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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

El Partido Colorado pretende adueñarse del Estado

El abogado Francisco de Vargas fue destituido del cargo de ministro del Interior por no estar afiliado al Partido Colorado, mientras que el ministro de Hacienda, Santiago Peña, creyó necesario afiliarse para permanecer en dicha cartera. El hecho de que el primero haya tenido una pésima gestión, como lo demuestran la creciente inseguridad y la sostenida corrupción policial, nada tuvo que ver con la decisión tomada por el Presidente de la República. Es obvio que lo determinante fue el hecho de que carecía del carnet partidario y que su cabeza fue ofrecida a los convencionales y a los legisladores de la ANR para ganar su apoyo al proyecto de reelección. El segundo no fue removido, sino obligado a convertirse en una marioneta, también con el fin de satisfacer el sectarismo colorado, y, contrariamente a la cuestionable gestión de De Vargas, ni su aceptable desempeño ni sus brillantes títulos académicos bastaban para que siguiera integrando la “selección nacional” de la que alguna vez habló el titular del Poder Ejecutivo. Era necesario que se humillara, como se humillaron muchos paraguayos durante la dictadura de Stroessner, para acceder a un cargo público.

Lamentablemente, estos vergonzosos hechos nos retrotraen a aquellas tristes décadas en las que era imprescindible afiliarse a la ANR para ejercer la docencia en escuelas públicas, trabajar en un centro de salud, ingresar en el Colegio Militar o conseguir un empleo en cualquier institución pública. La afiliación partidaria marcaba la distinción entre paraguayos de primera y de segunda. No importaban ni la idoneidad ni la honestidad, sino la pertenencia a la ANR y, desde luego, la adhesión sin límites al “único líder”. En esa nefasta época, no solamente bastaba la afiliación, sino que algunas instituciones exigían además un “certificado de lealtad partidaria” a ser expedida por la autoridad de turno del partido.

Los abusos de la época tuvieron otras muchas facetas. En 1955, en el marco de un “censo partidario”, los militares fueron obligados a afiliarse, lo que debió entenderse como una concesión del dictador a la dirigencia colorada que, al principio, se había mostrado algo renuente a secundarlo. Así debe interpretarse también la afiliación impuesta al ministro Peña y el reemplazo de De Vargas, del que este se enteró por una radioemisora. Lo grave es que la ciudadanía tiene ahora motivos para temer que el adecuado carnet partidario vuelva a ser el requisito indispensable para ejercer una función pública, con lo que se violaría el principio de igualdad en el acceso a los cargos no electivos y se acentuaría el imperio del prebendarismo, la ineptitud y la corrupción.

Si el presidente Cartes, cuya pertenencia a la ANR es de reciente data, no incurrió en el proverbial “fanatismo de los conversos”, demostró un ruin oportunismo de cortos alcances, que tuerce el “nuevo rumbo” hacia derroteros que otrora han conducido a la exclusión y al enfrentamiento entre compatriotas. Quizás los dirigentes colorados crean que mandarán aún más cuando hasta los auxiliares de oficina sean correligionarios suyos, por las buenas o por las malas. Es lo que creía aquel seccionalero pilarense que se quejó, poco después del 3 de febrero de 1989, de que sus pares ya no podían nombrar ni una maestra, pues el entonces presidente, general Andrés Rodríguez, había aclarado que ya no era necesario que los docentes se afilíen al partido de Gobierno. La penosa experiencia del stronismo debería enseñarles, empero, que el perverso mecanismo de la afiliación obligatoria no implica necesariamente que el poder real sea ejercido por la ANR. Por lo demás, ¿que garantía de lealtad partidaria podría ofrecer quien, como el ministro Peña, se suma a un partido con un propósito bastante mezquino?

Hechos tan vergonzosos como los referidos pueden multiplicarse en los próximos meses, de modo que la ciudadanía debe estar alerta para denunciar cualquier atropello a las instituciones en nombre del “coloradismo eterno”. El “ñamanda” volverá por sus fueros, y muchos impresentables manejarán otra vez a su antojo los bienes públicos si es que la ciudadanía no alza su voz en defensa de las instituciones republicanas, de las que ningún partido puede adueñarse.

El presidente Cartes tiene que gobernar para todos los paraguayos, no solo en beneficio de sus nuevos correligionarios. No debe vender su alma al diablo de la reelección, haciendo revivir una práctica aberrante que tanto perjudicó al país. Muchos paraguayos vieron sus vidas frustradas porque no pudieron poner su talento y su entusiasmo al servicio de sus compatriotas, por no estar afiliados a la ANR y honrosamente negarse a agachar la cabeza.

Lo acontecido es repudiable, porque atenta contra la moral y contra la cultura política que deseamos ver asentadas en el país, es decir, una que no discrimine en función del carnet partidario, sino de las cualidades de las personas. El mensaje transmitido es muy inquietante para los ciudadanos que aspiran a la meritocracia, pero de lo más estimulante para los avivados y los chupamedias, cuyo único título es su papeleta de afiliación, de modo que no sería sorprendente que ya estén exigiendo la destitución de cualquier funcionario que no pertenezca a la ANR, con el fin de ocupar su lugar, solo para vivir a costa de los demás.

Es preciso, por eso, que toda la población no comprometida en estos viles atentados contra la patria esté vigilante.

Una determinada afiliación partidaria no tiene por qué colocar a unos paraguayos por encima de otros. Si el presidente Cartes no lo entiende así, cabe concluir que tiene una mentalidad retrógrada como la de quien llegó al “vitaliciado” gracias a unos adulones muy parecidos a los que hoy le rodean. Más que nunca los ciudadanos y las ciudadanas decentes deben estar muy alertas para impedir un nuevo intento de implantar un régimen que solo trajo al país sangre, sudor y lágrimas.

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/el-partido-colorado-pretende-aduenarse-del-estado-1533754.html

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

15 comentarios en “El Partido Colorado pretende adueñarse del Estado

  1. Campañas y cosas que no se hablan

    La imposibilidad de instalar la reelección presidencial, que la Constitución prohíbe, deja con un escaso margen de tiempo a los partidos que arrastran además el problema de carecer de liderazgos carismáticos con una proyección que vaya más allá de su sector interno. En el escenario de disputa electoral instalado, extrañamente, los posibles candidatos no hablan de los hechos de violencia ocurridos en este periodo presidencial, como si nada hubiera pasado o pudiese pasar nuevamente.

    Los primeros meses del año próximo serán decisivos para saber si, descartada la posibilidad de reelección, la oposición y el oficialismo presentan otras alternativas a la oferta político-electoral que se ve actualmente.

    En los sectores de oposición se barajan varios nombres. Algunos ya están lanzados, en campaña. Pero, de buenas a primeras, ninguno genera aún un impacto popular o mediático visible. Todos los precandidatos partidarios o independientes apuntan a la necesidad de una futura gran concertación electoral y a un discurso anti-cartista. Son los vocablos mágicos que parecen constituir la llave del futuro triunfo.

    Sin embargo, el problema es que, al no haber hasta ahora un candidato que sobresalga, son demasiados los aspirantes. No será fácil encontrar un método idóneo que permita elegir al mejor perfilado o perfilada, o con mayores posibilidades de ganarle al cartismo, que aparece como el rival a vencer, cualquiera sea su representante.

    En el oficialismo, recuerdan con nostalgia los tiempos en que cualquier Pato Donald con el cartel de “colorado” tenía prácticamente ganada una elección. Muchos tienen conciencia de que un candidato muy identificado con el partido de gobierno tendrá pocas chances de ganar la elección general. A esa certeza respondió la decisión, en la última convención, de habilitar eventuales alianzas. De ahí a que se concreten, más allá de una fórmula de fachada, hay una gran distancia.

    La contradicción en el Partido Colorado se vio reflejada en aquella convención, porque se abrió supuestamente la posibilidad de dar cabida a candidatos de otros partidos en las listas, pero, al mismo tiempo, expulsaron públicamente a un ministro por la herejía de no ser colorado.

    Mientras tanto, el presidente Horacio Cartes deja que pase el tiempo, supuestamente apuntando a una remota chance de reelección que nadie está impulsando en el Congreso y que hasta sus partidarios dan por enterrada.

    Se desata en tanto una suerte de lotería de nombres de posibles delfines o sucesores, dejando el camino libre a Abdo Benítez, el único candidato colorado confirmado, para que continúe su campaña proselitista. La actitud del Mandatario hasta lleva a pensar a que todo se está haciendo de mutuo acuerdo con el candidato disidente.

    El problema de Abdo Benítez es que lo que menos le conviene es un “abrazo republicano” con un presidente cuya popularidad va en picada. Así que, por ahora al menos, seguirá con su discurso opositor, aunque tal vez mengue su virulencia. En algún momento deberá haber un acuerdo con Cartes. La alternativa es esperar una gran ruptura partidaria que, en teoría, no les convendría. Aunque mucho depende de la estrategia que empleará el Mandatario para continuar su proyecto político más allá de 2018.

    El otro factor obviado, pero muy evidente es que en los tres años que van de este gobierno hubo numerosos mensajes “narcos”, en forma de atentados y asesinatos no aclarados del todo: los ocho militares en Arroyito, el exdiputado Magdaleno Silva, el periodista Pablo Medina, el “empresario” Jorge Rafaat, los intendentes de Bella Vista y Tacuatí y varios más no tan conocidos, de los que casi todos los políticos se hacen los distraídos.

    El 2017 se viene complicado por el electoralismo y puede complicarse más aún si la violencia recrudece, imprevistamente.

    Por Marcos Cáceres Amarilla

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/campanas-y-cosas-que-no-se-hablan-1540687.html

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    Publicado por Anónimo | 26 noviembre, 2016, 3:23 pm
  2. De las urnas a las hurras

    Por Jesús Ruiz Nestosa

    El mismo día y a la misma hora que en Madrid Mariano Rajoy, después de obtener los votos necesarios para ser investido presidente de Gobierno, declaraba a la prensa que a partir de ese momento era presidente de todos los españoles, en Asunción, el presidente Horacio Cartes decía: “Voy a obedecer a los convencionales” durante la convención del Partido Colorado. No voy a comentar los cuestionamientos de la oposición a Rajoy, que son muchos, sino la actitud que debe asumir un mandatario: no es el gobernante de un partido, sino de todos los ciudadanos de un país, le caigan bien, regular o mal, sean sus seguidores o sus más encarnizados opositores.

    Lo primero que se saca en limpio es que con esa simple frase, que puso en práctica inmediatamente, la política que se pretende hacer en el país ha retrocedido cincuenta años. Y a esos cincuenta años, hay que sumarles los que quedan hasta 1811 cuando había un cabildo en el que estaban representados los intereses y las preocupaciones de la ciudadanía, no solo los de un grupo determinado.

    Cartes ya había llegado al sitio donde se realizaba la reunión en medio de hurras y gritos de “rekutu… rekutu” (reelección) y luego, ya en plena asamblea, dijo lo de “voy a obedecer a los convencionales” que le pedían, a voz en cuello, la destitución de todos los ministros y otras autoridades que no fueran, no solo del Partido Colorado, sino incluso a aquellos que, siéndolo, no comparten la línea oficial del partido. “No voy a esperar al lunes”, agregó, y anunció que el ministro del Interior, Francisco de Vargas, quedaba destituido. Mientras tanto el otro, el de Hacienda, Santiago Peña, se estaba probando ya cómo le quedaba el pañuelo rojo al cuello y afilaba la punta del lápiz para firmar su afiliación.

    El caso de De Vargas es muy particular. Desde hace tiempo la gente, incluido yo, viene pidiendo su destitución por su fracasada misión al frente del Ministerio del Interior y su incapacidad para detener la ola de delincuencia que sufre el país. La destitución se hubiera realizado por los canales normales. La humillación a la que fue sometido no se la merece nadie, ni el más encumbrado ni el más miserable, ni el más poderoso ni el más insignificante. Si trata de este modo a quién fue un colaborador muy cercano, que se preparen todos porque en cualquier momento los convencionales pueden pedir su cabeza y él, el Presidente, muy sumiso, procederá a escuchar tales gritos.

    Hemos regresado a la política de las hurras, de los gritos, de las amenazas, de la prepotencia, de la soberbia de quienes por un accidente, por una maniobra no transparente, o por una causalidad, tienen en sus manos una cuota de poder. De aquí en adelante podemos esperar que se hable de nuevo de las “bombas coloradas” (Sabino Augusto Montanaro), de los “macheteros de Santaní” (Pastor Coronel), del “moderador de la Universidad Católica” (Ramón Aquino), de los “apaleadores de la Chacarita” (el mismo Aquino). El aparato se ha puesto en marcha. El desarrollo de esta asamblea de “hombres libres”, que demostraron no serlo, lo está diciendo claramente.

    Hay que sumarles además que afirmó no haber violado nunca la Constitución, que no es él el importante, sino “la unidad del partido”. ¿Volveremos a la “unidad granítica de Gobierno-Partido-Gloriosas Fuerzas Armadas”, según la fórmula defendida y aireada por el dictador Stroessner? A nadie le importaba entonces, y posiblemente tampoco ahora, que de este modo estaba asegurando que su gobierno no era otra cosa que una dictadura fascista. Porque solo las dictaduras, no importa que sean de izquierdas o de derechas, todas ellas son iguales, confunden esas tres áreas y se sirven de ellas para tiranizar a sus pueblos: desde Hitler a Stalin, desde Castro a Maduro.

    El broche de oro fue cuando se resolvió que se sacará de la lista a candidatos para intendentes, gobernadores y parlamentarios a quienes no apoyen el proyecto de reelección. Entonces, ¿para qué mantenemos con un coste enorme de dinero a esa cantidad de diputados y senadores si llegado el momento las cosas se resolverán entre cinco o seis dirigentes partidarios encerrados entre cuatro paredes? Mandémoslos a todos a sus casas, ahorramos una buena suma del presupuesto de la nación y dejemos que los hurreros, los ovacionadores y los convencionales, a grito pelado, decidan por todos nosotros lo que se debe hacer en la nación.

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    Publicado por Anónimo | 7 noviembre, 2016, 5:08 am
  3. La peor cara de la política

    Por Rolando Niella

    El reiterativo debate sobre la reelección, al que podríamos llamar cíclico, porque se produce (¡qué casualidad!) cada vez que el Presidente de la República en ejercicio traspasa los dos años de gobierno, sistemáticamente saca a relucir lo peor de nuestra política: el sectarismo de unos, el servilismo de algunos otros y los abruptos y radicales cambios de opinión o inclusive de partido.

    Sin duda lo más grave que ha dejado el penoso espectáculo de la Convención del Partido Colorado ha sido la radicalización de un sectarismo que, unos meses atrás, parecía estar quedando poco a poco arrinconado en el pasado estronista: La “coloradización”, la “unidad granítica”, el “castigo ejemplar” a los disidentes, prácticas todas ellas absolutamente antidemocráticas.

    Peor aún, se han vuelto a escuchar discursos, no uno sino muchos y no de personajes secundarios, sino de varios políticos importantes, que retornan a aquella cantinela, que no se escuchaba tan fuerte desde que cayó la dictadura y se inició la transición, que pretenden identificar al país, al pueblo y a la nación con el partido. Eso ya no solo está reñido con la doctrina democrática, sino que es puro fascismo.

    Para ser un paraguayo no es obligatorio ni ser colorado, ni ser liberal, ni pertenecer a ninguna ideología (mucho menos adorar un pañuelo). Es más: en mi opinión, para ser Paraguayo, con mayúscula, hay que pensar primero en el país y sus ciudadanos antes que en un partido, algo que parece que nuestros políticos, con su sectarismo excluyente, están olvidando.

    Por si se trata de un problema de memoria, permítanme recordarles también, señores políticos: que un gobernante, una vez electo, debería serlo de todos los paraguayos y no solo de sus correligionarios; que un legislador, si bien lo es en nombre de su partido, debería representar a todos los paraguayos y velar por los intereses nacionales y no exclusivamente por los de sus correligionarios.

    Y ya que hablamos de olvidos, quisiera traer a la memoria que en el juramento de toma de posesión se comprometen a “cumplir y hacer cumplir” la Constitución y las leyes, ya que con frecuencia parece que solo recuerdan la parte de “hacer cumplir” y a veces ni eso.

    Los convencionales constituyentes que redactaron la Constitución de 1992 (la que hay que “cumplir y hacer cumplir”, porque está actualmente vigente), acertaron plenamente al prohibir la reelección, con la intención de evitar que se repitiera la pesadilla de treinta y cinco años con un gobierno autoritario eternizándose en el poder.

    El espectáculo deplorable de sectarismo que dieron los colorados en su Convención partidaria, con el presidente Cartes a la cabeza, “coloradizando” el gobierno y amenazando a los disidentes, es la mejor prueba de que la reelección debe seguir prohibida en la actualidad, porque quienes no se conformaron con un periodo, tampoco se conformarán con dos, ni con tres.

    La sociedad paraguaya ha evolucionado mucho en los últimos años y lo que están haciendo es mostrarle desvergonzadamente la peor cara de nuestra política. Sinceramente no creo que le guste, ni que esté dispuesta a soportar un salto tan evidente hacia el sectarismo y el autoritarismo del pasado.

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    Publicado por Anónimo | 6 noviembre, 2016, 4:37 pm
  4. Sistema electoral y partidocracia

    El modelo electoral con el que contamos se fundamenta en el sistema proporcional, doctrina que lleva inexorablemente a las listas cerradas o semicerradas, lo que en esencia es la misma cosa. Este sistema electoral es tan dañino que los paraguayos aprendimos de algún modo a evadirlo mediante candidatos outsiders, los que vienen de afuera de los partidos políticos.

    Por supuesto, el hecho que sean outsiders no garantiza la calidad del candidato; pero es una muestra de que cuando algo está enfermo, el cuerpo reacciona de algún modo u otro. Es lo que ocurrió con Wasmosy, igualmente con Lino Oviedo, luego Lugo y finalmente con Cartes. Ninguno de los cuatro surgió del interior de las nucleaciones políticas; no hicieron la conscripción o vida partidaria que los promotores del actual sistema consideran obligatoria y prefieren mantener.

    Más allá de nuestras simpatías personales, las candidaturas de aquellos cuatro fueron la consecuencia del hastío de la gente por no seguir con lo mismo de siempre. Un sistema que trata de premiar la lealtad partidaria sin importar qué se dice y se propone en beneficio del país, sino más bien si qué se hace en beneficio de los clanes partidarios no puede más que provocar desaliento y efectos dañinos.

    En el interior de los partidos políticos se conforman de ese modo los clanes enlazados por la lealtad al grupo dominante. La “rosca” –como se dice– se vuelve impermeable a la crítica y sobre todo desatiende lo que el individuo como miembro de la sociedad desea. La partidocracia es como una burbuja, tiende a alejarse de aquello que podría reventarla, es por eso que sus adherentes prefieren a los leales antes que a los críticos.

    Las organizaciones políticas tienden hacia la mediocridad en función de intereses cortoplacistas que finalmente no aportan en favor de ideas y políticas para consolidar el Estado de derecho, por cuanto que se prefiere mantener el statu quo para consolidar el estado de injusticia.

    Los partidos políticos, como en efecto se puede constatar, se han vuelto verdaderas maquinarias electorales preparadas para cada acto comicial. Pero hasta ahí. De los temas de alta relevancia pública, no hay mucho que esperar. El ejemplo es la inseguridad. Ni el Partido Colorado, ni el Radical Auténtico ni el Frente Guasu ofrecen propuestas concretas sobre este flagelo que azota al ciudadano a diario y a toda hora.

    El mal de la partidocracia afortunadamente tiene un antídoto, y si bien las listas abiertas son un avance, sin embargo, no será suficiente para lograr una genuina representación, como un enlace entre el elector y el electo. El antídoto está en promover candidatos por circunscripciones, esto es por distrito electoral, uno o dos, de acuerdo al número de habitantes.

    Lo importante en un sistema electoral es la fiel representación de manera a que el poder retorne al ciudadano, situación que hoy no ocurre porque ha sido secuestrado por la doctrina proporcional de las listas cerradas.

    Por Dr. Víctor Pavón

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/sistema-electoral-y-partidocracia-1534456.html

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    Publicado por Anónimo | 5 noviembre, 2016, 12:14 pm
  5. Tras un “vyrorei”, subyace lo grave

    En la sesión ordinaria de la Cámara Alta que tuvo lugar ayer, un grupo de senadores de la oposición presentó un proyecto de resolución por demás curioso, en cuyo artículo 1° establece “Registrar gráficamente el precepto constitucional por el cual los Senadores y Diputados no estarán sujetos a mandatos imperativos”, y en el 2° que “será transcripto sobre un material que facilite su lectura y perdurabilidad, y estará ubicado dentro de la sala de sesiones en la parte superior del hemiciclo central”.

    Los responsables de la iniciativa fueron los senadores Mario Abdo Benítez, Enrique Bacchetta, Fernando Lugo, Eduardo Petta, Arnaldo Giuzzio, Blanca Mignarro y Fernando Silva, en tanto que los destinatarios del mensaje son, principalmente, sus colegas del oficialismo colorado, quienes manifestaron su acuerdo con lo resuelto el pasado sábado en la convención de la ANR, exigiendo disciplina política a sus representantes en el Congreso.

    El tema podría considerarse trivial e intrascendente. Un “vyrorei” más, de los tantos que acostumbran protagonizar esos y otros componentes de dicha instancia legislativa. Tanto que si obraran con coherencia, mañana tendrían que acceder a una eventual solicitud de algún grupo campesino respecto a la norma constitucional relativa a que “todos los campesinos tienen derecho a una parcela de tierra”, de una central obrera sobre “el derecho al trabajo” o de grupos sin techo a “una vivienda digna” y así sucesivamente, hasta que los senadores tengan que sesionar en otra parte por falta de espacio, dada la multiplicidad de carteles “recordatorios”.

    Sin embargo, tras la humorada de los promotores de esta iniciativa subyace una línea de pensamiento y de comportamiento sumamente preocupante. El mensaje de “Marito”, Lugo y compañía es “lo que resuelvan nuestros partidos nos tiene sin cuidado y nosotros diremos y haremos lo que queramos”, como de hecho vienen procediendo todos ellos.

    El tema es grave porque, aunque probablemente ni se hayan percatado de ello, dada sus limitaciones políticas, representa un ataque directo a la democracia misma, que tiene en el sistema de partidos políticos a uno de los pilares fundamentales en el cual se asienta.

    Cualquier politólogo de la corriente ideológica que fuere, no podría concebir que en los Estados contemporáneos pueda practicarse la política al margen y en contra de los partidos. A nivel mundial encontraremos solo dos tipos de Estado que escapan a esta norma, los que se rigen por monarquías y las dictaduras, que se apoyan en ejércitos, y los que se rigen por un régimen de partido único, como China y Cuba.

    Nuestro sistema de partidos, aún con todos los problemas que cada uno de ellos enfrenta, es vital para la democracia en tanto y en cuanto expresa la pluralidad reinante en la sociedad, que después de cada elección debe expresarse, por ejemplo, en el Congreso. De manera que ni “Marito”, ni Lugo y demás colegas están en el Senado para hacer lo que les venga en ganas. Están para representar a sus respectivas organizaciones, mediante las cuales accedieron a sus bancas.

    Por estas razones, las decisiones adoptadas sobre esta materia en las convenciones de los dos grandes partidos tradicionales, el liberal y el colorado, son un paso positivo para lograr algo que deshonra sistemáticamente la ligera mayoría que hoy controla la Cámara Alta: la disciplina política de sus legisladores.

    No obstante, podrán seguir atacando el sistema de partidos, crucial para la democracia y continuar haciendo de las suyas, pero entonces tendrán que presentarse a próximos comicios como candidatos de otras formaciones, no de las que ahora desconocen. Y entonces veremos qué resultados obtienen.

    Por Benjamín Livieres Plano

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    Publicado por Anónimo | 5 noviembre, 2016, 11:28 am
  6. Conducta indecorosa

    No se puede decir que en la praxis política paraguaya no haya inventiva y originalidad para cancelar mandatos de carácter administrativo. Está el caso del ministro que se enteró telefónicamente de su destitución mientras estaba en misión oficial en el exterior (Martin Heisecke, MIC), o por mensaje de texto durante un acto público (Horacio Galeano Perrone, MEC), o mediante una comunicación de un funcionario de segundo rango de la Presidencia mientras representaba al país en una reunión bilateral sobre hidroeléctricas (Carlos Mateo Balmelli, director general de Itaipú). Pero quizá la más creativa de las metodologías sea la que Horacio Cartes empleó con su Ministro del Interior, Francisco de Vargas, quien se impuso de su destitución a través de un programa de radio en el que oyó decir a su ahora ex-jefe: “No voy a esperar al lunes para hacer los cambios”. Lo que se dice, una auténtica conducta indecorosa para un Primer Magistrado.

    En todos aquellos países adscriptos a la democracia y a las formas republicanas de gobierno, la liturgia del poder tiene sus códigos. Aunque el funcionario en capilla haya sido un desastre en sus funciones, recibe con tiempo la comunicación de que se acaban sus días como parte del Gobierno y que oportunamente recibirá una atenta nota en la que se le agradecen los servicios prestados. Claro que hay excepciones a la regla. En el Paraguay tenemos un récord de manoseo de dignidades aunque no llegamos a los extremos, por ejemplo, del dictador coreano Kim Jong-un quien hizo ejecutar a su ministro de Defensa Hyon Yong-chol con un cañón antiaéreo de cuatro tubos por quedarse dormido en un desfile. Si bien no es una agresión física, el hecho de que un ministro se entere que deja de serlo mediante un programa periodístico reviste las características de una “ejecución intelectual”, algo que, además de humillar al cesado, desnuda con lujo de detalles la verdadera personalidad del mandatario ejecutor.

    Quizá podamos considerar este despropósito, fronteras adentro, algo esperable en el folklore político paraguayo. Pero hacia el mundo, estamos enviando un mensaje de inconsistencia política rayana en la inestabilidad institucional. Que en un solo acto político se vocifere por unanimidad la reelección del noble líder, se convierta en tránsfuga (*) a un ministro y se destituya a otro a través de un boletín de noticias de radio, puede ser demasiado para la capacidad de comprensión de personas o entidades interesadas seriamente en profundizar sus lazos con el Paraguay, ya sea en lo político, económico o cultural. Ignorando ese efecto, le estamos diciendo al mundo que, al fin de cuentas, hemos aprendido muy poco de la larga y negra sucesión de autoritarismos que nos tuvo cautivos durante más de medio siglo. Evidenciamos además que el respeto a la Constitución, a las instituciones creadas a su amparo y a los hombres y mujeres que las sirven es un valor desconocido para políticos que sólo buscan perpetuarse en el poder bajo la execrable doctrina del “único líder”, algo que creíamos, ilusos, haber dejado atrás.

    (*) RAE: Persona que pasa de una ideología o colectividad a otra.

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    Publicado por Anónimo | 3 noviembre, 2016, 10:45 am
  7. Mercaderes de la política

    “Lamento que se haya llegado a un acuerdo tan prebendario e inoportuno”, manifestó el senador Miguel Ángel López Perito con relación a los nombramientos de las máximas autoridades de la Contraloría General de la República y de la Defensoría del Pueblo, gracias a 38 diputados colorados “cartistas”, dos de la concertación Avanza País y uno del Partido Encuentro Nacional. El nuevo contralor, José Enrique García, integra la mencionada concertación, en tanto que su segundo, Camilo Benítez, es colorado. Por su parte, el flamante defensor del Pueblo, Miguel Godoy, y su adjunto, Carlos Alberto Vera Bordaberry, están afiliados a la ANR. Ambos fueron elegidos por los mismos legisladores.

    Resulta evidente, entonces, que hubo una curiosa componenda en la que los méritos y las aptitudes de quienes integraban las respectivas ternas propuestas por el Senado fueron mucho menos relevantes que las conveniencias políticas del momento. Resulta impensable que en una elección semejante, en la que están en juego varias personas y más de un cargo, los votos y la procedencia partidaria de los votantes coincidan plenamente. Los variopintos coaligados, que votaron en bloque en todos los casos, siguieron el mismo criterio con el que habían sido elaboradas las ternas de candidatos, es decir, el de la filiación político-partidaria como factor determinante de la elección.

    Las audiencias públicas convocadas por la Cámara Alta habían sido apenas un teatro montado para engañar a la opinión pública y a las personas de buena fe que se postularon creyendo que los cargos serían ocupados según la trayectoria y la idoneidad. Desde un principio, corrieron versiones acerca de la probable repartija de la torta en cuestión, de modo que lo acontecido está lejos de ser sorprendente. Lo llamativo es que la distribución haya resultado de un acuerdo entre el oficialismo y un sector de la izquierda, escasamente representado en la Cámara Baja. Por lo visto, encabezar un órgano constitucional bien valía una misa y compartir el pan con el adversario ideológico, dejando de lado tanto las virtudes o los vicios de los postulantes como los respectivos “proyectos de país”. La cuestión era quedarse con una tajada, haciendo de tripas corazón.

    Este tipo de componendas son comunes entre los partidos tradicionales. Pero de repente aparecen nuevos movimientos o concertaciones que condenaban tales prácticas y se presentan como alternativas para salvar a la Patria de tan impúdicos prevaricadores. Sin embargo, muy pronto tales nuevos actores se revuelcan también en el fango de las apetencias políticas que no dudan satisfacer aun siguiendo caminos espurios. Encontrar un lugar para los amigos llega a ser más importante que el deseo de servir a la Nación.

    En estas condiciones, es muy dudoso que quien se convirtió en contralor mediante los votos de los colorados cartistas vaya a ser riguroso a la hora de examinar las cuentas del Poder Ejecutivo, así como las de las gobernaciones y municipalidades dirigidas por sus correligionarios afines. Tampoco es probable que verifique con esmero las rendiciones de la Municipalidad capitalina, en la que fungió de asesor jurídico, con dudosas actuaciones. Es mucho más probable que haga la vista gorda.

    En cuanto a la Defensoría del Pueblo, de la que la ciudadanía apenas ha tenido noticias desde que entró a “funcionar” con mucho atraso en 2001, seguirá sin causar ningún problema, y mucho menos al Poder Ejecutivo actual. En su momento, costó mucho lograr las mayorías necesarias en ambas Cámaras para integrar la terna y designar al defensor del Pueblo, hasta que se tuvo la ocurrencia de crear, por una ley, el cargo de adjunto, lo que permitió llegar a un rápido acuerdo en función de la repartija.

    Es de señalar que la ANR tomó muy en serio la transada, a costa de la institucionalidad republicana, tanto que su presidente, el diputado Pedro Alliana, informó que los ocho legisladores colorados que no votaron por José Enrique García serán juzgados por el Tribunal de Conducta de su partido. Mayor desfachatez, imposible. Aún más, el diputado Alliana calificó lo resuelto como una “gran victoria” para la ANR, como si se hubiera librado una batalla política. Quizá no le falte razón, pero lo cierto es que un atraco a las instituciones no puede tener ninguna “victoria” que celebrar. Las transadas, las componendas, los cuoteos, no pueden festejarse, ya que constituyen arteras puñaladas a las instituciones nacionales.

    Como se ve, el problema del país no radica en la Constitución, sino en los hombres y mujeres que deben cumplirla y hacerla cumplir, porque la visión de Estado de los politicastros que tenemos se reduce a darle un tarascón al presupuesto, a como dé lugar, mediante el acceso a los puestos públicos, que ellos consideran “espacios de poder”.

    El carnaval con los cargos del Estado continuará si los ciudadanos y las ciudadanas no manifiestan en forma pública su repudio, y no toman en cuenta estos tratos mafiosos para castigar a los responsables con sus votos en las próximas elecciones.

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/mercaderes-de-la-politica-1534102.html

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    Publicado por Anónimo | 3 noviembre, 2016, 10:21 am
  8. Efraín, el tyeraku

    Lo que ocurrió ayer en la Cámara de Diputados demuestra a las claras que el presidente del PLRA, Efraín Alegre, es un gran yetatore o es incapaz de lograr resultados positivos en sus negociaciones. En las últimas semanas no consiguió nada, a pesar de las presiones y de todas las jugarretas con las que intentó convencer a un suficiente número de colorados para salirse con la suya, los resultados le dejaron con un palmo de narices.

    Cuando, hace unos meses, se analizó por primera vez en Diputados la terna de candidatos a contralor general de la República, quien obtuvo la mayor cantidad de votos –aunque no alcanzó la mayoría absoluta exigida por la Constitución- era el liberal Ramón Ferreira. Y el PLRA estaba tan seguro de que con los 7 colorados que cambiaron de vereda iban a tener esos votos que no tuvieron en aquella ocasión, que presionó para que la elección del contralor se diera cuanto antes, motivo por el cual se convocó a la sesión extra de ayer.

    Un momento antes de iniciada la sesión, Ferreira había dicho a los medios de comunicación que estaba seguro de que sería electo nuevo contralor. Y lo dijo con una convicción que no despertaba ningún atisbo de duda. Pero he aquí que los resultados mostraron otra cosa. Y los liberales lo supieron minutos antes, por eso no se presentaron a la sala de sesiones aunque estaban todos en la cámara, cruzando los dedos para que no hubiera quórum.

    Pero 38 oficialistas más 2 de Avanza País y 1 de Encuentro Nacional dieron el quórum y la cantidad de votos necesarios para elegir al contralor y al subcontralor de la Nación. Y si tenemos en cuenta que Enrique García, el contralor electo, es de Avanza País, un partido que tiene solamente 2 diputados, en contra de los 28 que componen la bancada liberal, podríamos decir que esta minoría ha dado ayer una cátedra de cómo negociar que mucha falta les hace a Alegre y su entorno.

    Avanza País se quedó solamente con el cargo de contralor. Todo lo demás, subcontralor, defensor y defensor adjunto del Pueblo, se dio a la ANR. Eso es negociar con altura y amplitud, algo que ni Alegre ni los demás liberales parecen conocer.

    Lo cierto es que los últimos días fueron muy duros para Efraín, el presidente del PLRA que pretende negociar una concertación nacional para postularse como candidato a presidente de la República. Se opuso con desesperación a la enmienda e intentó negociar su rechazo con tirios y troyanos, y no lo consiguió. Si hoy la enmienda será rechazada, será por instrucción del presidente Horacio Cartes a sus seguidores.

    Esa fue la primera señal que debió advertir Alegre para dejar de persistir en imponer en la Cámara de Diputados cuestiones que le quedaban demasiado grandes. Pero no la vio; su petulancia y estupidez es tal que no pudo ver todos los indicios, y así expuso a Ferreira, un economista reconocido y respetado, a un manoseo innecesario y al ridículo, porque le convenció de que el puesto sería suyo sin tener bien sujetos los votos.

    Yetatore, tyeraku, hay varias expresiones que definen al presidente liberal, quien claramente es lo opuesto al rey Midas. Vuelve basura todo lo que toca.

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    Publicado por Anónimo | 3 noviembre, 2016, 10:19 am
  9. Fútbol y política: pasión de multitudes

    Por Santiago Peña

    Hemos solicitado una entrevista al ministro de Hacienda Santiago Peña con la intención de conocer las razones que le impulsaron a afiliarse al Partido Colorado, pero dijo que prefería escribir un artículo al respecto, que reproducimos a continuación:

    Me convertí en asiduo participante en las redes sociales en los últimos años, curioso por las nuevas formas de comunicación y expresión de la sociedad; con el objetivo de aprender, pero al mismo tiempo cumplir con la obligación que hoy nos impone la función pública: la idoneidad, la honestidad, y también la buena comunicación.

    Comparto y comento regularmente sobre datos y hechos económicos nacionales e internacionales que tienen relación con nuestro país, convencido de que una sociedad cada vez más conectada necesita escuchar de quienes ocupan cargos en la función pública sobre las decisiones que se toman, principalmente para reducir el grado de desconfianza y prejuicio que aún abunda en nuestra sociedad.

    Sin embargo, debo reconocer que mis cualidades de comentarista sobre temas económicos han sido ampliamente opacados por mis comentarios sobre el fútbol hace unos días, y el sábado pasado, sobre una decisión personal, pero con un alto contenido político.

    En los últimos días he escuchado prácticamente todas las hipótesis o teorías sobre las razones que me llevaron a tomar la decisión de dejar el PLRA y solicitar mi afiliación a la ANR.

    Independientemente de la aceptación o entendimiento de los internautas o de la ciudadanía en general, con el único objetivo de comunicar a una audiencia cada vez más exigente sobre las razones detrás de las decisiones que uno toma, aunque sean personales y sin ningún impacto en mis funciones, quiero compartir los detalles de estas acciones.

    Soy un joven paraguayo que desarrolló de muy joven la vocación de servicio público, aquella que no se aprende en la universidad o en el trabajo sino que se construye como consecuencia de ejemplos y experiencias a las cuales nos expone la vida.

    A los 17 años me enfrenté al desafío de ser padre, un evento que sin importar la edad nos obliga a madurar y asumir responsabilidades importantes en la vida. En ese momento, y gracias al apoyo de mis padres, comprendí que la única forma de progresar y darle un futuro a mi familia era con la formación académica y el esfuerzo que uno le imprima a todo lo que haga en la vida.

    Luego de 20 años, mucha agua ha corrido. Ingresé como funcionario del Banco Central del Paraguay, fui a estudiar una maestría en políticas públicas a la Universidad de Columbia en Nueva York, gracias a una beca del gobierno de Japón, y luego a trabajar al Fondo Monetario Internacional en Washington. En el 2012 volvimos al país dejando atrás oportunidades profesionales y de educación para nuestros hijos, pero convencidos de que vale la pena jugarse por aquello que uno cree y siente. Desde entonces tuve el privilegio de desempeñarme como director del BCP y luego como ministro de Hacienda.

    A lo largo de todos estos años, mi afiliación política nunca fue un tema de discusión más allá del dato anecdótico, y jamás condicionó ocupar un cargo público.

    A días de cumplir 38 años puedo decir que la vida me ha bendecido con oportunidades, salud y una familia que me ha acompañado a lo largo de todos estos años. El apoyo incondicional de mi esposa Leticia y de mis hijos Gonzalo y Constanza, son el principal motor que me anima a seguir luchando por aquello que creo.

    Luego de 22 meses en uno de los cargos más desafiantes y controversiales de la administración pública, donde se tiene la ingrata responsabilidad de cobrar impuestos y luego distribuir recursos limitados entre las necesidades ilimitadas de la administración pública, donde nunca alcanza para todos, la piel se va curtiendo y el concepto de servicio público toma un mayor significado.

    La decisión de haberme afiliado a la ANR ha sido un proceso de reflexión tanto personal como familiar y por eso me siento con la conciencia tranquila de saber que he actuado en función a mis convicciones y el sentido de pertenencia a un proyecto en beneficio del desarrollo del país.

    Como toda decisión importante y sabiendo el impacto que podía tener, esperaba el mejor momento para hacerlo sin que genere controversia ni fuese un motivo de conflicto, pero ese momento no existe. Sin importar, el momento o la circunstancia, esta decisión necesariamente traería algún tipo de reacción como la que hemos visto en los últimos días.

    No puedo negar que mi historia familiar ha influido en cierta medida sobre mi vocación de servidor público. Al haber conocido y compartido largas charlas con mi abuelo, el Dr. Manuel Peña Villamil, quien no solo estudió sino documentó gran parte de la historia del Paraguay, han sido una fuente de inspiración.

    El Dr. Peña Villamil, abogado y escritor, fue nieto de Don Jaime Peña, fundador de la ANR y con una activa participación en el Paraguay de posguerra. Don Jaime era descendiente de José Gaspar RODRÍGUEZ de Francia, uno de los padres de nuestra independencia.

    Don Jaime Peña envío a Francia a su hijo Manuel Peña Rojas para estudiar medicina en la Universidad de París, graduándose en 1912. A su regreso, el Dr. Peña Rojas se desempeñó como Decano de la Facultad de Medicina y Director del Hospital de Clínicas. Fue Ministro de Hacienda, Diputado Nacional y Ministro de Relaciones Exteriores durante gobiernos liberales, todo esto antes de sus 37 años de edad cuando fallece.

    Jamás sentí que la historia haya condicionado en ninguna de las decisiones que me tocó tomar, pero no puedo negar que siento una responsabilidad de contribuir con el país desde el lugar que me toque.

    Nuestro país está viviendo transformaciones muy importantes, en lo económico, lo político y lo social y requiere que todos los paraguayos estemos dispuestos a jugarnos por aquello que creemos es lo correcto, indistintamente de las críticas o los prejuicios.

    Ojalá que estos nuevos tiempos, donde también vivimos un cambio generacional, veamos a más jóvenes alejarse de la indiferencia y participar activamente en la construcción de una sociedad más justa para todos los paraguayos desde el lugar que les toque. No todos deben ser funcionarios públicos, dirigentes políticos o gremiales para colaborar con el país. Indistintamente de nuestras visiones políticas, religiosas o deportivas, deben primar nuestras ganas de que al país le vaya mejor.

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    Publicado por Anónimo | 2 noviembre, 2016, 12:03 pm
  10. El costo de la reelección
    31 octubre, 2016

    El presidente Horacio Cartes admitió su interés en postularse para un periodo. Incluso está dispuesto a violentar la Constitución Nacional, a fin de lograr una enmienda que permita la reelección en el Paraguay. Colaboran con él un grupo de adulones, quienes aparentemente, le hacen creer que su desempeño es bueno y que cuenta con aprobación popular, obviamente, con el objetivo de obtener algún beneficio.
    Para algunos, el real objetivo del mandatario es mantener viva la esperanza a sus adulones de que podría haber la posibilidad de ocupar el sillón presidencial por cinco años más, en el afán de conservar la gobernabilidad, al menos por lo que le resta del mandato.
    Ya hace varios meses, el presidente Cartes ha dejado de gobernar para todos los paraguayos y se enfocó en buscar la forma de permanecer en el poder. En todo el país, trabajadores y estudiantes jóvenes, sector que probablemente es el más mencionado en los discursos políticos del presidente Cartes, fue víctima de violentos asaltos, mientras que otros miles viven el terror en las calles desde que salen desde sus casas para ir al trabajo o a la facultad, hasta su regreso. Esta no es la única falencia. Las precariedades en los hospitales públicos, sobre todo del interior, son causantes de las peores peripecias a miles de compatriotas. En tanto, la educación sigue lejos de ser digna, con escuelas de madera, aulas precarias, falta de materiales, negociados con obras y merienda escolar, y denuncias de politización.
    A los esteños, nos ha tocado pagar un precio alto por la aspiración reeleccionaria del mandatario, dado que este, al buscar apoyo en diversos movimientos, optó por salvar a la intendente Sandra McLeod de Zacarías de una intervención en julio pasado, por numerosos hechos de corrupción. Esto pese al insistente mensaje de transparencia de Cartes.
    Se siguen viendo casos de denuncias de discriminación a escuelas porque sus directores no pertenecen al mismo equipo político que las autoridades municipales, obras que costaron G. 12.000 millones se derrumban, y ahora sin rubor solicitan préstamos para pagar salarios a funcionarios, en una muestra más palpable de la desastrosa administración, ante la más absoluta impunidad y la garantía de que seguirá el blindaje por conveniencia política. A los esteños nos costó caro la búsqueda de la reelección.

    Por Teresa Gavilán.

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    Publicado por Anónimo | 2 noviembre, 2016, 8:01 am
  11. Daños históricos
    31 octubre, 2016

    Las autoridades municipales de Mbaracayú están reuniendo todos los argumentos necesarios para presentar una denuncia formal contra la Itaipu Binacional, ante los daños históricos de la hidroeléctrica en el distrito y ante la falta de compromiso social de sus representantes.
    Si miramos la historia de nuestro país, la política actual, son varios los protagonistas de su época y de la actualidad, que hicieron y hacen un daño histórico a nuestro país. A lo largo de la historia vemos un saqueo constante a Paraguay. Las consecuencias las seguimos pagando todos, los ciudadanos.
    Podría decirse que a causa de estos hechos repetitivos en nuestra historia, muchos creen que esta situación ya no cambia, y que por el contrario, los zoqueteros y vaciadores se vuelven más poderosos y con mejores posibilidades de perpetuarse en el poder.
    Afuera arde el cielo sobre millones de paraguayos, que mueren en los pasillos de los hospitales o en canoas por falta de atención médica, sufren explotación laboral por un salario mísero que no alcanza para cubrir las necesidades básicas, jóvenes que deben abandonar sus estudios por falta de oportunidad, por no nacer en cunas de oro, y que varios de ellos caen en la delincuencia, por esta y más razones estamos en un círculo vicioso, que necesitamos romper.
    El enemigo no está fuera del país, no es el EPP, no es el PCC, el verdadero enemigo es este sector de vividores, chupasangres, que dicen ser “empleados del pueblo”. Estos que se visten de inocentes corderitos para atraer el voto ciudadano y luego actuar por años como el lobo feroz, pero qué malos empleados son éstos, que roban a su propio “patrón”.
    Estamos en el nuevo rumbo, el rumbo a la perdición, donde importan más los intereses políticos que la vida de miles compatriotas, donde el color se impone más que la capacidad intelectual.
    Son varios son los daños históricos que la élite política le hizo a nuestro país, lastimosamente aun no se tiene esa valentía de exigir la reposición de estos perjuicios, como lo hacen los mbaracayuenses.
    Mientras la ciudadanía no despierte, mientras siga vendiéndose por migajas, mientras siga comerciando su voto, seguirá esta dilapidación y todos somos corresponsales al permitir el impune saqueo al país.

    Por Lina Benítez.

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    Publicado por Anónimo | 2 noviembre, 2016, 8:01 am
  12. Nuevo vs. viejo

    En Chile hay dos grandes coaliciones que prácticamente controlan el voto ciudadano, y aunque en las últimas elecciones ganó cuantitativamente una de ellas “Chile Vamos”, de centroderecha, sobre la gubernamental “Nueva Mayoría”, de centroizquierda, surgió en el medio una tercera fuerza que no se plegó a ninguno de los dos grandes pactos y ganó el municipio más grande, Valparaíso.
    Algo similar pasó en Paraguay en las últimas elecciones municipales. El Partido Colorado cosechó la mayor cantidad de votos y en segundo lugar se ubicó el Partido Liberal Radical Auténtico en cuanto a cantidad de municipios ganados, pero los municipios más grandes como Asunción y Encarnación no corresponde a ninguno de los dos signos políticos.

    ¿Qué significa ésto?

    Que además de los electores acostumbrados a dejar las cuestiones políticas en manos de uno de los sectores que se disputan el poder históricamente, van surgiendo grupos de ciudadanos dispuestos a formatear sus cuestionamientos en liderazgos y propuestas alternativas que encuentran rápida respuesta en la colectividad, sin necesidad de trabajo previo de concienciación.

    En un país lejano y democrático de Europa, Islandia, nació, creció y se fortaleció rápidamente el Partido Pirata, que no es exclusivo de ese país, y está integrado por anarquistas, hackers, libertarios y fanáticos de internet. El partido, que afirma no ser de izquierda ni de derecha sino un movimiento que combina lo mejor de cada uno, interpreta que la gente quiere “cambios reales”.

    En ambos países, Chile e Islandia, rige el sistema democrático, en el último más fuerte y sólido que el primero, pero es evidente que aún donde el sistema está consolidado y la sociedad disfruta de un ambiente pacífico próspero y participativo, hay un sentimiento antiestablishment, un disgusto en contra de quienes deciden por ellos por la forma en que lo hacen.

    En Chile, la primera reacción de hartazgo de la gente se expresó en la abstención electoral que llegó a nada menos que el 65%, un mensaje que a todas luces representa la frustración de una ciudadanía politizada, que a pesar de contar con todos los beneficios de la libertad y derechos para elegir, participar y ser elegida en libre competencia con otros, está descontenta y cansada de repetir los ritos de una democracia hueca, sin poder incidir para cambiar los hechos y personajes que son motivos de su molestia.

    Los actuales representantes de estas sociedades muy o medianamente desarrolladas saben lo que deben hacer en funciones pero son incapaces de entender el descontento de sus representados, y menos aún de imaginar las formas de canalizar sus inquietudes. En contrapartida, los nuevos movimientos emergentes tienen como común denominador que claramente se oponen a lo antiguo, a lo que ya conocen, “pero no se sabe muy bien a favor de qué o de quiénes están, más que exigen algo nuevo”.

    Sin entrar en las demandas tradicionales de la ciudadanía, como educación, seguridad, salud, trabajo, honestidad pública y otras, hay un sentimiento en la ciudadanía que forma parte de las demandas emotivas de la gente que se relaciona con la exclusión, el bloqueo a la participación, el ocultamiento y cinismo de los representantes respecto a la incidencia.

    Además hay un stress social con respecto al debate ideológico y programático sobre el qué y cómo hacer y una fatiga colectiva de ver es escuchar a los mismos protagonistas de siempre mintiendo descaradamente a través de los medios o en contacto directo con su audiencia.

    En suma, se trata de algo que nace como resultado del agotamiento social, que solamente se puede explicar como algo que repudia lo antiguo y viejo para probar algo totalmente nuevo, sin importar el riesgo de equivocarse. Si aquí no llega en el 2018, llegará más adelante, pero llegará.

    Por Edwin Brítez

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    Publicado por Anónimo | 2 noviembre, 2016, 5:49 am
  13. El Paraguay que construimos todos

    El problema del Paraguay en la actualidad e históricamente no es por el color de tal o cual partido político, sino de las personas que pertenecen a dichos partidos que, anteponiendo intereses particulares o corporativistas, se sirven desmedidamente de la cosa pública en desmedro del interés general. Se hace la salvedad en respeto de grandes hombres del país que honrosamente son la excepción y que han dado todo por su partido y por su comunidad, por su pueblo.

    La política, los partidos políticos, los movimientos sociales, son necesarios y útiles en tanto y en cuanto breguen por el bien común, respeten los derechos, acepten las reglas de la democracia y el orden constitucional. Hoy día hay gente que cree en los valores y principios doctrinarios de un partido, pero se los estigmatiza con la parte oscura del pasado de su partido. Creemos que no es ya el momento de seguir tirando piedras al cristal desde fuera, sino que cada cual debe asumir su rol, su responsabilidad y trabajar desde dentro para cambiar de la estructura lo que tenga que cambiarse y mejorarse. Esto implica voluntad y compromiso con el trabajo. No tirar más piedras y esconder las manos, ¡No! Es momento de dar la cara y de frente trabajar por un verdadero cambio.

    El problema del Paraguay no es por la fe que profesamos, porque es el individuo el responsable de su fe. Pero como en la política, hay una fe hipócrita, aquella que oculta a un individuo que detrás de la fe maquina y manipula conciencias a favor de sus verdaderas intenciones e intereses. Nuestro país es inminentemente católico, ha sufrido tamaña mentira al haber tenido en su seno un obispo hipócrita, y cuán aún más dañino que desde muchos púlpitos se lo presentó como solución a los problemas del Paraguay.

    Haciendo mea culpa, se reconocen los errores y se los asume, pero no se instrumenta ningún credo, no se manipula al Creador para embaucar a nuestros iguales. Con respeto se ruega que no volvamos a cometer como pueblo católico el mismo error. A las demás profesiones religiosas se invita también a la coherencia de vida, verdadero legado que dejamos a nuestros hijos, a nuestra nación.

    El problema del Paraguay no es por falta de oportunidades, sino más bien la falta de empeño en buscarlas; nos quejamos de la existencia de desigualdades, pero sabemos que en el fondo el paraguayo es inconstante y muy apegado al “péichante”, al “vaivai” y ni qué hablar del “ja transá”.

    Expresamos, con respeto a los cientos de miles de compatriotas que son la excepción, quienes, con principios y valores morales, le da pelea todos los días procurando una mejor calidad de vida para él y los suyos; y orgullosos podemos afirmar que lo consiguen y se la merecen. Creemos firmemente, no inventamos la pólvora, que ese es el rumbo que debemos seguir perseverantemente con todas nuestras capacidades.

    Es momento de que todos asumamos el rol y responsabilidades individuales que nos ocupa en la construcción del Paraguay que todos queremos.

    Ana Riveros

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    Publicado por Anónimo | 2 noviembre, 2016, 5:39 am
  14. Responsabilidades
    02 Nov 2016

    Por Richard E. Ferreira-Candia

    Nuestra historia pareciera que recicla etapas que deberían haber sido superadas y la dureza comprimida en la frase “el infortunio se enamoró del Paraguay”, atribuida a Roa Bastos, se confirma cuando suceden hechos irracionales que ponen en juego el clima social y político.

    El país, en este momento, atraviesa una etapa de tensión, que de no ser frenada por la misma sociedad y los actores políticos, puede convertirse en un mayor problema. No se dimensiona la situación.

    Se pueden enumerar los dramas sociales que deben ser solucionados todavía, pero a los efectos de ser más directos en esta ocasión simbolicemos este momento de crispación social y política, poniendo como ejemplo lo que sucede diariamente. La gente, por ejemplo, está reaccionando para enfrentar los hechos delictivos, especialmente los cometidos por los llamados motochorros; es más, se está armando (literalmente con armas). Esto sucede solo cuando no funcionan las instituciones.

    Mientras tanto, la clase política (siempre dudamos si es adecuado usar “clase”) está enfrascada en discusiones que tienen como objetivo principal unas elecciones que aún están distantes. Ningún sector escapa a esto; todos, absolutamente todos, miran el 2018. Si bien es legítima la búsqueda de poder, siempre será cuestionable el uso de métodos que generen tensión.

    El comandante estaba histérico. Ya había pedido dos tazas de café negro, sin azúcar, y aunque intentara frenar su enojo, el rostro revelaba su hastío por situaciones que nada bien hacen al país. Estábamos, como en otras ocasiones, en el altillo del Café Literario.

    -Prefiero tomar aquella frase de Roa Bastos que, al describir a Paraguay le presentaba como una tierra mágica -dije, y recordé: “Todo está rodeado por un halo en cierto modo mágico. A mí, me gustaría invertir la fórmula y decir que la maravilla es lo real en Paraguay. A veces esta maravilla asume contornos, asume estas terribles formas de una pesadilla, pero sigue siendo una pesadilla maravillosa, una pesadilla de la cual nosotros tratamos de emerger como podemos”.

    El comandante hizo una mueca y, tras un largo silencio, respondió: -En este momento, entonces, esa maravilla asume la terrible forma de una pesadilla, porque ahora la situación no es maravillosa.

    Tomó un nuevo sorbo de café y siguió: -Es sumamente peligroso lo que está pasando. Cansada de la inseguridad, la gente empezó a reaccionar y esto puede llevar a un estado irracional en el que cada uno defina por su cuenta qué hacer.

    La gente está instando a armarse y festeja cada vez que una persona detiene, de la forma que sea, a un delincuente; ya no solo cuestiona el trabajo de las instituciones encargadas de la seguridad; está haciendo justicia por mano propia. Esto no puede llevar a nada bueno. Los asaltos serán cada vez más violentos y ya están ocurriendo tragedias. Ojalá esto se pare.

    Solo atiné a decir que tenía razón. El comandante continuó: -Mientras la sociedad, asustada, desea defenderse y los problemas sociales siguen siendo una dolorosa realidad, carecemos de responsabilidad política, acorde a la función que los políticos, sean estos gobernantes, parlamentarios o dirigentes, deben tener de cara a la sociedad.

    Tomó su último sorbo de café, hizo una seña a nuestro amigo el mozo, quien entendió enseguida que pedía otra taza, se acomodó y siguió: -El enfrentamiento político se volvió moneda común. El problema de fondo es que estamos en un estadio en el que se percibe que la “clase” política viola el principio que debe mover a la política: ser útil a la sociedad y buscar el bien común.

    -Coincido con usted, le indiqué, pero fue como que no me escuchó. Siguió analizando: -El mayor problema se centra cuando se deja de lado ese principio y se busca llegar, por el medio que sea e imponiendo, al objetivo personal o sectorial político que se tiene. Y lo que rodea ese entorno es dañino para la misma clase política y, en especial, para la sociedad.

    El comandante no me dejaba hablar. Continuaba sin parar su intervención: -Es necesario trabajar en torno a la responsabilidad social ciudadana, sobre todo para que este estado tenso sea superado. Pero para ello es necesario que también la clase política asuma la responsabilidad que le corresponde.

    Añadió que existen divisiones respecto a la responsabilidad en el entorno político. Está la personal, la institucional y, si esa misma persona es parte de una institución, incluso la legal, si viola las normas legales, dijo y agregó: -Además, está la responsabilidad política, de la que ningún político puede estar ajeno, esté o no en función de poder. Esa responsabilidad política, en un estado democrático, además de ser cuestionada o valorada, debe ser medida constantemente por una responsabilidad social democrática, especialmente en las urnas. Eso.

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    Publicado por Anónimo | 2 noviembre, 2016, 5:28 am
  15. El poder del símbolo

    Por Edwin Brítez

    El oficialismo organizó una convención para mostrar que conserva la mayoría absoluta en el Partido Colorado, y que este es capaz no solo de hacer ganar a un candidato a presidente sino también de destituir a los ministros, inclusive de forzarlos a renunciar a sus partidos y hacerlos colorados para que el correlí pynandí sienta el derrame de poder desde arriba y vuelva a sentir el entusiasmo de que por sus venas corre la sangre del poder que le da vida.

    Con este relato de que el partido está vivo y manda de verdad, el oficialismo trata de demostrar la falsedad de la teoría de que el mismo fue alquilado y luego comprado por el dinero de Cartes y que quienes mandan no son los colorados sino los gerentes de sus empresas.

    Inclusive trata de echar por tierra la versión de que la “selección nacional” está integrada solo por técnicos y no políticos, porque hasta al más pintón del gabinete, egresado de universidad norteamericana, ahora está obligado a mostrar al pueblo colorado que en adelante debe vestir la camiseta del pensamiento único para tener derecho a continuar en el cargo.

    El objetivo de la convención fue matar todas estas teorías y mostrar que el propio Cartes estuvo a punto de arrodillarse frente a la convención para preguntar qué quieren que haga y efectivamente lo hizo, como por ejemplo el despido indecoroso y grosero de uno de sus ministros y la sanción de los legisladores que se salgan de la horma en las votaciones parlamentarias.

    La convención fue organizada en términos de símbolos y no de referencias institucionales, razón por la que a muchos nos cuesta entender cómo un presidente de la República, con la investidura que tiene pudo hacer lo que hizo, y un partido político pudo presenciar y participar en todo lo ocurrido, como por ejemplo descuartizar la institucionalidad de la república.

    Sabemos que el símbolo más generalizado es el idioma y que la gente de este país entiende lo que dice el otro por hablar el mismo idioma. Todos esperamos entender lo que pasó en la convención colorada ateniéndonos solamente a la palabra, pero además del símbolo palabra, la convención utilizó otros símbolos que solamente entienden los colorados.

    Por eso no podemos entender que el presidente destituyera a un ministro en un discurso político a pedido de un hurrero, o que obligara a un secretario de Estado a renegar de sus convicciones políticas y humillarse frente al coloradismo cartista firmando una solicitud de afiliación a cambio de un cargo, exhibiéndose frente a la foto del general Caballero como si este fuera su abuelo y no los liberales que dieron vida a sus padres.

    Mediante este ejercicio simbólico, a partir de ahora la palabra afiliación es sinónimo de idoneidad para la función pública, el pañuelo rojo al cuello representa la lealtad, la palabra convencional es sinónimo de poder y la palabra partido equivale a mandar. Finalmente presidente de la república ya no significa Mandatario, sino mandadero de una corriente dominante del partido al igual que los miembros del gabinete.

    Todo esto supuestamente para buscar la reelección de Cartes, haciendo aparentar cerca lo que está cada vez más lejos y que en realidad es para que el actual presidente mantenga adherida a su persona la mayor cantidad de serviles, tratando de ganar tiempo al tiempo, de manera que llegado el momento el Gran Hermano se pueda convertir en el Gran Elector, teniendo ya esta vez no solo la convicción de la chequera abierta sino la guacha para corregir a todos los descarriados.

    Retroceso como le llaman y que muchos grandes pensadores del momento se niegan a admitir.

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    Publicado por Anónimo | 2 noviembre, 2016, 5:25 am

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