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Parar las iniciativas de hacer justicia por mano propia

El caso del comerciante detenido tras disparar y asesinar a un hombre que presuntamente intentaba robar una despensa en la ciudad de San Antonio es uno de los muchos casos ocurridos en las últimas semanas, en que ciudadanos, en forma individual o en grupos, deciden portar armas de fuego, enfrentar y perseguir a los supuestos delincuentes, ante la creciente inseguridad. Es necesario ponerle un alto a estas iniciativas de hacer justicia por mano propia que, además de ser claramente ilegales, acaban casi siempre en situaciones mucho más trágicas. Hay que insistir con el control de armas y exigir a la Policía y a la Justicia que hagan su trabajo.

La onda de ciudadanos decididos a hacer justicia por mano propia, ante la falta de una mayor presencia y acción de la Policía y de la Justicia para contener la creciente situación de inseguridad ante los constantes asaltos y robos, se va extendiendo cada vez más.

Uno de los casos más trágicos es el ocurrido en la noche del domingo, en la ciudad de San Antonio, en donde el comerciante Félix Ferreira disparó con un arma de fuego y acabó asesinando a otro hombre, Juan Riveros, ante la versión de que el mismo había entrado a robar y había amenazado con una tijera de podar a la esposa de Ferreira. La declaración de una testigo presencial sostiene, sin embargo, que no hubo un intento de robo, sino una discusión entre los dos hombres, que luego acabó con una pelea y el tiroteo.

Más allá de cuál sea la verdadera versión de lo ocurrido y que llegue a ser confirmada con la investigación fiscal, lo grave es la tendencia cada vez mayor de los ciudadanos que, en forma individual o en grupos, deciden portar armas de fuego, enfrentar y perseguir a los supuestos delincuentes, ante la creciente inseguridad.

En este caso, luego de que la víctima de los disparos haya muerto desangrada tras haber sido trasladada a un centro asistencial, el dueño de la despensa acabó preso e imputado por homicidio doloso y por transgresión a la Ley de Armas, debido a que la pistola que utilizó no estaba registrada legalmente ni contaba con la correspondiente licencia de portación o tenencia de la misma.

A este caso se suman varios otros casos ocurridos en las últimas semanas, de grupos de vecinos que en localidades como Luque y Lambaré han organizado una especie de cacería humana para perseguir, detener y golpear a personas sorprendidas intentando cometer robos y asaltos. El caso más reciente, que se divulgó ayer a través de las redes sociales en internet, es el de un video de personas que persiguen a dos jóvenes disparándoles con armas de fuego en la localidad de Presidente Franco.

Se han divulgado incluso experiencias de grupos de vecinos que se están organizando en forma más permanente para enfrentar y perseguir a los llamados motochorros o motoasaltantes y los casos más extremos son los asesinatos de presuntos delincuentes que han ocurrido en la zona de Pedro Juan Caballero, en la frontera con el Brasil, crímenes que se atribuyen a un grupo parapolicial autodenominado Justicieros de la Frontera.

Es necesario ponerle un alto a estas iniciativas de hacer justicia por mano propia que, además de ser claramente ilegales, acaban casi siempre en situaciones mucho más trágicas. Hay que insistir con un control más estricto sobre el uso de las armas de fuego y exigir a la Policía y a la Justicia que hagan su trabajo de brindar mejor seguridad a la ciudadanía.

http://www.ultimahora.com/parar-las-iniciativas-hacer-justicia-mano-propia-n1040181.html

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

7 comentarios en “Parar las iniciativas de hacer justicia por mano propia

  1. Gobierno debe dar respuesta al justo reclamo ciudadano por más seguridad

    El reciente cambio en el Ministerio del Interior trae consigo nuevos desafíos para quien asumió el cargo. Estar centrados en mejorar el trabajo de la Policía Nacional para brindar de manera urgente mayor seguridad, es un aspecto que debe ser considerado prioritario por la situación que se atraviesa y el justo reclamo de la ciudadanía que se ve golpeada por la delincuencia.
    Más allá del cuestionamiento por la manera del relevo, no se debe perder de vista que es un momento oportuno para dar un golpe de timón en la conducción de una de las secretarías de Gobierno más importantes, por la implicancia política que tiene y su función de desarrollar un sistema que permita mejorar las condiciones de seguridad.
    Tadeo Rojas, nuevo secretario de Estado, debe analizar la situación de los cuadros policiales, las estrategias de seguridad, reunir a los mejores hombres a su alrededor para desarrollar una buena gestión, necesariamente son puntos que deben estar en su agenda.
    Rojas admitió que una de las principales preocupaciones está en la imagen de la institución encargada de la seguridad. En este punto no se puede desconocer que varios sectores, no solamente político, venían cuestionando con dureza la actuación del reemplazado ministro que, sin bien con mucho ímpetu y esfuerzo, no pudo lograr que el ministerio se escapara de las críticas.
    Analizar la situación de los cuadros policiales, las estrategias de seguridad, reunir a los mejores hombres a su alrededor para desarrollar una buena gestión, necesariamente son puntos que deben estar en su agenda.
    La situación de los secuestrados en el Norte y la ola de asaltos cometidos por los denominados “motochorros” son dos de los temas urgentes que deben entrar entre las prioridades de acción. El nuevo ministro anunció que revisará “toda la estructura”, entiéndase por la misma institución y la Policía, lo que preanuncia eventuales medidas o movidas que a consideración suya sean necesarias para lograr los objetivos que se proponga.
    Su anuncio de ser implacable contra los agentes policiales corruptos es de nuevo un mensaje esperanzador porque si persiste el esquema corrupto en los cuadros de quienes deben brindar seguridad, es poco lo que se puede hacer. “No nos va a temblar el pulso”, fue firme al referirse a este aspecto. La ciudadanía espera que cumpla con su palabra y que barra con la corrupción policial.
    El nuevo ministro del Interior estará condicionado por la manera en que llega al cargo, pero su desempeño y los logros que consiga al mando de tan importante puesto serán, finalmente, lo que le valdrán una calificación.
    Por el bien de nuestro país, de la ciudadanía que espera solución al problema de inseguridad, los actores políticos y la misma gente debe dar su voto de confianza al nuevo ministro. Buscar cuestionamientos incluso antes que asuma el cargo hacen suponer que tendrá críticas, probablemente injustas sin verlo en acción, pero que deberá saber sobrellevar esos cuestionamientos y enfocarse en su objetivo principal: lograr que con su trabajo el Ministerio del Interior consolide la imagen cuestionada en este momento. Al final, si esta cartera de Estado, con el ministro que esté al frente, logra un mejoramiento sustancial de los problemas de seguridad, se beneficiará a todo el país, y los calificativos negativos pueden quedar como una anécdota.

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    Publicado por Anónimo | 18 noviembre, 2016, 7:32 am
  2. Volverá a pasar
    17 noviembre, 2016
    Mariano Nin

    Eran pasadas las 21 hs de la noche. Félix Ferreira y su señora estaban en su casa. Delante de la vivienda tienen una despensa que en ese momento era atendida por la mujer. Un hombre entró como cliente, pero al parecer, quiso asaltar el negocio. María, la esposa de Félix, gritó alertando a su marido. Después sobrevino la tragedia.

    El hombre tomó un revolver y corrió en su auxilio. Fueron dos disparos a las piernas del presunto delincuente en un intento de inmovilizarlo o darle un gran susto, pero uno de los disparos dañó una arteria principal y poco después el hombre murió desangrado. La víctima resultaba ser Juan Riveros, un exconvicto de 25 años. Sucedió en San Antonio, aquí en el Departamento Central.

    Desde afuera lo vemos como otro lejano caso de “justicia por manos propias”, pero el suceso va más allá de una simple anécdota callejera. Félix será procesado por homicidio culposo y posesión ilegal de armas.

    Es solo un ejemplo de una tragedia que se podría haber evitado si las instituciones hicieran su trabajo. La reinserción de reclusos es solo una utopía. La verdad es que la superpoblación y falta de políticas convierten a las prisiones en grandes escuelas del crimen donde sobrevive el más fuerte y la libertad solo es una puerta para volver a entrar.

    La vida de Félix ya no será la misma, quizás tampoco la de su familia ni la de la familia del hombre que mató. La inseguridad nos depara solo incertidumbre. Siempre repito que las políticas públicas tienen que dar buenos resultados para que estas historias no se repitan. Educación, para que los jóvenes vean un futuro. Presos que salgan con espíritu de trabajo.

    Armas controladas para que no caigan en inexpertos y todas esas cosas que hacen predecibles las situaciones críticas y angustiantes. Mientras no sea así, las balas nos seguirán enlutando en una interminable rueda de crónicas policiales.

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    Publicado por Anónimo | 18 noviembre, 2016, 7:27 am
  3. Animales, bestias y otros géneros

    Por Carolina Cuenca
    “Animales” es lo primero que viene a la mente cuando se nos presentan casos de violencia extrema contra niños en sus propios ambientes de crianza o con asaltantes que por nada llegan a asesinar a sus víctimas.

    Es evidente que el deseo de justicia se extiende y profundiza porque esta realidad nos da un tova jepete… genera rabia y frustración.

    Algunos nos plagueamos sobre la necesidad de cumplir la ley y castigar severamente a los agresores, una vez que se confirme la culpabilidad. Pero luego miramos alrededor y nos damos cuenta de que solo la ley no es suficiente.

    Es evidente, además nos lo señalan la experiencia y la razón, que la proliferación de situaciones de violencia en las calles, en los hogares, en las escuelas, en la cancha, en las oficinas, en las dependencias del Estado, y hasta a veces en la propia Iglesia, tiene una dimensión moral que el derecho positivo no llega a cubrir porque no está en su esencia el hacerlo.

    Y existe el terrible drama de que ante la impunidad nos precipitemos a violar las normas para hacer justicia por cuenta propia o presionar de tal manera que causemos daños también nosotros a las instituciones en nuestro afán de celeridad.

    En un mundo donde las noticias vuelan y las opiniones se manejan con gran emotividad, es difícil mantener el equilibrio, la sobriedad y la prudencia que requieren los juicios de valor.

    Cuánta falta hace una nueva educación que, sin embargo, considere y respete profundamente los principios civilizatorios más antiguos –pero no obsoletos– de respeto a la vida y valoración de cada persona en su naturaleza racional, libre e irrepetible.

    Somos personas y no bestias. Aunque la industria del consumo, el materialismo, la publicidad sin ética, la política sin sentido de bien común, la religión sin fe, la economía sin solidaridad, el aparato estatal corrompido, la universidad sin calidad nos transmitan de diversas maneras el mensaje de que nuestro valor es muy relativo, que en el fondo la naturaleza humana no se diferencia de la animal y que el instinto es finalmente lo único que guía la existencia. Si esto es así, sálvese quien pueda y que gane el más fuerte, porque no hay lugar para los débiles.

    Es la mentira que enferma las mentes, quiebra la familia, violenta la sociedad: “tu valor es relativo, tu vida es relativa (“depende de”). A partir de este falso presupuesto, ¿cómo pretender que surja la valoración de otro ser humano como un bien a ser custodiado, promovido, educado, recordado con veneración? Necesitamos referencias claras que nos ayuden a volver a mirarnos con esta valoración positiva, más allá de cualquier circunstancia de dificultad o de fragilidad. Desde el inicio de nuestra existencia hasta su fin natural somos personas y tenemos una dignidad que no puede ser manipulada ni reducida jamás. Esto la educación lo debe promover mucho más de forma creativa y bella o no saldremos de los estados de trastorno y de violencia.

