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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

¿Por qué gobiernan los peores?

di“Hay fuertes razones para creer que lo peor de los regímenes dictatoriales no son un accidente, sino que son fenómenos que el totalitarismo tiene que producir por fuerza más temprano o más tarde. De la misma manera que el gobernante democrático que se dispone a planificar la economía tendrá que enfrentarse con la alternativa de asumir poderes dictatoriales o abandonar sus planes”. F. Hayek, Camino de Servidumbre.
Siguiendo al citado pensador, la pregunta es: ¿por qué los peores gobiernan en las democracias? Y la expresión peor, en este caso, se refiere a que la democracia contiene fuertes incentivos para premiar a los demagogos y populistas moralmente desinhibidos, corruptos y hasta peligrosos.

Las elecciones por más transparentes y populares que sean, no son garantía alguna para evitar que aquellos lleguen al poder. ¿Por qué ocurre esto? La degradación de la democracia no es un tema menor. Y menos aún en un país como el nuestro. Así como la dictadura cayó víctima de su insoportable descomposición, a la democracia también le ocurre lo mismo. Ejemplos hay muchos. Para no ir tan lejos en el tiempo ni en la geografía, citemos el caso de Venezuela que, de ser la “democracia modelo” en Latinoamérica antes de Chávez, ocurrió que los demócratas les mintieron tanto a la gente con promesas de empleos y mejor calidad de vida, cuando que en realidad nada de ello ocurrió aún con elecciones transparentes.

El clima de opinión predominante en un sector de la población mayoritaria en número, resulta clave para comprender del porqué los peores llegan al poder en las democracias. Resulta que al demagogo hábil le resulta fácil lograr la adhesión de la población con gustos y sentimientos comunes, de principios morales e intelectuales bajos. Un individuo que forma parte de ese sector social, prefiere ser parte de la masa homogénea, deseoso por solucionar sus problemas a cualquier costo.

Esa masa homogénea es poco crítica y está dispuesta a la acción. No le interesa los efectos a mediano o largo plazo de las medidas que se tomen desde el gobierno de turno con tal de que se aprueben sus exigencias. Este escenario, por supuesto, es propicio para que el político profesional demagogo aparezca en escena puesto que es el mejor intérprete de ese ambiente y se aparece como un salvador.

El mecanismo que va a poner en ejecución las exigencias de las masas viene a ser el Estado, el aparato de coerción por antonomasia, que mediante la ley (que más bien deberían llamarse mandatos) tiene la atribución de exigir, bajo pena de sanción, el cumplimiento de lo votado por la mayoría. Este es el primer paso para lo que después se convierte en una verdadera planificación, diseñada según consideren la masa recurrente, los políticos y burócratas.

Afortunadamente no todo es tan pesimista. Una manera de ir impidiendo que los peores accedan al poder consiste en contar con una población con un buen nivel de educación basada en la libertad, con una mayor cantidad de gente propietaria que garanticen sus haciendas y trabajos, con la convicción de que los valores de la honestidad y el respeto hacia los demás son edificadores de una mejor sociedad.

Por Dr. Víctor Pavón

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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6 comentarios en “¿Por qué gobiernan los peores?

  1. El mar llegó al Paraguay
    03 Oct 2016

    Por AUGUSTO DOS SANTOS

    Sucedió entre el 2034 y el 2039: un reacomodo de las placas tectónicas provoca cinco años de paulatina inundación del continente. El Atlántico llega hasta las orillas del –hasta entonces– río Paraná. (El tiempo paulatino es una licencia del autor para evitar que nadie muera a consecuencia de esta historia). Lo cierto es que para el 2039 somos desde Hernandarias en el Alto Paraná hasta Paso de Patria en Ñeembucú, costa marítima.

    El mar del Paraguay. Cuando se supo de este fenómeno, cinco años antes, el gobierno definió claramente que contar con mar abría tres desafíos fundamentales: la pesca, el negocio mercante y el turismo, alentando a diferentes sectores a organizarse.“La perspectiva es histórica, se está jugando el futuro de un nuevo Paraguay”, dijo en un discurso el presidente de entonces. El ejecutivo emite un decreto con los recursos y el staff de expertos que con mejor calidad y afinidad de propósitos podría llevar adelante el Plan Mar-PY 34/39. De inmediato surge un problema.

    El Congreso impone que las comisiones “pro mar” deberían estar integradas por delegados de partidos políticos, con representación parlamentaria. Para el efecto vota y aprueba un proyecto que encarga a tres comisiones del Congreso el asunto.

