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El Paraguay está de luto

Ha fallecido en el día de ayer el profesor Luis Alfonso Resck. Su personalidad ha sido tantas veces elogiada como paradigma de la conducta ética valerosa e intransigente que todo ser humano íntegro debiera tener, por lo que no puede dejar de recalcarse las innúmeras virtudes de este ciudadano que supo erigirse en modelo para varias generaciones de paraguayos. Se destacó tanto en el ejercicio de la docencia que desempeñó casi durante toda su vida, como en la práctica política y en la férrea e intransigente defensa de los derechos humanos. Por esta noble causa enfrentó con un valor inmenso a la dictadura de Alfredo Stroessner, lo que le valió persecuciones, cárceles y torturas. Tenía 92 años y estaba aquejado en su salud.

El profesor Resck viene a dejarnos justamente cuando la juventud de nuestro país se halla más requerida de ejemplos como el que él supo dar. Se va cuando nuestros políticos todavía lo requerían como espejo en el cual mirarse para imitar su altura moral. Porque de una cosa se puede estar seguro: no nacen todos los días ciudadanos de su condición e integridad.

El destacado extinto asumió desde muy joven la decisión de dedicar sus mejores talentos y sus mayores esfuerzos en la lucha por la libertad y por los derechos de sus conciudadanos, sometidos entonces a la dura y cruel represión de un aparato tiránico, que no desperdició ninguna ocasión para someterlo a toda suerte de apremios, malos tratos, infundios e insultos. Se convirtió así en uno de los dirigentes políticos opositores de su época más frecuentemente reprimidos por la policía del régimen dictatorial. Fue detenido ¡109 veces!

La dedicación que puso en su lucha por las reivindicaciones sociales y políticas siempre estuvo fuertemente enlazada con su militancia religiosa. Católico ferviente, cuidaba al detalle que ninguno de sus actos públicos o privados contrariara los principios de su conciencia, lo que le hacía una persona invulnerable a las diatribas y mentiras que los voceros de aquella nefasta dictadura intentaban emplear para desacreditarlo y contrarrestar el creciente entusiasmo que el profesor Resck inspiraba en las masas a las que arengaba en cuanta oportunidad se le presentaba.

Por esa vida dedicada a ser leal con sus creencias, con sus principios políticos, con su concepción de la dignidad humana, se granjeó la admiración, la simpatía y el afecto de la inmensa mayoría de sus contemporáneos, así como el respeto de las generaciones posteriores que supieron de sus luchas y padecimientos en pro de la libertad, la democracia y la vigencia real de los derechos humanos, tan largamente postergados antes y tan bienvenidos después.

Dedicado desde joven al gremialismo en la Universidad Nacional, enseguida sintió la vocación política, siendo uno de los fundadores, en 1960, del Partido Demócrata Cristiano. Una vez advenida la democracia, Resck fue convencional constituyente, enarbolando las mismas banderas que mostraron siempre sus principales líneas de conducta éticas e intelectuales: la defensa de la vida humana y de los derechos fundamentales de las personas.

Resck constituía para el régimen de Stroessner un opositor excepcionalmente incómodo, un adversario extremadamente pesado, porque representaba, en el campo de la ética, exactamente lo contrario de lo que todo stronista era en ese momento. Ni venal, ni pusilánime, ni obsecuente, ni timorato, ni ingenuo, ni cobarde; la dictadura no lograba doblar su espinazo con tentaciones ni con azotes. Su voz se hacía más estridente cuantas más veces lo apresaban y lo metían en las famosas mazmorras del Departamento de Investigaciones y en las de la “Técnica”. En resumen, Resck fue un hueso demasiado duro de roer para aquel régimen despótico que, en algún momento, decidió enviarlo al exilio, para siquiera librarse de tener que soportar sus arengas.

Atendiendo a la suma de los actos de una vida como la suya, dedicada al bien y a la virtud, a principios del 2015 el Prof. Luis Alfonso Resck fue reconocido por la misma Santa Sede, recibiendo de parte de Su Santidad, el papa Francisco, la condecoración “San Gregorio Magno”, que se concede a los laicos que entregan su existencia a la promoción y protección de los derechos humanos. Esta distinción no fue más que la culminación honorífica de una larga trayectoria de halagos, reconocimientos, agradecimientos y congratulaciones que el profesor Resck (“Lucho”, para sus innumerables amigos, colegas y exalumnos) fue recibiendo a lo largo de estas últimas décadas.

