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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Vamos perdiendo el partido

La selección titular del presidente Cartes no pasa por sus mejores momentos. Hasta ahora, el mandatario hizo seis cambios. Tres más de los permitidos en un partido de fútbol. La ministra de Justicia, Carla Bacigalupo, fue destituida por el presidente Cartes tras una serie de hechos que, cuanto menos, llaman la atención.

Durante su breve paso por la cartera hubo un amotinamiento y un guardia herido, un incendio que dejó seis muertos, un polémico viaje junto a su marido a la lejana India, para un encuentro de meditación, sí, “meditación” y un escándalo que estalló antes que explotase dinamita en gel en los muros de Tacumbú con la consecuente orden de trasladar a varios presos, entre ellos, el poderoso narco Jarvis Pavão.

Su nombramiento se dio con bombos y platillos. Su destitución fue por teléfono. Así nomás.

La situación en las cárceles del país siempre está al límite de la explosión, no es nueva. Lo que es preocupante es que las personas puestas en el cargo para revertir la tensión, terminen fracasando en el intento.

Pero volvamos a la selección. Hasta el momento, son seis los expulsados en el partido que se juega el presidente: Hacienda, Agricultura, Justicia, Defensa, Educación y de nuevo Justicia. Muchos cambios y pocos resultados. La situación se percibe en el día a día.

La crisis en educación, la inseguridad, los escándalos en Defensa, la justicia con sus injusticias y la economía saludable de las fronteras hacia afuera.

Eso es lo que ve el común de la gente. Y eso es, precisamente, lo que no debería pasar en un buen gobierno. Ojo, no es responsabilidad exclusiva del gobernante. Creo que todos tenemos parte de la culpa de las cosas que suceden.

Apañamos la corrupción y somos indiferentes a las enormes diferencias e injusticias sociales que nos dividen. Así es difícil construir el país que todos soñamos. Y como la selección, siempre terminamos con el sinsabor de la derrota.

Por Mariano Nin

http://www.extra.com.py/columnistas/vamos-perdiendo-el-partido.html

 

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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14 comentarios en “Vamos perdiendo el partido

  1. “Tacumbú Hilton”

    Posteado por Pepe Costa el 02-08-2016

    “A todos los corruptos los mandaremos a la cárcel de Tacumbú de Asunción del Paraguay”, La frase, dicha por el entonces muy popular Domingo Papucho Laíno, era celebrada por los cientos de miles de ciudadanos congregados en cada mitin preelectoral. El más multitudinario en ese año 1989, inicio de la transición, fue en Coronel Oviedo. El líder liberal, por entonces candidato por primera vez a la Presidencia de la República, lanzaba a voz en cuello el grito de batalla y un mar de voces respondía eufórico y un aluvión de aplausos hacía temblar la plaza municipal.

    Eran los tiempos en que las campañas electorales incluían mítines masivos y mucha movilización ciudadana. Luego llegaron las “caravanas”, las “caminatas” y otros maquillajes para ocultar la orfandad popular y la apatía generada por una clase política cuya credibilidad ya marchaba al piso.

    Por entonces, la “cárcel de Tacumbú” era todavía un símbolo de castigo y punición, de sitio reservado para los delincuentes y de sufrida expiación social de los pecados contra la comunidad. Y los corruptos tenían los pecados más aborrecidos.

    Tiempo después, cuando la corrupción heredada de la dictadura se recicló en la transición, una mordaz y molestosa columna periodística rebautizó dicha penitenciaría: “Tacumbú Hilton” era la expresión de los lujos y privilegios que la corruptela pública había permitido imponerse entre los altos murallones. Por un lado, la miseria e inhumanidad en el trato a miles de reos tirados como trastos a pasillos, recovecos mugrientos. Por el otro, el confort y la “bon vivant” de quienes podían pagar la coima. La “brecha social” entre pobres y ricos se escenificaba en una parábola tras las rejas.

    Aquél concepto del imaginario popular usado por Laíno se desdibujó, aunque sólo en parte. En la parte en la cual “Tacumbú” puede ser “comprado, alquilado, remodelado, modernizado, equipado” como un verdadero palacete imperial a fin de hacer más “llevadera” la vida en prisión de poderosos personajes, generalmente ligados a procesos por delitos “de gran porte” como el narcotráfico, el lavado de dinero, etc.

    Tacumbú sólo significa castigo y expiación para el pobre, para el desamparado, para el indefenso. Para los demás, para los que tienen cómo “aceitar” al engranaje corrupto, es una simple estancia en medio de lujos, en medio de condiciones totalmente favorables para que los “negocios de afuera” sigan siendo dirigidos y sigan siendo rentables “desde adentro”.

    Investigaciones periodísticas mostraron esto muchas veces. No es nuevo, pero las crisis recientes – y el gran aporte de la primavera de la transparencia que todavía sigue manteniendo vientos frescos en nuestra sociedad- nos están mostrando en imágenes de TV, en grupos de whatsapp, en trendtopics de twitter, en escandalizados posteos de Facebook, las impudicias producidas por la venalidad de autoridades y funcionarios corruptos.

    Hace años se había impulsado un proceso de modernización del sistema carcelario que quedó a medio camino. Los fondos multimillonarios que se recaudan a través de tasas del Poder Judicial no han servido para mucho. Y sí ha crecido el abanico de negocios dentro de los penales, desde las coimas para una “dolce far niente” penitenciaria, hasta los delitos y extorsiones con mafias de reos operando de dentro para fuera.

    El Estado debe cortar de raíz el “negocio” de las cárceles. El que se hace mediante ellas y el que se hace desde ellas. Para eso, no basta con promover en los discursos el objetivo de “humanización” del sistema. Es preciso actuar rápidamente y cortar los hilos de la corrupción que permiten manejar realmente el sistema en la actualidad. Esos hilos que algunas autoridades no han querido ver, o viéndolos no han querido extirpar, o, peor aún, viéndolos los han aprovechado para sumarse al festival de pingües ganancias.

    Tacumbú –en Asunción del Paraguay- es una cárcel modelo. Modelo del sistema corrupto socio-político que ningún gobierno se ha animado, hasta ahora, a desmantelar ni dentro del penal y menos fuera de él. ¿Se cumplirá esta vez la sempiterna promesa que vuelven a lanzar las autoridades de turno”

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    Publicado por Anónimo | 6 agosto, 2016, 7:21 am
  2. Reflexiones en torno a la celda de un capomafioso
    1 agosto, 2016

    Por: Abog. Jorge Rubén Vasconcellos
    El “descubrimiento” de que la celda de un capomafioso, recluido – hasta hace pocos días – en la Penitenciaría de Tacumbú, luego de la destitución de Carla Bacigaluppo, ha sido con indignación, como evidencia clara de la existencia de graves prácticas corruptas en nuestro sistema carcelario.

    Ello -sin embargo- no debiera sorprendernos mucho, pues lo que ocurre en las cárceles, no es más que el reflejo de cuanto sucede en el resto de la sociedad.

