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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Asunción de pokemones, capital de mis amores

Comenzamos mal cuando nos dicen que la ciudad fue fundada por un capitán español llamado Juan de Salazar, algún 15 de agosto de 1537, como si la tava y los tekoha que los kario guaraní ya habían levantado en el lugar no significaran nada.

Nadie les preguntó cómo se llamaba en su lengua ese pueblo previo, ni si les gustaba la idea de que se les cambie el nombre ante los registros de la historia. Es que en esa época los originarios no tenían prensa (y ahora tampoco).

Esta ciudad acunada junto al río nació blanca, castellana y católica, como La Muy Noble y Leal Ciudad de Nuestra Señora Santa María de la Asunción. Salazar ni siquiera fue el primer conquistador en descubrir el sitio. Juan de Ayolas ya había pasado antes por aquí, buscando la ruta de El Dorado, pero solo halló la de su propia muerte en Candelaria.

Ante la pérdida del nombre originario en guaraní, los campesinos tomaron prestado el nombre del país para designar a la ciudad capital: A Asunción la llaman Paraguaý, con el acento gutural “y” de agua. Como en la guarania de Flores y Ortiz Guerrero: “Ha ñasaindýrõ romongetáva/ che noviarãicha, Paraguaý”.

De ese equívoco semántico nació el centralismo: La capital es el país entero. Nada existe si no existe en Asunción. Aquí se dirigen las movilizaciones y los reclamos de tierra adentro, en busca de atención. Aquí se halla el poder político, social y jurídico. Más allá de Calle Última solo habita un país de silencio y olvido, que a ratos se cuela fragmentario en los titulares de los medios periodísticos nacionales (en realidad, medios asuncenos).

A pesar de todo, Asunción es un sueño hecho ciudad, con sus rosados tajy reflejados en el blíndex de los shoppings, con sus notas de guarania y rock, con sus míseras chozas de hule y cartón frente a las mansiones de reluciente plástico y las añejas casonas coloniales. Hasta en la época más oscura del totalitarismo genocida, esta ciudad siempre nos ofreció un hueco hospitalario en dónde refugiarnos, alguna mesa generosa con una copa servida, alguna pared lavada en dónde pintar nuestras más tercas utopías.

En este 479 aniversario, como Flores y Manú, también quisiera enamorarla a la luz de la luna, pero se hace difícil.

La otra tarde juro que me pareció ver a la estatua de Juan de Salazar, esa que está desde hace añares frente al Cabildo, bajarse de su pedestal y buscar una canoa en la Chacarita, pidiendo que lo hagan cruzar con urgencia hacia el Chaco.

Fue cuando las radios y los medios digitales divulgaron la noticia de que el presidente de la Junta Municipal de Asunción, Hugo Ramírez, pidió por nota al director de Cultura, Vicente Morales, que designe guías para ayudar a atrapar pokemones en el Centro Histórico de Asunción, como parte de las celebraciones por el 479 cumpleaños.

Por Andrés Colmán Gutiérrez

http://www.ultimahora.com/contenidos/edicion_impresa.html

 

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

13 comentarios en “Asunción de pokemones, capital de mis amores

  1. Atentado salvaje contra los árboles asuncenos

    Cada mediado de año florecen los lapachos y todo el mundo queda encantado, la gente saca miles de fotografías y se los llena de emocionados elogios. Muchos internautas las alzan en las redes sociales ocasionando comentarios de admiración. Pero una gran cantidad de las plantas de lapacho no pudieron ni pueden ofrendar su magnificencia, ya que sufrieron el despiadado ataque de las motosierras de la Administración Nacional de Electricidad (ANDE), quedando mutiladas y ofreciendo un deplorable aspecto en el paisaje ciudadano.

    Lo primero que admiran los extranjeros que visitan nuestra capital es la abundancia y el esplendor de la arboleda asuncena; envidian la prodigalidad de nuestro suelo y la facilidad con que centenares de especies prosperan sin ningún esfuerzo de parte de nadie más que de las condiciones naturales.

    La entidad encargada de cuidar la vegetación pública de la ciudad, de sanitarla, de podarla en el momento oportuno y del modo adecuado, de reponerla e incrementarla, es, por supuesto, la Municipalidad, para lo cual cuenta con presupuesto, una dirección especial, técnicos y viveros. Su labor en este aspecto, no obstante y desde hace décadas, deja mucho que desear.

    Basta ver el estado de abandono de los árboles de nuestras avenidas principales, la notoria falta de cuidado de los ejemplares jóvenes, los yuyales que crecen libremente en las veredas. En fin, el hecho reiterado todos los días de que cualquiera pueda cortar sus ramas, incluso sus troncos, si molestan a sus fachadas o a sus carteles publicitarios, son suficiente motivo para afirmar, rotundamente, que la Municipalidad de Asunción es incompetente o indiferente para proteger este patrimonio tan importante para la ciudad y su imagen.

    Y eso que cuenta con los instrumentos jurídicos necesarios para cumplir cabalmente su obligación de cuidar el ambiente natural de la ciudad, obligación que la propia institución reglamentó en su Ordenanza Nº 60 del año 1998, cuyo título dice “que establece acciones a ser desarrolladas para la protección de la cobertura arbórea de la ciudad de Asunción”, más adelante modificada y ampliada. No fue la primera disposición destinada a esta finalidad, pero, al igual que las anteriores, sigue siendo letra muerta. Y están, además, las leyes ambientales nacionales, que, igualmente, caen en saco roto.

    Los peores enemigos a los que hay que enfrentar en esta guerra de protección de los árboles son la ANDE, Copaco y las empresas publicitarias que instalan gigantografías, que suelen hacerlo en predios privados. Después se suman los propietarios que derriban los árboles del frente de sus propiedades para abrir estacionamientos de automotores; y los dueños de baldíos que los talan completamente para alquilarlos con la misma finalidad u otra parecida.

    ANDE mutila los mejores ejemplares de nuestras avenidas y calles con la explicación de que las ramas atentan contra sus conductores aéreos. Copaco y otras empresas argumentan lo mismo; sin embargo, no se conoce que tengan un plan de poda dirigida por expertos en la materia, que se realice una o más veces al año, ordenada y prudentemente, de acuerdo a las sanas reglas de la materia. Lo que hacen (porque es lo más fácil) es enviar un camión con unos cuantos obreros munidos de motosierras, a cortar los que les molesten, en la forma que les parezca, en cualquier época del año.

    Los ejemplares arbóreos más viejos no soportan podas intensas y fuera de temporada, por lo que, atacados de esta forma inapropiada, poco a poco se van atrofiando hasta secarse. Hay muchos ejemplos de esos en nuestras calles y plazas, pero, al parecer, en la Municipalidad nadie se entera. Se ven muchos árboles talados por los “frentistas” en los barrios de Asunción, pero no se sabe de ninguno de ellos que haya sido sancionado de acuerdo a las normas proteccionistas.

