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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Deuda jo’a

Sucede también en la economía familiar. No alcanza el sueldo para cubrir el presupuesto, y la solución pasa por hacer préstamos o reducir los gastos. Si con esto no alcanza, se vuelve a tomar otro préstamo. Lo que sucede generalmente en las familias, ocurre normalmente en el país.
Los recursos con que contamos no alcanzan para financiar los gastos e inversiones razón por la cual se autoriza al Poder Ejecutivo a administrar un presupuesto con un déficit no superior al 1,5% del producto interno bruto, es decir, a lo que representa la totalidad de la producción de bienes y servicios del país.

En las administraciones familiares sabemos lo que significa no alcanzar fin de mes o fin de año con nuestros ingresos. Lamentablemente, no se puede decir lo mismo de los administradores del país, quienes tienen experiencia en gastos, casi nada en inversiones y poco en ingresos.

Resultado de este cuadro de situación es que la recaudación del Estado se administra con criterio clientelar y prebendario; en consecuencia, se gasta casi todo en sueldos de muchos operadores políticos y pocos funcionarios públicos, y menos en inversiones.

Como si eso fuera poco, los fondos son insuficientes para cubrir el Presupuesto, y surge el déficit (se gasta más de lo que se tiene), que para los políticos, alentados por administradores políticos, no es sino situación normal de comportamiento financiero. “El país está urgido de obras de infraestructura” y la “deuda externa es baja comparada al nivel de otros países”.

En nuestras administraciones personales y familiares sabemos que si gastamos más de lo que tenemos entramos en déficit, pero si este es producto de una inversión necesaria en la casa, se justifica endeudarse. El problema comienza cuando para pagar las cuotas del préstamo se necesita de otro préstamo.

Endeudarse para pagar deudas significa en nuestras economías saldo rojo o quiebra.

Claro que también se puede ahorrar, con menos gastos superfluos o aumentando el ingreso, trabajando más en el caso de los asalariados o empresarios.

Cuando es imposible pagar la deuda sino con otro préstamo, es cuando generalmente entramos en quiebra, caemos en manos de usureros, quienes elevan al máximo la tasa de interés precisamente para cubrirse del riesgo de no recuperar totalmente su dinero.

Este problema de los bonos con que el Estado viene cubriendo el déficit país es apenas la puntita del iceberg que oculta graves falencias políticas y económicas administradas con graves falencias por nuestra elite política y consentidas por técnicos politizados como el titular del BCP y el ministro de Hacienda, quienes fueron formados para la economía y las finanzas, pero deformados por la politiquería criolla.

La disputa actual sobre el tema entre un bando político y otro no es entre quienes hacen bien las cosas y entre quienes las hacen mal. Es entre quienes hacen mal. Nadie quiere hacerlo bien, porque si fuese así comenzaríamos por discutir y concretar formas de mejorar la calidad del gasto del Estado paraguayo y, por consiguiente, de mejorar la calidad de las inversiones, además de mejorar la recaudación, ensanchando la franja de contribuyentes para reducir el nivel de desigualdad existente.

Realmente, en las condiciones en que se ofrecen los bonos soberanos, podrían llevarnos a una “buitrización” de nuestra deuda, y si dependiera su colocación de algún filtro, tal vez ni siquiera llegaría a conseguir el visto bueno de Informconf.

Son más de 350 millones de dólares que debemos prestar (en bonos) para pagar este año las deudas anteriores. ¿Les parece que exageramos, como dice el oficialismo? Creo que es al revés: ñande flojoiterei katu.

Por Edwin Brítez

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/deuda-joa-1570699.html

 

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Acerca de jotaefeb

arquitecto jubilado, hoy "hurgador" de la filosofía de vida, de las cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

3 comentarios en “Deuda jo’a

  1. El FMI fomenta el “bicicleteo”

    El representante del Fondo Monetario Internacional (FMI) en nuestro país, Alejandro Santos, sostiene que el Paraguay está muy lejos de sufrir una crisis de endeudamiento, como la de Argentina, Brasil o Grecia, porque la deuda pública equivale a solo poco más del 20% del Producto Interno Bruto (PIB). En otras palabras, el hecho de que la deuda pública se haya disparado en los últimos cuatro años, pasando de 4.174,2 millones de dólares a 6.294,3, no tiene por qué inquietarnos, aunque la mayor parte de los recursos obtenidos mediante la inminente emisión inconstitucional de bonos vaya a servir para el “bicicleteo”, es decir, para pagar deudas vencidas, tal como ya ocurrió con unos 800 millones de dólares provenientes de las colocaciones de 2014, 2015 y 2016.

    Tratando de justificar esa deplorable práctica, el ministro de Hacienda, Santiago Peña, advirtió a fines de noviembre último que si no se emitieran nuevas partidas de bonos por valor de 558 millones de dólares se produciría una cesación de pagos, pues atrasarse un solo día conllevaría que los acreedores puedan exigir de inmediato el pago de 2.380 millones de dólares, solo en bonos soberanos. Salvo que haya pretendido extorsionar a los legisladores y a los críticos del endeudamiento con una peligrosa debacle financiera, para así obtener la autorización solicitada en el proyecto de ley del Presupuesto nacional, resulta que el ministro paraguayo está mucho más preocupado que el representante del FMI. También lo está, por cierto, el jefe de la División de Programación Económica del Banco Central, William Bejarano, quien alertó a mediados de febrero que se caería en el “default” si los poderes Ejecutivo y Legislativo no coincidieran en la necesidad de volver a endeudarse este mes para cancelar las obligaciones que vencerán en breve.

    En suma, si el país no sigue contrayendo deudas, tirando el fardo a las generaciones futuras, nadie le prestará un centavo más y será demandado por los tenedores de bonos. “Bicicleteo” puro y duro.

    Pero el señor Santos no pierde la calma, por la sencilla razón de que los intereses del FMI no coinciden necesariamente con los del Paraguay. A los directivos y funcionarios de los organismos internacionales de crédito –que viven como pachás en los países donde son asignados– nos les turba que gobiernos irresponsables, como el nuestro, endeuden al país hasta el extremo de no poder amortizar sus deudas y, en consecuencia, verse forzados a solicitarles el salvataje bajo penosas condiciones.

    Efectivamente, a los burócratas de las finanzas internacionales no les interesa en absoluto el futuro de un país, ya que ni ellos ni sus descendientes tendrán que pagar las deudas contraídas por gobiernos insensatos y corruptos. Por de pronto, se les escapa apuntar que en vez de comprometer a toda la población, la de hoy, la de mañana y la de pasado mañana, hay que eliminar las causas del endeudamiento desaforado. Eso les tiene sin cuidado, porque para ellos lo prioritario es colocar más y más dinero sin pensar en las consecuencias, ya que su buena gestión les reportará puntaje e indudables “beneficios” en su currículum, sean funcionarios del Banco Mundial, del FMI o del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

    Para los gobiernos, y en especial el nuestro, lo más fácil es endeudar al país en vez de tomar las medidas que puedan sanear las finanzas para poder pagar las deudas, como ser un sustancial achicamiento del aparato estatal parasitario y la eliminación de beneficios indebidos que reciben los burócratas, ampliar la base tributaria en vez de elevar impuestos y perseguir a los contrabandistas y a sus padrinos políticos corruptos. Estas medidas NO les interesan, porque la clientela, que significa votos para las elecciones, es intocable.

    Lo que parece disgustar al señor Santos es que se formulen observaciones sobre el endeudamiento, a las que él califica de “inadecuadas”. En su opinión, el debate debe girar en torno a la calidad del gasto y, en particular, acerca de si hace falta o no gastar más en obras de infraestructura. Es muy cierto que estas serían necesarias, pero lo que no dice –es imposible que no lo sepa– es que el 57% de la deuda a ser contraída este año servirá para el “bicicleteo”, y que la ineficiencia del Ministerio de Obras Públicas hace que no se utilicen en tiempo y forma los fondos depositados en el Banco Central, cuyos intereses ya se vienen pagando.

    En setiembre de 2015, el ministro de Hacienda señaló que, “como no hay suficientes ingresos, se recortan los gastos de capital”, como los de infraestructura, porque los “gastos corrientes no se pueden cortar”. Es decir, dado que resulta imposible disminuir el número de funcionarios públicos, que absorben el 70% de la recaudación tributaria, y que urge construir rutas, lo único que se puede hacer y se está haciendo aceleradamente es endeudar a los paraguayos, sin perjuicio, reiteramos, de que los nuevos compromisos que se asuman sirvan sobre todo para pagar deudas anteriores.

    Es llamativo que el señor Santos olvide que, en 2015, el propio FMI había apuntado que la participación de la economía informal en el PIB –entonces llegaba al 40%– era “inusualmente elevada”, dando por única vez muestras de cierta inquietud por el acontecer nacional. En consecuencia, en vez de instar a endeudarse más, siguiendo la misma línea del informe citado el representante del FMI debería recomendar combatir la corrupción, achicar el elefantiásico aparato estatal y ampliar la base tributaria.

    Es evidente que al FMI le interesa más que las cosas sigan igual, si de todos modos habría un margen para seguir derrochando y robando.

    Para conocimiento del señor Santos, recordamos que la Contraloría General de la República, en su informe de la deuda pública emitido en 2015, sugirió al Ministerio de Hacienda que los nuevos créditos sean contratados en forma “moderada, planificada y sostenible”.

    Hay muchos países endeudados que repudian el accionar del FMI. El Paraguay se sumará a la lista si es que ese organismo no frena su “ayuda” al Gobierno paraguayo a despilfarrar recursos, exigiéndole que cumpla con las condiciones administrativas que correspondan y todo el mundo conoce, previo a más créditos.

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    Publicado por jotaefeb | 8 marzo, 2017, 9:52 am
  2. A la luz de los números

    Por Samuel Acosta
    Observando la evolución en el precio y el rendimiento de los bonos paraguayos en el mercado internacional se puede notar que –a pesar de todo el ruido político que se generó en los últimos meses– no se vio afectada la calidad de los papeles soberanos emitidos.

    Esto es interesante, pues nos muestra que los inversores internacionales, cuando miran al Paraguay, lo hacen a través de un filtro mucho más fino que la mera histeria colectiva de nuestra clase política.

    Los datos sobre la evolución indican que los precios de nuestros bonos entre los meses de diciembre y febrero han tenido una leve mejoría, ubicándose en un promedio de entre 102 y hasta 103.

    Y como estos precios de bonos soberanos (a plazos del 2023- 2044 – 2026) tuvieron esta leve recuperación, también el nivel del rendimiento en las tasas mejoró; de hecho, pese a toda la crisis económica que se dio el año pasado a nivel regional, fueron los bonos paraguayos los menos afectados en su rendimiento.

    Lo dije en la radio y lo repito en esta columna. Todo este ruido negativo que se está generando en torno a la calidad de los bonos a ser emitidos tendrá como responsables al oficialismo, a los disidentes y a la oposición.

    Fue un error gravísimo que el Gobierno el año pasado haya metido la discusión de la enmienda pro reelección justo cuando entraba en plena etapa de definición la Ley de Presupuesto, pero más grave aún es la forma en que responde la oposición al recortar el plan de emisión previsto para este año. Esa situación forzó el veto al presupuesto, así que la culpa es totalmente compartida.

    Pese a esto, confío en que los USD 558 millones a ser emitidos se harán a una tasa ventajosa para el Paraguay; la estabilidad macroeconómica es nuestro mayor respaldo.

    Esta crisis generada al santo botón nos tiene que servir de lección a todos.

    Nos debe hacer entender que aunque tengamos diferencias en nuestra manera de ver las cosas, los intereses político-partidarios jamás pueden estar por sobre cuestiones que afectan al futuro del país.

    ¿Cuál es la lógica del Senado al anunciar por un lado que se va a presentar un proyecto de ley para legalizar la próxima emisión de bonos, pero, al mismo tiempo, ir hasta las calificadoras de riesgo a alertar sobre su supuesta ilegalidad?

    ¿No sería más inteligente aprobar de inmediato esa ley especial evitando comprometer la imagen del Paraguay ante los inversores?

    ¿De qué patriotismo puede hablar una clase política que sabe perfectamente que una acusación a este nivel puede poner en duda nuestra calificación de riesgo?

    Es evidente que cuando se actúa movido por las pasiones partidarias a unos cuantos las neuronas se les adormecen.

    El Parlamento debe estar a la altura de la circunstancia y sancionar de inmediato la ley que respalde la legalidad con la que es necesario salir al mercado internacional, a fin de que Hacienda no se vea obligado –por el tiempo– a forzar una emisión amparado en un dudoso fallo judicial, sentando un mal precedente.

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    Publicado por jotaefeb | 7 marzo, 2017, 9:30 am
  3. To bonos or not to bonos

    Por Lupe Galiano
    Mientras los ciudadanos están preocupados por las bolsas en los súper, el Gobierno piensa en repartir ¡hule! hasta la decimoquinta generación de paraguayos, incluso cuando estos que mandan ahora ya no estén sobre la faz de la Tierra.

    Es difícil de entender para quien no tiene estudios o lecturas especializadas sobre el tema, pero este asunto de los bonos soberanos es, cuando menos, peliagudo.

    Por un lado, tenemos que el ministro churrito y su jefe quieren emitir bonos por 349 millones de dólares, que es imposible de traducir en guaraníes de tantos ceros que tiene la cifra. Hasta ahí vamos bien. El punto es que nada es gratis en esta vida. Estos títulos se tienen que pagar de aquí a 10, 15 o 30 años con las consecuentes tasas de interés, lo cual significa un endeudamiento del país con el comprador, que cobrará su inversión con creces. Claro que para el comprador también es una cuestión de fe, ya que se tiene que confiar en que un Estado poco confiable como el paraguayo honrará sus deudas, pero esa es harina de otro costado, como diría don Bla.

    La cosa es que el Paraguay libera 349 millones de dólares de estos papelitos, con el respaldo de algún organismo internacional, y después tiene que devolver con creces; ergo: tu bisnieto va a seguir pagando todavía. Si ponemos, como nos gusta a los periodistas, en lenguaje popular, hoy mismo (si se emiten los bonos) cada paraguayo tendrá una deuda de 49 millones de dólares. Muchos ni siquiera vieron un millón de guaraníes todo junto, pero eso no importa.

    No se trata de ponerle el palo a la rueda a este proyecto del Gobierno por el solo hecho de romper, ya que hay otro asunto que resulta algo turbio: la legalidad del procedimiento, que tiene mucho que ver con la pelea que llevan adelante el Ejecutivo y el Congreso por un caprichito: la bendita enmienda de la Constitución Nacional.

    El problema comenzó el año pasado con el pimponeo del Presupuesto 2017, que al final quedó aprobado igualito que el año pasado por el toma y daca entre los unos y los otros. El segundo round llegó con la negativa parlamentaria de aprobar la emisión de bonos, para lo cual el Ejecutivo acudió a la convidada de siempre, la Corte Suprema de Justicia, que ni corta ni perezosa se mandó una figura que ni siquiera existe: la certeza constitucional.

    En el medio, como espectadores despojados de sus facultades mentales, estamos los ciudadanos de a pie. ¿Quién dice la verdad? ¿Quién miente? ¿Quién protege nuestros intereses como personas y como Nación? ¿Necesitamos los bonos? ¿Necesitamos más deudas? ¿Qué tan soberanos son los bonos? Preguntas, preguntas y más preguntas.

    Y ya que estamos: ¿Será que alguien quiere comprar bonos de la Guerra del Chaco?

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    Publicado por jotaefeb | 7 marzo, 2017, 9:29 am

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