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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

¿Y los reconstructores?

Los organismos internacionales nos van devolviendo, a buen ritmo, la realidad real en que vivimos. No es un mero recurso literario lo de “realidad-real”, sino una manera de distinguir la realidad objetivamente considerada y aquella otra en la que creemos vivir a través de la propaganda engañosa a la que nos tienen habituados nuestros gobernantes. El último chapuzón de realidad que nos tocó vivir fue a través de un informe del BID (Banco Interamericano de Desarrollo) y de la UNESCO (Organismo de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) que coloca a Paraguay en el último lugar de la región en materia de espacios educativos.

El mismo informe señala que “los porcentajes de estudiantes que asisten a escuelas con muy pocas categorías de infraestructura con nivel suficiente (espacios óptimos para el aprendizaje) son inaceptablemente altos”. Ante tamaña atrocidad –no encuentro mejor término para describir la situación–, el ministro de Educación, Enrique Riera, se apresuró a decir: “Me da vergüenza y pido disculpas en nombre del Estado paraguayo por haber abandonado por tantos años a tantos chicos que tanto necesitan”. Luego agregó: “Hemos abandonado a docentes, a las escuelas, a los chicos; les hemos sacado el futuro por algunos miserables pesos en alguna que otra licitación, por no hacer un mantenimiento y por no tener un sistema sostenible en el tiempo”.

Por un lado, aplausos para el ministro Riera. Es muy raro en nuestro país que un secretario de Estado muestre la cara ante una situación calamitosa y reconocer públicamente los errores cometidos. Aún más, pedir disculpas. Hecha esta salvedad, habría que preguntarse si estas disculpas, si todas las disculpas del mundo serían capaces de devolverles a esos niños hoy convertidos en adolescentes la oportunidad perdida de haber sido educados correctamente. ¿Se han planteado alguna vez el daño irreparable que se ha cometido? Porque de aquí en adelante se podrán realizar todas las mejoras que estén al alcance de la mano, pero lo que se ha perdido: aquella oportunidad de ser mejor persona, de ser mejor ciudadano, de ser mejor profesional, eso no, eso no se recuperará jamás.

Pasado el momento de las disculpas y las justificaciones que siempre abundan, lo que debería hacer el ministro Riera es ponerse las pilas y exigir a jueces y fiscales que investiguen, juzguen y condenen a las decenas de intendentes municipales de todo el país que se han robado, desvergonzadamente, el dinero que se les había entregado para la construcción y mantenimiento de las escuelas de sus respectivos municipios. Ninguno de ellos ha pasado ni siquiera por la acera de algún tribunal; ninguno ha sido requerido por la justicia. Y en los pocos casos en que algún juez intentó tomar cartas en el asunto, el presunto (siempre se es “presunto”, aunque lleve reventando los bolsillos el dinero robado) se apresuró a gritar: “Soy víctima de una persecución política”.

En enero de 1985, “El Diario Noticias” reproducía una entrevista que el periodista Juan Araya de la Agencia France Press le hizo a Stroessner. Ante una pregunta que el dictador consideró molesta, respondió: “Ahora estamos empeñados en tareas que merecen toda nuestra atención, como las grandes obras de infraestructura y el mantenimiento de la paz. No tenemos tiempo para pensar en futuras ‘sucesiones’ porque nuestras energías las gastamos en trabajo y progreso”. Pues como resultado de esa energía puesta en crear caminos, puentes, escuelas, etcétera, el Paraguay figura, entre 140 países, en el sitio 117 de peores carreteras. Por atrás solo están Venezuela (121), Haití (137), Madagascar (138), Guinea (139) y Chad (140).

Incluyo estos datos y aquel episodio no por estar obsesionado por la figura del dictador, sino para ayudarle a la gente a entender de qué manera se nos miente, de qué manera se nos pinta una realidad que no existe para que terminemos al igual que el Cándido de Voltaire viviendo “en el mejor de los mundos”. Después querrán convencernos de que nunca, anteriormente, se hicieron tan bien las cosas como se están haciendo actualmente.

Por Jesús Ruiz Nestosa

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/y-los-reconstructores-1574684.html

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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11 comentarios en “¿Y los reconstructores?

  1. Hacia una educación como Causa Nacional

    En la sociedad, la educación formal es un bien imprescindible. Las naciones desarrolladas han apostado fuertemente a ese trascendente bien social.

    Nuestra Constitución, en su artículo 73, establece que “toda persona tiene derecho a la educación integral y permanente”. Es un derecho inalienable de cada ciudadano.

    El artículo 76, en tanto, le confiere al Estado la responsabilidad de organizar el sistema educativo. Indica, sin embargo, en el artículo anterior, que “la educación es responsabilidad de la sociedad”. Con ello, queda claramente señalado que los ciudadanos también están implicados en la tarea.

    Si bien la Carta Magna es incuestionable en sus principios, en la práctica, los sucesivos gobiernos posdictatoriales, en estos 28 años de la caída del sátrapa Stroessner, han hecho muy poco para lograr que sus letras se encarnen de manera eficaz en realidades concretas.