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    Publicado por Anónimo | 18 noviembre, 2016, 7:21 am
  4. Justicia por mano propia
    18 Nov 2016

    Por Pablo Noé

    Los niveles de hartazgo en la sociedad paraguaya están llegando a un punto tan alto que la justicia por mano propia comienza a plantearse como la única alternativa válida para la defensa de los bienes, partiendo de la propia vida.

    Estamos embarcados en un espiral de violencia que las fuertes represalias de los grupos de vecinos son aplaudidas por otros ciudadanos que toman fuerza para replicar estos modelos en sus comunidades.

    El producto de este escenario es una combinación muy conocida, la negligente y cómplice actuación judicial que transformó la legislación actual en un sistema de puertas de entrada y salida de sospechosos, que transitan en un vaivén constante, sin que se pueda instalar de manera tan siquiera sutil, la sensación de justicia como el factor que acompaña todo la estructura del sistema penal.

    Las respuestas legislativas de endurecer penas, movidas por un populismo barato que solo intenta captar la atención de los medios de prensa y de potenciales votantes, sin que exista una propuesta profunda de fondo, poco y nada colabora a dar seguridad a la gente que sobrevive en medio de temores y llorando pérdidas, muchas veces irreversibles.

    En esta combinación explosiva, uno de los factores fundamentales es la Policía Nacional, que con un gatopardismo increíble, en un instante aparece cumpliendo su rol para el que existe, como protectora de las personas y al otro se erigen como los protagonistas directos de los hechos delictivos que más conmueven a la población.

    Ese manto de dudas que envuelve a un importante porcentaje de los agentes uniformados, no hace más que profundizar el desánimo de los paraguayos, que esperamos, en vano, acciones concretas para calmar tanta incertidumbre.

    En contrapartida, una ciudadanía indefensa no solo comenzó a utilizar la justicia por mano propia como la manera efectiva y contundente que tiene para repeler el avance de los delincuentes que se multiplican en las calles de todo el país, sino que empezó a asimilar que esta es la respuesta válida ante el fracaso institucional de los organismos encargados de administrar la justicia y que ostentan el monopolio del uso de la fuerza para defender el orden público.

    Cada vez más lejos del análisis queda la maldita condición social en la que sobrevivimos los paraguayos. Nuestra sociedad es producto claro de la falta de garantías reales de acceso a la educación, la salud, un empleo digno para la gente, que sin posibilidades reales de desarrollo profesional y personal, no encuentra opciones para una vida digna.

    Las comunidades comenzaron a organizarse para avanzar en esta línea de autodefensa para sobrevivir a la inseguridad. Lo doloroso es que esta decisión parece incuestionable, cuando enfrente nada tienen para intentar esbozar otras opciones que doten, desde la dignidad, garantías de desarrollo.

    No existe una mirada humana al tema, en donde las instituciones funcionen, primero para dotar de elementos para potenciar los valores de los ciudadanos y luego para administrar la justicia necesaria que garantice igualdad para todos.

    Estamos entrando en un camino sin salida, y para peor de cuentas, ni siquiera somos conscientes del terreno fangoso en el que nos estamos involucrando de manera lenta pero sostenida. Quizá en este esquema ya no exista una posibilidad de dar marcha atrás, antes que sea demasiado tarde. Es absolutamente comprensible esta decisión de la gente dentro de la realidad en la que estamos viviendo.

    Dolorosamente hay que bajar la cabeza, asintiendo que es una consecuencia lógica, ante tanta injusticia, luto y dolor. Ojalá que las autoridades entiendan la gravedad de los hechos y comiencen a trabajar por un país mejor para todos y no solo para defender sus intereses.

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    Publicado por Anónimo | 18 noviembre, 2016, 6:47 am
  5. Solucionar conflictos de tierra y evitar que haya más violencia

    Una Movilización por la Paz en el Campo de varios gremios de productores reclamó ayer en Minga Porã, Alto Paraná, el cese de la violencia, tras el asesinato de colonos en la región. Es la misma demanda que reiteran varias organizaciones campesinas ante otros casos de dirigentes asesinados, que no han sido aclarados por la Justicia y ante varios conflictos de tierra que no son resueltos por el Gobierno, entre ellos el del sonado caso Guahory. La problemática agraria sigue siendo un conflicto social latente que enfrenta de modo estéril a productores sojeros y ganaderos con grupos campesinos, cuando en realidad debe ser atendido y resuelto por los organismos del Estado.
    El principal conflicto social en el Paraguay sigue siendo la desigual distribución de la tierra y la falta de su racional aprovechamiento productivo en beneficio de la mayoría de la población, una situación profundamente asociada con la pobreza, la injusticia, la corrupción y la impunidad, que se arrastran desde finales del siglo 19 y que no han podido ser resueltas hasta ahora por ningún gobierno, generando continuos enfrentamientos violentos y lamentables pérdidas de vidas humanas en el campo.

    Dos lamentables casos de asesinatos por conflictos de tierra, ocurridos recientemente en la zona de Vaka Retã, Alto Paraná, y en la estancia Pindó, Canindeyú, han causado conmoción entre los productores. En el primer caso fue asesinado Alex Socoloski, cuando estaba operando un tractor en su chacra, y en el segundo caso, Julio Cesar Núñez, cuando estaba manejando una fumigadora, también en sus parcelas de cultivos agrícolas.

    La preocupación ante estos crímenes motivó a que sectores como la Unión de Gremios de la Producción (UGP) y la Coordinadora Agrícola del Paraguay (CAP) hayan convocado ayer a una gran Movilización por la Paz en el Campo, en el distrito de Minga Porá, reclamando que el Gobierno les otorgue mayor seguridad para poder trabajar.

    Más allá de las diferencias que a menudo se dan entre los gremios de la producción y las organizaciones campesinas, el reclamo que plantean es el mismo: que no haya más hechos de violencia y se pueda trabajar en paz. Desde hace décadas los campesinos también reclaman por las víctimas de esta situación. El llamado informe Chokokue, realizado por la Coordinadora de Derechos Humanos del Paraguay (Codehupy), detalla rigurosamente los casos de 115 dirigentes campesinos asesinados en conflictos de tierra entre 1989 y 2013 que en su mayoría no han sido investigados y permanecen en la impunidad.

    La responsabilidad mayor ante esta situación es del propio Estado. Hasta ahora no existe un catastro total en el país que ayude a ordenar la propiedad de la tierra, para que se pueda saber quién es el verdadero dueño de cada hectárea, cómo la obtuvo y en qué medida está sujeto a la legalidad. No se han investigado ni se han recuperado las tierras malhabidas. Hay propiedades vendidas muchas veces en infames negociados que involucran a políticos y altas autoridades.

    En ese contexto se siguen alimentando los enfrentamientos estériles entre compatriotas, como el actual conflicto en la zona de Guahory. Es hora de entender que de este modo solo se agravarán los conflictos y se derramará más sangre. Hay que trabajar juntos por un mismo objetivo: equidad, productividad, ordenamiento jurídico y territorial para lograr un verdadero desarrollo con justicia social.

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    Publicado por Anónimo | 17 noviembre, 2016, 5:09 am
  6. La paz en el campo
    16 noviembre, 2016

    Hoy se realiza la gran movilización convocada por los productores del Alto Paraná para pedir mayor seguridad y protestar contra la violencia en el campo. Varios municipios del departamento declararon asueto para esta fecha, de modo a permitir la mayor cantidad de participantes.
    En los últimos tiempos varios hechos violentos sacudieron a los productores del interior del departamento, y además el mismo gobierno se encargó de instalar problemas en algunos sectores, como es el caso de Santa Lucía, en la zona de Itakyry, donde antes de regularizar, la recuperación de los terrenos, se procedió a asentar a las familias, generando situaciones conflictivas.
    Desde un principio, nuestro diario advirtió que este tipo de emprendimiento antes que solución puede ser fuente de conflicto. En ese sentido, peligrosamente desde algunos sectores de la sociedad se pretende instalar una suerte de fobia hacia los trabajadores del campo, desde una perspectiva ideológica.
    Los sectores productivos también deben asumir la responsabilidad de llevar adelante una producción sustentable, con absoluto respeto al medioambiente, a la diversidad y sobre todo la responsabilidad social, de proteger y acompañar a las poblaciones campesinas, de pequeños productores, aledaños a las grandes extensiones. Las prácticas invasivas y agresivas, en nada contribuyen al desarrollo y solamente sirven para dar pie al discurso populista ideologizado.
    Los trabajadores del campo contribuyeron enormemente al desarrollo de la región y permiten anualmente el ingreso de divisas al país. Los problemas que se generen son el resultado de la debilidad del Estado en ejercer su función de regulación, control y sanción a los infractores.
    Precisamente por esa debilidad de las instituciones del estado es que están comenzando a aparecer grupos delictivos, que pretenden imponerse mediante el terror, extorsionando, amenazando e inclusive matando a los trabajadores.
    Es por ello que el planteamiento de los organizadores de la movilización de la fecha es más que plausible, porque el lema de la convocatoria es abogar por la “paz en el campo”, la paz provendrá de un trabajo coordinado entre los sectores productivos, de grandes y pequeños agricultores, en conjunto con las autoridades. La responsabilidad de las instituciones es fortalecer su presencia en el campo, perseguir a los delincuentes y combatir toda forma de violencia.

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    Publicado por Anónimo | 16 noviembre, 2016, 10:36 am
  7. Paliativos para la inseguridad

    El miércoles se realiza la manifestación convocada por los productores del Alto Paraná para protestar contra la ola de inseguridad que afecta a la región y que en los últimos tiempos se expandió al interior del departamento. Varias municipalidades ya declararon asueto para permitir que un mayor número de personas participe de la movilización.
    Los organizadores previeron como punto de concentración el distrito de Minga Porã y se prevé para ese día un cierre de ruta, conocido como tractorazo. Los agricultores del Alto Paraná protestarán por las muertes no aclaradas de los productores en la zona norte. Ambos crímenes presentaron características similares y lo más preocupante es la aparición de un supuesto grupo que advierte que no se siembre más soja en la región, una práctica parecida a la que implementa el EPP en la zona norte del país.
    La movilización es siempre el último recurso que tiene la ciudadanía cuando las autoridades no brindan soluciones a los graves problemas. Un nuevo tractorazo significará un día improductivo, un día de dificultades en el tránsito, un día perdido. Hay que esperar y ver qué resultados se logran luego de esta movilización.
    El aumento de la delincuencia obedece a muchos factores, pero la extrema debilidad de la presencia del Estado en nuestra región y el alto índice de corrupción gubernamental, sobre todo de la policía y la justicia, son los factores claves que incentivan las actividades ilícitas del crimen organizado.
    Se podrán hacer movilizaciones y cierres de rutas, que temporalmente tendrán alguna incidencia, en el sentido de que a raíz de estas movilizaciones, normalmente la policía realiza un mayor control, detiene a unos cuantos delincuentes de poca monta y así pretenden brindar la imagen de que están combatiendo la ilegalidad.
    Sin embargo, esto será solamente un paliativo, mientras no se depure la policía, minada de elementos corruptos, sobre todo en la región fronteriza y el Poder Judicial y el Ministerio Público, verdaderos antros de corrupción. Los expertos siempre aseguran que la sensación de inseguridad aumenta cuando los elementos encargados de combatir la ilegalidad, se ponen al servicio de las organizaciones criminales, o se muestran débiles en el combate y eso es lo que históricamente ha pasado en nuestro departamento. Alguna vez, la ciudadanía tiene que salir a las calles, no para pedir calmantes o paliativos, sino para lograr cambios profundos en las instituciones del Estado.

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    Publicado por Anónimo | 16 noviembre, 2016, 10:35 am

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