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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Paren la violencia

¿Qué mueve a un ser humano a reventarle la cabeza a un semejante con un mazo probablemente de 20 kilos, dejándola tirada en un charco de sangre; luego subir a una motocicleta e ir a estrellarse contra un camión, matándose? Esto ocurrió ayer en Ciudad del Este. Hace tres días, un hombre le disparó a su novia siete balazos y luego él se pegó un tiro, matándose. Pese a la gravedad de su situación, la mujer logró salvarse y se encuentra estable en el Hospital del Trauma. Ese mismo día, otro hombre, presumiblemente, le mató a su pareja de un disparo de rifle que le metió en la cara, a bocajarro, debajo del ojo derecho. Casi dos semanas antes, un músico habría acabado con la vida de su pareja, en Villa Hayes, a golpes. El mismo se encuentra prófugo.

Hubo otros casos donde las víctimas igualmente fueron mujeres, en cuyo ensañamiento se percibe que el crimen especialmente atroz por la condición de mujer de la víctima. El primer caso se registró apenas comenzado el año, el 2 de enero, en Ciudad del Este. Una mujer fue hallada ese día tirada, con rastros de severos golpes. Luego se confirmó que fue violada, asfixiada y muerta a golpes. Cinco días después, en Yaguarón, una mujer de 63 años fue violada y asesinada. Al día siguiente, otro cuerpo de mujer fue encontrado al costado de un colegio en el kilómetro 7 Monday, otra vez en Alto Paraná; tenía disparos en el pecho, golpes en la cabeza y también fue violada. Otra mujer, tres días después, fue víctima de un intento de convertirla en antorcha humana su pareja, un malabarista.

Él año pasado, la cifra de mujeres que fueron asesinadas por su condición alcanzó 39, una cantidad muy superior a las registradas en años anteriores. La violencia intrafamiliar fue el segundo hecho punible más denunciado el año pasado, según estadísticas del Ministerio de la Mujer, y cada nueve días y medio una mujer era víctima de feminicidio. La ministra Ana Baiardi expresa un panorama desalentador al arrancar el año.

Nadie en su sano juicio puede negar que estos sean hechos de locura. Y como tal, deben ser tratados por profesionales. Sobre todo en la prevención, ya que de nada sirve llorar sobre la sangre derramada, sino evitar que siga ocurriendo.

Ni una Isidora más (52 años, asfixiada, muerta a golpes y violada); ni una Severiana más (63 años, violada y asesinada); ni una Mirian más (39 años, violada, baleada y golpeada hasta morir); ni una Mercedes más (28 años, muerta a golpes); ni una Valeriana más (27 años, muerta de un disparo en el rostro); ni una Lorena más (40 años, asesinada a golpes en la cabeza con un mazo).

Esta mañana se entregará un nuevo informe sobre la situación de violencia de la mujer en Paraguay por su condición de género; sin embargo, poco o nada existen sobre políticas desde el Estado, que deban acompañar la nueva legislación de protección a la mujer, como una justicia menos machista.

Roque Jara

http://www.ultimahora.com/paren-la-violencia-n1057869.html

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Acerca de jotaefeb

arquitecto jubilado, hoy "hurgador" de la filosofía de vida, de las cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

17 comentarios en “Paren la violencia

  1. Violencia, injusticia y desamor

    Por Lourdes Peralta

    Constantemente leemos noticias trágicas sobre violencia en las parejas. Aunque no todos, muchos de los más viejos ya no nos preguntamos qué está sucediendo, porque deducimos que esto tiene raíces muy claras, consecuencia de los males y antivalores que se han instalado en nuestra sociedad, y si se permite decir, cultura.

    Especialmente los noticieros locales de la televisión, considerando el poder que tiene este medio masivo, lejos de cumplir con aportar al menos un mediano análisis para que la gente comprenda las razones y entre todos trabajemos por lo mejor, lamentablemente se sirve de esta violencia para llenar su espacio. Cronistas y conductores de televisión aportando solo la cuota del horror. ¿Qué le queda al televidente con esto?

    La violencia contra la mujer se ha situado como un tema central, aunque nadie discute que no es grave, se está descuidando el otro lado de la pareja. Los debates que se instalan en la sociedad mantienen puntos de vista fanáticos y dividen a la población. Es totalitario, en toda observación sensata, concluir que el hombre es violento por celos. Limitarse a ello queda en el chisme y la maledicencia.

    Cada vez más, mirando los noticieros, se escucha a varones acusados de violencia, pedir ayuda a su manera, así como están: con bajo nivel de educación, falta de trabajo, adicción a las drogas, desorientación… sin embargo esto no ni siquiera dicho de refilón por los que presentan los casos diarios. Una conductora, después de escuchar la súplica de ayuda de un acusado, apenas comentó: “Qué conversador estaba…”. Ni cronistas ni conductores, quienes tienen el privilegio de estar en directo contacto con la fuente, tienen las mismas agallas con los primeros responsables de este caos social de violencia que vivimos.

    No solo las mujeres sufren, también los hombres. Verdad de Perogrullo que sigue vigente. Si no damos un enfoque bidireccional, alimentamos más separaciones y crímenes.

    Ya no es novedad que la ideología de género trabaja sin pausa para imponer en la mente común que el machismo (o sea, el hombre) es el culpable en todo fracaso en la pareja. Por supuesto, conversando y conociendo casos difíciles, esto se desmorona porque cada historia tiene dos campanas. La ley integral de protección a la mujer, que privilegia legalmente esta, no será nunca una solución de armonía y unión, de permanencia de la familia. La Justicia lo sabe de sobra: para que la pareja funcione, ambos lados tienen que tener un trato legal igualitario.

    En los medios, a las mujeres se les da la oportunidad de defenderse, llegan hasta su casa, hasta su familia, en cambio a los hombres no se les permite expresar su versión. ¿Cómo erradicar entonces el problema y/o la enfermedad real?

    Los asesinatos o golpizas a ciertas mujeres, que nadie niega, son tan oscuros y reales como el pozo hondo en el que cae el criminal.

    La violencia extrema no distingue a nadie, así se contempla en la ley natural y así tiene que contemplarse en la ley jurídica.

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    Publicado por jotaefeb | 9 mayo, 2017, 8:59 am
  2. Así nomás luego es

    En su minuto a minuto, la avalancha informativa no nos permite, a veces –o quizá siempre–, digerir ciertas noticias. Como fichas de dominó nos caen en pantalla o en titulares del diario papel, casos de feminicidio, campañas pro reelección, firmas de apps de dudosa legitimidad e índices económicos sospechosamente manipulados, nos vienen cayendo sin posibilidad de recuperarnos.
    Adrede o no, quienes nos tiran los escándalos día a día, no nos permiten mirar con detenimiento algunas cosas alarmantes que suceden en nuestro país, pero que quedan enterradas bajo pilas de fichas de noticias.

    Esa sobrecarga de escándalos e información no nos da tiempo de poner foco sobre algunas cuestiones que nos afectan cotidianamente como ciudadanos, como la invisibilidad de un sector muy vulnerable de la sociedad: el abuso a los menores de edad.

    Hace apenas dos años, la sociedad se escandalizaba por el caso de Mainumby, la niña que cuando tenía once años había quedado embarazada producto de la violación perpetrada por su propio padrastro. Pasó el escándalo, y Mainumby se convirtió en madre y pasó al olvido. Luego siguieron apareciendo otras víctimas y otras niñas madre. Pero, ya no escandalizaron. Se volvió “normal”. Cuando la sociedad se vuelve insensible, las víctimas se invisibilizan y los abusos se normalizan. Ya nadie se escandaliza por estos casos, cuyas estadísticas dan cuenta que unas 700 menores de edad dan a luz anualmente en nuestro país. Y tristemente para todos nosotros son solo un número más en los fríos números que están en nuestra base de datos.

    La sociedad paraguaya es, entonces, una sociedad de madres precoces y padres ausentes e irresponsables. La culpa y responsabilidad recaen sobre ellas y exime a los hombres porque las cosas son “así nomás luego”.

    Lo peligroso de esto es que al normalizar una cuestión que no está bien, los responsables de las políticas públicas ignoran el problema y no actualizan las formas de brindar soporte a quienes sufren de esto. Así las cosas, mucho menos se ocupan de implementar planes para evitar el aumento de los casos de abuso y de su consecuencia, el embarazo precoz.

    Así nomás luego es, cuando justificamos la corrupción y la coima, los desvergonzados saqueos del dinero público, que se utiliza para pagar caseros, niñeras, amantes y viajes, mientras miles de compatriotas mueren porque no hay combustible para la ambulancia.

    Es grave, doloroso y a la vez vergonzoso que como sociedad, que con el “así nomás luego es” abandonemos a las víctimas. Callamos como sociedad, como familia, porque no exigimos que el Estado cumpla con su rol y que se eviten casos como Mainumby.

    Por Marta Escurra

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/asi-nomas-luego-es-1575336.html

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    Publicado por Anónimo | 22 marzo, 2017, 9:32 am
  3. Feminicidios y violencia contra la mujer, una realidad inaceptable

    En el 2016 se reportaron 39 casos de feminicidio. Pese a esta espantosa realidad, la aprobación en el Congreso de la Ley “De protección integral a las mujeres contra toda forma de violencia” dejaba un aire esperanzador. Lamentablemente, el optimismo duró poco, pues en los dos primeros meses del año (y conste que Febrero aún ni siquiera feneció) ya son varias las féminas asesinadas.Entonces, resulta evidente que queda mucho por hacer para evitar que más mujeres sigan siendo maltratadas o muertas por sus parejas o ex parejas.
    De acuerdo con los datos del Ministerio de la Mujer, la violencia intrafamiliar fue el segundo hecho punible más denunciado en el año 2016. Además, entre el 85 y el 95% de las víctimas de violencia son mujeres, de las cuales entre el 60 y el 80% de los casos el agresor resulta ser la pareja o ex pareja. Los datos del Observatorio Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana, del Ministerio del Interior, señalan que entre 2013 y 2015, de un total de 93 mujeres víctimas, 72 fueron asesinadas por concubinos, esposos o ex parejas, lo que constituye un 77,4% del total de casos.
    En Alto Paraná, ya se registraron varios feminicidios en lo que va del año. La joven desaparecida en Tavapy y cuyo cadáver fue hallado en Santa Rita; o el caso de Itakyry, de la joven embarazada asesinada a machetazos por su pareja violenta, son apenas algunos de los bárbaros hechos cometidos en lo que va del 2017.
    La Ley “De protección integral a las mujeres contra toda forma de violencia”, aprobada el año pasado, que busca tipificar los casos de feminicidio como una medida para combatir esta problemática, es indudablemente un gran paso. Además de establecer la figura del feminicidio o asesinato de mujeres como hecho punible, fija condenas de entre 10 y 30 años de prisión.
    La nueva normativa también especifica los distintos tipos de violencia: feminicida, física, sicológica y sexual, contra los derechos reproductivo, patrimonial y económico, laboral, entre otros, e incorpora la perspectiva de igualdad de derechos del hombre y la mujer, y la no discriminación en el currículo educativo. Un aspecto importante es la eliminación de obligatoriedad de que las mujeres víctimas de violencia tengan que conciliar con sus agresores.
    No cabe dudas de que la ley es importante, pero ella sola, sin acciones decididas, inteligentes y comprometidas de todas las instancias del Estado paraguayo será letra muerta. Y es precisamente el gran desafío que también enfrenta la sociedad.
    Es totalmente inaceptable que en el Paraguay, una mujer muera víctima de feminicidio cada 9 días o que cada 11 horas una mujer sea víctima de violación, como es inaceptable también que permitamos que siga prevaleciendo la cultura machista. Es hora de actuar, de despertar las conciencias. Nos enfrentamos a un grave problema, hay que frenar esta epidemia de violencia. No se puede aceptar esta realidad.

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    Publicado por jotaefeb | 22 febrero, 2017, 8:44 am
  4. Alto Paraná, cada vez más violento
    21 febrero, 2017

    Solo el fin de semana que pasó, unas cinco personas fallecieron en el Alto Paraná, dos asesinadas en circunstancias hasta ahora desconocidas, una fue baleada cuando quiso defender a su vecina de un asalto callejero y otras dos murieron en percances ruteros. Un tercer herido en accidente de tránsito está con muerte cerebral, fue arrollado por un agente policial en estado de embriaguez.
    Estas víctimas se suman a las decenas de muertes violentas que se registraron en lo que va del año en el décimo departamento. Muchos de los crímenes permanecen impunes por años, pues ni siquiera se esclarecen los trasfondos y los autores, simplemente nunca son detenidos.
    Pese a la alarmante cifra, las autoridades locales parecen anestesiadas ante esta situación, pues ni siquiera se pronuncian al respecto. Ni el gobernador del Alto Paraná ni los intendentes de los 22 municipios muestran algún signo de indignación. En tanto la ciudadanía, como los productores, comerciantes, estudiantes y otros sectores soportan la angustia por no saber si regresarán sanos a sus casas, luego de una jornada laboral.
    La violencia en esta zona es cada vez más preocupante. Los homicidios se tornaron hechos frecuentes y por lo tanto, necesitan una especial atención. Se debe indagar qué es lo que está pasando con la sociedad altoparanaense para buscar una posible solución que ponga freno a esta ola de violencia, que cada día solo se responde con más violencia. Este problema fomentado por la falta de investigación seria y el castigo ejemplar para aquellos que atentan contra el bien más preciado del ser humano, la vida, requiere de acciones estratégicas que involucre a toda la ciudadanía.
    Las autoridades de una región tan sensible, como lo es la Triple Frontera, no pueden seguir en una burbuja y pasar por alto tantas muertes que enlutan a las familias de la zona. De seguir así, la violencia se seguirá apoderando de los sectores y cada vez será más difícil hacerle frente.

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    Publicado por jotaefeb | 21 febrero, 2017, 9:33 am
  5. No hay vidas sin valor

    Por Lourdes Peralta

    “Un hombre degolló a su padre, la hermana menor fue testigo. Pasemos a otro tema”, fueron las palabras y el tiempo que le dieron a un caso de parricidio. Es el reflejo de la prioridad que se le está dando socialmente solo a un tipo de crimen.

    Cuando hablamos de un asesinato no pensamos específicamente en un hombre o una mujer, ya que cualquiera de los sexos puede cometerlo. Sin embargo, es tanto el trabajo que se hace para concienciar sobre la violencia contra la mujer, que si escuchamos “la mataron”, damos por hecho que la víctima pereció brutalmente a manos de un hombre. Estas respuestas automáticas son peligrosas y no debemos aferrarnos a ninguna única verdad, porque cada situación es diferente y lo sabemos por experiencias propias o cercanas.

    Sin dudas, la violencia contra los más débiles, sea quien sea, es un problema social urgente, pero en él entran también niños por nacer, niños pequeños, hombres y ancianos, todos de ambos sexos.

    Feminicidio o femicidio es un concepto de este siglo que afirma que un hombre ha matado a una mujer por ser mujer; el feminismo extremo afirma que las matan “porque odian a la mujeres”. Basados en el aumento de casos de violencia familiar, hay organizaciones y personas que buscan denodadamente aprobar la ley integral que proteja contra toda violencia a la mujer (incluyendo cualquier piropo como acoso sexual), un combo completo que, sin embargo, no deja en claro cómo manejarán las denuncias falsas, escollo nada menor que se manifiesta en países donde ya rige esta ley.

    Sobreproteger a la mujer, darle total credibilidad a la denunciante –por ser mujer– aún sin testigos, son metas que los grupos feministas vienen peleando a nivel global y, por supuesto, con ansias de desembolso económico público y privado. Pero, quién sabe cómo les irá, porque esta manera de entender la realidad va variando; así como hay hombres que abrazan el feminismo porque les parece justo o porque es indispensable en su currículum laboral, hay mujeres que decidieron dejar de abrazar esta ideología por considerarla injusta o fanática.

    En la mayoría de los noticieros televisivos dan una larguísima cobertura a los asesinatos de mujeres, y de manera morbosa (“…no aparece la cabeza de la víctima…”) Cuidado con ciertas imágenes porque estas se convierten en ideas, conceptos.

    Si se busca igualdad y justicia, hay que arrancar la cizaña. Si el feminismo no lucha por todas las personas, no sirve porque no es solidario.

    Elevar el feminismo a nivel de Estado da prioridad a un sector de la población sobre otros que igualmente necesitan beneficios y atención. La escritora María del Prado Esteban explica: “En el feminismo de Estado se define todas las relaciones entre los sexos como relaciones de poder y de dominio, afirmando que desde tiempos inmemoriales los hombres han abusado de las mujeres. Afirma que la violencia hacia ellas es estructural, es decir se produce por el hecho de ser mujeres y no tiene causa concreta”. Estado, medios y sociedad debemos hacer más énfasis en pos de la familia y menos en sembrar el horror y la separación.

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    Publicado por jotaefeb | 21 febrero, 2017, 8:34 am
  6. Dar luz en medio de tanta penumbra

    Es oscuro, la noche en la ciudad marcó su implacable presencia, con sus características particulares. El hábito nos invitó a acostumbrarnos a una serie de prácticas que por la fuerza de la repetición comenzaron a parecer normales. Los barrios enrejados, con veredas cada vez más vacías se establecieron como un paisaje habitual. La inseguridad se metió en nuestras vidas, con sus desabridas sensaciones peculiares.

    Esta rutina tiene códigos que son inviolables. Si tenés un celular, debe estar en silencio y mimetizado en alguna parte, porque el simple hecho de exhibirlo en público se transforma en una “incitación” a que te lo despojen. El sonido de un motor acercándose nos sobresalta. La presencia de un grupo de personas en alguna esquina, atemoriza. La aventura de deambular caminando rumbo a cualquier destino es una pesada mochila con la que tenemos que convivir periódicamente.

    Las distancias son irrelevantes. Da lo mismo estar llegando a casa después de una ardua jornada laboral o solamente tener que ir unas cuadras a la despensa del barrio. El riesgo está latente de manera permanente y no hay alternativas más que resignarnos a convivir con este tétrico escenario citadino. A esto debemos agregarle otros condimentos particulares para las mujeres. Ellas se convierten en presa fácil para los delitos, encabezando las estadísticas de asaltos callejeros. Para los delincuentes resulta más sencillo despojarlas de sus propiedades, porque asumen que ofrecerán menor resistencia que los varones.

    A esta catastrófica realidad debemos añadir otros factores que son más graves, porque no los percibimos como dañinos. El acoso específicamente es uno de los hechos más preocupantes y que no son percibidos como un abuso en su real dimensión. Las miradas inquisidoras, las persecuciones rutinarias, los “inocentes piropos” son las armas con las que herimos a las mujeres, y no somos conscientes del daño que estamos haciendo.

    Fallamos en la educación. El machismo impregnado en una sociedad patriarcal, sumado a un proceso de desvalorización de la mujer, cosificándola como una mercadería al alcance de la mano, borró los límites de lo tolerable y las avasallamos constantemente sin contemplaciones. Eliminamos del debate un componente imprescindible, la manera en la que las mujeres sobreviven a estos abusos de manera estoica. Incorporamos a nuestro razonamiento que gritar cualquier barrabasada es “simpático” y que las mujeres están ahí para ser objeto de nuestro bajos instintos.

    No faltará el que quiera minimizar la cuestión diciendo que llegamos a este estadio porque las propias mujeres se prestan para generar este efecto. Sin embargo, el concepto debe ser razonado en un sentido amplio, poniendo como eje de la discusión el norte que debe marcar nuestras acciones. ¿Es el marketing de la sociedad de consumo el que debe orientar nuestro comportamiento? ¿Es el pensamiento retrógrado que cercenó derechos a las mujeres durante siglos el que debe imponer su presencia? ¿Es la desidia ante este tipo de realidades aparentemente normales el que se debe establecer como una situación aceptable?

    Un trabajo sostenido producto de un acuerdo general, que se inicie en el hogar, pasando por la educación formal en las escuelas es el camino que debe orientar nuestro destino. Aplicando esta fórmula estaremos honrando la memoria de tantas víctimas de abusos contra la mujer y cuyas historias están marcadas con sangre.

    Así podremos ofrecer otro tipo de respuestas a miles de mujeres que no solo sufren la oscuridad de la noche, sino que lloran sus penas a plena luz del día y son prisioneras en sus hogares y trabajos. Este dolor de las mujeres es la punta de un iceberg que no puede seguir minimizado u oculto. Es de estricta justicia, e imperioso honrar a quienes nos dieron la vida.

    Por Pablo Noé

    http://www.lanacion.com.py/2017/02/10/dar-luz-medio-tanta-penumbra/

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    Publicado por jotaefeb | 14 febrero, 2017, 11:12 am
  7. Abuso de menor más soda cáustica

    Por Ilde Silvero

    Una niña de 15 años, empleada doméstica, fue abusada sexualmente por el patrón y, como “castigo”, la esposa del violador la obligó a ingerir soda cáustica, un químico altamente corrosivo que la hace luchar por su vida, en estado de coma inducido, en el Hospital de Traumas. Como es habitual, la pareja de delincuentes está prófuga. Una mancha más al tigre de la injusticia y la degradación humana en nuestra sociedad.

    Pese a las graves denuncias y frecuentes casos de abuso sexual y explotación laboral de niñas y niños, mal llamados “criaditos” en muchos hogares, esta práctica ancestral de utilizarlos como esclavos caseros sigue vigente. Estudios de instituciones serias vinculadas a la educación, a la niñez y a los derechos humanos han denunciado, una y otra vez, las distintas maneras en que los adolescentes son vejados sexualmente, maltratados y explotados en trabajos caseros o en fábricas clandestinas y, a pesar del público conocimiento, la sociedad y, especialmente, las autoridades hacen poco o nada para poner fin a este flagelo.

    El abuso sexual de menores que trabajan como empleados domésticos es tan común que muchas personas ya ni quieren oír hablar del tema, se resignan a que “siempre luego fue así” y “pobre anga esas criaturas”.

    No faltan los caraduras que pretenden justificar estas denigrantes acciones argumentando que hubo consentimiento de parte de las víctimas. El estupro (relación sexual con un o una menor de 16 años) siempre es culpa exclusiva del adulto. Jamás puede usarse como excusa la no resistencia de una adolescente con una mente confundida por el lamentable cóctel de inocencia, ignorancia y extrema pobreza. En su orfandad, desamparo y ante la presión patronal, tal vez reciba algún vaquero o celular usado para callar su humillación, pero eso no exonera de culpa a los abusadores.

    Resulta muy difícil tratar de comprender la mentalidad de las familias en cuyo seno se violan tan impunemente los derechos básicos y la dignidad de los menores que, en principio, fueron tomados como si fuesen hijos adoptivos. Prometieron cuidarlos, alimentarlos y educarlos apropiadamente, pero en la mayoría de los casos tales compromisos nunca se cumplieron. Las niñas y los niños se convirtieron en simples trabajadores domésticos, con muchas obligaciones y ningún derecho.

    Hablamos de familias integradas por matrimonios e hijos comunes y corrientes, que parecen tener valores, buena educación, que van a misa los domingos y, entonces, ¿cómo encajan ahí el maltrato y la explotación infantil?

    Los siquiatras dirían que hay un trastorno profundo de personalidad en muchas familias: parecen pertenecer a la raza humana, digna y educada, pero en la intimidad del hogar y en la oscuridad de la noche, se convierten en animales despiadados que abusan de menores indefensos.

    Que sea una consecuencia más de la situación de extrema pobreza de tantos compatriotas, es una explicación que no sirve para nada. La policía, los fiscales y jueces son quienes deben detener a las bestias, en tanto los vecinos estén alertas para denunciar a los lobos que destruyen la vida de tantos seres inocentes.

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    Publicado por jotaefeb | 5 febrero, 2017, 8:31 am
  8. Denunciar el estupro es como volverlo a vivir
    03 Feb 2017

    Por Milia Gayoso-Manzur

    A los 45, Rufina no logra aún sacarse de encima ciertos recuerdos. Casada, con tres hijos, docente y voluntaria de un club de lectura y ayuda a un hogar de ancianas, se enfoca en varias actividades para no pensar en ciertas cosas que tantos años después le siguen lastimando.

    Le recorre un escalofrío en la espalda cuando lee ciertas noticias, aparta el diario de su vista o pasa de página del medio digital que alzó la información. Pero como una epidemia, el tema la persigue. ¿Qué hacer para exorcizar esos recuerdos? Lectora ávida, ha sabido de casos parecidos denunciados por las víctimas, y siente que debería hablar de su experiencia, hacerlo público, denunciar al agresor al que está condenada a continuar viendo. ¡Pero es imposible!, se dice a sí misma. Voy a morir de la vergüenza, Pablo (su esposo), no sabe nada; los chicos van a sentirse muy tristes y pueden llegar a ser burlados en sus colegios, puedo perder mi trabajo…

    Rufina abre su página del Facebook y le saltan comentarios sobre la última víctima de mitad de semana: una joven que acaba de dar a luz un hijo concebido luego de ser violada por un pariente. La niña quiere dar en adopción porque dice que tenerla consigo le traerá siempre malos recuerdos.

    De pronto se siente acorralada por todo lo que le viene a la memoria: doce años, había venido a la ciudad para estudiar, porque su familia es humilde y vive en el campo. Ese año terminaría sexto grado, luego iría a la secundaria, y quería estudiar para ser maestra. Ese fue siempre su mayor sueño.

    No habían pasado 15 días cuando el esposo de su tía (hermana de su padre), la comenzó a manosear. Primero como si fuera un juego de ofrendar afecto a la sobrinita llegada del interior; luego con alevosía, con brutalidad…

    Como ocurre en el 98% de los casos, la tía eligió creer al esposo. Que no pasó nada, que ella era una mitakuña’i buscona. ¡Que te calles la boca o te mando de vuelta a tu casa, si decís una palabra te mando al Buen Pastor! (¿qué podría saber una niña de la campaña lo que es el Buen Pastor?), ¡si abrís la boca le digo a tu papá que sos una takuchila y te va a garrotear! Argumentos más que suficientes para guardar bajo 7 llaves su horrible secreto.

    Nadie la pudo ayudar porque jamás compartió su calvario. Varias veces, la maestra le preguntó sobre su tristeza, pero solo daba a entender que extrañaba a su familia.

    Fueron 5 años de soportar humillaciones y violencia, hasta que se escapó de la casa y se fue a vivir con otra tía soltera, que vino desde su pueblo para trabajar en Asunción. Fue una bendición, pero las heridas ya estaban instaladas en su cuerpo y en su alma.

    Las veces que veía a su violador, éste se mostraba afectuoso como un buen pariente, mientras su tía encubridora la miraba amenazante. La vida siguió su curso y cargó con ese tormento toda la vida.

    ¿Qué lleva al hombre a querer abusar de niñas indefensas? Algunas criaditas, hijastras y otras parientes –incluso muy cercanas– son víctimas constantes de los abusadores. Vaya uno a saber qué los impulsa a actuar como animales sin raciocinio. Muchas veces se culpó al hacinamiento en las casas, pero en la actualidad, cuando las condiciones de vida han mejorado; seguimos asistiendo a embarazos cada vez más precoces, a causa de estupros. Quizás han ocurrido antes, pero ahora se denuncian y salen a luz, casos increíbles de ultrajes a pequeñas indefensas. ¿La solución? La castración química sería un buen desalentador para quienes se dejan llevar por sus instintos animales.

    El problema está en que la víctima debe hablar de lo que le pasó –piensa Rufina– y eso es como volverlo a vivir de nuevo.

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    Publicado por jotaefeb | 3 febrero, 2017, 8:47 am
  9. Relaciones tóxicas y la muerte de mujeres

    Por Gustavo Olmedo
    Recuerdo un documental en el que una joven afirmaba que no abandonaba a su pareja, que la golpeaba con frecuencia, porque estaba segura de que “nadie más la amaría”, y temía “quedarse sola”, decía. Una dramática expresión que tristemente es frecuente entre mujeres víctimas de maltrato físico. Una muestra del complejo problema de la autoestima.

    Según datos difundidos recientemente por la Policía Nacional, alrededor de 3.000 pedidos de auxilio por violencia intrafamiliar ya se han registrado en el Sistema 911, en apenas 25 días del mes de enero pasado. Una cifra preocupante, más aún teniendo en cuenta que muchos de ellos, a la larga, pueden terminar en homicidio. De hecho, en el mes pasado, unas seis mujeres fueron asesinadas por sus parejas o ex parejas sentimentales. Algo contradictorio.

    ¿Cómo un hombre llega al punto de utilizar la violencia permanente y hasta el extremo, con aquella mujer a la que incluso le unen unos hijos? ¿Por qué una persona llega a suponer que el maltrato físico y sicológico sistemático es una herramienta válida para enfrentar problemas familiares? ¿Cuál es el origen de tal comportamiento?

    Queda claro que esta no es una problemática que pueda tratarse y solucionarse con la simple creación de leyes o la intervención del Estado, con sus fiscales, jueces y legisladores. Más allá de los casos patológicos graves, que son numerosos, muchos de los llamados feminicidios tienen su origen en relaciones afectivas tóxicas y marginales, alimentadas por la falta de valoración de uno mismo, la pobreza y la ausencia de padres o familiares cercanos –por ignorancia o imposibilidad–, así como por la falta de modelos de convivencia sana a los que aspirar.

    Un joven que no tuvo la experiencia de un padre que trata con delicadeza y respeto a su madre, ¿cómo podrá proceder de manera distinta? Un chico que pocas veces vio a sus familiares enfrentar las diferencias con discusiones, pero sin agresiones, ¿cómo podrá actuar diferente? Porque una cosa es clara: en la vida los discursos éticos no bastan, necesitamos vivencias, experiencias para aprender.

    A esto habría que agregar el poco favor que hacen los medios y redes sociales promocionando las relaciones afectivas, juveniles y adultas con el único criterio de la posesión del otro, facilitando así vínculos enfermizos que terminan anulando a las personas. Nadie se vuelve violento de la nada.

    Para enfrentar esta realidad, necesitamos llegar hasta las raíces; allí donde se habla de cosas incómodas, como la educación en el noviazgo, el valor de la familia estable, el amor como responsabilidad y el uso de la educación como herramienta para la conciencia de la propia dignidad.

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    Publicado por jotaefeb | 2 febrero, 2017, 5:33 am
  10. Cuidemos a las niñas
    Sergio Cáceres Mercado –
    Días pasados el caso de una niña embarazada, con tan solo 11 años, fue noticia en todos los medios y nos recordó las alarmantes cifras que, mínimamente, deben avergonzarnos como sociedad. Según un informe presentado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), “dos de los partos diarios que se registran en el país corresponden a adolescentes de 10 a 14 años”.
    Esto significa que estamos haciendo muy mal la tarea en todos los frentes, no solo en la educación formal, sino también en nuestras casas. Si en las aulas y otras dependencias estatales, como el Ministerio de Salud, no se logra llegar a la población con información para prevenir los embarazos precoces, entonces el Estado debe realizar un mayor esfuerzo en el asunto. Y si en sus casas las niñas de hoy, en pleno siglo XXI, todavía no pueden tener una charla con sus padres sobre sexo y sus implicancias, es porque aún son muy fuertes ciertos tabúes y la ignorancia sigue haciéndonos miserables.
    Es seguro que muchas de estas niñas provienen de situaciones de marginación social, que no pueden sostener instituciones, como la familia, y un hogar con lo mínimo para vivir dignamente. El problema es de una gran complejidad, sin duda. Pero eso no significa que debamos bajar los brazos; al contrario, es crucial comprender que si no cuidamos a nuestras niñas, nuestro futuro será más negro todavía.
    La organización internacional PLAN afirma que invertir en las niñas es inteligente, pues está comprobado que “un año extra de educación secundaria supone un aumento de entre un 10 y un 20% en los ingresos de una niña cuando sea adulta Además, las mujeres dedican el 90% de su remuneración a su familia, existiendo así un efecto multiplicador capaz de romper con el círculo de la pobreza”.
    Cuidar de nuestras niñas es una política de género porque en todos los ámbitos de injusticia social, ellas son las más discriminadas. En cualquier situación donde podamos imaginarnos marginación, son los niños quienes peores consecuencias conllevan y, de entre varones y mujeres, son las niñas las que no estudian y se dedican a otras tareas que anulan sus posibilidades de superar su situación personal y social. Es decir, son las últimas marginadas dentro de los marginados, las últimas discriminadas en cualquier cadena de discriminación, porque el último criterio es el machismo que no ve importancia en la mujer.
    No invertimos en nuestras niñas y, por lo tanto, no somos inteligentes. Al contrario, somos bastante necios para no darnos cuenta de que estamos condenando a nuestras mujeres que más nos necesitan. Si las cuidamos, el efecto multiplicador será inmediato, pues también los niños lo serán al tener hermanas, primas, madres y tías fuertes y educadas. Es una cuestión de inteligencia y de humanidad por sobre todo.

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    Publicado por jotaefeb | 30 enero, 2017, 9:26 am
  11. La prevención en manos de toda la ciudadanía
    30 Ene 2017

    Aunque parezca un tema repetido hasta el infinito y no forme parte de los temas de candente actualidad política, la salud y especialmente la prevención de las enfermedades, debería estar siempre en los primeros lugares de interés de la sociedad toda.

    Estamos ahora atravesando el punto más alto del verano, cuando el calor y las lluvias, aunque sean de poca intensidad, se convierten en el mejor apoyo para la proliferación del mosquito Aedes Aegypti, que no solo transmite el peligroso dengue, sino también desde hace un tiempo, zika y chuikungunya.

    Además de en todo nuestro país, el vector tiene gran influencia y actividad en países vecinos y zonas del mundo a las que acuden miles de connacionales a pasar sus vacaciones, exponiéndose así a adquirir dichas enfermedades y luego padecerla y transmitirla a su regreso. Esto propaga rápidamente dichas dolencias y nos afectan sin distinción ninguna de edades, clase social o condición física.

    Entre los informes más recientes emitidos por Salud Pública, al 24 de enero pasado, ya eran más de 500 casos de febriles detectados y en estudio en solo siete días. También se informó sobre casos de chikungunya y un nacimiento de un niño con microcefalia a causa de que la madre había padecido zika en etapa gestacional.

    Las cifras y los datos emitidos por las autoridades sanitarias no son pura fantasía, ni están allí para que el miedo nos haga actuar en consecuencia, sino para llamar la atención sobre algo concreto contra lo que podemos y debemos tomar conciencia. Y ya que hablamos de miedo, recordemos que la epidemia de fiebre amarilla fuera de nuestras fronteras pero muy cerca, hicieron que en el 2008 la gente acudiera masivamente a recibir la vacuna preventiva. Hoy por hoy, Brasil, nuestro vecino cercano, padece otro grave problema con la fiebre amarilla, lo que nos debe advertir sobre la importancia de vacunar a los niños y adolescentes que no recibieron entonces la dosis preventiva o personas mayores que no lo hicieron entonces, antes de viajar a ése país.

    La información es poder, suele decirse. Y en el caso de la salud, es vital y poderosa. Estar informados sobre lo que pasa y cómo podemos prevenirlo o hacerlo menos peligroso, marcará la diferencia. Compartir esa información y participar activamente en reuniones de vecinos o impulsar acciones barriales y comunitarias tiene mucho valor, ya que crea alianzas y apoyo para ésta y otras tareas en beneficio de todos los que habitan la zona.

    Los temores no deben paralizarnos, sino ayudarnos a adquirir costumbres acordes con la realidad: si hay peligro de proliferación de mosquitos y larvas, proceder efectivamente será eliminar los criaderos y para ello, solo hacen falta algunos pocos minutos de atención en cada casa. La efectividad de evitar que se junte agua de lluvia o de riego en recipientes vacíos de cualquier tamaño, aunque sean muy pequeños como las tapas de botellas y frascos, estén donde estén, está comprobada en todo el mundo.

    Mantener una rutina que busque cualquier tipo de depósito de agua en diferentes rincones de la casa es una tarea en la que pueden participar todos los miembros de la familia, hasta los más chicos, que son observadores y pueden ir incorporándolo así a su forma de vida y lo harán siempre. Y, sobre todo, protegerse y proteger a los más vulnerables con el uso de repelentes y de mosquiteros.

    La información es poder, suele decirse. Y en el caso de la salud, es vital y poderosa. Estar informados sobre lo que pasa y cómo podemos prevenirlo o hacerlo menos peligroso, marcará la diferencia. Compartir esa información y participar activamente en reuniones de vecinos o impulsar acciones barriales y comunitarias tiene mucho valor, ya que crea alianzas y apoyo para ésta y otras tareas en beneficio de todos los que habitan la zona. La participación de todos a favor de la salud de la comunidad, es uno de los modos más efectivos de combatir las enfermedades transmisibles como en este caso, y además, despierta el espíritu solidario genuino que va más allá de dar un dinero de vez en cuando, sino de ser protagonistas de nuestras propias existencias y la de nuestros compatriotas.

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    Publicado por jotaefeb | 30 enero, 2017, 9:24 am
  12. Un gran obstáculo para ser feliz
    29 enero, 2017

    Por: Lic. Juan Ramón González Pereira.
    Aún no hemos culminado de transitar el primer mes del año y las estadísticas ya nos delatan cifras alarmantes de una sociedad violenta, confundida, agresiva y con pocos recursos para lidiar diferencias y sortear situaciones conflictivas.

    En todos los hechos acontecidos merece una atención preferencial la violencia de género, atendiendo que nos topamos con una triste realidad este año, donde prácticamente dos mujeres por semana pierden la vida por este terrible flagelo que azota en especial al seno familiar.

    Al hacer una mirada a nuestra historia vemos a un Paraguay que convive por mucho tiempo con el concepto de predominio del hombre sobre la mujer, a tal punto, por graficar un ejemplo, los hombres no denominaban a sus mujeres, esposa o compañera, sino más bien con el término de “che serviha”.

    Este particular término ya ubicaba a la mujer con un rol inferior y por debajo de la acción del hombre, relegándola de muchos roles sociales, que hoy gracias a las luchas emprendidas por ellas mismas fueron revolucionando este denigrante concepto, logrando de esa manera una mayor participación social.

    Estas situaciones extremas las podemos conocer porque la información se masifica a través de los medios de comunicación y redes sociales. Uno imagina la cantidad de casos de mujeres violentadas en el entorno familiar y social que no cobran un estado público y que engrosan una cifra alarmante que lastima, empobrece e impide a todo un entorno, en especial a los hijos ser felices y mejorar la sociedad.

    Si bien se encaminan políticas públicas que pretenden erradicar este y otros males, no es menos cierto que siguen resultando estériles ante tanta violencia social; bien podemos afirmar con total certeza que no es provocado sólo por la ignorancia, atendiendo que no se escapa ni es ajena a todo esto ningún estrato social.

    Los que amamos la vida y profesamos alguna fe, sostenemos que es posible la vivencia plena de los valores, el respeto a la vida y más aún al género femenino que debe seguir enamorando y enterneciendo nuestros sentimientos.

    En la construcción de esta sociedad que no sólo predique la igualdad de género sino que la haga realidad, debemos todos sumar nuestros más esmerados esfuerzos.

    Paraguay se merece y puede construir una sociedad justa, sin violencia y con una madurez en su ciudadanía y que ya no sean estos flagelos, obstáculos para ser feliz.

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    Publicado por jotaefeb | 30 enero, 2017, 9:22 am
  13. El sexo débil

    Por Miguel Benítez
    Para finales del siglo XIX, el denominado sexo débil había reconstruido una nación que quedó al borde del total exterminio. Ese vilipendiado sexo débil había dado a luz y educado a Eligio Ayala, Emiliano R. Fernández, Juan E. O’Leary, Manuel Ortiz Guerrero, Blas Garay, José Félix Estigarribia, José Asunción Flores, Augusto Roa Bastos y muchas ilustres personalidades masculinas de quienes hoy nos vanagloriamos, pensando tal vez que aparecieron de la nada. Recalco esto, porque muchas mentes obtusas contemporáneas creen que la mujer paraguaya solo tuvo una labor reproductiva en la posguerra, como si el crecimiento integral de sus hijos fuese azar del destino.
    En medio de la absoluta precariedad, las hermanas Adela y Celsa Speratti formaron mentes brillantes y dejaron un legado inconmensurable, como lo es el haber convertido en profesoras a un sinnúmero de jóvenes mujeres del interior y de Asunción, quienes volvieron a transmitir sus conocimientos a las generaciones posteriores. Sí, fue el sexo débil el encargado de reducir el analfabetismo.
    Más de 300.000 trabajadoras domésticas e incontables amas de casa permiten que las familias se desarrollen. Los niños pueden estudiar y los patrones tienen tiempo para seguir acumulando riquezas y alcanzar sus sueños, gracias a que las “mujeres del servicio doméstico” se extralimitan en sus actividades hogareñas y hasta ayudan en sus tareas escolares a los críos ajenos. Motor invisible de la economía nacional se llama esto.
    En el campo profesional, las mujeres siguen ganando salarios menores que los varones, siendo que están más capacitadas, según datos oficiales del Ministerio del Trabajo. La población laboral femenina (del segmento profesional) tiene más años de estudio que la masculina, pero percibe un 25% menos de ingresos, de acuerdo con la información oficial.
    Para colmo, hoy la mujer paraguaya está siendo asesinada a manos de valientes caballeros y muchos ojos se niegan a creer en el feminicidio. La nomenclatura es lo de menos, lo concreto es que existe. En enero, hubo una muerte cada cuatro días, pero para algunos eso no es alarmante.
    Más allá de que una ley (como la que se está tratando en el Congreso) fije las penas por todo tipo de maltrato contra la mujer, hace falta una revisión mucho más profunda. Ya no se trata de feminismo, se trata de simple sentido común, decencia, respeto y gratitud.
    Una normativa es precisa, pero también se necesitan educación e igualdad en todos los ámbitos. Se requiere reformar los vetustos planes pedagógicos y empezar a tocar los temas tabúes, como el sexo, la planificación e independencia económica. Se debe reconocer que hoy la mujer tiene las mismas o incluso más oportunidades y libertades que un hombre. Paraguay necesita una reconciliación histórica con su origen. La subsistencia de la Patria nueva fue posible gracias a las mujeres y eso no lo logra un sexo débil.

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    Publicado por jotaefeb | 28 enero, 2017, 7:36 am
  14. Triste y lamentable situación
    24 Ene 2017

    Por Antonio López
    Mientras el papa Francisco en cuanta oportunidad se le presenta alaba y dignifica a la mujer paraguaya señalando cosas como “para mí el ejemplo más grande es el de Paraguay de la posguerra. Pierde la guerra de la Triple Alianza y prácticamente el país queda en manos de las mujeres. Y la mujer paraguaya siente que tiene que levantar el país, defender la fe, defender su cultura y defender su lengua, y lo logró”, aquí en el mismo Paraguay, los cosas parece que funcionan al revés.

    Y es que si bien es una situación que viene dándose desde hace mucho tiempo atrás, en los últimos días han aparecido casos de torturas y hasta asesinatos de las que fueron víctimas pequeñas niñas en manos de quienes las recibieron con la promesa de darles una educación, ya que su familia era de escaso recurso y no podía brindarle esa oportunidad. Pero la cuestión terminaba o termina, lamentablemente, muy mal.

    Los dos últimos casos que salieron a luz fueron el de Carolina Marín, que vivía como “criadita” en Vaquería, Caaguazú, y murió debido a los golpes que le propinó su “patrón”, un militar retirado, y el de una nena de 15 años, que era abusada por su patrón y cuya esposa la hizo tragar de manera forzada soda cáustica, cortarle el cabello y rasparle las cejas.

    De la misma situación se da en cientos de adolescentes casi niñas que quedan embarazadas, fruto de alguna violación dentro del mismo hogar donde vive; un caso que realmente preocupa y que se debe buscar una urgente salida y se pretende acabar con esta tragedia. Y en este punto conviene remarcar la lamentable respuesta de la vicedirectora de la Cruz Roja, doctora Leni Funk cuando se le consultó sobre una niña de 9 años que habría parido en ese centro asistencial, señaló, molesta, que no había nada de eso, pero que sí había una niña de 11 años embarazada. En los dos casos, se trata de niñas, y la diferencia de edad, es lo menos importante, pero por lo visto para la profesional, no. En este mismo tema, conviene recordar que en agosto del año pasado una niña de 10 años fue madre, en el departamento de Caaguazú.

    Lamentablemente las estadísticas a nivel Cono Sur marcan que nuestro país es el segundo con más embarazo adolescente. Esto según un informe del Ministerio de Salud y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA).

    Pero es cierto, todo esto tiene además un transfondo social muy preocupante, ya que la gran mayoría de las denominadas “criaditas” llegan a hogares supuestamente para recibir una educación, pero terminan siendo empleadas domésticas, son torturadas, violadas y hasta asesinadas. Y estas niñas llegan a esos hogares “corriendo” de la pobreza y con la promesa de recibir educación, salud, alimentación entre otros beneficios.

    Y bajo esa figura, la de “criadita” corre muchísimos riesgos, ya que se crean condiciones para la explotación laboral, además de maltratos y abusos. Y el abuso sexual es un peligro constante teniendo en cuenta que la menor se encuentra en muchos casos totalmente desprotegida, lejos de su familia y en manos de inescrupulosos que se aprovechan de vidas que recién comienzan.

    Quizás el problema no termine hoy ni mañana, ni en algunos años, pero es hora de ir viendo con más seriedad el camino a evitar nuevas muertes, nuevas torturas, nuevos embarazos de niñas y adolescentes, que en muchos casos llegan a ese extremo tal vez entregados por sus propios padres, quienes solo pretenden, ya que cuentan con los recursos económicos suficientes, un futuro mejor para sus hijas.

    En Paraguay, unos 47.000 niños se encuentran en situación de criadazgo, según datos publicados por Global Infancia tras un estudio realizado hace algunos años.

    En tanto que desde el Ministerio Público, se dice que Paraguay ha avanzado en la adopción de normas que permitan erradicar el criadazgo, incluyendo algunos convenios internacionales que sancionan el trabajo infantil además de iniciativas que se han presentado en el Congreso.

    Es de esperar que la situación cambie, por cientos de niñas que en este momento está en carácter de “criaditas” y en constante peligro, y sobre todo es de esperar que la legislación paraguaya castigue con todo el rigor de la ley a los responsables de estos lamentables hechos.

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    Publicado por jotaefeb | 27 enero, 2017, 5:47 pm
  15. Abuso y embarazo de menores

    El caso de las niñas embarazadas por abusos saltó de nuevo al debate público tras una serie de publicaciones de La Nación sobre aquellos que son atendidos en la Cruz Roja Paraguaya. Como un hecho grave desde la misma institución se informó la semana pasada sobre la situación de una niña de 9 años que dio a luz hace unas semanas, pero, contradictoriamente, luego se indicó desde el mismo centro asistencial que no se sabía nada.

    Llama poderosamente la atención que los mismos funcionarios que revelaron el caso luego intentaran desmentirlo, aunque cayeron en tremendas contradicciones. Confirmaron, sin embargo, que el año pasado una niña de 10 años dio a luz y que una de 11 está de seis meses de gestación.

    Debido a la serie de contradicciones entre los propios funcionarios de la Cruz Roja, la propia Fiscalía General del Estado empezará a investigar los casos, atendiendo a que no se cuentan con mayores datos.

    Más allá de estos casos puntuales solo en la Cruz Roja Paraguaya, entidad que cumple una función sumamente importante para la atención de mujeres, adolescentes y niñas embarazadas, hay una arista que se debe tener en cuenta.

    Independientemente a cuándo fue el nacimiento de una criatura de una niña embarazada de 9 o 10 años y la confirmación de un nuevo caso de una menor de 11, lo importante es el alto porcentaje de situaciones de esta naturaleza no solamente en Asunción, sino en todo el país.

    Además de estos hechos puntuales, el hecho de que de nuevo exista una alerta sobre el tema es sumamente importante, porque es una realidad que muchas veces quiere ser escondida. Los números son preocupantes.

    De acuerdo al reporte publicado en nuestro medio, Paraguay es el segundo país del Cono Sur con más embarazo adolescente. De cada 100 nacimientos, 20 corresponden a adolescentes de entre 15 y 19 años, según un informe del Ministerio de Salud y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA). Los informes señalan además que embarazos de menores de entre 10 y 15 años son de unos 600 en el año, lo que indica un altísimo porcentaje. Solo en la Cruz Roja, de un total de 3.139 nacimientos, el 20% corresponde a embarazos de menores de edad.

    En el informe denominado “Embarazos adolescentes en Paraguay: un reto para el logro del desarrollo”, realizado por el UNFP, se especificó coincidentemente que el 20% de los embarazos en Paraguay corresponde a adolescentes. También menciona que entre el 2009 y el 2011 hubo un incremento en el registro de la cantidad de nacidos vivos de madres de 10 a 14 años, pasando de 590 a 611. Esto representa un aumento del 4%. Igualmente, otro dato preocupante fue que dos de los partos diarios que se registran en el país corresponden a adolescentes de 10 a 14 años.

    Estos datos alarmantes no deben pasar por alto. Necesariamente el tema debe ser analizado de una manera mucho más integral para determinar si se ha mejorado o empeorado en esta área. Los números proveídos por UNFPA hablan de un aumento, lo que implica que algo no está funcionando como debería ser.

    Las instituciones públicas y privadas, así como los organismos internacionales y no gubernamentales tienen la obligación de insistir en identificar las causas y trabajar en torno a la protección de los menores. Aunque suene fuerte decirlo, los embarazos de menores son lisa y llanamente por abusos sexuales y deben ser castigados de una manera ejemplar. Probablemente este sea una de las aristas que urgentemente tiene que ser debatido. ¿Cuál es el castigo, cuáles son las penas? Para los abusos de menores que llevan a la alarmante situación de embarazos de niñas y cómo está actuando la Justicia para los desgarradores casos que han pasado a ser como temas comunes para una parte de la sociedad.

    Insistimos en que más allá de las contradicciones en las que entraron en la Cruz Roja, sobre la edad y de cuándo fue el embarazo de una niña, hay un problema mucho más grave que tiene que ser tratado de manera urgente, el abuso de menores que, como una de sus consecuencias, trae consigo el embarazo precoz.

    http://www.lanacion.com.py/2017/01/24/abuso-embarazo-menores/

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    Publicado por jotaefeb | 27 enero, 2017, 5:47 pm
  16. Feminicidio en Paraguay: El desafío es evitar más muertes

    En el 2016 se reportaron 39 casos de feminicidio. Pese a esta espantosa realidad, la aprobación en el Congreso de la Ley “De protección integral a las mujeres contra toda forma de violencia” dejaba un aire esperanzador. Lamentablemente, el optimismo duró poco, pues en el primer mes del año, y sin que este aun termine, ya son seis las mujeres víctimas. Queda mucho por hacer para evitar que más mujeres sigan siendo maltratadas o muertas por sus parejas o ex parejas. El gran desafío es crear conciencia en todo el país y lograr mayor eficiencia de las instituciones encargadas de hacer cumplir la Ley de Protección, para frenar de una vez por todas esta verdadera epidemia de violencia.
    De acuerdo con los datos del Ministerio de la Mujer, la violencia intrafamiliar fue el segundo hecho punible más denunciado en el año 2016. Además, entre el 85 y el 95% de las víctimas de violencia son mujeres, de las cuales entre el 60 y el 80% de los casos el agresor resulta ser la pareja o ex pareja. Los datos del Observatorio Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana, del Ministerio del Interior, señalan que entre 2013 y 2015, de un total de 93 mujeres víctimas, 72 fueron asesinadas por concubinos, esposos o ex parejas, lo que constituye un 77,4% del total de casos.

    Pero detrás de cada cifra hay un nombre. Como el de Lorenza Sánchez, quien fue asesinada a golpes por su marido, Sergio Gerardo Broccolato, quien contaba con una orden de exclusión del hogar, la cual fue levantada para permitir a su ex pareja volver a trabajar en la fábrica de hielo que tenían en la vivienda, propiedad de ambos. Lorenza es la víctima número seis de feminicidio de este mes, de un año que recién se inicia.

    La Ley “De protección integral a las mujeres contra toda forma de violencia”, aprobada el año pasado, que busca tipificar los casos de feminicidio como una medida para combatir esta problemática, es indudablemente un gran paso. Además de establecer la figura del feminicidio o asesinato de mujeres como hecho punible, fija condenas de entre 10 y 30 años de prisión.

    La nueva normativa también especifica los distintos tipos de violencia: feminicida, física, sicológica y sexual, contra los derechos reproductivo, patrimonial y económico, laboral, entre otros, e incorpora la perspectiva de igualdad de derechos del hombre y la mujer, y la no discriminación en el currículo educativo. Un aspecto importante es la eliminación de obligatoriedad de que las mujeres víctimas de violencia tengan que conciliar con sus agresores.

    No cabe dudas de que la ley es importante, pero ella sola, sin acciones decididas, inteligentes y comprometidas de todas las instancias del Estado paraguayo será letra muerta. Y es precisamente el gran desafío que también enfrenta la sociedad.

    Es totalmente inaceptable que en el Paraguay, una mujer muera víctima de feminicidio cada 9 días o que cada 11 horas una mujer sea víctima de violación, como es inaceptable también que permitamos que siga prevaleciendo la cultura machista.

    Es hora de actuar, de despertar las conciencias. Nos enfrentamos a un grave problema, hay que frenar esta epidemia de violencia. No se puede aceptar esta realidad.

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    Publicado por jotaefeb | 26 enero, 2017, 8:41 am
  17. Soledad femenina

    Por Jorge Rubiani

    Desde el inicio del 2017 está vigente la Ley que castiga el femicidio en Paraguay. Para demostrar nuestra emoción ante la nueva norma, le dimos la bienvenida con una serie de crímenes contra la mujer. Pero también de inmediato y lejos de nuestras fronteras, se produjo el “mal de otros” que siempre nos consuela: el Parlamento Ruso aprobó la despenalización de la violencia doméstica. Ya no más cárceles a los golpeadores de la ex Unión Soviética, pues castigar a la esposa “costará” solo 500 euros de multa. Aún a pesar de magulladuras y moretones que exhibieran las víctimas como consecuencia del maltrato. La primorosa Ley, fue sancionada con el SI de 359 diputados (varones y mujeres), UN voto en contra y UNA abstención.

    Querríamos abogar no obstante porque la ley, la nuestra, se convierta en motivo de esperanza de días mejores para nuestras madres, hermanas, hijas, amigas o parejas. Aunque ninguna norma será eficiente y suficiente si no detectamos, combatimos y desterramos, las variadas formas de discriminación, abuso y menoscabo hacia la mujer. Visto que la violencia que se denuncia y gana la atención de las redes (a veces solo por pura y humana morbosidad), es solo una pequeña parte de lo que sucede y conocemos. Pues no hay que forzar mucho la imaginación para certificar que existen miles de casos de los que nada se sabe, porque no llegan a las variadas “modalidades” del asesinato. Una violencia generalizada e impune que deja a las mujeres con algo más que golpes y moretones, porque la hostilidad solapada y constante traen como secuela las profundas heridas del alma, que no se ven ni se curan: la de las esperanzas frustradas, las ilusiones rotas y la dignidad pisoteada. Dolores que no se superan fácilmente y terminan convirtiendo la vida de seres humanos femeninos en un verdadero calvario. No solo porque durante esa especie de “depredación social”, perdieron la autoestima y el respeto de los suyos, sino sufrieron –y sufren– la indiferencia de sus parientes, de sus vecinos y del resto de la sociedad. Además, desde luego, del abandono del Estado. Actitudes que en realidad son guiños de complicidad hacia los victimarios, especialmente por la inacción de una Policía todavía devota de la arbitrariedad y más que contaminada de “solidaridad” machista.

    Empecemos por el comienzo y sin la pretensión de polemizar con exégetas o bibliófilos que hoy “reinterpretan” el papel secundario que las Sagradas Escrituras han otorgado a la mujer desde el inicio de los Santos, digamos que, en aquellos tiempos, la vida de las mismas debía transcurrir “en silencio (…) con toda sujeción y sin ejercer dominio sobre el hombre…”. Pero cuando finalmente y pasados 20 siglos, ella pudo elevarse sobre sus limitaciones, sobre la ignorancia y los prejuicios, y pudo desarrollar sus talentos y defender su dignidad … fue cuando anticipó su infierno. Cuando la mujer se levantó contra el determinismo machista que la desamparaba y decidió decidir, recibió su castigo. Cuando dijo NO a un prepotente infradotado. O arriesgó un “ya no te quiero”; o un “andate” o un “yo me voy”, para enfrentar la “poderosa razón” del “¡conmigo o con nadie!”, empezó la seguidilla de crímenes que NO VA A PARAR con una ley. Y será simplemente así porque la redención femenina no es acompañada por el sistema de enseñanza, no afectó las estructuras del Estado ni produjo el desmantelamiento de los estereotipos publicitarios que explotan la figura de la mujer como un componente superfluo o desechable; como un factor de tentación o lujuria cuando no un “producto” de equívocos significados.

    Tanto en los estands de exposición, en las conferencias de prensa o en la propaganda convencional de los medios masivos, en la que generalmente se cuenta con el auspicio de agencias de publicidad y empresas que suelen declamar su apego a la “responsabilidad social”. En resumen y aún en desigual lucha por la conquista de sus derechos, con una Ley de amparo, pero desamparada, la mujer paraguaya está nuevamente SOLA. Como en los tiempos que motivaron la admiración del papa Francisco: luchadora, digna, heroica… pero sola. Desoladoramente SOLA.

    A partir de la Ley del Femicidio y para que la misma cuente con el respeto de todos y efectivo vigor: el reconocimiento a la Mujer Paraguaya debe convertirse en CAUSA NACIONAL, para usar una frase grandilocuente y de moda. Para que las mismas mujeres afirmen su visión femenina del mundo y de la sociedad. Eligiendo líderes que representen los atributos esenciales del género y no aquellas que reproducen los vicios masculinos. En el ejercicio de la política, por ejemplo. Porque de la misma forma que toda la “esperanza joven” es habitualmente contaminada con los gérmenes de la vieja guardia partidaria, así las mujeres deberán evitar que en sus barricadas alguna “militante” esté apuntando en contra de sus objetivos de lucha. Y finalmente, si los cambios de actitud llegan a los calificativos y seguimos mentando el “sexo débil” … ¿qué tal si al de los hombres llamamos el sexo idiota? O algo por el estilo. Se esperan sugerencias…

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    Publicado por jotaefeb | 25 enero, 2017, 8:23 am

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