estás leyendo...
HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Entre la Virgen y el pombero

“Caacupé convoca nuevamente a la grey católica” dirán los titulares en estos días. Unos irán a pedir que algunas cosas sucedan, otros, a que no sucedan. Concurrirá allí mucha gente, con todos los medios de locomoción disponibles, incluyendo piernas, naturalmente.
A los racionalistas se les hace difícil distinguir la creencia religiosa de la mera superstición; incluso hubo teólogos que empeñaron su vida buscando esas diferencias. Interesado en el asunto, aunque sin el talento necesario, acudí a un promesero, preguntándole ¿Creés en la Virgen? “Sí, claro”, me respondió sin titubear. ¿Y creés en el Pombero? agregué a continuación. “Sí, claro” –reiteró– “yo mismo le vi una vez”.

“¿Y cuál es la diferencia entre tu fe en la Virgen y tu creencia en el pombero?”, rematé triunfalmente, creyendo instalar en su mente esta aporía que se me ocurría de hierro. Reflexionó un momento, y luego, con detenimiento, me explicó: “La diferencia es que la Virgen te aparece y el Pombero te sale”. Me dejó sospechando que estos dos verbos daban fundamento a gran parte del edificio teológico y mitológico nacional.

Estas ambigüedades también se dan en la Ciencia. Los antiguos griegos tenían tres famosos problemas científicos insolubles: la cuadratura del círculo, la trisección del ángulo y la duplicación del cubo. El primero –el más famoso– consistía en dibujar un cuadrado con la misma área que un círculo, pero operando solamente con la regla y el compás. Nunca fue resuelto de esa manera y, por eso, la frase “buscar la cuadratura del círculo” pasó a la posteridad como expresión de esfuerzo ocioso y fútil.

Pero muchos sabios clásicos murieron infelices por no resolver esa aporía. La cuadratura del círculo jamás se resolvió como querían los griegos, aunque sí, mucho después, por vía matemática. Se salvó entonces el obstáculo con el cálculo, pero sacrificando el valor estético, porque, al prescindirse de la regla y el compás, se frustraba el valor helénico fundamental: descubrir la belleza contenida en la solución geométrica. He aquí una diferencia principalísima entre lo clásico y lo moderno: lo bello antes que lo práctico; o lo práctico antes que lo bello.

Pero los cultos religiosos no pasan por estas tribulaciones pues creen poseer la llave para resolver cualquier enigma, recurriendo al muy conveniente recurso del misterio. El misterio, o sea la ignota, impredecible y tornadiza voluntad de Dios, es un concepto capaz de explicar cualquier intríngulis sin necesidad de gastar una sola gota de sudor intelectual.

Estos misterios divinos suelen estar provechosamente administrados por algunas empresas religiosas que, por nada misterioso arte, se convierten en multimillonarias en poco tiempo. Sus predicadores, además de vida eterna, ofrecen al cliente sanaciones especiales, que ocasionalmente vienen en combos promocionales compuestos de curación de enfermedades físicas y mentales, buena fortuna, perdón de los pecados y reconciliación con Jesús. Ofertas atractivas –¡quién lo duda!– a las que solo faltaría agregar una gaseosa grande y ración doble de papas fritas.

Estas promesas recuerdan que Martín Lutero dictó sus 95 tesis de Wittemberg (el año próximo cumplirán 500 años) indignado por el escandaloso comercio de indulgencias del papa León X. Recordemos la tesis 50: “Debe enseñarse a los cristianos que si el Papa conociera las exacciones de los predicadores de indulgencias, preferiría que la basílica de San Pedro se redujese a cenizas antes que construirla con la piel, la carne y los huesos de sus ovejas”.

¡Qué paradoja que, pocos siglos después, muchos de sus seguidores hayan erigido las más grandes y millonarias empresas de religión recurriendo al nunca acabado negocio de lotear el Paraíso, convirtiéndose en los más exitosos traficantes de indulgencias, superando largamente las simonías romanas que exasperaron a don Martín!

Por suerte, la ciencia y la tecnología occidentales son hijas de la racionalidad griega y no de la superstición, y así, pueden continuar elevando al ser humano por encima de las miserias de la irracionalidad. Por cierto, a los que vayan a Caacupé se les desea, de todo corazón, que sea la Virgen quien les aparezca y no el pombero el que les salga.

Por Gustavo Laterza Rivarola

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/entre-la-virgen-y-el-pombero-1543813.html

Anuncios

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

16 comentarios en “Entre la Virgen y el pombero

  1. De la autocracia a la teocracia

    Por Jesús Ruiz Nestosa

    A qué nivel de indignidad hemos llegado cuando un grupo de políticos pertenecientes a diferentes núcleos le propusieron a monseñor Mario Melanio Medina, obispo de San Juan Bautista, candidatarse a la presidencia de la República y que financistas muy próximos al actual presidente, Horacio Cartes, estarían dispuestos a costearle la campaña. No emito ningún juicio de valor, ni positivo ni negativo sobre el obispo. Hablo de indignidad refiriéndome a la clase política y a su propuesta. Una propuesta lamentable.

    Nada se ha aprendido de la experiencia próxima de haber llevado a un obispo a la presidencia. ¿Cómo pudo la gente confiar en una persona que, siendo sacerdote, le mintió, primero a su patrón (Dios) y segundo a su clientela (la feligresía) y finalmente a sus superiores inmediatos? ¿Acaso no mintió cuando violó sus votos de castidad y embarazó a unas cuantas jovencitas? Hasta se habló que una de ellas habría sido menor cuando quedó preñada. Pero nadie lo averiguó como tantas otras irregularidades que se entregaron al olvido. También mintió a sus superiores cuando aseguró que terminada su experiencia política regresaría a la comunidad religiosa.

    Después de aquel estrepitoso fracaso volvemos de nuevo a querer involucrar a la Iglesia en las aventuras políticas de grupos de aventureros. Mientras en el resto del mundo se busca crear estados laicos, con una clara división entre el gobierno temporal y una iglesia, no importa cuál sea, aquí estamos deseando volver hacia atrás para implantar una teocracia (forma de gobierno en que la autoridad política es ejercida directa o indirectamente por un poder religioso, como una casta sacerdotal) que en poco o nada se diferenciaría de la autocracia (gobierno de uno solo) que vivimos durante casi medio siglo de dictaduras (1947-1989).

    Debemos convencernos todos, cristianos, agnósticos, ateos, judíos, musulmanes, que el único sistema político que puede garantizar la libre práctica de todos los credos es el laicismo. Lo contrario podemos ver hoy con sus sangrientas consecuencias en Irán o los esfuerzos de Erdogan para implantar en Turquía un sistema teocrático.

    En nuestro país estamos volviendo la vista hacia una iglesia (y lo pongo con minúscula porque no se trata de la institución universal, sino la que se da concretamente aquí) ultramontana con ideas y prácticas que perdieron efectividad siglos atrás; otras, no tuvieron vigencia nunca. Así los catequistas siguen enseñando a los niños que los judíos son malos porque mataron a Jesucristo. O bien se dedican a criticar a los jóvenes porque llevan tatuajes en el cuerpo “como una manera de afianzar su personalidad o de llamar la atención”. Si así fuera, Lionel Messi, Justin Bieber, Luis Miguel y muchos otros tendrían que estar en el infierno. Además, tengo mis dudas si ellos buscarán llamar la atención a través de sus tatuajes.

    También suena a disparate irresponsable decir, desde el púlpito que “los masones son quienes quieren imponer el matrimonio gay y el aborto”. Aclaro que no soy masón, ni lo he sido, ni lo seré nunca. Mi espíritu insumiso no me ha permitido nunca formar parte de ningún grupo, ni siquiera ser socio de un club de fútbol. Solo pretendo que seamos serios en nuestras críticas. Si vamos a criticar a la masonería tendríamos que comenzar por demoler la inmensa mayoría de las grandes catedrales que se construyeron en Europa (desde fines del siglo XII al comienzos del XVI) porque ellas fueron construidas por masones. Aún más: fue allí donde surgió la masonería porque sus trabajadores: albañiles, mazoneros, arquitectos, canteros, escultores, estaban hartos de ser explotados por la clase dominante; es decir, la Iglesia. Hasta la palabra “logia” (lugar donde se reúnen los masones) forma parte de aquellas construcciones. Finalmente, si vamos a ser consecuentes con esas ideas, ¿tendremos que echar al fuego las óperas de W.A. Mozart, que están entre las más hermosas que se han escrito en toda la historia?

    Señores políticos, y también señores de la iglesia, paren de jugar con cosas tan serias como el gobierno de una nación. La Constitución es clara en la separación del Estado de cualquier credo religioso. Y los Evangelios completan la idea con aquello de dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 12 diciembre, 2016, 8:03 am
  2. Sentimientos encontrados
    10 Dic 2016

    Por Alex Noguera
    La semana que hoy acaba lo único que dejó, para muchos, es agua, ropa sucia y humedad. Otros, sin embargo, pueden ver en el horizonte pasado una estela de sentimientos encontrados que se entrecruzan formando un duro tejido, como una trenza invisible de emociones.

    El punto trascendente se produjo el miércoles cuando agentes de la Senad decomisaron nada menos que 308,6 kg de cocaína de alta pureza. No solo la cantidad, sino la calidad y sobre todo la procedencia son preocupantes. La marca de la estrella en los panes de la droga indica que pertenece a uno de los grupos más peligrosos y sanguinarios del mundo, el cártel de Sinaloa.

    Pensar que esos criminales estén aquí es como para que se nos hiele la sangre. Ya teníamos más que de sobra con la cuota diaria de sangre proveniente de la frontera con Brasil, para ahora tener el desembarco de estos nuevos empresarios de la muerte, provenientes de México. Y sin embargo, con eficacia los agentes de seguridad paraguayos desbarataron la pretensión ilícita, lo que hace que disminuya un poco la preocupación. Es decir, cuando la Policía Nacional quiere, puede. Este fue uno de los sentimientos encontrados, pero no el primero.

    Días antes, en una de las celebraciones del novenario de la Virgen de Caacupé, monseñor Claudio Giménez expresó que aquellos que se realizaban tatuajes tenían el alma vacía, en un claro mensaje hacia los jóvenes. Y claro, estos, como reguero de pólvora, incendiaron la redes sociales y quemaron al obispo. Dijeron incluso que la Iglesia debía pedir perdón a los jóvenes, en alusión a los casos de abusos y pederastia denunciados contra sacerdotes católicos. Precisamente, el último episodio de acoso saltó a la luz apenas unos días atrás, cuando una joven de la Pastoral Juvenil de la parroquia San José de Limpio denunció por acoso al cura Silvestre Olmedo.

    Pero la trenza de sentimientos encontrados continuó. El jueves, en la misa central, el invitado de honor, cardenal argentino Luis Héctor Villalba, felicitó a los fieles paraguayos por su amor a la Virgen y de paso “aconsejó” a los jóvenes. Algunos esperaban una andanada de críticas hacia el Gobierno, lo que se repite tradicionalmente desde hace décadas. Pero esta vez no. Ellos quedaron con las ganas ya que el aniversario 50º de la diócesis se salió del libreto y se centró en la religión y no en la política.

    Para los que pudieron ver, notar, percibir, darse cuenta, de un lado miles de fieles cansados, mojados hasta los huesos, con hambre, sucios, con los pies adoloridos, estaban firmes como huestes atentas antes de la batalla, esperando, bebiendo cada una de las palabras que les dirigían los líderes religiosos. Y estos, bajo techo, secos, descansados, satisfechos, envueltos en su esfera, daban su apreciación de cómo debe ser el mundo.

    Ese 8 de diciembre, Día de la Virgen de Caacupé, también se recordaba el asesinato de John Lennon. En su honor, por Whatsapp, corría la canción “Imagina” y más emociones encontradas brotaban ese día, a borbotones. Y es que con la tecnología, la música llegaba a los internautas con subtítulos y el mensaje era entendible. La letra comienza fuerte con una melodía suave y dice: “Imagina que no hay Cielo (Paraíso), es fácil si lo intentas. Sin infierno bajo nosotros, encima de nosotros, solo el cielo. Imagina a todo el mundo, viviendo el día a día… Imagina que no hay países, no es difícil hacerlo. Nada por lo que matar o morir, ni tampoco religión. Imagina a todo el mundo, viviendo la vida en paz… Puedes decir que soy un soñador, pero no soy el único…”.

    A este soñador lo mataron con un revólver calibre 38 especial. Pensaba que el mundo podía ser un lugar mejor. Cuestionaba a la sociedad de entonces y no era comprendido. Era subversivo, peligroso. Cada vez tenía más fans que lo seguían. No le importaban las razas ni la condición económica, ni si eran lindos o deformes. Dio su vida por lo que creía. “No soy el único…”.

    Otro soñador, antes, también pensaba que el mundo podía ser un lugar mejor. No era músico, pero cuestionaba a la sociedad de entonces y tampoco era comprendido. Hablaba de paz, pero lo consideraban subversivo, peligroso. Cada vez tenía más fans que lo seguían. No le importaban las razas ni la condición económica, ni si eran lindos o deformes. Como Lennon, también dio su vida por lo que creía, pero en una cruz hace 2000 años.

    En este mundo de sentimientos encontrados, los soñadores hacen que este sea un lugar mejor. Cuestionan, cultivan amor que riegan con esperanza. Nos dicen que los surcos de la vida son solo nuestros y que los frutos que produzcamos serán semilla para las próximas generaciones. ¿Pensaste qué vas a sembrar hoy? ¿Imaginas?

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 10 diciembre, 2016, 12:07 pm
  3. Caacupé
    8 diciembre, 2016

    Caacupé es el punto neurálgico de la religiosidad popular paraguaya. La profunda fe católica de nuestro pueblo hace que cada 8 de diciembre las miradas de todo el país se tornen hacia la Capital Espiritual de la República. La fe mariana que mueve a miles de compatriotas no se reduce solamente a “pagar una promesa” o agradecer un milagro de la virgen. Nuestro pueblo deposita también en la festividad de la Inmaculada Concepción de María, sus sueños y esperanzas.
    Como todos los años la ciudadanía espera que desde el púlpito, las autoridades de la iglesia brinden un poco de luz y orientación sobre los males que afectan a nuestro país. Durante todo el novenario los pastores de la iglesia enfocaron sus reflexiones sobre los distintos aspectos que preocupan a la sociedad paraguaya como el narcotráfico, la corrupción galopante en las instituciones públicas, la narcopolítica y el desempleo juvenil fueron los grandes temas enfocados por los obispos desde Caacupé.
    La Iglesia Católica paraguaya ha sido históricamente importante protagonista del quehacer social en nuestro país. Los pastores así acompañaron a la sociedad paraguaya en sus penas y alegrías. Como Madre y Maestra tuvo un importante de desempeño en la lucha contra la dictadura y se constituyó en factor clave para la recomposición del tejido social de la República con aquel mentado Diálogo Nacional. En la transición a la democracia, la Iglesia también acompañó el acontecer nacional, orientando y asumiendo una postura crítica cuando las circunstancias así lo requerían.
    Hoy más que nunca la sociedad paraguaya necesita la orientación y el acompañamiento de sus pastores. Existen muchas voces interesadas que buscan torcer la vigencia de las instituciones democráticas en el afán de perpetuarse en el poder. Inexplicablemente la iglesia hasta ahora se ha mantenido en silencio sobre este grave peligro que significa la violación de la Constitución nacional.
    La feligresía que acude con fe a Caacupé busca escuchar de la boca de sus pastores mensajes de esperanzas y posturas firmes para la defensa de las instituciones democráticas y constituirse en la voz de los sin voz, y la protección a los más débiles y desfavorecidos de nuestra sociedad

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 9 diciembre, 2016, 5:42 am
  4. Credibilidad y coherencia en la palestra de Caacupé
    09 Dic 2016

    Sin duda alguna, el acontecimiento de mayor convocatoria e importancia de la sociedad paraguaya, históricamente hablando y hasta nuestros días, es Caacupé, una peregrinación nacional que aúna a la mayoría del país en un acto de religiosidad, pero también de encuentro y reflexión nacional, de expresión de la convivencia y las desavenencias.

    Más allá de la convocatoria de la Virgen, que es, sin duda, un acontecimiento que refleja la religiosidad de gran parte del pueblo paraguayo, y alcanza a una gran mayoría, a despecho de diferencias religiosas, porque es también un punto de convergencia y convivencia armónica de todo el país. El lugar donde desaparecen las diferencias y se afianzan las coincidencias, donde, de alguna manera todos nos encontramos en el mismo camino, con la misma fe y la misma esperanza.

    El gran escritor alemán y universal J.W. Goethe dijo que Europa se hizo en el Camino de Santiago, la peregrinación europea hacia la catedral del catolicismo que convocaba a peregrinantes de todo el continente hacia la Catedral de Santiago de Compostela, que fue símbolo de religiosidad, pero también de afirmación política, en el sentido político de polis, de unidad de los distintos pueblos europeos que se encontraban y se hermanaban en ese camino de peregrinación, de convivencia.

    Se puede decir, sin lugar a duda, que la nacionalidad paraguaya, en el sentido de la convivencia, se hace y se rehace año tras año “Caacupé rapére”, en el sentido de caminar juntos, a Caacupé. Ahí nos encontramos todos, por distintos motivos, promesas o deudas que saldar, sueños y esperanzas.

    También un punto de convivencia cultural, donde conviven las distintas lenguas, culturas y pueblos que conforman esa nacionalidad que se instauró antes que la Constitución estableciera que somos un país bilingüe y pluricultural.

    Y además de aldea universal, donde cabemos todos, de altar mágico de unidad, de púlpito para convocar los problemas y las esperanzas de todos, también llegó a convertirse en muro de lamentos, en palestra para las críticas de las injusticias y de los abusos políticos, de las denuncias de las desigualdades.

    Durante el tiempo de la dictadura, pese a que hubo prelados obsecuentes con el estronismo, la palestra de Caacupé fue un eje fundamental de freno de la prepotencia y de reivindicación de los derechos humanos, antes incluso de que las grandes potencias se preocuparan por morigerar a las dictaduras aliadas de la política durante la “guerra fría”; la potencia crítica de los abusos contra los derechos humanos y la explotación fueron de fundamental importancia para la defensa de los ciudadanos indefensos y fueron determinantes en la caída de la dictadura. El rol jugado por monseñor Rolón, la visita del papa Juan Pablo, la defensa del “Árbol de la Vida”, contribuyeron sin duda al fin de la dictadura.

    El peso de ese púlpito caacupeño estuvo dado por el peso y el ejemplo de la mayoría de los prelados que lo representaban; por el peso de sus discursos agudamente críticos y certeros. Por una firme defensa de los principios y los valores, por sus denuncias valientes contra los abusos de la dictadura, por la prédica a favor de una sociedad igualitaria y con sentido social. Hoy los referentes brillan tristemente por ocultar los abusos dentro de su propia grey.

    El peso de esa Iglesia que llegó a tener fuerte influencia política, en el sentido amplio de la palabra, de polis, de defensa de la ciudadanía plural, sin sectarismos, sin pañuelos al cuello, estuvo basado en la consistencia y coherencia de sus discursos, y, sobre todo, en la coherencia de la mayoría de los voceros de ese púlpito, su respetabilidad. Su credibilidad de no tener compromisos políticos con sectores políticos y sectarios, como han amparado y amparan los principales prelados de hoy.

    Sin duda, para tener credibilidad y consistencia en la prédica, hay que tener credibilidad y coherencia en la persona. Capacidad crítica y autocrítica.

    El hecho de que un referente principal de la Iglesia esté más preocupado por un tema como los tatuajes para descalificar a los jóvenes o que identifique a la juventud con los “chesperitos”, los marginales consumidores de crack, en vez de alentar los valientes y decididos reclamos de los jóvenes secundarios y universitarios por una mejor educación; en vez de denunciar los escándalos de robo y escamoteo de políticos de los recursos dedicados a mejorar la infraestructura educacional, o al boicoteo de inversiones fundamentales de carácter social, y para la educación, es una muestra de la desconexión de los discursos caacupeños con la sociedad. Totalmente a contramano con la histórica relevancia social y política de este encuentro anual caacupeño, que radicaba en su conexión con la realidad social y política del país.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 9 diciembre, 2016, 5:36 am
  5. Mensaje chocante

    Por Carolina Cuenca
    En épocas de corrección política como la nuestra (en que el lenguaje es usado como arma que muchas veces arrincona el pensamiento crítico y el sentido común a oscuras celdas de autocensura y de hipocresía) es interesante el pequeño debate que ha surgido sobre una de las expresiones del monseñor Giménez en Caacupé, acerca del uso de tatuajes como un posible signo, al igual que el abuso del alcohol y de las drogas, de “vacío interior”.

    No hay que ser cura ni periodista –es decir, cacique de la aldea global–, para darse cuenta de que las expresiones externas de nuestro cuerpo y de nuestro comportamiento muchas veces denotan las “procesiones que van por dentro”. Creo que este es el punto.

    La voz autorizada del papa Francisco (hasta ahora el establishment de lo políticamente correcto todavía respeta sus reflexiones) podría darnos algo de luz a los que queremos entender el mensaje más allá de las reinterpretaciones. En mayo de 2014, el Papa mencionó el tatuaje hablando de un tema que viene a cuento en este asunto: “el discernimiento para aconsejar”. Partiendo de una anécdota, dijo algo interesante: “Recuerdo una vez que estaba en el confesionario en el santuario de Luján y en la fila había un joven todo moderno con aros, tatuajes. Y vino a decirme lo que le sucedía. Era un problema grande, difícil. Y ¿tú qué harías?, le pregunté. Y él respondió: yo le conté todo esto a mi madre y mi madre me dijo: ‘andá a la Virgen y ella te dirá lo que tenés que hacer…’. Ella le indicó el camino justo. ¡Este es el don del consejo! Dejar que el Espíritu hable. Y esta mujer humilde, simple, le dio al hijo el consejo más verdadero… Ustedes madres que tienen este don pidan a Dios el don de aconsejar a los hijos”.

    Tengamos fe o no, el tema de la orientación y el cuidado de nuestros hijos y jóvenes amigos tiene que ver con una observación sincera de los “signos” que nos envían. No nos engañemos. Nuestra sociedad también tiene enormes “periferias existenciales”, incluso entre personas que se las dan de fuertes y autosuficientes. Tatuarse, drogarse, abusar con el alcohol están de moda, pero no siempre es señal de felicidad. Mirar con cinismo el dedo del obispo que nos señala el fenómeno como signo a tener en cuenta para discernir lo que pasa por dentro de las personas que nos importan es por lo menos un infantilismo y una pérdida de tiempo.

    Aunque su mensaje choque, yo me siento interpelada. ¿Qué alternativas de verdad, bien y belleza les damos a cambio de deponer las actitudes consumistas, esotéricas y a veces agresivas que no implican solo pigmentos en las roturas de la piel, sino marcas internas de malestar y vacío interior? Creo que ese el verdadero desafío.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 9 diciembre, 2016, 5:33 am
  6. Tiempo de reflexión
    08 Dic 2016

    El inicio de las festividades de fin de año, la religiosa en este caso con el Día de la Virgen de Caacupé y su tradicional peregrinación de miles de católicos hacia la Villa Serrana, siempre es propicio para iniciar un período de reflexión, más allá de lo que representen las creencias religiosas.

    La festividad de Caacupé, para los católicos una de las más importantes del año e indudablemente la que mayor cantidad de fieles mueve, se convierte en una actividad que genera nuevas expectativas y esperanzas no solo para el plano religioso, sino para otros aspectos de la vida del país.

    El novenario, como cada año, fue escenario para que la Iglesia Católica emita posturas sobre determinados temas de interés general, pero en esta ocasión principalmente sobre la situación de los jóvenes. Precisamente este fue el tema elegido por la Iglesia para la reflexión religiosa: los jóvenes. Más allá de la polémica generada por la interpretación de una homilía de un obispo sobre los tatuajes, el mensaje fue mucho más profundo.

    Se habló de la necesidad de que los jóvenes dejen el sedentarismo y el comodismo y asuman responsabilidades para convertirse en verdaderos motores de cambio en el país. Es lo que Paraguay necesita, una energía renovada que presione e impulse acciones que permitan al país fortalecer la transformación que estamos viviendo. El papel de los jóvenes es determinante, como se ha demostrado en anteriores ocasiones con grandes movilizaciones de estudiantes secundarios y universitarios. Pero esa actuación no puede quedarse limitada solo con reclamos, debe convertirse en acción, que se inicia con el compromiso de cambiar uno mismo.

    Durante una de las homilías, un obispo también pidió perdón a los jóvenes por defraudar su confianza. Enhorabuena que desde la Iglesia se asuma también las culpas de las inacciones o acciones detestables que la desacreditan. Un doloroso clamor también se escuchó durante las celebraciones: la liberación de los secuestrados por el autodenominado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP). Además, se reiteró la preocupación por la presencia y aumento del narcotráfico, el drama social y la destrucción del medio ambiente, todos temas que deben ser de análisis en todos los ámbitos.

    En este tiempo de reflexión, es bueno recordar además la histórica visita del papa Francisco al país, y, en esta fecha, especialmente su presencia en Caacupé. La conexión que tiene con Paraguay hizo que este año incluso enviara como su representante al cardenal Luis Héctor Villalba, quien hizo extensivo el mensaje de Su Santidad, de manera a renovar la esperanza en la comunidad y en especial a la juventud paraguaya.

    “El mensaje del Papa es renovar la esperanza. El Papa insiste mucho en que no perdamos la esperanza, porque la Iglesia es esperanza, por más que haya dificultades, problemas, dolor y sufrimiento porque Cristo murió y resucitó, por lo que ese es el gran mensaje. Nosotros ya estamos resucitados, comenzamos una vida nueva a partir de Jesús y tenemos que llevar esa esperanza a nuestro pueblo”, detalló tras reunirse con el presidente Horacio Cartes. Villalba hoy presidirá la homilía principal en Caacupé, un hecho sumamente importante no solo desde el punto de vista religioso, sino de la relación de Paraguay con el Vaticano.

    Para los católicos, y muy especialmente para los marianos, la presencia del papa Francisco en Caacupé el 11 de julio del 2015 tuvo un alto grado de importancia por dos hechos puntuales. Ese día dio lectura del decreto de la Santa Sede con el que se elevó el Santuario Mariano de Caacupé a la categoría de Basílica Menor con todos sus derechos y concesiones. Igualmente, el segundo gesto fue la consagración del Paraguay a la Santísima Virgen de los Milagros de Caacupé, que realizó el mismo Francisco ante la imagen de la Madre de Dios y en presencia de los miles de fieles congregados a las afueras de la nueva basílica.

    “Cómo no reconocer que este santuario es parte vital del pueblo paraguayo, de ustedes”, había dicho el Papa en la histórica homilía que ofició en Caacupé ese histórico día. Y cómo olvidar la última parte de su homilía: “Dios bendiga ese tesón, Dios bendiga y aliente su fe, Dios bendiga a la mujer paraguaya, la más gloriosa de América”.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 8 diciembre, 2016, 7:18 am
  7. Retos de la festividad

    Por Gustavo Olmedo
    Observar en estos días a miles de personas peregrinar hacia el Santuario de la Virgen de Caacupé plantea preguntas sobre el sentido, la relevancia y el significado de un fenómeno de esta naturaleza en nuestra sociedad. Más allá de las propias creencias, se trata de un hecho como ningún otro en el año, que une al pueblo paraguayo hacia una misma meta, movilizando a poblaciones de distintos puntos y diferentes realidades sociales, económicas y culturales.

    Pero ¿cuál es su sentido? ¿De qué sirve el gesto y el sacrificio de los miles de jóvenes y adultos? ¿Qué desafíos plantea la existencia de esta manifestación religiosa tan masiva?

    Por un lado, la festividad plantea retos personales para quienes se adhieren a ella de manera sincera y seria, pues aquello que mueve al peregrino hacia la Basílica Menor, esa conciencia y deseo de bien, necesita –inevitablemente– transformarse en criterio para el cotidiano si pretende ser verdadero; es decir, en la forma de enfrentar el trabajo, administrar los bienes públicos, tratar a la esposa y a los hijos, situarse ante las necesidades de los más carenciados, y asumir la dignidad propia y ajena. Sin dudas, un desafío vital para quienes se convierten en peregrinantes.

    Por el otro, también invita a reflexionar sobre aspectos más complejos y hasta poco atendidos como la riqueza de la religiosidad popular, cimiento de nuestra cultura, y el valor sociológico de una expresión pública que congrega las inquietudes, los reclamos y los deseos más íntimos y visibles de miles personas.

    Por último, esta festividad también llega a interpelar ese concepto tan restringido pero difundido de la razón como “medida de todas las cosas”, según el cual solo puede ser considerado real y existente aquello que es captado por los ojos, la sensibilidad o los laboratorios. De esta manera, correspondería con justicia negar a priori la posibilidad de que haya realidades fuera de las que puedan ser alcanzadas por las capacidades intelectuales del ser humano. Es decir, una contraposición con la razón entendida como apertura a la realidad, incluyendo aquella experiencia personal inexplicable, los fenómenos incomprensibles pero verificables, entre otros.

    Tener cada año a un pueblo que se moviliza hacia un espacio de reclamos en torno al amor, la caridad, la paz, la justicia social y el desarrollo personal es algo positivo y debe ser apreciado en su justa medida; apuntando la mirada hacia lo esencial, más allá de “escándalos” mediáticos que buscan reducir el gesto a frases chocantes o acciones de algunos particulares.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 8 diciembre, 2016, 7:15 am
  8. La Iglesia no debe olvidar los verdaderos problemas del país

    La festividad de la Virgen de Caacupé debe servir para que los obispos y fieles fortalezcan la mejor tradición de una Iglesia Católica paraguaya sensible y solidaria ante la realidad de los que más sufren, los que son víctimas de marginación e injusticias, los que necesitan acompañamiento y consuelo. El pueblo que peregrina junto a la patrona espiritual del Paraguay es principalmente humilde y creyente. Para responder a sus necesidades, los pastores de la Iglesia deben mantenerse fieles a su compromiso social y religioso, con la suficiente capacidad de entender los desafíos de los nuevos tiempos, sin perderse en algunas críticas anecdóticas que solo provocan burlas y discusiones, centrándose en los verdaderos problemas del país, en la línea de renovación que marca con mucha lucidez el propio papa Francisco.
    La festividad de la Virgen de Caacupé concluye este 8 de diciembre en el Santuario de la Villa Serrana. Una vez más se ha puesto de manifiesto el gran fenómeno popular y religioso que congrega a todo un pueblo creyente de gran tradición cristiana y católica, una admirable manifestación de fe que tiene hondas raíces en la historia y la cultura del Paraguay.

    Las múltiples celebraciones a lo largo del novenario y principalmente en la misa central del Tupãsy Ára se han convertido en el púlpito más mediático que tiene a su alcance la Iglesia Católica paraguaya, debido a la masiva concurrencia de fieles y peregrinos, como a la alta cobertura de los medios de comunicación.

    La festividad de Caacupé constituye por ello una oportunidad privilegiada para la mayoría de los obispos y sacerdotes, para hacer llegar sus mensajes no solamente a los católicos, sino a toda la sociedad, incluyendo a la clase política y gobernante, con las siempre esperadas críticas ante las situaciones de injusticia y de irregularidades que necesitan ser corregidas.

    Por su especial protagonismo en la historia de este país, la Iglesia Católica paraguaya sigue siendo una voz con mucho peso moral, que no puede ser desdeñada, y muchos sectores sociales principalmente humildes –que sufren casos de persecución, marginación y otras situaciones de injusticia– esperan encontrar en ella “la voz de los sin voz”, una voz solidaria y protectora, como la que han encarnado en épocas más duras algunos recordados obispos como Ramón Bogarín, Ismael Rolón Silvero o Aníbal Maricevich.

    Es importante que los actuales pastores sean conscientes de este rol histórico y lo asuman con responsabilidad, con la suficiente capacidad de entender los desafíos de los nuevos tiempos, sin olvidar los verdaderos problemas del país. En ese sentido, en la serie de homilías que se han escuchado durante las celebraciones de Caacupé, hubo acertadas críticas y reflexiones sobre la situación de campesinos e indígenas, o sobre la corrupción que desangra al país, como también situaciones preocupantes como las que generan la influencia de las mafias del crimen organizado en los poderes del Estado.

    Pero también se dieron críticas anecdóticas, como las que formuló el obispo de Caacupé, monseñor Claudio Giménez, acerca de la costumbre de los jóvenes de usar tatuajes, calificándolos como “almas vacías”, lo que generó muchas discusiones y burlas en las redes sociales, evidenciando que las nuevas generaciones tienen un espíritu mucho más crítico ante el clásico “pa’ima hei” (lo que dice el sacerdote es ley).

    Es de esperar que los actuales pastores de la Iglesia Católica paraguaya mantengan su sensibilidad ante la realidad cotidiana de la gente, en especial de los jóvenes, para no perder la sintonía con las reales necesidades, en la línea de renovación que marca con mucha lucidez el propio papa Francisco.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 8 diciembre, 2016, 7:14 am
  9. Que se queden en sus casas

    En el Paraguay, la festividad de la Virgen de Caacupé comenzó siendo puramente religiosa hasta que, lamentablemente, en tiempos de la dictadura de Stroessner, él mismo y sus acólitos comenzaron a utilizarla como escenario para hacerse ver, para proclamarse muy religiosos ante la multitud, con obvios fines proselitistas que hacían burla grotesca de la fe popular.

    Esta demostración anual de supuesta devoción católica no les impidió continuar cometiendo sus fechorías el resto del año ni comportarse siempre con total desprecio por los principios cristianos, entre los cuales el respeto a la dignidad humana resultaba el más vapuleado.

    Con los gobiernos democráticos posteriores, pese a haberse avanzado mucho en cuanto al respeto de los derechos humanos y a las libertades cívicas, no sucedió lo mismo en otros aspectos, particularmente en el deber fundamental que predica la religión católica –de modo especial a los políticos–, cual es la preocupación por el bien común material y por la salud moral de la población gobernada, por la equidad en el aprovechamiento de los recursos públicos y por la justicia.

    El progreso material provee y asegura bienestar a la sociedad; el bienestar general fomenta la buena conducta de las personas y, en definitiva, este círculo virtuoso redunda en beneficio de todos. Las sociedades que se sienten bien material y espiritualmente son mucho menos proclives a producir o padecer los males que se ven en tantas otras, lo cual es fácil comprobar solamente observando el mapa político del mundo.

    Guiar este proceso hacia ese objetivo es lo que fundamentalmente queda a cargo de la política y de quienes la ejercen; y, por eso, cuando los políticos se desvían de ese camino y se dedican a aprovechar su posición para satisfacer finalidades egoístas, entonces pasan a convertirse en lastres para el progreso, en malos ejemplos de conducta para los jóvenes, en promotores de la miseria, del malestar, de la violencia; en resumen, del pecado en todas sus formas de expresión, individuales y colectivas.

    El presidente Cartes, a poco de asumir su cargo, invocó varias veces a Dios y a la Virgen en sus discursos y declaraciones. Con motivo de la visita del papa Francisco y también de su visita al Vaticano, se mostró muy devoto y cumplidor de sus obligaciones de gobernante y de católico. En apariencia, pues, todo parecía estar a la altura de lo que se esperaba de él por la condición que representa. Sin embargo, debe pesar sobre su conciencia que lo que hizo de bien por sus gobernados es demasiado poco en comparación con lo que, hasta ahora, dejó de hacer.

    Porque en nuestro país siguen faltos del respeto debido los puntos cardinales del cristianismo, es decir, la honestidad, la solidaridad, la austeridad y otras virtudes que no se ven brillar en el manejo del Gobierno ni en la conducta de muchas personas que lo ejercen. Por el contrario, la corrupción, la acumulación ilícita de riquezas a expensas de las necesidades de la gente, el “pokarê”, el clientelismo, el prebendarismo, el tráfico de influencias, la inseguridad, y otros males que mantienen a nuestro país en la pobreza, son otras tantas materias políticas pendientes de ser combatidas.

    Merece un párrafo especial la administración de Justicia, holgazana, venal, cobarde, sometida al poder político, cuyos miembros no demuestran sensibilidad social ni cuidado por el fiel cumplimiento de su función esencial ni, mucho menos, por su imagen. La Justicia, de la cual depende tanto el éxito en el combate contra los más graves pecados sociales como la violencia en general y el desprecio por la honradez y el respeto hacia lo ajeno, está en grave falta con la sociedad y con la fe religiosa.

    Dadas estas condiciones, es fácil que prosperen las malas costumbres, el narcotráfico, los secuestros, la proliferación de nuevas modalidades delictivas como la de los “motochorros”, el acto violento de todos los días, la inseguridad en sus diversos matices, y la impunidad con que actúan los ladrones públicos y los criminales comunes.

    La festividad de Caacupé debería ser mucho más que un acto anual demostrativo de fe y veneración hacia la Virgen María. Tendría que ser una oportunidad para que cada quien –sobre todo los políticos– confiese sinceramente sus faltas, aunque sea en lo íntimo de su conciencia, y se formule el propósito de enmienda con determinación y firmeza.

    Esto querríamos todos ver suceder tras dichas festividades, durante todo el año, principalmente de parte de nuestros dirigentes; y no porque los consideremos más pecadores que los demás, sino porque sus pecados causan mucho más daño que las caídas morales que individualmente sufren las personas que no tienen a su cargo obligaciones públicas. Los pecados políticos son generadores de muchos mayores males.

    Este año, por consiguiente, la peregrinación de la fecha dará otra oportunidad para que altos miembros del Poder Ejecutivo, así como legisladores, jueces y magistrados, funcionarios públicos y dirigentes políticos en general, adopten la determinación de servir mejor y más honesta y lealmente a todos sus compatriotas.

    Si no van para esto, es mejor que se queden en sus casas, porque sus falsedades, sus deshonestidades, su “figuretismo” político, constituyen faltas graves que no engañan a la Patrona del Paraguay, a quien supuestamente van a rendir devoción.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 8 diciembre, 2016, 7:12 am
  10. La política y el … “tatoo”
    6 diciembre, 2016

    Mario Melanio Medina, obispo de la Diócesis de Misiones, lanzó por segunda vez un globo sonda sobre su eventual candidatura a la presidencia de la República, aunque aseguró haber rechazado “cinco ofertas” que le hicieron al respecto; y Claudio Giménez, obispo de Caacupé, destinó parte de su homilía durante el novenario en homenaje a la Virgen a estigmatizar a los jóvenes que usan tatuajes. ¿Qué está pasando con los miembros del episcopado? Parecieran deambular en un laberinto de disparates, muy distantes de la labor evangelizadora que, en teoría, es la razón de ser de todos ellos.

    Monseñor Medina nos tiene habituados desde siempre a sus intervenciones políticas, la mayoría de las veces desatinadas y carentes del menor rigor. No nos referimos a la época del stronismo, cuando la Iglesia era el único refugio de los perseguidos y entonces resultaba plausible que la jerarquía asumiera un rol activo en materia de defensa de los Derechos Humanos. Hablamos de la etapa democrática, en la que él y muchos de sus colegas, en lugar de reorientar “la nave” y dedicarse enteramente a lo que a ésta le compete, que se resume enguiar espiritualmente a los fieles católicos, siguieron con la misma inercia de antes. Primero, alentando cuanta candidatura opositora surgiese, llámese Carlos Filizzola, Guillermo Caballero u otros, hasta que se convirtieron indisimuladamente en operadores “full time” de Fernando Lugo, de quien después recibieron las “dádivas” correspondientes.

    Ahora, a punto de jubilarse, Medina por lo visto cree que es “su turno”; si no para presidente, al menos para algún otro cargo electivo, por lo que recurre a estas jugarretas mediáticas, que serían absolutamente injustificadas si él no tuviera algún interés en la materia.

    Y de la infeliz “reflexión” de Monseñor Giménez sobre el “tatoo”, ¿Qué podemos decir? ¿Que tiene algún contenido teológico o doctrinario?, no. ¿Que la Iglesia tomó alguna vez una decisión al respecto?, tampoco. ¿Que los que no usan tatuajes, la mayoría, tienen “el alma llena”?, menos.

    Pero ante la oleada de críticas que generó con su bochornosa apreciación, Monseñor quiso arreglar las cosas y le fue peor. “No dije que todos son así, hay que saber distinguir. Hay jugadores que se ponen el tatuaje de su hijo, o alguna frase religiosa, y son formas de dar mensajes”, señaló, lo cual significa, según su curiosa interpretación, que ellos serían muy distintos, superiores en todo sentido, a los “pobres de espíritu”, o “vacíos”, por usar su término, que se tatúan figuras geométricas, animales o insectos.

    En fin, aun guardando las diferencias, pues uno está obsesionado por la política, mientras el otro por su aversión al “tatoo”, Medina y Giménez tienen algo en común, extensivo a la mayoría de sus pares: Expresan la total desorientación de un episcopado que está en cualquier cosa, menos en lo que le corresponde, además de la inocultable mediocridad de sus integrantes.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 7 diciembre, 2016, 7:28 am
  11. Si yo fuera el obispo de Caacupé…
    Susana Oviedo –
    Si tuviera la amplísima exposición mediática que tiene el Santuario de Caacupé, no solo cada diciembre, sino durante todo el año.
    Si tuviera la envidiable convocatoria que se registra allí, de gente que en su gran mayoría concurre movida por la fe, y no porque le prometen 50 o 100 mil guaraníes, como hacen los partidos políticos para motivar la participación de los votantes.
    Si tuviera el poder que tiene la Iglesia Católica en el Paraguay, y si encima fuera el obispo de Caacupé –como lo es monseñor Claudio Giménez–, cuánto de mi tiempo dedicaría solamente a informarme profundamente de lo que sucede en el mundo y, muy especialmente en el país.
    Cómo aprovecharía ese espacio religioso para tocar las conciencias y corazones con cada una de las frases que escogería cuidadosamente para las homilías, y llamar a las cosas por su nombre.
    Abordaría los temas de la realidad con un lenguaje actual e intentaría huir lo más posible de mis prejuicios. Me esforzaría en aplicar una mirada misericordiosa y tolerante, particularmente, hacia aquellos asuntos y sectores con los que no concuerdo.
    Si fuera el obispo de Caacupé y tuviera que dirigirme a los jóvenes, comenzaría valorando a los jóvenes que “están haciendo lío”, a los que todos los días madrugan para llegar a su puesto laboral o para salir a buscar un trabajo. Alentaría a los miles que estudian y trabajan a la vez. A los que se esfuerzan por romper las barreras y limitaciones de toda laya, y superarse cada día.
    Pero también recordaría a los que cayeron en las drogas, los que crecen sin amor y sin el amparo de una familia. Llamaría la atención a todas las instituciones sobre la gravedad de que existan jóvenes dispuestos a segar la vida de un prójimo solo porque viste la camiseta del club rival o para tomar lo que necesita y huir sobre una motocicleta.
    Recordaría a los que sobreviven en la extrema pobreza y con frustraciones, porque ven que unos pocos en el país son privilegiados y andan como príncipes, mientras otros son explotados con interminables horarios laborales y un sueldo mínimo como techo. Recordaría a los que no tienen acceso a la salud ni a la educación, y apuntaría a los responsables de que esto ocurra. A los corruptos, que se roban los recursos del Estado y los sueños, derechos y futuro de una gran mayoría del Paraguay. A esas autoridades deshonestas, que secuestran el Estado, mienten y se llenan los bolsillos.
    Si yo fuera el obispo de Caacupé, ¡por Dios!, no desaprovecharía tan valioso tiempo y espacio del santuario para reducirlos a criticar a las personas que llevan tatuaje y, encima, desconocer que es un ejercicio de la libertad de expresión.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 7 diciembre, 2016, 7:18 am
  12. Las ovejas deben despertar
    6 diciembre, 2016
    Por Carlos Franco

    Una vez más la iglesia católica ha demostrado que está dirigida por cavernícolas con sotana como el monseñor Claudio Giménez, quien se atrevió a declarar que las personas con tatuaje tienen el “alma vacía”.

    Irónico ¿no? Este supuesto representante directo de Dios tiene el descaro de apuntar con el dedo a las personas que llevan arte en la piel, pero se hace de la vista gorda ante los casos de abusos sexuales contra niños, perpetrados por sus sacerdotes.

    Sí señores, este monseñor es cómplice de los terribles abusos porque se queda con la boca callada. Esto es indignante, tomó por estúpidos a todos los feligreses que fueron a escuchar su homilía y también a todas las personas que nos enteramos de esta barrabasada.

    Apartando un poco los abusos que cometieron estos sucios sacerdotes y el silencio de la iglesia al respecto, tenemos que analizar más detenidamente y preguntarnos ¿por qué importa tanto lo que dice este monseñor? Sencillo, los católicos son mayoría en el Paraguay y quiérase o no tienen muy en cuenta lo que dictan Giménez y su patota, quienes manipulan a las masas con sus estratégicas patrañas.

    Otra pregunta que genera es ¿por qué los católicos se dejan influenciar por estos tipos que denuncian tonterías y callan crímenes? La respuesta también es sencilla, es lamentable, pero es cierto, todavía estamos sumidos en una profunda ignorancia que empuja a las masas a centrar sus esperanzas en los supuestos representantes de Dios.

    El pueblo todavía cree en que los sacerdotes les dirán la verdad, pero estos egoístas y mezquinos solo se mueven por sus propios intereses. Las declaraciones del obispo de Caacupé han generado una gran polémica y ojalá sirva para que los católicos al fin abran los ojos y se den cuenta que sus obispos son tan mentirosos como los políticos.

    Amigos católicos, es momento de dejar de lado las viejas creencias, el “pa´ima he´i” debe quedar en el pasado. Despierten, ya no sean ovejas, porque a quien consideran pastor está protegiendo a sus colegas abusadores satanizando a las personas con tatuajes.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 6 diciembre, 2016, 8:06 am
  13. Giménez y un mensaje “fuera del carril”
    06 Dic 2016

    Por Antonio López

    antoniolopez@lanacion.com.py

    Es evidente que el mensaje que en los últimos tiempos vienen dando los pastores de la Iglesia Católica paraguaya, va cayendo por su propio peso, va perdiendo fuerzas. Y de esto, la gran responsabilidad la tienen los propios pastores (obispos y sacerdotes), ya que, y está comprobado, lo que dicen, muchas veces, nada tienen que ver con lo que hacen.

    La Iglesia Católica paraguaya está cayendo, lamentablemente, en una alta falta de credibilidad; y digo lamentablemente porque el paraguayo siempre creyó, se guió por las “enseñanzas” que daban sus pastores, y hoy ven cómo esas homilías que domingo a domingo se empeñan en exponer desde un púlpito, van perdiendo fuerzas por el propio comportamiento de un importante número de quienes tienen a su cargo dar el mensaje.

    Un claro ejemplo podemos sacar de la homilía del último viernes del obispo de Caacupé, Claudio Giménez, durante la misa del novenario de la Virgen. En un momento del sermón apuntó a los jóvenes, pero no de manera a servirlos de guía, sino muy por el contrario, entró en una serie de puntos que nada tienen que ver con las enseñanzas de Cristo. Y criticó a quienes se “pintan todo el cuerpo”, asegurando que quienes se tatúan el cuerpo “tienen el alma vacía”. Pero fue un poco mas allá y se tiró contra quienes “copian en los exámenes” y dijo que los jóvenes “deberían estar desarrollando otras actividades en vez de estar vaciando latitas de cerveza después de cada partido. Tomar agua le va a hacer mejor al cuerpo”, dijo.

    Estoy convencido de que el alto prelado “salió de carril”, “derrapó” y fue hacia el lado que no debía. Su misión es la de predicar la palabra de Dios, en un marco actual sí, pero justamente usó el púlpito para atacar groseramente a una juventud que a lo mejor está un poco desviada, pero con pastores como Giménez, antes que volver a la Iglesia, optarán y con razón tomar otros rumbos.

    Y no se puede dejar de mencionar que llamativamente está Iglesia Católica, sí la paraguaya, calla y profundamente lo que ocurre en su seno. Hoy son muchos (un número importante) los pastores de la iglesia (obispos y sacerdotes) que transitan un camino que no es el correcto. Pero no se escucha desde arriba, desde la jerarquía eclesial, un mea culpa. Un arrepentimiento que muestre por lo menos una luz para poder hacer retornar hacia ella la credibilidad de sus ovejas.

    No, al contrario, lo de Giménez fue una clara muestra de que se oculta y mucho, se oculta actitudes de los pastores que hacen tener vergüenza hasta al más desvergonzado. Ocultar lo que pasa dentro de mi casa, atacando a otros, parece ser la consigna.

    Enseñar es mostrar un camino y no sacar las miserias que puede tener quien debe recibir esas enseñanzas, pero sin embargo, lo único que se escuchan hoy desde los púlpitos son ataques, y lo que es peor, muchos de “esos atacantes” no tienen la altura moral para actuar como actúan.

    En contrapartida conviene recordar que sí hay muchos, muchísimos jóvenes que valen la pena. En la misma Caacupé, cientos de jóvenes dieron un ejemplo de vida en la tarde-noche del pasado sábado, mostrando a los pastores de la Iglesia, cómo se debe actuar. En un manifiesto que dieron a conocer frente a la Basílica señalaron que “somos testigos de pastores que cada día pierden más sentido y gracias en su vocación, ocupándose más en sus intereses personales que de la comunidad y los fieles”.
Agregaron además que “venimos a manifestarnos y proclamar nuestra voz de esperanza y de coraje, para decir que no tenemos miedo y ya no callaremos lo que creemos que debe cambiar y sabemos que está en contra de la civilización del amor; que tantas generaciones de jóvenes han abrazado como proyecto personal, comunitario y nacional”.
Pero lamentablemente a estos jóvenes que les enrostran sus miserias, los obispos y sacerdotes parecen no tener en cuenta. Como si no existieran, cuando que en realidad son parte importante de la religiosidad en el Paraguay.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 6 diciembre, 2016, 7:59 am
  14. El alma del obispo

    Por Brigitte Colmán

    El novenario de la Virgen de Caacupé nos aporta como cada año, un montón de temas para el debate. Las homilías de los obispos recorren las diversas aristas de la realidad nacional, y difícilmente satisface a todos. Algunos obispos son supercríticos y otros, de lo más soporíferos.

    La semana pasada, Claudio Giménez, obispo de Caacupé, habló de los jóvenes, y los instó a que se conviertan en protagonistas de cambios sociales y culturales. Lindo, ¿verdad? Lástima que el mensaje del pastor haya transitado después por caminos sinuosos, por decirlo de manera políticamente correcta.

    El obispo pidió a los jóvenes que destierren ciertas costumbres negativas: la vieja práctica de copiar en los exámenes o de comprar notas o andar vaciando latitas de cerveza después de cada partido. De paso, recomendó tomar agua porque le hace mejor al cuerpo.

    Y después todo se torció, cuando Giménez cuestionó los tatuajes. “¿De qué sirven los tatuajes?”, se preguntó, y afirmó que estos “hablan de un alma vacía en general”.

    Después, ante el tsunami de justificadas reacciones, intentó aclarar diciendo que se generalizaron sus críticas hacia las personas que se realizan tatuajes. Lo que no nos quedó claro es si se llegó a enterar de que esta vez sí que metió la pata.

    Es una pena lo que dijo el obispo, y que además haya desaprovechado una tribuna tan masiva como la de Caacupé para andarse con macanadas. Porque pese a que somos un país laico (la Constitución Nacional reconoce la libertad religiosa y de culto), cada año todos los medios de comunicación se ocupan profusamente de esta fiesta católica.

    El obispo Giménez pierde tiempo hablando de tatuajes y criticando a los jóvenes, en vez de darles un poco de esperanza. En vez de decirles lo valientes que son por querer vivir en un país donde cuesta tanto vivir.

    Les hubiera alentado, en cambio, a seguir a pesar de todo, y les hubiera dicho que su iglesia sabe del esfuerzo que hacen: trabajando sin ganar el salario mínimo; pateando la calle buscando un laburo decente o trabajando más de diez horas al día para pagar la cuota de la facultad.

    A Giménez le molesta la cerveza que se toman los muchachos después de cada partido. Pero el obispo no se entera de que a la gente no le gusta más que solo vean la paja en el ojo ajeno y se la pasen criticando.

    En vez de pontificar sobre temas intrascendentes, mejor prediquen la tolerancia y el amor al prójimo (pero de verdad), o asuman por fin una postura condenatoria sobre los sacerdotes pederastas que abusan de niños, si no es mucho pedirles, claro.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 6 diciembre, 2016, 7:53 am
  15. ¿Tatuados o violadores?
    5 diciembre, 2016
    Por Santiago González

    De chico aprendí a respetar a las personas por lo que son, más que por lo que dicen ser o por lo que fueron. Aprendí que la gente no merece respeto por el cargo que ocupa, quienes merecen respeto son los que honran los cargos que ocupan.

    Aprendí también que nadie es inmune al error y muchos menos a las críticas, pero lo que nos hace grandes es la capacidad de admitir errores y por más graves que sean los pecados cometidos tener la humildad de reconocerlos. Esto último lo entendió Francisco, el Papa que vino a revolucionar la Iglesia Católica con su visión claramente diferente a la de otros Papas, por ejemplo a la del propio Benedicto.

    Quienes no entendieron los nuevos tiempos son las autoridades de la Iglesia Católica paraguaya; se quedaron en la era del “pa´ima he´i”, en los tiempos en los que nadie podía cuestionar nada y aquellos que se animaban a hacerlo eran considerados herejes.

    Hace unas semanas discutí fuertemente con Monseñor Edmundo Valenzuela quien no era capaz de reconocer la visión conservadora y retrógrada de la Conferencia Episcopal Paraguaya respecto a temas donde el propio Francisco ya había marcado el rumbo.

    Lo grave es que esa vieja Iglesia que pretenden sostener los Valenzuela y los Giménez es la Iglesia que protege con acciones y omisiones a curas que abusaron sexualmente de niños. Son estas mismas autoridades las que callan atrocidades cometidas por curas pederastas y se ponen a dictar clases de moral y de buenas costumbres para el resto de la sociedad.

    Si lo hicieran solo en sus parroquias quizá ni me referiría a ellos, pero lo hacen con un fuerte lobby influyendo en legislación y políticas públicas de un estado que es laico desde la Constitución de 1992.

    Me cuesta creer que los católicos reivindiquen a autoridades de su Iglesia que están más preocupadas por los tatuajes y por quienes compran notas y que no son capaces de denunciar públicamente a sus sacerdotes que entre confesiones y padre nuestro violan impunemente a niños y niñas.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 5 diciembre, 2016, 8:15 am
  16. Santos y pecadores
    3 diciembre, 2016
    Por Jorge Paredes

    La Iglesia es a la vez santa y pecadora. Es santa por su naturaleza, instituida por Jesucristo, pero integrada por hombres que son pecadores. Por eso, la Iglesia no puede excluir a los pecadores de sus filas. Jesús se ha encarnado a través de la Virgen María para buscar la salvación de los hombres. El hijo de Dios murió y resucitó para redimir del pecado al hombre.

    Tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo Jesús para que por medio de Él los hombres puedan vencer al pecado. Ante esto, la respuesta de Jesús no fue alejarse de la Iglesia sino entregarse por ella, amándola.

    Tenemos conciencia que todos pecamos, sin excepción alguna. Esto nos lleva a todos a pedir perdón. Jesús mismo nos ha enseñado a rezar: “Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos”. Para esto debemos reconocernos pecadores y pedir el perdón de Dios.

    Se preguntarán porqué escribo estas líneas sobre la Iglesia santa y pecadora. Y es porque me enseñaron, en la misma Iglesia católica, que ser cristiano es reconocerse débil por la condición humana pero resistente en espíritu con la fortaleza que brinda la fe en Dios.

    Ser cristiano no significa solamente participar en misas, ni hacer el bien y evitar el mal. No es simplemente creer en Dios o cumplir ciertas costumbres o tradiciones como peregrinar hasta un santuario. Ser cristiano no se limita a aceptar verdades de fe o dogmas.

    Ser cristianos católicos es mucho más profundo. Implica mayor compromiso y supone reconocer a Jesús, seguir sus enseñanzas, aceptar su proyecto salvífico, formar parte de su comunidad. Sin embargo, muchos integran la Iglesia para mostrarse frente a los consagrados o ante la feligresía pero viven un mundo totalmente alejado del cristianismo.

    No basta “servir” al semejante solo por el hecho de que los demás vean la fachada de fe, pero alejado de las enseñanzas de Jesús y de la Virgen. Caacupé hoy es centro de fe en Dios, en su hijo Jesús y devoción a la Madre de Dios.

    Pero de nada sirve si solamente acudimos a los pies de la Virgencita azul sin llevar el compromiso de dejar de lado a ese hombre viejo y revestirse de hombre nuevo para luchar por una sociedad mejor.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 4 diciembre, 2016, 7:26 am

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

impresos ✓

abcCOLOR

ULTIMA HORA

LA NACIÓN

EXTRA

POPULAR

CRÓNICA

5días

Archivos

estadistas ✓

  • 1,036,521 visitas
Follow PARAGUAY PÉICHANTE on WordPress.com
A %d blogueros les gusta esto: