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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Democrática pobreza

Asunción, esquina con semáforo. Dos filas de autos esperando la luz verde. Aquel muchachito delgado y alto, de cabellos mal cubiertos con una gorra de color impreciso, zapatillas gastadas, remera y pantalones raídos, era fácilmente distinguible en medio de los automóviles. Con una mano levantada enviaba su silencioso pedido de monedas con los dedos cerrados en círculo. Con la otra, un ir y venir hacia la boca, indicaba su necesidad de comer intentando llegar a través de los cristales hasta la mirada ausente de los conductores. Ese paisaje humano, típico de muchas arterias de Asunción, suele interpelarnos con dolorosos cuestionamientos: ¿Qué bretes de la vida arrojan a estos chicos, a la calle? ¿Cuántos de ellos dormirán donde les alcanza la noche… o comerán lo que encuentren, si encuentran algo? ¿Cuántos hermanos nuestros, mujeres, niños, indígenas o ancianos, están en la misma situación?
La respuesta de los gobiernos ante el drama, fueran ellos conservadores, progresistas, bolivarianos o como se llamen, han sido los “programas sociales”, con distintas variantes según la geografía y la magnitud del problema: “hambre cero”, subsidios a desocupados, a madres solteras, niños desamparados, ancianos en soledad o indígenas. Programas que consisten en asistir a estos colectivos con dinero del Estado, adornando de “sensibilidad social” lo que en realidad es obligación de cualquier gobierno organizado, responsable y eficiente. Tanto como los es la solución a los problemas de educación o salud, la atención a los sin techos o campesinos sin tierras.

El Programa Tekoporã de la Secretaría de Acción Social asiste a unas 150.000 familias en situación de extrema pobreza y vulnerabilidad. Pero la Secretaría de Planificación nos dice que el 22,24 % de la población total del país se encuentra en situación de pobreza. Esto quiere decir más de un millón y medio de paraguayos, cifra muy superior a las posibilidades financieras u operativas de la SAS. Algunas fuentes afirman que son muchos más.

Se vuelve inevitable entonces volver la vista hacia los Ministerios que tienen la misión de resolver las necesidades de la población; en las áreas de Salud y Bienestar Social, en las del Trabajo, Agricultura o Vivienda. Sin olvidar a la Diben al Indio la “proficua tarea social” que despliegan las entidades Binacionales. Pero ante el constante aumento de la dotación de limpiavidrios, cuidacoches, niños mendigos y vendedores callejeros en cada rincón de nuestras ciudades, uno se pregunta: ¿por qué tantos pobres con tantas instituciones atendiéndolos? ¿Por qué tan numerosos si además, están las ONG beneficiadas con fondos del Estado? ¿Por qué no hay dinero para lo que se necesita y todavía subsisten las Gobernaciones? Esas entelequias institucionales, sin territorios que gobernar y sin ninguna función específica, salvo hacer de “pasamanos” a las transferencias del gobierno central que, de paso, se dilapidan en la frondosa clientela partidaria que alimentan? Siendo la pobreza tan visible en nuestro país …¿por qué gastar dinero en la multitud de entidades y sus estructuras, funcionarios con gratificaciones y dobleaguinaldos, vehículos y presupuestos, para enfocarnos en atenuar al menos, el rigor de la pobreza de tantos compatriotas? ¿O es como las listas sábanas, que no se pueden tocar porque es el “negocio del estamento partidario”? ¿Como también es su negocio el de la “sensibilidad social”, para ayudar a correligionarios, amigos y parientes?

En el Paraguay hay pobres y no están escondidos. Pero en vez de atacar a la pobreza donde se la ve, en las esquinas de las ciudades y en los ghetos de marginales desparramados por toda la República, el gobierno sale a buscarlos como si fueran escasos o constituyeran un misterio. Como si la pobreza fuera un estatus que requiera de empadronamientos. Porque los padrones –allá al final– son falseados para dirigir la ayuda hacia alguna parte distinta de donde se ve a diario la miseria. Sirven para crear una viciosa dependencia que puede notarse fácilmente; especialmente en las audiencias públicas a las que los beneficiarios acuden a defender “sus conquistas” y al gobierno que los ampara. Y es cuando todo se desvirtúa: empadronamos pescadores para subsidiarlos por la veda y aparecieron maestros y concejales en las listas. Indemnizamos a “víctimas de la dictadura” y muchos de los beneficiarios no supieron reconocer dónde ni cuándo estuvieron en prisión. Se crean municipios en algún javorái, solo para que privilegiados de la casta partidaria “trabajen” de intendentes, concejales o funcionarios municipales. Ese es el Paraguay de los pobres abandonados y el de los “pobres de planilla”, pero empadronados como clientela política.

¿Será el “Cambalache” de Discépolo, nuestro próximo himno nacional?

Por Jorge Rubiani

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/democratica-pobreza-i-1569344.html

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Acerca de jotaefeb

arquitecto jubilado, hoy "hurgador" de la filosofía de vida, de las cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

8 comentarios en “Democrática pobreza

  1. Los olvidados de siempre

    @carlitosfranpy

    El fin de semana me fui de pesca con unos amigos. Buscamos un lugar tranquilo, lejos del ruido de la ciudad, para tomar tereré, relajarnos y probar suerte con los peces (porque en realidad no sabemos pescar). Decidimos ir del otro lado de la Costanera de Asunción, lugar al cual nunca habíamos ido antes y queríamos experimentar. Para llegar a dicho lugar tuvimos que atravesar el barrio Tablada Nueva de Asunción.

    Lamentablemente lo que resalta son las pintatas políticas en los postes de la ANDE”
    Este lugar yo lo conocía a grandes rasgos, pues ya lo había visitado en coberturas realizadas para el diario en la época en la que el papa Francisco estuvo en el Paraguay a mediados del año 2015. Recuerdo que en ese tiempo lucía limpio, ordenado y seguro. Pero todo cambió (empezando por el acceso al humilde barrio), ya no era el mismo que hace dos años atrás. Cruzando la avenida Artigas los caminos están intransitables. Nos acercamos a un pequeño almacén para comprar empanadas para el tereré rupa y el despensero nos comentó que las constantes lluvias destruyeron el acceso al humilde barrio y la Municipalidad de Asunción jamás se asomó por el lugar para reparar las calles. Adentrándonos más al barrio Tablada nos percatamos que en algunos lugares ni siquiera existen caminos, solo arena, barro y agua.

    También observamos con nuestros propios ojos la pobreza con la cual se vive en dicha zona del país. Se siente como una bofetada ver a niños descalzos, rodeados de suciedad y algunas escuálidas gallinas.

    Lamentablemente lo que resalta son las pintatas políticas en los postes de la ANDE y en las humildes paredes. Como aves de rapiña los politiqueros visitan el barrio Tablada Nueva y otras humildes zonas del país para esperanzar a los pobladores con mentiras y migajas. Todos sabemos lo que ocurrirá después de que esos mentirosos de pañuelos rojos y azules consigan los votos de los humildes, los volverán a olvidar, tal como lo hizo el Estado luego de la visita del papa Francisco.

    Mi jornada de descanso terminó de esa forma, con mucha impotencia al ver a tantos compatriotas en esa situación, a los olvidados de siempre.

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    Publicado por jotaefeb | 10 mayo, 2017, 8:33 am
  2. El Paraguay periférico

    Por cuestiones estrictamente personales me cupo de casualidad observar la triste vida de muchos de nuestros conciudadanos que viven en una zona marginal de la capital, no es que no conocía la existencia de este ambiente de abandono y olvido, de las ocasiones que por cuestiones de trabajo tuve que acompañar la asistencia que se hacía a los damnificados por la crecida del río Paraguay y en donde la pobreza llegaba con su canción más triste, obviamente esto dentro de una situación de emergencia hasta comprensible, pero lo observado días pasados en cercanía de la Cruz Roja Paraguaya en la zona del Parque Caballero y la entrada principal del denominado barrio Chino de la Chacarita nos muestra la dura realidad del Paraguay de la miseria, del vicio y de la corrupción.
    Los pacientes y familiares de esta sacrosanta casa de socorros que es la maternidad de la Cruz Roja, el lugar donde más madres dan a luz en el Paraguay, son prácticamente asaltados por los pequeños, niños de edad incierta, menudos de físicos, sucios, descalzos, desgreñados, con el pelo largo enredados por la suciedad, con rasgos de días, semanas de de no darse un baño en forma, pidiendo limosna hasta de forma agresiva, reclamando la monedita por un dudoso servicio de cuida autos, que indudablemente no lo podrán hacer debido a sus pocas fuerzas y la poca resistencia que podrían ofrecer. Sin embargo allí están porfiando unas monedas que creen ganados en pura ley, por el solo hecho de permanecer en el asfalto duro ante la indiferencia de la gente.
    Esas monedas necesitan de forma angustiosa y desesperada no para comprar un sache de leche o un pedazo de pan, no, juntando esas monedas acceden a un toco de Crack, más indispensable que los alimentos sanos para esos cuerpos esmirriados y carcomidos por la peor de las drogas conocidas y la más barata que ellos pueden consumir, el crack, después a la madrugada se los ven durmiendo, en un sueño duro, sin futuro y esperanzas en cualquier portal de los alrededores denominado con razón la zona roja, olvidados de toda forma de justicia y solidaridad de la comunidad y para quienes los servicios sociales del estado no llegan, creciendo en un ambiente de resentimientos y amarguras que son caldos donde se nutren los futuros delincuentes.

    Qué triste es mi país, pensé, con sus gobernantes gastando miles de millones de guaraníes para seguir gobernando aun en contra de lo que indica la ley madre, que es la constitución nacional, nuestros políticos peleándose como perros y gatos para asegurar su cuota de poder y riqueza mientras en extramuros y no tanto, miles de compatriotas se mueren literalmente de extrema pobreza o hipotecan su porvenir de forma rotunda y definitiva al no tener posibilidades de crecer sanamente, de estudiar, de progresar para ocupar un lugar en la sociedad del mañana, carcomidos por las drogas, la desnutrición y el analfabetismo cruel condenado irremediablemente a la opacidad más lóbrega como tantos otros compatriotas que viven en idénticas condiciones en el interior del país.

    Andrés Granje

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    Publicado por jotaefeb | 16 abril, 2017, 12:49 pm
  3. La desigualdad deteriora el desarrollo humano

    Esta semana, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo publicó el Informe Global de Desarrollo Humano, incluido el Índice de Desarrollo Humano. Paraguay se encuentra entre los países de desarrollo humano medio teniendo en cuenta la esperanza de vida al nacer, el nivel educativo y el producto interno bruto. En el año 2015 se ubicó en la posición 110 entre 188 países. Un hecho a destacar es que cuando se ajusta por desigualdad, el Índice de Desarrollo Humano se reduce 24 por ciento y la posición relativa de Paraguay en el mundo cae 5 lugares. Las desigualdades extremas que persisten en Paraguay no contribuyen al crecimiento económico, al desarrollo, a la seguridad económica ni a la estabilidad política.

    El Índice de Desarrollo Humano (IDH) es un instrumento estadístico que permite analizar la |evolución de los países, tanto en términos absolutos a lo largo de los años, como en términos relativos con respecto a los demás países del mundo.

    El IDH ubica a Paraguay como país de ingreso “medio” junto con otros como Bolivia, Nicaragua y Honduras. Países como Argentina y Chile están entre los países de desarrollo humano “muy alto”, mientras que Uruguay, Costa Rica, Cuba, Perú y Ecuador, entre los de desarrollo humano “alto”.

    En el último quinquenio, Paraguay verifica mejoras en el valor del índice pasando de 0,674 en 2010 a 0,693 en 2015. No obstante esta mejora, en este periodo la posición relativa cae 4 lugares. Es decir, avanzamos, pero muy lentamente, por lo que otros países nos han ganado en la carrera del bienestar.

    Este resultado debería llamarnos la atención teniendo en cuenta el buen desempeño económico que tuvo el país en los últimos años. Lo que nos está diciendo la información es que el crecimiento del PIB no se traduce necesariamente en mejoras sustanciales en la calidad de vida, por lo que al final, cuando nos comparamos con otros países, terminamos atrás.

    Esta situación queda todavía más evidente cuando comparamos países con mucho menor nivel de producto que están entre los de “alto” nivel de desarrollo humano. Con nuestro nivel de producto interno bruto, deberíamos estar mejor.

    El Informe de Desarrollo Humano de 2015 incluye, además, el cálculo del Índice de Desarrollo Humano ajustado por desigualdad. En este último año, el IDH de 0,693 cae a 0,525, con lo cual, en comparación con los demás países, Paraguay empeora su posición relativa 5 lugares.

    En definitiva, la publicación internacional proporciona elementos interesantes para el país al proveer el Índice de Desarrollo Humano comparable para todos los países y poniendo a la desigualdad como un factor relevante, confirmando lo que la percepción ciudadana siente de su país y lo que las estadísticas oficiales muestran.

    No es ningún secreto la escandalosa desigualdad en el acceso a la tierra y en los ingresos. Tampoco son desconocidas las desigualdades de género, las desigualdades territoriales, tanto entre las áreas rurales y urbanas como entre los departamentos o las desigualdades tributarias.

    Las desigualdades extremas que persisten en Paraguay, y para las que no hay políticas públicas, no contribuyen al crecimiento económico, al desarrollo, a la seguridad económica ni a la estabilidad política. Estas deben incluirse en la agenda pública para reducirlas de manera urgente y sustancial en el corto plazo.

    http://www.ultimahora.com/la-desigualdad-deteriora-el-desarrollo-humano-n1073416.html

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    Publicado por Anónimo | 31 marzo, 2017, 11:38 am
  4. Democrática pobreza III

    Por Jorge Rubiani

    La pobreza es un problema mezclado con los orígenes del Paraguay y existieron tiempos en que nos igualó a todos. Hubo presidentes que bajaron a la tumba desde una casa de alquiler. Siete de ellos fueron hijos de madres solas, laboriosas y pobres. Fue en las mismas épocas en que tuvimos políticos pobres, idealistas y soñadores, que sufrían por lo que todos sufríamos. Por ahí, en un descuido, habrá alguno todavía. Y también desde luego, intelectuales, poetas y músicos pobres (los sigue habiendo), que cantaron sus deseos de una “patria nueva” reiterando de maneras más poéticas, el enfático “¡BASTA!” de nuestro himno; como para que se acabaran las penas que nos castigaron –nos castigan– desde hace tanto tiempo.

    Pero ahora, ya irremediable y materialmente pobres, indigentes de ideales y sueños, pareciera que cuanto más ignoramos la miseria de nuestros orígenes, asumimos equivocadamente que no nos alcanzarán sus coletazos. Y hasta dejamos de percibir la que florece a nuestro alrededor y que castiga a muchos de nuestros compatriotas por carecer de empleo o de vivienda, de vestidos o de comida. Aunque todos sigamos igualados –como antes y siempre– en la falta de educación o de salud. Ni hablar siquiera de nuestra miseria en materia de seguridad y Justicia. Por alguna razón, alguien afirmó que en el Paraguay “lo único que progresa es el atraso”.

    Pero… ¿cuándo empezó la pobreza –la de los más pobres– a “desigualarnos”? Las respuestas a este interrogante excederían con largueza la posibilidad de contenerlas en una columna. Se diría que fue desde el día en que dejamos de compartir una esperanza y que por el mismo motivo, ya no podamos compartir el sueño de un futuro mejor. Fue cuando abandonamos la solidaridad, la tolerancia y el respeto que nos debemos, aunque no lleguemos a prodigarnos amor ni afecto. Desde que se defraudaran nuestras esperanzas en cada oportunidad abierta. Desde que alguien, en alguna parte, hizo sonar la trompeta del “sálvese quien pueda” y antes que nos diéramos cuenta, los aprovechados de siempre “captaron” de dónde provenía el sonido y hacia adonde había que disparar. Esa dirección a la que llaman hoy “nuevo rumbo”.

    Pero acorde a los nuevos tiempos en que todo se disfraza, empezando por las estadísticas, el gobierno asume la pobreza “como un desafío”. Y sale a empadronar pobres para hacerlos sujetos de los “programas sociales”. La cuestión que surge entonces es la siguiente: Si la Secretaría de Emergencia Nacional inicia su cobertura con los que ya tienen el agua a la altura de la cintura o del cuello… ¿no se puede hacer lo mismo con los pobres extremos? ¿Empezando el combate a la pobreza con los que ya están en la calle… en la peor condición en que puede remitirnos la miseria? Llegar a ellos con todo el respeto y cuidado que tengan que aplicarse para que sean registrados y sus casos debidamente procesados y resueltos como para que abandonen el desamparo? Aparte del “problema social”, categoría a la que se remite el fenómeno… ¿por qué no se la percibe también como un problema legal (muchas de las mercaderías que se venden en la calle, son producto del contrabando); como un problema sanitario (las frutas, verduras o alimentos a la venta, están impregnadas del mismo monóxido de carbono que aspiran sus vendedores); a un problema de seguridad, debido a que los informales circulan entre los vehículos sin ningún cuidado. Y debe verse además y fundamentalmente, como una incapacidad del Estado Nacional que se ha omitido hasta hoy, de evaluar correctamente la pobreza y sus circunstancias, como para aplicarse seriamente a su solución.

    Y si la magnitud de todo lo señalado excediera los recursos disponibles, la energía y la materia gris de los funcionarios públicos, bastaría un “recorrido virtual” por países que ante los mismos problemas, han instrumentado algunas iniciativas para atenuar el impacto negativo de la pobreza. A saber, por ejemplo:

    –Refugios con cama, baños, cena y desayuno caliente para todo el que lo necesite.

    –Comedores públicos con –al menos– una comida diaria.

    –Guardería de bebés y niños, con todo lo necesario en alimentación, reposo, vestido, juegos y enseñanza escolar.

    –Campañas de extensión y cobertura desde las escuelas, colegios y universidades. La pobreza es menos grave cuando es conocida por todos; y todos procurar remediarla.

    El financiamiento que permita instrumentar algo de esto no debe ser muy difícil. A los viáticos y sobresueldos que deberían recortarse… o los boletos aéreos de 1ª clase que se canjeen por los de clase económica; deberían sumarse la eliminación de entidades o “consejos” innecesarios. Medidas que con la emisión de algún “bono soberano” para nuestra soberana miseria, serán útiles para que recuperemos la conciencia de nuestros orígenes y el sentido de responsabilidad que nos caracterizara en otro tiempo. Y para que nuestra pobreza no nos duela tanto…

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    Publicado por jotaefeb | 3 marzo, 2017, 8:45 am
  5. Nuestro sistema alimenticio necesita cambiar. Comencemos ahora.
    02 Mar 2017

    Por Amanda Sourry
    Presidente Global de Alimentos de Unilever.
    Para el 2050, debido al crecimiento de la población, de ingresos y la rápida urbanización, una población global de 9,7 mil millones necesitará un 60% más de alimento que lo que se consume hoy en día en todo el mundo. Alimentar a esta creciente población tanto con alimentos nutritivos como también sustentables requiere de mejoras importantes de lo que hoy en día es un sistema alimenticio global “quebrado”.

    Si bien la agricultura y la comida figuran como un aspecto en común dentro de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, las problemáticas (desde la salud del suelo hasta la salud pública) continúan siendo abordadas por separado y la desconexión entre lo que cultivamos y lo que comemos se hace cada vez mayor.

    En Unilever, estamos comprometidos con la nutrición sustentable, tanto con la comida elaborada como con la que se consume de manera sustentable.

    Para nosotros significa producir alimentos seguros, de alta calidad y nutritivos, que sean accesibles para todos, respetando el medio ambiente y minimizando los residuos, ayudando a mejorar los medios de vida de los productores y el bienestar y nutrición de los consumidores. Como una de las compañías alimenticias más grandes del mundo, reconocemos el rol que tenemos para ayudar a rediseñar el sistema alimenticio global, con el fin de brindar a la creciente población mundial alimentos saludables provenientes de un planeta saludable.

    El desafío es complejo y no puede abordarse eficazmente si se ve a la producción alimenticia y al consumo por separado. Por lo tanto, la forma de replantear el sistema alimenticio global es a través de un enfoque holístico para mejorar la nutrición (personas saludables) y la agricultura sustentable (planeta saludable); es la única manera que podemos contribuir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

    No obstante, debemos reconocer que el sistema alimenticio ha generado una falta de confianza en el consumidor hacia las grandes compañías alimenticias. La orientación nutricional confusa, complicada y, hasta a veces, contradictoria genera que la confianza del consumidor en la ciencia y en los expertos científicos disminuya. No es suficiente con “reparar” el sistema que provee el alimento que consumimos, también debemos reconstruir la confianza de los consumidores en la industria alimenticia para que podamos ayudarlos a realizar elecciones más saludables y sustentables cada día.

    La industria alimenticia necesita asegurar que está priorizando, ante todo, la salud de los consumidores a la hora de considerar políticas corporativas, como por ejemplo, el etiquetado de alimentos y el marketing dirigido a los niños; y garantizar que sus actividades fomenten el consumo responsable para que sea más fácil para los consumidores elegir lo saludable.

    Asimismo, al reconocer el impacto del cambio climático global en el sistema de agricultura, nosotros, como grandes compañías alimenticias, tenemos el deber de continuar haciendo mejoras en las cadenas de producción y estimular a los consumidores hacia una nutrición basada en vegetales.

    Pero esto es solo el comienzo. Solos no podemos lograr semejante transformación del sistema alimenticio global. Es por eso que creo que de todos los Objetivos de Desarrollo Sostenible, el Número 17 (Alianza para lograr los Objetivos) es el más importante. Ninguna organización por sí sola puede cambiar nuestro sistema alimenticio: las claves son la colaboración, la creación en conjunto y las alianzas con distintos sectores.

    Si queremos que los Objetivos de Desarrollo Sostenible se alcancen, todos nosotros (gobiernos, ONGs, la industria alimenticia, agricultores, proveedores, minoristas y consumidores) tenemos que ser más abiertos en la forma en que pensamos y nos comportamos.

    Al abordar el sistema alimenticio de una forma holística, desde la producción hasta el consumo, creo que podemos desarrollar en conjunto un nuevo sistema global que provea acceso universal a alimentos nutritivos, saludables y producidos de manera sustentable, al mismo tiempo que protegemos el medio ambiente, mejorando los medios de vida de productores y proveedores, así como también la salud de los consumidores. Me gustaría pensar que ahora es el momento, para que juntos y unidos busquemos el cambio.

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    Publicado por jotaefeb | 2 marzo, 2017, 11:54 am
  6. Inversión social
    02 Mar 2017

    Un Estado nunca debe dar la espalda a las necesidades de la gente, sino todo lo contrario, tiene que enfrentar las adversidades y velar que las instituciones estén sobre todo al servicio de los más carenciados, en la afanosa búsqueda de una igualdad social.

    Las necesidades en nuestro país son grandes debido a la carente planificación y el poco interés demostrado por gobiernos anteriores a los graves problemas sociales, priorizando intereses personales o grupales.

    A decir del Gobierno, esto ha cambiado y ahora se enfoca decididamente, de manera seria y comprometida, a dar solución a los problemas sociales que afectan a miles de compatriotas.

    En ese sentido, a modo de ejemplo, cabe apuntar que se informó que durante el primer mes del año el Gobierno invirtió 243 millones de dólares en el área social, de los cuales 54,1% fueron financiados con recursos del Tesoro, mientras que el 44,4% fue cubierto con fondos institucionales y solo el 1,5% restante fue saldado con dinero proveniente del crédito público. Así lo informó el Ministerio de Hacienda.

    En este contexto, cabe apuntar que senadores de la oposición y colorados disidentes se oponen férreamente a la emisión de bonos que corresponden al presente ejercicio. Uno de sus principales argumentos sostiene que los recursos provenientes de ese instrumento financiero son utilizados solamente para el pago de deudas externas y que no tienen incidencia en los programas sociales ejecutados desde el Gobierno Nacional. También aseguran que tendrán efectos nefastos en el presupuesto del Estado, porque en el futuro el país no podría cumplir con dichos compromisos financieros.

    Es de señalar, como apuntó un artículo publicado ayer en este diario, que con la traba que estos legisladores intentaron anteponer con la negativa de autorizar la emisión de bonos, los programas sociales fueron los principales proyectos afectados por falta de recursos.

    Una buena noticia fue que la Corte Suprema de Justicia se pronunció al respecto, indicando que los bonos son completamente legales y que pueden ser comercializados sin inconvenientes, lo que supone una tranquilidad tanto para el Gobierno como para los interesados en los bonos.

    De acuerdo a los informes proporcionados por el Ministerio de Hacienda, la inversión en el área social alcanzó en términos nominales en guaraníes 1 billón 400.000 millones. Esta cifra indica un incremento del 28,7% con respecto a lo destinado a dicho rubro en el mismo mes del año pasado.

    Los datos proveídos por la cartera de Estado señalan también que el 53% de los recursos utilizados por las entidades de la administración central fueron orientados a la inversión social, mientras que el resto de los recursos se distribuyó entre los demás sectores como la administración gubernamental, seguridad, económico y deuda pública.

    Las cifras dan cuenta de que de cada 100 guaraníes utilizados, 53 fueron invertidos en la población a través de los programas sociales. Los principales sectores sociales beneficiados con los desembolsos en el mes de enero del 2017 son: educación, que recibió el 33% del monto total; promoción y acción social, con 31,8%, y salud con 17,3%, entre otros.

    A estos números, que aún deben ser mejorados, es bueno sumar otra buena noticia. El Poder Ejecutivo anunció la licitación del proyecto de la avenida Costanera Sur en Asunción, que tendrá unos 7,9 kilómetros de extensión que comprenderá desde el cerro Tacumbú al cerro Lambaré. La inversión asciende a 180 millones de dólares, lo que generará de nuevo un movimiento económico importante en el área de construcción y consecuentemente en diversos sectores de la población. La licitación se hará bajo la modalidad de la Ley 5.074, conocida como “De llave en mano”, por el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC).

    El ambicioso emprendimiento, además de la Costanera y defensa costera, construirá unas 5.000 viviendas sociales para los pobladores del Bañado Sur. En este sentido, se detalló que a partir de mayo o junio ya se iniciarán las 30 hectáreas de refulado y que permitirá iniciar la construcción de las viviendas a finales de año en los meses de noviembre o diciembre.

    Estos números sobre las inversiones en el área social y las inversiones que vienen, indudablemente son sumamente positivos en un momento en el que algunos sectores asumen una irresponsable postura al intentar frenar todo, haciendo prevalecer sus intereses electorales antes que los de la gente.

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    Publicado por jotaefeb | 2 marzo, 2017, 11:53 am
  7. Democrática pobreza II

    Por Jorge Rubiani

    Nunca como en la atención a la pobreza se aplica aquello de que: “para aprender lo adecuado, hay que desaprender lo inadecuado”. Es decir, que hacer lo correcto implica necesariamente dejar atrás lo que estamos haciendo mal. Y nada como en el combate a la pobreza y el amparo a los pobres se han cometido tantos errores. Muchos y desde hace demasiado tiempo. El último de ellos y gracias a una de las numerosas “malformaciones democráticas” que cobijamos, ha sido la profesionalización de la pobreza. Su financiamiento, con cualquiera de los nombres con los que la demagogia oficial la designa. Porque si el Estado Nacional premia la condición con una asistencia sin contrapartes, el beneficiario pensará que el Gobierno simplemente cumple con su obligación. Y aunque así fuera, lo hace mal porque lo que aporte en dinero no será nunca suficiente ni alcanzará para todos. De últimas, no será lo que los favorecidos esperan o creen que merecen.

    Es indiscutible el auxilio e indispensable la ayuda, pero dentro de un planificado proceso de combatir la pobreza; y si fuera posible, erradicarla. Abordando el tema desde los problemas que la originan hasta sus amargas consecuencias que terminan convirtiéndola en un asunto de interés general. Por lo que si el componente asistencial es la ÚNICA respuesta del Gobierno y casi siempre coincidente con tiempos electorales, la iniciativa pierde toda seriedad. Y consolida un vicio de conducta colectiva (de benefactores y beneficiarios) y, definitivamente, en un acto fallido que no erradicará la pobreza ni ayudará a los pobres. Que es como sucede exactamente en la actualidad: ¿acaso no tenemos una Secretaría de Emergencia Nacional que atiende “emergencias” que se repiten todos los años…. para equipar refugios o financiar el retorno a las costas de donde, en la próxima temporada de crecidas, la gente volverá a los refugios?

    Nadie puede ignorar la pavorosa estadística de carentes en nuestro país, porque esta se manifiesta en el cotidiano desfile delante de los semáforos. Se reitera en cualquier asentamiento marginal del Paraguay profundo o en los bordes de nuestros centros urbanos. Se patentiza en el éxodo de miles de compatriotas para buscar alternativas laborales o de otros que terminan deambulando entre nosotros, encorvados por la desesperanza, para pellizcar lo que puedan antes de sumergirse en la mendicidad. Aunque también debe contabilizarse a los pícaros, quienes bajo la orientación de sus punteros partidarios o líderes políticos se “anotan” en las listas de cualquiera de los beneficios que otorgue el Gobierno. Este se ufana entonces de un logro inexistente y en el colmo de la irresponsabilidad, borra el rubro “pobreza” de su listado de problemas … y “a otra cosa mariposa”.

    Porque … ¿cómo saber si la asistencia a una familia llega a todos sus miembros? ¿Cómo asegurarse de que un subsidio beneficie a un colectivo de necesitados? Fue el eterno dilema en la asignación a los excombatientes de la Guerra del Chaco. Es el problema de las pensiones graciables. Es el que se nos plantea con los niños y menesterosos que mendigan. El dinero que recaudan ¿es realmente para ellos? Y a propósito … ¿por qué los bebés/escudos están siempre dormidos? ¿Qué grado de parentesco tienen los que acompañan a los que no pueden valerse por sí mismos? ¿Quién se asegura que el dinero recaudado se revierta efectivamente en ellos? ¿Y quién protege a todos de la inhalación permanente de monóxido de carbono, ubicados como están, en las zonas de mayor infestación del aire en Asunción?

    Como puede notarse, la pobreza tiene muchos componentes y demasiadas derivaciones. Entre ellas, la más temida de todas: la violencia. Pues si la misma Constitución establece que “todos los paraguayos somos iguales”, empezamos a pisotear las normas cuando encaramos un problema tan serio de una manera irresponsable y demagógica. Y es esa displicencia, precisamente, la que desencadena la hostilidad que nos castiga todos los días. Algo más debe hacerse y de manera urgente. Por de pronto, reducir las tensiones que produce el Estado cuando derrocha en algunos pocos de lo que priva a la mayoría. Y el resto, nosotros, deberíamos asumir que cuando existen planilleros en la función pública o las autoridades de un país carente como el nuestro derrochan en vehículos lujosos, alguna medicina estará faltando en un hospital público.

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    Publicado por jotaefeb | 2 marzo, 2017, 11:28 am
  8. Salsa política indigesta

    Este año va camino a convertirse en un escenario extremadamente complejo en lo político y económico con derivaciones sociales dentro del cual tendrán que ser tratados un número considerable de asuntos, en especial los que ponen frente a frente a dos poderes: el Ejecutivo y el Legislativo, con el Judicial en guardia para dirimir controversias.
    Dentro de este panorama, la pelea presupuestaria no es menor y tal como está planteada, amenaza convertirse en una verdadera batalla campal con las internas partidarias rumbo a las elecciones generales de 2018 como fondo de pantalla. Lo que se dice, un cóctel tóxico con efectos directos y secundarios impredecibles. Uno de los focos de conflicto más virulentos es generado por los bonos soberanos. Al poner en vigencia el presupuesto versión 2016, el Poder Ejecutivo (PE) ha entendido que rigen –de hecho y de derecho- las autorizaciones dadas para la emisión de títulos de deuda en el ejercicio fenecido. “Se repite el Presupuesto del año anterior en todos sus elementos, ingresos, gastos y fuentes de financiamiento” aseveró el titular de Hacienda ante el Congreso. Esta decisión del PE ha generado fuertes encontronazos en el Senado, que en primera instancia ha recortado al PE de US$ 558 millones a US$ 349 millones su autorización para emitir bonos soberanos, mientras en Diputados la polémica se ha instalado entre la bancada oficialista, la colorada disidente y la oposición. Sigue vigente, además, la limitación impuesta al gasto de política monetaria, instrumento que el Banco Central del Paraguay considera esencial para mantener la estabilidad monetaria. La perspectiva pinta un año de fuertes turbulencias en materia de economía y finanzas. Los gastos fijos operativos y la amortización de deuda dejan al Tesoro con pocas posibilidades de expandir sus gastos de capital, especialmente aquellos dirigidos a la ampliación de la red vial, redes de agua potable, cloacales y mejorar infraestructura en escuelas, universidades y hospitales. El Congreso se ha mostrado cerrilmente opuesto a recortar gastos corrientes –sobre todo los que afectan a ambas Cámaras- y pretende reducir a cuentagotas y hasta suprimir la emisión de deuda soberana, única fuente de financiación para obras esenciales. Pero también se ha opuesto, una y otra vez, a imponer retenciones al complejo de la soja, responsable de gran parte del Producto Interno Bruto del país. Aunque las comparaciones sean odiosas, tomemos un ejemplo cercano. En su campaña 2016-2017, la provincia de Santa Fe produjo 11 millones de toneladas de soja provenientes de 3.350.000 hectáreas cultivadas. La política de retenciones impuesta por el gobierno federal hizo que Santa Fe dejara al tesoro argentino US$ 1.200 millones. Con una producción equivalente, la cadena paraguaya de la soja entregó a Hacienda en 2016 apenas US$ 46 millones, una 26ª parte de lo que contribuyen sus colegas santafesinos. La batalla entre la calidad del gasto público, la aún pendiente extensión de la base tributaria y la política de endeudamiento externo enfrentan a un PE propenso al autismo y un Congreso que, presa de un internismo galopante, traba cada vez que puede el accionar del Gobierno. Lo que se dice, un salsa política cada día más indigesta.

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    Publicado por jotaefeb | 1 marzo, 2017, 8:39 am

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