estás leyendo...
HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Diploma$

Nacional de Asunción. Nacional del Este. Nacional de Pilar. Nacional de Itapúa. Nacional de Caaguazú. Nacional de Concepción. Nacional de Villarrica. Universidad Católica. Columbia. Del Norte. Autónoma de Asunción. Autónoma del Paraguay. Autónoma de Luque. Autónoma San Sebastián de San Lorenzo. Autónoma de Encarnación. Autónoma del Sur.

La lista sigue con Universidad Hispano Guaraní para el Desarrollo Humano. Universidad Del Este. Comunera. Americana. Evangélica. Del Pacífico. Tecnológica Intercontinental. Técnica de Comercialización y Desarrollo. Politécnica y Artística. Del Cono Sur de las Américas. Iberoamericana. Metropolitana de Asunción. Integración de las Américas. Internacional “Tres Fronteras”.

Finaliza el listado con Hernando Arias de Saavedra. San Ignacio de Loyola. La Paz. Central del Paraguay. Privada del Guairá. Nordeste del Paraguay. De Desarrollo Sustentable. San Carlos. De San Lorenzo. María Auxiliadora. Española. Leonardo Da Vinci. Nihon Gakko. Privada “María Serrana”. Centro Médico Bautista. Santa Clara de Asís. Del Chaco. Gran Asunción. Adventista del Paraguay. Nacional de Canindeyú. Interamericana. Del Sol. Sudamericana. Paraguayo-Alemana de Ciencias Aplicadas. (fuente oficial).

Hay 54 universidades y 37 institutos superiores.

Y existen 4.500 carreras. O sea, ¡Paraguay, tu papá!

Esto significa que tenemos los mejores índices de educación universitaria en América porque si hay 4.500 carreras significa que casi todas son rentables: o sea, alumnos sobran. Esto desmentiría las tasas de analfabetismo, las historias de que en Paraguay hay deserción escolar por pobreza. Aquí parece que todos culminan la secundaria, ¡y casi todos tienen dinero para pagar a las universidades!

¡4.500 carreras! Esta cifra debería indicar que las 54 universidades y los 37 institutos superiores rebosan de bibliotecas, auditorios equipados, salas de conferencias, unidades informáticas, teatros, laboratorios para ciencias, salones de prácticas, hospitales escuelas, talleres, campus, campos de entrenamientos, proyectos para pasantías… ¡El saber en todas partes, ciencia para todos!

Y cuando uno está por explotar de alegría dice… un momento. Algo está mal. ¿Dónde están?

Y nos fijamos en las sedes, las llaman de garaje porque son idénticas. Algunas son piezas donde no podría estacionar ni un autito utilitario; tienen con suerte un pizarrón y varias sillas para vender sueños de licenciaturas y doctorados en forma de diplomas. Clases de dos horas de fines de semana. El título en cursos intensivos de pocos meses.

Pero hay una evidencia final que no resiste tanta mentira. Cuando se presentan currículums, cuando se toman exámenes para concursar, para becas, cuando se ven los escritos en las redes sociales, las opiniones en los digitales, los mediocres resultados laborales. Los escritos de algunos abogados, periodistas y licenciados en pedagogía. Los mecánicos dentales, técnicos en salud que salen a buscar trabajo. Los contadores y auditores, los ingenieros, los técnicos agrarios, los veterinarios… y un largo rosario de etcéteras.

Ahí es cuando las matemáticas no cierran: 54 universidades, 37 institutos superiores, 4.500 carreras… y quién sabe cuántos cientos de miles de ignorantes con títulos.

Por Mabel Rehnfeldt

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/diploma-1490874.html

 

Anuncios

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

15 comentarios en “Diploma$

  1. Desprestigio

    Un tema que si bien no es nuevo, en los últimos meses ciertamente ha recrudecido. Y decimos esto como consecuencia de todo lo que vemos a diario.

    Así las cosas, el concepto generalizado es que los abogados actúan profesionalmente de modo incorrecto, sea en el nivel en que fuere, atendiendo en sus estudios profesionales, asesorando clientes, siendo patrocinadores en un juicio, como funcionarios del Poder Judicial, etc.

    El otro concepto generalizado es que los Contadores, se encuentran siempre dispuestos a fraguar las Declaraciones Juradas impositivas, asesorando para que los clientes no formalicen sus actividades (sigan operando en “negro”) y concluyendo en sus auditorias que todo está en orden cuando no es así.

    Si hablamos de los inspectores de los organismos de Administración Fiscal, el concepto generalizado es que se hacen presentes en una actividad o negocio, buscando descubrir algo de modo que mediante un hecho no ético aparezca en su informe que nada se ha hallado. Cuando en verdad es que hay una buena partida de temas de incumplimientos sobre los cuales, aparte de los impuestos no ingresados, habría que adicionarle multas, recargos, etc. Y puesto que nada se ha encontrado, los referidos funcionarios inspectores reciben un reconocimiento por no informar la verdadera situación hallada.

    En relación con los profesionales en Medicina, el tema no varía en demasía ya que se dice de ellos que recetan lo que no corresponde, siempre están “arreglados” para ello con la farmacia o droguería tal, y hasta programan cesáreas innecesarias de modo de incrementar sus honorarios y los de todos los que participan (asistentes, instrumentistas, anestesistas, etc.)

    También si consideramos a todas las agencias o entidades que hacen encuestas sobre temas políticos nos encontramos con que la opinión generalizada es que los resultados siempre dan un “sesgo”, un indicio para favorecer determinado tal o cual candidato, casualmente del mismo grupo político que requirió el servicio a la encuestadora.

    E incluso los resultados de análisis clínicos de laboratorios de primer orden en nuestro país y hasta reconocidos internacionalmente y con aprobación o “certificación” de calidad internacional (siguiendo las exigencias más estrictas) son descartados y desacreditados ya que se dice que las muestras tomadas, como los procedimientos seguidos (asumiendo por ejemplo un caso de paternidad en el ámbito forense) no resultan confiables.

    El cuestionamiento que debemos realizar es si corresponde tamaño descreimiento y qué es lo que genera este estado de cosas. Será que todos los profesionales actuamos siempre así? Y si así fuere como se explica la importante cantidad de compatriotas de excelente preparación y gestión profesional que nos representan en el primer peldaño de la excelencia en el exterior y hasta en distintos continentes? Cómo es posible que no exista gente confiable y que incluso a menudo queramos describir la situación expresando que “nadie ni sirve luego”, como si la doble negación del modismo pudiere darle más fuerza aun a la expresión de desencanto?

    Qué es lo que nos lleva y nos ha llevado a ello. Probablemente las innumerables veces en que nos han engañado, en que creímos en algo que finalmente se dio de otro modo, por cierto indeseable, absolutamente inesperado. Donde confiábamos y nos decepcionaron.

    O será que en verdad sabemos que llegado el caso, cada uno de nosotros estaríamos a punto de dejarnos tentar grandemente y en la disyuntiva de incurrir en algo no ético ni moral (provenga la situación de donde proviniere). Nos sabemos no tan pulcros ni rectos y por eso pensamos que el prójimo tampoco lo es. Entiendo que antes de recriminar al tercero, debiéramos empezar por nuestro conocimiento y examen interior. Una especie de “autopsia” del comportamiento.

    Por Natalio Rubinsztein

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 7 octubre, 2016, 7:12 am
  2. Políticas de educación superior

    En veinte años, el número de instituciones de educación superior, concretamente universidades e institutos superiores, se ha multiplicado vertiginosamente. Además de la expansión lógica tras la represión de la dictadura y el crecimiento natural de instituciones honestas ante la mayor demanda, la educación superior se ha visto invadida por intereses extraacadémicos de políticos, legisladores y mercaderes. Por inercia los sucesivos ministros de Educación dejaron a su suerte el andar de dichas instituciones. Al principio de la democracia eran solamente dos las universidades creadas, la Nacional de Asunción (1872) y la Universidad Católica (1960).

