estás leyendo...
HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

“Duopolio” prebendario, obsoleto y rapaz

En la política de muchos países democráticos existe lo que suele denominarse “tercera fuerza”, constituida, generalmente, por un sector político que funciona como bisagra entre dos sectores dominantes. Esta tercera fuerza suele estar representada por un partido, por una coalición de ellos o por un grupo de varias organizaciones que, con frecuencia, conciertan posiciones y actitudes comunes, para encarar con mayores posibilidades de éxito las justas electorales.

La tercera fuerza aporta a un sistema democrático mayor equilibrio de criterios, impide o dificulta la prepotencia de las aplanadoras, la tiranía de los votos teledirigidos, y los vicios y defectos del bipartidismo. En resumen, donde existen cumplen una función que siempre es altamente beneficiosa para enriquecer un régimen gubernamental que se define representativo y participativo.

Por en cuanto en nuestro país no existe esta tercera fuerza. Nunca se la pudo instalar y sostener, a pesar de que se hicieron varios intentos desde el derrocamiento de Stroessner y el subsecuente advenimiento a la transición democrática. Es cierto que la izquierda, con Fernando Lugo, ha accedido incluso al poder, pero, al igual que otros proyectos anteriores, no ha alcanzado suficiente gravitación como para restarles protagonismo a los partidos tradicionales, salvo en alguna negociación coyuntural.

Esta ausencia de una tercera vía es muy dañina para nuestro progreso cultural en materia política. Al no darse esta alternativa para las nuevas generaciones de jóvenes que desean ingresar en la vida política de la nación como actores reales, no como convidados de piedra, para opinar, criticar, proponer, objetar o “hacer lío”, pronto quedan aislados, desarticulados, limitados a participar en forma esporádica y, casi siempre, sin continuidad ni consecuencias positivas permanentes.

En nuestro país, los partidos no tradicionales –la mayoría de ellos conformados en los últimos años– que se hallan formalmente inscriptos en la Justicia Electoral suman la increíble cantidad de 26, de los cuales ocho no alcanzaron el mínimo del uno por ciento de los votos emitidos en la última elección nacional, punto de arranque establecido por el Código Electoral para mantener la condición de organismos reconocidos.

De modo que, si comparásemos nuestras 28 organizaciones políticas formalmente inscriptas, reconocidas y participantes, con las representaciones que verdaderamente poseen injerencia digna de mención en los actos y decisiones de Gobierno, nos daríamos cuenta de que se podría prescindir de todas ellas sin que nuestra dinámica política, tal como se da actualmente, sufra algún cambio que llame la atención.

Concluiríamos, por simple y sencilla inferencia lógica, que solamente en la fantasía creada por los números poseemos un ilusorio “tercer espacio”, que no es más que una multitud de partidos y movimientos que en los últimos comicios nacionales, todos juntos, o sea nueve de ellos, no reunieron sino el 11,78% de los votos generales. Esta variedad de grupos que se organizan para participar de las elecciones a veces es elogiada como una expresión de la pluralidad y el entusiasmo por formar parte de la vida política, pero evidentemente, después de constatar su completa inutilidad para alterar la ecuación de poder en nuestra política, es poco lo que puede esperarse como solución a la bochornosa y repudiable actividad política que aparece todos los días en la prensa.

Una tercera fuerza, capaz de hacer frente a un sistema bipartidista, debería reunir una cantidad de electores cuantitativamente significativa, que le otorgue numerosas bancas y respetada presencia en el Gobierno, que sus líderes sean capaces de atraer y conservar a los electores, comenzando por conquistar a los jóvenes –que están representando alrededor del 30% del padrón nacional de ciudadanos– no en calidad de furgón de cola como hoy se los mantiene, sino para tener participación efectiva en la organización.

Nuestros partidos minoritarios no consideran ni valoran de ese modo al sector juvenil. Por el contrario, parecen empeñados en parecerse cada día más a los colorados y liberales, a adoptar sus mismos vicios, a actuar con sus mismas mañas y transas para perseguir idénticas ambiciones rastreras.

Hasta ahora los partidos pequeños que tienen representación en el Congreso lo primero que hicieron fue colocar algunos de sus miembros en cargos públicos; no buscaron ofrecer a la ciudadanía una vía alternativa a las ya harto conocidas, una manera decente de hacer política, una concepción de la ética en la conducta del hombre público o empeñarse en proyectar la imagen de honestidad que se anhela en quienes deben gobernarnos y administrar nuestros intereses generales.

Hasta ahora, los partidos tradicionales saben cómo ganar elecciones, aprovechar las ventajas y privilegios del poder y mantenerse en él el mayor tiempo posible. Los partidos minoritarios, por su parte, aspiran a destronarlos con sus mismas artimañas, sin ofrecer nuevas ni atrayentes alternativas a los electores.

El Paraguay requiere desesperadamente nuevas organizaciones y nuevos políticos que sean muy diferentes a los que padecemos hasta este momento. Los ciudadanos y las ciudadanas deben comenzar a actuar para encontrar y promocionar a esos nuevos líderes, y armar nuevas organizaciones políticas capaces de constituir una opción frente a este nefasto “duopolio” político prebendario y obsoleto, oxidado, miope y rapaz, petrificado en sus vicios que nos desgobierna, y que en los 27 años de vida democrática transcurridos desde la caída de la dictadura, nos da prueba todos los días de que se parecen más a gavillas de malhechores que se unen para repartirse el botín del Estado, que a personas interesadas en administrar honestamente los recursos de la Nación, en beneficio de la población que les dio su voto confiando en sus promesas electorales.

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/duopolio-prebendario-obsoleto-y-rapaz-1539420.html

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

5 comentarios en ““Duopolio” prebendario, obsoleto y rapaz

  1. Los partidos políticos perdieron credibilidad y respeto

    Los partidos políticos han perdido tanta credibilidad que ya ni sus adherentes los respetan.

    En efecto, las sanciones que aplican los tribunales de conducta de los partidos tradicionales en nuestro país aparentemente se ajustan al articulado de sus reglamentos internos; su debilidad insuperable radica en que la mayoría de las decisiones de sus autoridades son judicializadas y acaban revocadas por jueces del fuero común.

    La debilidad fundamental que estas organizaciones poseen en su estructura y funcionamiento no es producto de las normas mismas, sino de la manera torcida como se las emplea. El movimiento interno que gana las elecciones partidarias conforma el tribunal de conducta cuidando de tener mayoría de elementos suyos en esta instancia y, de este modo, mantener el chicote en la mano y aplicar sanciones a los “díscolos” y desobedientes, en especial si son de otros movimientos.

    De modo que con los reglamentos partidarios –por lo menos en lo que toca al sistema punitivo– pasa lo mismo que con numerosas leyes y ordenanzas nacionales, que se aplican contra el enemigo o contra el desconocido, nunca con el amigo, socio o cooperador. Esta manera caprichosa, interesada y arbitraria de manejar las normas jurídicas hace que la gente pierda respeto por ellas, deje de considerarlas de validez universal y termine riéndose de esos artículos constitucionales que dicen: “Toda persona está obligada al cumplimiento de la ley” y “Todos los habitantes de la República son iguales en dignidad y derechos”.

    La manipulación sectaria de las regulaciones de las organizaciones políticas les resta tanta fuerza como instrumento ético y jurídico que cualquier juez se considera con facultades para anular, revocar o denegar lo que los reglamentos partidarios otorgan, o conceder lo que estos deniegan. En estas condiciones, es lógico que las determinaciones asumidas por los organismos internos de los partidos, no solo las decisiones de sus tribunales de conducta sino también de sus autoridades ejecutivas, resulten muchas veces dudosas y son automáticamente “judicializadas”, es decir, sacadas de su ámbito natural y llevadas a los tribunales.

    Las autoridades partidarias cuyas decisiones son constantemente anuladas por los tribunales comunes acaban siendo consideradas como mandos débiles, de alcances cortos, fáciles de desobedecer porque se las puede revertir en instancias externas.

    Actualmente se dispone de un caso ejemplificador: las sanciones aplicadas por el Tribunal de Conducta del PLRA a seis diputados que hicieron caso omiso a instrucciones de la convención partidaria de apoyar con sus votos, en la Cámara de Diputados, el proyecto de intervención de la Municipalidad de Ciudad del Este (realizando una maniobra evasiva al mantenerse ausente de la sesión y favorecer así que la medida no reúna los votos mínimos), resultaron invalidadas por la Justicia Electoral.

    Entretanto, en el seno de la ANR, la convención partidaria del pasado 29 de octubre, por su parte, dispuso que “el incumplimiento de los mandatos políticos de la Convención y de la Junta de Gobierno constituirá causal de inhabilidad para ser candidato del partido a cargos electivos en elecciones”. Disposición contra la cual, en este momento, está siendo planteada una acción de inconstitucionalidad en el fuero ordinario, la cual sufrirá, con toda seguridad, un largo vía crucis judicial hasta que encuentre los tres magistrados con coraje para poner sus firmas debajo de la resolución que anule tal disposición, que es lo que corresponde hacer, dadas las claras prescripciones legales que prohíben el “mandato imperativo” para legisladores. O puede ser que aparezcan tres magistrados débiles, timoratos o corruptos que avalen lo que a todas luces está contra la Constitución y las leyes.

    De este modo, pues, queda muy claro para quien quiera observar y apreciar, cuál es realmente el valor y la fortaleza que poseen los estatutos y reglamentos de las organizaciones políticas, así como las decisiones de sus convenciones, asambleas, autoridades ejecutivas y tribunales internos. Mas, cuando se habla de normas de cumplimiento obligatorio se habla también de personas obligadas por ellas, dotadas de espíritu de acatamiento, de disciplina, de sentido de respeto por la organización a la que voluntariamente prestaron su adhesión. El estatuto o reglamento de una organización de estas debería ser para sus integrantes tan respetable como la Constitución nacional misma. Sin embargo, cada vez lo es menos, si alguna vez lo fue realmente.

    De nuevo hay que hacer notar dónde está la falla: en el sectarismo que nubla la vista de los grupos internos que pugnan por el control de los instrumentos partidarios. Unos aplican sanciones a otros, que a su vez contraatacan logrando anulaciones judiciales. Se crean estas líneas de tensión que suelen acabar dirimiéndose muy lejos de la letra de las normas, de la justicia y la equidad, o sea, en el campo de las negociaciones de cargos, privilegios y canonjías.

    De todas nuestras organizaciones políticas actualmente en estado de plena actividad, los partidos más grandes (en número de adherentes) son los que más conflictos internos exhiben. Esto puede llevar fácilmente a efectuar una inferencia simple: que cuanto más predominio posee un partido en los niveles de decisión política general, más zoquetes dispone para repartir y la lucha se vuelve feroz alrededor del plato de comida.

    La absurda imperatividad de algunas decisiones tomadas por las convenciones de liberales y colorados es una muestra típica de prepotencia con ropaje de legalidad.

    Si es que aspiran a un Paraguay mejor, los afiliados y las afiliadas de los distintos partidos deben buscar, en primer lugar, el saneamiento de sus propias organizaciones como paso previo fundamental para el mejoramiento del país.

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/los-partidos-politicos-perdieron-credibilidad-y-respeto-1541847.html

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 28 noviembre, 2016, 10:50 am
  2. “Marioabdistas” arriesgan todo el proceso
    22 noviembre, 2016

    Uno se pregunta cómo es que Desirée Masi, integrante de una bancada con solo 3 miembros, puede poner en jaque a todo el Senado y manejarlo a su antojo. Y la respuesta, es bien sencilla, es debido a los marioabdistas, esos que se hacen llamar colorados, pero que han decidido atacar a todo lo que se genere en el partido al que dicen pertenecer.

    Ayer nomás denunciaron al Partido Colorado por no querer mostrar un mínimo de disciplina partidaria, lo que demuestra a las claras lo que hace tiempo venimos repitiendo, que este grupo ya no tiene nada que ver con la ANR y que está mucho más cerca de la izquierda de Fernando Lugo, cuyos intereses representa abiertamente en el Parlamento.

    Masi presumió en un programa televisivo, en donde enfrentó e intentó –sin éxito- patotear al ministro de Hacienda, Santiago Peña, que el Senado hará muchos cambios aún al proyecto de Presupuesto y amenazó con que muchos planes del Ejecutivo terminarán en el basurero. Lo afirmó sin ningún rubor ni duda, porque ella sabe que la mayoría de sus colegas la obedecerán, pero no porque ella sea una líder y gran conductora de las masas, sino porque el sector “colorado” (¿) que responde a Mario Abdo Benítez (hijo) la utiliza de acuerdo a sus bastardos intereses.

    La ambición de poder que tiene quien fuera hijo del secretario privado del dictador Stroessner (el mismo que fue objeto de tantas burlas y chanzas populares) es tan grande que no le importa poner en riesgo todo el proceso ni atentar contra los derechos más básicos de sus compatriotas, esos mismos a los que en pocos meses más les pedirá su voto.

    Los marioabdistas(no Desirée) dejarán sin trabajo, sueldo y aguinaldo, a 50 mil trabajadores paraguayos que serán despedidos cuando las empresas constructoras no reciban el pago por las 130 obras viales que empezaron y que ahora han quedado paralizadas, porque el Senado, manejado por esta hueste, no quiere aprobar un préstamo de 200 millones de dólares del BID para pagar estas deudas. Ni ellos saben por qué se oponen; pretendieron ridiculizar al gobierno afirmando que el proyecto presentado era poco prolijo, pero ahora, cuando Hacienda lo adecuó a sus exigencias, siguen buscando argumentos para archivar el tema.

    Por supuesto que la vocera de todo este desastre es siempre Masi, quien se cree muy lista, pero no es más que otro peón de Abdo Benítez, quien parece haber aventajado a su padre en el arte de la manipulación y la deshonestidad.

    Ahora harán recortes graves en el Presupuesto, porque Maquiavelo no quiere que nada que pudiera beneficiar a la piedra en su zapato, Horacio Cartes, pueda tener posibilidad de concretarse. Quiere ahogar al gobierno evitando que pudiera realizar obras que necesitan ser puestas en marcha de manera urgente, y que a quienes beneficiará será a los paraguayos más necesitados.

    Pero eso no le importa. Qué le va a importar si él no tiene la menor idea de lo que es tener necesidades. Siempre vivió en la opulencia, primero a la sombra del dictador y luego con los bienes que “consiguió” su padre durante los años en los que fue un servil y fiel cómplice del mismo.

    Abdo Benítez está haciendo mucho daño al proceso democrático nacional. Y si no se le pone freno en la brevedad posible, nadie sabe hasta dónde piensa llegar.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 22 noviembre, 2016, 7:33 am
  3. El incierto 2018
    21 noviembre, 2016
    Por Santiago González

    A diferencia de otros años ahora cada vez se vuelve más difícil predecir con mucha antelación quién podría ser el candidato de cada partido a la Presidencia de la República. Cambiaron los tiempos de la política y los caudillos no son la niña bonita porque el liderazgo hoy por hoy se construye desde una perspectiva más colectiva.

    Sin embargo, en nuestro país todavía “el 10 del equipo” sigue siendo relevante. Si miramos nuestra historia reciente vamos a encontrar a un Luis María Argaña como líder de reconciliación colorada en la ANR, a un Domingo Laíno en el PLRA y hasta a un Pedro Fadul en Patria Querida.

    En otros países ese liderazgo colectivo se construyó como un proceso evolutivo, y en Paraguay a raíz del deterioro sufrido por los partidos tradicionales, no existe el líder natural ni el liderazgo en conjunto, como equipo.

    Imagínense que ni siquiera la izquierda, que tiene a un número menor de adherentes puede consolidar su proyecto en base a “un 10” o a un plan consensuado. Hoy todos los partidos o movimientos tienen alguna fragmentación. La ANR al sector de Cartes y al de Mario Abdo, el PLRA al sector de Efraín y al de Blas Llano y la izquierda a Lugo y a Mario Ferreiro.

    Pero lo más preocupante es qué puede ocurrir en el 2018 con fuerzas internas tan divididas. Una de las chances es juntar a liberales contrarios a la corriente de Efraín que junto al luguismo presenten un proyecto electoral. Sin programa de gobierno, sin un fin diferente a la simple intención de quedarse con la presidencia y el poder en general. La misma bolsa de gatos que terminó en tradición en el 2012 hoy se quiere vender como una alternativa.

    Por otro lado, un Efraín que gobierna en base a imposiciones y una ANR que agoniza en una crisis bastante grave. Ante ese escenario, el país navega en piloto automático y el 2018 se vuelve incierto y poco alentador. Nadie sabe qué puede pasar, pero como viene la mano, nos espera un menú que mezcla amor, odio, traición y venganza en un mismo plato.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 21 noviembre, 2016, 9:42 am
  4. Números no cierran

    Por Guillermo Domaniczky

    Siempre me gustaron las matemáticas. Quizás por aquello de la precisión, de la exactitud.

    Pero muchas veces no hace falta tener un gusto especial por ellas, para usar el sentido común y darnos cuenta de lo obvio.

    Ocurrió hace pocas semanas.

    En medio de las acusaciones de ofertas del cartismo para comprar los votos de los diputados para aprobar la enmienda para la reelección, el diputado Carlos Maggi ratificó en la 730AM la denuncia de que le habían ofrecido 500.000 dólares para comprar su voto.

    Más allá de la gravedad de la denuncia y de que no quiso identificar a quienes le realizaron el ofrecimiento, me detengo en su respuesta.

    “Ese dinero no compra mi dignidad. Se fueron ayer con la intención de comprarme. No tienen suficiente dinero para comprar la dignidad de Carlos Maggi” declaró el diputado en la entrevista.

    Lo verdaderamente revelador es que Maggi agregó además que ese dinero no podía comprar su dignidad, porque nada significaba para él, ya que había aportado 1 millón 500.000 dólares para la campaña de Cartes en el 2013.

    1.500.000 dólares, con todos esos ceros, para ser parlamentario.

    Más que matemáticas, es solo cuestión de aplicar el sentido común. Un diputado cobra de manera legal 7.000 dólares por mes, o 91.000 dólares por año, incluyendo el aguinaldo. En 5 años de mandato son 455.000 dólares como máximo, sin considerar incluso el descuento por aporte jubilatorio. La pregunta lógica es entonces, ¿por qué una persona que va a cobrar como máximo esa cantidad, de manera legal y a lo largo de cinco años, por ocupar el cargo, aportaría tres veces más para la campaña proselitista?

    La respuesta es obvia.

    Por eso es que no extraña tampoco el último caso que se hizo público. Un modesto mecánico llamado Miguel Carballo, bautizado como el “mecánico de oro” en una investigación de este diario, porque entre otras operaciones aparece como prestamista de 300.000 dólares a la ahora diputada Cynthia Tarragó.

    El mecánico había sido nombrado como asesor de la Cámara de Diputados en el 2013, por el entonces diputado Víctor Bogado, líder del equipo político en Asunción por el que también se candidató Tarragó, quien para financiar su campaña debió suscribir el contrato de un supuesto préstamo de 300.000 dólares con el mecánico. Y a cambio, la usura. La diputada debía devolver el dinero con el 2,8% de interés mensual, más 0,5% de intereses punitorios, y en un plazo no mayor de seis meses.

    El pasado 2 de noviembre, un abogado consiguió que la justicia embargue el salario de esta política.

    Es solo por ello que el caso se conoce. Caso contrario hubiese quedado escondido, como tantas otras operaciones político-financieras realizadas en la oscuridad, en las que se mezclan la usura, el chantaje y el lavado de dinero.

    Tal vez alguna vez funcionen en serio en nuestro país, la Seprelad, la fiscalía y otras instituciones encargadas de investigar las fortunas malhabidas.

    Por ahora al menos no nos resignemos a perder nuestra capacidad de asombro, denuncia e indignación. Eso sería anestesiarnos colectivamente, y entregarle nuestro país en bandeja a la cleptocracia.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 20 noviembre, 2016, 6:42 am
  5. Elogio de la mandioca

    Por Gustavo Laterza Rivarola

    Para asombro y desconcierto de mucha gente ha trascurrido el Día Nacional de la Mandioca sin solemnidades oficiales ni bullicios populares. Este “tubérculo divino” –como seguramente le llamaría aquel recordado sindicalista de Stroessner, Sotero Ledesma– posee o da derivados con diversos nombres a lo largo de América, como guacamota, yuca, aipim, tapioca, casabe, farofa; aunque su denominación botánica, manihot esculenta, proviene etimológicamente del vocablo guaraní, mandi’o, lo que nos vincula mucho mejor con ella.

    Muchas variedades se dan a lo largo de la América tropical, componiendo uno de los principales alimentos de la frugal despensa de los indígenas americanos; entre ellos, naturalmente, los nuestros, a los que, según el padre Pedro Lozano, el apóstol Santo Tomás fue quien enseñó a cultivarla, en lo cual eso de “divino” podría hallar su sentido literal y no solo el soterístico y ledésmico.

    A falta de cereales con qué hacer pan, los conquistadores ibéricos la adoptaron, aunque muy a desgano. Ulrich Schmidl la entendió mannderoch y así la escribió; él ya sabía que solo las del lado oriental se podían comer, pues las chaqueñas eran venenosas. El componente que les da esta característica es el ácido cianhídrico, que, en mayor o menor concentración, todas las variedades poseen, aunque la culinaria indígena sabe tornarlo inocuo mediante hervores prolongados.

    Según referencias científicas, si abusamos de la mandioca, nuestros sistemas enzimáticos y el aprovechamiento fisiológico de las vitaminas pueden ser anulados por la toxicidad del cianuro, produciendo malas consecuencias como la desnutrición y, sobre todo, el cretinismo, acerca de los cuales los paraguayos podríamos dictar algunas cátedras magistrales en aulas de Medicina y de Ciencias Políticas.

    Pocos saben que a la mandioca también le estaba reservado jugar un papel histórico protagonístico en este país, al llegar a formar parte de la épica conocida como “transición a la democracia”. Poco antes de derrocado el régimen de Stroessner, algunos colorados “mopoco”, que habían padecido prolongado y penoso exilio en el Río de la Plata, retornaron. Después del 3 de febrero de 1989 se reintegraron a la política activa.

    En aquel momento, los colorados se reconocían en tres grupos: los “militantes stronistas” (algunos pocos de ellos presos y los demás aguardando, muy quedos, a que la pitonisa les predijera el futuro inmediato). Luego estaban los “tradicionalistas”, flamantes demócratas que cambiaban sus rudas y embarradas botas autoritarias por jogging shoes, entrenándose para iniciar su rauda carrera hacia la democracia. Y, finalmente, los “mopocos”, recién llegados del sur. Estos dos últimos grupos serían inicialmente los únicos competidores, hasta tanto los “militantes” descifraran el oráculo, curasen sus lesiones y retornaran a la lisa.

    Tan pronto se iniciaron las campañas y comenzaron a menudear asados, polladas, chorizadas, pasteleadas, batiburrillos y demás actividades cívico-gastronómicas, comenzaron a emerger a la luz algunos signos externos que vendrían a develar ante el público diferencias sustantivas entre los dos contendientes. Se hizo manifiesto que los “mopoco” comían el asado con pan, mientras que los tradicionalistas lo comían con mandioca. Los primeros resultados electorales resultaron catastróficos para los consumidores de asado con pan. El análisis posterior develó un dato elocuente: los “mopoco”, que del Plata trajeron consigo la polca y los pañuelos, olvidaron sin embargo la mandioca. Privada de esa pata, su estructura ideológica y programática se derrumbó irremisiblemente.

    En la actualidad aún subsisten políticos que en banquetes partidarios acompañan el asado con pan, aunque solapadamente, en rincones alejados y con suma prudencia. Hay aventureros que agravan el riesgo sustituyendo la cerveza por el vino, abriendo un segundo frente de colonización cultural salvaje. Habrá que ver cómo les va.

    El papel de la manihot esculenta en la gastronomía electoral es aún asunto muy descuidado, pese a su evidente relevancia, en especial en esta época, cuando la administración de la cosa pública y la digestión de la mandioca se realizan con el mismo órgano; y cuando ya se adoptó como eslogan partidario y divisa filosófica cardinal aquel sabio aforismo italiano: “Mangia bene, caca forte, e non aver paura della morte”. Come bien, defeca fuerte, y no tendrás miedo a la muerte.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 20 noviembre, 2016, 6:36 am

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

impresos ✓

abcCOLOR

ULTIMA HORA

LA NACIÓN

EXTRA

POPULAR

CRÓNICA

ADN

5días

Peichante-Py en FB ✓

A %d blogueros les gusta esto: