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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

La Aduana, una vergüenza nacional

Los paraguayos deberíamos enorgullecernos de aquellos compatriotas tan brillantes administradores del dinero que ganan, que con sus pocos ingresos pueden obtener muchos bienes de todo tipo: mansiones, automóviles de lujo, tractocamiones, estancias y, en el pasado, inclusive hubo un aduanero que tenía avión propio. Nos estamos refiriendo, por supuesto, a los aduaneros que exhiben con ostentación las fortunas de que están disfrutando. Son verdaderos magos de las finanzas.

Sin embargo, en estos casos, en vez de enorgullecernos, los paraguayos nos sentimos indignados ante estas descaradas evidencias del manejo deshonesto de la cosa pública. Pocas han de ser las excepciones, si las hay, en que los propietarios de tales fortunas puedan explicar su origen. Nos preguntamos: ¿cómo es que solo en las aduanas la mayoría de sus funcionarios naden en la abundancia, en comparación con los de otras instituciones del Estado, en las que, si bien suelen producirse también escándalos de enriquecimiento ilícito, ocurren en forma menos generalizada?

Al respecto, nuestro diario viene publicando algunos casos de funcionarios de la Dirección Nacional de Aduanas (DNA) cuyos nombres están asociados a prodigiosas artes de ganar dinero cuantioso, rápido y fácilmente.

Por ejemplo, el sindicalista y delegado convencional por la seccional 3 de la ANR, Domingo Gustavo Kirmser, actual ágil y dedicado promotor de la reelección de Horacio Cartes, reside en una vivienda valuada en 1.700 millones de guaraníes. Es necesario saber que, en 2011, su salario era de tres millones de guaraníes (US$ 500). Incluso le sobran ahorros, porque acaba de adquirir una flamante camioneta de lujo, por la que paga cuotas de ¡1.000 dólares semanales! Esto da una idea cabal de que los montos y frecuencias de sus ingresos no guardan ni remotísima relación con la mensualidad de sus remuneraciones oficiales.

También, un colega de Kirmser, Elvis Carrera Ríos, jefe de Aduanas reubicado en el puerto Caacupemí, opera comercialmente por medio de su esposa, Rosa Elvira Romero. Ambos saben muy bien cómo hacer rendir su salario. Esta última comenzó con una pequeña mercería, y, según se sabe, ahora posee una flota de camiones con un valor aproximado a 350.000 dólares.

Otro mago de las finanzas surgido en el mismo ámbito es Javier Marcelo Agüero Martínez, un aduanero que, sumando sus remuneraciones oficiales de los pasados seis años, totaliza unos 753 millones de guaraníes; pero, en los últimos cuatro años acumuló bienes por 3.000 millones de guaraníes que, obviamente, provienen de otras fuentes de ingreso.

Un caso llamativo también es el de Luis Roberto Pintos. Este año montó un “spa” a nombre de su esposa Nancy Chamorro, a un costo de 350 millones de guaraníes, aproximadamente. Además, opera una flota de cinco vehículos de alta gama, se hizo socio de una fábrica de hielo integrando al contado 1.000 millones de guaraníes al capital social, y goza de sus descansos en una residencia tasada en unos 800 millones de guaraníes, situada en un exclusivo barrio cerrado.

Estos casos constituyen apenas una pequeña muestra de la podredumbre que reina en las aduanas de la República.

Es fácil suponer cuáles son los trucos que estos alquimistas prodigiosos realizan para lograr lo que tanta gente estudiosa, esforzada y trabajadora persigue durante gran parte de su vida y nunca logra. La mina de oro está en los tributos que se deben pagar por el ingreso de bienes al país. El agente de Aduanas es el encargado de dejar pasar, demorar o retener las mercaderías, y así tienen en sus manos el inmenso poder de dificultar o facilitar su ingreso, conforme a la voluntad de “colaboración” de los importadores de que se trate.

Durante la dictadura stronista había algunos popes que manejaban los puestos aduaneros, y que, mediante un aporte generoso a las seccionales y a las campañas electorales de los “correlí”, tenían venia para introducir la mano en la lata pública hasta el codo. Eran niños mimados por todos a la hora de conseguir fondos para actos partidarios. Después, con el advenimiento de la democracia, surgieron las competencias electorales internas en el Partido Colorado, que obligaron a estos ladrones a cuidarse, porque sus adversarios partidarios internos eran también sus vigilantes. Pero ello no impidió que los “maletines” siguieran fluyendo generosamente a los mandamases –generalmente, diputados y senadores– que ubicaron a sus peones en tan jugosos puestos.

La Dirección Nacional de Aduanas –bajo la responsabilidad de Nelson Valiente– continuará produciendo funcionarios millonarios, estrellas fugaces que irán apareciendo en esas oficinas de la mano de algún padrino ocasional, para rotar de cargo en cargo, de puesto en puesto, de frontera en frontera, contribuyendo siempre con “la causa” del gobernante de turno y su movimiento partidario.

El lector se preguntará: ¿y la Justicia? ¿Y el Ministerio Público? ¿Y la Contraloría General de la República? Son los eternos ausentes. Como los monos sabios de la tradición oriental, no ven, no escuchan, no hablan. Pero si esta actitud es tenida por sabiduría entre aquellos filósofos, aquí no constituye una virtud, sino lo contrario: es complicidad con los que desfondan al Estado, es traición a la patria.

Centenares de escuelas, centros de salud, caminos y puentes, puestos policiales y tantos otros servicios sociales indispensables y tan reclamados por la ciudadanía podrían realizarse solamente con lo que estos funcionarios aduaneros corruptos se llevan en sus faltriqueras. ¿Cuánta irresponsabilidad política hay que tener para conocer esta triste situación y no mover un dedo por revertirla? A nuestros gobernantes esto les parece normal, porque la mayoría de ellos proviene de un ambiente así.

Por tanto, no queda otro camino que los ciudadanos y las ciudadanas se preocupen para enfrentar esta prostitución moral. Cada aduanero que se vuelve millonario a la vista y paciencia de sus conocidos, vecinos y colegas, debe merecer la repulsa más ruidosa con que se pueda sancionarles moralmente. Si esto no les abruma y les corrige, al menos servirá para que sus jefes sientan vergüenza de continuar sosteniéndoles. Hay que emplear la fuerza de la sanción moral ciudadana; hay que hacerlo con toda energía. Ante la inacción de la Justicia, es lo único que resta hacer con estos defachatados, de los que el único responsable es el Poder Ejecutivo, ya que la DNA, nadie sabe por qué, en este país en la práctica depende del presidente de la República, Horacio Cartes, aunque de acuerdo al Código Aduanero está subordinada al ministro de Hacienda, Santiago Peña.

Es conveniente que los gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), reunidos en Asunción, sepan cómo son recaudados los ingresos aduaneros es este país, por obra y gracia de la gravísima negligencia de las citadas altas autoridades.

Esta es la otra cara de la moneda, la que no aparece en las recepciones ni en los discursos protocolares.

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/la-aduana-una-vergenza-nacional-1579362.html

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

4 comentarios en “La Aduana, una vergüenza nacional

  1. Aduaneros corruptos
    4 mayo, 2017

    El pasado martes, en horas de la noche se registró un incidente en la zona primaria del puente de la Amistad, cuando paseros que ingresaban productos en motocicletas, comprobaron que los militares y aduaneros dejaban la vía libre para el paso de furgones cargados de contrabando. Desde que los productores avícolas se instalaron en la cabecera del puente exigiendo que los funcionarios, a cargo de Alberto Estigarribia, hagan su trabajo, se realizaron varios decomisos de productos ilegales.
    Agobiados por el ingreso masivo de pollos y sus derivados, los avicultores, una vez más, se instalaron en la cabecera del puente exigiendo que se hagan los controles. A raíz de esta situación, los motociclistas, que traen productos de contrabando hacia territorio paraguayo iniciaron una protesta, exigiendo el cese de los controles, pues afirman que sus familias sobreviven gracias a las mercaderías que ingresan.
    Mediante un video, los motociclistas afectados constataron cómo aduaneros y militares de la Base Naval dejaban pasar los furgones cargados con mercaderías sin ningún control. La protesta de los motociclistas es que se hace la vista gorda ante los grandes contrabandistas y se perjudica a los pequeños paseros.
    El contrabando es contrabando se traiga en pequeña o gran escala. Sin embargo, es conocida la práctica de los “paseros” de nuestra región, de traer productos de contrabando en pequeñas cantidades, en furgones, autos o motos, para llenar verdaderos depósitos de este lado de la frontera, en una operación de ir y venir a través del puente de la Amistad. Bajo el ropaje de que son “simples paseros”, que traen pequeñas cantidades de mercaderías para la subsistencia, se ocultan verdaderos empresarios que manejan flotas de camiones y depósitos, para redistribuir el contrabando por todo el país.
    Los funcionarios de la Aduana participan de este negocio, por ello permiten el ingreso de furgones repletos de mercaderías sin ningún control. Eso pasa a diario, van y vienen a Foz de Yguazú o Puerto Yguazú trayendo mercaderías sin ningún control. Nuestro diario ha constatado esta realidad que sigue funcionando tranquilamente.
    No existe ningún interés ni plan de combatir el contrabando, porque reditúa grandes beneficios a los aduaneros y sus padrinos políticos. Se sabe que los furgones y motociclistas, son también apenas una pequeña parte de la enorme mafia que opera en la Aduana. A eso hay que sumar los ingresos en frío, los contenedores subvaluados y otras tantas prácticas para perjudicar al fisco.
    Los controles esporádicos gracias a las presiones de productores seguirán y durarán el tiempo que éstos insistan y puedan permanecer en el puente, pasado el tiempo, volverá el carnaval. Para luchar contra el contrabando, primero hay que combatir la corrupción en la Aduana y para ello, hace falta una política de Estado. Mientras tanto, seguiremos dando pataleos, a los tumbos y observando pequeños y lamentables incidentes entre paseros y funcionarios corruptos.

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    Publicado por jotaefeb | 4 mayo, 2017, 8:41 am
  2. Las Aduanas en manos de ladrones

    El director de Aduanas, Nelson Valiente, es un funcionario que fue directa y personalmente designado por el jefe del Ejecutivo, el presidente de la República, Horacio Cartes, aunque en grado de rangos es subalterno directo del ministro de Hacienda, Santiago Peña, así como este lo es del Presidente.

    Bajando por la cadena jerárquica, los funcionarios de Aduanas destacados en los puestos de frontera o de desestiba de mercaderías (popularmente conocidos como “aduaneros”) son subalternos del jefe de Aduanas, nombrados por este y, por consiguiente, bajo su responsabilidad.

    Ahora bien, como todo el mundo sabe, las aduanas paraguayas son puestos apetecibles para los sinvergüenzas porque es en ellas en donde se roba más voluminosa y rápidamente. Cada aduanero puede volverse multimillonario en pocos meses, dependiendo del puesto geográfico que cubra, debido a los distintos volúmenes y valores de mercaderías que transitan por cada lugar de las fronteras y puertos.

    La corrupción que envilece a estos funcionarios es proverbial; se la conoce desde hace muchísimo tiempo porque hizo parte del sistema de venalidad que nació, se desarrolló y perfeccionó bajo la dictadura de Stroessner. Lo único que hizo al respecto la época democrática que sobrevino fue crear algunos nuevos organismos e incrementar las exigencias de ciertos controles “for export”, de manera que, ahora, los aduaneros deben tomar algunas precauciones, maquillar mejor las operaciones y cumplir con algunas formalidades que antes no necesitaban hacer. Pero el banquete sigue igual.

    De modo que Cartes nombró a Santiago Peña y a Nelson Valiente; este designó o confirmó a los jefes y directores subalternos, y mientras algunos aduaneros de la “vieja guardia” permanecieron, otros nuevos se agregaron bajo la actual administración. Nelson Valiente designó jefe del Departamento de Riesgos a un tal Luis Pintos, persona que carece de título habilitante para el cargo o de técnico en gestión aduanera, como exige la ley.

    Luego nombró asesor a Gustavo Kirmser, quien no produjo ni un solo informe de asesoría en cuatro años de ejercer el cargo. Descaradamente, el director general lo excusó afirmando que sus asesoramientos fueron “verbales”. Pero la larga lista de aprovechados continúa.

    Más de mil millones de guaraníes pagó la Dirección General de Aduanas en los tres últimos años para obtener el certificado de calidad internacional de la SGS, documentación tan tramposa como todo lo que allí se tramita, ya que esta dependencia no cumple con muchos requerimientos (entre ellos, el caso del jefe de Riesgos, el multimillonario Luis Roberto Pintos).

    Luego sigue una colección de personajes dignos de mención, como el jefe de Valoración de Aduanas, Carlos A. Osorio Meza, que se hace rico empleando a su esposa Beatriz Sapper para aparecer como la empresaria que administra la fortuna familiar. Ya poseen una flota de camiones, edificio propio y diversificación de negocios.

    El jefe de Visturía de la Aduana Solución Logística, John Fernando Guanes, con un sueldo que ronda los cuatro millones de guaraníes mensuales, es feliz propietario de una residencia con un costo estimado de 200.000 dólares en Lambaré, además de casas de verano en San Bernardino y otras propiedades, aunque todo eso, como es de rigor, figura a nombre de su cónyuge, Isabel Rojas de Guanes.

    Francisco Daniel Medina es un aduanero que montó un complejo económico en Pirayú, valuado en 2.000 millones de guaraníes, los que provienen, teóricamente, del salario de 4,3 millones que percibe en esa institución pública que parece estar presidida por el rey Midas. En reconocimiento a sus “méritos”, el director Nelson Valiente lo ascendió de subadministrador a administrador.

    Enrique Javier Casaccia, hermano del comandante del Ejército, Juan José Casaccia, es otro tocado por la varita mágica. A los 21 años de edad, uno de sus retoños se hizo importador de vehículos; otro es dueño de un lavadero; la esposa explota el rubro empresarial de limpieza y electricidad y es proveedora del Estado.

    Estos personajes no llevan una vida recatada y oculta a las miradas públicas por vergüenza o seguridad, como podría suponerse, sino que ocurre lo contrario, pues suelen hacer ostentación de poder económico y desafiar a la ciudadanía realizando actividades de militancia partidaria –cartista, naturalmente– con actitudes agresivas y descalificadoras. Son tan ladrones como descarados. Se mofan alegremente de las leyes, de la ética y de la opinión pública.

    ¿Cómo puede ser eso? Solo porque tienen todo el respaldo del presidente Horacio Cartes que necesitan para sentirse impunes.

    El timorato y vacilante ministro de Hacienda está enterado de todo esto que publicamos y mucho más, pero, o no tiene el coraje suficiente para meter mano firme y limpiar ese establo lleno de estiércol que es la Dirección de Aduanas, o prefiere hacerse el tonto y mirar para otro lado, a fin de no incomodar a los padrinos políticos, aquellos que reciben “maletines” de parte de estos agentes del latrocinio. Para Peña es más fácil y conveniente endeudar al país para cubrir los agujeros en las recaudaciones que se pierden por esos vericuetos, que combatir a los sinvergüenzas.

    Los funcionarios públicos corruptos saben muy bien que están exentos de la vigilancia y persecución de auditores, fiscales y jueces porque estos saben que los ladrones de fondos públicos cuentan con la protección que reciben de dirigentes políticos, legisladores, etc., y si intervienen y denuncian, no pueden prever en qué ventilador van a meter el dedo.

    Si el presidente Cartes no descabeza esta infame gavilla que se apoderó de las aduanas del país, que no se queje si la gente piensa que es tan corrupto como ellos.

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/las-aduanas-en-manos-de-ladrones-1588386.html

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    Publicado por jotaefeb | 3 mayo, 2017, 11:05 am
  3. Evasión fiscal, por culpa de Cartes y Santiago Peña

    Con la reciente emisión inconstitucional de bonos por valor de 500 millones de dólares, avalada por la obsecuente Corte Suprema de Justicia, la deuda pública ya ha llegado a 6.700 millones de dólares, equivalentes al 25% del producto interno bruto (PIB). Insatisfecho con el frenético ritmo del endeudamiento, que responde en gran medida a un vulgar “bicicleteo”, el Ministerio de Hacienda pretende colocar este año nuevos bonos, ahora para financiar proyectos sanitarios y con el acuerdo del Congreso, del que creyó oportuno prescindir la última vez.

    El ministro Santiago Peña cree que si se lograra aumentar la recaudación tributaria habría un margen mayor para endeudar al país, sin superar el tope del déficit fijado en la Ley de Responsabilidad Fiscal. O sea que un incremento de los ingresos tributarios serviría para que el Gobierno emitiera más bonos, y no precisamente para que redujera la deuda pública. En una palabra, se quiere aumentar la recaudación para endeudar aún más a los paraguayos de hoy y de mañana, y no para liberarlos de la carga financiera que pesa sobre sus espaldas. Por nuestra parte, sostenemos que se deben aumentar los ingresos tributarios justamente para evitar un mayor endeudamiento.

    El ministro Peña afirma que pretende reducir la evasión fiscal y la economía informal, sin alterar las tasas impositivas actuales, lo que resulta plausible. El problema es que no se le puede creer. ¿Acaso no sabe este Gobierno que los funcionarios de la Dirección Nacional de Aduanas (DNA), por ejemplo, se enriquecen ilícitamente y que exhiben públicamente el producto de sus latrocinios sin ningún escrúpulo? El director Nelson Valiente fue designado por el presidente Horacio Cartes y depende del ministro de Hacienda, según el Código Aduanero. Ninguno de ellos puede alegar desconocimiento de la corrupción existente en las aduanas, ya que en sus propias narices se cometen latrocinios a gran escala, sin que les importe un bledo. Quien permite que un subordinado robe comete un delito, y quien mantiene en sus cargos a funcionarios deshonestos incurre en grave irresponsabilidad política.

    Cabe preguntar, entonces, ¿por qué el presidente Cartes y el ministro Peña siguen tolerando que en la DNA se robe a mansalva, como es de pública notoriedad? Solamente hay dos respuestas: o tienen alguna participación en la defraudación al fisco, o compromisos políticos con quienes patrocinan a los ladrones. No hay otras explicaciones posibles ante tanta dejadez. De esta manera, el ministro de Hacienda no puede pretender que se le tome en serio cuando anuncia que combatirá la evasión fiscal y la economía subterránea, mientras en la DNA, subordinada a él mismo, se dan un festín cotidiano a costa del erario.

    Para el ministro Peña, lo más saludable es no meterse con funcionarios que tienen poderosos padrinos políticos. Resulta mucho más fácil endeudar al país que enfrentarse a los delincuentes evasores de impuestos y a los contrabandistas palanqueados desde arriba, generalmente por senadores y diputados, que reciben a cambio generosos “maletines”.

    Reducir la economía informal, cuyo volumen representa el 40% del PIB, tampoco debería resultarle muy difícil al ministro de Hacienda, siempre que tenga el coraje de enfrentarse a los politicastros influyentes.

    En un país pequeño, de solo siete millones de habitantes, la economía “subterránea” no lo es en absoluto: la mayor parte de ella está a la vista de quienes tienen ojos para ver. Lo que ocurre es que hay intereses muy fuertes, ligados al poder político, que impiden que la DNA y la Subsecretaría de Estado de Tributación cobren a todos los obligados. Les resulta mucho más cómodo cobrar a los contribuyentes de siempre, y dejar el campo libre a los delincuentes asociados con los mandamases de turno.

    El exviceministro de Economía, Manuel Alarcón, afirmó hace poco que se ignora que exista una estrategia para incorporar a los evasores de impuestos, lo que no debería sorprender a nadie. Incluso si se llegara a diseñarla, con la cooperación de algún organismo internacional, ello no implicaría en absoluto que vaya a ser ejecutada. Es que las asesorías del Fondo Monetario Internacional (FMI), por ejemplo, solo sirven para que los técnicos extranjeros se peguen un paseíto por Asunción, y para que el Gobierno realice una comedia mediática de que está empeñado en mejorar la gestión de sus organismos recaudadores. El FMI asesoró hace poco a la DNA, a pedido del ministro Peña, sin resultados apreciables, desde luego.

    No es cuestión de tecnologías ni de organigramas, sino de honestidad en el manejo de la cosa pública. Y de valentía para destituir a los facinerosos y enviarlos a la cárcel, sin temer a sus padrinos. Horacio Cartes y Santiago Peña no la tienen.

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/evasion-fiscal-por-culpa-de-cartes-y-santiago-pena-1580298.html

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    Publicado por Anónimo | 3 abril, 2017, 10:25 am
  4. La puerta de entrada para la ilegalidad
    31 marzo, 2017

    Brasil realizó el lanzamiento de una campaña nacional contra el contrabando y la falsificación sin precedentes. El emprendimiento, además de las instituciones públicas responsables del combate, involucra a empresas privadas, afectadas por el contrabando y organismos no gubernamentales. Son más de 70 organizaciones que se unieron en la campaña que se denomina “El Brasil que queremos”. El pasado miércoles se realizó el lanzamiento simultáneo en San Pablo, Río de Janeiro y Foz de Yguazú. Durante el acto en la vecina ciudad, Stremel Barros, en representación del Instituto de Desarrollo Económico y Social de Fronteras (IDESF) dijo que el contrabando es la puerta de entrada a todo tipo de criminalidad. “El contrabando es nuestra muerte regional y tenemos un gran desafío. Cuando hay contrabando hay informalidad y todos pierden. Es la puerta de entrada a todo tipo de ilegalidad”, advirtió.
    Es la gran diferencia del estado brasileño con el nuestro. De este lado de la frontera, nuestra sociedad nunca dimensionó las consecuencias del contrabando. Al contrario, esta actividad ilegal es propiciada por las mismas autoridades y las instituciones encargadas de combatirla. Así, la Aduana sigue teniendo la fama de ser la mina de oro de los funcionarios. No hace mucho se publicaba en el diario ABC Color, cómo los funcionarios aumentan exponencialmente su riqueza, apenas forman parte del plantel de la institución.
    El grosero enriquecimiento ilícito está a la vista, sin que la fiscalía investigue y sin que desde el gobierno central se inicie campaña alguna para la depuración de la institución. El gobierno de Cartes había anunciado el fin de los maletines y el corte de la mano a los corruptos. Sin embargo, se sabe que desde Ciudad del Este siguen llegando los famosos maletines al Palacio y que el ingreso del contrabando por el mismo Puente de la Amistad, sigue campante con la complacencia de los funcionarios de todas las instituciones destacadas en la zona primaria.
    Vergonzosamente, durante el acto de lanzamiento de la campaña anticontrabando, fueron destruidas las cajas de cigarrillos provenientes de la empresa del presidente Horacio Cartes. Se puede argumentar que no es su responsabilidad el ingreso de contrabando hacia territorio brasileño. Pero sería interesante, de este lado del río, ver también la destrucción de las mercaderías que son “incautadas” por los funcionarios de Aduana.
    En nuestro país se fomenta el contrabando con el argumento populista de la necesidad de trabajo y de que los contrabandistas son “humildes paseros”. Las declaraciones del brasileño Stremel Barros nos brindan una luz sobre esta falacia. El contrabando es la muerte regional, y con ella perdemos todos y por sobre todo, es la puerta de entrada a la informalidad y a otros tipos de actividades ilícitas. El día que comprendamos el poder destructivo de esta nefasta práctica, habremos avanzado un poco como Estado.

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    Publicado por Anónimo | 31 marzo, 2017, 11:26 am

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