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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Repudiable decisión de los “representantes” del pueblo

Cada vez se impone más la pregunta: ¿cómo es que con creciente frecuencia una gran parte de la ciudadanía, es decir, el “pueblo”, cuestiona indignada la decisión de los diputados y senadores, es decir, de sus “representantes”?

En efecto, los legisladores se complacen en invocar a boca llena que son “representantes del pueblo”. Pero, en la práctica, no representan a nadie más que a su clientela particular. No promueven más que lo que conviene a esta y a sí mismos. El interés general, el de los habitantes del país, no pasa de ser una mera fórmula en sus repetitivas y cansadoras frases de oratoria barata.

Por si faltara volver a demostrar este aserto, una mayoría de miembros de la Cámara de Diputados acaba de aprobar un proyecto por el cual les concede a sus funcionarios un tercer aguinaldo. En la misma sesión en que concedieron alegre y despreocupadamente este pedido a sus “cuates” de oficinas y pasillos, no pudo tratarse el proyecto de ley que se refiere a conceder fondos para encarar las emergencias de la infraestructura educacional –o sea, para mayor claridad, las escuelas que están amenazando ruina– porque los señores “representantes del pueblo” se retiraron convencidos de que ya cumplieron con su patriótica tarea del día al incrementar los salarios de sus paniaguados. Solo este episodio es suficiente para pintarlos de cuerpo entero.

Yendo a la cuestión de fondo: el Art. 243 del Código Laboral prescribe que “queda establecida una remuneración anual o aguinaldo…”. En español el artículo indefinido “una” representa la cantidad correspondiente a la unidad, al número uno (1); por consiguiente, dos o más aguinaldos serían claramente contrarios a la letra de esta disposición, aunque se los disfrace como “gratificación” o cualquier otra palabra rebuscada.

Esto es así porque el sentido que tiene la remuneración denominada “aguinaldo” no es meramente económica sino esencialmente social. Nació como recurso para cumplir funciones que guardan relación con la época de fin de año, con base en experiencias que demostraron que una remuneración extra en ese momento estimulaba las motivaciones psicosociales positivas, incrementando los beneficios anímicos de los trabajadores.

Para complicar más este turbio asunto, ocurre que la mayoría de los funcionarios que los diputados quieren beneficiar (sacando el dinero del bolsillo de los contribuyentes, no de los propios) no cumplen ninguna función digna de mérito en la institución que los tiene anotados en sus planillas, sino que son meros parásitos de la función pública. Y por no hacer nada reciben salarios y dos aguinaldos, al que ahora podrían sumar uno más; y en dos o tres años –si este grosero abuso no se detiene de plano– nada les impediría negociar un cuarto; y así sucesivamente.

¡Qué gran ejemplo de ética hubieran dado los diputados si, en vez de hacer un agujero en el Presupuesto nacional, renunciaran a parte de sus emolumentos para engrosar el de esos funcionarios a los que tanto aprecian! Pero eso es algo impensable. Para eso está la bolsa de boca ancha del Presupuesto, financiado con el esfuerzo de los contribuyentes que realmente trabajan.

Pero la situación se torna aún más indignante para la gente no solo porque se premiará a quienes no merecen, mientras cerca del diez por ciento de la población se halla inmerso en la pobreza extrema, sino también porque, según acaban de enseñar los diputados, decidir sobre el dinero extra para la clientela es, para ellos, más importante y urgente que resolver el tema de la refacción de las escuelas y colegios que están desmoronándose sobre la cabeza de docentes y estudiantes.

Esta manera de actuar retrata con fidelidad fotográfica la raquítica mentalidad que posee esa gran mayoría de diputados. Su miopía les nubla la vista y les impide divisar todo lo que no esté dentro de sus intereses particulares o partidarios. En este caso particular, de 67 diputados presentes, solo dos, Hugo Rubin (PEN) y Ramón Duarte (Frente Guasu), tuvieron la sensatez y el coraje de oponerse al populista proyecto de distribuir más prebendas a costa de los contribuyentes.

Después del estallido de repudio que produjo en las redes sociales, la ciudadanía quedará aguardando el comportamiento de los senadores en relación a este inicuo proyecto. Si lo sancionan, como esperanza de justicia restará solamente el veto presidencial. Si el despropósito prosigue y culmina con el éxito final, los habitantes de este país tendremos que prepararnos para la avalancha de solicitudes para saquear los fondos públicos que veremos descargarse sobre las cámaras legislativas.

La única forma de frenar el accionar de estos sinvergüenzas que se autodenominan “representantes del pueblo” es haciéndoles sentir, en cada ocasión que se presenten en los lugares públicos, el repudio de los ciudadanos y las ciudadanas por su impúdico desempeño.

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/repudiable-decision-de-los-representantes-del-pueblo-1523587.html

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

32 comentarios en “Repudiable decisión de los “representantes” del pueblo

  1. Irresponsabilidad del Senado

    Paraguay ha sido dañado durante décadas por posturas políticas mezquinas que afectaron a la gente, que es la que sufrió y sigue sufriendo por la desidia y el capricho político.

    Esta práctica asociada a la irresponsabilidad es la que estanca todo proceso de desarrollo. El nivel de pobreza, de falta de infraestructura y la carencia en varias áreas como la educación y la salud, son producto en gran parte de esa política tenebrosa de imponer criterios electoralistas antes que técnicos.

    En el país, hay que advertir, de nuevo está de vuelta esta práctica, que es aplicada por sectores que hacen prevalecer intereses partidistas electorales antes que las necesidades reales y urgentes de la ciudadanía. Existe egoísmo y, sobre todo, una tremenda irresponsabilidad al adoptar decisiones al solo efecto de poner “el palo en la rueda”.

    En este caso, no se puede dejar pasar por alto una situación sumamente grave. Debemos ser claros y apuntar sin lugar a dudas que fue irresponsable la decisión de una mayoría del Senado, integrada por colorados disidentes y parlamentarios de la oposición, al rechazar el pedido de crédito de 200 millones de dólares al Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para obras programadas por el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC).

    Puede ser considerada sorprendente la postura, pero no lo es tomando el anuncio que habían realizado varios senadores al señalar que tienen planes de rechazar todas las propuestas del Poder Ejecutivo sencillamente por una cuestión política. Y ese anuncio se está cumpliendo, lo que se convierte en un grave inconveniente a la concreción de los proyectos vigentes.

    Es incomprensible el argumento esgrimido por los senadores que hasta evitaron que hablen sus propios colegas que iban a defender el proyecto. Sostienen que existió desprolijidad y que algunos aspectos no estaban claros, cuando que ese mismo tipo de proyecto de crédito es el que venía aprobando el mismo Senado.

    A todas luces, como señalara el ministro de Hacienda, Santiago Peña, la decisión de la mayoría del Senado fue por una cuestión política electoralista. Este hecho fue incluso reconocido por uno de los parlamentarios que votó en contra: el senador Hugo Richer.

    Es la prueba más palpable que la ciudadanía está en manos de un estamento que hace primar la cuestión política antes que la solución a las necesidades, como la imperiosa urgencia de mejorar la infraestructura.

    Para el Poder Ejecutivo, está claro que el rechazo del pedido de crédito fue una “decisión política que no tiene ningún sustento técnico”, a decir del ministro de Hacienda, quien sostuvo, además, que “refleja la desconexión que existe entre un sector de la clase política con la realidad y necesidades que tiene la gente”.

    Hay que señalar que, además de la desconexión con la realidad de la gente, es evidente que la política de frenar todo lo bueno que se está haciendo es la práctica que decidió impulsar la disidencia colorada y la oposición.

    Las posturas y hasta los enfrentamientos políticos son normales en toda campaña electoral, pero es detestable cuando la víctima es la ciudadanía. Aquí, como señala el Gobierno, se intentó enviar un mensaje al Poder Ejecutivo, pero más claro es que el afectado no es este poder, sino la gente. La decisión del Senado dejará sin trabajo a unos 50 mil obreros y numerosos proyectos de construcción en Asunción, Central y el interior del país.

    A las críticas al Senado se han sumado varios sectores, entre ellos la Cámara Paraguaya de la Industria de la Construcción (Capaco), cuyo titular, Jorge Moreno, reveló que el Parlamento y el Ejecutivo habían acordado realizar una línea de inversión anual que ahora no fue respetado. Moreno dijo que la clase política debería de comprender que las obras trascienden los gobiernos e indicó que como mínimo los senadores deberían explicar sus acciones.

    Lamentó que en cada gobierno pase lo mismo, en el sentido que cuando va llegando el período electoral se va politizando absolutamente todo y se perjudica de manera directa a miles de obreros que están trabajando de forma directa e indirecta en la construcción. Recordó, igualmente, que las empresas, apostaron todo su capital a la adquisición de tecnología y con la paralización de las obras se quedarán sin la posibilidad de pagar las cuotas de los créditos que realizaron. El problema es grave y no se limita a la cuestión política, sino también la decisión del Senado repercute en la economía.

    Finalmente, se debe indicar que la ciudadanía no puede quedar sin reaccionar ante este tipo de acciones que están sustentadas en la mezquindad y la irracionalidad.

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    Publicado por Anónimo | 17 octubre, 2016, 7:37 am
  2. Presupuestívoros

    Por Blanca Lila Gayoso

    Según el diccionario, los herbívoros, son las especies que se alimentan de hierbas, mientras que los carnívoros, se nutren de carnes. De modo que los presupuestívoros, son los que viven del presupuesto de la nación. Dicha calificación se atribuye al ya fallecido político liberal, Fernando Levi Ruffinelli, quien inventó el término para referirse a todos los personajes, que de una u otra manera, se cuelgan de las arcas del Estado, percibiendo varias remuneraciones.

    A lo largo de la historia de nuestro país, en los diferentes gobiernos, sean colorados o liberales, aparecieron y siguen apareciendo, con excelente salud, estos especímenes, de difícil extinción. Generalmente, se colocan en cargos públicos, donde casi no realizan ninguna función, pero reciben jugosos sueldos, fruto de los impuestos que pagamos todos los contribuyentes. Muchos de estos ejemplares se hicieron millonarios con el dinero del pueblo, sin vergüenza alguna. Al contrario, se pasean por los shoppings, viajan a lugares paradisiacos, compran regalos costosos y hacen ostentación de sus bienes. Llevan una vida que no se compadece de la situación social de muchos compatriotas, algunos que se encuentran en extrema pobreza.

    Todo esto, viene a colación, ya que recientemente 69 diputados votaron a favor de otorgar un tercer aguinaldo a funcionarios del Parlamento. La ciudadanía reaccionó indignada por todos los medios de comunicación, especialmente por las redes sociales. El presidente de la República, Horacio Cartes, decidió suspender las gratificaciones en el Poder ejecutivo e instó a los otros dos (Legislativo y Judicial) a tomar medidas similares. Una semana después, los parlamentarios optaron por derogar el artículo de la Ley que les facultan percibir dos o más gratificaciones. Todo, fue resultado de la gran presión ciudadana, que se escandalizó por la lista de los jugosos salarios que reciben funcionarios del Parlamento. No hay que olvidar que ambas Cámaras (Diputados y Senadores) tienen una gran cantidad de “clanes familiares”, amigos, operadores políticos y amantes. Entre todos ellos, se reparten alegremente el dinero del pueblo. En los demás entes estatales también abundan el nepotismo, la clientela política y los recomendados, que son verdaderos presupuestívoros. En su libro póstumo: “El país de la sopa dura”, el recordado Helio Vera, afirma que las únicas instituciones que funcionan en el Paraguay, son el amiguismo, el compadrazgo y el chonguismo.

    Estamos en octubre y 25 entidades ya cobraron 10 millones de dólares en lo que va del año, El escándalo desatado por un posible tercer aguinaldo, detuvo lo que sería una depredación de 12.000 millones de guaraníes, que finalmente no pudo prosperar gracias al clamor ciudadano, Ese miércoles 28 de setiembre tenía que estudiarse el proyecto de Ley para restaurar escuelas y colegios que están en ruinas, pero los diputados prefirieron votar a favor del tercer aguinaldazo. No les importó el tema de la educación, acuciante y urgente en nuestro país. Ni les interesó los colegios y las escuelas que se desploman en las cabezas de alumnos y maestros. Mientras los paraguayos comprábamos porotos y locros para espantar a “Karai Octubre”, los diputados cocinaban un tercer aguinaldo a sus recomendados.

    La ciudadanía ya no se calla ante los atropellos e injusticias. Existe una gran inequidad social, y una inequidad en cuestión de salarios, bonificaciones, aguinaldos y gratificaciones. Lo sucedido con los aguinaldos en los últimos días es una victoria ciudadana. Tenemos que estar alertas y seguir atentos las sesiones de ambas cámaras, donde se debaten importantes temas nacionales. Cuando votan en contra de nuestros intereses estos mal llamados “representantes del pueblo”, tenemos que levantar voces de protestas, salir a las calles y armar líos. De nosotros depende el cambio, y que nunca más votemos por estos sinvergüenzas.

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    Publicado por Anónimo | 12 octubre, 2016, 8:29 am
  3. El poder ciudadano
    8 octubre, 2016 0 35

    Victoria ciudadana podríamos llamar a todo aquel suceso que se logre por presión de la gente común y corriente en contra de lo que racionalmente está mal. Y eso fue lo que exactamente pasó con el “triple aguinaldo” para los funcionarios de la Cámara de Diputados. Veamos algunos puntos.
    El escándalo tuvo gran repercusión y se convirtió en un tema que se debatió ampliamente en todos los ámbitos causando gran indignación, con justa razón.
    La ciudadanía levantó su voz de protesta ante semejante aberración e incoherencia de nuestras autoridades, que negaban aumento salarial a los docentes, pero en contrapartida aprobaban que un sector privilegiado cobrase nada más y nada menos que tres aguinaldos. La noticia provocó repudio generalizado.
    Los diputados habían dado su visto bueno para un aumento presupuestario de G. 12.000 millones, de los cuales G. 8.800 millones serían destinados para el pago gratificaciones extras a su personal. Solamente faltaba el consentimiento del Senado para consumar el “generoso” despilfarro de dinero público que beneficiaría a unos pocos.
    Paraguay es un país donde a cada paso las necesidades están a la vista, donde las familias no tienen techo, agua, comida, salud ni educación. G. 8.800 millones pueden tener un mejor destino que los bolsillos de funcionarios que -en su mayoría- no son más que operadores políticos ubicados por sus respectivos padrinos.
    La ciudadanía tiene más poder que cualquier presidente, político y toda la estructura del Estado juntos, solo es cuestión de confianza y darse cuenta de lo que se puede llegar a lograr en caso de ejercerlo debidamente. Este caso es un buen ejemplo.
    No se esperó mucho para que los diputados, los mismos que votaron a favor de los “aguinaldazos”, salgan a expresar su “arrepentimiento” y a decir que habían cometido un error. Era lo mínimo que podían hacer, la presión ciudadana estaba sobre ellos. Por efecto, el Senado no se expondría al escrache público, por lo que el proyecto fue rechazado y enviado de vuelta a diputados, donde de antemano ya se anunció que el final de toda esta historia sería el archivo.
    Se logró frenar esta perversión política gracias al poder ciudadano, una fuerza que puede sacarnos de ese estado de corrupción en el que estamos sumidos y elevarnos a sitiales donde no nos imaginamos. Esto es solo una cuestión de despertar ciudadano, que más tarde o temprano llegará.

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    Publicado por Anónimo | 12 octubre, 2016, 8:29 am
  4. Satanización

    Los funcionarios públicos comienzan a manifestarse ante el deseo del congreso nacional de terminar con las gratificaciones de los trabajadores del estado, primeramente el funcionariado no protestó porque consideró justo despojar los excesos de la cámara de Diputados del tercer aguinaldo que percibían y que el cuerpo legislativo había aprobado para sus funcionarios, en una determinación arbitraria e injusta. Sin embargo ahora los legisladores acicateados por la prensa y las redes sociales, atacan otros beneficios como las bonificaciones que tienen los estatales y allí ya la reacción no se hizo esperar y anuncian paros y movilizaciones en todo el país, los primeros en manifestarse fueron los trabajadores del Ministerio de Salud Pública.
    En efecto, los funcionarios de Salud llegaron desde distintos puntos del país para manifestarse frente a la sede ubicada sobre la avenida Brasil, en Asunción. En Primer lugar reclamaron irregularidades por parte de la cartera y se manifestaron contra la intención del Senado de rechazar las gratificaciones. Carlos Lugo, presidente de la Federación Nacional de Funcionarios del Ministerio de Salud Pública, indicó que realizarán una marcha desde la sede central, que terminará en el Parlamento. “Hemos recibido en forma vehemente esta intención de derogar el artículo 40 que tenía que tener al menos un estudio”, sostuvo el dirigente. Anunció que mantendrán las protestas en forma intermitente e incluso afirmó que ya preparan una manifestación para la siguiente semana.
    En estos últimos días hemos asistidos a la satanización de los funcionarios públicos y sus remuneraciones, ahora que la ley de acceso a la información permite cuantificar cuanto es el verdadero sueldo que perciben, vemos que existen anomalías muy graves, funcionarios que ganan mucho y otros que apenas les dan para vivir. Nos parece bien que se controle el dinero público que es dinero del pueblo, pero lo que no está bien que se utilice esta campaña de sanear la administración del estado para atacar conquistas laborales logradas hace años, este movimiento avieso es querer desviar la atención presentando algo que está mal como algo catastrófico para la nación, como que la economía del estado se va a robustecer ahorrando la compra del papel higiénico o no comprando los botellones de agua para el bebedero público.
    Mientras la verdadera sangría se da en otros campos, como la venalidad en los controles aduaneros, que no permiten cobrar todo lo concerniente a impuestos por ingreso y egreso de mercaderías, obviamente los maletines cargados de dinero sigue abonando la cuenta de los personeros afines del gobierno. En este sarao también bailan los empresarios cuyas grandes empresas se benefician con la subvaloración fiscal. Por eso estas investigaciones no aparecen en la tapa de los periódicos, es mucho más fácil atacar a los corruptos funcionarios del estado que está bien y de paso derogar estas conquistas laborales que al mismo tiempo constituye una competencia inadmisible para los empresarios con relación al sueldo de hambre que pagan a sus trabajadores.

    Andrés Granje

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    Publicado por Anónimo | 12 octubre, 2016, 8:28 am
  5. Epifanía

    No hay otra palabra que pueda definir el cambio de 180 grados que se produjo en la misma mayoría de la Cámara de Diputados, luego de que cinco días antes decidieran conceder un nuevo aguinaldo a sus funcionarios, ahora no solo que revieron radicalmente su postura, sino que fueron contra todos los empleados del Estado.

    ¿Una revelación o acaso una comprensión del sentido real de las cosas? ¿El temor a una reacción más vigorosa de la gente? ¿O quizá un acto más de sinvergüencería que podría cambiarse mañana con una nueva matriz salarial que incluya todo lo que se había corregido?
    Es imposible saberlo con este Congreso. Si hay algo que los vuelve tremendamente poco confiables a los legisladores es la imprevisibilidad de sus actos. Son capaces de todo y, por lo tanto, ni de la epifanía podemos estar seguros.

    No ha habido una sola explicación racional del asalto perpetrado, nadie dijo que estaba mal, que se equivocaron, que escucharon la vigorosa reacción de la gente. Nada. Así como asaltaron al sentido común, así retornaron a colocar lo robado.
    Los temidos sindicatos públicos quedaron paralizados, el ministro de Hacienda absolutamente descolocado. Ninguno renunció a su cargo luego de afirmar que si no se les paga bien todos dejarán su bien remunerado y poco controlado empleo.

    El sindicato de la ANDE no cortó la energía eléctrica, los de la Essap tampoco… resultó finalmente que la revelación más importante es que no eran tan peligrosos y duros como vendían la imagen hacia el exterior. Que los derechos adquiridos no eran tan pétreos ni inmutables.
    La vida sigue igual. Los diputados creen haberle castigado al Ejecutivo, este al Congreso y los únicos decepcionados y tristes, los bien pagados funcionarios públicos.

    El ruido del escrache social aún se siente en el fondo y nadie puede estar seguro en un cargo público en estos tiempos de apertura, empoderamiento y transparencia.
    Nadie, incluso el comandante del Ejército, quien se ha visto obligado por decisión de un juez a dar a conocer su hoja de vida. O la presión que irá contra el BCP para que dé a conocer cómo mide el índice de costo de vida que también considera hasta ahora un secreto de Estado.
    La desinfección comienza a aparecer de manera más constante y permanente. Nadie está a salvo y nada tampoco.

    El salario es lo más evidente, pero hay muchas otras cosas públicas que desde la ley de transparencia y acceso a la información pública han pasado a ser parte del patrimonio de la sociedad que sostiene con sus impuestos a sus mandatarios o sirvientes.

    Corcovearán un tiempo, esconderán otro, pero no lo podrán hacer nunca más por todo el tiempo que desean. Vivimos un cambio de era y los políticos siguen sin darse cuenta del mismo.
    La revelación o epifanía pudo haber sido un hecho trascendente, pero sus efectos se medirán en la medida y proporción que la gente no baje los brazos y continúe con la misma presión.
    No es suficiente con caerse del caballo camino a Damasco como Pablo de Tarso, es preciso que la epifanía lleve al arrepentimiento y la enmienda también.

    Por Benjamín Fernández Bogado

    http://m.ultimahora.com/epifania-n1030283.html

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    Publicado por Anónimo | 12 octubre, 2016, 8:28 am
  6. Feroz reculada
    3 octubre, 2016

    Por: Marilut Lluis O’Hara
    Hay gente que dice que esto de los dobles y triples aguinaldos estuvo montado por Cartes para quedar como el Chapulín Colorado al sacar el famoso decretazo que elimina todos los privilegios de los funcionarios públicos que dependen del Ejecutivo.

    Yo no creo que sea así. Sería pensar que los estrategas del gobierno fueron entrenados por la Mossad o algo por el estilo. Lo que yo pienso es que hubo una soberana reculada debida a la reacción de la gente y los medios de comunicación. Y eso es fantástico.

    Eternamente los paraguayos tuvimos que sobrevivir a pesar de nuestras autoridades, quienes permanecían en sus burbujas, absolutamente ajenas a lo que sentía y necesitaba el pueblo. Los diputados habrán pensado que la cosa seguía igual y que podían seguir haciendo lo que se les antojaba sin que tuvieran que pagar ningún precio por eso. No se dieron cuenta de que la llegada de las redes sociales había cambiado profundamente la historia.

    Y conste que no es la primera vez que ocurre. Ya en el 2014, cuando el Senado pretendió blindar a Víctor Bogado, la indignación ciudadana se hizo sentir con tal fuerza, que sus colegas –o compinches- tuvieron que rever su postura y desaforarlo. Así que ya había indicios de que la ciudadanía paraguaya había dejado de ser boluda e indiferente, o por lo menos, tenía chispas de indignación dependiendo del tema del que se tratare.

    Pero los capos no se dieron cuenta de nada. Y cuando llegó esa indignación feroz en contra de esa bofetada que nos dieron los diputados, se espantaron y reaccionaron de la única manera que podían hacerlo, reculando. Primero Cartes, después Acevedo y al final los diputados; de repente, todos estaban escandalizados por los privilegios inaceptables que tenían los funcionarios públicos y tuvieron que tomar medidas al respecto.

    Algunos amigos dicen que la gente se indigna por los privilegios de los funcionarios y no hace nada con las fortunas que reciben los directores y consejeros de las hidroeléctricas o con lo que roban los capos. Mienten, la indignación es la misma; el esquema de corrupción es el mismo; ese esquema perverso que mantiene al país con paraguayos de primera y de segunda categoría.

    Los ciudadanos honestos de este país han vuelto a ganar una batalla importante en esta cruenta guerra en contra de la corrupción. Si los cambios no han sido más profundos es sencillamente porque la gente aún no se ha dado cuenta del gran poder que tiene, que hace recular a presidentes, legisladores y ministros, como el pobre Santiago Peña que quedó como el bufón de la historia.

    Este es el modo como el viejo esquema va a ser desechado y surgirá un país diferente, con líderes comprometidos con el pueblo y sus necesidades; a través de la presión y el poder ciudadano.

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    Publicado por Anónimo | 6 octubre, 2016, 9:31 am
  7. Hipocresía parlamentaria

    Por Miguel H. Lopez
    La actitud de los diputados de la República es cínica y está cargada de hipocresía. El martes último el pleno y por unanimidad derogó el artículo 40 de la Ley de Presupuesto General de la Nación que establecía la bonificación extra conocida como tercer aguinaldo para funcionarios de instituciones públicas.

    El gesto de los legisladores, que ahora alegan haber cometido un error y no medido los alcances de sus actos (en realidad jamás les importó esto, ejemplos de otros tantos casos de despilfarro hay a borbotones), es de una caradurez tal que si se burlaron aprobando aquella modificación, se vuelven a burlar derogándola.

    Muchos analistas de ocasión instalaron la idea de que la aprobación del tercer aguinaldo –que generó la airada reacción de un gran sector de la población– era parte de una táctica cartista para reposicionar la imagen en decadencia del presidente Horacio Cartes; y que por eso, este salió de inmediato a anunciar que por decreto anulaba todas las bonificaciones y beneficios de los organismos dependientes del Ejecutivo, buscando el beneplácito público con el gesto populista. Lo mismo podemos decir de los diputados, que ahora derogan lo aprobado para dar el kele’e de que escuchan al pueblo y sus reclamos.

    Todo es ficción, parte de un imaginario político-ideológico que busca manipular la percepción de la gente. Original e intencionalmente los parlamentarios en general, honrando siempre las excepciones, solo defienden los intereses mezquinos de poderosos políticos, económicos o mafias; y medran con la necesidad de la gente. La población y lo que ella pasa no les interesa. Aunque en nombre de ella cometen todo tipo de atrocidades.

    Víctor Ríos es el proyectista de la aprobada derogación. Él mismo votó por el tercer aguinaldo. Luego trató de erigirse como el paladín de lo contrario. Gesto hipócrita e incoherencia petulante. Si realmente les interesara la cosa, sencillamente no hubieran aprobado aquella incorporación al Presupuesto.

    Ahora buscarán echar tierra sobre el hecho y calmar las aguas, mientras en silencio vuelven a perpetrar otros abusos y lesiones contra los intereses de la gente. La doblez facial no tiene límites. De hecho, el martes, en un mismo acto derogaron las bonificaciones extras, pero rechazaron la eliminación de la Fuerza de Tarea Conjunta que asuela el Norte en nombre de una fracasada lucha contra el autodenominado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) que solo sirve para gastar millones de guaraníes del presupuesto.

    Decime si no.

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    Publicado por Anónimo | 6 octubre, 2016, 8:57 am
  8. Los políticos deben aprender más de la indignación ciudadana

    Lo que pasó con el proyecto de ampliación presupuestaria aprobado la semana pasada por 69 diputados (con solo dos votos en contra), para conceder un tercer aguinaldo a los funcionarios de Diputados, que mereció un repudio generalizado por parte de la ciudadanía, debe servir de ejemplo a la clase política para estar atenta al sentir popular, expresado principalmente a través de las redes sociales. La propuesta, que debe entrar hoy al Senado, es casi seguro que sea rechazada y volverá a Diputados para ser finalmente desechada ante el escarnio. Los legisladores sufren de este modo otra dura lección por estar alejados de aquellos a quienes dicen representar. Tendrán que aprender a sintonizar mejor con los anhelos de la mayoría.
    Hace apenas una semana, 69 diputados levantaban la mano –con la excepción de Hugo Rubin, del Encuentro Nacional y de Ramón Duarte, del Frente Guasu– para aprobar una ampliación presupuestaria de 12.000 millones de guaraníes, de los cuales 8.800 millones se iban a destinar para pagar un tercer aguinaldo o gratificación a unos 1.300 funcionarios de la Cámara de Diputados.

    La resolución, celebrada con imágenes mostrando a los dirigentes gremiales del Congreso en pose desafiante, provocó la indignación de un amplio sector de la ciudadanía, que consideró la actitud de los legisladores como una verdadera afrenta, al conceder más dinero a una casta de empleados estatales que ya gozaban de muchos privilegios pagados a costa del erario público, mientras la gran mayoría de los trabajadores del país siguen sometidos a salarios bajos y a condiciones laborales indignas.

    La fuerza de la indignación popular, expresada principalmente a través de las redes sociales en internet, tuvo un efecto devastador en lo político. El ministro de Hacienda, Santiago Peña, quien horas antes había argumentado que no podía recortar los aguinaldos extras por temor a una deserción masiva de funcionarios estatales al sector privado, salió a anunciar que el Poder Ejecutivo suspendía todas las bonificaciones de sus empleados y exhortaba a los demás poderes del Estado a seguir el ejemplo. El propio presidente de la República, Horacio Cartes, grabó un video explicando que el dinero que se ahorrará al cortar las gratificaciones irá a las obras sociales, olvidando que el proyecto de Presupuesto impulsado desde el Gobierno contemplaba dichos pagos extraordinarios.

    Los más golpeados fueron los legisladores. Algunos admitieron el error y pidieron disculpas. Otros, como el diputado liberal Víctor Ríos, intentaron corregir su desatinada acción presentando un nuevo proyecto de ley para derogar un artículo de la Ley de Presupuesto y suspender los premios y bonificaciones, los mismos que habían aprobado. Varios senadores anunciaron que rechazarán lo resuelto por los diputados, y los propios diputados anunciaron que, cuando vuelva el proyecto a sus manos, esta vez rechazarán lo que habían aprobado.

    El novelesco y lamentable episodio ha servido para reafirmar el poder de las redes sociales en internet como nueva herramienta de expresión para la protesta ciudadana, junto con los medios de comunicación. Los legisladores, y por extensión toda la clase política, no solo de los mayoritarios partidos Colorado y Liberal, sino también los de sectores que se consideran más progresistas y alternativos –como Avanza País y el Encuentro Nacional (uno de sus diputados votó a favor y otro en contra)–, nuevamente han aprendido una dura lección, por estar tan lejos de los sentimientos de aquellos a quienes dicen representar. Tendrán que aprender a sintonizar mejor con el pueblo, si no quieren sufrir un desprestigio aun mayor que todo lo que merecidamente ya experimentaron.

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    Publicado por Anónimo | 6 octubre, 2016, 8:55 am
  9. Tercer aguinaldo

    Por Edwin Brítez

    La Cámara de Diputados quiso probar, no la contundencia de su poder, sino la capacidad de reacción ciudadana frente a un hecho grotesco: el triple aguinaldo de los funcionarios de esa cámara. A su vez, el Poder Ejecutivo aprovechó la situación creada con el mismo hecho para probar hasta qué punto resulta inamovible el puntaje de impopularidad que le otorgaron las encuestas.

    A simple pulso, se puede notar que la medida de Diputados provocó la repulsa general que lo obligó a dar marcha atrás. Para no ser arrastrada por la corriente de impopularidad, Senadores optó por anular el pago de otra bonificación a sus empleados y de esa forma quedó en la columna del medio. No sé si fue medido o no el grado de aceptación de la decisión del Ejecutivo de prohibir el pago de bonificaciones en todos los organismos del Estado, pero gracias a ello cosechó algunas felicitaciones.

    Ante la opinión pública se instaló a raíz de esto la falsa sensación de que dentro del Gobierno hay una corriente corrupta y otra sana, hay unos malos y otros que los combaten. En consecuencia, a raíz del “aguinaldazo”, los diputados quedan como malos y el Ejecutivo como el bueno.

    Sin embargo, en el caso en cuestión no creo que la realidad se presente de esa forma.

    En la base de la corrupción política hay una clientela que debe ser alimentada. En la tarea de la distribución de alimentos existen muchos intermediarios que se disputan la cantidad y el territorio. Ustedes ya saben cómo funciona eso, de modo que huelgan las explicaciones.

    Algunos organismos del Estado estuvieron repartiendo mucho antes que Diputados las bonificaciones y nadie se escandalizó por ello. Solo cuando Diputados hizo lo propio para alimentar a los suyos, se produjo el despertar ciudadano y fue cuando el Ejecutivo “se dio cuenta” que estaba mal pagar triple aguinaldo.

    Aquí en realidad salió ganando la clientela del Ejecutivo, porque los que ya cobraron difícilmente tengan que devolver el dinero y además porque mientras se aplaudía al Ejecutivo por golpear a Diputados, asumían sus cargos nada menos que en Yacyretá los nuevos clientes del Ejecutivo con bandera colorada al cuello.

    Mucho juego de cintura para hacer creer que “el otro” es el malo y que hay uno bueno a pesar de todo. Pero nada definitivo contra la corrupción, de la cual se aprovechan todos y entre todos se protegen para alternar el acceso a las miles de tajadas del Estado.

    ¿Cuál es la diferencia entre un aguinaldo más en el año a los amigos de Diputados y un sueldazo todo el tiempo a los amigos del Ejecutivo? Éticamente ninguna.

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    Publicado por Anónimo | 6 octubre, 2016, 8:54 am
  10. No es tan fácil

    04 OCT 2016

    Un casi generalizado batir de palmas siguió a la decisión del Presidente de la República de anular el pago de “aguinaldos y otras bonificaciones” a funcionarios públicos dependientes del Poder Ejecutivo.
    Desde esta columna editorial, que ha estado tratando el tema desde hace ya tiempo, sugerimos prudencia a la opinión pública antes de externar cualquier clase de entusiasmo. Y argumentaremos a continuación por qué.

    La estructura salarial en el poder público tiene tal grado de complejidad programada que con un simple decreto no será posible desmontarla ni recortar lo que los burócratas sindicales llaman “derechos adquiridos”. La palma de esta complicación la lleva la ANDE, en donde se cobra por 18 conceptos diferentes, aguinaldos aparte. Veamos: mayor costo de vida, 1.200.000; ayuda habitacional, 2.421.000; remuneración extraordinaria, 1.700.000; bono alimenticio, 750.000; ayuda vacacional, 2.900.000; ayuda alimenticia, 403.000; bonificación familiar, 99.000; bonificación por responsabilidad y disponibilidad, 1.300.000; personal prevenido, 1.500.000; complemento PCC, 2.870.000; anuenio, 1.600.000; otros promedios (¿?), 4.130.000; anuenio aguinaldo, 1.600.000; promedio bonificación por responsabilidad, 530.000; gratificación, 1.200.000; adicional por peligrosidad, 197.000. Se puede eliminar el doble o el triple aguinaldo, pero, de qué sirve si quedan otra veintena de conceptos que siguen vigentes. Y el ente eléctrico no es el único. En el BCP se puede cobrar –entre los salarios más importantes- entre 23 y 42 millones sumando remuneración extraordinaria, ayuda económica por carga de familia, bonificación por responsabilidad, gastos de representación y otros gastos del personal (¿?). Otra perlita, ESSAP. Allí el salario, sin aguinaldos extra, está integrado por horas extra 50%, horas extra 100%, bonificación familiar, antigüedad, insalubridad, alimento, riesgo fronterizo (¿?), responsabilidad por cargo y título. Un panorama similar se observa en prácticamente todas las reparticiones del Estado.

    Si de algo podemos estar seguros es de que esta ingeniería salarial ha sido desarrollada con tal despliegue de detalles y ejercicio de lo que hemos dado en llamar “semántica presupuestaria”, que desarmar semejante andamiaje va a ser más que difícil, casi podríamos decir, imposible. Si cada uno de los ítems salariales descritos más arriba está contemplado en los contratos colectivos, su anulación le podría acarrear al Poder Ejecutivo un rosario de reclamos que inundarían los juzgados laborales, causando además una trombosis administrativa de grandes dimensiones. Tendríamos en las calles a piquetes sindicales cortando el tránsito y centenares de funcionarios parados. Abrigamos la esperanza de que al Presidente de la República lo animen las mejores intenciones. Pero se está enfrentando a un verdadero cártel de burócratas sindicales que han hecho del saqueo del tesoro público una forma de vida, complicidad mediante de políticos inescrupulosos. Veremos.

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    Publicado por Anónimo | 5 octubre, 2016, 8:26 am
  11. El poder y la sociedad
    05 Oct 2016

    Por Richard E. Ferreira-Candia

    Todos los días nos alegramos o nos quejamos de algo que pasa a nuestro alrededor. Es normal que nos moleste alguna publicación, o nos ponga de buen humor alguna noticia que vemos o leemos en los medios, aunque esto último es poco común en estos días.

    Somos parte de una sociedad, somos la sociedad misma, que requiere una convivencia medianamente ordenada. Para que esto funcione se necesita al menos un mínimo grado de comunicación y cooperación. Al buscar noticias, estamos, de cierta forma, intentando conocer qué pasa en la sociedad. O más bien, qué pasa en ella, según el reflejo que brindan los medios de comunicación.

    Sociedad viene del latín “societas”, dijo el comandante, quien interrumpió su explicación para agradecer a nuestro amigo el mozo del Café Literario por las dos tazas de café negro, sin azúcar, que había dejado en una de las mesas en el altillo donde nos encontramos de nuevo para conversar.

    Hablábamos sobre el poder y la disgregación que se observa en la sociedad. No quedó atrás lo que hoy generan los medios de comunicación. Recordamos una vieja frase que sostiene que si leemos tres diarios, es como estar tres países diferentes.

    Hay una suerte de separación de ideas, de luchas, de intereses, una “disgregación mediática” que contribuye irremediablemente a sostener una “sociedad disgregada”.

    El comandante continuó. Necesitamos de otros para vivir y sobrevivir. Y necesitamos de los medios para saber qué está pasando a nuestro alrededor. La cuestión es qué y cómo nos cuentan, y su afecto en la sociedad, cuestionó.

    Los medios, fuera de la importancia que cumplen para informar y denunciar, relatan y colaboran últimamente para crear un estado de confusión, sostuvo y agregó inmediatamente: Esta situación es abonada no solo por los medios, sino por el mismo sistema de poder existente.

    Se tomó un poco de tiempo que aprovechó para sorber un poco del café, miró hacia un costado, pensativo, y luego retomó su análisis: En su libro “La tiranía de la comunicación”, Ignacio Ramonet, ya en los noventa, advertía sobre el cambio en el orden del poder. El escritor, periodista, geopolítico y sociólogo español, en su obra publicada en 1998, sostuvo que “hay crisis y, finalmente, disolución o incluso dispersión del poder, lo que hace que difícilmente podamos determinar dónde se encuentra realmente”.

    Sin embargo, en ese mismo artículo, afirmó que por lo que estaba pasando en el mundo se notaba que el primer poder era el económico y el segundo el mediático. Es decir- enfatizó el comandante- si alguien tiene poder económico buscará el poder mediático para sostenerse y ampliar su poder. Eso es lo que estamos viviendo no solo en el país, sino en el mundo, acotó. Hoy, la información es poder.

    A nivel local, -añadió- en el tercer lugar del poder se puede ubicar a la religión, a la Iglesia (la Católica sobre todo), que si bien no cuenta con medios de comunicación masivos con mucha fuerza, tiene diariamente por su convocatoria y credibilidad un escenario ideal para la transmisión mensajes: las liturgias.

    Hizo una pausa, y continuó: Recién en cuarto lugar se está ubicando, a duras penas, la sociedad, que cree que está en primer lugar. Su fuerza, reflejada cada cierto tiempo en los votos, empieza a cobrar notoriedad mediática sobre todo a partir de la aparición de las nuevas tecnologías que le permite osar en poner en la agenda de debate (por encima de los medios) temas de su interés, aunque está muy lejos aún de conocer el poder que puede tener.

    Pero lo que sucede es alentador. La gente no es tonta y sabe en qué momento estamos. Su reacción es bastante curiosa hacia los medios de comunicación. Ya no discute ni participa activamente, sino que reclama o rechaza a los medios, o a los propios periodistas, cuando sabe que lo que dicen no está siquiera cercano a la verdad. El ciudadano se informa, pero probablemente ya no cree.

    Tomó su último sorbo de café y puntualizó: En la medida en que el ciudadano asuma su rol como ciudadano, e interprete el poder que puede tener para lograr que la sociedad se fortalezca por sí misma, podremos encaminarnos hacia otro escenario. Eso.

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    Publicado por Anónimo | 5 octubre, 2016, 8:15 am
  12. Impulsar una rebelión contra los ladrones de fondos públicos

    Duele admitirlo, pero si en nuestro país los sinvergüenzas se han apoderado de las instituciones, es porque las personas de bien hasta ahora no han hecho lo bastante para impedirlo. Aquellos practican el latrocinio, el derroche, el nepotismo y el prevaricato, sin hallar resistencia en la sociedad civil, como si tales fechorías nada tuvieran que ver con las carencias en salud, educación y obras públicas, ni con el progreso moral y material de la Nación. Esos canallas roban y dilapidan a mansalva el dinero público; instalan a su parentela en los tres poderes del Estado, como si la ley no lo prohibiera ni la idoneidad fuera necesaria para ingresar en el aparato estatal; venden resoluciones judiciales y las investigaciones del Ministerio Público pocas veces culminan exitosamente, como si la justicia nada tuviera que ver con la delincuencia de guante blanco ni con la sanguinaria.

    Por si hubiera hecho falta, por ejemplo las graves irregularidades cometidas por el comandante de las Fuerzas Militares, Luis Gonzaga Garcete, reveladoras del estado de corrupción reinante, demuestran que la indecencia no se detiene ante las puertas de los cuarteles. Al igual que los policías, los militares no pueden protestar abiertamente contra las ilicitudes de sus superiores, aunque el contralmirante Carlos Velázquez haya afirmado el 29 de septiembre, en presencia del citado comandante, que “en el Fortín Boquerón de nuestra patria actual” se anidaron la corrupción y la injusticia.

    Ante esta situación, la ciudadanía, por su parte, tiene todo el derecho de repudiar a cualquier civil o uniformado que abuse del cargo que ocupa, en beneficio propio o en el de sus allegados, porque ocurre que los bandidos no solo se sienten fuera del alcance de la ley, sino también de la condena de sus compatriotas. En vez de ocultarse, se exhiben con todo desparpajo en los lugares públicos, como si fueran unos señores respetables. Entonces, lo que en tal caso deben hacer los decentes, como está comenzando a suceder, es manifestarles que su presencia les resulta indeseable. Si no están en la cárcel, como corresponde, al menos deberían estar encerrados en sus casas y evitar el contacto con sus víctimas, el resto de la sociedad.

    Es lamentable que se deba llegar al “escrache”, pero cuando los malandrines gozan de fueros o están empotrados incluso en el Poder Judicial, con lo que pueden asegurarse la impunidad, es legítimo dar rienda suelta a la indignación mediante el desprecio público. Ya se han dado expresiones de este tipo, pero solo en forma esporádica. Por la higiene moral de la República, es conveniente que ellas se vuelvan sistemáticas, cuando los desfachatados involucrados en escandalosos casos de corrupción se atrevan a exhibirse impúdicamente en los lugares públicos.

    El poder de estas manifestaciones públicas lo demostraron los estudiantes de las universidades nacionales cuando el año pasado se movilizaron para exigir la depuración institucional, y acaban de demostrarlo otra vez los ciudadanos y las ciudadanas que se reunieron frente al Congreso para exteriorizar su rechazo a la ampliación presupuestaria dispuesta por la Cámara de Diputados para otorgar otro indebido aguinaldo a sus funcionarios. Debe recordarse que los primeros provocaron, entre otras cosas, la renuncia y el procesamiento del rector Froilán Peralta, en tanto que los segundos lograron que el Presidente de la República, por de pronto suspendiera el pago de “gratificación” a los funcionarios del Poder Ejecutivo, y que lo mismo hiciera el presidente del Congreso, Robert Acevedo, con respecto a los del Congreso y a los de la Cámara Baja. Por su parte, esta última Cámara se apresuró a aprobar ayer un proyecto de ley que deroga un artículo de la Ley de Presupuesto 2016, que otorga gratificaciones especiales a los funcionarios en general y no solo a los de ese cuerpo legislativo.

    Estos auspiciosos resultados muestran lo que se puede lograr cuando los ciudadanos comunes alzan la voz y salen a las calles diciendo “¡basta!” a la corrupción y al dispendio. Se debe buscar que no le sigan tomando el pelo a la ciudadanía, como acaba de hacerlo el presidente Cartes al ordenar a la Entidad Binacional Yacyretá que nombre a Juan José Vázquez –furibundo stronista y exlegislador– como “asesor en asuntos parlamentarios”, y le regale 26 millones de guaraníes mensuales, evidentemente atendiendo a las próximas elecciones generales. Si el Presidente de la República viene comprando apoyos políticos sin que ello le cause ningún problema de conciencia, que tenga aunque sea la delicadeza de comprarlos con su dinero y no con el de una entidad binacional o con el de los órganos del Poder Ejecutivo.

    Ante esta clase de repudiables dispendios clientelistas, es auspicioso observar que en nuestra sociedad están surgiendo alentadores signos de rebelión cívica contra los groseros desmanejos en el sector público. Es necesario que las organizaciones sociales que deben impulsar las protestas sean firmes y perseverantes en esta tarea, porque si los corruptos actúan noche y día, los honestos también deben velar por sus propios intereses en todo momento, poniéndolos en evidencia ante la opinión pública.

    Se debe poner fin al carnaval con el dinero público y la repartija de cargos del Estado. Los ciudadanos y las ciudadanas ya no deben permitir que les asalten sus bolsillos con toda impudicia, como lo están haciendo.

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    Publicado por Anónimo | 5 octubre, 2016, 8:01 am
  13. Es irracional mantener a 2.000 funcionarios sin hacer nada

    El dato de que hay 2.000 funcionarios del Estado mantenidos en el freezer, es decir, cobrando altos salarios sin que se les asignen tareas por no ser de confianza política del gobierno de turno, confirma que sigue vigente el irracional sistema de contrataciones en la administración pública, en donde cada autoridad que asume incorpora a su propio plantel “de confianza” y relega a los que eran del plantel de su antecesor, al no poder despedirlos por cuestiones legales. Así se va inflando el plantel de trabajadores estatales, con el consiguiente costo para el erario público. Es hora de que los nombramientos sean técnicos y no políticos, y que los proyectos no se trunquen en cada elección. Hay que implantar la institucionalidad por encima de los colores partidarios.
    Un relevamiento de datos realizado por el propio Gobierno revela que actualmente hay cerca de 2.000 funcionarios con altos cargos en ministerios e instituciones públicas que están cobrando sus salarios sin hacer nada, simplemente porque han sido relegados de las funciones consideradas “de confianza” que tenían con las anteriores autoridades; y, al no poder ser despedidos por ser funcionarios de carrera, se los mantiene en el denominado freezer o congelador.

    Lo que sucede en ámbito del Poder Ejecutivo también sucede en otros ámbitos de la administración pública, en el Poder Legislativo, en el Poder Judicial, en las gobernaciones y en los municipios, en donde generalmente cada nueva autoridad que accede a un cargo, ya sea por haber ganado las elecciones o por haber sido nombrada, considera que no debe confiar en los funcionarios que trabajaban en los llamados “cargos de confianza” de su antecesor, y procede a incorporar a su propia gente, creando nuevos cargos e inflando aún más las ya infladas planillas de trabajadores públicos.

    Como no pueden desprenderse de los funcionarios a quienes ha reemplazado como realmente quisieran, debido a que en muchos casos son funcionarios antiguos y gozan de estabilidad laboral, y como tampoco confían en ellos para asignarles otras nuevas funciones, directamente deciden confinarlos a una especie de limbo laboral, en donde diariamente deambulan por los pasillos o se amontonan en algún salón, sin tarea específica, cobrando sus altos salarios sin hacer nada.

    Esta lamentable e irracional situación, humillante para los funcionarios dejados de lado, constituye una de las muchas maneras de desangrar el erario público y además conspira contra la continuidad institucional de los proyectos de gobierno. Cada autoridad que llega al poder desecha la valiosa experiencia que pueden tener los funcionarios de la administración anterior y vuelven a iniciar los proyectos desde cero, en muchos casos cometiendo los mismos errores, solamente porque creen que tienen que dejar su propio sello, pensando probablemente con fines electorales.

    Es hora de ver a la función pública como un servicio al país y no como un botín para cada partido o sector político que llega al poder. Es hora de que los nombramientos de los funcionarios sean principalmente técnicos. Que se tenga en cuenta la capacidad y la idoneidad de cada trabajador y no su afiliación a tal o cual partido. Que cada funcionario público no tenga que depender de la confianza del mandamás de turno, sino del resultado de su trabajo. Que los proyectos de gobierno tengan continuidad en el tiempo y no se trunquen con cada elección. Pensar el país a mediano y largo plazo.

    En síntesis, hay que implantar la institucionalidad por encima de los colores partidarios.

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    Publicado por Anónimo | 4 octubre, 2016, 8:09 am
  14. Roscalandia

    Olvídese del estudio. Deje de romperse la cabeza aprendiendo hasta los últimos secretos de su profesión. No le servirá de nada en Roscalandia. El país oculto, a pesar de mostrarse desvergonzado frente a nuestros ojos, en donde muchos desafían a la lógica al volverse inexplicablemente muy bien pagados.

    Teniendo un término uno puede llegar a ser jefe de cátedra de Medicina o jefa de Investigación en Ciencias de la Salud, careciendo de conocimientos en ciencias y en salud. Y obvio, con una cara terriblemente dura.

    Aprenda a hacer asados, a relacionarse con sus jefes, cultive amigos que después puedan pasarle una mano, en lo posible cargada de billetes. Memorice chistes que generen la complicidad de los caballeros y la dulce socarronería de las damas. Las relaciones sociales son más redituables que los convencimientos morales o ideológicos. Los principios están al servicio de los fines.

    Revise su árbol genealógico. Puede ser que aparezca algún pariente perdido y bien colocado. Cualquier tío abuelo de tercera generación sirve. Despierte a la abuela. Exíjale que recuerde. Se puede sorprender de los secretos guardados en esa tierna cabeza plateada.

    Si el mentado árbol tiene la altura de una ligustrina, no se desespere. Existen otros caminos para el éxito en este país generoso e inconsciente.

    Las afiliaciones partidarias valen su peso en oro. Pero hay muchos vaivenes. Pero, para evitar sorpresas, vea a qué grupo traiciona Diógenes Martínez y sabrá por dónde pasan los vientos alisios del poder. Solo es cuestión de ahuecar las alas y disfrutar del viaje. Cuidado, jamás siga a Romerito. Es garantía de fracaso.

    Existen dos grupos fuertes. Los masones son uno. No se preocupe, es un club de amigos. Ya no encontrará allí revolucionarios o padres de la patria, ni le exigirán mayor catadura moral o intelectual. Es como reunirse en un café con ornatos más sofisticados. Después hay otro grupo muy influyente. Existieron desde siempre, pero ahora tienen una influencia y presencia más abiertas. Ya se dará cuenta cuando sea aceptado en la cofradía. Después está la Santa Madre Iglesia, más hábil en colocar a sus hijos buenos que castigar a los malos.

    Y Roscalandia no opera solo en el ámbito estatal. En el privado nos regala cada joyita que da vergüenza ajena.

    Vamos a hacer un país más equitativo cuando eliminemos las roscas insanas que nos infectan. Estas anulan el mérito, para premiar la mediocridad, el amiguismo y el falso linaje.

    Por Arnaldo Alegre

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    Publicado por Anónimo | 3 octubre, 2016, 7:41 am
  15. Alguien va a pagar

    Hay verdades fundamentales que convienen recordar en estos días, como aquella premisa popularizada en los 80 por la señora Margaret Thatcher, primera ministra del Reino Unido, en referencia a ese “alguien” que debe pagar la deuda pública, y la convicción de que “alguien” tiene nombre y apellido. “Alguien” es cada uno de nosotros.
    Decía Thatcher que “si el Estado quiere gastar más dinero, solo puede hacerlo endeudando tus ahorros o aumentando tus impuestos”. Como de hecho lo hizo el gobierno de Horacio Cartes en un porcentaje del 40%, que fue lo que creció la deuda pública (interna y externa) en solamente tres años.

    Llamativamente no se considera incluido en los números oficiales el financiamiento de obras que se están licitando por la Ley 5074 “llave en mano” y que en total suman más de 1.000 millones de dólares (hasta ahora), sin incluir el costo financiero. Con todo y eso el 40% de crecimiento de la deuda pública supone un aumento exponencial para un país que gasta el 93% de su recaudación tributaria en pagar salarios a funcionarios públicos, dejando apenas un 7% para inversiones, un país que, en pocas palabras, tiene una pésima calidad del gasto.

    Mucho se ha repetido que Paraguay tiene un bajo nivel de endeudamiento con relación a otros países. Ese discurso es como un chicle usado, mascado y vuelto a mascar en la perorata oficial. Pero, además, es un discurso simplista y bastante peligroso porque despersonaliza la cuestión y la convierte en un problema de nadie, cuando en realidad es un problema de todos. Y este problema deberá ser resuelto en mayor medida por la clase trabajadora asalariada.

    Lo dijo hace décadas la dama de hierro, “solo hay dos formas de que el Estado obtenga más dinero para pagar esa deuda: Endeudando los ahorros de la ciudadanía o aumentando sus impuestos”.

    El aumento de los impuestos ya está comenzando y como está diseñada la política tributaria actual, los más castigados serán los sectores medio y bajo y con especial énfasis el segundo; que consume el 100% de sus ingresos en el mes, el que no puede ahorrar un solo guaraní, pero que en compras en el supermercado todos los meses le paga al fisco el 10% de sus ingresos. Cuando al Estado le falten recursos para pagar la deuda, lo que hoy es un 10% será más.

    Por esto y por todas las consecuencias no mencionadas, la ciudadanía tiene derecho a exigir un freno al endeudamiento y a controlar el uso que se hace de cada dólar proveniente de la deuda, que, finalmente, ella pagará con sus impuestos.

    No es una cuestión personal contra las caras visibles del gobierno de Cartes, ni tampoco una “cuestión política”, aún cuando algunos grupos, naturalmente, intenten sacar provecho. No es una injustificada arremetida de los periodistas contra los ministros; es la ciudadanía interpelando a las instituciones estatales que son responsables por hacer un uso eficiente de los recursos. Recursos, que cada elemento del Gobierno no debe olvidar, fueron obtenidos al comprometer seriamente a cada ciudadano de este país.

    Por Paula Carro

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/alguien-va-a-pagar-1524159.html

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    Publicado por Anónimo | 3 octubre, 2016, 7:38 am
  16. Reacción en cadena
    Fernanda Chamorro

    La indignación general de esta semana por las jugosas gratificaciones entre funcionarios de la cámara de diputados (que terminó extendiéndose también a otros funcionarios públicos) surge –al parecer- como una reacción en cadena luego de tantas injusticias en distintos sectores.
    La educación es una de ellas. Al parecer, luego del despertar estudiantil, viene siempre una ola de pequeños cambios agrupados, como si surgieran del resultado de la “enseñanza” de los más jóvenes para los mayores. Estos últimos, cansados de ver al país derruirse y declinar en cuestión económica y demás, también se despiertan, en una época donde los cambios en el pensamiento paraguayo van acelerándose.
    El paraguayo vive cansado; cansado de sus empleados o empleadores, cansado de sus autoridades municipales y de sus gobernantes; pero olvida, ocasionalmente, que él es quien elige a quien contratar y por quien ser contratado; olvida que él, en cierta forma, también “contrata” a sus gobernantes mediante el derecho a voto que debería ejercer con conciencia cada cierto tiempo… Pero el paraguayo también olvida rápido.
    Olvida todas las demás gratificaciones y puestos corruptos que han sido descubiertos; si no los olvida, simplemente los deja a un lado para indignarse por otras cuestiones. Lo bueno sucede cuando acciona, cuando se expresa, sale a las calles y grita a los cuatro vientos su opinión, habla con rabia mediante las redes pero al mismo tiempo materializa esa rabia y vence a la injusticia.
    Eso sucedió esta vez, la “frescura” entre diputados colmó el vaso y fue como una bofetada que despertó del letargo a todos, desde el funcionario administrativo del sector privado hasta al obrero que no cobra siquiera el salario mínimo.
    Viviríamos en un verdadero país de las maravillas, si esta reacción en educación secundaria, universitaria y sobre las acciones de quienes dicen representarnos, se den de manera constante. Eso solo es posible cuando todos viven realmente informados de la realidad que los afecta (o beneficia).
    Dicha información también será beneficiosa para que en un futuro próximo no quieran implantarse abusos de poder de ningún tipo, por debajo de la mesa.

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    Publicado por Anónimo | 3 octubre, 2016, 7:28 am
  17. Gentuza

    Los mostró la televisión: una caterva de mujeres y varones entre alegres y eufóricos. Cámara de diputados del Paraguay, funcionarios, empleados. Motivo: la cámara aprobó un proyecto de ley que concedería un tercer aguinaldo o “premio” extraordinario.

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    Los mostró la televisión: una caterva de mujeres y varones entre alegres y eufóricos. Cámara de diputados del Paraguay, funcionarios, empleados. Motivo: la cámara aprobó un proyecto de ley que concedería un tercer aguinaldo o “premio” extraordinario. / ABC ColorAMPLIAR

    No me voy a referir a la injusticia ni a la irracionalidad del proyecto que aprobaron legisladores antropoides (parecen humanos): voy a decir algo breve de los empleados de la cámara de diputados, de los que manifestaron su contento por el más dinero que esperan recibir.

    Me cuesta decirlo porque es una calificación muy peyorativa, es muy humillante; diré de ellos que son gentuza, personas de ínfima calidad, despreciables por sus actitudes, por su conducta, por el aspecto que presentan.

    Choca, sorprende y disgusta ver personas bien nutridas mostrando hambre infinita, apetito insaciable, de ese que podría llevar a la prostitución, a las mayores venalidades para gozar de algo.

    Pobres esos empleados de la cámara de diputados: entre ellos hay madres y padres, y jóvenes con una vida por delante. Con qué cara mirarán a sus hijos, a sus padres, a sus familiares que llevan el mismo apellido. Repugnan.

    Carlos J. Ardissone Valdés

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    Publicado por Anónimo | 3 octubre, 2016, 7:13 am
  18. Cambiar será doloroso
    02 Oct 2016

    Por Clari Arias
    Los que trabajamos en los medios de comunicación desde el siglo pasado jamás nos hubiéramos imaginado los cambios tan traumáticos que hoy día vive la sociedad paraguaya. Ni siquiera ha pasado un cuarto de este nuevo siglo y ya hemos sido testigos de la caída y resurgir –en un quinquenio– del gigante Partido Colorado, la asunción al poder de un sacerdote católico y la llegada a la Presidencia del primer liberal desde la muerte del Mcal. Estigarribia.

    Nuestra democracia ha sobrevivido a un juicio político (rechazado por las izquierdas) y al asedio de tres crueles vecinos (Argentina, Brasil y Uruguay) que menospreciaron nuestra soberanía, como si todavía conformaran la mismísima triple alianza que intentó borrarnos del mundo de las naciones hace menos de 200 años.

    Al ritmo de las nuevas formas de protestas –los escraches y las redes sociales–, hoy el pueblo manifiesta su descontento a través de opiniones y comentarios, se autoconvoca en febriles mítines y logra lo impensable: revertir dudosas decisiones de sus elegidos.

    La muestra está todavía latente y a la vista de un incrédulo statu quo, que ve cómo –ladrillo por ladrillo– se va desbaratando el castillo de privilegios que construyeron para servirse del erario público. En un desafío soez y altanero, el diputado liberal-efrainista Dionisio Amarilla propulsó una ampliación presupuestaria para el Congreso Nacional, cuyo principal alcance era obtener fondos para cumplir con las remuneraciones especiales (el famoso tercer aguinaldo) de 1.300 funcionarios de la Cámara de Diputados.

    Amarilla, envalentonado por el apoyo pleno de sus colegas, se convirtió en el defensor del pago extra, considerado por los funcionarios como una reivindicación justa a la vista de la onerosa realidad de que en el Ministerio de Hacienda (dueños de la “firraca”) y otras reparticiones públicas ya se estipuló el pago del infame “tercer aguinaldo”.

    En el día de la sesión ninguno de los 67 diputados que votó a favor de la ampliación presupuestaria imaginó que, al momento de levantar sus manos para el sí, millares de paraguayos gritarían de la indignación, y que esas voces se multiplicarían tan rápido que hasta el propio presidente Cartes buscaría ponerse a salvo de las críticas con un oportuno (¿u oportunista?) decreto que eliminaba cualquier privilegio indebido a los funcionarios públicos.

    Los partidos políticos tradicionales más grandes, Colorado y Liberal, han programado su subsistencia electoral en base a un vínculo conyugal con el Estado. Pero sería injusto endilgar todas las culpas a los pelafustanes de ahora, porque el gran propulsor de esta sinergia maliciosa fue el dictador Stroessner, quien se apoderó de lo público para repartirlo como botín a sus correligionarios colorados.

    Ya en la democracia, bajo la noble idea de la gobernabilidad, Domingo Laíno y otros líderes opositores comenzaron a obtener pedazos de ese botín para los suyos, ¡y allí se armó la fiesta! La voracidad de los partidarios colorados y liberales se hizo cada vez más grande que hasta el puntero más insignificante y vulgar reclamaba un “puestito” en la función pública, para poder cumplir con el “trabajo” de cada lustro: arrear votantes.

    Llegó tarde el hartazgo, pero llegó, y eso hay que festejarlo. El camino para profesionalizar y volver a hacer noble a la función pública será muy difícil, porque aún ostentan el poder quienes arremetieron –y lo siguen haciendo– contra las arcas del Estado. Por el camino nos encontraremos con falsos profetas, como el ministro de Hacienda actual, que llora por austeridad, mientras en la oscuridad consiente privilegios de ricos a sus ex compañeros del BCP. Cambiar nunca fue fácil y placentero, y todavía se gestarán vibrantes batallas contra el statu quo, pero tengan por seguro que cada vez queda menos del Paraguay abyecto que nos heredó Alfredo Stroessner.

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    Publicado por Anónimo | 2 octubre, 2016, 5:32 am
  19. ¿Quién quiere ganar 40 millones?

    Por Luis Bareiro

    Si decidiéramos declarar vacantes y llevar a concurso todos los cargos que hay en la administración pública, ¿cuántos de los que hoy están creen ustedes que lograrían quedarse?

    Con ingresos de hasta 40 millones de guaraníes como los de un asesor jurídico de Itaipú, y tres o cuatro o cinco aguinaldos como los que reciben en el Parlamento o en Hacienda, ¿se imaginan la cantidad de personas hipercalificadas que se presentarían a concursar por esos puestos?

    Plantearnos este tipo de preguntas nos permite entender mejor la monstruosidad que la clase política construyó con el dinero que nos saca compulsivamente de los bolsillos. Montaron un mundo paralelo al de la realidad en donde los ingresos y los beneficios no tienen la menor relación con la capacidad, el nivel de formación ni la productividad del empleado, y menos aún con la situación financiera del empleador (el Estado) ni la realidad de la economía.

    En ese mundo de ficción, un funcionario que gana en promedio 12 millones de guaraníes por administrar las fotocopias de Diputados se escandaliza porque le aumentaron las horas de trabajo de seis a ocho –la misma carga horaria que tienen todos los demás trabajadores del país– o porque le retacearon un decimoquinto salario en el año.

    Es un mundo vampírico donde un funcionario cobra un adicional por estar presente en su lugar de trabajo (presentismo) o por acumular años en el lugar (antigüedad).

    Es un espacio donde las leyes de la física colapsan y se producen fenómenos como la omnipresencia de funcionarios que pueden marcar entrada estando fuera del país, o hacer oficina mientras levantan pesas en el gimnasio.

    Es un mundo sanguijuela que emplea a solo diez de cada cien trabajadores paraguayos, pero que se come noventa de cada cien guaraníes que pagamos de impuestos.

    La cuestión es cómo desmontamos esta aspiradora infernal.

    Permítanme delirar un poco. Creo que esto solo se puede corregir con una reforma constitucional. Un simple artículo que obligue a reconcursar todos los puestos públicos. Dirán que no es garantía porque los concursos son amañados. Pues bien, se puede tercerizar el órgano juzgador, una agencia de empleos internacional o un organismo multilateral.

    Quienes ocupan los cargos hoy tendrán algún puntaje adicional a la hora de concursar, y si quedan fuera podrán acogerse, de acuerdo con su edad, a una jubilación anticipada o a un retiro voluntario.

    Todo el sistema público deberá ajustarse gradualmente a la legislación laboral privada. El parámetro debe ser siempre el trabajador privado, porque es él quien habita el mundo real de la economía y sus avatares, no la fantasía del Estado.

    Solo piénsenlo. Después de todo, las grandes reformas y las revoluciones pacíficas comenzaron en el mundo de las ideas y los sueños. Además, si está usted más que capacitado, ¿no le parece que tiene derecho a competir, por ejemplo, por un ingreso de 40 millones?

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    Publicado por Anónimo | 2 octubre, 2016, 5:23 am
  20. Pre supuesto

    Por Benjamín Fernández Bogado
    El sector público y los mandatarios viven en un mundo diferente a los que los sostienen con sus impuestos, recursos y esfuerzo. Cobran dinero injusto de un país pobre, pero más que todo: empobrecido por la angurria, codicia y egoísmo de unos pocos. El que otros lo hagan debería haber llevado a los diputados a corregir esas distorsiones y no a emular esos comportamientos arbitrarios. El mismo día en que un informe altamente respetado nos decía que somos el penúltimo país en términos de competencia solo superado por la africanizada Venezuela, los legisladores de la Cámara Baja concedieron por abrumadora mayoría un par de millones de dólares para equipararse a los injustos ingresos de los funcionarios de Hacienda, Banco Central, Corte Suprema, Fiscalía y otras reparticiones. Los mandatarios están provocando a los mandantes. Los están insultando y deben estar preparados para su reacción.

    El país no está bien. El Estado gasta muy mal lo que recauda y una nueva casta emerge en medio de una economía donde los mismos de siempre cargan sobre sus espaldas el sostenimiento de la República. No sintonizar los mandatarios los mandatos de sus mandantes puede ser muy grave. Los ignoran, desprecian e insultan. No prestan atención a lamentable circunstancia por la que atraviesan la salud y la educación. No les molesta que un comisario haga una rifa de una oveja para resolver un problema mecánico de su patrullera. Ellos –los mandatarios– viven en una burbuja y no se quejen después que los mandantes se la pinchen. Deben recobrar la racionalidad si alguna vez la tuvieron. Afuera, el horno no está para bollos. Hay cansancio, hastío y frustración de muchos. Los privilegios injustos suelen ser la mecha que enciende las revoluciones y ellos están promoviéndolas de una manera peligrosa y provocante.

    Mientras esta es la realidad que recorre el imaginario de muchos, el diálogo con el ombligo de los políticos continúa sin importarles nada. Siguen hablando de reelecciones, violación de la norma y concediéndose privilegios. La gente acumula rabia y este país país-volcánico puede rugir tirando piedras y lavas que los sepultará a todos. Están jugando con fuego.

    No más aguinaldos fuera del único establecido en la norma, no más dinero por presentismos, por título, por responsabilidad en el cargo. Basta de privilegios porque la insensatez e injusticia nos puede hacer daño a todos. Cartes, cuyo control de diputados es completo, se apresuró en intentar apagar el fuego que amenazaba su gobierno y suspendió las gratificaciones. La gran pregunta es: ¿Por qué esperó la bronca de la gente para hacerlo?

    Si no aceptan las condiciones que se vayan. En el sector privado nadie les pagará por nada parecido y menos con la mayoritaria incompetencia que cargan. La calle es dura y no son imprescindibles. Nadie lo es. Y si Peña no corta los privilegios en Hacienda que estableció Borda no tiene autoridad para hablar de la injusticia de los otros.

    Es tiempo de salvar la República antes de que el volcán comience a erupcionar. Presuponen que este país aguanta todo… sí, pero no por mucho tiempo.

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    Publicado por Anónimo | 2 octubre, 2016, 5:21 am
  21. Esclavos del sector público

    Por Alberto Acosta Garbarino Presidente de DENDE

    Hace muchos años tuve la oportunidad de leer un libro sobre la historia de la India, donde se narraba cómo una empresa inglesa llamada Compañía Británica de las Indias Orientales –con menos de 15.000 hombres– gobernó durante más de cien años y con mano de hierro, a los más de 300 millones de habitantes que en aquel entonces poblaban ese inmenso país.

    Ese libro despertó en mí una gran curiosidad por entender cómo una pequeña minoría puede gobernar a una inmensa mayoría. ¿Cuáles son las causas por las cuales se obedece a esa minoría?

    Me encontré con que las causas son muy variadas, pero entre las más importantes se pueden citar: la costumbre, el miedo, la conveniencia y la falta de organización.

    El paraguayo en general es una persona que tiene la costumbre de obedecer a quien ostenta el poder.

    Se puede ver esa sumisión a la autoridad en el Gobierno, en las empresas y en las familias.

    Esta costumbre es producto de nuestra historia, donde las numerosas y largas dictaduras que padecimos, han hecho que el paraguayo tenga al miedo como una segunda piel, como muy bien lo explica Helio Vera en su libro En busca del hueso perdido.

    Durante la dictadura de Stroessner al miedo se le sumó la conveniencia, que se reflejó en la famosa frase del dictador “a los amigos todo, a los enemigos palos y a los indiferentes la ley”.

    Casi todos los amigos eran proveedores del Estado o trabajaban en el sector público, que era pequeño y muy mal pagado, pero carcomido por el clientelismo y la corrupción.

    La mayoría de los enemigos se encontraba en la sociedad civil, casi todos paralizados por el miedo.

    Esta situación cambió radicalmente desde 1989 con el advenimiento de la democracia a nuestro país, donde la sociedad civil si bien fue perdiendo el miedo a la represión, no se ha organizado convenientemente para controlar e influir en el accionar de la clase política.

    Los que sí se han organizado convenientemente han sido los funcionarios del sector público, que crearon poderosos sindicatos –que hasta entonces estaban prohibidos– y desde sus inicios obtuvieron más y más beneficios, como grandes aumentos salariales, numerosas bonificaciones, varios aguinaldos, menos horas de trabajo y estabilidad laboral.

    Los que también se han “organizado convenientemente” son los políticos que “democratizaron” el clientelismo y la corrupción que en la era stronista estaba reservada a los jerarcas del régimen.

    Para la incipiente clase política que tenía que ganar elecciones para ser presidente, senador, diputado, gobernador o intendente, el sector público era el lugar ideal donde incorporar operadores para sus campañas electorales y obtener dinero para su financiamiento y… para su enriquecimiento personal.

    Solo a modo de ejemplo, en los últimos diez años el número de funcionarios públicos creció de 190.000 a 280.000 y el monto total gastado en Servicios Personales pasó de 6,2 a 23,9 billones de guaraníes… “se corrompió la corrupción”, como dice Gonzalo Quintana.

    Mientras tanto la ciudadanía observa indignada e impotente este latrocinio perpetrado por políticos y sindicatos públicos contra al dinero del Estado. Mejor dicho contra el dinero de los contribuyentes, de nosotros los ciudadanos que pagamos nuestros impuestos y que esperamos que los mismos se inviertan en infraestructura, en seguridad, en educación y en salud.

    Lo ocurrido esta semana con la aprobación en la Cámara de Diputados del triple aguinaldo a sus funcionarios ha llenado de indignación a la inmensa mayoría de la población.

    Ojalá sea esta la gota que haya colmado el vaso y que sea el inicio de una sociedad civil mucho más organizada, para poder cumplir su rol de soberano, de mandante y de contribuyente.

    Y no de esclavo del sector público, como hasta ahora.

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    Publicado por Anónimo | 2 octubre, 2016, 5:20 am
  22. Los glotones habitantes del planeta Bonificación

    La Cámara de Diputados volvió a dar muestra de su escasa visión política, su irresponsabilidad absoluta y su total desconexión de la realidad al aprobar un tercer aguinaldo a sus funcionarios, desatando una ola de indignación ciudadana. Los funcionarios, que festejaron groseramente el beneficio, tuvieron una victoria pírrica porque ante la furia ciudadana, el Senado promete rechazar el proyecto.
    El presidente Horacio Cartes leyó el escenario y aprovechó la jugada de gol para posicionarse una vez más a costa del Poder Legislativo. Emitió un decreto suspendiendo el “pago de gratificaciones anuales o premios al personal en los organismos y entidades del Estado”. La rápida reacción presidencial fue totalmente política (y no por ello desacertada). Lo confirmó el mismo ministro de Hacienda, Santiago Peña: “En los últimos días el tema de las bonificaciones, premios o mal llamado tercer aguinaldo trajo una reacción ciudadana que hemos escuchado y se ha plasmado a través del decreto del Poder Ejecutivo”. Luego Cartes emitió un mensaje y anunció que el monto ahorrado con los recortes destinará al área social y embretó a los poderes Legislativo y Judicial a tomar el mismo camino. Por de pronto, el Senado ya replicó la tijera.

    El tema, aparte de ratificar la pésima imagen de los diputados, que han venido moldeando su perfil gracias a desaciertos y sospechas de corrupción, puso nuevamente en el tapete el uso y abuso del dinero público que hacen los administradores de todos los organismos del Estado.

    AGENDA POLÍTICA. Mucho se ha debatido sobre la decisión de los diputados y la incoherencia del bloque cartista que votó a favor del tercer aguinaldo, desde el presidente de la cámara, Hugo Velázquez, hasta el presidente de la ANR, Pedro Alliana. La versión que corre es que los diputados se prestaron a una genial estrategia aprobando un tema impopular para que Cartes salga con su capa de héroe a salvar al pueblo de los “monstruosos políticos”.

    Las redes son el escenario perfecto para las febriles teorías conspiraticias. Siguiendo esta línea, y teniendo en cuenta que 69 diputados votaron (la ANR en su totalidad), hay que incluir en el rebaño al bloque izquierdista del PMAS (Rocío Casco y Aldo Vera) y al bloque liberal anticartista como Víctor Ríos, Pakova Ledesma, Enrique Buzarquis y otros. Vale destacar que solo dos diputados tuvieron el coraje de hacer frente a la presión de los funcionarios: Hugo Rubin (PEN) y Ramón Duarte (Frente Guasu). El resto se prestó supuestamente para la reelección presidencial. Un absurdo teniendo en cuenta que con esta decisión, Cartes acaba de perder la base histórica de la ANR como el funcionariado público.

    El Congreso es un superpoder con agenda propia. Y esta es una de ellas. Tiene su propia clientela que saciar.

    LA VERDAD DEL PRESUPUESTO. La suspensión de la bonificación desató una guerra entre los ministros y funcionarios. Si uno hiciera la lista de los beneficios/privilegios de esta casta, los funcionarios de Diputados quedarán cortos. Los salarios y beneficios en el BCP, Hacienda, etc. solo pueden justificarse si el Estado nada en oro puro. Por ello cayó como un chiste la advertencia del ministro Peña cuando dijo que sin estos pagos extras habría fuga masiva en Hacienda al sector privado. El ministro puede quedar tranquilo. Habrá una pequeña lista de tentados, pero el burócrata jamás dejará el Estado donde goza de privilegios que nunca encontrará en una empresa privada. Viven en una burbuja irreal y soberbia, mientras el país real debate si se aumenta el degradado salario mínimo o más del millón y medio de pobres no alcanzan a cubrir el costo de la canasta básica mensual y 700.000 pobres extremos, despojos humanos, apenas sobreviven con G. 10.000 al día. Que cada noche duermen con hambre.

    LO QUE VIENE. Este escándalo debe aprovecharse para dar fin al festival de gratificaciones, que debió terminarse cuando se instauró la matriz salarial. Y para ello hay que sacarse las máscaras. El Poder Ejecutivo envió el Presupuesto General de la Nación 2017 donde aumenta 154% las bonificaciones. O sea de G. 5.343.125.012 de este año eleva a G. 13.591.450.910. Tras el oportuno decreto, Peña admitió la “equivocación” y pidió al Congreso que elimine el rubro. Hay un proyecto de ley que pretende lo mismo. Hay que dar el hachazo.

    La madre de todas las batallas es el estudio de la ley de presupuesto. Hace falta sincerar y sanear las cuentas públicas, un paso que beneficiará a los verdaderos funcionarios públicos y no a ese ejército de zánganos que posan en la foto insultando con sus groseros privilegios.

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    Publicado por Anónimo | 2 octubre, 2016, 5:05 am
  23. ¿Dónde romper la cadena?

    Por Edwin Brítez

    Estuvo circulando en las redes sociales la frase: “Quizás haya llegado el momento de que sea el pueblo el que comience a hacer recortes”. Las numerosas personas que asistieron el jueves al acto frente al Congreso (y posiblemente se perdieron una parte del partidazo Cerro-Santa Fe) tuvieron esa idea, de que sean ellas y todos los demás descontentos de la situación a que nos lleva la elite política quienes deban hacer recortes, a partir de ahora.

    ¿Es poca gente la que se juntó a protestar? En primer lugar, no fue una concurrencia escasa para una convocatoria de urgencia y en segundo lugar, las reacciones de repudio nunca son masivas como primer paso, pero las repercusiones son inconmensurables. Solo falta hacer un trabajo de seguimiento, perseverancia y coherencia para convertir esa indignación en una postura política y más tarde en una oferta electoral.

    Que alguien se ocupe de esa tarea, de eso se trata la participación política ciudadana, de eso se trata el inicio de una reforma política que necesitamos, y de eso se trata la búsqueda de una representación política para una democracia de mayor calidad. La reacción sola, por más indignación que demuestre la gente, y la multitud alcanzada por más numerosa que sea, no son suficientes para construir un proyecto, un nuevo modelo de hacer política.

    Creo que efectivamente, como dice la frase con la que se inicia este artículo, llegó la hora de que el pueblo sea el que haga los recortes. No se trata de una entelequia (“cosa, persona o situación perfecta e ideal que solo existe en la imaginación”) sino de hacer los “recortes” donde realmente corresponde, dejando que “nuestros representantes” hagan lo suyo a su manera con los números, y comenzando nosotros a hacer lo propio con los nombres de quienes ejercen indignamente la representación.

    En esta oportunidad la indignación ciudadana fue por la repartija de dinero de los contribuyentes que hizo la Cámara de Diputados, pero estimado ciudadano: antes de que desaparezca la ira o el enojo, póngase a pensar que esta no es la primera vez que ocurre esto, no es tampoco el único caso el del triple aguinaldo, porque están también los nombramientos de familiares, amantes, peones y niñeras; están los alquileres sobrefacturados y muchas otras yerbas que van pasando y algunas de ellas quedando en el olvido.

    Se repite constantemente, todo el mundo se indigna, nadie se quiere hacer cargo, luego en la próxima vez entregamos nuevamente cheque en blanco a los mismos de siempre. ¿Dónde cree usted que se debe romper la cadena? Por supuesto, en “nadie quiere hacerse cargo”, para que alguien lo haga y proponga no más cheque en blanco a los mismos de siempre con una oferta genuina, no tramposa al estilo “ñandehaitéma”, que significa cambiar para no cambiar nada haciendo más adelante lo mismo con otros actores.

    En la corrupción tradicional, los delincuentes roban y la prensa descubre más adelante lo que hicieron. Con el tema de los tres aguinaldos a funcionarios de Diputados, lo hacen a la luz del día, desafiando a todos. Total para ellos nunca tiene consecuencia alguna.

    A los parlamentarios y funcionarios superiores se les debe tomar juramento de que con el dinero del pueblo no se juega, y de paso colocar en el fondo de pantalla de sus ordenadores la frase de Margaret Thatcher, que también recogí de las redes sociales:

    “No olvidemos nunca esta verdad fundamental: el Estado no tiene más dinero que el dinero que las personas ganan por sí mismas y para sí mismas. Si el Estado quiere gastar más dinero, solo puede hacerlo endeudando tus ahorros o aumentando tus impuestos. No es correcto pensar que alguien lo pagará. Ese “alguien” eres tú no hay “dinero público” solo hay “dinero de los contribuyentes”.

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    Publicado por Anónimo | 2 octubre, 2016, 4:48 am
  24. Indignante
    30 septiembre, 2016

    Los Diputados aprobaron ayer el proyecto de ley que amplía el presupuesto para el Poder Legislativo en G. 12.599.300.000, de los cuales G. 8.800 millones serán destinados para el pago de gratificaciones a funcionarios de la Cámara Baja. La indignación generalizada inmediatamente invadió las redes sociales y los medios de comunicación. Ciudadanos de todas partes expresaron su disconformidad de lo que se considera un abuso.
    Los argumentos de los diputados pueden ser válidos y hasta legales y si consideramos la cifra en comparación con otros grandes negociados con el presupuesto nacional, no significaría un golpe mayúsculo para las arcas del Estado.
    El diputado Walter Harms fue uno de los defensores del denominado tercer aguinaldo señalando que es un derecho adquirido de los funcionarios, por lo que correspondía restituirles. El problema de la función pública es una caja de pandora que difícilmente podrá ser solucionado sea cual fuere el partido que esté en el gobierno. Años de privilegios y corrupción no se pueden sanear solamente con buenas intenciones. Las instituciones públicas son cotos de poder donde cada administración va instalando a sus hombres y mujeres, que van acumulando estabilidad y privilegios, que se tornan prácticamente imposible de erradicar. Se sabe que en varias instituciones donde impera la precariedad, los funcionarios reciben gratificaciones durante el año y no es que se destacan precisamente por su buen servicio, como es el caso del Instituto de Previsión Social, el Poder Judicial y el Ministerio de Hacienda.
    Entonces, históricamente los funcionarios públicos siempre fueron una clase privilegiada, que en vez de servir a la sociedad se sirve de ella. Como siempre y en todo los casos existen las raras excepciones de funcionarios honestos y trabajadores que trabajan con patriotismo, desafortunadamente siempre son los menos y en coincidencia los más marginados.
    Habiendo tantos problemas que a diario se ventilan en nuestro país, donde las escuelas se caen a pedazos, los hospitales no tienen medicamentos, los niños y embarazadas mueren por falta de atención médica y familias enteras pasan hambre, la gratificación, sobresueldo o tercer aguinaldo para los funcionarios de la Cámara de Diputados es inmoral, aberrante e indignante. Más todavía si consideramos que el congreso está minado de funcionarios que son parientes y hasta amantes de los legisladores.
    Se espera que por un mínimo de decencia la Cámara de Senadores haga las modificaciones necesarias para terminar con estas prácticas que indignan a toda la sociedad. Al mismo tiempo, se debe iniciar un gran debate nacional para depurar y sincerar los salarios de los funcionarios públicos, ya que con gratificaciones y otros tipos de sobresueldos se terminan asignado sumas multimillonarias, cuando que el servicio y la atención a la ciudadanía en las instituciones públicas siguen siendo lamentables.

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    Publicado por Anónimo | 1 octubre, 2016, 9:57 am
  25. Acelerada tribulación
    01 Oct 2016

    Por Alex Noguera

    Hoy hace exactamente 8 días que María Lidia González de Gavilán se levantó de su cama, se bañó y se arregló. Pese a todos los problemas cotidianos que pudiera tener, a las 6:00 ella ya estaba en la vereda de Acceso Sur esperando colectivo, pues debía cumplir su promesa de visitar a sus hermanos.

    A sus 60 años era consciente de que debía aprovechar cada minuto de su vida y mientras hacía planes e imaginaba lo que haría ese día, un automóvil se le abalanzó y la atropelló. El dinero que tenía en la mano para pagar el pasaje voló por los aires, como su alma. Ni siquiera tuvo tiempo de darse cuenta.

    Cuando uno ve el vídeo del hecho, lo mínimo que puede pensar es en lo absurdo de lo sucedido. Un auto blanco que aparentemente intenta colocarse detrás de un colectivo… sigue la maniobra llevándose todo por delante.

    El conductor, de 19 años, robó la vida de María Lidia. Él dijo que un bus de la línea 47 realizó una maniobra y que le hizo perder el control del auto. Mintió. La fiscala tardó tres días en imputarlo. Ella ni siquiera acudió al lugar del hecho. Y el joven sigue libre, como si nada, como si cualquiera pudiera causar la muerte de un semejante sin asumir las consecuencias.

    Este accidente -si se lo pudiera llamar así- es tan ridículo que solo los agoreros religiosos lo podrían explicar, tal vez como si fuera parte de la anunciada “Gran tribulación” bíblica. ¿Y quién sabe?, en los últimos días somos testigos de cada calamidad, que no tiene lógica.

    Por ejemplo, el bendito triple aguinaldo otorgado por los caprichosos príncipes del Congreso a sus bufones con el dinero del pueblo. Es inconcebible. Mientras se rasgan las vestiduras por tener que trabajar 8 horas por G. 10 millones al mes, los demás no alcanzan el sueldo mínimo trabajando 12 y 14 horas al día. Con toda legalidad, estos caraduras botan dinero vital para otras áreas y además, lo festejan como si fuera un logro y no un robo descarado. Pero son “honorables”, eso sí.

    Los que no llegan a ese rango son los enfermeros, quienes el miércoles perdieron una batalla judicial contra 23 sanatorios privados. Dicen que el fallo los lleva a la época de la esclavitud, ya que los condena a trabajar hasta reventar sin remuneración ni descanso adecuados. Y sin embargo, para nuestra “atribulada” sociedad, los fotocopiadores son imprescindibles, no así los que cuidan de los enfermos. Estos ahora ya anunciaron huelga general y lo que eso conlleva.

    Cada uno puede analizar lo que sucede a su alrededor y llegar a sus propias conclusiones. Todo está bien hasta que los dientes de la realidad muerden su carne y le duele.

    Hace apenas dos días, el jueves, otro terremoto se desató y en la escala Richter marcó grado terciario, es decir, los universitarios una vez más explotaron. Hasta ahora el argumento de la película era que “los malos” -la cúpula gobernante- no cedían ante los reclamos.

    Los estudiantes, forzando, habían conseguido reunir a los asambleístas para tratar de llegar a un consenso y destrabar el nudo gordiano, pero los ánimos se caldearon. Unos dicen que hubo “infiltrados” y que estos incitaron a los que estaban fuera del Rectorado de Asunción, a tomar por asalto el local. Dentro, los representantes estudiantiles se mostraban indignados con sus pares porque estaban por lograr un acuerdo que les favorecía. Ahora buscan firmas para convocar otra asamblea.

    En medio de tantos desastres “importantes”, a la sociedad se le escapó Nancy Pereira, una nena de 12 años a la que debían trasplantarle un corazón.

    Hubo un momento en el que la durmieron con anestesia general prometiéndole que entraría al quirófano para que se obrase el milagro, pero al despertar le contaron que la familia del donante se había arrepentido y ella seguía con su averiado órgano. No aguantó. Se fue.

    “Cuando muere un niño, morimos como sociedad”, expresó la Dra. Nancy Garay, jefa de Cardiología del Hospital de Acosta Ñu, luego del desenlace fatal.

    ¿Qué le pasa a esta sociedad que atropella impunemente a la gente y la mata, que roba y festeja, que esclaviza, que juega a ser civilizada terciaria y que ni se inmuta con la muerte de un niño?

    Tiene que sacar el pie del acelerador y abrir la ventanilla. Va tan de prisa que no ve la realidad que pasa a su lado.

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    Publicado por Anónimo | 1 octubre, 2016, 9:39 am
  26. Reacción en cadena
    01 Oct 2016

    Las concesiones de las llamadas gratificaciones, conocidas como “triple aguinaldo”, para funcionarios del Estado especialmente en Diputados han generado airadas reacciones de la ciudadanía, que se ve afectada por el manejo del dinero público, su dinero.

    La necesidad de reencauzar la administración pública y en el marco de la política sostenida en la visión de que el dinero público es de la gente, movió al Poder Ejecutivo para determinar, al menos en su alcance, la eliminación inmediata de esas gratificaciones. Esta medida, según han explicado autoridades del Gobierno, permitirá un ahorro anual de unos 100 mil millones de guaraníes que ahora serán redestinados a programas sociales.

    Cabe apuntar, en ese sentido, que el Poder Ejecutivo dio a conocer el jueves el decreto 6.012, por el cual dispone la suspensión del pago de gratificaciones, más conocidas como “tercer aguinaldo”, de parte de todas las entidades dependientes de ese poder del Estado, que reciben recursos públicos. Hacienda, en lo que va del año, ya transfirió más de 50 mil millones, incluidos los motos que son destinados para los estamentos que no dependen del Ejecutivo.

    El documento dispone taxativamente: “Suspéndase el pago de gratificaciones anuales o premios al personal por servicios o labores realizadas, a mejor y mayor producción o resultados de la gestión administrativa y financiera u otros indicadores de gestión institucional en todos los Organismos y Entidades del Estado, establecido en el artículo 40 de la Ley 5.554/16 ‘Que aprueba el Presupuesto General de la Nación para el ejercicio fiscal 2016’, modificada por la Ley 5.667/2016”.

    La medida naturalmente tiene efectos en el funcionariado público y, lamentablemente, los muchos muy buenos que realmente merecen gratificaciones por su trabajo tendrán que sufrir la consecuencia del sistemático esquema aplicado para abultar el rubro para ese beneficio.

    Como una reacción en cadena, el Congreso anunció el viernes que también decidió suspender las criticadas gratificaciones, siguiendo los correctos pasos dados por el Ejecutivo.

    La idea de esta medida, a decir de Hacienda, forma parte “del esfuerzo de mejora del gasto público, iniciado hace años”.

    La secretaría de Estado detalló que en lo que va de este año, los servicios personales han tenido una variación de apenas 0,7% cuando que en el 2012 se observaba un aumento del 30%. Esto también ha permitido una caída real del gasto salarial, pues 3 años atrás 82,4 de cada 100 guaraníes de tributos iban a salarios, mientras que hoy esta relación bajó a 70,5%.

    Desde el Gobierno se alentó a los demás poderes del Estado (Legislativo y Judicial) a escuchar el relamo ciudadano y adoptar medidas similares. Como una reacción en cadena, el Congreso anunció el viernes que también decidió suspender las criticadas gratificaciones, siguiendo los correctos pasos dados por el Ejecutivo. Falta ahora que el Poder Judicial se pronuncie al respeto, para que los tres poderes entren en una etapa de menor gasto en esa área.

    La fuerza de la reacción de la ciudadanía y, además, la fuerte medida tomada por el Poder Ejecutivo hizo que incluso parlamentarios que habían votado a favor de las gratificaciones para los funcionarios de Diputados revean su postura. En esa misma línea, se informó que el propio Sindicato de Funcionarios de la Cámara Baja entendió la necesidad de eliminar ese rubro para destinar los fondos para otras áreas más cerenciadas.

    El decreto presidencial por el que se eliminan las gratificaciones en los entes públicos se suma a otra medida adoptada hace unos días. Nos referimos a la propuesta del Ejecutivo de enviar al Congreso una propuesta de ley que permita mejorar las condiciones para el ajuste del salario mínimo. Las dos medidas adoptadas en menos de una semana no son determinaciones menores, sino sumamente importantes que ratifican la seriedad con la que se encara la administración del Estado. Por un lado, a decir del Ejecutivo, se reafirma que el dinero público es de la gente y debe ir a la gente; por otro, se ratifica que se busca mejorar la condición salarial de los trabajadores con la firme idea de ir mejorando las condiciones de vida de todo el pueblo paraguayo.

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    Publicado por Anónimo | 1 octubre, 2016, 9:31 am
  27. Es fácil ser Papá Noel con el dinero ajeno

    Por Andrés Colmán Gutiérrez

    Si tuviesen que pagar de su propio bolsillo los 8.800 millones de guaraníes que significará dar un tercer aguinaldo a los funcionarios del Congreso, ¿serían tan generosos los 69 diputados y diputadas que aprobaron la polémica ampliación presupuestaria del miércoles último?

    Obviamente ese dinero no saldrá de sus cuentas bancarias, sino del erario público. Es decir, directamente del bolsillo de muchos trabajadores y trabajadoras que apenas ganan un salario mínimo y que, si tienen suerte, cobran un solo aguinaldo básico en el año.

    También del bolsillo de muchos a quienes no les queda otra alternativa que operar en el sector informal, sin percibir ningún beneficio social, ni un solo aguinaldo, pero igual deben aportar al fondo de donde saldrá el dinero para pagar los escandalosos privilegios de la élite estatal.

    Así cualquiera. Es muy fácil jugar a ser Papá Noel con el dinero ajeno.

    No es que estemos en contra de que los trabajadores ganen mejor y obtengan en lo posible muchos beneficios sociales, no solo tres, sino incluso más aguinaldos. Pero las conquistas tendrían que favorecer a todos los trabajadores y no solo a un sector privilegiado, mientras una gran mayoría es mantenida en niveles de casi esclavitud, trabajadores a quienes se les reprime cuando intentan organizarse, se les niegan sus derechos más elementales y ni siquiera se aumenta aún el salario mínimo.

    Lo que indigna es que los privilegios se conceden en un ámbito en que muchas personas acceden a los puestos laborales no por capacidad o méritos, sino por tráfico de influencias, por favoritismo político, por ser correligionarios, amigos, parientes, novios, novias o amantes. O por aceptar cobrar salarios estatales sin siquiera presentarse a trabajar, a cambio de darle un buen porcentaje de ese dinero al legislador o a la autoridad que lo ha conseguido, tal como se ha comprobado en los muchos casos de niñeras de oro, caseros, perlitas, ascensoristas, fotocopiadores y afines, que continúan en la más absoluta impunidad ante la declarada inoperancia o complicidad de fiscales y jueces.

    Resulta igualmente indignante que algunos diputados y diputadas de sectores supuestamente más progresistas, como Avanza País y Encuentro Nacional, hayan cerrado filas junto con la mayoría de colorados y liberales en esta movida tan cuestionada por la ciudadanía. Probablemente creen que la gente no tiene memoria. ¡A ver si les demuestran lo contrario!

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    Publicado por Anónimo | 1 octubre, 2016, 9:29 am
  28. Tercer aguinaldo, ¡pipu!

    Posteado por Ilde Silvero el 29-09-2016

    Los diputados aprobaron una ampliación de G. 12.000 millones para pagar un tercer aguinaldo y gratificaciones al personal del Congreso. Mientras, el 70% de los obreros ni siquiera gana el sueldo mínimo. ¿Cuál es el panorama salarial del país?

    Cuánto quieres ganar, cuánto es la remuneración promedio del mercado y cuánto es tu sueldo real son cosas diferentes. Actualmente, se debate si el salario mínimo debe aumentar o no para empleados públicos y privados. Usted, ¿qué opina?

    No se puede hacer un único análisis cuando se trata del sueldo de los funcionarios públicos y de los trabajadores privados; ambos sectores se rigen por pautas y circunstancias coyunturales muy diferentes. En los últimos diez años, los servidores públicos han tenido un incremento muy grande, en tanto que los privados mantuvieron un sistema de reajustes escasos y esporádicos.

    Los que trabajan para empresas particulares se rigen por una ley que prevé estudiar el posible incremento salarial únicamente cuando el costo de vida determinado por el Banco Central del Paraguay supera un aumento del 10%. Como en los últimos dos años nuestra economía casi no ha generado inflación, el salario mínimo de G. 1.850.000 se mantiene inalterable.

    Ahora, el Poder Ejecutivo propone que se cambie el sistema y que el salario mínimo se reajuste indefectiblemente una vez por año, de acuerdo al índice de inflación que determine el BCP, cualquiera sea el porcentaje.

    En el sector público, la realidad es diferente. Para empezar, el promedio actual de sueldo de los funcionarios públicos ronda los G. 5 millones, un 150% más alto que el mínimo del sector privado.

    Recordemos algunos números básicos. En el año 2003, el sueldo promedio del sector público era de G 1.750.000. Durante el mandato de Nicanor Duarte Frutos (2003-2008), el sueldo estatal fue subiendo hasta G. 2.260.000. Cuando asume Fernando Lugo y completa el período Federico Franco, el salario de los servidores públicos se duplicó y llegó a la suma de G. 4.726.000. Con el actual Gobierno de Horacio Cartes, el promedio salarial volvió a subir y está un poco por encima de G. 5.000.000.

    En honor a la verdad, debe aclararse que, como todo promedio, la cifra esconde diferencias importantes en el sector público. Hay un grupo de instituciones estatales privilegiadas, tales como el Congreso, el BCP, el Ministerio de Hacienda, Aduanas y Petropar, en donde los sueldos promedios varían de G. 8 millones a G. 13 millones, y otro grupo de entes, como los ministerios de Educación, de Salud, del Interior y de Defensa, en donde los sueldos promedios van de G. 3 millones a G. 5 millones.

    Entonces, nos encontramos con que quienes perciben los ingresos (Aduana), quienes manejan la plata (BCP y Hacienda) y quienes aprueban el Presupuesto General de Gastos de la Nación (Senado y Diputado) son los que tienen los sueldos más altos.

    Por el contrario, los docentes (MEC), los médicos y enfermeras (Salud), los policías (Interior) y los militares (Defensa) son quienes reciben, en promedio, la remuneración más baja.

    Ahora se viene una lluvia de pedidos de aumentos salariales en el sector público. Usted, ¿qué opina? ¿Deberíamos subirles el sueldo a los funcionarios públicos o, como país, realizamos un esfuerzo para remunerar mejor a los trabajadores del sector privado?

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    Publicado por Anónimo | 1 octubre, 2016, 9:24 am
  29. Despilfarro criminal

    Posteado por Juan Carlos Lezcano el 29-09-2016

    En un país en el que la falta de estructuras mínimas todavía sigue costando la vida a compatriotas, el despilfarro del dinero público debería ser considerado un delito o por lo menos un hecho moralmente condenable.

    La celebración de los funcionarios de la Cámara de Diputados por la aprobación de su tercer aguinaldo.
    La celebración de los funcionarios de la Cámara de Diputados por la aprobación de su tercer aguinaldo. / Arcenio Acuña, ABC Color
    Y lo que se tuvo el miércoles en la Cámara de Diputados, con la aprobación de una ampliación presupuestaria de casi G. 13.000 millones para pagos de aguinaldos extras o premios, es un despilfarro asqueroso y una burla directa al rostro de un pueblo que en su gran mayoría debe lidiar con carencias en cuestiones básicas como falta de camas en hospitales públicos, carencia de medicamentos, escuelas cuyos techos se desploman sobre inocentes estudiantes, maestros enseñando ad honórem y centros asistenciales sin médicos o especialistas por falta de rubro.

    Vivimos enmarcados en un Estado que otorga jubilaciones privilegiadas a legisladores pero que somete a condiciones jubilatorias degradantes a docentes.

    Pero no solo se trata de otorgar millones en beneficios para una casta exclusiva de funcionarios que de hecho durante mucho tiempo trabajó menos que cualquier mortal. La molestia se acentúa por el hecho de que los diputados -y la clase política en general- pretenden que la ciudadanía toda pague favores a sus operadores políticos. Porque los G. 13.000 millones que utilizarán para reforzar sale del bolsillo del contribuyente.

    En el idioma guaraní existen dos formas de traducir el pronombre de la primera persona plural “nosotros”. Una es el “ñande” en su forma incluyente y se utiliza para referirse a la totalidad de los que hablan y escuchan. La segunda, la excluyente, es el “ore” que se utiliza cuando se pretende dejar afuera al (los) interlocutor (es).

    Utilizando esta diferenciación, el sociólogo paraguayo José Nicolás Morínigo intentó explicar la actitud cuasi egoista de la clase política criolla. Para el estudioso, la forma de actuar de los políticos paraguayos se debe a la arraigada ética del “orekuete”.

