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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Pilcomayo: Aplazados en gestión

La historia es tan repetida que hasta aburre tener que contarla. Una vez más, en temporada de aguas bajas, el río Pilcomayo vuelca su reducido caudal hacia territorio formoseño bañando tierras resecas y recargando los reservorios naturales en puntos tales como El Espinillo, Laguna Blanca, Laguna Naick Neck y, en general, en casi toda la franja comprendida entre el difuso trazado del Pilcomayo y el rio Porteño, que da lugar a importantes desarrollos agropecuarios en la provincia. Formosa tiene más de un millón de cabezas de ganado, dedicándose además a la producción de rubros hortigranjeros y algunos a escala como el algodón y la soja. Nada de eso habría sido posible si, décadas atrás, los formoseños no hubieran emprendido obras de aprovechamiento de las aguas del Pilcomayo, que juntamente con el Porteño y el Bermejo, son las fuentes de agua imprescindibles para impulsar su economía. La provincia dialoga hoy con la Casa Rosada para encarar un acueducto con el cual se proyecta irrigar 150.000 hectáreas con aguas del rio Paraguay. Toda la producción actual se alimenta de los flujos de agua superficial que generosamente, y por gravedad, suministran los ríos ya citados, entre ellos, el Pilcomayo.

Este es un vistazo muy sucinto a nuestro vecino inmediato y a sus preocupaciones por mantener este rio fronterizo como una fuente de vida para la producción local.

¿Y en nuestro caso?. Hace décadas que se ha detectado el fenómeno llamado de “colmatación” característico de este rio que nace en Bolivia. El Pilcomayo trae tal cantidad de sedimentos diluidos en su cauce que a medida que el rio se “tranquiliza” en la llanura, va depositando su contenido y llenando los cauces con un limo que convierte en bancos de arena lo que antaño era un canal por donde el agua corría. El taponamiento hace que el agua busque por donde seguir y lo hace abriendo nuevos cauces o precipitándose dócilmente por canales excavados exprofeso. Los formoseños lo hacen desde hace tiempo y bien. Es su derecho. Resultado: en temporada de aguas bajas, el escaso cauce –como ahora- va todo hacia Argentina, no debido a una política malévola de nuestros vecinos sino sencillamente porque nosotros no hemos hecho las obras equivalentes en nuestro territorio.

Mientras los reservorios en Formosa se llenan, en el Paraguay tenemos que abrir proceso a los administradores de la Comisión Mixta para ver adonde han ido los últimos US$ 10 millones asignados para esa tarea. ¿Se entiende?. Impericia, desidia o simple latrocinio. Los diez millones son una pérdida nada despreciable, pero mucho más los centenares de millones que se dejan de producir por falta de agua. Viejas historias que hablan de una conducta recurrentemente ineficaz y deshonesta por parte de personas a las que se confió el cuidado de un bien de enorme importancia.

http://www.5dias.com.py/47494-pilcomayo-aplazados-en-gestion

 

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

22 comentarios en “Pilcomayo: Aplazados en gestión

  1. El río Pilcomayo, una responsabilidad de todos

    Luego de meses de arduo trabajo de maquinarias y hombres, de incesantes labores para llegar hasta la embocadura del río Pilcomayo, finalmente las aguas están volviendo paulatinamente hacia el lado paraguayo.

    Más allá de las negligencia que haya podido ocurrir desde algunos funcionarios estatales responsables de su cuidado, las aguas de este río fronterizo ya surcan de nuevo nuestro territorio y la fauna, así como la actividad económica de las zonas circundantes al cauce hídrico, miran con buenas perspectivas el futuro inmediato.

    Sin embargo, es menester hacer hincapié que la equitativa distribución de aguas del río Pilcomayo, más allá de las continuas sequías que se producen en la cuenca alta (ya en territorio boliviano, en las estribaciones andinas), que responden a los ciclos naturales, y que afectan tanto a productores argentinos como paraguayos, debe ser cuidado con responsabilidad por todos los actores intervinientes.

    Y en esto, el Estado, orientando y haciendo cumplir las normativas ambientales, así como el sector privado, a través de los productores pecuarios que abundan en las márgenes del río, así como organizaciones que promueven el cuidado del medio ambiente, y particulares, deben trabajar en una mayor concienciación sobre el cuidado de este importante afluente. También, lógicamente, el papel que puedan cumplir autoridades y productores del otro lado del río es clave para sostener el equilibrio en este delicado ecosistema que comparten a lo largo de cientos de kilómetros paraguayos y argentinos.

    En ese afán de mantener esa preciada armonía, y entendiendo sobre todo los graves efectos que la sequía puede provocar en la fauna, ahora se establecen acciones conjuntas, especialmente de control, en esta región y que ayudarán al menos a que en la temporada alta de lluvias se aproveche mejor las bondades de la naturaleza.

    En este sentido, el titular de la Comisión del Río Pilcomayo, Óscar Zalazar, adelantó que el Estado paraguayo controlará las 25 represas que fueron erigidas en las adyacencias del cauce hídrico y que podrían ser perjudiciales para la flora y la fauna de la región. Un llamado de atención, claro está, pero también una advertencia para alcanzar el fin.

    El Pilcomayo, que suele ser un río caprichoso y particular, representa vida para vastas regiones de esa parte del Chaco y no se justifica que por algunos ganaderos se prive a la fauna y a la flora del vital líquido proveniente del cauce.

    Otro hecho que llama la atención es que diversos productores de la zona, dueños de establecimientos ganaderos, pidieron que no se abra el canal para que ingresen las aguas a la Región Occidental porque representa un inconveniente para sus negocios, una situación que se encuentra completamente fuera de lugar. El Pilcomayo, que suele ser un río caprichoso y particular, representa vida para vastas regiones de esa parte del Chaco y no se justifica que por algunos ganaderos se prive a la fauna y a la flora silvestres del vital líquido proveniente del cauce.

    Aquí es donde pasa a ser clave el aporte que pueda otorgar el sector privado para conservar, o al menos proteger, el Pilcomayo. El represado del agua es perjudicial para el equilibrio, eso es bastante claro, y es por ello que se deben buscar otros mecanismos para aprovechar los meses de lluvia, atender también a la par los intereses en juego y preservar la necesidad del líquido vital.

    La Comisión Especial del Río Pilcomayo sólo posee 10 millones de dólares anuales para sostener los costosos trabajos de mantenimiento, por ello se apela siempre a una tarea de alianza entre todos los sectores intervenientes.

    Solo a través de una decisiva acción conjunta que involucre a todos los actores será factible el aprovechamiento de este río particular que cada año exige un nuevo canal y no uno de uso permanente. Una vez que cada uno de los representantes en este asunto entienda su papel, la idea de tener agua en todo tiempo –en mayor o menor medida dependiendo de la naturaleza–, allí se habrá ganado el debate sobre la sostenibilidad de este cauce fronterizo.

    http://www.lanacion.com.py/2017/01/16/rio-pilcomayo-una-responsabilidad-todos/

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    Publicado por jotaefeb | 21 enero, 2017, 10:23 am
  2. El Pilcomayo aguarda un milagro

    En un mes más llegará la riada del Pilcomayo, un momento bastante esperado por los pobladores del suelo chaqueño que dependen del líquido vital del cauce, y también bastante codiciado por la biodiversidad, o al menos lo que queda de ella.

    Digo lo que queda de ella porque el cauce sigue seco y, prácticamente, todos los seres vivos que dependían del canal paraguayo ya perecieron. Los famosos yacarés, en su mayoría, murieron y solo sobreviven unos pocos que, por subsistencia, han invadido los tajamares de las numerosas estancias de esa zona del país.

    La catástrofe ambiental ya no es una novedad. Tampoco lo es que las autoridades que deben velar por la entrada del agua del Pilcomayo sigan cometiendo los mismos errores, pese a la experiencia del desastre que se sufrió hace unos pocos meses.

    Todo el teatro para responsabilizar a alguien terminó. La famosa auditoría del MOPC quedó en la nada, y hoy siguen con lo mismo.

    Actualmente, están terminados casi 50 km de canal, pero, a esta altura, aún no se tiene lo principal, que es la famosa nueva embocadura o nuevo canal artificial, que debe construirse en territorio argentino. Este nuevo canal era la solución milagrosa para la entrada del agua al país con mayor facilidad.

    ¿De qué sirven 50 km de canal sin la embocadura? Es como colocar cañerías de agua potable sin un pozo de abastecimiento. Hace cuatro meses que se reactivaron las obras de limpieza de los sedimentos en el canal paraguayo del Pilcomayo, pero en esos meses, tanto el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones como la Cancillería no pudieron conseguir los permisos pertinentes de Argentina para construir el “prodigioso” canal, que facilitaría el ingreso abundante de agua al territorio nacional.

    Por esta negligencia, una vez más, el país corre el peligro de quedarse sin el agua en el Pilcomayo. Para más colmo, ambas instituciones salen ahora con la historia de responsabilizarse mutuamente de los atrasos, siendo que ya no hay tiempo.

    La empresa que está ejecutando las obras en el Pilcomayo habla de que requerirá 30 días construir el nuevo cauce de 750 metros, con un ancho de 15 metros y una profundidad de cinco metros, en el lado argentino, que será la nueva embocadura.

    Sin embargo, en ese mismo periodo ya se espera la primera riada. Esto significa que si se adelanta la llegada del agua, las obras no se podrán ejecutar, y hay un riesgo inminente de que el país siga con un Pilcomayo seco, lo que sería una doble calamidad.

    Las autoridades del MOPC ya no pueden seguir esperando para iniciar las obras de la nueva embocadura, o de lo contrario el agua que ingrese al país será insuficiente y se volverá a secar en poco tiempo. Lo cierto es que ya no hay más tiempo, por lo que debemos pedir a todos los santos que atrasen un poco más la crecida del río Pilcomayo, y de paso que nuestras autoridades hagan su trabajo.

    Por Víctor Ferreira

    http://www.ultimahora.com/el-pilcomayo-aguarda-un-milagro-n1040179.html

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    Publicado por Anónimo | 19 noviembre, 2016, 5:41 pm
  3. Malversación de la razón

    Por Mabel Rehnfeldt

    La interpelación al ministro Ramón Jiménez Gaona por el caso Pilcomayo arrancó prometedora. Irrebatible en datos y argumentos. Arnoldo Wiens se paró con tres biblioratos de pruebas.

    Al ministro Jiménez Gaona se le demostró que él no podía alegar desconocimiento de lo que ocurría en el Pilcomayo porque había un campamento permanente del ministerio en la zona. Tampoco podía decir que la comisión es autónoma porque la cabeza del MOPC es quien preside y dirige por ley. La administración central de la Comisión era su responsabilidad al ser el ordenador de gastos.

    Intentó alegar desconocimiento de las auditorías y le exhibieron documentos que demostraban que tenía mesa de entrada en su oficina. Cuando se le preguntó en qué se gastaron los 10 millones de dólares, culpó a las empresas, pero, ¿quién había ordenado los desembolsos y bajo qué controles? Imposible pedir más contundencia a las preguntas que se hacían y menos certezas a las respuestas que iban saliendo.

    … hasta que apareció un yacaré de peluche. Igual que los de verdad, murió en las inexistentes aguas de la tragedia del Pilcomayo y las existentes aguas de una oposición que no está a la altura de las circunstancias.

    El senador Petta y su peluche evidenciaron varias cosas. La primera, el vedetismo de quien pensó que con la ridiculización podría ganarse puntos extras. Lo segundo, los votos duros de siempre que fueron los primeros en fugarse.

    Lo de Petta es indefendible por donde se lo mire, pero no menos cierto es que quienes se levantaron escandalizados son los mismos que nunca se escandalizan por otras bravuconadas, jaranas, jolgorios y pornografías varias que organizan, aprueban y festejan.

    La tragedia del Pilcomayo es demasiado grave para hacer vedetismo, para buscar excusas e irse. De un lado y del otro hicieron una tan tremenda malversación de la razón que todos nos quedamos con la sensación de que el Pilcomayo les importa un pito.

    Se salvaron del escrache ciudadano porque ocurrió el mismo día en que el intendente de Villa Elisa decretó que no se trabajaba de día porque había un partido de noche. Ocurrió el mismo día en que una ciudadana denunció en una comisaría de Alto Paraná que le robaron su cargamento de marihuana. Ocurrió el mismo día en el cual el concejal Hugo Ramírez organizó un “Poketour” donde pidió respaldo de funcionarios municipales para buscar pokémones en edificios históricos. Y ocurrió el mismo día en el cual Juan Vera, autodenominado titular de la Asociación de Usuarios y Consumidores (Asucop), dijo que los G. 1.800 millones que desaparecieron de APA fueron para pagar agua, luz, teléfono y sueldos.

    Un país de maravillas, don Herminio.

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    Publicado por Anónimo | 16 agosto, 2016, 6:41 am
  4. Pilcomayo ya no es noticia

    Por Rocío Portillo

    El Departamento de Presidente Hayes sufre dos problemas ambientales cíclicos. En la zona del río Paraguay, según la temporada. Inundaciones o sequías. En ocasiones, ambas al mismo tiempo.

    Conforme pasa el impacto de las publicaciones en los distintos medios de comunicación, y ahora también en las redes sociales; la situación va quedando en segundo o tercer plano a nivel país.

    Sin embargo, la naturaleza toda del XV departamento sigue padeciendo a causa de la irresponsabilidad humana, de las autoridades del Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC).

    La desidia de los encargados de velar por el ecosistema, la fauna y flora de nuestro país –la Secretaría del Ambiente (Seam) y la Comisión del río Pilcomayo– es tan clara que el año próximo se volverá a hablar de la crisis por un par de días, y luego todo pasará de nuevo al olvido.

    Durante la administración del Ing. Daniel Garay –al frente de la Comisión del Pilcomayo– se disponía de unos US$ 10 millones para la limpieza, dragado, y aberturas de canales del importante cauce hídrico, pero nada de esto se hizo.

    Llega agosto y de nuevo la esperanza para los pobladores de Presidente Hayes. Es un mes clave para el Pilcomayo, pues es cuando deberían iniciar los trabajos con miras al próximo año, si en verdad lo que se quiere es evitar el impacto negativo.

    En agosto de 2015 los trabajos no fueron hechos en ese mes y por esta razón cientos de animales, entre ellos yacaré, carpincho, tapir, murieron en el hoy árido recorrido del Pilcomayo.

    Para completar este panorama desolador en Presidente Hayes, ninguna autoridad reclamó los desvíos del cauce hacia territorio argentino, a pesar de que este hecho agravó aun más la situación, secando por completo el trayecto de agua que ingresa a nuestro país.

    El gran desafío está ahora en manos de Óscar Zalazar, al asumir la dirección de la Comisión del Pilcomayo.

    Es hora de otorgarles a estas tierras chaqueñas la importancia que se merece, contribuyendo en su desarrollo, y el bienestar de su población.

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    Publicado por jotaefeb | 31 julio, 2016, 6:21 am
  5. Pilcomayo, historia de una larga y cruel indiferencia

    La laguna Agropil, ubicada en el noroeste del departamento de Boquerón, se ha convertido en un cruel y lastimoso cementerio de animales silvestres, frecuentado por buitres que se alimentan de los restos de centenares de yacarés y esperan la muerte de otros ejemplares de la fauna que dan sus últimos estertores en el barro. El espectáculo, que se repite en otros reservorios de agua hoy igualmente secos, es sobrecogedor, y suele presentarse casi cada año, sin que a los funcionarios de los sucesivos Gobiernos de los últimos 25 años les haya conmovido esta terrible catástrofe ambiental. Ya ni se recuerda, por ejemplo, la laguna Tinfunké, otrora paraíso de la naturaleza, y otros lugares igualmente paradisíacos. Hasta las entidades ambientalistas y la Asociación Rural del Paraguay (ARP), que deberían haber pegado el grito al cielo ante tanta negligencia y tantas pérdidas, ahora se llaman a silencio o tienen tímidas reacciones que no condicen con la gravedad del caso.

    A más de los animales silvestres, se han perdido centenares de reses, pues la reserva de agua de numerosos ganaderos de la zona quedó vacía porque el agua del Pilcomayo de nuevo no llegó, esta vez por culpa de la negligencia del Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones y de la Comisión del Pilcomayo, cuyos funcionarios no tuvieron siquiera el valor de reconocer, hace un par de semanas, el resultado de su indignante desempeño. La catástrofe desatada –que el Presidente de la República mal puede seguir negando– no debe sorprender a quienes leyeron las notas publicadas por nuestro diario, en las que, a su tiempo, conocedores del tema advertían con mucha anticipación lo que iba a ocurrir si nuestro Gobierno no iniciaba con la premura requerida la limpieza del canal paraguayo de desvío.

    En la presente crisis, el 10 de noviembre del año pasado nuestro diario recordaba que en el 2014 el territorio paraguayo apenas había recibido las aguas del río Pilcomayo porque no se trabajó a tiempo, y advertía que todo indicaba que la historia se repetiría este año. Y así ocurrió. “Paraguay no dispone del tiempo necesario para rehabilitar en forma tanto la embocadura como el canal que conduce al río hasta el fortín General Díaz”, expresábamos ese día. Al día siguiente, 11 de noviembre, las autoridades informaban que recién se iniciaban unos trabajos que deberían haber empezado a más tardar en junio, lo que implicaba que sería “absolutamente imposible esperar que los trabajos terminen a tiempo”, es decir, a fines de octubre, agregábamos. El 29 de noviembre se dio cuenta de que pobladores de la cañada La Madrid habían informado inútilmente a los técnicos de la Comisión del Pilcomayo del riesgo de que se repita el “problema gravísimo” de 2014, cuando tuvieron “meses de aislamiento, animales muertos, daños en infraestructuras”.

    Siguiendo con el rosario de negligencias y desaciertos que las autoridades se empeñan en ignorar y buscan inútilmente desmentir, el 28 de enero de este año ABC Color anticipó que “este verano, Paraguay no recibe ni recibirá las aguas del Pilcomayo” porque, aparte de haberse iniciado con retraso, los trabajos de rehabilitación fueron mal diseñados y ya no hubo tiempo para corregirlos, habiéndose dilapidado, además, nada menos que cinco millones de dólares.

    Poco después, y recién luego de que el fiscal general del Estado, Javier Díaz Verón, constatara que el taponamiento del canal del río impediría por segundo año consecutivo que el agua del Pilcomayo ingrese en nuestro territorio, el ministro Ramón Jiménez Gaona intervino la Comisión y destituyó a su director Daniel Garay, para luego denunciarlo ante el Ministerio Público por el delito de lesión de confianza. El denunciado se desligó de toda responsabilidad, tanto en lo que respecta a las demoras como a las erogaciones, afirmando que la licitación comenzó en julio de 2015, que el proceso duró tres meses y que en octubre se firmó el contrato para el inicio de los trabajos, es decir, cuando ya debieron estar concluidos. En cuanto al uso de los fondos públicos –el presupuesto de la Comisión supera los diez millones de dólares–, se lavó las manos alegando que la administración estuvo a cargo del MOPC: “Todo lo que implique desembolsos, pagos e inversiones tiene lugar a través del ministerio”, dijo.

    Es indudable que la responsabilidad recae tanto sobre el MOPC como sobre la Comisión: ninguno de ellos puede rehuirla para desligarse de las incalculables consecuencias anunciadas con mucha antelación. No se trató de un hecho imprevisto. Como nuestro diario señaló el año pasado, “la desidia, inoperancia e irresponsabilidad en iniciar los trabajos de rehabilitación del canal paraguayo en el Pilcomayo se traducen en graves pérdidas ambientales y económicas para una extensa área que ocupa el valle de inundación en el Chaco paraguayo”. Como puede verse, las advertencias sobraban, pero la negligencia y la indiferencia continuaban.

    Es una historia de larga data. Se puede filmar una película con el mismo argumento año tras año. Apelando a la hemeroteca, se puede mencionar, por ejemplo, que en su edición del 23 de mayo de 1993, durante el gobierno de Andrés Rodríguez, nuestro diario publicaba un editorial titulado “Negligencia en el tratamiento del problema del Pilcomayo”, en el que afirmaba que “la desidia, la negligencia y la minimización del problema permitieron el desvío del río hacia territorio argentino”. Y concluía señalando que “a la urgencia de las obras ha de sumarse la certeza de su calidad. Algo que hoy no parece existir, en gran parte motivado por la desidia con que los funcionarios responsables han manejado este asunto”. Casi un cuarto de siglo después, podría publicarse, con puntos y comas, el mismo editorial, mientras la mentalidad de los funcionarios gubernamentales tampoco ha variado un ápice.

    En efecto, meses después de estallada la presente previsible crisis, el ministro Jiménez Gaona sostuvo, muy suelto de cuerpo, que se había montado todo un “circo político”, por haberse pretendido que una “situación natural sea responsabilidad de un ente que tiene capacidad presupuestaria de poder intervenir apenas puntualmente en unos pocos sitios”. Esa situación natural, cabe reiterarlo, se repite cada año, sin variación.

    La Asociación Rural del Paraguay, las entidades ambientalistas, los organismos públicos y privados que se ocupan de los indígenas, y los ciudadanos y las ciudadanas en general deben despertarse y exigir con firmeza al Gobierno que encare como corresponde, con inteligencia y honestidad, el grave problema del río Pilcomayo, el que, por negligencia y corrupción de funcionarios y sus cómplices en el sector privado, somete regularmente a una rica región del país a una situación de sufrimientos y pérdidas incalculables.

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/pilcomayo-historia-de-una-larga-y-cruel-indiferencia-1500872.html

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    Publicado por jotaefeb | 22 julio, 2016, 5:43 am
  6. El lenguaje de los cocodrilos

    Cinco años antes de su muerte —acaecida en el año 824—, el poeta Han Yu era gobernador de una región semibárbara de China llamada Chao Chou, la que hoy es la provincia de Cantón. En el vigésimo cuarto día del cuarto mes de 819, durante la dinastía Tang, Han Yu fue enviado por el emperador a dar solución a un apremiante asunto: la profusión de cocodrilos tenía a maltraer a los campesinos y devoraba su ganado. Ameritaba una intervención urgente de los representantes del Imperio.

    El poeta-gobernador llegó al lago en el que vivían los animales cuyos ejemplares más grandes medían hasta seis metros. Luego de lanzarles carne de cerdo y oveja, reclamó la atención de los reptiles a fin de dirigirles una exhortación oral para que los mismos se marcharan del lugar hacia el ingente mar. Les dio un plazo de tres días para su marcha, a riesgo de ser sacrificados con arcos y flechas envenenadas si no se retiraban obedientemente. (El plazo no parece casual: en aquel tiempo se acostumbraba a lanzar al agua al acusado de un crimen, y si sobrevivía luego de tres días en medio de los cocodrilos, era indudable su inocencia. Ahora los cocodrilos tenían tres días para someterse a la ley de los humanos).

    No hizo falta esperar las setenta y dos horas impuestas: esa misma noche, una tenebrosa tormenta apocalíptica se abatió sobre Chao Chou y los cocodrilos, simplemente, ya no estaban a la mañana siguiente. No lo estuvieron durante los siguientes cien años, cuando regresaron para ser testigos de la decadencia del Imperio.

    El brillante ensayista estadounidense Eliot Weinberger (traductor admirado de Octavio Paz al inglés), en su libro Rastros kármicos (1980), ve en esta “singular respuesta burocrática confuciana” una última escenificación de la límpida comunicación que existía entre los animales y las personas, con las mismas palabras que utilizaban los humanos para comunicarse con otros humanos. Ese vínculo sería devastado por el fárrago metropolitano, por el auge de las ciudades. Lo cierto es que los cocodrilos tenían los mismos derechos y obligaciones que aquéllos. Porque formaban parte de una misma ecología cultural. El Estado cumplía con su tarea jurídica antes de, simplemente, exterminarlos.

    Los cocodrilos del Pilcomayo chaqueño no tienen idea de qué es el Estado paraguayo. Más de once siglos después, no hay poeta-gobernador nacional que los exhorte a salvarse, como antaño. Mucho menos que los proteja, como representante estatal pertinente. Hoy el burócrata, por lo común, habla una lengua extraña que los cocodrilos no entienden, aun cuando aguzan los oídos para escuchar la jerigonza gubernamental, mientras se debaten en el cieno. La lengua del burócrata es la lengua de Horacio Cartes. Es decir, un trabalenguas fatídico. Por lo que, parecer ser, los cocodrilos están condenados a la incomunicación y la muerte.

    Por Blas Brítez

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    Publicado por jotaefeb | 15 julio, 2016, 3:08 pm
  7. Pilcomayo en emergencia desde hace casi un siglo
    4 julio, 2016

    Por: Telmo T. Ibáñez Jara

    Paraguay sigue siendo uno de los pequeños santuarios ecológicos del mundo, con una gran variedad de especies de la fauna como de la flora, las limitaciones tecnológicas, como del desarrollo de la agro-industria ha frenado naturalmente el avance del “modernismo” y aún podemos hablar de pequeñas reservas forestales como faunísticas a pesar del fenómeno del Pilcomayo.

    Hoy, como casi todos los años en que el río Pilcomayo no recibe la suficiente cantidad de agua proveniente de las montañas bolivianas, de nuevo el principal curso de agua que baña el Chaco Sudamericano de oeste a este con sus más de 2 mil kilómetros de extensión es nota de tapa y de titulares de los medios masivos de comunicación.

    Una vez más se lo declara al río Pilcomayo en emergencia ambiental, debido a la crisis que se registra en el cauce hídrico, donde varios animales mueren a consecuencia de la falta de agua, se sabe además que enormes superficies destinadas a pastoreo están desiertas, lo que ocasiona la extinción de la vegetación de la zona.

    Con la declaración de emergencia ambiental, se buscará nuevamente recomponer el ecosistema y paliar en forma inmediata y urgente la disminución significativa del caudal ecológico del río Pilcomayo y los cauces en el lado paraguayo, para garantizar los derechos socioambientales.

    Esto significa un gran compromiso a la Secretaría del Ambiente (SEAM), el cumplimiento inmediato de sus obligaciones legales y reglamentarias, que garanticen el restablecimiento del ecosistema del río.

    La SEAM ya tiene identificados 4 puntos donde hay acumulación de animales silvestres afectados por la sequía, como nunca se viene tomando interés al tema y se espera que la sociedad civil y las instituciones no gubernamentales que operan en el país contribuyan por el restablecimiento ecológico en la zona.

    Será de sumo valor igualmente el aporte de la Comisión de Energía, Recursos Naturales, Población, Ambiente y Desarrollo Sostenible del Poder Legislativo y la Comisión Nacional de Defensa de los Recursos Naturales (CONADERNA), a constituirse como comisión especial de monitoreo de las acciones realizadas por las autoridades ambientales.

    Pero tanto la SEAM como las comisiones especiales, las autoridades; del Ministerio Público, los jueces, las de las gobernaciones departamentales, de los municipios de influencia y los propietarios de la vasta región chaqueña deben comprometerse en serio en velar esta región, antes que se convierta definitivamente en un gran desierto.

    Deben terminar las incoherencias en un país que llora por la mortandad de animales silvestres, los yacarés, carpichos, tapir (mborevi) y miles de peces así como otros anfibios muy poco mencionados porque viven la mayor parte del tiempo sumergidos.

    No se escucha la misma voz de alerta ante la deforestación que se viene dando al galope en todo el territorio nacional, tampoco en los casos de la venta desmedida y ofensiva de los animales silvestres en todo el territorio nacional como la tenencia en cautiverio de los mismos en poder de “Grandes Varones Ecologistas”.

    A todo esto si sumáramos las represas, el uso indebido de todos los cursos de agua para los desagües hasta cloacales como lo hacen los propietarios de industrias y la misma ESSAP terminaremos como siempre mirándonos a los ojos con una mea culpa generalizada.

    El problema de la colmatación del Pilcomayo no es algo nuevo, se trata de un fenómeno del que empezaron a comentar los mismos soldados que estuvieron defendiendo el territorio nacional durante la Guerra del Chaco, en el entonces impenetrable infierno verde. A casi un siglo, poco o nada se ha hecho en el lado paraguayo para corregir la colmatación que evita que el agua ingrese a territorio paraguayo.

    Hoy resulta fácil en un año en que se habla tempraneramente del proselitismo del 2018, echar la culpa a los gobernantes actuales sin considerar los errores o desidias que está a punto de cumplir su primer centenario, mientras la fauna y la flora guaraní tiende a extinguirse.

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    Publicado por jotaefeb | 5 julio, 2016, 5:41 am
  8. El lenguaje de los cocodrilos
    Por Blas Brítez

    Cinco años antes de su muerte —acaecida en el año 824—, el poeta Han Yu era gobernador de una región semibárbara de China llamada Chao Chou, la que hoy es la provincia de Cantón. En el vigésimo cuarto día del cuarto mes de 819, durante la dinastía Tang, Han Yu fue enviado por el emperador a dar solución a un apremiante asunto: la profusión de cocodrilos tenía a maltraer a los campesinos y devoraba su ganado. Ameritaba una intervención urgente de los representantes del Imperio.

    El poeta-gobernador llegó al lago en el que vivían los animales cuyos ejemplares más grandes medían hasta seis metros. Luego de lanzarles carne de cerdo y oveja, reclamó la atención de los reptiles a fin de dirigirles una exhortación oral para que los mismos se marcharan del lugar hacia el ingente mar. Les dio un plazo de tres días para su marcha, a riesgo de ser sacrificados con arcos y flechas envenenadas si no se retiraban obedientemente. (El plazo no parece casual: en aquel tiempo se acostumbraba a lanzar al agua al acusado de un crimen, y si sobrevivía luego de tres días en medio de los cocodrilos, era indudable su inocencia. Ahora los cocodrilos tenían tres días para someterse a la ley de los humanos).

    No hizo falta esperar las setenta y dos horas impuestas: esa misma noche, una tenebrosa tormenta apocalíptica se abatió sobre Chao Chou y los cocodrilos, simplemente, ya no estaban a la mañana siguiente. No lo estuvieron durante los siguientes cien años, cuando regresaron para ser testigos de la decadencia del Imperio.

    El brillante ensayista estadounidense Eliot Weinberger (traductor admirado de Octavio Paz al inglés), en su libro Rastros kármicos (1980), ve en esta “singular respuesta burocrática confuciana” una última escenificación de la límpida comunicación que existía entre los animales y las personas, con las mismas palabras que utilizaban los humanos para comunicarse con otros humanos. Ese vínculo sería devastado por el fárrago metropolitano, por el auge de las ciudades. Lo cierto es que los cocodrilos tenían los mismos derechos y obligaciones que aquéllos. Porque formaban parte de una misma ecología cultural. El Estado cumplía con su tarea jurídica antes de, simplemente, exterminarlos.

    Los cocodrilos del Pilcomayo chaqueño no tienen idea de qué es el Estado paraguayo. Más de once siglos después, no hay poeta-gobernador nacional que los exhorte a salvarse, como antaño. Mucho menos que los proteja, como representante estatal pertinente. Hoy el burócrata, por lo común, habla una lengua extraña que los cocodrilos no entienden, aun cuando aguzan los oídos para escuchar la jerigonza gubernamental, mientras se debaten en el cieno. La lengua del burócrata es la lengua de Horacio Cartes. Es decir, un trabalenguas fatídico. Por lo que, parecer ser, los cocodrilos están condenados a la incomunicación y la muerte.

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    Publicado por jotaefeb | 4 julio, 2016, 5:39 am
  9. Responsabilidad directa del ministro de Obras Públicas

    A medida que se agrava la sequía a lo largo de la margen paraguaya del río Pilcomayo y los medios de comunicación captan y difunden escenas dramáticas del daño ambiental causado por la falta de agua en la árida región donde la vida humana y la animal dependen vitalmente del líquido elemento, el ministro de Obras Públicas y sus voceros se han enfrascado en una extraña guerra semántica con los periodistas que cubren los pormenores del terrible drama de desolación y muerte que afecta a la biodiversidad asentada en la zona y concomitantemente a la gente que allí vive, mayormente pueblos originarios y pequeños ganaderos.

    No es difícil entender por qué el ministro Ramón Jiménez Gaona se resiste a admitir la trágica realidad de lo que sucede actualmente en la cuenca del río Pilcomayo. Lo que a toda costa el Gobierno del presidente Horacio Cartes se niega a reconocer es que su administración tenga que ser culpable de las chambonadas y desmanes cometidos por su “selección nacional” de ministros y jefes de instituciones públicas en perjuicio de la ciudadanía, tales como la inseguridad, la corrupción pública, la desatención de la salud, de la educación, entre otros déficits de gestión pública que se han agudizado bajo su mandato.

    Pero, aunque la manipulación semántica a la que ha apelado el ministro Jiménez Gaona pueda resultarle políticamente eficaz para encubrir su inoperancia de gestión institucional, resulta menos obvio que pueda convencer a la gente de que la sequía del Pilcomayo es obra del capricho de la naturaleza y no de una chapucería de la Comisión del Pilcomayo, repartición estatal bajo su directa autoridad. Menos aún de que la catástrofe allí desatada sea una mera cuestión de percepción, o un “circo político”, y no una realidad visible y tangible para quien lo quiera comprobar.

    El hecho concreto es que el cauce del río está seco porque no se hicieron bien ni en tiempo oportuno los trabajos para captar la poca o mucha agua que podría haber entrado en la estación de lluvias en su cuenca del Altiplano. Desde los tiempos de la dictadura stronista nuestro diario se ha hecho eco de la preocupación de la gente afectada, y de la ciudadanía en general, por la suerte del errático curso del río limítrofe con Argentina en el sentido de que el Gobierno nacional cuidara que la cuenca de nuestra margen recibiera igual caudal de agua que la argentina, por el desastre ambiental que con frecuencia ocurría y ocurre por descuido o negligencia de las autoridades nacionales responsables de velar por el equitativo aprovechamiento binacional de las aguas que bajan turbias desde Bolivia, pero que no por eso dejan de ser esenciales para la vida animal, vegetal y humana de la región.

    Contrariamente a lo sostenido por el ministro de Obras Públicas y Comunicaciones con anterioridad y en esta ocasión, el ingeniero Fernando Talavera, del consorcio Talavera-Ortellado, contratista responsable de los trabajos de limpieza del canal de embocadura del río Pilcomayo, afirmó que ellos se limitaron a cumplir las instrucciones técnicas recibidas de las autoridades de la Comisión Nacional del Río Pilcomayo, dirigida por su defenestrado titular, ingeniero Daniel Garay. Dijo que recibieron un simple croquis de situación general y no los planos detallados de ejecución, como correspondía. El técnico responsable de los trabajos de campo encomendados al consorcio tras ganar la correspondiente licitación el año pasado comentó en conversación con ABC Cardinal que la limpieza del cauce no se inició en la ribera más próxima por donde corre actualmente el río, sino a 1,58 kilómetros de ese punto, por lo que en la práctica desde el primer momento no existía ninguna posibilidad de captar agua para conducirla a territorio paraguayo.

    Agregó que advirtieron de esta incongruencia técnica a las autoridades de la Comisión, pero que estas se reafirmaron en que la boca del canal a excavar se mantuviera en el sitio indicado en el croquis de referencia. Aparentemente, el director de la Comisión tenía el convencimiento de que la margen más cercana para abrir una embocadura se encontraba en territorio argentino, por lo que campantemente ordenó la apertura de un canal que no serviría absolutamente para la finalidad propuesta, aunque costó la friolera de unos US$ 5 millones, según informe del propio Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones.

    Siempre a estar por el testimonio verbal del ingeniero Talavera, la licitación para encarar el trabajo de limpieza del cauce colmatado se procesó tarde, recién en el mes de octubre del año pasado, con una costosa movilización de excavadoras mecánicas, sin que ningún técnico de la Comisión hiciera un reconocimiento previo del sitio de obra. Tampoco las autoridades responsables del Ministerio de Obras Públicas revisaron los planos elaborados por la Comisión para cerciorarse de su correspondencia con la finalidad propuesta.

    Por oportuno, recordamos a nuestros lectores que en su réplica a una advertencia de nuestro diario acerca de la mala calidad de los trabajos de limpieza que se estaban realizando en el sitio, en carta al director el ministro Jiménez Gaona rechazó con altanería nuestra bien intencionada y premonitoria advertencia, calificándola de antojadiza y disparatada. Ahora, en vez de asumir la responsabilidad invocada en oportunidad de satanizar nuestra opinión editorial, ante la consumación del hecho denunciado debiera tener la hombría de bien de reconocer su responsabilidad en la crisis que afecta al Pilcomayo.

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    Publicado por jotaefeb | 4 julio, 2016, 5:18 am
  10. Los incompetentes y corruptos

    Por Benjamín Fernández Bogado
    Si sumáramos la cantidad de dinero que pierde el Estado en obras mal hechas, ex profeso mal diseñadas, no controladas en tiempo y calidad, es probable concluir que el sinónimo de corrupción de “echar a perder”, domina el pasivo de nuestra realidad-país.

    Lo que acontece con el Pilcomayo es una muestra de desidia criminal.

    Desidia. No se hizo el trabajo donde debiera, se invirtieron casi cinco millones de dólares en el lugar equivocado, donde los mismos contratados sabían. Lo que nos lleva a concluir que existe una asociación montada para delinquir desde el mismo Estado.

    Desde ahí se hacen mal las cosas y los resultados terminan siendo como aquella ruta asfaltada de la que hoy solo queda el recuerdo en el mismo Chaco.

    Si fuéramos pragmáticos y honestos esta debería ser una obra de los menonitas que tienen equipos y hacen tareas viales en la zona. Ellos tendrían que ser contratados para dicha tarea y como tienen más ética que los funcionarios públicos locales, harían la tarea en tiempo y modo.

    Ahora no tienen agua en el Pilcomayo, ni aquella que venga por el acueducto mal hecho y menos de las plantas desalinizadoras montadas por Camilo Soares.

    El ministro de Obras, que nadie puede explicar por qué aún permanece en el cargo, les dice a todos que no se preocupen, que las lluvias de diciembre ¡resolverán todo! Lo afirma en junio, como si seis meses no fueran suficientes para producir una tragedia en la zona.

    Los incompetentes y corruptos en el Estado nos han hecho perder vidas y haciendas.

    Confiamos en ellos, les pagamos bien, se aprovechan de nosotros pidiéndonos que les demos un suplemento por presentismo y el nivel de respuesta es pésimo y criminal.

    Revuelta. Cuántas vidas se pierden en obras mal hechas, medicamentos vencidos o atención indebida todos los días, en un país donde el peso de los salarios cada día sube más para un pésima contraprestación.

