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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Hacia la Reforma del Sistema de Salud del Paraguay

Los paraguayos y paraguayas tenemos la obligación más que nunca de construir el futuro. Cada uno debe contribuir con sus ideas o actividades en el área de su mayor conocimiento. Si todos lo hiciéramos dejaríamos un mejor país para nuestros hijos del que recibimos. En el caso mío, en materia de salud. Aunque no soy el primero que aborda este tema, mi paso por el Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social, me confiere una experiencia práctica de lo que he vivido y de lo que podemos mejorar. A nadie escapa que el sistema de salud de nuestro país es uno de los más atrasados de nuestro continente. Y esto es un fracaso colectivo, aunque los mayores responsables son aquellos que han conducido las políticas de salud en los últimos 50 años.

En materia de la salud, lograr una substancial mejoría en el acceso y cobertura, con reducción al mínimo de las desigualdades, constituyen una tarea pendiente e impostergable del Estado paraguayo. Las desigualdades en el acceso a los bienes y servicios básicos, que se percibe en todas las áreas de la administración del Estado, en el ámbito de la salud, resulta dramática e insostenible. Y si incorporamos al análisis la calidad del gasto público, considerando quienes lo están pagando y viendo la participación del Estado en la torta presupuestaria, el resultado es, sencillamente, inmoral.

La dirección hacia el cual deben ir las políticas de salud pública debe ser hacia la cobertura universal de salud, la cual lejos de ser un beneficio laboral es un derecho ciudadano y debe ser considerado como una cuestión de Estado de alta prioridad cualquiera sea el signo político que detente el gobierno de la República.

El concepto de cobertura universal de salud concibe a la salud pública como un sistema capaz de brindar a todas las personas, a lo largo de las distintas etapas de su vida, la atención sanitaria integral, oportuna y con calidad que necesitan en el momento que lo precisen sin que dependa de la capacidad de gasto de las personas. Incluye la atención de las catástrofes en salud (cáncer, trasplante de órganos, cirugía cardiaca, enfermedades congénitas). La cobertura universal de salud es un derecho ciudadano amparada en la Constitución Nacional (Art. 68) y su implementación ha sido incluida como una recomendación fundamental por la Naciones Unidas en la Asamblea General del 2012.

Una buena salud de la población no debe analizarse exclusivamente desde la perspectiva sanitaria. Desde el informe sobre desarrollo mundial en 1993, lo que un país gasta en salud no debe ser visto como un gasto sino como una inversión. Una buena salud de la población no sólo es una consecuencia del desarrollo económico, sino que retroalimenta al mismo, ya que la gente saludable puede hacer más por la economía. Una población sana tiene mayor productividad, es más emprendedora, presenta mejor rendimiento educativo, permite que los niños puedan asistir a la escuela y aprender y finalmente impacta en reducción de la pobreza. Además, un sistema de salud eficiente no sólo mejora estos aspectos económicos mediante la mejora de la condiciones sanitarias de la población sino también permite a las familias obtener beneficios económicos adicionales.

En particular, cuando mejor es la protección financiera de las familias contra gastos médicos catastróficos, se reduce el riesgo de quiebra económica de las familias y hace que los ahorros y activos sean más seguros, lo que les permite ahorrar más; cuando muchas familias se benefician, el aumento de su actividad económica puede estimular mejor el desarrollo económico. El Informe de la Comisión sobre Macroeconomía y Salud del 2001 llevó esta idea más lejos, mostrando que una mejora del 10% en la esperanza de vida al nacer se asocia con crecimiento económico anual del 0.3%-0.4%.

Por tanto, un sistema de administración de salud de buena calidad con acceso universal protege a los individuos de la enfermedad, estimula el crecimiento económico y ayuda en la lucha contra la pobreza al mantener sana a la gente. Además, contribuye a la armonía social al proporcionar el aseguramiento a la población que los servicios están disponibles en caso de enfermedad.

El sistema de salud del Paraguay radica básicamente en una combinación de servicios integrados por un sistema público de salud ofrecido por el Ministerio de Salud para la población de bajos ingresos, el servicio de seguridad social para los empleados formales y parte de sus familias (Instituto de Previsión Social) y los servicios privados de salud para los que tienen capacidad de pago. De menor impacto son instituciones que brindan asistencia a sectores específicos de la población como el Hospital Militar y el Policlínico Policial al permitir los mismos acceso exclusivo a personal militar y policial.

Las prestaciones del servicio de salud pública son actualmente gratuitas, pero limitadas a lo que el sistema dispone (gratuidad en las consultas, camas para hospitalización, limitados insumos, limitada capacidad diagnóstica y casi ausencia de medicación de alto costo). La coordinación ineficiente entre los tres subsectores (público, seguridad social y privado) agrava la situación atentando contra el uso eficiente de los recursos requeridos para alcanzar la cobertura universal de salud.

A manera de ejemplo, el sector privado de la salud que asiste al 3% a 5% de la población dispone de al menos 6 equipos de resonancia magnética nuclear (equipo de imágenes necesario para el diagnóstico de múltiples enfermedades, más importantemente enfermedades del sistema nervioso) en tanto el sector público que asiste al 75% de la población dispone de solo uno de capacidad diagnóstica limitada. Terrible expresión de la inequidad en salud. Pero también debe aclararse la limitada cobertura de los servicios privados de salud del Paraguay cuyas prestaciones orillan a la estafa. No contemplan cobertura para situaciones de alto costo, como atención de prematuros, enfermedades congénitas o preexistentes, cáncer, cirugía cardíaca, trasplantes y muy limitada cobertura en caso de hospitalización en cuidados intensivos, abarcando sus coberturas casi exclusivamente a cuadros de bajo o mediano costo (ej. consultas médicas, partos y cesáreas y cirugías de baja complejidad).

En la situación actual, toda la carga de alto costo recae finalmente en la capacidad de gasto de bolsillo de las familias (una minoría de los casos) y en caso de que ello no fuera posible por la capacidad económica (la mayoría de los casos) la atención recae en el sistema público de salud o en la seguridad social, cuya capacidad de cobertura al momento actual son insuficientes. Deberá regularse, por tanto, la prestación de los servicios de salud por las entidades privadas. A manera de ejemplo, entre sus prestaciones no deberían excluir a aquellos que tienen enfermedades congénitas, enfermedades preexistentes o enfermedades catastróficas. Esta visión ha constituido uno de los pilares fundamentales de la reforma de salud auspiciada en EE.UU. por el presidente Barak Obama (Obamacare).