En aquella emotiva ocasión, nuestro diario consideró justo dedicar un editorial a la distinción que se le dispensaba a nuestro héroe civil. Afirmamos en ese momento que “También nos cae muy oportuno este reconocimiento a los paraguayos para recordarnos que la rectitud de conducta y la firmeza en los principios morales no son virtudes pasadas de moda o actualmente inservibles, como nuestra experiencia social y política actual parecen estar sugiriendo; y que una vida particular bien llevada, al servicio de la verdad, de valores éticos y de solidaridad, en algún momento es elevada al sitial de honor que le corresponde en el corazón de su pueblo y en las páginas de su historia”.

Y esto mismo cabe reiterar ahora que el insigne profesor Resck ha pasado a la inmortalidad. Ya tiene bien ganado su sitio en la historia patria, es cierto; pero, a cambio, el Paraguay pierde un paradigma justo en una época en que tanta falta nos hacen personas que nos muestren, con su limpia existencia y su conducta rectilínea, el camino hacia la construcción de un país menos corrupto, menos materialista, menos mediocre, que recupere sus ilusiones de ser un poco mejor, y que no desperdicie sus mayores esfuerzos en las banalidades de la inmediatez, que valore el futuro y tenga alguna meta por la cual valga la pena luchar en conjunto y solidariamente.

El profesor Luis Alfonso Resck deja un recuerdo indestructible en sus contemporáneos y un ejemplo a seguir para los más jóvenes.

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/el-paraguay-esta-de-luto-1488447.html

 

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

5 comentarios en “El Paraguay está de luto

  1. Luis Alfonso Resck: ¿el último social cristiano?
    23 Jun 2016

    Por Mario Ramos-Reyes

    Filósofo político

    La historia de los seres humanos, nuestra historia, está hecha de fechas. De eso no cabe duda. Somos seres cronológicos, con origen y destino. Pero también somos seres hechos de gestos y, sobre todo, de ejemplos y memoria. Memoria y ejemplo que apuntan a un destino. Y es, precisamente esto último, lo que ha identificado a ciertas personas que, con su vida, y ejemplo –su testimonio– no sólo marcan las notas de una generación, sino, y sobre todo, abren las puertas al futuro, un futuro que las nuevas generaciones tardarán en reconocer. Pero ese es su destino, esa es su misión. Y me atrevería a afirmar que, la vida del profesor Luis Alfonso Resck recientemente desaparecido, descansa en esa breve reseña: la del ejemplo del político que creyó que la libertad era parte esencial de la vocación que Dios nos da para vivir en una sociedad democrática. Nada más, y nada tan lejos de lo que se vivía en la dictadura estronista. Ni, agregaría, de lo que se vive hoy.

    Y esa vocación de testigo, sutil y abrazado al Misterio que hace todas las cosas, la vivió hasta el heroísmo. Me topé con el profesor Resck, cuando mi maestro Adrianito Irala me pidió que le ayudara a Chochi –como le llamaba cariñosamente– en tu tesis de filosofía.

    Era una generación bien definida pues había una identidad de valores, además de una serie de principios que iban acorde con todos los aspectos de la vida. Había más que política.

    –¿Cómo?– le protesté a Adriano. ¿Que yo le ayude al profesor Resck? Me parece que debe ser al revés.

    –Es que vuelve del exterior –era de uno de sus tantos exilios– y quiere aprovechar –terminó Adriano– lo que comenzó hace ya tiempo.

    Eso fue todo. Adrianito, como era habitual, me dejaba una tarea, agachaba su cabeza, daba una vuelta y se iba a caminar por el sótano aquel de la Facultad de Filosofía. Y así, mi relación con el profesor Resck comenzó, fructífera, más para mí que para él. Precisamente. Fue una relación bien extraña, heterodoxa: el que le ayudaba en su tesis sabía menos que el dirigido. Ese fue un encuentro, más que político, humano: un encuentro que me hizo autoconsciente del testimonio de su persona, y el de toda una generación que, desde la experiencia de la pertenencia a la Iglesia que surgía del Vaticano II, se comprometía a la liberación de la república. Y así repasamos, en nuestras largas conversaciones o sus monólogos –sus luchas que entonces eran aún un presente en pleno desarrollo pues aún estamos en pleno apogeo del estronismo– el relato de sus detenciones infinitas, su amado Liceo Juan XXIII, de la maldad inaudita de sus captores, de su amistad con Arístides Calvani y admiración por Eduardo Frei, de sus lecturas de Maritain y de Mounier, su pasión por los ideales socialcristianos, su defensa inclaudicable de la dignidad humana.

