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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Ganadores, más allá de las medallas

Cuando hace apenas horas que se apagara la simbólica llama olímpica que iluminó los Juegos en Río de Janeiro, vale la pena observar por un momento los hechos y personas que marcaron los momentos cumbres de las competencias de atletismo y deportes de todas las disciplinas.

Más allá de los triunfos resonantes, de las medallas de oro, plata y bronce ganadas a fuerza de perfección y trabajo, por encima de triunfos y aplausos, el público y los propios atletas premiaron especialmente a quienes, lejos de ser los mejores en tiempo, altura o desempeño deportivo, dieron el ejemplo vivo de lo que significa realmente el “espíritu olímpico”.

Así, los medios más importantes del mundo destacaron a diario las acciones llevadas a cabo por atletas que, sin dudar ni un momento, antepusieron su espíritu solidario a su propio interés competitivo, para apoyar a otros y ayudarlos a llegar a la meta.

Hubo casos, como el de las corredoras que llegaron últimas en una de las pruebas de velocidad, porque una de ellas se detuvo al ver que la otra caía a causa de una lesión y, dándole la mano, la ayudó a levantarse y seguir, aunque eso le costara a ella también la derrota.

Y llegaron últimas, pero envueltas en una ovación de pie del público y el destaque en los medios que transmitieron esa “carrera perdida” de las dos, como si fuera el mayor triunfo de cualquier atleta. Aunque otras ganaron oro, plata y bronce, las perdedoras ganaron mucho más que eso: pasaron a ser ejemplo del espíritu deportivo y de humana sensibilidad, algo que no vemos con frecuencia en éstos días , en un mundo tan competitivo.

Lo mismo ocurrió en diferentes momentos de éstos Juegos que quedarán en la memoria de todos, por la estética y belleza de sus ceremonias; la maravilla del paisaje y entorno de la ciudad carioca y el espíritu de fiesta que se vio reflejada en los medios masivos, en cada competencia o reto deportivo.

Hubo muchos ejemplos de solidaridad, de alegría por el triunfo del otro, a pesar de que cada atleta, como es de esperar, puso todo lo que tenía en cuerpo y corazón, para llegar a la meta o alcanzar un récord o una medalla. Más allá de los resonantes triunfos, de las sorpresas y de las derrotas de quienes eran “seguros ganadores”, estuvieron ellos y ellas: los verdaderos héroes olímpicos.

Hubo atletas que superaron difíciles enfermedades y libraron duras batallas contra el destino, antes de ser coronados en éstos juegos. Todos nos emocionamos con historias de superación y pelea dura contra las estrecheces, el abandono, las adicciones y la orfandad, que muchos triunfadores de éstos juegos, mujeres y hombres, vivieron antes de salir a dar todo en apenas minutos, para mostrar el resultado de un cambio de vida tan profundo.

Y, para muestra de esa inquebrantable voluntad, valga mencionar el sacrificio y entrega del atleta paraguayo Derlys Ayala, que compitió en la más dura de las disciplinas, y la más simbólica de los Juegos: la maratón. Con una lesión que apenas pudo mejorarse, salió a correr con alma y vida. Muchos cayeron exhaustos en el camino largo de la prueba, pero cuando el atleta vio que un corredor amigo estaba a punto de sucumbir por una lesión, él se detuvo a ayudarlo sin dudar ni un segundo y juntos llegaron a la meta, cumpliendo un sueño que acariciaban desde toda la vida: participar de los Juegos Olímpicos.

Lejos de arrepentirse por el hecho, el atleta nacional resaltó que ése es el verdadero espíritu olímpico, el de competir pero ayudar a otros; el de sentir que todos valen lo mismo y merecen estar. Por ello, fue premiado con la medalla del aplauso y el reconocimiento de público y medios, que destacaron el valor de la amistad y la solidaridad.

Un ejemplo que deberíamos aprovechar en todos los ámbitos, especialmente en la formación de nuestros niños y jóvenes; no solo en el espíritu de la competencia deportiva, sino en todos los aspectos de la vida. Aprender a dar lo mejor, sin límites y sin olvidar a los que han quedado en el camino o necesitan una mano para poder llegar a la meta.

Ganadores, más allá de las medallas

 

 

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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5 comentarios en “Ganadores, más allá de las medallas

  1. Carmen y Derlis

    Tan solo dos semanas atrás Paraguay cerraba su participación en las Olimpiadas Río 2016 con una anécdota protagonizada por el compatriota Derlis Ayala, atleta corredor de maratón –disciplina madre de las olimpiadas– quien con su espíritu solidario aminoró su marcha a pocos metros de la meta y quedó a alentar al competidor de Argentina a que culminara la prueba de 42 k y 195 m. El gesto solidario quedó para la posteridad en las fotografías y videos de las agencias noticiosas internacionales. Una semana antes de ese cierre, Carmen Martínez hacía lo propio con su participación en la misma modalidad en femenino.

    Y aunque tendemos a ser siempre “resultadistas” habría que conocer un poco más de la historia de Carmen y Derlis para entender lo significativo que es que ambos hayan llegado a una olimpiada y, anoten esto, por méritos propios, sin invitación a dedo, sin depender de gozar o no de la simpatía de quienes tienen que sugerir a los organizadores a quienes pueden invitar a participar en las diferentes modalidades en las que Paraguay envía representantes.

    Son personas como todos nosotros que un buen día decidieron participar de las corridas callejeras urbanas. Carmen era una peluquera que se inició en las carreras de la mano de su pareja, para acompañarlo en cuanta corrida había casi todos los fines de semana. Derlis, un adolescente que nunca llegó a conocer a su madre y cuyo lugar favorito era la casa del abuelo, corrió por primera vez con la ilusión de ganar y así obtener dinero para comprarse el pasaje e ir a visitarlo.

    Desde entonces, ambos se propusieron una meta personal, ir mejorando y con cada progreso iban pensando en el objetivo hasta que lo lograron: llegar a las olimpiadas con las marcas requeridas para estar entre los grandes. Quienes conocen de este deporte saben que correr es en primer y último término siempre una carrera contra uno mismo.

    Solo quien un día decidió calzarse las medias y ajustar bien los cordones de sus championes sabe que dar una vuelta a la manzana, una vuelta a Ñu Guasu o tomar las calles corriendo en medio de la marea humana de luchadores contra el sedentarismo, entenderá que llegar y completar es el mejor podio personal para quien se desafía todos los días.

    Lo que nos diferencia de Carmen y Derlis es que aumentaron el nivel de entendimiento de esa premisa y en cada zancada llevaban un sueño. El compromiso y la constancia de ambos no pasó desapercibido por parte de entendidos en la materia como los directivos del Paraguay Marathón Club, primero, y los auspiciantes después. Así es que con su apoyo y acompañamiento llegaron al objetivo: representarnos en las Olimpiadas.

    De hecho, el próximo objetivo de dicho club es llevar a cuatro corredores a Tokio 2020 y ya han puesto el ojo en alguno que otro corredor urbano. Sin la fe que ellos pusieron en Carmen y Derlis, jamás hubiésemos visto ondear la bandera paraguaya en la meta de Río.

    Eso es algo grande, sin embargo, parafraseando al colombiano Alberto Salcedo Ramos, “por frívolos o por apasionados o por pusilánimes, nuestros países les exigen más a sus atletas que a sus políticos”.

    Por Marta Escurra

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/carmen-y-derlis-1515194.html

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    Publicado por Anónimo | 6 septiembre, 2016, 7:51 am
  2. La medalla más gloriosa en el Olimpo de Atenas
    28 Ago 2016

    Por: Cristóbal Nicolás Ledesma Salas

    El 28 de agosto no es una fecha cualquiera para nuestro país y más a los asociados al mundo del fútbol, deporte que apasiona a los casi siete millones de habitantes, y que vive con particularidad los triunfos y también las derrotas.

    La noticia de que íbamos a realizar la cobertura para el Grupo Nación de Comunicaciones, de la presencia Albirroja en Grecia ya fue impactante. Hacer las maletas para unos pocos días fue cuestión de minutos, en ese tren del pesimismo con el que nos desenvolvemos en la generalidad de los casos.

    Ver en nuestra serie a Japón, Ghana e Italia era como para pensar: cuánto duraríamos! Miguelito, Silverio, Juan José, Dani y Yo éramos toda la prensa que llevaba Paraguay para la cuna de los Juegos. Desembarcamos en Tesalónica, a orillas del mar Egeo, por un tiempo parte del poderoso Imperio Romano, donde se respiraba pura historia, los comienzos de la vida misma.