    El “orekuete” no es sino más que la prevalencia de los intereses del grupo al que uno pertenece por sobre el resto, sin importar qué tipo de acciones sean necesarias para logar el bienestar de quienes forman parte de nuestro círculo.

    Que esta ética sigue vigente en la política de nuestro país es -sin lugar a dudas- una realidad tangible. Sea el color que sea el que se encuentra detentando el poder.

    Es un círculo vicioso en el que ignorancia, el padrinazgo y el clientelismo mantienen a políticos inescrupulosos, inútiles y sin preparación para los cargos que detentan.

    Si la sociedad fuera una especie de pirámide, la ciudadanía toda es la base y la clase política es la cúspide por el papel que cumple organizacionalmente. Han tratado de convencernos (y lo consiguieron) de que lo más importante de la pirámide es la cúspide, cuando en realidad es la base que la sostiene la que realmente importa. Debemos dejar de sostener el sistema prebendario en inútil.

    Durante décadas, la clase política nos ha metido no solo el dedo sino todo el brazo ante la pasividad de una sociedad anestesiada por los años de terrorismo de Estado. Nos quedan dos opciones: seguir sometidos o comenzar a levantar la voz con la fuerza necesaria para recordarles a la clase política que ellos deben trabajar para nosotros y no nosotros para que ellos se aprovechen de nuestro trabajo.

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    Publicado por Anónimo | 1 octubre, 2016, 9:24 am
  30. Plausible decisión del presidente Horacio Cartes

    El escándalo producido por la insólita decisión de una mayoría abrumadora de diputados de “hacer vito” el dinero de los contribuyentes entre sus funcionarios abre la ocasión para analizar cuán estructurado está este vicio en el seno de la Administración Pública en general.

    El presidente Cartes, haciéndose eco de la indignación general causada por el affaire del “tercer aguinaldo” en la Cámara de Diputados, ordenó suspender todas las gratificaciones en el área del Poder Ejecutivo, “por este año”, instando a los otros dos poderes a hacer lo mismo, para que, con ese ahorro de fondos, el Gobierno pueda encarar mejor ciertas necesidades sociales, según explicó el ministro de Hacienda, Santiago Peña.

    Como la medida es solamente por este año, es de esperar que los cuestionados beneficios no sean reinstalados tan pronto la gente se haya olvidado del caso y baje la guardia, como se acostumbra en nuestro país.

    Hay que reconocer que se trata de una medida acertada y justa. Esto demuestra que el presidente Cartes, con un poco de determinación y coraje, puede erradicar muchos vicios más en beneficio de todos los habitantes del país, al tiempo de erradicar odiosos privilegios.

    ¿A santo de qué el Estado debe gratificar extraordinariamente a ministros, viceministros, secretarios, jefes administrativos y demás funcionarios? ¿Por buen desempeño de sus funciones? Esto es obligatorio para ellos, hace parte de sus deberes y justamente para hacer bien su trabajo es que cobran sus remuneraciones. ¿Por asistir frecuentemente a la sede de sus funciones? ¿Por responsabilidad en el cargo? Otras obligaciones elementales que todo empleado o funcionario posee. ¿Por trabajar más tiempo que lo establecido? Para eso se les pagan horas extras, o viáticos, o complementos con diversos nombres, de los que, lamentablemente, la burocracia estatal ha abusado escandalosamente, ya que muchos funcionarios han cobrado 25 “horas extras” en un día estando de vacaciones, así como viáticos por actividades que nunca se realizaron.

    Hablando claro, las llamadas “gratificaciones”, “bonificaciones”, “viáticos”, “gastos de representación” y toda la ingeniosa variedad de accesorios que se fueron agregando a los sueldos de los funcionarios, y que pasan a integrar el monto final de dinero que reciben a fin de mes, constituyen, lisa y llanamente, una manganeta astuta y mentirosa de la administración pública para incrementar las remuneraciones reales pero sin tocar el monto oficial de los salarios. Se han creado además diversos cargos que no condicen con las necesidades de ciertas oficinas, como los de “jefe de ascensoristas”, “jefe de mesa de entrada”, y, últimamente, numerosos funcionarios de tercer rango tienen sus “jefes de gabinete”.

    Lo primero que hay que volver a recordar –porque los habitantes de este país tenemos la memoria flaca– es que el caso de múltiples aguinaldos en el ámbito de la función pública no es una idea nueva ni reciente. Que se sepa, son varios los organismos en los que este exceso se viene cometiendo desde hace tiempo. Los funcionarios del Ministerio de Hacienda, los de la Dirección General de Aduanas y varios más del ámbito del Poder Ejecutivo, reciben dos o más aguinaldos anualmente. Lo mismo ocurre con entidades autónomas como las binacionales, Petropar y otras similares. De modo que el saneamiento tiene que ser general para que no continúen existiendo bolsones de funcionarios privilegiados en comparación con otros a los que afectará la plausible medida del Gobierno.

    Entre la gran variedad de modalidades y denominaciones técnicas que sigilosamente se fueron inventando para repartir prebendas, premios y obsequios especiales en el ámbito estatal, las llamadas “gratificaciones” son las más inmorales, porque, sin fundamento legal ni económico alguno, ni mucho menos evaluación de rendimiento de por medio, sirven exclusivamente para manotear los fondos públicos y con su repartija favorecer a los elegidos. Las “gratificaciones” son esas sumas bastante altas que los titulares o jefes de instituciones públicas comienzan por otorgarse también a sí mismos y, después, pasar a distribuir entre el resto del personal.

    Los legisladores, por su parte, aprovechando de modo claramente abusivo la atribución que tienen para sancionar leyes, a menudo caen en la tentación deshonrosa de emplear esta facultad constitucional para favorecer a sectores que son de su interés meramente populista.

    Esto es lo que está sucediendo precisamente en este momento, con el caso de los funcionarios del Congreso, que suman el triple de la cantidad que ese organismo necesita para desempeñarse adecuadamente, de lo cual cabe inferir que al menos la mitad de ellos no realiza ningún trabajo, que está sobrando allí. La indignación popular que se desató por la aprobación en la Cámara de Diputados de un tercer aguinaldo para los funcionarios de ese cuerpo legislativo fue aprovechada por el titular del Senado, Robert Acevedo, para firmar una resolución que elimina el pago de gratificaciones a los funcionarios de esa Cámara desde el 2017. Por su parte, algunos diputados se “arrepintieron” y ya adelantaron que ahora votarán en contra del proyecto de ley en caso de que sea rechazado en el Senado y vuelva a la Cámara Baja.

    Nuestra administración estatal requiere urgentemente una reestructuración a fin de que la función pública sea dignificada por medio del sinceramiento, definiéndose remuneraciones con montos reales, sin mentiras, sin falseamientos, sin simulaciones para agradar a la clientela.

    Vale, por de pronto, un aplauso para la decisión gubernamental adoptada sobre el aguinaldo extra. Por su parte, la ciudadanía tuvo una vez más la ocasión para darse cuenta de su inmenso poder cuando se manifiesta contra las arbitrariedades. Ojalá se mantenga alerta, porque quienes hoy sufrieron un golpe a sus privilegios, no renunciarán fácilmente y estarán acechando la ocasión para volver a la carga.

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    Publicado por Anónimo | 1 octubre, 2016, 9:20 am
  31. Privilegiados
    30 Sep 2016

    Por Pablo Noé

    Amo el fútbol. Mis escasas actividades de ocio se resumen a este deporte, ya sea ver los partidos del Olimpia (una cuestión innegociable) y a acompañar a mi hijo mayor que está en la escuela de fútbol, dando sus primeros pasos en nuestro querido club.

    A pesar de ese sentimiento indisimulable, cada fin de semana siento una profunda frustración porque en Paraguay se habla muy poco de táctica, técnica y estrategia, las charlas se reducen al show, ya sean chismes o peleas entre ocasionales adversarios, o a las cargadas por algún resultado que pueda ser llamativo. Gran porcentaje del menú se centra en la actuación de los árbitros y en la manera en que favorecen y perjudican a un participante del torneo, para beneficiar a otro.

    En ese complejo entramado de opiniones y análisis totalmente interesados por parte de un público que intenta defender a como dé lugar sus intereses, entra el todo vale. No faltan las posturas que tienen un halo de credibilidad y consistencia, las disparatadas, las soberbias, las que pretenden tener un sustento técnico y las que buscan disfrutar del momento, sin involucrarse tanto en la polémica. Eso sí, todos tenemos el derecho de opinar, participando así, casi obligatoriamente del tema.

    La selección nacional pasó hace unos años a ser causa nacional, un status que decayó tras la eliminación del Mundial de Brasil 2014, pero que comienza a retomar su fuerza, cuando la gente percibe que existen chances de volver a la cita más importante en Rusia 2018. Gracias a la Albirroja, existe toda una movida marketinera y cultural, en donde se intenta identificar con el equipo a lo mejor de nuestro país.

    En el fútbol condensamos todo aquello que consideramos bueno y malo de la sociedad. Reducimos en el deporte los valores aspiracionales y lo que es absolutamente descartable. Así, dependiendo del color, o queremos ser Sergio Díaz o Roque Santa Cruz, y al que hace las cosas mal, se lo compara con el pobre “Tacuara” Cardozo, que tuvo la desgracia de fallar un penal decisivo en un Mundial.

    Las odiosas comparaciones del opio del pueblo pueden parecer disparatadas, aunque nunca está de más mirar lo desviado que puede estar nuestro objetivo, cuando intentamos construir una sociedad más justa, pero nos desgastamos en peleas que son intrascendentes. En lugar de señalar airadamente quiénes son los más favorecidos por los arbitrajes deportivos, estaría bueno que le pusiéramos el mismo entusiasmo para denunciar y pedir resarcimiento cuando dilapidan nuestros recursos.

    En la última sesión de diputados, se les otorgó a los funcionarios la posibilidad de continuar con el régimen de tres aguinaldos al año. Así, quienes desempeñan su tarea en este ente y en otros organismos estatales, pueden disfrutar de los beneficios del poder, cuando enfrente nada más podemos ver que existe una gran franja de la población que sobrevive con lo que tiene, en condiciones de precariedad, y sin oportunidades de desarrollo para tener una vida digna.

    Así, en el país existen una serie de rubros que se inflan para favorecer a algunos privilegiados, que consolidan un sistema que los beneficia y perpetúa en sus cargos.

    La vida para el paraguayo común, sin embargo, está plagada de limitaciones e injusticias, que no son denunciadas y cuestionadas con la misma fuerza con la que se critica un error arbitral o una jugada polémica de un partido de la fecha.

    Si tan solo tuviéramos un poco más de fuerza en nuestros reclamos, todo sería mucho más fácil. Porque ya se demostró que cuando la gente se levanta y protesta, muchos parlamentarios tiemblan y rectifican su accionar. Pero como el Congreso no es una cancha, la hinchada sigue callada. En la sociedad, los goles llegan y no conmueven porque no vemos que estamos perdiendo el partido. Lo peor es que la goleada en nuestra contra es cada vez más indignante.

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    Publicado por Anónimo | 30 septiembre, 2016, 5:20 am
  32. Triple aguinaldo legislativo es otra bofetada a la ciudadanía

    Mientras la gran mayoría de los trabajadores solo cobran un aguinaldo básico al año –y muchos en el sector informal ni siquiera perciben ese beneficio–, ampliar el presupuesto de la Cámara Baja en G. 8.800 millones, para abonar un triple aguinaldo a los funcionarios de Diputados, constituye una afrenta para la ciudadanía, la que finalmente deberá pagar el dinero del que disponen arbitrariamente los legisladores. Sobre todo, cuando muchos que ingresan a trabajar en el sector lo siguen haciendo con favoritismos políticos y sin que se haya demostrado un destacado rendimiento en sus funciones. Es de esperar que los legisladores dejen de cometer estos desatinos y puedan revertir esta impopular medida política.
    Una ola de indignación ciudadana se manifestó en los medios de comunicación –y especialmente en las redes sociales en internet–, luego de que la gran mayoría de los diputados hayan aprobado aceleradamente en la sesión del miércoles un proyecto de ampliación presupuestaria de G. 12.000 millones, G. 8.800 millones de los cuales son para conceder un tercer aguinaldo a unos 1.300 funcionarios de la Cámara de Diputados.

    En total fueron 69 los diputados que votaron a favor y solamente dos lo hicieron en contra (Hugo Rubin, del Encuentro Nacional, y Ramón Duarte, del Frente Guasu), aunque posteriormente algunos se mostraron arrepentidos de haber avalado el proyecto y argumentaron que no lo habían analizado adecuadamente.

    La decisión tomada por los diputados constituye una nueva bofetada para la ciudadanía, porque profundiza la brecha entre una élite de funcionarios del Estado, que ganan altos salarios y gozan cada vez de mayores beneficios, mientras una gran mayoría de trabajadores solo accede a un salario y a un aguinaldo básico, y muchos que laboran en el sector informal no acceden a ningún beneficio, pero igual deben aportar los recursos de donde sale el dinero para financiar los privilegios.

    Que los funcionarios públicos cobren tres o más aguinaldos al año y perciban cuantiosos beneficios, mientras, por otra parte, hay niños y niñas que siguen dando clases bajo los árboles o bajo carpas, o se siguen desmoronando los techos y las paredes de muchas escuelas y colegios, marca un contraste que genera justa indignación.

    La gran generosidad demostrada por los legisladores, utilizando el dinero del pueblo, resulta todavía más chocante, si se tiene en cuenta que muchos de quienes se favorecen han ingresado a la función pública gracias a favoritismos políticos, beneficiándose con el padrinazgo de muchos diputados y senadores, y sin haber demostrado hasta ahora un destacado rendimiento en sus funciones que justifiquen el extraordinario premio que se les brinde.

    Por el contrario, son numerosos los ejemplos de utilización irregular o ilegal de los rubros salariales y beneficios laborales otorgados en el Poder Legislativo, como los célebres casos de la niñera de oro del senador Víctor Bogado, o los caseros del diputado José María Ibáñez, o los varios salarios de la médica Perlita Paredes, sin olvidar los casos del jefe de fotocopias o de los ascensoristas de oro, algunos que llevan años denunciados ante la Justicia, pero que siguen en total impunidad en base a chicanas, ante la inoperancia o la complicidad fiscal y judicial.

    Es de esperar que los legisladores dejen de lado el desatino y puedan revertir esta impopular medida política, por el bien de la democracia.

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    Publicado por Anónimo | 30 septiembre, 2016, 5:15 am

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