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Educar con la verdad

La próxima semana recordaremos a los niños mártires de Acosta Ñu. Además de entregar un regalo material por el Día del Niño, hay que explicarles por qué se conmemora esa fecha. Y hay que pensar en las batallas que se libran hoy. Fomentar la inteligencia (como capacidad para resolver problemas), los valores morales, éticos, religiosos para los que profesen, la conciencia crítica. En este sentido, hay que enseñar todos los días, aún y mucho mejor aquellos padres que estén esperando un bebé, pueden comenzar a planificar la educación. No en vano, el consejo más importante que dan psicólogos y orientadores familiares es que los padres compartan la línea educativa que van a impartir al hijo. Si este acuerdo se cumpliera, cuánto mejoraría la educación de toda la sociedad; lamentablemente hay parejas que piensan por separado, se comunican poco y cada uno lucha por imponer la educación que trajo desde su familia consanguínea, sin considerar la que se inicia.
Cuáles son los desafíos. Actualmente escuchamos de una campaña contra la lactancia materna, orquestada desde afuera, paralelamente a otros temas como la presión para el aborto libre, la libertad del niño/a para elegir entre ser hombre o mujer, la sustitución cultural de “las princesas” para dar paso a “las guerreras”, el consumismo y la captura del niño como cliente fiel, todo esto a la par de lo que un pequeño pueda enterarse sobre las guerras y la inseguridad reinantes.

Como padres es necesario conocer los planes nacionales e internacionales que se aplican, tener claro su origen y destino significa mucho. Nos guste o no, es el tiempo que nos toca y no hay que negarlo o esconderlo sino informarnos para explicar a nuestros hijos desde lo más temprano. Una mirada global, pero sin olvidarnos de lo más cercano: un hombre posteó un video en Facebook donde se puede ver un abanico de niños tirados cerca del Congreso Nacional, drogados, mientras la ciudad continúa su ritmo. Terribles inseguridad e injusticia también para los jóvenes (que fueron niños) convertidos en delincuentes y criminales; para las niñas-adolescentes prematuramente madres, los chicos explotados laboralmente, huérfanos por abandono, enfermos, deformes. Todos los que vemos y los que están ocultos en historias espeluznantes que nunca salen a la luz.

Los bebés llegan hoy a un mundo donde prevalecen los antivalores, las ansias de poder, el control de la población, la intención de destruir el self (el yo, mi capacidad de pensar y sentir).

¿Cómo, con qué palabras, herramientas, estamos planteando todo esto en la educación de esos hijos que educarán a otros hijos? Sepamos que muchas verdades enseñadas en el seno familiar, no tienen ya continuidad en la escuela, los medios masivos, menos en la calle.

Como padres es un deber formarse y formar a otros padres respecto a los temas como sexualidad, política, economía, creencias. Es tiempo de unirse, participar, monitorear y levantar la voz ante lo que sintamos incorrecto o ambiguo. Conserven padres y madres la autoridad y el poder que nunca deben perder. Educar con amor, valentía, conciencia social y compromiso por una sociedad y mundo sanos es, sin dudas, el mejor regalo para el día dedicado a los niños.

Por Lourdes Peralta

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/educar-con-la-verdad-1507374.html

 

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

5 comentarios en “Educar con la verdad

  1. Desayunando el futuro en Mburuvicha Róga

    Por Marcos Cáceres Amarilla

    La celebración del Día del Niño por parte de Horacio Cartes consistió este año en invitar a desayunar en Mburuvicha Róga a algunos niños y niñas en situación de pobreza que están en algunos de los programas de ayuda social del Gobierno. La imagen del mandatario pasando su mano por la cabeza de uno de ellos quería, aparentemente, transmitir alguna sensación de sensibilidad o cercanía.

    Según datos de la Secretaría Técnica de Planificación, un millón y medio de paraguayos están en situación de pobreza, de los cuales, cerca de la mitad son menores de 18 años, es decir niños, niñas y adolescentes.

    Es difícil que el presidente invite a desayunar a todos ellos para que siquiera puedan alimentarse bien una de las mañanas de un día del año. No obstante, el Gobierno podría ofrecerles políticas de Estado para darles, al menos a la mayoría de estos 700.000 niños, niñas y adolescentes, esperanzas de revertir su situación en el futuro.

    Los programas de asistencia social, puestos en funcionamiento ya durante la gestión de Duarte Frutos (2003-2008) logran ciertos resultados, pero son fundamentalmente paliativos. Según datos recientes de la organización Base IS, unas 9.000 familias campesinas fueron expulsadas del campo a la ciudad, solamente el año pasado, por la falta de una oportunidad para poder, al menos, sobrevivir.

    La carencia de propuestas de Gobierno para evitar esta migración hace que miles de niños y niñas pasen a engrosar cada año en la ciudad el número de los muchos que ya están y que deben hacer cualquier cosa para poder alimentarse con sus familias, todos los días.

    Deberán trabajar, luchar en un ambiente hostil, tener la suerte de que sus padres no se involucren en hechos delictivos o adopten algún vicio para intentar huir de su situación. Deberán también lograr la proeza de no ser golpeados, abusados o sufrir cualquiera de las vulneraciones de sus derechos de las que nos enteramos cada tanto en los medios de prensa.

    Algunos casos emblemáticos sirvieron para que la realidad que pasan muchos niños y niñas paraguayos se nos presente en toda su crudeza. La niña Mainumby, abusada por su padrastro, embarazada a los 10 años y que, obligada por el Estado, dio a luz a los 11. Luego de mucho debate sobre la legalización del aborto y tres meses después de que la niña tuviera a su hijo en una operación por cesárea, las instituciones oficiales se habían olvidado de ella, denunciaron organizaciones internacionales de DD.HH.

    En junio pasado, supimos que ella abandonó la escuela donde iba, porque era motivo de burlas y “bullying” y ya no podía más. Por “Mainumby”, saltaron algunas cifras sobre embarazos precoces: 600 niñas, de entre 10 y 14 años tienen hijos anualmente en el Paraguay. Esos son los casos que se conocen, pero hay muchas más.

    Otra historia es la de Carolina, una “criadita” de 14 años asesinada a golpes por sus tutores en Coronel Oviedo, durante este 2016. Como ella, que sufrió en su corta vida una moderna esclavitud en este siglo XXI, en Paraguay, hay unas 47.000, según cifras de Unicef.

    Luciano Ortega tenía 18 años y fue el más joven de los campesinos asesinados en Curuguaty el 15 de junio de 2012. Para la Justicia paraguaya, para el Estado paraguayo no es importante aclarar cómo murió ni quién lo mató. Tampoco es importante dar solución al problema de la falta de tierras para miles de familias campesinas. No figura en los proyectos ni discursos del Gobierno.

    Los niños, niñas y adolescentes que más necesitan ayuda en el país, no deben esperarla. La gran mayoría, no tendrán mejor educación, ni salud ni un futuro esperanzador. A lo máximo que pueden aspirar, tal vez, es a ser invitados alguna vez, y por un rato, para desayunar, a la mesa de algún poderoso que se cree dueño del país.

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    Publicado por Anónimo | 18 agosto, 2016, 5:48 am
  2. Bregar hoy y siempre por el futuro de los niños del país

    Más que recordar uno de los hechos más desgraciados y viles de la historia paraguaya, cuando un ejército del país vecino invasor masacró a los niños mártires de Acosta Ñu, el 16 de agosto 1869, elevando a las víctimas al rango de precoces héroes y arrojando a los victimarios al abismo de la condena perpetua por tan desmesurada crueldad, esta fecha debe servir para reflexionar acerca del presente –sin ignorar el pasado reciente– y mirar el futuro de los niños de nuestro país.
    La pobreza es uno de los peores males que soportan los niños. Consecuencia de ello es el estado calamitoso en el que sobreviven aquellos que tanto en las áreas rurales como en las urbanas carecen de lo mínimo fundamental para desarrollarse como seres humanos.
    Un reciente informe sobre niñez y niños urbanos en el Paraguay, del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y la Secretaría Nacional de la Niñez y la Adolescencia, indicaba que el 45 por ciento vivía en condiciones de pobreza y el 27 por ciento en extrema carencia.
    Sin acceso a una educación de calidad, privados de una atención digna a su salud, expuestos a la violencia familiar y a la social, explotados y carentes de las oportunidades que los demás tienen, la existencia de muchos de ellos se desenvuelve en el más absoluto abandono.
    Para corroborar esas observaciones, baste mirar que hasta ahora hay alumnos que dan clases bajo los árboles con maestros de plurigrados, no cuentan ni con un centro de salud a mano y mucho menos con hospitales especializados, son castigados físicamente sin piedad, son obligados a trabajar en las calles desde muy pequeños y sufren otras lamentables limitaciones.
    Hay que admitir que desde la caída de la dictadura, hace ya un cuarto de siglo, se avanzó en materia de instituciones públicas y de derechos vinculados al cuidado y el bienestar del segmento poblacional que requiere una particular atención. También en conciencia ciudadana en el tema.
    La Secretaría Nacional de la Niñez y la Adolescencia es la nave insignia de las acciones originadas en el Estado, sumándose a ella los organismos públicos destinados a un rol específico en el sector: la Fiscalía, las Codeni (consejerías municipales por los derechos de los niños y los adolescentes) de cada municipalidad, los juzgados y la Defensoría Pública, entre otros.
    Es indudable que en materia de derechos, en el papel, la situación de hoy es distinta a la de 27 años atrás. En teoría, todo está estructurado para que los derechos de los niños sean promovidos y respetados.
    Lo que aún falta es que lo plasmado en la Constitución, la Convención sobre los Derechos del Niño y el Código de la Niñez y la Adolescencia se convierta en realidad para la mayor parte de los niños de nuestro país. Para ello es aún mucho el trabajo que resta por hacer.

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    Publicado por Anónimo | 16 agosto, 2016, 11:02 am
  3. El verdadero homenaje a los niños es darles una vida digna

    De cada 1.000 niños y niñas que nacen en el Paraguay, 19 mueren antes de alcanzar los 5 años, 16 antes de cumplir el primer año y 11 antes del primer mes de vida, según datos de Unicef. Además, el 44,1 % de la niñez menor de 5 años sufre o está en riesgo de desnutrición. Esta es la otra gran Batalla de Acosta Ñu que sigue pendiente, casi un siglo y medio después de aquel desigual combate en que unos 3.500 niños soldados se batieron heroicamente y fueron masacrados por un ejército de 20.000 hombres. En el Día del Niño abundarán los actos y discursos para los pequeños, en recordación a los mártires, pero el verdadero homenaje que se les debe brindar, es detener la muerte y garantizarles una vida digna.
    En este 16 de agosto, Día del Niño en el Paraguay, abundarán nuevamente los discursos y los actos de homenaje en conmemoración a los niños mártires de la Batalla de Acosta Ñu, ocurrida el 16 de agosto de 1869, en la etapa final de la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870), que enfrentó a nuestro país contra el Brasil, la Argentina y el Uruguay.

    Aunque generalmente resulta polémico asociar una fecha de celebración, de fiestas y de regalos para los más pequeños con una magna tragedia bélica, lo cierto es que la realidad actual en que se desenvuelve gran parte de la infancia en Paraguay sigue siendo un gran desafío, que implica enfrentar otras formas de batalla, esta vez contra la pobreza, el analfabetismo, la exclusión y la falta de mejores políticas de asistencia para los niños y las niñas.

    Según datos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), actualmente, de cada 1.000 niños y niñas que nacen en el país, 19 mueren antes de alcanzar los 5 años, 16 antes de cumplir el primer año y 11 antes del primer mes de vida. Asimismo, el 44,1% de la niñez menor de 5 años sufre o está en riesgo de desnutrición.

    El organismo destaca que en el plano del acceso a una buena salud, nutrición, estimulación y protección en los primeros años de vida, la lactancia materna exclusiva, recomendada para un correcto desarrollo, es practicada solamente por 1 de cada 4 mujeres (24,4%) y el 44,1% de los niños y niñas están desnutridos o en riesgo de desnutrición.

    Del mismo modo, el estudio indica que el porcentaje total de abandono en todos los niveles educativos es mayor al 3,0%, registrándose el porcentaje más elevado en el tercer ciclo de la educación escolar básica (5,3%).

    Un aspecto a tener en cuenta es el de la niñez de los pueblos originarios, pues solamente 7 de cada 100 familias indígenas acceden a agua potable, mientras que la cobertura a nivel nacional es de 65% en el estrato más pobre. La tasa de desnutrición crónica afecta al 41,7% de los niños y niñas indígenas, siendo que a nivel nacional esta cifra es del 17,5%.

    Estos son solamente algunos aspectos de una realidad social que sigue siendo dolorosa en lo referente a la problemática de los niños y niñas. Por ello, más allá de los discursos grandilocuentes, de las meriendas con torta y chocolate, y de la entrega de regalos en actos populistas, urge emprender acciones de transformación real, que permitan disminuir la brecha de marginalidad en que se debaten miles de familias, especialmente los más pequeños.

    El verdadero homenaje a los niños y las niñas en su día sería darles una vida más digna a ellos y a sus familias.

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    Publicado por Anónimo | 16 agosto, 2016, 6:26 am
  4. El otro Acosta Ñu
    Por Sergio Cáceres

    Mañana es el Día del Niño. Se hablará de ellos y de la famosa batalla que ocurrió hace un siglo y medio ya. Algunos se indignarán por celebrar una masacre infantil, otros retrucarán que no hay que olvidarla porque son nuestros pequeños héroes, y otros simplemente evadirán esta discusión bizantina y buscarán dónde llevar de recreación a sus hijos en homenaje a su día. Afortunados estos últimos por tener padres que se ocupan de ellos. ¿Puede un niño pedir algo más que tener la libertad de jugar y divertirse en su día?

    Lo más triste en nuestro país es que muchos no pueden tener eso. Sí lo pueden soñar, porque no hay niño que no sueñe con cosas lindas para su vida. Soñar, imaginar, es lo que diferencia a un niño de un adulto. Se sabe uno adulto cuando ha perdido la condición de soñar, tal como le decía el poeta Miguel Hernández a su hijo: “Nunca despiertes de ser niño”.

    El Paraguay, país de injusticias sociales como muchos otros de la región, ha condenado por generaciones a sus niños a no tener una vida digna. Debemos admitir que los amamos en los libros de historia; los recordamos en los actos y desfiles porque pelearon en aquella guerra inicua. Pero en lo que vino después solo siguieron penurias y fatigas para muchos de ellos.

    ¿Puede haber error más grande para una nación que no lograr que sus niños vivan una vida acorde a su edad? El trabajo infantil es solo uno de los estigmas que muchos han cargado sobre sus hombros y siguen otros hasta hoy. Y esto no es nada comparado con la violencia con que son tratados, sea física o moral. Solo hay que mirarles a los ojos cuando se acercan a mendigar en los buses, en los semáforos. Son miradas sin brillo, donde la niñez no ha muerto pero está agonizante.

    Y digo que su niñez no ha muerto porque aún poseen imaginación. Esa maravillosa facultad humana que cuando somos niños es nuestro principal aliado. Es el último refugio que tienen ante el cansancio, ante la frustración, ante la violencia, ante el techo de su escuela a punto de caer sobre sus cabezas, ante la conculcación de sus derechos. Quizá no puedan jugar, eso que nos hace tan humanos, pero en su interior pueden crear mundos maravillosos. Quien pierda la capacidad de imaginación lo pierde todo. Afortunadamente para nosotros, eso no se lo podemos quitar nunca. Eso nadie lo puede.

    Pero otras cosas les hemos quitado. Nadie puede hoy ni recrear cómo fue aquella batalla, el miedo que habrán sentido los niños en Acosta Ñu, nada puede compararse a su sacrificio. Pero quién puede negar que muchos de nuestros compatriotas niños pasaron y pasan su propio Acosta Ñu cada día de sus vidas. Esa batalla sigue en muchos frentes, no ha acabado. Esa es una de las mayores deudas que tenemos como nación y sociedad.

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    Publicado por Anónimo | 15 agosto, 2016, 7:46 am
  5. En un lugar de Capiatá: Madres y periodistas
    13 Ago 2016

    Por Lita Pérez Cáceres, Escritora
    Estoy segura de que a todas las madres y a todas las mujeres nos conmovió la noticia de esas niñitas que viven en la más completa miseria, aquí nomás en una de las ciudades dormitorio que rodean Asunción. Muchas habrán querido hacerse cargo de las pequeñas indefensas, abrigarlas y brindarles mucho amor para curarlas de esa terrible experiencia.

    Pensé que quizás el padre Trento podría socorrerlas y dar un trabajo a esa madre de tan solo 20 años, que carga con una responsabilidad tan grande como es alimentar a cinco hijitas. Él es capaz de hacerlo, ojalá lo haga.

    En medio de la noticia, en TV, apareció la joven madre y realmente me molestó la actitud de la periodista del noticiero. Empezó a interrogarla con el tono de una policía de la era estronista y a preguntarle para qué salió y porqué dejó a las hijas solas y cuando la madre respondió que ella solía dejarlas con una tía, le espetó y por qué no la llevaste esta vez allí? La chica de 20 años – apenas arreglada, despeinada, con la desesperación pintada en la voz respondió: No tengo plata y solo en taxi puedo llevarlas, no tengo 50 mil guaraníes.

    Pero la periodista insistió de manera hostil, acusando a la madre. Me indigné ¿Con qué derecho lo hacía? ¿Acaso la cámara o el micrófono le dan licencia para ofender, para acusar? ¿No sentía ella un poco de empatía hacia esa congénere que no tenía ni la madurez, ni la capacidad, ni el tiempo para resolver ese problema?

    Quien nunca pasó hambre y no es cristiana de corazón no comprenderá la situación de esta chica que fue bajando de nivel de vida a medida que traía nuevas hijas al mundo. No hay que juzgarla ni condenarla, hay que enseñarle con amor.

    Lo primero que necesitan es un lugar limpio para vivir, ojalá alguien pueda brindárselo; alimentos; cariño y compañía de los padres o de la madre, que apenas tiene una cama para acostarse con ellas. Ojalá consigan que alguien se apiade de ellas sin juzgarlas. Debemos recordar nuestra solidaridad, y el acercamiento tiene que ser muy amable, no hay que ofender a los que sufren.

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    Publicado por Anónimo | 13 agosto, 2016, 3:44 pm

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