    El calendario nos decía que debíamos enfrentar a Japón, en el bello estadio Kaftanzoglio, donde la Albirroja ganó 4 a 3 un partido de altas revoluciones. Los goles nuestros fueron convertidos por Pablo Giménez, José Cardozo (2) y Aureliano Torres en una jornada inolvidable para el “puchito” de paraguayos en tan grande escenario.

    La segunda fecha nos anunciaba la presencia de Ghana, en el mismo estadio, donde caímos por 1-2, teniendo como único anotador a Carlos Gamarra, ante los siempre imponderables –en cuanto a edad se refiere– de los africanos.

    Paraguay debía trasladarse a Atenas para medir a la poderosa Italia de Andrea Pirlo. Llegar, por primera vez al imponente estadio Georgios Karaiskakis ya era como prenderse una medalla al pecho. El golazo de Fredy Bareiro para derrotar a la Azzurra era un delirio. Paraguay pasaba a la segunda fase.

    Los cinco periodistas, más la presencia del gran Luis Salinas, hacíamos las cuentas de las monedas y el ajuste de cinturones era más que necesario.

    La organización indicaba que: Debíamos volver a Tesalónica. Por un lado y fuera de lo estrictamente futbolístico, era una noticia buena. En dicha ciudad había mayor calidez humana que en la capital griega.

    Corea del Sur era el siguiente objetivo y ganamos con goles de Fredy Bareiro (2) y José Cardozo. Para entonces hicieron su aparición los infaltables compatriotas que están en todas partes. Las remeras albirrojas y las banderas formaban parte del paisaje griego. Nos abrazábamos todos, llorábamos y disfrutábamos el momento.

    Miramos la pizarra de resultados y encontramos a la exótica selección de Irak como rival en semifinales. Ganar significaba la primera medalla en la historia paraguaya.

    Las medidas de seguridad se multiplicaron por diez. La situación política mundial ameritaba que nos revisen hasta el cabello en el ingreso al estadio de Tesalónica. Y Paraguay volvió a ganar. Fue 3-1 con los goles de José Cardozo (2) y Fredy Bareiro para asegurar la primera medalla en la historia.

    Y volvimos a Atenas donde Phelps comenzaba a deslumbrar al mundo para jugar la final, un 28 de agosto. Paraguay cayó ante Argentina 0-1, sin contar con el “Pepe” Cardozo y diezmado por lesiones inesperadas, pero subió al Olimpo para prenderse la Medalla de Plata, teniendo como testigos a cinco periodistas y a todo el mundo ponderando la hazaña de la Albirroja.

    Felicitaciones y gran reconocimiento a los medalleros de Atenas 2004!!!

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    Publicado por Anónimo | 28 agosto, 2016, 6:48 am
  3. Espíritu olímpico
    17 Ago 2016

    –Por Pablo Noé

    Estuve siguiendo los Juegos Olímpicos –los primeros en Sudamérica, por lógica simple los más cercanos geográficamente–, y lo primero que queda en evidencia es lo lejos que estamos, tanto en infraestructura como en nivel de competencia para todo tipo de deportes, y principalmente en lo que implica a esta cita, el espíritu de competencia sana, en donde el vencedor y el derrotado se definen en un campo de juego.

    Más todavía cuando el fin de semana estuve en la cancha con mi familia acompañando a mi hijo mayor que está en la escuela de fútbol. Iba a desfilar con sus compañeros mostrando al público de Para Uno los trofeos obtenidos en la primera parte del año, con la ovación lógica de la multitud que estuvo en el estadio. Los medios de prensa dieron destaque al centenar de pequeños, que alborotados aguardaban su momento de gloria.

    El momento de mayor emoción se vivió cuando por pedido de los cronistas de televisión retumbaba el canto de los chicos alentando al club de sus amores: “Franjeado me enamoré de ti, tus colores así yo los sentí, una tarde mi viejo me llevó…”. Aquel conocedor de estas costumbres sabe que estas emotivas frases iniciales terminan con un insulto hacia los tradicionales rivales. Es más, si uno repasa la letra de las canciones de cancha, la mayoría tiene esta característica.

    Allí me acordé de Melanio, nuestro jardinero allá por la década de los 80. Su aspecto particular parecía extraído de un libro de ficción, por lo que nunca pasaba desapercibido. No lo fue para la Policía cuando el atentado que le costó la vida al ex dictador Anastacio Somoza despertó una pesquisa, en la que él fue detenido por portación de rostro como un potencial sospechoso.

    En todos los aspectos estamos en falta. Principalmente desde el momento en que aceptamos que el comportamiento de las barras bravas es el paradigma del espectador deportivo. Entronizamos como la imagen ideal del público a los generadores de violencia, que adoptan desde el propio un discurso cargado de agresividad.

    Quienes lo conocíamos estábamos más que seguros que nuestro amigo era incapaz de hacerle daño a nadie. Además de su bondad, también lo caracterizaba su amor eterno e infinito por el club de sus amores. La vida, dura de por sí, le podía privar de muchas cosas, pero nunca de los recursos necesarios para ser el primero en estar cuando se abrían los portones de Gradería Norte.

    Con Melanio podíamos discutir por horas sobre las polémicas de la jornada, siempre dentro del marco del respeto. Nunca coincidimos, por obvias razones, pero había dos cosas invariables, él siempre iría a acompañar a su equipo y yo lo respetaría por tal demostración de fidelidad.

    Estas vivencias me llevaron a reflexionar sobre la manera en la que construimos imágenes y valores en la sociedad. Cuando hacemos que nuestros niños repitan un lenguaje agresivo y legitimamos el insulto como manera de vivir la pasión de un deporte, como si fuera que este comportamiento, al que llamamos folclore del fútbol, sea algo normal.

    Lo mismo cuando en la campaña de ampliación del estadio de Barrio Obrero se destaca que la obra está realizada por hinchas de verdad, es decir por integrantes de la barra brava que además de los trabajos de albañilería, cantan y llevan sus banderas como elementos indispensables de su tarea. Los hinchas de verdad se parecen más a Melanio que a los violentos que se escudan en los colores para realizar todo tipo de actos repudiables.

    Alguna vez alguien con mucho tino dijo que la calidad de la sociedad se puede medir por el nivel de las cárceles, los hospitales psiquiátricos y el comportamiento en los estadios de fútbol. En todos los aspectos estamos en falta. Principalmente desde el momento en que aceptamos que el comportamiento de las barras bravas es el paradigma del espectador deportivo.

    Entronizamos como la imagen ideal del público a los generadores de violencia, que adoptan desde el propio un discurso cargado de agresividad. Si partimos desde este punto, los acuerdos para construir políticas públicas que fomenten el deporte serán mucho más fáciles de alcanzar, teniendo como sustento el respaldo de las familias, aquellas que se alejaron de las canchas por culpa de los violentos de siempre.

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    Publicado por Anónimo | 22 agosto, 2016, 6:27 am
  4. La nostalgia de ver los Juegos Olímpicos
    21 Ago 2016

    Por: Cristóbal Nicolás Ledesma Salas

    Una nostalgia muy profunda nos invade en estos días de desarrollo de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, que no solo vemos con la atención de siempre; festejamos un nuevo récord, el “vuelo” de Bolt, la maestría de Phelps, la enorme calidad de Simone Biles, la profunda ansiedad de Neymar o la tremenda jerarquía del equipo de basquetbol de los EEUU; sino que también recorre nuestra cabeza aquellos días de odisea por la mítica e inolvidable Grecia.

    Y ya pasaron 12 años de haber conquistado la Medalla de Plata, en fútbol, en medio de las deslumbrantes carreras de Phelps que ganaba 6 medallas de oro, el llanto del brasileño Vanderlei de Lima, quien fue “sacado” del Maratón por un sacerdote cuando llevaba las de ganar, las impresionantes carreras largas de los africanos/as, o el “flash” de Justin Gatlin, que corrió 100 metros en 9, 85 segundos.

    Conocer Grecia y sus ciudades de tanta historia como Tesalónica y Atenas, para un puñadito de periodistas que estábamos detrás de la Albirroja, ya era ganar una medalla. Esa fantástica generación de futbolistas como Diego y Édgar Barreto, Carlos Gamarra, Julio Enciso, Diego Figueredo, Fredy Bareiro, Julio González Ferreira, Pablo Giménez, José Cardozo y tantos otros bajo la conducción de Carlos Jara Saguier, nos regaló la insospechada Medalla de Plata.

    La Albirroja Sub 20 alcanzó la cuarta ubicación en el Mundial Juvenil de Argentina 2001, la de Mayores ganó su Copa América en 1979, el octavo lugar en el Mundial de Sudáfrica 2010, Olimpia su última conquista internacional en el 2002 y después tuvimos que conformarnos con segundas plazas, como la de Nacional en la Libertadores, por ejemplo.

    Algo estamos haciendo mal internamente, no debe pasar tanto tiempo con la cantidad de tan buenos jugadores que siguen saliendo de la cantera de los clubes. Los destinos internacionales de jóvenes como Sergio Díaz, Walter González, Riveros, Tony Sanabria –solo por citar algunos– y los que rinden alto a nivel local, dan para otro tipo de resultados.

    Cerro Porteño está jugando internacionalmente y la ventana siempre está abierta para una probable transferencia de Cecilio, se va Luis Leal, dan de baja a otros más, etc. ¿Se puede llegar a buen puerto con este tipo de acontecimientos en el plantel? Es muy difícil, a no ser de las grandes casualidades o accidentes futbolísticos.

    El nuevo equipo de profesionales de las selecciones menores apunta a renovar este camino albirrojo de ganar mayor protagonismo en el consenso internacional, pero no solo depende de cuantos trabajos se haga con Sarabia, Morínigo o quien venga para la Sub 15, sino de los renunciamientos verdaderos de los responsables de las formativas, en los clubes, para que las selecciones sean realmente la prioridad nacional.

    La proyección que debe tener la planificación del trabajo de las selecciones, que apunta a tener un mismo estilo futbolístico y ganar en competitividad, depende del tiempo que se dé a los profesionales para plasmar esa idea en el campo de juego.

    Si no logramos ese propósito, seguiremos con triunfos pasajeros o apariciones muy esporádicas en el escenario mundial.

    De no ajustarnos al trabajo real, en tiempo y forma como lo hacen Phelps, Bolt o Biles, seguiremos ponderando triunfos de estos monstruos del deporte que nacieron hechos para competir, pero perfeccionaron sus cualidades con miles de horas de entrenamiento, mentalidad puesta en el objetivo, conducta en el día a día y mentalidad positiva para alcanzar alguna medalla.

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    Publicado por Anónimo | 22 agosto, 2016, 6:14 am
  5. Valeu, Rio.
    21 Ago 2016

    Por Jorge Vera

    No fueron catastróficos, fueron inolvidables. No fueron perfectos, pero brillaron. Rio 2016 se despide con más buenas que malas. Con muchas más buenas que malas. Y les dice alguien que se quejó todos los días del pésimo sistema de transporte de prensa y que tranquilamente puede escribir este artículo desde una posición más irritante.

    Pero dentro de la situación política y económica que reinan actualmente en Brasil, Rio 2016 puede sentirse orgulloso de haber cerrado unos Juegos inolvidables. En la previa nos pintaron el fin del mundo, sin embargo, terminó siendo un espectáculo memorable. El zika, la inseguridad, las amenazas terroristas, el transporte público, las aguas de Guanabara, los escenarios sin terminar. Si, hubo falencias. Hubo robos –no el inventado por Lochte- y hubo deficiencias que pudieron ser evitadas. Tuvimos las piletas de clavados y waterpolo con un extraño color verde. Las tribunas se encontraron con poco público en varios eventos y algunos atletas se quejaron de ciertas condiciones de la Villa. Y de yapa, un integrante del Comité Ejecutivo del COI fue arrestado por reventa de entradas.

    Pero el deporte y su majestuosidad siempre superan todo. Los brasileños le pusieron empeño y crearon –dentro de sus posibilidades- un clima de fiesta. Rio quedará en la historia por despedir a Phelps y recibir a Simone Biles. Lo del norteamericano y sus 23 medallas de oro significó una demostración más de su grandeza instalada para la eternidad. Volvió a enamorar y volvió a conquistar. Su legado es de los más importantes de la historia del deporte.

    Usain Bolt arrasó con la Cidade Maravilhosa y fue show + triunfos + locura. Todo en una sola persona. Carismático como el sólo. Capaz de ganar y divertir, de colgarse el oro y bromear. Capaz de ser Usain Bolt.

    Simone Biles volvió a rememorar los tiempos de Comaneci. Fue tan humana –al igual que Phelps- que en la viga de equilibrio se equivocó y quedó tercera. Ganó 4 oros. Sonrió todo el tiempo. Esta chica de 19 años y de 1 metro 46, sencillamente enamoró.

    La Generación Dorada, esa de un país tan resistido a veces, dejó en claro que los valores son tan o más importantes que la victoria. Scola se dio el lujo de corregir al Diario Olé con aquel inolvidable “no entendieron nada de nada” y ofreció el mensaje correcto de deportividad. Ginóbili se fue llorando y nos quebró el alma. Ese puñado de hombres se despidió con el reconocimiento y el respeto de todos.

    El episodio de espíritu olímpico entre Nikki Hamblin y Abbey D´Agostino y el de Derlys Ayala y Federico Bruno. La selfie de las coreanas (una del Norte y la otra del Sur). El mano a mano final en salto con pértiga entre Da Silva y Lavillenie. Las lágrimas de Neymar. Serginho emocionado mientras vivía un cuento de hadas. Del Potro, Fiji, el gran Bradley Wiggins y Mark Cavendish, Ledecky y Katinka, Elaine Thompson. Inmortales todos.

    Fueron los juegos digitales. Más de 25 millones de visitas a la web y más de 2 billones de streamings para seguir las competencias. Twitter, Facebook, Instagram, Snapchat. Lo que espera digitalmente a Tokyo 2020 es inimaginable. Y eso que estamos a tan solo 4 años.

    Rio de Janeiro fue elegida en medio de otro escenario. Brasil era la creciente potencia económica de América y se mostraba fuerte frente a la debacle europea. Pasaron los años y la situación cambió. Con el presupuesto recortado al máximo y con malabarismos de por medio, la organización lidió para llevar adelante un compromiso asumido. Y lo hicieron bien. Las predicciones apocalípticas no fueron tales y Rio 2016 –insisto- con más virtudes que defectos, dejó en alto su nombre. Por todo esto y por estos 15 días maravillosos, bien cabe un Valeu Brasil!

    Los nuestros

    Marcelo Aguirre: consiguió su primera victoria en sus terceros Juegos. Cayó frente a un 52 del mundo en el segundo partido. Se notó la diferencia. A pesar de su preparación en Europa, se necesita de más circuitos, de mayor competencia de alto nivel durante el año.

    Verónica Cepede: cayó en primera ronda ante una jugadora inquietante del circuito. Niculescu ha derrotado a tenistas top con su derecha basada única y exclusivamente en el slice. Desorientó a la paraguaya que abusó de buscar por allí. Es el momento del despegue definitivo de una jugadora potente que asoma al Top 100.

    Paulo Reichardt: quedó último y suena duro. Su arranque fue interesante. Lastimosamente no lo pudo sostener. Paulo tuvo que venir a Brasil para entrenarse. En Paraguay no tiene campo de tiro para entrenar todo el año (en 2 meses se inaugura uno en la sede del COP). Fue un premio a su carrera como deportista.

    Benjamin Hockin y Karen Riveros: al igual que en Londres, no pudieron superar sus marcas. Merece una revisión a lo realizado y mejorar para llegar con todo al Mundial de pileta corta. Hockin todavía tiene alegrías para brindarnos y Karen puede luchar –tranquilamente- por un lugar en Tokyo (seguramente con Majo Arrúa, de seguir en este camino ascendente).

    Carmen Martínez y Derlys Ayala: en días complicados donde todos estuvieron por encima de sus registros, se destaca que finalizaron el largo recorrido de 42kms 195mts. Cumplieron su sueño olímpico luego de clasificar con marca requerida. Mención más que especial para el gesto de espíritu olímpico de Ayala para con su colega argentina Federico Bruno.

    Arturo Rivarola y Gabriela Mosqueira: metieron cuartos de final y se lucieron en jornadas inolvidables. Arturo dejó, volvió y clasificó a Rio. En su primera participación se ubicó entre los 24 mejores. Gabriela es sinónimo de lucha. Mujer paraguaya. Culminó 19 y aún tiene mucho por dar.

    Fabrizio Zanotti: faltó poco para meterse en el Top Ten. Tuvo una segunda jornada que lo alejó de los puestos de vanguardia. De continuar en este camino competitivo, Fabrizio será siempre una carta interesante.

    Julieta Granada: tildar de decepcionante su participación sería injusto. Si, su actuación fue mala. Lejos de lo esperado. Pero Julieta nos ha dado tanto (medalla de oro en los Odesur 2014 incluída) que estoy seguro, se levantará de este traspié.

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    Publicado por Anónimo | 22 agosto, 2016, 6:13 am

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