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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

“Cambio” de sábana

En el Congreso hay varios proyectos de ley sobre la forma de cambiar el sistema de votación, en vista de que la actual forma de hacerlo es inconstitucional por el hecho de que el Código Electoral establece que se debe votar en listas completas y bloqueadas, con lo cual se obliga a los electores a votar por personas que ni siquiera conoce, mientras que la Constitución establece el sistema de voto directo.
Los proyectos buscan, entre otras cosas, el desbloqueo de las listas, el voto personal pero solo en las internas (para cargos plurinominales) y el desconocimiento parcial del sistema D’Hondt, también en las internas, todo lo cual configura una complicación aún mayor a la que actualmente tiene la ley con la Constitución. Es un mal intento de “cambio” de sábana.

Esto es así porque nuestro sistema electoral es por mandato constitucional de representación proporcional y de voto directo, mientras que el sistema D’Hondt se encarga de la ubicación en las listas de candidatos y de resultados finales, según el Código Electoral.

Sin embargo, el proyecto anunciado para ser estudiado hoy en Diputados plantea la votación directa y personal a los candidatos y la ubicación en listas de los electos de acuerdo con la cantidad de votos obtenidos, sin tener en cuenta el cálculo D’Hondt. Con esto se dejan de lado las famosas y odiadas listas sábana…, pero solamente en las internas partidarias.

Como bien se sabe, el proceso electoral es eso, un proceso, y como tal no comienza ni termina en las internas de los partidos políticos, porque luego estos y las candidaturas independientes o las alianzas y concertaciones deben competir en elecciones que son obligatorias para todos, sean o no afiliados de los partidos.

Es así que, pasadas las internas, se deben votar a los candidatos a cargos plurinominales (colegiados) en listas que volverán a ser completas y bloqueadas y, por tanto, igualmente sábana, con la diferencia de que los afiliados supuestamente ya votaron a todos los que manifestaron deseo de representar a sus correligionarios, pero el resto de los mortales tal vez ni siquiera saben de la existencia de quienes sí son importantes referentes dentro de sus partidos.

El planteamiento de los diputados Tuma, Romero Roa y Durand tropieza con este inconveniente, además de ignorar el sistema de ubicación de los candidatos en las listas, que actualmente es el denominado sistema D’Hondt, no cumplen con el requisito de la votación directa en todo el proceso electoral, más que en la fase interna. Por tanto, tendrán dificultades en algún momento con la Carta Magna.

La única forma de evitar este problema es diseñando un sistema de elección en el cual el ciudadano puede concurrir a votar con o sin partidos políticos, aliados, concertados o solos, lo cual está contemplado en las normas vigentes, pero falta eliminar la intermediación de los “dueños” de partidos para la ubicación en lugares privilegiados de sus leales.

La eliminación de las listas sábana no puede hacerse con la misma lógica con que se busca imponer la reelección presidencial: que el o los interesados dediquen todos sus poderes e influencias para modificar la ley acorde a sus necesidades de perpetuarse o continuar en los cargos.

Es necesario trabajar en un ambiente de tranquilidad, sin la presión del tiempo y menos de partes interesadas, para no afectar el sistema electoral establecido en la Constitución. Una modalidad basada en la violación de la Carta Magna nunca puede ser una buena salida. Todo lo contrario.

Por Edwin Brítez

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/cambio-de-sabana-1576252.html

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

3 comentarios en ““Cambio” de sábana

  1. ¿Quién podría suceder a HC?
    24 marzo, 2017

    José Alberto Planás, “Icho”, adherente histórico del “argañismo” y simpatizante del senador Mario Abdo Benítez, “Marito”, lanzó la pegunta durante una entrevista mantenida ayer con Mina Feliciángeli, en Radio 1000. Cualquiera que escuchó la nota periodística habrá esperado que su respuesta apuntara sin dudar al líder de los “Añetete”. Pero no fue así. Sin muchos rodeos fue al punto y enfatizó “Horacio (Cartes) está haciendo mucho, en obras y cambiando positivamente la imagen del país, aunque su equipo no tenga juego de cintura. Soy partidario de que continúe. Marito es joven, puede esperar hasta el 2023”.

    La pregunta formulada por el exbrazo derecho de Luis María Argaña es por demás pertinente. Hasta ahora nadie había planteado la discusión de esa manera, lo que contribuiría a aclarar muchas cosas, que no afloran debido a las polémicas sobre el proyecto de enmienda para instituir la figura de la reelección, que los medios hegemónicos, como ABC color y Ultima Hora, se encargan sistemáticamente de enturbiar.

    ¿Quién podría reemplazar en la presidencia a Horacio Cartes, para igualar o superar su gestión? ¿”Marito”, que “todavía es joven”, por no decir políticamente inmaduro, y que su único “aporte” desde el Senado fue boicotear permanentemente los proyectos más importantes del Poder Ejecutivo? ¿Efraín Alegre, destructor de su propio partido y sobre el cual pesan graves cargos de corrupcción de cuando fuera ministro, como rutas por las que se pagó, pero no se hicieron o un faltante de 10 millones de dólares, según la Contraloría? ¿Tal vez Mario Ferreiro, que nisiquiera puede con los baches y “limpiavidrios” de Asunción? ¿O Fernando Lugo, quien sí podría competir con Cartes con alguna chance de resultar triunfante, pero que, a juzgar por su gobierno, no tiene ninguna de acercarse aunque más no sea un poco a los logros obtenidos por la actual administración?

    El problema, para los críticos al gobierno, es ese. La gestión de uno y la de los otros. Cartes duplica, triplica y hasta cuadruplica lo realizado por Lugo y todos los gobiernos anteriores. En obras públicas, por ejemplo, el presupuesto de antes no superaba los US$ 250 millones/año y una parte se quedaba en los bolsillo de “los muchachos”, mientras que ahora ronda los US$ 600 millones, más las inversiones que se harán desde el sector privado por medio de las APP que están en curso. La economía mantuvo su ritmo de crecimiento, así como la tasa de inflación, las exportaciones e importaciones vienen aumentando, en tanto las reservas inetrnacionales siguen subiendo , a pesar de las condiciones regionales y mundiales claramente adversas. El Paraguay hoy es valorado y respetado en la comunidad internacional, dejando de ser los “leprosos” que fuimos por años o, en el mejor de los casos, los “parientes pobres” de los vecinos.

    En el ámbito social, del que supuestamente el gobierno se desentiende, las viviendas populares construidas por Senavitat no llegaban a 3.000 al año y ahora están en alrededor de 10.000. El presupuesto para asistir a las familias en situación de pobreza y pobreza extrema se incrementó en los últimos 3 años en el orden del 75%. Un total de 16.000 campesinos y sus respectivas familias fueron rehabilitados por el Banco Nacional de Fomento, así como por el Crédito Agrícola de Habilitación y son nuevamente sujetos de crétito, luego de que les refinanciaran sus deudas 10 años de plazo y se les condonaran los intereses. El Estado, a través de Petropar, redujo los precios de las naftas y el gas de consumo familiar, mientars que el sueldo mínimo de los trabajadores se ajustará automáticamente todos los años, según la pérdida de su poder adquisitivo.

    Entonces, ¿Cuáles serían las críticas “demoledoras” a la presidencia de HC? ¿Qué es necesario hacer más?, con certeza y él mismo lo reconoce. Que suele ser un “argelado”, puede ser, pero su tarea es gobernar, no concursar para“mister simpatía”. Que su equipo tiene poco juego de cintura y no sabe comunicarse con la ciudadanía, es probable lo primero, y seguro lo último, pero eso no impidió los resultados antes mencionados, que son hechos imposibles de refutar.

    Por eso la histeria de Zuccolillo, Vierci y los políticos a los que cobijan, quienes recurren a cualquier maniobra a fin de sacarlo de la cancha. Pero la pregunta que debemos hacernos todos es la que lanzó “Icho” en la entrevista con Mina, en una demostración de indiscutido realismo político: ¿Quién podría suceder a Horacio Cartes, para igualar o superar su gestión, en el próximo periodo? Y, si consideramos el actual abanico de opciones, la respuesta es obvia. ¡Nadie!

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    Publicado por Anónimo | 24 marzo, 2017, 9:06 am
  2. Discusión que avergüenza

    Por Jorge Rubiani

    La controversia sobre la enmienda constitucional es el espectáculo más triste de todos los que los paraguayos hemos presenciado en los últimos 28 años y meses. Peor aún de los que ofrecía la dictadura. Porque en aquel período oscuro, paradójicamente, las cosas eran muy claras. Lamentablemente fueron distintas en el proceso posterior porque, ya sin el dictador, algunos protagonistas esenciales de entonces parecían no saber lo que querían. Mientras otros pretendían –nada menos– ser iguales “al que se fue”, legitimando la conocida y amarga frase: “Uno encuentra a veces su destino, en el camino que tomó para evitarlo”.

    Pero tras el golpe del 89, funcionaron los partidos como nunca antes, si bien la democracia concretó la desaparición de algunos (cosa que ni Stroessner pudo conseguir); hubo alternancia de gobierno y se convocó una Constituyente que permitió el juramento de una Carta Magna, con la que pretendíamos iniciar, seguros, el derrotero democrático. Pero como puede notarse en estos días, algo salió mal. Es decir, salió igual de mal a las veces que quisimos hacer lo mismo… porque simplemente olvidamos que, desde la Independencia para acá, los paraguayos tuvimos cuatro Constituciones y dos Reglamentos de Gobierno… ¡y nada menos que 40 golpes de Estado! Con un presidente por cada período de gobierno, hubiésemos tenido solo 32 mandatarios … ¡y tuvimos 52! Y conste que, con sus 35 años de gobierno, Stroessner nos alivió la estadística usurpando los períodos que hubiesen correspondido a ¡siete presidentes! Es decir: hicimos con todas nuestras Constituciones y Reglamentos lo que los antiguos Gobernadores de la provincia hacían cuando querían deshacerse de una orden del Rey. Poniendo el Real documento sobre la cabeza y exclamando: “Se acata, pero no se cumple”.

    La identidad primaria nos concede la cuna. Si nacidos en el seno de nuestro territorio nacional somos, por ende, paraguayos. En nuestro inicio como Provincia, la Cédula Real de 12 de setiembre de 1537 nos inoculó otro ADN fundamental: el talento para conspirar. De manera que, al mismo tiempo de paraguayos, fuimos habilitados para las picardías políticas. A propósito, Paraguay es el único país que tiene dedicado un voluminoso libro a la Historia de sus revoluciones. Pero aquella picardía hecha costumbre adquirió un “status académico” con la inauguración de la primera casa de altos estudios en Asunción. ¿Cuál?… pues la Facultad de Derecho. Alguna razón habrá habido para que el gremio de mayores aportes al “sillón de los López” fuera el de los abogados. Trece en total. Y otra perla: a partir de aquella Facultad, el “letrado” contaba con jerarquía universitaria ya que, desde antiguo, el pueblo llano había adjudicado tal mote a cualquier pícaro con ínfulas. Ya desde esos tiempos no hubo familia, aula, grupo o ministerio que no tuviera el suyo.

    De manera que aquella inspirada frase de González Delvalle para “echar en gorra a la Ley”, iba a contar, tarde o temprano, con una “derivación constitucional”. Y en eso estamos: echando en gorra a la Constitución. Todos la tironean de un lado a otro y cada quien la interpreta como quiere. En la discusión se mezclan doctrinas jurídicas con las “tres hurras y jahapa”, enarboladas por simples “letrados” como por juristas de nota. Y para allegar partidarios –porque el asunto ni siquiera se aproxima a los andariveles del Derecho– hay promesas para todos los gustos: cargos, negocios y prebendas. Un perdón a algún desliz administrativo por aquí, otra embajada por allá, además de la distribución de impunidades varias. No en balde, la flamígera espada de la justicia que pendía sobre las cabezas (y los fueros) de algunos parlamentarios, se ha convertido en un sacacorchos con pabilo.

    Así transcurre esta ya prolongada y cada vez menos soportable discusión sobre la enmienda (me niego a calificarla como debate), en la que se observa a activos demócratas de antaño en el papel de apasionados panegiristas del rekutu. Alegando, al parecer convencidos, que “la gente tiene derecho a ser escuchada”. Es como pretender que una delicada operación del cerebro sea resuelta con la danza de un brujo alrededor de una fogata. Junto a ellos (los demócratas de antaño y los brujos), vemos a los devotos del continuismo de siempre, porque nada como un “líder único” para anular las expectativas de cambio y asegurar la continuidad de “los negocios”. Queda muy claro, entretanto, que en vez de perfeccionar la democracia nos aprovechamos de sus debilidades, deteriorando el valor de las instituciones. Para que todo resulte funcional a las generalizadas ambiciones partidarias. ¡Qué vergüenza!

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    Publicado por Anónimo | 24 marzo, 2017, 8:40 am
  3. Dramatización política

    Por Richard E. Ferreira-Candia

    Escena 1. Un político critica a otro de una manera magistral, utilizando términos fuertes con palabras claves de una manera tal que sea impactante para atrapar la atención del entorno y, sobre todo, de los medios.

    Escena 2. El político criticado responde con mucha fuerza, también utilizando términos estudiados previamente para que el efecto de la respuesta sea replicado de forma inmediata e impactante por los medios.

