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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Sancionar y educar contra la incultura de la evasión

El fraude fiscal a gran escala, que involucra a 4.000 contribuyentes, con oficina “adjunta” a Tributación y que, sin duda, debe contar con la complicidad de personal de la institución, demuestra que no existen solo grandes evasores, sino que hay muchos ciudadanos que, con complicidad de profesionales y funcionarios, convierten la evasión premeditada en una práctica cotidiana.

Si consideramos el caso en la sumatoria de evasores de esta pequeña y mediana escala evasiva, adquiere una dimensión de un fraude gigante.

Y hay que sumar, entre los recientes escándalos, el de los grandes evasores, como es el caso del lavado de US$ 1.200 millones, que ya ha entrado en el laberinto judicial de las recusaciones de fiscales, es decir que basten estos ejemplos para corroborar que tenemos en el país una grave “incultura” de la evasión impositiva.

Si le sumamos el hecho cotidiano de que a la hora de cobrar, desde comercios pequeños y medianos hasta las grandes cadenas de supermercados, todavía siguen preguntando a los clientes si quieren “factura legal”, vemos la resistencia que hay a la legalización de la economía como un gran problema nacional.

Que se destape es un avance y un mérito de la SET, pero también el tema debe tomarse en su conjunto, en la histórica falta de inversión pública en obras de servicio para los ciudadanos, ya sea a nivel nacional, departamental o municipal, de la que el más grotesco ejemplo es el de los fondos del Fonacide, que deberían haberse invertido en mejorar la educación y, como se ha visto, han sido despilfarrados, en muchos casos hasta con actos de gravedad criminal, pues la mala calidad de las construcciones ha puesto en riesgo la vida de muchos estudiantes y docentes.

En la clase política hay también un gran componente de despilfarro del dinero público que sirve de mal ejemplo para los ciudadanos comunes.

Las cifras hablan de la escasa infraestructura a nivel nacional, con uno de los más graves déficits históricos de la transición, con la contrapartida de un derroche del gasto público en instituciones que deberían ser ejemplo de eficiencia, lo que se ha destapado con la puesta en vigencia de este gobierno de leyes de trasparencia, que han puesto al alcance de los medios y de la ciudadanía gastos y pagos millonarios descontrolados para beneficiar a parientes y correligionarios de todos los partidos en forma tremendamente escandalosa.

Y hasta tenemos en este momento obras de interés público paralizadas en el Congreso por la mayoría opositora, pese a que cuentan con fondos internacionales para su ejecución, para boicotear teóricamente al Ejecutivo, cuando la perjudicada es la ciudadanía, en una perversa distorsión política, ya que representan puestos de trabajo importantes y obras de infraestructura necesarias que son boicoteadas, postergando las urgentes necesidades del país.

Y tenemos el ejemplo cotidiano del contrabando que se ejerce a pequeña, mediana, grande y gigante escalas perjudicando enormemente a los productores, industriales y comerciantes legales.

El destape, sin duda, tiene que ver con la voluntad del Gobierno de imponer la transparencia desde el sector público, en vez de boicotearla como ha sido tradición, incluso durante el proceso democrático. Hay que felicitar también el trabajo de Hacienda y, especialmente, Tributación, afinando los controles e incorporando nuevas tecnologías, pero sobre todo de dar muestras de una actitud firme que es una señal para todos los contribuyentes, es decir que no hay privilegios. Los sucesivos ataques contra la titular de la Subsecretaría de Estado de Tributación son una evidente muestra de la resistencia de sectores que se aferran a mantenerse en el pasado.

El país enfrenta un problema complejo que no solo debe encararse desde el control y las sanciones a los evasores, que, sin duda, están en primer lugar, pero también desde la trasparencia, es decir que se denuncien y corrijan también las irregularidades del sector público, y establecer una comunicación pública de una firme posición para sanear la mentalidad del ventajismo particular que, al fin y al cabo, es una forma de boicotear el desarrollo nacional.

Hay que educar a la ciudadanía, para lo que hay que sancionar ejemplarmente, por un lado, pero educar también a los contribuyentes mostrando los beneficios de las inversiones, en las necesarias infraestructuras, así como el gran esfuerzo que se está haciendo en el sector social para combatir ese otro mal endémico que arrastramos, la pobreza, una de cuyas causas principales está en la evasión y en la economía informal.

http://www.lanacion.com.py/2016/11/18/sancionar-educar-la-incultura-la-evasion/

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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