las condiciones adecuadas para que esa persona obtenga un trabajo por mérito y capacidad propia.

    Es aquí adonde debemos apuntar. Las rencillas políticas tarde o temprano se acaban y el Paraguay debe seguir creciendo en favor de su gente. Eso se logra no con una militancia atada a años de afiliación política, sino con capacidad, inteligencia y con una mirada que apunta al beneficio de todos; no solo el personal, el de los amigos o correligionarios. Nos merecemos candidatos con este perfil y creo que hoy el Partido Colorado lo tiene. Ojalá la oposición también proponga a alguien así, todavía está a tiempo para que así en el 2018 votemos ideas y proyectos, no solo nombres de figuras repetidas con vicios y mañas del pasado.

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    Publicado por jotaefeb | 7 mayo, 2017, 10:04 am
  23. El delfín y la rebelión que complica el tablero cartista

    Por Estela Ruíz Díaz
    “Luis Gneiting es mi candidato a vicepresidente”, le comunicó el presidente Horacio Cartes a Juan Afara, hace 20 días en Mburuvicha Róga.

    Entonces, el vicepresidente, el político discreto, obediente, el que nunca se quejó hasta hoy, comprendió que estaba fuera del proyecto presidencial. “Con esto me estaba diciendo: ‘Vos no sos la persona a quien estoy viendo como candidato’. Lo que más me dolió es la forma en que me planteó”, reveló el viernes en radio Monumental, donde con voz tranquila rompió lanzas y confirmó la fractura del cartismo.

    Una semana después de que el nombre del joven ministro de Hacienda, Santiago Peña, saltó por los aires como el delfín cartista, Afara mostró su disconformidad en un acto internacional. Fue el jueves, tras la firma del acuerdo con Argentina sobre Yacyretá. Allí, el presidente y el vicepresidente ya ni siquiera compartieron la mesa. El primero en demostrar su disconformidad pública fue el diputado Hugo Velázquez. “Es hora de un político”.

    Las cartas estaban echadas.

    La elección de Peña como candidato de Honor Colorado ya no tiene retorno, afirman en el Palacio. La decisión fue el 99% de Cartes, el 1% del entorno gerencial-empresarial-familiar. El entorno político tragó saliva y acató. “A nadie le gusta, no encontramos un solo dirigente de base que diga es buen candidato”, admiten bajo la mesa con todo lo que implica: la decisión se toma en Palacio, pero quienes tienen que “vender la mercadería” son los gobernadores, diputados y seccionaleros.

    La rebelión de Afara y una docena de diputados complica el proyecto cartista, que pretendía confrontar con su adversario Mario Abdo Benítez sin tantas bajas. Tener al vicepresidente en la vereda de enfrente bajó los decibeles del triunfalismo.

    Afara no decidió aún qué será. Lo claro es que si Peña es el candidato, él se irá y hará rancho aparte. “A mí cuando no me gusta, digo hasta aquí llego, y tomo mi camino. Somos hombres libres, yo no estoy rentado”, disparó el vicepresidente aludiendo a sus correligionarios que acatan sin chistar. Las bases lo proclaman candidato presidencial como “auténtico colorado”, el político que debe estar en Palacio y no el “técnico insensible” y cuyo coloradismo tienen aún muy fresca la pintura azul, el color que causa roncha en las filas republicanas.

    POR QUÉ PEÑA. El mejor alumno para seguir el modelo. Así explican la decisión presidencial de optar por el ministro. Cartes no escapa al sueño imperial de seguir cogobernando tras su salida del poder. Lo quiso Juan Carlos Wasmosy con Carlos Facetti. Lo quiso Nicanor Duarte Frutos con Blanca Ovelar. Los resultados son harto conocidos.

    Peña es ambicioso y lo demostró con su afiliación pública y polémica en la convención colorada que bramó exigiendo la cabeza de los ministros liberales. Allí, sin ningún empacho ni rubor, desechó 20 años de liberalismo mientras Cartes le anudaba al cuello el pañuelo colorado. Ya en pose de candidato hoy afirma que ni siquiera sabe dónde queda la sede del PLRA.

    El ministro debe ganarse el corazón de los colorados.

    Mañana inicia una gira con su dupla Gneiting y dependerá de su capacidad de generar empatía en los difíciles escenarios seccionaleros.

    Por de pronto, adelantó puntos de su plan presidencial: más bonos soberanos, más APP y rechazo a una reforma constitucional.

    TEMOR. En filas del cartismo duro no temen que Afara gane la interna presidencial, pero sí que les robe un porcentaje letal del electorado. “No está en condiciones de ganar, pero te puede hacer perder”, confesó un operador avezado en lides electorales, al tiempo de criticar al entorno empresarial que “cree que haciendo ecuaciones en papel” se ganan las elecciones.

    Otro temor es la sobrevaloración del voto joven, una de las razones de la elección de Peña. En la ANR, el voto duro se concentra en la franja etaria adulta, tanto en internas como en las generales. Es un alto riesgo porque el díscolo voto joven puede rechazar la imagen de un candidato genuflexo. Ningún partido político puede controlar este sector, que se mueve según su peculiar humor.

    NEUTRALIZANDO. En tanto, Mario Abdo Benítez dilata la elección de vicepresidente. Sigue esperando más fugas del cartismo para ofrecer como trueque. Mientras tanto, visitó a Nicanor Duarte Frutos no para acordar alianza electoral, sino para unificar el discurso contra el oficialismo. Cartistas y disidentes asumen que la mejor retórica electoral la tiene el ex presidente y sus discursos calan hondo. La visita tuvo ese fin. “Tal vez Nicanor no le apoye a la presidencia, pero por lo menos que deje de cañearle ya es un avance”, dijo un cercano al líder de Colorado Añetete. Hace días nada más, Nicanor decía que “Marito es Peñita con militancia”.

    LO QUE SE VIENE. Tras el fracaso de su reelección, Cartes eligió candidato e hizo la apuesta más arriesgada de su carrera. Cree que se repetirá la fórmula Alliana, cuando lo encumbró como presidente de la ANR. El joven diputado pilarense es el plan B en caso de que Peña tenga alta resistencia en las bases.

    Pero el panorama no es ya tan optimista para sus pretensiones. Afara, su fiel y efectivo apoyo para llegar a la presidencia, se cruzó en su camino. El vicepresidente, que con su decisión confirmó la regla de la ruptura del Ejecutivo en el tramo final del mandato, no piensa ir a su casa sin pelear su espacio. Si pierde quiere llevar consigo a Cartes, poniéndole la piedra en el tobillo para hundirse juntos en el río.

    La batalla apenas empieza en un escenario colorado con tres candidatos: un outsider con apoyo del aparato estatal, el aparato partidario y la poderosa billetera presidencial, versus dos contendientes cuya contracara es tradición y militancia.

    Aún mucha agua correrá bajo el puente de las turbulentas aguas republicanas.

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    Publicado por jotaefeb | 7 mayo, 2017, 9:23 am
  24. El fulminante coloradismo de Peña

    Por Alfredo Boccia
    Cuando los convencionales colorados exigieron al presidente Cartes que se desprenda de sus ministros liberales, ocurrió uno de los episodios más sorpresivos y curiosos de este Gobierno. Mientras el del Interior, De Vargas, preparaba sus bártulos para marcharse a su casa, el de Hacienda se presentaba a la ANR para anunciar su afiliación a ese partido luego de dos décadas de antigüedad en el PLRA.

    Cuando vi por televisión el momento en el que Cartes colgaba el pañuelo colorado del cuello de Peña, acudieron a mi mente dos reflexiones malévolas. La primera: Cartes manejaba los nudos de la pañoleta con una habilidad que hacía presumir una militancia republicana que venía de la infancia. La segunda: la colgaba en una región anatómica que Peña acababa de salvar.

    Al firmar el libro de afiliaciones, el novísimo colorado pronunció algunas frases prosopopéyicas: “Quiero ser parte de esta historia”; “Siento que estoy volviendo a mis propios orígenes: el de Jaime Peña, cuyo nombre lleva la seccional colorada número 1”; “Gracias, presidente, por permitirme caminar a su lado”. Lo rodeaban Lilian Samaniego, Alliana, Afara, Zacarías Irún y otros personajes de la ANR que festejaban ruidosamente las palabras de Peña. Comentaban en tono risueño cosas como: “¡Qué rápido aprende!”; “¡Ya tiene discurso colorado y todo!”; “¡Pero este tipo es rapidísimo!”. Todos ellos eran candidatos presidenciales “in pectore”. Si hubieran sabido que seis meses después el probable elegido no sería ninguno de ellos, sino ese novato, no se hubieran reído.

    En efecto, el ministro con cara de nene bueno es rapidísimo. Calculó hábilmente que si –de acuerdo a la histórica frase– “París bien vale una misa”, el Ministerio de Hacienda bien valía algunas puteadas y unos cuantos memes. Al fin y al cabo, siempre podría decir que estaba rectificando una confusión genealógica originada cuando la familia se dividió en dos ramas: la de Jaime Peña, que se hizo colorado, y la de Manuel Peña, que era liberal. Ya que ahora era colorado, ¿por qué no pensar más lejos? Era un técnico preparado, lindo pendejo, mentalmente ágil, con buena prensa y la aprobación entusiasta del presidente. Su antigüedad colorada era un poco corta, es cierto, pero ¿acaso Cartes no estaba en la misma situación?

    Los periodistas y los medios afines a Cartes empezaron a poner su nombre en cartelera. Lo de la consulta a las bases era una previsible mentira. Y, de repente, la política colorada –o la paraguaya, que es casi lo mismo– se enfrenta a uno de sus periódicos nudos gordianos. El dedo filantrópico apunta, trémulo pero inexorable, a Peñita, como lo llaman a partir de ese momento los relegados. La interna colorada es mucho más rápida que la de los opositores. Pero en la de ahora hay excesos que producirán movidas inesperadas. Hay una sobredosis de “lo outsider” y la rapidez del joven Peña aturde hasta a los dirigentes acostumbrados a los cambios más vertiginosos.

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    Publicado por jotaefeb | 6 mayo, 2017, 8:16 am
  25. Pato Donald, se busca

    Por Andrés Colmán Gutiérrez
    Al parecer estaban tan convencidos de que la enmienda constitucional iba a ser aprobada y que Horacio Cartes iba a resultar reelecto… que ni siquiera se preocuparon en tener preparado un buen plan B.

    Cuando el proyecto de enmienda se les cayó más estrepitosamente que el servicio de WhatsApp, un lunes cualquiera de abril se encontraron solos en la madrugada, compelidos a elegir otro candidato, en muy breve plazo que acecha cual espada de Damocles.

    Durante la campaña electoral de 1998, el caudillo Luis María Argaña disparó una de sus más célebres frases: “El colorado siempre vota a un colorado, aunque el candidato sea el Pato Donald”.

    Tras desecharse la reelección de Cartes, el primer Pato Donald que el oficialismo cartista sacó de la galera fue al “mitã’i porã” ministro de Hacienda, un “Chicago boy” versión guaraní formado en Columbia, creyendo que la folclórica ley del “mburuvicháma he’i” esta vez no sería cuestionada.

    Pero… ¡oh, sorpresa!, los mismos dirigentes y las mismas bases coloradas cartistas, que habían acatado disciplinadamente los mandatos del plan reeleccionista y se habían comido estoicamente los escraches ciudadanos por los atracos a la institucionalidad, en pos del rekutu de su “único líder”, esta vez no parecen muy dispuestos a aceptar a un impuesto delfín que no proviene de la tradición de las seccionales, las hurras y el pañuelo rojo desde la infancia.

    Cartes y sus gerentes no se esperaban esta orwelliana “rebelión en la granja” colo’o. El Pato Donald made in Columbia sigue en carrera, pero cada vez halla más resistencia y posiblemente habrá que buscar otro, o aceptar a alguna figura “con tradición partidaria” apoyada por las bases, que ya están tendiendo puentes a la disidencia. Los mesías y los judas intercambian sus roles.

    En las filas de la oposición, el panorama tampoco parece nada fácil. Derrotada la enmienda, ya no hay un interés común y el canibalismo político se extiende, inexorable. El oficialismo liberal carga con las culpas de haber apoyado el golpe contra Lugo en el 2012 y no tiene figuras que despierten gran adhesión ciudadana. Tendrá que jugarse otra vez por la alianza o el salto al vacío.

    Uno de los pocos favorecidos por las encuestas, Mario Ferreiro, deshoja margaritas esperando que la piscina electoral –por ahora vacía– tenga agua suficiente. Si no, puede quedarse sin el pan presidencial y sin la torta municipal.

    La izquierda del Frente Guasu está sin opciones, al fracasar su mala jugada cómplice con el cartismo, sin lograr habilitar a su también “único líder”. A la otra izquierda solo le resta la opción de las alianzas o de ser, nuevamente, testimonial.

    El final de la crisis desnuda la verdadera crisis: casi no quedan líderes creíbles en nuestra sociedad política. Las próximas elecciones abren un gran signo de interrogación, lo que no deja de ser una aventura ciudadana interesante.

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    Publicado por jotaefeb | 6 mayo, 2017, 8:15 am

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