    El profesor Resck pertenecía a una generación brillante: la de los militantes laicos de movimientos de Iglesia, de la Acción Católica, que iluminados por los nuevos vientos pastorales iniciaron un cambio en la política tradicional en el país. Era la generación de los hermanos Adriano y Jerónimo Irala, de los padres Gilberto Giménez y Secundino Núñez, de Monseñor Bogarín, de Jorge H. Escobar, y don Hermógenes Rojas Silva, don Jose María Bonin, de Luis y María Celia Meyer, de Luli Andrada y de Ángel Burró, de Enrique Ibarra, y de Mary Scharla, de José Antonio Bebé Bergues, y de Miguel Ángel Montaner y José Altamirano y tantos otros que se me olvidan en la neblina del pasado. Esta fue una generación en el propio sentido de esa realidad: un grupo de personas que habían discernido los signos de los tiempos, identificándolos, para desde allí, tratar de cambiarlos, de liberarlos de las miserias políticas que lo acongojaban.

    Era una generación bien definida pues había una identidad de valores, además de una serie de principios que iban acorde con todos los aspectos de la vida. Había más que política. Había un ethos, una forma de vida, un proyecto futurible como me habría corregido Adrianito Irala. Era la generación social-cristiana que, siguiendo la tesis de Ortega, se extendería, en su formación y crecimiento, por cerca de quince años, sobreviviendo a las experiencias más duras: ilegalidad, exilio, cárcel, marginación, tortura. Es que una cosa es segura: esa generación sostuvo una vivencia: la de que todo cambio de política supone un cambio cultural, ya que toda expresión sociopolítica empieza por el ser humano que vive una cultura, es una manifestación antropológica de la misma. El resto, se daría, con el tiempo, por añadidura.

    El profesor Resck fue luz de esa generación: valiente, borracho de parresia para defender la dignidad del ciudadano. Su comunicación fue testimonial, la de alguien que puso en juego su vida, con una exigencia de ética casi sublime para persuadir, mostrar el camino. Su forma política no tenía nada de formal, estructurada de las ideologías materialistas. Se puede objetar, y lo he escuchado, que esa actitud no llevó a mucho, no cambió las “estructuras”. Creo que eso es un grave error de apreciación: conocer otra vida que no es la nuestra, que nos viene donada nos impele, como diría Ortega, “a intentar verla no desde nosotros, sino desde ella misma, desde el sujeto que la vive”. Así que, joven lector, si lees este pequeño homenaje, recuerda, que la libertad de leer lo que te viene en gana, y la de este servidor, se debe, en mucho, a las más de cien detenciones y torturas que sufrió el profesor Resck para defenderla.

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    Publicado por Anónimo | 23 junio, 2016, 5:37 am
  2. Solidaridad con Resck, solidaridad con Venezuela
    19 Jun 2016

    La muerte de Luis Alfonso Resck ha unido, al menos verbalmente, en el homenaje a todas las voces nacionales del espectro político, social y ciudadano, en el elogio a una actitud coherente y sin reparos en la lucha por la libertad y los derechos humanos, en un momento de tremendas divergencias que hacen que, en muchos casos, los principios y valores sean pisoteados y que los intereses nacionales queden relegados por los intereses coyunturales de grupos y alianzas con ambiciones totalitarias; es decir, en un espacio político en el que cada vez campea más el oportunismo, en detrimento de la institucionalidad y de la valorización de los principios democráticos, dejando incluso relegados esos principios libertarios y humanistas que caracterizaron la trayectoria del político social demócrata que nunca, a lo largo de su sufrida carrera política, intelectual y docente, relegó los valores en aras del oportunismo coyunturalista.

    Para decirlo con sus propias palabras: “Critico ‘a los amigos de acá’, que rinden homenaje a algunos dictadores de afuera, pero que sin embargo, acá en Paraguay, exigen la libertad. Yo les felicito porque acá exigen la libertad, pero les critico porque no exigen lo mismo cuando eso ocurre fuera del país; eso es inaceptable, es absurdo”.

    El héroe de la lucha en pro de la vigencia de la libertad y del derecho sabía bien lo que decía por dolorosa experiencia propia, ya que la mayor condecoración que ostentaba eran las más de 120 privaciones de libertad, bajo tortura, y cuyo peor castigo fue la sistemática condena al exilio, el ostracismo, ese castigo que los griegos consideraban como el máximo atentado contra el ciudadano, excluyéndolo de su propia patria, de su gente, del derecho a la ciudadanía en su propio hogar.

    En el exilio, Resk conoció también el reconocimiento mundial a su lucha por los valores, violentados en su país, recibiendo amparo y distinciones a sus méritos en la lucha democrática, en su dedicación a la defensa de los derechos humanos y la promoción de la educación, otra de sus vocaciones.

    El mundo democrático le resarció en cierta medida de lo que le negaban en su patria.

    Recibió el asilo y el apoyo, como otros exiliados paraguayos y de otras nacionalidades, en una Iberoamérica plagada de dictaduras que, incluso, gestaron organizaciones multinacionales para delinquir y perseguir a los ciudadanos que eran echados o huían de la persecución en sus patrias, de forma a crear un organismo internacional del terror contra los derechos humanos y las libertades.

    Uno de los países que le acogió fue la Venezuela de aquellos años, amparo de tantos exiliados paraguayos y de los países de la región, mayoritariamente secuestrados por las dictaduras.

    Es por eso, en gran medida, que le “dolía” que hoy los países iberoamericanos no tengan la memoria necesaria para solidarizarse con los que sufren la opresión dictatorial. Se refirió, entre otros, a Venezuela, que nos muestra un claro mal ejemplo de quienes exaltan la libertad, la democracia y los derechos humanos, siempre y cuando sea para su beneficio, pero que miran para otro lado y hasta “rinden homenaje” a los dictadores, siempre y cuando estén en su línea política o sean sus aliados, o financien su lucha por el poder.

    Es fácil solidarizarse con las víctimas retóricamente y, en la práctica, solidarizarse con los dictadores, con los victimarios.

    El mensaje de Resck es otro de sus reclamos a la sociedad: hay que ser coherentes,

    Y no, como decía el slogan de uno de los modelos de dictador bananero: a los amigos hay que darles todo; a los enemigos hay que darles con todo. Frase que, por cierto, adoptó la dictadura estronista y que hoy adoptan sectores políticos “bolivarianos”, que sufrió el hoy despedido héroe de la lucha por las libertades y los derechos, cínicamente elogiado por quienes defienden hoy lo que él combatió toda su vida.

    La solidaridad con las víctimas es, en estos casos, de cinismo político, un engaño para disfrazar ideas totalitarias, una estrategia política para usar los principios democráticos, los derechos humanos y los valores sociales en defensa de las “dictaduras amigas”. Los valores ideológicos y los principios democráticos van al tacho, ante las alianzas que, como estamos viendo en la región, encubren negociados económicos y abusos contra la ciudadanía.

    Bienvenida esa crítica de Resck contra los cínicos, en esta coyuntura tan crucial, en esta tan triste despedida, para evitar manipulaciones groseras, la nominación de las promociones colegiales de este año con el nombre de este luchador; pero no solo hay que nombrarlo, hay que enseñarlo, enseñar su ejemplo en todos los centros educativos de la nación.

    Será un gran ejemplo contra el totalitarismo, que es uno solo, se proclame de izquierda o de derecha: el absolutismo prepotente de una claque para esclavizar a la sociedad.

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    Publicado por Anónimo | 19 junio, 2016, 8:52 pm
  3. Luis Alfonso Resck

    Por Alcibiades González Delvalle

    Recuerdo a Luis Alfonso Resck como mi profesor en la escuela de periodismo del Instituto Sudamericano, en la calle Colón, en los inicios de la década del 50. Enseñaba redacción y castellano a los pocos alumnos que deseábamos ser periodistas en un tiempo en que la profesión era asociada a la vagancia, la bohemia y, en el mejor de los casos, a la vida romántica que se alimenta de sueños. Lo tuvimos solo un año al profesor. En el siguiente la escuela se clausuró por falta de alumnos. Cayeron en la cuenta, seguramente, de que en esos momentos había otras carreras con mejores perspectivas económicas y un rango social más atractivo.

    De esos años recuerdo también del profesor Resck sus gestos ampulosos, palabras estudiadas y contundentes –que le acompañarían para siempre– para acercarnos sus lecciones. De las horas cátedra, más de la mitad la dedicaba a comentar la realidad social del país y luego nos pedía que redactáramos según la entendíamos.

    Sin ser periodista, el profesor Resck entendió la misión del periodismo, su responsabilidad y su ética. Pedía a sus alumnos que procurasen escribir bien mediante el ejercicio y la lectura. Pero escribir bien, nos decía, no se limita a obedecer las reglas gramaticales, sino acercarse –copio su estilo con el debido respeto– “con la luz esplendorosa de la verdad que ilumina el espíritu y hace resplandecer el amor por encima de las tinieblas del odio”.

    El amor, la verdad, la luz, habrían de ser algunas de las palabras que mucho tiempo después, volcado enteramente a la política, serían su arma contra toda forma de dictadura. Y habrían de ser, también, una fuente permanente de sus padecimientos. Fue apresado más de 100 veces; le torturaron, confinaron, expatriaron. Luego de cada represión, volvía con más brío a denunciar aquello que tendría las mismas consecuencias. No le hicieron retroceder ni un milímetro en la defensa ardorosa de sus convicciones. Las sostenía con pasión, pero también con lógica. Nunca lograron silenciarle. Con cada intento, se alzaba con más fuerza. Era el vigor de su espíritu que contradecía sus debilidades físicas. Varias veces estuvo gravemente enfermo luego de las prolongadas torturas policiales o los muchos días de huelgas de hambre. De todo ello, y mucho más, volvía a levantarse al solo efecto de continuar batallando.

    El profesor Resck es un raro ejemplo de supervivencia en medio de condiciones físicas extremas. Le mantuvo su voluntad puesta al servicio de la justicia, de los derechos humanos. Exigía honestidad y coherencia a los políticos porque él era honesto y coherente; pedía al resto de los ciudadanos comprometerse con el país, porque él se comprometía muchas veces más allá de sus posibilidades físicas.

    Hay una fotografía tomada frente al Panteón de los Héroes durante una manifestación que lo retrata con entera fidelidad. Se lo ve pataleando entre policías que lo cargan de sus extremidades rumbo al calabazo. Pero si la dictadura creía que con estas salvajadas iba a conseguir la rendición de Resck, demostraba ignorar el patriotismo de un ciudadano superior, de esos que a su fallecimiento nunca recibirían los honores de los que gobiernan, ni siquiera en democracia.

    Resck era de esas personas que molestan, que hacen pasar malos momentos, que cortan la digestión de los corruptos por su incesante labor de poner al descubierto los actos indignos, aquellos que atropellan la justicia en perjuicio de los débiles; aquellos que ignoran los derechos humanos para instalar la prepotencia, la impunidad, la inmoralidad.

    El profesor Luis Alfonso Resck fue una figura imprescindible en la lucha contra una dictadura perversa y corrupta. La denunciaba con vigor, sin claudicaciones, por encima de los severos castigos que su audacia le atraían. Se diría que, muerta la dictadura, la tarea de Resck se terminaba. De ningún modo. Apenas arribó la democracia, se encontró con los mismos trabajos, con las mismas obligaciones ciudadanas, con las mismas responsabilidades: seguir denunciando las violaciones de los derechos humanos que continuaban, y continúan, dándose con fuerza. Hoy la diferencia está en que ya no habrá una recia voz que se alce contra las injusticias. Se fue el querido profesor también de periodismo.

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    Publicado por Anónimo | 19 junio, 2016, 7:38 am
  4. Luis Alfonso Resck

    Por Edwin Brítez

    Con la muerte de Luis Alfonso Resck Haitter el Paraguay pierde una de las personalidades más destacadas en el campo de la promoción y defensa de los derechos humanos así como en el de la docencia, dos capítulos de su vida que juntamente con la profunda vocación política marcaron su existencia y la de toda su familia cuyos miembros lo acompañaron solidaria y pacientemente en la seguidilla de persecuciones de que fue objeto.

    Gran parte de su vida estuvo dedicada a la enseñanza, tanto formal como informal, en colegios y universidades pero también en grupos dispuestos a seguir sus amplios conocimientos y sobre todo sus sólidos ejemplos de conducta ciudadana.

    Seguí durante 45 años la actuación pública de Resck, casi la mitad de su vida, y no recuerdo haberlo visto claudicar frente a las adversidades, las persecuciones, las amenazas, las torturas y el exilio, inclusive las trampas del poder. Todo esto y mucho más fueron los precios que debió pagar, especialmente durante la dictadura, por mantenerse firme en sus convicciones, las cuales eran defendidas con pasión en todos los escenarios donde le cupo actuar.

    Si existe una palabra con la cual calificar al profesor, tal como se lo conocía popularmente dada la cantidad de alumnos que tuvo durante el ejercicio de la docencia, esa palabra es ética y si algunas otras han de ir adheridas a la misma, ellas son coherencia y solidaridad. Él hacía gala de todas ellas, tanto en su vida privada como pública y con estas cualidades adquirió la autoridad suficiente como para que su voz cayera como un verdadero látigo sobre los corruptos, represores y traidores a las causas democráticas.

    Su vocación por la defensa de los derechos humanos no nace de las páginas de enciclopedias ni tampoco de reglamentos internacionales sobre la materia sino de la praxis solidaria con los sufridos prisioneros de la dictadura, a quienes durante los primeros años nadie daba importancia. Él mismo convivió con ellos en las mazmorras durante varios pasajes de su vida de opositor al régimen, sea como estudiante, educador, gremialista, activista o como político.

    Pacifista y valiente, conozco varios episodios de sus intervenciones, juntamente con monseñor Ismael Rolón, doña Coca de Lara Castro y los pastores Armin Ihle y George Willey, del Comité de Iglesias, para intentar liberar a prisioneros muy torturados o para ubicar el destino de algunos desaparecidos. Muchas de sus gestiones, como las de sus compañeros de lucha, fueron infructuosas y debían conformarse todos con lamentarse en silencio con los familiares de las víctimas.

    Todo eso fue particularmente duro en la época en que Paraguay no existía para la comunidad internacional y el tema de derechos humanos era literalmente un asunto de comunistas que se castigaba con los rigores de la dictadura. Pero la persistencia de Resck fue tal que cuando no lo escucharon como activista de derechos humanos, tuvieron que hacerlo como actor político vinculado al mundo a través de las denuncias y de las presiones diplomáticas.

    Fue uno de los fundadores del Partido Demócrata Cristiano y del Acuerdo Nacional (Mopoco, PLRA, PRF, PDC) y como tal fue enviado al exilio, lugar común de los enemigos de Alfredo Stroessner. Ahí profundizó su amistad con varios de ellos y entre todos forzaron la apertura democrática que finalmente llegó a través del golpe de 1989.

    Luis Alfonso Resck convirtió su vida en una cátedra y en una lucha. Ambas harán que su paseo terrenal se convierta en un testimonio inolvidable sobre la trascendencia de los valores éticos, la solidaridad y la coherencia. Su esposa Perla, sus hijos y nietos estarán tristes en este doloroso trance, pero sonreirán el resto de sus vidas por los principios que reciben de él como herencia.

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    Publicado por Anónimo | 12 junio, 2016, 7:46 am
  5. Los paraguayos andamos como ovejas sin pastor. Una probable mayoría de ciudadanos prudentes, enmudecen. Una multitud de ignorantes, caducos y chiflados impone el volumen de sus voces y la estupidez de sus discursos. No hay una voz señera, no hay guía magistral. Del lado de la prudencia y la sabiduría reina el silencio. No han muerto, sin embargo, todos los líderes valiosos, algunos quedan.

    Es de principal importancia que los partidos políticos rescaten a sus viejos correligionarios. Grandeza de corazón hará falta hasta para pronunciar ciertos nombres que faltas habrán cometido, pero es la hora cuando devolver deben a la patria su experiencia y lo que aprendieron en sus funciones pasadas. La edad, por otro lado, habrá templado malquerencias y ambiciones bajas.

    Hace años, monseñor Ismael Rolón, viejo y retirado, nos obsequiaba sus cartas desde mi oasis, trocitos confortantes de reflexiones generosas. Fue el último pastor que escribió y a quien se escuchó, hasta donde yo sé. Faltan hoy más personas que nos recuerden que el cristianismo no es tanto teología difícil y aburrida cuanto respuestas sanas a nuestras inquietudes diarias.

    En el Paraguay no tenemos el club en nuestra cultura, espacios de discusiones constructivas, pero cualquiera puede convocar a viejos amigos para deliberar “un poco” y enviar mensajes de crítica, sugerencias y peticiones a las autoridades partidarias y nacionales para el bien de todos. Que vuelvan a hablar los viejos, porque los jóvenes no se han lucido.

    Carlos J. Ardissone V.

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    Publicado por Anónimo | 11 junio, 2016, 7:14 am

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