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La ley contra el feminicidio implica un importante avance

Aún con toda la polémica que se generó, la aprobación en la Cámara de Senadores del proyecto de ley de protección integral a las mujeres contra toda forma de violencia implica un importante avance en la legislación positiva, que busca proteger a víctimas en nuestra sociedad. Los puntos más importantes tienen que ver con instalar el feminicidio como hecho punible, penado hasta con 30 años de prisión, y eliminar la conciliación obligatoria entre víctima y agresor. Ahora hay que esperar que la Cámara de Diputados reafirme lo resuelto y sobre todo que se implemente un buen sistema para su eficaz cumplimiento.

En un momento en que nuevos casos de niñas y mujeres agredidas y asesinadas estremecen a la sociedad, la Cámara de Senadores aprobó el jueves último, con modificaciones, el proyecto de ley de protección integral a las mujeres contra toda forma de violencia.

El Paraguay es uno de los últimos países de la región que aún no cuentan con este tipo de legislación y su aprobación nuevamente estuvo en duda, tras una fuerte postura hecha pública por la Conferencia Episcopal Paraguaya, que cuestionó el proyecto aprobado anteriormente en la Cámara de Diputados, principalmente por incluir a las personas transexuales entre las mujeres que la legislación busca proteger.

Tras una apasionada discusión entre los legisladores, el proyecto finalmente fue aprobado en sus fundamentos más importantes, entre ellos el de establecer la figura del feminicidio o asesinato de mujeres como hecho punible, fijando condenas de entre 10 y 30 años de prisión, lo cual modifica el Código Penal, que castiga el homicidio en general con penas de 5 hasta 30 años.

El proyecto, además, especifica los distintos tipos de violencia: feminicida, física, sicológica y sexual, contra los derechos reproductivo, patrimonial y económico, laboral, entre otros, e incorpora la perspectiva de igualdad de derechos del hombre y la mujer, y la no discriminación en el currículo educativo.

Otro punto importante que se eliminó en el proyecto de ley fue la obligatoriedad de que las mujeres víctimas de violencia tengan que buscar conciliar con sus agresores.

Como un hecho pintoresco o anecdótico, los senadores decidieron eliminar toda mención a la palabra “género” en la redacción del proyecto, sustituyéndola por la palabra “mujer”, cediendo de este modo a los cuestionamientos del Episcopado y de otros sectores religiosos.

Más allá del choque de visiones y posturas distintas, lo realmente importante es que finalmente se podrá agregar a nuestra legislación positiva un nuevo instrumento jurídico para proteger a las víctimas de un sistema cultural machista y patriarcal, que sigue produciendo estremecedores casos de mujeres golpeadas, agredidas y asesinadas.

El reciente horrendo caso de una niña de 8 años de edad, raptada de su hogar en la localidad de Carlos Antonio López, Itapúa, abusada sexualmente, luego asesinada y su cuerpo arrojado al río Paraná, solo por satisfacer un instinto de venganza contra otra mujer familiar, es un grave ejemplo de lo necesaria que es esta ley.

Ahora queda esperar que el proyecto sea nuevamente tratado en la Cámara de Diputados, que los legisladores reafirmen lo resuelto por los senadores y que, tras la promulgación de la ley, se implemente un buen sistema para su eficaz cumplimiento.

http://www.ultimahora.com/la-ley-contra-el-feminicidio-implica-un-importante-avance-n1041095.html

