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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Este país

Que el país esté mal no es novedad. Tantos minutos en televisión, radio, líneas en medios impresos y digitales, hacen que este tema sea uno de los preferidos en cada reunión en donde uno o más compatriotas estén conversando sobre cuestiones de actualidad nacional.

Que la responsabilidad sea de los políticos de turno tampoco es una novedad que pueda llamar la atención en este esquema, en donde se pone de manifiesto el robo o el hecho indignante del día, para pasar casi de inmediato a nombrar las desgraciadas gestiones de los que deberían administrar adecuadamente nuestros recursos y no lo hacen.

Es tan potente esta combinación, que si tuviéramos tiempo y recursos para una investigación profunda, tal vez ya esté superando el análisis climático como punto de partida de las charlas de todo tenor en Paraguay.

A fuerza de una honestidad inquebrantable, los motivos de la conversación (recordando los hechos que son noticia y preocupan) son absolutamente reales y verdaderamente preocupantes. También es sano que se busquen responsables ante situaciones que son verdaderamente dramáticas y que requieren de políticas públicas que apunten a solucionarlas.

El motivo de estas líneas busca un factor que corre de manera paralela al desarrollo de este razonamiento: el facilismo con el que intentamos despegarnos del compromiso que tenemos en que las cosas sigan este curso. Como si al ser parte de la sociedad no tuviéramos ninguna obligación para que esto cambie. O peor, el reduccionismo extremo de decir: “sigan votando a los mismos”, como si el resultado electoral fuera el único elemento de transformación válido en una comunidad.

La rúbrica de este pensamiento se resume en dos palabras “este país”. “Este país” es un término que empleamos para referirnos despectivamente a los hechos que nos agobian periódicamente y de los que estamos hartos pero de los que no nos hacemos del todo responsables.

Para ser más claro en la idea, siempre es bueno recurrir a los ejemplos. Si adoramos el arte de exponentes mundiales como Berta Rojas, en la descripción de su talento decimos “orgullo de nuestro país”. Inmediatamente en la expresión nos subimos a su éxito global, y consideramos que sus logros son parte del colectivo, como si en algo hubiéramos colaborado a su desarrollo profesional. En contrapartida, al ver que el Paraguay ocupa uno de los lugares más destacados en el ranking de corrupción, decimos: “este país”, acompañado de una serie de adjetivos que califican de la peor manera el desempeño de nuestra sociedad.

Repito para que quede claro y que no se tome de la peor manera este simple aporte al debate: nuestra realidad cotidiana es preocupante y la responsabilidad principal la tienen quienes administran nuestras instituciones.

Pero, he aquí el punto, tampoco somos tan inocentes o estamos absolutamente al margen de lo que ocurre.

Pasa en cosas más simples que el hecho de ir a votar por gente incapaz o corrupta. Sucede cuando nos indignamos por la corrupción imperante pero devolvemos el boleto al chofer o queremos colarnos en la fila por avivados. También ocurre cuando intentamos evadir los canales establecidos, buscando una salida más rápida, o recurrimos al amigo que nos puede dar una mano en un momento de desgracia. Se consolida cuando nos indignamos, pero cual fariseo, salimos a llorar públicamente las penas pero no nos comprometemos efectivamente con el proceso de cambio.

Sería maravilloso que “este país” deje de ser un país ajeno a nuestra realidad y que comience a formar parte de la retórica y el trabajo para que se transforme en nuestro país. Con virtudes de las que nos enorgullecemos y defectos, para los cuales nos involucremos en un trabajo real que tenga como objetivo el cambio. Desde la construcción de ideas, algo que parece absolutamente insulso, podemos establecer un compromiso mucho más profundo que devenga en calidad de vida para todos. El desafío es ponerse manos a la obra.

Por Pablo Noé

Este país

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

2 comentarios en “Este país

  1. Pasquines del siglo 21
    09 Oct 2016

    Por Clari Arias
    Las redes sociales se han convertido en el escenario ideal para denostar contra el enemigo, ya sea con la responsabilidad plena de una identidad verdadera o a través de perfiles falsos (los favoritos a la hora de calumniar). Nadie está a salvo de un fulminante tuit o de alguna encendida publicación en el muro del Facebook, y cuánto mejor si se acompañan con fotos comprometedoras o escabrosas. En términos literarios, estamos viviendo nuestra propia versión de “La mala hora”.

    El premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez publicó la novela “La mala hora” hace ya más de cincuenta años, inspirado por los descabellados hechos de violencia en Sucre, un pueblito en el que le tocó vivir junto con su familia, y que cada mañana sufría con las publicaciones anónimas de panfletos que denostaban contra la moral y la integridad de sus más connotados habitantes. Hoy, con toda la masividad de las redes sociales no hace falta pasar al mimeógrafo ningún documento, y mucho menos hace falta esperar la romántica oscuridad para pegar los pasquines por paredes y puertas, sino que sencillamente con un teléfono móvil e internet se pueden herir de gravedad las más ilustres reputaciones.

    Hace pocas horas, el senador Adolfo Ferreiro se anotó como una de las últimas víctimas de los pasquines en las redes sociales cuando, desde un perfil en el Facebook, publicaron una fotografía en donde el senador posaba con una totémica mujer, acusando a esta de ser su “paquita”, y que gracias a esa “relación” su hermano el intendente le dio un puesto municipal a la susodicha. Debo admitir que mi primera reacción a la publicación fue un sentimiento de insana envidia hacia el senador, ¡ya que la señorita en cuestión tenía más piernas que toda la selección nacional! El senador Ferreiro no tardó en reaccionar ante la publicación y respondió en el Twitter, desligándose de la cuestión al aclarar que no tenía ningún tipo de relación con la hermosa dama de la foto (en realidad las fotos, porque aparecieron dos). Con el trascurrir de las horas se confirmó que la publicación era una patraña de inicio a fin: la mujer no es la novia del senador y no trabaja en la Municipalidad de Asunción. ¡Fin de la envidia!

    Pero no solo las redes sociales sirven para calumniar. Aunque arcaicos, más peligrosos y más costosos, los pasacalles han resurgido en los últimos tiempos como forma de ensuciar reputaciones. En la semana que pasó me llamaron la atención dos pasacalles que se colgaron en distintos puntos de la ciudad, aunque con la misma intención, dañar la reputación de ciertos médicos de nuestra sociedad.

    Uno de esos pasquines colgantes hablaba de un reconocido doctor al que acusaban de acosador de sus colegas y alumnas, situación difícil de creer, ya que su trayectoria es tan intachable, que lo ha llevado a ocupar los cargos más importantes en su área (salvo el Ministerio de Salud). Otro pasacalle madrugador fue colgado en el centro de la ciudad y se refería a una supuesta relación extramatrimonial entre dos médicos del Hospital de Clínicas. Fue al momento de ver ese trapo calumniador que entendí que esto podría tratarse de una campaña de terrible maldad, encarada vaya uno a saber por quién, pero que claramente tenía su epicentro en la Facultad de Ciencias Medicas de la UNA y el motivo podría ser el terremoto llamado #unanotecalles.

    Nadie en esta tierra puede predecir lo que mañana se publicará en las redes sociales o en un pasacalle. Y nadie puede creerse blindado de una injusta calumnia en estos días en donde una reputación construida por años, con la paciencia de un orfebre, está en manos de algún resentido del teclado. Es triste, pero es el siglo que vivimos.

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    Publicado por Anónimo | 9 octubre, 2016, 8:47 am
  2. Una era de merde
    Por Arnaldo Alegre
    Y en el séptimo día, Dios –regocijado en su obra y adormilado por la modorra de la tarde libre– se relajó e inventó las redes sociales. Cuando se dio cuenta, ya era tarde…
    Parió sin querer millones de fraudulentos émulos suyos que reparten desde los albores de la era digital sabiduría descocada, arrogancia sin sustento y un indisimulado encono inconsecuente contra todo lo que respire, excepto ellos, porque, hay que decirlo, la autocrítica es un lujo en el cual se niegan a caer con el entusiasmo enfermo del converso.
    En el mundo virtual no hay ideas, solo consignas: no hay proyectos, solo arrebatos. Que de tanto en tanto den buenos frutos, como las manifestaciones contra el tercer aguinaldo en la Cámara de Diputados, es de pura suerte.
    Mentamos con ligereza a la pena de muerte y exigimos purgamientos bestiales a un Estado que apenas está aprendiendo a construir rutas, al mismo tiempo que nos untamos con dosis diabéticas de mensajes voluntaristas en que el hombre es la mayor creación del universo y que su grandeza solo depende de su menguada predisposición, y no de un contexto social, político y económico facilitador.

    La intolerancia es tremenda. Nos llenamos con imágenes de amor al prójimo, de bucólicos mensajes de convivencia en el paraíso de lo políticamente correcto; pero ante la irrupción de cualquier minoría (en especial, la sexual, tema que sigue chirriando nuestras mentes cristianamente culposas) se impone la mayoría aplastante que al unísono grita: “Te queremos… pero bien lejos y si es posible empalado, porque te gusta luego, rarito”.

    Y la religión es la madre de todas las batallas. Junto a su hija opa, la nacionalidad pueril. Puede que el bautismo propio haya sido el último acto religioso al que asistimos, pero si nos tocan a la Virgencita Azul nos ponemos la tricolor en bandolera y nos clavamos una escarapela en el pecho desnudo para, tras robar el caballo al mismísimo mariscal López, arremeter contra los infieles que osan mancillar nuestras fibras más íntimas. Podemos reírnos de lo que son y creen los demás y alquilamos el infierno para los infames, pero si somos víctimas de los dardos ajenos, exigimos el respeto que no nos atrevemos a dar.

    Baudelaire afirmaba que se han negado al hombre dos derechos humanos fundamentales, el de contradecirse y el de mandar todo a la mierda (en francés suena mejor). El poeta fue reivindicado en parte por las redes, pues allí la merde es un destino muy requerido, con vulgar afán adolescente

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    Publicado por Anónimo | 9 octubre, 2016, 8:13 am

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ÑE’ÊNGA ✓

Gracias jakarupa rireguánte.8/12/16

Dejó sin pierna a motociclista y ahora suspenden el proceso

En este país, la Justicia solo trabaja medio día y a veces, ni trabaja.
Moraleja: Si tenés guita no hay problema chera'a. Kore qué injusto!
Justicia paraguaya... Paga 6 millones como "pena" por dejar sin piernas a una persona y casi dejarlo sin vida. Por algo somos la tercer peor justicia del mundo.
Un borracho platudo choca con su autazo a un humilde trabajador, a quien se le amputa su pierna y solo tiene que pagarle 6.000.000 de guaraníes, en cuotitas. Manejas alcoholizado y... Conductor pagará G. 500.000 mensuales tras choque que dejó sin pierna a guardia. Independientemente que haya habido ya un acuerdo con la víctima, qué suaves (¿?) son los castigos para conductores alcoholizados. Después dicen que el dinero no trae la felicidad.

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Banquina llena de botellas plásticas y otros desperdicios arrojados por peregrinantes. Triste realidad! La fe mueve montañas, los peregrinos... Basura #lamentable

La ambición por el poder da amnesia ... 10 años después este es el "nuevo rumbo" de Lugo, los tiempos cambian y los intereses también, jamas los politicos mantienen su palabra empeñada, sencillamente nadie resiste un archivo! Peligro para el país, sólito se está haciendo su tumba, vergüenza me da esta clase de políticos.

En San Lorenzo el cretinismo toma forma de micro que se adelanta en doble línea en pleno cruce... Consuelo: peores cosas hacen con sus chatarras todos los días

Es el primer día del pesebre y el camello ya está harto de todo. (?)

Se le armo el scrache social al borracho Alvarenga. Alto representante legislativo, "de pedo" no mató a nadie. Ndo jerai gueteri, hesa pili'upapeve omoco el guai... por eso que hasta el árbol vio que se le puso en el camino (?) Que imprudente el árbol, imputenlo por exposición al peligro, seguro era un árbol peregrinando! Lo que es la naturaleza, hasta un árbol salió huyendo de un posible accidente. Ha koa la ñande legislador, los primeros en respetarlas las quebrantan... lamentable. Cada idiota que tenemos en el país. Un criminal de raza y harto-peligroso el Diputadete éste, igual a todos los de su camarilla de farsantes y estafadores. Con "chapa cambiable"? En un país serio, estaría preso y sin permiso para conducir de por vida o presentando su renuncia a la Cámara Baja. Es un asesino potencial. Burro, borracho y cobarde. Hombre escombro.

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