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Partidos en quiebra

La Asociación Nacional Republicana es un partido en quiebra, y lo mismo podría decirse de otros si no fuera por el auxilio que reciben del Estado. En el caso del Partido Colorado, la quiebra es aun con el subsidio y el aporte del Estado, y a pesar de los descuentos semicompulsivos de sueldos de funcionarios que accedieron a cargos de relevancia “gracias al partido”.

Los partidos desarrollan campañas proselitistas prácticamente canibalezcas en las cuales se derrochan fondos, muchos de los cuales son de origen público, pero sin mucho resultado en comparación al costo.

Quedaron estancados en el tiempo y sus estructuras hoy son más parecidas a organizaciones militares que a instituciones políticas. Están preparados para impulsar campañas electorales –ni siquiera para organizarlas, porque cada grupo o movimiento arma su propio comando– y se olvidan de la verdadera misión que motivó su creación.

Cuando se intentó reorientar legalmente el aporte estatal para los partidos políticos, todos pusieron el grito en el cielo porque ningún partido recauda de su masa societaria fondo alguno sino están a la espera de lo que puedan extraer de las tetas del Estado y de funcionarios incautos que pagan de esa forma anticipadamente parte de la cuenta de impunidad.

En realidad, la quiebra financiera de estas agrupaciones no se debe tanto a la falta de contribución o de aporte a las arcas partidarias sino a la falta de capacidad de organizar o reorganizar un instrumento apropiado para el cumplimiento de los fines de una sociedad política. Se crearon verdaderos elefantes blancos con perfil asistencialista y propagandístico en las épocas pasadas, y en vez de aggiornarse pidieron que el Estado fuera al auxilio colocando funcionarios estatales en sus planillas de empleados.

De esta forma, el ciudadano común –pertenezca o no a un partido– contribuye doblemente a las finanzas de estas quebradas organizaciones, por un lado con el aporte y subsidio y por el otro con el sueldo de funcionarios que aparecen como perteneciendo a la Justicia Electoral, organismo cómplice de todas estas anormalidades.

Pero lo más grave para la vida democrática del país no es que a los partidos les falte dinero para su presupuesto de rutina o que sean en realidad barriles sin fondo, sino que se mantengan en quiebra en cuanto a los fundamentos mismos de su creación.

Ya dejaron de ser grupos organizados de personas que comparten objetivos y opiniones políticas semejantes y que buscan influir en las políticas públicas mediante la elección de sus candidatos para cargos públicos, para convertirse de hecho en aparatos controlados por claques dirigenciales de tres a cinco grupos que se turnan en el copamiento de los cargos ofertados por la República para cumplir con los ritos de la democracia.

Prácticamente ninguna actividad de capacitación se observa en los partidos y menos aún el esfuerzo por recoger y articular las necesidades y problemáticas identificadas por sus miembros y simpatizantes. Tampoco buscan ser el punto de equilibrio entre distintas demandas y convertirlas en políticas generales.

Ya no alertan ni movilizan a los ciudadanos a participar en las decisiones políticas. Tampoco transforman sus opiniones en alternativas políticas viables sino ponen a su consideración decisiones y posturas asumidas sin debate alguno. Lejos están además de ser semilleros de líderes capaces de conducir los destinos de la nación y ya solo esperan que algún outsider de gran popularidad se fije en ellos. Si no quieren quedar en el pasado, deben demostrar que pueden reaccionar, pero no lo están haciendo.

Por Edwin Brítez

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/partidos-en-quiebra-1488872.html

 

 

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

3 comentarios en “Partidos en quiebra

  1. Pseudoparticipación
    15 Jun 2016

    Por Richard E. Ferreira-Candia

    La instauración de una efectiva democracia representativa y participativa sólo puede surgir y consolidarse como una tarea de la sociedad en su conjunto, sobre el fundamento de una cultura y de una ética para la democracia, decía Augusto Roa Bastos, en 1994, señaló el comandante, que tenía en sus manos el libro “Política, poder y democracia en el Paraguay”. El texto reúne una serie de artículos de análisis de la transición paraguaya, tras la caída de la dictadura en 1989, entre ellas uno del mayor representante de la literatura paraguaya, cuyo aniversario de nacimiento se recordó el lunes. De estar con vida (falleció en el 26 de abril del 2005) hubiera cumplido 99 años.

    El libro editado ese año (1994) tenía como objetivo exponer el contexto político en el que se desarrollaba el país y los desafíos para la nueva generación. A más de 20 años de su publicación, el análisis sigue vigente, observó el comandante. Decía Roa Bastos que “la búsqueda y la construcción de una cultura para la democracia y de una ética para la acción cívica y civilista pasan necesariamente por la desvelación (manifestación de una verdad secreta u oculta) de todos los enigmas y equívocos que ensombrecen la perspectiva de inmediato futuro político, económico y social”.

    Con el comandante comentábamos sobre lo escrito por el Premio Cervantes mientras disfrutábamos de nuestro acostumbrado café negro, sin azúcar, sentados en el Café Literario, en un ambiente cómodo y cálido, mientras afuera el frío castigaba.

    Identificamos al menos tres palabras claves que hasta ahora son válidas para entender por qué estamos sumergidos en una frágil democracia: Sociedad, cultura y ética. Si bien es cierto crecimos como sociedad, aún estamos lejos de una verdadera cultura de participación de la gente en la construcción de ciudadanía. De la falta de ética, sobre todo en la política, no hay mucho que agregar. Para describir esta situación tenemos casos a montones y como algunos de ellos podemos citar la manera escandalosa en la que la clase política sigue utilizando la estructura del Estado para su beneficio, la irresponsabilidad en el cumplimiento de funciones (la permanente falta de quórum para las sesiones en el Congreso, por ejemplo) o las negociaciones por cargos en las que prevalecen intereses partidarios o personales antes que el fortalecimiento de las instituciones (como las tratativas en el Senado).

    Roa Bastos, ya en ese año, advertía que “la tarea sin duda será larga y ardua en la tentativa de hallar los códigos reales y naturales de la cultura para la democracia que todos deseamos”. De lo recorrido, a modo de ser generosos, es necesario rescatar lo que se avanzó para seguir formando la cultura democrática de la que habla, sobre todo desde la sociedad.

    El comandante dijo que si bien existe una mayor participación de la gente en algunos de los asuntos de interés general sería mucho afirmar que la ciudadanía está verdaderamente comprometida. Vivimos –agregó– en lo que los estudiosos de la política llaman “pseudoparticipación”, que es cuando muchos creen que por escuchar la radio, leer los periódicos, ver la TV o comentar en las redes sociales ya se convierten en ciudadanos públicamente activos. Y eso está lejos de la realidad. Es casi igual como el caso de aquellos hinchas del fútbol que creen que participan del éxito de su equipo viendo el partido desde la comodidad de su hogar y no alentando desde las gradas.

    Pedimos otro par de cafés. Aproveché para comentarle que en el diario me habían preguntado por qué la costumbre de las conversaciones con un café de por medio. Es simple, como ya hablamos, pero es bueno recordar. Rememoró luego: Allá por 1743, como describe muy bien el asesor de comunicación política español Luis Vera su libro “El poder político en escena”, un observador alemán explicaba el café con una analogía interesante: “un café es como una bolsa de valores de la política”. Mientras en las tabernas se comía, bebía y hablaba de todos los temas más divertidos, en los cafés se reunían aquellos que deseaban hojear los periódicos o escuchar el comentario más reciente. Eran los lugares más frecuentes para las discusiones políticas. Cuenta, además, que en la Europa de esa época, la relación del café con el periodismo era tan cercana que los propietarios de los cafés de Londres solicitaron al Parlamento el monopolio sobre la publicación de los periódicos. No le concedieron el pedido, desde luego.

    En pocas palabras –apuntó el comandante–, cabe decir que hoy los cafés tal vez ya no son los únicos lugares para distribuir y recoger noticias importantes, pero siguen siendo sitios estupendos para analizar detenidamente, sin apuro alguno, lo que sucede a nuestro alrededor. Como por ejemplo nuestra frágil democracia. Esa democracia, que como decía Roa Bastos, debe ser representativa y, sobre todo, participativa. Eso.

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    Publicado por Anónimo | 15 junio, 2016, 5:35 am
  2. ¿Para qué la reelección?

    En febrero pasado, el presidente Horacio Cartes pidió que no se hable más de reelección porque la Constitución “no me permite a mí ni a nadie pujar por otro período”. Luego, en abril, ya fue menos categórico y dijo que “no estoy habilitado por la Constitución, pero en el interior todo el mundo dice que cinco años son muy pocos”, para después señalar, en mayo último, que “es prematuro conversar sobre la reelección”. Es decir que de una tajante negativa pasó a una especie de “no, pero la gente insiste”, como justificaba el “único líder” Alfredo Stroessner sus reelecciones primero y su vitaliciado después. Del mismo modo, parece que Horacio Cartes quiere dejar la puerta abierta para conversar sobre el tema.

    Paralelamente, son muchos los actores políticos que vienen buscando algún atajo para eludir la prohibición tajante de la reelección a la que aludió el Primer Mandatario, y evitar el camino de la reforma de la Constitución mediante una Convención Nacional Constituyente para, tal vez, hacerla posible.

    Por eso, la pregunta que se plantea ahora no es cómo hará el presidente Cartes para imponer su “rekutu”, sino qué motivos expondrán él y sus seguidores ante la ciudadanía para justificar el pedido de reelección. Por ejemplo, vale la pena preguntar si serán suficientes las acciones, gestiones y resultados de Gobierno que la ciudadanía debe ver y comprobar para sentirse motivada a considerar la posibilidad de otorgar una segunda oportunidad al actual mandatario y a otros dos que están a la pesca, que son su correligionario Nicanor Duarte Frutos y el exobispo Fernando Lugo, líder de la izquierda.

    En el caso del actual presidente, ha transcurrido más de la mitad de su mandato y lentamente se viene desinflando el aire de triunfalismo que el mismo vino demostrando a través de los primeros desafíos, como por ejemplo lograr la gobernabilidad en el Congreso, la cohesión de los parlamentarios colorados y de las fuerzas internas de su partido, así como las herramientas legales aprobadas en el Parlamento para poder gobernar con éxito, como las leyes de Alianza Público-Privada y de Responsabilidad Fiscal, para pasar por el examen triunfal de las elecciones internas y terminar en el fracaso de los comicios municipales.

    No fue necesario llegar a mitad de mandato para comprobar que los colaboradores elegidos con criterio de “selección nacional” no estuvieron ni están –hasta ahora– a la altura de las expectativas ciudadanas en materia de resultados concretos, a pesar de la disponibilidad de abundantes recursos económicos obtenidos a través de bonos, en una magnitud que compromete la estabilidad económico-financiera futura de la Nación.

    El ímpetu inicial del Jefe de Estado para, como corresponde, respaldar a sus ministros y otros altos funcionarios del Ejecutivo frente al tradicional acoso partidario que invoca el derecho del ganador, así como el impulso en favor de la transparencia y del combate con cierta eficacia a la corrupción, se fue frenando poco a poco, y todos estos males volvieron a permear los filtros para instalarse nuevamente en la relación del partido con el gobierno y del gobierno con los partidos, como también en las estructuras del Estado, para que continúe como antes el festín de meter la mano en la lata, sin consecuencia alguna para los sinvergüenzas y bandidos de todos los colores.

    No existe en estos momentos motivación ciudadana para que se plantee la reelección presidencial, ni del actual presidente y menos aún de los anteriores, en especial de Nicanor Duarte Frutos y de Fernando Lugo, que defraudaron a la ciudadanía por actos comprobados de corrupción que proliferaron durante sus mandatos, además de la desidia y la falta absoluta de interés y dedicación que demostraron para resolver los acuciantes problemas que agobian a la población. Para no ir lejos, el escandaloso caso de la deuda de Petropar con PDVSA, ahora en cartelera, salpica a ambos gobernantes.

    Existen sí sobrados motivos para exigir que el presidente Cartes, sus asesores y ministros, en especial estos, inviertan todo el tiempo necesario y toda la energía y capacidad personal con que puedan contar, para dedicarlos a buscar y resolver los problemas nacionales que afectan a toda la población, en vez de pensar y procurar permanecer por un periodo más en sus cargos.

    Las declaraciones antes mencionadas del Jefe de Estado de negar absolutamente primero la posibilidad de la reelección, luego invocar el supuesto deseo del pueblo para, finalmente, pretender un diálogo sobre el tema, demuestran la actitud hipócrita del oficialismo, que a todas luces está embarcado en la aventura de la reelección, aunque por ahora lo hace todavía disimuladamente a través de intermediarios políticos.

    Esto implica, para el eje central del gobierno, distraer la atención, la inteligencia, la voluntad y el esfuerzo de miles de recursos humanos de alto nivel –en quienes se gasta una inmensa cantidad de dinero público– en una cuestión que corresponde más bien a la esfera de los partidos políticos y de las organizaciones de la sociedad civil.

    Sabemos que, para dar este paso, los impulsores de la idea deben recurrir inevitablemente a todo tipo de artimañas, como manipulaciones de personas y normas vigentes, mentiras públicas, propaganda engañosa y hasta traiciones, sin entrar a considerar el torrente monetario destinado a doblegar voluntades y tal vez cosas peores, con tal de llegar al objetivo.

    Paraguay no se puede dar el lujo de incursionar en este escabroso escenario para satisfacer la vanidad de un grupo de personas, o de unos pocos angurrientos que se autoproclaman únicos salvadores de la patria, y con su mezquina actitud frenan las legítimas ambiciones de líderes jóvenes y honestos que están en condiciones idóneas de ejercer funciones de conducción.

    Nuestra democracia, aun cuando sea imperfecta, es obra de una ciudadanía que viene de derrotar a un régimen dictatorial, cruel y corrupto, al cual se enfrentó sin cálculo de beneficio. La reelección, en las actuales circunstancias de nuestro país, representará un retroceso político y un freno al avance democrático, cuyos desafíos están orientados a solucionar problemas de relevancia, como la pobreza, la corrupción, la inseguridad que nos arrastran y nos mantienen aún anclados en el atraso por falta de interés y patriotismo de la elite política.

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/para-que-la-reeleccion-1488735.html

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    Publicado por Anónimo | 14 junio, 2016, 10:15 am
  3. “Lacres” en oferta

    El episodio del senador colorado Carlos “Lacre” Núñez, a quien el presidente Horacio Cartes llevó la semana pasada de paseo a París para que no haya quorum en la sesión del Senado y se sancione en forma automática la polémica ley de concesión a Tape Porã, saca a la luz una metodología que utiliza y utilizará en forma recurrente.

    Eso se hará más evidente en los próximos días porque estarán en juego varios cargos políticos claves que se deben negociar en el Congreso.

    No es que el Mandatario haya empezado a aplicar ahora esa clase de maniobras. En realidad, las viene utilizando desde antes de asumir el cargo. La diferencia es que a partir de ahora ya no le importa demasiado dejarlo en evidencia.

    El senador Núñez, que cobró notoriedad cuando en una sesión de su cámara descalificó a los travestis llamándolos “lacres de la sociedad” (sic) también revela el lamentable nivel cultural y moral de algunos legisladores. Se escandalizan por cuestiones que presuntamente van “contra las buenas costumbres”, pero no tienen empacho en vender sus principios y su dignidad (en el supuesto que la tuvieran) por un viaje a Europa y por un cargo para un hermano. Esas sí son lacras de la sociedad que, para más, ostentan el cargo de representantes del pueblo.

    En el escenario que se abre para los últimos dos años de su mandato, Cartes precisará seguramente de otros “lacres” para llevar adelante sus planes. La duda es hasta dónde puede llevar las cosas.

    La disputa política inmediata se concentra en la presidencia del Senado, un espacio donde, a cualquier costo, el presidente quiere evitar sea ocupado por un disidente del Partido Colorado. Está dispuesto a respaldar inclusive a un opositor para presidente antes de dejar que tome el mando del Poder Legislativo un senador de su partido que no responda a sus directivas.

    La lógica que se maneja en el ambiente es que algunos senadores liberales no se juegan nada en esta disputa en el Congreso. Es decir, no tienen un proyecto con vistas al 2018, por lo cual les da lo mismo aliarse ahora con Cartes o con quien sea.

    Sin embargo, para los colorados será muy costoso, en términos políticos, seguir una eventual orden presidencial de votar a un liberal para presidente del Congreso.

    En la negociación, como es habitual en estos casos, están involucrados varios cargos: la Contraloría General, la Defensoría del Pueblo, la Fiscalía y la representación del Senado ante el Consejo de la Magistratura.

    La complejidad de llegar a un acuerdo hará, casi con seguridad, que el pacto que se necesita pase para después de las elecciones internas del PLRA del 26 de junio, momento en que estará clara la relación de fuerzas en ese partido y se podría imponer un voto de bloque.

    El Presidente precisa ganar en esta disputa política y también dar muestras contundentes de gestión. Por eso se jugó como lo hizo por el proyecto sobre Tape Porã en el Senado y está haciendo lo mismo en la Cámara de Diputados, para asegurar el plan de construcción de mil viviendas en un terreno del Ministerio de Defensa, en el barrio de Zeballos Cue. Estos proyectos, sí o sí, tienen que estar listos para antes de fin de año, de manera a allanar el camino del proyecto político de continuismo que se pretenderá instalar.

    No obstante, las urgencias del Mandatario pueden comenzar a abrir frentes peligrosos e imprevistos. Si debe aplicar en forma reiterada el “método” utilizado con el senador Núñez, las exigencias de algunos políticos de su partido irán en aumento y puede crear la sensación de que él está dispuesto a hacer cualquier cosa para conservar el poder. Algo que en el corto plazo terminará de echar por tierra la imagen de ser distinto a los políticos tradicionales que había querido dar.

    Por Marcos Cáceres Amarilla

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/lacres-en-oferta-1487746.html

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    Publicado por Anónimo | 14 junio, 2016, 9:55 am

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