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La muerte de Robin Wood

Disculpen queridos lectores por no profundizar sobre el terremoto planetario que supuso la victoria de Trump. Aunque tras las elecciones miles de ciudadanos salieran a las calles para gritar “No es mi presidente”, aunque digan que Hillary obtuvo 200.000 votos más y que el sistema electoral indirecto debe ser reformado, aunque millones viven un cuento de terror, de este tema se ocuparán los “expertos”.

Antes de las votaciones decían que los dos candidatos eran malos. Ella representaba el statu quo, el continuismo, la paz a costa de que ciertos sectores de la sociedad mantuviesen sus privilegios sobre otros que cada vez eran más pobres. Él, sin embargo, era el cambio, aunque eso significara saltar de la sartén al fuego.

Para los hijos de la tecnología, acostumbrados a la televisión o a los guiones de Hollywood, era hasta excitante imaginar que Trump pudiera ganar porque creían que al apagar la tele, esa película acabaría (como la guerra en Irak transmitida en vivo) y que detrás de Hillary seguirían por la senda de la tranquilidad.

No vamos a vaticinar sobre las consecuencias para los latinos, o qué les espera a los tratados de libre comercio, ni sobre la nueva era con Putin o con China o Venezuela. Allá, en la bolsa de valores la credibilidad de los políticos cayó en picada. La gente se hartó de esperar, de ver cómo los demás progresan sin trabajar y cada vez tienen mejor pasar, en tanto que ella (la gente) se sumía en el pozo de la desesperanza. Eso fue Trump, una cuerda de ilusión para salir del abismo.

Acá, nosotros vemos a algunos hijos de las listas sábana y nos preguntamos qué aportaron en todos estos años al país. Status quo y riqueza para su entorno. Privilegios groseros.

Pero como dijimos, hoy no nos ocuparemos de eso, sino de algo más trascendente; tampoco hablaremos de los guiones de Hollywood, sino de los del maestro Robin Wood, a cuya carrera la semana pasada le diagnosticaron en Facebook una enfermedad mortal.

“Estoy aquí gozando de buena salud, leyendo y escribiendo y mostrando a mi hijo Mark las dudosas delicias de vivir en Macondo. No sé de dónde salió esta historia disparatada y con qué rapidez corrió como fuego en un pajar. Hoy me han llamado de Suiza, de Francia y de Argentina. Supongo que para poder asistir a mi funeral. Desafortunadamente, decidí continuar con mi vida, ya que estoy sano como una piedra. Mi ex esposa tendrá que guardar sus ropas negras para otra ocasión porque, como he dicho una vez, morirse es malo para la salud”, es la carta firmada por Wood para Nippur Web el 7 de noviembre.

Esta muerte de Robin exige una reflexión. Su vasta obra no solo enseñó historia a los lectores: Nippur los llevó a Sumeria y Egipto; Sacha a la Rusia de los zares; Jackaroe al Lejano Oeste; Savarese, a la época de Elliot Ness; Dago, a la Turquía de Barbarroja; El Peregrino, a la China de las triadas y del submundo; Gilgamesh a conocer la historia aún no escrita y a contemplar el infinito.

Pero a diferencia de las aventuras comerciales de Hollywood, los guiones de Wood enseñaron el significado de la palabra dignidad a varias generaciones, el valor de los principios, la lealtad, la felicidad en las pequeñas cosas.

Su pluma hizo que millones de personas tomaran conciencia y que lucharan en batalla desigual en este traicionero mundo real de valores retorcidos, con un estandarte de sandalias errantes y un escudo incorruptible.

Me pregunto cómo sería el presente si los motochorros hubieran mamado de El Tony, D’Artagnan o Nippur Magnum. ¿Existirían? Muchas veces también me pregunto por qué los profesores no cambian su arcaico método de enseñanza y transmiten conocimiento y valores de manera divertida. Con razón los secundarios de hoy no salen de su mundo de wasap y su conocimiento se limita al teclado de un smartphone.

Me pregunto por qué el MEC no educa con la obra de Wood para que surjan mejores ciudadanos, más respetuosos, más humanos, más críticos.

Hoy todas las naciones sienten el terremoto político planetario en el país más poderoso de la Tierra y temen las consecuencias. Me pregunto si con electores educados hubiera ganado un candidato engreído, misógino, egocéntrico, peligroso, maleducado, prepotente, entre otras “virtudes”.

Pero de Trump se ocuparán los expertos. Hoy nos ocuparemos de algo importante, como festejar la vida. La de Robin, claro. ¡Salud, maestro!

Por Alex Noguera

La muerte de Robin Wood

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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