Por Prof. Dr. Antonio Arbo

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/hacia-la-reforma-del-sistema-de-salud-del-paraguay-1582045.html

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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12 comentarios en “Hacia la Reforma del Sistema de Salud del Paraguay

  1. Un comentario en “Rapiñaron el Centro de Salud de Ayolas”

    Nada para festejar

    Hoy se recuerda el Día Mundial de la Salud. Como siempre, no hay nada que festejar, según lo reconocen los mismos responsables de la salud en la región. En el marco de su campaña proselitista para seguir prendido del poder político, el presidente Horacio Cartes vino a inaugurar pomposamente un cascarón vacío en el Instituto de Previsión Social. En pocos días volverá nuevamente a la región siempre haciendo proselitismo con obras concretadas con el dinero de todos los contribuyentes, esta vez para inaugurar la ampliación de la avda. Perú.
    Desde aquella inauguración del Hospital del IPS, el servicio no mejoró nada. Los mismos funcionarios siguen quejándose de las lamentables precariedades que afrontan día a día para ofrecer sus servicios. Los aportantes, deben todos los días padecer la humillación y la tortura de madrugar desde la una de la mañana para conseguir un turno en alguna especialidad. Luego de esperar horas, muchos no logran una consulta porque “ya no hay más turno”. A eso se suma la falta de medicamentos, que tienen que comprar y la falta de profesionales.
    En nuestro departamento siguen muriendo madres y niños, porque no hay ambulancias para trasladar pacientes y en los puestos de salud del interior tener médicos y medicamentos es un verdadero milagro.
    Vergonzosamente, muchos hijos de paraguayos a diario nacen en hospitales del Brasil y de la Argentina en los distritos fronterizos y tienen la nacionalidad de esos países, porque el Estado Paraguayo no les garantiza un servicio de calidad, como lo consiguen en los países vecinos.
    Esta semana nomás publicábamos el caso del hospital de Pte. Franco donde los limpiadores debieron hacer una huelga para cobrar parte de sus cinco meses de salarios atrasados. Y los médicos debían terminar sus cirugías y proceder a limpiar ellos mismos la sala para continuar con las intervenciones.
    Los responsables de estas vergonzosas precariedades son los que ahora van recorriendo todo el país y con grandes actos y derroche de dinero están promocionando sus candidaturas para seguir en el poder. Cuando los ciudadanos depositen sus votos en las urnas deben recordar a quienes permiten que los compatriotas sigan muriendo en los pasillos de hospitales, sin camas, sin médicos y sin medicinas. Solo con autoridades patriotas se logrará dignificar a los ciudadanos y ofrecerles una asistencia sanitaria digna.

    http://www.vanguardia.com.py/2018/04/07/nada-para-festejar/

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    Publicado por jotaefeb | 09/04/2018, 10:18 pm
  2. Rapiñaron el Centro de Salud de Ayolas

    En setiembre de 2016, los servicios del Centro de Salud de Ayolas fueron innecesariamente “integrados” con los del Hospital Regional del Instituto de Previsión Social (IPS), en perjuicio de unos seis mil pobladores carenciados y en provecho de nueve médicos, allegados a políticos colorados de la zona. La absurda medida se fundó en un breve y falaz “informe técnico” del director de Recursos Físicos del Ministerio de Salud Pública, arquitecto Horacio Loizaga, según el cual las instalaciones del centro de salud estaban en “situación de vulnerabilidad” y, por lo tanto, debía ser “evacuado”. Lo cierto es que los dos bloques ocupados –uno de ellos muy moderno, construido y montado con fondos de la Entidad Binacional Yacyretá, inaugurado hace poco más de diez años por el entonces presidente, Nicanor Duarte Frutos, y el ingeniero Ángel María Recalde, director general paraguayo de Yacyretá– se hallan en perfectas condiciones, como se percibe con solo visitarlos.

    La rapiña al nosocomio implicó la desaparición de todos los aparatos de aire acondicionado y de equipos médicos, pero no así la de varios fetos con sus respectivos nombres: por lo visto, no tenían valor pecuniario, así que los desalmados los dejaron en el “edificio cascarón”, según lo calificó falsamente el ministro de Salud Pública, Carlos Morínigo, sin advertir que así estaba acusando a su antecesor Antonio Barrios de no haberlo reparado a tiempo. Durante los preparativos para cerrar el centro de salud y obligar a los pacientes a trasladarse al hospital del IPS, el hoy exministro y candidato a senador colorado había dicho que prefería “potenciar esta infraestructura antes que ir a construir otro edificio en otro lado”. Aludía a la construcción de un nuevo centro de salud, algo que era innecesario, porque las instalaciones del que estaba funcionando se hallaban en óptimo estado operativo.

    Lo peor de todo, desde luego, es que la irracional “fusión” implicó de hecho un gravísimo atentado contra un derecho fundamental de los ayolenses. “Se hizo un despojo de recursos; no hay atención; no hay camas: tenés que acostarte esperando tu muerte en el IPS, siendo que el centro de salud tiene su infraestructura intacta”, según Carlos Pérez, presidente de la Comisión Reapertura del Centro de Salud de Ayolas, resumiendo muy bien la trágica situación generada por unos personajes inescrupulosos, entre los que figuran Emilio Ruiz, director del centro; Pedro Pérez, director de la Octava Región Sanitaria; Carlos Duarte, intendente de Ayolas; Derlis Maidana; candidato a diputado; Édgar Caballero, presidente de la seccional, y el concejal departamental Esteban Ruiz, todos colorados. En este contexto, no sorprende que nueve de los doce miembros de la Junta Municipal, donde la ANR tiene clara mayoría, hayan apoyado la descabellada medida, traicionando a los vecinos, demostrando así que se sienten más obligados a los intereses de los capitostes de la politiquería local y departamental de su partido antes que a los más de 10.000 pobladores de la zona que hoy se están movilizando en contra de una arbitrariedad manifiesta.

    Todos estos impresentables se complotaron contra el derecho a la salud de las personas de escasos recursos del área de Ayolas, incluidos los centenares de habitantes de las islas, hoy obligadas a trasladarse hasta el hospital del IPS, situado a kilómetros del casco urbano, para ser pésimamente atendidas –según revelaron algunas de ellas–, de lunes a viernes, entre las 07:00 y las 15:00, si es que tienen suerte y dinero suficiente para pagar el transporte. En cambio, a los médicos que cobran tres salarios del Ministerio y otro de la entidad previsional la vida se les hizo más cómoda, pues ya no deben desplazarse de un lugar de “trabajo” a otro: seguirán engullendo a dos carrillos, con la ventaja adicional de que no atenderán a mayor número de enfermos en un solo lugar, pues no serán pocos los impedidos de acudir hasta el nosocomio lejano.

    El titular de la cartera de Salud Pública sostiene que en Ayolas, como en otras localidades, las dos entidades públicas en cuestión “unieron” sus fuerzas para atender a la gente, mediante un “convenio bien establecido”. Ese absurdo acuerdo, que sirvió de paso para un infame robo, se fundó a todas luces en un vulgar pretexto, develado por los pobladores. Se alega que han cedido las paredes de los pozos ciegos, algo que con toda certeza pudo y puede ser reparado sin mayores dificultades.

    El ministro Morínigo prometió que en el predio abandonado se habilitará cuanto antes una Unidad de Salud Familiar (USF), con servicio médico, de enfermería y de ambulancia. Este anuncio no responde a la demanda de la población, que con todo derecho exige que vuelva a funcionar su centro de salud, que siempre dispone de mayores recursos humanos y materiales que una USF. Por tanto, la solución anunciada es insatisfactoria, ya que no servirá para que allí puedan ser atendidos casos de cierta complejidad que antes sí podían ser tratados en el casco urbano, cerca de la gente.