    Mirando el panorama, se observa que hubo avances en cuanto a cantidad. Desde 1989, la educación primaria de gestión pública, gratuita y obligatoria, se extendió de 6 a 9 años; se incrementó el nivel de acceso de niños y adolescentes a las escuelas así como los índices de retención del sistema; aumentó a unos 70.000 la cantidad de profesores; se multiplicaron los locales escolares; los maestros cuentan con mejores salarios y hay provisión de útiles y meriendas escolares.

    En los demás niveles -educación media y universitaria-, el escenario no es muy diferente. Lo más alarmante es el terciario -con “universidades” de garaje, altillo y clases de solo mediodía los sábados- que, salvo contadas excepciones, se ha convertido en simple comercio, no en un tiempo de formación profesional eficaz para los estudiantes. De las dos que había en tiempos de la dictadura, pasó a más de 50.

    La calidad es el colosal talón de Aquiles de la educación pagada con dinero de los contribuyentes. Con maestros cada vez menos preparados y sin compromiso social en las etapas de la Educación Escolar Básica (hasta el noveno grado) y de la Educación Media (el bachillerato), pésima infraestructura, muy escasos días de clases al año -el Ministerio de Educación y Cultura (MEC) estipula en los papeles 200 días de aula-, poco involucramiento de los padres en la comunidad educativa, bajo índice de disponibilidad de medios digitales e injerencia política que persiste aunque en menor escala, el atraso en este aspecto es significativo.

    Para atacar el problema de los locales escolares que se caen a pedazos, o construir aulas, con muy buen criterio, la ley de creación del Fondo Nacional de Inversión Pública y Desarrollo (Fonacide) destinó un relevante porcentaje de lo que Brasil paga a Paraguay -360 millones de dólares/año- en concepto de compensación por usar la energía de Itaipú sobrante en nuestro país, al rubro infraestructura.

    Lastimosamente, el dinero fue puesto en manos de las municipalidades y las gobernaciones. Muchas de ellas no rinden cuentas y usan el dinero para otros fines. Con la corrupción de por medio, no se ha alcanzado avances valorables en este campo.

    Otro aspecto esencial para la calidad educativa es la formación de los docentes activos. El MEC hasta hoy no halló la estrategia eficaz para que los profesores se interesen en mejorar en serio su nivel académico. La mediocridad sigue imperando. El producto de la enseñanza actual es, en general, lamentable.

    El apasionante tema, de múltiples y ricas aristas, da para seguir desmenuzándolo, pero sería bueno que las autoridades educativas del sector público miraran con detenimiento el ejemplo de Colombia y, en particular el caso de un departamento y un municipio de Colombia.

    Ese país, en medio de graves problemas de inseguridad, en lo que va del siglo XXI, ha iniciado lo que llama una Revolución Educativa. Es aleccionador el caso del exalcalde de Medellín Sergio Fajardo, actual gobernador del departamento de Antioquia al que pertenece esa comuna.

    El líder político partió de la base de que la educación es el motor de todo cambio sustentable. “Es la educación la que permite pasar de la violencia a la inteligencia…del miedo a la esperanza”, le decía al periodista Fabián Bosoer en una entrevista publicada por el diario argentino Clarín en setiembre del 2015.

    Su lucha apuntó a varios frentes, pero tuvo un rasgo común: la calidad ante todo. Hoy el resultado es una Medellín (una de las más violentas del mundo), hoy convertida en ejemplo de “ciudad segura” y de “ciudad educada” mediante una inversión sin precedentes en educación. Siguiendo este ejemplo, el departamento de Antioquia y otros departamentos de Colombia han cambiado su modelo educativo y se encaminan al logro de un desarrollo sustentable.

    Bueno sería que el MEC -hoy en manos de un político con no disimuladas aspiraciones presidenciales-, mirara el ejemplo colombiano y adoptara algunos de sus ejes teóricos y pragmáticos fundamentales para iniciar un proceso de cambio profundo. En él tendrán que involucrarse no solamente el MEC, que lleva a cabo la política pública en materia de educación, sino todas las instituciones del Estado y la sociedad civil ya que, como dice la Constitución, la responsabilidad es compartida. Tendrá que ser una Causa Nacional.

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    Publicado por jotaefeb | 22 mayo, 2017, 10:31 am
  2. Mejorar la educación y que no se caigan más escuelas

    Cumplir un año de gestión con el llamativo récord de una escuela derrumbada por mes constituye un pésimo balance para la administración del ministro de Educación, Enrique Riera. Así como urge la reparación de la ruinosa infraestructura de los establecimientos educativos, para evitar que más alumnos resulten heridos en lamentables casos de accidentes, también es prioritario avanzar en el debate acerca de la necesidad de mejorar sustancialmente la calidad de la educación. No solo hace falta invertir más recursos en el sector, sino principalmente ponerse de acuerdo sobre el modelo de enseñanza que se imparte en un sistema educativo que no responde a las necesidades del mundo actual.
    Tras la forzada renuncia de la ministra de Educación Marta Lafuente, luego del escándalo desatado por las investigaciones periodísticas de ÚH sobre las abultadas licitaciones para compra de alimentos (el sonado caso del cocido de oro) y la toma de colegios en protesta por parte de estudiantes secundarios, en mayo de 2016, se había producido la asunción de Enrique Riera al frente de la cartera, quien prometió atender y tratar de solucionar los principales problemas del sector.

