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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

La neblina y otros problemas de gobierno

El calibre de los candidatos que se plantearon para integrar la mesa directiva del Senado para el período 2016/2017 revela claramente que en esa disputa, más allá de los nombres, estaban en juego otras cuestiones más trascendentes. El presidente Horacio Cartes se jugó en esta disputa, pero no pudo evitar una derrota política que pone límites a su influencia. Sus efectos en los planes y en la gobernabilidad que precisa hasta la finalización del mandato se harán sentir en progresión creciente.

Los nombres de los senadores liberales Ramón Gómez Verlangieri y Roberto Acevedo no son los que normalmente uno vincularía a una disputa por el máximo cargo en el Congreso. No tienen, dentro mismo de su partido, el peso ni el prestigio ni otras virtudes visibles. Sin embargo, las circunstancias los pusieron en el centro de la escena y Acevedo, un candidato que hace 48 horas no estaba en boca de nadie, es el nuevo presidente del Poder Legislativo.

La coyuntura adelantó en el Senado una antinomia que, posiblemente, se irá agudizando en estas semanas en todos los espacios políticos: cartismo versus anticartismo. Ya no importa que el candidato sea Cartes. Bastará con que él le dé su respaldo o que simplemente la opinión pública perciba que es “su” candidato.

En el episodio del Senado, se puso de manifiesto que el Mandatario perdió capacidad de hacer acuerdos que trasciendan a sus reconocidos fieles (por la razón que sea) y también la de lograr mayorías circunstanciales convenciendo, por vía de ofrecimientos, a dirigentes de otras carpas políticas. Más preocupante aún, para él, es que haya evidenciado tener una percepción errada sobre los alcances de su poder e influencia.

No se trató solamente de la neblina que, según Gómez Verlangieri, evitó que pudiese despegar la aeronave que traería al senador Acevedo desde Pedro Juan Caballero hasta Asunción y lo privó de un voto clave.

Había cuestiones políticas más urticantes. Como el voto del senador colorado Luis Castiglioni a un liberal para que presida el Senado. ¿Podía un dirigente colorado con pretensiones de ser candidato presidencial en 2018 dar un paso que posteriormente tendría un alto costo político para él? Para Cartes, empeñado en derrotar a los disidentes, era una cuestión insignificante.

El resultado del Senado, entre otras cosas, deja al Mandatario muy dependiente de la Cámara de Diputados, en términos políticos. Estará obligado ahora a prestar más atención a sus correligionarios, “por si las moscas”.

No obstante, el empeño que ponga en tenerlos contentos puede igualmente resultar en vano. Los avatares del quehacer político podrían, de todas maneras, hacerle perder, a mediano plazo, el respaldo supuestamente sólido que tiene ahora en esa cámara.

Lo ocurrido en la Cámara Alta ratifica algo que se sabía desde que Cartes inició su mandato. Cuando debe decidir sobre candidaturas o cargos que dependen de su elección no se decanta necesariamente por un candidato colorado. Tampoco pone en primer lugar los siempre difusos “intereses del partido”.

La derrota del oficialismo en el Senado revive, impulsa y consolida una resistencia interna al cartismo, que había quedado maltrecha luego de las internas de hace un año atrás. El copamiento del cartismo en las instituciones públicas, que parecía incontenible, tuvo ahora un freno abrupto.

Como pasó en el Senado, puede que para enfrentar y derrotar políticamente al Mandatario no se necesiten nombres de peso. Especialmente, en la medida que él siga sin encontrarle la vuelta a esto de consensuar y gobernar, que cada vez le resulta más complicado.

Por Marcos Cáceres Amarilla

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/la-neblina-y-otros-problemas-de-gobierno-1490027.html

 

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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13 comentarios en “La neblina y otros problemas de gobierno

  1. Cada vez más lejos de Waldino
    20 junio, 2016

    Por: Marilut Lluis O’Hara
    Quizá muchos de ustedes no me crean pero hubo una época, hace menos de 30 años, que teníamos un Parlamento compuesto por hombres honestos, con trayectoria limpia y que no solamente se habían enfrentado a la dictadura con valentía sino que, ya en plena transición, supieron resistirse a las tentaciones de pasar del ostracismo a un mundo de primera, con fueros y privilegios que los ponían por encima del común de la gente.

    Ese fue su principal mérito. Hasta el final mantuvieron la coherencia. Jamás se aprovecharon de sus privilegios para eludir alguna responsabilidad. Por supuesto, eran tan honestos que jamás la Justicia necesitó solicitar el desafuero de alguno de ellos. Eran próceres, patriotas, paraguayos con un intenso amor a su país y su compatriotas, que incursionaron en la política y llegaron a las cámaras del Congreso convencidos de que podían hacer la diferencia para los habitantes de este país.

    La representación de todos ellos para mí siempre fue Waldino Ramón Lovera, un colorado de alma, involucrado profundamente con su partido y su ideología. Quizá no fue el mejor de todos ellos pero sí el más visible, el que posicionó en el ambiente la visión de que política y ética no tenían por qué ser términos contrapuestos.

    Además, llegó a ser presidente del Senado y del Congreso y fue bajo su mando que se convocó a la Convención Nacional Constituyente que redactó y sancionó la Constitución vigente. No era fácil de tratar, el convencimiento que tenía de sus ideales era tan profundo que no tenía ningún reparo en enfrentarse a quien fuere, hasta al propio presidente de entonces, Andrés Rodríguez. Y así mismo, no tuvo problema en renunciar a su cargo de presidente del Legislativo cuando el Ejecutivo intentó tener injerencia.

    Cuando pienso que el cargo que ocupó Waldino será ahora de Robert Acevedo entiendo por qué ha sido tan envilecida la política y se ha alejado tanto de la gente y sus necesidades. El liberal es el fiel reflejo de lo que es el Congreso actual, una cueva llena de delincuentes que se meten a la política y logran una banca en alguna de las cámaras para guarecerse en los fueros y escapar de la Justicia.

    No hay en ninguna de las cámaras del Legislativo actual alguien que mínimamente se acerque a Waldino. Porque los que no tienen causas pendientes con la Justicia tienen actitudes complacientes y serviles que logran dar un blindaje a los que –si no fueran legisladores- estarían desde hace rato tras las rejas.

    Lo peor es que como sociedad somos tan inútiles para transmitir a los más jóvenes las enseñanzas que hombres como Waldino dejaron, que hoy por hoy, puedo asegurar, son muy pocos los que han escuchado hablar alguna vez de él. Y así hemos ido involucionando, como si fuéramos cangrejos. Y hoy debemos conformarnos con Robert Acevedo y sus compinches, cuando ayer nomás teníamos a Waldino y sus compañeros.

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    Publicado por Anónimo | 23 junio, 2016, 8:01 am
  2. Congreso Nacional convertido en “prostíbulo y circo”

    En Perú, una prostituta se promovió como candidata para lograr un escaño en el Congreso de su país; con dicho fin integró una lista del partido Frente Amplio (izquierda) y realizó campaña electoral bajo el lema: “una puta decente que hará del Congreso un burdel respetable”. No es el primer caso en que la política práctica atrae a personajes que son completamente ajenos al oficio o arte de gobernar. En Ecuador, hace pocos años, un grupo juvenil hizo campaña electoral por “don Burro”, un jumento al que vistieron elegantemente y le hicieron concurrir a un local de inscripción, donde fue rechazado como candidato. Pero en las redes sociales “don Burro” obtuvo más de diez mil simpatizantes. En el Brasil, el popular payaso “Tiririca” fue en el 2010 el diputado federal más votado. En su campaña electoral fue sincero: “No sé qué hace un diputado. Vótenme, y después les cuento”.
    Palabras más, palabras menos, este es el tipo de actitud que gana espacio a lo largo y ancho de América Latina, respecto a los congresistas, legisladores o concejales, entre los cuales la cantidad de mediocres y farsantes es tan elevada, en proporción, que no hay más remedio que preguntarse si, siendo verdadero el supuesto de que los políticos electos representan al pueblo, entonces, ¿cuál es el nivel cultural y moral de ese pueblo que votó por ellos?
    El Paraguay no es una excepción en materia de la escasísima consideración que merecen los legisladores en la opinión pública. Nuestros senadores, diputados y concejales, en general y salvo contadísimas y conocidas excepciones, no despiertan ninguna admiración ni respeto en el seno de nuestra sociedad.
    En efecto, el expresidente de la Cámara de Senadores, Mario Abdo Benítez, se despachó en relación con nuestro Congreso con términos fuertes, manifestando que la institución a la que pertenece se parecía a un prostíbulo. Tras la elección de Robert Acevedo como nuevo titular del Parlamento y revelados los entretelones de cómo se dio esa “elección”, no se puede sino darle la razón a “Marito”.
    Pero los parlamentarios, lejos de preocuparse por la situación, no parecen mover un dedo para siquiera intentar revertir tal triste condición; al contrario, todos los días aparece una noticia acerca de cómo un diputado o un senador encontró la fórmula para esquilmar al Tesoro público o aprovecharse de su cargo para vender su voto a favor de proyectos legislativos claramente antipopulares o perjudiciales para el interés general.
    En nuestro medio social se ha analizado y debatido varias veces esta situación de grave descrédito que padecen nuestros políticos en general, y nuestros congresistas en particular. Las respuestas al problema apuntan, casi siempre, al sistema electoral. Muy pocos dicen “somos un pueblo mayoritariamente inculto y por eso es natural que elijamos representantes mediocres”; la opinión que suele primar es la de que, quienes manejan las cúpulas de las organizaciones políticas predominantes y tienen el poder de elaborar las listas de candidatos (“listas sábana”), prefieren integrarlas con muchos zopencos dóciles y pusilánimes, gente por lo general carente de personalidad, sin criterio propio ni gallardía suficiente como para, llegado el caso, adoptar decisiones por sí misma, sin dejarse ordenar o sobornar; vale decir, actuando como verdaderos representantes del pueblo y no como meros agentes de operaciones de una cúpula o de un caudillo.

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    Publicado por Anónimo | 22 junio, 2016, 9:18 am
  3. El político
    22 Jun 2016

    Por Richard E. Ferreira-Candia

    En “El Príncipe”, Maquiavelo se preguntaba si es mejor ser amado que temido. La decisión más básica que un político moderno debe tomar es si será agresivo o conciliador. ¿Debe exhibirse osadamente defendiendo nuevos enfoques y posiciones o centrarse, por el contrario, en un cambio gradual? ¿Es hora de levantar la bandera y cargar o de mediar diferencias y buscar obtener consenso gradualmente?

    El comandante leía parte del libro “El Nuevo príncipe”, del experto en comunicación política, Dick Morris, quien fuera asesor de Bill Clinton durante veinte años. Con las acostumbradas tazas de café negro, sin azúcar, en la mesa del Café Literario, tratábamos de entender el estilo de hacer política en nuestro país. Para tener un punto de referencia, habíamos acordado repasar el libro, editado en su primera edición en 1999.

    Siguió leyendo: “Erróneamente, el temperamento personal o la pasión del político por lo general gobierna esa decisión crucial. Más bien, el estado de ánimo de los tiempos es lo que debería ser decisivo. El líder político visionario o estridente que llega en un momento en que el país clama por unidad nacional se caerá de narices (…) Importa menos si la agenda de un político es grandiosa o pequeña, o si su personalidad es explosiva o calma: debe adecuar su estilo al estado de ánimo de la época”.

    Y aquí nuestro punto de análisis. Para describir el estado de ánimo de nuestra época no podemos sustraernos del histórico estado de confrontación política en el que siempre estuvo sometido el país. El hacer política, mirada esa ciencia como un servicio a la sociedad, contrasta completamente con la realidad social, con la necesidad de la gente, cansada de constantes enfrentamientos.

    Coincidimos con el comandante en que antes que dialogar y lograr consensos, los políticos prefieren polarizar sus posturas, para generar más confrontaciones, estériles muchas veces, que hacen dejar de lado los temas que importan a la sociedad. La clase política no dialoga, se enfrenta. Un claro ejemplo fue lo que sucedió la semana pasada con la definición de la mesa directiva del Congreso. Los dos bloques prometían incluso lo que no tenían para lograr el ansiado “voto 23”. Uno de ellos, indudablemente, iba a lograr esa mayoría. Y fue así, como era de esperarse. Debería ser fin de la historia y a seguir. Pero, no. Fue el inicio de un nuevo escenario –nada raro, por cierto–, con acusaciones de todos los colores, como si fuera que es la primera vez que en el Parlamento ocurre una situación de esta naturaleza. En unas semanas más, los que hoy se cuestionan mutuamente estarán acordando políticamente sobre otro tema.

    El comandante comentó que Morris, al hacer un análisis sobre este tipo de situaciones de enfrentamientos desde el punto de vista de lo que anhela la ciudadanía, señala que generalmente durante los periodos de confrontación la gente espera que el sistema político antes que ahondar en las diferencias más bien describa las alternativas y diseñe nuevas respuestas a los problemas que vienen.

    En nuestro país, ocurre al revés, le indiqué. Muchos políticos de nuestro corral, antes de buscar las alternativas de solución, entienden que logran un mejor posicionamiento político y mediático según la cantidad de confrontaciones en la que estén metidos. Y si entran con discursos y acusaciones fuertes, mejor. Una dura declaración es segura difusión en un medio, es el asesoramiento que reciben los políticos. Logran probablemente ese espacio mediático, pero, analizan ¿cuál es la reacción de la gente?

    Se considera a la confrontación como arma política y de captación de apoyo electoral. Esa teoría de atacar para lograr respaldo ya no es tan efectiva como antes. La gente está cansada de las confrontaciones y de las disputas. La ciudadanía no es tonta. Si bien aún vive en un estado de pseudo-participación que le impide reaccionar con mayor fuerza, es capaz de descifrar cuando un político hace prevalecer la estrategia del ataque por encima de la necesidad del diálogo. Se convierte en un simple tirador político que poco a poco pierde credibilidad.

    Tomó un sorbo de café mientras hojeaba el libro. Al encontrar la página que buscaba, levantó la vista y detalló lo que plantea Morris: “Los nuevos desafíos que nuestra política debe abordar son menos económicos que sociales y sus remedios se vinculan más con cambios en las actitudes y las costumbres que en aumentar el gasto público”. Es decir, Ferreira, lo que la clase política paraguaya debe demostrar es que puede hacer prevalecer la necesidad de la gente por encima de todo. El único camino es el diálogo y el consenso. Pero para que esto se dé necesariamente se tendrá que dar un cambio de actitud y de costumbre política. Y, lamentablemente, estamos lejos de esa posibilidad. Eso.

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    Publicado por Anónimo | 22 junio, 2016, 9:13 am
  4. Responsabilidad política
    21 Jun 2016

    Los hechos noticiosos de las últimas semanas generan, naturalmente, la atención de la gente debido al impacto y sus dimensiones preocupantes, como lo ocurrido y ocurre en Pedro Juan Caballero y la criminal actuación de los agentes de la Senad el fin de semana.

    A estos temas se debe sumar lo que sucedió hace unas semanas en el penal de Tacumbú, con el incendio que dejó un trágico saldo y, además, en descubierto, una vez más, que el hacinamiento carcelario por la nula reacción judicial y escasos recursos es una realidad lacerante que se convierte en una bomba de tiempo.

    Generalmente la clase política aprovecha este tipo de hechos noticiosos para no poner en la vidriera temas que hacen al fondo de los problemas, como la situación de la Justicia, que afecta no solo a la situación de ese poder, sino también a otros ámbitos relacionados a esos problemas comunes que vemos y leemos todos los días. Este es un tema que está pendiente de solución desde el inicio del proceso democrático y el tan mentado deseo de contar con una justicia responsable y seria sigue siendo una utopía en el país.

    Muchas veces las decisiones que deben ser relevantes para el bienestar de la sociedad quedan desapercibidas. Y este es el caso de la Justicia. Si bien a lo largo de los años hubo intentos fallidos para reformar este poder, con la inclusión de nuevos integrantes en la máxima instancia judicial, hasta ahora tiene una enorme deuda con la sociedad.

    Las determinaciones que deben ser tomadas en el ámbito político, porque así disponen las leyes, respecto al futuro del Poder Judicial, en especial de la Corte Suprema de Justicia, deben estar centradas en la necesidad de formar, de una vez por todas, un cuerpo que permita a la Justicia cumplir con su rol.

    El electo presidente del Congreso Nacional, Robert Acevedo, que asumirá funciones el 1 de julio, indicó luego de su designación que el juicio político a los ministros de la Corte Suprema de Justicia Sindulfo Blanco, Óscar Bajac y César Garay Zuccolillo será uno de los temas prioritarios ni bien inicie su gestión, independientemente a cómo sea el resultado del pedido.

    “Tenemos que dar un finiquito a ese tema, sea cuál sea el resultado, sea culpable o no. Es una tarea pendiente del Senado dar un finiquito a ese tema y vamos a estar dando absoluta prioridad al tema”, apuntó el senador liberal en ese sentido. Así debería ser. Que este tipo de temas sean tratados en su debido tiempo y con la seriedad que se requiere, evitando largos períodos que no ayudan en nada, salvo para que aparezcan pescadores de río revuelto.

    La definición de temas de una manera ágil para que no se conviertan en punto de confrontaciones estériles que hacen perder el tiempo, es una constante deuda de la clase política. Son interminables las discusiones que se dan en torno a temas muy importantes, invisibles para la gente, como el de la situación de la Justicia. Son legítimas todas las posturas que cada sector tiene, pero lo inexplicable es la falta de definición inmediata de los puntos planteados. La extensión de plazos hace que se abra siempre una ventana para que entre todo tipo de cuestiones que nada tienen que ver con el problema de fondo.

    Similar cuestión puede ocurrir ahora con las ternas armadas por la nueva mayoría en el Senado para varios cargos. Se anuncia en Diputados que se rechazarían los planteamientos para el contralor, subcontralor, defensor del Pueblo y defensor adjunto. Se pide que se analicen los perfiles técnicos por encima de lo político, un argumento perfectamente atendible y comparable también con la postura que debe tener el Senado para el caso de los miembros de la Corte Suprema de Justicia.

    La clase política tiene pendiente un considerable número de temas que son importantes, pero que probablemente no son visibles durante todo el tiempo en los medios y, por ende, tampoco de la sociedad que marcha en algunas ocasiones con el mismo ritmo planteado por las noticias que son difundidas como las más importantes.

    Como responsables de la conducción política del país, los políticos deben ser conscientes de que deben tomar con absoluta seriedad las discusiones y posturas sobre temas que hagan al fondo de los problemas. El tipo de espectáculo que se dio la semana pasada en el Senado, que sesionó en medio de gritos y acusaciones, no es precisamente el mejor ejemplo de una alta discusión para definir esos temas que son fundamentales si se quiere lograr que el país avance hacia un mejor futuro.

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    Publicado por Anónimo | 21 junio, 2016, 6:24 am
  5. Relaciones políticas promiscuas
    19 junio, 2016

    Casi siempre vemos que las relaciones personales terminan en pésimas relaciones políticas, ya que los sentimientos que unen a dos personas no siempre implican que compartan mismos ideales y trayectoria.

    Así que una buena relación personal puede terminar siendo promiscua en el ámbito político, en donde, generalmente, uno se aprovecha de la imagen del otro para beneficio propio. Y empeora cuando la persona con trayectoria y reconocimiento adecuados, renuncia a ellos por proteger a su pareja.

    Allí está el caso de Desirée Masi, una política respetada en el pasado, que ha tenido actuaciones importantes durante la época de la dictadura, e incluso después, cuando fue directora del Hospital de Clínicas. Sería interesante saber cuál hubiera sido su actuación en el Congreso, si no dependiera de ella la libertad de su marido, Rafael Filizzola, quien tuvo una efímera y nefasta actuación en la función pública.

    Todo lo que hace Desirée, a quiénes ataca y con quiénes se alía, están inspirados por la “sagrada” misión de salvar a “Rafa” de Tacumbú. Cualquiera pensaría que fiel a su trayectoria, ella sería de las primeras en impulsar el juicio político a los ministros de la Corte, ya que su combate a los sinvergüenzas fue bien frontal anteriormente.

    Pero no, la senadora del PDP se ha aliado con quienes quieren proteger y salvar a los tres ministros acusados por varios delitos. Y el único motivo de todo esto es que uno de ellos, César Garay Zuccolillo, tiene en su poder el expediente de la causa que involucra a su esposo en lesión de confianza por la compra sobrefacturada de unos helicópteros para la Policía Nacional, cuando era ministro del Interior del gobierno de Fernando Lugo.

    Imagínense nomás que Desirée, que formó parte del equipo que enfrentó al dictador y convirtió al Hospital de Clínicas en un bastión de la resistencia, ahora está tete a tete con los stronistas que ocupan bancas en el Senado. Y lo hace con total desparpajo; no solo vota con ellos sino que hasta farrea con ellos como si todo lo que ocurrió hace menos de tres décadas no valiera la pena recordar.

    Y todo porque Rafa puede enfermarse si pisa la cárcel. Así que no nos equivocamos cuando decimos que políticamente, la relación Masi-Filizzola –que en la vida cotidiana son un matrimonio de muchos años- es promiscua.

    Hay otra pareja política que también tiene mucha intervención en el escenario y una elevada exposición en los medios, como la conformada por el candidato a presidente del PLRA, Efraín Alegre, y la senadora de la misma agrupación, Blanca Fonseca. Ambos, ahora alineados con Robert Acevedo, siempre actuaron en bloque, independientemente de lo que resolviere el Directorio del liberalismo.

    Sin embargo, en los últimos días sucedieron hechos que llamó la atención a medio mundo. La pareja liberal no actuó del mismo modo. Mientras Efraín celebraba la elección de Acevedo como titular del Congreso, junto con Desirée y demás senadores que le dieron el voto al cuestionado legislador, Fonseca saludó la nominación pero delimitándose y haciendo duras críticas a la senadora Massi y a su marido, con quienes Efraín mantiene un “trío político” desde hace años, motivando los celos de la dirigente del PLRA.

    Así las cosas, lo personal se mezcla con lo político y viceversa, arrojando como resultado enojos, celos, infidelidades o lealtades que terminan descomponiendo todo, empezando por la razón principal por la que están ocupando bancas, en unos caso, o cumpliendo roles dirigenciales en los partidos.

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    Publicado por Anónimo | 20 junio, 2016, 8:08 am
  6. En pelea de ladinos, gana el más tramposo

    La semana se inició con la fuerte pulseada por la presidencia del Congreso. La puja entre el presidente Horacio Cartes y Mario Abdo Benítez y sus aliados opositores se definía en un cuadrilátero puramente matemático, ganaba el que lograba 23 votos, con golpes bajos, traiciones y puñaladas bajo el poncho.
    Fue una pelea de ladinos y ganó el más taimado.

    Las luces de neón anunciaron al ganador, pero sobretodo al gran derrotado: Cartes, que fue superado nuevamente por la alianza hilvanada entre colorados disidentes, la Multibancada (Frente Guasu, Partido Democrático Progresista, Partido Encuentro Nacional y Avanza País) así como liberales no llanistas.

    El nuevo presidente del Senado y por ende del Poder Legislativo es el liberal sin bandera, Roberto Acevedo, siempre en el ojo de la tormenta cuando hay noticias del narcotráfico y el lavado de dinero.

    TODO VALE. La elección de la mesa directiva de Senado y Diputados siempre se desarrolló a fuerza de alianzas coyunturales, concesiones, trueques y traiciones. Y con la participación activa del presidente de la República, cuya gobernabilidad depende ampliamente de quien esté sentado en el sillón legislativo.

    Sin embargo, esta definición en el Senado tuvo ribetes inéditos, con actitudes que revelan cuán bajo ha caído la política.

    LAS NEGOCIACIONES. El martes, el oficialismo convocó sorpresivamente al Senado para elegir la mesa directiva. Esto significaba que habían quebrado la disidencia y tenían la mayoría justa (23 de 45). Hasta entonces, el voto de oro era el liberal Ramón Gómez Verlangieri, quien había jurado lealtad a Marito y su grupo que entonces postulaban a Cachito Salomón. Pero el cartismo, de la mano de Víctor Bogado, hizo una jugada y logró atraer al liberal a sus filas entregándole la presidencia del Senado. Gómez llegó de EEUU y fue llevado directamente por Bogado desde el aeropuerto a una residencia oculta, fuera del radar de los disidentes. El cartismo había logrado entonces también el apoyo de Roberto Acevedo.

    Pero el martes Acevedo plantó a sus aliados, alegando exceso de neblina que evitó el vuelo desde Pedro Juan. La realidad era otra, ya había cruzado al bando disidente que en un acto de desesperación le ofreció la presidencia para evitar el triunfo cartista. Y lo lograron. No solo eso, además, como corolario del golpe político integraron las ternas para la Contraloría y la Defensoría en una sesión que no duró ni media hora el miércoles.

    Nocaut. Cartes quedó en el piso del ring, derrotado y humillado.

    DE GANADORES Y PERDEDORES. En el estricto plano político, sin dudas, el perdedor es Cartes. Así como la derrota es huérfana, la victoria tiene muchos padres: Mario Abdo, Fernando Lugo, Carlos Amarilla, Desirée. Hasta un elemento extra Parlamento se anotó: Efraín Alegre que aprovechó para mostrarse como arquitecto clave de la jugada y así golpear a Blas Llano, cuyo delfín es su adversario en la interna liberal que se define el 26. De paso se sacó una foto oportuna con Lugo a quien busca como aliado para el 2018.

    Además de Cartes, el otro que mordió polvo fue Llano, quien está empezando a pagar la factura de su excesivo acercamiento al presidente.

    Y aunque es el ganador moral de la jugada, sin embargo Marito es otro derrotado. No logró la continuidad de su grupo en la presidencia del Congreso, la terna para Contraloría es totalmente opositora y en la Defensoría el candidato más débil es un colorado. Sus ex aliados coparon los cargos: Julio Velázquez es vicepresidente del Senado y Enrique Baccheta logró un puesto en el Consejo de la Magistratura. Se quedó con una secretaría, que recayó en el frustrado candidato Salomón. En un año no supo consolidar su liderazgo.

    MORALEJA. Esta elección deja un sabor amargo, tanto en victoriosos como derrotados. No fue el triunfo del diálogo, el consenso, la negociación, del acuerdo, siquiera de la astucia política. Fue una historia de revanchas y venganzas. Cartes y Marito, con sus respectivos aliados, jugaron a muerte con el único objetivo de ganar, con cartas marcadas y candidatos de dudosa fama.