    Al promulgarse la Ley de Educación Superior (4995) el dos de agosto de 2013 empieza una nueva etapa de reordenamiento de la educación superior con la creación del Consejo Nacional de Educación Superior (Cones) y el Viceministerio de Educación Superior, creado poco antes.

    En los principios de nuestra actual democracia y después de la promulgación de la Ley General de Educación (1998), los sucesivos ministerios de Educación no han propuesto políticas de educación superior. No ha habido más propuestas de políticas de educación superior que las que propuso el Consejo Asesor de la Reforma Educativa (CARE), especialmente las presentadas por el Dr. Vicente Sarubi y posteriormente las propuestas por el Consejo Nacional de Educación y Cultura (Conec) en sus informes anuales de la situación de la educación y especialmente las propuestas por diversas consultorías y publicaciones entre las que destacan las del Dr. Domingo Rivarola.

    La suerte de las políticas propuestas por el CARE y el Conec ya se sabe cuál ha sido, ninguna de ellas fue asumida ni procesada por las autoridades ejecutivas de esos respectivos años.

    Actualmente es insostenible la carencia de políticas de educación superior. La situación descrita brevemente al principio de esta columna demanda urgentemente la deliberación, decisión y puesta en acción de políticas pertinentes. El Cones ha creado la Comisión de Políticas y prepara su Libro Blanco para publicar después de haber recogido en varios congresos departamentales y uno nacional las opiniones de los actores y miembros de la sociedad interesados por la educación superior.

    El Conec, además de sus propuestas sugeridas en sus informes periódicos sobre la situación de la educación, ha puesto en marcha una consulta nacional preguntando “Qué educación queremos” recorriendo diez departamentos del país, para consolidar su responsabilidad de proponer políticas partiendo de lo que la ciudadanía quiere.

    Al mismo tiempo, las comunidades educativas de la educación superior, es decir, los principales actores de la misma y el resto de los ciudadanos interesados tenemos mucho que reflexionar sobre qué educación superior necesitamos, podemos y queremos instalar en nuestro país. No hay tiempo que perder porque el tiempo vuela a la velocidad acelerada de los cambios científicos, tecnológicos y culturales y, sobre todo, porque el 56% de nuestra población tiene menos de treinta años, lo que significa que todos ellos están en las edades de educación y formación fundamental para la vida y el trabajo profesional y carecerán de futuro viable si no se comprometen con educación actualizada, competente y de calidad.

    Entre las políticas de urgencia está la de transparencia, que implica sincera información como mínimo de lo que cada institución es y hace, cómo lo hace, para quiénes y para cuántos. Imposible definir políticas sin información. La educación superior necesita orientarse con una política compartida del bien común. Independientemente de los objetivos inmediatos de satisfacer los intereses individuales o grupales de los fundadores, cada institución educativa de este nivel tiene sentido si trabaja para el bien común, dicho de otra manera para contribuir realmente al desarrollo de la nación (Constitución Nacional, art. 79). Es absurdo que se malgaste tiempo y dinero formando miles de abogados que no necesitamos. Eso no es contribuir al desarrollo de la nación.

    Podemos seguir comentando otras políticas apremiantes, como la de cooperación interinstitucional, la política de integración internacional, la de planificación curricular de futuro, etc. No son pocas las políticas necesarias, el ministerio, el Conec y el Cones no pueden eludir su responsabilidad de consultar, proponer y promover las políticas que ayuden a sanear y revitalizar el nivel superior de educación, que ponga a nuestro país las alas y motores que nos posibiliten volar a mucha más altura.

    Por Jesús Montero Tirado

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/politicas-de-educacion-superior-1524320.html

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 5 octubre, 2016, 8:34 am
  3. Alguien debe hacerse cargo de la estafa en universidades

    La confirmación dada por el Consejo Nacional de Educación Superior (Cones) de que muchos estudiantes de los más de 8.000 estafados por las universidades de garaje deberán volver a empezar desde cero sus carreras demuestra el descomunal engaño del que han sido víctimas miles de personas. Alguien tiene que ser hallado responsable por esta gran estafa. Alguien tiene que resarcir a estos jóvenes que han invertido hasta lo que no tenían detrás del sueño de acceder a un título universitario. Si no se establecen responsabilidades personales y penas justas, se permitirá que se continúe abusando impunemente de los más pobres.
    No se ha podido determinar aún cuántos se encuentran en esta situación, pero ya está establecido que muchos de los más de 8.000 estudiantes estafados por las instituciones educativas que ofrecían carreras universitarias deberán empezar nuevamente desde cero a cursar la especialidad en otras universidades para poder acceder a un título de grado legal, según el anuncio realizado por autoridades del Consejo Nacional de Educación Superior (Cones).

    Aunque aseguran que se estudiará cada caso para intentar ayudar a la reinserción académica de los alumnos afectados, ya se ha dictaminado que aquellos estudiantes que no puedan demostrar su asistencia a clase, o que no reúnan la cantidad de horas prácticas necesarias, deberán resignarse a volver a estudiar de nuevo, con el tiempo y el costo monetario que ello implicará, además de que en muchas localidades del interior del país no hay ofertas educativas diferentes a las que ofrecían las denominadas universidades de garaje.

    La cuestión, sin embargo, no es tan sencilla. Por más de que se pueda esgrimir de que la mayoría de los estudiantes afectados sabían a qué se exponían, por la forma irregular y precaria en que funcionaban las universidades con carreras actualmente inhabilitadas, no hay que olvidar que la proliferación de estas presuntas casas de estudio se hizo bajo el amparo de figuras legales creadas por los propios legisladores, muchos de ellos metidos en el negocio de lucrar con la educación.

    Por ello tienen mucha responsabilidad en la gran estafa quienes, para evitar controles de calidad, crearon nuevas leyes que les quitaron atribuciones al Ministerio de Educación y al Consejo de Universidades, sobre todo con la Ley 2529/04, que modificó la Ley 136/93 De Universidades, facultando que sea el Congreso Nacional el que directamente aprobara por ley la creación de nuevos institutos educativos. También tiene mucha responsabilidad el Poder Ejecutivo, que no se opuso en su momento a esta situación y que también promulgó la cuestionada ley.

    Echar toda la culpa a los jóvenes, que en su mayoría provienen de origen rural y humilde, y probablemente no tenían los criterios suficientes para discernir los mecanismos de la gran estafa, es buscar castigar nuevamente al sector más débil y vulnerable, o permitir que todo quede en el oparei, el nombre paraguayo de la impunidad.

    Alguien tiene que ser hallado responsable por este gran engaño montado sobre la crisis educativa. Alguien tiene que resarcir a estos jóvenes, que han invertido hasta lo que no tenían detrás del sueño de acceder a un título universitario. Si no se establecen responsabilidades personales y penas justas, solamente se permitirá que se continúe abusando impunemente de los más pobres.

    Me gusta

    Publicado por jotaefeb | 27 julio, 2016, 11:18 am
  4. Necesitamos una educación superior que aporte a la sociedad

    El desarrollo requiere que las personas de un país cuenten con las capacidades y habilidades necesarias para desempeñarse en la sociedad y contribuir a su mejora.

    Para ello dicha sociedad debe generar conocimientos, y es aquí donde la educación superior debería cumplir un rol especial, mediante la investigación y la innovación.

    En Paraguay, hemos logrado avanzar en cuanto a cobertura educativa, pero la calidad de la enseñanza tanto primaria como secundaria y terciaria en el país es cuestionada. En especial esta última, dado que el aumento del número de universidades, que muchas veces no cumplen con los requisitos mínimos de habilitación -y menos aún de acreditación- ha conducido a un descontrol que mina la calidad de los profesionales graduados.

    CANTIDAD NO IMPLICA CALIDAD

    Según la Agencia Nacional de Evaluación y Acreditación de la Educación Superior (Aneaes) en el país 54 universidades y 37 institutos superiores cuentan con un marco legal de aprobación para su funcionamiento, lo que de por sí ya son datos interesantes para una población de 6.926.000 habitantes.La oferta universitaria ha ido creciendo, tanto en la capital como otras ciudades del interior, pero numerosas universidades de garage, que funcionan sin estar habilitadas, también forman parte de ella.

    Esto ha reducido costos para los interesados en proseguir con sus estudios de nivel terciario, y ha conducido a que el 34,5% de los jóvenes en edad de recibir educación terciaria esté matriculado en algún curso o nivel dentro de las universidades o institutos superiores.

    Esa tasa bruta de inscripción en la educación superior es elevada en comparación a otros países.Según el Foro Económico Mundial, Paraguay se encuentra en la posición 72 de 140 países en cuanto a matriculación en la educación superior.

    Sin embargo, este aumento de la oferta que propició una cobertura importante, no garantiza la calidad de la educación superior y tampoco la calidad de su producto final: profesionales capaces de investigar y desarrollar conocimientos y técnicas que aporten a la mejora de la sociedad de la que forman parte.

    De hecho, es difícil ofrecer calidad cuando muchas de ellas ni siquiera cuentan con la infraestructura básica adecuada ni los materiales/medios de investigación suficientes para el desarrollo de las clases.

    Es así que para el prestigioso ránking QS, solamente tres de las universidades paraguayas están entre las 300 mejores de América Latina. La UNA se posiciona número 101, luego de bajar de la posición 78 conseguida durante el 2014. Las otras universidades que incluye el ránking son la Universidad Católica de Asunción y Universidad Autónoma de Asunción.

    A ello se suma el hecho de que menos del 20% de los docentes universitarios cuenta con algún estudio de especialización, y la mayoría ejerce la docencia como una actividad complementaria a la que le genera los ingresos que necesita para vivir cómodamente, dado que el pago por horas cátedra dificulta vivir de la docencia universitaria a menos que se asuman varias cátedras por semestre.

    De esta manera, es escasa la probabilidad de que los docentes universitarios dediquen tiempo suficiente a la preparación de las clases y a la investigación para mejorarlas con el fin de obtener mejores resultados del proceso de enseñanza-aprendizaje.

    OTRAS DEBILIDADES Y DESAFÍOS

    La debilidad en materia de calidad también es potenciada por otros factores. Entre ellos el que la mayoría de alumnos sea estudiante-trabajador y asista a clases en horario nocturno, lo que hace que su rendimiento sea limitado y que tenga más interés en clases magistrales que en la investigación.

    Respecto a esto último, es escasa la contribución investigativa de las universidades, si bien algunas tienen sus centros de investigación, su capacidad de dar respuesta efectiva a los requerimientos de la sociedad es baja, sobre todo en materia de innovación tecnológica. Este alejamiento entre la educación superior y lo que la sociedad necesita, también se nota en las extensiones universitarias, que además de ser escasas, aportan poco al ámbito social y casi no generan oportunidades para que el sector productivo mejore sus productos o procesos.

    Además, existen dificultades en cuanto a formar profesionales en las carreras que responderían a las necesidades de la sociedad: las carreras con mayor cantidad de alumnos y/o profesionales egresados son las relacionadas con jurisprudencia, contabilidad y administración de empresas, mientras que existe escasez de ingenieros y profesionales de ciencias y tecnología capacitados para innovar. Esta concentración también se nota en la oferta de carreras.

    Un último aspecto a considerar, pero no menos importante, es la desigualdad existente en cuanto al acceso a la formación superior por área de residencia. Existe una concentración de estudiantes universitarios en las zonas urbanas, y los que provienen de zonas rurales, rara vez regresan a sus lugares de orígenes, dejando la zona rural del país con un porcentaje muy bajo de su población con formación superior.

    De esta manera las debilidades de calidad y de orientación hacia el interés común de nuestra educación superior limitan su aporte al desarrollo socioeconómico. Si bien hemos dado importantes avances hacia su mejora con la Ley de Universidades y la creación del Aneaes, deberíamos mejorar las políticas en materia de educación superior buscando su orientación hacia la estrategia nacional de desarrollo, acelerar el proceso de acreditación de las carreras y en los casos necesarios eliminar aquellas que no responden a los estándares actuales, pero sobre todo, deberíamos propiciar la investigación en las universidades para que estas cumplan su rol de generadoras de conocimientos e innovación que ayuden a la sociedad a avanzar hacia su visión de futuro.

    Me gusta

    Publicado por jotaefeb | 20 julio, 2016, 7:31 am
  5. Estafa imperdonable de comerciantes intelectuales

    Espantoso problema social han creado los diputados y senadores irresponsables que impulsaron o apoyaron la apertura indiscriminada de universidades. Decenas de miles de jóvenes hoy ya han concluido o están cursando carreras fantasmas, invento de inescrupulosos comerciantes intelectuales que vieron en esta situación abierta por los legisladores, al aprobar la ley de universidades, la posibilidad de hacer un gran negociado: vender títulos universitarios a una juventud ansiosa de estudiar y de capacitarse para obtener trabajo.

    ¿Qué se va a hacer ahora? Chicos y chicas que estuvieron años cursando supuestas “carreras” que hoy no les sirven para nada. ¿Se van a cerrar esas universidades de garaje? ¿Quién y cómo se les va a resarcir semejante perjuicio a esa amplia franja joven de la sociedad miserablemente estafada por inescrupulosos explotadores de la fe de las personas, en connivencia con políticos corruptos? Mientras tanto, esos irresponsables legisladores que abrieron esa senda de la mentira para estafar a incautos y humildes jóvenes deseosos de superación continúan sin preocuparse, como si el espantoso problema social que crearon no fuera más que un pasajero chubasco sin importancia.

    En efecto, lejos de asumir la culpa por el gran daño moral y material causado al segmento joven y menos pudiente de la sociedad con la habilitación de las universidades de “garaje” en la Capital y ciudades del interior, los diputados y senadores que tienen en su haber tal iniciativa no han encontrado mejor forma de lavarse las manos que echando la culpa a sus víctimas por haber caído en la trampa por ellos diseñada. Estos estafadores asociados con políticos corruptos se han aprovechado de la demanda del desarrollo que requiere aplicar el conocimiento a la actividad laboral. El papel central de la educación superior y del conocimiento es dotar a las personas –sobre todo jóvenes– de las habilidades para tener acceso a un trabajo mejor remunerado en un mundo cada vez más competitivo, de tal modo que la lucha por la vida les resulte más una oportunidad para aprovechar que un desafío a vencer.

    Es con ese sueño juvenil de cara al futuro que centenares de miles de jóvenes compatriotas sin recursos suficientes para ingresar a las universidades clásicas existentes en el país han tocado las puertas de las universidades de “garaje” que, con pomposos eslóganes académicos, han proliferado como hongos en las principales ciudades del país, sin que las instituciones del Estado responsables de la calidad de la educación que se imparte en los tres estamentos docentes se hayan inmutado siquiera.

    Esta gravísima prostitución académica a nivel terciario que ha emergido como una plaga maligna en nuestro medio debe ser vista como un engendro de la cultura de la corrupción que, desgraciadamente, permea nuestra sociedad al amparo de una perniciosa impunidad, cuyo peor efecto es el de borrar las líneas que separan lo legal de lo ilegal, lo moral de lo inmoral, como está descrito en la letra del célebre tango argentino “Cambalache”. Esa cultura de la corrupción ha causado que la administración pública paraguaya esté regida por leyes y normativas institucionales diseñadas primariamente para sacar plata al pobre ciudadano antes que para garantizarle seguridad o beneficio.

    De ese modo las cosas, pareciera que en nuestro país hay licencia tácita para cometer cualquier fechoría, con tal de que se pague una protección o peaje a los mandones de turno, como autoridades policiales, aduaneras, parlamentarios, gobernadores e intendentes municipales. Así como los contrabandistas y narcotraficantes operan libremente a través de nuestras fronteras con países limítrofes coimeando a las autoridades encargadas de tener a raya al crimen organizado, también, internamente, individuos inescrupulosos en connivencia con legisladores corruptos descubrieron la gallina de los huevos de oro con las universidades de “garaje” para desplumar a humildes jóvenes de la poca plata que con sacrificio consiguen, tentándolos con “diplomas” de estudios universitarios fraudulentos.

    Era de esperar que, ante la inequívoca constatación de la estafa perpetrada en perjuicio de miles y miles de jóvenes de nuestra sociedad por parte de los mafiosos dueños de tales universidades irregulares, la justicia les cayera encima con todo el peso de la ley, no solo disponiendo la clausura de tales falsos centros de estudios terciarios, sino obligando a sus propietarios a devolver íntegramente el dinero tramposamente recogido de sus incautos cursantes, a más de la responsabilidad criminal inherente al delito perpetrado contra la fe pública.

    Los paraguayos y paraguayas creíamos que solo los dictadores eran raptores de la educación. Pero he aquí que cuanto más transcurre el tiempo en libertad, nuestra renga democracia está viciada de la misma corrupción e impunidad que en los tiempos de Alfredo Stroessner, cuando los hijos de sus poderosos adláteres, como el del tenebroso jefe de Policía, general Francisco Brítez, fue admitido al último curso de la Facultad de Arquitectura de la UNA sin haber cursado ninguno de los cursos inferiores, al solo efecto de obtener su diploma de “arquitecto” y así poder firmar planos para la construcción de obras públicas y cobrar “honorarios”.

    La primavera de insurrección del estudiantado universitario debe alcanzar también a la pléyade de humildes jóvenes conciudadanos miserablemente estafados por las universidades de “garaje”.

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/estafa-imperdonable-de-comerciantes-intelectuales-1500134.html

    Me gusta

    Publicado por jotaefeb | 18 julio, 2016, 5:36 am
  6. De la educación inicial a la universitaria

    Por Víctor Pavón (*)

    Los cambios en el stock de conocimiento, que hoy forma parte del estudio de la economía con la educación, tienen a las escuelas y universidades como su principal fuente de formación. En el estamento universitario, sin embargo, resultan difíciles sus estándares de calidad mientras se tenga una educación inicial como la nuestra carente de valores pedagógicos y de recursos humanos como financieros. Este es el punto de partida. Podemos hacer el salto cualitativo.

    Para lograr el cometido de una mejor educación inicial, el propio Ministerio de Educación y Cultura (MEC), deberá modificar su estructura organizativa y estilo de gestión. Hoy el MEC concibe el proceso educativo como una masificación, cuyo propósito consiste en contar en las aulas con cada vez más alumnos para así llenar las estadísticas de inserción escolar, pero, desconsiderando que las aulas tienen ¡un profesor!

    El docente es la figura angular en la educación. No hace mucho en Estados Unidos se constató que muchos egresados de colegios secundarios eran analfabetos funcionales y mucho se debía a sus profesores. Creer que aquí en nuestro país es diferente sería iluso. El docente deberá no solo entender lo que enseña, sino también saber motivar a sus alumnos a ser mejores que él.

    En nuestras aulas podemos constatar que predomina la escasa autoridad persuasiva del profesor. Es como mal vista aquella autoridad, mientras que el alumno puede perjudicar el ritmo de la clase hasta faltar el respeto. El sistema educativo, además, cuenta con requisitos mínimos de accesibilidad a la carrera de docente. Los programas de estudios han relegado la sustancia misma de la educación: la cultura, la filosofía, la redacción, la historia nacional y de la civilización.

    Prueban esta aseveración los pésimos resultados en uno de los últimos concursos públicos. De cada 10 postulantes, apenas 3 lograron el mínimo requerido. Muy diferente a esta tendencia es lo que ocurre en Finlandia, por citar un ejemplo actual. Con notas de acceso de 9, con un grado de maestría posterior e inexcusable para mantenerse en el cargo mediante lo que se llama la formación continua para adaptar al profesor a las mejoras y avances en las materias.

    El sistema educativo en aquel país tiende así hacia la excelencia. Esto es así porque si el docente no avanza en su formación continua, inmediatamente pierde su permanencia en el cargo. La dejadez y el parasitismo se castigan por la vara del mérito.

    Nuestro sistema educativo no cuenta en su propia matriz con incentivos de competencia entre las escuelas y colegios estatales, cuando que es el hecho motivador para una demanda cada vez más insatisfecha de calidad. Y esto no es culpa de los directivos, docentes y padres de alumnos, sino porque las instituciones están subordinadas a normas burocráticas conspiratorias contra el mérito y la innovación que provienen de un Ministerio de Educación desfasado, como bien lo prueban sus lamentables infraestructuras. La educación inicial requiere de cambios profundos para que la universidad se vea afectada.

    (*) Decano de Currículum UniNorte. Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado” y “Cartas sobre el liberalismo”.

    Me gusta

    Publicado por jotaefeb | 30 junio, 2016, 5:28 am
  7. Transparencia en la educación superior

    Por Jesús Montero Tirado

    La palabra “transparencia” se usa normalmente en tres acepciones: la primera como una cualidad de un objeto; por ejemplo, una botella es transparente cuando está construida con un material (vidrio o plástico) que deja pasar a través de sí la luz y permite ver sin dificultad, con claridad, lo que hay dentro del objeto.

    La segunda, cuando se usa como atributo de un sujeto. Una persona es transparente cuando es franca, abierta, se da a conocer, dice lo que piensa y siente con sinceridad, habla sin dobleces, clara y directamente.

    Y la tercera acepción es cuando la palabra transparencia se aplica, a un grupo de sujetos, a una institución, a un partido político a una empresa o un gobierno, etc.. Aquí, como en la anterior, la transparencia es valorada como una cualidad moral del individuo o de la institución en cuanto grupo colectivo organizado.

    Analizando el valor de la transparencia en una sociedad democrática surge inmediatamente la evidencia de su valor ético, es decir, de su valor positivo como comportamiento humano, generador de mejores relaciones, mejor entendimiento de las personas entre sí, de las personas con las instituciones y de las instituciones con las personas. La transparencia facilita el mutuo conocimiento, la armonía, la confianza, la seguridad y la cooperación.

    Cuando una persona o institución se niega a que entre la luz en su interior se hace sospechosa de que oculta algo que no es confesable, alguna actitud o intención, algún o algunos hechos que si son conocidos lo devalúan, le bajan de valor y aprecio, no le hace apreciable, quizás le hace despreciable y por eso oculta su realidad.

    En términos generales, exceptuando algunas instituciones, en la mayoría de nuestras universidades e institutos superiores no hay transparencia y las hace sospechosas. El ocultamiento de la realidad llega al extremo de que en nuestro país no sabemos cuántos estudiantes hay realmente cursando en la educación superior, cuántos empiezan su carrera y cuántos la acaban; no tenemos estadísticas.

    La cifra oficial del número de universidades e institutos superiores no refleja la realidad, porque la creatividad criolla ha encontrado el modo de multiplicarlas con incontables filiales y franquicias. No sabemos cuántos profesores enseñan cuánto se les paga, si tienen seguridad social (derecho que corresponde a cualquier trabajador), no cuentan con jubilación, no acumulan antigüedad en su servicio de docencia y por tanto nunca alcanzan la estabilidad laboral. Desconocemos si son licenciados, si tienen maestría y doctorado o si sorprendentemente son simples estudiantes que llevan el peso de la docencia; ignoramos qué publicaciones han hecho y hacen, sean libros de su autoría o artículos en revistas especializadas, dónde y cómo se prepararon para ser profesores, etc.

    En los escenarios de la educación superior parece que la mayoría de los propietarios y accionistas de universidades e institutos superiores privados están escondidos entre bambalinas, por donde se mueven también los padrinos políticos tanto de las instituciones privadas como de las públicas o del Estado.

    No hay transparencia en la filosofía educativa, la antropología, la sociología subyacentes que motivan e inspiran el quehacer y los objetivos reales de las instituciones, y no faltan oscuros indicios para sospechar que algunos crearon universidades e institutos superiores buscando negocio, lavado de dinero o plataforma política.

    En la sociedad de la información y la democracia cuando se ha consagrado el acceso y el derecho a la información para toda la ciudadanía, es escandaloso, antidemocrático y freno a todo desarrollo e integración en el dinamismo de la globalización mundial tener universidades e institutos superiores que promueven el oscurantismo y el fraude precisamente donde debiera darse el ejemplo y la educación para la transparencia, característica de la producción del conocimiento y la investigación.

    Hay universidades e institutos superiores gravemente enfermos, algunos de ellos parecen incurables. El Consejo Nacional de Educación Superior (Cones) no puede dormirse, porque algunos enfermos son contagiosos.

    Es urgente acabar con los delincuentes que destruyen el sistema educativo, estafan a los jóvenes, pervierten a la sociedad y desprestigian la imagen de la educación superior paraguaya y el trabajo honesto, serio, comprometido de quienes hacen ciencia y educación en nuestro país.

    Me gusta

    Publicado por jotaefeb | 27 junio, 2016, 9:53 am
  8. Los chifladitos

    Por Guillermo Domaniczky

    El diálogo es el mismo siempre. Pero no por eso dejamos de reír.

    –Oye, Lucas.

    –Dígame licenciado.

    –Licenciado– ¡Gracias! ¡Muchas gracias!

    –No hay de queso, nomás de papa.

    El momento entre Chaparrón Bonaparte y Lucas Tañeda es un clásico de cada capítulo de “Los chifladitos”, la sección que creó el genial Roberto Gómez Bolaños, bajo el disfraz de la locura de sus dos protagonistas principales, el propio Gómez Bolaños y su colega Rubén Aguirre.

    El breve diálogo resume en Lucas, el deseo social de ostentar un título universitario como muestra de estatus, en un mundo laboralmente cada vez más competitivo.

    Con un humor que contagió y contagiará a varias generaciones, Lucas Tañeda nos dejó el viernes 17. Ese mismo día en nuestro país, el Consejo Nacional de Educación Superior (Cones) clausuraba el Instituto Superior Latinoamericano en Ciencias de la Salud, por expedir títulos falsos y otras graves irregularidades académicas.

    Un instituto que lucrando con ese deseo de acceder a un título para pelear un puesto de trabajo, vomitaba profesionales exprés, de los que únicamente certificaba su capacidad de pago.

    Esta semana el Senado dio media sanción a la ley que deroga la creación de este instituto, pero el propio presidente del Cones, Hildegardo González, recordó en la 730 AM que este es solo uno de muchos casos que requieren de cirugía mayor en el sistema de educación superior.

    Un sistema que se prostituyó ante la gran demanda académica entre fines de los 90 y la primera década de este siglo, periodo también aprovechado por caciques políticos que pretendían su propia universidad o instituto, como base electoral y como fuente de lucro y poder social.

    Así surgieron las carreras de viernes y sábados, con cargas horarias que ni siquiera llegan a la mitad de la carga mínima. Institutos que amparados en la falta de entes reguladores y fuera del alcance del Ministerio de Educación o del Consejo de Universidades, habilitaron indiscriminadamente carreras y filiales en todo el país.

    Por eso no es de extrañar que hoy aparezcan casos como el de Santa Librada, en el que era posible recibirse de enfermero en 48 horas, y donde las planillas de actas con calificaciones ya firmadas por profesores, solo esperaban los nombres de los alumnos que pagaran el dinero requerido. Y universidades de garaje, que se expandieron con especial intensidad entre el 2006 y el 2010, y que con una sola resolución de su rector o consejo, crearon 90 filiales en el país.

    Casas alquiladas, con cocheras que se transformaron en aulas, dándole un merecido justificativo al mote de universidades de garaje.

    Una especie de descentralización de la mediocridad, en medio de un pacto tácito entre mercaderes académicos y clientes que solo quieren acceder a un título de la manera más rápida posible.

    La actuación del Cones está comenzando ahora por tratar de poner orden en el área de la salud, considerada como muy rentable para quienes lucran con la educación, y en la que además ya encontraron institutos que hasta ofrecen carreras como Administración o Ciencias Jurídicas, sin estar legalmente habilitados para ello.

    “Seguramente algunos van a salir perjudicados, aquellos que ya tienen título y no tiene una consistencia ese título… llegaron a recibir sus títulos universitarios sin recibir su título de colegio, de la media”, dice el presidente del Cones, para explicar cómo debe corregirse este engaño que dejará mucho más de 8.000 estafados.

    Una enorme ficción académica en la que si queremos ser serios habrá que asumir algún costo, al menos si pretendemos una educación de rigor y mayor calidad para nuestros hijos. “Los padres también somos de alguna manera cómplices de buscar el facilismo para nuestros hijos, para que en cuatro años se pongan un título de ingeniero o médico… por lo tanto hay también una connivencia de la sociedad”, acusa González.

    Connivencia académica, sí, en varios sentidos agregamos, porque en un país serio plagiar una tesis o mandarla hacer a otro debería ser motivo de vergüenza e inmediata renuncia del autor del robo intelectual, y no un mérito para ser ministros y seguir arbitrando elecciones.

    Al menos la de los chifladitos era una ficción inofensivamente divertida.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 26 junio, 2016, 8:18 am
  9. Castigar a los responsables de Universidades que estafaron a jóvenes

    El anuncio hecho por el propio ministro de Educación de que más de 6.000 jóvenes que han estudiado carreras en las llamadas universidades de garaje no podrán recibir sus títulos académicos y deberán reiniciar sus estudios desde cero confirma la descomunal estafa realizada contra los sueños y las ilusiones de tantas familias humildes.
    Estos más de 6.000 jóvenes han sido estafados por las llamadas universidades de garaje, perdiendo inútilmente varios años de estudio y mucho dinero al cursar carreras universitarias que no estaban reconocidas por ley y que, por tanto, no les sirve nada de lo que han cursado, ni las cuotas que han pagado. No podrán acceder a ningún título académico y deberán reiniciar sus estudios desde cero en otras universidades con la debida habilitación legal.
    Esta lamentable situación, que afecta principalmente a padres de familias humildes que realizaron grandes sacrificios económicos para costear el estudio de sus hijos, no debe quedar en la impunidad. Hace años que se ha venido alertando acerca de la visible degradación del mercado de carreras universitarias en el país, cuando los propios legisladores, en una maniobra tendiente a evitar los controles de calidad, crearon nuevas leyes que les quitaron atribuciones al Ministerio de Educación y al Consejo de Universidades, sobre todo con la Ley 2529/04, que modificó la Ley 136/93 de Universidades, facultando que sea el Congreso Nacional el que directamente apruebe por ley la creación de nuevas universidades. Llamativamente, el Poder Ejecutivo no se opuso en su momento a esta situación y también promulgó la ley.
    Con estos nuevos instrumentos legales, el país se llenó de universidades privadas que en su mayor parte solo tenían como principal objetivo el lucro, instalándose en locales con pésima infraestructura, que en muchos casos eran solo salones, tinglados o garajes, habilitando carreras que no tenían el equipamiento adecuado para una buena formación de los alumnos, con profesores sin la capacitación adecuada, sin exigir la carga horaria mínima de asistencia a clases, y que a veces directamente vendían los títulos académicos sin que siquiera haya existido escolaridad, como lo han demostrado algunas investigaciones periodísticas.
    Tuvo que pasar una década para que se apruebe la Ley 4995/13, de Educación Superior, que impuso nuevas reglas de mayor control por parte del Consejo Nacional de Educación Superior (Cones) y de la Agencia Nacional de Evaluación y Acreditación de la Educación Superior (Aneaes), pero ya gran parte del daño estaba hecho. Y el resultado es que más de 6.000 jóvenes resultaron estafados.
    Un hecho tan grave no debe quedar sin castigo. Es necesario individualizar a todos quienes hayan sido responsables y cómplices de este grave daño a tantos jóvenes, desde los mercaderes de la educación hasta los legisladores que los avalaron. Y, sobre todo, que devuelvan el dinero, ya que el tiempo y los sueños que robaron no se podrán recuperar.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 24 junio, 2016, 7:32 am
  10. Los indiferentes

    Le preguntaron a Ferdinando Camon, famoso escritor italiano, sobre tres grandes novelas precursoras de este tiempo y premonitorias de gran parte de lo que está pasando, cuál de ellas representa mejor la situación y modo de reaccionar del hombre y la mujer actuales; las tres renombradas novelas son: “La náusea” de Jean Paul Sartre; “El extranjero”, de Albert Camus; y “Los indiferentes”, de Alberto Moravia.

    “La náusea”, según Ferdinando Camon, es un rechazo del mundo que estamos tejiendo, lo vomitamos. “El extranjero” representa que nos sentimos extranjeros, extraños a lo que está sucediendo en este mundo, porque no es el mundo que queremos para vivir. Nos representa más la “indiferencia”, vemos y escuchamos pero no nos afecta lo que pasa de manera que nos haga reaccionar y actuar.

    No sé si estas tres novelas son las más representativas de la novelística moderna para reflejar nuestras actitudes y modo de actuar ante los sucesivos acontecimientos que nos impactan de cuanto sucede en el mundo y para nosotros además en nuestro país. Probablemente hay otras novelas no tan dramáticas y pesimistas que también nos puedan representar. Pero sí comparto la preocupación de Camon sobre el alto nivel de indiferencia con el que como colectivo estamos reaccionando.

    Ante el lamentable espectáculo que nos dan muchos de nuestros políticos, unos provocándonos náuseas con su descarada y cínica corrupción robando el dinero del pueblo, enriqueciéndose con malversación de fondos, con niñeras y empleados de oro, con protección a narcotraficantes, etc., que van quedando impunes y no devuelven lo robado; otros obsesionados compulsivamente con el poder dedicándose exclusivamente a preparar y procesar campañas electorales en vez de trabajar para el bien común.

    Tampoco nos faltan motivos para sentirnos extraños y decepcionados en nuestro país, porque la Administración de la justicia gravemente enferma no nos sirve, y en el Poder Legislativo los que deben diseñar y producir leyes que fijen las estructuras para el desarrollo hacia el país que soñamos, están entretenidos e interesados en el poder buscando plataformas electorales y su beneficio, el de su gente y sus partidarios.

    Pero los demás ¿qué hacemos? Parecemos espectadores indiferentes que “vemos y escuchamos, pero no reaccionamos para actuar”. Hay eminentes sociólogos y psicólogos que vienen analizando esta actitud generalizada de quienes estamos descontentos con lo que sucede pero nada hacemos para mejorarlo, salvo lamentarlo y, como decimos popularmente, “plaguearnos” entre nosotros.

    Entre el momento del ver y el momento del actuar hay un proceso psicológico que desemboca en la decisión para re-accionar. En ese proceso interior actualmente se está produciendo, según estos especialistas, un atasco, que es la pérdida de la sensibilidad. Cuando la sensibilidad está fresca, receptiva, fuerte, ágil, entonces la sensibilidad ilumina a la mente sobre la importancia de lo percibido y provoca inmediatamente motivación (mueve) hacia la reacción. Ese movimiento hacia la acción no se produce, porque la sensibilidad es tan débil que carece de fuerza persuasiva y motriz.

    Hay muchas explicaciones sobre las causas por las cuales estamos perdiendo sensibilidad. La saturación de impactos, frecuentemente fuertes e intensos, endurece nuestra sensibilidad, la adormece, sobre todo si esos impactos son negativos y dolorosos. Los sentidos se acostumbran a recibir tantos y tan amargos impactos que consecuentemente la sensibilidad se convierte en amortiguador de sus efectos. Son tantas y diarias las noticias de corrupción, de crímenes, de asaltos, de accidentes mortales, de violaciones de menores, de homicidios y suicidios que ya perdieron su poder de impresionar. Nos acostumbramos a ver a niños y adultos en situación de pobreza y ya no nos afecta su dolor.

    No se trata solo de pérdida de sensibilidad afectiva, sino también de sensibilidad social y sensibilidad ética, que acrecientan la “indiferencia”.

    Si ante tanta corrupción, ante tanta injusticia, violencia, inseguridad no reaccionamos, porque hemos perdido sensibilidad afectiva, social y ética y nuestros sentidos nos acostumbraron a convivir con ellas; si esta situación nos parece normal y destacarla nos parece exagerado, preguntémonos ¿cuál es la solución?, ¿qué hay que hacer para dejarles a los hijos y nietos un país donde puedan vivir en paz y alegría para todos?, porque si no se eliminan las células corruptas, la corrupción crece contagiando y destruyendo todo el tejido social, pudre nuestro país.

    Por Jesús Montero Tirado

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/los-indiferentes-1491058.html

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 22 junio, 2016, 9:48 am
  11. Opinión
    Por: Alberto Peña |
    “Universidades garaje” en Paraguay
    Fecha de Publicación: 2016-06-19

    Tras años de proliferación sin control de las denominadas “universidades garaje”, aquellas que no cumplen los estándares educativos estatales, miles de estudiantes paraguayos se encuentran ante la disyuntiva de haber cursado carreras que no son reconocidas por el Ministerio de Educación.
    Desde que en 2006 se atenuara la ley educativa sobre la creación de estas universidades, 54 de las cuales siguen operando, surgieron este tipo de centros sin que ningún organismo académico estatal ejerciera como filtro de calidad.
    Esa situación ha llevado al ministro de Educación, Enrique Riera, a tomar cartas en el asunto, después de que esta semana divulgara que 10.000 estudiantes fueron “estafados” por las “universidades garaje”, un negocio que mueve millones de dólares y en el que están implicados políticos “de todos los colores”.
    Y es que entre 2006 y 2010, por una modificación legal, se liberalizó la creación de universidades y carreras, basado en el argumento de la autonomía, dijo el viceministro de Educación Superior, Gerardo Gómez.
    “Para los legisladores de ese tiempo significaba que ninguna autoridad podía reglamentar el funcionamiento ni la creación de las universidades, solamente los legisladores”, comentó Gómez.
    Recordó que hasta ese momento, el Consejo de Universidades se encargaba de verificar la viabilidad de la apertura de estas “universidades garaje”, pero con la normativa de 2006 su opinión paso a ser no vinculante, por lo que partir de entonces esos centros “podían crear la carrera que se les ocurriese”.
    No fue hasta 2013 que se aprobó una ley que ponía coto a las instituciones fraudulentas, que hasta entonces oficializaban títulos sin revisión de antecedentes académicos.
    A través de un control de títulos por parte del ministerio de Educación, se ha detectado el problema de la precariedad formativa y de carreras fraudulentas.
    Sin embargo, todavía a día de hoy es frecuente encontrar por la capital paraguaya universidades que no ocupan ni 100 metros cuadrados, en los salones de algunas casas privadas, donde se imparten carreras a bajo coste que no cumple con los mínimos exigidos, o directamente, no estaban habilitadas para cursarse.
    Gómez señaló que las “incoherencias” llegan a tal punto que se han presentado certificados académicos con calificaciones que no concuerdan con las actas de los exámenes realizados previamente.
    Añadió que además de las contradicciones en las calificaciones, en muchas carreras no se cumplían las horas lectivas o las prácticas estipuladas por ley para algunos de los estudios, como enfermería, por lo que no se puede certificar la capacitación de esos estudiantes en su ejercicio profesional.
    “Para mí el problema no es ni siquiera el estudiante, sino el ejercicio profesional de esa persona, que va a afectar a un montón de gente”, destacó Gómez.

    En ese sentido, el viceministro dijo que se está elaborando una propuesta para que esos miles de jóvenes que se han quedado sin titulación puedan solventar el problema a través de un examen de revalida, que estipule cuál es su formación universitaria real.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 21 junio, 2016, 8:16 pm
  12. Vuelve peor el viejo frío
    21 Jun 2016

    Por Alex Noguera

    Editor/Periodista

    Hoy comienza el invierno, y sin embargo el frío es herencia del ayer, del otoño que se va. Los que leen los días que vienen, los meteorólogos, dicen que los vientos helados y las escarchas jugarán a cuál de los dos llega primero, como en una pista de carrera sobre la piel desnuda de los pobres.

    Se marchó la vieja estación, pero nos deja una marca en el almanaque de los recuerdos imborrables. Es como el remake de una película realizada hace casi 40 años llamada “El asesinato de Anastasio Somoza”, cuando el frío del miedo nuevo congelaba a la sociedad paraguaya con términos inéditos como “rastrillaje” o “atentado”. Con ropas de lentejuelas, la muerte vino en 1980 a Asunción e impactó con su show. Claro, no hubo aplausos.

    Se va la estación de las hojas que juegan con el viento, pero nos queda el frío del miedo viejo, un espectáculo muy moderno al estilo Hollywood. En el guión de las películas, los protagonistas eran extranjeros, cabezas de familia ambos, pero de diferentes tipos de familias. Esta vez no fue una bazuca de un solo tiro, sino una poderosa ametralladora de infinitas descargas que derriba aviones; no fue en la capital, sino en la frontera; no fue una venganza, sino un trámite; no fue el final, sino un comienzo.

    Los que entienden de cine dicen que generalmente las segundas partes no son buenas. Pienso que tienen razón. El actual estreno presenta una producción mucho más costosa que la primera, quizá porque la taquilla, es decir la recaudación que tendrá, también será mucho mayor.

    Los que entienden –esta vez no son meteorólogos– dicen que con la muerte de Rafaat las organizaciones criminales del narcotráfico tienen vía libre, que las drogas provenientes de Bolivia pasarán por Paraguay y habrá fiesta en Brasil. Y claro, a las autoridades vecinas no les gusta ese tipo de fiestas y están preocupadas. Muy preocupadas. Dicen que de momento, con todo el escándalo de las megacoimas en la política verdeamarela, el escenario está “distraído”, pero que una vez que se aclaren las aguas, esto del narcotráfico en la frontera será tomado como se debe. Se precian de ello. Basta decir que el día en que asesinaron al exitoso empresario de frontera en Pedro Juan, y que mientras la Policía paraguaya respondía con sus revólveres 38 reglamentarios o sus más sofisticadas pistolas 9 mm a las AK 47, Fal y .50, en Ponta Porá, a 50 metros de la línea internacional, dos tanques estaban prestos para operar.

    Mientras que la Policía paraguaya de frontera suma denuncias por retener ilegalmente a turistas y exigir coimas, mientras los antinarcos por error truncan la vida de una niña de 3 años y la de toda una familia, en Brasil se preparan en serio para operar porque consideran al narcotráfico un problema de Estado, no uno cualquiera.

    La semana que se fue también nos deja el problema y la solución; fue cuando el Cones, el MEC y Aneaes se sinceraron y debatieron sobre cómo enfrentar la estafa a los jóvenes universitarios paraguayos en su educación. Debería ser la punta del iceberg para que las autoridades hablen no solo de encarcelar a los que mal utilizan el dinero que debía ser utilizado para educar a los niños, para reparar aulas y profesionalizar a los jóvenes para que trabajen y no caigan en la adicción de las drogas o en el tráfico, sino que para que los educadores también entreguen más, porque lo que se ve sobre el espejo de la laguna es reflejo de lo que hasta ahora dieron. Y no alcanza.

    El dedo apunta a los niños burros, a los jóvenes incapaces, pero ese dedo tiene un comienzo, tiene un responsable de no haber transmitido la sabiduría necesaria, como era de esperarse.

    El invierno llega y los meteorólogos dicen que será frío, implacable como la guerra contra el narcotráfico, al que se lo enfrenta con balas, libros y oportunidades. Los entendidos hablaron de un largo invierno y se olvidaron de mencionar que después siempre llega la primavera. Pero eso será después de mañana.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 21 junio, 2016, 6:25 am
  13. Educación superior paraguaya también está en crisis

    El Ministerio de Educación y Cultura detectó que aproximadamente seis mil personas fueron aparentemente estafadas por universidades conocidas como de “garaje”, por lo que la secretaría de Estado y el Consejo Nacional de Educación Superior (Cones) se niegan a entregar títulos de carreras no habilitadas hasta tanto se verifique la calidad de enseñanza en esos lugares.
    Los resultados de la baja calidad educativa no solo afectan a la educación propiamente dicha, sino también gravemente a otras áreas sensibles, como el sistema de salud. El Ministerio de Salud informó que más de 2 mil funcionarios, entre personal de blanco y administrativo que prestan servicios en los hospitales del país, cuentan con títulos de dudosa procedencia, entregados por instituciones cuestionadas e investigadas por la Justicia.
    La situación que se plantea en el área más sensible de la salud es la siguiente: existe en el sistema una gran cantidad de funcionarios con títulos dudosos que en este momento está atendiendo a cientos de pacientes en instituciones públicas. Esto no es solo privativo del sector público, sino también del privado, donde igualmente ejercen los graduados de institutos o universidades de dudosa rigurosidad legal y educativa. Las áreas directamente relacionadas a salud detectadas hasta el momento son: enfermería, kinesiología, siquiatría. Es solo la punta del iceberg.
    Los responsables de la situación no son los estudiantes que recurren a un instituto superior o una determinada universidad. Es derecho de todo paraguayo buscar alternativas de educación en la medida de sus posibilidades económicas y de tiempo. Es más, se debe valorar que un estrato social que hace décadas no veía como opción lograr un título técnico o universitario hoy considere buscarlo para una superación profesional, personal y económica.
    La responsabilidad del frágil sistema de educación en el nivel superior es del sector político, por establecer un esquema legal que les permite ser juez y parte en cada aprobación de un instituto o universidad, como suerte de fuente de ingreso o de favor político. Este poder permitió que se crearan instituciones de todos los colores y para todos los gustos, con los resultados que se conocen. Los órganos de control, que si bien es cierto han dado grandes avances en los últimos años, aún deben poner mucho de sí en la rigurosidad para controlar y denunciar los casos irregulares.
    Cabe decir también que es deplorable, además, la intención del sector privado –en nombre de la calidad educativa– de tratar de cuidar sus privilegios y beneficios. Si bien es cierto que una institución privada es una empresa que necesita de ingresos para su funcionamiento, el lucro no debe ser el fin principal de ella. Muchas universidades están demostrando –al igual que las de “garaje” que cuestionan– que con la habilitación desmesurada de carreras y tecnicaturas solo buscan aumentar la cantidad de alumnos o no bajar el porcentaje de inscriptos y, por ende, mantener o mejorar sus ganancias.
    La educación superior también está en crisis y la grave situación no debe perderse de vista en el contexto del análisis de las autoridades y de la propia sociedad. De lo contrario, esta dejadez superior irá consumiendo las esperanzas de lograr un país con mayor capacidad intelectual y económica.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 20 junio, 2016, 8:05 am
  14. Educación superior
    20 Jun 2016

    Con la reciente divulgación de la lista de carreras universitarias que no tienen la debida acreditación de calidad de la Agencia Nacional de Evaluación y Acreditación de la Educación Superior (Aneaes) y la existencia de una cantidad aún indeterminada de personas con títulos expedidos sin esta certificación, vuelve a ponerse sobre la mesa del debate nacional un tema de extrema urgencia e importancia: la calidad de la educación, en este caso la que se imparte en las universidades, públicas y privadas.

    Nuestro país sufre un verdadero carnaval en este sentido. Con poco más que un galpón y una pizarra ya se habilitan nuevos centros educativos con la facultad de expedir títulos de licenciatura o doctorados en cualquier rama del saber humano.

    La explosión descontrolada de universidades privadas es un claro síntoma de un creciente deterioro de la educación superior en Paraguay. Institutos y universidades de todo tipo han saturado la oferta educativa, pero una gran parte de ellas sin disponer siquiera de las condiciones materiales, técnicas y humanas más básicas. Se trata de fábricas de títulos y diplomas académicos, los cuales son entregados a todo aquel que tenga la posibilidad de cubrir los costos de las cuotas y aranceles, sin que se preste demasiada atención al rendimiento del estudiante, a la carga horaria o a la demostración efectiva de que se han adquirido los conocimientos necesarios para el ejercicio de la profesión. Con el pretexto de ampliar la oferta educativa y de responder a una necesidad de la sociedad se ha terminado por transformar a la educación superior en una mercancía de mala calidad.

    La educación superior no puede ser dejada en manos de comerciantes que solo buscan lucrar. No rigen en este campo las mismas consideraciones de otras actividades económicas privadas, en las que la regulación proviene exclusivamente de las fuerzas que operan en el mercado. La formación de nuestros técnicos y profesionales es un asunto de la mayor importancia estratégica para la nación, y el Estado debe involucrarse absolutamente en él. Solo a través de la educación de calidad –en todos los niveles– tendrá posibilidades el Paraguay de superar la pobreza y el atraso y alcanzar el anhelado crecimiento económico y el desarrollo social. El Estado tiene la responsabilidad indelegable de establecer y asegurar estándares de calidad en las universidades públicas y privadas.

    Para lograrlo es indispensable dotar a los organismos pertinentes de los recursos financieros, técnicos y legales para ejercer efectivamente un papel fiscalizador y orientador de la educación universitaria. En concreto, la Aneaes y el Consejo Nacional de Educación Superior (CONES) deben ser jerarquizados y fortalecidos, mediante la asignación de un presupuesto acorde a la importancia de su misión. Sin estas medidas, la preocupación por el futuro de la educación superior en Paraguay no pasará de meras declaraciones, de buenas intenciones y poco más.

    El Estado tiene la obligación de velar por el derecho de los ciudadanos a recibir una educación de calidad, haciendo inversiones en sus propios instituciones y también asegurando que quienes estudien en centros privados no sean estafados y adquieran efectivamente las capacidades indispensables para el trabajo profesional. Es de esperar que se adopten sin pérdida de tiempo las medidas para ofrecer esta garantía a los ciudadanos, más allá de los poderosos intereses que pudieran estar involucrados.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 20 junio, 2016, 8:01 am
  15. Estudiantes estafados y cuevas de ladrones

    Por Rolando Niella

    La estafa de que han sido víctimas más de ocho mil estudiantes es una calamidad: después de haber pagado y cursado sus estudios universitarios, se han encontrado con que las cuevas de ladrones (no universidades, sino cuevas de ladrones) donde estudiaron no estaban habilitadas para impartir su carrera y, en consecuencia, esos alumnos no pueden recibirse ni obtener su título profesional.

    Se trata de una verdadera calamidad no solamente para los estudiantes estafados, sino para todo el sistema educativo del Paraguay. Además no es la primera vez que ocurre. Hace aproximadamente un año una excelente investigación del equipo periodístico del programa televisivo AAM (Algo Anda Mal) destapó el escándalo de la carrera de enfermería de Santa Librada que no solo impartía títulos sin validez, sino que tenía “contactos” que facilitaban colocar a las falsas egresadas en el sistema de salud pública ¿Cómo no se tomaron medidas de inmediato para que no volviera a ocurrir?

    Pero volvamos a la estafa actual que, para empezar, es un callejón sin salida para las víctimas: a esos estudiantes quizás se les pueda restituir el dinero, pero nadie les podrá devolver el tiempo y el esfuerzo invertidos. Tampoco se les puede reconocer un título profesional que no obtuvieron, habilitándoles a ejercer una profesión para la que no recibieron la formación adecuada.

    Con muy buen criterio, el ministro Riera propuso un plan, que incluye un examen de suficiencia que permitiría a los alumnos estafados reinsertarse en otras universidades según sus conocimientos sin empezar de cero, sino en un curso acorde con lo que realmente saben. Sin embargo, si aún las universidades habilitadas tienen una calidad de enseñanza pobre, no quiero ni pensar la miseria de formación que se obtiene de aquellas que ni siquiera están habilitadas.

    Siempre digo y es momento de repetirlo, que los delitos cometidos contra la educación son los más repugnantes que se pueden cometer. Los más dañinos para sus víctimas y los que producen un perjuicio más grave y perdurable en el conjunto de la sociedad. El mal causado hoy a la educación será un legado maldito para las próximas generaciones.

    También es gravísima la lesión de la confianza ciudadana en los profesionales surgidos de la enseñanza superior de nuestro país. Como están las cosas de descontroladas en el panorama universitario paraguayo, hoy por hoy en nuestro país no podemos ir a un médico, contratar un arquitecto, dejar un conflicto en manos de un abogado sin tener la fundada sospecha de que su habilitación provenga de una carrera trucha de una universidad de garaje.

    Las universidades que ofrecen carreras que no están legal ni académicamente habilitadas son apenas el último episodio de un panorama que, visto en su conjunto, ofrece una visión catastrófica de la educación superior: las universidades paraguayas cada vez peor evaluadas internacionalmente; venta de notas, robo y venta de exámenes, que han afectado inclusive a las universidades más serias. No hablemos ya de las que se dedican abierta y descaradamente a la venta de títulos, las que ofrecen “formación superior” estudiando solo unas horas los sábados o las que estafan ofreciendo carreras sin validez.

    La facilidad inverosímil con que se pueden fundar universidades en nuestro país, gracias a que los legisladores apoyan su creación a cambio de cargos académicos que no ejercen y cátedras que no imparten, como se descubrió durante la rebelión estudiantil del año pasado, es una de las causas de este descontrol caótico que está carcomiendo todo el sistema de enseñanza superior.

    ¿Cómo se ha convertido la educación superior en un desastre de tal magnitud? ¿Cómo ha llegado la corrupción a convertir las casas de estudios en cuevas de ladrones, que no solo roban dinero sino el futuro de los estudiantes y la confianza de los ciudadanos en la solvencia profesional de los que ostentan títulos universitarios?

    La respuesta a esas preguntas es muy simple: impunidad de los delincuentes, que tienen facilidades inimaginables para crear universidades, la inoperatividad de las instituciones encargadas de controlar la calidad de la enseñanza, que actúan siempre demasiado tarde y, finalmente, la inacción de nuestra justicia que hasta ahora no se da por enterada de la enorme cantidad y gravedad de los delitos que atentan contra la educación.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 19 junio, 2016, 8:39 pm

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

ÑE’ÊNGA ✓

Kóa ivai, he’íje imemby kururúva.22/05/17

impresos ✓

abcCOLOR

ULTIMA HORA

LA NACIÓN

EXTRA

POPULAR

CRÓNICA

5días

como dijo… ✓

@Pocho_py El tema acá es que el PJ es elegido por el Congreso y no es un poder independiente, son elegidos amigos y parientes y a dedo, lastimosamente.
@MarcosMikelj Por favor no a Lugo, ya probó las mieles del poder y todo lo que quiere es volver a sentir el "placer" de gobernar. Sabemos de sus negocios.
@Pykare Sólo la indignación lleva a poco. Para cambiar hay que convertirla en organización política con capacidad electoral y movilización.
@jjfd60 El MOPC y el Ministro Jiménez Gaona adjudican todas las obras a los "amigos", sin importar que esté mal diseñada.
@Vlad_Jara Hace dos o tres días atrás... Y puede ser pio hace dos o tres días adelante?...

A %d blogueros les gusta esto: