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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Don Horacio, usted quiere reelección?

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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11 comentarios en “Don Horacio, usted quiere reelección?

  1. El cinismo se enamoró del Paraguay

    El 18 de junio del 2011, un grupo de constituyentes, con “Motivo de la celebración del Bicentenario y este feliz aniversario N° 19 de la sanción y promulgación de la Constitución Nacional de 1992”, publicó una solicitada titulada “Declaración”; más que como motivo, habría que precisar, como disculpa, ya que el contenido del folletín no hacía alusión alguna al Bicentenario y sí comenzaba una declaración pomposa con “Resuelven: seguir honrando la ley suprema de la República del Paraguay”.

    Sería desde luego inconcebible, a escasos años de la promulgación, que hubieran publicado una solicitada para anunciar que la iban a deshonrar.

    El meollo, sin embargo, estaba en otro punto. El 2º punto: Ratificar la declaración asumida en conjunto ante un intento de reforma constitucional en setiembre del 2006, y lanzaban un alegato contra una posible “reelección”, contra la intención con la que coqueteó por un tiempo el ex presidente Nicanor Duarte Frutos.

    Notoriamente, la vía de la enmienda se aplicó en ese mismo año para hacer una reforma constitucional, con relación a un tema más peliagudo, el que cambiaba la composición del voto, el artículo 120 “de los electores”, que fue enmendado, es decir, cambiado vía enmienda, con mayoría absoluta en ambas cámaras del Congreso, pese a que se trataba de un cambio en el “modo de elección”, que sí está explícitamente prohibido por la vía de la enmienda.

    La primera conclusión es sencilla, a los declarantes les preocupaba el tema reelección, que no está explícitamente vetado por la vía enmienda, y no la Constitución, ya que el apoyo a la enmienda fue total y, desde luego, tras un debate mediático que fue menos ruidoso y más civilizado que el que tenemos hoy en día.

    Algunos de los firmantes siguen en contra de la vía enmienda constitucional para la reelección, otros están por el contrario a favor; algunos incluso hicieron campaña por una posible reelección de Fernando Lugo y otros hoy están a favor de la enmienda.

    El mismo debate se sucedió cuando unos años después se eligió a Lugo como presidente, cuando estaba claramente inhabilitado para aspirar al cargo.

    A decir verdad, hay dos amores o conjuras, el de los políticos cínicos que mienten descaradamente; y el de los necios que, sin la información necesaria, se vuelven agentes políticos de los cínicos.
    Más que echarle la culpa al enamoramiento del infortunio del Paraguay, que es lo que quería decir Roa Bastos, es la política paraguaya, el cinismo político el que, más que se enamoró, se instaló en el Paraguay.
    La periodista Mina Feliciángeli lo puso en el tapete ante las cámaras frente al mismo Lugo y a algunos de los que lo auparon a la presidencia siendo que estaba inhabilitado por el artículo 235, que prohíbe, entre otros, “a los ministros de cualquier religión o culto” ser candidatos a la presidencia.

    De hecho, gran parte de la “oposición”, liberal, de izquierda e independiente, apoyó la violación constitucional promoviendo a Lugo a la presidencia, en medio de un gran escándalo, en aras de evitar la presunta inconstitucionalidad de Duarte Frutos, cuando estaban apoyando la constatable violación constitucional de Lugo.

    Una buena partida de los mismos que se rasgan las vestiduras –o se las rascan, como dijo un político eminente–, fueron los que propusieron y apoyaron masivamente, con mayoría absoluta en ambas cámaras, la enmienda inconstitucional del artículo 120, pese a que el debate público dejó constancia de la inconstitucionalidad. Ni los medios se escandalizaron tanto como hoy, cuando no hay expresa prohibición constitucional.

    Es decir, estamos ante un debate ya histórico en el que prima el cinismo; entre aquellos desmanes del 2011 y los de hoy, hay, sin embargo, una gran diferencia. El cinismo se ha acentuado; los mismos que defendieron públicamente y firmaron y votaron hoy lo hacen en contra de lo que firmaron y votaron entonces.

    Parece que es el cinismo el que se enamoró del Paraguay; aunque a decir verdad, hay dos amores o conjuras, el de los políticos cínicos que mienten descaradamente; y el de los necios que, sin la información necesaria, se vuelven agentes políticos de los cínicos.

    Más que echarle la culpa al enamoramiento del infortunio del Paraguay, que es lo que quería decir Roa Bastos, es la política paraguaya, el cinismo político el que, más que se enamoró, se instaló en el Paraguay.

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    Publicado por Anónimo | 20 marzo, 2017, 9:24 am
  2. La soberbia, sinónimo de derrota
    19 marzo, 2017

    Por: Néstor Ojeda Mendoza.
    Es sabido en la jerga folclórica y popular, que el uso de la fuerza, último recurso del ser humano, es el sello identificatorio de los soberbios; se acabaron sus recursos y están próximos a la caída, características propias de los derrotistas.

    Eso se siente en el terreno de aquellos que con tantas malas intenciones y con demostración de acciones patoteriles, a toda costa desean hacer prevalecer sus ideas, por más que no sean comulgadas por la gran mayoría, que es el pueblo.

    El uso de la fuerza o la violencia, ocurrido el jueves último en el Senado, es una demostración cabal de los renegados provenientes de los terrenos del grupo de disidentes colorados y opositores al sistema de gobierno del oficialismo de la ANR, liderado por Horacio Cartes, cuyo excelente gobierno es ponderado dentro y fuera del país.

    Están llegando al extremo, amenazando con atropellar el Congreso Nacional, como si fueran los dueños de las conciencias de los más de cuatro millones de electores, los que deben decidir dentro de un aire de democracia, tal como reza el Estado de Derecho de cualquier país mínimamente organizado.

    En la carpa de la oposición se respira aire de renegado. Además el senador liberal Luis Alberto Wagner demuestra una prepotente actitud, propia de los grupos extremistas de la izquierda de guerrillas.

    De aprobarse la enmienda con mayores posibilidades de ocupar nuevamente la silla de los López, en el próximo periodo eleccionario, resaltan las figuras del actual presidente de la República, Horacio Cartes Jara, y de Fernando Lugo, a pesar que este último no sabe en qué agua está remando, por su continua actitud llamativa, que hasta a sus seguidores más cercanos le confunde.

    El pueblo está cansado de la no presentación aún del proyecto de reelección presidencial, vía enmienda en el senado, esto se desprende de la versión del diputado colorado Hugo Velázquez, titular de la Cámara de Diputados.

    El parlamentario es un convencido que el pueblo apoya la reelección presidencial, pero a la vez ya urge una definición sobre el tratamiento de esta figura, de vital importancia, y más aún para aquellas autoridades que hacen bien sus deberes, y con excelentes calificaciones por parte del pueblo, como en el caso específico del titular del ejecutivo nacional, el presidente Horacio Cartes Jara. El presidente ya tuvo muchos destaques por la ejecución de grandes obras de infraestructuras para beneficio del país, tanto tiempo castigado por malos y corruptos gobernantes, sin importar la situación social del pueblo.

    Los minúsculos grupos políticos de renegados, los provenientes de las carpas de los colorados disidentes, encabezado Marito Abdo Benítez; el Partido Democrático Progresista (PDP) de Rafael Filizzola y su esposa Desirée Masi, y los revoltosos liberales fieles a Efraín Alegre, no pueden frenar el tratamiento de una figura tan importante como es la reelección presidencial vía enmienda, lo cual está claramente tipificada en el Articulo 290 de la ley madre de la nación, la Constitución Nacional.

    El pueblo es soberano y está con la reelección presidencial, y nadie por malhumorado o por intereses de grupos sectoriales interesados, pueden impedir su deseo: la reelección.

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    Publicado por Anónimo | 19 marzo, 2017, 4:07 pm
  3. ¡Directas ya!

    Por Edwin Brítez

    El Código Electoral tiene más de veinte años de vigencia y en todo ese tiempo sufrió numerosas modificaciones, entre ellas la que elimina las odiosas listas sábana, para lo cual se sancionó una ley, que finalmente fue de nuevo derogada para que volviera a regir los artículos referidos a la inconstitucional votación indirecta.

    Luego de la caída de la dictadura en 1989 se registraron dos cambios fundamentales en el sistema electoral paraguayo. Para la elección de los cuerpos colegiados regía el sistema de mayoría, según el cual el partido que ganaba las elecciones se quedaba con dos tercios de las bancas, y el resto de un tercio se repartían entre los partidos de la minoría.

    Este sistema fue cambiado por el de representación proporcional, que significa que cada partido se queda con la cantidad de bancas que representa el porcentaje de votos obtenidos, mientras que la ubicación de los elegidos quedó a cargo de otros sistema conocido como D’Hondt. Además, fue dejado de lado el sistema de elección de candidatos por el sistema de intermediarios (los convencionales elegían a los candidatos de los partidos) para establecer el voto directo, es decir que los electores elijan directamente a sus representantes.

    Estos cambios están registrados en la Constitución que rige desde el año 1992 y solo fueron respetados el sistema de representación proporcional y D’Hondt, no así el voto directo, ya que, como es conocido por todos, hoy los electores no eligen directamente, sino deben conformarse con “elegir” a personas que ni siquiera conocen y que previamente fueron seleccionadas por los “dueños” de los partidos y movimientos partidarios, pero cubiertos con una sábana para que no se sepa de sus antecedentes.

    En veinte años de una deliberada mala aplicación del sistema de representación proporcional y de votación directa solo se consiguió una pálida participación ciudadana y una pésima representación política. Producto de esta fallida aplicación de la Constitución es la creación de una intermediación política tan poderosa que llegó a someter totalmente a sus designios a la propia Justicia Electoral, la cual recibe de las cúpulas políticas la orientación para afrontar situaciones críticas.

    Nunca está de más repetir: la Constitución establece que el sistema electoral es de representación proporcional y voto directo, pero los políticos –muchos de ellos, creadores de la Carta Magna– la incumplieron al aprobar el Código Electoral donde el voto, en vez de directo, se convierte en indirecto con la obligatoriedad de inscribir listas de candidatos completas y bloqueadas.