    El proyecto de turismo a congresistas con más viajes en los últimos cinco años; la cuestión de pesca queda con dos senadores que habían declarado de interés social la pesca de tarariras y la delicada función del comercio marítimo, por su complejidad técnica, lo dejan al senador que en su juventud fue timonel de un barco que hacía el paso entre Encarnación y Posadas.

    Fue un año de intensos debates para diseñar este proyecto. Se presentó otro drama. Diputados no estaba de acuerdo con la metodología. En primer lugar plantearon que los miembros de la comisión debían ser de las regiones costeras del futuro mar y de inmediato bautizaron el perímetro como “Área de afectación del Mar del Paraguay”.

    Un diputado que nunca habló en sesiones pidió la palabra para preguntar si no se podía prohibir la inundación hasta organizarse bien. Otro propuso “la comisión de indemnización de afectados por el mar naciente” explicando que nuestros pescadores no tenían idea de lo que sería pescar en el mar por lo cual perderían sus puestos de trabajo, que recolectores de morenitas perderían sus espacios de cosecha, que las lavanderas no utilizarían ya las costas por el asunto de la salinización y que incluso habría un daño sicológico porque nuestros pescadores históricamente estuvieron acostumbrados a ver la costa opuesta y ahora ya no tendría esa referencia por lo que habría que ir apurando multimillonarias indemnizaciones.

    Al tercer año de los debates aparecería un panfleto del EPP advirtiendo que rechazan todo mar que llegue hasta Paraguay porque sus playas solo serviría para el placer de “ricachones”.

    APA aparecería en escena solicitando un resarcimiento de 200 millones de dólares porque todas las canciones paraguayas que hacen referencia al río Paraná perderían vigencia, ante lo cual plantearían un sesudo trabajo de reingeniería literaria para reemplazar donde diga “Río Paraná” por “Mar del Paraguay”.

    En las FFMM se descubrirá una terrible sobrefacturación en la compra de submarinos de una oscura fábrica de chacinados en Andorra. Seis meses antes se abriría una agria discusión sobre si los miembros de las comisiones debían ser técnicos o políticos y si debían tener sueldos de Itaipú o Yacyretá.

    A 37 días del arribo del mar, entregarían el proyecto al Poder Ejecutivo y 10 días antes se organizará la comisión. La comisión decidirá –con muy buen tino– que lo importante ahora es ir a conocer la experiencia de países que ya tienen mar y hacia allá tomarán sacrificados vuelos. Desperté de la pesadilla y me dije: “Mar paraguayo”, dejá nomás.

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    Publicado por Anónimo | 3 octubre, 2016, 7:22 am
  2. No necesitamos nueva dictadura, sino una democracia más eficiente

    A esta altura de nuestro desarrollo como nación, reclamar la vuelta a una dictadura atroz como la de Alfredo Stroessner no se justifica de ninguna manera. La idea debe ser rechazada con la mayor firmeza. El último en proponer semejante desatino fue el senador colorado Carlos Núñez. El legislador lamentó que “lastimosamente (Stroessner) ya no está sobre la tierra”, porque de lo contrario los paraguayos íbamos “a vivir en paz y tranquilidad y vamos a vivir con las puertas y ventanas abiertas”. El aludido incurría en esta estupidez apenas días antes de que organismos de derechos humanos informaran la identificación de dos restos más de los muchos desaparecidos durante el repudiable régimen de su ídolo Stroessner.
    Abogar por el retorno a un sistema gubernamental autoritario, justamente en este momento en que el país se halla estremecido de emoción de haber visto asesinados a ocho militares a manos de una banda criminal, una organización que actúa bajo el estandarte de la violencia política, definiéndola como instrumento legítimo para conquistar el poder del Estado y asumir el control de la sociedad en su conjunto, constituye poco menos que adherirse a esa idea, aunque parezca que se la combate.
    La idea de la “mano dura” está vinculada a gobernantes duros, mas no en el sentido de rectitud en la aplicación de la ley justa y equitativa sino en el de la arbitrariedad. Combatir a las organizaciones violentas o delictivas en general para proteger la seguridad, los bienes, el honor, la integridad física de los habitantes del país, es un deber de todo gobierno, ciertamente, pero que debe ser cumplido bajo estrictas normas legales de procedimiento, civilizadas y éticamente fundamentadas. La “mano dura” que reclaman los autoritarios no cumple ninguno de esos requisitos.
    Que no vengan pues a insinuar, como desfachatadamente hace el senador Núñez, que los fracasos de la FTC, por ejemplo, resultan de la ineptitud del sistema democrático, cuando que él, como los demás políticos, conocen perfectamente bien las causas de este fracaso actual, a saber: la inhabilidad profesional de algunos jefes militares y policiales, la corrupción que campea en el seno de sus instituciones y el dedicar sus máximos cuidados a preservar sus privilegios que a empeñarse en el cumplimiento de su deber.
    La democracia dispone de todas las armas para defenderse de sus adversarios, por lo que resulta de mal gusto y fuera de lugar que se abogue por el retorno de una dictadura oprobiosa, como la que padeció el Paraguay con Alfredo Stroessner, como solución a los problemas coyunturales que padece el país. Los ciudadanos y las ciudadanas deben repudiar con firmeza esta clase de manifestaciones.

    http://diariolajornada.com.py/v6/category/editorial/

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    Publicado por Anónimo | 28 septiembre, 2016, 8:35 am
  3. Hacer política para cambiar la realidad
    Alberto Medina Méndez

    A cualquier dirigente del presente se le interpela con el mismo interrogan­te. La pregunta recurrente intenta averiguar acerca de las profundas motiva­ciones que lo llevaron a ingresar al árido mundo de la acción política.

    La respuesta aparece casi instantáneamente, como un latiguillo, que pretende ser ampuloso y grandilocuente, pero que no puede evitar caer en la obviedad, por su excesiva vulgaridad y lo predecible de su contenido.

    El personaje en cuestión comparte con franqueza sus sensaciones e irre­mediablemente repite aquello de que la razón primordial que lo lleva a incursionar en política es cambiar la realidad, re­doblando luego la apues­ta, cuando confirma que ése es el único modo de transformar el presente.

    Es fácil coincidir con esa vaga percepción, tan difusa como general. Lo difícil es creer que este nuevo protagonista de esa fauna tan particular pue­da finalmente conseguir algo diferente a todo lo ya conocido, torciendo el descrédito que ha logrado acumular a lo largo de dé­cadas, esa actividad.

    La historia muestra demasiadas evidencias acerca del modo en que se licúa esa energía inicial y como ese cándido ciuda­dano se va desmoronan­do, se desdibuja, hasta mimetizarse totalmente con el resto de sus ‘‘cole­gas’’.

    La meta de hacer algo virtualmente novedoso, de meterse en el fango de la política para hacer todo de un modo singular, de embarrarse hasta el cue­llo para ser parte del loa­ble proceso de cambio y comprometerse con lo co­tidiano, parece algo muy provocador y tremenda­mente inspirador.

    No existen motivos sufi­cientes para endilgarle al nuevo habitante de este mundillo responsabilida­des sobre lo ocurrido en el pasado, ni tampoco es justo suponer que repe­tirá sistemáticamente las patéticas historias de sus antecesores. No deberían pesar sobre él esos erro­res y tendría entonces que disponer de la oportuni­dad de intentar construir su propia leyenda.

    Sin embargo, es per­tinente recordar que muchos iniciaron este recorrido con idéntico entusiasmo y una férrea convicción acerca de lo que pretendían concretar desde la arena política. No querían ser iguales y aspiraban a ser mejores. Se perjuraron no hacer lo impropio y se mostraron muy dispuestos a revertir esa providencial inercia que le planteaba el pasado inmediato.

    Es imposible dudar sobre ello. Seguramente esas encomiables intenciones son parte de la nómina de ingredientes que motiva­ron esa decisión de vida tan relevante. El desafío es, en todo caso, sostener esa claridad conceptual, sin dobleces sin perder el norte en el devenir de ese sendero.

    Existe una distancia con­siderable entre lo que se imagina aquel dirigente sobre ese espacio tan pe­culiar y lo que finalmente encuentra en él. Su inex­periencia puede llevarlo a tropezar muchas veces, pero eso es parte natural de cualquier proceso de aprendizaje, en casi cual­quier ámbito.

    Lo que indudablemente es un gran reto es per­severar defendiendo los principios, mantener in­tacta la llama que sirve de guía, recordar siempre las razones esenciales que llevaron a tomar se­mejante determinación y que movilizaron al punto de generar esas incon­tenibles ansias de hacer política.

    La crónica contemporá­nea recuerda con crueldad que el tiempo finalmente juega en contra. Que a medida que se gana en despliegue, se pierden valores, que al avanzar en este perverso juego, que­dan en el camino muchos buenos anhelos y des­aparece paulatinamente el coraje original.

    Muchas veces los polí­ticos intentan justificar sus decisiones aseveran­do que hacen lo que pue­den y no lo que quieren, que todo culmina en el ‘‘arte de lo posible’’ y no precisamente en hacer lo necesario en cada cir­cunstancia.

    No se trata de ser in­transigente y creer en falsos purismos. La tarea pasa, en todo caso, por avanzar con pasos fir­mes y perseverantes, por negociar articulando con otros actores, pero siem­pre en una dirección con­creta, con metas claras y con hitos intermedios que siempre se encami­nen al objetivo.

    Es imprescindible en ese contexto, que el sujeto revise sus visiones. Si se ha ingresado a la política para cambiar la realidad y se presentan oportunida­des, no parece admisible postergar lo correcto y continuar con lo inde­bido. Cabe, en ese mo­mento, cuestionarse con vehemencia acerca de los verdaderos motivos que lo impulsaron a partici­par en la política.

    Tal vez la razón no haya tenido que ver con el de­seo de modificar el pre­sente, sino en todo caso con la ambición de acce­der al poder, de sentirse importante y liderar, de mandar y dar órdenes, de ser un personaje público y famoso, de alcanzar re­conocimiento y disfrutar del prestigio.

    Claro que la política puede ofrecer mucho de eso. Es posible que mu­chos se muestren en­tusiasmados con lograr tantos tentadores objeti­vos personales. Pero se­ría muy saludable expli­citarlo, empezar por no engañarse a sí mismos y evitar estafar a la ciuda­danía, diciendo una cosa por otra.

    Lamentablemente mu­chos llegan a la política con un discurso moral­mente correcto y recitan sus buenos propósitos consiguiendo a su paso el ensordecedor aplau­so de sus afectos que lo estimulan a lanzarse al ruedo.

    Hacer política es nece­sario. Alguien tiene que tomar esa posta. Los más aptos, los que tienen el deseo pero también los talentos para lograrlo deben emprender ese recorrido. Pero es vital comprender que para encarar este proceso se debe dimensionar la trascendencia de intentar modificar rumbos.

    No se necesitan nue­vos políticos para seguir haciendo lo mismo, ni para conservar todo lo malo. Se precisan nuevas mentes, estilos diferen­tes e ideas superadoras. El entorno evoluciona y necesita entonces de una dinámica ágil y capaz de interpretar esas eventua­les mutaciones.

    Más allá de la retórica estéril y vacía, es esencial darle un sentido a la ac­tividad política. Ingresar a ella para convertirla en una profesión muy ren­table o para satisfacer los más bajos instintos que vienen de la mano del poder, no parece algo de lo que se pueda estar or­gulloso.

    Si la idea es trascender, pasar a la historia por lo realizado, ser útil a las fu­turas generaciones, pues entonces adelante, pero siempre con la convicción de que se ha decidido ser parte de eso no para que todo siga igual sino para patear el tablero. Si no se tiene el valor para inten­tarlo, si se carece de la determinación suficiente, no vale la pena seguir re­pitiendo aquello de que se ha decidido hacer política para cambiar la realidad.

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    Publicado por Anónimo | 26 septiembre, 2016, 8:02 am
  4. ¿Hay lugar para la nueva política?
    26 septiembre, 2016
    Por Santiago González

    Cada vez que se aproximan las elecciones uno se plantea escenarios y figuras probables. Los nombres por lo general terminan siendo los mismos, los viejos candidatos y los que ya tienen en las senadurías un lugar asegurado por su militancia. Últimamente la decepción hacia la clase política llevó a elegir a outsiders que sin mucha actividad partidaria anterior llegaron a cargos de relevancia.

    Tal es la desconfianza, que la gente termina eligiendo a un obispo, a un empresario o un conductor de televisión buscando alguien que robe menos o que aunque sea diga la verdad. El solo hecho de venir de afuera tampoco garantizó buena gestión.

    Cuando se discuten las bancas o las listas es muy común escuchar el monto que cada legislador pagó para asegurar su lugar. Al final, quienes llegan, en su gran mayoría y con limitadas excepciones son quienes consiguieron el dinero o la bendición de sus partidos.

    Los liderazgos emergentes y sin contaminación partidaria están lejos aún de tomar el control de las instituciones y los pocos que lo hicieron hasta ahora, demostraron que son un poco menos corruptibles que los que durante la dictadura ya tuvieron algún rol protagónico o de reparto.

    Quizá los casos de éxito impulsen a los jóvenes a postularse a más cargos para el 2018 o tal vez los partidos entiendan por fin y lejos del discurso que hay una generación que pide cancha.

    Nada, absolutamente nada nos garantiza que los jóvenes mientan menos o roben menos, pero hasta ahora creo que los que llegaron en su gran mayoría no defraudaron. La juventud por sí sola no es una garantía. La capacidad, la gestión, el perfil y sobre todo la honestidad terminan siendo elementos determinantes para hacer cosas diferentes.

    En el 2018 no podemos permitir que la mayor parte de la población paraguaya ocupe tan pocos cargos de relevancia en la función pública. Es hora de ser coherentes con aquello de “la juventud es el futuro” que decimos desde hace tanto tiempo y dejar por fin que sea parte del presente.

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    Publicado por Anónimo | 26 septiembre, 2016, 7:57 am
  5. Grotescas paradojas de la política criolla

    La práctica de la política nacional se vuelve cada día más grotescamente paradójica, en la medida que se sigue cumpliendo inexorablemente la máxima de Eligio Ayala: en el Paraguay, las carpas prevalecen sobre los partidos políticos, es decir que cada caudillo, cada cacique, defiende su toldería a todo lo que da, sin importar a qué costo ni a costa de qué ridículo, sin pensar, como decía Juan Domingo Perón, que del lugar que no se vuelve es del ridículo.

    Aquí se hace el ridículo sin temor a “no volver”, confiando en la cortedad de la memoria nacional, teniendo en cuenta la cantidad de años que han pasado desde que el sabio e indiscutido político liberal sentenciase tal diagnóstico del mal de la política nacional.

    El caso más reciente, patente y patético, es el ocurrido en la reciente Convención del partido Liberal Radical, cuya trayectoria histórica democrática de lucha merece más respeto y mejor suerte.

    En la misma asamblea, mientras se expulsaba a seis diputados –contrarios al oficialismo, desde luego, por no haber acatado un mandato del partido de votar por la opción impuesta desde arriba– se reintegraba al senador Amarilla, quien fue expulsado –por el anterior oficialismo– por haber votado en contra del mandato del partido, con el agravante de que la expulsión de los seis disidentes se hizo en la Convención, a vivo griterío, con lo que podríamos llamar la “justicia de los hurreros”, sin que los condenados tuvieran derecho a la defensa, condenados por la ululante barra brava oficialista, como los futbolistas o los referís en la ardiente arena del circo pelotero.

    Más groseramente paradójico resulta que la principal propuesta de la actual conducción partidaria dice proponerse una gran alianza con la oposición, cuando no han sido capaces de consensuar internamente, hasta el punto que el presidente y el vicepresidente electos, tras haber hecho campaña mano a mano, a días de asumir ya están enfrentados.

    ¿Qué alianza seria puede ofrecer un partido que aún candentes las elecciones ya tiene enfrentados a los dos principales líderes, presidente y vicepresidente? Cuya inauguración de autoridades comienza y termina con la trifulca, que se realiza a los gritos, con “guerra de hinchadas”, como en partido so’o, y con la retirada en son de protesta de casi la mitad de la dirigencia partidaria?

    Y, por si faltaran contradicciones, que la Convención apoyara la reforma judicial, cuando sus representantes en el Congreso están boicoteando la posibilidad de enjuiciar a tres ministros, que juntan más antecedentes delictivos que Alí Babá y los cuarenta ladrones.

    Aquí la paradoja se vuelve más escandalosa, si se puede, ya que la Convención decidió apoyar la reforma judicial y conformar una comisión para el efecto, que, como todo el mundo sabe, es la mejor manera de prolongar indefinidamente cualquier solución a cualquier problema.

    El juicio político a los tres ministros en cuestión está paralizado en el Congreso hace rato debido justamente a la acción dilatoria, con la ausencia de los senadores efrainistas y sus aliados, para impedir que haya quórum para enjuiciarlos.

    Y estamos hablando de uno de los problemas más sensibles de la sociedad, la inseguridad que, como todo el mundo sabe, depende finalmente de la acción de la Justicia.