    Se impone, en consecuencia, que estos compatriotas se mantengan firmes en su exigencia de que cese el trato denigrante del que son víctimas para volver a contar con el mismo servicio que tenían hasta setiembre de 2016. Encima, mientras no se restituya el centro de salud a como estaba, se continuará afectando la atención médica prestada a los asegurados del IPS en el Hospital Regional que solventan con sus aportes mensuales.

    El Ministerio de Salud Pública no puede eludir su obligación de mantener en óptimas condiciones sus instalaciones sanitarias, que “se están cayendo a pedazos”, según confesión de su máxima autoridad.

    Para evitar que persistan los efectos negativos de la canallada cometida en perjuicio de los pobladores de Ayolas, es imperioso devolver al Centro de Salud todos los instrumentales médicos, camas, aparatos de aire acondicionado y demás accesorios que fueron rapiñados sin misericordia por un grupo de médicos sin ética y políticos sinvergüenzas.

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/rapinaron-el-centro-de-salud-de-ayolas-1690451.html

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    Publicado por jotaefeb | 09/04/2018, 10:17 pm
  3. Cascarón
    Por Gladys Villalba Jara

    El flamante Centro Ambulatorio de Especialidades (Caes) de Areguá debía ser lo más parecido a un hospital y ofrecer múltiples servicios a los pacientes. Sin embargo, una profunda decepción invade a los pobladores aregüeños que acuden al sitio, porque no pueden acceder ni siquiera a las atenciones básicas que debe ofrecer un puesto de salud.

    El centro fue inaugurado con bombos y platillos el 17 de enero pasado por el presidente de República, Horacio Cartes; el ministro de Salud, Antonio Barrios (colorado cartista); y el intendente de Areguá, Humberto Denis Torres (colorado cartista). La obra demandó una millonaria inversión de G. 8.300 millones, monto que incluía equipamientos, según los detalles. Pero dichos equipos no pasan de unos bancos nuevos instalados en las salas de espera del local sanitario. Es más, algunos de los consultorios están equipados con muebles viejos y herrumbrados que pertenecían al antiguo centro de salud aregüeño.

    El director del Caes, el doctor Víctor Hugo Frutos, fue claro y conciso. Dijo que “no podía tapar el sol con un dedo” y reconoció las múltiples falencias de la nueva y costosa estructura. Aceptó que la sala de rayos X no cuenta con el equipo médico para la realización de los estudios.

    Frutos confirmó que la única laboratorista del centro está con reposo por maternidad, cuyo permiso se extenderá hasta mayo próximo, mientras tanto dejará de funcionar el laboratorio para la mala suerte de los pacientes. El personal de blanco encargado de la realización del electrocardiograma tampoco está disponible por vacaciones.

    Mientras que el aparato ecógrafo no puede ser utilizado por falta de un especialista en el rubro. Además, aquellos que sufran de dolor de muelas deberán esperar hasta que el técnico disponga de tiempo para realizar el traslado del equipo médico al nuevo consultorio.

    Por otra parte, además de estos problemas, la infraestructura presenta defectos. Uno de los bloques filtra y se inunda con cada lluvia. En ese sentido, el médico dijo que es por falta de silicona entre la puerta y el piso y dio a entender que eso evitaría más filtraciones.

    Esta es sola una muestra de la burla hacia la necesitada y olvidada ciudad de Areguá, que sumada a la desidia municipal muere un poco cada día. Los aregüeños claman por un hospital digno y no un cascarón.

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    Publicado por jotaefeb | 28/01/2018, 10:31 am
  4. Pompe

    Por Arnaldo Alegre

    “Muchas veces me rendí, pero volví a levantarme”. Liz Varela no puede articular palabras. Está sujeta a un respirador artificial y con suerte puede respirar por sí misma cuatro o cinco horas al día. Sufre la enfermedad de Pompe, que es un debilitamiento muscular de origen genético. Hay 40.000 casos en todo el mundo. Dos diagnosticados en Paraguay.

    “Hace unos meses me sentía tan mal que pensé que no podía mejorar –cuenta a través del WhatsApp–. Me rendí. Hablamos mucho con Roberto (Paredes, su compañero de vida) y me dijo que yo siempre había superado todas las pruebas en mi vida. Desde venir del interior a los 18, estudiar en la facultad (se recibió de periodista), trabajar, traerle a mis hermanos del interior y hacerlos estudiar. Darles una oportunidad de cambiar sus vidas. Me dijo que había hecho cosas que pocos harían, incluso postergándome y que esto era una prueba más”.

    Lo peor de una enfermedad rarísima como esta es el desconocimiento de los médicos y personal tratante. Liz pasó años antes de encontrar una explicación a sus problemas. Subir una escalera era una proeza, pero no sabía por qué. Le hicieron estudios de todo tipo, algunos muy invasivos. Fue a Argentina y le dijeron que solo se necesitaba una prueba de sangre.

    Cuando se supo lo que padecía la cosa no mejoró y los tratantes paraguayos cometían errores que pudieron haberle costado la vida. Ella lo explica así: “Prácticamente fallecí tres veces. Me aferré a la vida y volví. Hay cosas que ocurrieron en mi internación que yo no recordaba bien. Pasa que cuando tenía mis crisis (le administraban oxígeno, lo que no se recomienda para estos casos) el anhídrido carbónico subía al cerebro y el cerebro no recibía oxígeno y me desvanecía”.

    Agrega que “si alguien dice que nunca perdió la fe enfrentando problemas graves de salud es difícil de creer. Porque uno se derrumba, y la familia se derrumba detrás de uno. Pero sacás fuerzas desde adentro y te volvés a levantar, llamalo fe en Dios o fe en la energía del universo, pero te volvés a levantar una y otra vez. Hay una fuerza dentro tuyo que no conocías”.

    Los costos de la atención son muy elevados. Los pudo superar por la bondad de mucha gente y la colaboración de Hacienda, que le mantiene su puesto de trabajo. Pero lo fundamental fue el apoyo de la Fundación Genzyme.

    “Tengo mucha esperanza de que muy pronto volveré a caminar y respirar sin esta máquina y ser lo más normal posible”, escribe finalmente.

    La vida siempre encuentra un camino para persistir, para imponerse, para bendecirnos.

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    Publicado por jotaefeb | 12/11/2017, 8:46 am
  5. Negocio redondo
    Por Alex Noguera

    Juro que no tuve la culpa. El domingo desperté con ganas de ir a misa y como mi abuela siempre decía que para comulgar había que esperar al menos una hora después de la ingesta, desayuné temprano. Después visité el confesionario, lo que me llevó más tiempo del esperado no por mi rosario de pecados –como los malpensados pudieran imaginar–, sino porque había mucha gente formando fila con la misma buena intención.

    Al finalizar el culto salí afuera y, como es costumbre en mi parroquia, todas las chismosas del barrio se reunieron para “actualizar” e intercambiar “logística” informativa.

    No sé si irritó al diablo el hecho de que yo estuviera como recién duchado, limpio de pecados, confesado y comulgado, sin tiempo siquiera para generar un mal pensamiento… porque de pronto como una nube negra se acercó un muy alegre grupo de señoras que, de puro contentas, conversaban y reían a todo volumen.

    Fue el diablo, digo yo, no sé, el que hizo que prestara atención a esa conversa. Juro que no fue mi intención. Hasta ese momento era santo, certificado por el pa’i, que hasta se animó a depositar la sagrada hostia sobre mi lengua.

    Una mujer regordeta le decía a la amiga, aproximadamente del mismo talle, que se sentía dichosa porque por fin había encontrado el paraíso. Fue el diablo el que hizo que mi mente pensara como un flechazo en unas blancas alas gigantes –y reforzadas– para poder elevar semejante monumento hasta el cielo. Tampoco fue mi culpa la mueca de sonrisa que no pude disimular mientras se me escapaba la poco duradera santidad que acababa de lograr.

    La mujer contaba que en las Bahamas habían inaugurado un resort exclusivo para gordos, donde no se permitía la entrada de flacuchentos que les pudieran hacer sentir mal ni juzgados a causa de su sobrepeso. Decía que un tal James King fue quien tuvo la maravillosa idea cuando en la ciudad de Granada vio cómo se burlaban de un joven obeso que había roto una silla al sentarse.

    Estaba a punto de reír imaginando esa situación cuando la mujer exclamó: “Hay tanta gente estúpida que se ríe como idiota cuando ve un gordito. No sé cuál es la gracia. Es un bullying social inconsciente que usan los “normales” para no ser ellos mismos blanco de críticas. Sí, solo los imbéciles se ríen de balde”. Mi risa murió en mis labios. Yo no era un imbécil.

    Otra apoyó a la amiga y reforzó el sentido de la charla diciendo que todos eran unos doble caras porque a pesar de estar excedidos de peso, ninguno quería reconocer que estaba con más kilos de los que dictaban las normas sociales. “Pensar que a principios del siglo pasado las mujeres delgadas eran mal vistas. Las gorditas eran muy solicitadas”, expuso con melancolía.

    Nadie quiere reconocer que está gordo. Como si fuera pecado. Y, sin embargo, actualmente el sobrepeso es la segunda causa de muerte en el planeta. Cada año se lleva a la tumba a 2,8 millones de personas, informó otra. Y agregó: “En Paraguay, según estadísticas, el 60% de la población ya tiene sobrepeso, está gorda, pero esas personas no se ven a sí mismas como gordas, pero sí a las demás”.

    Es una tendencia irrefutable, es el castigo divino, opinó una cuarta “chica”. Toda mi vida me la pasé haciendo dieta, sufriendo y siempre perdiendo en esa lucha. Que la dieta de la luna, que del apio, de la manzana y de la lechuga. Todas me dejaron peor que antes. Y cuando me invitan a la pileta siempre doy excusas porque se ríen de mí cuando me pongo la malla. Los rollos, las estrías, la celulitis. ¿Vos creés que da gusto?, preguntó casi llorando. Pero ahora todos se están volviendo gordos y van a saber lo que se siente, aseguró enojada.

    En ese momento chupé la panza, saqué pecho y el diablo sensibilizó mi corazón. Tenía razón esa “señorita” de edad indescifrable. A mi alrededor la mayoría no podía ocultar la realidad. Los únicos flacos parecían enfermos y los musculosos exudaban vanidad. Estaba seguro de que si les preguntaba, todos dirían que estaban en forma. En forma redonda, más bien.

    La primera mujer que había hablado contó que el resort en cuestión tenía muebles reforzados y personal entrenado para tratar bien a los visitantes. Y agregó que desde que abrió sus puertas fue todo un éxito, sobre todo porque ahí no había ojos que mirasen con burla y los huéspedes hacían nuevos amigos.

    Según estudios, el sobrepeso y la obesidad causan entre el 7% y 41% de algunos cánceres, el 44% de diabetes y el 23% de cardiopatías isquémicas.

    Juro que no tuve la culpa. Fue el diablo. Pero en ese momento imaginé el tremendo suceso económico que podría tener uno de esos “resortes” en Paraguay, donde todo está hecho para gente “normal” que no se percata de que no lo es tanto como cree. Si la tendencia sigue, este negocio puede resultar muy gordo. ¿Cómo decirles no a los malos pensamientos si cuando nos damos cuenta ya han llegado? Esa es una pregunta que tengo pendiente con el pa’i. Será mañana, domingo.

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    Publicado por jotaefeb | 11/11/2017, 9:37 am
  6. El criterio politiquero

    Por Higinio Ruiz Díaz Segovia

    La paralización de la construcción de un Centro Ambulatorio de Especialidades (CAES) en el distrito de J. Augusto Saldívar obedece al criterio politiquero, a diferencias partidarias, una cuestión de color; es porque el intendente de la ciudad, Daniel Báez, es del PLRA, y el Gobierno central está a cargo de colorados.

    La obra se encuentra abandonada hace cinco años, pese a que se encuentra en una etapa avanzada. La falta de razonamientos maduros, patrióticos y de sentido social privan a la población de la mencionada ciudad y de otras vecinas de un servicio de vital importancia.

    La obra estuvo a cargo del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social, y el Estado tenía previsto invertir en el lugar 2 millones de dólares. La propiedad está a nombre de la Municipalidad.

    La excusa del Ministerio de Salud es la falta de título de propiedad para poder continuar la obra. Es cuando surge la pregunta: ¿por qué iniciaron los trabajos sin cumplir la documentación? La respuesta de la Comuna es que no se tienen las garantías de que el gobierno de Horacio Cartes continuará hasta concluir la obra.

    Ambas posiciones son mezquinas, limitadas en los colores, en las rivalidades políticas. Lamentable actitud de quienes manejan las riendas del poder en este caso.

    No tienen idea de lo que significa el interés común y perjudican a los ciudadanos que precisan de un centro asistencial adecuado y no estar deambulando en busca de atención médica.

    El intendente Daniel Báez debe cumplir su compromiso de transferir el inmueble al Ministerio de Salud, tal como se comprometió cuando se iniciaron los trabajos en 2011, durante el gobierno de Fernando Lugo. Y luego exigir la terminación de la obra y controlar que se haga bien.

    Actualmente, la construcción paralizada es un aguantadero de delincuentes, donde a diario los lugareños son asaltados.

    Urge que las autoridades de la Municipalidad y del Gobierno central, específicamente del Ministerio de Salud, actúen con sensatez y dejen de lado los fanatismos irracionales, porque la salud no tiene color.

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    Publicado por jotaefeb | 22/10/2017, 6:28 am
  7. La selfie ni las selfistas tienen la culpa

    Por Antonio Carmona

    El escándalo desatado por la publicación de una “selfie” en la culminación de un parto, un hecho trascendente y delicado en la vida de una mujer, de una familia, de la sociedad, porque representa la creación de la vida, convirtiendo un quirófano privado y hasta íntimo en una pantalla de televisión para todo público; no es culpa de las profesionales médicas que, con bastante inconsciencia, decidieron sacar la foto y “viralizarla”, porque, sea o no la intención de los emisores, una vez lanzada una imagen, o cualquier mensaje, a la “red”, no es de nadie y es de todos, como decía el poeta; es decir, que puede caer en el dispositivo de cualquiera que pueda decidir difundirla, deformarla, “memecizarla”.

    La culpable es la inconsciencia mediática; el uso cada vez más masivo y permisivo de los aparatos de comunicación, y de los medios audiovisuales de comunicación, de mostrar todo en las pantallas abiertas a todos, sin distinguir entre lo público y lo privado, se ha convertido en el farandulismo mundial que denunció no hace mucho el Nobel Vargas Llosa.

    Que no tengan la culpa original las profesionales que viralizaron el momento del parto no significa que no tengan responsabilidad jurídica y penal, de acuerdo con nuestras leyes; significa solamente que es un hecho tan habitual, tan común, que parece hasta inocente. Sin duda hay un fallo legislativo en este rubro, porque el fenómeno vertiginoso de la comunicación, promovido por la competencia de mostrar cada vez más y con menor respeto por los protagonistas, que muchas veces se ven compelidos por la

    necesidad cada día más escandalosa de la fama, a mostrar más y payasear más. La televisión desde la instalación de los “realitis”, del gran hermano escandaloso que dejó de lado al Gran Hermano de George Orwell, cuyo objetivo de controlar y dominar a la sociedad quedó en ridículo; la sociedad por sí sola se está convirtiendo, por vía del exhibicionismo en la propia delatora de su privacidad.

    Los dictadores no necesitan controlarnos, nos exponemos solos y de motu proprio, sin necesidad de espías, de pyragués. Hubiera sido el sueño de la dictadura, porque hubiera podido tener un gran ahorro para aumentar sus robos al bolsillo propio, ahorrándose el pago a los delatores.

    Hay sí una responsabilidad de los legisladores y de las tantas onegés y fundaciones que se dedican a los temas jurídicos y de defensa de los consumidores, incluidos los de mensajes inconscientemente, o a propósito, emitidos por la nueva realidad comunicacional. Ni siquiera tenemos un sistema de control de los famosos falsos perfiles que pululan tan campantes y son casi ya una parte de la estrategia de las campañas políticas, inmoralmente hablando.

    Volvamos al quirófano. No dudo que las profesionales emisoras de la privacidad ajena, hasta podría ser contando con la complicidad de la parturienta, como se publicó en algunos medios, no tenían la intención de perjudicar que hace a la difamación y la calumnia, sino que lo hicieron “inocentemente”.

    Sin embargo, las cada día más escandalosas imágenes trasmitidas por los medios audiovisuales tienen una intencionalidad, la de vender. Y eso es más grave, jurídicamente hablando, aunque igualmente no estemos controlando ni siquiera las leyes vigentes, como la defensa de los horarios de menores; ni siquiera la responsabilidad de los progenitores que tienen el deber de proteger los menores a su cargo, y en este caso es evidente: desde que salen del vientre de la madre en adelante.

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    Publicado por jotaefeb | 11/06/2017, 9:06 am
  8. Selfi en sala de parto

    Por Rafael Montiel

    Cinco enfermeras y gineco-obstetras del Hospital distrital de San Ignacio, Dpto. de Misiones, se tomaron una selfi en el quirófano cuando una paciente estaba en pleno trabajo de parto. La fotografía que circuló por las redes sociales constituye un atropello a la privacidad y una falta la ética profesional.

    Por la difusión de la fotografía, sin rubor, socava principios y valores éticos, sin siquiera entrar a analizar lo que dicen las leyes.

    Entendemos que en este siglo 21 con los avances de la tecnología, el uso de celulares, Internet y las redes sociales, se generó una confusión entre la privacidad y lo público. Pero, lo ocurrido en la sala de parto del hospital de San Ignacio, fue un gesto desvergonzado, en que se violaron derechos inalienables del ser humano, en este caso de una mujer.

    Por más que haya pedido la paciente-ese es el argumento de las autoras-se trasgredieron normas institucionales, leyes del funcionario público y la Constitución Nacional que garantiza la intimidad de las personas.

    Cuando los familiares se quejan de atención desagradable o irregularidades en los centros de salud, médicos y enfermeras exigen autorización por escrito del director del nosocomio para que los periodistas puedan ingresar al área de internados, pasillos o pabellones maternos. En algunos casos cierran las puertas e inclusive amenazan sin brindar una explicación sobre las denuncias de los pacientes.

    Sin embargo, enfermeras y parteras, con absoluta libertad, usan celulares para enviar mensajes, comunicarse por redes sociales, sacarse selfis y difundir imágenes.

    Como vivimos en una época de decadencia de valores, no vamos a pretender que el personal de blanco tenga la actitud de Hipócrates (siglo V a. C), quien practicaba la medicina con rigurosidad ética y disciplina. Pero, el ser humano tiene su dignidad y sus dimensiones biosicosocial y espiritual, por lo que los pacientes tienen todo el derecho de denunciar una mala atención. Significa que el personal de blanco, además de cuidar la salud de la población, debe mirar las dimensiones biológica, social, sicológica y espiritual.

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    Publicado por jotaefeb | 11/06/2017, 8:59 am
  9. Paraguay requiere un sistema de salud universal y equitativo

    El acceso a un sistema de salud de calidad y que no represente costo para las personas que enfrentan una enfermedad es un derecho garantizado constitucionalmente y en numerosos compromisos internacionales asumidos por Paraguay, además de una condición para el desarrollo. Las autoridades sanitarias y la política de salud deben dar señales claras acerca de las reformas que se están realizando para transitar hacia un sistema de salud de cobertura universal y con un uso de los recursos disponibles más eficiente y eficaz. No avanzaremos como país si la salud continúa siendo un determinante de la pobreza y la desigualdad y una condición para el prebendarismo político.
    La enfermedad y la necesidad de contar con recursos económicos para hacer frente de los gastos de salud constituyen un problema que debe ser abordado por cualquier gobierno que se enmarque en los principios de un estado de derecho y que promueva el desarrollo.

    Las consecuencias de la ausencia de una política de salud eficiente y eficaz traen aparejados un alto costo social y económico y la violación de derechos fundamentales. La existencia de enfermedades que podrían ser prevenidas, las muertes tempranas por exclusión de los servicios de salud, las incapacidades generadas por accidentes y tratamientos tardíos o mal realizados afectan a las personas en todas sus dimensiones.

    La falta de salud impide una trayectoria educativa de calidad en la niñez y juventud y en la adultez afecta a la productividad y autonomía económica. No se puede aspirar a un país desarrollado si su gente no estudia lo suficiente y no desarrolla toda su potencialidad en el trabajo.

    Desde el punto de vista político, en un país como Paraguay donde las prácticas prebendarias están a la orden del día y es el mecanismo principal para lograr la simpatía y lealtad a los partidos políticos, la vulnerabilidad asociada a una dolencia implica dependencia de las personas a un caudillo político.

    Paraguay está muy lejos todavía de lograr los estándares regionales en la cobertura de los servicios de salud. Una importante proporción de la población está excluida de cualquier servicio de salud cuando se enferma o se accidenta. Estas personas terminan sin ningún tipo de tratamiento o automedicándose debido al mal funcionamiento de los servicios: tardanza en la atención, falta de insumos y medicamentos, mal trato del personal de blanco, costos de transporte o necesidad de dejar de trabajar.

    Si bien en los últimos años hemos aumentado de manera importante la inversión en salud, los indicadores sanitarios han mejorado a un ritmo mucho menor, lo que ha ocasionado que en comparación con la mayoría de los países de la región hayamos quedado atrás.

    Una de las principales causas de estos magros resultados es la inexistencia de un sistema de salud único que garantice universalidad en la atención. A pesar de los recursos invertidos desde el Gobierno central, las municipalidades y el Instituto de Previsión Social con los aportes de trabajadores y empleadores, las familias deben contar con recursos económicos si algún integrante se enferma. Si no cuenta, debe recurrir a la solidaridad para solventar sus gastos.

    El Gobierno debe dar señales claras de que está direccionando sus esfuerzos a modificar esta situación.

    La política de salud debe mostrar un claro direccionamiento hacia una reforma progresiva tendiente a crear un sistema de salud universal que garantice eficiencia, eficacia, calidad y equidad. No avanzaremos como país si la salud continúa siendo un determinante de la pobreza y la desigualdad y una condición para el prebendarismo político.

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    Publicado por jotaefeb | 16/04/2017, 12:17 pm
  10. Cobertura universal en salud: de las palabras a la acción. Final

    Por Prof. Dr. Antonio Arbo

    La creación de capacidades para avanzar hacia la consecución de la cobertura universal de salud en el Paraguay requiere que se tomen medidas en diferentes áreas: (1) aumento de los ingresos impositivos y una combinación equilibrada de los recursos de los impuestos generales y de los impuestos sobre los salarios que no creen incentivos para la informalidad, la evasión o la elusión; (2) esfuerzos para aumentar la proporción del gasto público en salud, para que la capacidad del individuo de hacer pagos de bolsillo no se constituya en una barrera para el acceso a los servicios de salud; (3) optimización de la asignación y distribución de ese gasto, con una adecuada integración de las diferentes fuentes de financiamiento, capaz de garantizar fondos para los diferentes gobiernos departamentales.

    Construir un modelo de cobertura universal de salud que se base en la expectativa de que el acceso a los servicios de seguridad social y atención en salud con protección financiera a través de los pagos de los trabajadores en el mercado laboral formal permitiría alcanzar a toda la población es una ilusión (solo el 18% a 22% de la población paraguaya tiene empleo formal), y no se vislumbra a corto ni a mediano plazo disminución del elevado porcentaje de trabajadores del sector informal. Por lo tanto, la seguridad social actual tiene un efecto limitado para el logro de la cobertura universal de salud.

    En nuestro país se deben combinar ambos tipos de financiamiento (modelo mixto), para lograr un mecanismo que haga sustentable una cobertura universal de salud. El Estado debe invertir más en atención de salud, pero la mayor inversión requerirá necesariamente aumentar impuestos. Para poner en perspectiva, la carga tributaria de los países europeos es del 39,2% del PIB y de los países incluidos en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), organización donde solo dos países latinoamericanos están incluidos (Chile y México) del 39.3%.

    En América Latina solo tres países de la región (Brasil, Argentina y Uruguay) han alcanzado cargas tributarias superiores al 25% del PIB. El Paraguay está entre los países con menor carga tributaria (alrededor del 12.5% del PIB), menos que Bolivia, país utilizado como referencia porque comparte con el nuestro su rezago en la atención de los determinantes sociales (18, 19). Sin embargo, existen nichos a los que se puede recurrir. Por ejemplo, aumentar el impuesto a los productores y comerciantes de cigarrillos es una imperiosa necesidad, pues los mismos están lucrando a expensas de un daño que causan en la población, la cual tiene que pagar por enfermedades causadas por el consumo de los mismos.

    Los tabacaleros se quedan con las ganancias, los consumidores con la enfermedad y la población asume los gastos. Lo mismo puede decirse de actividades agrícolas que llevan aparejadas el uso de agroquímicos o la actividad ganadera. Los sojeros deben entender que si bien la venta de sus productos permiten el ingreso de divisas al país, la población requiere una compensación por los efectos de sus actividades tanto en lo que respecta a la ecología (pauperización de la tierra) y contaminación de cauces hídricos por el uso de agroquímicos, así como daño a rutas y caminos.

    A manera de ejemplo, cuando el país se dispone a financiar rutas de todo tiempo para las comunidades agroganaderas del Chaco, ¿cuál es el beneficio que recibe un campesino que reside en Canindeyú o San Pedro? Se pueden éticamente sostener estas inversiones, si con el mayor lucro que tendrán las empresas agroganaderas, tributarán mayores impuestos, y esos ingresos al fisco se tradujeran en mejor atención en salud y educación de la población más necesitada. Además con los ingresos generados por la mayor contribución se puede reinvertir más en el combate a la pobreza y en seguridad (rubro en el cual, actualmente, estos dos gremios invierten altos recursos particulares sustituyendo la incapacidad del Estado de brindarles seguridad).

    Aunque deberá haber un sustancial incremento de la inversión pública en salud, no será posible hacer sostenible una cobertura universal de salud en el Paraguay con la participación exclusiva del Estado a través de los impuestos. La otra parte del financiamiento en salud debe ser proporcionada por la población, Esto demandará que todos los que pueden, paguen un seguro de salud (del Estado o privado), excluyendo a los más pobres de la población.

    En Suiza, por ejemplo, el Estado subsidia a casi el 25% de los potenciales contribuyentes. Determinar quiénes deben pagar y quienes están exentos es perfectamente factible. Existen herramientas sociales y económicas que permiten determinar quiénes tienen capacidad de pago y quiénes no. Igualmente el arancel de salud debe estar relacionado a los ingresos económicos (el que gana más, paga más, dentro de un espectro consensuado) así como debe dejarse en libertad de elección el seguro a elegir (público y privado).

    Para el aseguramiento público, el Estado debe generar planes simplificados para contribuyentes (que no cotizan para el Instituto de Previsión Social) que incluya una contribución para garantizar el acceso al seguro de salud, excluyendo por supuesto a los más pobres de la población. Existen países que han alcanzado una cobertura universal de salud incluyendo enfermedades de alto costo, esto ha sido posible confiriendo al pago por salud como un mandato y penalizando a aquellos que pudiendo hacerlo no lo han hecho, ya que implica un alto grado de irresponsabilidad ciudadana. Si todos aportamos, todos nos beneficiamos. ¿Y qué pasará con los costos de las enfermedades catastróficas?

    Nuestro país dispone de una herramienta para el sostén de las enfermedades catastróficas. Pero para ello es fundamental que se efectivice la Ley Nº 4392 que crea el Fondo Nacional de Recursos Solidarios de Salud, promulgada el 30 de junio del 2011 (cuyo decreto reglamentario se halla dormido en la Presidencia desde el 4 de julio del 2013), con el cual los gastos que demandan el tratamiento de las enfermedades catastróficas tendrán cobertura. La promulgación de este decreto reglamentario no puede permitir retardo excepto bajo el amparo de la irresponsabilidad en el manejo de la Res publica.

    Conclusiones. La salud pública es un derecho ciudadano y es obligación del Estado poner en marcha todos los mecanismos que permitan lograrlo. Ningún proyecto país puede obviar este cometido. Alcanzarlo será un proceso cuyo inicio no admite dilaciones.

    * Profesor titular. Universidad Nacional de Asunción. Miembro de la Academia Nacional de Medicina. Investigador Nivel III del Sistema Nacional de Investigación. Exministro de Salud.

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    Publicado por Anónimo | 12/04/2017, 7:48 am
  11. Cobertura Universal en Salud: experiencias de otros países – Parte III

    Por Prof. Dr. Antonio Arbo

    El aspecto fundamental para alcanzar una cobertura universal de salud para todos los habitantes del Paraguay es lograr un financiamiento que haga sostenible las prestaciones en salud. Diferentes modelos de financiamiento han sido seguidos por los diferentes países que han logrado una cobertura universal de salud o están en fase próxima a alcanzarlo. Fijémonos primero en países del primer mundo.

    El modelo de cobertura universal de Taiwán o Canadá depende casi exclusivamente de la parte contributiva del Estado. En estos países los ciudadanos –población casi totalmente ocupada– pagan altos impuestos sobre sus ganancias y, en retribución, el Estado garantiza la atención de salud de la población, la cual no requiere gasto adicional de bolsillo, aunque se trate de una enfermedad catastrófica.

    El impuesto a la renta de los países con este tipo de modelo oscila entre el 40% y 60%. Sin ninguna duda, una condición sine quan non en este modelo es el manejo honesto del dinero de los contribuyentes.

    Si analizamos los países de la región, se observa que pocos han tenido éxito en la integración de los sistemas de salud y logrado su financiamiento mediante ingresos fiscales generales. Un modelo que ha sido seguido por algunos países –ejemplo, Brasil– es basar el financiamiento de la salud básicamente en impuestos generales. De esta manera, toda la población está cubierta por un sistema financiado por impuestos generales, siendo por tanto la cobertura independiente de la capacidad de pago de las personas.

    En el Brasil, la reforma constitucional de 1988 proporcionó el acceso universal e integral a los servicios de salud estatales financiados con ingresos fiscales generales. Sin embargo, este modelo no es sostenible por mucho tiempo, y en la medida en que aumenta la población que accede a los servicios de salud, el sistema tiende a colapsar (al aumentar el acceso de la salud se identifican más casos de enfermedades crónicas que requieren tratamiento –ejemplos: diabetes e hipertensión–, así como enfermedades de alto costo –como cáncer, insusficiencia renal, enfermedades cardiacas–), ya que la sostenibilidad de este modelo solo es posible con un incremento sustancial de los impuestos e incremento del denominador de aportantes.

    Otros países han adoptado como modelo de financiamiento una combinación de financiamiento (sistema mixto), integrado por impuestos sobre los salarios con los sistemas públicos financiados por impuestos generales. Un ejemplo de este tipo de modelo es el de Costa Rica, país en el cual más del 93% de la población esta asegurada, y aproximadamente el 50% del financiamiento depende de la cantidad aportada por los empleados del sector formal y el otro 50% del Estado, cubriendo ambos financiamientos los servicios médicos de la población que no contribuye, dada su pobreza.

    Chile tiene un sistema de integración parcial, donde los ciudadanos deciden si se inscriben en el sistema público (Fondo Nacional de Salud, FONASA), financiado por sus contribuciones y también por los impuestos generales, o en una aseguradora privada (Instituciones de Salud Previsional, (ISAPRES). Esta elección depende en gran medida de los ingresos de los aportantes.

    Actualmente, el 80% de la población se encuentra cubierta por FONASA, y el 17% por las ISAPRES, con lo cual este país esta alcanzando una cobertura universal de salud. En un inicio, este sistema dual ha tenido la dificultad de la asimetría en la calidad de la atención en salud entre los dos fondos (el sistema privado –más caro– proporcionaba mejor cobertura que el sistema público). Sin embargo, en el año 2005 el sistema de salud chileno experimentó una gran reforma adoptando el plan denominado Acceso Universal con Garantías Explícitas (AUGE).

    Este plan, que en un principio cubría 25 enfermedades prioritarias, últimamente aumentó a más de 100 afecciones, donde no solo están garantizadas la atención de la gran mayoría de las dolencias, sino también esta preestablecido el periodo máximo de espera. Por ejemplo: el plan establece cuál es el tiempo máximo que una persona con una dolencia determinada puede aguardar para obtener la solución, y esto se ha establecido con cada enfermedad en un consenso definido por un Consejo Médico y de acuerdo amplio.

    En Colombia, la reforma del sistema de salud comenzó en 1993. En un inicio se tuvieron dos seguros: un régimen contributivo, para los empleados formales, y otro subsidiado, para la población de bajos ingresos. Para el año 2014, ya prácticamente toda la población estaba asegurada, habiéndose creado el Fondo de Solidaridad y Garantía, que agrupaba las contribuciones sobre los salarios y los ingresos fiscales generales para financiar un plan de beneficios estándar, permitiendo una equiparación gradual del plan de beneficios de los sectores de bajos ingresos, mediante el incremento de los subsidios estatales. Esta reforma aún en transición tuvo un efecto importante al reducir los gastos privados en materia de salud de la población más carenciada.

    Otro ejemplo de país latinoamericano que ha alcanzado una Cobertura Universal de Salud es el Uruguay. En este país, cada habitante desde el nacimiento está obligado a registrarse al sistema de prestación de salud, ya sea público o privado, dependiendo de sus ingresos, elección que por decisión propia puede cambiar año a año. En el caso de que se opte por afiliación al sistema privado, el aporte ya va deducido en el salario o son pagados en forma directa en el caso de trabajadores que lo hacen en iniciativa privada.

    Los que no pertenecen a estos dos fragmentos se afilian al sistema público cuyos costos son asumidos por el Estado. La atención de las catástrofes en salud son sostenidas adicionalmente por un Fondo de Salud, el cual se encarga de los costos ya sea en el sistema público o en el privado. * Profesor titular. Universidad Nacional de Asunción.

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    Publicado por Anónimo | 11/04/2017, 8:53 am
  12. Cobertura Universal en Salud en el Paraguay: ¿es posible?

    Por Prof. Dr. Antonio Arbo

    En pleno siglo XXI, un país en el que una porción importante de su población no cuente con acceso adecuado a un sistema de cobertura de salud es un país que no puede considerarse haber abandonado el atraso. Aun cuando se pudieran presentar todos los mejores índices macroeconómicos, de qué sirve si la gestión de República no es capaz de brindar seguridad social y una vejez digna a sus ciudadanos que en un alto porcentaje hoy viven en incertidumbre con respecto a su futuro.

    El problema de salud se agudiza al considerar aspectos particulares que requieren atención particular del Estado. En este sentido, la atención de pacientes con discapacidad, ya sea congénita (metabolopatías, genopatías) o adquirida (secundaria a enfermedades –meningoencefalitis, accidentes cerebrovasculares– o a accidentes de tránsito por citar las situaciones mas frecuentes), requiere un análisis especial. Actualmente, cuando nace un niño o niña con discapacidad, representa una tragedia para la familia. Los servicios públicos de salud no están preparados para la atención de este tipo de enfermos (solo una institución de Salud Pública tiene una limitada capacidad para el diagnóstico de los mismos, el Hospital de Niños Acosta Ñu) y la capacidad del Senadis (Secretaría Nacional de los Discapacitados) es mediocre.

    Para el tratamiento de algunas enfermedades congénitas que producen discapacidad se disponen actualmente medicaciones –de alto costo– que pueden permitir una calidad de vida excelente (como algunas metabolopatías) o dispositivos que permiten paliar la discapacidad (el implante coclear para algunas sorderas). Aunque parte de esta responsabilidad del Estado es realizada por organismos no gubernamentales que brindan asistencia en forma parcial o totalmente gratuita (Teletón, por ejemplo.), esa atención resulta insuficiente e incompleta.

    Los padres están obligados a abandonar sus trabajos remunerados (habitualmente, uno de ellos), gran parte del tiempo lo destinan deambulando en busca de atención médica, y una significativa parte del ingreso económico va para pagar los gastos que demandan los cuidados médicos. Esta situación dolorosa afecta a los demás hijos sanos cuya educación se ve afectada (menor calidad educativa, ya que para proteger el presupuesto familiar los hijos deberán educarse en instituciones públicas con baja calidad educativa o experimentan abandono forzoso en la etapa de educación media o terciara porque deben trabajar y contribuir con sus ingresos al presupuesto familiar).

    Así se constituye una espiral que conduce a la quiebra anticipada de dos o tres generaciones (ya que los abuelos igualmente contribuyen a los gastos de salud). El comentario de un padre afectado por el nacimiento de un hijo prematuro refleja muy bien la situación: “.. en las primeras semanas, ya tuvimos muy claro qué era lo que podíamos esperar del Estado. Su contribución consistió en cobrarnos, al contado, 60 millones solo en concepto de IVA, por el consumo de los servicios de salud”. “Y con otros tantos, se quedó también el mismo estado y en el mismo concepto, con la venta de los bienes que malvendimos para obtener el dinero para pagar esos servicios”. “Resultó el Estado beneficiado con el 20% de los gastos motivados por una situación que descalabra física, emotiva y económicamente a las familias”.

    Esto mismo se aplica a familias de pacientes con otras enfermedades catastróficas, como cáncer, o enfermedades que requieren diálisis o como opción de tratamiento para salvar la vida el trasplante o enfermedades que requieran cirugía cardiaca. En una sociedad civilizada, ¿es posible permitir este modelo? No me cabe la menor duda de que estas situaciones deben caer bajo el amparo del Estado. No se puede abandonar a las familias con estas circunstancias y los gastos que demanden la atención de los mismos deber ser sostenidos por el Estado.

    La descentralización del sistema de salud representa igualmente un desafío que requiere encararlo con firmeza pero con prudencia. La descentralización mejora la participación ciudadana en los sistemas de salud, pero también genera entornos más complejos para la gestión de gobierno y la eficiencia, debido a la diferente capacidad y riqueza de diferentes localidades (no podemos comparar la capacidad económica de distritos de Itapúa con distritos de San Pedro). Si es encarada en forma populista, la descentralización podría fragmentar la toma de decisiones, ampliar las desigualdades entre municipios y el riesgo de politización de las decisiones de salud. A nadie escapa los múltiples ejemplos de intendentes y gobernadores o diputados regionales que, apenas llegan al cargo, quieren colocar a sus operadores políticos en los cargos de gestión en salud. De ahí que deberá iniciarse en forma progresiva pero supervisada.

    La visión país debe ser alcanzar la Cobertura Universal de la Salud para todos los ciudadanos que habitan este país. Con la estructura actual de la salud en el Paraguay, es lógico que el logro de la cobertura universal de salud sea visto como una quimera. Reconvertir el sistema de salud que tenemos –altamente deficiente y de inequidad y solo permitida por la mansedumbre fatalista de la población fruto de la poca educación– requiere alto compromiso patriótico y responsabilidad en el manejo de la cosa pública.

    En esencia, la salud nunca es gratuita. Alguien lo tiene que pagar, y ese alguien son las personas, ya en forma directa (a través de un monto preestablecido) o en forma indirecta (en este caso, es el Estado el que solventa, pero el dinero proviene de las personas a través de los impuestos). Ambas formas de financiamiento pueden ser únicas o complementarias, surgiendo así los diferentes formas de solventar la cobertura sanitaria. Pero la mayor carga no puede recaer exclusivamente en la capacidad económica de las familias, como es actualmente, por lo menos en lo que se refiere a enfermedades catastróficas. Por lo tanto, la estructura de financiamiento del sistema de salud desempeña un papel fundamental para el logro de la cobertura universal de la salud.

    La inversión pública en salud medida por porcentaje del gasto total del Estado en nuestro país es alrededor del 11,2%, claramente inferior de los que invierten otros países de la región, como Argentina (21,7%), Uruguay (21,8%) o Costa Rica (28%). Así, nuestro país es uno de los países con menor inversión pública en salud. Por otra parte, el gasto privado en salud en el Paraguay representa el 65% del gasto total en materia de salud, el cual como porcentaje del PIB es el mayor del Mercosur (Argentina 33,5%, Uruguay 30,5%, Brasil 51,3%, Bolivia 29,2%) y de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

    Esto revela que son las propias familias en el Paraguay las que financian, en gran medida, a través de pagos directos de bolsillo, los niveles bajos de inversión pública en materia de salud. La necesidad de incurrir en gastos de bolsillo para tener acceso a servicios de salud o procurarse medicamentos es una de las mayores fuentes de inequidad, ya que el que tiene medios tendrá mejores posibilidades de sortear una dificultad en salud, en contraste con gran parte de la población de recursos económicos limitados. Estos no podrán acceder a una atención y tratamiento de calidad, con lo cual se afecta directamente el pronóstico y la calidad de vida, lo que es moralmente inaceptable en cualquier sociedad medianamente civilizada.

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    Publicado por Anónimo | 09/04/2017, 6:05 pm

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