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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Maestros, malos ejemplos

El principal problema de nuestro país es la educación; la mediocridad nos ha convertido en esto que ahora somos, en donde da lo mismo lo que uno haga porque para progresar en la vida lo único que se necesita es un buen padrino. Somos incapaces de competir con alguna posibilidad con profesionales de nuestras áreas que hayan estudiado en el exterior. Así que, de igual manera que necesitamos patriotas en el sector político, los necesitamos con urgencia en el sector educativo. Porque solamente gente entregada a la misión de enseñar en cuerpo y alma podrá hacer que la historia de Paraguay cambie de manera radical.

Pero no los tenemos. Los maestros que tenemos –en su mayoría, vale la pena recordarlo- son venales, ambiciosos, haraganes y mal capacitados, manejados por una clase dirigencial que es incapaz de tener una sola central sindical porque de esa manera sus integrantes compiten entre sí para ver quién es más “combativo”.

Lo que menos les interesa es la calidad de la educación que reciben niños y jóvenes que están en sus manos. Estos maestros se metieron en la docencia como si fuera un trabajo más, sin ningún sentido de entrega o vocación. Por eso, se pasan presentando reivindicaciones que solo tienen que ver con el aumento salarial, jamás exigiendo mayor capacitación.

Hasta les molesta lo que está haciendo el gobierno, que ya ha enviado algunos grupos de docentes becados a Europa para recibir capacitación superior. Hubieran preferido que se les diera el monto del viaje en moneda contante y sonante, porque es lo único que quieren.

Y esto no es porque estén sobrecapacitados, al contrario. Cuando el Ministerio de Educación convoca a pruebas de calificación, los resultados son desastrosos. Tienen mala ortografía, mala redacción, no conocen las operaciones básicas de matemática y son incapaces de expresarse con coherencia y soltura. Son apenas un poco menos ignorantes que los alumnos a los que deben educar.

Cada año piden más dinero y nunca están conformes con lo que se les da. Si pensamos que hay que priorizar los sectores de Educación y Salud en el Presupuesto General de la Nación, es necesario reclamar que la ciudadanía reciba la calidad por la que está pagando. Las graves carencias que se tienen en el sector no son solamente por carencia de inversiones, sino porque la calidad educativa que reciben los chicos por parte de estos mercaderes de la educación no está siquiera a la altura de países mucho más atrasados que el nuestro.

La amenaza de cada principio de año es que no van a empezar las clases el próximo mes, tal como lo previeron las autoridades educativas. Dicen que no lo harán hasta que no haya respuesta a sus eternos reclamos. Y otra vez esto implicará que se atrasará el calendario escolar y quienes sufrirán las consecuencias serán los alumnos, que deberá seguir resignados a tragarse el programa de estudios de manera superficial y sin ninguna enseñanza adecuada.

Mediocres, incapaces y sinvergüenzas. Así son los odiosos maestros que pretenden seguir condenando a las futuras generaciones a vivir en la ignorancia y en la falta de competitividad.

http://www.adndigital.com.py/maestros-malos-ejemplos/

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Acerca de jotaefeb

arquitecto jubilado, hoy "hurgador" de la filosofía de vida, de las cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

4 comentarios en “Maestros, malos ejemplos

  1. El año lectivo 2017 debe ser mejor

    Dentro de un mes, el 23 de febrero, más de un millón quinientos mil alumnos de todos los niveles educativos volverán a las aulas del sistema educativo formal, o ingresarán a ellas por primera vez. Unos días antes llegarán sus docentes, para preparar un nuevo año lectivo, algo que está por verse porque el veto al Presupuesto General dejó sin efecto el aumento salarial del 15% para 61.000 maestros del nivel básico y del 10% para 19.000 del nivel medio.

    Todos los años se cierra un año lectivo a sabiendas de que en el próximo la historia se reiniciará como una oportunidad renovada para que se produzca el aprendizaje. Sin embargo, es como si el inicio de cada año lectivo tomara por sorpresa a los responsables del sistema educativo, en el amplio sentido que se desprende del art. 75 de la Constitución: “La educación es responsabilidad de la sociedad y recae en particular en la familia, en el Municipio y en el Estado”.

    Las clases terminaron a fines de noviembre y las escuelas y colegios cerraron sus puertas a principios de diciembre. Es prudente utilizar el tiempo libre para reflexionar sobre la práctica durante el año que concluyó y preparar el año lectivo siguiente, aprendiendo de los errores.

    En un país donde solo el 21% de la infraestructura escolar puede llamarse “buena” y en el que el resto es “regular” (25%) y “mala” (54%), se impone llevar a cabo tareas de reparación, refacción y construcción. Cabría esperar que en las escuelas se aprovechen los días de vacaciones para llevarlas a cabo con la mayor intensidad, pero, en realidad, es fácil comprobar que lo único intenso es el ritmo en que crece la maleza.

    Los procesos licitatorios para buena parte de las obras se paralizaron en setiembre de 2016, por irregularidades. Aun cuando estas se hayan superado, se desperdició un tiempo precioso y las obras, que costarán 70 millones de dólares de los Fondos para la Excelencia, tendrán que realizarse con alumnos rodeados de materiales de construcción.

    Pero más allá de las construcciones, cabe preguntarse qué preparativos existen para que el año 2017 sea más provechoso para los niños y jóvenes, de modo que las horas que pasen en las aulas les sirvan realmente para desarrollar su personalidad. ¿Será este el año en el que –por fin– se adoptarán las tecnologías de la información y la comunicación? ¿Habrá menos asignaturas, pero más relevantes en la Educación Media? ¿Será el ciclo lectivo en el que la educación técnica dará un paso al frente con una vasta oferta que prepare para el trabajo? Lamentablemente, las respuestas a estas preguntas deben ser negativas, porque no hay indicios de que se hayan emprendido las labores correspondientes.

    También hay mucho que decir en cuanto a los preparativos de los padres de los educandos, que no ignoran que las clases empiezan en febrero, o en marzo en el caso de varios colegios privados. El inicio de clases no puede tomarles desprevenidos, así que es de suponer que están previendo los recursos necesarios para adquirir los materiales didácticos. También es importante que conversen con los hijos y definan con ellos los objetivos de este año lectivo. La escuela no es un accidente ni un lugar donde se deposita a los hijos por unas horas para descansar o poder ir a trabajar. De la organización de los padres depende muchísimo el bienestar de una comunidad educativa y ellos no están solo para organizar sorteos y reunir fondos para equipar el aula. Ellos deben exigir una educación de calidad para sus hijos.

    En cuanto a los municipios, los intendentes y los concejales siguen dando la impresión de que apenas pueden lidiar con el arreglo de las calles o la recolección de basura. No saben que también deben ocuparse de las condiciones en que se imparte la enseñanza, invirtiendo correctamente los recursos del Fonacide destinados a obras de infraestructura y a equipamientos.

    Falta un mes para que las aulas se llenen de niños y niñas y se reanuden los procesos de aprendizaje. No es mucho tiempo, pero hay que emplearlo para preparar el retorno de alumnos y docentes a escuelas y colegios mejores que los que dejaron en noviembre de 2016, de modo que este año lectivo sea mucho más provechoso para la educación.

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/el-ano-lectivo-2017-debe-ser-mejor-1557521.html

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    Publicado por jotaefeb | 26 enero, 2017, 3:56 pm
  2. Apuesta a la educación
    25 Ene 2017

    Para que realmente el Paraguay pueda consolidarse como una nación con visión a futuro es clave afianzar un estamento que por décadas y distintos gobiernos ha sido relegada y se ha mantenido como uno de sus grandes déficits: la educación. Solamente apostando a la excelencia en este estamento podrá haber una verdadera revolución que se inicia desde el fomento mismo al intelecto.

    El Gobierno acaba de dar otro decidido apoyo por la educación de calidad al disponer que la Itaipú Binacional otorgue becas al total de estudiantes postulantes este año y que sueñan con llegar a la universidad. Luego de los exámenes sicotécnicos correspondientes, un total de 2.145 estudiantes de todo el país, muchos de ellos de las zonas más carenciadas de nuestro territorio, podrán acceder a la ansiada subvención del Estado para estudiar una carrera universitaria. El dato no es menor teniendo en cuenta que cada año Itaipú pone a disposición de los bachilleres secundarios un total de 1.000 plazas. Este año se presentaron más de 10 mil aspirantes y luego de los pruebas accedieron la cantidad mencionada. A instancia del propio presidente Horacio Cartes, para este año, se duplicarán las plazas para de esta manera dar espacio a los estudiantes más aplicados.

    Este respaldo decidido hacia un sector que busca alternativas al terminar la educación secundaria es elemental, ya que en décadas anteriores una buena parte de estos estudiantes veía frustrada su intención de acceder a una educación universitaria o especializada, por faltas de recursos o de oportunidades y acababa engrosando la franja de desocupados.

    Pero estas oportunidades están llegando con otras iniciativas en favor de esa anhelada educación de calidad. En este sentido, a las becas de Itaipú, que ya tienen varios años dentro del esquema de estímulo estudiantil, se sumaron otros programas como el de las Becas Carlos Antonio López (Becal), que están destinadas a estudiantes destacados que realizan un curso de posgrado o de masterado en las mejores universidades del mundo. Así, hoy por ejemplo, hay paraguayos en carreras tan diversas como complejas de las mejores universidades de Estados Unidos, España, Reino Unido, Australia, Israel, Brasil, entre otros, por citar las naciones con una encumbrada reputación académica. De hecho, la primera promoción de becarios ya ha concluido de manera exitosa su año de especialización y han retornado al Paraguay para aplicar aquí los conocimientos adquiridos.

    Porque apostar al capital humano –en este caso de jóvenes estudiantes que aspiran a la educación terciaria o de alumnos recibidos que persiguen su sueño de posgrado– es la clave para seguir creciendo, la clave para soñar con un país instruido e ilustrado.

    Pero no solo los estudiantes sobresalientes están accediendo a las mejores instituciones educativas, también lo están haciendo los docentes más aventajados. Si se pretende renovar y modernizar las enseñanzas, el rol que cumplan los maestros de los educandos será esencial para las futuras generaciones. Hoy, Becal también dedica un segmento de su presupuesto a enviar a los mejores docentes a los mejores centros de formación en Europa, y así cientos de educadores accedieron a especializarse en España o Francia.

    Con estos ejemplos, está demostrado que hoy aspirar a la excelencia en el Paraguay ya no es una utopía. Aunque aún hay mucho por cumplir, mucho por incentivar y fomentar, especialmente en la educación primaria, hay claras muestras de que la apuesta de esta administración es colocar el futuro en primer lugar, pero ello solo será posible en la medida que la educación vaya conquistando espacios y más recursos dentro del Presupuesto General.

    Porque apostar al capital humano –en este caso de jóvenes estudiantes que aspiran a la educación terciaria o de alumnos recibidos que persiguen su sueño de posgrado– es la clave para seguir creciendo, la clave para soñar con un país instruido e ilustrado. Allí se encuentra la llave de un futuro mejor para los hijos de la Patria.

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    Publicado por jotaefeb | 25 enero, 2017, 8:15 am
  3. Los gobiernos se preocuparon de mantener al pueblo paraguayo en la ignorancia

    Los últimos grandes educadores que tuvo nuestro país, como Rosa Peña de González, Asunción Escalada, Manuel Amarilla, Concepción Silva de Airaldi, las hermanas Speratti, Cleto Romero, Delfín Chamorro, Ramón I. Cardozo, Juan R. Dahlquist, Manuel Riquelme, Inocencio Lezcano, Julián Rojas Chilavert y Emiliano Gómez Ríos, desaparecieron en la primera mitad del siglo XX.

    Desde la dictadura de Higinio Morínigo, todo fue desidia, mediocridad y sometimiento popular por vía de la ignorancia y de la descomposición moral de las personas. A los mandamases les convenía que los paraguayos se mantuviesen dóciles, que estuvieran desinformados y que no tuvieran idea de sus legítimos derechos.

    Se sabe que si los seres humanos están privados de educación y conocimientos, tienen cerradas las posibilidades de acrecentar sus virtudes éticas, sus conocimientos técnicos y su acceso legítimo a una existencia digna y al bienestar elemental al que toda persona aspira. Una situación así es la que impusieron los dictadores que siguieron a Morínigo en esa línea política perversa, y sigue hasta ahora.

    Mantener al pueblo en la ignorancia fue y es la mejor fórmula, bien conocida y practicada por los regímenes autoritarios, para someterlo mejor a sus designios. En nuestra historia hay muchos ejemplos, y en la americana muchos más, incluso bajo regímenes supervivientes como el castrismo, que se jacta de que en su país no hay analfabetos, pero prohíbe que su pueblo lea publicaciones de prensa y obras escritas, que no pueden ser introducidas al país sin permiso del Gobierno, sin la venia de los capitostes del Partido Comunista, mientras restringe las señales de TV extranjera, el cine y el internet. Para qué les sirve ser egresados universitarios si tienen prohibido hablar, leer o ver lo que les dan las ganas.

    En nuestro país, al caer la dictadura se abrieron esperanzas de que, con el advenimiento de la democracia, se irían corrigiendo gradualmente nuestros peores males sociales, entre los cuales la pésima educación en todos los niveles era –y es–, sin duda, una prioridad. En efecto, no se puede construir una verdadera democracia con un pueblo ignorante, incapaz de discernir entre buenos y malos candidatos, e incompetente para leer y entender un programa de gobierno.

    En los casi 30 años pasados, por ejemplo, no se trató de mejorar la educación, sino que solo se tomaron medidas inocuas que no sirvieron en absoluto para corregir el paupérrimo aprendizaje impartido. Además, con el fin de consolidar el nefasto clientelismo político, se siguió manteniendo a los docentes del sector público sometidos a las cadenas de un partido político y de los capitostes que los dirigen por turno.

    Estos politicastros –que también son el deplorable producto de la mediocridad y la ignorancia– agravian la dignidad de los docentes y a la educación en general. Sustituyen a verdaderos maestros por recomendados, que se limitan a perseguir un sueldo, sin tener ni la vocación ni la actitud para ejercer la docencia con responsabilidad.

    La gran mayoría de los dirigentes partidarios, así como de los diputados y senadores, confían su suerte electoral a la latita de cerveza y al pancho, en vez de presentar un buen programa de gobierno que, por cierto, ni los candidatos saben redactar ni sus electores desean leer. Aquellos arrean a estos y estos se dejan arrear como un hato de ovejas, en un proceso que solo puede mantenerse merced a esa ignorancia deliberadamente fomentada.

    Los gobiernos colorados, que fueron los que nos gobernaron durante estas casi siete últimas décadas, son los responsables del atraso humillante en el que hoy se debate gran parte del sufrido pueblo paraguayo. Pusieron y ponen al frente del Ministerio de Educación y Cultura a políticos en “servicio” activo, para que puedan alimentar a la clientela electoral, aprovechando los recursos del Estado. Y cuando no lo son, les retacean fondos y asistencia para resolver dificultades. Ocurre que a quienes gozan de las mieles del poder les interesa un bledo que ese ministerio cumpla con su deber de generar las condiciones para que los educandos ejerzan plenamente su derecho a aprender.

    Para esta clase de gobernantes que padecimos y padecemos, está bien enseñar un poco, cumplir con el programa formal y exhibir alguna estadística no tan desfavorable ante los organismos internacionales. Pero sin exagerar, sin enseñar hasta el punto de que se produzca la “catástrofe” de que una mayoría popular comience a pensar por sí misma, a criticar, a reclamar, a votar por otras personas que no sean esos personajes impresentables que asen férreamente la manija del poder, y no tienen la menor intención de que un electorado consciente y educado se la arrebate en las urnas.

    Nuestra educación formal adolece hoy de prácticamente todos los males que la viciaban durante las dictaduras que se sucedieron desde mediados del siglo pasado. Desde entonces, ya no hubo grandes teóricos que pensaran en planes nacionales, que consultaran a científicos del área de otros países ni que establecieran plazos para la correcta ejecución de dichos planes, teniendo a la vista ciertas metas. Ahora, en el mejor de los casos, se intenta copiar alguna fórmula que dio buenos resultados en otro país, sin ajustarla a las necesidades del nuestro.

    Hay que reconocer que existen personas sinceramente preocupadas por la educación, que intentan hacer algo por levantarla, que estudian soluciones a corto, mediano y largo plazo, que sugieren medidas políticas y que se arremangan para trabajar con lo que tienen a mano. El grave problema es que sus esfuerzos chocan y se esfuman contra el muro de una política electoralista miserable, del clientelismo rastrero y de la mediocridad de quienes toman las principales decisiones: los diputados y senadores que tuvimos –y tenemos– que soportar en los últimos 70 años.

    Cuando en el futuro investiguen y juzguen esta desastrosa era política perdida por la educación pública en nuestro país, los historiadores se ocuparán de resaltar, con cifras y documentos, las falencias, los vicios, las mezquindades y las miserias morales de los dirigentes políticos inescrupulosos que se preocuparon de mantener al pueblo paraguayo en la ignorancia.

    Mientras tanto, hagamos todo lo posible para desenmascarar a quienes sabotean la educación para mantenerse en el poder y enriquecerse ilícitamente. El futuro de nuestros hijos, que depende de la educación que se les imparta, no puede estar en manos de unos canallas que odian el intelecto que no tienen, y activan para impedir que los paraguayos accedan a los beneficios de la cultura. Personajes de semejante calaña deben ser expulsados de la conducción del país, porque sus intereses son opuestos a los de quienes confían en la educación como el mejor instrumento para liberarnos del indignante atraso en el que se debate el pueblo paraguayo. Ellos son el principal obstáculo para tener el Paraguay que nos merecemos.

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/los-gobiernos-se-preocuparon-de-mantener-al-pueblo-paraguayo-en-la-ignorancia-1556118.html

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    Publicado por jotaefeb | 21 enero, 2017, 10:19 am
  4. Un año 2017 que se muestra nada auspicioso en la educación pública

    La demagogia populista pone énfasis en el asistencialismo como método principal de lucha contra la pobreza y olvida que la educación es una de las claves fundamentales para derrotar de veras el flagelo de la exclusión social. Esta es la razón por la que el año pasado no hubo avances significativos en cuanto a la calidad de la enseñanza pública.
    El presidente Horacio Cartes había dicho en su discurso de toma de mando, el 15 de agosto de 2013, que su prioridad de gobernante iba a ser la lucha contra la pobreza. Para ello, fortaleció los programas sociales de ayuda directa a los sectores inmersos en la indigencia y creó algunos nuevos que pudieran complementar lo ya existente.
    Si bien es importante proporcionar medios de sobrevivencia a los excluidos de los bienes sociales de los que un vasto sector de la población disfruta, su política de Estado ha perdido la oportunidad de avanzar mucho más rápido apostando de un modo más decidido por la educación a nivel de gestión oficial.
    Es indudable que el Poder Ejecutivo solo no podía llevar adelante ningún proyecto que no contara con el apoyo de los demás poderes del Estado –el Legislativo sobre todo– para que pudiese articularse sin trabas en ninguna instancia. No hubo, sin embargo, gestión alguna que planteara de manera global el problema buscando consensos que hubieran podido concretarse en acciones que en este momento estarían en marcha.
    Por eso, en 2016, los temas básicos del sector fueron las aulas que funcionaban debajo de los árboles, el derrumbe de locales escolares, la corrupción en las obras emprendidas con recursos del Fondo Nacional de Inversión Pública y Desarrollo (Fonacide), la rebelión de un sector de los estudiantes secundarios, las huelgas de profesores buscando mejoras salariales y el abrupto cambio de la ministra de Educación.
    Más allá de apagar incendios, no hubo casi nada de volumen y relevancia que pudiera indicar que por fin hay un despegue que permita mirar con esperanzas fundadas el futuro. Las becas para docentes en universidades del exterior y los cursos de formación para 14.000 docentes en universidades locales que ganaron una licitación son apenas una gota de agua en el inmenso mar de la urgente necesidad de contar con maestros capaces.
    Ante este panorama y mirando el escenario actual, con docentes que ya anuncian que ni siquiera iniciarán las clases si no se les concede el aumento salarial exigido, lo que viene para la educación no es alentador. Lo más seguro es que este 2017 sea otro año perdido. Habrá que pensar, entonces, ya en clave de 2018, qué proponen los candidatos a dirigir el destino de la República.
    Los electores tienen que exigirles que de una buena vez la educación sea una causa nacional que se traduzca en acciones concretas para mejorar su nivel y convertirse en una herramienta eficaz de erradicación de la pobreza y no sea solo un discurso populista que halaga por escaso tiempo los oídos, pero en nada contribuye al desarrollo del Paraguay.

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    Publicado por jotaefeb | 21 enero, 2017, 10:08 am

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