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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Electoralismo y obra pública

¿En base a qué crecería un 2% la participación del Gobierno central en el Producto Interno Bruto de este año? En su último informe de 2016 sobre política monetaria, el Banco Central del Paraguay afirma que “para el 2017 se prevé un crecimiento del PIB de 3,7% sustentado principalmente en la expansión que tendrían el comercio, las comunicaciones, el gobierno general, los servicios a las empresas y a los hogares, entre otros”. Si entendemos lo de “gobierno general” como sinónimo de gasto público e infraestructura, tendremos que incluir entre las herramientas de estimación un factor altamente variable: el año político que se nos viene encima, el cual no acabará en diciembre de 2017 sino que se extenderá en la práctica hasta abril de 2018 con un periodo adicional de transición que llega a agosto de ese mismo año. ¿Qué puede hacer el Gobierno en todo ese tiempo? Sin duda veremos a partir de ahora una aceleración en las obras públicas ya adjudicadas y por adjudicarse. La duplicación de la ruta VII, la reconstrucción de la Transchaco, la adjudicación y comienzo de obras de la nueva terminal aérea del Silvio Pettirossi, el Metrobús, el segundo tramo de la costanera, el “súperviaducto” y demás emprendimientos tendrán que acelerarse y llenar el país de ingeniería civil en acción para dar sustento a la pretensión de un hipotético segundo mandato del Presidente de la República. Mientras tanto, según estimaciones del BCP, otros sectores hasta ahora protagonistas del crecimiento como la construcción, la manufactura y algunos rubros primarios podrían congelar su crecimiento o, directamente sufrir una retracción. Un Estado activo como componente del PBI es importante, pero cuando ese protagonismo viene contaminado con el virus electoralista pierde mucha de su fuerza. Mientras tanto, otros indicadores ganan posiciones. Producto de una política monetaria restrictiva, el mercado financiero local sigue optando por las letras de regulación monetaria en lugar de expandir y hacer más accesible el crédito para sectores que lo demandan, como la industria y las mipymes. En los últimos meses, documenta el BCP, las inversiones en LRM abandonaron los plazos cortos y medianos migrando hacia los de mediano y largo plazo (hasta 350 días) con un incremento del 9,3%. El BCP habla de “un mayor apetito” por los instrumentos de largo plazo a expensas de los de corto alcance. Simplemente, los bancos siguen considerando más redituable invertir dentro del sistema antes de volcarlo en sectores productivos. Una suerte de endogamia financiera que en algún momento nos pasará la factura.

Se podrá alegar, finalmente, que las obras quedan y los hombres pasan. De todas maneras, resulta penoso tener que asumir que nada sólido puede hacerse en el Paraguay si no es a fuerza de golpes electoralistas de corto plazo. No es buena carta de presentación que aún no hayamos aprendido que lo duradero siempre viene de la mano de políticas de Estado, las que forjan verdaderos estadistas.

http://www.5dias.com.py/52917-electoralismo-y-obra-publica

 

Acerca de jotaefeb

arquitecto jubilado, hoy "hurgador" de la filosofía de vida, de las cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

2 comentarios en “Electoralismo y obra pública

  1. Economía y reelección

    Darío Lugo –
    ¿Cómo afectará al ritmo económico la avanzada pro reelección? Entendidos advierten sobre el devenir económico, que podría experimentar interferencias si la agenda macro solo se ocupa de este debate, y deja de lado lo primordial para el crecimiento.

    Las obras prometidas por el Ejecutivo recién este año podrían arrancar bien, si la intoxicación sectaria no influye en las mejoras en el aeropuerto, los trabajos en la avenida Ñu Guasu o el Metrobús.

    La gestación de un escenario en teoría beneficioso para la gente (reducción en el precio del pasaje, ajuste del salario mínimo, ingreso de Petropar al mercado minorista del GLP) así como el discurso hecho a medida de una coyuntura para captar votos generaron más bien el rechazo casi generalizado de varios sectores.

    Se trata, en esencia, de medidas acostumbradas más por los progresismos, con el fomento de subsidios que, mediáticamente, aparecen como grandes inyecciones de beneficio y derrame masivo hacia todos los sectores.

    Así surgieron los programas Jefe de hogar y Gas para todos en Argentina, que resultaron en dádivas y fomento de la improductividad, antes que una catapulta para salir de la pobreza. De similar manera se implementaron en Brasil planes que, si bien sacaron de la franja de pobreza a 40 millones de personas, ese bienestar pende de un hilo con los últimos acontecimientos mancillados de corruptela.

    Este tipo de emprendimientos, con el fin de crear la buena imagen de llegada y acercamiento a las clases populares que aspira a tener el presidente Horacio Cartes, es en realidad una vertiginosa carrera por seguir copando esferas de poder y asegurarse un periodo presidencial más. Ciertamente, aún quedan pendientes algunos pasos para saber si se aceptará la enmienda y luego deberá llamarse a referéndum, en donde la ciudadanía dirá si está de acuerdo o no .

    En este contexto cargado de idas y vueltas dentro de las carpas partidarias, tanto el agro, como la industria, el comercio y los servicios deben seguir activando para cerrar bien sus cifras y llegar al crecimiento anhelado, de la mano de un sector privado cada vez más perplejo por algunas decisiones gubernamentales, pero que de nuevo moverá el motor de la economía.

    La consigna es impulsar el consumo interno, diversificar la producción y apostar por la creación de mayor cantidad de fuentes de trabajo, que permita un mejor escenario para el ingreso monetario genuino de una franja joven que merece oportunidades, y se desprenda del anclaje del aparato clientelístico y prebendario.

    Toda vez que no exista un copamiento casi absoluto de la discusión a nivel político sobre la reelección –y que llegue a marcar la agenda país–, se podrá pensar en cumplir con las perspectivas que consultoras locales y organismos internacionales adelantan para el cierre del 2017, es decir, un crecimiento del PIB mayor al 3%.

    La madurez de la clase política y el criterio de los actores económicos diseñarán el devenir de este periodo, cuyas pautas pueden encaminar hacia un mejor futuro para los compatriotas, o bien, seguir trazando un camino empantanado de enfrentamientos estériles, movidos por simples ambiciones sectarias.

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    Publicado por jotaefeb | 13 enero, 2017, 9:46 am
  2. Los profetas de lo obvio
    12 enero, 2017

    Es muy común en nuestros economistas, al menos en la mayoría de los que son consultados frecuentemente por los medios de prensa, destacar los problemas existentes en el ámbito de su especialidad, pero sin plantear nunca las soluciones, o bien limitándose a pronunciar algunos “titulares” que hacen al sentido común, no a políticas específicas para llevarlas a la práctica. Desde luego que reconocer los problemas, los reales, no los inventados, es condición sine qua non para trazar líneas destinadas a superarlos.

    Sin embargo, eso solo no basta, sobre todo cuando se trata de profesionales experimentados, como el exministro Dionisio Borda, quien, después de haber sido titular de Hacienda en dos gobiernos, llegó recientemente a la “sesuda” conclusión de que “lo que caracteriza a la economía al cierre del 2016 es el contraste entre los buenos números macroeconómicos y la difícil situación de un sector importante de las empresas y de las familias trabajadoras”. Y seguidamente remató: “Es tiempo de pensar en estrategias que apunten a una economía más inclusiva y una sociedad más justa”; una ideacompartida por cualquier persona medianamente informada y con una pizca de sensibilidad social, por más que no hayapisado las aulas de una facultad de ciencias económicas.

    El exsecretario de Estado no cuestionó el informe del Banco Central del Paraguay (BCP), que destaca el crecimiento del 4% del Producto Interno Bruto (PIB), ni que esto se produjo mediante las fuertes inversiones en obras públicas (a lo que él prefiere denominar “auge de las construcciones”), en la mayor producción de energía eléctrica y la contribución de ciertos sectores de la industria, “a pesar del desempeño negativo de Brasil y Argentina, de la caída de la demanda de las materias primas en el mercado mundial y de las incertidumbres en el escenario internacional”, según sus expresiones.

    Así, aunque no hizo mención a otros indicadores altamente positivos, como el bajo índice de inflación (apenas el 3,9%) y del déficit fiscal (1,5%), o al moderado endeudamiento público, tomando en cuenta las elevadas reservas internacionales(superior a los US$ 7.000 millones), su balance general confirma que los números de la macroeconomía son buenos, aún en el contexto regional y mundial adversos, lo que no puede desconocer ningún intelectual honesto.

    ¿Y dónde está el problema? En que, desde su óptica, “este buen resultado económico se concentró en pocos sectores de la producción y su efecto derrame sobre el resto de la economía fue muy limitado”.

    Si la conclusión correspondiese al año 2014, o incluso al 2015, probablemente estaríamos de acuerdo. Pero, ¿fue igual en el 2016? ¿En nada contribuyó “el auge de las construcciones”, o mejor dicho, que el Estado haya invertido alrededor de 700 millones de dólares en la ejecución de obras públicas, responsables del 75% del crecimiento que registró la economía? ¿No considera que hubo algún “efecto derrame” con la existencia de 50.000 empleos directos generados por dichos emprendimientos, ni los más de 100.000 en forma indirecta? ¿O con el aumento de los programas sociales, como Tekoporã, que abarcó prácticamente a todos los pobres extremos? ¿O con las 20.000 viviendas entregadas por la Senavitat?

    Las respuestas caen de maduro. Que hay algún “derrame”, lo hay, por más que todavía esté lejos de lo deseado.

    Dicho esto, el exfuncionario tiene razón cuando señala la necesidad de “pensar en cambios estructurales para que la prosperidad sea compartida por todos”. Sonaría mejor si lo hiciera en tono autocrítico, pues eso no fue abordado ni por asomo durante los gobiernos de Nicanor Duarte, ni de Fernando Lugo -durante el cual la economía creció el 14% -, en los que él tuvo la responsabilidad de administrar el dinero público. Y sonaría aún mejor si un profesional de su trayectoria, así como sus colegas, no se circunscribieran a contarnos las obviedades que todos sabemos, cual profetas de lo obvio, ensayando a cambio algún plan para que el “derrame” que ya observamos en el presente, se potencie en aras de un Paraguay másjusto y equitativo.

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    Publicado por jotaefeb | 12 enero, 2017, 8:23 am

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