estás leyendo...
HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Hay que parar el descontrol de funcionarios del Congreso

Un total descontrol en el manejo de los funcionarios del Congreso Nacional, con masivas ausencias, falta de registros y documentaciones, ha sido revelado por una investigación interna. Es una situación que ya se conocía, pero ahora se reafirma oficialmente, relacionándose con varios casos denunciados sobre cobros indebidos de salarios, desvíos de recursos, planillerismo y otras graves irregularidades. Es de esperar que las nuevas autoridades del Poder Legislativo profundicen el proceso de saneamiento administrativo, implantando mejores sistemas de control que pongan fin a la deplorable imagen de clientelismo político y corrupción.

Desde que los organismos del Estado cedieron ante el reclamo de la prensa y de sectores ciudadanos, aceptando divulgar sus planillas de salarios, en el proceso de sanción de la Ley de Libre Acceso Ciudadano a la Información Pública y de Transparencia Gubernamental, se detectaron varios casos de irregularidades y de corrupción, como los que involucran a legisladores que pagaban sueldos a sus niñeras o caseros particulares con rubros del Poder Legislativo, o de quienes favorecían con sueldos públicos a parientes, amigos, amantes u operadores políticos, en flagrantes casos de planillerismo.

A pesar del escándalo que aquellas denuncias periodísticas provocaron en su momento, el carnaval con el dinero público en el Congreso no se ha acabado.

Esta semana se han divulgado los resultados de una reciente evaluación realizada sobre la gestión de la Dirección de Recursos Humanos, que pone de resalto un total descontrol en el manejo de los funcionarios del Congreso, incluyendo masivas ausencias, violación de sistemas de control con el reloj biométrico, mala distribución de tareas, documentos incompletos desactualizados, entre otras muchas irregularidades.

Un primer intento de regularizar la situación y de ejercer un mayor control, dispuesto por el anterior presidente del Congreso, Mario Abdo Benítez, a través del nombramiento de una nueva directora de Recursos Humanos, en marzo de este año, había provocado una ruidosa manifestación de funcionarios que se opusieron al proceso. Varios dirigentes del grupo, entre ellos la novia de un conocido senador liberal, acabaron procesados por perturbación de la paz pública.

Entre las múltiples irregularidades detectadas por la reciente evaluación sobresalen aspectos llamativos, como el hecho de que el director de Control de Personal del Congreso, Rubén Darío Torres, quien era el que debía controlar la asistencia de los funcionarios, es el que aparece con más ausencias en las planillas. El actual presidente del Congreso, Robert Acevedo, dispuso ayer abrir un sumario contra Torres, por sus acusaciones contra la actual directora de Recursos Humanos, Mirian Arroquia, vertidas en un audio filtrado en forma pública.

Todo este crítico panorama contribuye a deteriorar aun más la pésima imagen del Congreso Nacional, reafirmando la vigencia de casos de clientelismo político, con la consiguiente dilapidación de fondos y recursos públicos en provecho de algunos funcionarios y legisladores cómplices. Es de esperar que las nuevas autoridades del Poder Legislativo profundicen el proceso de saneamiento administrativo, implantando mejores sistemas de control, que ayuden a poner fin a esta lamentable situación.

http://www.ultimahora.com/hay-que-parar-el-descontrol-funcionarios-del-congreso-n1007374.html

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

4 comentarios en “Hay que parar el descontrol de funcionarios del Congreso

  1. CONTINÚA EL CARNAVAL CON EL DINERO PÚBLICO

    De acuerdo con los preceptos constitucionales, los funcionarios públicos están al servicio del país. Un convencional constituyente expresó en su momento que, desde el punto de vista laboral, los trabajadores del sector público “deben gozar al igual que los del sector privado, de todos sus beneficios laborales, y que no debe haber exclusiones”. En la práctica la política salarial del Estado ha ido más allá de esa equiparación, hasta el punto de que los funcionarios gozan hoy de unos beneficios considerables bajo la figura de las “remuneraciones extraordinarias”, que los trabajadores del sector privado solo pueden envidiar.

    En otros términos, no solo han conquistado el derecho a sindicalizarse y a declararse en huelga, sino también el de apropiarse de una buena parte de los ingresos del fisco: el 72% de la recaudación se destina al pago de los llamados “servicios personales”.

    La Constitución rige desde el año 1992, pero en todo este tiempo no se pudo desmantelar la desigualdad de trato que el Estado otorga a los funcionarios por las más diversas razones, ocasionando de hecho la existencia de ciudadanos de primera y de segunda. En efecto, se observa un verdadero caos en la distribución de las “gratificaciones” que se dispensan con generosidad a los funcionarios, sin previa evaluación de sus respectivos desempeños. De hecho, quienes las perciben gozan de uno o más “aguinaldos” adicionales o, lo que es lo mismo, de un sobresueldo que los convierte en funcionarios que, en algunos casos, pueden tener ingresos superiores, incluso, a los del presidente de la República.

    Con base en las presiones de los sindicatos que realizan constantes movilizaciones programadas y amenazas de todo tipo con tal de lograr sus objetivos, los Gobiernos fueron fortaleciendo los privilegios de los trabajadores del sector público, hasta el punto de que los paraguayos son, en términos relativos al ingreso per cápita, los mejor retribuidos en América Latina, según un informe del Banco Interamericano de Desarrollo divulgado en noviembre de 2014.

    Hace unos días el Estado destinó 2,8 millones de dólares al pago del “aguinaldo extra” de funcionarios de unas cuantas instituciones. No es la primera vez que se produce este pago extraordinario ya que en años anteriores algunas instituciones llegaban inclusive a pagar hasta cinco gratificaciones anuales.

    El propósito de los convencionales constituyentes de 1992 era terminar con la desigualdad existente entre los trabajadores del sector público y del privado, dado que en aquella época los funcionarios, si bien es cierto accedían en la generalidad de los casos a través del padrinazgo político, carecían de los beneficios sociales de los que sí disfrutaban los trabajadores del sector privado.

    Es deseable que todo trabajador, sea público o privado, acceda a una buena base salarial, más los beneficios legales. Sin embargo, el caso es que estamos frente a una situación donde “la patronal” de los funcionarios públicos es el país, tal como lo consigna la Constitución cuando se refiere a la naturaleza de la función pública. El empresario puede otorgar a sus empleados los salarios y las gratificaciones que crea convenientes, pues al fin y al cabo el dinero es suyo. En los organismos estatales, sin embargo, se maneja dinero público y, en consecuencia, quien lo administra está obligado a hacerlo responsablemente, sin incurrir en derroches al solo efecto de granjearse la simpatía de los subordinados o de evitar los problemas que puedan crearle.

    Se dirá que la ley de presupuesto autoriza el pago de gratificaciones anuales o premios al personal por servicios o labores realizadas, pero dicha autorización está condicionada a una mejor y mayor producción o a resultados de la gestión administrativa y financiera u otros indicadores de gestión institucional, que deben estar bien establecidos. La ley es clara en el sentido de que las gratificaciones no deben ser superiores al equivalente a un mes de sueldo, pero ocurre que, como las partidas ya están incluidas en el presupuesto nacional, los jerarcas “premian” a los funcionarios de una manera rutinaria, sin discriminar entre los haraganes y los laboriosos, los torpes y los eficientes. Simplemente, gastan el dinero público ya previsionado, aunque no concurran las circunstancias que la “gratificación” exige. Los ordenadores de gastos recompensan a todo el mundo, sin intentar siquiera realizar evaluación alguna para conocer los indicadores de gestión de los funcionarios que puedan hacerlos merecedores de recibir el beneficio.

    En su proyecto de presupuesto del año en curso el Poder Ejecutivo había propuesto destinar 1,26 billones de guaraníes (US$ 225 millones) a bonificaciones y gratificaciones del sector público, lo que denotan la predisposición política al derroche y la voluntad de ser complaciente con el dinero ajeno. No debe creerse, desde luego, que los funcionarios vayan a esforzarse más para merecer las gratificaciones, ya que lo consideran un sobresueldo normal, que debe abonarse cualquiera sea su rendimiento.

    La política clientelar y prebendaria que sigue caracterizando al Estado paraguayo y que se traduce en un desequilibrio presupuestario y otorga un privilegio indebido a unos funcionarios que tienen la suerte de estar instalados en ciertas entidades muy generosas, golpea a la población en general que, además de financiar el festival de repartos, debe sufrir las consecuencias directas de una baja inversión social para mejorar la salud, la educación y otros servicios ofrecidos en pésimas condiciones por el Estado a los sectores más carenciados de la población.

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/continua-el-carnaval-con-el-dinero-publico-1501868.html

    Me gusta

    Publicado por jotaefeb | 25 julio, 2016, 9:59 am
  2. La complicidad de los encubridores.

    Mucho se ha dicho sobre la corrupción. A estas alturas no quedan demasiadas dudas acerca de la enorme responsabilidad que le cabe a los que comenten esos delitos cuando se apropian indebidamente del dinero que la gente aporta permanentemente al Estado vía impuestos.

    Esa vil canallada, que se replica a diario en casi todo el mundo, tiene culpables directos que deben asumir las consecuencias de sus decisiones, pero también existen alrededor de ellos, otros ruines personajes cuya participación resulta imprescindible para que aquellas andanzas sean tan cotidianas.

    El bandido siempre está rodeado de personas que juegan un rol preponderante y que normalmente se prefiere pasar por alto, a veces por excesiva ingenuidad, otras tantas por subestimar la relevancia de esas actitudes adicionales y en otras ocasiones simplemente por compasión, evitando involucrar demasiado a quienes se considera sujetos secundarios de estas trasgresiones tan patéticamente habituales.

    En primer lugar habría que observar detenidamente el accionar de los colaboradores directos, esos que conocen con precisión los movimientos de ese funcionario que transita el camino indebido. Ellos saben perfectamente que hace, con quienes habla y cuáles son sus rutinas específicas. No son necesariamente personas de gran jerarquía. A veces un ayudante de escalafón inferior se convierte en conocedor pleno de la realidad, cuando no en coparticipe, de cada una de las correrías de ese crápula.

    Es trascendente también no desligar a los propios superiores de los corruptos que también tienen contundentes incumbencias respecto de lo sucedido. Es que se puede delegar tareas en subalternos, pero jamás se transfiere la responsabilidad final. Quienes deben supervisar no pueden jamás aducir desconocimiento absoluto. Por acción u omisión, ese error tiene un costo, y desentenderse como sin más, no parece ser aceptable. No existe excusa que justifique dejar pasar semejantes despropósitos.

    Pero tampoco es saludable hacerse los despistados frente a tanto descaro y habrá que decir entonces que la sociedad en su conjunto también debe asumir con hidalguía su significativa cuota de responsabilidad frente a lo sucedido en cada circunstancia sombría que se termina descubriendo.

    La ciudadanía en general, con su indisimulable apatía, su indiferencia evidente, su inocultable desinterés, construye paso a paso los pilares vitales que se terminan convirtiendo en los aliados estratégicos centrales de los que cometen fechorías adueñándose de las arcas del Estado. Nada de eso podría ocurrir, de ese modo tan burdo, si la sociedad tuviera menos tolerancia frente a estos inaceptables delitos.

    El funcionario corrupto no toma la decisión explícita de delinquir graciosamente para enriquecerse, sino que lo hace porque tiene un contexto enormemente favorable y tiene entonces en cuenta que contará con la valiosa colaboración de algunos que expresamente contribuyen con la consumación del ilícito, con otros que se harán sistemáticamente los distraídos y obviamente también supone que la abúlica comunidad en la que reside hará su parte renovando su eterno silencio.

    Se sabe que la corrupción no es un fenómeno coyuntural, sino que obedece a causas mucho más profundas que explican su complejo entramado estructural. Es por eso que su ocurrencia no depende solo de la voluntad del delincuente, sino de otras circunstancias que lo posibilitan y facilitan.

    La red de corrupción que gira en torno al Estado y los gobiernos no será desmantelada gracias a la optimización en la selección de funcionarios más honestos e íntegros. Pretender que así sea no solo demuestra un infantil voluntarismo sino que se constituye en una demostración de ingenuidad intelectual e incomprensión de la evidencia empírica que se verifica a diario.

    Si realmente se quiere destruir la matriz de la corrupción se debe ir a fondo y hacer reformas con mayúsculas, para que robar no sea posible, para asegurarse que todo no dependa de la moral media del funcionario de turno, sino de la efectiva inviabilidad para concretar delitos contra los contribuyentes.

    Hasta tanto se comprenda acabadamente la dinámica de la corrupción y se encare con inteligencia la batalla final que logre destruir su núcleo duro, se debe empezar a trabajar concomitantemente en otros aspectos, que no resolverán el problema pero ayudarán a mitigar su gravedad durante algún tiempo.

    Nadie puede esperar que seres esencialmente corruptos cambien su concepción moral de la noche a la mañana. Evidentemente estos cínicos criminales creen que saquear al resto de los ciudadanos es algo correcto, por eso lo hacen, apelando al recurso de “salvarse para siempre” con esos dineros que intentarán acumular durante sus acotados mandatos.

    Pero si se puede apelar a una severa y genuina autocrítica de los ciudadanos que periféricamente colaboran, tácita o explícitamente, con ese temible delincuente de “guantes blancos” que parapetado en un escritorio, vistiendo ropa elegante, se atribuye la potestad de quedarse con lo ajeno.

    Ellos pueden revertir parcialmente la historia. Lo pueden hacer mañana mismo, denunciando a esos corruptos sin pudor, exponiéndolos descaradamente, quitándoles la protección que a diario le suministran, a veces sin querer y otras veces por temores infundados.

    Combatir la corrupción requiere de coraje, de valor y de determinación. Los refinados forajidos que pululan en la administración estatal cuentan con que nadie tiene la valentía suficiente para confrontarlos. Tal vez sea este el momento de elegir entre seguir dándoles la razón y esconderse nuevamente, como tantas otras veces, o definitivamente dar vuelta la página abandonando para siempre la complicidad de los encubridores.

    Alberto Medina Méndez

    Me gusta

    Publicado por jotaefeb | 17 julio, 2016, 8:20 am
  3. Los rabiosos de siempre

    El miércoles 6 ha sido un día pletórico para la infame prepotencia. Unas funcionarias del Senado agredieron verbalmente a la compañera Diana González. Las iracundas usaron parte de su extenso tiempo libre para increpar a la compañera, como reacción ante las publicaciones del diario sobre los funcionarios que marcaban sin trabajar.

    Más tarde, el periodista Richard Villasboa, cronista del Canal 13, fue hasta la casa del titular de la UIP, Eduardo Felippo, para entrevistarlo. Villasboa recibió las mordidas del can de Felippo. Cuando el periodista solicitó al entrevistado los papeles para saber si el perro estaba vacunado, en tono arrogante y denigrante Felippo le respondió. “Él tiene más documentos que vos”.

    Estas son dos simples muestras de actitudes que se repiten a diario: La prepotencia de quienes por tener más o estar en un puesto de poder creen que pueden avasallar a quien sea. En el caso de las rabiosas del Senado, las publicaciones del diario denuncian a los funcionarios que van a cobrar sin hacer lo que todo el mundo hace normalmente: Trabajar.

    Felippo ya es un clásico. Es conocido públicamente por sus reiteradas posturas contra todo lo que represente reivindicaciones del trabajador (solo recordemos su tenaz oposición a la ley de lactancia materna e incluso un fallido feriado).

    No sería raro que en algún momento se deberá trabajar media jornada por lo menos el Día del Juicio Final. También ha demostrado su particular simpatía al aplaudir y agradecer abiertamente quiebres institucionales.

    Una de las aristas más patéticas fue ver cómo un grupo de equis intenta justificar lo injustificable, como si una palabra no golpease tanto o como si el tamaño del perro importara.

    Y ya que estamos, no olvidemos las reiteradas agresiones de los guardias de Cartes a los trabajadores de la prensa. Pareciera que causa mucho escozor en el poder actual que los comunicadores hagan su trabajo.

    Por encima del hecho en sí, lo que grave es la actitud. Sobre todo como se sienten impunes al tener ese tipo de reacciones. Es la rabia de los rabiosos de siempre que cercanos o en el mismo círculo del poder se sienten intocables e incuestionables con el derecho de llevar todo por delante.

    Por tal motivo el silencio y la justificación cómplice, incluso de colegas es deleznable. Solo dando a conocer estos hechos poco a poco el país dejará atrás el comportamiento mbarete ignorante y prepotente. Cuando logremos esto, habremos dado otro paso para evolucionar como sociedad.

    Por Carlos Elbo Morales

    http://www.ultimahora.com/los-rabiosos-siempre-n1006676.html

    Me gusta

    Publicado por jotaefeb | 14 julio, 2016, 8:16 am
  4. Marilut Lluis O’Hara
    ·
    Debe ser contagioso
    Siempre me sorprende la facilidad que tiene un líder loco para contagiar su locura a un amplio sector de la ciudadanía. Cuando más loco es, más contagiosa parece su locura. Allí está el caso de Hitler. Suelo preguntarme cómo pudo lograr que una mayoría del pueblo alemán se contagiara de su odio irracional hacia los judíos y se prestara a todo tipo de abuso, convirtiéndose todos en los que tenía influencia en asesinos desalmados.
    Los que estaban cerca de Stroessner fueron asesinos y ladrones, igual que él. Los que seguían a Lino Oviedo soñaban con un golpe de Estado, que volviera nuestro país al estado de barbarie en el que estaba durante la dictadura.
    Sigue ocurriendo lo mismo, aunque ya no hablemos de asesinos desalmados, pero sí de corruptos, badulaques y sinvergüenzas (no me importa que los 3 adjetivos signifiquen lo mismo. Así mismo son).
    Allí está, por ejemplo, lo que ocurre en el Congreso. Ha quedado bastante demostrado que muchos senadores y diputados han conseguido una banca no porque les interese la tarea legislativa ni el bien común, sino porque son investigados por hechos de corrupción y utilizan el Legislativo para guarecerse de la mano de la Justicia, logrando impunidad, disfrazada de inmunidad.
    Pues bien, estos legisladores badulaques tienen a su cargo funcionarios tan badulaques como ellos. Y esa es la parte que no entiendo. Por qué no puede alguna persona honesta conseguir un trabajo en alguna de las cámaras del Congreso y mantener su honestidad aunque su jefe sea un soberano badulaque?
    Miento y soy injusta. Yo sé que hay unos poquitos que se mantienen honestos a pesar de sobrevivir rodeados de basura. Tengo una amiga por la que doy fe de ello. Pero son claramente la excepción a la regla. La gran mayoría actúa igualito que sus jefes. Y no entiendo si es que ya vienen corruptos o si tienen un espíritu tan débil que hace que se les contagie la corrupción de los legisladores.
    Ahora vemos que hay funcionarios del Senado que siguen planilleando con la anuencia de los legisladores a cuyo cargo están. Sin importar que se hayan recrudecido los controles, con relojes biométricos y la mar en coche, lo cierto es que el pillaje sigue siendo más efectivo que cualquier control que se pudiera implementar.
    Los tipos siguen marcando la entrada en el reloj y desapareciendo hasta la hora de marcar la salida. Algunos llegan más tarde a marcar, dando gua’u la impresión de que se quedaron trabajando hasta después de hora y cobran horas extras!!!! Me daría risa si no tuviera ganas de llorar.
    A lo mejor en serio la corrupción es contagiosa. Lo que me da por ya saben dónde es que el mismo contagio no pueda tener la honestidad. A lo mejor así podríamos por lo menos competir en igualdad de condiciones y no tener que soportar que los badulaques nos hagan 6-0 en cada enfrentamiento.
    Publicado en el Diario ADN Paraguayo

    Me gusta

    Publicado por jotaefeb | 13 julio, 2016, 12:00 pm

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

clima ✓

Click for Asunción, Paraguay Forecast

impresos ✓

abcCOLOR

ULTIMA HORA

LA NACIÓN

EXTRA

POPULAR

CRÓNICA

ADN

5días

VIÑETAS ✓

Nicodemus Espinosa

Melki Melgarejo Valiente

Carlos Sosa Sanabria

A %d blogueros les gusta esto: