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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Invisibles por todos lados

A veces pienso que vivimos en un campo minado. Es como la experiencia más cercana al riesgo cotidiano. Y nos fuimos acostumbrando a ello. Tacumbú era una bomba de tiempo hasta que explotó. El Abasto era una bomba de tiempo hasta que se desató el fuego y, bombas de tiempo eran el Mercado Cuatro y Cateura hasta que se incendiaron.

Casualmente, este mes se cumplieron 12 años de la peor tragedia en Paraguay en tiempos de paz y, desde entonces, es poca la conciencia que se tomó en materia de prevención, eso sin entrar a hablar de la situación de los bomberos voluntarios, que hasta da pena verlos pedir dinero en los semáforos de todo el país, luchando contra el fuego sin poder, en algunos casos, usar bocas contra incendios atascadas, inaccesibles o sin agua.

Y no los vemos, hasta que los necesitamos.

Son pocas las instituciones públicas y privadas que adecuaron sus instalaciones para hacer frente a una posible situación de riesgo. Ministerios, escuelas y centros comerciales desafían cada día a la suerte, a la sombra del “Dios es grande por eso sobrevivimos”.

Lo de Yukyty, además de grave, es triste. Nunca se hizo nada para ubicar en áreas urbanas a los habitantes de escasos recursos que viven en situación infrahumana, en medio de la basura, en precarias casas de cartón, exponiéndose a todo tipo de peligros. Son una suerte de damnificados de la basura sin voz, pero con voto. Son casi invisibles, pero están allí. Son seres humanos y merecen atención.

Ayer fueron noticia ayudando a los bomberos a apagar las llamas que ponían en riesgo a sus casitas. Es una buena oportunidad para que los miremos. Para que las autoridades les presten atención y lo anoten en la agenda. No hoy, no mañana, pero que estén y lo sepan.

Es hora de apagar los incendios, para los cuales no hay agua que valga.

Por Mariano Nin

http://www.extra.com.py/columnistas/invisibles-por-todos-lados.html

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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7 comentarios en “Invisibles por todos lados

  1. El homeless sueco y el vecino paraguayo rico

    Fue motivo de escándalo en Suecia. Un homeless, un sintecho, un hombre que vivía en las calles, cayó desmayado en una avenida y casi lo atropellan. Sufría de una malformación cardiaca. Lo habían operado en un hospital público, una operación a corazón abierto, y luego de algunos meses de cuidados en la institución lo dejaron ir y el hombre volvió a las calles.

    La indignación de los suecos era profunda. Se preguntaban para qué pagaban sus impuestos si el Estado iba a dejar que un ciudadano sueco con problemas de salud regresara a una zona de riesgo.

    Demás está decir que el homeless del escándalo fue intervenido sin pagar una corona, que cobraba una pensión de desempleo, que comía y dormía en albergues públicos y que forma parte de una franja minúscula de la población sueca que se mantiene en la marginalidad, generalmente, por problemas asociados con el alcohol o las drogas.

    Ese homeless es en Suecia un pobre extremo.

    En Paraguay conocí a un emprendedor que inició una empresa gastronómica con muy buen tino logrando en solo cuatro años hacerse de una cómoda casa, una lujosa camioneta, cierto nivel de ahorro, seguro médico privado y, en general, todo lo necesario para garantizarle un muy buen pasar a su familia. El hombre había pasado a integrar la franja más alta de la clase media paraguaya. Soñaba con pasar al siguiente nivel. Para su barrio era el vecino rico.

    Hasta que enfermó de cáncer. Siendo empleador no podía ser asegurado del IPS, único seguro que si tenés suerte y contactos puede cubrirte los gastos de las denominadas enfermedades catastróficas. Conseguir turno en un hospital público para el tratamiento le llevaría el tiempo necesario como para que la enfermedad se lo lleve. El seguro privado le cubría casi nada. Reventó los ahorros, malvendió la casa y el auto y se endeudó. Cuando finalmente –y casi milagrosamente– sanó, había regresado a la condición de pobreza. Sin casa, sin auto, sin trabajo y con deudas. Hoy casi vive de la caridad de sus hermanos.

    ¿Quién es pobre y quién es rico? ¿El homeless sueco o el exitoso emprendedor paraguayo?

    Es una obviedad, pero a menudo lo olvidamos. Lo que marca la diferencia entre un sueco y nosotros es lo público, esas garantías que nos debe dar el Estado, única razón de ser de toda esa burocracia que financiamos con nuestros impuestos. Salud, educación, seguridad, transporte público, calles, plazas, agua potable, alcantarillado sanitario, rutas.

    El ingreso personal es solo una parte de lo que hace a la riqueza de una persona, y es la más volátil. Por eso los informes sobre reducción de pobreza en Paraguay son engañosos. Se basan solo en los ingresos.

    La verdad es que casi todos los paraguayos seguimos siendo pobres. Basta que el azar nos ponga en el camino a un asaltante puñal en mano, una arteria obstruida, un borracho al volante del auto del carril contrario y lo poco o mucho que construimos valdrá nada. Solo nos quedará lo público. Y lo público en Paraguay sigue siendo una quimera.

    Por Luis Bareiro

    http://www.ultimahora.com/el-homeless-sueco-y-el-vecino-paraguayo-rico-n1015747.html

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    Publicado por Anónimo | 15 agosto, 2016, 8:30 am
  2. Exorcista milagroso

    Vestido con una capa roja y corona dorada apareció en compañía de su esposa y una botella de cerveza. Sus manos santas tenían fama de curar cualquier enfermedad y, como no daban con el diagnóstico los médicos de verdad, una amiga ofreció a este patético personaje.
    Con un espadín hizo unos amagues sobre el pie de la enferma y, luego de unos inentendibles ruegos en una suerte de conjuro africano, el hombre de la capa volvió sus ojos agrandados por el alcohol. Estaba en trance y por él pasaban los ángeles sanadores; se agregó después el olor irrespirable de un cigarro encendido junto a unos caracoles y unas cartas.

    I don’t believe it! En plena era moderna, aunque sufrimos un profundo e irremediable analfabetismo y campea la ignorancia, no puede ser que una mamá lleve a su hija junto a un curandero. Con suerte no saldrán violadas, asustadas por un charlatán sin repertorio pero con ganas de ganarse su plata por una puesta en escena con poco presupuesto. La imaginación colectiva puede hacer que un deprimente hombre prometa sanar y espantar a dañinas aves del infortunio; un exorcista que se gana la vida con la idiotez de la gente. ¡Qué rabia!

    ¿Cómo es posible, señores? Acaso todavía no superamos ese tiempo oscuro de creencias insostenibles, más que por la palabrería sin sentido. Todavía muchas madres llevan a sus hijos a la “médica” para que le arregle el kamby ryru jere. Y, como si fuera poco, le pagan por sus servicios, por escuchar sus predicciones, por curarse con palabras. ¡Mentiras!

    Cuando tengas un hijo, por favor, no lo lleves al médico naturista que cura con chantería, no le sometas a esa vergüenza, por favor, ni le expongas a violadores disfrazados de milagrosos. No le regales tu dinero a un farsante actor de cuarta que no se leyó todo el libro de “cómo embaucar sin ser descubierto”, apenas pasó un curso rápido de garaje de engaños en paquetes dorados. Cuidado, andan sueltos y habitan entre nosotros, como ovejas y palomas que esconden a cuervos carroñeros que van a lucrar con tu ingenua estupidez.

    por Mirtha González Schinini

    http://www.abc.com.py/blogs/cuerpo-y-alma-65/exorcista-milagroso-2920.html

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    Publicado por Anónimo | 15 agosto, 2016, 8:30 am
  3. Del tajy, la ortodoxia y la realidad
    Por Carolina Cuenca

    Antes de ir detrás de pokemones u otros antojos virtuales, ¿no sería más educativo y entretenido dejarse encontrar por la belleza natural que también expone sus dotes en nuestras narices, por ejemplo, el florecimiento de los tajy? Es notable que la “generación más ecologista” sea también presa tan fácil de la alienación tecnológica.

    Lo digo como usuaria de redes sociales y como fanática de la literatura y de la magia, en el sentido chestertoniano del término.

    Pero como decía este autor inglés, el asombro ante la realidad genera un efecto optimista porque, ante la gratuidad de la vida, nos sentimos agradecidos y gozosos.

    No es así con la alienación de los pokemones que desdibuja la realidad para intentar autoinventarse, como si para ser libres tuviéramos que negar lo que está dado.

    Es cierto, muchos padres se preocupan por la adicción de sus hijos al celular, pero ¿qué ofrecen a cambio en su mundo racionalista en el que están casi prohibidos el asombro y la maravilla?

    Casi todo se reduce a un afán obsesivo por el dinero, los juegos de poder y el consumo. Muchos chicos prefieren el camino de la alienación, más si esta se disfraza de inocencia.

    Dependencia. Quizás en el fondo del problema de la dependencia tecnológica hay que buscar nuestro desapego de la realidad con todos sus factores.

    La vida de un niño en el vientre acogedor de su madre, el amor sencillo de un padre que cada día sacrifica algo de sí por el bien de los suyos, como las flores de tajy, son experiencias reales que se dan ciertamente a la par de la crueldad de nuestras indiferencias, violencias y cobardías.

    Justamente esto me resuena al leer una de las conclusiones del encuentro de feministas paraguayas hace unos días: piden aborto ya.

    Experiencia penosa, pero sobre todo cruel de “solución final” para niños y niñas, en nombre de la reivindicación para la mujer.

    ¡Qué lejos quedaron los ideales de aquellas valientes activistas que sabían enfrentar a la dictadura para defender los derechos humanos y pedir la promoción cultural de “la mujer más gloriosa”!, sin las obsesiones tóxicas de la ideología de género.

    Es verdad, la naturaleza es ortodoxa, conservadora, porque no se cansa de presentarnos cada día el sol radiante, el alba, el viento y cada agosto sus tajy coloridos.

    Chesterton encontraba en esto un acto de ternura infinita, como ese “otra vez, otra vez”, del niño al que un juego o un cuento le ha gustado mucho.

    Si queremos avanzar, tenemos que ser capaces de conservar lo esencial. Porque no se detiene el invierno cortando los tajy.

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    Publicado por Anónimo | 5 agosto, 2016, 7:51 am
  4. Por un EPP Go y Pickachú presidente
    5 agosto, 2016
    Por Sergio Etcheverry

    Tarde o temprano iba a pasar: el juego que enloqueció al mundo llegó el miércoles al Paraguay. Afectos a perder la calma por cualquier cosa y a entusiasmarnos por la última novedad, es de prever que aquí pasarán iguales cosas que en otros lugares del mundo: accidentes, gente ensimismada en su smartphone (más aún de lo que ya está) y otras lindezas. (Esperemos que nadie se olvide de su hijo o pierda la vida cayéndose de un puente, como ya pasó en otros lugares).

    Pero es la modernidad: creo que dentro de unos años no vamos a ser capaces de distinguir exactamente entre el “mundo real” y el “mundo virtual”. De hecho, para los más jóvenes esa diferencia es cada vez más imperceptible. Les duele tanto (o más) el acoso a través en internet que el hecho en vivo y en directo.

    Para ellos, la experiencia no vale si no la difunden en sus diferentes redes sociales, donde los sentimientos se expanden y se amplifican rápidamente. Con el tiempo, en unos años, ya todos viviremos de esa manera. Pensá nomás que hace unos años, los viejitos de 40 no queríamos saber nada de mandar mensajes de texto y hoy, compartimos fotos y “whatssappeamos” cada vez más.

    Pero no luchemos contra la corriente, saquemos algo positivo. Por ejemplo, allá en el norte, donde las cosas se rigen “por otras leyes” (según reconocen algunas autoridades”), podemos desarrollar un EEP Go, para que la FTC encuentre finalmente a los cada vez más escurridizos epepianos.

    Se me ocurre también, por qué no poner un Pokémon en cada escuela ruinosa, para que vayan por allí los ministros y autoridades. Podemos poner un monstruo en cada esquina, para que los funcionarios encargados de velar por la seguridad de los niños vean en qué condiciones están los niños de la calle, “prioridad” en los discursos de todos los gobiernos.

    Y finalmente no tenemos que asustarnos tanto de toda esta “realidad aumentada”: así como nuestros gobernantes viven en países de maravilla, nosotros también podemos disfrutar un poco de magia en la nuestra. Con el tiempo, Pikachú podría ser presidente… no creo que sea tan malo…

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    Publicado por Anónimo | 5 agosto, 2016, 7:37 am
  5. No hago otra cosa que pensar en ti
    1 agosto, 2016

    Por: Marilut Lluis O’Hara
    Es tan descriptiva esa canción de Serrat de cuando te topás con una muralla que bloquea cualquier tipo de inspiración y no sabés para dónde tirar ni sobre qué escribir. Es, literalmente cierto, que ocurre cuando “las musas han pasao de ti”. Es exactamente lo que me ocurre en esta mañana de cálido domingo invernal, mientras en la redacción del diario aguardan expectantes mis materiales que hoy tardan más que otras veces, porque no se me ocurre nada.

    Y no es precisamente porque no pase nada, como bien me lo hicieron ver mi hermana y sobrinos, que me rodean mientras esperamos que esté listo el asado. El Patrimonio Nacional está en terapia intensiva ante la mirada impávida de la Secretaría Nacional de Cultura y la Municipalidad de Asunción, que han priorizado los buenos negocios antes que la protección de nuestro acervo histórico.

    Y el Pilcomayo! Qué terrible e inexplicable que el lado paraguayo esté seco y árido, con peces y yacarés muertos mientras el argentino parece cada vez más caudaloso y con mil distintos tonos de verde.

    También me dijeron que escriba sobre Techo, que antes se llamaba “Un techo para mi país” (me gustaba más ese nombre), ese experimento que copiamos de otros países y que resultó un éxito, no solamente por la cantidad de familias pobres que fueron beneficiadas con una vivienda sino por los miles de jóvenes que aprendieron a servir a los demás donando tiempo y esfuerzo para contribuir a que sus compatriotas tengan una vida más digna. Es la prueba viviente de que a veces copiamos cosas buenas y que nos resultan exitosas, y no todo es como Calle 7 y otros engendros similares.

    No pudimos dejar de mencionar la violencia, cada vez más irracional, y no solo de los delincuentes sino de la misma ciudadanía que la ha adoptado como forma de expresión y de solución de conflictos. Me recordaron el caso del joven rugbista que fue víctima de una feroz golpiza totalmente filmada por cámaras de circuito cerrado. Es tan doloroso ver cómo hemos perdido la tolerancia y el respeto al prójimo.

    Recuerdo que cuando yo era joven y bella, allá por los años 80 y en plena dictadura, solíamos decir que en nuestro país “no pasaba nada”. La primera vez que pasó algo, la muerte de Somoza, yo estaba en España, así que me lo perdí. No es que no pasara nada en esa época, pasaban persecuciones, muertes, presos políticos, torturas, exilios, pero mi entorno y yo vivíamos en una nube de pedo y no nos enterábamos.

    Ahora sí pasa, y lo sabemos. Pasan miles de cosas todos los días, cosas buenas y malas, constructivas y destructivas, que nos muestran como una ciudadanía activa y vital, que trabaja día a día por un país mejor, y que tiene avances y retrocesos como cualquier país de cualquier planeta. Hoy, mi familia me lo demostró.

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    Publicado por Anónimo | 5 agosto, 2016, 7:32 am
  6. Iras y culpables

    La historia ha registrado desde hace miles de años muchísimos eventos donde el ser humano actúa con rabia, con ira. Bíblicamente, Caín mató a Abel en un pico de descontrol. En forma colectiva las invasiones, guerras, ataques y exterminios llenan la línea de tiempo y la faz de la tierra.

    Nos hemos peleado por el agua, por el té, por la sal, por el azúcar, por algodón, por especias, por metales preciosos, por la tierra, por el petróleo y por todo lo que pudimos, inclusive entre países por el resultado de un partido de fútbol.

    Recientemente se han producido ataques individuales con daños colectivos por todo el mundo. Puede, o no, haber algún grupo detrás, pero en todos los casos hay un escenario previo de discriminación, de mal trato, de violencia, de injusticia y hasta de agresión organizada que han generado una persona muy enojada capaz de matar a gente inocente que no solamente no conoce, sino que pueden no estar relacionadas con la raíz de su molestia.

    El auge del transporte y de comunicaciones nos ha condenado a mezclarnos, quizás muy desordenadamente. Eso de “un solo cuerpo” que los cristianos tenemos como desafío de integración y solidaridad, se convierte en un hecho cotidiano de convivencia obligada para muchísima gente que habitaba un mundo simple, ordenado y satisfactorio en medio de otras personas similares en creencias, usos y costumbres.

    Una de las bellezas tradicionales del Paraguay es que no podíamos mostrarle a un turista “aquí viven los ricos” o “aquí viven los pobres” porque estábamos todos mezclados.

    En la medida que generemos “villas”, “zonas liberadas”, “asentamientos”, barrios especiales, pueblos castigados o hasta departamentos olvidados, tendremos este rasgo que conlleva mucho más perjuicio que beneficio. Observemos que ahora tenemos “ghettos” en casi todos los países, aun en los supuestamente más desarrollados.

    Ciertamente cuando hay ira, puede haber violencias y tragedias y a continuación alguien articula algún culpable. Alguna vez fueron los gitanos, otra vez fueron los judíos, quizás los inmigrantes europeos, tal vez los chinos, los comunistas, los musulmanes o hasta los cristianos, o cualquier otra generalización.

    Una vez identificados los culpables, reaccionamos con más violencia, y tenemos enfrentamientos locales y globales para rato. Esto es un gravísimo error que debemos evitar denodadamente. Cuando caigo en un insoportable bache no tienen la culpa los menonitas, ni los brasiguayos, ni los ricos, ni los coreanos, ni los colorados, ni ningún otro que me quieran convencer.

    La diversidad es inevitable y es muy saludable, tiene molestias y desafíos, pero vale la pena y el “amaos unos a otros” suena más fuerte que nunca. Que Dios nos ilumine para hacerlo realidad todos los días, en todas partes.

    Por Juan Luis Ferreira E.

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    Publicado por Anónimo | 4 agosto, 2016, 6:50 am
  7. Morir de hambre hoy

    Ya eran las 9:00 de la mañana cuando la joven madre llegó al hospital regional de salud con un bebé en sus brazos. Estaba desconcertada, triste, casi ausente, no sabiendo qué hacer con el bebé inerte en sus manos. Los médicos no tuvieron mucho trabajo: el pequeño Thiago de Jesús ya llevaba cuatro horas de su vuelta al más allá. Causa del deceso: desnutrición severa. Literalmente, el chico se murió de hambre.
    La madre, de 20 años, no pudo llenar un simple formulario con los antecedentes del bebé fallecido porque no sabía escribir. Llegaron los agentes fiscales y ella no pudo identificarse debidamente porque no tenía cédula de identidad. Legalmente, no existía. Cuando le preguntaron quién cuidaba a su hijo, balbuceó unas palabras que parecían decir “su abuela”. Romina Soledad, que así se llama la infortunada madre, tampoco pudo informar cuándo fue la última vez que su hijo tomó la leche o se alimentó de alguna forma.

    Esto no es una novela de terror ni un documental tenebroso de algún paupérrimo país asiático. Ocurrió aquí, entre nosotros, hoy, en este Paraguay del año 2016. No sucedió en una remota compañía del norte chaqueño, en una localidad aislada, muy lejos de cualquier centro urbano. Pasó aquí nomás, en Luque, a pocos minutos del centro de salud y de varios sanatorios privados. El bebé solo tenía dos meses, pero su madre y su abuela se olvidaron de alimentarlo y, en medio de un hambre atroz, la naturaleza se apiadó de él y puso fin a su corta y sufrida existencia.

    Hace años que nuestro país ocupa uno de los primeros lugares en el continente en cuanto a cantidad de niños subalimentados. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), 15 de cada 100 pequeños menores de cinco años sufren desnutrición crónica y, si tomamos únicamente a los chicos indígenas, la cifra llega a 45%. De cada 10 mujeres embarazadas, 3 presentan bajo peso corporal y corren el riesgo de dar a luz a recién nacidos con peso deficiente y con alta probabilidad de enfermarse y morir en el período neonatal.

    Las autoridades del Instituto Nacional de Alimentación y Nutrición (INAN) afirman que son conscientes de esta lamentable situación y llevan adelante un programa de asistencia nutricional a las familias más carenciadas. Sin subestimar dicho esfuerzo, es evidente que el problema es tan grave y generalizado que supera sus posibilidades, como algunos cubos de agua no pueden convertir al desierto en tierra fértil.

    No en balde todos los políticos hablan de priorizar la salud y la educación en sus campañas proselitistas cuando buscan captar votos. Pero el discurso es una cosa y la realidad, otra, bastante diferente. No existe ningún futuro mejor si la desnutrición infantil sigue llevando angelitos al cielo. Todos los proyectos y planes estratégicos son pura basura si 15 de cada 100 niños menores de 5 años mueren de hambre hoy, aquí, entre nosotros.

    La salud incluso está antes que la educación porque la escuela y el maestro no sirven para nada si el alumno por educar ya se murió o agoniza en casa por desnutrición.

    Por Ilde Silvero

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/morir-de-hambre-hoy-1504134.html

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    Publicado por Anónimo | 4 agosto, 2016, 6:49 am

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