estás leyendo...
HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Los perros disfrazados

Uno de los conceptos que la lengua española no logra explicar acabadamente es la palabra miedo. Uno puede buscarla en el diccionario, pero entre lo que dice y lo que es realmente no hay punto de comparación.

La primera vez que creí entender su significado fue hace tantos años que ya casi parece irreal, durante unas vacaciones en el campo, donde no había ni luz eléctrica. En la madrugada, toda la casa de pronto se llenó de gritos, de tumulto, de linternas que volaban y de gente corriendo. Los mayores tomaban las armas y emprendían hacia el corral. Disparos. Después la calma, la brisa que lamía la pólvora y el silencio que se hizo día con los rayos del sol en el horizonte.

El amanecer sorprendió a los adultos deliberando. En el corral yacían muertas varias ovejas, sin heridas. El capataz explicó que no era la primera vez que ocurría, que se trataba de una bandada de perros. Sus víctimas preferidas eran las ovejas, a las que perseguían dentro del corral. Ellos jugaban y a ellas les reventaba el corazón a causa del miedo. Para ellos era una noche de juerga, para ellas la vida que se les escapaba. En sus enormes ojos abiertos se les veía el terror.

Décadas después esa escena se reprisó. En el momento fue difícil darse cuenta porque los actores, el escenario y hasta el guión eran diferentes. Era como comparar el tronco liso y suave de un guayabo, con sus ramas artísticas haciendo gestos al viento, con el tronco de un samu’u, ancho, vigoroso, firme, totalmente distinto al primero, pero en esencia seguían siendo la misma cosa.

Ocurrió en la época de Stroessner, cuando la Policía hacía sus barreras y apresaba a los ciudadanos por cualquier motivo, como por llevar pelo largo. Estos eran tres jóvenes que caminaban a las 3 de la mañana, cuando de pronto se toparon con una patrulla, que también iba a pie. Uno de los jóvenes fue muy rápido y literalmente desapareció. Los otros dos no atinaron a moverse. Se quedaron helados. Los uniformados, como esos perros a las ovejas, se les acercaron y exigieron cédula.

Eran jóvenes, no las tenían consigo. Miedo. Un violento golpe en el pecho hizo que una de las víctimas cayera al empedrado. No hubo motivo, solo prepotencia, impunidad. Una patada fallida y la burlona risa fue la señal de que tenían que correr, como esas ovejas dentro del corral.

Y lo hicieron, pero allí no había cercas, así que las piernas juveniles demostraron cuán rápidas podían ser. Nadie me lo contó. Yo fui testigo. Pasaron muchos años y todavía no entiendo el mensaje de esa obra que se dio en una calle del barrio Roberto L. Petit, con la luz del cíclope alumbrado público y las estrellas como decorado en el negro telón de la noche.

No hace mucho, otros perros también salieron de juerga, impunes, libres, todopoderosos y la manada embravecida y enloquecida persiguió una camioneta en la que iban una niña y su tío. De las fauces de las bestias escapaban saliva de adrenalina, los ojos eran fuego y los colmillos balas calibre 5,56 mm. Y la manada esta vez volvió a matar.

Lastimosamente, parece que la temporada de teatro apenas comienza. Esta vez los actores protagonizaron un nuevo capítulo. Distinto, pero igual, como el guayabo y el samu’u. En este argumento el joven aparece en un Peugeot sin chapa, es perseguido, detenido y acaba parapléjico; es decir, sin poder moverse de la cintura para abajo a causa de una bala que recibió en la médula.

Él dice que se entregó y que la Policía le disparó en la nuca sin razón. Los uniformados argumentan que el joven abrió fuego contra ellos. El joven dice que no tenía arma y que le apretaron un revolver en la mano y le obligaron a disparar, talvez para que en la investigación diera positiva la prueba de nitritos.

Dicen que también hallaron un arma calibre 22 y hasta marihuana. Extrañamente, al joven le hicieron el alcotest y dio negativo. No es muy frecuente que un joven marihuanero sea abstemio. Este nuevo libreto tiene demasiadas contradicciones.

La lengua española no logra explicar acabadamente lo que es el miedo, así como los que tienen guardaespaldas no podrán entender lo que significa salir a las calles y encontrarse con una barrera.

El ciudadano común tiene miedo y está preso como las ovejas en el corral, indefenso, atrapado por las cercas invisibles de las leyes, expuesto a las manadas. Las ovejas tienen miedo y tratan de huir, mientras las puestas de terror se reprisan una tras otra, cada vez con más frecuencia.

¿Cómo explicar qué es el miedo? ¿Cómo hacer entender a los que tienen guardaespaldas cuán urgente es que se aclare este nuevo episodio? Los que salen sin protección cada día no saben si los perros con los que se cruzan son guardianes o salvajes de manada.

Por Alex Noguera

Los perros disfrazados

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

21 comentarios en “Los perros disfrazados

  1. Policías como guardias privados
    7 diciembre, 2016 0 6

    Nuestro diario publicó ayer el remanido caso de los agentes policiales que cumplen funciones de guardias privadas en entidades bancarias y locales comerciales del Alto Paraná. Es una práctica bastante criticada y que varios ministros del Interior ya habían prometido terminar, pero que sigue tranquilamente. Anteriormente, al menos los policías que trabajan como guardias privados lo hacían vestidos de civil, en la actualidad ya lo hacen con total desparpajo vistiendo el mismo uniforme policial.
    El comisario principal Juan Fernández, jefe de Policía del Alto Paraná, dijo que es normal que los agentes cubran las entidades bancarias y cambiarias, ya que manejan grandes sumas de dinero. Respecto a la cantidad aproximada de efectivos que están en esa situación mencionó que es relativa, y reveló que los uniformados pertenecen a las comisarías aledañas y a la Jefatura. Fernández declaró también que unos 200 cajeros automáticos son custodiados por los uniformados especialmente en horas de la noche.
    Se entiende que para el transporte de caudales o situaciones extraordinarias, los uniformados puedan prestar un servicio especial a las empresas privadas que lo solicitan. Pero eso tiene que responder a una necesidad extraordinaria, no un servicio permanente.
    La principal queja es que mientras la ciudadanía vive agobiada por el acoso de motochorros y delincuentes de toda laya, los uniformados están custodiando negocios particulares, incumpliendo el servicio para el cual el contribuyente les paga un salario, embolsándose millonarias sumas por dicho servicio.
    Se sabe que los locales que tienen este “privilegio” abonan una suma mensual y que inclusive solo algunos afortunados de las filas policiales acceden a la posibilidad de tener “ingresos extras” dedicándose a estas labores. Esto significa, por supuesto, el ingreso de una extraordinaria suma de dinero a los bolsillos de los jefes y los oficiales privilegiados.
    Esta recaudación paralela de los uniformados constituye algo absolutamente ilegal y pernicioso y debería inclusive ser investigado por los organismos pertinentes, porque estaríamos ante un caso de enriquecimiento ilícito. Este tipo de prácticas irregulares son las que van minando la credibilidad y la efectividad de la institución policial, cada vez más degradada y desacreditada ante la opinión pública.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 7 diciembre, 2016, 7:33 am
  2. La rica prepotencia

    Nuestro querido Paraguay tiene el poder de subvertir toda lógica y eso no es novedad. Aún así existen cuestiones que no dejan de sorprender a propios y extraños.

    Una característica bien marcada que lastimosamente está insertada hasta el karaku en esta sociedad es ir a contramano de lo establecido, y no solo eso: Tenemos todo el derecho de reclamar y hasta agredir a quien nos reclama hacer lo correcto.

    Nos pasa en el tráfico. ¿Les suena conocida la historia de algún desubicado que hizo una maniobra indebida, que no prendió el señalero o que simplemente se le ocurrió quedarse en medio de la calle para bajarse a comprar una empanada, con la excusa de que prendió la bendita “luz de stop”, y nos puteó con vehemencia y hasta nos amenazó cuando amablemente (o no tanto) les hicimos notar su error?

    La noticia del agente de la Policía Municipal de Tránsito (PMT) que fue insultado y agredido físicamente, por los que se suponen “adultos responsables”, que tan responsablemente estacionaron en la acera del costado del colegio Cristo Rey, nos confirma que el horroroso cáncer de la prepotencia de la Ley del Mbareté sigue gozando de buena salud en el Paraguay, y que no es exclusividad de las capas bajas, para nada.

    Son pocos los que se animan a hablar públicamente de la prepotencia de la “gente bien”, pero existe, está ahí, pero hasta pareciera que es una cosa “normal” que se nos presenta ante nuestras caras.

    Es increíble cómo nos indignamos y pegamos el grito al cielo cuando se viraliza el video de un cuidacoches o de un limpiavidrios agrediendo a un ciudadano que no pidió su servicio, pero fingimos demencia cuando pasa exactamente lo mismo en el polo opuesto del clasismo. ¿Qué clase de ejemplo están dando esos padres a sus hijos? Pregunta medio obvia, pero hay que hacerla.