    Sin embargo, el actual ministro acaba de cumplir un año de gestión con un llamativo récord: un total de 12 escuelas caídas en todo este tiempo, lo cual equivale al promedio de una escuela caída por mes.

    De las instituciones derrumbadas, el caso más grave ha sido el del techo de la escuela Virginia Ayala, en la compañía Tape Guasu, Piribebuy, en pleno proceso de clases, dejando a 8 niños heridos, entre ellos a uno de mayor gravedad.

    El propio Ministerio de Educación y Ciencias ha elaborado un diagnóstico en el que reconoce que existen 91 centros educativos en alto riesgo por la precariedad de sus instalaciones, y otros 500 en “alerta amarilla y verde”. Aunque a inicios de este mes el MEC adjudicó 675 obras escolares por 73 millones de dólares, considerado como “el más grande proyecto de obras en infraestructura escolar”, la mayoría de las organizaciones de estudiantes y docentes han decidido aplazar el primer año de gestión del secretario de Estado, por la excesiva demora en responder a una problemática de carácter urgente.

    Pero así como urge la reparación de la infraestructura de establecimientos educativos, para evitar que más alumnos resulten heridos en lamentables casos de accidentes, también resulta urgente avanzar en el debate y en las acciones para mejorar sustancialmente la calidad de la educación. En este campo también se notan mucha lentitud, burocracia y poco interés.

    Aunque hay expertos que sostienen que mientras no se alcance a solucionar el drama de la infraestructura escolar difícilmente se pueda avanzar en el debate sobre la calidad educativa, ambas cosas requieren urgencia y voluntad. Paraguay sigue siendo uno de los países que menos invierten en el área educativa, porque evidentemente los gobernantes y los exponentes de la clase política no lo consideran como una prioridad, o solamente lo hacen en los discursos.

    A la vista de los resultados, la famosa reforma educativa de los años 90 ha sido un gran fracaso. Es urgente discutir y avanzar en el diseño de un nuevo sistema educativo, más acorde a las necesidades del mundo actual.

    http://www.ultimahora.com/mejorar-la-educacion-y-que-no-se-caigan-mas-escuelas-n1085976.html

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    Publicado por jotaefeb | 22 mayo, 2017, 10:31 am
  3. Hay cosas que aplaudir

    Somos muchos los que en el Paraguay tuvimos, y tenemos, que lidiar con la frustración y las limitaciones que implica tener uno de los peores sistemas educativos del mundo. Pero nunca fue tan lamentable ver cómo todo se estaba naturalizando, volviéndose la mediocridad casi una característica de los paraguayos.
    Pero por suerte no todo estaba perdido. Hace un par de años, los estudiantes se levantaron y empezaron a insistir sobre los docentes cruelmente sometidos, y los estudiantes que eran puestos en riesgo mortales casi todo el tiempo. Reclamaron los sueños y las esperanzas de comunidades enteras, que fueron arrebatadas cuando ponían en juego los pocos recursos. Tal vez haya sido esa rebelde insistencia de los jóvenes, o las reiteradas denuncias hechas por la prensa, ¿quién sabe? Lo cierto es que hoy por fin tenemos cosas que aplaudir.

    El Ministerio de Educación y Ciencias confirmó la adjudicación de obras en 676 instituciones escolares por un monto de 73 millones de dólares. Hablan de la construcción de 2.096 aulas, 486 comedores, 190 bibliotecas y laboratorios y 2.191 obras exteriores que se realizarán con fondos de la excelencia, en tiempo récord, unos 9 meses.

    Parece muy lindo para ser verdad, pero nos toca confiar y felicitar a quien corresponda. Aunque nunca será suficiente, históricamente nunca se vio tal intención. Seguimos soñando alto y esta es una enorme oportunidad para aprovechar esos billetes que dicen tener de forma exclusiva para los miles de alumnos de escuelas derrumbadas, aisladas, inundadas o sin las mínimas condiciones.

    Estos 73 millones de dólares nos llaman a despertar nuevamente a nuestro papel de contralores. Que la propuesta del MEC no se quede en unos papeles y en archivos de la prensa, insistamos en que cada moneda esté en techos seguros y paredes fuertes, en bonitos pupitres y pizarras, y en tecnología que apunte a la formación de primer mundo.

    El sistema educativo transforma vidas y las moldea como su cimiento se construye.

    @feryirobles

    http://www.extra.com.py/columnistas/hay-cosas-que-aplaudir.html

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    Publicado por jotaefeb | 13 mayo, 2017, 8:43 am
  4. Educación y política

    En las encuestas que realiza este diario en su edición digital encuentro una que dice: “¿Está usted de acuerdo que la promoción de bachilleres de este año lleve el nombre de Epifanio Méndez Fleitas?” Voté por el “no” un poco por aquello del dicho español de “No sé de qué se trata pero me opongo” pero mucho más porque, independientemente de la persona de que se trate, es uno de los tantos desagradables intentos de mezclar el tema de la política con la educación de los jóvenes. Es una manera más que sutil, grosera, de ir ideologizándolos sin que tomen conciencia de ello.
    Que quede bien claro que no tengo nada en contra de Méndez Fleitas. A favor tampoco. Solo sé que fue un enemigo irreconciliable de Stroessner y que este, si le tuvo miedo a alguien en su vida, fue a Méndez Fleitas. Solo así se explica la manera despiadada con que lo persiguió a él y a todos sus seguidores. En aquella época lo único que era peor que ser comunista, era ser “epifanista”. Incluso después que muriera en el exilio.

    La costumbre de que las promociones de bachilleres llevaran el nombre de una persona fue de siempre. Quienes iban a recibir su título de bachiller se reunían, proponían nombres, se votaba y la propuesta que ganaba era la que le daba su nombre. Era de rigor que la elección se hiciera entre los profesores que tenían y de este modo se premiaba a quienes le resultaban más populares y queridos. Era una manera de demostrar un reconocimiento de manera espontánea, libre, sin ningún tipo de presión, democráticamente.

    Pero en los regímenes dictatoriales, en los sistemas autocráticos, cualquier forma de expresión democrática no es aceptable. Hay que reprimir todo intento de expresión que implique libertad porque muy bien pueden comenzar a votar democráticamente para elegir el padrino de una promoción y terminar en queriendo elegir democráticamente un presidente de la república.

    En los últimos años de la dictadura el gobierno suprimió esa libertad de elegir libremente un nombre y el mismo iba a ser impuesto, de manera obligatoria e irrenunciable, por el ministerio de Educación y Cultura. Para no chocar de frente, en los primeros años se eligieron nombres de héroes nacionales; lógicamente entre aquellos héroes que pertenecían al panteón del régimen, pues hay que entender que el sistema tiene sus propios héroes que responden a la ideología imperante y fuera quedan aquellos que no. Por ejemplo, el mariscal José Félix Estigarribia, a pesar de haber sido el comandante de un ejército paraguayo que ganó una guerra, no figura en ese panteón y es sistemáticamente olvidado incluso en nuestros días.

    Estos intentos de imponer nombres, imponer reconocimientos y, sobre todo, proponer modelos, son sencillamente odiosos. Yo sencillamente puedo estar de acuerdo con tal o cual figura pública o simplemente aborrecerla esté de acuerdo o no con mi manera de pensar. A lo que hay que sumarle el inexplicable entusiasmo que despiertan en nuestros políticos y gobernantes los uniformes militares. Basta con hacer un repaso del nombre de nuestras calles para entenderlo: una superpoblación de cabos, sargentos, capitanes, coroneles, generales hasta el hartazgo y una escasez pavorosa de héroes civiles: maestros, científicos, intelectuales, artistas, escritores, investigadores, etcétera.

    Por eso he votado no al nombre de Méndez Fleitas. No porque rechace a la persona, sino por rechazo al sistema de imposición. Es necesario devolverle a los jóvenes su capacidad de elegir, su posibilidad de expresarse en todo cuanto sea posible y, sobre todo, en esa manera tan sencilla, espontánea, juvenil y libre de demostrarle su afecto a las personas que de alguna o de otra manera, por este o aquel camino, pusieron todo su empeño y cariño en formarlos en los años estudiantiles.

    Por Jesús Ruiz Nestosa

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/educacion-y-politica-1590434.html

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    Publicado por jotaefeb | 9 mayo, 2017, 9:13 am
  5. Educación para el emprendimiento

    “La educación en emprendimiento beneficia a estudiantes de todos los niveles, porque enseña a los niños a pensar de manera creativa (‘out of the box’ *), nutriendo talentos y destrezas no convencionales. Además, crea oportunidades, garantiza la justicia social, infunde confianza y estimula la economía”. Esta definición está contenida en una invitación que doinGlobal y la Universidad de Salamanca formulan en conjunto para tomar parte de un curso sobre desarrollo de competencias emprendedoras en niños y jóvenes.

    Salamanca es la universidad más antigua de España y del mundo hispánico y la tercera más antigua de Europa, según expresa su web oficial. Y en cuanto a doinGlobal es una organización orientada a facilitar espacios de investigación y gestión del conocimiento. Dos instituciones, una instalada en la señorial ciudad de Salamanca, en España y la otra en San José de California. Las separa geográficamente el mundo pero las une un propósito común: ayudar a niños y jóvenes a introducirse en el “uso eficiente y responsable de la tecnología innovadora, con el objetivo de implementar mejores prácticas globales que transformen el mundo en un lugar mejor para todos”

    La filosofía de este emprendimiento parece basarse en una realidad vigente a escala global, con énfasis en nuestro país. “Mientras la sociedad innova, nuestras escuelas han permanecido estancadas. Como resultado, no se gradúan los hacedores, los creadores y los pensadores de vanguardia que el mundo necesita… La mayoría de las instituciones no enseñan lo que debe ser la pieza central de una educación contemporánea: el espíritu emprendedor. La capacidad no sólo de iniciar empresas, sino también de pensar de forma creativa y ambiciosa”.

    Lo interesante de esta propuesta, más allá de cualquier otra connotación que pueda dársele, es que apunta a unir dos extremos hasta hoy muy separados uno del otro: la escuela y el mundo real. En el Paraguay, por muchos esfuerzos que se hayan ensayado para reformar la educación, esa brecha parece no haberse achicado. Algunos de los enunciados, tomados al azar en la malla curricular, dicen por ejemplo: “Consolidar conocimientos, habilidades, destrezas y actitudes para el uso de nuevas tecnologías en diferentes situaciones de la vida… Permitir el acceso al mundo del trabajo con competencias de emprendibilidad que les permitan resolver problemas con creatividad e iniciativa”.

    Pero a juzgar por los productos emergentes del sistema educativo, los jóvenes con capacidad de emprendedores son la excepción, ya que el sistema expele más bien egresados con escasa preparación no sólo para encaminarse con algún éxito hacia el mundo de los negocios y la empresa propia sino hasta para probar suerte en alguna carrera de nivel terciario o técnico.
    Educación para el emprendimiento. Un rubro importante que falta a la cita en los programas educativos que no logran aterrizar en el mundo concreto y siguen habitando el de las vaguedades y las inconsistencias.
    * “Out of the box”: hacer algo inesperado, no ordenado, divergent

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    Publicado por jotaefeb | 8 mayo, 2017, 9:59 am
  6. Capacitación docente y de directores

    Por Emma Paoli

    En artículos anteriores hemos enfatizado en la necesidad de adecuar la capacitación docente a las exigencias del Siglo XXI, caracterizada por la información y el conocimiento como una herramienta de análisis, reflexión, reformas y cambios orientados a la permanente mejora de la educación en todos los niveles.

    Las reformas y procesos de cambio ocurren en el aula. Allí́ es donde se hacen visibles, no obstante estos cambios no ocurren de modo espontáneo. Requieren de líderes que piensen de manera innovadora y diferente, que sean capaces de motivar y dirigir a las comunidades educativas hacia las mejoras.

    De ahí la importancia del desarrollo de las competencias, tanto de docentes como de directores. Los directores deben ser capaces de ejercer liderazgo y de motivar para que el trabajo en equipo sea eficiente. Sus funciones necesariamente deben estar orientadas a una gestión proactiva, participativa y trasparente, entonces ¿qué tipo de líderes debemos tener en nuestras instituciones educativas? ¿Son capaces de lograr las metas? ¿Qué tipo de liderazgo ejercen? ¿Son capaces de dirigir de manera eficiente?

    Un director es un líder. Debe ser un profesional capacitado, desarrollar y actualizar sus competencias, capaz de impulsar y gestionar el cambio y la innovación en el ámbito de la educación como factor primordial para mejorar la calidad. Además, debe ser capaz de asumir responsabilidades, enfocándose en el desempeño de los docentes y en el rendimiento de los estudiantes.

    En América Latina destacan algunas experiencias, en especial de Ecuador. La reforma educativa planteada en Ecuador para la selección de directores de instituciones educativas es un ejemplo de enfoque por méritos. Su política educativa establece rigurosos requisitos para ocupar el cargo de director, entre los cuales resalta la selección a través de un concurso público; 5 años como mínimo de experiencia como docente.

    El cargo de director se determina en un periodo de 4 años con posibilidad de selección solo una vez con un plazo con fines de actualización, acompañado por evaluaciones permanentes y mejoras salariales por logro de objetivos. En este desarrollo progresivo, el director desarrolla una carrera que comienza como docente y se capacita a través diferentes roles.

    En Colombia y Perú han establecido criterios basados en claras y medibles evaluaciones de desempeño y de competencias, así como la experiencia para acceder a cargos directivos. Otros países como Brasil y Chile, además de Colombia, Perú y Ecuador, cuentan con programas con incentivos. En Chile, por ejemplo, el Sistema Nacional de Evaluación del Desempeño – SNED otorga incentivos a todos los niveles y cargos.

    Paraguay debería ser más transparente con un nuevo sistema de evaluación vinculando con la capacitación continua y como resultado de la aplicación de concursos de méritos para acceder a cargos directivos en nuestras instituciones educativas, también como incentivo de valorización del docente y de directores en todas sus gestiones. Estas acciones son prioritarias, la patria, nuestros jóvenes y niños lo agradecerán.

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    Publicado por jotaefeb | 23 abril, 2017, 10:40 am
  7. Revolucionar la educación

    La educación no solo necesita cambio, sino una revolución. La última reforma sirvió muy poco, porque la mediocridad es cada vez mayor. Los estudiantes adquieren muy escaso conocimiento, tienen errores al leer y al escribir y asignaturas como castellano, guaraní y matemáticas, les resultan muy difíciles. Es imposible pedirles que lean voluminosas obras de literatura, ya que en internet lo encuentran todo abreviado. Sin embargo, todos sabemos que solo leyendo mucho se escribe perfecto. Además, el niño o la niña que lee muchos libros, intentará escribir algún día, ya sea una poesía o un cuento breve.
    Dice Octavio Paz, escritor mexicano, Nobel de Literatura, que falta enseñarles a los jóvenes el amor a la poesía y agrega que si a los políticos les gustara cultivar la poesía, el mundo sería otro. ¿Por qué afirmaba esto el célebre escritor, ya fallecido? Tal vez porque con los poemas, una persona se emociona, se conmueve y le mueve las fibras más íntimas del alma. La poesía, como dice un refrán, es una bella dama, que seduce, conquista, abre la mente y el corazón, siendo una expresión sublime del espíritu. Es como la música, que entra por el oído y va directo al corazón.

    Hay que revolucionar la educación, en el sentido de que sea un placer para los alumnos. Lograr que se conecten con la realidad, sin que eso les resulte pesado o aburrido. Aprender matemáticas no tiene por qué ser tedioso; más todavía si se trata de una ciencia exacta. Hace un par de años, varios estudiantes paraguayos ganaron en el exterior una olimpiada de matemáticas. Se nota que tenían excelentes profesores y agarraron el gusto por los números. A propósito, una maestra de esta área asegura que quienes sobresalen en matemáticas adquieren más capacidad para resolver problemas. Y son buenos para las finanzas y los ahorros. Qué bueno resulta todo esto, cuando nos damos cuenta de que tanto jóvenes como adultos despilfarramos plata o no programamos gastos. Claro que hay excepciones, pero se pueden contar con los dedos de las manos. Si vemos a una persona contando hasta la última monedita, diremos que es un individuo muy tacaño y miserable. Lo que es una virtud, nosotros vemos como un defecto. Es raro encontrar un chico que alimente su chanchito (alcancía) y romperlo en épocas de vacas flacas. No fomentamos la austeridad, tal vez porque nuestra sangre indígena nos lleva a consumir en un día todos los víveres previstos para una semana.

    La pedagogía moderna no tiene por qué ser fría ni monótona. Al contrario, debe apuntar a una educación humanista, que llegue al ser humano, descubriendo sus potencialidades y talentos. Un verdadero e inolvidable maestro es aquel que planta semillas de sueños y esperanzas y traza los caminos para hallar las respuestas dentro de uno mismo.

    Una revolución implicaría que cambiemos la visión de la vida y de las cosas. Que apreciemos el entorno y protejamos las plantas y los animales. Que tengamos un profundo respeto hacia la creación de Dios, ya que formamos parte de ella. Los alumnos tienen que desconectarse de sus teléfonos para conectarse con el pasto, el aire, la lluvia y las hojas. Tienen que redescubrirse como átomo, como molécula, como partícula de este cosmos. Cantar bellas melodías que vienen del cielo y danzar en círculo como hacen las hojas en el otoño. Recitar las rimas de Gustavo Adolfo Bécquer, Neruda o de Ortiz Guerrero, todas las artes que vienen del alma y nos vuelven gigantes. Grandes, en nuestra forma de pensar, sentir y vivir. ¿Acaso hay otras cosas que puedan cambiarnos tanto, y que nos hacen más sensibles y humanos? Eso sería una verdadera revolución. ¿Será que los maestros lo pueden intentar?

    Por Blanca Lila Gayoso

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/revolucionar-la-educacion-1580607.html

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    Publicado por Anónimo | 6 abril, 2017, 11:43 am
  8. Bajo los mangos

    Por Sergio Cáceres

    Podemos imaginarlo, pero la vivencia la tienen y tuvieron niños de todos los rincones del país. Recibir clases bajo los mangos ya es todo un clásico de la educación paraguaya. ¿Alguna vez dimensionaremos lo significativo que es esto para el proceso de enseñanza-aprendizaje? ¿Qué cosas pasarán por la cabeza de un niño que está aprendiendo las reglas de la división, los componentes de la sociedad, la clasificación de los seres vivos, la conjugación del verbo satisfacer y, al mismo tiempo, sabe que sus condiciones de aprendizaje no son iguales en comparación a las de otros niños del país? Si ni siquiera un aula decente podemos ofrecerle, ¿cómo será en los otros aspectos del complejo proceso educativo?

    Solo pensando en la dimensión sicológica, como la motivacional, por ejemplo, ¿qué ideas se irán incubando en niños que reciben el poderoso mensaje de que no merecen un aula para tener clases? ¿Tendrá ganas de ir a la escuela? ¿Rogará para que llueva? Con semejante muestra de interés hacia su persona, ¿amará a su patria, tal como les inculcan los vacíos refranes? Fuera del peligro que significa a su integridad física –que no es menos–, también debe verse lo que representa a nivel moral el que no se les ofrezca a nuestros niños un lugar adecuado para estudiar

    ¿Cuántos millones recibieron los intendentes de varias localidades desde el Fonacide? Había razones para desconfiar de ellos, pues el historial de nuestros gestores políticos nunca fue positivo. Son casos raros aquellos que invierten en infraestructura; la gran mayoría se traga el dinero junto con su grupete de adeptos y luego presenta un rendimiento haciendo trampas. Si luego caen techos sobre la cabeza de sus niños compueblanos les importa un rábano, menos aún les interesa que tengan una condición ideal de aprendizaje.

    Tantas cosas podemos comprender acerca de nuestra calidad de vida, acerca de cómo hacemos las cosas los paraguayos, del porqué parecemos estar condenados a la pobreza y marginación, cuando vemos a nuestros escueleros buscando una sombra donde su maestra pueda ubicar el derrengado pizarrón e impartir una clase decente. El MEC parece un monstruoso Jano, mostrando por un lado una cara de innovaciones, con buena gestión en varios aspectos y, por el otro, conserva aquella cara tan abominable en la que se comporta como una seccional al servicio del poder de turno, con todos los vicios de nuestra politiquería.

    No es de adultos de quienes hablamos, sino de nuestros niños. Si a ellos no los cuidamos, difícilmente saldrán personas bien formadas, con ganas de trabajar y mejorar el lugar de donde provienen. Ese es el mensaje que están recibiendo. Luego no nos quejemos.

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    Publicado por Anónimo | 27 marzo, 2017, 10:48 am
  9. La educación que queremos para el 2017 (parte 4)

    Por la LIC. EMMA PAOLI
    Hemos dicho que la esperanza está puesta en un nuevo modelo y que deberíamos actuar ya. Iniciamos nuestro modelo, desde la perspectiva del respeto a nuestra identidad, y adaptando otros modelos, en especial de países de América Latina.

    Para ello debemos tener bien clara nuestra visión, que recalcaremos en nuestro modelo, como ser: el énfasis en la tecnología y su respectiva adaptación en nuestro medio; el impulso hacia la profesionalización y la calificación de nuestros jóvenes; la actualización de nuestros conocimientos técnicos y aplicados a fin de competir en el exigente mercado internacional y la investigación e innovación en nuestro sistema de enseñanza-aprendizaje impulsando más que nada el premio al mérito, comenzando por nuestros docentes de todos los niveles, a fin de que nuestros jóvenes puedan ser motivados en la búsqueda constante de superación y tengan la oportunidad a acceder a un desempeño calificado.

    América Latina ha iniciado avances importantes, en todos los niveles del sistema educativo, aumentando su inversión e incorporando así a sectores más marginados y estos esfuerzos han logrado dar sus frutos.

    Pero entonces, ¿cuál sería la situación por lo que aun Paraguay y algunos países de América no acceden a un aprendizaje de niveles aceptables? Sigue existiendo una brecha con el resto del mundo.

    Se ha observado que el sistema o modelo educativo no construye las competencias necesarias en concordancia al presente siglo, y mucho menos promueve el crecimiento en equidad.

    Es decir, existe un desfasaje entre los niveles de aprendizaje y el desarrollo por competencia. Sucede que estos niveles de escolaridad pueden traducirse en calidad de vida, a la que los ciudadanos americanos aspiran.

    A pesar de existir un imperante deseo de mejorar la calidad educativa, la inercia de los modelos educativos no actualizados aún se mantiene muy fuerte. Plantear un rompimiento de este tipo de modelo ya perimido requiere de un esfuerzo supremo y una reforma que genere cambios profundos y duraderos, orientando así recursos económicos, políticos y humanos para lograr el efecto transformador.

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    Publicado por Anónimo | 26 marzo, 2017, 11:25 am
  10. Duendes en el estómago

    Por Milia Gayoso-Manzur

    Viaja semidormido, mitad de sueño, mitad de hambre. Acurrucado en el asiento el pequeño Joselo repasa la tabla del siete, pero se queda dormido en el siete por ocho. Su vecino Juan Andrés, que viaja casi siempre parado porque es más grande, le avisó que ya era momento de preparase para el descenso, cerca de la escuela donde estudia.

    Joselo se despereza y se abre paso entre el gentío que colmata el pasillo y la estribera de la línea 12, que lo lleva desde su barrio hasta la institución pública que lo tiene como alumno regular.

    Llega un rato antes de que suene el timbre. Ya en clase, la maestra hace un repaso del día anterior y avanza con el tema del día, pero él va perdiendo lentamente la noción del tiempo y vuelve a quedarse en el siete por algo, porque la voz suave de su profe le da más somnolencia, y la tabla de multiplicar se le convierte en canción de cuna, mientras los duendecitos de su estómago hacen ruido porque quieren comer.

    Lali, su compañera de banco, lo sacude del brazo: la maestra se acerca peligrosamente hacia su hilera. Abre un ojo y la escucha decir con voz de interrogación: ¿Ocho por cuatro Marthita? Treinta y dos , responde la princesita de la clase y él se despabila por completo al escucharla. ¿Ocho por cuatro?, le pregunta a Lali, abriendo enormes los ojos, y ella le responde que hace rato empezaron a decir la tabla del ocho que llevaron para estudiar como tarea.

    Reza para que la profe no llegue hasta su hilera, porque entonces estará perdido. Pero ella se acerca, con su cabello negro lacio y sus dientes perfectos, sonriendo mucho cuando toma las lecciones. A ver José Lorenzo, ¿cuánto es ocho por siete? Se quedó helado, pero al instante recordó que su hermano Martín le había enseñado que siete por ocho es igual a ocho por siete, y esa cantidad él la sabía.

    Buscó en su mente cansada la respuesta, pero como tenía miedo de equivocarse, decidió ser sincero. No sé, dijo y toda la clase se fijó en él. La profe no lo retó y le pasó un caramelo de miel que tenía en el bolsillo.
    Sus compañeros no entendieron por qué lo premió si no supo la lección. Él tampoco. Ella sí.

    Como miles de niños paraguayos, Joselo va a clases con hambre, entonces no solo le es imposible mantenerse despierto, tampoco puede razonar o pensar con claridad, porque todo es más difícil con el estómago vacío. Y eso lo entiende su maestra.

    Ella conoce la historia de cada uno de sus alumnos, reconoce sus carencias, sus limitaciones y sus necesidades. Cuando se pone al frente, le es posible realizar una especie de radiografía de sus alumnos.

    Los hay tristes, los que vienen de hogares destrozados, los hay felices, aquellos que crecen contenidos por su familia, y los hay con hambre, los que provienen de hogares muy humildes que no tienen los medios para brindarles una adecuada alimentación a sus hijos, y en la mayoría de los casos mucho menos pueden darle un dinerito diario para el recreo.

    Como Joselo, ¿cuántos niños se sientan en sus pupitres pero no pueden aprender gran cosa porque están hambrientos y desnutridos?; y es allí donde debe entrar a la batalla una buena merienda escolar brindada por el Ministerio de Educación.

    Frutas, leche, cereales, sandwiches de queso, pan con mermelada, etcétera. Ofrecerles un alimento rico y balanceado es fundamental en la etapa de aprendizaje de los niños. ¿Cuánto de inversión se requiere para esto? En realidad no importa cuánto sea, lo importante es lo que devolverá al país en jóvenes mejor nutridos y con mayor capacidad de aprendizaje.

    ¿No les parece que vale la pena?

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    Publicado por Anónimo | 21 marzo, 2017, 10:32 am
  11. Educación y empresarios

    Por Rolando Niella

    El ministro de Educación, Enrique Riera, afirmó hace unos días que siente vergüenza por el estado calamitoso en que están las escuelas públicas del país y convocó a varias organizaciones empresariales para solicitarles colaboración. Tanto su actitud autocrítica como su gestión son razonables y respetables, pero parece difícil que arrojen resultados positivos.

    Todos sabemos que la educación es territorio de desastre en nuestro país, pero parece que nos duele más cuando nos lo dicen y nos lo demuestran sin anestesia los organismos internacionales, como ocurrió hace unos días, cuando se dio a conocer el informe conjunto del Banco Interamericano de Desarrollo y la Unesco, que señaló al Paraguay como el peor de toda la región en materia de infraestructura escolar.

    Hace años que defiendo lo que, hoy por hoy, todo el mundo comienza a entender: que no solo por motivos evidentes de sensibilidad social y humanitaria o por responsabilidad ciudadana, sino también por conveniencia, los empresarios debemos preocuparnos y ocuparnos de la educación.

    Los trabajos para personas de poca formación están desapareciendo cada vez más rápido, así que las personas sin educación no encuentran trabajo; mientras aumenta la cantidad de puestos de trabajo para gente de buen perfil educativo, pero las empresas tienen muchas dificultades para encontrar personal capacitado para ocuparlos.

    Así pues, es razonable que el gobierno, a través del ministerio correspondiente, recurra al sector empresarial que, dependiendo de su área de actividad, podría ayudar aportando recursos económicos, donando equipos de algún tipo o abaratando costos de insumos.

    El problema está en que nadie en Paraguay, ni los empresarios ni la gran mayoría de los ciudadanos creemos que la causa principal de la catástrofe de las infraestructuras educativas sea la falta de equipos, insumos y recursos, sino la corrupción generalizada y la malversación impune con que se han administrado.

    Lo que la ciudadanía y el sector empresarial, como parte de ella, esperan y necesitan es recuperar la confianza en que los recursos de cualquier tipo que se destinan a educación realmente van a llegar a las escuelas y a los estudiantes y no, como hemos visto ocurrir con el dinero de Fonacide, a autoridades corruptas, incompetentes o ambas cosas.

    Para pedir ayuda, primero hay que ganarse la confianza, garantizando que esa ayuda servirá para el propósito para el que se solicitó y no para enriquecer avivados o alimentar clientelismos políticos.

    Entiendo que, dada la dimensión del problema, los recursos existentes, aun bien administrados, son insuficientes para hacer frente a una catástrofe de la proporción que aqueja a las infraestructuras educativas de nuestro país.

    Entiendo y creo que muchísimos empresarios estarán de acuerdo conmigo, que por responsabilidad ciudadana, por sensibilidad social y por interés sectorial, los empresarios debemos contribuir a la mejora de la educación.

    Lo que el Poder Ejecutivo, la Fiscalía, el Congreso Nacional y el Poder Judicial deben entender es que ningún empresario en su sano juicio aportaría dinero para el techo de una escuela, teniendo la justificada sospecha de que puede caerse a las pocas semanas sobre la cabeza de alumnos y maestros, porque la mayor parte del dinero no fue a parar al techo, sino a algunos bolsillos angurrientos.

    Si el Estado no fue capaz de proteger y garantizar el buen uso de los recursos de Fonacide, ¿cómo puede convencer a nadie de que cualquier dinero, cualquier aporte, cualquier ayuda que se destine a la educación no correrá el mismo destino?

    No hay confianza. La confianza se ha perdido en una orgía de techos que se caen, paredes apuntaladas que se inclinan peligrosamente, pupitres que no existen, alumnos que dan clases bajo el árbol, baños que solo existen en el papel o que son letrinas en la realidad.

    No se puede recuperar esa confianza con promesas; en cambio, sería relativamente fácil recobrarla si algunos de los responsables de esos desastres fueran a parar a la cárcel, en lugar de seguir ocupando lugares en las convenciones partidarias y en las listas de candidatos para las futuras elecciones.

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    Publicado por Anónimo | 19 marzo, 2017, 3:15 pm

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