    Escena 3. Seguir repitiendo las escenas 1 y 2 hasta el final, con improvisaciones, pero cambiando de personajes cada tanto.

    FIN.

    El Comandante ironizaba un supuesto guión para una obra teatral que –aclaró– hasta ahora no tiene nombre definido, aunque no desecha la idea de llamarla simplemente “Dramatización política”.

    Es que la política se desarrolla en permanente dramatización porque –como señala Luis Arroyo en su libro “El poder político en escena”– el acto político “es una representación” continúa, indicó.

    Hablando de teatro –añadió el Comandante– los entendidos dicen que hay varios los tipos, como la comedia, que se desarrolla en tono jovial, divertido y alegre; el drama, donde acontecen hechos tristes; la tragedia, en la que los personajes sufren y generalmente alguien muere.

    -También está la farsa -añadí-, que es breve con características cómicas, donde los actores pueden improvisar. –La farsa…– interrumpió y enfatizó enseguida: …la farsa es la que mejor le sale a nuestros políticos.

    Lanzó una leve risa y aprovechó el momento para tomar un sorbo del café negro, sin azúcar, que había pedido en el altillo del Café Literario. Yo solo tenía una botella de agua tónica.

    El Comandante dijo que quería comentar una parte del capítulo “En campaña permanente” del libro de Arroyo, analista y experto de comunicación política español, que ya habíamos compartido en otras ocasiones y que de nuevo lo tenía en sus manos, con las correspondientes marcas fosforescentes en muchas de sus páginas.

    Arroyo –empezó a leer– señala: Si la política es representación –no solo representación, pero también representación– entonces los gobernantes estarán sometidos a un ejercicio de actuación interpretativa. Actuar en uno de los significados específicos que fija el diccionario: Interpretar un papel en una obra teatral, cinematográfica, etc. Si la política está expuesta constantemente al escrutinio de la gente, entonces los líderes responderán a ese escrutinio dramatizando su papel.

    Igualmente, sostiene “que si la política es también espectáculo –no solo espectáculo, pero también espectáculo– entonces sus protagonistas se esforzarán en adaptarse a sus requerimientos. Más aún: si la política es la puesta en escena de unas determinadas narrativas, unos determinados relatos, entonces los políticos son sus escenógrafos y sus protagonistas”.

    Los ciudadanos pasan a ser espectadores –no solo espectadores, pero también espectadores– y los medios de comunicación se convierten –asimismo– en escenarios para políticos. Y las políticas públicas, aunque no solo sean eso, en relatos colectivos, describe el libro.

    ¿Qué relación tienen los medios con los políticos?, se preguntó Arroyo y también nos hacíamos esa misma pregunta. Sobre el punto escribió: “La convivencia de medios y políticos se vuelve promiscua y constante. No de cualquier medio con cualquier político. Los políticos de la élite se tratan con los medios de la élite, y siempre más con unos, los más cercanos, que con los otros. Comparten análisis, intercambian favores, viajan juntos, se tratan con cierta distancia, pero también con complicidad. Saben que ejercen funciones distintas, pero dentro de un mismo juego: el de narrar historias. Periodistas y políticos viven ambos de ello”.

    Ahondando más sobre el tema, el español aclara y advierte de manera enfática: “Los valores del periodismo y los valores de la política son distintos e incluso contradictorios”.

    Coincido con lo que señala Arroyo, aunque en nuestro país pareciera que estos valores se trastocan y la dramatización, sobre todo la del estilo de la farsa, se da no solo en la política, sino también en la esfera mediática, consideró el Comandante.

    Tomó su último sorbo de café y siguió. Debemos entender –como ciertamente apunta Arroyo– que “la retórica utilizada por los líderes y la cobertura que de ella ofrecen los medios de comunicación son cruciales en la percepción de la gente”.

    Y aquí –continuó– hay que reconocer que todos los políticos tratan de poner en escena los temas que les convenga, para tratar de destruir a sus adversarios. Es decir, cada quien crea sus propias escenas, sus propios actos, sus propios guiones y define qué tipo de obra teatral pondrá a consideración de la gente, que ya está acostumbrada a ver cualquier tipo de espectáculo.

    –¿Y los medios?– pregunté. Hizo un breve silencio y luego respondió: Los medios ponen el escenario, suben y bajan el telón; pero, desde hace un buen tiempo, también crean sus propias escenas, sus propios guiones y, así como los políticos, siempre de acuerdo a sus conveniencias. Eso.

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    Publicado por Anónimo | 22 marzo, 2017, 9:26 am

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