    Seguramente son los mismos padres que van a tirotear a los profesores que ponen bajas calificaciones o llaman la atención a sus hijos por mal comportamiento.

    Produce mucha tristeza que nos topemos con una nueva generación de prepotentes y matones cada vez que posamos la mirada hacia el futuro.

    El día que dejemos de reclamar a quien nos reclama con justicia será el día que verdaderamente avancemos, aunque sea un poquitito. Mientras tanto, la prepotencia no será solamente cosa de ricachones.

    PD: Un gran aplauso al agente que no estaba haciendo otra cosa más que el trabajo que le corresponde.

    Por Elías Piris

    http://www.ultimahora.com/la-rica-prepotencia-n1039898.html

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 18 noviembre, 2016, 9:45 am
  3. 0
    Cháke Policía

    Hoy escuchando, viendo o leyendo las noticias diarias, me hace recordar de mi niñez en mi pueblo natal cuando nuestros padres como tratando de calmar nuestras travesuras de niños, nos decían como amenazándonos “cuidado con portarse mal porque puede venir la policía’’ (cháke policía). Hoy después de más de 50 años de dejar mi pueblo natal y venir a formar parte de nuestra ciudad capital vuelvo a recordar el temor a la policía. Durante gran parte de la dictadura vivíamos con temor a los uniformados, pero cuando cayó teníamos la esperanza de que nuestras autoridades se ajustaran a las leyes para que nos sirvieran como resguardo y para dar seguridad para las personas y resguardar nuestro legítimo derecho de ciudadano libre. Pero pareciera que ahora con este último acontecimiento en Fernando de la Mora que tanta difusión tuvo por la prensa, frente a estos hechos hoy, el mismo miedo nos infunden que los “motochorros”. También se suma la desconfianza con la presencia de los policías.

    Es muy difícil calificar la intención con la que se nos acerca pues el temor generalizado hace que desconfiemos de ellos, claro que puede haber policías respetados y respetuosos, pero ¿cómo podemos diferenciar eso?

    Dado el caso todo esto a mí me hace recordar de mi niñez cuando inocentemente nuestros padres nos decían ‘’cháke policía’’.

    Gumersindo Santiago Adorno Pereira

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 27 octubre, 2016, 8:58 am
  4. Defensa de los infractores
    6 octubre, 2016 0 7

    Una vez más los pobladores de Minga Guazú hicieron escuchar su voz de protesta en la Junta Municipal, por los controles abusivos de la Patrulla Caminera. Según los concejales que hicieron de voceros de los vecinos, los policías se instalan detrás de los carteles indicadores de velocidad y aplican multas a los conductores. Además, los mingueros se quejan de la excesiva cantidad de puestos de control ubicados en la jurisdicción del distrito, dado que desde el Km 15 hasta el Km 30 existen siete puestos de control de los uniformados de dicha repartición.
    Las quejas también señalan que los hortigranjeros son despojados de su motocargas en los que trasladan sus productos a la Feria Permanente de Ciudad del Este.
    Es indiscutible que durante años la Policía Caminera, hoy Patrulla, fue un antro de corrupción, y en alguna medida lo sigue siendo, por las constantes denuncias de arreglos irregulares con los infractores para evitar las multas.
    También es cierto que resulta absolutamente aberrante que en un tramo de 15 kilómetros se tengan siete puestos de control habiendo zonas absolutamente liberadas por los efectivos de la caminera.
    Pese a todos los cuestionamientos que se pueda formular contra la Patrulla Caminera está visto que la ausencia de controles en las rutas hace que proliferen los accidentes de tránsito con saldos fatales. Los responsables de los hospitales reconocen que cuando se realizan controles en las rutas, los índices de accidentados se reducen drásticamente.
    Si se respetan las normas de tránsito, se tienen en reglas los documentos y el vehículo está en condiciones no existen argumentos para que los efectivos de la caminera apliquen multa alguna. Si se diera el caso de que inventen infracciones sería de mucha gravedad y merece una denuncia en la justicia, pero los que negocian coima con los policías, son aquellas personas que no tienen en regla sus vehículos.
    No se justifica de ninguna manera la corrupción de los efectivos de la Patrulla Caminera que perpetran arreglos irregulares para permitir que los infractores sigan circulando. Esta práctica también es criminal, porque por un poco de coima, vehículos que no están en condiciones siguen circulando en las rutas y conductores infractores siguen manejando poniendo en peligro la vida de otras personas.
    Es absolutamente vergonzoso que a estas alturas nuestra sociedad siga discutiendo cuestiones tan elementales, que se soluciona simplemente con la honestidad, de parte del ciudadano que tiene que cumplir las leyes, y la del funcionario, que tiene que hacer respetar las normas. El fondo de la cuestión es el mismo problema de todos los días, la terrible corrupción de nuestra sociedad y la inconsciencia y falta de preparación de nuestras autoridades, quienes antes que exigir que se cumplan a rajatabla las normas, se convierten en defensores de los infractores.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 6 octubre, 2016, 9:30 am
  5. Otra emergencia

    La Junta Municipal de Los Cedrales declaró, por unanimidad, emergencia distrital por los casos de abigeato que ocurren en la jurisdicción. El pedido había sido presentado por el concejal municipal César Romero (ANR), a raíz de las denuncias diarias de los pobladores más humildes, afectados por este flagelo. Según las informaciones ya fueron faneados más de cien vacunos por los cuatreros.
    “Hay muchos casos de abigeatos, prácticamente teníamos dos por semana y nunca se llegan identificar a los delincuentes. Por esto, muchas personas ya no quieren denunciar, pero nosotros les instamos a que presenten las denuncias para presionar a las autoridades policiales para que cumplan con su trabajo y aclarar estos hechos delictivos”, declaró a nuestro diario el concejal Romero.
    Privar a las familias del campo de su ganado es sacarle el sustento, pues sus vacunos, cuando no le proveen leche son bienes de capital para las labores diarias en el campo. De allí la gravedad del problema, que mueve una vez más a los concejales municipales a declarar “emergencia distrital”.
    No hace mucho a través de nuestro editorial también señalábamos, que ante la absoluta ineficiencia e indolencia de la policía del Alto Paraná, constantemente las autoridades tienen que declarar emergencia, para que los uniformados hagan su trabajo. Primero, fue Minga Guazú, donde los concejales alarmados por las quejas de los vecinos, ante el azote de los asaltos, urgieron cambios en la comisaría local. Luego fueron los pobladores de Presidente Franco, quienes también agobiados por los constantes asaltos declararon emergencia para que la policía intensifique los controles. Ahora, las autoridades de Los Cedrales, declaran emergencia, porque los policías destacados en la zona no mueven un dedo para investigar las denuncias. Como siempre, muchas víctimas ya no recurren a los uniformados porque saben que no harán nada y que todo terminará en el “oparei”.
    Es el denominador común en el departamento. Ante la ineficiencia e indolencia de la policía, las víctimas ya no recurren a formular denuncia. A diario aparecen las quejas, de que fiscales y policías minimizan las denuncias y las ignoran. No existe ninguna labor de prevención ni de investigación.
    Solamente cuando el drama llega al extremo, se pierde alguna vida, la sociedad se escandaliza y entonces la policía reacciona, por unas semanas, hasta que todo vuelva a lo de siempre. Y así vamos recurriendo constantemente a declaraciones de emergencia para que la policía haga su trabajo. Una vergüenza.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 6 septiembre, 2016, 7:39 am
  6. Grave denuncia contra la policía