    La fuente de la mala calidad de nuestra representación política, de la mala calidad de nuestra democracia y por consiguiente de mala calidad de las decisiones y gestiones políticas, y de las propias políticas públicas está en las listas sábana. ¿Por qué se las denomina así? Porque en sentido figurado los “dueños” de partidos y movimientos muestran solamente las cabezas de las listas de candidatos, y el resto las cubre con sábanas, tapando con ellas las trapisondas, corruptelas y otros malos antecedentes de los elegidos.

    La demanda ciudadana está hecha. Se la presentó de buena forma, con pedidos, debates, proyectos, lobby, etc. Se la presentó de otra forma con manifestaciones protestas, repudios y escraches. La respuesta fue una tomadura de pelo con la aprobación de una ley de derogación de las listas sábana y la aprobación de una ley de desbloqueo, que después de un tiempo fue derogada.

    En otras palabras, nos tomaron el pelo. Continuamos votando inclusive por quienes ni siquiera conocemos, y ellos, en nombre de todos nosotros hacen cosas que ni siquiera nos imaginamos, porque entre ellos existe un riguroso código de protección y defensa, especialmente para las cuestiones ilegales. ¿Hasta cuándo?

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    Publicado por Anónimo | 19 marzo, 2017, 3:32 pm
  4. Prepararse para resistir a los usurpadores del poder

    Los voceros del Frente Guasu, o sea, el luguismo, anuncian que ya existe pleno acuerdo con el sector colorado que promueve la reelección de Cartes a fin de impulsar juntos, nuevamente, el proyecto de ley de enmienda constitucional que fue rechazado por el Senado en agosto del año pasado. La condición puesta y aceptada, según dicen, es que Cartes y los gobernadores que pretendan candidatarse renuncien seis meses antes del fin de sus períodos. La senadora colorada Lilian Samaniego, por su parte, explicó que la demora en la presentación de la iniciativa obedece a la duda de si tendrá o no el apoyo de los 23 senadores necesarios para su aprobación.

    Si esto de la renuncia previa es realmente el único requisito exigido por los luguistas a los cartistas, debe tratarse de un chiste, y, por cierto, muy poco gracioso. ¿Qué le importa a Horacio Cartes tener que renunciar seis meses antes? Como si eso le va a privar de las ventajas y privilegios de ejercer el poder que posee en la jefatura del Ejecutivo, y de continuar siendo el administrador real de los recursos del Estado. En cuanto a la reelección de los gobernadores, no es un tema que le importe a nadie en el ámbito político; solamente sirve para juntar más gente para el gran banquete electoral que piensan darse después de la violación constitucional que preparan.

    El anunciado proyecto pende sobre la cabeza de la Nación como una espada de Damocles. Ahora resulta que consiguieron convertir el caso en el tema especulativo de todos los días, en un juego perverso de estar acercando y alejando un atentado a la normalidad democrática de nuestra república, produciendo ya mucho daño a la regularidad de la marcha institucional del país, distrayendo a los funcionarios de sus obligaciones, apartando a la ciudadanía y a las autoridades de los problemas realmente importantes y, por último, enrareciendo el ambiente político general, dejando en todos la sensación de que estamos en un punto extremadamente peligroso de retroceso histórico y de explosión de un conflicto social.

    Pero todo esto los desfachatados que están detrás del proyecto de “rekutu” lo saben de sobra, pues numerosas instituciones importantes y personalidades de renombre han advertido al respecto. El pasado miércoles, la Asociación de Empresarios Cristianos (ADEC) lanzó una seria apreciación sobre el momento actual que vive nuestro país. “Una sucesión de hechos recientes nos alertan ante la posibilidad de que Paraguay se encamine a una nueva dictadura”, expresó la presidenta de la entidad, Carmen Cosp, en ocasión de premiar a empresas y empresarios destacados del año 2016. Agregó que el autoritarismo que se está presenciando genera “desconfianza y crispación”.

    En efecto, en este momento nuestra ya dificultosa democracia se está debilitando aún más aceleradamente debido a la ambición desmedida desatada de dos personajes de nuestra política, Horacio Cartes y Fernando Lugo, que, junto con algunos actores secundarios, aun siendo adversarios en todos los planos imaginables en que puedan confrontar, no tienen ningún escrúpulo para unirse en contubernio con la torva finalidad de violar la Constitución.

    Insistir sobre la clarísima e innegable ilegalidad de un reiterativo proyecto de enmienda constitucional ya rechazado, presentado antes de que se cumpla el plazo de un año establecido en el Art. 290 de la Constitución, parece ya, a estas alturas, un ejercicio inútil. A los interesados en perpetrar la violación les importa un comino este impedimento legal, mostrándose dispuestos a pasarlo por encima empleando cualquier argucia, por burda que sea.

    El Frente Guasu, que pretende volver a postular al expresidente Fernando Lugo, destituido en 2013 mediante juicio político por mal desempeño de funciones, impulsa ante la Corte Suprema de Justicia una “acción declarativa de certeza constitucional”, una figura técnica que está ausente en nuestro ordenamiento jurídico y que, por tanto, es improcedente.