    La revuelta social no solo se desencadenará en Paraguay por la inequidad social, sino por sobre todo por la incapacidad del Estado para responder a las necesidades de la gente.

    Cuando lamentemos perder la democracia por efecto y obra de los incompetentes y corruptos, nos pasará lo mismo que a Venezuela.

    Estado corrupto. No vemos que los partidos políticos entiendan esta ecuación simple, por eso siguen operando como estructuras obsoletas que pueden seguir haciendo lo mismo que han hecho hasta ahora. Alvin Toffler, quien falleció esta semana, lo había advertido hace más de 40 años, pero la resistencia al cambio y a creer que esto aún podría durar en la misma forma por muchos años más, le ha sacado entusiasmo y compromiso a la democracia.

    Ha servido a la consolidación de unas pocas fortunas, pero en el imaginario de la gente lo que vemos es un Estado incompetente, ladrón y corrupto, que se mofa de sus mandantes y de sus impuestos.

    Total –como lo dijo el ministro de Obras Públicas– lloverá dentro de seis meses y todo volverá a la “normalidad”.

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    Publicado por jotaefeb | 3 julio, 2016, 7:33 am
  11. Las emergencias reflejan la incapacidad del aparato estatal

    Durante esta gestión de gobierno han prevalecido las “emergencias”, muchas de ellas formalizadas por leyes, otras por decreto, otras por resoluciones y en otras, el Gobierno ha reaccionado solo a raíz de pérdidas humanas, como en el reciente caso de la Senad. Las emergencias, educativa, penitenciaria, vial, de tres departamentos, habitacional, del Pilcomayo, por las inundaciones, alerta epidemiológica por dengue, chikungunya, zika, e incluso la Senad, reflejan la incapacidad del aparato estatal y la ausencia de responsabilidad en el manejo de la cuestión pública por parte de autoridades y técnicos. Todos los problemas señalados fueron alertados con tiempo, incluso por otras instituciones públicas, o eran previsibles. Luego de tres años de gestión es inadmisible que se declaren en emergencia situaciones que debieron ser solucionadas o por lo menos mitigadas si se hubieran realizado las previsiones necesarias.
    Las emergencias, sean declaradas por ley, decreto, resolución o simplemente por lo acuciante de la situación, reflejan un problema grave de gestión, sobre todo cuando ninguna de ellas es producto de un evento imprevisto.

    Algunas de las razones que impulsaron la consideración de alerta o emergencia tuvieron sus inicios en gestiones anteriores y se agravaron con el tiempo o fueron asumidas como tales solo después de la indignación pública o la pérdida de vidas humanas.

    Empeora el escenario si se considera que instituciones públicas como la Contraloría General de la República y el Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura ya habían emitido informes que alertaban de situaciones específicas, como el despilfarro del dinero público en las municipalidades por la construcción de aulas escolares, el hacinamiento y los riesgos en el sistema penitenciario y en las constantes violaciones de las leyes de la Senad.

    ¿Era necesario que se perdieran vidas humanas para que las autoridades políticas y los técnicos se movilicen?

    Una situación similar ocurrió con el caso del Pilcomayo. Se puede discutir la gravedad o no de la situación ambiental. Lo que es indiscutible es la evidencia de que una comisión creada solo para este problema ejecutó recursos públicos, incluyendo sueldos, de manera totalmente ineficiente y además dejó que el problema se agravara.

    Después de tres años de estar en el gobierno, ninguna de las alertas o emergencias se fundamenta en urgencias inmanejables, sino más bien en la falta de compromiso de técnicos y autoridades que no supieron gestionar los problemas y se les fueron de las manos.

    La situación empeora si consideramos las soluciones previstas. Si en su momento no funcionaron los mecanismos que debieran haber alertado de la situación y garantizado acciones a tiempo, el riesgo de que con una declaración de emergencia formal se dilapiden recursos se suma a la ineficacia anterior.

    La declaración de emergencia por ley flexibiliza los procesos de contrataciones. Ya podría imaginarse lo que puede pasar con recursos públicos, por ejemplo en el caso de la emergencia educativa, si existiendo mecanismos de control para las contrataciones de construcción de aulas y de transparencia en la gestión se cayeron los techos. Si cuando existían mecanismos una gran cantidad de fondos fueron dilapidados, qué podría pasar sin esos mecanismos y con el agravante del tempranero inicio del proceso eleccionario.

    Si el Gobierno no quiere continuar de emergencia en emergencia, debe considerar rápidamente una evaluación de la gestión de todo su plantel de confianza y realizar los cambios necesarios.

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    Publicado por jotaefeb | 3 julio, 2016, 7:25 am
  12. Río tarambana

    Por Gustavo Laterza Rivarola

    Desde épocas muy antiguas es cosa sabida que el río Pilcomayo es caprichoso, quiere nomás luego andar por su cabeza y no le agrada que le indiquen por dónde transitar. Desde hace décadas, muchos hidrólogos vienen ofreciendo fórmulas para corregirlo y a todos se les escucha, porque, como es fama, en este cordial país recibimos todas las explicaciones y consejos que nos ofrecen los expertos y luego los archivamos con el mayor cuidado y respeto.

    Este río tiene talante propio. Los guaraníes los llamaban Araguay, los guaicurúes Guazutinguá, los chiriguanos Yetic y los quechuas Piscomayu, transformado en Pilcomayo, que es la voz que predominó. Nuestros indígenas, al igual que los africanos negros, antes de ser convertidos a las religiones de los conquistadores compartían creencias similares, el animismo, consistente en suponer que todos los objetos poseen ánima, es decir, voluntad, deseos, aversiones, temores, etc.

    Bien. Este animismo no desapareció del todo entre nosotros. “Se fue de mí el micro”; “se rompió el plato”; “me ganó la hora”; “el viento te quiere nomás luego resfriar”. ¿Qué tienen en común estos paraguayismos conocidos? Son resabios de nuestra cultura ancestral, porque es animista creer que carecemos de dominio sobre los espíritus de las cosas.

    El micro “se fue de mí” (ohoooo che hegui), porque se le dio la gana. El plato no se rompe por mi torpeza o mi culpa, ni siquiera por efecto de la ley de la gravedad, sino que él se arroja al suelo por sí solo, porque así lo ha decidido. La hora me gana porque el tiempo no desea detenerse a esperarme; hace lo que se le antoja sin importarse de mis apremios.

    En el caso de las cosas quebradizas, está en su naturaleza el deseo de hacerse añicos y nada les impedirá cumplir su determinación, en algún momento. No es tan curioso que, en este aspecto, nuestro animismo coincida con la teoría metafísica de las causas, de Aristóteles; concretamente, con la que él denomina “causa final”. La empleada doméstica sabe, al igual que Aristóteles, que la causa final de platos y vasos será romperse indefectiblemente, pues para eso han nacido y para eso existen; que ocurra en sus manos o en las de otro, es irrelevante.

    De igual modo hay que entender eso de que “la espina te quiere nomás luego hincar”, que a ciertas plantas “no les gusta” mucho el agua y que otras “se hallan demasiado mucho” en la sombra. “El sebo’i siempre te busca en el barro”, mientras que “el gusano quiere caminarte de noche”. En fin, compartimos este mundo con infinitos seres con deseos, decisiones e iniciativas.

    En este marco conceptual debe entenderse que, pese a los denodados esfuerzos que el Gobierno empeña en corregir el curso de las aguas del Pilcomayo, no consigue resultados. El río no quiere venir hacia este lado, prefiere ir hacia otro. ¿Y qué nos queda hacer contra su voluntad? Ahora los técnicos fijaron las coordenadas geográficas de una embocadura; todo estaba listo; todo bien anotado en el papel; los músculos en acción…, y entonces el ánima fluvial decidió desplazar su curso hacia el oeste; las obras se hicieron en un lugar por donde el río ya no tiene ganas de pasar.

    Esto induce a cuestionamientos serios. Se me ocurre que los psicólogos deberían investigar si la tercera ley del movimiento de Newton funciona también en el ámbito de la mente humana. Esta ley afirma que a la acción de un cuerpo sobre otro le corresponde una reacción directamente proporcional. Así, para sostener algo en la mano, debo ejercer sobre él la misma presión que la que ejerce sobre mí.

    Tal vez algo así funcione análogamente en el ámbito psicológico. Podría estar sucediendo, pongamos por caso, que a cada idea inteligente que se forma en una mente humana, inmediatamente se genere en otra mente, como reacción, una idea estúpida directamente proporcional y contraria. Ahora, por ejemplo, ya hemos hecho el canal por donde el agua ya no pasa; solo nos falta hacer el puente para poder cruzar ese canal. ¡Hagámoslo! Aunque el río no quiera. ¡A ver si nos ponemos todos caprichosos!

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    Publicado por jotaefeb | 3 julio, 2016, 7:13 am
  13. El precio de la inutilidad

    Una sequía tremenda enfrenta nuevamente el Chaco paraguayo. Cientos de animales muertos de diversas especies cubren gran parte de la zona sin agua. Además, los productores se disputan por la poca agua disponible. El terrible daño ambiental fue a causa de un error en la apertura de un canal del río Pilcomayo, ejecutado por una empresa privada contratada por el Ministerio de Obras Públicas (MOPC). La licitación se efectuó sin un estudio topográfico por lo que el canal se abrió en un arenal y pese a la advertencia de la firma privada, el MOPC no corrigió el error y dejó sin agua a toda la zona.
    Es decir que, pese a las millonarias inversiones públicas no se evitó el grave daño ambiental por la inoperancia de las autoridades. Entre el 2006 y 2016 la Comisión del río Pilcomayo recibió unos G. 410.500 millones para mantener óptimo el canal del río pero la realidad raya lo catastrófico.
    Estos manejos hacen que el país siga estancado en el tiempo. Se pasan años gastando exorbitantes sumas en proyectos inútiles que no solucionan los problemas de fondo. Poco después se vuelve a inyectar dinero público en otros proyectos parche y así se convierte en un círculo vicioso. Ocurre con la reforma agraria, el tema indígena, la salud pública, por citar algunos problemas sociales con histórica falta de solución.
    Esto impide que avancemos hacia otros sectores, ocuparnos de otros problemas y así aprovechar mejor las oportunidades, recursos y energías para afrontar las necesidades, que aquejan a nuestro país.
    El grave problema que hace que siga todo este derroche del dinero público es la terrible impunidad de los malos administradores. No reciben ningún castigo y muchos menos responden por el dinero perdido por su inutilidad, cuando no por corrupción.
    Los desastres ambientales, muertes por falta de atención médica, niños sin aulas son algunos de los precios de la inutilidad, la corrupción y la impunidad.

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    Publicado por jotaefeb | 30 junio, 2016, 8:40 am
  14. Cartes, el yacaré overo

    Por Miguel H. Lopez
    Solía decir que el presidente de la República es ignorante. Que esa es una de las principales razones por las que cada tanto dice barbaridades, desconoce situaciones y elude asumir las responsabilidades que le devienen de ser mandatario de un país. Pero últimamente me vengo rectificando y diciendo que este tipo, en realidad, es un mediocre, para no decir cosas más fuertes.

    Su última gansada –la del yacaré que tenemos en muchos modelos desde 2001 a 2016, al referirse al desastre ecológico en el río Pilcomayo– ya a nadie sorprendió. Provocó hilaridad y burla.

    De hecho, como me suelen decir muchos colegas periodistas, de Cartes no se puede esperar nada bueno, nada serio, nada sensato ni coherente. En síntesis, vyrorei la imundo y viceversa. Y en consecuencia, así le va al país y a nosotros, a los tumbos.

    Pero detrás de la anécdota, que termina siendo en parte un telón de humo para lo crítico de lo que anda pasando, hay mucho del desinterés del mandatario hacia lo que ocurre, la inutilidad supina de sus asesores y la incapacidad política y moral de quienes lo acompañan en esto, que para él, es una aventura más como empresario que alquiló un partido para probar qué se siente ser presidente, hasta que se aburra (que creo se aburrió hace mucho, porque el sillón del poder no contiene ni el éxtasis, ni la adrenalina ni el lucro, en el volumen que buscaba).

    Y ahí es donde uno puede entrar a jugar con las ideas del presidente. Con sus fantasmas y alucinaciones. Con sus aventuras y desventuras, porque finalmente él es quien abre las compuertas para dar cabida a todo tipo de acciones y reacciones.

    Por supuesto, no hay derecho a picharse, porque quien lo hace pierde. Y Cartes, se picha fácil. A tal punto, que en la entrevista colectiva donde dice el disparate de los modelos de yacaré, cuando él instala que hay quienes manipulan los medios y que “hay mala fe” y “exceso de maldad en el manejo de la información” periodística, alguien le pregunta si hay un sector que desestabiliza; y él responde: “No sé. Yo creo que ya comenzó la hora de las preguntas muy interesantes, muy buenos días para todos…”. Y se va… Oñemyrõ.

    Esa es la línea errática que viene manteniendo el actual Gobierno en todas las áreas. Lógicamente, los resultados también son confusos, irresueltos y caóticos. No hay situación de crisis, de la naturaleza que sea, que haya sido manejada en forma y fondo. Siempre la respuesta es a la defensiva, con zonceras y tarde, muy tarde. Como el envío de camiones cisternas y una manguera para intentar llenar a cuentagotas el Pilcomayo.

    En paraguayo castizo diríamos: “Na iporãi esta amenaza”. No, definitivamente, no es buena. Para un país, con pésima distribución de las riquezas, es letal tener mandatarios y manejos como los que nos tocan. Y la responsabilidad es de quienes dieron de comer y engordaron al chancho…

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    Publicado por jotaefeb | 30 junio, 2016, 5:46 am
  15. De modelos de yacarés y presidentes
    Por Liliana Pesoa

    Tenemos presidentes año 2008 al 2012: Modelo popular-socialista; 2012 al 2013: Modelo impopular-oportunista; y 2013 al 2018: Modelo empresarial-mamarracho; sólo por citar algunos. Ninguno es 0 Km, al contrario, con varios kilómetros de uso y sin mantenimiento técnico al día, lo que nos causa varios dolores de cabeza ya que dejan al país a mitad de camino.

    Una vez más las desafortunadas palabras del presidente de la República Horacio Cartes, provocaron todo tipo de burlas de la población, al referirse sobre la situación del río Pilcomayo. Además de minimizar el estado lamentable y olvidado en que se encuentra esta zona del país, aseguró que los medios de comunicación manipulan la información y que esta es una situación que se registra cotidianamente.

    El mandatario ya había tomado en broma una preocupante situación ambiental que se registró tras la intención de explotar en el Cerro León. Consultado sobre el tema sorprendió con una llamativa respuesta: “Vamos a ponerle una jaula”.

    Esta vez se tomó con los yacarés y la lluvia de críticas no se hizo esperar. “Tenemos yacaré desde el año 2001 al 2016; hay varios modelos de yacaré que tenemos. Que hay una situación crítica, hay una situación crítica, pero creo que hay una mala fe en el manejo de la información de algo que está ocurriendo cotidianamente y no es la manera de cuidar el país”, dijo Cartes en el aeropuerto Silvio Pettirossi a su arribo de Panamá, el lunes pasado. Evidentemente esto va más allá de una inoperancia de sus asesores, esto se trata de un desconocimiento total de lo que pasa en su país, el país que gobierna. Es muestra del desinterés por los temas esenciales que ocurren a su alrededor. Horacio Cartes, se pudo haber interesado, por ejemplo, en saber porqué la Comisión del Río Pilcomayo recibió un presupuesto global de USD 75 millones (alrededor de 410.500 millones de guaraníes) para supuestamente mantener en óptimo estado el canal del río, entre el 2006 y el 2016, pero actualmente la realidad es otra. Sin embargo, salió al paso para desmentir una situación alarmente asegurando que las imágenes que salieron a la luz este año corresponden al 2001.

    Ahora lo que queda es esperar el informe que pidió la comisión de Recursos Naturales de la Cámara de Senadores sobre una desembocadura que dirige el agua hacia el lado argentino, en una zona donde no estaba acordado. Además se pedirá a la Cancillería una explicación sobre si la toma de agua del 2013 al 2016 fue acordada “o fue una toma de agua inconsulta en la zona de embocadura”.

    Esta sería una de las causas de la falta de ingreso de agua al Pilcomayo, en el lado paraguayo, sumado a las deficiencias técnicas y financieras, según la mencionada comisión de la Cámara Alta. Esta serie de desaciertos puede costarnos muy caro.

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    Publicado por jotaefeb | 29 junio, 2016, 5:49 am
  16. Lamentablemente la Seam no está a la altura de las circunstancias
    Jun 27, 2016

    Con el drama del cauce seco del río Pilcomayo, que está causando la mortandad de miles de animales silvestres, es oportuno recordar que este mes, habíamos celebrado el Día Mundial del Ambiente, específicamente el día 5 último. Es entonces propicia la ocasión para reflexionar y llamar de nuevo la atención de las autoridades públicas –empezando por la Secretaría del Ambiente (Seam) y siguiendo con las municipalidades y las ONG involucradas (o que presumen de estar) con la defensa de los recursos naturales, muchas de las cuales reciben fondos del Estado y de organismos internacionales para financiar sus proyectos– acerca del preocupante deterioro ambiental de nuestro país.
    En virtud de la Ley 1561/00, se constituyó a la Seam en el organismo estatal con facultad específica en la materia que su denominación indica, entre las cuales está la muy principal de definir las líneas prioritarias del planeamiento y acción estatal en el ámbito de lo ecológico, especialmente en lo que concierne a resolver sus numerosos puntos de fricción que diariamente surgen con las actividades económicas y con las iniciativas destinadas a encarar soluciones para las necesidades sociales, principalmente con los aspectos de vivienda y urbanismo.
    Está visto así que la Seam, a través de este tiempo transcurrido y de las varias jefaturas que tuvo bajo los sucesivos gobiernos, no pocas veces ignoró su papel y se desentendió de sus obligaciones, sobre todo cuando había presiones políticas de por medio.
    Casi todos los meses surge un problema ambiental del cual la Seam no se entera sino cuando la situación llega a niveles de escándalo. Un ejemplo de esto ilustra lo que está ocurriendo en el Chaco paraguayo, con el río Pilcomayo, en una tragedia que “se veía venir”, pero aparentemente no interesó a los responsables de la SEAM ni del MOPC.
    Desde hace tiempo se viene observando cómo las condiciones ambientales se están degradando en todo el país. Un caso que no por antiguo y repetido en las noticias es menos vergonzoso y peligroso, representa la devastación de bosques en las dos regiones del país, que redujo nuestro patrimonio forestal natural a un alarmante 14%, o menos aún, en relación con lo que teníamos hace medio siglo. Un reciente informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) ubica al Paraguay en el sexto lugar de los más deforestados del mundo.
    Otro recurso natural, de los más valiosos, cual es el agua potable, carece de medidas prácticas de protección. Parecería que el Gobierno solamente ve al agua como un recurso económico, de modo que va otorgando derechos de explotación comercial a diestra y siniestra, sin poseer siquiera la tecnología adecuada para medir el estado de las reservas y su capacidad de producir sin ir agotando irremisiblemente las fuentes naturales.
    A todo esto se suman otros problemas ambientales no menos riesgosos para el futuro inmediato, como el empobrecimiento de los suelos agrícolas, la calidad del aire urbano, la displicencia en la disposición de desechos de cualquier tipo, causante de la multiplicación de vectores de enfermedades, falencias que ponen en grave entredicho el principio constitucional del “derecho a un ambiente saludable” (art. 7), que postula que todos los paraguayos tienen derecho a vivir en un medio ambiente saludable y ecológicamente equilibrado. Nada de esto recibe el respeto debido de parte de las autoridades y de la propia población.

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    Publicado por jotaefeb | 28 junio, 2016, 5:50 am
  17. PROYECTO PANTALÓN
    Andrés Granje

    Lo que siempre sucede cuando se dan estos hechos, o se minimiza o se hecha la culpa a otros, lo extraño es que nadie ha dicho todavía que fue causa de la prensa sensacionalistas que maquinó toda la trama para vender más diarios o tener mas audiencia, ayer el titular del Ministerio de Obras Públicas (MOPC), Ramón Jiménez Gaona, Minimizó la situación. de sequia en el Pilcomayo señalando que “De ninguna manera hemos podido observar una situación de mortandad masiva y falta de agua”, afirmó. Por su parte los Fiscales Ambientales constatan grave sequía y la muerte de animales en el Pilcomayo. Por su parte, la SEAM señaló que ya fueron identificados los lugares sensibles sobre los cuales se ejercerá un plan de acción.

    Increible como difieren los criterios mientras el Ministro de Obras Publicas saca dramatismo al evento de por si grave, señalando mediante un comunicado que no halló rastros de alguna tragedia o catástrofe ambiental. Con esto, a nivel oficial se minimiza el desequilibrio ambiental que viene siendo plasmado en fotografías, filmaciones y testimonios de lugareños y equipos institucionales que ya se acercaron a los lugares donde se palpa la sequía del cauce del río Pilcomayo. Lo único que preocupa al Ministro Jiménez Gaona es el daño que puede causar a la ganadería, preocupación entendible y lógica que debe extenderse al ecosistema.

    Lo triste es que no aprendemos y siempre caemos en los mismos yerros, esta situación que se da, del no ingreso de las aguas con el deshielo de las cordilleras de los Andes, que llega al río Pilcomayo en territorio paraguayo, el deshielo se da con periodicidad cada año, no es nuevo, ya en años anteriores hará como 12 o 13 años y la periodista Evhany de Gallegos tenía un programa televisivo recorriendo el País, mostraba de forma desgarradora como perecieron los yacaré en la misma zona que ahora también se están muriendo por falta de agua, aquella vez también las autoridades del gobierno pese a los avisos que habría problemas se dejo pasar el tiempo y las consecuencias fueron devastadoras.

    Esta vez también desde finales de año se venía advirtiendo que el canal no estaba siendo limpiado de tal forma que cuando se diera la riada las aguas irían en su totalidad hacia el lado argentino, porque ellos si hicieron los deberes a tiempo y consecuentemente tuvieron el vital liquido imprescindible para la fauna, la flora, los habitantes y la ganadería, acá a pesar que se destino dinero suficiente para realizar el trabajo no se hizo, llegó el tiempo y el proyecto pantalón, así se denomina, por la semejanza de las dos entradas de agua, como en la manga de un pantalón, solamente la pierna dellado argentino cogiera agua en tanto la manga paraguaya quedó seca con estas penosas consecuencias.

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    Publicado por jotaefeb | 27 junio, 2016, 8:54 pm
  18. Verdades ocultas
    27 junio, 2016
    Por Santiago González

    Las medias verdades son mentiras completas, dice una frase que me viene a la cabeza cada vez que alguien desde la función pública, desde la prensa o desde donde sea pretende instalar algo que no es verdad o atenuar el efecto de una irrefutable evidencia. Conferencias de prensa enteras, programas de televisión, radio, comunicados y hoy las redes sociales son plataformas ideales para este tipo de operativos.

    Lo más reciente es lo que pasó en el caso del río Pilcomayo. Un video de ya hace un tiempo, compartido por un ciudadano que mostraba la crítica situación por la que animales de la zona estaban pasando debido a la sequía y sobre todo a la criminal corrupción, llamada injusta y elegantemente por algunos desidia o inoperancia del Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones.

    Las imágenes se viralizaron y hasta el propio Ministerio tuvo que salir a explicar sobre un sumario e intervención que le costó el puesto al extitular de la Comisión del Río Pilcomayo, Daniel Garay, a quien en documentos del MOPC acusan de haber manejado de manera irregular la institución a su cargo.

    Cuando desde el ministerio se dieron cuenta que todos eran conscientes que la responsabilidad no solo podía llegar a un funcionario de menor rango como Garay, aunque responsable directo del hecho, empezaron a desmeritar las denuncias diciendo que las imágenes ya eran viejas y que “solo eran unos cuantos cocodrilos los que habían muerto, lo cual es normal”.

    Sea uno o sean 100, sea una imagen actual o de unos meses no se puede manipular un hecho tan grave de una forma tan miserable. La única verdad es que el Pilcomayo está en crisis y que el MOPC es responsable de la crítica situación que vive, del abandono y de la corrupción.

    Un presupuesto de más de 10 millones de dólares que se borró sin que nada se haya hecho y sin que exista forma de justificar su destino. “No porque uno murió vamos a hablar de inseguridad” dijo Cartes alguna vez y no nos tomen por tontos, ya sabemos de lo que son capaces.

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    Publicado por Anónimo | 27 junio, 2016, 7:01 am
  19. La “culpa de la Prensa”
    26 junio, 2016
    Por Fernanda Robles

    Como ya estamos acostumbrados, nuevamente los trabajadores de la prensa somos los culpables de la alarma que generó el video de Don Zenón mostrando cómo los animales silvestres del Chaco morían por falta de agua. En el comunicado oficial del Ministerio de Obras Públicas, expresan claramente que los medios insistimos en la mortandad de animales cuando, supuestamente, se trata de imágenes de archivos que no corresponden a la situación actual del río.

    Probablemente, el video no corresponde a la zona donde su delegación fue a realizar las verificaciones, pero sí está claro que en algún lugar del extenso río, la vida silvestre se encuentra seriamente amenazada por la falta de sus aguas. No me sale de la cabeza la indignación que expresaba Zenón mientras trataba de mover a los que estaban atrapados en el lodo esperando la muerte.

    Y si, la prensa si tiene la culpa de la alarma que generó todo esto, porque si era por ellos, la situación dramática que está atravesando el río pronto alcanzaría mayores niveles de tragedia. Pero sí hay que aclarar que no tenemos la culpa de que falte agua. Esto es el resultado de la inoperancia, corrupción y negligencia de la Comisión Nacional del río Pilcomayo, que por mucho tiempo se dedicó a buscar canales para desviar 10 millones de dólares.

    El propio MOPC que hoy niega la situación crítica del río, había hecho una auditoría en donde constan que pagaron al jefe de obras de la propia comisión casi 80 millones de guaraníes por camionetas que no están funcionando, y cerca de 1000 millones de guaraníes en concepto de movilización de obras cuando cedieron su propio espacio a la constructora que, supuestamente, realizaba trabajos en la emboscadura.

    Al parecer, su intervención fue solo una cortina de humo, y ahora intentan esconder la basura bajo la alfombra. En las imágenes captadas el viernes, se ven a miles de cocodrilos hacinados en un estanque. Todos migraron hasta ahí, porque el resto del río del lado paraguayo está desapareciendo.

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    Publicado por Anónimo | 26 junio, 2016, 9:01 am
  20. Don Zenón

    Por Mabel Rehnfeldt

    Don Zenón es un productor de cebollas, amigo de uno de mis jefes. Así que cuando el año pasado empezamos a recibir sus videos y fotos mostrando que nada se hacía en el Pilcomayo, le creímos. El problema es que no servía de nada que le creyéramos porque en ese entonces todos –incluyendo la cúpula del MOPC y de la Rural del Paraguay– le creían más al entonces titular, Daniel Garay.

    Hoy se sabe que don Zenón contaba la verdad y que Garay mentía. El 19 de agosto del año pasado discutimos con Garay y quedó el registro en publicaciones digitales. Según él, ya todo estaba bien: “El agua ya entra al canal del río Pilcomayo”. Según él, no se veía nomás porque el agua iba a entrar despacio hasta cubrir los 400 kilómetros de extensión del curso hídrico. Según él, “en la embocadura donde ocurrió la colmatación ya removimos todo el sedimento y el agua está entrando al canal paraguayo”.

    Sin embargo, las fotos que llegaban decían otra cosa. A cada afirmación de él llegaba una reacción de la gente de la zona del Pilcomayo: Se veía gran parte del cauce seco. Garay, según denuncias, tenía un salario de 21 millones de guaraníes mensuales y era poco afecto a hacer horario en oficina pero gastó el año pasado G. 25.000 millones supuestamente para hacer trabajos de limpieza de la embocadura. Subió inclusive en un avión a varios líderes de opinión pública y los llevó a ver el Pilcomayo. Con uno de esos líderes –fallecido– discutimos agriamente: Él decía que estaba todo bien. Y si él, que representaba a los ganaderos, opinaba que convencían las explicaciones, ¿qué fuerza podíamos tener el resto para llevarles la contra?

    El senador Arnoldo Wiens, uno de los pocos que realmente se involucró, también iba y venía, se reunía con la gente. La preocupación subía de tono. Nos pasábamos fotos y filmaciones, nos avisábamos qué iba pasando, reuniones que se pedían, que el ministro, que el viceministro, que el titular del Pilcomayo, que la ARP. Sí. Pedíamos como si fuera un favor, una gentileza, una limosna que fueran a ver lo que pasaba.

    El colega Roque González Vera empezó a ilustrar con profusión y desde la zona lo que se venía. La mañana del 30 de noviembre del año pasado, cerca de las 7:00, discutimos por última vez –y grande– con Garay. Según él había “40 máquinas trabajando en el canal” (sic), lo mismo que repetía desde agosto. “Estamos preparados para recibir las aguas, no sabemos cuándo”. Con su habitual trato áspero sentenció: “la naturaleza es así”.

    Ha pasado casi un año y las advertencias de un productor de cebollas sin sueldo del Estado, sin conocimientos climáticos, viales o hídricos se han cumplido. Me pregunto qué estarán sintiendo ahora esas autoridades que saben que lo que decía no solo era verdad, sino que además no hicieron caso. Es cierto, Daniel Garay era la cabeza, pero encima de él había otras a las que estábamos alertando y que prometían soluciones. No pueden alegar que no sabían lo que ocurría.

    Ahora es tarde. Irremediablemente tarde. La catástrofe y una descomunal malversación de G. 25.000 millones ya se consumaron.

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    Publicado por Anónimo | 26 junio, 2016, 8:21 am
  21. Un repetido crimen ecológico con las aguas del Pilcomayo

    Las dramáticas escenas de animales agonizando en medio del barro, ante la falta de agua en el cauce del río Pilcomayo, constituyen un desastre ecológico repetido que se habría podido evitar con una buena gestión del MOPC. En el lado argentino no ocurre el mismo fenómeno, porque el canal funciona perfectamente y las aguas del mismo río son bien aprovechadas en tiempos de sequía. En el lado paraguayo, a pesar de que se gastaron 25.000 millones de guaraníes en ensanchar el canal, el agua no ingresa, condenando a los productores agropecuarios a un gran perjuicio y ocasionando un grave daño a la flora y a la fauna. Los responsables de este crimen ambiental deben ser debidamente sancionados.
    Aunque la Secretaría del Ambiente (Seam) ha intentado restarle importancia, asegurando que no hay necesidad de declarar emergencia ambiental, las imágenes de los centenares de peces muertos y de los numerosos yacarés enterrados en medio del barro hablan por sí solas. Nuevamente nos encontramos ante un verdadero crimen ecológico provocado por la sequía del río Pilcomayo, especialmente en la zona del Bajo Chaco.

    Lo más indignante es que esta es una tragedia repetida, que podría evitarse fácilmente, si se realizara un buen trabajo técnico, como lo hacen los argentinos en la parte que les corresponde, desviando parte de las aguas del río a través de un canal excavado hacia su ecosistema. Basta realizar un recorrido por la zona de Las Lomitas, en el norte de la provincia de Formosa, para admirar la gran riqueza de biodiversidad que mantienen en el sector del Bañado La Estrella, con un buen aprovechamiento del agua para producción y consumo humano.

    En el lado paraguayo está previsto mantener un trabajo similar, coordinado por la Comisión del Pilcomayo y ejecutado por el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC), pero a pesar de que esta secretaría pagó 15.000 millones de guaraníes al consorcio integrado por las empresas Talavera & Ortellado Construcciones (Tocsa) y Vial Sur, y otros 10.000 millones de guaraníes al Consorcio Margariño, el canal que excavaron del lado paraguayo no funciona, ya que no ha ingresado ni siquiera un hilo de agua a nuestro territorio.

    Los informes publicados en la prensa sostienen que los pagos se realizaron sin la correspondiente verificación de los trabajos realizados, que los cronogramas se adelantaron indebidamente, y que las empresas ni siquiera instalaron su propio campamento como establece el contrato, aprovechándose de la infraestructura del MOPC. Lo concreto es que se gastaron 25.000 millones de guaraníes en un canal que no funciona, y como consecuencia nos encontramos de nuevo ante un desastre ecológico en la cuenca del Pilcomayo y el Bajo Chaco.

    Ante esta grave situación, no basta con destituir al director de la Comisión Pilcomayo, Daniel Garay Palacios, y reemplazarlo por un nuevo funcionario, Óscar Salazar Yaryes, como ha ocurrido el lunes último. Son varios los responsables de esta negligencia criminal en lo ambiental, que deben ser debidamente individualizados, investigados y sancionados. Los propios ministros del MOPC y de la Seam tienen una directa responsabilidad en este desastre ecológico, que debe ser debidamente analizado, pero lo más urgente es tratar de reparar el daño, antes de que el perjuicio sea mucho mayor.

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    Publicado por Anónimo | 24 junio, 2016, 7:01 am
  22. Ineptitud y corrupción generan otra tragedia en el Pilcomayo

    La tragedia ecológica que supone la falta de agua en ciertas regiones chaqueñas es un hecho ya hartamente conocido por la población paraguaya, debido a las incontables veces que este problema se repitió a lo largo de nuestra historia reciente.

    La naturaleza resuelve el caso del suministro de agua a gran parte del Chaco occidental mediante las crecidas anuales del río Pilcomayo, las cuales se distribuyen a ambos lados de la frontera entre nuestro país y la provincia argentina de Formosa. Pero, como también es bien sabido, por las tantas oportunidades en que este problema salió a luz en los medios periodísticos, ese río arrastra mucho sedimento que hace que los canales por los que se escurre se colmaten y queden inservibles.

    Para resolver este inconveniente, todos los años se debe remover esos sedimentos de los canales con máquinas excavadoras. Para realizar este trabajo preventivo se creó una Comisión Nacional del Pilcomayo, integrada por numerosos funcionarios que disponen de equipamiento y de fondos suficientes para encarar su actividad.

    Como tantas veces ocurrió en el pasado, nuevamente este año tal Comisión –con sede en Asunción–, que ya estaba advertida de que tenía que poner manos a la obra lo antes posible debido a la sequía que se venía anunciando con mucha anticipación, por ineptitud y corrupción, encaró obras que no fueron fiscalizadas y que evidentemente no estuvieron dirigidas a la solución del problema de la falta de escurrimiento de las aguas del Pilcomayo hacia nuestro país, según se desprende de la denuncia presentada en la Fiscalía por el propio Ministerio de Obras Públicas. Su titular, el ingeniero Daniel Garay, tuvo en sus manos nada menos que diez millones de dólares para sufragar los costos de la conservación de los canales, pero no hizo nada. Hoy, ante su irresponsable inacción, fue destituido.

    Se informa que una parte del dinero disponible fue gastada en dichas obras cuestionadas. El ingeniero Óscar Salazar Yaryes, que fue nombrado para sustituirlo, realiza un vaticinio alarmante: “Quizás para los animales ya no haya tiempo”.

    La presidenta de una comisión vecinal de la zona La Chaqueña, cercana al Fortín General Díaz, Nirma de Kennedy, describió la dramática situación de la siguiente manera: “La pelea por el agua se puede ver alrededor de los pocos bolsones que se encuentran en pequeños cauces. Allí van animales de todas las especies, y cada uno hace lo que puede para tomar algo de agua”.

    La triste imagen de los yacarés chapoteando en los lodazales que quedan de los tajamares es también la sensación que proyecta esta Comisión irresponsable, insensible, que una vez más está acarreando y probablemente acarreará aún más cuantiosas pérdidas económicas para esa rica región y para el país en general, además de sufrimientos a la población. Es de presumir que en breve ocurrirá una mayor mortandad de ganado y de animales silvestres por la carencia de agua.

    ¿Y quién indemnizará a los damnificados? Porque los ganaderos ya contribuyeron con sus tributos a formar el fondo de diez millones de dólares con que se dotó a la Comisión. ¿Les indemnizará el Gobierno? Además, ¿cómo se repondrá al país de las consecuencias del desastre ecológico, de la gran fractura del equilibrio de la diversidad biológica, que se producirá indefectiblemente ante la gran sequía? La naturaleza tiene sus ciclos y los animales se acomodan a ellos, pero cuando el ser humano interviene y cambia esos ritmos abriendo canales de agua para luego dejar que se colmaten, solo consigue provocar graves cambios en el suelo y ocasionar la proliferación de agentes dañinos o de nuevas enfermedades.

    No se sabe si en la Comisión sobró algo de sus fondos originales o si está tan “seco” como el Chaco, y si también tendrá que salir a buscar aportantes. Por de pronto, su flamante titular anuncia que solicitará “asistencia internacional”. Es lo que siempre ocurre. Se crea el ambiente necesario para buscar nuevos aportantes y continuar endeudando al país. ¿Y los responsables de las crisis? Bien, gracias. Que se vean los que vienen.

    Los funcionarios públicos que incurren en tal clase de negligencia como la cometida por el ingeniero Garay y los demás miembros de la Comisión citada no tienen un solo atenuante que mostrar. No queda ningún adjetivo que pueda emplearse para describir con precisión la enormidad de su ineptitud, su indiferencia y la caradurez con que observan las consecuencias de sus omisiones. Como tantas veces ya ocurrió un percance similar, ¿podremos continuar confiando en que la tal Comisión Nacional del Pilcomayo sea un organismo capaz de ocuparse eficientemente del problema?

    En este sentido, lo que cualquiera puede observar con solo pasear por el Chaco es que en la zona donde viven y trabajan los menonitas ocurren muy pocos problemas por falta de organización o de previsión. Por lo tanto, si es que el Gobierno desea solucionar el relacionado con el ingreso de las aguas, debería encargar a la Gobernación de Boquerón la responsabilidad de entablar contactos con los directivos de las colonias e ir viendo la posibilidad de que sean los técnicos y colonos menonitas quienes se encarguen de la tarea de mantener abierto el canal paraguayo del Pilcomayo todo el año. Los trabajos saldrán más baratos y estarán mejor hechos, mientras un gobernador inteligente se ganará los votos de la gente beneficiada.

    Es de esperar que tanto el presidente Horacio Cartes como el ministro de Obras Públicas, Ramón Jiménez Gaona, comprendan la racionalidad de una propuesta tan simple como la que se expone, y decidan trasladar esa responsabilidad de la Comisión Nacional del Pilcomayo a la mencionada Gobernación chaqueña.

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    Publicado por Anónimo | 24 junio, 2016, 5:31 am

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