    Fue también el triunfo de la traición. Ramón Gómez se convirtió en candidato cartista porque traicionó en el último minuto a sus amigos disidentes. Y Acevedo se convirtió en titular del Congreso porque traicionó en el último minuto a sus amigos cartistas. Coincidentemente, ambos son dirigentes inorgánicos en el PLRA, con movimientos propios, que giran con el viento que más generosamente beneficia sus intereses particulares.

    Queda otra realidad que degrada aún más al PLRA y que sus respectivos aliados concluyen amargamente: hacer un trato con liberales es caminar en la cornisa porque no tienen palabra, conducta ni dignidad. “Ganaron los chantajeadores”, admiten los propios triunfadores.

    Los disidentes saben de la fragilidad de esta nueva mayoría. Se preguntan hasta cuándo Acevedo estará con ellos.

    Y eso lo sabe el otro bando que ya maquina nuevas tentaciones.

    Por Estela Ruiz Diaz

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    Publicado por Anónimo | 19 junio, 2016, 9:37 pm
  7. Los paraguayos de primera y sus “fueros”

    Los fueros parlamentarios, a los que el art. 191 de la Constitución llama inmunidades, han sido desvirtuados completamente en nuestro medio, ya que con frecuencia son utilizados para impedir que legisladores incursos en una sospecha de ilicitud sean objeto de cualquier persecución penal, favorecidos además por el espíritu corporativo de sus colegas.

    Lo que fue concebido originalmente en las monarquías constitucionales para impedir que el rey se liberara de algún molesto parlamentario, acusándolo de algún delito, fue convertido en el Paraguay en una coraza para asegurar la impunidad mientras el presunto delincuente ocupe una banca. Aunque cometiera un crimen flagrante, no podría ser procesado si la Cámara respectiva creyera que el sumario no tiene suficientes méritos. En otros términos, si a una mayoría de legisladores no le da la gana de que uno de sus miembros sea sometido a un juicio oral y público, habrá que soportar que eventualmente siga haciendo de las suyas, con toda libertad. El espíritu de cuerpo, tan arraigado en nuestros órganos electivos, responde a la expresión “hoy por ti y mañana por mí”.
    Los fueros han sido concebidos para amparar el libre ejercicio de la función legislativa y no para que sirvan de escudo para impedir que autores de delitos comunes sean sancionados de acuerdo a la ley como cualquier otro ciudadano. Para más, como esa prerrogativa puede ser invocada incluso por aquellos que hayan delinquido antes de ser electos, qué mejor inversión que destinar una parte del dinero mal habido a una campaña electoral o a la compra de un buen lugar en una lista “sábana”. Tamaña aberración evidencia entonces que se puede aspirar a la inmunidad parlamentaria para escapar a la acción de la Justicia no solo por las fechorías que se lleguen a cometer durante un periodo legislativo, sino también para impedir ser enjuiciado por hechos punibles anteriores. La protección constitucional se convierte así en una indignante impunidad durante el ejercicio del mandato.
    En el editorial del 17 de junio de 2015 dijimos: “…la inmunidad parlamentaria fue bastardeada por la politiquería, envilecida con la prepotencia y deformada por las interpretaciones de mera conveniencia, abusivas y oportunistas. Muchos de nuestros senadores y diputados gustan de entender la inmunidad que les concede la Constitución, no de la manera que dictan la sana doctrina jurídica y el sentido común, sino de la forma que más les favorece a ellos: como un blindaje especial contra la acción de la Justicia, como una licencia para la impunidad”.
    Salta a la vista que esa aberrante interpretación atenta contra el principio de igualdad ante las leyes, consagrado en el art. 47, inc. 2, de la Constitución. Resulta que los habitantes de la República deben ser enjuiciados cuando existen indicios de que cometieron un hecho punible, pero 125 privilegiados pueden seguir delinquiendo aunque hayan sido sorprendidos, antes o después de ser elegidos, con las manos en la masa. Salvo que sean privados de sus fueros por una muy difícil de obtener mayoría de dos tercios de la Cámara correspondiente.
    Como si la ventaja de los fueros ya no convirtiera a nuestros legisladores en ciudadanos privilegiados, debe recordarse también que los senadores tienen activa participación en la conformación de la Corte Suprema de Justicia; que senadores y diputados tienen el poder de enjuiciar políticamente y destituir a los mismos; que senadores y diputados integran el Consejo de la Magistratura, que conforma las ternas para jueces y fiscales; y también tienen sus representantes en el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados, que los juzga y sanciona en caso de mal desempeño de funciones. ¿A qué ministro de la Corte, juez o fiscal no se le ha de erizar, entonces, la piel cuando interviene en un juicio que involucre a un legislador?
    Un caso revelador es el del senador colorado Víctor Bogado, que desde hace dos años viene trancando el juicio que se le sigue en el sonado caso de la “niñera de oro”, que lo involucra. ¿Puede suponerse, por ejemplo, que Juan Pueblo tuviera tanto poder y dinero para soportar tan prolongado proceso judicial? Y conste que en este caso Bogado a último momento se vio obligado a solicitar él mismo su desafuero, abrumado por el escándalo y los escraches.
    Se comprueba así que el mortal común que litigue contra un legislador, o se vea acusado por este, tiene ante sí una muralla virtualmente infranqueable. Es razonable, por tanto, que el director de nuestro diario solicitara al juez interviniente que pida el desafuero del senador Víctor Bogado para que el litigio derivado de la querella que este interpuso por supuestos delitos contra su honor y reputación tenga lugar en igualdad de condiciones.
    La garantía de igualdad ante las leyes, consagrada expresamente en la Constitución Nacional, debe impedir que un parlamentario que intervenga en un pleito judicial sea favorecido por unos fueros que le protejan de una eventual consecuencia penal. Por consiguiente, es inadmisible que tal prerrogativa sirva también para que, como litigante, un senador tenga de entrada las espaldas cubiertas.
    Como se ha visto, las reflexiones precedentes no son nuevas, sino que responden a una inquietud justificada por la interpretación torcida que se ha venido haciendo de los fueros parlamentarios al solo efecto de impedir la condigna sanción de hechos punibles en los que haya incurrido un ciudadano que ocupa una banca. La desigualdad es irritante, por lo que el art. 47, inc. 2, de la Constitución no debe ser violado por nadie ni mucho menos por quienes sancionan las leyes.
    Así las cosas, lo que se impone es que los ciudadanos y las ciudadanas ejerzan presión firme y perseverante con el propósito de alejar a tantos ladrones de las instituciones creadas para servir al pueblo. En nuestro país ya no debe haber paraguayos de primera y de segunda.
    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/los-paraguayos-de-primera-y-sus-fueros-1490014.html

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    Publicado por Anónimo | 17 junio, 2016, 11:10 am
  8. El país no necesita senadores planilleros

    El pueblo paraguayo ejerce el poder por medio del sufragio y delega el gobierno en los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial. Si algunos de estos tres poderes no realiza de manera satisfactoria y eficiente el trabajo que le fue asignado, la República está en problemas. Y ese precisamente es el actual escenario, particularmente creado por uno de estos poderes: el Legislativo. Las últimas dos sesiones de la Cámara de Senadores quedaron sin cuórum, por la ausencia masiva de colorados oficialistas y liberales. Cuando los legisladores no acuden a su lugar de trabajo, importantes proyectos de ley quedan sin ser tratados. Los senadores deben honrar la responsabilidad que asumieron, que les fue otorgada por el voto popular.

    La Cámara de Senadores tiene la alta responsabilidad de legislar, entre otras tareas asignadas por la Constitución Nacional.

    Para ello, sus miembros no solamente reciben un muy buen salario –la suma de G. 32.774.840–, sino que además tienen inmunidad.

    Nuestra Carta Magna establece que ningún miembro del Congreso puede ser acusado judicialmente por las opiniones que emita en el desempeño de sus funciones. Asimismo, ningún senador o diputado podrá ser detenido, desde el día de su elección hasta el del cese de sus funciones, salvo que fuera hallado en flagrante delito. Y, si este fuera el caso, podrá ser puesto bajo custodia en su residencia, y solamente si sus pares así lo deciden se pueden suspender sus fueros y solo en ese caso podrá ser procesado por el delito cometido.

    La historia reciente nos muestra además que los pedidos de desafuero –para senadores o diputados– pueden perderse en una maraña de intereses políticos.

    Es decir, los senadores tienen un buen salario e inmunidad, los que les son otorgados para que precisamente hagan su trabajo sin enfrentar dificultades. Pero ellos faltan a sus deberes sin siquiera respetar el reglamento interno que les exige comunicar cuándo no van a asistir a la sesión. En las últimas convocatorias se ausentaron 25, y solo tres justificaron sus ausencias.

    Uno de los legisladores que justificó su inasistencia es el liberal Ramón Gómez Verlangieri, quien no estuvo presente en las dos últimas sesiones, del jueves 2 y el jueves 9 “por motivos particulares”. El trascendental motivo era asistir en los Estados Unidos a la Copa América.

    La rabona ya es una práctica común y está viciada por intereses que nada tienen que ver con el interés de lograr el bienestar de todos los paraguayos. En la última sesión muchos de ellos estaban en el edificio, pero no asistieron a la sala. Ellos, simplemente, no forman cuórum cuando quieren evitar el tratamiento de algún tema, y lo hacen de manera alevosa. Por ejemplo, la ausencia masiva en la sesión pasada permitió la ampliación por 30 años más para la empresa constructora Tape Porã de la concesión de la ruta 7, esta vez por la vía de la sanción automática.

    Además de dejar correr los tiempos para sanciones automáticas de leyes, el Parlamento también se convierte en el cuadrilátero para negociar apoyos para renovar la mesa directiva o pasar facturas al presidente del Congreso, etcétera.

    El funcionamiento de esta Cámara de Senadores es una vergüenza para el país. Ningún trabajador paraguayo tiene sus privilegios: Ganan G. 32.774.840, se reúnen solo cuatro veces al mes y no sufren descuentos en sus salarios cuando se ausentan sin aviso.

    En este país es costumbre repetir –cual mantra– que solo el trabajo podrá sacar adelante al Paraguay. Los senadores deberían dar el ejemplo y recordar que la paciencia de la ciudadanía también tiene un límite.

    http://www.ultimahora.com/el-pais-no-necesita-senadores-planilleros-n999582.html

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    Publicado por Anónimo | 17 junio, 2016, 11:04 am
  9. ACEVEDO PRESIDENTE
    Andrés Granje
    Los manejos políticos son turbios y con códigos de hampones en nuestro país, sino fíjense lo que pasó para el nombramiento de la nueva mesa directiva de la Cámara de Senadores, donde jugaron a las escondidas algunos de los senadores para no ser presionados por los sectores en pugna, el oficialismo que ante el cisma creado en el Partido Colorado ofreció el cargo más importante el de Presidente del congreso a la oposición, el liberal, Ramón Gómez Verlangieri, en cambio los disidentes colorados puesto como opositores también designaron a un liberal el Pedrojuanino Roberto Acevedo, quien fue finalmente el elegido, esta sesión extraordinaria hace semanas venía postergándose a la espera de juntar los votos necesarios, que será un procedimiento autorizado por el reglamento pero que no deja de tener un tufillo rufianesco.
    Además el elegido Presidente Roberto Acevedo, tiene antecedentes de vinculación con el narcotráfico en la frontera con Brasil, inclusive fue víctima de un atentado al más puro estilo ajuste de cuenta de la mafia, en su ciudad, del cual milagrosamente salió ileso, de alguna forma refleja los antecedentes de vida del electo presidente del Congreso. Esto de alguna forma es indicadora de la degradación constante de la clase política en el Paraguay, si se comparará los nombres de los que estuvieron y de los que están desde que comenzó la etapa democrática, se puede observar cómo fue decreciendo la calidad de nuestros representantes, donde también los electores tenemos mucha culpa pues somos los que con nuestros votos los sentamos en los curules,
    Sucede que está es una de las democracias más caras del continente, y de menor intensidad, los electores les cuestan demasiado caro a los candidatos, se les deben ir a buscar en vehículos para que se trasladen hasta los lugares de votación y después darles un incentivo, por decir un eufemismo, por la compra de conciencias que significa pagarle para que voten por uno, entonces una vez electo el parlamentario y hasta los presidentes o intendentes no son mandatarios sino mandantes y no tienen ningún compromiso con ese elector al cual pagó para que votará por él, de la misma forma que el elector no tiene ninguna autoridad moral para reclamar nada.
    Entonces para que funcione el sistema primero los ciudadanos debemos tener mayor responsabilidad cívica para elegir a los que creemos mejores, no a los que pagan para que se les voten, entonces podremos exigir a las autoridades que cumplan con sus promesas y a nuestros representantes que son los parlamentarios que hagan política con seriedad y no se presten a funciones Cantinflescas en el congreso humillándonos con sus inconductas, comprometiendo el futuro democrático de la nación y metiéndose en negociados turbios que los convierten en millonarios de la noche a la mañana, mientras el pueblo sufre hambre y necesidades.

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    Publicado por Anónimo | 17 junio, 2016, 11:00 am
  10. Malditos fueros

    Por: Marilut Lluis O’Hara

    Hace unos días, Adolfo Ferreiro publicó en las redes sociales que, como senador, se opondría a cualquier pedido de desafuero contra algún colega suyo, porque no le merecen confianza ni la Justicia ni la Fiscalía.

    En primer lugar, resulta que esas mismas Justicia y Fiscalía son las que diariamente debe enfrentar Juan Pueblo, que no tiene ni fueros ni padrinos para evadirlas. Así que de entrada, la frase de Ferreiro es desagradable y ofensiva para los ciudadanos que vivimos en un absoluto estado de indefensión, sin jueces, fiscales ni legisladores que tengan alguna mínima intención de protegernos.

    Y lo que es mucho más grave, no hay ningún pedido de desafuero que tenga que ver con alguna persecución al legislador en cuestión. Cada vez que un juez pide el desafuero de un senador o diputado, es porque el sujeto está involucrado en algún delito común que, generalmente, involucra la desaparición de varios millones de las arcas del Estado. Así que esos senadores a los que Ferreiro defiende e intenta proteger, no son más que presuntos ladrones, delincuentes comunes y no víctimas de alguna persecución.

    Quien haya creado los fueros lo hizo pensando en que la persona que ocupa un alto cargo debía tener la suficiente libertad de actuación para cumplir con su tarea sin que sectores ajenos lo presionaran, chantajearan o pervirtieran. Y esto es correcto. En la época de Stroessner, por ejemplo, esos fueros habrían sido justificados ya que los legisladores contrarios al régimen debían haber estado protegidos al opinar en contra del dictador y sus abusos. Por supuesto, justamente en ese caso, los fueros no les sirvieron de nada porque igual fueron reprimidos.

    Pero en este momento, nadie persigue a nadie por su opinión –por lo menos no de manera abierta- así que los fueros se convirtieron en un artículo de lujo que lo que hace es dar impunidad a sinvergüenzas que debieran estar en la cárcel y no ocupando bancas en un poder del Estado.

    Los legisladores cobran un salario de unos 30 millones de guaraníes mensuales, además de cupos de combustible y otros privilegios que son imposibles para cualquier ciudadano de este país que no haya podido acceder a un espacio en el Congreso. Y allí hay gente con alguna trayectoria válida, como el mismo Ferreiro, y hay gente que fue colocada por la narcopolítica u otra mafia, para velar por los intereses de los delincuentes.

    Lo menos que se puede hacer para equiparar en algo las cosas es que esos que son sospechosos para la Justicia pierdan el privilegio de los fueros y enfrenten las acusaciones como cualquiera de nosotros. Y eso es algo que Ferreiro y otros legisladores nos deben; ellos son los que pueden paliar tan feroz desigualdad.

    Le dije a Ferreiro que aunque tengan privilegios diferentes, finalmente los legisladores no son superiores a nosotros y deberían saber enfrentar a la misma Justicia y la misma Fiscalía a la que nos enfrentamos sus compatriotas de la calle.

    En realidad, sí somos mejores que ellos; quizá porque no tenemos dónde guarecernos de los atropellos y abusos de poder, hemos aprendido a dar la cara, enfrentar los desafíos y poner nuestros pechos como muralla. Por supuesto que somos mucho mejores que esos badulaques!

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    Publicado por Anónimo | 17 junio, 2016, 7:33 am
  11. El Congreso
    16 Jun 2016

    Luego de varias semanas de negociaciones entre los bloques parlamentarios ayer fue conformada la nueva Mesa Directiva del Congreso Nacional, inusualmente incluso antes de que termine este período, como pocas veces se dio en los últimos años, cuando las tratativas incluso iban hasta horas antes del último día para la elección. Las nuevas autoridades asumirán el 1 de julio y tendrán a su cargo dirigir el Poder Legislativo en un período que se cree será bastante turbulento políticamente ya mirando las elecciones generales del 2018.

    Con una mayoría ajustada de 23 votos, los senadores eligieron al liberal Robert Acevedo como nuevo presidente de la instancia parlamentaria. Le acompañarán como vicepresidente primero Eduardo Petta San Martín, del Partido Encuentro Nacional (PEN), y, como segundo, el colorado disidente Julio César Velázquez. La homogeneidad en la conformación es muestra de la necesidad que existe en el Parlamento de lograr acuerdos políticos, y es saludable para el sistema democrático, porque, además, no representa el copamiento de un color como se dieron en otras épocas.

    La integración se dio con un acuerdo entre colorados disidentes, parte del PLRA y partidos opositores. Una vez más se demostró que cuando se trata de negociaciones políticas, hasta el último minuto se pueden dar cambios. Como se sabe, el lunes se daba como un hecho que el titular del Senado iba a ser el también liberal Ramón Gómez Verlangieri, pero la intención fue frustrada tras fracasar las negociaciones del oficialismo colorado con el propio Acevedo, que argumentó que no pudo llegar a Asunción “por la neblina” que había en Pedro Juan Caballero. Tenía el as bajo la manga y ahora se convirtió en presidente.

    El Congreso es el estadio adecuado para las altas discusiones políticas que sirvan para la construcción y no para desmeritar lo que se intenta hacer. Desde ese lugar se deben analizar con seriedad los temas que interesan al país, bajo una mirada estrictamente enfocada hacia el bienestar común de la gente. Así también lo debe hacer el Ejecutivo, mostrando apertura para consensos políticos sobre los proyectos que encara para evitar confrontaciones que solo sirven para estancar aún más las acciones que se desean desarrollar. La relación Ejecutivo-Congreso debe ser fortalecida porque depende del nivel de confianza entre los dos poderes del Estado para encarar los proyectos que son urgentes, sobre todo para la economía y la disminución urgente de la brecha social.

    Uno de los desafíos más grandes que tiene el Congreso, así como los otros dos poderes del Estado, es actuar de acuerdo con las necesidades de la población por encima de los intereses políticos, grupales o ideológicos. La crítica por crítica sin argumento alguno es lo que ha causado al país un retraso enorme en relación a lo que se debe hacer para solucionar los graves problemas. La responsabilidad de las acciones está en el Ejecutivo y el Poder Judicial debe colaborar con la imposición de justicia castigando a los que osen sacar dinero de la lata.

    De esta era democrática se debe valorar el respeto político, salvo algunos hechos puntuales de hace varios años, de los resultados electorales en elecciones nacionales o locales, así como el acatamiento político a las designaciones en un poder del Estado como el Congreso. Los grupos derrotados deberán aceptar que el juego de la democracia permite ganar y perder, y que en esta ocasión, en el Senado les tocará la instalación de un mandato pluripartidario conformado de acuerdo con los reglamentos internos.

    Que uno esté a favor de quién ocupa el cargo es otro análisis, no menos importante, pero, como beneficio de duda, siempre existirá un período de la gracia. La clase política y la propia ciudadanía sabrán discernir sobre si fue correcta o no la elección y el tiempo dirá el efecto positivo o negativo que tendrá en el Parlamento. Mientras tanto, se deben echar bases para que los poderes del Estado, como debe ser, trabajen de manera conjunta por el bien del país, que ya no es capaz de soportar más enfrentamientos estériles y dañinos.

    Aprovechando la nueva conformación de la Mesa Directiva del Congreso, es bueno recordar de vuelta que, a pesar de las diferencias políticas e ideológicas, los actores principales de la política en Paraguay deben empujar juntos a una nación que imperiosamente necesita crecer con el acompañamiento de una clase dirigencial responsable y comprometida. El Congreso y el Ejecutivo tienen la oportunidad de dar un buen ejemplo en este nuevo período.

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    Publicado por Anónimo | 17 junio, 2016, 5:39 am
  12. El Congreso no debe ser liderado por impresentables

    La puja por elegir al próximo presidente de la Cámara de Senadores y del Poder Legislativo revela una vez más que a la actual cúpula política solo le importa mantener el control del poder, aunque ello implique recurrir a legisladores muy cuestionados para acaparar los principales cargos, con figuras que en algunos casos incluso mantienen deudas pendientes con la Justicia. Si este criterio se impone en la conformación de la mesa directiva, el Congreso Nacional seguirá arrastrando la pésima imagen que se ha ganado ante la ciudadanía. Es de esperar que la mayoría no siga el juego del oportunismo y opte por referentes más creíbles.
    A pesar de que los pronósticos aseguraban una ajustada mayoría de 23 votos para imponer a sus candidatos para la presidencia y las dos vicepresidencias del Senado –y por consiguiente, con la titularidad del Congreso Nacional–, los senadores oficialistas y aliados al cartismo no lograron reunir ayer el cuórum necesario para una sesión extraordinaria, en la que pensaban elegir a las nuevas autoridades legislativas.

    Las negociaciones políticas continúan y hasta el momento se mantiene el criterio sobre el cual operó abiertamente el presidente de la República, Horacio Cartes, consolidando una alianza entre senadores del oficialismo colorado y de una parte de las fuerzas de oposición, para elegir como presidente del Senado y del Congreso a Ramón Gómez Verlangieri (liberal), como vicepresidente primero a Víctor Bogado (colorado) y como vicepresidente segundo a José Manuel Bóbeda (Unace).

    En esta lista confeccionada por el cartismo y sus aliados se percibe claramente que la principal intención es lograr el control de la presidencia del Poder Legislativo, acaparando aún más el manejo de los organismos del Estado, aunque ello implique poner en los cargos directivos a legisladores muy cuestionados por su trayectoria ante la ciudadanía.

    En el caso del senador Gómez Verlangieri, además de diversas críticas a su gestión y a su estilo de liderazgo como caudillo liberal en Central, resalta su participación en un reciente conflicto con funcionarios del Congreso, en donde su actual pareja sentimental fue una de las principales promotoras y se encuentra imputada por perturbación a la paz pública.

    El más cuestionado del trío de los candidatos presidenciales es el senador colorado Víctor Bogado, procesado por estafa en el caso de la denominada niñera de oro, quien viene esquivando la acción de la Justicia a través de diversas chicanas judiciales.

    Igualmente, muy ligado al entorno del fallecido general Lino Oviedo, el senador José Manuel Bóbeda se volvió célebre por sus pintorescas posturas homofóbicas y misóginas en las sesiones del Congreso.

    Más allá de estos casos puntuales, resalta que, con tal de asegurar la titularidad del Poder Legislativo, la actual cúpula del oficialismo cartista no duda en recurrir a gastadas y controvertidas figuras políticas, en lugar de resaltar los valores de transparencia y compromiso con las necesidades ciudadanas, que deberían caracterizar a los verdaderos servidores públicos.

    El presidente del Congreso Nacional es el tercero en la línea de sucesión presidencial, y en casos de ausencias del presidente y el vicepresidente deberá asumir la primera magistratura. Es un cargo muy importante como para depender de figuras impresentables.

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    Publicado por Anónimo | 17 junio, 2016, 5:38 am
  13. ¡Inescrupulosos!
    16 junio, 2016

    Muy grave. De otra forma no puede calificarse lo sucedido ayer en la Cámara de Senadores, no solo por la maniobra de convocar a sesión extraordinaria de un minuto a otro y, a tambor batiente, imponer la nueva mesa directiva, sino la total ausencia de escrúpulos de la disidencia colorada y del luguismo para conseguir “el” voto que necesitaban para conseguir el objetivo, sin importarles un bledo quién era su dueño. Y a este le ofrecieron nada menos que la presidencia del Congreso. Conclusión, desde el 1 de julio el país tendrá al frente de uno de los poderes del Estado al senador Robert Acevedo, quien en reiteradas ocasiones fue denunciado por mantener vínculos con el narcotráfico, que habría sido la razón por la cual sufrió dos atentados a manos de sicarios. Una verdadera vergüenza y un golpe bajo a la imagen institucional de la República.

    Notablemente, los propiciadores de este hecho son los que constantemente pretenden dictar cátedras de moral y buenas costumbres, sobre todo aquellos que integran la “multibancada”, léase PDP, Frente Guazú y Avanza País. Sin embargo, en el afán de “joder” al gobierno de Horacio Cartes, no tienen problema en pactar con el mismísimo diablo, con un stronista o un sospechado de tener relaciones con la mafia.

    Algunos políticos que no se guían por principios, así como “analistas” que se caracterizan por sus tibias opiniones, pretenden minimizas lo ocurrido. Argumentan que “así nomás es la política”, que “es fruto de la falta de cultura para arribar a consensos” y que en definitiva, “nada va a cambiar respecto al ciclo legislativo que ahora culmina”. Esto último puede ser cierto, lo que significaría que desde el Senado se seguirá poniendo palos a la rueda de la carreta, tal como se hizo desde el 1 de julio del 2015 a esta parte. Pero en lo fundamental, se equivocan. Lo que consideran “política” es su contra cara, su negación, que se asienta en la fatídica fórmula del “toma y daka”.

    Por otro lado, voceros del “grupo de los 23”, la cantidad justa para tener quorum, venían sosteniendo que el supuesto plan del Ejecutivo era copar la Cámara Alta. Paradójicamente, apenas obtuvieron “el” voto que les daba la mayoría, aplicaron la aplanadora y se alzaron con todos los cargos en disputa y, tal como se filtrara de una conversación mantenida por la senadora Desirée Masi el pasado lunes, harán lo mismo cuando se designen las presidencias de las comisiones asesoras.

    Otra mala noticia. El senador Enrique Bacchetta también fue impuesto como miembro del Consejo de la Magistratura. Mala porque en no pocas ocasiones fue denunciado por sus propios colegas abogados por usar su cargo, entonces en el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados, para presionar a los jueces a fin de que dictaminen según su conveniencia, bajo pena de que si así no lo hicieren, serían juzgados y destituidos de sus cargos.

    “Los 23” seguramente sigue de fiesta e incluso hoy, en la sesión ordinaria, tal vez rindan honores al infatigable luchador por los DD.HH recientemente fallecido, Luis Alfonso Resck. ¡Caraduras!

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    Publicado por Anónimo | 16 junio, 2016, 7:47 am

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