    ¿Qué ocurrirá si una resolución judicial declara que Fernando Lugo posee legitimidad para volver a postularse a un cargo que ya ejerció, y que le está legalmente prohibido repetir? Entonces, a los paraguayos se nos habrá puesto ante una situación de ruptura del orden político legal perpetrada directamente por un poder del Estado, paradójicamente, el que tiene como obligación principal ser custodio de la Constitución, de cumplirla y hacerla cumplir. Las consecuencias de esto son imprevisibles.

    La alternativa que impulsa el cartismo, con el apoyo del propio Frente Guasu –ante la eventualidad de que no prospere su propio proyecto– y el apoyo de senadores y senadoras liberales que están dispuestos a vender sus votos, es igualmente violatoria de la Constitución Nacional. Aparte de que no puede volver a presentarse un proyecto de enmienda antes del 25 de agosto próximo, la vía apropiada para aprobar la reelección presidencial es la de la reforma, que requiere de una Convención Nacional Constituyente.

    Si todo esto termina de la peor manera posible, el país quedará en una situación de grave alteración institucional y de crispación social, como advierte la ADEC. Los políticos como Cartes o Lugo, si resultasen electos nuevamente presidente de la República con esos vicios de nulidad originaria, estarían incursos en lo que prescribe el Art. 137 de la Constitución, que establece: “Carecen de validez todas las disposiciones o actos de autoridad opuestos a lo establecido en esta Constitución”.

    Lo cual, a su vez, automáticamente, haría entrar en estado de aplicabilidad al artículo siguiente: “Se autoriza a los ciudadanos a resistir a dichos usurpadores por todos los medios a su alcance”.

    He aquí donde radica el mayor riesgo, porque la eventual aprobación ilícita del proyecto de ley de enmienda convertiría a Cartes o a Lugo, si es que son electos en los próximos comicios generales, en usurpadores del poder, a partir de lo cual la ciudadanía podrá asumir y sostenerse en todo acto de intransigencia contra ellos, lo cual llena de incertidumbre nuestro futuro inmediato.

    Como se advierte, a lo que están jugando cartistas y luguistas es extremadamente peligroso para nuestro país; mucho más de lo que la gente percibe de las discusiones y debates teóricos que el caso genera. Llamar a la sensatez a los actores de este drama en ciernes parece una pérdida de tiempo, así que resta que los ciudadanos y las ciudadanas se mantengan alertas y preparados para resistir a los usurpadores por todos los medios a su alcance.

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    Publicado por Anónimo | 19 marzo, 2017, 2:51 pm
  5. Semana clave

    Por Guillermo Domaniczky

    La semana que comienza mañana puede ser fundamental para ponernos nuevamente a prueba.

    En ella se cumple el plazo que Lugo dio a sus aliados reeleccionistas para definir el tema de la enmienda.

    La desconfianza que existe entre los socios de esta aventura es tan evidente que Lilian Samaniego, primero, y Carlos Núñez, después, se encargaron de graficarla.

    “Algunos dicen que están, pero no sabemos si realmente están”, dijo la senadora. Entre tanto, el comisario retirado y senador oficialista revolvió el ambiente político al anunciar que la enmienda se iba a presentar en la semana que va terminando, algo que finalmente no ocurrió.

    “No queremos estar tan justitos (en los votos)”, ensayó a modo de respuesta y justificativo sobre por qué hay demoras para presentar el proyecto.

    La evidente desconfianza entre aliados y la fragilidad de este pacto oportunista son la mejor evidencia del por qué algo tan serio como volver a instalar la posibilidad de prorrogar un mandato presidencial debe hacerse a través de una Asamblea Nacional Constituyente, en la que se discuta en medio de un proceso más riguroso y con un clima de mayor confianza y legitimidad la posibilidad de volver a instalar en nuestra Constitución la figura de la reelección presidencial, que tan malos recuerdos nos deja a través de nuestra historia política.

    “Que la gente decida” se lanza como eslogan campaña, aunque en realidad pretenden ofrecerle a la gente un menú con diferentes cambios, previamente cocinado entre aliados coyunturales, por el oportunismo del cálculo electoral y la orfandad de candidaturas diferentes.

    “Realmente, ya nos tiene por de más hartos este tema. Es necesario un corte definitivo. Que presenten, que traten, que resuelva la Cámara de Senadores”.

    Las declaraciones no son de algún opositor a la reelección, sino del cartista Hugo Velázquez, presidente de la Cámara de Diputados.

    “En política cualquier cosa ocurre, lastimosamente”, nos decía Núñez en la 730 AM, cuando le preguntamos sobre cuáles son los argumentos para apoyar una enmienda y volver a votar algo que en esencia se votó y rechazó en agosto pasado.

    “Cualquier cosa ocurre”, como si para el ejercicio de la política no existiesen principios ni valores, y todo se rija bajo la premisa del vale todo y los hechos consumados.

    Sin dudas, un momento oportuno en nuestra democracia, para recordar nuevamente a verdaderos karai guasu de la política, como Waldino, Doña Carmen, Don Feliciano, el profesor Resck o Don Fernando Vera. Gente que dignificó el ejercicio de la política, con rectitud y una conducta basada en principios.

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    Publicado por Anónimo | 19 marzo, 2017, 2:50 pm
  6. Una fábula cartista

    Por Luis Bareiro
    En algún lugar leí la fábula de un hombre que se pasaba recorriendo las calles, viendo la realidad en la que vivía la gente y pensando en todo lo que podría hacer por ella si fuera presidente. Se preguntaba cómo quienes ocupaban el cargo no percibían las cosas que eran realmente importantes para las personas, y terminaban gastando tiempo y dinero público en cuestiones irrelevantes.

    Tras cada recorrido, indignado por tener un mandatario ciego y sordo ante las necesidades y el clamor de su pueblo, se paraba frente al Palacio Presidencial y gritaba consignas en su contra.

    Un día, ese hombre fue elegido presidente y se prometió a sí mismo marcar la diferencia. Decidió trabajar arduamente con colaboradores que fueran fieles a esa consigna.

    Ya puesto en el cargo, descubrió que no era fácil decidir por dónde empezar, había tanto por hacer. Unos colaboradores le decían que debía priorizar una cosa y otros otra.

    Empezó con lo que parecía más sencillo y enseguida hubo varios subalternos que lo aplaudieron y otros que lo criticaron. Optó por deshacerse de los detractores. Era más fácil trabajar con quienes tenían sus mismas ideas, no necesitaba perder el tiempo debatiendo.

    El hombre siguió haciendo cosas y quedándose solo con quienes celebraban sus decisiones. Eran estos quienes le contaban que la gente estaba contenta con los resultados.

    Cada cierto tiempo aparecía algún colaborador que ponía en duda la efectividad de las acciones, pero solucionaba el entredicho dejándolo fuera. El círculo de fieles se fue reduciendo, convirtiéndose pronto en su único nexo con los gobernados.

    Supuso que esa oposición esporádica escondía intenciones de suplantarlo. Empezó a dedicarle algún tiempo a garantizar su permanencia en el poder, porque si lo sacaban no habría quien cuidara de su pueblo. A poco, la mayor parte de su agenda estaba cargada con actividades vinculadas con ese único fin.

    Su prioridad pasó a ser la permanencia en el poder. Lo hacía por el bien de su pueblo, porque gracias a sus leales sabía que la gente seguía contenta, porque al fin tenía a alguien que lo escuchara y respondiera a sus necesidades.

    Estaba pensando en eso cuando escuchó ruidos que venían de fuera del Palacio. Salió al balcón y vio en la acera a un hombre solitario vociferando consignas en su contra. “Algún día seré presidente y haré las cosas que necesita la gente”, gritaba.

    A la mañana siguiente despidió a su gabinete y bajó a las calles a preguntar a la gente: ¿qué haría usted si fuera presidente?

    Es obvio que no se gobierna preguntando en las calles qué hacer, pero el mensaje de la fábula es otro; habla de cómo el poder provoca esa desconexión con la realidad, de cómo los gobernantes terminan por volverse ciegos y sordos ante las necesidades de las personas que prometieron atender.

    No se gobierna preguntando en las calles qué hacer, pero no se puede hacer un buen gobierno olvidando qué cosas son las realmente importantes para quienes transitan por ellas.

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    Publicado por Anónimo | 19 marzo, 2017, 2:46 pm
  7. Comunicación

    Benjamín Fernández Bogado –

    Uno puede hacer un montón de cosas positivas, pero si nos las comunica es como si no las hubiera hecho. Uno puede creer que los silencios transmiten códigos y emociones, pero son solo las palabras las que permiten a los seres humanos trascender los límites animales de su condición.

    Somos lo que decimos y callamos; por eso el filósofo norteamericano John Dewey decía que comunidad+comunicación: democracia. El extraordinario pensador de la educación y que fue testigo privilegiado en el proceso de León Trotsky en México, comprendía que solo la suma de ambas cosas puede producir un sistema político de pesas y balanzas (checks and balances), donde el sistema se sostiene y legitima. Cuando esto falla, la democracia primero cruje y luego se desploma.

    No es agradable, ni mucho menos a un jefe de gobierno, en un régimen parlamentario, ir cada semana a dar cuenta de lo que hace ante los denominados representantes del pueblo. Estoy seguro de que dirán: “¿Por qué debo hacerlo ante unos delincuentes o jodidos como yo?”, pero lo hacen porque el sistema democrático se legitima en esa deposición semanal, donde debe escuchar lo que no le gusta y, por sobre todo, ajustar su visión del poder a una relación con otro poder que lo balancea y cuestiona.

    El problema del Paraguay es que hemos escrito una Constitución democrática en 1992 para una dirigencia política que nunca dejó de ser autoritaria. Cree que está por encima de la ley y actúa como tal. El presidente de la República no solo no habla con el Congreso, sino tiene tan escasa consideración hacia sus miembros, que todo lo reduce a costo-beneficio.

    Cuánto cuestan o cuánto valen, depende del momento y de las circunstancias. Ha encontrado el exacto nivel de justipreciarlos en un mercado de rentabilidades tan inestable y poco fiable. Todos desconfían de todos y por eso la enmienda no pasa del cháke (amenaza) que lleva a la vocera Lilian Samaniego a confundir en su nerviosismo el propio apellido del presidente.

    La clase política se expresa guturalmente o a los gritos y trompadas, mientras lo que la sociedad quiere es que la traten con respeto, inteligencia y decoro. La dirigencia se desprecia mutuamente y se muestra incapaz de arribar a consensos –que es la fase más elevada del diálogo– porque se manifiesta incapaz de apearse de su posición de privilegio y poder que supone un cargo determinado. El ministro de Hacienda no conversa con el Congreso que le tira una soga para salvar los bonos y ahora tenemos un banco prestigioso que rechaza su colocación, porque no hay seguridad de cobrarlos. Si sale, el valor será superior en millones de dólares que habremos de pagar entre todos.

    La ausencia de vocación de diálogo y de acuerdos sobre los que tanto insiste la Constitución ha dado paso a la transa y al embuste. Como consecuencia, esto tiene un costo en dinero, en futuro y en fortalecimiento de la democracia. Caprichos, egos y vanidad nos están llevando a destruir el frágil edificio que hemos podido levantar hasta ahora. Nadie habla más que con uno mismo y por ese camino lo que hace el Gobierno de bueno no se conoce y lo malo emerge como conclusión y síntesis.

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    Publicado por Anónimo | 19 marzo, 2017, 2:39 pm
  8. La enmienda está a punto de devorar a sus progenitores

    Por Estela Ruiz Díaz

    El reloj de la enmienda da sus últimos repiques. Por lo menos, según el plazo que dio Fernando Lugo a sus aliados colorados oficialistas. Un plazo que no gustó al presidente de la República, quien respondió que el ex obispo no le marcará la agenda.

    Pero más allá de quién manda más que quien, el debate de la reelección ha llegado al límite de la paciencia, incluso de los propios beneficiados.

    Lo verbalizó el presidente de Diputados, Hugo Velázquez, cartista: “Por supuesto que cada día que pasa es un problema más, no solamente desde el punto de vista político, sino desde el punto de vista de la propia ciudadanía. Todo el mundo estamos pendientes de lo que se va a presentar o no. Realmente ya nos tiene por demás hartos este tema. Que definitivamente resuelva la Cámara de Senadores”, dijo y graficó muy bien los problemas que genera la indefinición: no puede empezar la campaña por el 2018 en Central, su base electoral.

    La incertidumbre es un problema que afecta a todos los sectores porque paraliza el proceso de construcción y consolidación de las candidaturas.

    Por eso que el plazo político es más agobiante que el plazo electoral. Las internas presidenciales simultáneas están marcadas para el 17 de diciembre, es decir, en nueve meses, y elecciones generales, para el 22 de abril de 2018.

    Dicen los aliados que la semana entrante será definitoria en cuanto a la resolución de la enmienda, aunque en este momento hay mucha desconfianza entre ellos porque temen traiciones a último momento. Lilian Samaniego dio señales de hastío: “Hay algunos que dicen que están, pero no sabemos si realmente están. Eso se verá en su momento”.

    En el bloque aliado desconfían que a la hora de votar, alguien, como el sinuoso Julio César Velázquez, aparezca con un “No positivo”, emulando al argentino Julio Cobos, el vicepresidente de Cristina Kirchner, que con esa frase sepultó un polémico impuesto en el 2015.

    POR HACER. Tanto Cartes como Lugo están hartos de la enmienda. Ambos quieren la reelección, pero sin ensuciarse directamente las manos. Y ese es justamente uno de los problemas de la negociación. Al no estar directamente involucrados los principales líderes, la negociación quedó en manos de dirigentes de segunda línea y para colmo en cada sector hay dos o tres negociadores. Lugo y Cartes calculan erróneamente que no serán responsables de un eventual fracaso por no asumir el acuerdo. El peso ya lo cargan sobre sus espaldas.

    Si bien la aprobación en el Senado es la madre de todas las batallas, porque es el principal muro a derribar, aún hay un largo recorrido tras el paso legislativo.

    En caso de que se apruebe, y todo parece indicar que sí, Cartes, Lugo y Llano deben seguir de la mano para enfrentar el referéndum que debe avalar la decisión del Congreso. Será muy difícil derrotar al “sí”, teniendo en cuenta el peso electoral de cada uno de los aliados que tiene a su favor el aparato del Estado, el aparato partidario de la ANR y los cuadros del sector llanista.

    La campaña del “no” quedará en manos de Efraín Alegre, que días pasados perdió a su vicepresidente Pakova Ledesma, y del colorado disidente Mario Abdo Benítez, con el invaluable apoyo de un gran sector de la prensa que ya manifestó su oposición a la reelección.

    SI NO HAY REELECCIÓN. Si bien las partes han cerrado acuerdo sobre los puntos a modificar en la Constitución, como lo anunció el abogado de Lugo, aunque improbable, la enmienda puede no presentarse justamente por la desconfianza entre los aliados y hasta de sospechas dentro del propio cartismo. Y cada día que pasa es una carga pesada para ambos, pero especialmente para el Frente Guasu, que quedó muy expuesto con este pacto.

    Un escenario de no reelección, ya sea porque no se presentó la enmienda, ya sea porque perdió el referéndum, obligará a repartir nuevamente las cartas. Cartes tendrá que elegir a su delfín, el Frente Guasu quedará en el desierto y Marito y Efraín recuperarán oxígeno.

    Se acaba el plazo para la enmienda. Veremos si el ultimátum de Lugo tiene peso o solo es un chiste más para ganar tiempo.

    La demora ya empieza a hartar, desgastar y debilitar.

    Y a un paso de devorar a sus propios progenitores.

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    Publicado por Anónimo | 19 marzo, 2017, 2:36 pm
  9. La violencia como primer recurso
    18 marzo, 2017

    Lo ocurrido el jueves pasado en el Senado no es un hecho anecdótico sino la demostración más cabal de que disidentes y opositores están dispuestos a recurrir a la violencia para impedir que el proyecto de reelección vía enmienda pueda ser aprobado.

    Hace tiempo venimos denunciando los planes de desestabilización de este grupete, que ya quedó manifestado al conocerse sus conversaciones en un grupo de Whatsapp, desde el cual conspiraban y planificaban desde golpes de Estado hasta atentados. Ya en ese momento se pudo leer a Desirée Masi reconociendo que ellos, los senadores, armarían “quilombo” dentro de la cámara, y sus acólitos, afuera.

    Bastó que el jueves se lanzara una serie de desinformaciones, como las que han lanzado durante los últimos meses, con la supuesta noticia de que ese día iba a ser presentado el proyecto de enmienda, para que rápidamente se organizaran unas huestes del PLRA, seguidoras de Luis Alberto Wagner, para que, con su presencia, lograran amedrentar a los senadores que pudieran manifestarse a favor de la reelección.

    Por supuesto que la información era falsa, no hubo ninguna presentación, pero esto sirvió para confirmar nuestros más graves temores. Los antienmienda están más que dispuestos a recurrir a la violencia para impedir que el proyecto pueda ser aprobado. Esta vez fue solo un grupúsculo de patoteros liberales comandados por Wagner, acostumbrado a la política de barricada, pero la amenaza de movilizar a disidentes y opositores está más que latente.

    Para colmo, lo que han hecho durante todo este tiempo fue advertir que era el gobierno el que preparaba un autogolpe en contra del Parlamento, que los tanques rodearían el edificio y los militares tomarían las calles, para exigir el tratamiento del proyecto y su aprobación. Muy por el contrario, son ellos, los miembros del grupete, los que están organizando a sus seguidores para provocar incidentes ante cualquier intento de tratar el tema.

    Tal vez se podría encontrar una explicación a esta actitud bárbara y violenta de disidentes y opositores. Ellos saben que se han quedado sin argumentos válidos para impedir la reelección vía enmienda. A pesar de todo el apoyo que tienen de los más grandes medios de comunicación, no han podido ni tan siquiera demostrar que el proyecto es inconstitucional, y a esta altura ya se quedaron sin argumentos para impedir la reelección.

    Lo único que les inspira son las ambiciones de poder de Mario Abdo Benítez, los disidentes, y de Efraín Alegre, los opositores. Que ninguno de los dos tenga la más mínima chance de ganar unas elecciones no les interesa. Están convencidos de que si impiden la reelección y evitan que Horacio Cartes y Fernando Lugo vuelvan a postularse, alguno de ellos ganará en el 2018, aunque sea por walkover.

    El grupete está preparando movilizaciones con las que intentarán, de manera violenta, impedir que la reelección pueda ser aprobada en el Congreso. Saben que si sobrepasa esa primera traba, el referéndum a favor del SÍ es un hecho. Habrá que ver hasta dónde están dispuestos a llegar estos personajes, con tal de salirse con la suya.

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    Publicado por Anónimo | 18 marzo, 2017, 10:47 am
  10. Termina el plazo de Lugo

    Por Alfredo Boccia
    A fines del año pasado aseguraban que ya tenían los votos para imponer la reelección. Solo faltaban algunos detalles. Pero pasó enero y no presentaron el proyecto. Dijeron que solo esperaban el momento propicio, pero nunca llegaba. Fue un verano atípico. Seguimos hablando de política en meses de descanso y pocos parlamentarios se animaron a salir de vacaciones.

    Amagaron varias veces con hacer la presentación al día siguiente. Solo lograron titulares de diarios anunciando un apocalipsis que jamás sucedía. Los rumores hicieron que más de un senador llevara su colchón al Congreso para permanecer de guardia en un angustiante duermevela.

    Hay razones para esta penosa postergación. La principal, sin duda, es que los estrategas políticos de la campaña actuaron como los Tres Chiflados, dada la nutrida colección de metidas de pata que cometieron. La segunda es que cuando los aliados no están unidos por principios, sino por intereses, sus arreglos solo funcionan cuando confluyen en un objetivo idéntico. Cuando las disquisiciones se alargan es más probable que se descubran aristas en las que no se coincide. Sobre todo cuando entre ellos hay antecedentes muy recientes de traiciones, mentiras e intrigas. Los liberales dicen que Lugo miente mucho. Lugo dice que los liberales traicionan. Los colorados se sienten falsos pactando con la oposición. Todos tienen razón. Y así pasan los días…

    Hay un último motivo en el que conviene detenerse. Es el hartazgo de la gente. Hace meses que se aplasta a la población con una discusión argel, interminable, aburrida, sobre un tema que no hace a la sobrevivencia cotidiana. Solo interesa a un puñado de políticos. Mientras, todo se posterga. Por eso Lugo, que como ex obispo algo entiende de la percepción del malhumor colectivo, emplazó a todos con doce días para definir la cuestión. Cumplido el plazo, dijo, se bajaría del tren. Es lo que se cumple hoy. Desde el Frente Guasu, aclararon que habría que computar solo los días hábiles. Eso nos lleva, in extremis, a la próxima semana.

    Como sea, el culebrón del verano terminará en pocos días. Si se abren las puertas a la reelección en contra de la Constitución, iniciaremos un proceso incierto y farragoso. Si no lo logran, comenzará otra telenovela surrealista: la Corte Suprema de Justicia será la tabla de salvación. Y, como allí puede esperarse cualquier cosa, tendremos el culebrón del otoño. Será una historia iniciada hace 18 años, cuando un dictamen de la Corte inventó la “certeza constitucional”, un prodigio de imaginación que los magistrados utilizaron para autoconfirmarse en los cargos, para legitimar los bonos soberanos y pretenderán usar para oxigenar el proyecto de reelección. Claro que, ya se sabe, segundas partes nunca son buenas y la gente a esa altura estará tan podrida que los correrá a huevazos.

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    Publicado por Anónimo | 18 marzo, 2017, 10:13 am
  11. Aliados pero no comprometidos

    Por Osmar Gómez

    El proyecto de reelección presidencial oscila en medios de dudas y certezas. Por momentos pareciera que todo está acordado, pero siempre una duda de último momento termina por frenar todo.

    En los últimos días se terminó de acordar el texto que finalmente contentó a todos. El sector que respalda al senador Fernando Lugo logró introducir el artículo mediante el cual un candidato a presidente de la República que pierde las elecciones automáticamente encabeza la lista de senadores de su partido.

    Este fue el pedido del Frente Guasu para asegurar que una eventual derrota de Lugo no termine dejándolo de lado de la vida política. Para ese sector es esencial que continúe ocupando cargos para mantenerse visible. Solo así podrán tener el tiempo suficiente para consolidar una estructura que le permita ir más allá de su liderazgo.

    Los colorados también aceptaron el pedido de liberales e izquierdistas para que el presidente de la República en funciones deje el cargo seis meses antes de las elecciones para tratar de frenar en algo que la maquinaria estatal este el servicio del candidato presidencial. En la práctica no se evitará que eso ocurra, pero de algún modo se conseguirá que sea un poco más atenuado.

    Esos eran los dos puntos de mayor controversia al momento de acordar un texto final. Ahora que se llegó a un acuerdo la discusión de nuevo se traslada a los números. Hasta hace algunas semanas eso estaba cerrado, pero a último momento algunos de los senadores empezaron a poner en duda su voto a favor del proyecto.

    Ahora de nuevo todas las conversaciones se reiniciaron para asegurar una mayoría por encima de los 23 que se necesitan para aprobar la enmienda constitucional. El repentino silencio del senador Julio Velázquez y la ambigua posición del senador Fernando Lugo alertaron a los negociadores. Ir al plenario con una ajustada mayoría y sin certezas a la hora de la votación implica un riesgo demasiado alto.

    Conseguir más votos es una tarea ardua, pero hay un resquicio que el oficialismo viene trabajando hace algunas semanas.

    La movida se empezó a desplegar a inicios de semana con el anunció del diputado Óscar Tuma de retirar el pedido de juicio político a los tres miembros de la Corte Suprema de Justicia. La disidencia colorada y la oposición tienen parado hace más de un año el proceso en la Cámara de Senadores. Es el reaseguro que tienen si la reelección presidencial llega a la Corte. Darle trámite automáticamente reactiva el juicio, un rechazo confirmará que el enjuiciamiento seguirá parado en el Senado hasta el final del periodo.

    El pedido de Tuma pretende desactivar esta maniobra y usar a favor del oficialismo los votos en la máxima instancia judicial.

    Con una Corte Suprema libre de presiones externas los impulsores de un segundo mandato presidencial están dispuesto a presentar un pedido de certeza constitucional sobre la validez de introducir la reelección a través de una enmienda. El objetivo es que la instancia encargada de interpretar la Constitución confirme que la enmienda es una vía correcta para incorporar a la Constitución un segundo mandato consecutivo para el presidente de la República.

    Con ese documento en mano esperan desarmar las dudas de algunos senadores liberales y del mismo Lugo que cuestiona la enmienda, pero no la reelección presidencial. Ese eventual cambio de postura de al menos tres senadores, el oficialismo y los sectores de izquierda estarían en condiciones de llegar a la Cámara de Senadores con apoyos firmes que finalmente permitan aprobar la enmienda.

    El proceso esta en marcha; pero con aliados que no se comprometen nada asegura que la enmienda sea aprobada.

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    Publicado por Anónimo | 18 marzo, 2017, 8:13 am

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