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

8 comentarios en “La ley contra el feminicidio implica un importante avance

  1. Sexo, cristianismo y colonización

    La cámara de Senadores trató el jueves 17 el proyecto de ley que protege a las mujeres contra la violencia y durante el tratamiento muchos senadores mostraron que no les importa violar nuestra Constitución en lo referente a la separación de la Iglesia y el Estado y que los paraguayos vivimos con el riesgo de que una eventual mayoría confesional empiece a cercenar nuestras libertades.
    Dice, declara y confirma el Artículo 24 de nuestra Constitución que “Quedan reconocidas la libertad religiosa, la de culto y la ideológica, sin más limitaciones que las establecidas en esta Constitución y en la ley. Ninguna confesión tendrá carácter oficial. Las relaciones del Estado con la iglesia católica se basan en la independencia, cooperación y autonomía. Se garantizan la independencia y la autonomía de las iglesias y confesiones religiosas, sin más limitaciones que las impuestas en esta Constitución y las leyes. Nadie puede ser molestado, indagado u obligado a declarar por causa de sus creencias o de su ideología”.
    La frase “ninguna confesión tendrá carácter oficial” tiene dos elementos fundamentales:
    “Ninguna” (“Del lat. nec unus ‘ni uno’. Apóc. ningún ante s. m. sing. y en ocasiones inmediatamente antes de s. f. sing. que empieza por /a/ tónica en aceps. 1-3. 1. adj. indef. Expresa la inexistencia de aquello denotado por el nombre al que modifica. U. solo en sing. Ningún día es igual al anterior. No he tenido ningún problema. U. t. pospuesto al s. precedido de un elemento negativo. No he tenido problema ninguno. Sin amigo ninguno (…) 5. pron. indef. m. y f. sing. Denota la inexistencia de una entidad. U. referido a un sintagma nominal mencionado o sobrentendido, o bien para aludir a uno pospuesto e introducido por la preposición de. Ayer compré bombones, pero no queda ninguno. Ninguna de tus amigas estaba de acuerdo” -http://bit.ly/2gaePy1-) significa no hay en nuestro país, que no existe, que es cero, confesión, fe o culto religioso que tenga carácter oficial. Ni el budismo, ni el animismo, ni el cristianismo en cualquiera de sus vertientes. Cero.
    Y “oficial” (“Del lat. tardío officiālis ‘propio del deber’, ‘oficioso’, ‘ministro, oficial’ (…) 1. adj. Que emana de la autoridad del Estado. Documento, lengua, noticia oficial. 2. adj. Dicho de una institución, de un edificio, de un centro de enseñanza, etc.: Que se sufraga con fondos públicos y está bajo la dependencia del Estado o de las entidades territoriales” – http://bit.ly/2g6SAYi-) significa que el Estado no prestará su autoridad a ningún culto, fe o confesión, ni asignará fondos públicos para uso de ningún culto, fe o confesión.
    Durante la sesión del jueves, muchos senadores, la mayoría que aprobó eliminar la palabra “género” (“Del lat. genus, -ĕris. 1. m. Conjunto de seres que tienen uno o varios caracteres comunes. 2. m. Clase o tipo a que pertenecen personas o cosas. Ese género de bromas no me gusta. 3. m. Grupo al que pertenecen los seres humanos de cada sexo, entendido este desde un punto de vista sociocultural en lugar de exclusivamente biológico (…) 7. m. Biol. Taxón que agrupa a especies que comparten ciertos caracteres” -http://bit.ly/1QT58lz-) del texto del proyecto, actuó en base a sus convicciones religiosas particulares (http://bit.ly/2fgy9uu) (http://bit.ly/2fRikIR) sumada a una instrucción de las iglesias cristianas.
    En efecto, dos días antes de la sesión, el jefe católico Edmundo Valenzuela, arzobispo de Asunción y presidente de la Conferencia Episcopal Paraguaya emitió una instrucción en la que, entre otras cosas, dice que el proyecto de protección a las mujeres “contiene afirmaciones derivadas de la ´ideología de género´, una colonización ideológica que pretende que la protección planteada por la legislación en debate incluya a varones que se consideran a sí mismos como mujeres” (…) Por tanto, exhortamos a los señores senadores a reflexionar en torno a la confusión a que se presta este juego de conceptos. Les exhortamos a pasar a la historia como sostenedores de las tradiciones familiares del Paraguay y no como artífices de la contracultura y la confusión”.
    Antes de señalar el problema constitucional generado por los senadores que obedecieron esta instrucción, es conveniente exponer algunos elementos de la misma que son notables, por decir lo menos.
    Se agravia la Iglesia Católica Apostólica Romana porque considera la “ideología de género” una colonización ideológica, olvidando que la presencia del catolicismo en América es la más grande colonización ideológica de toda la historia humana, realizada a sangre y fuego y por la cual se impuso a los pueblos de América infaustos un credo que no querían, que no compartían, que no les comprendía y que no les respetaba.
    Es un contrasentido mayúsculo que la Iglesia Católica, que existe en América solamente debido a esa colonización forzada y sangrienta, condene ahora la colonización como si ella hubiera llegado a nuestras tierras de la mano del Espíritu Santo y no del cañón y de la espada.
    Y se agravia también el catolicismo porque el proyecto de ley pretendía proteger también a “varones que se consideran a sí mismos mujeres”, como si no fueran dignos de protección, como si merecieran castigo y discriminación, como si no hubiera violencia, alentada por esta posición de los cristianos, contra las miles de personas que nacen con un sexo físico pero con otro sexo síquico y que buscan dar integridad a sus vidas y como si tal situación fuera una fantasía y no algo totalmente constatado por la ciencia.
    Después dicen todavía los cristianos que no son la religión de la intolerancia y de la discriminación. Se atreven aún a declararse la religión de la misericordia.
    Pero esos aspectos del comunicado de la Iglesia Católica, apoyado enseguida por las iglesias evangélicas, para que no se diga que los cristianos llegaron divididos a este debate, son solamente muestras de la manera en que mienten regularmente y sin solución de continuidad pues lo grave es que legisladores de nuestra República legislen violando el Artículo 24 de nuestra Constitución y, obviamente, el 201 que les prohíbe someterse a mandatos imperativos.
    Ciertamente, los legisladores tienen derecho a ser cristianos, budistas o animistas y, ciertamente, tienen derecho en sus conciencias, a legislar desde su escala de valores propia y personal, lo cual tiene en nuestro país protección constitucional.
    Pero la ley, en una República democrática, no puede surgir de las creencias religiosas, porque nadie puede alegar sus creencias para limitar a otros el ejercicio de sus derechos. Es lo que prohíbe expresamente el Artículo 24 de nuestra Constitución, no se puede usar la autoridad del Estado para las creencias religiosas.
    El límite constitucional a los valores personales del legislador es ese, precisamente: Sus creencias no pueden usarse para denegar derechos y eso es precisamente lo que hicieron en el Senado, los legisladores cristianos; en razón de sus creencias, denegaron derechos a las personas que nacen con un sexo físico, pero tienen otro sexo síquico.
    La ley, en una República democrática, solamente puede considerar la evidencia fáctica sobre la situación que pretende impactar, la estadística, la razón y la ciencia: Y la evidencia, la estadística, la razón y la ciencia confirman que las personas que tienen problemas de integridad sexual son víctimas de violencia y merecen protección, justamente porque los cristianos prefieren apedrearlos.

    Enrique Vargas Peña

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    Publicado por Anónimo | 22 noviembre, 2016, 7:52 am
  2. Ámense
    Por Brigitte Colmán
    Al final, la polémica palabra género fue eliminada del proyecto de ley de protección integral a las mujeres contra toda forma de violencia. Ganó el miedo a una palabra.
    Pero bueno, si decidimos ver el vaso medio lleno, tendríamos que reconocer que por lo menos se creó la figura del feminicidio. Ahora la pena privativa de libertad será de 10 a 30 años; y además —entre otras cosas—, quedó bien clarita la prohibición de la conciliación o mediación entre víctima y victimario.
    Aunque la verdad sea dicha, el debate alrededor de la palabra género, promovido por gente muy conservadora, da un poco de vergüencita. Porque si bien la mayoría de nosotros sabemos que el hombre ya llegó a la Luna hace rato, hay quienes persisten en hacernos retroceder, y siguen poniendo en duda incluso que la Tierra sea redonda.
    Al final decidieron eliminar la palabra género y la cambiaron por mujer, lo cual podría considerarse una especie de empate que no da para salir a celebrar; y encima no todo está dicho, porque el famoso proyecto de ley volverá a la Cámara de Diputados.
    Pero volviendo al vaso medio lleno, decía que al menos en el Paraguay se va a reconocer la figura del feminicidio, que no es un cuento chino. Es tan real como que 34 mujeres fueron asesinadas por sus parejas o ex parejas en lo que va del 2016.
    Travestis. Lástima que sigan con el cháke a la famosa “ideología de género”. Ese árbol no les está dejando ver el bosque, el bosque de su propia hipocresía. Después de todo, es conocida la famosa frase que dice: “Ámense los unos a los otros”, etc., etc., blablablá.
    No hay una frase más hipócrita que esa misma, dicha por una persona que va todos los domingos a misa. Pero al mismo tiempo no le importa que golpeen a una mujer dentro de su propia casa o su propio matrimonio. O que violen a niñitas de 10 años o las obliguen a convertirse en madres a los 12. Ni se diga de andar reconociéndoles derechos a varones que se consideran a sí mismos como mujeres.
    En el WhatsApp corre un video donde se ve a cuatro machotes trogloditas torturar a una travesti en plena calle. Esas travestis no tienen ninguna protección por culpa de los hipócritas. Y no solo no tienen protección ante la violencia, carecen siquiera del derecho a ser quienes ellas quieren ser. Les niegan el derecho a existir, a tener dignidad.
    El Paraguay seguirá siendo uno de esos paisitos atrasados que no tiene una ley integral contra la discriminación. Porque acá se proclama amar al prójimo, pero no al travesti.

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    Publicado por Anónimo | 22 noviembre, 2016, 6:21 am
  3. La ideología tras la ideología de género

    Por Sergio Cáceres
    Llamar ideología de género a la teoría de género es ideológico; es querer desviar la atención hacia cuestiones fútiles y evitar así que uno se concentre en el meollo del asunto. Cuando una teoría empieza a molestar es porque hace tambalear nuestras creencias más profundas. Es lo que hace hasta hoy el evolucionismo y por eso muchos aún lo denostan. Lo mismo ocurre con la teoría de género.

    Lo que muchos enemigos de tales teorías no saben es qué son las teorías: conjuntos de conjeturas que están abiertas a ser discutidas en el ámbito científico. No son verdades indiscutibles como creen. Sin embargo, tales teorías están apoyadas en investigaciones, todas ellas bajo una construcción de instrumentos y otros elementos de análisis supervisados por argumentos racionales.

    El llamar ideología a una teoría es en el fondo negarse a la discusión racional. Es temer a la ciencia porque en realidad no tenemos bases para discutirle o, mejor aún, nuestras posiciones son más bien dogmas basados en libros religiosos anticuados o en una tradición que nos fue traída por los colonizadores e impuesta a la fuerza, no por el amor ni la misericordia como muchos quieren hacerlo creer.

    Lo ideológico, en una de sus acepciones más conocidas, es el proceso de ocultamiento de una realidad cultural maquillándola como si fuera una realidad natural. La teoría de género argumenta que muchas situaciones provenientes de nuestra condición sexual biológicamente determinada luego derivan en comportamientos que ya no tienen que ver con la biología, sino con condicionamientos culturales que crean situaciones de desigualdad social, moral y política entre las personas. Denunciar esto, por supuesto, no conviene a muchos grupos de poder, corporaciones religiosas y políticas sin escrúpulos.

    La ignorancia, sumada al miedo, lleva al odio y la discriminación social, y en su menor expresión, a acciones como las de las iglesias cristianas que comunicado mediante quieren desviar la atención. Eso sí es ideología. “La verdad os hará libres”, decía el revolucionario al que dicen seguir. Se contradicen al negarla y, una vez más, no están a la altura de la transformación social que deberían encabezar.

    La desigualdad social que se traduce en muchos actos de nuestra educación, nuestra identidad comunitaria y nuestro accionar político es perfectamente explicable por actos donde lo ideológico tiene una fuerza arrolladora.

    Lo que ocurrió en nuestro Parlamento y en las iglesias es el reflejo de dónde debe apuntar la verdadera lucha contra la ideología.

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    Publicado por Anónimo | 21 noviembre, 2016, 5:26 am
  4. Cura condenado

    Es para tener en cuenta la argumentación final con que el Presidente del Tribunal Héctor Capurro hizo antes de dar el fallo condenando a 6 años de cárcel al sacerdotes católico de la Parroquia Espíritu Santo del Barrio San Vicente Estanislao Arévalos Pedrozo “Teniendo en cuenta lo que representa: un sacerdote, cura párroco de una iglesia que él mismo levantó, hizo reavivar esa parroquia, pero cometió una conducta grave que echó por tierra todo ese esfuerzo y se aprovechó de la inocencia de estos chicos que colaboraron con él en la parroquia, en la celebración de la eucaristía. Como presidente del tribunal, en lo personal, digo: las mismas manos que consagran el cuerpo y la sangre de Cristo en la celebración eucarística fueron las mismas manos que ultrajaron gravemente a los chicos”.
    Que crimen más grave el cometido por el todavía joven sacerdote católico Estanislao, que conmocionó a la feligresía del barrio San Vicente, al animarse los familiares de 2 niños de 12 y 13 años a denunciar los toqueteos de los que eran víctimas por el epicúreo cura, que muestra el deterioro existente en la iglesia católica paraguaya en cuanto a la conducta moral de sus pastores y el daño inconmensurable que provoca en la fe de sus feligreses comportamientos de esta naturaleza, en este caso uno de los niños quedó con secuela profunda en lo sicológico al punto que no quiere volver a la Iglesia ni la compañía de personas adultas como consecuencia del trauma que le fue generado por el depravado.
    Es cierto que la Iglesia de Pedro, desde la asunción del Papa Francisco, ha cambiado de postura en cuanto al tema de castigo a las perversiones de los sacerdotes, en ningún momento el pontífice Sudamericano, tapó o quiso minimizar el hecho, al contrario impulsó las investigaciones y brindo seguridades para recepcionar las denuncias en contra de los sacerdotes pedófilos. El caso más emblemático es la sanción a los curas pedófilos de Boston en los Estados Unidos llegando a 78 los que fueron llevados a la justicia, de la misma forma que luego forzaron la dimisión del cardenal Bernardo Law obispo de Boston, quien sabía de estos hechos y apaño los ilícitos. Ya con anterioridad el papa Benedicto XVI ha reconocido públicamente los casos de pedofilia cometidos por sacerdotes, ha pedido perdón a las católicos y al mundo.

    En nuestro país han existido en el pasado denuncias de sacerdote pedófilos incluidos algún obispo que fue denunciado por acosador, sin embargo ningún caso, que tengamos conocimiento, derivó en una sentencia definitiva de juez, como el ahora conocido en contra del sacerdote redentorista Estanislao Areválos Pedrozo. Muchas personas señalan que los 6 años aplicados como castigo en primera instancia es un castigo muy benigno para un delito muy grave, teniendo en cuenta las graves secuelas sicológicas que pueden afectar la conducta y el crecimiento de estos adolescentes sometidos a estas experiencias tan traumáticas y miserables.

    Andrés Granje

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    Publicado por Anónimo | 20 noviembre, 2016, 7:47 am
  5. Malinterpretando a Jesús

    Por Luis Bareiro

    El 98% de los paraguayos profesan la fe cristiana, de los cuales una abrumadora mayoría es católica (más del 87%, según el último censo). Es lógico pues que la jerarquía católica se pronuncie sobre todo aquello que afecte a las familias paraguayas, ya que estas constituyen su grey. Esos comunicados nos hablan de los hechos o situaciones que la Iglesia considera más relevantes de cara a los valores históricos del cristianismo.

    Recientemente, Salud reveló que en Paraguay en promedio dos niñas de menos de 14 años se convierten en madres cada día, lo que significa que fueron víctimas de abuso o estupro. Según la Policía, en ocho de cada diez de los casos el victimario es un familiar directo.

    Estos datos escalofriantes dan cuenta de una perversión criminal que ocurre con frecuencia en miles de hogares paraguayos, la mayoría de ellos católicos, siempre de acuerdo con la estadística.

    Notablemente, sobre esta atrocidad que ocurre en el seno de familias que deberían vivir acordes con la prédica cristiana no hubo pronunciamiento de los obispos, ni de las asociaciones de padres católicos, ni de organizaciones vinculadas con la Iglesia.

    Por esos mismos días, la Secretaría de la Mujer informó que, en promedio, una mujer es asesinada por su pareja cada nueve días, y que en casi la totalidad de los casos el crimen es precedido de una larga lista de hechos de violencia intrafamiliar. Por lógica matemática, debemos concluir que la mayoría de los victimarios al igual que las víctimas son católicos. ¿Qué dijeron los padres de la Iglesia con respecto a esta otra atrocidad? Oficialmente, nada. No hubo comunicados ni solicitadas ni pancartas ni marchas.

    La respuesta del Estado ante esta ola de violencia que se ceba en mujeres y niñas fue el tratamiento en el Congreso de una ley especial que prohíbe y pena todo tipo de discriminación y violencia contra personas del género femenino. En el proyecto, al referir que ninguna mujer podrá ser víctima de tales acciones por su condición de mujer, se usó la palabra género. Y, sorprendentemente, esta vez la autoridad de la Iglesia sí alzó su voz. Ante el temor de que el uso de esa palabra supusiera un primer avance en el cuerpo legislativo de lo que llaman ideología de género (que básicamente supone permitir que las personas decidan su identidad sexual, independientemente de su sexo), los obispos dieron la alerta en un fuerte comunicado al que se sumaron integrantes del colectivo pro vida, las iglesias cristianas no católicas y una legión de internautas. El pánico cundió porque entendieron que un hombre que se considerara mujer o se vistiera como tal para asumir una identidad femenina podría eventualmente acogerse a esta ley y pedir protección contra la discriminación o la violencia.

    Confieso que los niveles de reacción ante cada caso me desconciertan. Tengo que suponer, según esto, que para los pastores es más grave y merece mayor atención el riesgo de que un hombre eventualmente sea protegido por una ley para proteger mujeres que las barbaridades que se cometen a diario contra niñas y mujeres en hogares donde la mayoría se dice cristiana.

    Dudo de que esta fuera la idea del mundo que tenía aquel humanista revolucionario que crucificaron en el Gólgota, sea hombre o dios.

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    Publicado por Anónimo | 20 noviembre, 2016, 7:42 am
  6. POR ELLA, POR ÉL, POR TODOS
    FERNANDA CHAMORRO
    La ley tratada en el Senado el jueves, suscitó un debate que acabó yendo por las ramas sin tener en cuenta la verdadera problemática de nuestra sociedad.
    Por un lado, un colectivo de personas que quizás no dimensionan lo que conlleva la creación de una ley que proteja a las mujeres, no por ser consideradas de un menor rango social que los hombres, ni mayores que estos, sino porque son el blanco perfecto al cual una sociedad patriarcal, que se encuentra postrada ante dogmas religiosos, logra confinar a la mujer a ser agredida y oprimida día a día, hasta en los actos más aparentemente insignificantes.
    Del otro lado, se encuentran las feministas, quienes defienden la igualdad de la mujer y el hombre; no un hembrismo desenfrenado como busca la sociedad y la iglesia, hacernos creer a todos.
    Era, es y seguirá siendo urgente y necesario presentar proyectos de ley con el cual resguardemos a las mujeres de nosotros mismos, pero por sobre todo, que se lleven a cabo y no sirvan, una vez más, como letra muerta.
    Resulta igualmente importante asistir a las familias que quedan destruidas y con secuelas, aunque a veces no físicas, sí psicológicas muy profundas. Se debe lograr que estas nuevas posiciones lleguen a todos y para todos, que el resguardo a la integridad de la mujer sea por ella, por la seguridad que esto también otorgará a sus hijos y por la salud mental de los hombres agresores que deben ser atendidos a la vez que cae sobre ellos todo el peso de la ley. No basta encerrarlos 30 años, beneficiarlos con medidas alternativas, obligar a la mujer a intentar “un arreglo” o invitarlos a salir de la penitenciaría mediante un indulto no pararon a supervisar su estado psíquico y se limitaron a mirar qué tan ordenado y “obediente” era en los pasillos de su reclusorio.
    En cuanto a la posición de la iglesia y el supuesto “estado laíco” que definitivamente no corre en nuestro país, escuchar algunas opiniones de sacerdotes o dirigentes de la religión católica, pareciera retrocedernos en el tiempo, ya que se limitan a acusar y señalar con un dedo (casi hipócrita) sin un mínimo análisis al proyecto de ley #PorEllas, que en ningún momento consignaba la inserción de manera implícita a los temas que aterran todavía a nuestra sociedad, como el matrimonio homosexual y el aborto.
    Nuevamente a todos los ciudadanos paraguayos, les hace falta análisis y mucha lectura, conocimiento de cifras que atañen a la violencia contra la mujer o dejar de cerrar los ojos y abrir la mente, para ver que desde un piropo en la calle que hace que las mujeres transiten con temor por las calles; hasta un hecho de violación y muerte por celos u otras cuestiones similares, constituye una total desvalorización de todos. Por ellas (víctimas), por ellos (su familia) y por él (victimario), es justo y necesario que el feminicidio sea penado.

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    Publicado por Anónimo | 19 noviembre, 2016, 2:42 pm
  7. Que las rosas florezcan
    19 noviembre, 2016
    Por Gabriela Báez

    Rosa terminó de cambiar las sábanas y planchar las ropas. Sus agrietadas manos ya no toleraban el agua con Ayudín, pero todo debía estar impecable para cuando Alberto, su marido, llegara. Aunque ella siempre se esmeraba en los quehaceres del hogar y se sacrificaba limpiando casas en el vecindario, para el hombre nunca era suficiente. Todos los días lo mismo: al caer la tarde, ella debía poner la mejilla para que Alberto descargara sobre ella la ira de su mal día.

    De ser una joven feliz y valiente, Rosa se convirtió en una mujer sumisa y triste. Varias noches se preguntaba “por qué”, y la respuesta se la daba su marido: por ser mujer. Un día, ya nada se supo de Rosa. Tras su desaparición, el marido tomó a los niños y se fue a otra ciudad. Muchos dijeron que él la mató y escondió el cadáver, aunque nunca se pudo confirmar.

    Si hubiera existido una ley de protección a las mujeres contra toda forma de violencia, Rosa estaría leyendo este artículo, con una taza de café, disfrutando de la compañía de sus hijos. Pero, ¿a cuántas Rosas hemos matado con nuestra indiferencia? Los diputados aprobaron la Ley #PorEllas, que protege a las mujeres, pero lo hicieron con modificaciones.

    El hecho de que agregaran la figura de “feminicidio” y eliminaran la posibilidad de una conciliación de la víctima con su agresor, es un gran avance. Pero todavía cuestiono cuán discriminativos son nuestros “representantes”, que no aprobaron el uso de la palabra “género” por considerarla ambigua.

    Argumentaron que los transexuales podrían beneficiarse con la ley, de existir ese término. Como si los transexuales no fueran personas, como si al sacar esa palabra evitaríamos que su existencia, como si nos importara con quién se acuesta una persona que no tiene relación con nosotros. Cada año crece el número de violencia hacia personas transexuales.

    Ellos tienen el mismo derecho que vos y yo por una simple razón: somos seres humanos. Evitemos que las mujeres sigan sufriendo maltratos. No permitamos que la Iglesia decida por nosotros. Ayudemos a salvar a las rosas del país.

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    Publicado por Anónimo | 19 noviembre, 2016, 12:16 pm
  8. El milagro de la ideología de género

    Por Alfredo Boccia

    Al comienzo me pareció que la ley era insuficiente. Pero luego escuché los argumentos cavernícolas de la corporación conservadora civil y eclesiástica y se me pasó. Recordé que vivía en uno de los únicos países de América que no cuentan con una ley integral contra la discriminación ni una tipificación específica del feminicidio.

    Mientras se discutía con vehemencia un proyecto de ley que muy pocos leyeron con atención y alcanzaban picos de histeria las disputas entre personas que no tienen en claro conceptos elementales, la violencia contra las mujeres en Paraguay mantenía su ritmo: una muerte cada 13 días, provocada por sus parejas u otros familiares.

    Es un crimen que no respeta edades. La muerte de la nena de ocho años secuestrada, violada y torturada en Itapúa puede ser considerada un feminicidio, pues habría sido causada por venganza del ex concubino de una tía que la cuidaba.

    Violencia de género es, sobre todo, violencia contra las mujeres por el hecho de ser mujer. Por eso no se habla del hombre como víctima de esta violencia. Es un problema específico que requiere una legislación específica. El Estado no puede hacer como que mira a otro lado y sostener que esta ley victimiza a las mujeres y discrimina a los varones.

    Si tardamos tanto en aceptar la necesidad tan obvia de una ley que proteja a las mujeres que sufren violencia o mueren asesinadas por sus parejas es porque para explicar la necesidad de la norma hay que usar la anatemizada palabra “género”. ¡Qué mambo cerebral produce en cierta gente! El género no es una palabra mala; es un instrumento que permite analizar las asimetrías sociales y culturales que existen históricamente en las relaciones entre mujeres y hombres. Sin esa palabra no entenderíamos por qué resulta inaceptable atribuir a la mujer roles sociales siempre dependientes del otro sexo.

    Pero “ideología de género” fue el concepto elegido por el fundamentalismo cristiano para blandirlo como espada ante quienes luchan por erradicar discriminaciones atávicas. Para ellos, resulta sacrílego que la identidad sexual, los roles de género y las características femeninas sean definidas por la sociedad y la historia y no sean asignados por Dios.

    La cuestión se discute en todos los países con tradición católica, pero aquí tiene un toque kachiãi que solo el primitivismo puede dar.

    La “ideología de género” se usa como acusación multiuso, como antes se usaba la de “comunista”. Nadie sabe definirla muy bien, pero todos están seguros que responde a oscuros intereses foráneos. Y ni siquiera hablamos de palabras aún más malditas, como –¡Válgame Dios!– “aborto”, “homosexual”, “condón” o “sexo”. Como ve, no hay de qué quejarse. Que se hayan conformado con borrar la palabra “género”, ya es un milagro.

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    Publicado por Anónimo | 19 noviembre, 2016, 12:04 pm

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