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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Periodismo y violencia

En el mes en que se recuerda el Día del Periodista hay muy poco por celebrar para quienes ejercemos esta profesión. El año pasado, la familia Cartes, propietaria del diario La Nación censuró una publicación que denunciaba la protección que recibían en Paraguay curas acusados de supuesto abuso sexual a menores.

Lo llamativo del caso es que se invirtió tiempo y dinero en la investigación para que luego se dé la orden de que ya no sea publicada. Lo triste fue que esa censura se dio el 26 de abril, fecha en que se recuerda el Día del Periodista.

Este año, indirectamente con sus acciones y decisiones gubernamentales, los periodistas de los medios de comunicación que adquirió la familia Cartes son atacados por la gente.

En un momento en que se están rebasando los límites de la razón es bueno separar las cosas. El del “Horacio Cartes empresario” del “Horacio Cartes gobernante”. La gente votó a Cartes lo hizo teniendo como base su experiencia en el campo empresarial.

Del Cartes gobernante hay que hacer una nueva separación. La de aquel que comenzó su mandato logrando un acuerdo parlamentario que permitió profundizar reformas económicas, como la Ley de Responsabilidad Fiscal (que puso freno al aumento desmedido y clientelista para los funcionarios del Estado), la reforma impositiva, la ejecución de obras públicas (más allá de las críticas por el acelerado endeudamiento del país). Y la del Cartes que se empecina en estar más tiempo en el poder violando la Constitución Nacional.

Pero todas estas acciones son personales. Estoy segura de que sus empleados –y entre ellos los periodistas de los medios que adquirió su familia– no fueron consultados si están de acuerdo o no con la reelección vía enmienda.

Por ello, intentar castigar a quienes están en la escala más baja de las decisiones del presidente de la República no es justo ni recomendable.

Son pocos los periodistas que trabajan para los medios del primer mandatario que están haciendo una abierta campaña a favor de la reelección. El resto, cumple su trabajo como cualquier empleado.

Si bien se entiende que la sociedad espera que los periodistas cumplan con valores de ética y honestidad, también se debe entender que para ello los dueños de medios deben cumplir el precepto constitucional que los obliga a respetar la postura de los comunicadores.

La línea editorial de un medio a veces dista mucho de la postura de los periodistas que trabajan para ese grupo empresarial.

Culpar a los periodistas por la postura del dueño del medio no solo no es lógico, sino peligroso. Para construir opinión pública se necesita disenso, no violencia.

Por Wendy Marton

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

5 comentarios en “Periodismo y violencia

  1. El desafío: cautivar al público exigente

    Por Pablo Noé

    La discusión acerca del rol del periodismo en este nuevo paradigma de la globalización en la sociedad del conocimiento será permanente, porque lo único estable y seguro es el cambio constante. Las transformaciones, en modos y métodos de comunicación, se suceden con una velocidad que hacen casi imperceptible esta mudanza permanente, en donde lo que hoy parece ser ley, mañana está mutando.

    Este escenario, de democratización de acceso a la información, permite al público mayor facilidad para obtener fuentes, lo que ayuda a contrastar pensamientos, rebatir análisis, plantear nuevos planteamientos hipotéticos, derribando modelos que se construyeron históricamente, en donde el papel del periodista y de los medios de prensa eran fundamentales, ya que ejercían una tarea intransferible, marcando los puntos de la agenda de discusión social.

    Las redes sociales pusieron una poderosa herramienta al alcance de millones de personas y colaboraron a que esta cuestión se profundice, ya que desbancaron a los medios como fuente de información. Actualmente se accede a las noticias de primera mano gracias a perfiles personales de Facebook, Twitter o Whatsapp, desde teléfonos celulares. Las grandes corporaciones en todo el mundo entendieron esta realidad y están reorientando sus esfuerzos hacia plataformas al alcance de la gente, en donde los videos se están convirtiendo en la manera más eficiente para alcanzar este objetivo.

    En nuestro país, que no escapa a esta situación, se está viviendo un auge de nuevos medios que buscan posicionarse en este mercado competitivo y con una torta publicitaria cada vez más pequeña. La gran pelea, entonces, no pasa por ser los primeros, ni los que tienen mayor infraestructura, sino en encontrar la clave para llegar a un público que es cada vez más exigente.

    La configuración del mensaje es fundamental, porque la posición pasiva de ser simples receptores es parte del pasado. Muchas veces esta fórmula no es comprendida por quienes, aferrados a un tiempo que ya quedará en el baúl de los recuerdos más temprano que tarde, intentan construir sus plataformas personales, poniendo su imagen por encima de la propia información. Consideran que así seguirán ocupando una plaza que fue redireccionada hacia el propio público, que se convirtió en un eje de reconversión de la información, cumpliendo un rol activo e indelegable.

    Es uno de los errores más recurrentes desde los medios, es considerar que se puede seguir orientando fácilmente la opinión de la ciudadanía. La gente ante un material periodístico, en cualquiera de las plataformas, asume una postura y la sostiene con argumentos cada vez más sólidos y convincentes. El debate tiene otra dinámica y las visiones, desde las más profundas hasta las más disparatadas, brotan casi a la par de la generación de mayor cantidad de datos sobre los distintos temas.

    Como decíamos al inicio de este comentario, el debate que busque fortalecer la tarea que cumplimos desde los medios de comunicación es impostergable. No se puede ignorar este nuevo panorama en donde la articulación de procesos es absolutamente distinta a lo que nos enseñaron en las aulas de universidades o que aprendimos en los pasillos de las redacciones.

    Respetar este posicionamiento del público es un paso inicial que se debe reconocer. Administrar su poder en favor de la generación de información con mayor cantidad de fuentes para alcanzar análisis más profundos ayudará a recuperar una de las funciones olvidadas por los medios, que es el de colaborar en la construcción de una sociedad con mejor calidad de vida. El desafío está planteado, los periodistas y medios debemos recoger el guante y poner manos a la obra. No hay otro camino.

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    Publicado por jotaefeb | 19 mayo, 2017, 7:04 pm
  2. “¿Se puede matar a la gente con la opinión pública?”

    La inquietante pregunta, que plantea el corresponsal de la agencia EFE en una crónica desde Moscú, publicada por el diario El País, es cada día más frecuente y más inquietante; y, aún más, la respuesta que nos da la crónica de “una muerte anunciada” que relata el cronista.

    El capitán Andréi Nikitin viajaba en el metro de San Petesburgo el día en el que un asesino convertido en bomba asesinó a 15 personas, él mismo entre las víctimas, aunque algunos dirán que se “inmoló”, una palabra que los fanatismos, y los manipuladores han convertido en “mística” para justificar asesinatos en la lucha política, de sectas y de claques que poco tienen que ver con las religiones ni con la política y, mucho menos, con la mística.

    Andréi Nikitin, ciudadano ruso, convertido al Islam, vestía con “abrigo oscuro, gorro turco y la larga barba correspondiente a su manera cultural, la que hoy, por esos efectos paradójicos de la moda, está al uso de una gran parte de los occidentales, sobre todo los glamorosos faranduleros y peloteros, entre otros.

    Los medios de comunicación, los formales y los informales, los profesionales y los particulares se encargaron del resto, pese a que se supo enseguida quién era el asesino y víctima, pronto él pasó a ser el “sospechoso” del atentado, a pesar de que se presentó a las autoridades y que quedó fuera de toda sospecha… falsa realidad de las autoridades que decretaron la inocencia… falsa desconexión de la alarma en nuestros tiempos del cólera mediático, en que todos nos convertimos fácilmente en jueces y fiscales sin tener los conocimientos ni los elementos para ejercer tal función que, por cierto, constitucionalmente está bien determinado quiénes deben ejercerla… es decir, que tantos juzgadores se convierten en violadores de la Constitución todos los días, en Moscú, en San Petesburgo, en Asunción y en Ciudad del Este…

    Pocos días después, tuvo que viajar, pero, identificado por la abundancia de medios informativos mal informados, al subir al avión fue escrachado y bajado violentamente por la policía. Tuvo que viajar a su valle por tierra, donde, de paso, se enteró que le habían echado de su trabajo.

    Consecuencias del acoso de los medios

    La jefatura de Interior en San Petersburgo ha iniciado una investigación interna en busca del responsable de la difusión de la foto del capitán como principal sospechoso del acto terrorista. Probablemente, anticipo, no habrá un medio, ni dos ni tres… miles de medios de comunicación formales e informales, profesionales y aficionados, juzgadores y condenadores.

    Lo más inquietante del título es lo que se planta la víctima, denunciada de victimario: “Se puede matar a la gente con la opinión pública”, dice Nikitin, según el cual quienes creyeron que era el “supuesto asesino” después “no quisieron averiguar más, se quedaron con eso y comenzaron a matarme a mí”.

    Otro acto criminal de asesinato “social y políticamente correcto”. Irresponsablemente irracional e incorrecto, es decir, criminal, en nombre de, supuestamente, todo lo contrario.

    Valga el caso terrorífico para mirarnos en el espejo, pues, en nombre de la competencia con la informaciones, en base a los compromisos políticos mediáticos cada vez más escandalosos y escandalizantes, justificando la violencia en base a prejuicios, informaciones tendenciosas, títulos catástrofes y opiniones interesadas se está conformando una tendencia de opinión que más tiene que ver con las campañas electorales que con la realidad.

    La burbuja política mediática se está queriendo imponer incluso para generar violencia, si resulta necesario para los fines electoralistas, con la justificación pública de la violencia, expresamente prohibida por la Constitución; con la justificación pública y mediática de la agresión a personas y a sus bienes, expresamente prohibida por la Constitución.

    Como en los tiempos de las dictaduras: a los amigos, todo; a los enemigos, con todo. Ya se sabe que los sectarismos se pueden acoplar fácilmente a los tiempos que corren, ya sean dictaduras o democracias. Los poderes fácticos saben convivir con la política, y manipularla y sacarle provecho.

    Por Antonio Carmona

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    Publicado por jotaefeb | 16 abril, 2017, 12:46 pm
  3. Dolores del periodismo
    H
    Por Alex Noguera

    Dicen que la ignorancia es una enfermedad que se cura con los años. Pero a pesar de que cada día se aprende algo nuevo, hay quienes están tan inmersos en la oscuridad que no tienen remedio. Uno de los gremios que más aporta luz para aliviar a este tipo de desahuciados, incluso más que el docente, es el de la prensa.

    Los maestros no salen a la calle a las 4:30 a esperar colectivo para ir a una cobertura que podría representar estar metido toda la mañana en la basura hasta las rodillas en un vertedero, luego acudir para ver cómo almuerzan en la Nunciatura al mediodía y culminar la jornada en una elegante velada con música clásica –si hay suerte– o ahogado a causa de gas lacrimógeno en una manifestación. El periodista sí.

    Lejos de la familia, el periodista no tiene feriados más que el Viernes Santo y el uno de enero. Comienza su día antes que la mayoría y lo concluye solo cuando acaba. No tiene un horario que le defienda cuando la tarea habitualmente rebasa las cómodas ocho horas laborales de los demás.

    El periodista enseña de primera mano, no de viejos libros de textos aprendidos por repetición, sino verdades que son fruto de realidades que a muchos no les conviene que se sepan. Y la única protección con la que cuenta para este apostolado es un chaleco que no detiene ni el apetito de las polillas y una credencial que avala que trabaja para un medio.

    Su mayor capital es su credibilidad, forjada casi siempre con el fuego del dolor, de las precariedades, de la incomprensión, de las amenazas de los poderosos, de los mafiosos y de los inescrupulosos, por eso la defiende hasta con orgulloso egoísmo.

    Está acostumbrado a recibir críticas, incluso maliciosas, que lo único que hacen es sumar callos a esa herida largamente cerrada. A lo que no está ni va a estar acostumbrado es a recibir ataques de colegas que en el fragor del ejercicio del periodismo olvidan el principio de oro de la libertad de expresión, del derecho al disenso, a opinar de manera diferente.

    En todos los años de calle y de redacción, jamás encontré a un periodista malicioso. Sí apurado, intratable, gruñón, malhumorado, desesperado; pero no malvado. No sé si eso se debe a que es la esencia de aquellos que abrazaron este camino para servir o es porque son locos ilusos que buscan la verdad o el bien de los demás o talvez porque el continuo roce con personas que sufren termina sensibilizándolos. Es que el periodista es testigo de la mayor cantidad de miserabilidad humana, más que la que puedan escuchar los sacerdotes en los confesionarios. Ve. Oye. Sufre. Comparte. Y muchas veces calla. Calla porque debe hacerlo, no por miedo.

    En todos los años de calle y de redacción, jamás encontré a un periodista millonario. La inmensa mayoría vive conectado a un escuálido sueldo, como esos pacientes internados cuya vida pende de una bolsa de suero. No trabajan por dinero, su recompensa es la dignidad de hacer un trabajo que un cuerdo no lo haría y que es demasiado necesario para pescar verdades en el embravecido mar de mentiras en el que vivimos día a día.

    Un médico o un abogado están protegidos por la ley, ya que nadie puede trabajar en esas profesiones sin licencia; sin embargo, la propia Constitución Nacional da vía libre para que todos los ciudadanos puedan ejercer esta noble profesión. Y así todos se creen periodistas.

    Cualquiera puede disparar un celular y hacer una foto; sin embargo, no se compara con la labor de ese reportero gráfico o camarógrafo que hacen hablar cada imagen que logran ya sea con alegría o a costa de su vida. Y más, todos aprietan teclados en estos días, posiblemente es la mayor actividad humana de esta época; sin embargo, pocos tienen la habilidad de tejer las palabras y las ideas para hacer que nazca una trenza de información veraz.

    En espera del Día del Periodista, que está muy próximo, y aprovechando los recientes acontecimientos políticos que sacuden con fuerza a la sociedad, recuerdo una frase –que según unos pertenece a Voltaire, uno de los máximos exponentes del poder de la razón y del respeto hacia la humanidad– que dice: “Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”.

    Dos detalles antes de finalizar. El primero, y abusando del rol de compartir información, aclaro que esta cita no pertenece a Voltaire, sino a la biógrafa británica Evelyn Beatrice Hall. Y segundo, pienso que sería adecuado enaltecer la profesión respetando los principios del periodismo, y más entre colegas, ya que eso no se puede pedir a la masa enferma de juventud.

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    Publicado por Anónimo | 8 abril, 2017, 11:58 am
  4. Maldita polarización

    Por Pablo Noé

    El tema de discusión de moda en la política no es más que otra de las escaramuzas que demuestra los intereses reales de los diferentes sectores. La posición frente a este tema es directamente proporcional a las apetencias de cada sector. Los que buscan seguir o retornar al poder a favor, los que intentan allanar su camino hacia el Palacio de López, en contra. El tablero, sin embargo, es vertiginosamente dinámico de acuerdo a cada coyuntura particular.

    Quienes se llenan la boca de institucionalidad y defensa del Estado de Derecho y verdaderamente lo defienden por convicción, son muy pocos. Solo hay que escarbar los antecedentes cercanos y las filas de propulsores de una idea estaba conformada por muchos de los que ahora están en contra. Y viceversa. El mismo escenario se vivió en junio del 2012 o en marzo de 1999 (y sus meses posteriores), tiempos duros de nuestra frágil democracia

    En los tiempos que estamos viviendo, del acceso casi ilimitado a fuentes de información, el diagnóstico es peligrosamente similar al desarrollo de todo el proceso democrático. La influencia de los grupos fácticos sigue imponiendo su voluntad. La realidad cruel es que la distancia entre los intereses de la gente, que sufre la pesada carga de la politiquería extrema, es exponencialmente diferente a los planteamientos con los que se llenan los espacios en los medios de comunicación.

    La guerra se huele en el ambiente y las armas están al viento, elevando el nivel de tensión a niveles insoportables. Los golpes bajos y los contragolpes certeros empezaron a notarse. La duda que queda es saber cómo marcará el nivel de cordura, cuando lo único que se busca es ostentar la fuerza de instalar verdades, sin analizar a profundidad el costo que acarrea cada decisión tomada.

    Lo que realmente preocupa, y es el motivo de este comentario, apunta a lo cerca que estamos de dar el siguiente paso, de la polarización. Esa que divide las aguas en dos y en donde se impone el fanatismo por encima de la racionalidad. En donde todo es maleable de acuerdo a los intereses puntuales, y el relativismo cobra un protagonismo irreversible. En donde, como la ley de la selva, impone su voluntad el más fuerte, sin importar el costo que eso implique.

    La guerra se huele en el ambiente y las armas están al viento, elevando el nivel de tensión a niveles insoportables. Los golpes bajos y los contragolpes certeros empezaron a notarse. La duda que queda es saber cómo marcará el nivel de cordura, cuando lo único que se busca es ostentar la fuerza de instalar verdades, sin analizar a profundidad el costo que acarrea cada decisión tomada. En medio de estos fuegos de artificio, existe un montón de ilusiones ciudadanas que navegan con destino desconocido, ya que a pesar de clamar a los cuatro vientos sus verdades, las mismas están subordinadas a la futura conformación del tablero político.

    El Paraguay es un país con enorme potencial, con una economía sólida, con recursos naturales, talento humano y niveles de competitividad empresarial que son envidiables, pero que sufre por la tergiversación de las prioridades sociales. Con estos factores a favor, es inconcebible que siga existiendo una desigualdad de oportunidades que es grosera, con personas que no acceden a condiciones mínimas de educación y salud, con un sector subempleado al borde de la explotación, con una población que sufre con sus necesidades fundamentales insatisfechas.

    La fórmula, cual solución mágica, en la retórica se plantea simple, acuerdos comunes para temas nacionales, y priorizar los esfuerzos para paliar las carencias principales de la gente. Sin embargo, el objetivo esencial de la élite política apunta a fortalecer sus intereses sectoriales, con un crecimiento a espalda de la población, aquella a la que piden su apoyo cíclicamente, y a la que olvidan patológicamente.

    El desafío ciudadano es evitar caer en un camino sin retorno, la maldita polarización de sectores, tanto porque nuestras prioridades son diferentes y porque las diferencias partidarias son solamente cromáticas.

    “La guerra se huele en el ambiente y las armas están al viento, elevando el nivel de tensión a niveles insoportables. Los golpes bajos y los contragolpes certeros empezaron a notarse.

    La duda que queda es saber cómo marcará el nivel de cordura, cuando lo único que se busca es ostentar la fuerza de instalar verdades, sin analizar a profundidad el costo que acarrea cada decisión tomada” había escrito a mediados de diciembre del año pasado en este mismo espacio, preocupado por una situación que estalló la semana pasada y que sigue sin tener una resolución cercana y de manera pacífica.

    La democracia paraguaya atravesó a lo largo de su proceso de consolidación un montón de ataques, y principalmente sufrió por la baja calidad de sus actores, que en gran medida centraron sus esfuerzos en obtener mayor tajada del poder. También porque los roles no fueron bien definidos y se tergiversó el papel que juega cada actor en la construcción de la sociedad.

    El error inicial pasa por identificar a los protagonistas de la conducción política, ya que los mismos escapan al plano meramente partidario; los poderes fácticos tienen su centro de poder en los grupos económicos, más que en los centros partidarios, que carentes de contenido y de discusión interna, son fachadas para impulsar proyectos que facilitan y sirven de sustento para llegar al poder.

    A partir de allí se confunden los protagonistas de los hechos políticos y se otorga poder a quienes son portavoces de propuestas empresariales. Por eso no sorprende que los escraches ciudadanos se dispersen de quienes deberían ser actores reales, hacia quienes nada tienen que ver en este tema, los periodistas pertenecientes a grupos económicos que realizan un trabajo, y que en la gran mayoría de los casos nada tienen que ver con las grandes decisiones que se toman a nivel empresarial, con el alcance político que acarrea.

    También se confunde el concepto de república cuando se señala que las mayorías son las que mandan. En realidad en sociedades civilizadas se consolida el imperio de la ley, y la igualdad ante la ley, como forma de frenar los posibles abusos de las personas que tienen mayor poder, del gobierno y de las mayorías, con el objeto de proteger los derechos fundamentales y las libertades civiles de los ciudadanos, de los que no puede sustraerse nunca un gobierno legítimo.

    A su vez la república escoge a quienes han de gobernar mediante la representación de toda su estructura con el derecho a voto. El hecho de desconocer este concepto básico hace que se libre al azar de cualquier atrocidad, las prácticas comunes de la elite política actual.

    En medio de este escenario, la reflexión es fundamental para entender el destino que queremos construir para nuestra nación. Un país que orgánicamente demuestra que tiene elementos para desarrollarse, con gente talentosa, visionaria y creativa con una economía que es sólida, pero que en contrapartida está huérfano de una conducción que piense en potenciar estos valores.

    Partiendo desde esta plataforma, podemos entender con suma claridad que quienes tienen mayores posibilidades no son respaldados, es absolutamente catastrófica la situación para quienes carecen de todo, en el más amplio sentido de la expresión. Sin educación, sin salud, sin empleo, sin seguridad, difícilmente la ciudadanía esté conforme con el sistema de gobierno imperante y deja de lado estas cuestiones porque deben concentrarse en superar su calvario periódico de subsistencia.

    Paraguay necesita paz, un sentimiento que se base en el respeto irrestricto de las leyes y que los protagonistas, que no empleen su influencia para torcer la realidad hacia su beneficio coyuntural y particular. Mientras no comprendamos este escenario, seguiremos lastimándonos, e incluso muriendo, peleando por causas que no construyen a potenciar nuestra república y por ende, a mejorar nuestra calidad de vida.

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    Publicado por Anónimo | 7 abril, 2017, 10:21 am
  5. Como todos, quiero paz
    Por Milia Gayoso-Manzur

    ¿Me permiten contarles algo? Cuando en 1996 dejé el diario El Día, que reemplazó a Hoy (se estaba por cerrar y los trabajadores del medio comenzamos a negociar nuestras salidas), estuve dos meses sin trabajo. Tenía tres hijas en aquel entonces, la última, una bebé de meses. Repartí mi currículum por todos los medios, incluidos radio y canales de TV. En ABC, una conocida colega me dijo que era imposible que trabaje allí con tres criaturas que atender.

    Se me abrieron dos puertas, el Correo Semanal de Última Hora y La Nación, donde en principio iba a trabajar un año atrás (cuando abría el nuevo medio), pero, finalmente había decidido quedarme en el diario Hoy. Recuerdo que fue el propio Antonio Pecci, quien entonces dirigía el suplemento cultural de Última Hora, quien me aconsejó que viniera a La Nación, porque me quedaba más cerca de mi casa y de las niñas. Hace 21 años de eso, precisamente se cumplen el 1 de junio.

    He pasado por varias áreas en estos años: suplemento femenino, la revista dominical, Economía, Espectáculos… Siempre he realizado mi trabajo con responsabilidad y alegría, aprendiendo cada día, conociendo a personas fantásticas, enriqueciendo mis conocimientos y principalmente ayudando en la economía familiar, porque con el tiempo crecimos a seis, en casa.

    Como me desenvuelvo en el área cultural, desde hace varios años, llevo ese tiempo trabajando en lo que me gusta doblemente y colaborando para difundir aquello que me apasiona: la literatura.

    En tiempos de los antiguos dueños del diario, la familia Domínguez y en esta nueva etapa, cuando el medio fue adquirido por Sarah Cartes, me he sentido con plena libertad de acción para elegir los temas y cómo desarrollarlos, a nivel personal o como encargada de área, donde compartimos tareas con dos compañeros periodistas.

    Pero las lamentables circunstancias actuales han dividido al país en dos y nos hemos vuelto tan intolerantes con los que piensan diferente, que nos enfrentamos sin ningún miramiento con quien sea. La población está separada en los proenmienda y contraenmienda, y hay gente que mete a todos en la misma bolsa, ofendiendo y agrediendo.

    Sirva este preámbulo para expresar mi preocupación por la seguridad de los compañeros que trabajan, igual que yo, en algún medio periodístico del grupo Cartes; y para demostrar a quienes hoy nos insultan por las redes sociales y de manera personal, que somos seres humanos como usted y como aquel.

    Entre el sábado y hoy, numerosos colegas que salen a las calles para realizar sus coberturas (y no cubren precisamente Política), han sido maltratados verbalmente por pretender realizar su trabajo; pero existe temor de cosas peores.

    La gente debe saber que por el hecho de trabajar en un medio que fue adquirido por la familia del Presidente no nos convierte en sus fervientes seguidores, ni nos aparta de nuestros ideales.

    A un posteo en las redes sociales del colega Andrés Colmán Gutiérrez, quien solicitó que no se satanice a los periodistas de estos medios, hay quienes piden con vehemencia que renunciemos a nuestros empleos a fin de “limpiar” nuestro honor. No es tan sencillo. Sin mencionar los otros medios, en La Nación hay gente con más de veinte años de antigüedad, algunos ya mayores de edad, con una familia que mantener y transitando sus últimos años para llegar a la merecida jubilación. ¿Creen que sería fácil conseguir otro empleo?

    Las redes sociales bullen de manifestaciones de este tipo, nadie se pone a pensar que detrás de cada periodista hay una familia, hijos, padres ancianos, gastos, compromisos asumidos, etcétera. Sin embargo, lo más triste es que son los propios colegas de otros medios quienes manifiestan opiniones injuriosas contra seres que transitan sus mismos sueños de construir un Paraguay mejor para heredarles a sus hijos y nietos.

    No estoy de acuerdo con la enmienda, al igual que muchos colegas que trabajamos en los medios de la familia del Presidente. Siento una enorme tristeza por la realidad que vive el país, estoy en desacuerdo con numerosas determinaciones y definitivamente no quiero vivir en estado de zozobra y violencia. Como todos, quiero paz.

    Deshonestos hay en todas las profesiones, aquí y en Tazmania, pero muchos elegimos el camino recto, el más largo y cansador, pero el correcto.

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    Publicado por Anónimo | 7 abril, 2017, 10:17 am

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