    El mismo contraste que presentan lujosas residencias a lo largo y ancho de la República, cerca de las cuales encontramos precarios alojamientos, y hasta personas que duermen en la calle, del mismo modo en que los hijos de los propietarios de aquellas concurren a colegios de primer nivel, mientras los demás se educan bajo la sombra de ruinosas construcciones, viéndose las mismas desigualdades en los centros hospitalarios a los que concurren para la atención de sus enfermedades, se reproduce en las cárceles. Sería impensable que los desposeídos conozcan de celdas lujosas y los acaudalados lleven una vida espartana en sus lugares de reclusión.

    El problema no radica allí. Tiene otras aristas que merecen ser analizadas con detenimiento, pues, dejando de lado lo superficial, debemos preguntarnos: ¿Cuál es el propósito del encierro?.

    Nuestra Constitución Nacional precisa los fines del encarcelamiento, tanto de condenados, como de procesados, sobre la base del respeto a la dignidad humana, proclamada en su Preámbulo, y consagrada en los Arts. 1, 33 y 46.

    “…La prisión preventiva sólo será dictada cuando fuese indispensable en las diligencias del juicio…” dice el Art. 19 de la norma fundamental, definiendo su carácter excepcional, y estableciendo su objetivo. Este último se reduce a cumplir la función de proteger el proceso. No como se pretende desde distintos sectores, que la consideran una pena o sanción anticipada, o que procure la “protección” de la sociedad.

    La función de protección de la sociedad, es propia de la pena penitenciaria, no de la prisión preventiva, y ello debiera quedarnos claro, si nos detuviéramos en el texto constitucional, cuyo Art. 20 establece, de modo indiscutible e incuestionable: “…Las penas privativas de libertad tendrán por objeto la readaptación de los condenados y la protección de la sociedad…”.

    Los dos fines de la pena privativa de libertad, en consecuencia, son: 1.- la readaptación del condenado; y, 2.- la protección de la sociedad.

    A partir de ello, y reconociendo que al individuo en situación carcelaria solo se le priva del derecho a la libertad de locomoción, es decir, de ir o trasladarse de un lugar a otro, y se le restringe –también- otros derechos, aunque con menor intensidad, no es posible sostener racional (o razonablemente), que ello deba traducirse en la adopción de medidas que lo reduzcan a la condición de semi-esclavitud (o esclavitud plena).

    Pero las autoridades nacionales parecieran no entender estas reglas básicas de humanismo, y montados sobre la ola de la indignación popular anunciaron la demolición y el desmantelamiento de la celda del capomafioso, cuando, lo aconsejable es hacer todo lo contrario, debieran conservarla e iniciar la reforma de otras tantas, para albergar a recluidos que tengan capacidad económica para pagar cómodos alojamientos, y canalizar lícitamente los mismos recursos que hoy los reclusos acaudalados se ven obligados a destinar al soborno y la corrupción, para lograr los mismos “privilegios”.

    La reeducación y readaptación social del condenado no se logrará jamás, alojándolo en sitios miserables, insalubres e indignos. Apenas se conseguirá instalar o profundizar el resentimiento, la marginalidad, y el mantenimiento de un sistema corrupto, que solo sirve para aumentar el patrimonio de los funcionarios de turno.

    El otro aspecto que debe motivarnos a la reflexión, es el relacionado con el hallazgo de teléfonos celulares y equipos informáticos con acceso a internet en la celda más famosa de los últimos tiempos. Su utilización en nuestras penitenciarías no debiera sorprendernos, ni menos aún indignarnos, pues los reclusos, son remitidos a las instalaciones carcelarias por orden judicial que aclaran adecuadamente que los mismos se encuentran “en libre comunicación”.

    La sanción carcelaria no puede ser considerada como privación al derecho a la comunicación del recluso, sino que –apenas- como un motivo para reglamentarlo y controlarlo. Lo que debiéramos pretender es la instalación de teléfonos públicos mediante los cuales los recluidos puedan comunicarse con el resto de la sociedad, bajo un régimen de estricto control y monitoreo, como igualmente la habilitación del servicio de internet, con los filtros tecnológicos adecuados que impidan su utilización como herramienta para la comisión de nuevos hechos punibles.

    Mientras sigamos tratando al recluso de la misma forma que en la época medieval, mientras optemos por aplicar absurdas prohibiciones, antes que razonables reglamentaciones. Mientras no tratemos con dignidad a los reclusos, la pretendida rehabilitación del condenado seguirá reducida a letra muerta en nuestra Constitución Nacional, y seguiremos sosteniendo un sistema perverso y corrupto, del que participan funcionarios encargados de la administración carcelaria y fiscales afectados por ceguera transitoria durante los allanamientos que realizan en nuestras penitenciarías. En fin, la celda de Pavao, cuyo traslado estará justificado por razones de seguridad y no por los lujos que tenía, debe ser motivo de reflexión y, por qué no, constituirse en un modelo a seguir.

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    Publicado por Anónimo | 5 agosto, 2016, 7:35 am
  3. Narco-solidarios
    1 agosto, 2016

    Por: Telmo T. Ibáñez Jara
    Jarvis Chimenes Pavao saltó a la palestra una vez más, fue motivo de tapas de diarios, titulares de los noticieros de los canales de TV, así como de las radioemisoras, las páginas virtuales se cansaron de hablar de los lujos que disfrutaba en la principal como peor Penitenciaría Nacional, la de Tacumbú. Finalmente, se ventilaron los favores del narco para con la sociedad.

    No es secreto, Jarvis, así como otros narcos o al menos calificados como tales, por su buen vivir luego de una infancia y hasta juventud poco afortunada, al volver al barrio o ciudad de origen llama poderosamente la atención las rimbombantes inversiones sin poseer bienes patrimoniales resultado de herencias o premios de loterías u otros juegos de azar.

    Son archiconocidos los nuevos dueños de humildes barrios, como de poblaciones rurales, patrones o padrinos de cuantas actividades hasta relacionadas con las eclesiales y educativas se dan en cada una de las comunidades incluso las más recónditas de nuestro territorio nacional, todos saben menos la Policía, la Fiscalía ni los jueces.

    Es posible acaso salir con un par de ropas del pueblo de origen y volver con carretones, autos lujosos y hasta aviones, hacerse de estancias, mansiones lujosas sin justificar públicamente o al menos demostrar la forma en que tanta fortuna se llega a cosechar. Es decir con algún negocio cuyo éxito es tal como para amasar sideral recurso económico.

    No son aislados los padrinos quienes son los hombres más solidarios de la sociedad, con aportes y hasta diezmos a las iglesias católicas como de otras religiones e incluso impregnan sus nombres como dejando evidencias o sellando el blanqueo de lo obtenido ilícitamente, por los indicios relacionados con el narcotráfico.

    Esto no se puede negar aunque a partir de ésta columna empiecen los beneficiados con las dádivas a arrancar de sus portales la nómina de tan reconocidos como importantes padrinos que abundan como el tráfico hasta de la cocaína como las otras drogas que se han popularizado a nivel nacional como mundial, la marihuana.

    Casi nunca se habla a profundidad con respecto al tema por temor y riesgos que esto significa, más aún si en los informes policiales se siguen mencionando incluso las fuentes de los denunciantes de un hecho ilícito y siga imperando la tremenda desconfianza hacia los uniformados, así como agentes fiscales y hasta jueces, quienes se enredan con éstos.

    La culpa no la tienen solamente nuestras autoridades, además existe una gran complicidad de la ciudadanía que no solo avala, alaba y bendice los “solidarios aportes” de quienes por obra y gracia del “narcotráfico” financian desde los púlpitos hasta las construcciones enteras de iglesias, así como de escuelas, puestos de salud, locales policiales, ni hablar de las mejoras en las instituciones penales y de sus directivos.

    No podemos negar ni detener la noche con un dedo, estamos en medio de un fuego cruzado, aunque la mayoría en el país busca afanosamente subir al vagón del progreso con el esfuerzo y el estoicismo que califica a los paraguayos desde tiempos muy remotos, la pasividad y la diplomacia por lo general evita choques que pueden resultar fatales.

    Pareciera como si el mundo se viniera abajo, los enfrentamientos en las fronteras con el Brasil, en especial en Pedro Juan Caballero, entre los narcos de mayor peso, así como los permanentes ataques de motochorros, están ligados al narcotráfico, el primero entre los empresarios del rubro y los demás a nivel más popular.

    Es momento oportuno de sacudirse, negarse a las “santas dádivas narco-solidarias”, de comprometer a nuestras autoridades e instituciones a partir del Ministerio Público a liderar pero en serio la lucha contra el narcotráfico, de lo contrario el panorama seguirá obscureciéndose y en pocos años más nuestras calles se convertirán en escenarios de atentados diarios.

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    Publicado por Anónimo | 5 agosto, 2016, 7:34 am
  4. Benefactores

    El país se escandalizó cuando hace unas semanas trascendió que el narcotraficante Jarvis Chimenes Pavão tenía una celda VIP, con todas las comodidades, inclusive con una sala de reuniones en el Penal de Tacumbú. Pavão tenía en la cárcel un verdadero búnker de cerca de 70 metros cuadrados, revestido de mármol, piso italiano; contaba una cocina, dos dormitorio, un baño exclusivo y otro para visitantes. Su celda tenía muebles sobre medida, televisores, acondicionadores de aire, equipo de sonido, heladera, sala de gimnasia y computadora con acceso a internet.
    Pero el narcotraficante no solamente había mejorado su celda, también mandó construir un comedor dentro del penal, mejoró el pabellón para 120 reclusos, también construyó baños, restaurantes, escuela, salón de visitas, biblioteca y cancha sintética. No quedó allí mandó reformar la oficina del director y pagaba la comida de 100 presos.
    Las mismas autoridades penitenciarias se encargaron de inaugurar las obras emprendidas por el gran benefactor Pavão. El privilegiado preso tenía 20 reclusos a su cargo, que actuaban como sus guardias personal y dos de cocineros. Conociendo todos estos privilegios, más que recluso era el emperador del lugar y los verdaderos presos eran los directores y funcionarios.
    El pasado mes de junio cuando fue asesinado en un atentado el narcotraficante Jorge Rafaat Toumani, se supo que el hombre tenía el control de la ciudad, que se movilizaba en vehículo blindado, que tenía a la policía a su servicio y ostentaba poder y riqueza en la zona. Sin embargo, nunca había sido molestado ni investigado por las autoridades.
    Cuando el periodista Pablo Medina fue asesinado, estalló también el escándalo porque el intendente de Ypejhú, supuesto autor moral del crimen, Vilmar Acosta, era un conocido traficante de la zona, que tenía la protección de las autoridades y que inclusive había utilizado las dependencias de la municipalidad como depósito de marihuana.
    La simple enumeración de los hechos, que evidentemente queda corta, demuestra que las autoridades están absolutamente sometidas a los poderosos de las zonas fronterizas y los reyes de las drogas, que tienen su imperio en cada región. Lo más preocupante es que ante la total ausencia del Estado en estas regiones, los patrones se convierten en benefactores y son considerados héroes en sus comunidades.
    El problema es que cuando la podredumbre carcomió a toda la sociedad, la ciudadanía paga las consecuencias, con el lenguaje de sangre, muerte y violencia que tiene el narcotráfico. No aprendimos de la experiencia de otros países, que permitieron el crecimiento de los cárteles de las drogas y que todavía hoy están pagando las consecuencias. Es probable que aún estemos a tiempo de reencauzar y hacer bien las cosas.

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    Publicado por Anónimo | 5 agosto, 2016, 7:33 am
  5. El arca de Pavão
    01 Ago 2016

    Por Augusto Dos Santos

    Hay una historia fascinante de comunicación política de aquellos memorables tiempos en que la religión y la política funcionaban en el mismo almacén: el Arca de Noé. Fíjense qué genial: los buenos se salvarían en una prodigiosa embarcación mientras los malos se ahogarían irremediablemente y para peor sus gatos y cotorras irían en el mismo barco de los desgraciados buenos que se salvarían. Bush tardaría miles de años en pronunciar un discurso tan explícito sobre la suerte de buenos y malos del mundo.

    Los capítulos inolvidables de la comunicación no se transmiten desde la información, sino desde el gesto de poder.

    La reacción del narcofilántropo Pavão y sus amigos fue portentosamente comunicacional. Abogada, lobbystas y más de alguno en la prensa estaban desesperados por transmitir un “noélico” mensaje: “si le pegan a Pavão nos hundimos todos”.

    Pavão fue durante casi una década el “Noé” que salvó la economía de “los muchachos”. No hay dudas que los directores de la penitenciaria de Tacumbú del 2009 a la fecha deben ser investigados. Es muy probable que estos tienen mucho que explicar. Y por qué no los ministros y ministras desde la administración Lugo, pasando por la de Federico Franco y llegando a la de Cartes, hasta la semana pasada en la que se corta el chorro de Pavão.

    De hecho, algún director salpicado estuvo haciendo mucho esfuerzo en la semana para operar en la prensa una versión espectacular: los malos no fueron los que comieron de la mano de Pavão protegiendo sus privilegios durante nueve años, sino el nuevo Ministro que echó a Pavão “del paraíso”. Y lograron instalarlo bastante bien.

    Otra instalación comunicacional que ofició como “cazabobos” estupendamente fue el argumento de “para que Pavão habría querido fugarse si tiene solo un año más de cárcel”. Lo que no tuvieron en cuenta los eternos desinformados es que Pavão sale de la cárcel en Paraguay y le esperan con esposas para una pasantía de décadas en prisiones de Brasil. O sea, en verdad Pavão, necesita fugarse.

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    Publicado por Anónimo | 1 agosto, 2016, 5:57 am
  6. Inhalando mentiras
    01 Ago 2016

    Por Alex Noguera

    En la democracia, el nivel de conciencia del ciudadano es un capital que alimenta el poder de sus gobernantes. Cuanto menos crítica sea la opinión pública, mayor poder ejercerán estos sobre las masas.

    Es como la garrapata que anestesia a su víctima para que no se dé cuenta de qué sucede para seguir alimentándose. Si el huésped se percata de la situación, las acciones en la bolsa de la vida del insecto se desplomarán drásticamente.

    En la democracia, la mentira es un bono demasiado corriente. Sobre su origen, aún no se ponen de acuerdo. Unos dicen que fue Dios el que todo lo creó; otros no están de acuerdo porque Él solo hace el bien, así que el responsable de que nacieran las mentiras es “el malo”, o sea Satanás.

    Fuera del ámbito religioso, tampoco la filosofía ofrece respuesta valedera, solo sabemos que la mentira existió siempre. Eso sí, un genio llamado Göbbels fue el que la elevó a un rango de ciencia.

    Joseph Göbbels (1897-1945), quien en principio solo quería ser escritor, se convirtió en ministro de Propaganda de Hitler, quien incluso lo llegó a nombrar “Plenipotenciario del Reich para la Guerra Total”. Y es que este personaje, con su visión de los por entonces nuevos medios de comunicación -radio y cine- no solo controló la opinión pública alemana, sino que pretendía conformar su moral misma.

    Para ello resumió su trabajo en 11 principios, entre los que citaremos apenas el sexto, el de Orquestación, del que se desprende la famosa frase: “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”.

    Similar principio utiliza hoy día la publicidad, que mueve miles de millones de dólares. Es como una batalla en la antigüedad, en la que los arqueros lanzan lluvias de flechas sobre el enemigo y aunque los soldados estén protegidos con coraza y escudo, algunas finalmente llegarán a su objetivo: el cliente compra sin necesidad.

    Esta introducción vale para hacer notar al lector que todos estamos expuestos. Los que lanzan las flechas lo saben y también saben que nosotros lo sabemos, pero no les importa. Como el comunicado del EPP leído el viernes en el que tratan al secuestrado Franz Wiebe de oligarca.

    Si refrescamos la memoria, oligarquía es el sistema de gobierno en el que el poder está en manos de unas pocas personas pertenecientes a una clase social privilegiada.

    Supongo que Franz es privilegiado por haber nacido en el campo, rodeado de naturaleza, y no en la contaminada ciudad; por tener una familia que lo quiere y lo apoya, por tener amigos, por ser sano y tener principios morales, por no estar en las drogas.

    Pero me cuesta entender “el privilegio” de tener que abandonar los estudios para trabajar y aportar para su familia, resulta difícil de creer que un joven de apenas 17 años tenga que pagar “una multa” por violar leyes revolucionarias que ni conoce porqué está ocupado ordeñando o en las duras labores rurales.

    Y de la palabra “poder”, las únicas veces que las utilizaría es cuando como buen hijo pide permiso a su mamá, para “poder” hacer esto o lo otro.

    El legado de Göbbels se transformó. A los entonces incipientes medios, radio y cine, se les sumaron la televisión e internet, con el aporte de las redes sociales, que trajeron aparejado un cambio gigante en cuanto a comunicación.

    Ya no son los Göbbels ni los EPP quienes dictan las normas a un sumiso ciudadano, o para formar la opinión pública. Cada individualidad, cada receptor se convirtió en un emisor pensante gracias a las muchas opciones que tiene en la web.

    Eso no quiere decir que ya no existan mentiras, sino que el ciudadano se da cuenta de que la garrapata está ahí. En la democracia, por ejemplo, ya no hace hurras cuando va a votar, pero sí una mueca de incredulidad cuando escucha o lee que el Parlamento es su representante o que la Justicia es imparcial.

    Las verdades asoman tímidas todavía: se ven a los altos jefes policiales corruptos, venta de pasaportes falsos, mafias de frontera, educación como negocio, servicios de salud colapsados, celdas de lujo, autoridades que no rinden cuentas de su gestión, tratos secretos, sacerdotes “amorosos”, empresas evasoras.

    Cada día les resulta más difícil a las garrapatas chupar sangre ajena. Las plagas saltan a la luz a través de los medios, pero como son tantas las fuentes, el ciudadano también debe adaptar su capacidad para discernir lo que es verdad de lo que no lo es. Y es que en la actualidad el aire está tan enrarecido con mentiras que el ciudadano las inhala. Los filtros para respirar bien se llaman información y sobre todo conciencia.

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    Publicado por Anónimo | 1 agosto, 2016, 5:55 am
  7. De prisiones y de Justicia

    Por Benjamín Fernández Bogado
    Si usted comete un crimen en Paraguay tiene solo 1% de ser condenado, 5% de ser procesado y 99% de zafar.

    El 80% de los más de 10.000 presos no tienen condena y hay más de 60.000 órdenes de captura emitidas.

    Sí, casi dos estadios Defensores del Chaco.

    El negocio es administrar la libertad condicional de miles y meter entre rejas a una cantidad suficiente que haga que exista entre otras cosas una fiscalía, corte suprema y magistrados, defensa pública, policía y un ministerio.

    Sí, el de Justicia, que no tiene nada que administrar en ese campo, en realidad, debería llamarse de prisiones y afines.

    Luego de su partición en dos, esta cartera de Estado debe repensar con seriedad para qué está en el organigrama del Gobierno.

    Si es para administrar cárceles, el título es muy pomposo, y si es para demostrar un compromiso con la administración de justicia real… está muy lejano.

    El Ministerio de Justicia sufre de una profunda crisis de identidad, valores y destino.

    No sabe lo que es, no sabe cómo es y menos hacia dónde va.

    Para lo que hace, podría ser una dirección del Ministerio del Interior, donde tampoco se hace mucho, pero racionalizaría costos para todos.

    En términos penitenciarios, Paraguay se merece unas cuantas tesis doctorales.

    Una de ellas, para responder a la pregunta de cómo un penal como Tacumbú, con más de 4.000 presos, es custodiada por solo 40 guardiacárceles cuando en realidad debería tener 400.

    Y otra investigación podría responder a la pregunta: ¿por qué no hay más motines como debieran ocurrir en esas condiciones?

    La respuesta tal vez esté en el hecho de que la cárcel es un buen negocio para muchos de los que están adentro, para los que la administran, pero no para bastantes que solo son parte de la escenografía de la decadencia y el abandono sociales.

    O quizás la respuesta la dio el aventajado alumno Jarvis Chimenes Pavão, que por ninguna razón quería salir de Tacumbú.

    La suite en la que vivía y su capacidad filantrópica hacían palidecer la tarea de la SAS, bienestar social y función pública.

    Su abogada fue bien clara: es un preso que merece vivir de lo mejor por la generosidad con que trata a muchos.

    Los norteamericanos calculan que el 1% de la población debería estar adentro y por eso su población penitenciaria es de más de tres millones.

    Con ese cálculo deberíamos tener 70.000 en prisión y claro, dónde metemos a todos.

    El negocio es administrar la libertad de quienes tienen órdenes de captura y condiciones de vida de los que están adentro para aliviar la pesada carga que representa para el Estado tener que alimentar a la población carcelaria que consume por valor de 20.000 guaraníes diarios.

    Si entraran todos los que deberían, eso sí sería un polvorín.

    Aparentar justicia y ficcionar prisiones puede ser parte de un guion de cine; pero cuando es realidad constante no hay ministro sostenible en el cargo y menos carcelero que quiera abandonar su celda.

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    Publicado por Anónimo | 31 julio, 2016, 3:34 pm
  8. Estado Para Pavão

    Por Guillermo Domaniczky

    Un hombre condenado por lavado de dinero, financiando con ese mismo dinero varias obras de su lugar de reclusión, para convertirse en el gran benefactor, patrón y padrino del lugar. Y todo con el aval de las autoridades.

    Puede ser perfectamente el argumento de esas novelas o películas que últimamente andan teniendo tanto éxito, pero es solo la descripción de una cárcel paraguaya.

    La semana que termina no nos puede haber dado una mejor bofetada de realidad, para describir el Estado que tenemos.

    Por un lado, el EPP, secuestrando osadamente a un adolescente dentro de la misma zona militarizada por la Fuerza de Tarea Conjunta y con la osadía agregada de detonar una bomba durante el paso de la comitiva militar, policial y fiscal.

    Por el otro, en el corazón de la capital y en la principal cárcel del país, la mezcla de corrupción, mendicidad y cobardía de las autoridades carcelarias, documentada con los lujos del sector en el que estaba alojado en Tacumbú, Jarvis Chimenes Pavão.

    Ante el traslado de su cliente a la Agrupación Especializada, la abogada del hombre se encargó de recitarnos las obras financiadas bajo la indignidad de las autoridades paraguayas.

    Chimenes Pavão no solo compraba alimentos para dar de comer a al menos 100 internos por día, incluyendo al director, los guardias y a alguna autoridad que visitase la cárcel. Financió además una cancha de fútbol de césped sintético, la refacción de la habitación del propio director de la cárcel, pagó obras para una iglesia que trabaja con adictos, construyó baños para guardiacárceles, equipó una biblioteca, realizó mejoras en una escuela dentro del penal, y además estaba financiando una serie de otras obras, como dormitorios bien equipados y el taller del sector.

    La abogada Laura Casuso apuntó también sus misiles al actual responsable del Ministerio de Justicia, Éver Martínez, de quien dijo que estaba perfectamente al tanto del todo y “hoy aparece denunciando… eso es una hipocresía”.

    Según la abogada, Chimenes Pavão también fue uno de los que hicieron “gestiones diplomáticas” a pedido del Gobierno para la liberación de Arlan Fick, cuando estuvo secuestrado por el EPP; y además colaboró logísticamente con la Fuerza de Tarea Conjunta.

    El caso Pavão me llevó a recordar una entrevista con quien bien conoció el monstruo de la narcopolítica por dentro, como Juan Pablo Escobar, hijo del narcotraficante Pablo Escobar Gaviria.

    En una entrevista hecha hace poco más de un año en la 730AM, el hijo del “Patrón del Mal” argumentaba que su padre fue quien fue por sus actos, pero que sin dudas la corrupción lo ayudó a ser quien fue.

    “El narcotraficante ocupa el vacío que deja el Estado” me dejó como frase en aquella entrevista, explicando lo que muchas veces nos cuesta entender desde la distancia, el cómo personas vinculadas al crimen pueden ser idolatradas por su entorno.

    Solo es cuestión de recordar a esa multitud en Villa Hayes que había despedido los restos de Nelson López, alias “Yacaré Po”, un temerario asaltante de cajeros y transportadores de caudales, pero muy dadivoso con sus amigos y gente de su barrio.

    “El narcotraficante ocupa el vacío que deja el Estado” dice el hijo de Escobar Gaviria, y desde aquí modificamos un poco su idea para sostener que en realidad ocupa el vacío que generan con su acción u omisión, los políticos indignos, mendicantes y corruptos.

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    Publicado por Anónimo | 31 julio, 2016, 3:09 pm
  9. Pavão de impudicia
    Estela Ruiz Diaz

    Jarvis Pavão es un viejo corruptor del sistema de seguridad y de justicia en Paraguay con fuerte vinculación a la narcopolítica. Su paso por los tribunales son la foto perfecta que revela el sometimiento de las instituciones.
    Pavão está condenado en Paraguay por lavado de dinero y asociación criminal. Está preso desde el 2009 cuando la Senad (organismo antidrogas) lo capturó en su extravagante estancia en Concepción, en un operativo que incluyó apoyo de fuerzas de seguridad internacionales.

    Con apenas 42 años es un experimentado pez gordo del narcotráfico. Brasil ha planteado sendos pedidos de extradición ya aprobados y espera ponerlo entre rejas por su “condición de gran proveedor de cocaína para el Brasil, internando en territorio nacional la droga e incrementando cada vez más su poderío económico”.

    La demora para extraditarlo al Brasil es una muestra de su poder. La Justicia paraguaya, muy soberana y nacionalista cuando se trata de extraditar a narcotraficantes, decidió que cumpla primero su condena aquí en vez de deshacerse de él y enviarlo lo más lejos posible. Como se comprobó, la cárcel paraguaya no es sino una celda de oro sin barrotes ni restricciones desde donde seguía haciendo sus negocios.

    Apenas cumpla su condena en el país, el año que viene, Pavão debe ser extraditado a Brasil sin más trámite, aunque sus abogados están buscando afanosamente la manera de trabar la ya aparente inevitable extradición. Y esta parece ser la trastienda del escándalo que puso en el epicentro el estilo de vida del preso más lujoso del Paraguay, gracias a la complicidad y corrupción de quienes debían mantenerlo a raya.

    TRADICIÓN FAMILIAR. En el 2010, su hijo Jarvito también estuvo en Tacumbú, donde gozaba de privilegios similares. Había sido detenido con 117 kg de cocaína, pero en aquel entonces los jueces Doddy Báez, Silvio Reyes y Enrique Alfonso lo liberaron por “deficiencias en la investigación”, acusando a los fiscales Javier Ibarra y Jorge Noguera por las débiles acusaciones. Una vez más los efectivos “defectos de forma” fueron el argumento oportuno. Los jueces fueron suspendidos, pero Jarvito ya había cruzado la frontera.

    Pavão de justicia.

    Hoy su padre está en la vidriera luego de un fallido plan de fuga.

    ¿Por qué huiría si el año que viene cumple la condena? Porque en Brasil lo esperan muchos años de cárcel (se estima cómo mínimo 20 años), por tanto el escape es su mejor opción, según sospechan los investigadores. El tiene la capacidad de vivir en la clandestinidad gracias a su inmensa fortuna.

    CADENA DE RESPONSABILIDADES. A raíz del plan de fuga, el Ejecutivo ordenó la remisión de los cabecillas a la Agrupación Especializada, pero el único que se opuso fue Pavão. Esta decisión fue clave para que se viniera abajo la cúpula carcelaria, incluida la locuaz ministra de Justicia, Carla Bacigalupo, que ya caminaba en la cuerda floja. Aún humeaba sobre su gestión el incendio del penal que costó la vida de 6 personas.

    Pavão no solo se atrincheró con prepotencia protegido por sus reclusos-guardias-capangas. Tuvo la ayuda de una desempolvada resolución judicial que prohibía su traslado de Tacumbú que sirvió como argumento perfecto para que la ministra Bacigalupo vacilara en demasía y los jefes del penal “muy respetuosos del juez” se opusieron a su remisión. Pero fue llevado casi a la fuerza, y cayó el telón dejando al desnudo la grosera protección de la que gozaba el generoso convicto. Ocupaba tres celdas sin barrotes: habitación, baño, placard, oficina propia, chefs incluidos, mientras más allá de sus lujosas paredes 3.500 presos sobrevivían hacinados en un infierno cuya capacidad no supera para 1.680 personas.

    Los privilegios de Pavão son un atentado jurídico, político y moral y justifica plenamente la destitución sin eufemismos de la ministra y sus colaboradores.

    MIRAR HACIA OTRO LADO. El narcotraficante está en Tacumbú desde el 2009, por tanto la protección y complicidad de las autoridades del penal se dan desde la era Lugo, pasó por el Gobierno de Franco y siguió en la era Cartes. Pasaron ministros de Justicia, directores del penal con sus respectivos jefes, que permitieron estos privilegios y gozaron de puntuales cuotas dolarizadas de su dinero malhabido. Por tanto, el muerto no puede asustarse del degollado. Ni el viceministro Éver Martínez, quien interina el cargo, puede hacerse hoy el desentendido.

    Pavão es la metáfora perfecta de la putrefacción institucional. No solo vivió como un rey, sino tuvo información privilegiada de su remisión; ergo le avisaron las autoridades del penal. Activó su defensa jurídica y en 3 horas un juez desempolvó una vieja resolución para que permanezca en Tacumbú. Hubo casi un motín de reclusos y guardiacárceles para evitar su traslado, muy comprensible luego de conocerse las obras de beneficencia: Una cancha de fútbol, una capilla, una biblioteca, un comedor, salario para cocineras, un pabellón para 120 personas, alimentos para 80 reclusos, baños y hasta una nueva habitación para el director del penal, detalladas por su abogada que con jactancia graficó cómo Pavão da mejores respuestas que el Estado.

    Pavão es un desafío para el sistema institucional. De los pasos que den a partir de ahora el Ejecutivo y la Justicia se verá si hay intenciones de exorcizar demonios.

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    Publicado por Anónimo | 31 julio, 2016, 1:03 pm
  10. Tacumbú Hotel Narco Vip

    Por Andrés Colmán Gutiérrez
    Ingresar a la estancia Cuatro Filhos, en las afueras de la ciudad de Yby Yaú, Concepción, es como entrar a un territorio del realismo mágico, con un escenario que ni siquiera García Márquez se hubiera atrevido a imaginar.

    Al costado del acceso hay altas esculturas de ángeles tocando trompetas, junto a bases de mármol negro que sostienen enormes copias de la Biblia, abiertas de par en par, con leyendas religiosas en portugués y castellano, como este versículo del Éxodo: “Não terás outros deuses diante de min” – “No tendrás otros dioses delante de mí”.

    Junto a la mansión principal, con piscinas, discotecas y canchas de bowling, hay un gran templo sobre una colina, pintado de vistosos colores verde, amarillo y rosa.

    Desde ese rincón de excéntrico y místico lujo, en un terreno de casi 900 hectáreas, el brasileño-paraguayo Jarvis Chimenes Pavão se convirtió en “el más importante jefe del narcotráfico fronterizo”, ligado al Primer Comando Capital (PCC), según la Justicia brasileña, desde donde jugaba al tuka’e kañy con la Policía y la Justicia, durante años.

    Hasta que en diciembre del 2009, un operativo conjunto de la Senad paraguaya, la Policía Federal brasileña y la DEA norteamericana logró atraparlo con uno de sus socios, Carlos Capilho Caballero, y condenarlo a ocho años de cárcel por lavado de dinero, a lo que deberá seguir su extradición a Brasil, donde le esperan tres condenas por narcotráfico.

    Prácticamente todos sabíamos que Jarvas (como lo llaman en la frontera norte) seguía dirigiendo su organización desde la cárcel, y lo hacía desde una lujosa y confortable celda vip.

    Lo que no sabíamos era que la corrupción penitenciaria le había permitido instalar el mismo ambiente de excéntrico y místico lujo que tenía en su estancia de prófugo, produciendo un escandaloso contraste de inequidad con ese antro de hacinamiento y degradación humana que es la Penitenciaría Nacional de Tacumbú, donde tantos presos humildes deben dormir en el piso, apiñados en los pasillos.

    Aquí lo escandaloso no es tanto descubrir los detalles de la habitación cinco estrellas del Tacumbú Hotel Narco Vip, sino que un recluso haya podido tener libremente a su disposición toda la estructura de comunicación, facilitada por los propios funcionarios del Estado, para seguir dirigiendo los operativos de su organización delictiva, sin ninguna restricción. Entonces, ¿de qué sirvió haberlo apresado?

    También es difícil de creer que las máximas instancias del Gobierno y de la Justicia no sabían que esto estaba pasando, o que solo la ministra y los funcionarios ahora destituidos eran responsables.

    Hubo reiteradas denuncias sobre esta ilegalidad, a las que no se hizo mínimo caso. Hubo informes firmados por el propio presidente de la República, asegurando al Congreso que no había celdas vip. Hubo un juez que intentó frenar el traslado de Jarvis desde Tacumbú. ¿Quién nos asegura que los narcos no seguirán dando órdenes desde sus celdas, sean o no vip?

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    Publicado por jotaefeb | 30 julio, 2016, 6:42 am
  11. Los destinos paralelos de Carla y Jarvis
    Por Alfredo Boccia
    Sus vidas no tienen nada en común. Pero pese a que sus biografías estén en las antípodas, el destino las enlazó con curioso capricho.

    Carla, educada en uno de los más elegantes colegios asuncenos, hizo una carrera universitaria brillante. Jarvis nació en Ponta Porã y tuvo una juventud azarosa.

    En 1994, mientras Carla comenzaba a acumular notas cinco en la Facultad de Derecho, Jarvis era apresado en Itajaí, Santa Catarina, con 25 kilos de cocaína. Cuando Carla recibía su título como mejor egresada e iniciaba una auspiciosa carrera, Jarvis estaba encerrado en una mugrosa celda, purgando una condena de muchos años.

    También los separaba el valor que daban al dinero. A la familia de Carla nunca le había faltado. Jarvis se había jurado dejar de ser pobre. En la década siguiente a ambos les fue bien, cada uno en su ámbito. Pero a Jarvis le fue mucho mejor. Volvió a la frontera natal y se convirtió en un próspero empresario, ganadero, propietario de varias estancias y aviones. Era el mayor traficante de cocaína, pasta base, marihuana y armas desde Pedro Juan hacia el Brasil.

    Es aquí donde las vidas de Carla y Jarvis empiezan a acercarse. Ambos ganan prestigio, expanden su ego, cada uno en su ámbito. Mientras la reputación de Carla era pública, la de Jarvis era subterránea. También en esto a Jarvis le fue mejor. Su fama había crecido luego de que la Justicia brasileña lo buscara de nuevo y él escapara saltando de una extravagante estancia paraguaya a otra, mientras ampliaba su imperio y su legendario poder. La Senad lo hizo célebre al colocar su foto en enormes carteles en las rutas.

    En 2009, mientras Carla seguía ascendiendo, Jarvis fue apresado. Inconmensurablemente rico, acomodó a su gusto la cárcel de Tacumbú, de modo a hacer más apacible su pasantía y mantener sus negocios en actividad. Acostumbrado a lujos, se le fue la mano en narcodetalles, pero no había problemas: repartía tanta plata, que había una legión de internos, funcionarios, fiscales, jueces, políticos y ministros ansiosos de complacerlo.

    Entonces, el destino hizo una pirueta inesperada. Carla fue nombrada ministra de Justicia. Normalmente no habría modo de que Carla y Jarvis se conozcan. Pero ahora ella estaba obligada a saber lo que ocurría en las cárceles del país. Eso incluía a las celdas vip, como la de Jarvis. Y Carla no hizo nada.

    Por eso, cuando a alguien se le acabó la paciencia, la noche les cayó a ambos. El mismo día Carla perdió el cargo y Jarvis, sus lujos. Ella puede alegar ingenuidad y muchos le creerán. Nadie espera que Jarvis alegue lo mismo. Igual, no es tan dramático. Ambos se las arreglarán muy pronto para reiniciar sus exitosas actividades laborales privadas. Cada uno en su ámbito.

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    Publicado por jotaefeb | 30 julio, 2016, 6:41 am
  12. Otra bofetada a la sociedad

    Amplia sala con mesa para reuniones, televisor de 48 pulgadas y computadora, biblioteca, muebles para colecciones de zapatos de diferentes colores, chiches distribuidos alrededor de la habitación sobre herrería artística preparada para el efecto, discoteca, filmoteca, baños con calefacción… Cualquiera que lea estos detalles pensará que fueron escritos por un promotor inmobiliario para promocionar el alquiler o la venta de un departamento. Pero no: se trata de la celda que ocupaba el narcotraficante Jarvis Chimenes Pavão, un condenado que vivía a cuerpo de rey en la Penitenciaría Nacional de Tacumbú, mientras miles de otros reos se hacinan en pabellones y pasillos, compartiendo suciedad, enfermedades, promiscuidad.

    Es otra bofetada que recibe la sociedad, jaqueada por escándalos que involucran a autoridades y delincuentes de toda laya, que hacen ostentación de poder y fortunas malhabidas, frente a una población que sufre toda clase de carencias.

    Es destacable, por eso, la inmediata reacción del presidente Horacio Cartes de disponer la remoción de la ministra de Justicia, Carla Bacigalupo; del director de Institutos Penales, Artemio Vera; y del director de la cárcel de Tacumbú, Luis Barreto. ¿Cómo es que estos funcionarios permitían semejante afrenta?

    Aún más, cabe preguntar, ¿cómo el ministro del Interior, Francisco de Vargas, no sabía que Chimenes Pavão continuaba dirigiendo su organización delictiva desde la cárcel? Se trata del mismo narcotraficante que, en su momento, figuraba entre los más buscados y por quien se ofrecía una recompensa de 100.000 dólares a quien proporcionara información valedera para su captura.

    Mientras tanto, el citado Chimenes Pavão, quien ya está a punto de cumplir su condena de ocho años, disfrutaba de un pabellón especialmente construido, equipado y amueblado para su bienestar y para el manejo de sus negocios. Vivienda y oficina de lujo, con todo y más de lo necesario, en un ambiente de confort que millones de personas honestas, que laboran duramente todos los días, quisieran disponer en sus viviendas pero no las pueden costear.

    Esta situación fue descubierta casi fortuitamente, porque si no se hubiesen revelado algunos planes destinados a crear problemas en el ámbito de las penitenciarías, como fue el caso de la dinamita preparada para que se detonara en el penal de Tacumbú, conspiración en la que supuestamente participaron seis internos y dos guardias y cuyas consecuencias fueron evitadas, no se hubiera llegado al fondo del problema, que constituía precisamente el interno Chimenes Pavão, a quien se sindica como el organizador de esos atentados, que tenían como objetivo final crear condiciones políticas adversas para evitar que se concretara su extradición al Brasil, donde debe purgar una pena de quince años de prisión.

    Jarvis Chimenes Pavão disfrutaba de estos lujos y comodidades que no son compatibles con el concepto de penitenciaría y que ninguno de los otros reclusos posee ni debe poseer, porque un recinto como ese es para recluir a individuos que han agraviado a la sociedad, que son peligrosos para las demás personas, cuyas desviaciones de conducta son capaces de producir mucho daño a cualquiera por cualquier motivo o sin ninguno, y que por eso deben estar apartados mientras dure su condena.

    En resumen, el pabellón de Chimenes Pavão recuerda mucho a “la Catedral”, del célebre narcotraficante Pablo Escobar Gaviria, la seudocárcel que él mismo edificó para sí y sus amigos. El poder del dinero aplicado al soborno de autoridades públicas se manifestó con toda su fuerza en el caso colombiano, que deberíamos tomar como referencia para hacer analogías que serán muy útiles a los investigadores de este affaire paraguayo.

    Ahora bien, la pregunta capital en esta cuestión es: ¿Cómo consiguió tantas ventajas este interno? Se sabe que puede pagarlas, porque dispone de fortuna. Pero, ¿cómo fue que las autoridades ministeriales y las de la penitenciaría permitieron la construcción del pabellón de lujo, en la que tuvieron que haber participado arquitectos, constructores, electricistas, pintores, herreros, decoradores, servicios de atención y de limpieza, y un gran número de otras personas que tenían que entrar y salir constantemente del lugar para cumplir sus tareas?

    Hay una sola respuesta posible y evidente: todas las personas que conocían lo que sucedía allí estaban sobornadas por el brasileño. Desde el más alto funcionario hasta el guardia más modesto tuvieron que recibir algún beneficio para tolerar la situación y mantener el estado de cosas en discreto silencio. Esta explicación es tan elementalmente lógica que ni siquiera vale la pena abundar sobre ella.

    De modo que la rápida respuesta del presidente Cartes, al ordenar que se cumpla instantáneamente su orden de traslado del interno Chimenes Pavão a la Agrupación Especializada, quebrando así el estado de cosas reinante en la penitenciaría de Tacumbú y los planes desestabilizadores que se estaban gestando en ella, así como la subsecuente destitución de los funcionarios, constituyeron una actitud oportuna y adecuada a la premura con que la situación reclamaba decisiones enérgicas.

    Los ciudadanos y las ciudadanas en general aplauden las medidas ejemplificadoras tomadas por sus autoridades, por lo que esperan que el presidente Cartes tenga idéntica reacción en tantos otros casos similares que se denuncian permanentemente, en los que las autoridades, por inútiles o por coimeras, no cumplen con las obligaciones que les impone la ley.

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    Publicado por jotaefeb | 30 julio, 2016, 6:33 am
  13. Cortar la corrupción que da poder a narcos en las cárceles

    Las revelaciones sobre los lujos y privilegios de que gozaba el capo Jarvis Chimenes Pavão en la Penitenciaría de Tacumbú, con la evidente complicidad y protección de autoridades, confirma la vigencia de una gran estructura de corrupción, que permite a los reclusos vinculados a investigaciones sobre narcotráfico seguir manejando impunemente sus operaciones desde las cárceles. Cuesta creer que las más altas cúpulas del Gobierno ignoraban esta situación, ya que la misma se denunció varias veces a través de la prensa. El simple cambio del lugar de reclusión o la sustitución de algunos altos funcionarios no soluciona el problema. Hay que cortar de raíz la corrupción que les da poder a los narcos en las cárceles.
    En varias ocasiones se denunció la anomalía de que algunos presos, principalmente procesados por crímenes como lavado de dinero y vinculados a investigaciones sobre narcotráfico, permanecían recluidos en las llamadas celdas vip, provistos de cuantiosos lujos y privilegios, desde donde seguían manejando impunemente sus operaciones delictivas.

    En los últimos años hubo varios casos revelados a través de la prensa. En junio de 2015 se mostró que los procesados por narcotráfico, Tomás Rojas Cañete, alias Toma’i, y Carlos Caballero, alias Capilo, gozaban de celdas vip, el primero en la cárcel de Tacumbú y el segundo en la Agrupación Especializada de la Policía Nacional, con libre acceso a teléfonos celulares y conexiones a internet, entre otros privilegios.

    En julio de 2015 se denunció que el entonces recluso Rubén Sánchez Garcete, alias Chicharõ, diputado suplente del Partido Colorado por Amambay, procesado por lavado de dinero, había llegado a montar libremente un puesto comando en su celda de Tacumbú, desde donde dirigía personalmente, a través de equipos de comunicación conectados a internet, la campaña electoral de su hermano, Denilso Sánchez, en las internas de la ANR, celebrando su victoria electoral como precandidato a intendente municipal de Capitán Bado, y luego como intendente electo, a pesar de ser también en su momento un prófugo de la Justicia.

    Acerca del capo Jarvis Chimenes Pavão, condenado en Paraguay por lavado de dinero y en Brasil por narcotráfico, se han conocido testimonios de que el mismo seguía manejando sus operaciones desde la cárcel, pero aun así las recientemente divulgadas imágenes de su lujosa celda y los detalles revelados acerca de cómo las autoridades carcelarias le permitían disponer de todos los privilegios han causado sorpresa, indignación y alarma en la ciudadanía, ya que muestran el gran nivel de penetración del narcotráfico en las estructuras del Estado.

    Resulta difícil de creer que las más altas cúpulas del Gobierno no sabían que un poder criminal paralelo opera desde adentro de las cárceles, con la abierta complacencia y complicidad de quienes debían ejercer los controles para evitarlo.

    Ya en enero de 2015, la Dirección General de Establecimientos Penitenciarios anunció que se iban a desmantelar las celdas vip en Tacumbú, algo que evidentemente no se cumplió.

    De todos modos, es plausible que al fin se haya tomado la decisión de desalojar a Chimenes Pavão de su privilegiado alojamiento, pero el simple cambio del lugar de reclusión o la sustitución de algunos altos funcionarios no soluciona el problema. Hay que cortar de raíz la corrupción que le da poder a los narcos en las cárceles.

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    Publicado por jotaefeb | 29 julio, 2016, 7:42 am
  14. Pavão, el nuevo ícono
    29 julio, 2016
    Por Sergio Etcheverry

    A veces, las películas del cine y la TV se quedan cortas.

    A veces, uno repite las cosas que escucha, sin mucho fundamento y sin pruebas. Te dicen que, el país se está mexicanizando y vos te reís de los opinólogos exagerados, aferrado al tereré fresquito y mirando el partido en la tele. (Que no se enojen los hermanos mexicanos por lo dicho más arriba, que sufren el peligroso cóctel del mucho dinero sucio y la poca vergüenza de sus dirigentes).

    Pero así, en un rápido recuento y según me viene a la cabeza: tres actos de secuestro en una semana; un suboficial de la policía en poder del EPP hace casi dos años y un productor en la misma situación por casi doce meses; una ciudad y una amplia parte del país que responde a “un poder paralelo”; un poderoso “empresario de frontera” acribillado en una concurrida esquina; un sospechado y sospechoso traslado; un penal con un incendio en el que mueren 6 personas y casi hacen estallar una bolsa de leche con dinamita, pensado para 1.800 reclusos, pero que tiene 4.000 y está a punto de estallar; un ministro dedicado a dar diagnósticos y conferencias de prensa; una Fuerza de Tarea Conjunta inoperante, pero que pide más dinero y que insinúa recepción de dinero por parte de un preso; un recluso que da de comer a muchísimas personas todos los días, que hace pabellones y tiene un penthouse que muchos miramos por TV y hasta quisiéramos vivir ahí.

    La mayoría de estas cosas ocurrieron en poco más de treinta días. Es demasiado parecido a lo que se ve en otros lugares copados por el narcopoder: autoridades que miran para otro lado o son inoperantes, instituciones pobres y funcionarios ricos, gente ostentando poder y riqueza.

    Y lo más grave, lo más urgente y lo más triste es el mensaje que damos: por la plata todo vale, con la plata todo se compra, hasta una vida de poderío casi sin límites (y, según dicen, desde donde se digitaban y ordenaban vidas y muertes) dentro de los muros de una cárcel.

    Ojalá que no sea así… que sea una falsa impresión, pero parece…

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    Publicado por jotaefeb | 29 julio, 2016, 7:32 am

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