    Tampoco se conoce si existe un plan municipal de arborización, del que habla la ordenanza mencionada; ni cuál es el papel que cumplen las comisiones vecinales en esta materia tan importante para el bien comunitario. Porque no todo es culpa de las autoridades.

    En efecto, observando lo que ocurre en este ámbito, se diría que en la concepción de la mentalidad paraguaya, al parecer, la vegetación tiene que nacer y crecer sola, sin más ayuda que la que provea la naturaleza. El ser humano solo tiene que sentarse a esperar que las plantas den de sí sus flores, frutos y beneficios. Y si molestan hay que eliminarlas; total, el tiempo se ocupará de reemplazarlas.

    Contra esta mentalidad destructiva no hay más remedio que la educación y la mano dura de la sanción municipal, una medida junto a la otra. Pero si no se dispone de un intendente consciente del problema, asistido de un equipo de colaboradores sensibilizados, de juzgados de faltas municipales celosos de sus funciones y de una ciudadanía capaz de defender su patrimonio natural realizando las denuncias, no puede suceder otra cosa que lo que vemos y padecemos actualmente.

    Los lapachos, los jacarandá, los yvyrapytã y otras tantas maravillosas especies más que enriquecen nuestro paisaje urbano continuarán floreciendo puntualmente en sus épocas, pero serán cada vez menos numerosos. Las podas salvajes los van mutilando, atrofiando y matando. Los ciudadanos y las ciudadanas deben oponerse a que continúe ocurriendo este verdadero crimen contra el sentido común y la naturaleza.

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/atentado-salvaje-contra-los-arboles-asuncenos-1510406.html

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    Publicado por Anónimo | 22 agosto, 2016, 6:32 am
  2. Esplendor de cien años atrás

    Por Pedro Gómez Silgueira

    “Asunción posee bellísimos paseos. El Jardín Botánico, que ocupa 670 hectáreas, puede enorgullecer a cualquier capital, por la belleza de sus panoramas y la variedad de su vegetación. El Parque Caballero, que se extiende dentro de la ciudad misma, es otro hermoso paseo muy frecuentado por las familias. La Plaza Uruguaya, que ocupa cuatro manzanas, la Plaza de Armas, la Plaza del Congreso, la Plaza Independencia y la Plaza Santo Domingo (actual Plaza Italia), constituyen otros tantos sitios de recreo que halagan la vista con el espectáculo de sus jardines o la pujanza de su vegetación arbórea”.

    Esto lo escribieron J. Natalicio González y Pablo M. Ynsfrán en el álbum “El Paraguay Contemporáneo”, en 1929.

    Años antes, Manuel W. Chaves, en su libro “El Paraguay Ilustrado”, editado en 1920, dijo del intendente que era un “caballero culto y laborioso, el ingeniero señor Mernes (Albino), empeñado de lleno en la labor que importa su cargo” y que “la renovación del viejo afirmado de piedra de nuestras calles, comprende uno de los primeros puntos del programa trazado”.

    Luego cita entre las obras comenzadas con éxito, la arborización de las calles, que cambiará rápidamente el aspecto de la capital. Para esto –menciona– se ha ensayado la plantación de hovenia dulcis en la calle Luis A. de Herrera. “Sin embargo, existe un viejo deseo propiciado por toda la prensa: la adopción del naranjo, para la arborización de las calles. Y en efecto, nada mejor que convertir la ciudad en un jardín de las Hespérides que sintetizaría el lado típico de esta tierra y de su flora, aromando de azahares el ambiente y hermoseando el conjunto de sus capas redondeadas y elegantes de lustroso verde oscuro (…)”.

    Han pasado casi cien años. El Jardín Botánico ha sido desmembrado a lo largo de décadas y la superficie actual es de 250 hectáreas, menos de la mitad que tenía originalmente. El Parque Caballero pide auxilio para seguir existiendo y ninguna familia que tenga juicio lo visita. Salvo las plazas Uruguaya e Italia, las demás están derruidas como si hubieran sido bombardeadas tras el paso de los damnificados.

    En cuanto a las calles vemos con optimismo que el puente de Artigas se acaba de rehabilitar en tiempo récord; que se está recapando el corredor Azara-Gral. Díaz y Tte. Fariña-Manduvirá. En Colón el cambio de la carpeta de rodadura es insuficiente aún.

    Jóvenes naranjos perfuman la calle Montevideo, pero tratan de sobrevivir en la Costanera. En tanto, los lapachos sufren una poda inmisericorde que los convierte en espectros.

    Se espera que los trabajos continúen y el intendente Mario Ferreiro siga trabajando sin pensar en futuras elecciones, sino en la ciudadanía.

    Como no hay mal que dure cien años, Asunción debe salir a flote y recuperar su pasado de esplendor.

    De nosotros también depende.

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    Publicado por Anónimo | 21 agosto, 2016, 9:10 am
  3. Duros como adoquines

    Reaparecieron los adoquines de la calle El Paraguayo Independiente. No reaparecieron físicamente, que esto nunca va a suceder de acuerdo a la historia de nuestro país, la reciente y la no tan reciente. Reaparecieron en la memoria después que en un interesante artículo de Pedro Gómez Silgueira nos confesara su decepción de no haber podido dar con el rastro de las famosas piedras.
    Para los más jóvenes, quienes no conocieron la ciudad de hace no muchos años atrás, la calle El Paraguayo Independiente, al pasar frente al Palacio de Gobierno, en lugar de estar asfaltada estaba adoquinada con unas piedras negras, cuidadosamente cortadas y colocadas en riguroso orden. Según el artículo de referencia, este adoquinado de granito europeo fue inaugurado el 15 de agosto de 1928 coincidiendo con la asunción del presidente José P. Guggiari. En 1989, meses después de derrocada la dictadura, el intendente de Asunción, el coronel José Luis Alder resolvió retirar las piedras y sustituirlas por una capa de asfalto.

    Muchos escribimos protestando por el hecho y recibimos la inesperada explicación: no había por qué preocuparse porque las piedras habían sido debidamente guardadas en la Planta Asfáltica de la Comuna donde, como era de suponer, no están, según pudo comprobarlo el autor del artículo. Alder prometía que ellas serían colocadas en el centro de una plaza proyectada donde se encuentra hoy la Manzana de la Rivera cuyas casas iban a ser demolidas a pedido del dictador (que, como las piedras, ya no estaba) porque se sentía inseguro de tener vecinos tan cercanos aunque en esas casas no vivía nadie ya. Felizmente la manzana fue salvada con la curiosa característica que en ella hay construcciones representativas de las diferentes etapas arquitectónicas de nuestro país, desde la colonial a la contemporánea.

    Se intentó explicarle al coronel Alder que esas piedras tenían sentido en la calle frente al Palacio de Gobierno. Era una forma de alertar al transeúnte que se encontraba en un sitio especial. Era como cuando escribimos un texto y queremos poner de resalto una palabra, o una frase y trazamos, abajo de ella, una línea, de modo que a la primera mirada del texto sabemos que allí hay algo que, por un motivo muy especial, el autor lo ha resaltado. Este era el sentido de esas piedras.

    Quien se las haya llevado a su casa, o a su quinta, o a su estancia para presumir adelante de sus amigos, hay que aclararle que esas piedras no tienen mucho valor económico: no valen más que su peso en kilos. Nada más. Desprovistas de la función que se le había atribuido perdieron también su valor simbólico. Esto fue lo que no pudo comprender el coronel Alder ni tampoco quienes se las llevaron. Salamanca, donde vivo, es patrimonio de la humanidad y tiene todo su centro histórico adoquinado como una manera de indicar que se trata de un sector muy especial de la ciudad.

    Aparte del significado político, la gente le da muy poca importancia a la elección de intendente. Da la sensación que cualquiera puede serlo siempre y cuando pertenezca a la línea oficial de su partido. Así es como hemos tenido cada ejemplar que se nos cae la cara de vergüenza. No se piensa que estamos poniendo en manos de una persona no solo el cuidado de la ciudad (parece un chiste eso de “cuidar”); el cuidado de las calles, las avenidas, los parques, la organización (otro chiste) del tráfico, la limpieza y alguna que otra cosa más. Estamos poniendo en manos de una persona una buena parte de nuestro patrimonio cultural, parte de los elementos que le han dado una personalidad particular a nuestra ciudad y que han ayudado a formarnos como ciudadanos. La responsabilidad es muy grande y los peligros de destrucción son muchos. Se tendrían que crear mecanismos realmente efectivos que impidan que el capricho del intendente de turno, apoyado en su ignorancia y en su falta de sensibilidad, pueda destrozar a su antojo todo aquello que nos resulta significativo, por lo menos a un sector bastante amplio de la población. Por el momento permanecemos inermes, con los dedos cruzados, ilusionándonos que no se arrasará este o aquel sector de la ciudad.

    Por Jesús Ruiz Nestosa

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/duros-como-adoquines-1509956.html

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    Publicado por Anónimo | 20 agosto, 2016, 7:09 am
  4. ¡Qué kilombo!

    El desmadre del tránsito de Asunción ya es demasiado insoportable.

    Igual si vas en tu Mercedes 2016 que si vas en la chatarra de 2.100 guaraníes, las eternas filas de autos en cada cuello de botella son parte del paisaje, como los lapachos en flor. Sin mencionar la cantidad de tiempo que pierde el ciudadano en esos atascos, sin mencionar los nervios y la impotencia.

    Según los datos de la Dirección Nacional del Registro de Automotores, en Asunción hay registrados 361.865 vehículos: autos, camionetas, jeeps, camiones, carretas, ómnibus, minibuses, etc.

    Si a esa cifra le agregamos el dato de Central, o sea, de esa gente que circula por Asunción y no paga impuestos, aquí, hay 497.208 vehículos en total, registrados en San Lorenzo, Fernando de la Mora, Lambaré, Luque, etc.

    Sumale Asunción más Central y vas a ver que 859.073 vehículos circulan a diario por nuestras escuálidas calles.

    859.073 vehículos usan las calles de una ciudad que tiene menos de 600.000 habitantes, déficit de infraestructura y atraso en cuanto a la visión de ciudad.

    No puede ser que en pleno siglo XXI se siga pensando como única alternativa a los problemas del tránsito la construcción de viaductos y túneles. No, señora. Acá hay que dejar de lado la visión egoistona de cada paraguayo con un auto y reemplazar esa idea por una realidad: un transporte público eficiente.

    UTOPÍAS. Entiendo que suena bastante a una utopía, pero ya que soñamos, podemos fantasear también con que dejen de trabar el proyecto del Metrobús; por culpa de un grupito de interesados que solo piensan en sus propios beneficios.

    Además, alguna vez tenemos que empezar a plantear las soluciones de fondo. A este paso, tendremos que dejar de importar autos, y habrá que importar calles…

    Pero, ya que eso no va a ser posible, el intendente tiene que hacer algo como animarse a implementar una medida de restricción vehicular, como el pico y placa de Colombia, por ejemplo.

    A eso le podríamos sumar que hacen falta campañas de educación vial que les enseñen a los paraguayos dónde estacionar bien y que les muestren que las franjas peatonales son para que dejen cruzar a los peatones; que los peatones no son el enemigo a quien deben aplastar sino son sus prójimos a quienes ceder el paso.

    A Mario no le podemos culpar por las lluvias que trajo El Niño o por las grietas del puente sobre Artigas, pero si no agarra al toro por las astas y encuentra urgente una solución para el tráfico, estamos facultados a pensar que no sirve para el cargo. Alguien tiene que darse cuenta de que en las calles de Asunción ya no cabe ni un auto más.

    Por Brigitte Colmán

    http://www.ultimahora.com/que-kilombo-n1016193.html

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    Publicado por Anónimo | 18 agosto, 2016, 6:16 am
  5. Peaje para entrar a Asunción, más costos para el ciudadano

    El proyecto de cobrar un peaje a los automovilistas que ingresen a Asunción solo pretende recargar aún mayores costos a los ciudadanos, sin garantías de que a cambio se obtengan mejores servicios. La iniciativa del diputado Dany Durand, respaldada por el intendente Mario Ferreiro, en un momento en que la capital sufre un gran colapso por los atascos en el tráfico y por graves problemas de infraestructura urbana aún no resueltas, refleja un ánimo recaudador antes que el de promover el uso racional de los recursos. Además, contradice el espíritu de la capitalidad, de recibir con hospitalidad a los demás hijos del país.
    Un proyecto de ley en gestación, anunciado por el diputado colorado Dany Durand, que plantea establecer un peaje de G. 2.000 para autos, camiones y micros que ingresen a Asunción, a cambio de transitar por supuestas futuras nuevas autopistas de circulación rápida, agrega un elemento de innecesaria crispación ciudadana, en un momento en que existe un malestar generalizado por el cotidiano calvario a que son sometidos miles de personas que deben entrar y salir de la ciudad, debido al colapso del tráfico.

    La peregrina idea de Durand, de establecer primero por ley el cobro compulsivo del peaje y luego construir las supuestas futuras autopistas, refleja un ánimo recaudador antes que el de promover el uso racional de los recursos de que ya disponen el Municipio asunceno y los organismos estatales que están involucrados en resolver los varios problemas urbanos de la capital, incluyendo los desembolsos por la Ley de Capitalidad.

    Es llamativo que este proyecto sea respaldado por el intendente de Asunción, Mario Ferreiro, aunque lo condicione a la previa construcción de las autopistas de circulación rápida. Entonces no tiene sentido aprobar primero la ley de cobro compulsivo con la promesa de que luego se construirían dichas obras, sobre todo en un país plagado de “rutas de la mentira” y de obras en promesa que nunca acaban de concluir.

    Es igualmente cuestionable el argumento del diputado Durand de que “el costo del peaje es mínimo y no incidirá en el bolsillo de los automovilistas”. Obviamente desconoce la realidad de miles de familias que ingresan a la capital justamente para ganarse el pan, y para quienes cada costo extra, por mínimo que sea, incide en la economía familiar, ya bastante golpeada por la mala distribución de los beneficios.

    Se espera de las autoridades que propongan soluciones con los muchos recursos que tienen a mano, administrándolos de manera más racional y con un criterio de austeridad, que no exija mayores sacrificios a la ciudadanía, aunque probablemente sea difícil exigir eso a miembros de un cuerpo legislativo que abunda en malos ejemplos de derroche del dinero público.

    El proyecto del cobro de peaje solo por entrar o salir de Asunción contradice además el espíritu de la capitalidad. Asunción no es cualquier ciudad, es la que concentra a los poderes del Estado, y a la cual se le hace necesario acudir diariamente a miles de personas de otros pueblos y ciudades del Paraguay a tramitar sus gestiones y hacer visibles sus reclamos, además de ser un espacio en donde ganarse la vida.

    Levantar muros en la forma de cobros de peajes compulsivos, cuando deberían administrarse mejor las formas de recaudación ya disponibles, como un cobro más eficaz de habilitaciones de patentes de automóviles, será una medida gubernativa impopular y poco democrática.

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    Publicado por Anónimo | 18 agosto, 2016, 6:15 am
  6. Diseño urbano útil, tarea de la municipalidad
    por Mirtha González Schinini

    Los arquitectos de la municipalidad deberían proponer espacios que hagan más habitable la ciudad, con parámetros de comodidad, desplazamiento, ocio y cultura.

    Por estos ordenamientos inteligentes, algunas ciudades impactan desde lo visual y por sus señales claras, sectores bien definidos y contemplados ya desde el trazado.

    Sin embargo, día tras día las familias deben sortear innumerables obstáculos para llegar hasta las escuelas y colegios por ejemplo, lo que conlleva un gran estrés que no te permite amanecer con pilas para enfrentar el día.

    Ya en Asunción no hay “horas pico”, el horario complicado se extiende hasta la noche, no se puede prever que tu llegada a un lugar sea en tantos minutos, sencillamente no vas a llegar temprano jamás si no prevés el caos.

    Las avenidas, parques y lugares históricos deben contar con un anillo de jardinería que conlleva un estudio exhaustivo del paisajismo. ¿Qué es lo que ve la gente al desplazarse? Todavía contamos con muchos árboles, pero podríamos tener más, las plantas y flores cuidadas protegen nuestros pulmones y convierten la visual en algo ameno, agradable para el espíritu.

    ¿Qué es lo que solemos ver? En Asunción no solo vemos cráteres en las calles, también ahora es muy común toparse con innumerables compresores de aire acondicionado afeando las fachadas con cañerías por fuera desaguando en las veredas. Cables de telefonía, luz, TV, lo que se te ocurra para afear lo que ya es bastante desagradable. Agujeros de la Essap, medidores que son trampas para los caminantes.

    Cómo duele ver que en la ciudad de Asunción pululan todo tipo de plagas, desde las termitas hasta las ratas que, desde luego, no son un patrimonio exclusivo, pero siguen su incansable transmisión de enfermedades y destrucción de paredes y techos.

    Los espacios públicos tienen que estar señalizados y deben contar con basureros y baños, todo lo que permita disfrutar de un lugar respetando el derecho de los demás. Estos sitios abarcan también a los edificios, las veredas particulares, todo puede ser mejor y más hermoso, como un valor vivencial de respeto, belleza, orden y limpieza que debe acompañar a las plazas, costanera, las calles con buena iluminación y equipos de seguridad que protejan la vida de las personas.

    Los ciudadanos no deberían estar abandonados a su suerte con imágenes tristes y decadentes empujados a sobrevivir en la tragedia de cruzar la ciudad para llegar a sus lugares de trabajo. Toda la infraestructura que hace a una ciudad armónica pasa por un trazado y paisajismo, que incluye a las canchas y sitios donde el deporte y la práctica de ejercicios es una inversión en salud mental y física.

    Estos lugares hermosos atraen a los visitantes, pero también crean un sentido de urbanidad en los que viven su ciudad de una manera más segura y alegre.

    La Policía debe acompañar a esta ciudad que crece incontenible, con miedo por la peligrosidad de los delincuentes que se sienten los dueños de las calles y lugares públicos, mientras los ciudadanos se arrinconan en su metro cuadrado, engordando frente al televisor sin disfrutar de su ciudad, que los avergüenza frente a los extranjeros.

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    Publicado por Anónimo | 18 agosto, 2016, 5:45 am
  7. La ciudad de Asunción merece un destino feliz
    15 Ago 2016

    Los festejos por los 479 años que cumple hoy la ciudad capital del Paraguay son una manera genuina de homenajear, desde todos los sectores, a la “Madre de Ciudades”. Desde el sábado próximo pasado y hasta la noche de hoy, la ciudadanía se reúne alrededor de las plazas del Centro Histórico y la Costanera, además de otros sitios emblemáticos de los barrios más antiguos, como Trinidad, para festejar ese aniversario con múltiples eventos artísticos y populares.

    Se ven por doquier genuinas expresiones de afecto hacia una ciudad que ahora dice querer recuperar su belleza sencilla y su rostro genuino y auténtico, sin dejar de modernizarse y adecuarse a los nuevos tiempos y necesidades. Una urbe que necesita de nuevas inversiones y obras de infraestructura, pensadas con inteligencia.

    Obras que sean realidad, gracias a la capacidad de quienes tienen como objetivo mejorar no solo la fachada de las casas y edificios, sino ofrecer a la ciudadanía una calidad de vida acorde a los tiempos en los que vivimos.

    Por ello, es oportuno referirnos al gran impacto que tendrán algunos proyectos que están en proceso o a punto de comenzar; algunos de ellos, atravesando largas etapas de negativa o discusiones sobre su viabilidad. Negativas casi siempre ligadas a sectarismos de tinte político partidario o inspiradas por intereses económicos puntuales.

    Y, para usar en este espacio como muestra positiva de ese empeño en poner a la ciudad a la altura de los tiempos, sin dejar de lado el respeto por su identidad, podemos referirnos al proyecto de mejoramiento de la Chacarita Alta, que ha superado apenas en la semana pasada, el obstáculo en el Parlamento, para ponerse en marcha.

    Este proyecto, al decir de sus responsables y también de especialistas que han analizado profundamente el mismo, despojados de cualquier interés particular, pretende recuperar y restaurar el espíritu genuino de esa zona de Asunción, una de las más antiguas y tradicionales, cuna de artistas y dueña de una belleza que la hace especial.

    El proyecto de mejoramiento de la Chacarita Alta, según se explicó desde la Secretaría Nacional de la Vivienda, tendrá un impacto más que positivo en los habitantes de la zona, pues se enfocará especialmente en el mejoramiento y puesta en valor de la mayoría de las viviendas ya existentes.

    No implica tirar todo abajo para deshacerse de la historia y de sus protagonistas, sino todo lo contrario: de sostener esa riqueza a través de obras de restauración que le devuelvan el color y las características propias, pero adecuadas a las necesidades que los habitantes de cualquier barrio de las ciudades deben satisfacer, como baños, dependencias y techos en buen estado, así como acceso al alcantarillado sanitario, redes eléctricas seguras y servicio de agua potable, además de la adecuación de espacios públicos.

    El proyecto de mejoramiento de la Chacarita Alta, según se explicó, se enfocará especialmente en el mejoramiento y puesta en valor de la mayoría de las viviendas ya existentes. No implica tirar todo abajo para deshacerse de la historia y de sus protagonistas.

    Según han explicado, solo se harán “desde cero”, algunas viviendas que ya no tienen posibilidades o directamente son construcciones precarias que ponen en peligro la vida de sus habitantes y no pueden refaccionarse.

    La Chacarita Alta, recordemos, es un espacio emblemático de la Asunción de ayer, recordada por propios y extraños como un barrio tranquilo, habitado por familias trabajadoras y artistas que dieron a Asunción mucha de la magia de su historia particular y única. Luego, con el tiempo, fueron desvirtuándose esas características, con el crecimiento de zonas aledañas en forma precaria.

    Esta parte de la población también será beneficiada con viviendas adecuadas en zonas no inundables, como el proyecto del barrio San Francisco, que tanto esfuerzo también costó poner en marcha.

    Quedan pendientes muchas más obras de infraestructura, como la continuación de obras de la Costanera y el Plan CHA, que es otro referente para poner en valor el despoblado centro de Asunción. Los planes y proyectos destinados a recuperar la ciudad para la ciudadanía deben ser encarados con responsabilidad y mirada hacia el futuro, que ya es mañana mismo.

    La ciudadanía que hoy se acerca a participar en masa de los actos oficiales, desfiles y eventos culturales y que llena las calles con su presencia y disfruta con alegría de cada propuesta, merece que su ciudad, la Asunción que cantaron los poetas propios y extraños, los reciba a cada paso con su mejor rostro y los brazos abiertos.

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    Publicado por Anónimo | 15 agosto, 2016, 8:17 am
  8. Asunción, de cronistas y memoriosos
    Por Blas Brítez

    En 1967, el escritor y lingüista Antonio Ortiz Mayans publicó un libro titulado Evocaciones de la Asunción 1915-1930. En él reunió sus primeros recuerdos de una ciudad cuya traza decimonónica poco a poco iba desapareciendo y en cuya calle Paraguarí había nacido en 1908. En el prólogo, quien es tal vez el más grande dramaturgo de las querencias y mezquindades de la Asunción provinciana de la primera mitad del siglo XX, Arturo Alsina, habla de una “ciudad entristecida con sus días enfermos de estéril monotonía”, la de los últimos años “de la gran aldea”.

    Ortiz Mayans practica una arqueología emocional de los sitios históricos de la ciudad, de los barrios populares, del río, de los arroyos y los árboles, de los medios de transporte, de la música en la noche y el silencio de las siestas, de los personajes de celebridad citadina que poblaron sus calles empedradas. Como aquel autodenominado Piloto del Ambiente que endilgaba discursos disparatados a un auditorio improvisado en “esquinas, bares o cafés”. O Mateo Ka’u, quien en los años veinte “en los aniversarios patrios se lo veía, por las noches, llevar en alto una antorcha encendida y canturreando siempre (…) el Himno Nacional”. O las artes cleptómanas de Mbopi Pucú, quien una noche caminaba a manos llenas con los trastos que había robado y se encontró de repente con un policía: “Mboriahu ha estrella pyhare mante ováva. ¿Ajepa, karai?” (El pobre y las estrellas solo de noche se mudan. ¿No es cierto señor), argumentó Mbopi Pucú ante el vigilante, quien aceptó la lógica astronómica y lo dejó pasar.

    El autor de la letra de Asuncena (con música de Félix Pérez Cardozo) escribió a un tiempo un libro de crónicas que también es uno de memorias personales sobre Asunción, en una mezcla de géneros como demasiado poco se ha escrito en la literatura en torno a la ciudad capital.

    Cincuenta años después, sin embargo, a la prosa suburbial de Ortiz Mayans le nació un hermano: Madre de ciudades, la del no me acuerdo y la del no sé, del periodista y novelista Jesús Ruiz Nestosa.

    El libro sigue y abunda en la misma lógica de la crónica personal que su predecesor, y abarca el periodo que va de 1947 hasta mediados de los años 80. A pesar de su insoportable tufillo a “todo tiempo pasado fue mejor”; del lenguaje a menudo prejuicioso socialmente que suele utilizar en sus columnas el escritor que hoy vive en Salamanca, España; de la inexplicable ausencia de fechas precisas en ciertos pasajes, la obra publicada en abril pasado es un espléndido viaje visual y sonoro a ese palimpsesto que es Asunción, edificada sobre los muñones de la ciudad que vio Ortiz Mayans. Cine, música, política, moralidad, literatura, dictadura, educación, fotografía y otros temas se citan en los recuerdos de Ruiz Nestosa.

    Tal vez las nuevas generaciones, las de la posdictadura, en las décadas siguientes continúen la crónica de una ciudad que hoy, otra vez, va mutando bajo la égida del dinero.

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    Publicado por Anónimo | 15 agosto, 2016, 8:16 am
  9. Los desafíos de Asunción en su 479 aniversario

    Los lapachos parecen haberse puesto de acuerdo para regalarle al asunceno una imagen idílica: una ciudad teñida de rosado por los tajy, que compensa de alguna manera las preocupaciones cotidianas generadas por el tráfico colapsado que los habitantes y visitantes de Asunción padecen a diario. En este momento la capital del país es testigo de obras que, si bien generan demoras, también se espera que aporten la solución cuando estén concluidas. Asunción, que hoy cumple 479 años, requiere poner en claro sus prioridades, necesita tener bien definido el camino hacia dónde se dirige y en qué se quiere convertir.
    Pese a la belleza de los tajy florecidos, la queja se eleva por encima de las bocinas y el reclamo se hace estruendoso: el tráfico está imposible de soportar. Debido a la congestión de vehículos y las interminables colas en los ya conocidos cuellos de botella de la ciudad, los automovilistas se resignan a circular a paso de peatón. Esto se debe principalmente a algunas obras que actualmente se están ejecutando y que aportan su cuota de calles clausuradas y tránsito pesado.

    Pero, para que esta tortura cotidiana no sea un problema eterno, las autoridades deberían plantear de manera urgente algún tipo de alternativas, que no sea solamente construir viaductos y pasos a desnivel. Todos sabemos que las calles de Asunción ya no soportan los 790.000 vehículos que transitan a diario. Por esto, la solución debería ir de la mano con la implementación de medidas de restricción vehicular, igual a las que se aplican en otras grandes capitales del continente.

    Los paraguayos debemos cambiar nuestro chip mental, y esto incluye el hecho de aceptar que no hay espacio en la ciudad para que circulen tantos autos. El siguiente paso será exigir al Gobierno central un sistema de transporte público digno y eficiente. Es absurdo que el Metrobús sufra tantas demoras, el interés de la mayoría nunca debería estar por debajo del de una minoría mediocre que no acepta los cambios.

    Otro tema pendiente que surge en este cumpleaños de la capital es el del centro, que se ve sucio, oscuro y con veredas rotas, producto de décadas de abandono por parte de la burocracia municipal. En una encuesta realizada por ULTIMAHORA.COM en las redes sociales resalta que a los asuncenos les preocupan los baches y las veredas rotas. Además. en el microcentro de Asunción hay una gran cantidad de edificios que pueden ayudar a paliar el déficit habitacional. El centro histórico asunceno tiene 220.000 m² de superficie construida no utilizada, según el Plan Maestro de Revitalización del Centro Histórico de Asunción (Plan CHA). Esta superficie puede y debe ser utilizada para albergar a los asuncenos que encuentran numerosos problemas para encontrar una vivienda. Para esto ya hay un plan en marcha y se espera que con ello sea posible también la revitalización de esta zona tan importante de la ciudad. De hecho, hay otras iniciativas en marcha para dar vida al centro, para que la gente vuelva a disfrutar de su ciudad, de sus calles y ahora también de su Costanera.

    Una ciudad no se construye solo con edificios y con vehículos, a una ciudad la hacen las personas. Asunción puede convertirse en un espacio más amable para sus 525.294 habitantes, un espacio donde quepan todos: los habitantes de los bañados integrados a una ciudad que ya no les de la espalda; las personas con discapacidades circulando por veredas sin obstáculos y peatones cruzando las calles sin poner en peligro sus vidas.

    Pero, ante todo, las autoridades deben tener claridad sobre los actuales desafíos y asumirlos. Asunción y sus habitantes se lo merecen.

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    Publicado por Anónimo | 15 agosto, 2016, 7:41 am
  10. La más antigua, la más atrasada

    En su aniversario número 479, Asunción, nuestra ciudad capital, una de las más antiguas de Sudamérica y la primera de esta región rioplatense y guaranítica, que debió continuar siendo la más venerable, parece hoy una de las últimas de la fila del progreso, de las más olvidadas, de las más postergadas por sus autoridades, de las más desatendidas por sus habitantes.

    Hemos visto progresar a las ciudades de países vecinos a un ritmo feliz, convirtiéndose en localidades modernas, dotándose de los servicios públicos más elementales, abriéndose en espacios libres, saludables, ornadas de vegetación y edificación armónica, haciéndose lugares acogedores para sus residentes y para sus visitantes, mientras nuestra Asunción vegetaba en la inmovilidad y la desidia.

    Los servicios públicos son casi una calamidad. Hoy en día, según la mayoría de las fuentes de información confiables, Essap deja de contabilizar cerca del 40% del agua potable que distribuye por pérdidas de cañerías obsoletas, que perjudican el asfaltado de calles y ciudades, y el servicio de energía eléctrica –que se roba impunemente en ciertos barrios– se distribuye con cada vez más frecuentes cortes. Las redes de alcantarillado sanitario y desagüe pluvial están envejecidas y revientan en cualquier parte, causando destrozos en el pavimento y gastos adicionales. Las empresas que los administran, crónicamente endeudadas desde hace décadas, cobran puntualmente a sus usuarios pero no consiguen volverse eficientes.

    Más allá de la ineficiencia de las oficinas de servicios públicos, la Municipalidad de Asunción posee, por su parte, un presupuesto anual que ronda los 140 millones de dólares, monto más que suficiente para cumplir con sus principales funciones si no tuviera una mastodóntica burocracia de más de 8.000 “trabajadores”. Sin embargo, mantiene una ciudad caóticamente desorganizada, donde un solo factor, el desorden del tránsito automotor, es suficiente para mantenerla semiparalizada.

    Miles de millones de guaraníes dilapidan diariamente los habitantes y los visitantes de Asunción en vehículos de transporte que se mueven a un ritmo de 5 o 10 kilómetros por hora. Miles de toneladas de dióxido de carbono y partículas contaminantes que lanzan los automotores en su lento desplazamiento son depositadas cada minuto en ese aire que todos respiramos y absorbemos, haciendo que nuestras calles se conviertan en lugares insalubres y riesgosos.

    Extensos barrios tienen sus pavimentos asfálticos vencidos desde hace décadas, sin que la Comuna tome siquiera la iniciativa de realizar un relevamiento de esa situación y un plan para ir corrigiendo gradualmente este problema, que fue siendo acumulado por las anteriores administraciones con base en negligencia e indiferencia. Se obliga al contribuyente a pagar por un pavimento destruido y destructor, con la famosa tasa de “contribución para conservación de pavimento”, que así representa un descarado robo municipal a los habitantes de la ciudad.

    Por otra parte, se calcula que 1.500.000 personas ingresan cada día a la capital desde el interior, a lo que se suman unos 600.000 vehículos automotores. Todo este contingente usa, deteriora, contamina, ensucia, a cuenta del contribuyente que reside en Asunción, al que se le cobran los tributos más altos del país. A esta situación de inequidad tan evidente ninguna autoridad comunal le prestó la debida atención, le puso el empeño mínimo suficiente para estudiar y proponer una corrección que ajuste esos derechos y obligaciones.

    La Municipalidad de Asunción percibe ingentes sumas de dinero en concepto de impuestos, tasas y contribuciones, además de multas por trasgresiones, de cánones por cesiones de uso de espacios públicos y de concesiones varias, de royalties, además de otras fuentes comparativamente menores.

    ¿Qué se le devuelve al habitante asunceno a cambio de eso? La mayoría de las calles en pésimo estado, el desorden del tránsito que empeora cada día, un cuerpo de Policía Municipal de Tránsito compuesto de funcionarios burocráticos.

    Las obras públicas que marcan su presente, promocionadas con gran publicidad política, se desarrollan en medio de improvisaciones y errores que cuestan dinero e incomodidades. Pero ni siquiera son encaradas por la Municipalidad sino por el Gobierno central, con financiación externa. Asunción crece caóticamente, sin rumbo, sin proyectos, sin una concepción urbanística que defina qué clase de ciudad queremos tener, qué calidad de existencia urbana deseamos dar a nuestros descendientes. La prueba palpable de la falta de previsión y planificación la tenemos en estos días con el deterioro del puente en la avenida Artigas, ya que la falta de calles alternativas en condiciones aceptables para el tránsito somete a los automovilistas a un verdadero infierno.

    En resumen, después de haber sido Asunción “madre de ciudades”, civilizadora de una vasta región sudamericana, luego de haberse erigido urbanísticamente con modestia pero con armonía, de haber brindado seguridad y sosiego a sus habitantes, virtudes frecuentemente mencionadas y elogiadas por cronistas y visitantes extranjeros, actualmente va deformándose, derivando hacia una dirección que nadie podría aventurarse a definir. Por una parte se edifican torres, por la otra el agua servida corre frente a ellas y se consolidan tugurios y barrios marginales. El Centro Histórico se halla abandonado, sin conseguir que se diseñe una política municipal de estímulo que lo fortifique y le devuelva su antiguo esplendor, como se ha hecho en varias ciudades sudamericanas con singular éxito.

    Pero Asunción sigue conservando muchas cosas lindas, cantadas por los poetas, que se deberían volver a potenciar, a lo que se agrega la cordialidad proverbial de los paraguayos. Tiene locales tradicionales y lugares históricos que se deberían recuperar, al tiempo de trabajar por una mejor infraestructura y un ordenamiento de las calles y el tránsito.

    Nuestra ciudad capital ha tenido buenos intendentes, como Bruno Guggiari, Albino Mernes, Miguel Ángel Alfaro, César Gagliardone, Porfirio Pereira Ruiz Díaz. Nuestro actual intendente, Mario Ferreiro, que heredó una pesada carga, debería tener presentes a estos destacados funcionarios y poner manos a la obra para que Asunción vuelva a ser atractiva para sus propios habitantes y admirada por los visitantes.

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    Publicado por Anónimo | 15 agosto, 2016, 7:07 am
  11. Estampas asunceñas

    Por Pedro Gómez Silgueira

    En estos tiempos en que el cambio climático golpea fuerte en todo el planeta, la naturaleza pareciera saludar a Asunción en su aniversario número 479. Cualquiera que vaya caminando por las calles o al mando de su vehículo observa cómo una lluvia de flores de color de rosa se mece al viento en cámara lenta. Los lapachos regalan todo su esplendor alfombrando con su tono cualquier rincón y haciendo caer campanitas sobre la ciudad. Solo lo supera la ficción en Macondo donde llovía florecillas amarillas.

    De contraste, está el cablerío de ñandutí que no deja ver el cielo ni fachada alguna de los edificios históricos sin distorsionar, molestar o interrumpir la contemplación.

    En varios rincones de la ciudad se expande un dulce aroma de azahar que reconforta y abre la respiración. Aunque existen plantas en crecimiento, los más antiguos datan de los primeros tiempos de la conquista y colonización cuando se introdujeron los cítricos a América. Primero minaron las chacras aledañas hasta que al intendente Pedro Bruno Guggiari (1929-1933) se le ocurrió colocarlas en la vía pública en una campaña de arborización. Como estudioso de la esencia de petit grain decía que las hojas del naranjo purificaban el ambiente y soñaba con la “ciudad de los azahares”.

    La cara fea de respirar el aire asunceno y no el asunceño está en el humo negro que lanzan los vehículos como si fueran chimeneas de una fábrica. Y últimamente la densa “neblina” de repulsivo olor que viene desde los focos de quemazones en Cateura y los alrededores del Cerro Lambaré.

    Los edificios históricos que tiene Asunción son de incalculable valor patrimonial pues a todas luces reflejan el aire europeizante de los López que dio estilo, personalidad y aristocracia a la capital sudamericana de la conquista, a la “Madre de Ciudades”.

    Los espacios públicos diseñados por el intendente Miguel Ángel Alfaro (1924-1927), como la Escalinata de Antequera, emulando la Piazza Spagna de Roma; el Parque Caballero y el Parque Carlos A. López, son un ejemplo de urbanismo para la topografía de una ciudad destinada a la gente.

    En la Plaza de la Constitución, entre la Catedral y el Congreso, el “Paseo del Centenario”, de 1913 (legado del presidente Eduardo Schaerer, quien nombró intendente a Ernesto Egusquiza), presenta esculturas adquiridas en Francia que acaban de sobrevivir a la ocupación de los damnificados por la crecida del río. La fiebre de la Belle Époque había llegado entonces a la capital paraguaya para darle contexto mundial. ¿Alguna autoridad, institución, o funcionario público se ocupó de custodiarlas o se les encomendó a los ocupantes temporales para que las cuidaran?

    Y es que el problema asunceno precisamente radica en la respuesta a esta pregunta. En la Municipalidad de Asunción hay entre 8.000 a 10.000 funcionarios que terminan su misión al salir de la oficina –habrá excepciones–. Después ya no ven ni oyen lo que pasa en su ciudad. El funcionario público debería ser el primer guardián y custodio de la Capital durante las 24 horas, los 365 días del año. Al fin y al cabo le paga la ciudadanía. Si solo pasara eso, nuestra ciudad no se hubiera quedado tan para atrás en los umbrales de este milenio.

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    Publicado por Anónimo | 14 agosto, 2016, 7:37 am
  12. En el aniversario de Asunción

    Por Alcibiades González Delvalle

    Sobreponiéndose a sus males, don Pedro de Mendoza mira complacido la multitud que se ha reunido en la playa para verlo en la aventura de cruzar el océano. Le anima la certeza de que sus naves regresarán colmadas de oro y plata. Piensa que vale la pena invertir su fortuna, esa que obtuvo de un sangriento saqueo en Roma a riesgo de su vida.

    La preocupación por su salud desaparece ante el magnífico espectáculo de las 11 naves y los 1.300 marinos que se aprestan a darse a la mar. Toda Sevilla está en el puerto. En algunos meses más volverá, alegre y ruidosa, para dar la bienvenida a la riqueza por la que tanto suspira, de la que tanto ha escuchado hablar.

    Con voz apagada, don Pedro de Mendoza imparte la orden a sus capitanes. La flota comienza a moverse con viento a favor. El sol de agosto asoma “en el balcón del horizonte” como diría Cervantes mucho tiempo después. A un par de horas de la partida, don Pedro cae tumbado en su camarote. Está cansado. Fueron muchas idas y venidas desde hacía meses para llegar a este instante: Primer Adelantado del Río de la Plata con un territorio tan vasto que el Paraguay será conocido como la Provincia Gigante de las Indias. Sus límites tocan los dos océanos.

    En la imaginación de don Pedro las montañas de oro rivalizan con el sol en su esplendor. En la fidelidad y obediencia de sus hombres descansa la realidad de sus sueños. No solo será inmensamente rico, su nombre brillará en lo alto de la gloria mientras dure el mundo recién nacido con nombre de mujer. ¡América!

    Está enfermo, pero no lo suficiente como para privarse del regreso triunfal, comenta en las reuniones bajo las estrellas a sus hombres de confianza. ¿De confianza? Conoce de sobra al soldado ambicioso que pelea por el botín. Él mismo lo ha sido. ¿Qué hay detrás de la mirada de ese capitán, y el otro, y aquel? ¿Piensan, tal vez, traicionarlo?

    Esta súbita idea, a partir de algunos gestos que procura descifrar, le mantiene alerta. Ya no tratará sino con los capitanes que han de dar su vida por él: Diego de Mendoza, su hermano; Juan de Ayolas, alguacil mayor; Juan Salazar de Espinoza; Juan de Osorio, maestre de campo y justicia mayor. ¿Juan de Osorio? Un relámpago se cruza por la mente de don Pedro. ¡Osorio! Valiente, audaz, ambicioso.

    En Roma le vio en el saqueo alzarse con mucho más de lo que podía llevar. Fue la pura codicia. ¿Y ahora? ¿No estará cavilando un plan para quedarse con el oro y la plata del Rey Nuestro Señor y también míos?

    Fue despertado en la madrugada que traía el aroma tibio de la tierra. La flota se acercaba a Río de Janeiro con júbilo de la tripulación que velaba en cubierta. En su camarote de almirante y de enfermo, don Pedro se despertó del todo al sentir que le deslizaban en el oído el veneno mortal de la sublevación. ¿Quién es el cabecilla? ¡Don Juan de Osorio! Pues, matadle, ahora. Su fiel capitán, don Juan de Ayolas, pronto regresó para avisar que unas cuchilladas enviaron al infierno el alma del conspirador y el cuerpo a las tranquilas aguas del océano.

    Sintiéndose muy enfermo, y resuelto a regresar a España, don Pedro nombró a Juan de Ayolas lugarteniente gobernador y capitán general de la Provincia del Río de la Plata. Entre varias recomendaciones pide que le haga llegar alguna joya o piedra preciosa para no morir de hambre. No tuvo tiempo de vivir ese extremo porque murió en el mar.

    Aunque hubiera llegado vivo, nunca le habría alcanzado la riqueza que pobló sus delirios. En Asunción lo único que brillaba como el oro era el sol inclemente.

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    Publicado por Anónimo | 14 agosto, 2016, 7:22 am
  13. Durand intendente o…¿concejal?
    13 agosto, 2016

    Las malas ideas generalmente se desechan y ya no vuelven a ser objeto de debate, pero algunas, por desgracia, se desempolvan en forma recurrente. Es el caso del proyecto de ley que pretende implementar el cobro de peajes para el ingreso a la ciudad Capital. La iniciativa ahora corresponde al diputado Dany Durand, de la ANR, quien en realidad no hizo más que poner nuevamente a consideración lo que su correligionario Yamil Esgaib, concejal de Asunción, promovió sin éxito a finales del 2015. Según el legislador, la normativa sería un acto de “justicia” hacia los ciudadanos de esta ciudad, quienes realizan pagos por servicios que muchas veces no reciben. Esto, en parte puede ser cierto, pero solo en parte, pues también son receptores de recursos que no los generan, como los royaltíes de Itaipú o sumas millonarias del FOCEM, así como de grandes obras que son financiadas con fondos de la administración central, es decir, por todos y cada uno de los 7 millones de paraguayos, no solo por los 600.000 asuncenos.

    ¿De dónde cree Durand que salió el dinero para la avenida Costanera, la modernización del Mercado 4 y la avenida Madame Lynch con sus respectivos viaductos? ¿Y para la construcción de las 1.000 viviendas en el expredio del RC4? ¿Y los 30 millones de dólares que se destinarán para convertir a la Chacarita en un barrio modelo, así como a otras zonas del contorno capitalino? ¿Del aporte exclusivo de los habitantes de Asunción? Por supuesto que no, sin por eso invalidar en lo más mínimo la importancia y la necesidad de tales emprendimientos.

    No sabemos a qué obedece el ataque “asuncenista” del diputado de la ANR, al comportarse como históricamente lo hicieron los “porteñistas” en la Argentina, con la diferencia de que éstos basaban su despreciable actitud en el hecho cierto de que Buenos Aires generaba una parte significativa de la producción y la riqueza, lo que no se asemeja en nada a la realidad de nuestro país. Tal vez se trate de puro oportunismo político, en la creencia de que así podría granjearse la adhesión de no sabemos quiénes, ya que sería de ignorantes reaccionar positivamente ante tan ridícula exaltación “localista” o bien, simple y puro desconocimiento, pues se trata de una normativa de imposible cumplimiento.

    Si la Capital hoy es un caos, no sería difícil imaginar como éste se potenciaría con miles de automovilistas en los peajes, convertidos en cuello de botellas, y otros miles buscando caminos alternativos. Asunción y Área Metropolitana, entonces sí, terminaría de convertirse en un perfecto infierno.

    Si el problema es la destrucción de calles, como alega Durand, la responsabilidad no recae en los automovilistas sino en los vehículos pesados, que sí deberían abonar alguna taza para contribuir a sus periódicas reparaciones. Y si lo es la tremenda congestión, para eso se están realizando obras viales, el Metrobús y se proyecta una zona tarifada, aunque no necesariamente sea en los términos propuestos por la administración de Mario Ferreiro.

    El parlamentario aduce igualmente que en varias capitales del mundo se paga un “peaje” para ingresar a ellas, pero obvia el “pequeño” detalle de que, por ejemplo Londres y demás lugares que cita, tienen un sistema de transporte público que está a 10 años luces del nuestro.

    Por último, si Durand quiere plantear “soluciones” a problemas que son de índole municipal, pues que se postule a intendente o a concejal. Mientras tanto, que empolve nuevamente en los archivos su proyecto de peaje, de donde nunca más debe volver a salir y que se aboque a los temas que son de interés nacional.

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    Publicado por Anónimo | 13 agosto, 2016, 3:50 pm

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