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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Día del Maestro

La profesión docente es una de las más exigentes, pero, a la vez, gratificantes para quienes la abrazan con verdadera vocación. Los nuevos paradigmas, la incertidumbre que es el signo de los tiempos que corren y las cambiantes tecnologías, desafían hoy a quienes la eligieron por íntima inspiración y como un modo de ganarse el sustento. Si bien el gremialismo del magisterio rechaza la idea romántica de la docencia como sacerdocio, no cabe duda de que no se trata de una profesión más, sino de una que requiere vocación auténtica, y dedicación y cariño excepcionales.

En la vida de las sociedades y de los individuos, los maestros marcan historia y hacen la diferencia. Nadie olvida jamás a sus buenos maestros, aquellos que influyeron de manera rotunda en su educación y en su personalidad. Y esa incidencia no siempre tiene que ver precisamente con las enseñanzas contenidas en la malla curricular, sino con el ejemplo de vida. En las reuniones de excompañeros los ejemplos abundan, y es recién en la madurez que se comprende y valora, por ejemplo, al profesor estricto y riguroso. O a aquel que tal vez apelaba a métodos no tradicionales para encender la pasión de sus estudiantes por un tema.

Nuestros maestros y maestras conforman hoy una fuerza laboral de más de 80.000 personas. La mayoría de ellos presta servicios en el sector público, y solo un poco más de 10.000 trabajan en escuelas y colegios privados. Constituyen una multitud diversa que tiene en común una gran responsabilidad, que toca la fibra de la sociedad y afecta a su presente y su futuro.

Por miserias políticas de los últimos 70 años, existe en nuestro país, a nivel general, una desvalorización del rol docente. El Día del Maestro, que se celebra hoy, es una oportunidad propicia para una autocrítica personal y gremial. ¿A qué se debe ello? ¿Qué nivel de responsabilidad tienen los propios maestros y maestras en que su figura ya no merezca el respeto que tenían cuando eran influyentes autoridades morales y referentes hacendosos en sus pueblos y ciudades? Parte de ese descrédito es atribuible a que decidieron mezclar la política partidaria con la educación, a que comenzaron a valerse de prebendas y padrinazgos políticos para acceder o mantenerse en los cargos cuando decidieron no capacitarse ni actualizarse. Y otro factor negativo, innegable, viene de la falta de actualización y familiarización de muchas maestras y maestros con las nuevas tecnologías. Efectivamente, no es raro ver educadores que se sienten sobrepasados por sus alumnos, quienes no pocas veces manejan temas mejor que ellos, porque los investigan en fuentes en línea. El desgaste de la imagen del docente viene también de la falta de compromiso de algunos por no preocuparse de sus alumnos y abandonar las clases con cualquier excusa.

A pesar de que el gremialismo, llevado a sus extremos más cuestionables, ha conspirado contra la imagen de esta profesión, en contrapartida existen miles de maestros y maestras comprometidos con el resultado de su labor, quienes hasta llegan a suplir el rol de padres desentendidos de la vida de sus hijos.

Hay docentes heroicos que llegan al punto de pasar por innúmeros sacrificios personales para llegar a sus puestos de trabajo –como ahora mismo se está comprobando en la anegada región del Ñeembucú– y que hasta compran comida, útiles y abrigos para sus alumnos más desprotegidos. Estos últimos casos, además de producirnos admiración, a la vez hablan de la precariedad en que se desenvuelven y que dificulta dedicarse a su tarea fundamental que es la de ser articuladores de una educación de calidad.

Las nuevas exigencias que tienen los docentes muchas veces exceden su educación formal, por lo que deben tener una actualización y capacitación continua. Es imperativo, entonces, que desde el Estado haya una oferta permanente al respecto, de modo que la falta de oportunidades de capacitación no pueda ser nunca la excusa para que un docente no actualice sus conocimientos.

Los educadores deben comprender que si la sociedad demanda tanto de ellos y los observa permanentemente, es porque considera su rol como fundamental. Por lo tanto, esa exigencia permanente, antes que como una carga, debe ser valorada y tomada como un estímulo por el gremio, ya que el fracaso docente equivale al fracaso de todo un país.

Expresamos, pues, a los maestros y maestras en su día, nuestros mejores augurios de felicidad y de éxitos en su importante y trascendente labor.

 

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/dia-del-maestro-1588945.html

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

9 comentarios en “Día del Maestro

  1. Inversión en educación

    Ya se ha vuelto un verdadero clásico escuchar un discurso que plantee algo así: “Tenemos tres prioridades para la solución de todos los problemas, educación, educación y educación”.
    De hecho, en tiempos electorales esta palabra mágica será ampliamente utilizada para explicar gran parte de los problemas que padecemos por su déficit y, al mismo tiempo, aparecerá muchas veces más en las promesas de los candidatos.

    En realidad, es positivo que esto ocurra, pues claramente se trata del eje central de cualquier proceso de desarrollo. Pero no deja de ser cierto que, al volverse una suerte de muletilla en los discursos y planteamientos, se corre el riesgo de vaciarlo de contenido, cuando precisamente necesitamos entender bien cómo y por dónde atacar el problema.

    Un planteamiento que se escucha repetidamente es que nuestro país invierte muy poco en educación. Lo hace en alrededor del 3,8% del Producto Interno Bruto (PIB), cuando el promedio regional está por encima y las recomendaciones de todos los organismos internacionales es que debería estar en el orden del 7% del PIB como referencia mínima.

    Esto es totalmente cierto desde una perspectiva analítica y fría de los números, pero en las condiciones actuales de nuestra institucionalidad en educación, un crecimiento exponencial de la inversión no se traducirá necesariamente en mejores resultados de aprendizaje.

    Nunca debemos olvidar que el verdadero sentido y fin de cualquier sistema educativo es el aprendizaje de los estudiantes.

    Por eso, como sociedad hemos creado el sistema de educación formal, y todo lo que construimos e invertimos debe estar en función a crear condiciones favorables para que ocurra el aprendizaje.

    En nuestro país, desde la caída de la dictadura hemos hecho esfuerzos significativos para crecer en “cantidad” dentro de nuestro sistema educativo, pero no hemos construido sistemas y estructuras que permitan la calidad. Es decir, el aprendizaje significativo.

    En otras palabras, vamos aumentando la cantidad de niños y jóvenes que asisten a las escuelas –algo por supuesto tremendamente positivo–, pero no estamos logrando que los mismos aprendan lo que deben aprender.

    Podemos hablar de una nueva forma de analfabetismo funcional, modelo siglo XXI: mucha gente en las escuelas, pero aprendiendo muy poco.

    Por supuesto que modificar radicalmente esta situación implicará contar con más recursos financieros, pero si los mismos son volcados en las estructuras que existen actualmente, solo podremos esperar incrementos significativos en los gastos corrientes sin una contrapartida en resultados de aprendizaje.

    Hoy, el presupuesto del Ministerio de Educación está en alrededor de los 900 millones de dólares y el 80% de ese monto va para el pago de salarios de docentes y personal administrativo.

    Esta estructura es casi normal en un sistema que se fundamenta en gran medida en la necesidad de contar con los servicios profesionales de decenas de miles de maestros.

    Sin embargo, la manera en que se han formado los docentes en las últimas décadas, luego cómo se han incorporado al sistema y, finalmente, las reglas de juego e incentivos establecidos en el actual estatuto docente para los mismos no permiten pensar en un sistema meritocrático y de excelencia.

    Por ello, simplemente alimentar este mismo sistema con más recursos no nos llevará a resultados muy diferentes.

    La respuesta no está en dejar de invertir en educación. Eso debe seguir aumentando sostenidamente, pero al mismo tiempo debemos plantear ciertas reformas estructurales en la institucionalidad educativa y particularmente en el tema docente.

    En esencia, esto último implica una enorme y fenomenal resistencia. Y solo podrá ser impulsado en serio desde un liderazgo político decidido que debe necesariamente tener como punta de lanza al próximo presidente de la República.

    Yan Speranza

    http://www.ultimahora.com/inversion-educacion-n1099391.html

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    Publicado por jotaefeb | 5 agosto, 2017, 8:30 am
  2. Educación ante misterios

    Por Jesús Montero Tirado

    Los impresionantes descubrimientos y avances científicos, potenciados cada día más por las tecnologías de vanguardia con inteligencia artificial, paradójicamente se van cargando con más preguntas que respuestas, sobre cómo es la realidad de cuanto existe. Hay inmensidad de aspectos de las realidades que ignoramos, no solo quienes contamos con un bagaje muy modesto de conocimientos, sino la humanidad como tal, incluyendo en ella expresamente a todos los científicos eminentes.

    En la misma naturaleza observable, tan cotidiana y vulgar como pueden ser los tomates, los científicos no pueden explicarnos por qué siendo mucho más pequeños que nosotros, tienen muchos más genes que los seres humanos. Se sabe que un tomate tiene treinta mil genes, mientras que nosotros tenemos entre veinte y treinta mil como máximo. Eso no es misterio, es sencillamente una de nuestras incontables ignorancias.

    Podemos esperar que en el correr de los años la humanidad vaya conquistando muchas más metas en los conocimientos y eliminando muchas ignorancias.

    No podemos imaginar cómo serán los hombres y mujeres dentro de un millón de años, y si entre ellos y nosotros habrá más diferencias que las que hay entre nosotros y los antropoides prehomínidos, quizás ellos tendrán un desarrollo cerebral excepcional y el misterio y la mística les serán normalmente accesibles, pero nuestra situación es que vivimos inmersos en ignorancias y entre misterios.

    Admirando el universo me pregunto: ¿Por qué existe cuanto existe? Los científicos intentan explicarnos su teoría del Big-Bang, pero con esa teoría hipotética en todo caso nos están diciendo cómo empezó lo que existe, pero el “por qué” empezó y por qué existe no me lo saben explicar. Si les pregunto algo más cercano: ¿Por qué existo yo? me dirán cómo fui concebido en la entraña de mi madre por el amor de mi padre y su íntima comunicación, pero ciertamente no me explican por qué fui yo el que fui concebido, es decir, por que ese esperma concreto, entre los muchos comunicados, fecundó ese óvulo concreto de los muchos activados y no otro, porque ese esperma y ese óvulo constituyeron mis primeras células y que yo haya venido a la vida, y no otro, que ciertamente no sería yo. Ante el misterio de la existencia personal, el profeta Isaías le encontró una explicación mística: “Desde el vientre de mi madre, Dios me eligió”.

    Además de las ignorancias, los misterios también nos rodean. ¿Qué hacer ante los misterios? Ante la dificultad de penetrarlos, lo más frecuente es dejarlos a un lado, salvo cuando en ciertos momentos de la vida nos asaltan preguntas de filósofos y místicos. La educación que formalmente ha decidido prescindir de la dimensión espiritual del ser humano, con más impotencia prefiere ignorar los misterios, porque aunque sean parte de vivencias e inquietudes de todo ser humano, los educadores no saben cómo asomarse a ellos y cómo compartir la aproximación a ellos con los educandos.

    Estamos ante el profundo desafío de qué conocimientos y habilidades del pensamiento queremos que desarrollen los hijos y estudiantes.

    Benjamín Bloom, fallecido en 1999, creó una brillante clasificación de las habilidades del pensamiento y sus niveles. Su “taxonomía” de las habilidades de pensamiento (1956) sigue siendo un instrumento extraordinariamente valioso para orientarse en cómo desarrollar las habilidades de pensamiento en la educación formal. Bloom distingue seis niveles en esas habilidades. Del nivel más bajo al más alto van en este orden: conocimiento, comprensión, aplicación, análisis, síntesis y evaluación.

    Hay buenos profesores que saben cómo usar esta clasificación, con sus respectivos contenidos en cada uno de los niveles, y logran éxitos significativos en la enseñanza y aprendizaje para saber pensar, pero también hay que reconocer que la mayoría de nuestros educadores profesionales, también en universidades, se contentan con lograr en sus alumnos solamente el primer nivel de habilidades de pensamiento: el conocimiento, entendido como recoger información y traerla a la memoria.

    ¿Qué pasaría si en nuestro país ese 56% de nuestra población que tiene menos de treinta años tuvieran al cien por cien los seis niveles de habilidades del pensamiento, que Bloom propone para todo sistema educativo? Ese sería nuestro despegue definitivo del subdesarrollo. Y con ese equipaje, el fascinante horizonte de los misterios tal vez estaría más cerca.

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    Publicado por jotaefeb | 31 mayo, 2017, 8:11 am
  3. El profesor más brillante

    Por René González Ramos

    Me enganché con Merlí, una serie catalana sobre un profesor que se sale de todas las normas establecidas.

    Lo que más me gusta del programa (disponible en Netflix), es su visión sobre los adolescentes. El protagonista es un docente que llega de rebote a una escuela pública de Barcelona, donde debe enfrentarse a distintas realidades.

    Alumnos despreocupados, maestros apegados a métodos tradicionales de enseñanza y una fuerte estructura conservadora que parte del director del centro educativo, se observan en el establecimiento.

    Para esta estructura conservadora y tradicional, los jóvenes son meros cumplidores de órdenes. En algunos casos, sus destinos ya están escritos por sus padres o familiares. Pero el protagonista del show no piensa así. “Otra vez con eso de que los adolescentes no pueden pensar por sí mismos”, repite en una de las escenas de la serie que generó topes de audiencia en España.

    Omitiendo la actitud del atípico docente fuera del aula, Merlí se esmera para que sus estudiantes piensen por sí mismos y actúen en consecuencia. Es básicamente lo opuesto a lo que suelen pensar los maestros tradicionales e incluso las autoridades de educación en países como el nuestro, quienes relativizan toda acción o pensamiento que sale de los adolescentes.

    “Jóvenes, no se dejen manipular”, fue el mensaje de un alto funcionario del Ministerio de Educación y Ciencias (MEC) a los secundarios. Lo dijo cuando se manifestaron contra la intención de enmienda constitucional a favor de la reelección.

    “Debatan, pero dentro de la sala de clase”, manifestó otro en un comunicado oficial.

    Son solo algunos ejemplos de cómo piensan nuestras autoridades acerca de los jóvenes, o como mínimo, es la forma en la que manipulan la información cuando las papas queman. Claro que en nuestra tradición autoritaria las críticas hacia los jóvenes vienen generalmente cuando estos piensan diferente.

    Lo que hace diferente de Merlí con respecto a otros profesores, aparte de ser un apasionado de su disciplina, es interesarse realmente por los jóvenes. Esta diferencia es fundamental, pues la mayoría de sus colegas en la serie solo buscan desarrollar el currículo.

    Y eso que la sala está abarrotada, pero se las arregla para conocer a cada uno.

    Cuando el resto se dedica a reprimir y sancionar, él genera un puente de confianza y apertura. Así el alumno que repitió de curso, descubre que tiene potencial para la filosofía.

    Así frena un caso de sexting y otro de acoso escolar.

    La sala de clases se transforma y los secundarios se vuelven miembros activos en cada debate. Discuten teorías básicas sobre corrientes de la filosofía o el pensamiento de filósofos como Nietzsche.

    En Paraguay, necesitamos docentes más apasionados y que no solo despachen a los chicos cuando suena el timbre, sino que los consideren como parte del proceso educativo.

    Necesitamos también retribuirles con mejores salarios, más herramientas y formación continua.

    Desde febrero que nuestros educadores aguardan un aumento del 7,7% que sigue congelado en el Parlamento, donde se preocupan más por el próximo delfín oficial.

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    Publicado por jotaefeb | 25 mayo, 2017, 10:45 am
  4. Estilos de aprendizaje en cada aula de Paraguay ¿podremos alcanzarlo?

    Desde el momento que nacemos nuestros sentidos son los agentes principales que transportan información del mundo exterior a nuestro cerebro.

    Cada niño y joven desarrolla un Estilo de Aprendizaje o varios (visual, auditivo y kinestésico) que el profesor debe descubrir, desarrollar y potenciar en el transcurso del año lectivo. Los alumnos muchas veces ni siquiera reconocemos si aprendemos de forma auditiva como por ejemplo en una exposición del profesor en la clase; si fijamos mejor la información a través de mapas conceptuales, dibujos, carteles, etc. o aprendemos haciendo o jugando en clases; podrían ser maquetas, robótica, juegos dirigidos en grupo, etc.

    Como decía Piaget: “No hay nada en la mente que no haya pasado primero por los sentidos”. En este sentido el niño y joven van construyendo su aprendizaje a partir de su percepción acertada del mundo; todo lo que mira, escucha y siente que se puede aplicar a las Matemáticas, Lengua y Literatura, Medio Natural, a los deportes, Música va construyendo a un “yo” autónomo, seguro, confiado y capaz de lograr cualquier objetivo ya que no representa ningún imposible para el estudiante al momento de conocerse y poder estudiar conociendo su estilo de aprendizaje.

    La importancia de los Estilos de Aprendizaje son significativas tanto para el docente como para el alumno, para el docente al realizar las planificaciones de sus clases eliminando las clases expositivas, monótonas y pasivas; el alumno podrá conocer su estilo de aprendizaje logrando así que la información realmente sea un conocimiento que pueda aplicar en su diario vivir. Los Estilos de Aprendizaje son conocidos en Paraguay pero ¿realmente aprovechamos dichos conocimientos para aplicar en la tarea docente? Como alumnos ¿nos identificamos con un estilo o varios, nos conocemos realmente? ¿Nos esforzamos en poder aprender con claridad y profundidad?

    Lorena Torres, Enma Vera y Kathia Portillo

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    Publicado por jotaefeb | 25 mayo, 2017, 10:31 am
  5. Didáctica crítica

    Las instituciones educativas aplican la didáctica tradicional, donde el maestro condiciona el éxito de la educación, organiza el conocimiento, aísla y elabora la materia que ha de ser aprendida, sin embargo, la aplicación de una didáctica crítica en el proceso de enseñanza aprendizaje busca romper los roles comunes entre profesor y alumno.

    La didáctica crítica da respuesta a los conflictos y contradicciones que se presentan en el fenómeno educativo, es decir, enseñanza-aprendizaje, el cómo se desenvuelven los agentes. En la actualidad, al ser una disciplina relacionada con la pedagogía es de suma importancia conocer el fundamento en el que se sustenta.

    El aprendizaje se concibe como un proceso grupal y en construcción que se define por los cambios individuales y sociales, surgen obstáculos durante este proceso como manifestación del temor a aceptar sus nacientes capacidades ante la poca estructuración de la clase.

    La coherencia entre el método, contenido y la ideología que la justificará. Aquí la comunicación es decisiva porque busca transformar los valores para un cambio histórico-social.

    En resumen, el profesor debe ser investigador, autocrítico de su trabajo y el aprendizaje deberá ser inacabado, significativo y dinámico en constante replanteamiento desde la ejecución de la práctica, planes y programas.

    Sannie Echeverría, Ricardo W. Delgado, Lucía Acosta

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    Publicado por jotaefeb | 25 mayo, 2017, 10:30 am
  6. Una delicada profesión y no un apostolado

    Por Antonio Carmona

    El magisterio es una profesión y, sin duda, una de las más delicadas, pues está en manos de esos profesionales formar a los estudiantes, a los maleables aprendices, al futuro, a la esperanza de la “patria querida” a la que tanto y con tanto entusiasmo cantamos y con tan poca dedicación servimos, de la que nos servimos más que la servimos.

    Las y los docentes, como los médicos, como las enfermeras, tienen en sus manos profesionales las vidas de las personas, no con manos apostólicas, de profetas o predicadores, de santos o demonios; como profesionales en cuya capacidad está puesto y jugado el presente y el futuro de la gente, como curadores y saneadores. Es decir, que la eficiencia de su trabajo no depende de su vocación “apostólica”, ni de su entusiasmo, aunque ambos componentes sean importantes sino de los conocimientos para curar; como depende de su capacitación para enseñar.

    El concepto apostólico de voluntariado nos viene del estronismo, no de los tiempos gloriosos de la educación nacional, los de Indalecio Cardozo o los del Colegio Nacional, donde enseñaron los mejores talentos nacionales y donde se formaron los mejores talentos nacionales.

    El estronismo rompió con los cánones de la educación, convirtiéndola en “apostólica” o vocacional, para encubrir la repartija de cargos públicos a los correligionarios. Intervino colegios públicos y privados, destituyó a docentes de gran capacidad, clausuró los centros y las academias estudiantiles que habían promocionado a muchos de nuestros más brillantes técnicos, intelectuales, profesionales…

    La “deconstrucción” estronista se olvidó de la principal reconstrucción de Carlos Antonio López, la educación, abrir escuelas y cerrar cárceles, en contra del ejemplo de El Supremo. Y hasta romper las fronteras formando a jóvenes en el exterior, que fueron fundamentales en la Guerra Grande y en la reconstrucción de las ruinas. Y los que después serían los testimoniales redactores la historia y los forjadores de quienes levantaron el país.

    Vale la pena pensarlo en esta coyuntura en que se está volviendo a insistir y a invertir fuertemente en la educación de los docentes.

    Hasta ahora venimos manteniendo una legión de educadores cuya formación es precaria. Basta escucharlos muchas veces hablar en los discursos y reclamos por los medios de comunicación para apreciar la falta de manejo de la lengua, de las lenguas, y de la conceptualización.

    Es difícil que puedan enseñar bien los que tan mal saben expresarse y comunicarse.

    Valga la salvedad de la no generalización; pero atendiendo a mi experiencia mediática y en contacto con la educación, la falta de capacitación docente es un déficit, más que grave, gravísimo.

    Este gobierno está dando un vuelco histórico en inversión para la formación de los docentes, sin duda el tema capital de nuestra mala educación, pero, aunque es un paso de gigante en la mejora, es difícil a corto plazo que se supere la mediocridad si no hay un esfuerzo de los propios gremios, entre cuyos reclamos debe primar el derecho de los propios educadores a la educación.

    No se trata, ni mucho menos, de relegar el reclamo de salarios y mejores condiciones laborales. Justamente, esa era la mentira del “apostolado”; los apóstoles no cobran ni enseñan, predican voluntariamente. Esa era la fórmula del estronismo: un magisterio dócil y fácil de docilizar con las prebendas.

    Se trata de exigir, pero comenzar por exigirse a sí mismos y exigir no sólo beneficios gremiales coyunturales, también exigir educación y fomentar la educación al interior de los gremios.

    Uno de los índices más importantes para la educación que registramos en los últimos años fue cuando los estudiantes exigieron libros. Sería bueno escuchar de los gremios educativos la exigencia de libros y de bibliotecas, el fomento de la lectura, el estudio sistemático, comenzando por los idiomas nacionales y por las culturas que conforman o participan de la nacionalidad paraguaya y regional, y de la historia universal, para romper con las estrechas fronteras de la “isla rodeada de tierra”.

    Será justicia.

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    Publicado por jotaefeb | 15 mayo, 2017, 5:34 am
  7. Sembrar semillas de esperanza

    Por Blanca Lila Gayoso

    Cada 30 de abril se festeja el Día del Maestro y como todos los años, en esa fecha hablamos de lo mal que anda la educación, mientras profesores y profesoras analizan la situación del gremio y como siempre, se quejan de lo poco que ganan y de lo mucho que falta para mejorar las cosas en esta área tan sensible para la sociedad.

    En los medios de prensa, como sucede eternamente, se trató de las escuelas cuyos techos caen a pedazos, de niños que dan clases bajo mangos, de la plata de Fonacide, de huelgas, protestas y reclamos y también de la mediocridad de alumnos y profesores. Miles de temas que plantean un sinfín de interrogantes, casi sin respuestas.

    Lo cierto es que cada vez estamos peor y no vemos ninguna solución, venga el gobierno que venga, y se cambie ministros cada tanto. La leche y los útiles no llegan, los edificios no se arreglan, los alumnos no leen y los maestros no se capacitan. Estamos cansados de escuchar siempre lo mismo.

    Los parlamentarios perdieron tiempos valiosos enfrascándose en el tema de la enmienda, pensando solo en sus intereses particulares, mientras que los asuntos que verdaderamente importan a la gente quedaron en segundo plano. Como ya estamos en un año preelectoral, se van a apurar en tratar algunos puntos para tratar de salvar las falencias, buscando desesperados el rekutu.

    No tenemos que engañarnos y más que nunca, hay que permanecer despiertos y alertas. Por ejemplo, no olvidar quiénes hicieron lo posible e imposible tratando de violar la Constitución y que si la ciudadanía no se oponía tenazmente, ellos iban a lograr sus objetivos. A esos personajes que ya los conocemos de sobra, hay que pasar la factura en las próximas elecciones. Y nos referimos a este tema porque tiene mucho que ver con la educación. Por falta de esta y por culpa de la ignorancia, algunos políticos siempre hicieron lo que querían, sin tener en cuenta al pueblo. Esta vuelta la cosa no les resultó tan fácil y de hecho, cada vez que intenten de nuevo hacer algo fuera de la ley, se reencontrarán con la misma oposición. La juventud y la ciudadanía que ama a su patria no dudarán para salir a las calles.

    Es tan importante la educación en ese sentido. Pensamos que en las aulas se deben realizar los cambios y una verdadera revolución que se geste en los pensamientos de alumnos y maestros. Fomentar la opinión y la crítica en los jóvenes, insertándolos en su realidad social, para que ellos mismos encuentren la solución de las problemáticas. Una nueva pedagogía que apunte hacia una mentalidad innovadora y creativa para dar el nuevo rumbo. Tal vez no contamos con recursos materiales, pero sí contamos con la parte humana. Y esta siempre es la más importante, porque a lo largo de la historia de la humanidad, las crisis y las situaciones límites son las grandes motivadoras para cambiar. Quizás ha llegado ese gran momento. Ojalá que pidamos una reforma en materia de educación y seamos fuertes para frenar las apetencias personales de algunos políticos, haciéndoles entender que la nación es un proyecto común y que por lo tanto, tienen que priorizar los intereses de ese pueblo que los eligió como representantes.

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    Publicado por jotaefeb | 11 mayo, 2017, 9:17 am
  8. Profesión: ¡maestra!

    Cuando me preguntan qué profesión tengo; no lo dudo ni por un instante, y la respuesta es ¡SOY MAESTRA! Mientras muchos ensayan como se ve mejor escrito su nombre, si con LICENCIADA, MAGISTER o PhD, sigo buscando en la nómina de profesiones el de maestra, y para mi sorpresa, nunca la encuentro…

    Consultando con los entendidos, me han dicho que se engloba a esta profesión y a otras similares con la denominación de DOCENTE… La capacidad de concentración y atención son fundamentales para una correcta comprensión de la información que nos transmiten los docentes. La ecuación es simple: quien no atiende no aprende. Sin embargo, en todas las aulas hay estudiantes que están presentes físicamente, pero no mentalmente, pues prefieren atender a las pantallas de sus teléfonos inteligentes o concentrarse en pensar en cuestiones de su vida personal que deberían olvidar al ingresar al aula. El tiempo es escaso y las voluntades casi nulas, pero sin embargo las expectativas de los estudiantes son, cuando menos, atípicas.

    El futuro de la educación parece algo incierto desde esta perspectiva, y el rol de los docentes se asemeja cada vez más al de un policía que debe controlar a sus estudiantes para que lo escuchen en lugar de dedicarse a formar a los profesionales del futuro.

    Sin embargo, ahí está la MAESTRA, aquella que a pesar de todo este complejo panorama, de las dificultades en su profesión y las complejidades sociales de la cual ella también es parte hizo cursos, se capacitó y comprendió que hay un ingrediente fundamental que muchos docentes olvidaron: LA VOCACIÓN, EL SERVICIO…

    He ahí la diferencia. Por eso, saludo emocionada es este día a todas las MAESTRAS DEL ALMA, que siguen apostando a esta noble misión, recordando especialmente a mi MADRE, que con sus más de 70 años sigue siendo aquella maestra que me inspiró y a la cual pregunté un día: ¿QUÉ ENCANTO VIO EN SU PROFESIÓN PARA COMPARTIR A SU FAMILIA CON SUS ALUMNOS? No hubo respuestas… el tiempo me lo dijo… ¡Nuestros alumnos también son nuestra familia!

    Isabel Ortiz

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    Publicado por jotaefeb | 2 mayo, 2017, 9:03 am
  9. El rol del maestro

    Mañana se recuerda el Día del Maestro, una fecha que debería ser importante no solo en el calendario escolar sino también en la consideración de la sociedad, atendiendo al papel crucial que desempeñan estos trabajadores. Los acelerados y asombrosos avances tecnológicos de las últimas décadas –la informática, el desarrollo de los contenidos audiovisuales, internet– no han logrado desalojar al maestro del papel protagónico que le corresponde en el proceso de aprendizaje en nuestra sociedad.

    Ni las computadoras más modernas ni cualquier tutoría “en línea” puede reemplazar la mano paciente y la guía personal del docente. Su voz y orientación siguen siendo definitivamente necesarias para que los modelos educativos alcancen las metas que se proponen. Pero estas cualidades imponen a los maestros responsabilidades concomitantes.

    La labor al frente del aula, el trabajo con los niños y jóvenes, la misión de transmitir información y valores éticos a las nuevas generaciones no son un trabajo como otro cualquiera, como el que pudiera hacer un oficinista o un funcionario común. La tarea del docente es singular, única. No se trata desde luego de afirmar aquí que el ejercicio de la docencia es un apostolado, como solía decirse antes. Las personas que optan por este trabajo tan particular –que, ciertamente, reserva tantas satisfacciones a quienes lo llevan adelante– experimentan las mismas necesidades que todos los demás. Sus derechos laborales deben ser respetados y la retribución salarial acorde a la importancia de su función y a la calidad de su labor.

    Sin embargo, no cabe duda de que los maestros deben asumir un compromiso moral adicional porque la materia prima de su actividad es la más valiosa de todas cuantas pueda poseer una nación. Literalmente, los maestros son los artesanos del futuro de la nación. Si el porvenir de un país depende de la buena o mala educación que reciben sus niños y jóvenes, entonces una parte fundamental de ese porvenir está en manos de los maestros.

    A diario saltan a la vista, para cualquier observador de nuestra realidad, ejemplos de cuán importante es la inversión en educación de calidad. La solución de los problemas de una sociedad cada vez más compleja –el suministro de servicios básicos a la población; el desarrollo de nuevas matrices productivas y energéticas; la incorporación de los adelantos tecnológicos– parte de una misma ineludible condición: es fundamental que el país haga una apuesta radical por la educación. Y en esa apuesta el eje está en los docentes. Esta es la materia fundamental a la que tiene que volcar el Ministerio buena parte de sus recursos y de su energía.

    Nada cambiará en la educación paraguaya si no cambia primero en los docentes. Y estos cambios ya no pueden esperar más tiempo. Cada nueva prueba o examen o evaluación a que son sometidos estudiantes o profesores pone en evidencia el pobre nivel de nuestra educación, incluso en las materias más básicas. Si no se corta el círculo vicioso, escuelas y colegios seguirán escenificando una verdadera farsa, simulando que los alumnos aprenden lo que el propio maestro finge conocer.

    Desde todos los sectores de la sociedad se ha insistido hasta el hartazgo acerca de la necesidad de transformar la educación paraguaya. Todas estas posiciones y propuestas tienen como mínimo un factor en común: es indispensable forjar nuevas generaciones de docentes que se encuentren realmente en condiciones de transmitir conocimiento, de guiar la búsqueda e investigaciones de los estudiantes y de estimular la curiosidad intelectual de niños y jóvenes. Sin este elemento no servirán de mucho computadoras y kits escolares, ni aulas nuevas ni modernos programas curriculares. El maestro es la pieza clave de un engranaje que debe contemplar también, desde luego, todo lo anteriormente nombrado.

    http://www.lanacion.com.py/editorial/2017/04/29/el-rol-del-maestro/

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    Publicado por jotaefeb | 1 mayo, 2017, 7:24 am

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