    ¿Qué seguridad pueden ofrecer los hoy todavía aliados alegre-busarquistas si deciden mantener a los jueces puestos en el banquillo por los frondosos antecedentes que poseen de apoyar a la delincuencia y a los jueces que negocian los fallos judiciales?

    Como para todas las situaciones paradójicamente irracionales hay una posible disculpa, en este caso dicen, lo hacen ante la posibilidad de que el oficialismo tenga mayoría para “copar” la Corte Suprema. Así que el oficialismo que no tiene quórum ni para iniciar el juicio a tres magistrados, menos lo tenga para imponer a jueces afines.

    ¡Otra grotesca paradoja de la política criolla!

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    Publicado por Anónimo | 26 septiembre, 2016, 5:21 am
  6. El voto duro puede esperar
    26 Sep 2016

    Por Augusto dos Santos

    Semiótica fecal. Algo no funciona bien en una sociedad que ocupa 48 horas debatiendo si defecar en una oficina pública está bien o está mal. Y funciona aún peor cuando con forzada intención de justificarlo se menciona que “eso es lo que nos hacen las autoridades todos los días”.

    Nunca vamos a crecer como sociedad si no empezamos a respetar el espacio que compartimos. Eso tiene una significación medioambiental, una social, otra política, pero también tiene una significación simbólica. Es muy respetable la lucha de Paraguayo Cubas por la depuración de la Justicia y es probable que el juez de marras sea corrupto, pero finalmente fueron dos obreros los que recogieron lo defecado.

    Cuando los gestos son solo mediáticos los resultados tienden a no ser estructurales y finalmente es el pueblo el que recoge la cac…

    La mala onda de Guahory. Con el desalojo de Guahory pasó todo lo que tenía que pasar para dejar mal parado al Gobierno.

    La impactante comunicación de un hombre hablando en cuasi-portugués, dando orientaciones y aliento al responsable policial de la destrucción de casas de ocupantes campesinos, repitiendo constantemente una frase sobre que el Presidente “ autorizó la limpieza” y por si todo fuera poco transportado en helicóptero, medio representativo de poder como pocos.

    En un proceso con un gobierno que ha demostrado en todo momento su incondicional respeto a la propiedad privada ¿cuál era el chiste de producir un video de semejante mal gusto por parte del dueño de las tierras? No queda otra duda que fue una intención de agregar a la operación fiscal y policial una cuota de patoterismo audiovisual.

    El resultado está a la vista: el Gobierno acusado de insensible y entreguista y la oposición con una gigantesca agenda para sacarle el lustre en todos estos días.

    El giro progre de Efraín. Disciplinado a las estrategias como pocos, Efraín Alegre está emitiendo señales muy claras de un “giro progre” que no se sabe si es transitorio o permanente. Su identificación presencial con eventos fuertes como las visitas a Guahory o su solidaridad con Kelembú, Cubas y otros, obliga a analizar sus acciones como una intencionalidad.

    Es temprano aún, pero una lógica podría ser su intención de pelear por cuenta propia el voto progresista para evitar, de futuro, el subsidio de grandes liderazgos cuyas alianzas se vienen un poco rebeldes de obtener, como en el caso de Lugo, particularmente.

    La libreta de Lugo. El ex presidente arrancó una nueva etapa con una estrategia muy similar a la implementada en el 2006/7: sus reuniones con referentes regionales, pero con un tinte menos sesgado que antes, ahora con mayor presencia de empresarios locales y figuras no vinculadas a la izquierda.

    Es un método trabajado por Kencho Rodríguez, uno de los principales pensamientos que tiene Lugo en su entorno no izquierdista.

    Lugo piensa lo mismo que Efraín, pero desde el otro lado: necesita capitalizar la adhesión de liberales, colorados y otros sectores más conservadores que jamás sumaría desde sus partidos de izquierda. Para ambos, el voto duro puede esperar.

    La ANR lee el horóscopo. Algunos referentes, todavía muy contables con los dedos de una mano están buscando establecer contactos desde el oficialismo y la oposición colorada para diseñar el futuro postraumático de las internas. El oficialismo cree que ganará las internas para Presidente; la sangrienta guerra se perfila por las bancas del Congreso y ese es un dato vital para el futuro. Al menos en Paraguay.

    El giro “progre” de Efraín y las reuniones de Lugo con referentes locales no izquierdistas supone que ambos buscan sumar “el otro voto”.

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    Publicado por Anónimo | 26 septiembre, 2016, 5:20 am

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