    Como una historia repetida ahora los concejales departamentales se pronunciaron sobre el problema de la inseguridad. Durante la última sesión los ediles regionales propusieron la conformación de una suerte de comisión interinstitucional para tratar el tema de la seguridad. El planteamiento de los concejales tiene puntos bastante concretos que merecen la consideración.
    En primer lugar solicitan que el gobernador se involucre en las cuestiones referidas a la seguridad, ya que según la misma carta orgánica de la gobernación eso está entre sus atribuciones. En segundo lugar proponen un mayor control sobre los motociclistas, dado que la mayoría de los asaltos en los últimos tiempos son perpetrados por los conocidos “motrochorros”. En algunos países, que padecieron problemas similares se llegó a aplicar el uso obligatorio de un distintivo numérico en el caso y en el chaleco para identificar. La tercera propuesta presentada por los concejales es instar a las telefónicas a establecer un registro de IMEI (Identidad Internacional de Equipo Móvil) de modo a bloquear e inutilizar los aparatos denunciados como robados o extraviados, tal como exige la nueva ley promulgada recientemente.
    Todas las propuestas son válidas e interesantes cuando se trata de devolver la tranquilidad y la seguridad a la ciudadanía. Sin embargo, el punto realmente importante se refiere a lo señalado por la concejal Carolina Bareiro quien informó que recibe denuncias de cobros que realizan efectivos de la Policía a personas que tienen orden de captura o condenas, para que éstos sigan en libertad y dedicarse a delinquir.
    Se trata de una denuncia extremadamente grave, pero que es un secreto a voces de la policía corrupta del Alto Paraná. Hace poco el país se escandalizaba por la facilidad que encontró en esta región el delincuente internacional Ibar Pérez Corradi, quien desembozadamente reconoció cómo los policías lo extorsionaban exigiéndole sumas mensuales, mientras él se manejaba a sus anchas continuando con el negocio de la fabricación de drogas y anabolizantes.
    Los controles en retenes policiales no tienen como fin atenuar la acción de los delincuentes. Los policías realizan esos controles para extorsionar a todo aquel que tiene antecedente. Es conocida en la jerga policial que los uniformados del Alto Paraná se jactan de tener sus “kokue” (chacra), que no es precisamente un cultivo, sino la zona que manejan y donde controlan la acción de los motochorros y asaltantes de toda laya, que luego le rinden su parte a los uniformados.
    Hace un buen tiempo está operando en la región una banda armada que ya perpetró varios asaltos tipo comando, cortando inclusive el tráfico sobre la ruta internacional y exhibiendo armamentos potentes. Supuestamente la policía no tiene ni rastros de estos maleantes. Sin embargo, existen versiones que la vestimenta utilizada por los miembros de dicha banda son muy similares a la de la policía y que de hecho no existe interés de investigarlos.
    Así las cosas, el combate a la inseguridad no pasa por conformar comisiones, ni por declarar estado de emergencia. Pasa por barrer con los policías corruptos e instalar en las jefaturas a oficiales honestos, eficientes y patriotas, que cumplan a cabalidad con su función de brindar seguridad a la población y que no utilicen Ciudad del Este ni el Alto Paraná, como una oportunidad para enriquecerse, como históricamente lo vienen haciendo, aquellos que llegan para prestar “servicios” en la zona.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 25 agosto, 2016, 7:58 am
  7. Tres años sin nada que celebrar en el combate a la inseguridad

    Ya van poco más de tres años de gobierno de Horacio Cartes, pero el problema de la inseguridad sigue siendo materia pendiente. Los ataques de motochorros en Ciudad del Este y Presidente Franco son intolerables desde todo punto de vista y demuestran que los marginales están completamente desatados y no temen a nadie, mucho menos la vida propia y la de sus víctimas.
    En su momento, habíamos advertido que la delincuencia y el crimen organizado habían logrado infiltrarse profundamente en la estructura orgánica y operacional de la Policía Nacional, hasta el punto de hacer que las fuerzas del orden se convirtieran en parte del problema de la inseguridad pública antes que en su solución.
    A tres años de gestión al frente del Ministerio del Interior, el ministro Francisco de Vargas no ha logrado proporcionar a la ciudadanía resultados auspiciosos contra el maleficio de la inseguridad. Por el contrario, su ineficaz gestión se ha caracterizado por el aumento de ese azote de la vida ciudadana (aunque quiera exhibir estadísticas manipuladas), donde la modalidad de asaltos callejeros por parte de peajeros, motochorros y menores de edad, a más de las bandas criminales organizadas, se ha multiplicado de mil modos, hasta el punto de que ahora son las víctimas quienes se ven obligadas a defenderse de los delincuentes, atropellándolos con sus vehículos, o enfrentándose a ellos a tiros o como se pueda, así como quedó demostrado con el caso de la joven universitaria Leidy Ayala, quien dejó su vida queriendo defender sus pertenencias, dada la vergonzosa inacción de los agentes policiales responsables de brindarles seguridad.
    Mientras tanto, el anodino ministro del Interior, al igual que sus dos últimos antecesores en el cargo, Rafael y Carlos Filizzola, antes que asumir su responsabilidad personal por los reiterados fracasos de la Policía Nacional en el combate a la delincuencia, se pasa recreando escenarios ficticios y dando explicaciones carentes de lógica como justificación de la inseguridad pública y de los reiterados fracasos contra el grupo terrorista que opera en la zona norte del país.
    El Ministerio del Interior y las fuerzas de seguridad no obtienen los resultados esperados y, de no mediar un golpe de timón auténtico y enérgico, la actual administración de esas instituciones se encamina a un fracaso definitivo. Se agota el tiempo para el ministro del Interior.
    Ahora bien, sería un error y quizás una injusticia no profundizar en el análisis de lo que subyace a la ola de inseguridad que azota al país. Si bien nada justifica el delito y el crimen, es preciso reconocer que, lejos de las macroestadísticas favorables que se suelen difundir desde el sector público, aquello que se conoce como microeconomía atraviesa un momento en extremo difícil. Las estadísticas de pobreza tampoco se han reducido en la medida y al ritmo necesario.
    La economía de la calle “no se mueve”, lo cual es patente para cualquier empresario, asalariado o trabajador independiente. Por lo tanto, el crimen debe ser combatido en dos frentes, por un lado, potenciando la Policía, y por el otro, reactivando la economía del país, tomando medidas inteligentes a corto y mediano plazo.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 24 agosto, 2016, 8:33 am
  8. La Justicia es fundamental para frenar a delincuentes
    22 agosto, 2016

    Por: Telmo T. Ibáñez Jara
    Hasta hace apenas un cuarto de siglo atrás gozábamos de una apreciable seguridad en nuestro país, nadie quien no conspiraba contra el régimen del dictador temía por su vida. Los robos, asaltos, violaciones y asesinatos eran toda una novedad, la prensa para difundir estos hechos también debía contar con la consabida autorización para evitar posteriores represalias.

    Nadie temía a los robos de sus bienes, la gente se pegaba el lujo de dormir bajo los árboles en jornadas calurosas o bien con las puertas y ventanas abiertas, a sacar los sillones y otros hasta la hamaca para disfrutar de la brisa del anochecer en las veredas. Los niños jugaban sin temor en los parques y plazas, caminaban hasta llegar a las escuelas sin ningún temor.

    Por esto, el primer aspecto que añoran las personas que vivieron durante la dictadura stronista es la seguridad de aquellos largos años en que los ojos permanecían vendados, las manos semi-atadas, incluso en la casa y la escuela se pregonaba que “en boca cerrada no entra mosca”. Los mismos sacerdotes pacificaban y los medios de comunicación difundían loas de “Paz y Progreso”.

    Hoy en día, las personas que pasan el medio siglo de vida al escuchar de tantos crímenes y delitos que se suceden enfatizan: “esto jamás sucedía en la época de Stroessner”,al referirse al presidente de la República del Paraguay, Gral. de Ejército Don Alfredo Stroessner, quien asumiera el cargo tras un golpe y luego de una serie de polémicas elecciones.

    En una rápida comparación, los memoriosos resumen “durante la dictadura nadie hablaba mal, pero todos comían bien”, quizás esa abundancia no era generalizada, no se contaban con tantas comodidades, energía eléctrica, agua potable, vías de comunicación ni medios de transporte, pero cada quien disfrutaba de la vida a su manera.

    Al no contar con el confort no se requerían de tantas inversiones, además el costo de vida era muy bajo, la cotización del dólar así como las irregulares monedas de nuestros países vecinos no incomodaban a nuestro histórico “Guaraní”.

    En el sector agrícola, donde vivía la mayoría de la población, con la producción del algodón un verdadero oro blanco, junto al coco y el tártago, constituían en importantes reservas económicas, más los cultivos de autoconsumo y la cría de animales menores cubrían las necesidades alimenticias.

    Hoy en día la falta de planificación, las improvisaciones, los años de abandono principalmente del sector agropecuario motivan al éxodo rural hacia las grandes ciudades o el exterior, dejando el campo sin mano de obra, personas de avanzada edad sin fuerzas para producir como en décadas pasadas empeoran la situación económica.

    Este mismo fenómeno motiva, igualmente, a que más labriegos se aventuren en dirección a las ciudades instalándose en las periferias o cinturones de pobreza luego de mal vender sus chacras, terminar con sus reservas y desesperadamente salir a mendigar sus hijos, en el peor de los casos a delinquir o prostituirse.

    Hay honrosas excepciones, pero se trata de la minoría, personas que con mucho sacrificio, por intermedio del estudio o la capacitación obtienen un oficio o profesión para sostener a su familia y recuperar el bienestar en el hogar. La excusa de la aparición de la delincuencia por falta de mano de obra no es válida.

    Nunca es tarde para iniciar un emprendimiento que busca reordenar los destinos de nuestro país, antes que resulte una situación irreversible. Así como se analizan las muestras médicas urge conocer a profundidad los motivos de la actuación tan violenta de los delincuentes, así como las nuevas recetas para combatirlos.

    Al recordar el sistema de seguridad de la dictadura stronista, está desfasado el uso de la fuerza a garrotazos o cachiporrazos, pero es urgente tomar las medidas correctivas antes que motochorros, abigeos, narcotraficantes, guerrilleros y otros delincuentes se adueñen completamente del país. La justicia es fundamental para evitar la impunidad y desalentar a quienes actúan al margen de la Ley.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 24 agosto, 2016, 8:03 am
  9. La primitiva inseguridad

    Por Caio Scavone

    Mucha gente deduce que la inseguridad es moneda común y corriente de nuestro tiempo o de estos días. La inseguridad es la falta de seguridad y el vocablo seguridad tiene un montón de acepciones.

    Rescato de mi pequeño diccionario el alcance que tiene la palabra seguridad y encuentro, entre otros conceptos: calidad de seguro, certidumbre en la realización de algo y situación exenta de riesgo son algunos significados que tiene esa palabra. Le agregaría que la seguridad equivale a tener protección, quedar inmune, contar con un resguardo y estar defendido de algún entorno o escenario peligroso.

    Es probable que la inseguridad en el Paraguay se haya originado ya con su mismo descubrimiento. Estimo el estado de incertidumbre que habrán entablado los nativos de este lugar al encontrarse con el portugués Alejo García y su troupe allá por el año 1524. Dos años más tarde llegaron los barcos españoles bajo el timón de Sebastián Gaboto y se comenta que las circunstancias no fueron nada tranquilas.

    Hago el cálculo de que desde esa época se viene instalando en este país el estado de inseguridad. Una gente que ingresa a mi casa o territorio sin previo permiso, ya de entrada, origina un momento de inseguridad. Y en este Estado la falta de seguridad es un estado que se sufre todos los días. Y no es de hoy sino de miles de ayeres.

    Hay varios nostálgicos que hasta dicen que en la brutal época de Alfredo Stroessner, con su jefe de Policía, su jefe de Investigaciones junto a sus bárbaros torturadores, sus perversos delegados de Gobierno, su cuatrinomio de oro, sus milicos perversos y sus chupamedias momentáneos se vivía con total tranquilidad. Con desempolvar las actividades del Operativo Cóndor se podrá orear toda la aparente tranquilidad.

    Con el viento norte que soplaba durante la época del Dr. Francia y con los aires desequilibrados del Mcal. López, quien no dejó tranquilos ni a sus hermanos y posibles chongas, el país también tuvo que soportar décadas de inseguridad.

    Nadie podrá discutir la falta de seguridad que uno acarrea al viajar por las rutas de este país. Los alcoholizados, el mal estado de las añejas rutas asfaltadas junto al rápido deterioro de las nuevas pavimentadas, los animales que esperan en las rutas y los que se prenden al volante son equivalentes a peligros que laten a cada instante.

    Los caballos locos que transmiten inseguridad en todas las calles de las ciudades asociados con los peajeros y pirañitas ofertan a cada ciudadano la cuota de peligrosidad.

    Los narcos, afortunadamente, se trenzan entre ellos pero cualquiera puede circular aparentemente de manera tranquila entre el fuego cruzado que repentinamente puede ocurrir. Ante cualquier duda de este desazonado contenido podría comentarnos mejor algún calmoso parroquiano pedrojuanino u otro sereno transeúnte fronterizo.

    Los motochorros ofrecen inseguridad a chorros y a las churras que andan con la cartera y los celulares revoloteando, ya que las mujeres son presas fáciles de estos motoqueiros que por el casco que usan correctamente ni facilita que se les haga un ligero y desastroso identikit. Abandonar un estadio de fútbol con alguna bandera y remeras del ganador equivale a empaparse de coraje y audacia para enfrentar a los que portan puñales y armas de fuego. La inseguridad es una de las cosas que no paran de crecer en este país.

    Hasta los bueyes deben cambiar de hábitat y hasta pasan la noche en los dormitorios de los campesinos o amanecen más maniatados que pseudocomunistas de la era stronista.

    Pedir auxilio en ciertas comisarías es asegurarse de mucha inseguridad. Es hasta normal ir a denunciar al oficial de policía que fue él quien nos desplumó minutos antes.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 23 agosto, 2016, 6:55 am
  10. Jauría uniformada

    Por Arnaldo Alegre
    El respeto no se pide, se gana. Y las fuerzas policiales deben ganarse la consideración ciudadana con honestidad, idoneidad y profesionalismo. No es actuando como una horda uniformada que se hace respetable a una institución tan vital como la policial.

    En la zona del centro, avenida Quinta, Sajonia y otros puntos aledaños, cruzarse a la noche con una patrullera genera más temor que seguridad. Y son las personas honestas las que más están expuestas a este accionar que bordea la ilegalidad.

    Los uniformados no buscan delincuentes, buscan víctimas para extorsionar. Entonces, antes que combatir la delincuencia lo que hacen es comportarse como delincuentes.

    Como zorros sedientos patrullan con las luces apagadas y con el ánimo avieso de quien tiene un hambre inextinguible de deshonestidad.

    No buscan la prevención. Ni el combate frontal al delito, como hacen otros colegas en sitios más peligrosos en el Norte. Escondido en sus uniformes y con la autoridad que el Estado les dio con apenas unos años de estudios, esta jauría solo busca sangre. Y en el mejor de los casos suelen conformarse con 100.000 guaraníes. Aunque a veces no descansan hasta saciar su instinto asesino, como el triste caso del joven que quedó parapléjico por un balazo de un suboficial que en teoría recibe un sueldo para protegerlo.

    Actúan como los ladrones, amparados en la oscuridad. Cualquier incauto que, por ejemplo, se queda en Quinta para cenar, de vuelta a casa es un potencial cliente.

    Ni bien el infortunado remonta viaje es perseguido por la patrullera que sin señal alguna de alerta se abalanza sobre el indefenso para reclamarle si tomó o no alcohol. Y si lo hizo, comienza una filípica con términos leguleyos mal aprendidos hasta acabar en una generosa donación forzosa del pobre ciudadano.

    Ahora si es un pobre comerciante de la zona, no le va a ir mejor. Estos están hartos de dar de comer gratis hasta a la suegra del último suboficial de la comisaría. Y usan la patrullera para el delivery. Además, los pecheos no correspondidos acaban en sospechosos actos delincuenciales con suspicaz ausencia policial en los comercios remisos.

    El origen de todo está en que jamás la sociedad se planteó qué tipo de Policía quiere.

    La clase política que debe canalizar este debate está más interesada en fomentar el prebendarismo, aprovecharse de la obsecuencia y eternizar la mediocridad para perpetuar sus malsanos privilegios.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 21 agosto, 2016, 6:07 am
  11. Buscar nuevas metodologías para mitigar acción de los motochorros

    Los últimos días fueron verdaderamente trágicos en nuestra ciudad, especialmente en el barrio San José, en donde se han redoblado los ataques de motobandis. El miércoles, un delincuente motorizado fue abatido por la Policía, luego de cometer un atraco. El bandido se enfrentó a tiros con los agentes del Orden, quienes tuvieron que eliminarlo. El caso más grave fue el jueves a la noche, cuando una joven estudiante universitaria fue asesinada de nada menos que diez puñaladas, meramente porque se negó a entregarle su teléfono celular a un motochorro.
    Pareciera que son cada vez más los delincuentes que decidieron adoptar esta modalidad: la de los golpes realizados con marcada violencia y con un rápido escape mediante la utilización de motocicletas.
    Los “motobandis”, tal como han sido bautizados por el ingenio popular, representan un verdadero flagelo porque a la Policía le resulta casi imposible, ya no atraparlos, sino tan siquiera perseguirlos debido a la velocidad con que huyen y la posibilidad que tienen de internarse entre el tráfico o perderse en cualquier calle.
    El modus operandi es generalmente el mismo: Mientras el conductor mantiene el motor en marcha, el acompañante armado con un puñal, un revólver o a mano limpia despoja a las víctimas de sus pertenencias o ingresa a un local comercial donde se apropia del contenido de la caja. En cuestión de segundos, los delincuentes huyen del lugar. Con frecuencia, dado que el golpe se basa en la sorpresa y en la rapidez, los “motobandis” primero atacan físicamente a la víctima antes de concretar el robo para evitar cualquier tipo de reacción. Operan en la vía pública y en estaciones de servicio o comercios similares en las principales ciudades del país. Este tipo de asaltos es un dolor de cabeza para las autoridades, especialmente considerando la asombrosa proliferación de biciclos en nuestras ciudades. Además, fuera de algunas confusas grabaciones de cámaras de seguridad, no se puede saber mucho de los “motobandis”, quienes por lo general perpetran los robos con los rostros cubiertos por gorros y lentes oscuros.
    La propuesta que plantea la obligatoriedad de llevar impreso el número de matrícula en el casco y en el chaleco del conductor podría ser una alternativa válida. Esta reglamentación tuvo resultados muy positivos a muy corto plazo en la ciudad colombiana de Medellín, donde el problema de los asaltos con motocicletas había rebasado todos los límites. Las estadísticas demostraron que esta medida -que el biciclo y su conductor lleven identificaciones visibles- tenía una gran efectividad, ya que los robos se redujeron drásticamente.
    Quienes rechazan esta posibilidad no ofrecen en contrapartida ninguna otra propuesta alternativa. Alegan que este mecanismo de identificación estigmatizará a los motociclistas -para muchos de los cuales su vehículo es su herramienta de trabajo- además de no garantizar que los ladrones falseen los datos o que roben chalecos y cascos de personas inocentes. El problema es que no se puede simplemente dejar las cosas como están. Las autoridades tienen la obligación de concebir y aplicar las medidas necesarias para reducir la inseguridad en las calles y avenidas de las ciudades paraguayas.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 20 agosto, 2016, 10:14 am
  12. Los 1.200

    En las calles del país delinquen sobre motocicletas unas 1.200 personas, más conocidas como “motochorros”, según datos dados a conocer ayer por la Fundación “Socorro”. La cifra fue obtenida de la Policía Nacional, la Fiscalía y otras insituciones encargadas de la seguridad, según la información publicada.
    Los otros datos proveídos no dejan de ser alarmantes y señalan por ejemplo que durante el año 2015 se robaron 3.232 motocicletas, de las cuales 840 fueron recuperadas, ni la mitad. La proporción delincuencial se reparte 50 y 50 capital más Área Metropolitana y el resto del interior del país, siendo los departamentos más críticos Ato Paraná, Canindeyú, Amambay, San Pedro y Concepción.
    La Policía recibió unas 2.300 denuncias de víctima de asalto en moto, pero la organización estima que otras 1.000 personas no lo hicieron por distintos motivos, ya sea temor o por falta de confianza en la institución.
    Las víctimas son en su mayoría mujeres y el promedio de edad de los delincuentes van entre 15 y 25 años. El 80 por ciento utiliza armas de fuego y el resto armas blancas. Los directivos de la referida fundación inclusive presentaron ejes de abordaje de este problema e insisten en el diseño de un programa de ayuda a aquellos jóvenes que no trabajan ni estudian. “La improvisación en las instituciones es el principal obstáculo para encontrar soluciones, pues si bien la Policía detiene a los delincuentes, los fiscales y jueces otorgan libertad inmediata”, señalaron.
    El escenario es muy claro. Se tiene casi la cantidad exacta de jóvenes que opera en este rubro delincuencial. Darle una solución no es muy complicado para el Estado si realmente tiene intenciones de controlar este problema. Lo que una vez más salta es la ausencia de una política de Estado por ello, las instituciones siguen improvisando. La policía los detiene, los fiscales y jueces los liberan, vuelven a las calles y no tienen opciones más que volver a delinquir y así sigue el círculo y la sociedad la padece.
    Lamentablemente, una vez más, tenemos que lamentar pérdida de vidas jóvenes para comenzar a reaccionar. Somos una sociedad propensa al escándalo circunstancial. Un escándalo tapa a otro. Hoy lloramos alarmados la muerte de una joven universitaria. En unas semanas pasaremos a otro escándalo y la policía volverá a su modorra, los fiscales a su habitual haraganería. O definitivamente exigimos soluciones de fondo, para tratar de frenar este terrible flagelo que cada día va sumando más victimas.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 20 agosto, 2016, 10:14 am
  13. La delincuencia va ganando la batalla
    20 agosto, 2016
    Por Jorge Paredes

    Para el ciudadano común, que estudia o trabaja, la sensación de inseguridad en las calles verdaderamente es terrible. Allí afuera, nadie se siente seguro y todos desconfían de todos. Es que la delincuencia va ganando la batalla en nuestra sociedad actual; mientras unos pocos gozan la gran mayoría del pueblo sufre.

    Para muestra basta un botón: me refiero al asesinato (anteanoche) de la estudiante universitaria en Ciudad del Este. Recibió 10 puñaladas por parte de un motochorro. Y podríamos llenar las páginas de este diario con casos de asaltos, robos, secuestros, abusos, asesinatos y otras yerbas delictuales. Pero basta con mencionar un solo caso para graficar la situación.

    Mientras las autoridades siguen centradas en el tema de la reelección, en discusiones estériles de qué Gobierno es o fue mejor, los delincuentes tienen en zozobra a la gente que se dedica a trabajar o a estudiar.

    Incluso, la misma fuerza pública, que debería velar por la seguridad de la ciudadanía, tiene en sus filas agentes que actúan al margen de la ley. A todo esto hay que sumar la impunidad en muchos casos. La facilidad con que vuelven a las calles los delincuentes se convierte en un condimento más para la tremenda inseguridad en que vivimos en nuestro país.

    Justamente escuché hablar ayer al ministro del Interior, Francisco De Vargas, sobre el caso de la Policía gatillo fácil. Culpó a la impunidad de casos de uniformados metidos en la delincuencia. Pero se olvida que muchos de los agentes policiales son destinados para dar cobertura a comercios privados y a autoridades.

    Hasta ahora observo policías resguardando estaciones de servicios u otros negocios privados. Mientras, los que trabajan o estudian están a merced de motochorros en las calles, delincuentes que sacan vidas de inocentes. Reitero, la delincuencia va ganando la batalla, mientras las autoridades solo piensan en beneficios particulares o partidarios.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 20 agosto, 2016, 7:06 am
  14. Policía desbordada

    Una vez más los pobladores de Presidente Franco, acompañados de sus autoridades expresaron su amarga queja por la inseguridad imperante en la jurisdicción. Los franqueños fueron un poco más decididos y anunciaron una movilización, porque la violencia azota con fuerza a todo el departamento. La semana que termina estuvo marcada por hechos agresivos y atracos de todo tipo, desde asaltos domiciliarios, ataques de motochorros, hasta asaltos tipo comando en los que se llevaron un botín millonario.
    La semana pasada un funcionario de la Municipalidad de Presidente Franco resultó herido de bala tras el ataque de un motochorro; ayer, una joven universitaria fue asesinada en un asalto callejero. La policía está totalmente desbordada y el comisario Darío Aguayo, ni siquiera aparece para dar la cara.
    El jefe de policía del Alto Paraná había sido convocado por los franqueños para la reunión de ayer pero no apareció, envió un representante que prometió más agentes policiales en las calles. La pregunta es, ¿de dónde sacarán más efectivos?. ¿Eliminarán acaso los servicios de guardias privados que prestan numerosos uniformados en bancos, financieras y casas comerciales?
    En la reunión también estuvo el fiscal adjunto, Alejo Vera, quien argumentó que la Fiscalía no tiene atribuciones preventivas. Es cierto, pero al menos los fiscales podrían ejercer realmente su función de representantes de la ciudadanía coadyuvando con las investigaciones y logrando que los delincuentes realmente sean castigados.
    Las víctimas de asaltos ya tienen claro que no recuperarán lo que les fue robado. Por ello muchos afectados ya no acuden a formular denuncias, porque saben que la policía no le dará importancia y los fiscales mucho menos. En ese estado de absoluta desprotección e indefensión se encuentra la población del Alto Paraná.
    Ayer, en la reunión de Franco, los asistentes anunciaron una posible gran movilización ciudadana de los principales distritos afectados por la inseguridad y la violencia. Lamentablemente hasta ese extremo se tiene que llegar; que los ciudadanos dejen sus actividades y salgan a las calles para que los funcionarios públicos hagan su trabajo.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 19 agosto, 2016, 8:54 am
  15. La vuelta del gatillo
    17 agosto, 2016
    Por Hugo Barrios

    El relato que hace Richard Pereira no tiene nada que envidiar a una película de la mafia. El joven que ya no volverá a caminar porque Johnie Orihuela lo baleó en la nuca dice que este suboficial de policía lo obligó a arrodillarse antes de abrir fuego contra él, en plena calle capitalina.

    “Me agarra de la campera, me zarandea hasta que logra que caiga al suelo y, cuando logro caer, me apunta con su arma y ya siento el tiro. Directamente”. Esta es parte de su versión. En su testimonio, asegura que el efectivo policial estaba en compañía del comisario principal Jorge Zárate, titular de la comisaría cuarta de Asunción.

    Richard afirma que ambos iban en una patrullera, que tenía los faros apagados, cerca de las 04:45 del sábado. Explica que lo persiguieron desde 21 Proyectada y Brasil y que, finalmente, para la marcha en 24 Proyectada casi Capitán Figari, donde Orihuela le habría ordenado arrodillarse y luego disparado.

    Pereira asegura que permaneció consciente tras resultar herido y que el uniformado le obligó a tomar la pistola con intenciones de incriminarlo. “El oficial, estando en la carrocería, me obliga a que agarre su arma. Intenta, pero cierro el puño con toda mi fuerza y hace como dos disparos teniendo mi puño abajo”, sostiene.

    La versión policial indica que Richard estaba armado y que tenía drogas en su auto (que no tenía chapa). También refiere que el joven incluso intentó balear a los intervinientes y que el suboficial solo se defendió.

    Hay dos “verdades”. Por un lado, está un joven que, se comprobó, no tiene antecedentes judiciales, que no consume drogas ni alcohol y que cometió la “fatalidad” de transitar sin chapa y haber tratado de huir al sentirse perseguido por la policía. Por el otro, están dos funcionarios que pertenecen a una de las instituciones más corruptas del país y la región: la Policía Nacional paraguaya.

    Hasta ahora, los agentes implicados no salieron a desmentir los dichos de la víctima. La Policía brindó ayer una conferencia de prensa para hacer la gran Poncio Pilato e “informar” que ambos efectivos fueron apartados y puestos a disposición de la Fiscalía.

    Los agentes del orden, de nuevo, están en la mira porque se sospecha que abusaron de la fuerza en un procedimiento. El sentido común, por de pronto, me hace dudar más del presunto “gatillo fácil” que del joven paralítico. Ya tú sabes.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 18 agosto, 2016, 6:09 am
  16. El horrendo caso de los policías de (la) cuarta
    18 Ago 2016

    Por Clari Arias

    El suceso que cambiará para siempre la vida de Richard Pereira ocurrió en el fin de semana extendido por el feriado del 15 de agosto: un suboficial de la Policía Nacional identificado como Jhonie Orihuela lo hirió de gravedad con un balazo en la nuca. Richard, padre de una niña y con una rebosante juventud de 25 años, recibió la condena perpetua de no caminar nunca más por sus propios medios, como consecuencia de aquel balazo innecesario.

    Los casos de abusos policiales no son nuevos en Paraguay ni en cualquier parte del mundo. Antes, la Policía de Stroessner robaba, perseguía, torturaba y mataba para mantener la “consigna” del tirano, “Paz y Progreso”. Esa nefasta policía delatora fue desmantelada casi por completo; tanto, que algunos de sus comisarios terminaron en las cárceles, condenados por delitos de lesa humanidad. Pero la transición democrática engendraría a un cuerpo policial mucho peor que el de los tiempos del dictador, naciendo así la Policía Nacional corrupta y delincuencial que tenemos hoy día.

    Luego de la tremenda pérdida de poder tras el golpe del 89, la Policía tuvo que reinventarse dentro de la sociedad, pero para mal. Mi teoría es que salieron a las calles en busca del envilecedor billete, creando barreras al estilo retenes militares, nunca para combatir el crimen, sino sencillamente para recaudar. Así surgieron las famosas barreras policiales, luego emuladas por otros organismos de seguridad a lo largo y ancho del país y hasta en el camino vecinal más extraviado. Allí tenemos a los de la Caminera, a los zorros municipales, a los de Dinatrán, a los de Detave (Aduanas) y cuanto organismo público tenga alguna ley en el bolsillo que los habilite a recaudar para ellos mismos, y por supuesto, para la famosa “corona”.

    Críspulo Sotelo, actual comandante, no ayuda al Presidente en su lucha por erradicar –en parte por lo menos– a la corrupción de las oficinas públicas, ensimismándose en el cargo, sin poder dar con los colaboradores correctos que intenten limpiar a un cuadro policial altamente corrupto.

    La Policía ha empeorado en los últimos tiempos y más aun en este gobierno. El presidente Cartes, que realmente ha asestado un duro golpe a la clase política saqueadora de las arcas públicas (principalmente de su partido, aunque sin excluir a su símil, el PLRA), no ha tenido suerte con la Policía. Críspulo Sotelo, actual comandante, no ayuda al Presidente en su lucha por erradicar –en parte por lo menos– a la corrupción de las oficinas públicas, ensimismándose en el cargo, sin poder dar con los colaboradores correctos que intenten limpiar a un cuadro policial altamente corrupto. Lo más probable es que la jefatura de Sotelo salga indemne del horrendo caso de gatillo fácil contra Richard Pereira.

    Fui víctima de 3 robos domiciliarios en la jurisdicción de la Comisaría 4ª. En ninguna de esas tres veces los uniformados de esa sede policial pudieron dar ni siquiera con sospechosos. Estas tristes experiencias personales me sirvieron para confirmar que los barrios menos pudientes de Asunción (y ni hablar del Área Metropolitana) son zonas liberadas con el guiño cómplice de cada comisaria zonal, y que las famosas denuncias que uno hace cuando es víctima de un asalto, solo rellenan los famosos libros negros de los policías, y que ni siquiera hacen la pantomima de la búsqueda de los posible malhechores.

    El mismísimo jefe de la Comisaría 4ª, comisario Jorge Ignacio Zárate, participó de los sucesos del sábado, cuando un subordinado le asestó un balazo en la nuca a Richard Pereira. ¿Qué hacía un jefe de comisaría a las cuatro de la madrugada de un día sábado sobre la avenida Quinta? ¿Era tan dedicado a su trabajo, o estaba en busca de la “recaudación” del fin de semana? ¿Por qué tuvieron que perseguir por largos dos kilómetros a un auto cuyas características no coincidían con ningún vehículo denunciado como robado? ¿Se ensañaron con Richard Pereira porque éste, 10 días antes, se negó a “colaborar” con 300 mil guaraníes con estos mismos policías? Pueden surgir muchas otras preguntas, pero el desenlace siempre será el mismo: le metieron plomo a un inocente.

    Cuando en poco más de una semana los policías de su barrio o ciudad hagan la conmemoración del día de su matrona Santa Rosa de Lima, recuerde que esos uniformados pueden convertirse en sus verdugos en un abrir y cerrar de ojos. Si no me cree, vaya hasta Barrio Obrero y pregunte por un tal Richard Pereira. Una gentil vecina le indicará cuál es la casa del muchacho en silla de ruedas.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 18 agosto, 2016, 5:57 am
  17. Una corrupta práctica de la Policía que se debe erradicar

    Una nueva investigación periodística de ÚH y Latele revela que numerosos policías activos siguen prestando servicios como guardias privados en domicilios particulares, locales comerciales y gasolineras, con la evidente complicidad de sus superiores, a pesar de que la Comandancia asegura que es algo totalmente prohibido. Es una vieja práctica que ha sido denunciada numerosas veces, pero que se mantiene vigente debido al jugoso ingreso ilegal que aporta a los altos jefes policiales, dejando sin cobertura de seguridad a amplios sectores de la población. Es necesario adoptar medidas más drásticas para erradicar la corrupción policial.
    Vestido con ropas de civil para no ser reconocido, en su horario de servicio activo como agente policial, el suboficial principal Hilario Benítez, de la Comisaría Primera de San Lorenzo, fue grabado y fotografiado durante cuatro días realizando guardia frente a una empresa comercial crediticia, sobre las calles Garibaldi y Teniente Maschio, en dicha ciudad.

    Este fue uno de los primeros casos presentados en la edición de ayer de Última Hora y en los informes noticiosos de Latele, como resultado de una nueva investigación periodística, que demuestra que las famosas prácticas de corrupción de policías que prestan servicios como guardias privados a casas comerciales, negocios y casas particulares, sigue plenamente vigente, a pesar de que casos similares han sido denunciados ya en numerosas ocasiones anteriores.

    Lo más llamativo es que el propio jefe de la Comisaría Primera de San Lorenzo, comisario Arnaldo Cantero, reconoció que el hombre de la fotografía era un oficial a su cargo e intentó justificar su actuación, asegurando que los efectivos realizan un trabajo de custodia “por cuadrante”, teniendo varias cuadras a su cargo. Sin embargo, durante los cuatro días en que el equipo periodístico vigiló al agente, este nunca se movió de frente al local comercial que custodiaba. Tampoco el comisario Cantero supo explicar por qué la guardia la realizaba con ropas de civil y no con el uniforme policial reglamentario.

    El primer efecto de la investigación es que la Comandancia de la Policía Nacional emitió una circular, en la cual ayer recordó a directores de zonas, de Apoyo Táctico y Técnico, del Centro de Seguridad y Emergencias, así como a jefes de Policía, de Departamentos, de Agrupaciones, de Orden y Seguridad, a jefes de comisarías, subcomisarías y puestos policiales, que existe una prohibición absoluta para el personal policial de realizar guardias privadas, a menos que dichas guardias hayan sido autorizadas por “autoridades competentes mediante documentos respaldatorios”, como ser una orden judicial, fiscal o resolución de la propia Comandancia.

    Una vez más, salta a la luz la gran corrupción que sigue imperando dentro de las filas policiales, ya que al privilegiar a negocios privados y domicilios particulares, se deja sin cobertura de seguridad a amplios sectores de la ciudadanía en un momento en que abundan las denuncias sobre casos de robos, asaltos, ataques y otros crímenes y delitos cometidos en la vía pública, en barrios y zonas céntricas. Es necesario adoptar medidas más drásticas desde las altas instancias del Gobierno y desde la Fiscalía y la Justicia para erradicar este mal.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 18 agosto, 2016, 5:50 am
  18. La actitud sospechosa de los policías
    Por Susana Oviedo

    Si un policía actúa como lo hicieron el suboficial y el comisario de la Comisaría 4ª con el joven Richard Pereira, es que realmente la institución está muy mal.

    No estamos hablando de agentes de un puesto policial de la más remota compañía del país, lejos de cualquier escrutinio público y de la posibilidad de que los pobladores se animen siquiera a exigirles cierta eficiencia.

    Estamos hablando de una comisaría que tiene por jurisdicción dos antiguos y populosos barrios de la capital: Tacumbú y barrio Obrero. Y nos encontramos ante la actuación “altamente sospechosa” y negligente de nada menos que un comisario principal.

    Según ellos, el joven al que, según muestra un video, le dispararon cuando ya había descendido del vehículo que conducía, se resistió y gatilló un arma antes, era un sospechoso. La pregunta es ¿por qué era sospechoso? ¿Acaso lo andaban investigando? ¿Había alguna denuncia en su contra? ¿Figuraba como parte de una investigación fiscal? ¿Venía conduciendo zigzagueante? ¿Andaba mirando llamativamente viviendas o locales comerciales con fines non sanctos?

    O, como en época de la dictadura, por el solo hecho de circular a las 4.45 de la madrugada por esa zona, 24ª Proy. y Pa’i Pérez, ¿lo hacía automáticamente sospechoso?

    Salir de madrugada convierte en sospechoso a cualquiera, según el criterio de la Policía Nacional que, más que propensa al gatillo fácil, padece de una peligrosa mediocridad que la convierte en un grupo armado fácilmente corrompible y en una amenaza para el resto de la sociedad, antes que en una institución que debe preservar el orden público y proteger la vida, la integridad, la seguridad y libertad de las personas y entidades.

    Si los policías andan en patrulleras con las luces apagadas, que se colocan en sitios que les permiten agazaparse y “cazar” a ciudadanos desprevenidos, a los que extorsionan amenzándolos con involucrarlos en algún hecho punible, y no duda en disparar si no consiguen “colaboración” (coima), la institución que representan está realmente podrida.

    Más allá de cambiarse el color del uniforme y descabezarse algunos grupos mafiosos empotrados en ella, no se logró desmontar el sistema delincuencial instalado en la Policía Nacional que tantos nuevos ricos engendró y sigue engendrando en sus cuadros superiores.

    Richard Pereira, la nueva víctima de la Policía Nacional, sobrevivió al terror policial y puede contarnos sobre el criminal procedimiento del sábado último. Pero él ya no podrá caminar por culpa del disparo en la nuca que recibió del suboficial bajo las órdenes de un comisario principal.

    Su vida no volverá a ser normal, ni si condenan a cadena perpetua a los bandidos uniformados que atentaron contra él. La Policía Nacional necesita una purga profunda que ningún Gobierno se atrevió a encarar hasta ahora.

    Es el problema.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 17 agosto, 2016, 6:04 am
  19. Hay que prestar atención a la juventud

    En los últimos días las páginas de los periódicos y las redes sociales se han visto invadidas por escabrosos casos que tienen como protagonistas a jóvenes. Es un campanazo para los padres de familia, cuya tarea principalísima es la de construir la educación de sus hijos, y no esperar que la sociedad –como conjunto- haga este trabajo por ellos.

    Un par de semanas atrás estalló la ira de miles de internautas al darse a conocer un video en donde un joven rugbista (practicar el rugby, aparentemente da cierto estatus!) era atacado por sorpresa (algunos dirían “a traición”) por otro muchachote, al salir de una discoteca muy frecuentada por la clase alta –y fiestera- de Asunción.

    El video divulgado no dejaba lugar a dudas, el ataque del joven Aníbal Gómez de la Fuente –de tan solo veinte años- a Igor Kostianovsky fue de una cobardía tal, que los familiares del agresor (padre y hermana) tuvieron que salir a dar la cara por él, buscando apaciguar los ánimos de miles de personas que hacían saber su desaprobación al hecho a través de todos los medios posibles. Las implicancias del caso se dirimirán en estrados judiciales, debido a la gravedad de las lesiones del brutal ataque.

    Hace apenas unos días, la tranquilidad de las primeras horas del domingo se vio rota por un accidente con derivación fatal que tuvo como protagonista a otro jovencito de veinte años.

    Si bien el caso aún se encuentra en etapa de investigación, por ende aun puede tener otras derivaciones, Fabrizio Caffarena Paredes manejaba borracho (dio positivo a la prueba del alcohol) su potente camioneta cuando chocó contra otro vehículo. La colisión terminó con la vida de una joven madre y enlutó para siempre a una familia de reconocida actividad comercial en Asunción.

    Si bien ambos casos mencionados involucran a mayores de edad, la juventud de estas personas –apenas veinte años– nos muestra la temeridad de su accionar. El primero agrediendo con brutalidad a otra persona totalmente desprevenida, con la atenta complicidad de un primo que hace de “campana”; ambos tal vez pensando que la impunidad los protegería de responsabilidades posteriores a su salvaje acto.

    En este caso, una cámara de seguridad los delató frente a propios y extraños, y ahora el agresor y su cómplice están expuestos a una condena que los puede llevar a la cárcel, además de recibir el escarnio público.

    En los hechos del domingo, el accidente de tránsito, la situación es más grave porque falleció una persona, pero hay un hilo conductivo que lo une al otro caso: la sensación de impunidad. Una impunidad que deviene de cierto estatus social y económico, en donde el adulto de veinte años maneja totalmente ebrio, suponiendo que su apellido y dinero familiar son suficiente blindaje para exponer al peligro a cientos de otros automovilistas que transitan por la avenida España.

    Este joven ya es responsable de sus actos frente a las leyes vigentes, pero no dejo de pensar en la responsabilidad de los padres de este y otros tantos jóvenes que lo tienen todo, en un pernicioso afán de sus progenitores de satisfacerlos en inesperados caprichos de “niños” malcriados, cuando ya son –insisto- adultos plenos.

    La sociedad se desangra cuando sus jóvenes tienen que enfrentarse a duras situaciones judiciales, absolutamente evitables cuando se implanta en ellos verdaderos valores de convivencia y comportamiento.

    La situación de impunidad que pasa por la cabeza de nuestros jóvenes cuando conducen ebrios o cuando agreden físicamente es una herencia de los mayores. Una pesada herencia que luego convertirá a estos compatriotas en abyectos que no distinguirán entre el bien y el mal, y que repetirán esa mala educación a los hijos que ellos mismos procrearán.

    Por Clari Arias

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 16 agosto, 2016, 6:36 am
  20. No fomentemos la violencia

    Hasta hace unos treinta años atrás, ir a observar un partido de fútbol con la familia se hacía sin más preocupaciones que el eventual resultado deportivo. No había barras bravas ni cuidacoches extorsivos.

    Pero luego del golpe de 1989 regresaron al país miles de jóvenes que en la Argentina integraban las barras bravas de varios clubes, que desde mucho tiempo atrás eran generadoras de una inusitada y sangrienta violencia.

    Esas malas prácticas rápidamente se instalaron en nuestros estadios y la violencia fue incrementándose en forma progresiva.

    Hoy, ir a apoyar a nuestro equipo preferido es tan peligroso como participar en la guerra del Medio Oriente. No es necesario que te reconozcan como hincha del club contendor o que hayas incurrido en alguna provocación. Tu vida y la de quienes te acompañan se encuentran en grave peligro por el solo hecho de estar en las inmediaciones y aun alejados del escenario deportivo. Lo ocurrido en la ciudad de Luque hace unos días atrás es un vergonzoso ejemplo de lo que estoy señalando.

    Pretender corregir esa irracional agresividad haciendo reuniones o dando consejos a esos criminales constituyen estrategias destinadas al fracaso. No se puede pedir racionalidad a grupos cuyos integrantes, en no pocos casos, se encuentran bajo los efectos de la droga y el alcohol. La Policía ha reconocido reiteradamente que no puede controlar o reprimir fácilmente la violencia que se genera en los estadios y sus inmediaciones por parte de estos delincuentes. No existe una política criminal eficiente para prevenir estos hechos.

    Esta violencia ya ha producido innumerables víctimas inocentes en estos años; muchos han perdido la vida y otros han sufrido graves lesiones, con daños físicos irreversibles. Para colmo, varios de ellos ni siquiera tuvieron tiempo de comprender cómo, en cuestión de segundos, fueron víctimas de la irracional violencia de unos salvajes, de unos vándalos, de simples criminales que dicen ser hinchas de fútbol, pero que no lo son.

    Pero a ese estado de inseguridad se han agregado nuevos elementos para incrementar la ola de violencia. Los dirigentes deportivos después de una derrota se acostumbraron a generar comentarios que incrementan la ira, el descontrol y la violencia de los hinchas. Algunos han hecho costumbre este sistema de culpar a árbitros y a dirigentes de otros equipos por la derrota, tratando de evitar ser objeto de la ira de sus propios hinchas. En tiempos recientes hay casos concretos en los que importantes dirigentes deportivos, con total desenfado y hasta con descarada hipocresía, han recurrido a esta estrategia.

    Los hinchas, los dirigentes, los técnicos y los jugadores deben comprender que son partes de un espectáculo deportivo, que debe culminar con el pitazo final del árbitro. Las mentiras y la incitación criminal de algunos no permitirán rever los resultados y solo generarán un ambiente de mayor violencia.

    La declaración de un dirigente o de un técnico que ha perdido completamente el control y la racionalidad es siempre material para que algunos periodistas sensacionalistas se aprovechen de ese descontrol e incrementen cuando no generen ellos mismos una verdadera guerra a través de los medios de comunicación y de las redes sociales.

    Lamentablemente, la inseguridad aumenta día a día, al igual que la sorprendente violencia con la que algunos ciudadanos pretenden resolver sus conflictos.

    En este sentido, el caso del Dr. César Pimienta es un antecedente realmente preocupante. Le dispararon en su propia oficina y seguidamente la victimaria, sin ruborizarse, relató lo ocurrido explicando los motivos de su accionar.

    Estamos ante un crimen, un hecho punible de homicidio doloso en grado de tentativa, que es tan grave como el homicidio acabado.

    No pretendo defender a Pimienta ni crucificar a Teresa Maidana, pero los no pocos comentarios periodísticos y las reacciones por las redes sociales han pretendido justificar la acción de la victimaria.

    Evidentemente hemos perdido completamente la noción de lo bueno y lo malo, al punto que hasta justificamos un crimen. Y estoy seguro de que el caso Pimienta no será el primero ni el último que generará situaciones semejantes. Si justificamos el crimen fomentaremos nuevos episodios de violencia, que no benefician ni a la víctima ni al victimario, pero sí afecta a la seguridad pública y a las condiciones de vida de los ciudadanos de este país.

    Este juego que estimulan algunos es demasiado peligroso y llegará el momento en que si no se adoptan medidas necesarias se constituirá en un problema sumamente grave y de difícil y muy compleja solución. Lo malo es que somos nosotros mismos, los ciudadanos, quienes por intereses políticos, por falta de análisis o por una coyuntura del momento estamos cavando el pozo que servirá para nuestras propias tumbas o el de nuestros parientes y amigos.

    Por Óscar Germán Latorre

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 16 agosto, 2016, 6:36 am
  21. Peligros de la madrugada

    Por Fernando Boccia

    Por un video de una cámara de seguridad, los investigadores saben que Richard Ramón Pereira Ramírez, un joven de 25 años que huyó de una patrullera policial cuando manejaba un vehículo sin chapa, descendió de su Peugeot 204 y levantó las manos, rendido. Un árbol luego cubre a Richard y a los policías que se acercaron a él, por lo que la cámara no captó qué pasó después. De todas formas, conocemos el final de la historia: el conductor recibió un disparo en la nuca y probablemente quedará parapléjico el resto de su vida.

    Estos son hechos concretos, cuestiones tangibles: un hombre con las manos arriba se entrega a los policías y termina postrado en la cama de un hospital. La patrullera comenzó a seguirlo cuando subió a su vehículo en la madrugada del sábado, luego de estar con sus amigos en 5ª Avenida.

    Para los que acostumbran moverse por Barrio Obrero y el centro asunceno no hay nada raro en esta historia. Ser seguido por una patrullera de noche tras salir de algún bar o local es frecuente. También es común que una vez alcanzado, los policías amenacen al conductor con llevarlo a alguna comisaría para someterlo al alcotest. El objetivo es evidente: cobrar una módica suma para que el vehículo pueda seguir circulando y la patrullera salga a la caza de otros incautos. Además de los ebrios al volante –que los hay a cacharratas– y motochorros, también hay que cuidarse de patrulleras sin luces al mando de hombres armados y con licencia para matar.

    ÚH denunció esto en un reportaje a fines del año pasado (justamente sobre casos de Barrio Obrero), pero las autoridades del Ministerio del Interior dejaron que los procedimientos irregulares –porque van en contra del Código Procesal Penal– sean ya normales en la zona.

    En el caso de Richard, los policías se escudan en que él manejaba un vehículo sin chapa y huyó de la patrullera. El conductor –se sabría horas después– no tenía una orden de captura, ni antecedentes, ni tampoco había ingerido alcohol. Se asustó y decidió huir porque su auto no tenía documentos, contó su padre. Ante la lógica policial, eso es suficiente para que ahora tenga un balazo en la nuca y no pueda mover las piernas.

    El informe elaborado por los agentes intervinientes dice que, una vez reducido el conductor, dentro del vehículo se encontraron 33 gramos de marihuana y un revólver.

    Sin embargo, la víctima y testigos del episodio cuentan otra historia: hablan de la plantación de evidencias y de cómo los agentes trataron de que Richard sujete el arma utilizada para dispararla a fin de que sus huellas digitales queden impregnadas. El disparo que recibió tuvo una trayectoria descendente y los investigadores presumen que tras rendirse, el joven fue obligado a arrodillarse.

    Lo que ocurrió aquella madrugada no es un caso aislado, sino el resultado del uso desmedido de la fuerza que caracteriza a nuestra Policía, pero que de ningún modo podemos aceptar como algo normal o un simple accidente.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 16 agosto, 2016, 6:30 am

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

ÑE’ÊNGA ✓

Gracias jakarupa rireguánte.8/12/16

Dejó sin pierna a motociclista y ahora suspenden el proceso

En este país, la Justicia solo trabaja medio día y a veces, ni trabaja.
Moraleja: Si tenés guita no hay problema chera'a. Kore qué injusto!
Justicia paraguaya... Paga 6 millones como "pena" por dejar sin piernas a una persona y casi dejarlo sin vida. Por algo somos la tercer peor justicia del mundo.
Un borracho platudo choca con su autazo a un humilde trabajador, a quien se le amputa su pierna y solo tiene que pagarle 6.000.000 de guaraníes, en cuotitas. Manejas alcoholizado y... Conductor pagará G. 500.000 mensuales tras choque que dejó sin pierna a guardia. Independientemente que haya habido ya un acuerdo con la víctima, qué suaves (¿?) son los castigos para conductores alcoholizados. Después dicen que el dinero no trae la felicidad.

Peichante-Py en FB ✓

Archivos

estadistas ✓

  • 969,661 visitas
Follow PARAGUAY. HA CHE RETÃ ✓ on WordPress.com

Escuche, vi y leí ✓

Banquina llena de botellas plásticas y otros desperdicios arrojados por peregrinantes. Triste realidad! La fe mueve montañas, los peregrinos... Basura #lamentable

La ambición por el poder da amnesia ... 10 años después este es el "nuevo rumbo" de Lugo, los tiempos cambian y los intereses también, jamas los politicos mantienen su palabra empeñada, sencillamente nadie resiste un archivo! Peligro para el país, sólito se está haciendo su tumba, vergüenza me da esta clase de políticos.

En San Lorenzo el cretinismo toma forma de micro que se adelanta en doble línea en pleno cruce... Consuelo: peores cosas hacen con sus chatarras todos los días

Es el primer día del pesebre y el camello ya está harto de todo. (?)

Se le armo el scrache social al borracho Alvarenga. Alto representante legislativo, "de pedo" no mató a nadie. Ndo jerai gueteri, hesa pili'upapeve omoco el guai... por eso que hasta el árbol vio que se le puso en el camino (?) Que imprudente el árbol, imputenlo por exposición al peligro, seguro era un árbol peregrinando! Lo que es la naturaleza, hasta un árbol salió huyendo de un posible accidente. Ha koa la ñande legislador, los primeros en respetarlas las quebrantan... lamentable. Cada idiota que tenemos en el país. Un criminal de raza y harto-peligroso el Diputadete éste, igual a todos los de su camarilla de farsantes y estafadores. Con "chapa cambiable"? En un país serio, estaría preso y sin permiso para conducir de por vida o presentando su renuncia a la Cámara Baja. Es un asesino potencial. Burro, borracho y cobarde. Hombre escombro.

A %d blogueros les gusta esto: