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Los hijos de la dictadura stronista

El senador colorado Mario Abdo Benítez, quien hasta hace poco presidió el Congreso Nacional, insólitamente volvió a revindicar el stronismo, tal como ya lo había hecho en un acto partidario realizado en Itá en octubre del año pasado. Si en aquella ocasión sostuvo que “teníamos democracia antes del 89”, cuando el Partido Colorado y sus dirigentes “mandaban”, ahora afirmó, ante unos 500 jóvenes colorados reunidos en Piribebuy, que la dictadura “trajo estabilidad, paz y progreso al país”, no sin antes pedir el “perdón de las víctimas de la intolerancia”. De esta manera, hay reiteradas razones para negarle al citado senador su condición de demócrata, y que, en consecuencia, haya tenido la autoridad moral que se requería para ejercer tan alto cargo, el segundo en la línea de sucesión presidencial. Es evidente que añora la dictadura, y que le gustaría que el Paraguay volviera a estar sometido a un régimen fundado en el miedo provocado por la represión sistemática.

El senador Abdo Benítez admitió que la “intolerancia” provocó víctimas, pero, a su criterio, el balance sería positivo al fin y al cabo, dado que Alfredo Stroessner habría contribuido al bienestar general.

¿Qué pensarán de la supuesta estabilidad, paz y progreso que elogia Abdo Benítez las 20.090 víctimas de violaciones de derechos humanos, que registró una investigación del Servicio Paz y Justicia (Serpaj), junto con otras entidades? De esta cantidad, 19.862 personas fueron detenidas en forma ilegal, 18.772 fueron torturadas, 57 ejecutadas extrajudicialmente, 336 han desaparecido, y 3.470 sufrieron exilio. Esta pormenorizada investigación no incluye a los centenares de miles de paraguayos que debieron abandonar el país por temor o por no querer entregar su dignidad para poder trabajar en su propia tierra al precio de tener que afiliarse al Partido Colorado.

Por supuesto, miles de estas personas no podrán responderle porque ya están muertas, asesinadas por los esbirros o fallecidas a causa de secuelas de las torturas y persecuciones. En cuanto a sus deudos, debe saber que les costará muchísimo entender cómo es posible que quien encabezó uno de los poderes del Estado bajo un sistema democrático, tenga una escala de valores tan aberrante, en la que la muerte o el destierro por motivos políticos apenas cuente a la hora de juzgar un pasado aún no tan lejano. Pero no todos han fallecido, y miles de esos torturados en las comisarías, en el Departamento de Investigaciones de la Policía de la Capital o en Abrahán Cue (Misiones), viven arrastrando las consecuencias físicas y psicológicas del crimen de lesa humanidad; es muy difícil que compartan las palabras del legislador.

Frente a esta repetida ofensa del senador Abdo Benítez a la sociedad paraguaya, es llamativo que varias víctimas de la dictadura que también ocupan sus bancas en el Congreso no reaccionen con energía, y que, por el contrario, le hayan otorgado su voto para que presida este poder del Estado, como Luis Alberto Wagner, Miguel Abdón Saguier, Miguel Ángel López Perito y Carlos Filizzola, entre otros.

Según el senador, el stronismo trajo “estabilidad”. Si por ella se entiende la duración de un régimen, debe admitirse que los treinta y cinco años de oprobio, bajo un Estado de Sitio permanente, fueron bastante “estables”. Lo que había era una “paz de los sepulcros”, como calificó un periodista extranjero que llegó al Paraguay en esa época.

Otro argumento favorito de los admiradores de Stroessner es que durante su larga dictadura se construyeron obras que perduran hasta hoy. Pero lo que no dicen es que algunos estudios demostraron que de todos los préstamos que llegaron al Paraguay durante ese periodo, apenas una tercera parte se destinó a obras, y el resto fue a engrosar las cuentas privadas del dictador, de su familia y de sus esbirros, además de mansiones, estancias, aviones y otros bienes suntuosos.

Le preguntamos al senador Benítez: ¿Hubiera sido posible en esa época una pacífica manifestación de los estudiantes secundarios y universitarios, como la que se realizó recientemente? Definitivamente no.

Fruto de las represiones stronistas fueron los estudiantes y políticos perseguidos, muertos o desaparecidos, como Carlos Mancuello, los hermanos Rodolfo y Benjamín Ramírez, Miguel Ángel Soler y Rogelio Goiburú, y otros de la talla de Waldino Lovera, Miguel Ángel González Casabianca, Epifanio Méndez Fleitas, artistas como José Asunción Flores, Teodoro S. Mongelós, Augusto Roa Bastos y centenares más, que fueron expatriados, muriendo varios de ellos en el exilio.

No existía tal “paz y progreso”. Por el contrario, se proclamaba la violencia cuando el criminal jefe de Investigaciones de la Policía, Pastor Coronel, movilizaba a los “macheteros de Santaní” o a los “garroteros” de la Chacarita, o cuando el grotesco ministro del Interior, Sabino Augusto Montanaro, amenazaba con “bombas coloradas” y anunciaba “tuerca, tuerca, tuerca” para amordazar a la prensa.

Es grave que la “paz y el progreso que vive la República” aflore nuevamente en boca de los políticos que están en el candelero, por lo que los paraguayos y las paraguayas, especialmente los más jóvenes, deben interiorizarse de toda la ignominia que sufrió el Paraguay entre 1954 y 1989, para que en las próximas elecciones no se vean sorprendidos por los vendedores de espejitos que presagian otra vez negros nubarrones sobre la Patria.

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/los-hijos-de-la-dictadura-stronista-1506868.html

 

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

3 comentarios en “Los hijos de la dictadura stronista

  1. No necesitamos nueva dictadura, sino una democracia más eficiente

    A esta altura de nuestro desarrollo como nación, reclamar la vuelta a una dictadura atroz como la de Alfredo Stroessner no se justifica de ninguna manera. La idea debe ser rechazada con la mayor firmeza. El último en proponer semejante desatino fue el senador colorado Carlos Núñez. El legislador lamentó que “lastimosamente (Stroessner) ya no está sobre la tierra”, porque de lo contrario los paraguayos íbamos “a vivir en paz y tranquilidad y vamos a vivir con las puertas y ventanas abiertas”. El aludido incurría en esta estupidez apenas días antes de que organismos de derechos humanos informaran la identificación de dos restos más de los muchos desaparecidos durante el repudiable régimen de su ídolo Stroessner.
    Abogar por el retorno a un sistema gubernamental autoritario, justamente en este momento en que el país se halla estremecido de emoción de haber visto asesinados a ocho militares a manos de una banda criminal, una organización que actúa bajo el estandarte de la violencia política, definiéndola como instrumento legítimo para conquistar el poder del Estado y asumir el control de la sociedad en su conjunto, constituye poco menos que adherirse a esa idea, aunque parezca que se la combate.
    La idea de la “mano dura” está vinculada a gobernantes duros, mas no en el sentido de rectitud en la aplicación de la ley justa y equitativa sino en el de la arbitrariedad. Combatir a las organizaciones violentas o delictivas en general para proteger la seguridad, los bienes, el honor, la integridad física de los habitantes del país, es un deber de todo gobierno, ciertamente, pero que debe ser cumplido bajo estrictas normas legales de procedimiento, civilizadas y éticamente fundamentadas. La “mano dura” que reclaman los autoritarios no cumple ninguno de esos requisitos.
    Que no vengan pues a insinuar, como desfachatadamente hace el senador Núñez, que los fracasos de la FTC, por ejemplo, resultan de la ineptitud del sistema democrático, cuando que él, como los demás políticos, conocen perfectamente bien las causas de este fracaso actual, a saber: la inhabilidad profesional de algunos jefes militares y policiales, la corrupción que campea en el seno de sus instituciones y el dedicar sus máximos cuidados a preservar sus privilegios que a empeñarse en el cumplimiento de su deber.
    La democracia dispone de todas las armas para defenderse de sus adversarios, por lo que resulta de mal gusto y fuera de lugar que se abogue por el retorno de una dictadura oprobiosa, como la que padeció el Paraguay con Alfredo Stroessner, como solución a los problemas coyunturales que padece el país. Los ciudadanos y las ciudadanas deben repudiar con firmeza esta clase de manifestaciones.

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    Publicado por Anónimo | 27 septiembre, 2016, 7:27 am
  2. Reivindicando a Stroessner
    14 Ago 2016

    Por Enrique Vargas Peña
    Estuve leyendo el editorial que el diario ABC Color dedicó en los últimos días a unas expresiones del senador Mario Abdo Benítez, criticándolas duramente por reivindicar, según el diario, al régimen dictatorial de Alfredo Stroessner (http://bit.ly/2bbkS5z).

    Conociendo algo a Marito, debo decir que hasta donde le he escuchado, él reivindica las obras de Stroessner pero no su método de gobierno, lo cual podría leerse, tal vez, como una suerte de revisionismo histórico que busca atenuantes para la dictadura, pero difícilmente como una justificación del sistema autoritario.

    No voy a cuestionar a Marito el esfuerzo intelectual que realiza para disculpar la actuación de su propio padre porque me parece injusto, desde cualquier punto de vista, que se pretenda que un hijo condene a su progenitor, más aún cuando su padre fue con él como cualquier papá que quiere a sus hijos.

    Cuando se escriba sin pasiones la historia del régimen autoritario paraguayo, ciertamente podrían decir que Stroessner fue menos malo que los colorados que le antecedieron, pero ciertamente tendrán que decir que fue mucho peor que el peor de nuestros gobiernos democráticos.

    Creo que Marito puede entender que las obras del régimen autoritario se realizaron con gran ineficiencia y que algo falló rotundamente pues en los años de autoritarismo transcurridos entre 1940 y 1989, Paraguay siguió siendo muy pobre mientras en ese mismo período de tiempo las democracias de Costa Rica y Uruguay sacaron a sus pueblos de la pobreza.

    Por eso entiendo que es muy pertinente y muy necesario que, de cuando en cuando, los medios recuerden a los políticos que, aunque se han contabilizado las obras hechas por el régimen autoritario instaurado el 18 de febrero de 1940 por el general José Félix Estigarribia y consolidado luego por Stroessner, no se han contabilizado aún las obras no hechas por los pedidos de coima, las obras impedidas por los robos, las obras reducidas por dicho régimen, para no hablar de las violaciones de derechos humanos de las que ya se hizo cargo el editorial de ABC mencionado al principio.

    Porque si “el poder corrompe”, como muestra Lord Acton, “el poder absoluto corrompe absolutamente”, hasta el punto de hacer creer a quienes lo detentan que pueden violar la libertad de conciencia y castigar a quienes no piensan como ellos.

    Y tampoco se ha explicado suficientemente, ni se explica, el modo en que esos dictadores pudieron ejercer su dictadura.

    Estamos en un momento en que muchos políticos, de todos los partidos, aún sin reivindicar las obras de Stroessner, están impulsando el restablecimiento del marco institucional que le permitió administrar nuestro país como si fuera su empresa particular (http://bit.ly/2aI1sFC) (http://bit.ly/2b3kvYx).

    Ante nosotros hay un proyecto en marcha para reducir los poderes del Congreso con el objeto deliberado de condenarlo a la misma impotencia que le impusieron Estigarribia y Stroessner.

    Eso es mucho más dañino que añorar las obras de Stroessner, que son recuerdos del pasado, pues este proyecto de reducir los poderes del Congreso es para el futuro. Este proyecto no es para recordar a un déspota muerto, es para restablecer el despotismo.

    Como lo demuestran fehacientemente y más allá de toda duda razonable las involuciones institucionales de Ecuador, Bolivia, Venezuela y Nicaragua, ellas tienen como piedra angular la reducción del Poder Legislativo a la misma insignificancia a que lo redujo Estigarribia en nuestro país.

    Ciertamente muchos miembros del Congreso no contribuyen mucho a la defensa de su actual posición constitucional, con encubrimiento a sus miembros con posible conducta irregular como Víctor Bogado o José María Ibáñez o el tipo de falta de seriedad que puso de manifiesto el senador Eduardo Petta con ocasión de la interpelación del ministro Ramón Jiménez Gaona.

    Pero las fallas de muchos miembros del Congreso no significan que las actuales funciones del Poder Legislativo estén mal, solo significan que nuestro sistema de listas sábana impide a nuestro pueblo poner en el Congreso a gente mejor e impide a nuestro pueblo controlar mejor a sus representantes.

    Las dictaduras de Estigarribia y Stroessner nos mostraron a los paraguayos que el dinero del pueblo, nuestro dinero, no se debe entregar sin revisión, sin escrutinio, sin control, sin garantías, al Poder Administrador. Dichas dictaduras nos mostraron que sin revisión, sin escrutinio, sin control y sin garantías, el dinero del pueblo se usa para beneficio particular de los administradores y de sus amigos, socios y correligionarios.

    No creo que nadie mínimamente serio se atreva a negar que el dinero del pueblo se malgastó durante las dictaduras y que los dictadores entregaban cargos públicos, contratos públicos, privilegios públicos, beneficios públicos a sus allegados, destruyendo el principio de igualdad de oportunidades que es fundamental en toda República que se precie.

    No es que ahora no se haga, pero ahora ocurre como contravención, como escándalo, como ruptura del orden normal. Durante las dictaduras era lo normal.

    Estoy seguro que mucha gente desea volver a eso. Sobre todo los que, olvidando lo que les pasó a los cómplices de Estigarribia y a varias camadas de cómplices de Stroessner, suponen que serán los beneficiarios de restablecer la arbitrariedad. Pero estoy mucho más seguro que una enorme mayoría de paraguayos no desea ya que la función pública sea coto privado de nadie.

    Sin un Congreso fuerte, volveremos al pasado. La libertad depende de que el poder sea controlado siempre, e institucionalmente los controles dependen de que haya auténtica división de poderes. Ya lo señaló Montesquieu y ya lo confirmaron Estigarribia y Stroessner al minimizar al Congreso y lo reconfirman hoy y ahora los bolivarianos Nicolás Maduro, Daniel Ortega, Evo Morales y Rafael Correa.

    La libertad no depende y jamás ha dependido de que un administrador sea bueno o iluminado y esta es la lección histórica del proceso conocido como “Despotismo Ilustrado” de los siglos XVIII y XIX. Habrá sido ilustrado, pero fue despotismo.

    La libertad depende de la división de poderes y de que esa división sea real y efectiva y no un adorno formal. Nuestra Constitución tiene una división real y efectiva de poderes y no como las de Estigarribia (1940) y Stroessner (1967) en las que una retóricamente declarada división de poderes era un adorno que encubría la real concentración del poder en el Ejecutivo.

    No deberían olvidar estos políticos como Mario Abdo Benítez cuando evocan al pasado.

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    Publicado por Anónimo | 14 agosto, 2016, 6:44 am
  3. El abuso y la violencia
    Por Miguel H. López

    Debo volver a un lugar común para escribir estas líneas: El discurso. En varias columnas hice alusión al asunto y lo seguiré haciendo mientras surjan motivos. Por lo general, lo que está tan naturalizado –lo dicho en este caso–, ya sea por la violencia estructural a través de normas, silencio o arbitraria imposición, pasa desapercibido y no reparamos en lo tramposa y perversa que son. Por estos días el ex presidente del Congreso Mario Abdo Benítez, hijo del homónimo ex secretario del dictador Alfredo Stroessner (1954-1989) aludió nuevamente a las “bondades” de los Años de Terror. Nuevamente, porque ya lo había hecho en octubre del 2015 en un acto partidario en Itá.
    Como entonces, y ahora con más vehemencia, numerosas voces se alzaron para repudiar lo que fue considerada una aleve y grosera reivindicación del latrocinio, el genocidio y el terrorismo de Estado (crímenes, torturas, persecuciones, etc.).
    Lo hizo frente a 500 jóvenes en Piribebuy. Pidió disculpas a las víctimas de la intolerancia y alegó que aquel periodo había traído al país estabilidad, paz y progreso (frase de hierro de la dictadura).
    Cuando arreciaron los reclamos; en su justificación, el ex presidente del Congreso dijo que no había reivindicado la dictadura, pero que “no se puede negar la historia, el stronismo hizo grandes obras”. Y, como buscando atemperar –nuevamente– semejantes expresiones, volvió a lo dicho en Piribebuy: “Jamás dije que se vivía mejor en ese periodo, pues también reconocí que se cometieron abusos contra derechos humanos y la libertad de prensa”.
    Héte aquí las trampas del discurso. Conscientes engaños urdidos para hacer creer que se dice, cuando que en el fondo se justifica. Lo que ocurrió bajo los casi 35 años de dictadura stronista fueron actos criminales de lesa humanidad. Violencia pura. Crímenes de sangre. Torturas, censuras, clausuras de medios, exilio, extrañamientos, deportaciones, intercambios ilegales de prisioneros, centenas de desaparecidos hasta hoy, miles de presos sin juicio por razones ideológicas, aplicación de un sistema de terror y muerte en alianza con otras dictaduras (Operativo Cóndor) y un largo etcétera coronado con la galopante corrupción que hasta hoy hunde al país. Eso no fue un “abuso”. Eso fue violencia dura, organizada y ejecutada sistemáticamente. Abuso es propasarse un poco más de lo permitido. En este caso, nada de lo hecho estaba admitido contra persona alguna ni la prensa.
    Lo del presidente Horacio Cartes había sido un lapsus, traición del inconsciente. Lo de Abdo Benítez, una acción deliberada. En todos los casos, revelaciones de lo que son y siguen queriendo ser y hacer.

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    Publicado por Anónimo | 11 agosto, 2016, 5:46 am

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Gracias jakarupa rireguánte.8/12/16

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En este país, la Justicia solo trabaja medio día y a veces, ni trabaja.
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Banquina llena de botellas plásticas y otros desperdicios arrojados por peregrinantes. Triste realidad! La fe mueve montañas, los peregrinos... Basura #lamentable

La ambición por el poder da amnesia ... 10 años después este es el "nuevo rumbo" de Lugo, los tiempos cambian y los intereses también, jamas los politicos mantienen su palabra empeñada, sencillamente nadie resiste un archivo! Peligro para el país, sólito se está haciendo su tumba, vergüenza me da esta clase de políticos.

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Es el primer día del pesebre y el camello ya está harto de todo. (?)

Se le armo el scrache social al borracho Alvarenga. Alto representante legislativo, "de pedo" no mató a nadie. Ndo jerai gueteri, hesa pili'upapeve omoco el guai... por eso que hasta el árbol vio que se le puso en el camino (?) Que imprudente el árbol, imputenlo por exposición al peligro, seguro era un árbol peregrinando! Lo que es la naturaleza, hasta un árbol salió huyendo de un posible accidente. Ha koa la ñande legislador, los primeros en respetarlas las quebrantan... lamentable. Cada idiota que tenemos en el país. Un criminal de raza y harto-peligroso el Diputadete éste, igual a todos los de su camarilla de farsantes y estafadores. Con "chapa cambiable"? En un país serio, estaría preso y sin permiso para conducir de por vida o presentando su renuncia a la Cámara Baja. Es un asesino potencial. Burro, borracho y cobarde. Hombre escombro.

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