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Echar mano a la trampa para ser “buen policía”

Ni estudiar Medina en la Universidad Nacional de Asunción, una de las carreras más cotizadas del país, convoca a tantos interesados como el número que registra el Instituto Superior de Educación Policial (Isepol), con nada menos que 2.000 postulantes.

La institución es de nivel superior y está integrada por diferentes unidades académicas para los distintos niveles de formación, especialización, actualización y perfeccionamiento de los policías.

Un tema que da para el análisis sociológico es cómo esta carrera –pese al enorme desprestigio, los niveles de corrupción y mediocridad de la Policía Nacional– todavía congregue cada año a tantos jóvenes interesados en cursarla.

Se podría pensar con buena fe que la vocación los impulsa a querer servir a la sociedad protegiendo a los ciudadanos y sus bienes.

Entonces, cómo no garantizar que la institución que los irá a formar reúna los estándares de transparencia y de calidad académica.

Sin embargo, estamos asistiendo al lamentable episodio que un sistema permeado por la corrupción ya convierte en víctimas a los aspirantes a policía.

Es decir, chicas y muchachos que antes de ingresar y comenzar el entrenamiento, ya son afectados por una situación generada en el interior de la institución educativa, y que tiene que ver con que alguien de adentro filtró los temas y las respuestas correctas de los exámenes.

Esto dio pie a un fraude en el que se vieron involucrados unos pocos postulantes que no han tenido empachos en echar mano a la deshonestidad para asegurarse una de las plazas en el Isepol.

La irregularidad no se habría conocido, de no ser por las denuncias que formularon otros aspirantes que se percataron de lo que estaba ocurriendo. De no ser por ellos, los corruptos ya habrían empezado las clases esta semana para convertirse dentro de 3 años en “flamantes policías”, dispuestos a todo, por las buenas o por las malas.

Por culpa de estos 15 a 20 jóvenes, y de algún personal corrupto de la propia institución, el Comando institucional, en una medida apresurada e injusta, anuló todos los exámenes del proceso de admisión y perjudicó de este modo a los que realizaron honesta y correctamente las pruebas.

La situación impacta negativamente en el sacrificio y la dedicación de muchos jóvenes que no se prestaron al juego sucio propiciado por alguien que, con seguridad, tenía acceso a las pruebas y que, con su acto colaboró a aumentar la averiada imagen de la Policía Nacional que, a estas alturas, antes que depurarse está cada vez más contaminada.

Para que se dé un acto de corrupción hace falta que haya gente predispuesta a corromper y a ser corrompida, además de impunidad.

Por lo visto, en el Isepol se reunieron estos tres requisitos.

Por Susana Oviedo

http://www.ultimahora.com/echar-mano-la-trampa-ser-buen-policia-n1066722.html

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Acerca de jotaefeb

arquitecto jubilado, hoy "hurgador" de la filosofía de vida, de las cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

2 comentarios en “Echar mano a la trampa para ser “buen policía”

  1. MALA POLICIA
    Andrés Granje
    En la Dictadura stronista, la policía de la capital, que sin embargo tenía jurisdicción en toda la república, elegía a sus futuros oficiales luego de exámenes fraguados por los jerarcas del Partido Colorado, ingresaban en el Colegio de Policía para oficiales, recomendados, si bien había un examen de ingreso el colador solamente impedía el ingreso de los que eran obcecadamente tontos, negados en conocimientos, los hijos de opositores o los que no tenían recomendaciones de peso. El régimen se aseguraba fidelidad pero no calidad y mucho menos excelencia. Los suboficiales, llamados entonces con el humillante apelativo de contratados, eran personas casi sin formación asimilados en la mayoría de los casos de los que cumplían el servicio militar obligatorio en las comisarías, sin mayor instrucción pero con destreza o voluntad para ejercer de agentes policiales.
    Con el advenimiento del proceso democrático y la proliferación de la delincuencia, hizo falta una mayor capacitación y apertura en los centros formativos para agentes de policía, el Colegio de Oficiales se agrandó, recibió a mas postulantes, las simpatías políticas ya no eran incluyentes o excluyentes para la carrera, se crearon también las escuelas de Suboficiales que si bien es cierto no tienen el mismo tiempo de formación de sus egresados, se suponen que reciben los rudimentos esenciales para desempeñarse con éxito en la carrera escogida. Sin embargo la gran falencia va por el lado de las vocaciones y el perfil de los ingresantes que precisamente no son dechados de corrección o personas con apego al cumplimiento de las leyes nacionales vigentes.
    En efecto, vemos que estos institutos de enseñanzas admiten a personas con un temperamento excesivamente violento, con desordenes en sus vidas privadas y profesionales que luego en el cumplimiento de su deber dejan mucho que desear. Pensamos que las pruebas sicológicas buscando el perfil ideal de un futuro servidor público, capaz de arriesgar su vida por los demás, obediente a las leyes y disciplinados, deben ser mucho más riguroso lo que evitará posteriormente las conductas conflictivas en sus ámbitos naturales. Los casos de policías involucrados en crímenes y reyertas familiares y de amigos que en ocasiones llegan a convertirse en sucesos luctuosos cada vez aumentan y generan mucha intranquilidad en la ciudadanía, que sabe o intuye que la seguridad de la población no puede estar en manos de estos hombres.
    Más grave aún es la cantidad de policías metidos en hechos de corrupción en diferentes modalidades, la Mafia Policial crea sociedades para cometer delitos con verdaderos criminales para megas asaltos en operativos de delincuencia mayor, donde operan con armas de grueso calibre, que es todo un peligro para la población. En ocasiones se asocian entre ellos para presionar o extorsionar a pacíficos ciudadanos o actuar de reducidor o peajeros de tortoleros y caballos locos, en fin la gama es amplio y de mucha creatividad para el mal. No tienen ninguna convicción o vocación patriótica, el uniforme no es signo de orgullo o algo que se debe respetar y cuidar para ellos, sino el escudo que les permite delinquir sin peligro.

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    Publicado por jotaefeb | 2 marzo, 2017, 11:52 am
  2. Pésimo ejemplo para futuros policías

    Agentes de la Dirección General del Instituto Superior de Educación Policial (Isepol) vendieron a al menos siete postulantes las respuestas correctas a las preguntas que iban a ser formuladas en los exámenes de ingreso de la Academia de Oficiales y del Colegio de Suboficiales. La información fue brindada en una conferencia de prensa por el subcomandante de la Policía Nacional, comisario general Luis Rojas, y por el jefe de la comisión interventora, comisario Diosnel Alarcón. Mientras se está tratando de identificar a los uniformados que participaron en las operaciones fraudulentas, que en cada caso les habrían reportado entre dos y cinco millones de guaraníes, ya fueron destituidos el director del Isepol, Crio. Gral. Bernardino Monges; el de la Academia de Oficiales, Crio. Princ. Marcial López; y el del Colegio de Suboficiales, Crio. Princ. Leonardo Salinas.

    Se trata de una situación gravísima, ya que este fraude en los exámenes de aspirantes a policía se produce justamente con jóvenes estudiantes que eligieron una carrera destinada a combatir los distintos delitos, y que ya en los prolegómenos de su ingreso a la institución policial se encuentran con este pésimo ejemplo.

    Es oportuno que la Comandancia haya dado a conocer lo ocurrido, designado una comisión interventora y apartado de sus respectivos cargos a los responsables de las instituciones involucradas. Lo que debería ser normal en la función pública en nuestro país merece ser destacado, pues lo habitual es que se encubran los delitos y que los responsables, directos e indirectos, se mantengan en sus cargos o, en último caso, sean trasladados a otra dependencia. Por supuesto, las medidas mencionadas no bastarán para sanear las dependencias de la Policía Nacional encargadas de seleccionar, instruir y capacitar a los agentes, ya que la corrupción está allí muy extendida, según copiosos antecedentes.

    A modo de ejemplo de esta deshonrosa situación que afecta al estamento policial, valga recordar que el último 25 de octubre se publicó que el titular de la Escuela de Especialización para Oficiales, comisario principal Pedro Salvador Morel, habría cobrado 600.000 guaraníes a cada uno de los cuarenta agentes que elaboraron un trabajo práctico para poder ascender, aparte de obligar a 215 a adquirir por 150.000 guaraníes un buzo que no habría valido más de 50.000. El jefe académico denunciado pasó a ser director de la Escuela de Administración y Asesoramiento Policial, sin que sus presuntas actuaciones ilícitas hayan sido investigadas.

    Es de esperar que la saludable actitud asumida ahora por el comandante Críspulo Sotelo se repita en casos similares que, con toda seguridad, seguirán ocurriendo, dada la podredumbre tan extendida en el organismo encargado de preservar el orden público, la seguridad, los derechos y los bienes de las personas. El difundido empleo del neologismo “polibandi” revela que esa misión no solo es incumplida, sino también traicionada cotidianamente. Así, el mismo día en que la prensa informó sobre los exámenes de ingreso tramposos se supo que la Fiscalía imputó a un suboficial 1º por haber amenazado en la comisaría 22ª a una estudiante brasileña con involucrarla en un caso de narcotráfico si no le entregaba cinco mil reales. No sería raro que el mencionado policía haya egresado del hoy cuestionado Colegio de Suboficiales, involucrado en tan bochornoso asunto.

    Se ha llegado al colmo de que la sociedad deba ser protegida o tenga que protegerse ella misma de muchos delincuentes que siguieron la carrera policial para poder operar a sus anchas o que se envilecieron con el correr de los años, viendo la impunidad con que actúan otros uniformados y el abundante dinero sucio en circulación. La corrupción es contagiosa y, como el pez empieza a pudrirse por la cabeza, si los jefes roban sin ser punidos, los subordinados harán lo mismo, tarde o temprano. Si ya en unos exámenes de ingreso los aspirantes honrados se topan con el bandidaje, es probable que pronto se cansen de ser buenos o pierdan la conciencia de la honestidad. Solo así se explica la extendida delincuencia que campea en las propias filas policiales.

    En efecto, es obvio que todo lo relacionado con el ingreso en la Policía Nacional y con la formación allí brindada tiene mucho que ver con la calidad moral de sus cuadros. ¿Cómo es posible que en el Isepol aniden malandrines? Para formar parte de él, un oficial, suboficial o funcionario de la Policía Nacional, en servicio activo, con título de bachiller y con una antigüedad mínima de cuatro años, debe aprobar un examen de admisión que comprende las pruebas biomédica, académica, psicotécnica y de aptitud técnica. No existe una prueba que evalúe la integridad moral, como no la existe ni en la Academia de Oficiales ni en el Colegio de Suboficiales, que solo impiden el ingreso a quienes tienen un proceso judicial, aunque sus programas de formación incluyen, ciertamente, la promoción de “actitudes y valores éticos”. De la penosa experiencia que comentamos se deduce que la enseñanza impartida en estas instituciones policiales está podrida en su misma raíz y que –mientras no se adopten medidas ejemplares contra los responsables– el orden público en nuestro país seguirá a cargo de los “polibandis”. El saneamiento de los cuadros debe comenzar por el mismo Isepol y abarcar a todos los demás institutos formadores de los agentes.

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    Publicado por jotaefeb | 2 marzo, 2017, 11:27 am

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